5100593755487669507

Efectos de las guerras imperiales en la moral de los pueblos

Las guerras imperiales moldean la moral, imponen valores del poder dominante y transforman la conciencia colectiva mediante control cultural y simbólico.

Uno de los efectos más profundos de las guerras imperiales es la producción de una subjetividad alienada que asume como propias las categorías del opresor. Esta alienación no es un fenómeno espontáneo, sino el resultado de un complejo entramado de dispositivos mediáticos, educativos y culturales que operan de manera articulada para reconfigurar el sentido común.

La moral de los pueblos colonizados deja de basarse en sus propias tradiciones y experiencias históricas, y pasa a estructurarse en torno a modelos exógenos que se presentan como universales. Este proceso implica una des-historización de la conciencia, en la medida en que se borran o distorsionan las memorias de resistencia, y se reemplazan por relatos que glorifican la dominación o la presentan como inevitable.

Todo el impacto de las guerras imperiales sobre la moral de los pueblos sometidos a procesos de colonización cultural, constituye uno de los fenómenos más complejos y persistentes de la historia moderna y contemporánea, en tanto no se limita a la devastación material ni a la reconfiguración geopolítica, sino que penetra en las estructuras profundas de la subjetividad, reorganizando los sistemas de valores, las percepciones de lo justo y lo posible, y los horizontes mismos de la acción colectiva.

En este sentido, la guerra imperial no es únicamente un dispositivo de dominación territorial o económica, sino un mecanismo de producción semiótica que modela conciencias, desarticula identidades y reconfigura la moral social en función de los intereses de la clase dominante global.

Sus guerras imperiales operan, en primer término, como pedagogías violentas de la subordinación. Su función no se agota en la imposición de una derrota militar, sino que se prolonga en la instauración de un régimen simbólico donde la violencia del dominador se naturaliza como inevitable, racional o incluso civilizatoria.

Este proceso implica la producción sistemática de narrativas que justifican la agresión bajo categorías como progreso, seguridad o defensa de valores universales, ocultando la lógica de acumulación que subyace a tales conflictos. La moral de los pueblos sometidos se ve así tensionada entre la experiencia directa de la violencia y la internalización de los discursos que la legitiman, generando una fractura entre la vivencia concreta y la interpretación ideológica de esa vivencia.

En el marco de las disputas entre clases sociales, estas guerras deben entenderse como extensiones de la dominación capitalista a escala global. La expansión imperial no responde a una mera voluntad de poder abstracta, sino a la necesidad estructural de reproducir las condiciones de acumulación en contextos de crisis o saturación de mercados.

En este proceso, los pueblos colonizados culturalmente son convertidos en objetos de intervención, despojados de su capacidad de autodeterminación y reconfigurados como sujetos dependientes de las lógicas del capital transnacional.

La moral colectiva, en este contexto, se ve atravesada por un doble movimiento, por un lado, la desmoralización producida por la derrota, la destrucción y la humillación; por otro, la moralización impuesta desde el exterior, que redefine los criterios de legitimidad en función de los intereses del dominador.

Su guerra imperial actúa, en este sentido, como un laboratorio de ingeniería moral. A través de la violencia directa y de la producción simbólica, se ensayan formas de control que luego se institucionalizan en tiempos de paz relativa. La normalización de la violencia, la banalización del sufrimiento ajeno y la fragmentación de la solidaridad son algunos de los efectos más visibles de este proceso.

La moral colectiva se ve así erosionada en sus fundamentos, perdiendo su capacidad de articular proyectos emancipatorios y de sostener prácticas de resistencia coherentes.

Sin embargo, esta dinámica no es unívoca ni lineal. La imposición de una moral imperial encuentra resistencias que se expresan en múltiples niveles, desde la insurgencia armada hasta las prácticas culturales cotidianas que desafían la hegemonía simbólica. La lucha de clases se manifiesta aquí no sólo en el terreno económico o político, sino también en el ámbito de la producción de sentido.

Los pueblos colonizados no son meros receptores pasivos de la ideología dominante, sino sujetos activos que reinterpretan, resignifican y, en muchos casos, subvierten los discursos que se les imponen.

En este marco, la conciencia de clase adquiere un papel central como herramienta de descolonización moral. La capacidad de identificar las raíces estructurales de la dominación, de reconocer la articulación entre guerra, capital y cultura, y de construir alternativas colectivas basadas en la solidaridad y la justicia, constituye un elemento clave para contrarrestar los efectos de la colonización cultural.

La moral emancipadora no puede surgir de una simple negación de la moral imperial, sino que requiere la elaboración de nuevos marcos éticos que integren la experiencia histórica de los pueblos y las demandas de transformación social.

Su guerra imperial, al desarticular las formas tradicionales de organización social, genera también condiciones para la emergencia de nuevas configuraciones de la moral colectiva.

En contextos de crisis, las comunidades se ven obligadas a redefinir sus valores y prioridades, lo que puede dar lugar tanto a procesos de fragmentación como a formas renovadas de solidaridad. La dirección que tomen estos procesos depende en gran medida de la capacidad de las fuerzas sociales para articular proyectos políticos que canalicen el descontento hacia la transformación estructural, en lugar de permitir su cooptación por discursos reaccionarios o individualistas.

Desde una perspectiva crítico semiótica, es necesario analizar las guerras imperiales no sólo como eventos históricos, sino como procesos continuos que se reconfiguran en función de las transformaciones del sistema capitalista. La colonización cultural no se limita a los contextos de ocupación militar, sino que se extiende a través de mecanismos más sutiles como la industria cultural, los medios de comunicación y las plataformas digitales, que reproducen y amplifican las lógicas de dominación.

En este sentido, la moral de los pueblos colonizados se encuentra permanentemente en disputa, atravesada por tensiones entre la reproducción de la hegemonía y la posibilidad de su superación.

Nuestra crítica a las guerras imperiales debe, por tanto, ir más allá de la denuncia de sus efectos inmediatos y abordar las condiciones estructurales que las hacen posibles.

Esto implica cuestionar no sólo las políticas específicas de los Estados hegemónicos, sino también las formas de organización económica y social que sustentan la expansión imperial. La lucha por una moral emancipadora está indisolublemente ligada a la lucha por la transformación de estas estructuras, en la medida en que la ética no puede separarse de las condiciones materiales que la hacen posible.

Porque el impacto de las guerras imperiales sobre la moral de los pueblos colonizados revela la profundidad de la articulación entre poder, cultura y subjetividad.

La dominación no se ejerce únicamente a través de la fuerza, sino también mediante la producción de sentidos que configuran lo que los sujetos consideran legítimo, deseable o inevitable. Frente a esta realidad, la construcción de una moral alternativa requiere no sólo resistencia, sino también creatividad y rigor crítico, capaces de desarticular las narrativas dominantes y de abrir espacios para la imaginación de otros mundos posibles.

La tarea no es menor, se trata de reconstruir la dignidad colectiva en un contexto donde esta ha sido sistemáticamente erosionada, y de afirmar la capacidad de los pueblos para definir sus propios destinos en contra de las imposiciones de un orden que, bajo la apariencia de universalidad, encubre las formas más sofisticadas de explotación y subordinación.

Sus guerras imperiales no sólo destruyen territorios y economías, instauran un régimen de violencia material y simbólica que reconfigura la moral de los pueblos sometidos, imponiendo como “natural” la dominación y como “inevitable” la subordinación.

En ese proceso, la conciencia de clase es sistemáticamente atacada mediante dispositivos culturales que fragmentan la memoria histórica, disuelven la solidaridad y convierten la explotación en norma, de modo que la verdadera magnitud del crimen imperial no radica únicamente en la devastación visible, sino en la colonización profunda de los criterios con que los oprimidos interpretan su propia realidad, y por ello toda ética emancipadora exige desenmascarar esa operación, restituir la historicidad de la lucha de clases y reconstruir una moral colectiva capaz de nombrar la dominación, negarla radicalmente y organizar su superación.

Fuente: ALMAPLUSTV

IMG_20260408_160943_793

Jaque mate a la soberanía y al Estado Nación

Por Profesora Isabel Rivero D’ Armas

Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)

Abril, 2026

Es bien sabido que el asedio a Venezuela comenzó al poco tiempo de que Hugo Rafael Chávez Frías llegara a la presidencia de la República. Esa arremetida desde la extrema derecha con su acostumbrado guion orientado a crear las condiciones de un golpe de Estado o de una intervención militar (eufemismo de invasión), asumió diversas caras que iban mutando, pero con un mismo objetivo: justificar la injerencia extranjera bajo la premisa de violación de derechos humanos y sus mutaciones, lo cual los llevó a adoptar diversas calificaciones, entre ellas, Estado represivo, Estado fallido, crisis humanitaria, persecución, narcotráfico por cartel ficticio, entre otras.

Haciendo un recuento, el 11 abril de 2002 la cúpula empresarial, desde Fedecámaras, asumió la desestabilización política y los medios de entonces la acompañaron en una especie de autoría intelectual respaldando e incitando a una marcha cuyo destino fue desviado para orquestar una masacre y con esta responsabilizar al gobierno en materia de represión y violación de derechos humanos. Ya lo anunciaba el medio fascista con su gran titular central “La batalla final será en Miraflores”. Era una muerte anunciada. Ahí empezaría el expediente de los falsos positivos.

En ese escenario, el dictadorcillo por 24 horas, Carmona Estanga, presidente de Fedecámaras, le exigió la renuncia al presidente Chávez mientras lo acusaba de “no haber sido capaz de cultivar el diálogo en diferentes sectores del país”. Esa renuncia la demandaba en nombre de la sociedad democrática, también llamada sociedad civil, un sector objeto de manipulación por la inducción del modelo que la burguesía y/u oligarquía hace de sí misma, en que inocula a las masas la posibilidad de ascenso para posicionar una supuesta movilidad social. Esto llevó este sector a creer que les tocaban sus intereses cuando ocurría lo contrario. Mientras tanto se secuestró al mandatario y al golpe de Estado se le llamó vacío de poder, pero no contaban con su restitución. No obstante, después, vino otra arremetida, el paro petrolero, que tampoco logró su objetivo primario: un cambio de gobierno, derrocar al adversario político por la fuerza violentando la soberanía, un obstáculo para avalar la injerencia extranjera.

En 2008, ese fascismo mutó a una de sus formas, la del Estado fallido, que buscaba el aislamiento del gobierno del mandatario Hugo Chávez. Se le acusaba de expropiaciones, discriminación y persecución política, pero lo cierto era que no le perdonaron el aumento del barril del petróleo a 100 dólares antes regalado a siete dólares. La abundancia permitió el impulso de programas sociales, uno de los salarios más altos de la región, que la vivienda, junto la educación y la salud, constituyera un derecho, acción tremendamente imperdonable para la derecha extremista, así como la derogación de medidas bancarias como las cuotas balón o los créditos indexados, los intereses elevados de las tarjetas de créditos, las altas tarifas de los servicios, en pocas palabras, desmontar el Estado liberal que empezaba a mutar a su degeneración mayor, la del capitalismo global.

En el 2017, arremeten con la condición de crisis humanitaria, de la mano con la crisis de salud. La crisis humanitaria ha sido un recurso utilizado para justificar intervenciones militares en Irak, Libia y Siria. En Latinoamérica, con ella, se justificó la invasión a Haití en 2010, y en Venezuela representó un intento frustrado en 1999 cuando el deslave de Vargas.

El objetivo de la crisis humanitaria, recurso retomado en 2019 porque el guion se repite con algunas mutaciones, es exactamente el mismo: crear las condiciones que justificaran una invasión en territorio venezolano: insistían en que venezolanos pasaban hambre; no tenían medicamentos ni insumos médicos en hospitales, pero saboteaban con la escasez inducida, el bloqueo, en fin, con el asedio en uno de sus momentos más álgidos.

Ahora, en el contexto de la Ley de Amnistía, de la reconciliación y diálogo nacional liderado por la presidenta (E) Delcy Rodríguez, con un saldo importante de amnistiados, siguen asechando, acusando nuevamente de represión mientras llaman a desmontar el Estado nación con la derogación de leyes que garantizan la seguridad de la nación, la cuales se dieron en un contexto de persecución al chavismo, de asedio económico y bloqueo de insumos médicos, e incluso en pandemia, así como de intentos de golpe de Estado y llamados a invasión por parte de una derecha extremista servil, parásita y apátrida.

IMG_20260408_132009_163

Propuestas transformadoras reales en la universidad venezolana. A propósito del PNF en comunicación

Profesor: Julio Valdez. Equipo Académico de LAUICOM

Queremos colocar algunas reflexiones sobre la universidad venezolana, a partir de un suceso feliz. Nos referimos al inicio de actividades previas al desarrollo del Programa Nacional de Formación en Comunicación (PNFC), por parte de nuestra Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM). Las y los aspirantes a cursar estudios de licenciatura en Comunicación transitan un proceso de preparación y actualización que propiciará un soporte de aprendizaje para luego asumir plenamente el PNFC, una vez que nos sea aprobada su gestión por el Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria. Este programa constituye, sin duda, una propuesta educativa integral y profundamente innovadora, orientada a responder desde el Sur-Sur, a los desafíos comunicacionales más urgentes del contexto nacional e internacional actual

¿Y por qué hablamos de una reflexión general a partir de este grato evento? Porque consideramos que el presente PNFC emerge en un proceso que puede constituir referencias significativas al quehacer de la universidad venezolana del presente. Veamos:

1- El PNFC surge del diálogo, articulación e integración de diversas instituciones de educación universitaria: La Universidad Politécnica Territorial de los Altos Mirandinos Cecilio Acosta (UPTAMCA), la Universidad Nacional de las Comunas (UNACOM) y la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM). Un equipo de docentes de estas tres instituciones, incluyendo autoridades, debatieron durante meses, partiendo de sus propias realidades y estudios de la sociedad, logrando una visión común, integradora, que se incorporó al diseño del programa. Por vía del ejemplo, se logró un diálogo fructífero entre universidades, una reflexión de alto nivel, y un producto académico de alta relevancia que tendrá un inevitable impacto positivo en el país.

2- En la concepción y diseño del PNFC, hubo acuerdos interinstitucionales en orientarlo con una visión de futuro, concibiendo la comunicación como un asunto de interés público en general. Es decir, el programa no se refiere únicamente a la formación de profesionales en comunicación social (periodistas), sino que se dirige a cualquier ciudadana o ciudadano (carácter inclusivo) que pretenda asumir un rol de comunicadora o comunicador en lo político, digital, popular o de gestión de medios y plataformas. Ello sustentado en una concepción plasmada en nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, bolivariana, humanista, dialógica, participativa, nuestramericana, emancipadora y crítica. Esta visión encarna una concepción de la universidad como espacio de encuentro vivencial, de reflexión colectiva, creador, de la mano con las causas y las organizaciones públicas y populares.

3- Las universidades autoconvocadas acuerdan que el programa, así como la estrategia de implementación, han de favorecer la formación integral (ética, teórica, práctica) de las y los participantes. De este modo, las y los estudiantes que decidan asumirlo tendrán la oportunidad de fortalecer su compromiso social y su liderazgo, propiciando y sustentando la transformación favorable de los modos de vida de seres humanos concretos, la dignidad, el respeto, la democracia participativa, elementos que han de propiciar el máximo aprovechamiento posible de las capacidades de nuestros estudiantes, destacando su papel protagónico en el presente proceso.

4- Por otra parte, la concepción y desarrollo del PNFC asume la transformación curricular como una propuesta factible, en pleno desarrollo. Ello ocurre en varias dimensiones simultáneas: a) Integración teoría-práctica, hecho que ocurre desde el principio de los estudios, vinculando siempre las reflexiones teóricas al desarrollo práctico de proyectos socio-integradores pertinentes para comunidades y organizaciones; b) El ejercicio de sustentar una triada entre la calidad académica, la pertinencia social y la innovación permanente; c) Incorporación, en el recorrido curricular, de certificaciones intermedias (técnico superior especialista, licenciatura en educación, entre otras), que aporta a las/los estudiantes un aval para el ejercicio laboral; d) Sinergia de todos los componentes curriculares (unidades curriculares, pasantías, proyectos socio-integradores, servicio comunitario, trabajos de grado) con acciones directas en contextos sociales específicos, desde una intencionalidad transformadora; e) Uso de la Acreditación del Aprendizaje por Experiencia, que consiste en un proceso académico sistemático y riguroso para reconocer y certificar aprendizajes previos de las/los participantes, hecho que propicia un avance parcial en sus estudios de licenciatura. Esto constituye, sin duda, la corporización de una propuesta curricular que, cumpliendo con toda la normativa existente, aporta elementos innovadores y transformadores a la concepción y gestión curricular en la universidad venezolana, asunto de la mayor relevancia en la educación actual.

Finalmente, queremos invitar a las universidades venezolanas a proseguir este debate, desde visiones y propuestas específicas. La creación y puesta en práctica del Programa Nacional de Formación en Comunicación implica aportes significativos a la transformación universitaria venezolana, entre otros aspectos, en la integración interuniversitaria saludable, en el redimensionar institucional de los procesos académicos hacia el máximo aprovechamiento académico y el más significativo impacto social, en la promoción organizada y sistemática de la participación protagónica estudiantil y en la concepción-desarrollo de propuestas curriculares innovadoras, de calidad y con alta pertinencia social.

Captura de pantalla 2026-03-30 162953

Un secuestro, acicate de la Revolución

Fernando Buen Abad Domínguez

Quienes han podido desarrollar alguna conversación profunda con Nicolás Maduro podrían dar fe de la intensidad y la complejidad con que opera una inteligencia tan especial y tan transparente. Su cabeza es una multitud de ideas y reflexiones operando en tiempo real 24×7. Y eso debe estar multiplicándose en estas horas de secuestro que, nadie lo dude, está sirviendo como multiplicador de planes con rumbo al perfeccionamiento de la revolución socialista de Venezuela. Con Chávez como insignia. Son encierros que liberan capítulos heroicos de la historia.

Esto no es un elogio impresionista de culto a la personalidad; basta de eso. Esto es una reflexión amiga y un aprendizaje teórico en el cruce actual entre la subjetividad política, la dirección histórica revolucionaria y la lucha de clases. La lucha de Nicolás Maduro no puede ofenderse con caricaturas apologéticas y menos con demonizaciones simplistas; las horas y los días de su secuestro exigen una lectura hermana y respetuosa, capaz de valorar a un compañero, apartado contra su voluntad del proceso histórico que lo parió y que también lo eligió para completarse. En pie de lucha.

Indudablemente, aquellos que han interactuado directamente con él pueden destacar su modalidad y moralidad, caracterizada por la simultaneidad del estratega. Este juega una especie de ajedrez de 30 tableros simultáneos entre redes de sinapsis política, desplazamientos tácticos, reformulación constante de perspectivas y una autocrítica singular que oscila entre la introspección y la codificación estratégica. Esa forma de operar no es una excepción personal, sino un producto histórico madurado en la sedimentación de experiencias obreras, diplomáticas y partidarias en presión permanente y con no pocas victorias populares. Su trayectoria, que abarca desde el liderazgo sindical hasta el cargo de jefe de Estado, no es resultado de una formación académica estereotipada, sino de una práctica política intensiva. No obstante, su relevancia es notable en la generación de teorías que se moldean por y en la dialéctica de la lucha social y la geopolítica.

Y la Revolución Bolivariana, impulsada por Hugo Chávez, es su contención fundamental y no se explica su papel en ella por una genialidad individual, sino por la articulación de una lucha histórica colectiva en torno a la democratización del petróleo, la ampliación de mecanismos de participación y la construcción de una narrativa antiimperialista. Como Simón Bolívar en el discurso chavista, analizado desde la semiótica política, que opera como dispositivo de producción de sentido en torno a categorías como “pueblo”, “patria” y “socialismo”.

En el campo de batalla que significa su secuestro, Nicolás debe estar afilando las armas de la razón revolucionaria y velándolas bajo una doble tensión: por un lado, la necesidad de preservar la continuidad simbólica de Chávez como significante unificador; por otro, la obligación de superar la canallada imperial y sus estragos en la vida —económica, geopolítica e institucional— de su pueblo. Y no son momentos fáciles, aunque uno conozca las fortalezas de Nicolás, para convertir las adversidades en claridad de lucha. Ninguna contrariedad erosiona las convicciones que hicieron posible el consenso inicial. La intensidad de las ideas en las horas del secuestro debe interpretarse como gesto de militancia y como expresión viva de ese encargo histórico que Hugo Chávez y su pueblo le dieron para gobernar, incluso bajo asedio interno y externo. Nicolás lo sabe muy bien.

Quienes conocen a Nicolás saben que el contexto reciente lo radicalizará aún más en todas sus mejores convicciones. Su secuestro y traslado a las fauces del imperio, entre disparates y delirios burgueses sobre “narcoterrorismo”, sólo ha abierto un escenario de excepcionalidad geopolítica donde la inteligencia de Nicolás excederá ampliamente la coyuntura. Por ejemplo, desde su reclusión, ha emitido mensajes humanistas que apelan al diálogo y la convivencia sin resignar una sola de sus convicciones. Y eso introduce en la historia reciente de Latinoamérica una dimensión ética y moral nueva: el líder de un proyecto revolucionario, invocando formas de organización y resistencia, para enfrentar el menú macabro imperial y la dictadura de sus coerciones. Esta contribución no debe pasarse por alto; contiene un mensaje táctico brillante dentro de un campo de fuerzas asimétrico. Bajo la presión de horas muy duras. 

Esa situación de secuestro debe estar funcionando en Nicolás como “multiplicador de ideas” y como laboratorio de precisión conceptual. Su historia muestra que los momentos de adversidad extrema pueden operar como catalizadores de reflexión estratégica, pero también como dispositivos de consolidación política. El fallecimiento de Hugo Chávez es un ejemplo incontestable. No se trata de una apología del determinismo heroico en la adversidad: se trata de explicar con toda crudeza que la conciencia revolucionaria no se intensifica automáticamente; depende de las mediaciones organizativas, del vínculo con las masas y de la capacidad de traducir experiencia en programa. La adversidad como acicate en la revolución de las conciencias.

Nicolás no es un malabarista de eufemismos. Quienes lo conocen pueden dar fe de su palabra amiga, a veces cruda y dura, no dogmática, que no es cualidad individual del dirigente, sino fortaleza dinámica de la dirección política y la conciencia de clase. La revolución no se perfecciona en la lamentación de un líder, sino en la praxis colectiva que articula organización, producción y sentido. Incluso en los escenarios más dramáticos, el problema decisivo sigue siendo si las fuerzas revolucionarias logran transformar su experiencia en poder efectivo, o si quedan subsumidas en estructuras que reproducen nuevas formas de dominación. Con Nicolás secuestrado, cualquier análisis serio debe evitar ilusiones románticas: la fetichización del líder como fuente exclusiva de racionalidad histórica no nos sirve y tampoco la negación de su papel en la condensación de fuerzas sociales para garantizar la unidad.

Nada quisiéramos más que hacer llegar a Nicolás y a Cilia un abrazo fuerte y fraterno, y con él, hacerles saber que estamos entendiendo la coyuntura en unidad proactiva y en compromiso disciplinado con la revolución socialista y bolivariana. Que nos duelen todas las canalladas y las muertes que este episodio maldito impuso a su pueblo y que la “intensidad” de sus señales desde el encierro se lee con disciplina y responsabilidad. Que el significado del dolor por el secuestro y por las muertes no obnubila las tareas de la lucha social que vuelven más necesaria la praxis colectiva. Quienes conocen a Nicolás, es decir, su pueblo, saben bien que ese hombre está luchando por convertir la adversidad actual en acción revolucionaria superadora. Que está luchando para mantener la unidad porque, incluso en las horas amargas del secuestro, brilla la inteligencia chavista de un compañero cuyo destino, como el nuestro, es realizar el proyecto emancipador de la patria grande. Lo saben bien quienes lo conocen.

IMG_20260330_120332_499

Reconfiguración estratégica de la conciencia y la comunicación en la era del quiebre global

Dr. Merwin Pérez Director de Acreditación de Saberes de LAUICOM. Profesor investigador de la UNESR. Doctor en Gestión para la Creación Intelectual, UNESR. Doctorando en Ciencias de la Educación de la UPEL.

El evento del 3 de enero no debe ser interpretado bajo la lente del asombro moralista ni como una ruptura accidental del orden internacional, sino como la sinceración definitiva de una estructura de poder que ha decidido prescindir de su máscara jurídica para operar en la desnudez de la fuerza; el derecho internacional no murió ese día, simplemente se reveló como lo que siempre fue: un manual de gestión de hegemonía cuya validez caduca en el momento en que deja de ser funcional a los intereses del capital transnacional.

Frente a este panorama, la subjetividad política debe abandonar la nostalgia por las instituciones liberales y transitar hacia una rigurosidad epistémica que entienda la soberanía no como un atributo legal concedido por organismos externos, sino como una propiedad física y material que se defiende en el terreno de la técnica, la producción y la cognición. El análisis de la trayectoria del pensamiento crítico contemporáneo y la sistematización de experiencias populares demuestran que el discurso de la ciencia y la comunicación han funcionado históricamente como instancias de poder excluyentes, destinadas a invalidar los «saberes otros» y a colonizar el imaginario colectivo mediante una guerra cognitiva que precede y garantiza el éxito de cualquier agresión cinética.

Esta guerra no busca la destrucción física del adversario en primera instancia, sino el bloqueo de su voluntad a través de la saturación informativa, la manipulación de la amígdala cerebral y la imposición de una «cultura de la necesidad» que reduce al ciudadano a un terminal de consumo pasivo.

Por tanto, la comunicación militante no puede seguir siendo un ejercicio «barroco ideológico» o de agitación artesanal basada en métodos de hace medio siglo; debe evolucionar hacia una arquitectura de defensa neuroalgorítmica que entienda que, en la era del Big Data y la Inteligencia Artificial, el campo de batalla es la atención y el sistema límbico de las mayorías. La reparación axiológica necesaria exige dejar de apelar a una «verdad» abstracta que el algoritmo neutraliza por falta de alcance, para empezar a construir una «verdad operativa» que tenga la capacidad técnica de perforar las burbujas de filtro del adversario.

Esto implica que la «Educación Convivida» y las experiencias de las misiones sociales deben mutar de la pedagogía de la esperanza a la logística de la invulnerabilidad, transformando cada espacio de aprendizaje en un nodo de soberanía tecnológica, capaz de gestionar su propio hardware, su propio código y su propia seguridad digital, pues no existe soberanía del pensamiento sobre infraestructura ajena.

El golpe de realidad es brutal: el enemigo posee los canales de la dopamina y los servidores de la memoria global, pero su debilidad reside en su propia gigantomaquia y en su dependencia de nuestra conectividad y consumo.

La luz al final del túnel no es el retorno a un pasado de tratados internacionales respetados, sino la construcción de una sociedad inviable para el despojo; un pueblo que se desengancha de la dependencia simbólica del hegemón, que sistematiza sus fallas para convertirlas en protocolos de resistencia y que utiliza la agitación no para el entusiasmo efímero, sino para la organización de la producción material y la defensa del territorio psíquico.

La verdadera conciencia ciudadana hoy se mide en la densidad organizativa de las comunas, en la capacidad de crear redes de comunicación que el algoritmo no sepa clasificar y en la invención de una estética de la liberación que sea más útil y potente que la narrativa del caos. La soberanía cognitiva es el resultado de un pueblo que decide dejar de ser «pensado» por el poder global para empezar a diseñarse a sí mismo desde la autonomía técnica y la mística de la invención social, entendiendo que el único derecho internacional que prevalecerá será aquel que la fuerza moral y organizada de los pueblos sea capaz de imponer sobre el terreno de la realidad material.

IMG_20260330_113612_744

Miguel Hernández: el rayo que habita la palabra armada

Pedro Luis Penso Sánchez, director del Centro de Investigación VICI-LAUICOM
A la luz del calendario de la resistencia, en este marzo de 2026, mientras la osamenta del
viejo mundo cruje bajo el peso de un imperio que se desmorona golpeando a ciegas, invocamos al Pastor de Orihuela. No lo llamamos desde el mármol gélido de los
panteones, sino desde el barro fértil de las trincheras que hoy se extienden, como una sola
herida y una sola esperanza, desde el Caribe hasta el Levante.

El regreso del rayo: Miguel en la hora de los pueblos
No retornas de la muerte, Miguel, porque tu fin fue apenas un descuido del cronómetro. Vienes del viento que no cesa, con el aroma visceral de la sangre, el estiércol y la pólvora, a recordarnos que el poeta no es un adorno de salón ni un herbolario de nostalgias, sino
un hacha de combate. Hoy, cuando el hegemón herido lanza sus últimos zarpazos de
bestia acorralada, ignorando leyes y rasgando cielos con su soberbia imperial, tu figura se
agiganta sobre el mapa de las agresiones como un faro de acero.

El pastor que se niega a huir ante la jauría
Te hallamos en la médula del compromiso. Te vemos ahí, Miguel, rechazando el pasaje
hacia la vida cómoda que la mano fraterna de Neruda te ofrecía. Para ti, el privilegio era
una forma de traición; entendías que vivir es, esencialmente, desvivirse por los demás. Del
pueblo venías y de ese volcán manaba tu luz.

Mientras otros buscaban el abrigo de la distancia, tú miraste a los ojos a la historia para
decirle que tu sitio estaba en el frente. No eras un intelectual de escritorio; eras el hombre
que, en medio de la opulencia insultante de una recepción burguesa, tuvo el coraje de
abofetear la indiferencia con la verdad del hambre. Aquella bofetada física que recibiste
de María Teresa León palidece ante la bofetada simbólica que tú le asestaste a la
vacuidad: la lealtad de un hijo de la tierra que no tolera el derroche mientras el miliciano
solo tiene su pecho para detener las balas. Entre el genocidio y la resistencia
Vuelves hoy, Miguel, y compruebas que el fascismo que combatiste en Teruel ha mudado
de uniforme, pero no de alma y conserva el mismo colmillo. Lo ves en Gaza, donde el olivo
llora sangre bajo el bando sionista que ejecuta el genocidio con el aval del mismo imperio
que hoy acecha a Irán. Ves la «guerra de nuevo tipo», esa que no solo busca el cuerpo, esa
neuro-agresión que no solo busca el territorio, sino que pretende anular la voluntad de lucha, colonizando las mentes, bloqueando la capacidad de pensar a través de pantallas que destilan veneno informativo. Quieren que olvidemos cómo soñar, pretenden que el miedo nos impida resistir.

El aliento de Nuestra América: Venezuela y Cuba

Te traemos a Caracas, Miguel, a esta Venezuela que es hoy tu nueva trinchera de Madrid. Aquí, donde el enemigo ha saltado de la «zona gris» a la cinética del secuestro, arrebatando al Presidente constitucional en un acto de piratería que busca el «cambio de régimen» para saciar su sed de energía y minerales estratégicos.

Sabemos del sabor metálico de la extorsión, del pan amargo de las concesiones tácticas
que el gobierno bolivariano ha tenido que morder para salvaguardar el proyecto
estratégico, mientras la maquinaria de propaganda imperial los dibuja con trazos de
servilismo. Tú, que conociste de derrotas, la oscuridad de las cárceles, sabes que el
silencio es, a veces, un grito contenido para preservar la semilla.

Y en Cuba, Miguel, el bloqueo naval pretende que el hambre sea la bayoneta que
implosione a un pueblo invicto. Pero así como tú cantaste a los aceituneros, hoy nosotros
cantamos a los petroleros, a los trabajadores de la luz, a los humildes que sostienen la
dignidad en medio del asedio.

La poesía como cuchilla de muchos filos

Bien lo sentenció «el Chino» Valera Mora: hay que hacer de la poesía un fusil implacable
hasta la hermosura. Tú entendiste, como Mayakovsky, que la palabra tiene el calibre
del «camarada Mauser». No hay refugio para la sensibilidad mediocre de la que advertía
Mariátegui.

«Aún en medio de las más terribles tormentas,

siempre he optado por defender

la dignidad de la poesía.

Volverla a sus orígenes:

a su deslumbrante cuchilla de muchos filos».

Tu poesía, Miguel, es un arma y el nervio que moviliza la fibra de los pueblos. Tu poesía
sigue siendo movilización y combate contra el imperialismo. Contra los pequeño- burgueses que desdeñan el trabajo político y cultural —esos que viven perdidos en las
formas porque han extraviado el fondo—, nosotros alzamos tu voz de rayo. Porque la
batalla por la hegemonía no es solo política, no es un trámite administrativo; es el alma de
las masas la que debemos conquistar para que el socialismo sea, al fin, la estancia
definitiva de la humanidad.

¡Feliz natalicio, camarada Miguel! Aquí estamos, con el puño en alto y el verso afilado, organizando la esperanza para que el capitalismo deje de ser, de una vez y para siempre, el verdugo de la tierra.

Palabras claves: poesía, zona gris, palabra, resistencia, pueblos, Venezuela, Miguel

  • Ingeniero egresado de la UCV, magíster en Historia y doctorante en Creación Intelectual
    (UNESR). Decano Honorario de la Universidad Iberoamericana. Profesor Honorario de la
    Universidad Politécnica Territorial Alonso Gamero. Diplomático. Director General del
    Centro de Investigación Contrahegemónica “Luis Acuña” del Vicerrectorado de
    Investigación y Creación Intelectual (VICI) – Universidad Internacional de las
    Comunicaciones (LAUICOM) y coordinador de la Red Internacional de Investigación
    Antifascista (RIA).

IMG_20260329_111530_114

Sin ira no hay enemigo (I Parte)

¿Qué culpa tiene la empanada?


Investigador Roger Garcés
Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual

Empeñados como estamos en ofrecer herramientas para erradicar el odio en nuestra
sociedad y que los venezolanos volvamos a mirarnos con alegría y que podamos
reencontrarnos en el otro y verlo como parte indisoluble en nuestra sociedad, ya que
vivimos en inextricable interdependencia, ofrecemos este análisis acerca de la
tendencia que tenemos a generalizar. La generalización ayuda a consolidar la rabia
porque creemos que, si la otra persona tiene algo que nos da rabia (por pequeño que
sea), entonces toda esa persona es nuestro enemigo y tenemos la justificación para
odiarla, y en realidad este es uno de los errores más lamentables en el que hemos
caído los venezolanos a partir de la diatriba política. Hemos caído en cuenta de que, si eliminamos la rabia en nuestra alma, inmediatamente se disolverá la etiqueta de
enemigo que hemos colocado en el otro. Por eso la importancia de conocer estos
conceptos para poder trabajar la rabia en nosotros mismos y coadyuvar en este
hermoso proceso de reconciliación y convivencia que se abre en Venezuela. Por eso
sentenciaba el Buda: “Sin ira no hay enemigo”.

¿Qué culpa puede tener una empanada de cazón?

La mañana estaba hermosísima con su azul profundo sobre las olas del mar. La playa
estaba tranquila y las olas, graciosa y acompasadamente iban y venían mojándonos
agradablemente los pies. La brisa calmada, como si fuera un beso de la mañana que
se nos posaba en la cara, nos despertaba del adormilamiento de cuando en cuando. El sol, sencillamente nos alumbraba como el amor, que no quema, sino que guía. Así era de plácido el sol y aquella mañana que parecía que nos transportaba a un reino de solaz y tranquilidad. Estábamos en las sillas playeras mirando al horizonte y a los
pájaros marinos que de cuando en cuando, elegantemente surcaban el cielo como
bendiciendo con su donosura nuestro paseo dominical, cuando nos percatamos de
que teníamos hambre. Volteamos a mirarnos al mismo tiempo, como si un reloj
profundo en nuestro ser nos alertara de que debíamos consultar al otro sobre las
sensaciones en nuestro estómago. Solo bastó una mirada y nos pusimos de acuerdo
¿De cazón? Y ella, dulce pero asertiva me respondió: Una de cazón y una de queso. ¿Jugo de papelón? Y la alegría de niña que descubrió que llegó el niño Jesús apareció
en su rostro.

En cinco minutos teníamos una mesita con guarapo de papelón, servilletas y dos
platicos de plásticos que contenían dos bolsitas de papel de estraza con las más
grandes, seductoras y apetitosas empanadas que Dios alguno haya visto en el
magnífico Olimpo. Verdaderamente que las empanadas de cazón a la orilla de la playa es una experiencia sublime y que, estoy seguro, no tiene parangón con ningún placer terrenal o espiritual. Permití que se enfriaran un poquito para no quemarme la boca, ya que estaban recién salidas del fogón. Les confieso que esperar a probar ese tesoro se me hacía demasiado largo, y mi alma me apresuraba a enfriar ese excelso deleite soplándola ansiosamente. Una vez a la temperatura correcta, la sensación en mi paladar era indescriptible. ¡Qué delicia! ¡Qué aroma tan embriagante! ¡Qué sutileza de sabores que combinados entre sí, producían la mixtura más alucinante que numen
alguno pudo probar alguna vez! Ese sabor magnético, irresistible y crujiente en mi boca lograban elevarme al éter y ya no me interesaba conocer la verdad ni la trascendencia del ser, sino única y exclusivamente degustar y entregarme con total plenitud, a ese noble y a la vez endiablado sabor que ya no podía, ni quería, apartar de mí.

De cierto os digo: Una empanada de cazón a la orilla de la playa es la gloria de Dios
convertida en algo terrenal, como para que un humano puede comprender el máximo
placer del universo.

La mañana transcurrió deliciosa, plácida, tranquila, y luego de varios chapuzones en elmar, decidimos que ya era suficiente y concienciamos que el sol ya estaba pasando factura a nuestros hombros y a nuestra frente. Así que nos vinimos para nuestra casa. Una vez allí, el baño refrescante, tratar de que la arena no llegue hasta donde suele llegar, la crema en el cuerpo, el cansancio del ejercicio físico de estar “nadando” a la orilla de la playa, y por fin, descansar. De pronto, la alerta de un mensaje de WhatsApp suena en mi celular, no le doy importancia, pero noto que ella mira con curiosidad mi celular. Yo sé que ella se dio cuenta de que yo me di cuenta de que ella miró con curiosidad mi celular, y traté de disimular mi interés en el mensaje, pero ya era tarde, los misiles ya habían sido lanzados:

— ¿Quién te escribió? ¿Por qué no contestas? ¡Seguro que ahora vas a decir que
se te olvidó algo en el carro y te llevas el celular para revisarlo allá! ¿Tú crees
que yo soy boba? ¿Por qué no contestas? ¡Anda! ¡Quítale la clave al celular y me
muestras quién te escribió! ¡Siempre es lo mismo! Dios ¿Por qué me diste esta
vida? Las lágrimas y la rabia burbujeaban por igual en esa mujer que escuchó la
alerta de un mensaje. Ante esta dramática y conflictiva escena el hombre
revienta gritando a voz en cuello:

— ¡Coño, pero siempre es lo mismo! ¡Uno no puede estar tranquilo! ¡Qué maldición
vivir así! ¡Cristo, llévame contigo porque ya no aguanto a esta mujer!

La caravana de insultos iba en escalada y las maldiciones, los golpes a la pared y el llanto eran los colores con los que se pintaba el siniestro cuadro de aquella pareja esa conflictiva tarde.

El hombre se viste y se dispone a salir de la casa, la mujer trata de evitarlo, pero el
hombre la rechaza y le dice:

— ¡Déjame, ya me amargaste el día! Y se va a un bar a conversar con los amigos
para tratar de pasar la rabia, y cuando se encuentra con alguno de sus
compañeros, comienza a contarle sus desdichas diciéndole:

— ¡Coño! ¡Esa mujer me amargó el día!

Para él, todo el día es de amargura, y a estas alturas de la narración yo me pregunto ¿Qué culpa tiene la empanada de la amargura de ese hombre? Si el hombre asegura que EL DÍA le fue amargado. Entendemos que es EL DÍA, es TODO EL DÍA. Cuando el hombre dice algo como eso, esa frase impacta TODA su psique y cuando algún momento recuerde la fecha de ese acontecimiento dirá: ¡ESE FUE EL PEOR DIA DE MI VIDA! Y todavía me pregunto:

— ¿Qué culpa tuvo la empanada?

Nuestra mente trabaja de esa manera, tenemos la tendencia a GENERALIZAR y por un evento negativo decimos que fue TODO nos resultó negativo. No somos precisos y
esta falta de precisión es la causante de sufrimiento.

Aquel hombre olvidó por completo la deliciosa, noble y sublime empanada de cazón
del desayuno y la metió en el saco de las cosas malas. Cuando dijo: ¡YA ME
AMARGASTE EL DÍA! Lo que está queriendo significar es que está imposibilitado de
discernir qué fue lo bueno de ese día y qué fue lo malo. Este hombre no pudo
concienciar que ese DÍA HUBO COSAS MARAVILLOSAS, sino que generalizó UN
EVENTO y tiñó con el color de la discusión, TODO EL DÍA. Ignoró voluntariamente, que
justamente ese día vivió en horas de la mañana, experiencias maravillosas e
inigualables con una deliciosa y mágica empanada de cazón, pero que fueron borradas por la discusión de la tarde, y ya no las recordaría más.

Corolario

Si hay algo que describe nuestra mente es la facilidad con que generalizamos, con un
solo evento vamos pintando todas las cosas con que nos topamos. Cuando
conocemos a alguien es mucho peor, porque generalizamos de acuerdo a nuestro
sistema de creencias, y lo metemos en el saco de las personas malas por una sola
cosa que no nos gusta, y entonces decimos: “Conocí a una persona increíble, con unos temas de conversación inigualables e interesantísimos, súper educado, pero… es chavista” o es opositor, o es musulmán, o es negro, o es indígena o es pobre. Basta que una persona muestre algo que no nos guste para que la consideremos
COMPLETAMENTE MALA y esto no es honesto porque no hacemos honor a la realidad. Es decir, de lo que no nos gusta le hacemos un traje a la persona y no se lo quitamos nunca.

Vamos a seguir explorando esta condición y, por ahora, quiero que me acompañen con una reflexión:

TODO AQUEL DÍA fue considerado por aquel hombre como de amargura, y pregunto:

— ¿Qué culpa tuvo la empanada de cazón en la amargura de ese hombre?, ¿Podemos considerar inocente a la empanada?

Palabras claves: empanada, papelón, mente, Venezuela, enemigo

*Roger José Garcés Sánchez: Psicólogo clínico con Maestría en Psicología de la UCV. Cursante del Doctorado en estudios Nuestroamericanos. Profesor de la cátedra:Naturaleza de la Guerra Cognitiva. Investigador en LAUICOM. /enelrespiramos@gmail.com

5057550770068196689 (2)

No han podido ni podrán

Por Profesora Carolina Escarrá Gil
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)
Marzo, 2026.

El jueves 26 de marzo tuvo lugar la segunda audiencia preliminar en el caso que se está llevando a cabo contra nuestros héroes secuestrados en los EEUU. En esa oportunidad estaba previsto que el juez Hellerstein definiera el cronograma de audiencias en las distintas partes del juicio contra el Presidente Nicolás Maduro y la Primera Dama y Diputada Cilia Flores.

Cargos de la demanda

Es importante recordar que los cargos imputados tienen que ver con la acusación de que ambos supuestamente lideran una asociación criminal narcoterrorista, la cual de acuerdo con el departamento de Justicia habría operado durante más de una década, utilizando el estado venezolano para traficar cocaína hacia EEUU, para lo cual habrían implementado los colectivos y una violencia extrema que incluiría secuestros y asesinatos, además de una corrupción sistémica, con red de sobornos.

No obstante, nada más lejos de la verdad, puesto que se ha demostrado que han tenido que desistir de algunas acusaciones como la del supuesto cartel de los soles debido a la falta de evidencia. En la demanda que interpuso el fiscal de EEUU en el año 2020, en la cual por cierto no incluía a la primera Dama y diputada Cilia Flores, había al menos 32 menciones al Cártel de los Soles como una organización de narcotráfico. En la demanda que se presentó luego del 3 de enero, solo hay dos menciones y no como un cartel sino como una cultura de corrupción que permite el tráfico de drogas. Además, a juzgar por los informes de organismos internacionales e incluso de la propia administración estadounidense, no existe dicho cartel en el informe de la DEA o no se ha demostrado la relación del presidente Maduro con este supuesto cártel e incluso con el Tren de Aragua como lo deja ver el informe de las agencias de inteligencia en el 2025. Por todas estas razones se cae de perogrullo una acusación vinculada a cocaína supuestamente distribuida hacia los EEUU, corroborable con el arduo trabajo de incautación y destrucción del poco porcentaje de drogas que pudiera haber ingresado a nuestro país.

Otro cargo tiene que ver con la posesión de armas de fuego sin autorización para ello, lo que no necesita mayores argumentos al tratarse de un presidente y su esposa constantemente amenazados por una potencia nuclear. Además, de acuerdo con nuestro marco constitucional, el presidente es jefe de estado, de gobierno y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Por otra parte, todas estas acusaciones han sido desestimadas en la retórica del propio presidente Trump quien ha dicho y demostrado que su único interés en secuestrar al presidente Maduro era presionar para obtener acuerdos en materia de petróleo, oro y tierras raras, pues no debemos olvidar que no solo se trata de un presidente, sino de un empresario magnate, miembro de la élite dominante blanca, anglosajona y cristosionista estadounidense.

Primera audiencia

En la audiencia de presentación que tuvo lugar el 5 de enero, se trataba solo de presentación y lo que se estila es que el imputado se identifique con su nombre. El presidente Nicolás Maduro Moros agregó que es un presidente en funciones que fue extraído de su casa en Caracas, por lo cual se declaró prisionero de guerra y solicitó acogerse al III Convenio de Ginebra, declarándose además inocente y decente. Por su parte, la primera dama y diputada Cilia Flores también se declaró inocente.

De allí se desprende la violación al principio de inmunidad individual del que gozan los presidentes en funciones en el marco del derecho internacional, reconocido por todos los estados como un marco normativo consuetudinario, desde aquellos tiempos del derecho de jentes de Don Andrés Bello, precursor no reconocido del derecho internacional.

Por otra parte, una de las razones por las cuales se debería desestimar el caso es por la manera como fue llevado ante el tribunal para imputarlo. Primero, mediante un secuestro llevado a cabo por fuerzas militares de otro país y de una manera violenta, para luego ser recluido en una cárcel de máxima seguridad sin respeto a su inmunidad, y víctima incluso de maltrato por parte de sus secuestradores, especialmente en el caso de la primera dama y diputada Cilia Flores, quien se presentó a dicha audiencia con señas de maltrato en su cabeza.

Pero también se desprende de esa audiencia que el presidente Nicolás Maduro se convirtió en un símbolo mundial de resistencia cuando a través del lenguaje de señas, en un maravilloso acto de comunicación contrahegemónica, envió un mensaje de calma y cordura al pueblo venezolano, con el corolario de que nosotros y nosotras unidos venceremos, lo cual ha sido clave para mantener la fuerza, la esperanza y hasta la alegría del pueblo venezolano que se ha mantenido en las calles exigiendo la liberación de nuestros dos héroes, y lo que ha llevado que figuras importantes a nivel internacional lo hayan declarado el Mandela latino.

Segunda audiencia

En esta segunda audiencia se esperaba que el juez estableciera el cronograma del juicio con las fechas de presentación de pruebas, de testigos, audiencias y las distintas etapas del juicio.

En la audiencia, en la cual por cierto no nos dejaron ver al presidente Maduro ni a la diputada y primera dama en la entrada ni en la salida, los abogados defensores Barry Pollak con más de 30 años de experiencia, y Mark Donnelly, en el caso de la primera dama y diputada Cilia Flores, pidieron desestimar el caso debido a que la Ofac revocó a finales de febrero una licencia que permitía el gobierno venezolano pagar sus honorarios, sin explicación ni argumentación. Por su parte la fiscalía insinuó que se le debía otorgar un defensor público. Allí hubo discrepancias con el juez quien dijo que al estar en EEUU ni Maduro ni Flores representan un peligro para la seguridad nacional de los EEUU, por lo que no se entiende dicha medida coercitiva unilateral; además de que no le parecía que sin ser contribuyentes y pudiendo pagar los honorarios, se les otorgue un defensor público pagado por contribuyentes estadounidenses para personas que de verdad lo necesiten.

Este hecho demuestra el uso de artilugios por parte del gobierno de los EEUU para que los imputados no puedan defenderse propiamente por lo cual han presentado una moción solicitando la desestimación del caso, debido a la interferencia constitucional en relación al debido proceso que implica la revocatoria de dicha licencia. No obstante, el juez difirió pronunciarse sobre el particular. En este caso me pregunto, si los argumentos del juez no sirven incluso para que se revoquen las medidas coercitivas unilaterales individuales en contra del presidente y la primera dama.

Además, esta mañana en consejo de ministros, el presidente Trump dijo que seguramente serán abiertos otros juicios en contra del presidente Maduro en otros tribunales, tal vez previendo que este juez sea un poco imparcial en torno a la imputación jurídica.

En la audiencia también se trataron otros temas como no publicar las pruebas para mantener la seguridad de los testigos o atender los temas de salud de los acusados especialmente, de la primera dama y diputada Cilia Flores.

No es un caso jurídico, sino político

Otro elemento que puede ser fundamental en el desarrollo del caso y que constituye un elemento novedoso del juicio, tiene que ver con el reconocimiento de Michael Kovac del departamento de estado, a la presidenta encargada Delcy Rodríguez, el 11 de marzo, con lo cual queda también legitimado el presidente Maduro y dirimida la operación psicológica en torno a la validez del resultado de las elecciones del 28 de julio de 2024.

Para el abogado Alfredo Clemente, no será un juicio sencillo para Hellerstein quien deberá enfrentarse a la “doctrina del fruto del árbol ponzoñoso” como error de origen de la acusación, así como al abuso de proceso, a la ruptura del principio de confianza legítima y la inmunidad soberana de los jefes de estado, así como a una conducta gubernamental indignante.  En este tenor, también son de mucha utilidad los artículos del abogado Juan Martorano.

Pero debemos recordar que esto no se trata de un caso jurídico sino político. Las razones de fondo para el secuestro y la acusación son de carácter político con sustrato económico. El juicio fue montado en laboratorios de guerra psicológica y de información. El presidente Trump ha dicho hasta el cansancio -desde que era candidato presidencial o incluso en su primer mandato- que le interesa arrebatarle a Venezuela el petróleo, el oro y las tierras raras.

Pero también le interesaba arrebatarle a Venezuela y a su gentilicio la dignidad, lo cual creyó haber logrado el 3 de enero, con la operación de decapitación con agresión y visos de invasión. No obstante, los venezolanos y venezolanas nos crecemos en la adversidad.

El juicio contra el presidente Maduro y la primera dama y diputada Cilia Flores es una expresión más de la guerra híbrida contra Venezuela para quebrar nuestra fortaleza. Aún así, no han podido ni podrán.

IMG_20260326_123411_389

Crímenes imperiales, secuestro cognitivo y otras vilezas

Investigador Erick Gutiérrez

El 3 de enero de 2026 el imperialismo norteamericano ejecutó el vil secuestro de Nicolás Maduro Moros, presidente en funciones de la República Bolivariana de Venezuela, y de su esposa, la primera dama Cilia Flores. Esta acción representa un acto de delincuencia internacional, que como crimen de agresión según el Estatuto de Roma, no sólo desnuda la esencia atroz del imperio (Clemente, 2026), sino que como arremetida multidimensional pretende reinstalar el colonialismo, reciclando La Doctrina Monroe como plan imperial para nuestra región, mediante manifestaciones de violencia civilizatoria y gestión del terror a fin de garantizar su régimen de desposesión y hegemonía a escala regional (y global), mediante el descarado robo programado de nuestros recursos naturales (González, 2026). Dentro del paradigma de la guerra híbrida, hace uso de la guerra judicial (o lawfare) con objetivos viles: romper el orden jurídico nacional e internacional, a fin de imponer una gobernanza de facto, tomando control de los Estados a través del secuestro de las denominadas democracias populistas mediante engaños y mentiras permanentes que justifiquen su regreso a la órbita estadounidense (Tirado, 2021); que en el fondo, supone un ataque a nuestro derecho a existir como pueblos soberanos con proyectos propios, donde el Sur Global es visto como objeto de intervención y de explotación (González, 2026).

La preparación, ejecución y continuación de esta operación bélica, se ha implementado con componentes fundamentales de guerra mediática, cognitiva y psicológica, en el desarrollo de operaciones de influencia y de desinformación (Tirado, 2021), mediante el vil uso de los medios masivos de difusión y de las redes sociales, en ciberoperaciones para el control social, la distracción masiva, la manipulación informativa, el engaño, y el chantaje o extorsión colectiva.  Su objetivo estratégico regional es colonizar la mente y el deseo para naturalizar la violencia imperial (asentada en una lógica depredadora de desprecio y despojo) sentando un precedente de impunidad, mediante un epistemicidio estratégico que destruya nuestra capacidad de pensar el mundo por nosotros mismos (González, 2026), a través de armas de guerra cognitiva, produciendo consentimiento sobre que la acción del 3 de enero se realizó sin ninguna resistencia, sin víctimas, y gracias a una endógena traición interna, narrativa hegemónica continuada intencionalmente, destinada a minimizar la existencia de sus nuevas armas de sabotaje tecnológico masivo.

Inmediatamente después del secuestro físico de la pareja presidencial, se inicia la implantación criminal progresiva de otras formas de secuestro: secuestro cognitivo, económico, jurídico. Así, en los laboratorios de guerra cognitiva, se planteó el uso de la Ley norteamericana como arma de exterminio, al señalar inicialmente cargos criminales contra Maduro y Flores, utilizados como placebos jurídicos para una estafa procesal, manipulando una vía legal -el juicio penal- para lograr un fin ilegal el derrocamiento y el secuestro de un soberano, en una operación de extorsión internacional con rehenes de Estado utilizados como fianza humana para forzar el pago de compensaciones (Clemente. 2026), siendo la pareja presidencial realmente prisioneros de guerra y rehenes de una operación de violación sistemática de la soberanía nacional, dentro de un infame plan de despojo económico.

En diversas declaraciones del presidente Donald Trump posteriores al 3 de enero, fue notorio el carácter incuestionablemente delincuencial del accionar norteamericano, como forma de secuestro extorsivo (Ramírez, 2008; Hoyos, 2013): el secuestro político es un arma utilizada contra estados para lograr la intimidación o retaliación de los enemigos, conseguir una finalidad bélica al servicio de una causa política, o para obtener un lucro, reduciendo a la víctima la persona secuestrada a la condición de una mercancía o valor de cambio, siendo esta actividad delictiva una de las principales fuentes de financiación de los grupos al margen de la ley por las que se aseguran recursos económicos. En las declaraciones de Trump también quedó en evidencia un discurso capitalista que expuso no sólo el plus de valor (afán de lucro) aspirado, sino también un plus de goce, que convierte las modalidades de secuestro en un modelo de funcionamiento empresarial al servicio de la destrucción: destruye los otros discursos, porque encuentra su éxito en reciclar su propio exceso, donde el propio secuestro extorsivo es muy atractivo para el criminal por el goce derivado por la ganancia económica obtenible en corto tiempo (Martínez. 2020).

Como complemento justificatorio de estas infames operaciones, se desarrolla en forma exponencial o vertiginosa, a través de la guerra mediática, un permanente secuestro cognitivo global. La vocería política del gobierno norteamericano, especialmente Donald Trump, busca monopolizar totalmente la atención mediante comentarios reiterados prácticamente diarios acerca de Venezuela, para ser permanentemente trending topic.  En efecto, si entendemos el secuestro como una toma de control no autorizada, el aparato de propaganda bélico norteamericano, busca ocupar gran parte de nuestro tiempo en estar pendientes y opinando exclusivamente acerca de las declaraciones o acciones de Donald Trump (o del gobierno norteamericano, o de sus aliados nacionales), secuestrando nuestra atención durante el máximo tiempo posible, utilizando técnicas persuasivas cuya vil finalidad es mantenernos aferrados a nuestros dispositivos con dicha agenda setting. 

De esta manera, implementan cámaras de eco para transmitir opiniones llenas de desinformación, que al explotar las vulnerabilidades biológicas del cerebro minimizan la capacidad de concentración (o atrofian nuestro sentido crítico), reduciendo el campo de visión, y en consecuencia, nuestra necesaria capacidad de reflexión profunda (Martínez, 2020; Directorio de Sostenibilidad, 2024). La naturaleza intrusiva de tales plataformas tecnológicas cuyo capital es norteamericano, recalca la naturaleza coercitiva y no consensuada de estas sobre el pensamiento humano, de tal forma que al quedar secuestrada nuestra atención el peligro a ser manipulados es muy elevado (Martínez, 2020), al punto de hacernos pensar que somos nosotros mismos quienes hemos tomado la decisión de elegir los contenidos que nos son impuestos, sin estar conscientes de que son formas de contaminación psicológica (Directorio de Sostenibilidad, 2024).

A pesar de lo expuesto, los discursos imperialistas del gobierno norteamericano han generado un efecto de agenciamiento radical en la población venezolana, que desde una resistencia heroica lucha encomiablemente por defender la unidad — (rechazando cualquier información que busque fracturarla— (González, 2026) frente a las presiones divisivas, internas y externas. Para ello, es una prioridad fundamental la defensa de nuestra soberanía mental (Directorio de Sostenibilidad, 2024), para lo cual debemos esforzarnos apremiantemente en lograr nuestra autonomía digital en función de la soberanía tecnológica, como frente de retaguardia global en función de una defensa comunicacional común, de producción de una conciencia y solidaridad insurgente, y de soberanía compartida y la defensa de la dignidad común (González, 2026). En este sentido, se deben impulsar ya programas de alfabetización digital, a fin de eliminar las distracciones digitales, evitando el ruido de las redes sociales y bloqueando las sugerencias algorítmicas intrusivas, a fin de evitar ser rehenes cognitivos de los planes bélicos imperialistas.

Erick Gutiérrez: Abogado de la UCV, magister del CENDES UCV. Profesor de postgrado, investigador militante, y eco-feminista. Vocero comunal. Áreas de especialización: Antropología jurídica, Descolonialidad,  Derechos indígenas, Derechos ecológicos. Con más de 90 publicaciones entre libros y artículos. Ganador de diferentes premios nacionales e internacionales en el área de ciencias sociales. Investigador del Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual. / descolonizarnos@gmail.com

IMG_20260326_121315_583

Kafka en el siglo XXI: el juicio del presidente Nicolás Maduro

Por Profesor Julio C Valdez
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)
Marzo, 2026

Josef K., trabajador bancario, es detenido una mañana por dos funcionarios. Y así se abre el vórtice de una extraña pesadilla. Este hombre sufre el curso de un absurdo e inexplicable proceso judicial. Josef intenta saber por qué ha sido detenido; pero es inútil. Ni los funcionarios, ni los jueces saben de qué se trata realmente el asunto. Una vez prisionero, Josef K transita diferentes vaivenes: acusaciones imprecisas, culpa, fugaces esperanzas, y la sensación de imposibilidad de escapar de aquella situación… Pero, ¿de qué estamos hablando? Pues, hablamos de la novela El proceso, de la pluma del extraordinario escritor checo Franz Kafka. Es una obra escrita en la segunda década del siglo pasado, que ha tenido un profundo impacto mundial. Entre tantas interpretaciones, aparece la de la filosofía del absurdo. Es decir, la humanidad ha llegado a un estado de absurdo total, que implica las vidas humanas, las instituciones, y la sociedad misma.  Y ¿por qué la estamos recordando ahora? Veamos una situación similar:

Una madrugada del 3 de enero de 2026, el presidente de una república independiente y su esposa fueron secuestrados violentamente  por un comando militar extranjero. Ese comando irrumpió en medio de una feroz incursión bélica por parte de una potencia extranjera, que dejó numerosas víctimas. Ese presidente en cuestión había ganado las elecciones de su país, y estaba en pleno ejercicio de sus funciones cuando ocurrió el rapto. La acción militar fue ordenada por el presidente de la potencia foránea, violando leyes, tratados internacionales y la Carta de las Naciones Unidas que debiera proteger la soberanía de las naciones. Tampoco siguió el trámite de informar al Congreso de su país… Posteriormente el presidente y su esposa fueron conducidos al Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, en el Estado de Nueva York, Estados Unidos. Como justificación del secuestro, se le atribuyó el liderazgo de una banda delictiva denominada El Cartel de los Soles, que supuestamente estaba incursa en delitos de narcotráfico, lavado de dinero y corrupción. Y en la actualidad, el presidente, desde una celda fría, espera el curso del juicio que se le ha impuesto.

Y es que nos hace inevitable la analogía entre el caso del presidente y el personaje de la novela de Kafka. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, fue secuestrado un día por un escuadrón militar extranjero y trasladado a una prisión en la ciudad de Nueva York. . Se le señalaba como jefe del Cartel de los Soles, y eso se suponía que justificaba la incursión bélica y el secuestro. No obstante, el propio Departamento de Estado del país del Norte retira el argumento central, al declarar la inexistencia del Cartel de los Soles. Es decir, el motivo central de la acusación se ha roto en mil pedazos… Así, como Josef K., Nicolás Maduro se ha visto arrastrado a una situación absurda. Vive actualmente un proceso judicial donde no está claro por qué fue secuestrado y por qué es mantenido prisionero, sin pruebas relevantes para ello.  Y, sin embargo, el juicio prosigue en un tribunal que no tiene jurisdicción sobre lo que se pretende legislar,  hecho que genera graves sospechas sobre la autoridad del supuesto “país de las libertades democráticas”. Ante la debilidad de los argumentos en su contra,  la fiscalía va prorrogando la audiencia para la evacuación de pruebas, al tiempo que  intenta negar que su país de origen aporte los recursos financieros necesarios para la defensa. En fin, una situación que de seguro Franz Kafka suscribiría.

Sólo hay una gran diferencia entre los casos de Josef K. y Nicolás Maduro. En lo que respecta al segundo, se rompe el absurdo en tanto ese proceso judicial e indefinido, enmascara una estrategia de ganar tiempo para seguir intentando subyugar a Venezuela con el fin de apropiarse de sus recursos naturales.  

IMG_20260326_124747_107

La reciente victoria de Venezuela y la futura victoria Venezuela (III parte)

No hay negatividad como el odio, ni fortaleza como la paciencia

Shantideva

Investigador Roger Garcés

Rememorando la alegría que compartió el pueblo de Venezuela gracias  a la victoria del aguerrido equipo criollo en el Clásico Mundial de Béisbol 2026, caeremos en cuenta de que el odio ha manchado nuestra sociedad llevando a algunos a cometer actos inenarrables y a muchos a considerar distintos o enemigos a otros que no piensan como ellos. Empeñados en exorcizar el odio de nuestro país, continuemos estudiando los versos de Shantideva, y este estudio nos dirá cómo podemos desmontar el odio a través de desmontar el ego, que es el principal combustible en el fuego del odio. Él escribía:

No hay negatividad como el odio, ni fortaleza como la paciencia

Y definitivamente, ya sabemos que la fuerza del odio es devastadora e inconmensurable, pero podemos contrarrestarla a través de la paciencia, y sobre la paciencia hablaremos más tarde, ya que no se trata de una paciencia boba que aguanta todo, sino de una paciencia activa que convierte el veneno en medicina.

A los que creen que el odio es solo una de las emociones humanas y no le dan la importancia que realmente tiene y creen que pueden vivir en el odio y odiar a los demás sin que esto tenga consecuencia para sus vidas, Shantideva les explica:

Todas las acciones positivas, tales como venerar a los budas y practicar generosidad, acumuladas durante mil eones, serán destruidas en un momento de enfado.

Y esto es terriblemente cierto. Esto lo podemos ver frecuentemente en las relaciones con los demás; una sola palabra de la ira puede romper amistades, relaciones familiares o incluso relaciones estables de pareja. Tal vez no importe cuanto meditamos o cuanto nos esforzamos en agradar a la otra persona, o cuanto trabajemos por la relación, basta un solo momento de rabia para que sea destruido todo lo que se ha construido durante años. Piense que cada oración que se da en un templo es como una pincelada de color nácar que da cada persona que ora. Miles de personas orando serán miles de pinceladas. Sin embargo, sabemos que para pintar una pared hacen falta miles de pinceladas. Cuando se habla de millones, todavía es una cifra muy pequeña para pintar esa pared de blanco. Pero una sola acción motivada por la rabia es como si esa sola persona echara sobre esa pared pintura negra. En realidad, costará mucho limpiar la pintura negra y costará mucho más volver a pintar. Es bueno tomar esta enseñanza en cuenta porque igual funciona en el hogar.

Los maestros saben lo perjudicial que puede ser para una familia un solo momento de enfado. Las personas debieran saber lo perjudicial que puede ser para la relación de pareja una sola rabieta.

Por otra parte, continúa Shantideva:

Mi mente no experimentará paz si guarda pensamientos dolorosos de odio. No encontraré alegría o felicidad. Incapaz de dormir me sentiré inquieto.

Cuando leemos esto nos damos cuenta que el odio es una actitud voluntaria y activa. El texto se refiere a SI YO GUARDO, en decir, si yo voluntariamente me empeño en guardar pensamientos dolorosos y/o de rabia. Entonces la rabia es activa: yo decido rabiar. Por lo tanto, no es pasiva, no es algo que a uno le pasa, es algo que uno DECIDE.  Esa es una de las mentiras de la rabia de las que habíamos hablado en una oportunidad. La gente dice: Yo estaba tranquilo, y ella me hizo molestar. En realidad no es así, uno se molesta porque lo decide voluntariamente. Ya lo vemos durante la meditación cuando llegan pensamientos, uno se entrena en dejarlos pasar y no engancharse con ellos. Cuando un pensamiento ocupa nuestra mente es porque decidimos pensarlo. Es decir: Yo decido voluntariamente pensar ese pensamiento, también he podido decidir no pensarlo y dedicarme a vivir, y no enmarañarme con pensamientos de odio que voy rumiando casi constantemente.  Así es la rabia, uno VOLUNTARIAMENTE DECIDE mantener los pensamientos  de odio, porque también puede VOLUNTARIAMENTE dejar en el pasado las cosas malas.

De nuevo, el principal motor del odio es el Ego que decide que las cosas son como yo digo; y cuando no son como yo digo, me molesto, me perturbo y esa emoción perturbadora estremece a mi medio ambiente, a mi familia, a mis vecinos, y a mi mundo. Ama y lo demás se te dará por añadidura habría sentenciado san Agustín. Por eso es el amor es el primer mandamiento. Tan importante será el amor que es el PRIMER MANDAMIENTO.

Con estas explicaciones que se sucedieron hace 1.800 años podemos comenzar a  comprender que no podemos mantener un clima de odio  en nuestra sociedad. Por el contrario, VOLUNTARIAMENTE debemos esforzarnos por cultivar la Paciencia activa, con la que le demos la vuelta a la situación conflictiva y sacar provecho para todos en la sociedad. La persona que comprende eso, sabe que sus hijos serán beneficiados por su voluntario empeño de mantener la paz. Sabe que su familia será beneficiada, sabe que todos serán beneficiados porque, sabe que vivimos en continua e inextricable INTERDEPENDENCIA. De tal manera que cuando yo lanzo una agresión al ambiente, esa misma agresión tarde o temprano me alcanzará a mí mismo, ya que no vivimos aislados sino en absoluta interrelación con los demás. Haz el bien y no mires a quien es la sentencia que refiere que te estarás haciendo bien a ti mismo.

Corolario

La alegría que compartimos con la victoria en béisbol, puede ser una gran maestra para las futuras alegrías y solidaridades que podemos vivir en esta tierra de libertadores. Recordar que no hay negatividad como el odio, ni fortaleza como la paciencia, nos bastará para comenzar a tener relaciones en la sociedad signadas por la armonía, armonía que tanto se merece este país. Recordar que el TRABAJO VOLUNTARIO es la garantía de éxito. Ya que sabemos que el odio no es algo que a uno le pasa, sino algo que uno DECIDE. Saber que UNA SOLA conducta de odio puede destruir años trabajo nos hará más cautelosos con esa emoción y no le permitiremos que ande por ahí descuidadamente.

Roger José Garcés Sánchez: Psicólogo clínico con Maestría en Psicología de la UCV. Cursante del Doctorado en estudios Nuestroamericanos.  Profesor de la cátedra: Naturaleza de la Guerra Cognitiva. Investigador en LAUICOM. / enelrespiramos@gmail.com

5057935732281904005

Épica Revolucionaria del Presidente Nicolás Maduro Moros

Por: Profesora Odalis Cuaurma Mata
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)
Marzo, 2026

Nicolás Maduro Moros: «El Conductor de Victorias» (1962-1994)

Nicolás Maduro Moros, Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, nació 23 de noviembre de 1962, con 63 años de edad representa uno de los capítulos más complejos y debatidos de la historia contemporánea de la nación. Más allá de su gestión administrativa, su vida ha sido recientemente relatada a través de medios impresos y audiovisuales como el libro «Nicolás Maduro, Presente y Futuro», la serie “Nicolás, de Yare a Miraflores” y la película biográfica «Nicolás: el origen». Estas obras no son meros ejercicios de archivo; son herramientas de construcción de identidad que buscan definir los hitos de su trayectoria bajo una épica de superación y lealtad. Su gobierno, iniciado en el año 2013 tras la siembra del comandante Hugo Chávez, ha estado marcado por la guerra multifactorial que ha tenido que enfrentar y vencer durante estos últimos 12 años de su gestión de gobierno.

A continuación, se presenta una síntesis de hitos y logros destacados, desde la perspectiva de ser humano y también desde la perspectiva del Gobierno Bolivariano y el contexto de los desafíos enfrentados:

1.- El Origen y la Juventud (1962-1994)

  • 23 de noviembre de 1962: Nace en Caracas. Su infancia transcurre en la parroquia San Pedro (Los Chaguaramos), bajo la influencia de su padre, un dirigente sindical de izquierda.
  • Finales de la década de 1970 y principios de los 80: Liderazgo estudiantil en el Liceo José Ávalos. Su etapa en el Valle de Caracas donde comenzó su militancia política y su pasión por el deporte y la música.
  • Años 70 y 80: Su juventud transcurre en las canchas de El Valle, donde se destaca su altura y su rol como «armador» de equipo, una metáfora que se utiliza para describir su capacidad actual de articular distintas fuerzas políticas.
  • Desde su juventud, en los años 70 (miembro de la banda Enigma) hasta su programa radial «La Hora de la Salsa» iniciado en 2016 evidencia su gusto por el ritmo caribeño. Percusionista aficionado. Resalta su conexión con la música caribeña, no solo como gusto, sino como una herramienta de comunicación con el pueblo. Su conocimiento de la salsa le permitió conectar con líderes populares en toda la región.
  • 1977 – 1980: Inicia su militancia política temprana en la Liga Socialista tras la expulsión del Liceo Urbaneja Achelpohl por liderar protestas estudiantiles.
  • 1986 – 1987: Realiza estudios de formación política en la escuela de cuadros «Ñico López» en La Habana, Cuba, un hito que se destaca como su base ideológica.
  • 1990: Nace su hijo Nicolás Ernesto.
  • Febrero de 1991- Un hito central es su labor como conductor de Metrobús. Se destaca este periodo como su escuela política, donde fundó el sindicato del Metro (SITRAMECA) y desarrolló su capacidad de negociación y movilización de masas. Destaca su lucha clandestina para fundar el sindicato en un momento en que el Metro de Caracas prohibía la organización laboral.
  • 1994: Conoce a Cilia Flores.

Nico y Cilita.

  • Cilia Flores («La Primera Combatiente»): Se conocieron en el fragor de la defensa jurídica de los militares del 4F.
  • Se casaron en el 15 de julio año 2013. Es una pareja de lucha, ella no es solo su esposa, sino su asesora política más leal y crítica. Lo acompaña constantemente en sus actividades.

2.-Su relación de lealtad absoluta con el comandante Hugo Chávez, desde el primer encuentro.

  • Cárcel de Yare: Maduro, junto a Cilia Flores, fue uno de los activistas más cercanos a Chávez mientras éste cumplía condena tras la rebelión militar de 1992 (1992-1994). Luego se incorpora a las luchas político-ideológicas del comandante Chávez, se hace militante del Movimiento Quinta República (MVR)
  • Del 3 de agosto de 1999 al 31 de enero de 2000. Asambleísta Constituyente: Participó en la redacción de la actual Constitución.
  • Del 14 de agosto de 2000 al 7 de agosto de 2006. Diputado a la Asamblea Nacional: Representó al Distrito Capital y fue un defensor clave del comandante Chávez durante el intento de golpe de Estado de presidente de la Asamblea Nacional.
  • Enero 2005-agosto 2006: Presidente de la Asamblea Nacional
  • 2006-2012: Canciller, seis años como ministro de Relaciones Exteriores, fue el más alto exponente de la política exterior del comandante Chávez, orientado a la construcción de la UNASUR, la CELAC y las alianzas con Rusia y China. Es el arquitecto de la «Diplomacia de Paz». Es el canciller con más tiempo en el cargo.
  • Del 10 de octubre de 2012 al 5 de marzo de 2013. Vicepresidente Ejecutivo de la República.
  • Desde marzo del año 2013, se destaca por haber mantenido la unidad del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) cuando muchos pronosticaban una fractura interna tras la muerte del líder.

 La Misión Imprevista

  • El Juramento: (8 de diciembre de 2012, Chávez anunció en cadena nacional que, ante su posible falta, Maduro debía ser el candidato para la presidencia) y el 19 de abril de 2013 (toma de posesión oficial). Las obras subrayan el peso de la responsabilidad que recayó sobre él ante el fallecimiento del líder en 2013.
  • Durante gran parte de 2012, Nicolás Maduro ejerció de forma simultánea los cargos de Canciller y vicepresidente (hasta enero de 2013 cuando Elías Jaua fue nombrado canciller), lo que demostraba la confianza absoluta que Chávez depositaba en él.

3.- Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela.

1° periodo de gobierno (2013 -2019) Estabilidad y Victoria: Detalles sobre la «Guerra Híbrida» y Resistencia.

  • El 14 de abril del año 2013, gana las elecciones presidenciales con un 50,78%, y se convierte en el primer presidente Chavista de la Quinta República.
  • 2014: Superación de «La Salida» (21 de febrero de 2014 se inician las guarimbas) Tras su primer año de gobierno, Maduro enfrentó una de las mayores olas de protestas violentas opositoras, lideradas por figuras como Leopoldo López. Realizó el lanzamiento de la «Conferencia Nacional por la Paz» para frenar las protestas.
  • Hasta el 19 de noviembre de 2014 realizó la Acción legislativa: Gobernó bajo Ley Habilitante lo que le permitió aprobar leyes para el avance del proyecto bolivariano.
  • 19 de agosto de 2015 estuvo marcado por tensiones con Colombia y el primer gran revés electoral. Se decretó un Estado de Excepción en la frontera con Colombia, ordenando el cierre de los pasos fronterizos en Táchira y la deportación de ciudadanos colombianos.
  • 14 de enero de 2016, ante la caída de los precios del petróleo y la escasez, se cambió la estrategia de distribución de alimentos y se realizó la firma del Decreto de Emergencia Económica.
  • 19 de enero de 2016: Activación de la Agenda Económica Bolivariana, con finalidad de dinamizar la economía venezolana y reducir la dependencia del modelo rentista petrolero.  Inicia con 14 motores prioritarios que abarcaban desde la agroalimentación hasta el turismo y la industria militar. En agosto de 2016 incorporó el Motor número 15 (Industrias Básicas, Estratégicas y Socialistas) y con el tiempo, el número de motores ha ido variando. Por ejemplo, en 2021 se creó el Motor 18 (Emprendedores) y para inicios de 2026, el esquema se ha reorganizado para adaptarse a las nuevas realidades económicas del país.
  • (3 de abril de 2016) Soberanía Alimentaria y CLAP La creación de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción se considera un hito de protección social para distribuir alimentos directamente a las familias en medio de la escasez, como un nuevo modelo de distribución de alimentos directamente en los hogares venezolanos.
  • Diciembre 2016- enero 2017: Creación del Carnet de la Patria: Uno de los hitos tecnológicos y organizativos más relevantes del gobierno chavista del presidente Nicolás Maduro es la creación del Carnet de la Patria, el cual redunda en:
  • Asignación de Bonos: Ante la pérdida de poder adquisitivo del salario, el gobierno implementó una red de subsidios directos y focalizados. Esto permite al Estado inyectar liquidez a los sectores más vulnerables de forma inmediata.
  • Control y Big Data: El sistema permite censar en tiempo real necesidades de salud, discapacidad y escolaridad, es la cartografía social que permite gobernar con datos exactos.
  • Economía Digital: A través de la plataforma, se han implementado métodos de pago como el BioPago, permitiendo transacciones sin necesidad de tarjetas físicas o efectivo, lo cual fue clave durante la crisis de escasez de papel moneda.
  • 29 de marzo de 2017. El Tribunal Supremo de Justicia emitió las sentencias 155 y 156 que asumían las competencias de la Asamblea Nacional.  Se inician las llamadas «guarimbas» de 2017.
  • Convocatoria y elección de la Asamblea Nacional Constituyente. Este órgano plenipotenciario reemplazó en la práctica las funciones de la Asamblea Nacional y permitió al presidente Maduro retomar el control político total. (1 de mayo de 2017 Convocatoria. 30 de julio de 2017. Elecciones):
  • 17 de septiembre de 2016 al 2025 presidente pro tempore del MNOAL (Movimiento de los Países No Alineados)
  • Protección del Sistema de Pensiones: 17 de abril de 2018: El presidente Nicolás Maduro anunció que se había alcanzado la cobertura total tras la aprobación de 275,110 nuevas pensiones, sumando un total de aproximadamente 4.095.023 pensionados en ese momento. Agosto de 2018: Se inició el proceso para que todos los pensionados comenzaran a recibir sus pagos y bonos de protección directamente a través de la Plataforma Patria, facilitando la entrega de beneficios adicionales como el «Bono de Guerra Económica».
  • 4 de agosto de 2018. El Magnicidio Frustrado (Drones en la Av. Bolívar,): Se puntualiza este evento desde la perspectiva de su seguridad personal. Se evidencia su calma en el momento de las explosiones como un hito de valentía personal.
  • 20 de agosto de 2018. Para enfrentar la hiperinflación se realizó el lanzamiento del Petro (criptomoneda respaldada en petróleo) y la entrada en vigor del Bolívar Soberano, eliminando cinco ceros a la moneda anterior
  • 23 de enero de 2019. Maduro mantuvo el control del Estado y de las Fuerzas Armadas ante la autoproclamación de Juan Guaidó como «presidente interino». Este hito marcó el desafío internacional y de gobernabilidad nacional más grande de su gestión.
  • 19 de febrero de 2019. La Batalla de los Puentes: Los hechos ocurridos en la frontera con Colombia durante el intento de ingreso de «ayuda humanitaria» es una victoria estratégica donde el presidente Maduro, desde Miraflores, coordinó la defensa sin disparar una sola bala.

2° Periodo de gobierno. (2019-2025)

  • 2019-2022 La Pandemia y las Sanciones: Nicolás Maduro durante el COVID-19, construye un sistema de vigilancia y control para el combate de la pandemia, buscando rutas secretas para traer vacunas y medicinas al país debido al bloqueo financiero. Es un gestor de crisis incansable.
  • 8 de octubre 2020 Ley Antibloqueo: Un marco legal creado para permitir inversiones extranjeras y nacionales bajo condiciones de confidencialidad, buscando sortear las sanciones internacionales.
  • Desde 2021. Superación del Bloqueo: Implementa medidas con resultados visibles en la estabilización de 2024-2025. Promulga las leyes antibloqueo y la recuperación económica reciente, es el estratega que logró estabilizar el país sin renunciar al modelo socialista.
  • Enero de 2022 (Salida oficial de la hiperinflación). Tras años de recesión, la gestión de Maduro implementó una liberación parcial de la economía y del uso del dólar. Venezuela salió formalmente del ciclo de hiperinflación y registró los primeros trimestres de crecimiento del PIB en casi una década, impulsado por la producción nacional y el sector petrolero.
  • 16 de marzo de 2022 : Creación de la  VenApp, en contacto directamente con los ministerios y alcaldías para reparar averías de agua, electricidad o salud. Se presenta como un logro de democracia directa y eficiencia tecnológica en la etapa de «renacimiento» económico.
  • 20 de mayo de 2022: El 1×10 del Buen Gobierno. Impulso del sistema 1×10, una innovación política que conecta el reporte ciudadano a través de una aplicación.
  • BRICS+: Acercamiento estratégico intensificado en 2023 y participación en cumbres clave en 2024-2025
  • 3 de diciembre de 2023: Defensa del Esequibo y Referéndum: En un giro hacia la unidad nacional, impulsó la reclamación territorial histórica sobre el Esequibo. Se realizó el Referéndum Consultivo sobre la Guayana Esequiba, que derivó en la creación del estado Guayana Esequiba en la legislación venezolana.
  • Unidad Cívico-Militar: El fortalecimiento de la unión entre el pueblo y la Fuerza Armada como el hito que ha garantizado la paz territorial. Fortalecida estratégicamente tras el intento de levantamiento del 30 de abril de 2019.
  • Mayo de 2024 se alcanzó el hito 5 millones de viviendas adjudicadas en la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV): Se han alcanzado metas históricas de entrega de hogares, posicionándola como el programa bandera de construcción pública, creando urbanismos Integrales, muchos de estos proyectos (como Ciudad Tiuna o Ciudad Caribia) incluyen escuelas y centros de salud (CDI) integrados, buscando crear comunidades autosustentables.
  •  2024-2025: Desaceleración de la Inflación y Crecimiento del PIB: Tras años de hiperinflación, el gobierno implementó una política de restricción del gasto y dolarización de facto que logró reducir el índice inflacionario a los niveles más bajos en una década. Los indicadores recientes muestran una expansión sostenida. El Banco Central de Venezuela (BCV) y organismos como la CEPAL reportaron crecimientos que oscilaron entre el 8,5% y el 9% para el cierre de 2025. Estabilización de la Inflación y Tipo de Cambio: Uno de los mayores logros que resalta la gestión del presidente Maduro es haber frenado la hiperinflación. Disciplina Fiscal y Monetaria: Se implementó una política de restricción del gasto público y un control riguroso de la emisión de dinero. Esto permitió que la inflación anual bajara de niveles astronómicos a cifras cercanas al 50% en 2024, con una tendencia a la estabilización en 2025.
  • 2024–2025. La Soberanía Alimentaria: De acuerdo a los balances oficiales presentados ante el Consejo Nacional de Economía Productiva, Venezuela ha logrado revertir la dependencia histórica de las importaciones: Se alcanzó el 97% de autoabastecimiento en productos básicos durante 2024. Para el cierre de 2025, el mandatario ratificó que el 90% de los alimentos en los anaqueles son de origen nacional. 2025. Crecimiento del Sector Agrícola.

3° periodo de gobierno (2025-2031)

  • Plan Estratégico 2025 al 2031: En enero de 2024 presenta formalmente el Plan de las «7 Transformaciones» (7T) como hoja de ruta para la década. Su visión exhaustiva, es su plan para convertir a Venezuela en una potencia exportadora no petrolera para el final de la década.
  • La Consulta Popular Nacional: El presidente Nicolás Maduro impulsa este mecanismo para transferir recursos directamente a las comunidades (Comunas y Consejos Comunales), permitiendo que los ciudadanos elijan qué proyectos prioritarios financiar en sus sectores.
  • Inicios de 2026. La Diplomacia Bolivariana de Paz. La política exterior se ha centrado en lo que él denomina la «Diplomacia Bolivariana de Paz», cuyo hito fundamental ha sido la consolidación de un eje de alianzas estratégicas con China, Rusia e Irán.
  • 90% del abastecimiento. La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) ha reconocido en informes de finales de 2025 que la producción interna cubre más del.
  • 2026. El Renacimiento Petrolero: A pesar de las sanciones, la industria petrolera ha logrado una recuperación parcial pero significativa: Venezuela cerró el año 2025 superando los 1,1 millones de barriles diarios (bpd), con una meta ambiciosa de alcanzar los 1,5 millones para 2026
  • Luchas contra las Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU): conocidas también como sanciones, han sido un factor determinante en la gestión de Nicolás Maduro. Es un bloqueo diseñado para asfixiar la economía y forzar un cambio de gobierno.Según el Observatorio Venezolano Antibloqueo, para inicios de 2026 se contabilizan más de 1,080 medidas coercitivas aplicadas contra la República Bolivariana de Venezuela, afectando principalmente la capacidad de importación de alimentos, medicinas y repuestos para la industria básica.
  • 3 de enero de 2026. Prisionero de guerra.

“Soy Nicolás Maduro, Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela. Soy prisionero de guerra, secuestrado en una acción militar por los Estados Unidos de América”.

San-Agustin-del-Sur-1-696x464

Cómo los barrios venezolanos están re-diseñando el futuro urbano

Por: Armando Carrieri

La ciudadanía insurgente es una respuesta a la tendencia de desplazar a los pobres de sus espacios históricos

Esta Caracas del siglo XXI ha dejado de ser una simple acumulación de concreto para revelarse como un campo de batalla de ideas. Mientras la planificación impuesta —anclada en una lógica técnica y de negocios que favorece a los centros de poder— insiste en reducir el territorio a una mercancía sujeta a la especulación del dinero, en los barrios populares emerge una respuesta contundente: el urbanismo insurgente. No se trata solo de levantar muros o delinear veredas, sino de una lucha por el sentido mismo de la vida (disputa ontológica) por el derecho a existir y decidir sobre el hogar. A través del ingenio colectivo y el uso de la historia como defensa, comunidades como las de San Agustín, El Calvario y los Comités de Tierra Urbana rompen el control de los «expertos» para demostrar que, frente al robo sistemático que significa la gentrificación (expulsión de los pobres para dar paso a comercios o élites), la autogestión es la herramienta más poderosa de libertad política.

El suelo: ¿hogar o negocio de bancos?

La dinámica de la ciudad hoy está cruzada por una financiarización agresiva, un proceso que transforma el suelo y la vivienda en simples activos para generar intereses bancarios. En este esquema, la vivienda deja de ser un refugio para convertirse en un objeto de acumulación de riqueza, donde el derecho a la vida queda por debajo del valor de venta y la lógica del dinero frío.

Esta lógica se manifiesta con crudeza a través de la gentrificación, que lejos de ser una mejora «natural» de la zona, es una operación planeada de desplazamiento forzado. Bajo el barniz seductor de términos como «revitalización» o «rescate patrimonial», se oculta la expulsión de las comunidades originales para dar paso a personas con mayor poder adquisitivo. Esta reconfiguración no solo altera el mapa físico, sino que transforma al habitante en un consumidor pasivo de políticas públicas, quitándole su capacidad de actuar y toda decisión sobre la gestión de su propio hábitat.

Completando este desplazamiento económico, se despliega una criminalización de la vida en los barrios que actúa como herramienta de control. Usando etiquetas como «ilegalidad» o «marginalidad», el discurso oficial desprecia y deshumaniza los asentamientos populares, justificando la exclusión en lugar de resolver las causas del problema. Este marco no busca un orden justo, sino que crea una jerarquía donde solo el habitante con dinero es reconocido como ciudadano, mientras que las formas alternativas de construir comunidad son perseguidas y despojadas de su valor político.

Planificación de élite vs. urbanismo del pueblo

La disputa por el territorio nace de visiones opuestas sobre qué es la ciudad y para quién se construye. Por un lado, la planificación tradicional ve a la ciudad como un producto terminado, una mercancía diseñada para el negocio inmobiliario y el consumo, donde el espacio es una estructura rígida gestionada por una élite de técnicos que centraliza las decisiones. En este esquema, el vecino queda reducido a una «ciudadanía de consumo», siendo un receptor pasivo o «cliente» del Estado que prioriza el valor de venta sobre las necesidades humanas básicas.

Frente a este modelo, surge el Paradigma Insurgente de la Práctica Popular, una visión —basada en los aportes del investigador James Holston— que define el territorio como un escenario de lucha política y una construcción que nace del conflicto social. En contraste con la lógica del mercado, el urbanismo insurgente pone al vecino como un actor político que transforma su realidad. Esta visión rompe el monopolio del saber de los expertos mediante el uso del «intelecto colectivo», poniendo la dignidad de la vida por encima de la rentabilidad económica. De este modo, el territorio deja de ser un objeto de especulación para convertirse en el soporte de la soberanía.

Cómo los barrios venezolanos están rediseñando el futuro urbano

La ciudad no es algo que ya viene dado, sino una construcción histórica que nace de la participación activa. Este modelo apuesta por una «ciudadanía insurgente» donde el habitante se reconoce como alguien con poder para cambiar las cosas, sustituyendo el monólogo de los técnicos por el conocimiento de la comunidad. La gestión compartida y la producción de saber propio son los motores principales para garantizar que el espacio urbano recupere su valor humano y sirva fielmente a la dignidad de la vida.

Cuando el barrio toma las riendas de su espacio

La propuesta de una planificación alternativa comienza por dejar de ver la ciudad como un objeto estático, rechazando el urbanismo de oficina para entender que las propias comunidades producen su propio tiempo y espacio. En este proceso, el saber del pueblo surge como la herramienta política capaz de romper el control de los expertos, permitiendo que la producción social del hogar anteponga el derecho a la vida sobre los intereses del capital. Bajo esta lógica de autogestión y ayuda mutua, el acto de vivir se convierte en un ejercicio de libertad, donde la historia y la memoria del barrio no son nostalgia, sino un escudo táctico para resistir el desplazamiento.

Este nuevo modelo exige quitarle el estigma a lo «informal»: hay que dejar de verlo como una falta de orden para reconocerlo como una organización legítima que responde a las fallas de las instituciones tradicionales. Al impulsar una ciudadanía activa, se busca que el vecino deje de ser un beneficiario pasivo, promoviendo que todos controlen los recursos y el conocimiento técnico. El horizonte final apunta hacia el «Vivir Bien», donde los intereses económicos se sometan a las necesidades de la gente y el cuidado del ambiente, garantizando una convivencia armónica y justa en el territorio.

El saber del barrio y la resistencia política

La base de este movimiento se apoya en los pilares definidos por la investigadora Faranak Miraftab, quien ve la planificación como un ejercicio de resistencia. Ella identifica tres claves: romper las normas que excluyen, ir en contra de los intereses de los poderosos y tener una gran capacidad imaginativa para proyectar realidades fuera de los marcos del mercado.

Según James Holston, «la Ciudadanía Insurgente» es una acción política colectiva donde las luchas van más allá de pedir ‘un techo’ para exigir el control de los recursos y del saber (intelecto colectivo). Se basa en democratizar las decisiones para romper con el monopolio del Estado y que el vecino deje de ser un espectador que solo espera ayuda.

Casos de estudio: el barrio como escudo territorial

En Venezuela, la resistencia no es solo de palabras; es táctica. Tres ejemplos demuestran cómo la memoria y la organización funcionan como defensas:

Los Comités de Tierra Urbana (CTU)

Estas organizaciones rompieron la dependencia del Estado al realizar el catastro popular. Al mapear ellos mismos sus barrios, las comunidades desafiaron la etiqueta de «ilegalidad», transformando los datos técnicos en una herramienta de lucha y reconocimiento legal. Los CTU surgieron tras la Constitución de 1999 como una organización de base popular para impulsar la propiedad de la tierra en asentamientos espontáneos. Representan a ciudadanos que dejan de ser sujetos pasivos para ser los arquitectos de su propia realidad, desafiando mediante la autogestión el desprecio histórico de la planificación tradicional.

El fundamento central es combatir la inseguridad jurídica usando la «Carta del Barrio». A través de este documento, los vecinos cuentan su historia e identidad, transformando una ocupación en un proceso de reconocimiento legal. Este ejercicio organiza el territorio y fortalece el tejido social al convertir los recuerdos de la comunidad en un instrumento contra la exclusión. El catastro popular se distingue de las mediciones frías de oficina porque lo hacen los vecinos con especialistas, democratizando el saber. Este proceso, respaldado por el Decreto 8.198 de 2011, permite gestionar la propiedad sin los costos excesivos de los registros convencionales.

El barrio El Calvario de El Hatillo

Ubicado cerca de una zona de alto turismo y consumo, El Calvario ha enfrentado presiones para ser desplazado. En respuesta, la comunidad se definió como un “museo a cielo abierto”. Murales y rutas culturales son su herramienta para afirmar que el valor del barrio les pertenece a ellos. En lugar de aceptar que el patrimonio es algo que viene de fuera, lo usan para frenar intervenciones externas. Este «escudo» patrimonial no es estético, sino diseñado para evitar que el barrio se rompa frente a las lógicas de exclusión social de las zonas ricas vecinas.

El Calvario es emblemático porque la transformación vino de adentro. Líderes locales lograron pacificar el barrio sustituyendo la violencia por dinámicas culturales y deportivas. El territorio dejó de estar dividido por conflictos para ser una zona de encuentro que defiende la arquitectura popular frente al estilo colonial de El Hatillo. La recuperación de espacios como el Callejón Bruzual rompe con la narrativa de la «marginalidad». Al conectar historias ancestrales con el turismo comunitario, demuestran que la verdadera mejora urbana nace del ingenio colectivo y el sentido de pertenencia.

San Agustín del Sur

El proyecto 100% San Agustín es vanguardia en turismo comunitario y autogestión. Mediante los «Cumbe Tours», la comunidad muestra la autenticidad de su gastronomía y herencia afrovenezolana, tomando el control de su propia historia frente a los prejuicios externos. Los vecinos son los guías y administradores de sus recursos, asegurando que los beneficios económicos se queden en el barrio.

Un hito es la creación de la primera galería aérea del mundo en los techos de las casas, visible desde el Metrocable, lo que constituye una toma política del espacio. Este modelo de «libertad en el vivir» quita la etiqueta de zona peligrosa para posicionar a San Agustín como la parroquia cultural de Venezuela, protegiéndola mediante el arte contra los procesos de expulsión por dinero. Con su Plan 2020-2030, demuestran que el reconocimiento de la identidad colectiva es la herramienta más poderosa para combatir la exclusión.

En el sector Santa Eduvigis de la parroquia Santa Rosalía, en Caracas, se lleva a cabo una intervención que redefine la relación entre el urbanismo y la justicia social. La construcción de una carretera estratégica no solo busca mejorar la movilidad, sino también romper con el aislamiento histórico que ha marcado a los sectores populares. Más allá de la infraestructura, este proyecto encarna un modelo de gestión compartida, donde el Ministerio de Obras Públicas, los equipos técnicos del Gobierno de Caracas y las organizaciones del Poder Popular trabajan de manera articulada. Este enfoque asegura que las obras no solo cumplan con estándares de calidad, sino que también reflejen las necesidades y aspiraciones de la comunidad, posicionando a los habitantes como protagonistas activos de su propio desarrollo.

El financiamiento de estas iniciativas responde a una lógica que prioriza el bienestar colectivo sobre las dinámicas del mercado. Con recursos garantizados por el Gobierno nacional, la recuperación de los espacios públicos se convierte en una política de inversión social que reivindica el derecho a la ciudad. Este modelo también democratiza el conocimiento técnico, involucrando a las comunidades en todas las etapas del proceso. Durante las inspecciones lideradas por autoridades como la presidenta encargada Delcy Rodríguez, no solo se verifica el avance de las obras, sino que se fomenta un intercambio de saberes que rompe con el monopolio de los expertos y fortalece el tejido social.

Inauguración de los espacios rehabilitados del sector Santa Eduviges en Santa Rosalía por la presidenta (e) Delcy Rodríguez e integrantes de la Comuna Estrella del Sur. Foto Prensa Presidencial.

La planificación insurgente rompe con las normas urbanas que excluyen a las mayorías. Cuando el Estado falla como proveedor único, las comunidades crean un cambio de paradigma. En este contexto, la autoconstrucción se une a la «cultura maker» (la cultura del ingenio y el «hazlo tú mismo»), transformando el trabajo individual en un aprendizaje colaborativo. Esta práctica no es solo una respuesta a la pobreza, sino un acto de participación ciudadana y libertad. Al apropiarse de los medios para construir su espacio, las comunidades ejercen una arquitectura de la autonomía, convirtiendo la gestión del hogar en un ejercicio de soberanía colectiva que reclama el derecho político a decidir sobre el territorio.

El horizonte del «Vivir Bien»

Para construir un modelo de ciudad que no sea una «cárcel de cemento», se requiere que el Estado deje de ser un facilitador de negocios inmobiliarios y pase a ser un auténtico garante de derechos. El horizonte es el «Vivir Bien», donde el bienestar social y la ecología manden sobre los criterios económicos. Bajo este paradigma, los indicadores de felicidad y sostenibilidad deben ser el eje de toda política pública.

Para materializar esta soberanía local, se proponen dos herramientas legales: la consulta vinculante (ninguna intervención se hace sin aprobación comunitaria previa, libre e informada) y el veto comunitario (la capacidad legal de los vecinos para detener proyectos que amenacen su equilibrio social o ambiental). Esta última no es solo defensa, sino la garantía de que el territorio no puede ser vendido sin el permiso de quienes lo cuidan.

El urbanismo insurgente demuestra que las comunidades son capaces de producir su propio tiempo y espacio. Al final, la disputa por la ciudad es la disputa por nuestra propia autonomía: el derecho a vivir no es un regalo del Estado ni una transacción del mercado, sino un ejercicio fundamental de libertad. El horizonte no es solo pintar un mural, sino construir una ciudad donde el «Vivir Bien» subordine la acumulación de dinero a la dignidad de la vida. En la medida en que los vecinos sigan siendo dueños de su destino, la ciudad dejará de ser un activo financiero para volver a ser lo que siempre debió ser: el soporte vital de nuestra soberanía colectiva.

WhatsApp Image 2026-03-24 at 13.56.34

La reciente victoria de Venezuela y la futura victoria de Venezuela (II parte)

“A lo único que debemos odiar es al odio”
Shantideva
Prof. Roger Garcés
Vicerrectorado de Investigación
LAUICOM

Continuando con el análisis de las condiciones psicológicas que más temprano que tarde tenemos que superar en Venezuela para que reine la armonía, caeremos en cuenta de que el odio es el principal enemigo a vencer. Ya hemos visto que para vencer el odio tenemos que comenzar a trabajar el Ego, que es el factor más importante y el motor que impulsa el odio. También hemos visto que tenemos que comenzar a FAMILIARIZARNOS con la armonía. Tantos años de odio han hecho que nos acostumbremos a su presencia en nuestra alma y cuando nos encontramos con la armonía y la paz, sencillamente no las soportamos y volvemos desesperadamente al odio, porque si hay una cosa en la que el odio tiene un especial efecto sobre nosotros, es en que causa ADICCIÓN.

Podemos ver cómo el odio sigue vivo en nuestra sociedad, sobre todo por un sector extremista que aún no se ha dado cuenta de que la mayoría de los venezolanos queremos vivir en paz. Estos seres odiadores e impulsores del odio, siguen azuzándolo a través de sus cuentas en la red X. Esta red se ha convertido en refugio del odio y podemos ver allí a lamentables y repulsivos personajes que se hacen llamar periodistas, pero que en realidad son operadores políticos que responden al esquema de violencia, y que desde el exterior destilan e infunden la más perniciosa de las emociones humanas. La verdad sea dicha y ya para nadie es un secreto: el odio fue parte de una estrategia que usó el ala extremista de la oposición para configurar un clima de violencia en el país a través de guerra cognitiva. Afortunadamente esa opción ha fracasado, aunque sigue viva y con mucho menos fuerza que antes, y es justo esa opción extremista y violenta, a la que la gran mayoría de los venezolanos han dado la espalda y desde un luminoso salto de conciencia, apuestan por el desarrollo armónico del país para lograr el progreso económico y la convivencia sana y pacífica en Venezuela.

Ofrecemos nuestra enhorabuena a los miles de venezolanos que han abandonado el odio y han dejado atrás las actitudes que implican la soberbia y la descalificación del otro. Simplemente, han dejado a los odiadores en Miami como se abandona a un circo que ya no despierta interés, y en el que los desastrados saltimbanquis van recogiendo sus desvencijados tarantines, al tiempo en que, tratando de aprovechar el poco tiempo que les queda en el pueblo, van ofreciendo desaforadamente sus pociones mágicas para hacer crecer el pelo, a los pocos transeúntes que les cruzan cuando van de camino al trabajo y que miran los frasquitos con recelo y descreyendo de sus supuestas virtudes mágicas e inmediatas.

Con inmensa alegría enaltecemos a los que han abandonado el odio, sin embargo, ya habíamos sugeridos que el odio crea adicción, por eso seguimos desentrañando sus misterios y para eso seguimos con las profundas meditaciones de Shantideva:

Si una persona te pega con un palo, ¿te pones bravo con la persona o con el palo?

Shanstideva reflexionaba: Si me enfado con el que lo empuña, aunque de hecho el que me daña es el palo, y teniendo en cuenta que él también es secundario, ya que a su vez ha sido incitado por el odio, ¿por qué no me enfado con el odio? Ya que el odio mueve a la persona y la persona mueve el palo. Entonces ¿Por qué no ir contra el enemigo principal que es el odio?

Y continuaba Shantideva con una lógica impecable: Si la falta de respeto, las palabras duras y desagradables no causan ningún daño a mi cuerpo, ¿por qué, mente, te enfadas tanto?

Shantideva alertaba de que teníamos que deshacernos de las emociones y debilidades humanas que favorecen el odio. Decía: Cuando el fuego ha pasado de una casa a otra, es correcto deshacerse de la paja y todo lo que haga que el fuego se extienda. Por eso alertaba: Del mismo modo, cuando el fuego del odio se extiende a todo por lo que mi mente siente apego, debería deshacerme de ello inmediatamente por miedo a que se quemen mis méritos.

Con un ejemplo hermoso y muy descriptivo, Shantideva ilustraba: El anzuelo lanzado por el pescador de odio es muy efectivo e insoportablemente afilado, cuando sea enganchado en él, seguro que seré cocinado en las calderas del infierno. Es decir, si alguien me despierta el odio y me dejo enganchar con ese odio, entonces mi alma no tendrá descanso y necesitaré odiar para siempre.

Otra de las enseñanzas de Shantideva es la del Maestro de armonía también llamado Maestro de paciencia, que podría ser la misma persona que me despierta el odio (esto lo vamos a ver con más detalle): continuaba con sus enseñanzas Shantideva: Por lo tanto, como un tesoro que aparece en mi casa, sin esfuerzo por mi parte para obtenerlo, debería estar feliz de tener un enemigo, porque me ayuda en mi conducta del despertar. De manera que, lejos de querer acabar físicamente con una persona a la que consideramos contraria, deberíamos celebrar porque nos puede enseñar a ser felices, como veremos posteriormente.

La enseñanza más popular de Shantideva es la de la persona que te pega con un palo. Uno no se pone bravo con el palo, se pone bravo con la persona, porque la persona es la que mueve el palo. ¿Y qué mueve a la persona? Pues las emociones son las que mueven a la persona, y las emociones vienen y se van. De manera que la persona con la que te pones bravo ni es la misma persona que miras un rato después. La pareja con la que peleaste y te molestaste mucho, no es la misma pareja que te mira con una mezcla entre tristeza y vergüenza, escondida entre los cojines del sofá. Es decir, la persona que comete el error no es la misma persona que reconoce el error; son dos personas completamente distintas. Una es altiva, agresiva y altanera, y la otra es humilde, temerosa y avergonzada; y esas dos personas conviven en un mismo cuerpo.

Entonces leemos otra vez el verso de Shantideva:

Si una persona te pega con un palo ¿Te pones bravo con la persona o con el palo?

Si me enfado con el que lo empuña, aunque de hecho el que me daña es el palo, y teniendo en cuenta que él también es secundario, ya que a su vez ha sido incitado por el odio, ¿por qué no me enfado con el odio? Ya que el odio mueve a la persona y la persona mueve el palo. Entonces ¿Por qué no ir contra el enemigo principal que es el odio?

Y ahora la enseñanza se nos revela límpida ante nosotros, ¿Por qué mejor no identificamos al verdadero enemigo? Y el verdadero enemigo es el odio, y ya sabemos que la ira del otro se enciende mucho más con nuestra propia ira, ya que como decía el Buda: Sin ira no hay enemigo.

Entonces nos damos cuenta de que el odio sembrado por un sector político fue el peor error que dirigente alguno pudo cometer en Venezuela. Es como un equipo de futbol que quiere ganar el campeonato a toda costa, y como estrategia para ganar, dispone un balón radioativo con el que contamina todo el campo, les hace daño a los jugadores del equipo contrario, pero también a sus propios jugadores. En ese campo no se podrá jugar con seguridad por mucho tiempo y sufrirán muchas personas. Así como hemos sufrido muchos venezolanos por la intolerancia y el odio de unos pocos; familias divididas, motorizados degollados, personas quemadas vivas, por nombrar solo algunas pocas de las repugnantes consecuencias del odio. Buda ha dicho: El odio es como lanzar carbones encendido al otro; efectivamente le haces daño, pero tú también te haces daño.

Pero como ya hemos visto, se abre ante nosotros un alentador futuro de paz y es nuestro deseo enterrar definitivamente el odio y que nunca más vuelva a entronizarse en nuestra sociedad, y que la familia vuelva a reunirse con alegría y armonía, tengan el signo político que tengan. Para eso, nos quedan las enseñanzas de Shantideva, que hoy nos ha alertado de que el verdadero enemigo no es el otro; el verdadero enemigo no es el chavista ni el opositor, el verdadero enemigo es el propio odio, y lo único que deberíamos odiar es al odio.

Nos despedimos en esta oportunidad con las palabras de Buda: Sin ira no hay enemigo.

  • José Roger Garcés: Psicólogo clínico y con Maestría en Psicología de la UCV. Cursante del Doctorado en estudios Nuestroamericanos en el Celarg. Profesor de la cátedra: Naturaleza de la Guerra Cognitiva. Investigador en el Centro de investigación Contrahegemónica Luis Acuña del VICI-LAUICOM. / correo: enelrespiramos@gmail.com / IG: @psicogarces
WhatsApp Image 2026-03-24 at 13.58.05

El potente uso de las metáforas en el ¿Qué hacer? De Lenin

Pedro Luis Penso Sánchez

En el ¿Qué hacer? (1902), Vladimir Lenin, hace un potente uso de la metáfora para exponer el complejo tema que se mueve en medio del mundo imaginal, que se encuentra entre el mundo sensible y el mundo inteligible donde nacen los sueños y las utopías.

El fragmento completo del ¿Qué hacer? donde Lenin cita al crítico ruso Dimitri Pisarev (Capítulo V del Que Hacer). Este párrafo del texto señalado es fundamental para entender la conexión entre la teoría política y la imaginación estratégica.

“¡Hay que soñar!”. He escrito estas palabras y me he asustado. Me he imaginado sentado en el “Congreso de unificación” y teniendo enfrente a los redactores y colaboradores de Rabócheie Dielo. Y entonces se levanta el camarada Martínov y me dice en tono conminatorio: ´Permítame: ¿tiene todavía la redacción de una Iskra soberana el derecho de soñar sin consultar al Comité del Partido?”. Y tras él se levanta el camarada Nadiezhdin y (reforzando al camarada Martínov, que hace ya tiempo ha reforzado al camarada Krichevski) me grita con mayor severidad aún: “Voy más lejos: pregunto si un marxista tiene, en general, derecho de soñar, si no ha olvidado que, según Marx, la humanidad siempre se plantea tareas realizables y que la táctica es un proceso de crecimiento de las tareas del partido, que crecen junto con él´

Al solo pensamiento de estas preguntas amenazadoras me da escalofrío y mi único pensamiento es dónde podría esconderme. Trataré de esconderme detrás de Pisarev.

Hay divergencias y divergencias —escribió Pisarev a propósito de la divergencia entre el sueño y la realidad—. Mis sueños pueden adelantarse al curso natural de los acontecimientos o bien desviarse hacia donde el curso natural de los acontecimientos no puede llegar jamás. En el primer caso, el sueño no hace ningún daño; incluso puede sostener y reforzar las energías del hombre trabajador… En sueños de esta índole no hay nada que deforme o paralice la fuerza de trabajo. Todo lo contrario: si el hombre estuviese privado por completo de la capacidad de soñar así, si no pudiese adelantarse de vez en cuando y contemplar con su imaginación el cuadro enteramente acabado de la obra que empieza a perfilarse por su mano, no podría yo imaginarme de modo alguno qué móvil obligaría al hombre a emprender y llevar a cabo vastas y fatigosas tareas en el terreno del arte, de la ciencia y de la vida práctica… La divergencia entre el sueño y la realidad no tiene nada de nociva, siempre que la soñadora crea seriamente en su sueño, observe atentamente la vida, compare sus observaciones con sus castillos en el aire y, en general, trabaje a conciencia para que su fantasía se convierta en realidad. Cuando existe algún contacto entre el sueño y la vida, todo va bien”. (Lenin, V. I., 2012)

El Pisarev que Lenin rescata es una joya de la literatura política porque utiliza figuras retóricas para resolver un problema filosófico: la relación entre la subjetividad (lo que deseamos) y la objetividad (lo que es posible).

A continuación, se analizan las metáforas más potentes que estructuran este pensamiento:

1.El sueño como «cuadro enteramente acabado»

Pisarev nos dice que el hombre necesita contemplar con su imaginación el «cuadro enteramente acabado de la obra que empieza a perfilarse por su mano».
• Análisis: Esta es una metáfora artística. Imagina al escultor frente a un bloque de mármol o al pintor ante un lienzo en blanco. Si el artista no tuviera la capacidad de «ver» la estatua terminada dentro de la piedra, no tendría la fuerza para dar el primer golpe de cincel.
• Sentido Didáctico: Lenin aplica esto a la política: la revolución es una «obra de arte» social. Sin la visión de una sociedad sin clases (el cuadro acabado), el militante no soportaría el peso de las tareas cotidianas, grises y agotadoras. El sueño es la prefiguración del triunfo.

2.Los «castillos en el aire» y el suelo de la realidad


Pisarev menciona la necesidad de comparar las observaciones de la vida con los «castillos en el aire».


• Análisis: El «castillo en el aire» es una metáfora clásica del idealismo puro, de lo que no tiene base. Sin embargo, Pisarev le da un giro positivo. No nos pide que derribemos el castillo, sino que construyamos los cimientos desde abajo hasta que el suelo y el aire se toquen.
• Sentido Didáctico: Aquí reside la clave de la praxis. El sueño no debe ser una fuga de la realidad, sino un plano arquitectónico. Si el sueño (el castillo) y la observación de la vida (el terreno) coinciden, la fantasía deja de ser una ilusión para convertirse en un proyecto de construcción.

3.El sueño como «móvil» y «energía»

Se describe al sueño como aquello que «sostiene y refuerza las energías del hombre trabajador».
• Análisis: Es la metáfora del motor o combustible. Pisarev y Lenin entienden que el ser humano no se mueve solo por leyes económicas frías, sino por el deseo. El sueño es la chispa que enciende la voluntad.
• Sentido Didáctico: Sin esta «energía», la acción política se vuelve mecánica y, finalmente, se rinde ante la adversidad. Lenin utiliza a Pisarev para combatir el «economismo» de su época, que pedía a los obreros conformarse con pequeñas mejoras salariales. Lenin les dice: «¡Sueñen con el poder total, porque ese sueño les dará la energía para las batallas más duras!».

Síntesis como la dialéctica del contacto


La metáfora final y más importante es la del «contacto entre el sueño y la vida».
Para Lenin, el revolucionario es un equilibrista:

  1. Si solo mira la vida (la realidad inmediata), se vuelve un oportunista sin horizonte.
  2. Si solo mira el sueño, se vuelve un utópico desconectado.

El genio de Lenin consiste en convertir el sueño en una categoría del análisis científico. No sueña para escapar del mundo, sino para saber exactamente en qué parte del mundo debe golpear para que este cambie. Como bien dice el texto: «Cuando existe algún contacto entre el sueño y la vida, todo va bien».

El sueño y la utopía en una perspectiva materialista

Es pertinente analizar el concepto de «sueño» que desarrolla Lenin y la diferencia de la «utopía» en otros textos marxistas.


Para comprender la diferencia entre el «sueño» leninista y la «utopía» en la tradición marxista, debemos imaginar dos formas distintas de mirar el horizonte: una que se pierde en la bruma de lo deseable y otra que utiliza el horizonte para medir la distancia que sus pies deben recorrer.

En el marxismo clásico, la palabra «utopía» no siempre fue un elogio; a menudo, fue una advertencia. Aquí te explico las tres diferencias fundamentales:

1.El sueño como «arquitectura» vs. La utopía como «espejismo»

En la obra fundamental de Friedrich Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico, se marca una línea divisoria clara.


• La Utopía: Para los socialistas utópicos (como Saint-Simon o Fourier), la nueva sociedad era un dictado de la razón o la moral. Era un «remedio» inventado por una mente brillante para sanar los males del mundo. Para Marx y Engels, esto era como intentar construir una casa empezando por el tejado, suspendido en el aire de la ética.

• El Sueño Leninista: Como vimos en Pisarev, el sueño no inventa leyes nuevas; descubre potencias ocultas en la realidad. Mientras la utopía es un espejismo que aparece en el desierto, el sueño de Lenin es el plano de un pozo que sabe exactamente dónde cavar porque ha analizado la geología del terreno.

2.La «receta» vs. El «motor de la praxis»

Marx era famoso por su rechazo a escribir «recetas para las cocinas del porvenir». Él creía que no se podía diseñar el futuro con detalle porque el futuro lo crearían las masas en lucha.


• La Utopía es estática: Presenta un cuadro acabado y perfecto de la sociedad futura (ciudades ideales, horarios fijos, armonía total). Es un destino donde el movimiento se detiene.


• El Sueño es dinámico: Para Lenin, el sueño es un combustible psicológico. No es el cuadro de la meta lo que importa tanto como la energía que ese cuadro devuelve al presente. El sueño leninista es una función de la praxis: sueño porque necesito actuar, y actúo porque mi sueño me permite ver lo que los demás llaman «imposible» como algo simplemente «difícil».

3.La Diferencia entre el «Deseo» y la «Tendencia Histórica»

Aquí interviene otro gran pensador marxista, Ernst Bloch, quien en su obra El principio esperanza intentó reconciliar estas ideas mediante el concepto de “Utopía Concreta”.


• Utopía Abstracta: Es un «no-lugar» (etimológicamente u-topos). Es un deseo que no tiene raíces en el presente, una fantasía que vuela sin hilos.


• Sueño/Utopía Concreta: Es lo que Bloch llama el «Todavía-No-Ser». Es algo que ya está germinando en las contradicciones del capitalismo. Lenin sueña con la caída del Zar no porque sea un romántico, sino porque lee en la huelga del obrero y en el hambre del campesino la tendencia real de la historia. Su sueño es la flor que él ya ve dentro de la semilla.

Referencia
Lenin, V. I. (2012). ¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento. Akal. (Obra original publicada en 1902).
Engels, F. (2006). Del socialismo utópico al socialismo científico. Fundación Federico Engels. (Obra original publicada en 1880).
Bloch, E. (2004). El principio esperanza (F. González Vicén, Trad.; Vol. 1). Trotta. (Obra original publicada en 1954-1959)

• Pedro Luis Penso Sánchez: Ingeniero y magíster en Historia egresado de la UCV; y Doctorante en Creación Intelectual (UNESR). Decano Honorario de la Universidad Iberoamericana. Profesor Honorario de la Universidad Politécnica Territorial Alonso Gamero. Diplomático. Director del Centro de Investigación Contrahegemónica Luis Acuña de LAUICOM. / pedropenso@gmail.com

5037528633261624200

LA RECIENTE VICTORIA DE VENEZUELA Y LA FUTURA VICTORIA VENEZUELA

“No hay negatividad como el odio, ni fortaleza como la paciencia”
Shantideva
Prof. Roger Garcés. Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual. LAUICOM.

La reciente victoria del equipo de Venezuela en el Clásico Mundial de Béisbol 2026 nos llenó a todos los venezolanos de alegría y orgullo patrio. Pudimos disfrutar de un logro que en el planeta pocos esperaban ya que Estados Unidos era el gran favorito por haber confeccionado un Dream Team con peloteros Grandes ligas y aun así, los criollos, fraguados y reconocidos, dieron la pelea y el equipo venezolano se coronó campeón en 2026, llenando nuestras almas con un brillo que no habíamos experimentado en mucho tiempo.

Más que una crónica deportiva, quiero hacer referencia a las connotaciones psicológicas que conlleva esta victoria. En ese momento nadie preguntó si los que festejaban eran caraquistas o magallaneros, o si eran blancos o negros, o si eran chavistas o de la oposición, solamente una sublime alegría los cubría a todos los VENEZOLANOS con una égida de gloria y enjundia. Y precisamente es en ese sentimiento, en el que quiero hacer la serie de reflexiones que inauguro con este primer ensayo; se trata de la unión entre venezolanos. Habida cuenta de los esfuerzos que ha adelantado el ejecutivo nacional en la figura de la Presidenta (E) Delcy Rodríguez, al que se han sumado otros sectores de la vida pública como la A.N. y se han concretado iniciativas que tienen como objetivo favorecer la convivencia, la armonía y la paz ciudadana y por sobre todo la unidad de los venezolanos. Esa unidad por tanto tiempo anhelada y que de una vez por todas dejemos atrás la odiosa división entre chavistas y opositores, división que lamentablemente ha fragmentado el mismísimo tejido familiar.

No vamos a caer en la trampa de tratar de averiguar quién fue el primer bando que enfiló contra el otro tratando de establecer responsabilidades o culpas. Basta saber que los dos caímos en esa trampa y de nada vale buscar responsables. Ahora necesitamos el compromiso sólido y férreo de todos los venezolanos para la construcción de una Venezuela signada por el progreso, la armonía y el trabajo, con la esperanza puesta en un futuro de prosperidad.

Tal vez, el primer elemento acerca del cual debemos reflexionar es el odio, por eso quiero iniciar esta serie con las enseñanzas de Shantideva, un monje muy poco conocido en nuestra cultura venezolana, pero de gran importancia dentro del budismo. Quiero asimismo alertar que NO SOY BUDISTA, no realizo rituales ni me pongo una túnica púrpura, pero no por eso dejo de reconocer las enseñanzas. Estén donde estén. Una de las cosas que tenemos que trascender los venezolanos es a la tendencia a etiquetar y descalificar todo lo que no entre en nuestro sistema de creencias. Por ejemplo, si somos cristianos y nos hablan de Buda, inmediatamente decimos: “Eso no es de dios”, y no escuchamos el mensaje. Desde estas líneas creemos que las enseñanzas las podemos encontrar en muchos sitios y como dice la misma Biblia “en la casa de mi padre hay muchas moradas” (Jn 14:2). Es decir, aprender la TOLERANCIA nos va a ser de gran beneficio para todos. Por eso me animo a reflexionar acerca de este monje del siglo VII que nos ha dejado valiosísimas lecciones que nos pueden servir, aun a 1.500 años de distancia.

Shantideva fue quien llevó el budismo desde la India hasta el Tíbet en el siglo VIII y fue recibido en la Universidad de Nalanda donde los monjes residentes le tenían una clara envidia.

Se cuenta que en una oportunidad Shantideva fue convocado para dar una charla en la que expusiera las enseñanzas de Buda y los monjes de Nalanda le construyeron un trono (especie de silla para sentarse en posición de loto) para que diera esa instrucción, pero era un trono muy alto y a manera de burla, no le pusieron escaleras. Lo que los monjes no sabían era que Shantideva ya había rechazado un trono, su propio trono ya que era hijo de un Rey y lo abandonó por conseguir la sabiduría. Así los monjes se burlaban de Shantideva con este nuevo trono, era en verdad algo muy irónico e insultante. Sin embargo, Shantideva decidió hacer el discurso de sus enseñanzas en ese ambiente nada favorable, y las inició con estos versos que son una joya de las enseñanzas budistas.

“Lo que voy a decir ya se ha dicho antes
y carezco de aprendizaje y de habilidad con las palabras.
Por eso no pienso que esto pueda beneficiar a otros;
lo he escrito sólo para cultivar mi mente”.

En ese momento los monjes se miraban las caras. Pensaban: ¿Cómo un Bodisatva (monje) hace algo no pensando en beneficiar a los demás sino a sí mismo?
Y Shantideva continuó:

“Así, mi fe se fortalecerá durante algún tiempo
para que pueda habituarme a lo virtuoso.
Pero si otros con mi misma fortuna
llegan a ver estas palabras, puedan también beneficiarse”.

Y luego se dedica a dar su enseñanza que es una de las enseñanzas más caras al budismo tibetano, y dice cosas como esta:

“Todas las acciones positivas, tales como venerar a los Budas y practicar generosidad, acumuladas durante mil eones, serán destruidas en un momento de enfado”.

“No hay negatividad como el odio, ni fortaleza como la paciencia”

“Mi mente no experimentará paz si guarda pensamientos dolorosos de odio. No encontraré alegría o felicidad. Incapaz de dormir me sentiré inquieto”.

“No hay nadie que viva feliz con enfado”

“Al encontrar su combustible en la infelicidad mental de no poder hacer lo que deseo y que se cumpla lo que no quiero, el odio aumenta y me destruye”.

Los monjes que lo escuchaban quedaron asombrados y comenzaron a pedir más y más enseñanzas de Shantideva, y depusieron su actitud hostil.

Y así yo podría seguir y seguir dando citas de ese memorable discurso de Shantideva, lo que es de resaltar, y en realidad, hay miles de cosas por resaltar de este evento; es la manera como Shantideva introduce el tema. Él no se hace el importante haciendo ver que él era más inteligente que los demás (que lo trataban con envidia, cosa terrible en un monje pero que ocurre), sino que iguala los demás a su condición y los invita a buscar la sabiduría. Por eso La “Guía para la conducta de un Bodisatva” es un libro pensado para él mismo, es como un diálogo interno en el que comparte con nosotros como iguales y nos habla a cada uno personalmente. Es un libro en donde para desarrollar las cualidades de la paciencia y la ecuanimidad, y nos anima a familiarizarnos con lo positivo. Y este es un elemento magistral dentro de las enseñanzas de Shantideva. Él no se hace llamar santo, él simplemente dice, “Muchachos yo soy como Ustedes, ¿Me acompañan a buscar la sabiduría? Lo importante aquí es que anula por completo el Ego. No soy YO quien tiene la razón, no voy a imponerte MI razón simplemente por el hecho de que tenga algún poder, o sea el profesor, o tenga más fuerza física o tenga una pistola. La verdad la construimos entre todos.

Un viejo maestro refería: “Si hay dos personas discutiendo acerca de la verdad, o una está equivocada o las dos están equivocadas”. Si dos personas conocen la verdad no puede haber discusión, no puede haber pelea, no puede haber disputa. Si hay alguna discusión, quiere decir, que alguno no la entendió o ninguno de los dos la entendió. Dos personas no pueden pelear por la verdad, porque quiere decir que ninguna de las dos la entendió. La verdad es eterna e inmanente y cuando se conoce alumbra y calienta como el fuego de una hoguera en una noche fría. Pero para eso tenemos que derrotar el Ego. Sí, el Ego, ese que nos pone a pensar; “Ese poco de bichos ojalá no hayan nacido! Si yo tuviera un poder…” El Ego, que nos hace ver la realidad SÓLO desde nuestro punto de vista y creemos que la realidad es así.
Note que distingo Realidad de Verdad, la realidad es subjetiva, la verdad es inmanente.

El Ego es el que nos eleva por sobre los demás y creemos que los demás son unos tarados y no se dan cuenta de lo que YO me he dado cuenta. Por eso Osho decía: “Quien te vende un sistema de creencias es tu enemigo”. Contra ese Ego es que tenemos que luchar porque nos afecta a varios niveles. Nos afecta a nivel político porque YO creo que YO tengo la razón y los demás están equivocados. No afecta a nivel familiar porque nos hace creer que es el otro quien está equivocado y YO no tengo problemas, y nos afecta a nivel personal porque no nos permite ver nuestros errores, y por tanto el Ego no nos permite crecer. Recordemos el axioma alquímico del V.I.T.R.I.O.L. Visita Interiora Terra Rectificando Invenies Occultum Lapidem, que quiere decir: Visita el Interior de la Tierra, Rectificando encontrarás la piedra Oculta. Quiere decir que hay que observarse profundamente uno mismo, pero el Ego no nos permite eso. Justamente de este tema es que Shantideva nos ilustra magistralmente y nos dice ese memorable primer verso. Nos dice, yo no tengo la verdad, pero vamos a familiarizarnos con ella. ¡Qué maravilla de enseñanza! ¡Qué majestuosidad de entendimiento! ¡Qué sublime gesto de humildad!

¡Cuántas cosas tenemos que aprender de Shantideva!

Yo les propongo recorrer este camino juntos, y ya tenemos un primer enemigo identificado, no se trata de magallaneros y caraquistas, o de heterosexuales vs. homosexuales, o de chavistas y opositores, el primer enemigo a vencer es el EGO. ¿Qué tal si aprendemos a dominarlo? No es que yo sepa cómo, y no estoy haciendo como Shantideva, es que de verdad no sé cómo, pero con la sublime asamblea de los iniciados no hay obstáculo que valga. Ya tenemos una primera enseñanza: “Para mí mismo y para mis amigos no quiero sufrimiento ni falta de respeto, ni palabras duras, ni nada desagradable”, Facundo Cabral decía: “Yo no tengo enemigos, yo tengo amigos que no conozco”, el maestro Jesús 500 años más tarde diría: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, enseñanza a la que aquel pensador apuntaba: Amar al que está más cercano, al que está más próximo (prójimo) es fácil, difícil es amar al que consideramos que está más lejano, al que piensa distinto o que participa en el equipo contrario o a un partido político con el que hemos tenido diferencias. Pues ese que está lejano, es al que tenemos que amar.

Y recogemos otra enseñanza: “No hay nada que no se haga más fácil con la familiarización”. Vamos a familiarizarnos con lo positivo. Con pequeñas cosas: La escritura dice: “El contento de lo poco abre las puertas de lo mucho”. Vemos pues que ya tenemos herramientas para manejar estos momentos duros.
Pero, shhhhh, en el fondo, muy en el fondo… ¿No lo sabíamos ya?

COROLARIO:
El primer elemento que debemos trascender es el odio, para trascender el odio debemos anular el Ego, que es el que nos hace creer que somos superiores a los demás, y sería bueno comenzar a familiarizarnos con la armonía, por eso la victoria de Venezuela en el Clásico de Béisbol, nos puede ayudar enormemente. Tal vez debemos festejar, acostumbrarnos al gozo, familiarizarnos con la alegría; con la alegría de encontrarnos con nuestros hermanos venezolanos, tengan el signo que tengan.

5037528633261624201

LA PRAXIS DEL SUEÑO EN LENIN

Investigador Pedro Luis Penso Sánchez

 Vladimir Lenin, una figura cuya influencia transformó el mapa geopolítico del siglo veinte de manera irreversible, tiene una faceta a menudo ignorada. Lenin, el cerebro de la revolución socialista que transformó el mundo en el siglo XX. Él nos señala la potencia que tienen los sueños: «Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños». Esta sentencia no es un simple llamado al idealismo romántico, sino que proviene de su obra de 1902, ¿Qué hacer?, dónde Lenin argumentaba que el sueño es el motor que permite al militante observar con detenimiento la realidad para encontrar en ella los puntos de apoyo que permitan transformarla. Para él, el sueño era una herramienta de trabajo intelectual que debía estar conectada con el análisis científico de la sociedad, pues consideraba que, si el soñador no cree seriamente en su sueño y no trabaja para realizarlo, la acción política se vuelve estéril.

La frase nos recuerda que el «creer» implica una voluntad activa de organización y disciplina para cerrar la brecha entre la utopía y la realidad material, entendiendo que el progreso social requiere de esa chispa imaginativa para trascender lo que parece imposible en el presente.

Ese sueño al que Lenin se refería no era una abstracción artística, sino la meta concreta de la revolución proletaria, concebida como el único camino posible para desmantelar las estructuras de opresión y alcanzar finalmente la abolición de las clases sociales. En su visión, el acto de creer en ese sueño significaba transformar la esperanza en una fuerza histórica material capaz de erradicar la explotación del hombre por el hombre, estableciendo que la verdadera libertad sólo llegaría cuando las jerarquías económicas fueran eliminadas, el poder residiera en manos del trabajador y la clase trabajadora se vieran obligados a trabajar bajo el imperio de las necesidades.

Es fascinante cómo la figura de Vladimir Lenin, a menudo esculpida en el mármol frío de la teoría política, guardaba en su núcleo un fuego que hoy llamaríamos imaginación radical, la cual eleva esa chispa revolucionaria a una categoría casi lírica, sin perder de vista la rigurosa brújula del análisis que él mismo defendía.

La praxis del sueño en Lenin, el arquitecto de lo imposible

En el corazón del convulso siglo XX, una figura se alza como el tejedor de un mapa geopolítico que jamás volvería a ser el mismo. Vladimir Lenin, más allá de ser el cerebro frío de la estrategia, fue el custodio de una verdad poética y profunda: la potencia transformadora del sueño. Pero su soñar no era el de quien se pierde en nubes de opio espiritual, sino el del navegante que lee las estrellas para conquistar el océano.

El sueño como brújula científica

En su obra de 1902, ¿Qué hacer?, Lenin nos dicta una sentencia que es, a la vez, caricia y mandato: «Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños». Para él, el sueño no es un refugio contra la realidad, sino un instrumento de disección. Es la lente que permite al militante observar las grietas del presente para insertar en ellas la palanca del cambio.

El sueño leninista es un ejercicio intelectual donde la intuición se abraza con el análisis científico: si el soñador no habita su visión con fe y trabajo, la política se vuelve un campo estéril de palabras vacías.

La voluntad como el puente entre la utopía y la materia

Creer, en este contexto, no es un acto de fe ciega, sino una arquitectura de la voluntad. Es la disciplina férrea y la organización incansable que busca cerrar la brecha entre el anhelo de justicia y la dureza del mundo material. El progreso social exige esa chispa de imaginación para saltar sobre el abismo de lo que hoy parece inamovible.

•             La imaginación: La chispa que trasciende lo presente.

•             La organización: El yunque donde se forja la realidad.

•             La acción: El fuego que consume la opresión.

El horizonte de la libertad

Este sueño no era una abstracción etérea, sino la meta tangible de la revolución proletaria. Se concebía como el único sendero para desmantelar las cadenas de la explotación y alcanzar ese horizonte donde las clases sociales se desvanecen. Para Lenin, transformar la esperanza en una fuerza histórica material era el único camino para que el ser humano dejara de ser presa del hombre, permitiendo que la verdadera libertad floreciera solo cuando las jerarquías económicas fueran cenizas y el poder regresara a las manos callosas de quien trabaja.

Referencia

Lenin, V. I. (2012). ¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento. Akal. (Obra original publicada en 1902)

Palabras claves: Lenin, análisis científico, utopía

Investigador y director del Centro de Investigación Contrahegemónica Luis Acuña del VICI (Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual) de la Universidad Internacional de las Comunicaciones. Ingeniero, magíster en Historia y Doctorante en Creación Intelectual (UNESR). Decano Honorario de la Universidad Iberoamericana. Profesor Honorario de la Universidad Politécnica Territorial Alonso Gamero. Diplomático.

5026105454773341077

Narrativas para justificar guerras injustificables

Por Profesora Isabel Rivero D’ Armas
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)
Marzo, 2026

Narrar lo sucedido nos permite comprender el mundo. Las narraciones breves nos facilitan la interpretación de los hechos. Es una forma de encontrar sentido a las acciones llevadas a cabo por participantes: cada uno asume un rol. Esto facilita la interpretación de la realidad o de lo que percibimos por ella. 

Al ser la narración, algo tan familiar, las narrativas son altamente persuasivas y hasta se transforman en una estrategia de manipulación: simplifican la realidad una vez que hacen lo complejo fácil de entender, constituyen una forma de argumento que se apoya en metáforas, que están en nuestro cerebro, las cuales desde un marco moral operan como telón de fondo y, en el caso de justificar guerras, representan la lucha entre bien y el mal, entre el bueno y el malo. 

Así, las guerras, muy cuestionables por los crímenes que vienen con ella, se justifican en una relación de coste y beneficio. En esta narrativa prototípica, hay tres personajes: el héroe, el villano y la víctima, para hacer ver la guerra como justa, inevitable e inexorable, un asunto del destino.

Esta estructura narrativa fue utilizada por Bush en 1991 para representar la intervención militar estadounidense como justa en la Guerra del Golfo, en un escenario en que Saddam Hussein se transformó en una amenaza para la economía, pero tenía mayor aceptación si lo hacían ver como el diablo o el malo de partida, el propio villano pues. Esta guerra se conceptualizó en la metáfora de la Guerra Justa, estudiada por el lingüista Lakoff, y a uno de los principales ataques de la coalición internacional liderada por EE. UU. se le llamó metafóricamente Operación Tormenta en el Desierto. Y la tormenta, en la religión cristiana, simboliza una prueba o adversidad en la que se cuenta con la protección divina para controlar el caos y, en consecuencia, vencer el mal.

El héroe era el presidente Bush padre porque protegía la libertad, los inocentes, etcétera, ya sabemos cómo conceptualizan la libertad en territorios con muchas reservas de petróleo y minerales. El villano, Saddam Hussein, satanizado y demonizado. La víctima, Kuwait, en el momento en que la invasión perpetrada por Irak se concibió como un crimen, pero pasó inadvertida la situación de la desestabilización del suministro de petróleo por el bajo precio en que se cotizó el crudo perjudicando la OPEP por esto y en la que Irak tuvo bastantes pérdidas.  

De igual manera, en la invasión a Irak por EE. UU., en 2003, Hussein se transformó en un villano; se mintió porque se dijo que tenía armas de destrucción masiva; Bush hijo en el héroe junto a Estados Unidos, y el pueblo iraquí en la víctima. Y, de ese modo, se justificó la invasión a Irak y después el asesinato de Saddam H. Recordemos también el final que tuvo el líder libio Gadafi para favorecer un cambio de régimen en Libia, pero ya sabemos cómo quedó Libia después de la invasión. 

Esta retórica hecha narrativa ha permitido a gobernantes estadounidenses justificar acciones bélicas, intervenciones militares, asesinados y secuestros, observables a través de la historia reciente y hasta en el presente. 

El pasado 3 de enero, el presidente constitucional Nicolás Maduro, junto a la primera dama, Cilia Flores, fue secuestrado, convertido en prisionero de guerra. Se le acusaba de narcotráfico, calificación que, como bien sabemos, fue eliminada, lo que dejó sin efecto la narrativa recurrente del Cartel de los Soles. 

En esta narrativa, al presidente Maduro se le atribuye el papel de villano, caracterización que opera cuando un gobernante se transforma en amenaza, en un enemigo muy hostil, por razones económicas que se hacen ver como morales para que acciones viles sean toleradas. 

Esta construcción discursiva como el malo de la partida permite justificar violaciones al Derecho Internacional porque se presentan como algo que había que hacerse: los malos tienen que ser castigados, aunque estos, fuera del cuento envenenado, resulten ser los buenos, los que luchan por la soberanía de los pueblos.

5026105454773341070

RECONOCIMIENTO, RECONOCEDORES Y RECONOCIENTES


Por Profesor Julio C. Valdez
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)
Marzo, 2026

¿Qué significa que el gobierno norteamericano, ante el Tribunal de Nueva York, reconozca a Delcy Rodríguez como “la única jefa de estado” de Venezuela? Como cualquier asunto social, ese significado genera múltiples interpretaciones, cruzadas y a veces incompatibles entre sí. Una primera ojeada rápida nos indicaría que se trata de un simple procedimiento legal para que, una vez reconocidos los actores principales, se allane el camino de las negociaciones económicas entre los gobiernos estadounidense y venezolano. No obstante, este asunto tan importante lleva consigo otras diversas lecturas, dependientes de los puntos de vista y de los intereses de los actores en juego.

Por ejemplo, la oposición más radical ve truncada su intención de tomar de una vez el poder del gobierno venezolano. María Corina Machado ha sostenido internacionalmente la idea de que el ejército del norte nos intervendría para colocarla a ella como presidenta. Sin embargo, a pesar del apoyo de parte de algunos funcionarios del gobierno norteamericano y de varios senadores, no sólo no ha recibido la unción del propio jefe del poder, Donald Trump, sino que ha sido desestimada por él. De este modo, el reconocimiento de la presidenta venezolana, Delcy Rodríguez, parece indicar que por ahora ella será la autoridad absolutamente reconocida por el gobierno de USA.

Por otra parte, el citado reconocimiento también presenta una diversidad de miradas. En primer lugar, ya lo decíamos, es un recurso técnico-legal para formalizar las transacciones comerciales. Pero ello nos reta a hacernos otras preguntas. ¿Por qué un gobierno extranjero ha de pronunciarse sobre la legalidad y legitimidad de un gobierno decidido por sus propios habitantes? Y entramos aquí en el juego político. Un gobierno que, desde el poderoso complejo militar-industrial, amenaza y asedia a otro país para extraer sus recursos naturales, ¿tiene la potestad de decidir quién es la autoridad legítima, sin incurrir en violación a las leyes y los tratados internacionales? Claro que, sabemos, este asunto rebasa la frontera de la legalidad para entrar en la esfera de la geopolítica mundial. Y esa geopolítica (”orden internacional basado en reglas”), al parecer, cada vez reafirma más lo que popularmente llamamos la ley del más fuerte.

Hemos referido que no se trata sólo de un asunto doméstico, puesto que, sin duda, se trata de un mensaje más global, que rebasa el suelo nuestroamericano para adquirir rasgos planetarios: un gobierno, con suficiente poder bélico-político puede abrogarse el poder de determinar qué gobierno es legítimo/legal y cuál no lo es. Es decir, se tienden a diluir las soberanías nacionales, las posibilidades de cada pueblo de decidir quiénes son sus gobernantes y cuál ha de ser su destino colectivamente construido.

Otro aspecto relevante es el tratamiento informativo y cognitivo de este suceso. Por ejemplo, Según CNN (12 de marzo, 2026), el encargado del Departamento de Estado para Latinoamérica, Michael Kozak, se refiere al reconocimiento de USA a Delcy Rodríguez como una “normalización” de las relaciones diplomáticas y consulares para promover “la estabilidad”, dar apoyo a la “recuperación económica” y avanzar a la “reconciliación política” en nuestro país. Mientras, Resumen Latinoamericano (13 de marzo, 2026) enfatiza la necesidad de reanudar las relaciones entre ambos países, con la mayor seguridad jurídica posible, a partir (según el politólogo Luis Millán) de una amenaza visible sustentada en la flota del Caribe y el grupo militar que ha de combatir el narcotráfico y el terrorismo. El Tiempo (11 de marzo, 2026) indica que este reconocimiento deja fuera de juego a Nicolás Maduro, quien ya de ninguna forma ha de optar por ser considerado presidente de Venezuela.

Pero es aún de la mayor importancia cómo es percibido este reconocimiento de USA en nuestro país. En la fuente ya citada, CNN, Delcy Rodríguez responde señalando que tal reconocimiento no es a una persona, ni a un gobierno, sino a un país, desde el derecho de ese país a respirar en materia de servicio, de salud, de educación, es decir, que pueda recuperar su vida. Telesur (14 de marzo, 2026) refiere las palabras de nuestra presidenta encargada como un acto de “justicia institucional”, que el restablecimiento de relaciones debe traducirse en beneficios directos para la población. La Agencia Bolivariana de noticias (12 de marzo, 2026), además de reseñar los aspectos antes nombrados, resalta el llamado de Delcy Rodríguez a la unión nacional, exhortando con fuerza a los diversos sectores de la sociedad presentes en la reunión del Programa para la Paz y la Convivencia Democrática.

En fin, desde los planteamientos anteriores, pretendemos derivar algunas líneas reflexivas para encarar comunicacionalmente el tema que nos ocupa en el presente texto.

1. Una primera línea es cuestionar el desde dónde miramos los hechos. Invitamos a desplazar la mirada, no desde el Departamento de Estado de USA, sino desde nuestro propio país. Esto es, seguir el ejemplo de nuestra presidenta encargada. Delcy Rodríguez coloca este asunto del reconocimiento desde una óptica colectiva, desde un país que lucha por su derecho a ser, a decidir su futuro, que ejerce su derecho a tener relaciones equitativas y ajustadas a derecho con todas las naciones del mundo. Ello nos mueve a mirar el reconocimiento no como un acto voluntario y deliberado de un presidente extranjero hacia nuestro país, sino como un proceso histórico que construimos de modo permanente, resaltando el protagonismo del pueblo.

2. Una segunda línea reflexiva podemos caracterizarla como contextualización del tema. Ello se refiere a mostrar la actual situación de Venezuela tras el ataque militar del 3 de enero, que bajo asedio y amenaza mortal, obliga a nuestro país a negociar preferencialmente sus recursos con el país del norte. Así, nuestras altas autoridades asumen la responsabilidad de gobernar peligrosamente, en un contexto de coacción y desventaja, pero apoyándose en las fortalezas alcanzadas por nuestro proceso político social bolivariano: unidad en el gobierno, apoyo de las fuerzas armadas, marco legal que sustenta la soberanía y la solidaridad internacional. Desde esta contextualización, el reconocimiento del gobierno norteamericano a nuestra presidenta encargada, ha de mutar desde una legitimación que aceptamos pasivamente, a un momento estratégico que acompaña la marcha global de nuestro proceso bolivariano, orientado a superar esta difícil coyuntura para asumir plenamente el proceso civilizatorio que hemos decidido como pueblo.

3. Una tercera línea reflexiva tiene que ver con las oportunidades que, al interior de nuestro país, siguen abiertas para la construcción progresiva del Estado Comunal. En ello, volvemos a las palabras de nuestra presidenta encargada, referidas a que aprovechemos este reconocimiento para lograr beneficios para el pueblo venezolano, en materia de servicios, de educación, de salud. En la medida que se vuelquen estos recursos al pueblo, a partir de los proyectos comunales, y acompañados de procesos permanentes de educación popular, podemos seguir construyendo fuerzas populares para apuntalar el porvenir, atendiendo al llamado del Comandante eterno Hugo Chávez Frías de la unidad cívico-militar.

5026105454773341031

Genealogía de lo abyecto como mecanismo de linchamiento epistémico y civilizatorio: Del debate de Valladolid al 03 de enero de 2026 en Venezuela

Por Profesor Luis Delgado Arria
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)

1. Introducción: La abyección como matriz de la colonialidad

El concepto de lo abyecto, entendido más allá de su formulación psicoanalítica original (Kristeva, 1980), se configura como un dispositivo político-ontológico fundamental en la constitución del sistema-mundo moderno/colonial. Siguiendo la genealogía foucaultiana, este ensayo postula que la producción de lo abyecto constituye una praxis concreta de linchamiento —epistémico, civilizatorio y eventualmente físico— sobre las alteridades periféricas. Esta genealogía crítica traza el recorrido de dicho dispositivo desde su cristalización en el siglo XVI hasta su expresión contemporánea en la ofensiva imperial contra Venezuela, particularmente en los eventos del 3 de enero de 2026.

La operación abyectadora, como sostiene Dussel (1992), es consustancial a la modernidad misma: «La modernidad se origina en la conquista, la colonización, la modernidad es un fenómeno europeo, pero es la justificación filosófica de la praxis de la conquista» (p. 23). Este ensayo demuestra cómo este mecanismo ha mutado históricamente, adaptándose a los requerimientos del poder imperial, para culminar en lo que aquí denominamos el linchamiento integral del ser, del poder y del saber de la otredad venezolana en el contexto geopolítico contemporáneo.

2. La génesis colonial del dispositivo abyectador: Sepúlveda, Las Casas y la humanidad en disputa

La disputa de Valladolid (1550-1551) representa el acta fundacional del dispositivo abyectador en la periferia imperial. En este debate, Juan Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de Las Casas establecieron los paradigmas contrapuestos que, sin embargo, operaban dentro de un mismo marco colonial. Sepúlveda, apelando a Aristóteles, construyó la figura del «bárbaro natural» como justificación ontológica de la dominación: «Con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles como los niños a los adultos y las mujeres a los varones» (Sepúlveda, 1547/1997, p. 101).

Frente a esta abyección explícita, Las Casas propuso una defensa paradójica que, aunque humanizante, mantenía la estructura tutelar: «Estas gentes son del linaje humano […] capaces de nuestra fe católica y de ser reducidos a la vida humana política y domesticados» (Las Casas, 1552/1992, p. 45). Como analiza Segales (2020), esta defensa operaba dentro del mismo paradigma sacrificial que estructura la colonialidad: «La defensa lascasiana del indio, aunque noble, lo constituye como víctima sacrificial cuya humanidad debe ser reconocida por el verdugo, nunca por sí misma» (p. 78).

3. La independencia como proyecto abyectador interno: Bolívar y la nación inconclusa

La era independentista heredó y reconvirtió el dispositivo abyectador. Simón Bolívar, formado en la Ilustración, enfrentó la paradoja de construir repúblicas modernas en sociedades marcadas por la heterogeneidad colonial. En su Discurso de Angostura (1819), Bolívar revela esta tensión: «Uncido el pueblo al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir ni saber, ni poder, ni virtud» (Bolívar, 1819/1976, p. 112). Para Bolívar, el «pueblo» —entendido como las masas mestizas, indígenas y negras— constituía una realidad abyecta que debía ser «civilizada» para acceder a la ciudadanía.

Contra esta visión, Simón Rodríguez, mentor de Bolívar, proponía una revolución más radical: «La América española es original; originales han de ser sus instituciones y su gobierno, y originales los medios de fundar uno y otro. O inventamos o erramos» (Rodríguez, 1840/2001, p. 56). Rodríguez intuía que la mera reproducción de modelos europeos perpetuaba la lógica abyectadora, ahora dirigida hacia los «otros internos» de la naciente república.

4. Resistencias decoloniales: Zapata, Sandino y Mariátegui frente a la abyección

El siglo XX presenció emergencias políticas que desafiaron radicalmente el dispositivo abyectador desde la periferia de la periferia. Emiliano Zapata en México encarnó la rebelión del campesino indígena abyectado: «La tierra es de quien la trabaja» no era solo una consigna agraria, sino una afirmación ontológica contra la desposesión colonial (Womack, 1968). Augusto C. Sandino, por su parte, enfrentó directamente la máquina imperial estadounidense, declarando: «Soy nicaragüense y me siento orgulloso de que en mis venas circule, más que cualquiera, la sangre india» (Sandino, 1927/1984, p. 45).

José Carlos Mariátegui realizó quizás la crítica más sistemática desde el marxismo heterodoxo. En sus 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928), identificaba que «el problema del indio» no era racial sino económico-social, y que su solución requería una transformación radical: «El socialismo, en fin, está en la tradición americana» (Mariátegui, 1928/2007, p. 56). Mariátegui proponía una epistemología del sur que reivindicara los saberes y modos de vida de los abyectados como fuente de emancipación.

5. Teorías del poder y la abyección en el capitalismo tardío

La crítica teórica contemporánea proporciona herramientas para desmontar el dispositivo abyectador en su fase actual. Michel Foucault, con su genealogía del poder, muestra cómo se producen históricamente las categorías de lo normal y lo patológico: «El poder no es tanto represivo como productivo de subjetividades y saberes» (Foucault, 1976/1998, p. 89). Enrique Dussel radicaliza esta crítica desde la periferia: «El ego conquiro (conquisto, luego soy) es el fundamento del ego cogito moderno» (Dussel, 1992, p. 67).

Para Rigoberto Lanz, la tarea es deconstruir las «raíces gnoseológicas de la dominación» que naturalizan la abyección (Lanz, 2006, p. 34). Byung-Chul Han diagnostica la mutación contemporánea del dispositivo: en la sociedad del rendimiento, «el sujeto de rendimiento se explota a sí mismo, voluntariamente, sin coacción externa. Es amo y esclavo en una persona» (Han, 2010/2012, p. 45). La nueva figura abyecta es el «fracasado», el que no rinde según los parámetros del capitalismo cognitivo.

Franco «Bifo» Berardi analiza cómo el semicapitalismo explota no solo el cuerpo sino la mente y los afectos, generando una «precariedad existencial generalizada» (Berardi, 2012, p. 78). István Mészáros, por su parte, señala la crisis estructural del sistema que intensifica los mecanismos de exclusión: «El capitalismo ha llegado a sus límites históricos absolutos» (Mészáros, 1995/2010, p. 112), lo que genera respuestas cada vez más violentas para mantener la dominación.

Juan Bautista Segales, desde una teología política de la liberación, conceptualiza este proceso como «el sacrificio de los pobres»: «El capitalismo tardío requiere de víctimas sacrificiales periódicas para su reproducción simbólica y material» (Segales, 2020, p. 123). Venezuela, con sus vastos recursos petroleros y su proyecto soberanista, se convierte en la víctima sacrificial ejemplar del imperialismo contemporáneo.

6. Venezuela 2026: La actualización del dispositivo abyectador

Los eventos del 3 de enero de 2026 —el ataque militar estadounidense que resultó en la captura del presidente Nicolás Maduro y la ocupación de instalaciones estratégicas— representan la actualización violenta del dispositivo abyectador en el siglo XXI. Esta operación, denominada «Determinación Absoluta», no fue un acontecimiento aislado sino la culminación de un proceso de construcción discursiva del «enemigo abyecto».

En los años previos, el Estado venezolano fue sistemáticamente representado como una anomalía monstruosa en el discurso imperial: «narco-estado», «dictadura», «amenaza a la seguridad hemisférica». Como señala el análisis crítico de estos eventos, «la construcción mediática de Venezuela como espacio de excepción justificaba la intervención como acto de ‘higiene política’ internacional» (Análisis Crítico, 2026, p. 3). Esta retórica reactualiza el gesto sepulvediano de deshumanizar al otro para legitimar la agresión.

El linchamiento ejecutado fue trifronte:

1. Linchamiento del ser (ontológico): La captura y exhibición del presidente constitucional como «criminal» buscaba negar la soberanía corporeizada de Venezuela, reduciendo su liderazgo a mero cuerpo delincuente.

2. Linchamiento del poder (político): La declaración estadounidense de que «gobernará Venezuela hacia una transición segura» y estará «muy involucrado en la explotación del petróleo venezolano» (Comunicado Oficial EE.UU., 2026) reinstaura explícitamente el derecho de conquista en el siglo XXI.

3. Linchamiento del saber (epistémico): La justificación de la operación como acción contra el narcotráfico intentaba despolitizar la agresión, anulando el saber histórico y político producido por el chavismo y sus bases sobre su propia realidad.

Como analiza la prensa crítica latinoamericana, «el ataque a Venezuela funciona como advertencia disciplinaria para cualquier gobierno que intente desafiar los parámetros del orden imperial» (Perucca, 2026, p. 2). Venezuela es castigada por representar lo que Segales (2020) denomina «un límite político a la subordinación geopolítica» (p. 156) y por poseer las mayores reservas petroleras del mundo.

7. Conclusión: Hacia una humanidad inabyectable

La genealogía crítica del concepto de lo abyecto revela su función central como mecanismo de linchamiento epistémico y civilizatorio en la expansión y reproducción del imperialismo. Desde el debate de Valladolid hasta los bombardeos en Caracas, opera una lógica constante: la producción de una alteridad radical cuya humanidad es suspendida para justificar su dominación, explotación o eliminación.

Los eventos del 3 de enero de 2026 en Venezuela no constituyen una anomalía histórica, sino la expresión contemporánea de esta lógica abyectadora cuando se enfrenta a una resistencia soberana que rechaza su lugar asignado en la jerarquía global. Como sintetiza Dussel (1992): «La periferia no es exterioridad geográfica sino exterioridad constitutiva que el sistema centro requiere negar para autoafirmarse» (p. 134).

Frente a este dispositivo, la resistencia venezolana y la solidaridad continental que ha generado representan más que una defensa geopolítica: constituyen un acto de afirmación de una humanidad inabyectable. Defender la soberanía de Venezuela significa defender el principio de que ningún pueblo puede ser reducido a la categoría de «cosa» disponible para el sacrificio en el altar del capital global.

La tarea filosófica y política que surge de este análisis es doble: primero, profundizar la deconstrucción genealógica del dispositivo abyectador en todas sus manifestaciones contemporáneas; segundo, impulsar lo que Rodríguez vislumbraba como «invención» radical de alternativas civilizatorias que partan de los saberes y luchas de los históricamente abyectados. Solo así el linchamiento del ser, del poder y del saber podrá encontrar su antídoto en la afirmación colectiva de una humanidad plural e irreductible.

Referencias

Berardi, F. (2012). La fábrica de la infelicidad. Traficantes de Sueños.

Bolívar, S. (1976). Doctrina del Libertador (2ª ed.). Biblioteca Ayacucho. (Trabajo original publicado en 1819)

Dussel, E. (1992). 1492: El encubrimiento del Otro. Editorial Nueva Utopía.

Foucault, M. (1998). Historia de la sexualidad, Vol. 1: La voluntad de saber. Siglo XXI. (Trabajo original publicado en 1976)

Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder. (Trabajo original publicado en 2010)

Kristeva, J. (1980). Poderes de la perversión. Siglo XXI.

Las Casas, B. (1992). Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Alianza Editorial. (Trabajo original publicado en 1552)

Lanz, R. (2006). El discurso posmoderno: Crítica de la razón escéptica. CIPOST/FAHE/UV.

Mariátegui, J. C. (2007). 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Biblioteca Ayacucho. (Trabajo original publicado en 1928)

Mészáros, I. (2010). Más allá del capital. Vadell Hermanos. (Trabajo original publicado en 1995)

Rodríguez, S. (2001). Sociedades americanas. Biblioteca Ayacucho. (Trabajo original publicado en 1840)

Sandino, A. C. (1984). El pensamiento vivo de Sandino. Editorial Nueva Nicaragua. (Trabajo original publicado en 1927)

Segales, J. B. (2020). Teología del sacrificio de los pobres. Editorial el perro y la rana.

Sepúlveda, J. G. (1997). Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios. Fondo de Cultura Económica. (Trabajo original publicado en 1547)

Womack, J. (1968). Zapata y la Revolución Mexicana. Siglo XXI.

5026105454773341045

De y para el Pueblo

Por Profesora Carolina Escarrá Gil

Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)

Marzo, 2026.

El domingo 8 de marzo, coincidiendo con el día internacional de la mujer, en el cual se profundiza la lucha de las mujeres en el reconocimiento de sus garantías fundamentales, se llevó a cabo la séptima consulta comunal desde el año 2024. Luego del éxito en la participación obtenida en consultas populares realizadas en el estado Miranda por el entonces gobernador Héctor Rodríguez, el presidente Nicolás Maduro decidió la extensión de las consultas en todo el territorio nacional y en los 335 municipios a través de más de 35 mil concejos comunales.

En los últimos dos años hubo consultas vinculadas a la elección de los proyectos prioritarios de la comunidad. Además, tomando en cuenta los elementos previstos en las leyes de contraloría y mucho más en la ley de contraloría social, a efectos de la planificación, ejecución y evaluación de los proyectos, la participación involucra a la comuna en todos estos procesos.

Es decir, el pueblo venezolano a través de las consultas comunales no solo elige entre los siete principales, cuál es el proyecto prioritario de los presentados en la propia comunidad; sino que con financiamiento del gobierno revolucionario a nivel nacional y regional en el caso del segundo proyecto, ejecuta los proyectos para beneficio de la comunidad.

Séptima consulta

Durante el proceso de asamblea se postularon más de 36.000 proyectos, para darle protagonismo al pueblo a efectos de diagnosticar la situación y tomar la decisión en torno al proyecto priorizado.

La jornada transcurrió en absoluta paz, y se debe resaltar que -como lo informó el secretario general del partido- en algunos estados hubo participación que superó el 35% del padrón electoral de la entidad, fortaleciéndose así como un «método» que permite consolidar nuestra democracia participativa y protagónica, en la visión de desarrollo endógeno propuesto por el comandante Chávez e impulsado por la profundización del socialismo, aplicado por el presidente Maduro desde 2024 y continuado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez. 

Me parece interesante lo informado por Jorge Rodríguez, sobre el incremento constante de la participación en las consultas como muestra de la solidez de este método y esta propuesta de participación popular, lo cual «representa una verdadera siembra de democracia donde la voluntad popular se expresa a través del voto para decidir directamente qué proyectos son prioritarios para las comunidades».

Revolución

Este hecho toma especial importancia luego de la agresión a nuestra Patria por parte de Estados Unidos. Gran parte de la narrativa que usan los que están dispuestos a entregarla a intereses foráneos es que ya no hay Revolución, sin entender como decía el Comandante Fidel, que “la revolución es sentido del momento histórico”.

Recuerdo entonces que el argumento del Comandante Chávez para oponerse al ALCA en 2001, como una voz sola en Canadá, fue precisamente la visión y defensa de la Democracia Participativa y Protagónica, como un precepto constitucional, que contraviene la visión de democracia representativa de élites existente en Estados Unidos.

Recuerdo también que en la página del Comando Sur, en el año 2005, tenían como amenaza en lo que ellos llaman el hemisferio occidental, lo que entendían por “populismo radical” que no es más que profundización de los poderes creadores del pueblo para el poder.

Democracia en paz

Pero, regresando a las consultas, y en medio de estas circunstancias, lo sucedido el domingo no solo refuerza la democracia participativa y protagónica, sino que también refuerza la intención de continuar construyendo la democracia en paz, para la reconciliación, por lo cual ahora se suman las organizaciones vecinales, en una demostración de conciencia de todo lo logrado en Revolución.

Otra narrativa importante es que Estados Unidos quiere acabar con esa paz y con esa democracia participativa y protagónica, pero entonces, ¿por qué no se han pronunciado en contra de lo sucedido el domingo?, Más bien han reconocido a la Presidenta encargada Delcy Rodríguez tanto en lo formal con las relaciones diplomáticas, como en el discurso del propio presidente Trump que en el encuentro Escudo de las Américas, habló del reconocimiento formal a la presidenta Delcy Rodríguez.

Incluso el Departamento de Estado ya no habla de transición como tercera fase del relacionamiento con Venezuela, sino de reconciliación, que es lo que estamos logrando con la aplicación de la Ley de Amnistía, y con la inclusión cada vez más de toda la población en las bondades del proceso revolucionario. Proceso que cada vez entiende mejor la oposición no apátrida, como espacios de todo el pueblo venezolano, sumándose a los mismos, como se deja ver en el crecimiento de la participación en jornadas de consulta popular.

Además, siendo empresarios los que dirigen Estados Unidos hoy en día, solo les interesa por el momento acceder a recursos naturales que o están almacenados o ameritan tiempo y financiamiento para ser explotados. Su interés principal no es lo que piense o quiera el pueblo, ni siquiera el propio, sino las riquezas que les permitan mantener su hegemonía y reforzar su poder ejercido gracias a la carrera armamentista.

Fiesta electoral

El domingo se llevó a cabo una fiesta electoral en la que participamos más de 4 millones de venezolanas y venezolanos. Las consultas comunales habían logrado hasta el mes de octubre de 2025, más de 20.000 proyectos ejecutados por y para las comunidades. La profundización de la democracia participativa y protagónica no se detuvo por el bombardeo, ni porque en un acto de decapitación que los medios transnacionales haciéndose eco de palabras del departamento de estado, tildan de quirúrgico, para secuestrar al presidente Maduro y a la Primera Dama, Cilia Flores.

Nuevamente demostramos como pueblo que la revolución es mucho más que una persona o un grupo de ellas. Es conciencia de pueblo, de revolución, de amor a la Patria y a la Matria.

Es seguridad de que como decía el Libertador Simón Bolívar, el gobierno más perfecto es aquel que busca la mayor suma de estabilidad política, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de felicidad posible para nuestro pueblo. Y en revolución nos hemos dado cuenta que eso solo sucede si el gobierno es de y para el Pueblo.

Habermas en la encrucijada

Habermas en la encrucijada: balance crítico desde el Sur Global para la comunicación del siglo XXI

A la comunidad crítica mundial de pensadores, comunicadores y agentes de transformación de la historia:

Tras el reciente y sensible fallecimiento de Jürgen Habermas, la filosofía y la teoría de la comunicación pierden a uno de sus gigantes. Su obra, vasta y profunda, ha sido un faro ineludible para comprender la modernidad, la democracia y el papel del lenguaje en la vida social. Sin embargo, desde la perspectiva situada de Nuestra América, desde el dolor y la esperanza de los pueblos del Sur Global, y armados con las herramientas críticas del materialismo histórico y la filosofía de la liberación, tenemos la obligación ética y epistemológica de realizar un balance crítico de su legado. No para demolerlo, sino para situarlo, para reconocer sus luces y, fundamentalmente, para señalar sus sombras, aquellas que su racionalidad moderna occidental no alcanzó a iluminar. Este breve ensayo busca contribuir a ese necesario debate en el alba de este complejo siglo XXI.

I. El legado incontestable: La comunicación como condición de posibilidad de lo humano

El aporte principal de Habermas, su “Teoría de la Acción Comunicativa”, constituye un hito epistemológico. Al desplazar el eje de la filosofía de la conciencia (el sujeto cartesiano que se relaciona con objetos) a la filosofía del lenguaje (sujetos que se relacionan entre sí a través de símbolos), Habermas nos dotó de una praxis epistémica fundamental: el reconocimiento de que la comunicación no es un mero acto informativo, sino el sustrato mismo de la socialización y la reproducción social.

Su uso del concepto de “mundo de la vida” (Lebenswelt), tomado de sus maestros Husserl y Heidegger, con el trasfondo de certezas incuestionadas y saberes compartidos, es el horizonte desde el cual nos comunicamos. Y es precisamente desde allí que, para Habermas, se despliega la fuerza racionalizadora de la “acción comunicativa”, orientada al entendimiento mutuo. En un mundo crecientemente colonizado por los imperativos sistémicos del dinero y el poder (el mercado y la burocracia), su propuesta de una “ética del discurso” se erige como un importante baluarte defensivo. Los “presupuestos universales de la comunicación” (inteligibilidad, verdad, veracidad y rectitud normativa) no son meras idealizaciones; son condiciones de posibilidad de cualquier interacción social genuina. Para la comunicación del siglo XXI, sumergida en la vorágine de la desinformación digital, las fake news, los deep fakes y la fragmentación algorítmica, reivindicar la posibilidad del entendimiento y la validez del mejor argumento es, sin duda, un acto de resistencia. La pedagogía comunicacional que emerge de su obra nos llama a formar ciudadanos capaces no solo de emitir mensajes, sino de argumentar y, sobre todo, de escuchar.

II. El diálogo de sordos con la tradición crítica: Marx, Gramsci y la materialidad de la dominación

Sin embargo, desde nuestra perspectiva, el edificio habermasiano se sostiene sobre una base de arenas movedizas. Su crítica a Marx, a quien reconoce pero al que acusa de reducir la acción social al “trabajo” (acción teleológica o estratégica), olvidando la “interacción” (acción comunicativa), resulta en una escisión problemática. Para pensadores como Marx, Engels y Lukács, la cosificación no es solo un problema sistémico, sino que penetra la propia conciencia individual y social y, por ende, el mundo histórico de la vida. La lucha de clases no es solo un conflicto por la distribución de la riqueza, sino una batalla por la interpretación del mundo, una batalla que se libra en el terreno de la hegemonía, como bien señaló Gramsci.

Aquí reside una de las limitaciones más profundas de Habermas: su formalismo procedimental. Al concentrarse en las condiciones del diálogo (la “situación ideal de habla”), descuida las condiciones materiales que determinan quién puede hablar, con qué autoridad y con qué posibilidades de ser escuchado. La comunicación no ocurre en un éter puro de intersubjetividad, sino en el seno de relaciones de poder asimétricas. Un campesino sin tierra en Brasil, una mujer racializada en Colombia, un trabajador precarizado en Argentina, no pueden entablar un diálogo en pie de igualdad con un terrateniente canadiense o un gerente transnacional de Alemania. La ideología, ese concepto central que Bajtin exploró a través del signo como “arena de la lucha de clases”, se diluye en la propuesta habermasiana. La pregunta que nos lega Lenin no es solo cómo lograr un acuerdo, sino para qué y contra quién. La comunicación liberadora no puede ser neutral; debe tomar partido en favor de su de clase y de sus pueblos.

III. La ceguera eurocéntrica: La crítica desde la Filosofía de la Liberación

La objeción más radical, sin embargo, proviene de nuestra propia tradición. Figuras cardinales como Enrique Dussel y Franz Hinkelammert han deconstruido el universalismo abstracto de la ética del discurso. Habermas, a pesar de su esfuerzo por superar la filosofía de la conciencia, permanece anclado en lo que Dussel denomina el “eurocentrismo” de la Modernidad. Su “mundo de la vida” es, en esencia, el de la Europa de la posguerra, el del Estado de bienestar y la socialdemocracia occidental y occidentalizada. No logra ver que ese mundo de la vida se constituyó, históricamente, a costa de negar otras culturas, otros mundos y otras vidas.

Desde la “analéctica” dusseliana, el otro, la víctima, el excluido del diálogo, no es simplemente un participante más que aún no ha llegado a la mesa de la argumentación. Es un “otro” que interpela desde la exterioridad del sistema. Antes del diálogo, está el clamor del expropiado, el empobrecido, la exigencia de justicia del oprimido. La “comunicación” para la Filosofía de la Liberación no es primariamente un acto de entendimiento mutuo, sino un acto de revelación y dev asunción de una responsabilidad histórica. Como señalaba Juan Bautista Segales, siguiendo a Dussel, se trata de aprender a “pensar desde la negatividad”, desde la vida concreta de quienes fueron y siguen siendo expoliados, explotados, expropiados y culturalmente negados por el sistema. La razón dialógica de Habermas, al no historizar su propia posición histórica de clase, deviene una razón que, sin quererlo, legitima el statu quo, al presuponer un espacio de interlocución horizontal que el capitalismo occidental ha destruido y sigue destruyendo sistemáticamente.

A esto cabe sumarle la crítica de Joseph Estermann desde una perspectiva intercultural e “inter-filosófica”. El pensamiento de Habermas, pese a su pretensión universalista, es profundamente monocultural. Se basa en una concepción del lenguaje y la argumentación occidental que privilegia la lógica formal, la coherencia interna y la abstracción, dejando de lado otras formas de comunicación, otras racionalidades, como las que perviven en las comunidades populares y los pueblos indígenas de nuestra Abya Yala: la ritualidad, el mito, la corporalidad, el baile, el sueño, la comunión con la naturaleza (la Pachamama). Estas no son etapas superadas hacia la modernidad comunicativa, sino racionalidades alternativas que ofrecen otras claves para enfrentar y superar la crisis civilizatoria. La comunicación del siglo XXI, si quiere ser verdaderamente universal, debe ser, ante todo, intercultural y transmoderna, capaz de escuchar no solo argumentos racionales y lógicos, sino también alteridades, silencios, ritos y memorias.

IV. Llamado a un balance crítico para la nueva comunicación

Estimada comunidad crítica mundial, al despedir a Habermas, no podemos caer en la hagiografía ni en una crítica simplista. Su obra es un espejo trizado de las contradicciones de la modernidad occidental que habitamos. Su llamado a la razón, al debate público y a la resistencia contra la colonización sistémica es más necesario que nunca en la era de la comunicación algorítmica y la posverdad.

Pero la nueva comunicación del siglo XXI, la que necesita la humanidad para sobrevivir a la crisis de valores, ecológica y a la barbarie del capital, debe ir más allá. Debe ser una comunicación que:

1. Parta de la materialidad de la vida, como nos recuerdan Hinkelammert y Dussel, reconociendo que no hay diálogo posible con estómagos vacíos, tierras robadas y vidas precarizadas.

2. Se reconozca como un campo de lucha contrahegemónica, donde el desafío no es solo el mejor argumento, sino la construcción de un nuevo sentido común anticapitalista y descolonial, recogiendo la lección de Gramsci, Dalton, Estermann, Grosfoguel y Bautista Segales, entre otros.

3. Aprenda a escuchar las voces de la exterioridad, las de los pueblos originarios, las feministas comunitarias, los movimientos afrodescendientes, los pueblos indígenas y campesinos que han sido sistemáticamente silenciados por el diálogo sin dialéctica materialista de los poderosos.

4. Se oriente no solo al entendimiento, sino a la liberación. La comunicación debe ser un acto de creación heroica de poder popular, de renovada concientización, como postularon Simón Bolívar, Simón Rodríguez, Ezequiel Zamora, Paulo Freire y Hugo Chávez; y de organización para la transformación de las estructuras que imposibilitan un diálogo verdaderamente simétrico.

Honremos a Habermas debatiendo, situando, superando. Construyamos una comunicología para el siglo XXI que, sin renunciar a la razón, se abra a la imaginería, la teología y la sabiduría de nuestros pueblos y se ponga al servicio de la vida, incluyendo la Madre Tierra. Esa es la tarea urgente y candente que nos convoca una nueva comunicología desde el Sur.

En Caracas, a los 15 días del mes de marzo de 2026.


Universidad Internacional de las Comunicaciones

5015114264095689791

Análisis: Presidenta Encargada, no interina

Profesora Carolina Escarrá Gil
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)
Marzo, 2026

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela es el pacto social, el texto que rige la conducta del pueblo venezolano dentro del territorio que conforma su espacio terrestre, aéreo, marítimo y aeroespacial. Nuestra carta Magna fue aprobada el 15 de diciembre de 1999, por el 71,78% de los votos de las venezolanas y venezolanos que se pronunciaron en un acto referendario, mediante votación popular directa.

Ataque y secuestro

Teniendo esto en cuenta, pasamos a recordar algunos hechos. Luego de 5 meses de acciones disuasivas y amenazas militares extendidas a México y Colombia, con la implementación del Plan Lanza del Sur; el 3 de enero atacan militarmente a Venezuela. Además, secuestran a la pareja presidencial. Es la primera vez que sucede un acto de este tipo.

Esta situación viola todos los principios y costumbres del derecho internacional que establecen la inmunidad de los jefes de estado en funciones y la inviolabilidad de la jurisdicción. Se intensifica la guerra mediática y psicológica. Hay por lo menos 100 fallecidos, incluso civiles, lo que deja ver que no fue un acto quirúrgico como han querido colocar en la narrativa mediática internacional.

La intensificación de la guerra mediática y la saturación de la narrativa estadounidense trata de inocular la duda sobre la continuidad del proceso y del proyecto bolivariano, que tiene como uno de sus principios fundamentales la lealtad y la unidad.

Hechos

La vicepresidenta comunica que el presidente Maduro activó el decreto de conmoción exterior que había anunciado anteriormente, de conformidad con los artículos 337 y 338 de la Constitución. Convoca al Consejo de Defensa de la Nación e instruye pronunciamiento de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, para que emita una interpretación de la Constitución de acuerdo con el artículo 335 de la misma, ante un hecho inédito sobrevenido que no se encuentra en el ordenamiento jurídico, como es la ausencia del Presidente Constitucional ante un secuestro por parte de militares de otro país.

Dicho supuesto del secuestro del presidente no está previsto en el artículo 233 de la Carta Magna, según el cual “serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: su muerte, su renuncia, su destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia; su incapacidad física o mental permanente certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia y con aprobación de la Asamblea Nacional, el abandono del cargo, declarado como tal por la Asamblea Nacional, así como la revocación popular de su mandato”. Este mismo artículo plantea que si el Presidente ya ha tomado posesión del cargo antes de la falta “se encargará el Vicepresidente Ejecutivo o la Vicepresidenta Ejecutiva”.

Sentencia

La Sala Constitucional, mediante la sentencia n° 0001-2026, sin entrar en el fondo sobre el tipo de falta absoluta o temporal de acuerdo con lo previsto en el texto constitucional, dicta una medida cautelar y “ORDENA que la ciudadana DELCY ELOÍNA RODRÍGUEZ GÓMEZ, Vicepresidenta Ejecutiva de la República, ASUMA Y EJERZA en condición de ENCARGADA todas las atribuciones, deberes y facultades inherentes al cargo de Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, con el fin de garantizar la continuidad administrativa y la defensa integral de la Nación”, de conformidad con los artículos 234 y 239 numeral 8.

Debido al principio de la continuidad administrativa es que nuestro Estado Nación venezolano, ha mantenido el orden constitucional y las capacidades de no interrumpir su desenvolvimiento.

Luego de ello, Rodríguez no se autojuramenta ni se apresura, sino que espera hasta la instalación de la Asamblea Nacional el 5 de enero para ser juramentada como presidenta encargada, por el presidente del poder legislativo, Jorge Rodríguez, su hermano. En su discurso, la presidenta encargada asume “con honor” y “con dolor” su encargaduría. El proyecto bolivariano continúa gobernando y la presidenta encargada está haciendo lo que estaba previsto en este escenario de conmoción exterior.

Interinato, estrategia imperialista

Ahora, muchos medios de comunicación se han hecho eco de palabras pronunciadas por el equipo de gobierno de la administración Trump en la utilización de la expresión de “presidenta interina” o el “interinato de Rodríguez”, lo que constituye una narrativa con intencionalidad de confundir, en medio de la propaganda hegemónica internacional que intenta imponer una lectura sesgada sobre la situación venezolana.

Para entender esto, debemos retrotraernos a 2019. Otra situación inédita como fue la estrategia imperialista del “interinato”, con el contexto previo a partir del decreto de Obama, como expresión del monroísmo y del destino/desatino manifiesto estadounidense, que define el bloque histórico gramsciano de una élite que solo persigue intereses particulares y que encontró en Juan Guaidó, un diputado recién nombrado presidente de la Asamblea Nacional en desacato, que se autoproclamó presidente de Venezuela en una plaza pública, un instrumento para sus fines de saqueo y destrucción a nuestro país.

Fue un período apócrifo que los medios transnacionales de comunicación denominaron “interinato”, a partir de una estrategia de los Estados Unidos junto con algunos representantes de partidos opositores y con el apoyo de algunos países del grupo de Lima, que intentaron perpetrar un golpe de Estado sostenido en la soberana República Bolivariana de Venezuela, con la intención de despojar al país de sus activos en el extranjero, así como de generar un clima de desestabilización que dificulte la gobernabilidad, como lo establecían los planes del Comando Sur.

Legitimidad de Maduro ante el mantra

Aunque la mayoría de los países e incluso la ONU reconoció al Presidente Constitucional Nicolás Maduro Moros, así como a nivel interno todos los poderes públicos e incluso la Fuerza Armada Nacional Bolivariana reconoció al Presidente Maduro; continuaron los esfuerzos de desestabilización de parte de la oposición apátrida, profundizando en el plan del interinato con el siguiente mantra en distintas fases: “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres”.

Años después, la realidad y el pueblo venezolano les respondió: cese de tu usurpación del mal llamado interinato; gobierno de transición que sirvió solo para bloquear los bienes de la nación, generar riquezas individuales y afectar a la población que dejó de recibir el 99% de sus ingresos; así como elecciones libres, pero de las mal llamadas sanciones que tanto daño le han hecho al pueblo y al país.

Hoy en día, hablar de Delcy Rodríguez como presidenta interina no solo es inconstitucional y contraviene lo expresado en la sentencia de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, sino que legitima la estrategia imperialista implementada en el 2019 para afectar al país y al mismo tiempo pretende ubicar a Delcy Rodríguez como peón del imperialismo, lo cual también procura afectar la unidad monolítica del alto mando de la revolución, que ha permitido la continuidad administrativa del país en una situación inédita, sobrevenida e insólita, orientada a horadar la soberanía nacional.

Tapas - Prensa

DE TRAICIONES, RESISTENCIAS Y DIÁLOGOS

Por: Prof. Julio Valdez

Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)

Marzo, 2026.

El 3 de enero, la administración Trump invadió la República Bolivariana de Venezuela, secuestró al presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores. Esta agresión militar perpetuada en suelo venezolano, en la que más de cien personas cayeron en combate para la defensa de nuestra soberanía, trajo la imposición de una estrategia de tutelaje político sobre nuestro gobierno para acceder primariamente a los recursos petroleros, con lo que nuestra máxima dirigencia se ha visto forzada a negociar de modo asimétrico. 

Es cierto que estas fuerzas exógenas, imperiales, tienen consigo la fuerza de poderosas armas de última generación, que constituyen una amenaza abierta, real, para la vida y la seguridad del pueblo venezolano. Por otra parte, han construido una red de alianzas en múltiples países, que les apoya en sus intenciones y en sus discursos. Ello les ha permitido, con el envío de sus relevantes emisarios y emisarias, aumentar las posibilidades de acceso a los recursos de nuestra patria, pero no como botín de guerra, sino a través de acuerdos y transacciones debidamente apoyadas en el marco legal nacional e internacional. 

Por otra parte, el proyecto bolivariano mantiene su posición en el gobierno para la defensa de nuestra soberanía. Para ello, cuenta con la lealdad de los altos mandos y las bases de las fuerzas armadas, con el respaldo de la vanguardia organizada del chavismo y la unidad militante de la mayoría del poder popular. Así, en cada encuentro entre figuras claves de Venezuela y de los Estados Unidos, el arribo a cualquier acuerdo se convierte en una lucha de resistencia, de reafirmación de la soberanía desde el espíritu de las leyes y los acuerdos internacionales.  

En este escenario, se destacan sobre nuestros gobernantes miradas destinadas a sembrar desconfianza, duda, principalmente en la militancia chavista y el resto del pueblo de Venezuela, así como de la comunidad internacional. Por un lado, el gobierno norteamericano elogia –hasta el exceso- la disposición colaborativa hacia ellos por parte de nuestra presidenta encargada, Delcy Rodríguez, aparentando una relación sin tensiones ni resistencias (The New York Times dixit). Es lo que el gobierno de USA envuelve con el término “reconciliación”, es decir, el supuesto reencuentro amoroso entre dos estados que, por los delirios socialistas de uno, vivieron una separación previa; pero que ahora se reencuentran en una eventual convergencia de intereses. De ser cierto esto, Delcy Rodríguez habría sido la primera invitada a la desdichada Cumbre “Escudo de las Américas”; el hecho de que Venezuela no haya participado en este evento, muestra que ciertamente no somos parte del entorno íntimo (servil)  latinoamericano del presidente Donald Trump.

Y, por otro lado, la abigarrada ultraderecha venezolana manipula con la supuesta entrega de nuestros recursos al gobierno estadounidense. Ambas miradas (gobierno de USA y ultraderecha) encienden la narrativa de una eventual traición del equipo presidencial de nuestro país a las apetencias hegemónicas, al presentar acciones puntuales descontextualizadas e irreflexivas para ocultar los logros del gobierno bolivariano después de este ataque militar. … Por otra parte, sin duda está presente la intencionalidad de hacer a un lado, o incluso de borrar, la figura del presidente electo de Venezuela, Nicolás Maduro Moros y de la primera combatiente, diputada Cilia Flores. 

Es importante destacar que tanto los Estados Unidos como la ultraderecha venezolana, sin estar de acuerdo en otras cosas, coinciden en el señalamiento de la traición y de la entrega de nuestro gobierno, con la intención de socavar la base institucional y popular del chavismo y, por ende, del gobierno. Les conviene debilitar totalmente el proyecto bolivariano chavista, para sus fines neoliberales políticos y económicos. Y diversos medios internacionales, y las redes sociales, nos inundan con imágenes e ideas que refuerzan esta narrativa.

Y como quiera que en la guerra mediática se trata de confundir, debilitar, socavar confianzas y lealdades, la extrema derecha destaca aún otras miradas sobre nuestro equipo venezolano del alto mando político-militar. Así,  mediante fake news, intenta presentar a nuestra presidenta encargada, Delcy Rodríguez, como incursa en todos aquellos delitos con los que involucraron a nuestro presidente Nicolás Maduro, y que el mismo Departamento de Estado de USA ha rechazado: “narcotráfico, corrupción, y lavado de dinero” (Agencia de información AP). Todo esto se circunscribe en su plan para arrancar de raíz el chavismo, del gobierno y del pueblo, lo que les dejaría vía libre para la anhelada toma del poder. Ello es parte de un relato mayor, en el que la extrema derecha se adjudica el rol de libertadora y civilizadora, que ha de llevar al país –de la mano, por supuesto de los Estados Unidos y de Europa- al centro del capitalismo, es decir, a un mundo de libertad y bienestar; por lo que se oponen al chavismo (para ellos, una fuerza primitiva, represiva, retrógrada), a la que hay que eliminar totalmente. Por ello, nada que provenga de este régimen (ni la Ley de Amnistía, ni la recuperación económica) puede ser bueno… En esta óptica, Delcy y Jorge Rodríguez, y Diosdado Cabello, pasan a ser los villanos de su cuento de hadas, los agentes principales de un régimen que, en sí mismo, es portador de todos los males. Y como esa extrema derecha no habla para el pueblo venezolano, sino para el gobierno y el Congreso de los Estados Unidos, y como no tiene ni presencia ni una organización nacional significativa, la solución parece ser que Norteamérica imponga a la brevedad posible las elecciones en Venezuela. 

Ante tal arremetida, nos conviene reflexionar para propiciar afectos patriotas, de encuentro e identidad compartida, en un discurso de contraofensiva, difundido en diversos géneros mediáticos, en que se problematice la sumisión y la traición, con la intención de fortalecer, desde la resistencia, la unidad del Proyecto Bolivariano, a fin de evaluar sus impactos a corto y a largo plazo, así como las posibilidades de potenciarlo en las actuales circunstancias con los vigentes riesgos. 

Es importante, visto lo anterior, destacar comunicacionalmente los aspectos siguientes:

Es necesario resaltar la imagen de nuestra presidenta encargada, Delcy Rodríguez, desde su trayectoria impoluta, su nivel de formación altamente respetable y su sentido de compromiso con el país. Y contribuir, desde acá, a desmontar los mensajes de las agencias noticiosas y de las redes sociales en contra… En este sentido, sin entrar en detalles de las difíciles negociaciones de nuestro país con los Estados Unidos, en situación de asimetría y amenaza, destacar que todo se realiza bajo los marcos de las leyes (nacionales e internacionales), y de los acuerdos vigentes entre naciones.  Y que, sobre todo lo demás, predomina en nuestras acciones gubernamentales la diplomacia de paz que nos legó principalmente nuestro comandante eterno Hugo Chávez Frías. Y, como consecuencia de ello, hay ingentes ingresos financieros que, producto de estas negociaciones, están llegando al país para proseguir, según el Plan de la Nación, con las obras y los proyectos que el pueblo venezolano requiere y necesita.

Derivado de lo anterior, es decir, del apego al marco legal y a la diplomacia de paz, contamos hoy con un estado y un gobierno intactos, funcionando de manera soberana. Es decir, un país en paz y en orden, en diálogo permanente entre sus diferentes sectores (gobierno, empresarios, instituciones y organizaciones y poder popular). 

Y todo ello, otorgando siempre el protagonismo a las acciones informativas necesarias para garantizar el pronto regreso de nuestro presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, y de la diputada Cilia Flores.  

5006267099617364909

¿De las sanciones a la recuperación o del pecado a la sanación?

Por: Profesora Isabel Rivero D’ Armas
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)
Marzo, 2026.

El que impone el lenguaje impone también como quiere que la realidad sea entendida. Desde la lingüística cognitiva, la imposición de ciertas palabras condiciona la interpretación de los hechos porque mediante estas se activan ciertos marcos cognitivos: estructuras mentales de vieja data que favorecen la aceptación de creencias que pueden ser falsas, y hasta el rechazo de las verdaderas, por más bien sustentadas que estén. Nuestro modo de ver el mundo depende de estas estructuras que conforman el inconsciente cognitivo y es lo que también llaman sentido común.

Desde la orden ejecutiva estadounidense de marzo de 2015, renovada en febrero de 2026, en la que se nos califica de amenaza inusual y extraordinaria, empezaron las sanciones: una serie de medidas coercitivas que superficialmente parecen económicas pero que son esencialmente morales. Estas formas de coerción se centraron, entre otras acciones, en el congelamiento de activos nacionales, la imposibilidad de vender nuestro petróleo, en el robo de empresas estratégicas, caso de Citgo, en la inhabilitación de autoridades para gestionar gubernamentalmente, hasta en la negación de insumos médicos, como las vacunas, en el contexto de la pandemia por Covid del 2020. 

La voz ‘sanción’ es una de esas palabras impuestas por el que ejerce el rol dominador para mantener sumiso a un grupo. La interpretación de esta palabra está condicionada por el marco cognitivo de la moral conservadora, anclada a su vez en el marco del padre autoritario, aquel que castiga al hijo desobediente y que enseña que el mundo es un lugar peligroso, en el que hay que competir, por lo que lo divide en ganadores y en perdedores; existe un mal absoluto y un bien igualmente absoluto. Este marco es parte de otro marco mayor que es la familia, centrado en cómo nos relacionamos con la figura de autoridad, que se forma desde temprana edad.

Concretamente, en el marco del padre estricto se sustenta la ideología del libre mercado. Desde esa estructura, las sanciones económicas son entendidas como sanciones morales, porque el significado subyacente de este constructo es que el país sancionado debe ser castigado por desobediente. Es como el hijo descarriado de la familia.

Asimismo, la sanción está anclada a un marco religioso que ubica al grupo dominado en el lado del mal, entendido como mal absoluto, desde el cual es visto como pecador, por desobediencia, y por ello debe tener una pena, en este contexto, una sanción. Etimológicamente la voz en cuestión proviene de latín sanctio, sanctionis, derivada del verbo sancire, que significa santificar o hacer inviolable.

Después de la invasión a la República Bolivariana de Venezuela hace dos meses, en la que se secuestró al presidente constitucional Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores, se anunció por parte de la administración de Trump un plan de tres fases. Una de ellas es la recuperación.  Ahora los pronósticos de crecimiento económico resultan optimistas por el levantamiento de algunas medidas coercitivas como las relacionadas con el petróleo venezolano que liberan el producto de la renta petrolera.

La situación anterior oxigena la economía venezolana que viene de una crisis por el bloqueo. A pesar de la asfixia, el gobierno avanzó en años recientes con el plan soberano orientado a la producción nacional para el abastecimiento alimentario, así como en aspectos como garantizar el derecho a la salud, por las medicinas de los laboratorios venezolanos que sustituyen las importadas, y la tecnología, de empresas nacionales, lo que ha incidido en un aumento de la capacidad exportadora.

Todo lo anterior se suma a favor en la recuperación, que no es otra cosa que la disminución de la coerción, pues el gobierno venezolano ha avanzado en la recuperación económica desde el 2022 presentando importantes logros como es la sustitución de la importación por la producción nacional. Recordemos que en la cuarta república éramos sobre todo un país importador.

Finalmente, las sanciones, mejor medidas coercitivas, que afectaban al pueblo venezolano, desde la moral conservadora, representan la pena impuesta al pecador por coerción, que una vez redimido encuentra la sanación en la salvación, en el tránsito de la amenaza a la amistad, cuando un enemigo deja de ser hostil, representado así por defender su soberanía.

ramonGrosfoguel01032601

Bad Bunny frente al supremacismo blanco en Estados Unidos: Artículo exclusivo para la RedH de Ramón Grosfoguel

La lucha actual en Estados Unidos se configura como una disputa entre, por un lado, las fuerzas de la supremacía blanca que buscan reestablecer formas renovadas de apartheid —con nuevos dispositivos, pero con niveles similares de represión e institucionalidad— para preservar la hegemonía de una supremacía blanca imperial y, por otro, las fuerzas sociales que se movilizan con el objetivo de transformar estructuralmente el sistema y avanzar hacia una descolonización del imperio desde su interior. Pero ¿qué implica, en rigor, la descolonización del imperio? Supone cuestionar y desarticular el carácter imperialista de Estados Unidos, lo que conlleva una transformación radical tanto de su política exterior como de su política interna, de modo que deje de operar como un Estado agresor frente al Sur global. Esto exige una reconfiguración estructural sostenida hasta que la supremacía blanca sea derrotada en los planos institucional, político y cultural.

Este proceso, el multiculturalismo liberal —hoy debilitado y fuera del centro del poder, en parte porque el imperio ya no dispone de los recursos necesarios para sostenerlo—  desempeñó históricamente un papel de cooptación a las élites de  comunidades inferiorizadas racialmente, cuyos costos políticos y económicos resultaron muy elevados. La experiencia del gobierno de Barack Obama es ilustrativa en este sentido: la pertenencia de un Presidente imperial a una comunidad inferiorizada racialmente no implica, por sí misma, una transformación radical del sistema. El multiculturalismo liberal, en efecto, tiende a otorgar un “rostro diverso” al Estado mientras se mantienen intactas las políticas imperiales vinculadas a la supremacía blanca en Estados Unidos. Si bien este mecanismo no ha desaparecido, ha entrado en crisis, dando pasos a formas más crudas de autoritarismo y represión. Están con la Gestapo en la calle secuestrando gente.

En este contexto debe situarse la intervención de Bad Bunny: lo que está en juego dentro del imperio es la lucha por su descolonización o la derrota de dichas luchas frente a un proyecto de supremacía blanca de corte abiertamente pro-apartheid, asociado a liderazgos como el de Donald Trump. Este conflicto ya había sido anticipado en nuestro artículo “Latinos(as) y la descolonización del imperio estadounidense en el siglo XXI” (2007), inspirado en las grandes movilizaciones de 2006, y que hoy adquiere una vigencia particularmente evidente.

En consecuencia, la lucha antiimperialista en el siglo XXI debe contemplar necesariamente las luchas que se desarrollan dentro del propio imperio. Resulta indispensable una articulación entre las resistencias internas y externas, lo que supone un esfuerzo consciente de coordinación política. Al interior del imperio existen formas de contestación significativas, como las que se han manifestado en Mineápolis (Minnesota), donde han emergido expresiones de insurrección popular frente al Estado. En términos generales, pueden observarse brotes de radicalización social en Estados Unidos con un gran potencial antiimperialista.

A comienzos de este siglo fuimos invitados a dictar una conferencia magistral sobre esta problemática en un instituto de la cancillería venezolana. Hugo Chávez escuchó la exposición y comprendió con claridad la relevancia estratégica del planteamiento. Su respuesta política fue concreta: impulsó el subsidio de calefacción, financiado con petróleo venezolano, destinado a comunidades latinas y afrodescendientes inferiorizadas racialmente y empobrecidas en Estados Unidos, en un contexto de precios energéticos exorbitantes. Esta medida reflejaba una comprensión de la necesidad de articular las luchas “desde afuera” y “desde adentro” del imperio, es decir, de asumir la dialéctica entre ambos frentes de lucha en el siglo XXI.

Hoy se requiere una estrategia de mayor escala. Es necesario abandonar la visión del imperio como una entidad monolítica que invisibiliza las luchas que se desarrollan en su interior. Con frecuencia, incluso cuando estas luchas son reconocidas, se las interpreta de manera inadecuada al proyectar sobre ellas las experiencias históricas de América Latina, pese a que las condiciones sociopolíticas dentro del imperio presentan dinámicas distintas. Esto lo podemos afirmar porque estamos situados con un pie dentro y otro fuera del imperio, como ocurre en la experiencia puertorriqueña— es posible comprender tanto la dominación imperial en el Sur global como la dominación racial-imperial en el interior del propio imperio y en Europa. La participación directa en luchas antiimperialistas y de liberación, dentro y fuera de estos espacios, nos permitió advertir que las luchas descolonizadores internas no son idénticas a las del Sur global: operan con registros, codificaciones y matrices teóricas e históricas distintas.

Por ello, se vuelve fundamental construir solidaridades recíprocas: las luchas dentro del imperio deben ser solidarias con las luchas del Sur global y, al mismo tiempo, las luchas dentro del Sur global deben acompañar los procesos de resistencia que emergen en el interior del imperio. Esta relación debe ser bidireccional. De lo contrario, las luchas internas corren el riesgo de volverse cómplices, por omisión, de las estructuras de dominación imperiales que no son confrontadas. Sin embargo, esta articulación todavía carece de un nivel de organización suficiente. No es que no existan luchas en el Norte o en el Sur, sino que falta la coordinación estratégica que exige el momento histórico actual. Mientras las élites imperiales coordinan activamente con las élites criollas neocoloniales del Sur, los pueblos permanecen desarticulados y, en ocasiones, enfrentados entre sí.

En los últimos días, muchos hermanos y hermanas del Sur global han criticado a Bad Bunny desde posiciones de “purismo” moral que dificulta la construcción de alianzas estratégicas. En este marco debe interpretarse su intervención en el Super Bowl, cargada de simbolismo político y cultural que no siempre resulta fácilmente decodificable fuera de su contexto, aunque ha sido analizado en otros trabajos.[1]

Asimismo, parte de la izquierda latinoamericana —y de otras regiones — andan desorientados analíticamente al desconocer las especificidades de las luchas al interior del imperio, así como las particularidades de la cultura latina y, especialmente, puertorriqueña. Como resultado, se pierden múltiples claves simbólicas y políticas presentes en el espectáculo, que sólo pueden comprenderse adecuadamente a partir de ese contexto sociocultural e histórico específico.

Una semana antes del Súper Bowl, Bad Bunny obtuvo dos premios Grammy y, en su discurso, afirmó: “Antes de agradecer a Dios quiero decir: fuera ICE. No somos salvajes, no somos animales, somos humanos y somos americanos”. Sin embargo, el término “americano” en su boca no se restringe a Estados Unidos, sino que abarca todo el continente, descolonizando así la visión supremacista blanca e imperial que identifica lo “americano” exclusivamente con lo blanco estadounidense. Esta resignificación cuestiona la lógica monroísta de “América para los americanos”, donde, en la práctica, los “americanos” han sido históricamente concebidos como las élites blancas estadounidenses. Esto pone en cuestión Bad Bunny y desafía el racismo de la supremacía blanca estadounidense.

En este sentido, asume una responsabilidad ético-política como puertorriqueño, expresando solidaridad con las poblaciones migrantes de América Latina y del mundo. La condición colonial de Puerto Rico implica que sus habitantes poseen ciudadanía estadounidense, impuesta durante la Primera Guerra Mundial, entre otros motivos, para reclutar varones puertorriqueños en el esfuerzo bélico. Esta ciudadanía forzada impide su expulsión del país y los sitúa en una posición jurídica distinta a la de muchos migrantes, incluso aquellos con residencia legal, que son objeto de detenciones y deportaciones por parte de ICE. En términos simbólicos y políticos, esto coloca a los puertorriqueños en una primera línea de visibilización y denuncia dentro del propio territorio imperial: al haber impuesto su soberanía sobre la isla, el imperio no puede desvincularse de sus responsabilidades históricas ni de las consecuencias de esa dominación. En Puerto Rico a esto le decimos: “Si te comiste la carne, ahora chúpate los huesos”.

La invitación a Bad Bunny para participar en el evento probablemente partía de la expectativa de una intervención crítica moderada; sin embargo, su presentación excedió ese marco. Amparado en su libertad artística, desplegó un mensaje que escapó al control de los productores, combinando contenido político profundo con una estética sutil y no panfletaria. Su intervención abordó, de manera simbólicamente elaborada, temas como el colonialismo en Puerto Rico, el racismo, la supremacía blanca, el fascismo y muchos otros. De haber recurrido a un discurso explícitamente panfletario, es probable que hubiera sido excluido del evento; en cambio, la sutileza artística le permitió introducir estas problemáticas en un espacio de alta visibilidad mediática. No obstante, el espectáculo derivó desde el inicio en una confrontación política directa con Donald Trump, quien, según diversos debates públicos previos, había criticado reiteradamente a la NFL y su orientación cultural. Tras la presentación, sus reacciones públicas reforzaron la idea de que la intervención había tocado una fibra sensible del clima político estadounidense, especialmente en relación con el empoderamiento de las comunidades latinas y su llamado a no actuar desde el miedo, sino desde la organización y la resistencia. En este sentido, también puede leerse como un acto de solidaridad directa con los puertorriqueños y con otras comunidades latinoamericanas.

Bad Bunny está poniendo su cuerpo bajo amenaza de muerte. No es el primero ni será el último. Los supremacistas blancos enseguida comienzaron a movilizarse y a emitir amenazas de muerte. Por eso, Bad Bunny utilizó varias capas de ropa para que no se percibiera que debajo llevaba un chaleco antibalas. Nos parece que hubo cierta subestimación al interpretar esto como si se tratara únicamente de ganar dinero, cuando en realidad se está jugando la vida. Quienes no comprenden Estados Unidos ni las luchas que allí se están desarrollando no advierten hasta qué punto Bad Bunny se está exponiendo. Como artista, podría haber optado por otros caminos, pero no lo hizo. Usó su posición como puertorriqueño —que no puede ser ni expulsado ni tratado del mismo modo que otros migrantes por ICE— para solidarizarse con las hermanas y hermanos latinoamericanos reprimidos por la Gestapo de ICE.

Para Trump, el show fue una “bofetada en la cara” según sus propias palabras. Sin embargo, desde otros espacios esto no se percibe así y se interpreta como mera instrumentalización del capital. En este sentido, el espectáculo puede leerse también como una bofetada simbólica al fascismo en Estados Unidos.

¿Bad Bunny es un producto del globalismo “woke”? Quien sostiene esto pierde de vista el componente antifascista y antirracista de su intervención. En una lucha antifascista es necesario aliarse con todos los sectores posibles. En un contexto donde la población latina es perseguida, detenida, secuestrada, desaparecida y trasladada a calabozos en distintos países del Sur global, la construcción de alianzas amplias se vuelve un imperativo político, aun reconociendo sus límites. En política, las alianzas deben ponerse en función de la factibilidad. También implica aprovechar las contradicciones existentes entre las élites occidentales. Por ejemplo, los palestinos en medio de una situación de genocidio buscan alianzas de todo tipo, incluyendo el uso del discurso de los “derechos humanos”. Hay quienes critican este recurso sin advertir que existen coyunturas en las que movilizar ese lenguaje permite impulsar la lucha y visibilizar la violencia sufrida. No se trata necesariamente de una adhesión plena a ese marco, sino de una estrategia para ampliar apoyos y generar presión internacional. Por ello han acudido a la Corte Penal Internacional para denunciar a Benjamín Netanyahu, y la Corte emitió un pedido de captura contra él y su ministro de Defensa por crímenes de lesa humanidad y crímenes de agresión, aunque todavía no por genocidio. Desde el punto de vista de los derechos humanos y del derecho internacional, estas instancias pueden ser objeto de crítica; sin embargo, en la construcción de un frente amplio contra el fascismo, parte de la lucha consiste en individualizar y denunciar a los responsables.

En otras palabras, cuando se enfrenta una política de expulsión, persecución y disciplinamiento de poblaciones —como las políticas migratorias de Estados Unidos— se configura un escenario que muchos interpretan como una forma de terrorismo de Estado orientada a que las poblaciones latinas abandonen el país. En este contexto, el imperialismo estadounidense atraviesa una fase de decadencia y el recurso a formas autoritarias y represivas se vuelve cada vez más central para preservar su hegemonía. La crisis actual es presentada como existencial para el imperio, y el endurecimiento represivo aparece como un mecanismo para evitar su declive. El fascismo, en esta lectura, opera como una herramienta funcional para intensificar la represión y, mediante organismos como ICE, intimidar a las poblaciones racializadas. Incluso se ha denunciado el hostigamiento y la violencia contra personas blancas que se solidarizan con los migrantes. El mensaje que se percibe, en este clima político, es disuasivo: avanzar sin concesiones y amedrentar a quienes se interpongan. Ese es el contexto que muchos observadores identifican en la actualidad estadounidense.

¿Existen problemas porque Bad Bunny no tiene un discurso radicalmente anticapitalista, claramente antipatriarcal o antisionista? En parte, sí, y por eso el fenómeno debe analizarse con una mirada crítica. Evidentemente, hay sectores del capital que se benefician del consumo masivo generado por el show. Sin embargo, esto también forma parte de la complejidad de la lucha política. Existen momentos de alianzas con sectores en los que no hay coincidencia total. Pero la política implica, muchas veces, construir frentes ante un enemigo principal. Una vez que ese enemigo es derrotado, esos mismos aliados pueden convertirse en nuevos adversarios. Cuando llegue ese momento, el reacomodamiento político será necesario; pero en la coyuntura actual, la prioridad es articular la mayor cantidad de fuerzas posibles contra el fascismo.

Ahora bien, lo “latino” y lo “negro” funcionan como categorías raciales construidas dentro del orden imperial para clasificar poblaciones. Dentro de la experiencia latina existe una profunda heterogeneidad. Hay latinos que ingresan a Estados Unidos y son asimilados al mundo blanco estadounidense; algunos eurolatinos —como ciertos euroargentinos, eurochilenos o sectores de las élites blancas cubanas— han sido blanqueados en términos raciales y sociales, aunque en números reducidos. El territorio estadounidense no es una tabula rasa, sino un espacio atravesado por categorías raciales preexistentes, clasificaciones jerárquicas y racismo estructural. Existen grupos latinos que son racializados como blancos y que, por ello, acceden a determinados privilegios dentro del imperio, aunque constituyen una minoría. La mayoría, en cambio, ingresan como trabajadores explotados y dominados en el marco del capitalismo racial, siendo construidos como sujetos inferiorizados racialmente.

De este modo, el campo migratorio se divide entre quienes son asimilados al mundo blanco y quienes son incorporados al mundo de los no blancos. Por ejemplo, se ha hablado de la “puertorriqueñización” de los dominicanos en Nueva York: dado que los puertorriqueños llevan más de un siglo en esa ciudad, existen imaginarios raciales de larga duración asociados a ellos. Cuando llegan los dominicanos, no lo hacen a un espacio neutral, sino a uno ya estructurado por categorías raciales, y son frecuentemente clasificados como puertorriqueños a partir del fenotipo, el acento u otros marcadores culturales. Entran así al país siendo encasillados dentro de categorías raciales coloniales ya existentes.

Algo similar ocurre con procesos de afroamericanización de migrantes, como en el caso de cubanos o haitianos en Florida, donde en el mundo blanco son percibidos simplemente como “negros”, sin distinciones internas, y quedan sujetos al mismo aparato de dominación racial dirigido históricamente contra los afroamericanos. También se observa la “mexicanoamericanización” de centroamericanos en Los Ángeles, donde el racismo dirigido contra los mexicanos se extiende a salvadoreños, guatemaltecos y otros migrantes de la región. Se trata de estructuras raciales de larga duración que se originan en la clasificación de sujetos colonizados y que luego incorporan a los migrantes dentro de esas jerarquías. No obstante, existe también una minoría de migrantes latinos que es clasificada como blanca. Por ello, la categoría “latino” no puede ser entendida como homogénea, sino como un espacio profundamente heterogéneo, atravesado por distintas experiencias de racialización: puede implicar ser racializado como blanco o como no blanco según el contexto social e histórico.

En consecuencia, no puede afirmarse de manera automática que todo sujeto latino sea un sujeto colonizado dentro del imperio; no necesariamente. Puede tratarse de un latino blanqueado, incorporado al orden dominante y beneficiario de los privilegios de la supremacía blanca. De forma análoga, también existen figuras negras que han sido integradas a las élites del poder estatal e imperial supremacista blanco, como Barack Obama, Colin Powell o Condoleezza Rice. Esto muestra que las categorías raciales no se reducen a la pigmentación, sino que remiten a construcciones sociales de jerarquías y dominación. En este proceso, pueden existir latinos, negros o asiáticos incorporados a las élites imperiales, lo que complejiza cualquier lectura simplista basada únicamente en la identidad.

Bad Bunny no es descolonial, pero sí puede caracterizarse como antifascista y antirracista. Está movilizando a millones de personas, animándolas y elevando su autoestima colectiva, lo cual resulta políticamente significativo. ¿Es anticapitalista? No lo es. Sin embargo, su intervención contribuye a las luchas antifascistas y antirracistas desde el plano cultural. Esto no impide señalar críticas legítimas, como expresiones de sexismo, su inserción en lógicas capitalistas o la ausencia de una perspectiva descolonial en sentido epistemológico. Aun así, no se le puede negar su aporte: está interviniendo culturalmente en favor de causas antifascistas y antirracistas.

No todo puede subsumirse a una lógica sistémica totalizante de la que nada escape. Existen fisuras, ambigüedades y elementos que desbordan la instrumentalización total. En una situación de resistencia, se actúa con las herramientas disponibles y desde los espacios que cada quien ocupa. Adoptar una postura sectaria o purista —según la cual, si una figura no es “anti-todo”, no merece apoyo— conduce a la parálisis política. El “anti-todismo” termina siendo la muerte de la política, porque exigir pureza absoluta imposibilita la construcción de alianzas reales. Ello desconoce el principio de factibilidad política: se pueden sostener discursos moralmente coherentes, pero ineficaces si no inciden en la transformación concreta. Así, se corre el riesgo de caer en un moralismo sin efectos políticos. Desde una perspectiva descolonial se puede aspirar a una crítica integral, pero no es viable exigir que todos los actores de un frente político compartan idénticas posiciones. De lo contrario, no habría política, sino una secta moral basada en un narcisismo político que invalida cualquier alianza con quien no sea una réplica exacta de la propia postura.

Por ello, es posible criticar a Bad Bunny en aspectos como el sexismo, su inserción en lógicas capitalistas o la ausencia de una visión descolonial en sentido epistemológico. Sin embargo, también es necesario reconocer que se está movilizando desde el lugar que ocupa y con las herramientas que tiene. Se puede apoyar su contribución en lo positivo —la lucha antifascista y antirracista— sin dejar de formular críticas. Su intervención cultural constituyó, en ese sentido, un aporte relevante. Frente a ello, el sectarismo y cierto infantilismo político de algunos sectores de izquierda tienden a invalidar luchas que no son una copia exacta de su propia posición, perdiendo de vista la complejidad y la necesidad estratégica de las alianzas en contextos fascistoides de alta violencia y conflictividad política. No olvidemos que los latinos en Estados Unidos están enfrentando a la GESTAPO: secuestran niños/adolescentes/adulto/abuelos y los desaparecen sin que sus familias sepan donde se encuentran. Muchos terminan en calabozos en El Salvador, Ruanda, Congo o Sudan. La lucha anti-fascista es una prioridad. Agradecemos a Bad Bunny por poner su cuerpo en la primera fila de la lucha contra el fascismo.

Fuente: REDH

Smoke rises on the skyline after an explosion in Tehran, Iran, Saturday, Feb. 28, 2026.(AP Photo)

Irán. El laboratorio del caos: de la Doctrina Monroe al asedio de Teherán, el siglo de la sangre unipolar

Por Geraldina Colotti, Resumen Latinoamericano, 01 de marzo de 2026.

Nuevamente, los pasdarán de los cartuchos de tinta
intentan avalar la idea de que la agresión a Irán puede
conducir mecánicamente a una salida a la izquierda de
la sociedad. Al igual que en Libia, Irak y Siria, se
busca acreditar la tesis de que una intervención
norteamericana se realiza en nombre del progreso y no
de la destrucción. Esta narrativa, que pretende
presentar la agresión imperialista como partera de la
democracia, ignora deliberadamente los escombros
humeantes de Trípoli, Bagdad y Damasco, donde la
promesa de libertad se tradujo en mercados de
esclavos y estados fallidos.


La actualidad nos golpea con la cruda realidad de la
guerra total. Con el inicio de la operación sionista
«León Rugiente» y el apoyo masivo de la «Furia
Épica» estadounidense, la agresión contra Irán ha
cruzado el punto de no retorno. Los bombardeos sobre
Teherán, Isfahán y Qom, junto con la provocación
directa contra la oficina del Ayatolá Jameneí, finalmente martirizado,
no son simples operaciones militares, sino
una declaración de guerra abierta contra la soberanía
de los pueblos. Trump, al anunciar la destrucción de la
industria de misiles y de la marina iraní, actúa como el
brazo armado de una hegemonía que no tolera
obstáculos.


Para comprender la ferocidad de este ataque, es
necesario decodificar los dos proyectos que hoy se
funden en la sangre de Teherán y Gaza: el «Gran
Israel» y el «Gran Medio Oriente». El proyecto del
«Gran Israel» (Eretz Yisrael Hashlema) no es solo una
pretensión territorial bíblica, sino una estrategia
geopolítica de fragmentación.
Sus bases modernas residen en el Plan Yinon de 1982,
que teorizaba explícitamente la supervivencia de
Israel a través de la «balcanización» del mundo árabe:
la destrucción de los estados-nación fuertes (como
Irak, Siria e Irán) para reducirlos a un mosaico de
entidades débiles y en perenne lucha étnica o
religiosa. Lo que vemos hoy es la aplicación terminal
de este plan: el aniquilamiento de la resistencia
palestina para la expansión definitiva más allá de
cualquier frontera legal.


A esto se une el proyecto estadounidense del «Gran
Medio Oriente» (Greater Middle East Initiative).
Lanzado por la administración Bush y hoy
radicalizado por Trump, este plan apunta a una
reestructuración total del área que va desde el Magreb
hasta las fronteras con China. El objetivo no es la
democracia, sino la «compatibilidad neoliberal»:
derrocar a cualquier gobierno antiimperialista que
rechace el dominio del dólar y el control
estadounidense sobre las rutas energéticas. En esta
visión, Irán representa el último gran pilar de
resistencia soberana que impide el cierre del círculo
unipolar.

La convergencia entre estos dos diseños crea una
tenaza especular a la Doctrina Monroe de 1823. Si
esta última consideraba a América Latina como el
patio trasero de Washington, el binomio Trump-
Netanyahu proyecta la misma lógica de sumisión
sobre Asia Occidental. Irán, al igual que Venezuela,
Cuba y Nicaragua, es la anomalía sistémica a eliminar
porque reivindica el control soberano sobre sus
recursos, algo vital incluso para la estabilidad
económica de potencias como China.
La imposición de la política de los hechos
consumados y la asimetría del poder son ya realidades
que calcan fielmente el modelo aplicado a Venezuela.
Se trata de una estrategia de engaño global: mientras
en apariencia se fingía negociar y se abrían mesas
diplomáticas, por debajo de la mesa las centrales
imperialistas preparaban la agresión militar y el
secuestro de los recursos soberanos. La diplomacia, en
este esquema, no es búsqueda de paz, sino una
maniobra de distracción táctica para desarmar al
adversario antes del golpe de gracia; algo que se sitúa
en las antípodas de la democracia de paz de Venezuela
que, desde Bolívar hasta el presente, tiene una sola
palabra y la cumple.


Tras los fallidos intentos de «revoluciones de colores»
instigados por la CIA y el Mossad el pasado enero, el
imperialismo ha pasado al ataque directo. Esta
asimetría se declina también en el secuestro de bienes
soberanos: el saqueo de Citgo en el caso de Venezuela
y el congelamiento de las reservas de oro son actos de
piratería política que corren paralelos a las
“sanziones”, verdaderas armas de destrucción masiva
financiera que golpean a los más vulnerables, desde
La Habana hasta Teherán.


El dato más inquietante sigue siendo la ausencia de
una oposición real en Occidente. Las izquierdas
liberales se han convertido en los departamentos
logísticos de la OTAN, justificando la masacre en
nombre de una democracia que solo exporta caos.
Estamos sumergidos en un sonambulismo nuclear que
ignora los riesgos de una deflagración global: incluso
cuando, como en el caso de Italia, servimos de
depósito de bombas nucleares para los Estados
Unidos.


La respuesta iraní con la operación «Promesa
Verdadera-4″ y los ataques a las bases
estadounidenses en Al Udeid y Ali Al Salem
demuestran que la resistencia es el único lenguaje que
queda frente a quienes han hecho trizas la Carta de las
Naciones Unidas.


El genocidio en Gaza, con un saldo real que las
proyecciones estadísticas elevan a cientos de miles de
víctimas, es el laboratorio de este nuevo orden. El
secuestro político de Venezuela y de la figura de
Nicolás Maduro y Cilia Flores es su correlato
latinoamericano: si no te pliegas al modelo
extractivista, eres borrado del mapa del derecho.
Hoy, la lucha de Irán se une a la del pueblo
venezolano y cubano. Es una batalla por la
supervivencia contra un sistema que solo puede
subsistir a través de la destrucción masiva. Defender
estos polos de resistencia significa impedir que la fase total de la Tercera Guerra Mundial borre cualquier rastro de soberanía.


El frente antiimperialista es el único dique que queda
en defensa de la paz con justicia social. El pueblo
unido jamás será vencido, y solo la unidad de los
pueblos bajo la bandera de «¡Abajo el imperialismo!»
podrá acelerar el advenimiento de un mundo
multipolare y soberano. Y socialista.

IMG-20260225-WA0079

El Método Nico de Comunicación Popular, la Coyuntura y LAUICOM

Por: Prof. William Capó

Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)

Febrero, 2026.

Con certeza, ustedes y sobre todo los estudiosos de la comunicación se estarán preguntando: ¿Método Nico de Comunicación Popular?, bueno, hemos querido denominar así al Método Calles, Redes, Medios, Paredes y Radio Bemba; propuesto por nuestro Presidente Nicolás Maduro Moros.

Somos testigos y protagonistas de una nueva etapa del proceso revolucionario, donde posterior al 3 de enero se ha intensificado la guerra cognitiva contra Venezuela, ¿para qué?, para continuar socavando las bases del proceso de transformaciones socialistas que lleva a cabo la Revolución Bolivariana. Este socavamiento se orienta a debilitar la unidad de las fuerzas del chavismo como principal objetivo, dividiéndonos, para así proceder con la siguiente fase de su estrategia imperial de guerra permanente. El imperialismo hará todo lo posible, mientras exista, para restablecer su hegemonía en Venezuela, América Latina y el mundo.

Por los momentos y no sabemos por cuánto tiempo, para ellos el gobierno revolucionario es un mal necesario con el cual están obligados a negociar, aunque por diversas razones no lo reconozcan y por el contrario traten de hacer ver que ellos mandan en Venezuela, pues somos garantía de estabilidad para un suministro seguro de los recursos energéticos que tanto necesitan en el corto, mediano y largo plazo.

Como al imperialismo no hay que creerle ni un tantito así, como nos advirtió el Comandante Ernesto Che Guevara, debemos aprovechar el tiempo y prepararnos para lo que viene, al mismo tiempo que seguimos enfrentando el recrudecimiento de la guerra cognitiva.

A lo largo de todos estos años hemos ido aprendiendo cómo enfrentar la cada vez más sofisticada guerra cognitiva. El presidente Nicolás Maduro Moros ha sistematizado aspectos sensibles para proponernos una serie de fundamentos, lineamientos y orientaciones a través del Método Calles, Redes, Medios, Paredes y Radio Bemba, al cual llamaremos en este escrito Método Nico de Comunicación Popular; instrumento que debemos estudiar a profundidad y poner en práctica desde las diversas trincheras donde nos encontremos en esta batalla comunicacional.

Mientras más leo y releo al Método Nico más descubro elementos que conforman la riqueza política y programática de éste. Es una obra de arte escrita en pocas páginas.

¿Qué contiene esta propuesta de método? ¿Por qué es tan importante estudiarlo y practicarlo?

¿Usted ya lo leyó? ¿Cuál o cuáles aspectos del contenido de este método le llama más la atención?

¿Cuál o cuáles de esos aspectos considera que pueden llevar a la práctica desde sus espacios?

El documento del Método comienza por un A MODO DE INTRODUCCIÓN, que en mi opinión es todo un ensayo que posiciona política, doctrinaria, histórica, estructural y coyunturalmente la propuesta.

¿Recuerdan cuando en 2020 el presidente nos habló de las 3R.NETS, haciendo referencia a la Nueva Época de Transición al Socialismo?.

Quizás muchas y muchos nos preguntamos porqué habla de un cambio de época. Justo el método comienza dándonos argumentos sobre las bases que sostienen el cambio de época, refiriéndose a cuatro fenómenos que se manifiestan como síntomas inequívocos de un malestar civilizatorio, estos son: 1) La guerra de Ucrania, 2) La pandemia del COVID-19, 3) La crisis estructural de capitalismo global y el retorno del fascismo y 4) Este cuarto fenómeno es transversal a los tres primeros, en palabras del presidente:

… y hoy podemos verlo con mucha más claridad que antes: las redes sociales. Hoy ampliamos el concepto hacia las nuevas tecnologías de la comunicación y la información, el uso de la Inteligencia Artificial y otras tecnologías disruptivas a las que debemos estudiar día a día por su naturaleza cambiante.

Definitivamente debemos detenernos en esta primera parte para estudiar a fondo cada planteamiento hecho, como base de la propuesta del método.

Pero este a MODO DE INTRODUCCIÓN no se queda ahí, pues además de desarrollar cada uno de los 4 síntomas, incorpora todo un ensayo: VENEZUELA EN LA MIRA: ATAQUES MEDIÁTICOS, FAKE NEWS Y GUERRA HÍBRIDA. Es prácticamente todo un capítulo escrito brevemente, dedicado al análisis de la guerra imperial contra nuestro país, describiendo ampliamente los elementos clave de la guerra híbrida en general y de guerra cognitiva como uno de sus componentes tácticos, destacando sus efectos y al mismo tiempo planteándose retos y estrategias. En resumen aquí encontraremos: a) Descripción de las guerras híbrida y cognitiva, b) La dimensión geopolítica del ataque mediático, c) Anatomía de la desinformación contra Venezuela, d) Las redes sociales como campo de batalla, e) Efectos cognitivos y sociales de la guerra mediática, f) El reto de modernizar el ecosistema comunicacional popular, d) Fundamentos teóricos del nuevo ecosistema comunicacional, e) Implementación estratégica del método comunicacional.

En toda la extensión de su propuesta de método, el Presidente asume a la comunicación como un proceso dialógico liberador. Diálogo entre las personas, diálogo entre la teoría y la práctica para construir praxis, diálogo con la realidad y las experiencias, diálogo interno intrapersonal a través de la reflexión crítica. Una comunicación para enfrentar la ignorancia, la mentira, la manipulación de las conciencias por parte de un sistema opresor: el capitalista.

Es con base en lo anterior que nos atrevemos a llamarlo el Método Nico de Comunicación Popular, pues su esencia política y filosófica es la Comunicación para la Liberación. He aquí el primer y principal debate para estudiar este método.

La PARTE I del documento aborda cada uno de los componentes del método, es decir Calles, Redes, Medios, Paredes y Radio Bemba. Antes de entrar en los detalles de cada componente, el Presidente realiza una contextualización histórica, conceptual, de principios, que sirve de marco introductorio para lo que viene: el desarrollo teórico, conceptual, metodológico y operacional en detalle de cada uno de los cinco componentes mencionados.

Es así entonces como la PARTE I describe el complejo entramado comunicacional que propone el Método Calles, Redes, Medios, Paredes y Radio Bemba, componentes que son vistos como partes de un sistema y al mismo tiempo destacando el papel y la importancia de cada uno, con orientaciones concretas para llevarlos a la práctica.

¿En cuál de estos componentes usted tiene mayor experiencia comunicacional?

¿Cómo se expresa lo planteado por el Presidente para ese componente en su experiencia comunicacional?

La PARTE II del documento aborda una serie de ESTRATEGIAS PARA LA DEFENSA DE LA SOBERANÍA COGNITIVA Y CULTURAL. Al respecto propone tres grandes estrategias: a) Producción Activa de Conocimiento, b) Reconstrucción de Nuestras Narrativas y, c) Perfeccionamiento Metodológico de la Comunicación Bolivariana.

Un aspecto relevante de esta PARTE II es la definición de Nuestra Filosofía de la Comunicación Popular, sobre la cual precisa entre otras cosas:

…no es simplemente un conjunto de técnicas alternativas para transmitir mensajes; constituye, caso contrario, una filosofía integral que redefine las relaciones comunicativas: de producción y socialización del conocimiento en defensa de la soberanía. En contraposición al modelo vertical y unidireccional, cada vez más especializado e hiper individualizado de los medios y gigantes tecnológicos hegemónicos, la comunicación popular se fundamenta en el diálogo, las relaciones sociales, la construcción colectiva de la realidad, la batalla contra la despolitización.

…en el contexto actual, donde las corporaciones mediáticas transnacionales intentan monopolizar la producción de sentidos, la figura de la comunicación popular adquiere un carácter estratégico para la modernización de las estrategias de la Revolución Bolivariana. No se trata sólo de contrarrestar mensajes específicos y permanecer del lado del lado de la resistencia, sino de disputar la lógica misma de la comunicación, reivindicando su dimensión humana, organizativa, afectiva y transformadora.

Como parte del desarrollo de las grandes estrategias, destaca elementos como: a) Cultura y territorio: vinculación sólida, b) Redes de memoria colectiva, c) Herramientas para la batalla, d) Planificación de la acción comunicacional combativa.

Un aspecto medular que propone para organizar, estructurar y proyectar todo ese poder comunicacional de cara a este nuevo momento de la batalla, es la promoción y fortalecimiento de Los Tanques de Pensamiento Comunal. El Presidente los define y caracteriza en detalle y ampliamente, identifica sus propósitos, también proporciona sus fundamentos filosóficos y teóricos.

Como pequeñísima muestra de lo anterior, el Presidente se refiere a Los Tanques de Pensamiento Comunal así:

…son el cerebro de nuestra comunicación popular, el lugar donde el pueblo organizado se sienta a pensar cómo defender su verdad, cómo construir su narrativa y cómo proyectar su voz al mundo.

Son cuatro los propósitos de Los Tanques de Pensamiento Comunal: a) Articulación de todas las fuerzas comunicacionales, b) Fortalecimiento de la organización popular y comunal, c) Formación, formación y más formación y, d) Materialización del Método Calles, Redes, Medios, Paredes y Radio Bemba.

Todo lo anterior lo concreta en orientaciones contenidas en una sección del documento del método que denomina: Plan Político Comunicacional para los Tanques de Pensamiento Comunal,

Son muchas las cosas que pudiéramos seguir apuntando sobre el contenido del Método Nico de Comunicación Popular, por ahora mi recomendación es continuar apropiándonos del mismo para su aplicación.

Así pues, disculpen que pase por alto tantas cosas, como el Sistema de Comunicación Social (SISCOM) que forma parte de esta propuesta, pero considero necesario comentar algunas cosas sobre el método, la coyuntura y nuestra universidad.

En la actual coyuntura y desde el Método Nico de Comunicación Popular como instrumento para enfrentar la guerra cognitiva, se plantean una serie de retos y desafíos para nuestro sistema educativo universitario en general y en particular para LAUICOM como universidad especializada en el área.

Nuestra universidad está llamada a jugar un papel central en esta coyuntura, impulsando acciones y proyectos que favorezcan la concreción práctica de todas las dimensiones del Método Nico de Comunicación Popular.

Con las diversas actividades de investigación y académicas como los diplomados, cursos, maestrías, postdoctorado y ahora próximo a iniciar el PNF en Comunicación con sus cuatro menciones, así como las líneas de investigación, se ha venido aportando significativamente en esta dirección.

Desde esta perspectiva es medular precisar los muchos aspectos donde LAUICOM y el sistema educativo universitario deben enfocar sus acciones y proyectos, orientados a fomentar las líneas, políticas y métodos en materia de comunicación para la liberación emanados de la dirección política de la revolución, con énfasis en el método calles, medios, redes, paredes y radio bemba o Método Nico de Comunicación Popular.

En tal sentido la formación integral del Sujeto Histórico: Pueblo Comunicador ocupa el primer lugar.

Esta formación pasa por el estudio del Método Calles, Redes, Medios, Paredes y Radio Bemba, a través de conversatorios y cursos. De igual forma se debe formar en las Herramientas para la Batalla Comunicacional identificadas en el Método Nico de Comunicación Popular.

La producción de conocimientos desde la experiencia comunal es planteamiento clave en el método, de aquí la necesidad de formación del Pueblo Comunicador en el método de sistematización de experiencias, así como desde LAUICOM profundizar una línea de investigación en sistematización de las experiencias comunales de comunicación popular.

La universidad debe acompañar de diversas formas, particularmente desde la formación en temas pertinentes y necesarios para la conformación y desarrollo de Los Tanques de Pensamiento Comunal. Programas de formación en: a) Análisis Crítico del Discurso y Monitoreo de Medios, b) Método Dialéctico de Análisis de Coyuntura, c) Los diversos y específicos temas identificados en El Método, tales como: c.1) ¿Cómo se construyen y circulan los mensajes en la era digital?, c.2) ¿Cómo operan los algoritmos?, c.3) ¿Cómo se configuran las burbujas informativas?, c.4) ¿Cómo podemos intervenir efectivamente en esos espacios?, c.5) Análisis del discurso, semiótica, psicología social y neurociencia aplicadas a la comunicación; c.6) Hacia el Sistema Social de Comunicación, c.7) Análisis crítico de la realidad, de la opinión, c.8) Comprensión del contexto geopolítico, c.9) Elementos técnicos para el manejo de redes sociales, la producción y el lenguaje audiovisual entre tantos otros.

Un ámbito donde la universidad debe participar protagonicamente al lado del Pueblo Comunicador es en el Diseño del Plan Político Comunicacional y la Agenda Concreta de Acción Comunicacional. Además de la asesoría directa como parte del acompañamiento, un Diplomado en Gestión de Proyectos de Comunicación Popular sería un aporte concreto de mucho valor en esta dirección.

En síntesis, necesario es leer y releer permanentemente este método sin perder de vista los detalles, investigando sobre categorías propuestas y siempre dialogando su contenido con la realidad en general y la de cada una y uno de nosotros como lectoras, lectores y protagonistas del proceso de comunicación popular.

En tu opinión: ¿Cuáles son las tareas del sistema educativo universitario y de LAUICOM en particular que debemos y podemos impulsar en el marco del Método?

¿Cómo ves las tareas antes descritas, estás de acuerdo, que propones para mejorarlas, cuáles faltan?

Artículo de José Garcés Investigación LAUICOM

¿Qué imagina usted cuando mira videos de therians?

Reláfica del chancletazo volador

1.            Introducción

En algún divertido e imaginario momento ¿No le ha pasado por la cabeza que eso de los therians se acabaría con un contundente y excepcionalmente preciso chancletazo? No importa que la mente racional esgrima argumentos y profundos razonamientos explicativos, siempre hay lugar para una broma o para una jugarreta. Varios videos que circulan en las redes parecen dar fe que lo del chancletazo es una idea que pulula en la mente colectiva.

En este texto vamos a intentar analizar el fenómeno de los therians desde la óptica de la “Imaginación activa” y vamos a situar este fenómeno como una más de las muchas manipulaciones sociales con los que se ha manipulado a grandes poblaciones.

2.            Antecedentes

Es sabido que los grandes medios comienzan a hacer circular ideas que impactan a la población y lo hacen con la intención de desviar la atención sobre los grandes y verdaderos problemas de una nación. Aquí en Venezuela vivimos en los años 60 el furor que causaron los medios con lo de la picadura de la “Machaca”. Este animalito, supuestamente causaba la muerte a quien lo picaba y éste solo podía salvarse si hacía el amor en un lapso de 24 horas. Y entre chanza y preocupación los venezolanos bordeaban el tema de la machaca que ayudaba también a desviar la atención sobre el proceso de represión militar y policial que se conoció como la “Pacificación” o el aplastamiento de los movimientos de izquierda.

Se recuerda también el fenómeno de los ovni  y hasta se han hecho suposiciones de que los Ovnis han ayudado a derrocar gobiernos. RT titula: “¿Utilizó EE. UU. historias de ovnis para encubrir un golpe de Estado en Latinoamérica?” La historia es conocida por todos, cuando una noticia salta de portal en portal y de primera plana en primera plana, lo más probable es que se cumpla el axioma: “Pon una idea en la primera página de los periódicos, luego en las redes sociales y muy pronto estará en las mentes de todas las personas”.

3.            Los Therians

Más recientemente hemos visto el fenómeno de los therians; el bizarro y extraño fenómeno protagonizado por adolescentes e impulsado por las redes y las plataformas hegemónicas. Como ya sabemos, estas bizarrías tienen una función psicológica y comunicacional. Como hemos visto, este último fenómeno de los therians ocupa grandes espacios en las plataformas digitales, y al igual que las antiguas y ya olvidadas rarezas impulsados en el pasado, va más allá de una simple curiosidad.

Sabido es que los adolescentes son fácilmente sugestionables y manipulables. Basta que un grupo de pares le ofrezca aceptación y apoyo a otro adolescente, para que éste comience a ejecutar las conductas más insólitas e impensables que les son exigidas por ese grupo de pares. Estas conductas van desde los retos virales, en los que no pocos han perdido la vida, hasta participar en bandas transgresionales o el consabido consumo de drogas; esto es algo que se tiene bien estudiado. Los adolescentes son proclives a ejecutar conductas que a los ojos de sus mayores resultan extrañas e incompresibles y no pocas veces estas conductas pueden resultar lesivas para ellos mismos.  También es conocida la llamada “Actitud oposicionista” con la que el joven se empeña de un modo acérrimo e irreductible, en llevar la contraria a sus padres. La mayoría de las veces los padres terminan perdiendo la batalla contra el oposicionismo de sus hijos. Paralelo al oposicionismo está el negativismo con el que el adolescente se niega a cumplir las peticiones o demandas de sus padres. Con los therians puede haber un poco de todo esto. Sin embargo, lo que nos impulsa a hacer este análisis es la posible dinámica que generan en la sociedad. Ya circulan los memes y videos en los que el “chacletazo” parece ser la respuesta sabia y natural de los padres o mayores para “corregir” tal desatino. Es decir, el “Castigo positivo” para eliminar conductas, usando la terminología de la Teoría de la Conducta se pone de manifiesto para “curar” tales males. De cualquier manera, es el castigo lo que sustenta la imaginaria respuesta de los mayores ante la metamorfosis simbólica de sus hijos que los convierte de alguna forma en animales. Es decir, ante la inmadurez, un chancletazo puede ser muy útil significar: ¡Crece y sé adulto! Por eso la frase: “Provoca darle un cachetón” gravita en nuestra mente. Como podemos ver, todo queda a nivel de la imaginación.

4.            Dinámica psicosocial del fenómeno de los therians

En primer lugar, el joven se identifica con un animal. Es decir, se identifica con lo irracional. De hecho, se ha hecho correr la especie de que, como los perros, los therians pueden llegar a morder a personas en la calle.

En segundo lugar, los animales más frecuentemente publicitados son perros y gatos. De manera que la conexión con el imago de “Mascota” es lo que más aparece en las plataformas. Pero las mascotas no son cualquier animal, son animales muy queridos y en este momento histórico, parecen ser los compañeros afectivos de muchas parejas que deciden no tener hijos por el elevado costo de su manutención. En países como Argentina, Uruguay y España, es ya una tendencia generalizada que las parejas opten por mascotas en vez de tener hijos.

Como tercer punto, la bizarría de que un humano se comporte como animal, es lo que causa rechazo, por la falta de “coherencia” entre lo que verdaderamente se es y lo que se pretende ser. Esta incongruencia constituye un absurdo y se tiende a rechazar lo absurdo. La idea de rechazo está presente, por eso la tesis del “chancletazo” ronda nuestras mentes y hasta nos parece graciosa en honor a nuestra propia experiencia. La trashumante idea de un chancletazo, significante de la sentencia “¡Crece y sé adulto!”, aparece como la brújula que guía este barco.

Hay que hacer notar que lo “imaginal” es el punto clave de todo esto, el proceso de “Imaginar” cuál sería el tratamiento que se le debe dar a los therians es lo que es el núcleo de toda esta campaña. Recordemos a James Hillman “Primero imaginamos y después percibimos”. No importa si lo llegamos a realizar o no, basta con imaginarlo. La “Imaginación activa” (Jung) va conformando los procesos para que posteriormente podamos percibir la realidad. No importa si alguna vez lanzamos el chancletazo, lo que importa es que la mente ya imaginó esa escena, y ya está preparada para tratar a otro ser humano de la misma manera. Estas últimas ideas son derivadas de nuestras investigaciones en Imaginación activa, técnica que desarrolló Jung, y que está suficientemente cerca de la “Visualización”. En estas investigaciones nos estamos dando cuenta de que la imaginación sirve para bastante más que para perder el tiempo. De hecho, en determinadas circunstancias sirve como un órgano de percepción; recordemos a Corbin y a Hillman: “Primero imaginamos y después percibimos”.

Si unimos estos elementos, la ecuación nos quedaría así:

“Castigar incluso a quien le tenemos cariño para que se incorpore en la norma lo hará crecer”.  Así, el rechazo (chancletazo imaginario) implica la necesidad de imponer control para que alguien que se ha salido de la norma, se incorpore a la misma. Como hemos visto, es una forma de advertirle: “¡Crece y sé adulto!

De ser cierta esta aproximación, estaremos viendo que el entrenamiento que los medios y redes están aplicando a la población, no es sobre los therians, sino sobre nosotros los no therians. Es decir, nos están entrenando a rechazar inclusive a los que les tenemos cariño, si no se adaptan a las exigencias. Escuché en algún momento que en algún curso de “Comando”, también llamado “Fuerzas especiales”, se le entrega a cada uniformado un animalito a manera de mascota que tiene que cuidar a toda costa, incluso por encima de su propia vida. El participante debe alimentar, curar y velar por todas las necesidades de ese conejito o gatito hasta el final del curso. Entonces, el día de su graduación se les obliga a matarlos.  Esto con el objeto de que el comando debe cumplir su misión incluso por encima de sus afectos. Pues, este más o menos sería el entrenamiento que todos nosotros estaríamos recibiendo. Es decir, se nos está entrenando a ignorar nuestros afectos para cumplir con nuestra misión.

Condiciones geopolíticas avizoran un futuro complicado para la humanidad. Por ejemplo: el peligro de una tercera guerra mundial para que el gran hegemón de occidente pueda mantener algo de su antiguo poder, el inminente ataque a Irán por parte de los EE. UU., el avance del neoliberalismo en nuestramérica que implicó una reforma laboral claramente antiobrera en Argentina, la asfixia a Cuba, el secuestro de un Presidente en ejercicio en Venezuela. Todas estas cosas son verdaderamente graves, pero la preocupación mayor en algunos medios y plataformas es que unos adolescentes se crean perros. Sobre esta confusión de identidad, ponen a psicólogos, a filósofos y a muchos comunicadores a discutir sobre la etiología del por qué una chica se cree gato, se arma una alharaca planetaria cuando unos muchachos juegan como si fueran perros, pero nadie se asombra cuando un pobre se cree rico. Nadie pone a discutir en los medios a sociólogos para averiguar el por qué un pobre no se reconoce como pobre y apoya la reforma laboral en Argentina o vota por Edmundo Ganzález y promovido por María Corina Machado en Venezuela. Nadie hace un live (en vivo) para discutir por qué un pobre cacerolea al gobierno bolivariano en apartamentos que les dio ese mismo gobierno. Como hemos sugerido, el problema no es que haya un trastorno de identidad en los therians, el verdadero problema es el entrenamiento a que estamos siendo sometidos. Este entrenamiento consiste en hacer imaginar, muchas veces en forma jocosa, el tratamiento (chancletazo) que deben recibir los therians para ajustarse a las normas sociales.  Cuando estas normas sociales establezcan la jornada laboral de 12 horas y alguien muy cercano o querido no se ajuste, ya tenemos el software instalado: ¡Chancletazo y listo! ¡Crece y sé adulto!

Debió llamarnos la atención cuando los grandes medios comenzaron a publicar fotos y videos de la “Droga zombie”. Hacer ver al planeta que el fentanilo afectaba la salud de los estadounidenses nos parecía una crítica al sistema al develar tan cruenta verdad; nunca nos imaginamos que esas fotos y esos videos tenían el objetivo de sensibilizar a la opinión pública mundial con el objeto de condicionarlos para que apoyen la “Guerra contra los cárteles de la droga” que “matan a millones de personas en EE. UU.”, y así, nos hicieron creer que el jefe de uno de esos cárteles estaba en Miraflores. De manera que las personas que apoyaron el secuestro del Presidente Maduro, nunca recordaron que desde hace muchos años los vienen atormentando con las imágenes de muchos seres retorcidos en las calles de California. Aunque la historia del fentanilo se remonta a más de 50 años, es recién a partir del 2015 cuando comienza a publicitarse como un problema de salud pública (interesante coincidencia). Los que vieron y aplaudieron los helicópteros aquella madrugada, primero vieron a piltrafas humanas retorcidas en las calles de EUA. Como hemos visto, “primero se imagina y después se percibe”. De nuevo, el problema no eran los que consumían drogas, el verdadero objetivo de esa campaña era buscar apoyo para lo que vendría el 3 de enero.

5.            Corolario

Los therians no tienen un desenlace inmediato, su promoción va a ir creciendo en las redes y en las plataformas, y de alguna manera, esta campaña nos va a hacer que imaginemos una posible solución. Cuando la imaginemos, por improbable que sea, ya habrán alcanzado su objetivo los que manejan las sociedades. «Ten cuidado con lo que deseas, porque se puede convertir en realidad». Ya ellos han encontrado la forma de cómo convertir en realidad esas imaginaciones aparentemente inofensivas. Tal es el efecto de la imaginación y cómo se puede usar en la manipulación de grandes poblaciones. Agrippa explicaba: “No hay nadie que ignore cuán grande es la fuerza de la imaginación sobre el alma: pues se halla más cerca de la sustancia del alma que de los sentidos; es por ello que actúa más sobre el alma que sobre los sentidos”.

José Garcés*

Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual (VICI) / LAUICOM

  • Psicólogo clínico y cantautor. Maestría en Psicología. Cursante del Doctorado en estudios Nuestroamericanos.  Profesor de la cátedra: Naturaleza de la Guerra Cognitiva. Investigador en LAUICOM.
Diseño sin título_20260224_152315_0000

Los Criminales (1982)

Por: Prof. Julio Valdez

Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)

Febrero 24, 2026

Damos inicio a esta sección que hemos denominado: La Película de la Semana, en la cual recomendamos trabajos cinematográficos para la reflexión, el estudio, la crítica, la autoformación y el análisis de la coyuntura.

En esta oportunidad se trata de Los Criminales (1982).

Siendo que los Archivos de Epstein desenmascaran el grado avanzado de depravación de altas personalidades del mundo, especialmente de los Estados Unidos, así como los poderes ejercidos hasta hoy para sostener la impunidad, nos permitimos presentar la película venezolana Los Criminales (1982). Esta película refiere temas tan similares a los que aparecen en los referidos archivos, pero situados en nuestro país durante la IV República. Una película de suspenso progresivo, que refiere el clasismo, la misoginia, la corrupción, el racismo, en fin, la degradación humana, en una historia que transcurre en una tarde y una noche, ilustrada en las extraordinarias actuaciones de Chony Fuentes y Orlando Zarramera.

Los Criminales. 1982. Dirigida por Clemente de la Cerda. Guión: Clemente de la Cerda y Rodolfo Santana. Protagonizada por Miguel Angel Landa, Orlando Zarramera, Chony Fuentes y Alicia Plaza.

Puedes verla en: www.youtube.com/watch?v=XFYBOSxd-GY

maxres1

Vivamos Todos en Paz

Por: Prof. Ibrahim Infante

Universidad Internacional de las Comunicaciones

Febrero 24, 2026

Damos inicio a esta sección que hemos denominado: La Canción de la Semana, en la cual recomendamos canciones para la reflexión, el estudio, la crítica, la autoformación y el análisis de la coyuntura.

En esta oportunidad compartimos con ustedes Vivamos Todos en Paz, interpretada por Chuy Rosario y El Conde de la Salsa.

Se trata de una versión de la pieza original La Cárcel, interpretada por el grupo venezolano de salsa Sexteto Juventud, con una extraordinaria adaptación de la letra a la realidad y coyuntura actual y una formidable interpretación musical y vocal. Un contenido que nos llena de esperanza y amor, un llamado a unir nuestras voces por la paz en Venezuela y en todo el mundo.

En estos tiempos difíciles, recordemos que la verdadera fuerza reside en la armonía, la tolerancia y la empatía. Que cada nota de esta canción nos inspire a construir un país lleno de esperanza, donde la paz sea el camino y la luz que ilumine nuestro futuro.

¡Compartamos este mensaje y hagamos de la paz una realidad en nuestros corazones!

Haz clic aquí para ver el video de la canción: https://youtu.be/8AG7xe-HJLI

Diseño sin título_20260218_180045_0000

Hasta siempre, compañero: continuar la obra del guardián digital es nuestro compromiso

La comunidad de LAUICOM se une al profundo duelo por la partida física del General de División (r) Luis Rodolfo Bracho Magdaleno. Hoy, nuestros corazones laten al unísono con el pesar que embarga a la familia ueserrista, solidarizándonos en este momento de inmensa tristeza.

Bracho Magdaleno no fue solo un estratega militar; fue un guardián de la soberanía digital que supo fusionar la disciplina de la espada con la inteligencia del código. Su legado como especialista en seguridad informática y docente trasciende las aulas; es una semilla de resistencia tecnológica plantada para defender nuestra verdad frente a cualquier narrativa imperial. Su vida fue un testimonio de que la tecnología, cuando está al servicio del pueblo, se convierte en la trinchera más firme de la patria.

Desde LAUICOM, honramos su memoria no con silencio, sino con el compromiso inquebrantable de continuar su obra. Que su ejemplo de rectitud y entrega inspire a cada facilitador y participante a blindar nuestro conocimiento con ética revolucionaria. No decimos adiós, sino hasta siempre, compañero de lucha.

Que Dios le tenga en su gloria y brille para él la luz perpetua, iluminando ahora los caminos digitales que él ayudó a proteger.

IMG_20260211_160230_761

Deepfakes y fraude comunicacional en la ciberguerra contra Venezuela

Por: Irene León

Decir que la comunicación internacional es el escenario predilecto para la acción de la oposición al proyecto bolivariano, no es una hipotésis sino una constatación, que puede ser contrastada en una linea de tiempo de más de dos décadas, donde las estrategias comunicacionales han actuado como dispositivo complementario, y en casos central, en la disputa geopolítica y geoeconómica por los destinos de Venezuela.

Es tan así, que esto puede graficarse con la metáfora de las dos Venezuelas: la de verdad con los aciertos y contradicciones que se viven in situ y, por otro lado, aquella que se produce en los laboratorios de comunicación internacional y, más recientemente, en los laboratorios de guerra cognitiva, una estrategia de daño estructural, diseñada ya no solo para disputar los sentidos, sino para moldear las mentes y los comportamientos individuales y colectivos¹ en función del proyecto del capitalismo corporativo y digital².

Una de las herramientas de uso recurrente para esto último son las deepfakes, conocidas como el prototipo de las mentiras profundas, aquellas “con capacidad de convencer o poner a dudar hasta a los más incrédulos»³. Y es que con el recurso a la inteligencia artificial y sus derivados, como el Machine Learning, se logran ensamblajes de simulaciones audiovisuales y contenidos multimedia cada vez más reales, para manipular la verdad y posicionar lo ultra falso. Es más, la proliferación de estos productos tecnológicos es considerada como un avance en la generación de los procesos de desinformación, que son parte del engranaje de la guerra cognitiva.

El ejemplo más fehaciente de su aplicación se evidencia en la invasión estadounidense contra Venezuela, sucedida el 3 de enero de 2026, que se consumó con una táctica de sorpresa, velocidad y gran violencia⁴, precedida de un caos organizado, un caos digital en el espacio aéreo y un monumental proceso de desinformación mundial, donde se constata un protagonismo sin precedentes de las deepfakes, la mitomanía y el fraude comunicacional, que son utilizados como elemento consustancial de la arremetida bélica y política. Más aún, es ostensible el uso procaz de estos recursos por las más altas esferas del poder estadounidense.

Así, luego de embelecar a la opinión pública con los bulos sobre el narcotráfico, que se diseminaron para legitimar la militarización del Caribe, el ulterior bombardeo estadounidense a Venezuela y el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores, en la actual fase, para convalidar el poder estadounidense y la invasión como un hecho, se acude a las deepfakes como un recurso clave para fracturar el poder bolivariano, posicionando versiones sobre rupturas y traiciones internas, en las más altas esferas, especialmente desde la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y sus entornos.

El día de la invasión a Venezuela, una foto recorrió el mundo, fue la falsa prueba de vida del presidente Nicolás Maduro, publicada en Truth Social por el mandatario etadounidense, Donald Trump. En la imágen figura una imitación del presidente Maduro, esposado y con los ojos vendados, presuntamente a bordo del USS Iwo Jima. Esta y otras cinco deepfakes, que circularon profusamente y sin verificación previa, según la verificadora de la información digital, NewsGuard, en menos de dos días obtuvieron 14,1 millones de visitas en X y otros tantos en otras plataformas, pero luego de verificación: “las cinco imágenes eran fabricadas y fuera de contexto y dos videos que también se difundieron eran tergiversados”⁵.

El New York Times expresó tantas dudas sobre la autenticidad de esos materiales, especialmente de la foto del Presidente en el Iwo Jima, que sólo reprodujo el mensaje de la fuente original, es decir el post de Trump y no la foto como evidencia, y señaló que eso fue porque: “El Times ha informado sobre la costumbre de Trump de difundir imágenes generadas con inteligencia artificial y deepfakes en las redes sociales, así que teníamos motivos para ser escépticos sobre la autenticidad..”⁶. Además, no existe ninguna herramienta que verifique imágenes de manera inequívoca, afirmó.

En el episodio previo, con estas tecnologías y modalidades, aún si toda la institucionalidad internacional evidenciaba lo contrario, se difundió como una verdad de Estado, desde las más altas vocerías estadounidenses, el presidente y el canciller, la mentira profunda de la existencia de un “Cartel de los Soles”, presuntamente dirigido por el presidente venezolano, a quien se responsabilizó, por esa vía, de narcotráfico e incluso de las adicciones dentro del país del norte. Detalles sobre esto recorrieron el mundo en tiempo real, fueron noticia diaria, multiplicada al infinito en las plataformas digitales.

Asimismo, lobbies y autoridades estadounidenses promovieron condenas para los supuestos responsables de aquel cartel ficticio y, contrariando la legislación internacional, llegaron a difundir un precio a la cabeza del presidente venezolano, asuzando el interés de mercenarios y otros matones. Hubo incluso otros Estados e instancias que hicieron propia la versión de la supuesta peligrosidad de ese cartel para la seguridad nacional estadounidense y para el hemisfério, y adoptaron medidas.

No obstante, la única evidencia que se exhibió fueron las deepfakes y azarosas declaraciones, sin contrastar, provenientes de una de las partes: del presidente estadounidense. Y, con la conjunción entre estos productos comunicacionales y el proyecto expansionista, se cometió un delito internacional: el secuestro del Jefe de Estado de un país soberano. No depende solo de esto claro, pero fue un ultrafalso comunicacional y político tan real, que cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos desestimó la existencia del ‘Cartel de los Soles’⁷ y descartó el liderazgo de Maduro, la curva del sensacionalismo fake persistió y el presidente sigue secuestrado en el país del Norte

Otra deepfake, proveniente de ese mismo escenario, la protagonizó nuevamente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuando en las horas siguientes al bombardeo de Caracas afirmó que: fue una operación tecnológica, limpia y rápida, que no encontró resistencia y logró el objetivo de “extraer a Maduro” con facilidad. Fue una mentira profunda, transmitida como verdad por todos los medios digitales y convencionales, que influyó para que ajenos y cercanos llegaran a dudar y hasta la replicaran.

Noticias de primera plana, medios digitales, videos y hasta memes mostraron la ficticia rendición de la revolución bolivariana como una verdad. Fue una mentira tan real que cuando salió a la luz que los bolivarianos se fajaron por horas, en desigualdad de condiciones, y lograron en buena parte repeler al invasor y que incluso expertos estadounidenses como Wes Bryant, luego de visualizar imágenes reales, afirmaron que «Dada la gran resistencia que vemos, podría haber sido una operación imposible en cualquier contexto»⁸, ya pocas personas prestaron atención. Hasta especialistas en geopolítica, olvidando que la guerra comunicacional y cognitiva también es guerra, llegaron a parafrasear las deepfake de Trump.

Con este breve recuento quiero llamar la atención sobre tres puntos:

1- La guerra cognitiva es guerra. Es una ofensiva que en su etapa avanzada exhibe como objetivo la fractura, la implosión y el control de una sociedad y como posibles resultados desde la pérdida de la voluntad colectiva hasta diversos niveles de autodestrucción⁹, por lo que la defensa cognitiva es ineludible.

Según sus propias fuentes, en el caos organizado que fue decisivo el 3 de enero, Estados Unidos empleó guerra electrónica cognitiva, engaños temporales y otros recursos similares. Así, no es exagerado insistir en que la soberanía tecnológica, digital, del conocimiento y comunicacional son cuestiones prioritarias para la defensa cognitiva, que incumbe a todos los campos de la sociedad e incluye lo internacional

2- En la guerra cognitiva, que es indisociable de la ciberguerra contra Venezuela, el recurso a la mentira es medular, pues en esta modalidad bélica, como señala la Revista de Historia Militar de Francia, “ se ha redefinido el lugar jerárquico de la verdad y la mentira … al punto que, querer y poder mentir confiere una calidad superior a quien logra hacerlo”¹⁰. Además, enfatiza esa misma fuente que, ”la mentira está en el corazón de la acción económica y del auge del capitalismo” o en otras palabras, ese modelo conlleva una dimensión de timo estructurante.

Así, la proliferación de las mencionadas deepfakes, muestra sólo una de las tácticas de un proceso más complejo, que tiene que ver con las disputas sistémicas. Por lo que la defensa cognitiva debe priorizar el fortalecimiento del pensamiento propio y la ética, en todo y en todas partes.

3- El caso del secuestro del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores, además del desacato de la legislación internacional, pone sobre la mesa la relevancia de interrelacionar la ética con los avances tecnológicos, como la inteligencia artificial y sus derivados, que deben estar siempre al servicio de la convivencia humana y no al contrario

Finalmente, el reconocimiento de la inexistencia del ‘Cartel de los Soles’ por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos y la supresión de la acusación relacionada, no sólo invalida la batería de deepfakes que se difundieron sobre el tema, sino que deja sin piso el ilícito secuestro del presidente venezolano, por lo que a más de la liberación inmediata, debería ser sujeto de una reparación moral, que siente un precedente ante el uso del fraude comunicacional como recurso político.


¹John Hopkins University & Imperial College London (2021) Countering cognitive warfare: awareness and resilience. En NATO Review. 20 may 2021, pg 1https://www.nato.int/docu/review/articles/2021/05/20/countering-cognitive-warfare-awareness-and-resilience/index.html

²Irene León (2026.2.2) La guerra cognitiva y su propuesta de daño estructural. https://www.elsaltodiario.com/revista-pueblos/guerra-cognitiva-propuesta-dano-estructural

³Ray Alberto (2022). Seguridad cognitiva. Ultima línea de defensa. https://albertoray.com/seguridad-cognitiva-herramienta-para-mitigar-riesgos-liquidos

⁴Isaac Yee, Avery Schmitz, Thomas Bordeaux, Katie Polglase, Allegra Goodwin, Alfredo Meza and Mark Baron.Capturing a president: CNN analysis reveals extraordinary risks taken to seize Maduro. Jan 23 2026https://edition.cnn.com/2026/01/23/americas/venezuela-maduro-fort-tiuna-compound-operation-reconstruction-intl-invs#:~:text=CNN%20has%20reconstructed,at%20Maduro%E2%80%99s%20compound

⁵Meaghan Looram (enero 5 2026) Así verificó el Times la foto que Trump publicó de Maduro esposado. https://www.nytimes.com/es/2026/01/05/espanol/nicolas-maduro-fotos.html

⁶Idem 5

⁷Nicholas Dale Leal (enero 6 2026) Estados Unidos elimina la referencia a Maduro como lider del Cartel de los Soles en su nueva imputación. https://elpais.com/us/2026-01-06/estados-unidos-elimina-la-referencia-a-maduro-como-lider-del-cartel-de-los-soles-en-su-nueva-imputacion.html

⁸Idem 4. Wes Bryant,sargento mayor retirado de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y ex controlador aéreo táctico de operaciones especiales.

⁹Idem 2

¹⁰La revue d’histoire Militaire (2023) L’attaque des cerveaux : qu’est-ce que la guerre cognitive ? https://larevuedhistoiremilitaire.fr/2022/11/03/lattaque-des-cerveaux-quest-ce-que-la-guerre-cognitive/

20220213derechastemesg-1312058

Izquierdas

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

Eso que llamamos “izquierda” y debería llamarse “izquierdas” no es un objeto fijo ni una identidad cristalizada en consignas repetidas, sino un proceso histórico, práctico y crítico que se constituye en la tensión permanente entre la realidad social y el horizonte de su transformación. Es una ética un deber ser de la conciencia en la praxis. Hablar de “izquierda” implica asumir que no existe como esencia metafísica ni como dogma cerrado, sino como una praxis en movimiento, determinada por condiciones materiales concretas y por la conciencia que los sujetos sociales desarrollan de esas condiciones. En este sentido, la izquierda no es simplemente una posición en el espectro político ni una suma de partidos o tradiciones, sino una forma histórica de responder a la injusticia estructural, a la explotación y a la enajenación que caracterizan a las sociedades de clases. Su núcleo no reside en la proclamación moral del bien, sino en la crítica radical de las relaciones sociales de dominación existentes y en la voluntad organizada de superarlas.

Pero es indispensable estar alertas. No todo lo que se autoproclama izquierda “es oro”. Es fundamental distinguir corrientes porque, increíblemente, hay muchas izquierdas organizadas para frenar la revolución en lugar de impulsarla. Así, 1. El reformismo (socialdemocracia) • Acepta el capitalismo como marco permanente. • Confía en reformas graduales, el parlamento y el Estado burgués. • En momentos de crisis, defiende el orden existente antes que una ruptura revolucionaria. Cuando la burguesía se siente en peligro, los reformistas actúan como su última línea de defensa antes de activar a las fuerzas de corte nazi-fascistas.

2. El burocratismo. • La burocratización del Estado parasitario. • El abandono del internacionalismo por el “socialismo en un sólo país”. • La represión interna, los juicios y la eliminación de la democracia obrera. • No quieren un capitalismo clásico, pero tampoco socialismo. • Incuban un Estado obrero degenerado, dirigido por una casta burocrática. Terminan saboteando revoluciones en otros países para proteger sus propios intereses sectarios.

3. El “centrismo” de izquierda panfletaria. •Usan un lenguaje de apariencia revolucionaria, ero actúan con vacilación cuando hay que romper con el sistema. • Despliegan demagogia entre reforma y revolución sin decidirse, pero confundiendo. • Confunde a la clase obrera • Genera falsas expectativas • Desmoviliza en momentos decisivos.

4. Falsifica los “Frentes Populares” entendidos como alianza de partidos obreros con sectores burgueses “progresistas” • Subordina los intereses de la clase trabajadora a la burguesía “democrática”. • Frena expropiaciones y radicalización para no “asustar” aliados.

5. Convierte en cretinos a los representantes en los al parlamentos y sindicatos. • No se lucha por los cargos como fines en sí mismos. • Eso convierte en cretinos a los que deberían servir a la clase trabajadora. • Anestesia al sindicalismo sin horizonte político lo vuelve herramienta para frenar el conflicto.

6. Cuidado con el ultra-izquierdismo (confunden la táctica con los principios), • Suelen rechazar toda táctica • Desprecian las masas reales • Confunden radicalismo verbal con estrategia revolucionaria. Eso es aventurerismo, no revolución. No es problema declararse de izquierda, sino tener una estrategia que realmente permita a la clase trabajadora tomar el poder y transformarlo radicalmente.

Hablar de izquierdas en plural no es una concesión relativista ni un gesto retórico de corrección política, sino el reconocimiento materialista de la diversidad histórica, social y cultural de las prácticas emancipadoras. El plural remite a la imposibilidad de subsumir en una forma única las experiencias concretas de lucha que emergen en contextos distintos, atravesados por configuraciones específicas del capital, del Estado y de la subjetividad. Desde una concepción de la praxis como actividad histórica situada, resulta filosóficamente insostenible postular una izquierda homogénea y universal que se aplique por igual a todas las realidades. El plural de las izquierdas expresa, así, la riqueza conflictiva de un campo político en permanente construcción, donde convergen tradiciones, estrategias y lenguajes diversos, unidos no por la identidad formal sino por la orientación común hacia la emancipación. Negar ese pluralismo conduce al dogmatismo y a la clausura crítica; asumirlo, en cambio, abre la posibilidad de una articulación dialéctica entre diferencias reales, capaz de producir unidad práctica sin anular la heterogeneidad que la nutre.

En Adolfo Sánchez Vázquez, la aceptación del plural de las izquierdas se desprende directamente de su concepción no dogmática del marxismo y de su teoría de la praxis. Para él, no existe una forma única, acabada o canónica de la política emancipadora, porque la praxis revolucionaria está históricamente condicionada y responde a realidades concretas, cambiantes y contradictorias. Sánchez Vázquez rechaza toda pretensión de erigir una izquierda verdadera frente a otras supuestamente desviadas cuando ese juicio se formula desde criterios abstractos o ahistóricos. El marxismo, entendido como filosofía de la praxis, no prescribe modelos universales de acción política, sino que ofrece herramientas críticas para que los sujetos históricos elaboren sus propias respuestas a condiciones específicas de explotación y dominación. Desde esta perspectiva, hablar de izquierdas en plural no significa diluir el proyecto emancipador, sino afirmar su carácter histórico, creativo y abierto. La unidad de la izquierda no se garantiza por la uniformidad doctrinaria, sino por la convergencia práctica en objetivos emancipadores concretos, evaluables en la experiencia histórica y no en la fidelidad a esquemas teóricos cerrados. El plural, en Sánchez Vázquez, es así una exigencia de la praxis misma y una salvaguarda frente a la petrificación ideológica.

Desde la perspectiva filosófica que atraviesa la obra de Adolfo Sánchez Vázquez, la izquierda sólo puede comprenderse desde la categoría de praxis. La praxis no es mera acción ni simple aplicación de una teoría previa, sino una actividad humana consciente, transformadora y socialmente mediada, en la que se articulan conocimiento, valores y acción material. La izquierda se construye, entonces, en la praxis histórica de los sujetos que luchan por transformar las condiciones que los oprimen, y se verifica no por la pureza de sus intenciones, sino por la eficacia emancipadora de sus prácticas. Esto supone una ruptura con toda concepción dogmática que pretenda definir de una vez y para siempre qué es ser de izquierda, al margen de las circunstancias históricas y de las contradicciones reales de la vida social.

En este punto, la crítica de Sánchez Vázquez al dogmatismo adquiere plena vigencia. Aquella izquierda que se encierra en fórmulas doctrinarias, que repite categorías sin someterlas a la prueba de la realidad concreta, traiciona su propio fundamento práctico. El marxismo, entendido no como catecismo sino como teoría crítica de la sociedad, sólo conserva su potencia cuando se mantiene abierto a la autocrítica y a la revisión constante a la luz de la experiencia histórica. Las izquierdas, por tanto, no se definen por la fidelidad ritual a textos o líderes, sino por su capacidad de leer la realidad, interpretar sus contradicciones y actuar organizadamente sobre ellas de manera consciente.

Toda construcción de la izquierda es inseparable de los procesos sociales en los que emerge. No nace en el vacío ni en la abstracción académica, sino en el conflicto, en la lucha de clases, en la resistencia cotidiana de quienes padecen la explotación y la dominación. Es una construcción colectiva que articula experiencias diversas, saberes populares, tradiciones culturales y elaboraciones teóricas, y que se reconfigura permanentemente en función de los cambios en las formas de producción, en las relaciones de poder y en los modos de subjetivación. Por ello, no existe una izquierda única y homogénea, sino múltiples expresiones históricas de una misma aspiración emancipadora, atravesadas por tensiones, errores, avances y retrocesos.

Insistamos, desde una perspectiva semiótica y política, en que la izquierda también se juega en el terreno de la producción de sentido. No basta con transformar las estructuras económicas si se deja intacto el orden simbólico que legitima la dominación. La lucha por el sentido, por el lenguaje, por las narrativas que organizan la percepción de lo social, es parte constitutiva de la praxis política. En este plano, la izquierda debe disputar los significados de conceptos como democracia, libertad, justicia o desarrollo, arrancándolos de su captura por el discurso hegemónico y reinscribiéndolos en un proyecto colectivo de emancipación. La batalla cultural no es un suplemento decorativo de la política, sino uno de sus campos decisivos.

Toda relación entre izquierda y práctica política es, por tanto, una relación de implicación mutua. No hay izquierda sin práctica política concreta, ni práctica política de izquierda sin reflexión crítica que la oriente. La política, entendida en sentido fuerte, no se reduce a la gestión del Estado ni a la competencia electoral, aunque no pueda prescindir de esos espacios. Es, ante todo, una práctica social orientada a la transformación de las relaciones de poder, que se despliega en múltiples niveles, en el trabajo, en la cultura, en la educación, en los medios de comunicación, en la vida cotidiana. La izquierda se realiza en la medida en que logra articular estas dimensiones en un proyecto coherente, capaz de disputar hegemonía y de construir alternativas reales al orden existente.

Desde la ética marxista desarrollada por Sánchez Vázquez, la práctica política de la izquierda no puede separarse de una reflexión sobre los fines y los medios. La emancipación no justifica cualquier medio, ni la eficacia inmediata puede erigirse en criterio absoluto. La ética de la praxis exige coherencia entre los valores proclamados y las formas concretas de acción, sin caer en moralismos abstractos ni en pragmatismos cínicos. Esta tensión es constitutiva de la política revolucionaria y no admite soluciones simples. La izquierda madura es aquella que asume esta complejidad, que reconoce sus dilemas y contradicciones, y que los enfrenta sin refugiarse en justificaciones dogmáticas ni en renuncias oportunistas.

Toda la historia de la izquierda está atravesada por derrotas, desviaciones y fracasos, pero también por conquistas, aprendizajes y momentos de profunda creatividad política. Asumir esa historia críticamente es parte esencial de su construcción presente. No se trata de idealizar el pasado ni de repudiarlo en bloque, sino de extraer de él lecciones para el presente. La crítica a las experiencias burocráticas, autoritarias o alienadas que se hicieron en nombre del socialismo no implica abandonar el horizonte emancipador, sino radicalizarlo, devolviéndolo a su fundamento práctico y humanista. En este sentido, la izquierda no puede renunciar a la utopía, entendida no como fantasía irrealizable, sino como anticipación crítica de un futuro posible que orienta la acción presente.

En el mundo contemporáneo, marcado por la financiarización del capital, la precarización de la vida, la crisis ecológica y la colonización mediática de la subjetividad, la izquierda enfrenta desafíos inéditos. La praxis emancipadora debe repensarse en condiciones nuevas, sin perder su anclaje en la crítica de la explotación y la dominación. Esto exige una izquierda capaz de articular luchas diversas, de comprender la intersección entre clase, género, etnia y territorio, y de construir formas de organización flexibles, pero no dispersas, radicales, pero no sectarias. La unidad no puede ser impuesta por decreto ni diluida en un pluralismo sin proyecto; debe construirse en la práctica común y en el debate crítico.

Así entendida, la izquierda no es un lugar cómodo ni una identidad tranquilizadora. Es una posición incómoda frente al mundo, una toma de partido consciente en favor de la transformación radical de las condiciones que producen desigualdad, violencia y alienación. Se construye en la praxis cotidiana, en la reflexión crítica y en la acción colectiva, y se verifica en su capacidad de producir cambios reales en la vida de las mayorías. Su relación con la práctica política no es instrumental ni decorativa, sino constitutiva, las izquierdas son, en última instancia, práctica social consciente orientada a la emancipación humana, siempre inacabada, siempre abierta, siempre en disputa.

Una reflexión final,
La verdadera historia de nuestro tiempo está siendo escrita por los movimientos en pie de lucha en sus propios planes de lucha. Esa agenda debe orientarnos. No necesitamos más retórica, es necesario estar en el motor de la historia, con quienes hacen la historia y desde dónde se la produce. La historia no la escriben las instituciones, los gobiernos ni los partidos por sí sólos. Los sujetos históricos reales son los movimientos en lucha, cuando actúan colectivamente, organizadamente y con un programa consensuado. La orientación política no debe venir de programas abstractos o agendas externas, sino de los planes de lucha concretos que esos movimientos elaboran. Es una convicción antielitista, antivanguardista rígida y profundamente materialista. La emancipación de la clase trabajadora será obra de la clase trabajadora misma. Porque la historia avanza por la acción de las masas en lucha y sus planes de lucha expresan el nivel real de conciencia y organización. Pero cuisdado, no todo lo que surge espontáneamente orienta bien. La agenda no debe omitir la estrategia, la teoría, ni la necesidad de dirección política con dirigentes a su altura.

Es que la experiencia viva de las masas es insustituible, pero necesita método para ser generalizada, organizada y llevada a sus consecuencias. Contra agendas armadas desde arriba. Contra análisis desconectados de la práctica. Contra izquierdas que “interpretan la realidad” sin pisar los conflictos. Contra el academicismo o el electoralismo que mira la lucha social como un dato más.

Toda izquierda que se precie de ser coherente debe centrar su energía los sujetos reales. Evitar el dogmatismo. Obligarse a escuchar y aprender de la lucha concreta. No idealizar cualquier lucha sólo por existir. No confundir orientación con acompañamiento pasivo. No perder perspectiva estratégica de largo plazo. La brújula política no está en los escritorios ni en los calendarios electorales, sino en la práctica colectiva de quienes pelean ahora. La izquierda debe sustentar una posición fuerte, honesta y exigente.

Porque la verdadera historia de nuestro tiempo no se escribe en los balances oficiales, ni en los discursos institucionales, ni en las memorias pulidas de los vencedores. Se escribe, con una gramática áspera y fragmentaria, en el movimiento real de quienes luchan. Allí donde los cuerpos se organizan, donde las necesidades se convierten en demandas, donde la indignación se transforma en acción colectiva, se produce el único texto histórico que merece ese nombre. No porque sea moralmente superior por definición, sino porque es el único que expresa la relación viva entre estructura y subjetividad, entre condiciones materiales y conciencia en proceso. Todo lo demás —los programas abstractos, las estrategias diseñadas sin anclaje, las lecturas que llegan siempre tarde— no son historia, sino comentarios a posteriori.

Decir que la historia está siendo escrita por los movimientos en pie de lucha no es una metáfora poética ni una consigna voluntarista. Es una afirmación materialista. La historia no avanza por acumulación de ideas correctas ni por la aplicación mecánica de teorías previas, sino por la irrupción de sujetos colectivos que, empujados por contradicciones objetivas, se ven obligados a actuar. En esa acción, muchas veces confusa, contradictoria, incompleta, se condensan más verdades sobre una época que en cien análisis brillantes desconectados de la práctica. La lucha no es un dato más de la realidad social, es el punto en el que la realidad se vuelve consciente de sí misma.

Entendamos los planes de lucha, no sólo como calendarios de acciones sino como síntesis provisoria de fuerzas, demandas, horizontes y límites, son la forma concreta que adopta esa escritura histórica. No surgen de la nada ni son el producto de una voluntad pura. Son el resultado de una relación de fuerzas determinada, de una experiencia acumulada, de derrotas y aprendizajes, de debates explícitos y tensiones no resueltas. En ellos se expresa el nivel real de conciencia de un movimiento, no en el sentido psicológico, sino en el sentido histórico, qué cree posible, qué considera legítimo, hasta dónde está dispuesto a llegar, qué enemigos identifica y cuáles todavía no.

Por eso esa agenda debe orientarnos. No porque sea infalible, sino porque es el único punto de partida legítimo para cualquier política que aspire a transformar la realidad y no sólo a interpretarla. Orientarse por la agenda de las luchas no implica renunciar a la crítica ni a la elaboración teórica; implica, por el contrario, asumir que la teoría sólo tiene sentido si es capaz de dialogar con ese movimiento real, de esclarecerlo, de empujarlo más allá de sus propios límites sin colocarse por fuera de él. Toda política que se desentiende de los planes de lucha concretos, que los considera secundarios o meramente tácticos frente a un programa cerrado, termina inevitablemente sustituyendo a los sujetos reales por una abstracción.

Aquí aparece una tensión central que atraviesa toda la tradición marxista y que sigue siendo decisiva, la relación entre espontaneidad y dirección, entre experiencia y estrategia, entre lucha inmediata y horizonte histórico. Idealizar la espontaneidad es tan estéril como despreciarla. La lucha, por sí sola, no garantiza una orientación emancipadora; puede estancarse, desviarse, ser derrotada o incluso cooptada. Pero sin lucha real, toda estrategia es una ficción. La dialéctica no se resuelve eligiendo uno de los polos, sino comprendiendo su relación contradictoria. La experiencia de las masas es insustituible, pero necesita ser generalizada; la teoría es indispensable, pero sólo cobra vida cuando se somete a la prueba de la práctica.

En este punto, la afirmación de que la verdadera historia se escribe en los planes de lucha funciona también como una crítica frontal a dos desviaciones recurrentes. Por un lado, al reformismo que reduce la política a la gestión de lo posible dentro de los márgenes del sistema, mirando las luchas como problemas a administrar o como presiones externas que hay que contener. Por otro, al dogmatismo que pretende medir la realidad con una vara doctrinaria, descartando como “insuficiente” o “incorrecto” todo lo que no encaje en un esquema previo. Ambas posiciones comparten, aunque se presenten como opuestas, un mismo rasgo, la incapacidad de aprender de la lucha viva.

Ningún movimiento en lucha es sujeto puro ni homogéneo. Están atravesados por contradicciones internas, por desigualdades, por disputas de sentido. En ellos conviven impulsos radicales y tendencias conservadoras, gestos de solidaridad y reproducciones del orden dominante. Precisamente por eso son históricos. La historia no avanza por sujetos ideales, sino por sujetos reales, situados, atravesados por la sociedad que buscan transformar. Exigirles coherencia absoluta o conciencia plena es una forma sofisticada de negarles el derecho a ser protagonistas.

Orientarse por la agenda de las luchas implica aceptar la temporalidad propia de los procesos sociales. No todo ocurre cuando quisiéramos ni como quisiéramos. Hay momentos de ascenso y de repliegue, irrupciones súbitas y largos períodos de acumulación silenciosa. Los planes de lucha expresan esa temporalidad concreta, no la del calendario electoral ni la de los ciclos mediáticos. Obligan a pensar la política no como una sucesión de gestos espectaculares, sino como un proceso sostenido de construcción de fuerzas.

También obligan a repensar el problema de la dirección y de los dirigentes. Dirigir no es sustituir, ni mandar desde afuera, ni imponer una línea ajena a la experiencia colectiva. Dirigir es intervenir dentro del proceso para ayudar a clarificar, a conectar luchas dispersas, a señalar límites y potencialidades. Una dirección que no se deja orientar por la agenda de las luchas termina hablando un lenguaje que nadie reconoce como propio. Pero un movimiento que renuncia a toda forma de elaboración estratégica queda a merced de la inercia o de las fuerzas que sí saben lo que quieren.

Nuestra historia reciente ofrece innumerables ejemplos de movimientos potentes que, al no lograr traducir sus planes de lucha en una perspectiva más amplia, fueron neutralizados o absorbidos. También ofrece ejemplos de organizaciones que, aferradas a una estrategia correcta en abstracto, quedaron al margen de los procesos reales y terminaron hablándose a sí mismas. En ambos casos, el resultado es el mismo, la derrota, aunque adopte formas distintas. La lección no es cínica ni resignada; es exigente. Exige una política capaz de moverse en la contradicción, de aprender sin idealizar, de intervenir sin suplantar.

Decir que esa agenda debe orientarnos es, en última instancia, una toma de posición ética y política. Ética, porque reconoce la dignidad histórica de quienes luchan aquí y ahora, sin pedirles credenciales ni certificados de pureza. Política, porque entiende que la transformación social no se decreta ni se diseña en abstracto, sino que se construye en el conflicto real. No se trata de seguir pasivamente cada giro de la lucha, sino de asumir que allí se juegan las posibilidades efectivas de cambio.

En un tiempo marcado por la fragmentación, la precarización y la descomposición de viejas mediaciones, esta afirmación cobra un peso particular. Cuando las instituciones pierden legitimidad y los relatos oficiales ya no convencen, los movimientos en lucha se convierten en los únicos espacios donde se ensayan nuevas formas de comunidad, de decisión y de sentido. Sus planes de lucha no son sólo instrumentos defensivos; son laboratorios políticos, aun cuando no se nombren como tales. Ignorarlos o subestimarlos es renunciar a comprender el presente.

Nada de esto implica romantizar la derrota ni confundir resistencia con victoria. Implica, más bien, asumir que la única forma de pensar estratégicamente es partir de la realidad tal como es, no como quisiéramos que fuera. La historia no garantiza finales felices. Pero sí ofrece, en cada lucha, la posibilidad de aprender algo decisivo sobre las fuerzas en juego. Orientarse por esa agenda es aceptar el riesgo de la historia, en lugar de refugiarse en la comodidad de las certezas prefabricadas.

Así entendida, la tarea de orientarse con las agendas de las luchas, no es un cierre, sino una apertura. No clausura el debate sobre estrategia, programa o dirección; lo reubica en su terreno correcto. La pregunta ya no es qué deberíamos hacer en abstracto, sino qué están haciendo, pensando y deseando quienes hoy están en movimiento, y cómo intervenir allí para que esas luchas no sólo resistan, sino que abran caminos de transformación real. Todo lo demás es biblioteca política. A veces brillante, a veces sofisticada, pero siempre complementaria a la escritura áspera y decisiva de la historia en acto.

IMG_20260205_112307_439

Después del 3 de enero se intensifica la Guerra Cognitiva contra Venezuela: necesitamos utilizar fuentes confiables y verificadas

Por: Prof. William Capó.
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)
 Enero, 2026

Desde el propio inicio de la Revolución Bolivariana en 1998 con el triunfo del Comandante Hugo Chávez, comenzó en Venezuela una etapa de su historia signada por la agresión imperial en contra del pueblo.

Sí, ya son 26 años resistiendo los embates de una guerra de agresión imperialista, de carácter multimodal o híbrida, que combina expresiones de guerra convencional (militar) y no convencional (guerra económica, guerra política nacional, guerra política internacional, ataque a la infraestructura de servicios básicos, intentos de magnicidio, guerra cibernética, guerra cognitiva).

Si en algunos sectores de la población aún existía duda al respecto, la agresión militar del gobierno de los EEUU en contra de Venezuela el pasado 3 de enero se encargó de despejarla definitivamente.

Este fatídico, vil, cobarde, ilegal, traicionero, desesperado e inmoral ataque, que nos llena de indignación, tristeza y dolor, representa un duro golpe traducido en 100 heroicos militares venezolanos y cubanos caídos en combate, más de 100 personas heridas, graves daños a la infraestructura civil, militar y científica; destrucción de grandes almacenes contentivos de equipos, medicamentos e insumos médicos fundamentales para atender necesidades inmediatas y urgentes de nuestro pueblo, y el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y su esposa la primera dama y diputada de la Asamblea Nacional Cilia Flores. Sin mencionar el daño psicológico o trauma que nos provoca, sin importar edad o condición social, el despertar una madrugada bajo el fuego asesino de la potencia militar y nuclear más poderosa del planeta.

La acción militar del 3 de enero se incorpora al historial de 26 años de agresión contra Venezuela y es muestra de lo que es capaz de hacer y debemos esperar por parte del gobierno de los EEUU en el futuro, en medio de su desesperación por la pérdida cada vez mayor de hegemonía en el mundo y particularmente en Venezuela como epicentro del conflicto mundial entre dos modelos civilizatorios; evidenciándose cada vez más que el único recurso que le queda es la fuerza para imponerse, violando el ordenamiento jurídico internacional y la propia constitución de ese país, promoviendo un nuevo orden mundial donde la moral imperial es la norma.

En este contexto recordemos que la guerra híbrida o multimodal combina de manera sinérgica diversas formas, todas orientadas a tomar el poder en Venezuela para reestablecer la hegemonía imperial en nuestro país, y de esa forma apoderarse de todos nuestros recursos energéticos y recursos naturales, vitales para la subsistencia de ese imperio en franca decadencia y crisis política, social, económica y energética, por lo que se encuentra en una etapa muy peligrosa que lo hace capaz de todo, particularmente de intentar imponerse por la fuerza ya que todos sus mecanismos de dominación y control hacia Venezuela han fracasado.

Contra Venezuela lo han intentado todo y no han podido ni podrán, pues a cada acto de guerra por parte del gobierno de los EEUU, hemos resistido y vencido, al mismo tiempo que seguimos avanzando en el proyecto estratégico de la Revolución Bolivariana.

En este momento la estrategia imperial de guerra permanente sigue su ruta, y después de una acción militar como la sufrida se profundiza la guerra cognitiva, las plataformas y corporaciones hegemónicas se ponen cada vez más al servicio de la desinformación y manipulación de la opinión mundial y nacional, continúa el ataque a las mentes de nuestro pueblo para confundirlo y quebrar su voluntad de defender la Patria, para dividirnos como antesala a una crisis de gobernabilidad que jamás lograrán. Los Fake News abundan y proliferan de manera exponencial que hasta ponen a dudar a personas conscientes y formadas, son poderosos, muy bien elaborados y capaz de lograr sus objetivos en el teatro de operaciones más importante de esta guerra en este momento histórico: nuestras mentes.

Nos toca protegernos cada vez más de esta modalidad de agresión, es nuestra responsabilidad como LAUICOM aportar elementos para hacer frente a la guerra cognitiva, por lo que en esta oportunidad abordaremos un aspecto primordial: consultar fuentes confiables.

Consultar fuentes confiables y verificadas es el primer mecanismo efectivo para mantenernos bien informados y desmontar la desinformación y manipulación.

Estas fuentes no sólo hacen el trabajo de verificar o validar la información, sino que te aportan, según el caso, elementos cognitivos para abordar críticamente los contenidos presentados.

Lo que no digan estas fuentes son probables Fake News. No reenvíes mensajes que no provengan de fuentes confiables y verificadas.

Ahora bien, ustedes se preguntarán: ¿Cuáles son esas fuentes? ¿Cómo accedo a ellas?.

Debemos ir construyendo ese listado de fuentes confiables en las diversas plataformas (Telegram, Instagram, TikTok, Facebook, Sitios Web, etc). Una pequeña muestra de estas fuentes en la plataforma TELEGRAM es el siguiente listado. Les invitamos a usarlas.

NombreEnlace
Lauicom Canal Informativot.me/lauicom1
Info PSUV Internacionalt.me/InfoPSUVInternacional
Con el Mazo Dandot.me/mazo4f
Misión Verdadt.me/misionverdad
Sin Truco ni Mañat.me/Sintruconimana
Hispan TVt.me/HispanTVcanal
Cuatro Ft.me/cuatrofweb
VTV Canal8t.me/vtv_canal8
Noticias Telesurt.me/telesurve
teleSURtvt.me/teleSUR_tv
RT en Españolt.me/rss2tg_actualidadrt
Claramentet.me/ClaraMenteVzla

Las y los usuarios de la red social X, no deben dejar de consultar Miraflores al Momento por @AlMomento_M

¿Y usted qué opina? ¿Ya hizo su lista de fuentes confiables y verificadas en la plataforma que más usa?

IMG-20260204-WA0198-780x470

Análisis/ Pedro Penso alerta sobre la guerra que se libra en la mente de los pueblos

La guerra cognitiva ya no se libra en campos visibles, ni con armamento convencional, sino en la mente humana. Así lo explicó el profesor de La Universidad Internacional de las Comunicaciones, Pedro Penso, durante una entrevista concedida a la periodista y presidenta de Radio del Sur, Nieves Valdez, en el programa Pulso Geopolítico, transmitido por el Sistema Radio Nacional de Venezuela y retransmitido por La Radio del Sur.

Penso afirmó que esta modalidad de confrontación no es nueva en su esencia, pero sí inédita en su alcance, al desplazar el campo de batalla hacia la psique individual y colectiva.

“La guerra cognitiva es inédita porque por primera vez trasciende los dominios tradicionales y se desarrolla en la psique humana, en la psique de los colectivos”, sostuvo.

DEL ENGAÑO CLÁSICO AL DOMINIO DE LA MENTE

El académico recordó que hace más de 2.500 años Sun Tzu ya advertía que la guerra se basa es el engaño y que vencer al enemigo implica derrotarlo primero en el plano moral. Sin embargo, señaló que hoy ese principio se expresa de manera distinta, ya que no se observan tanques ni fusiles, sino dispositivos cotidianos convertidos en armas simbólicas.

“No vemos armas, no vemos tiros, pero escuchamos los celulares y vemos los videos”, indicó, al advertir que herramientas aparentemente inofensivas se han convertido en instrumentos de alto impacto para esta confrontación.

En ese sentido, explicó que la guerra cognitiva busca imponer un sentido común funcional a las relaciones de dominación, normalizando la explotación y el sometimiento entre naciones.

“Te crean una ilusión de que tu explotación es normal, de que tu sometimiento es normal”, afirmó.

CORPOROTOCRACIA, PERCEPCIONES Y MANIPULACIÓN

Penso sostuvo que el mundo actual está regido por una corporatocracia global, donde el capital financiero impone agendas por encima de la soberanía de los Estados.

Trump solamente es un instrumento de las grandes corporaciones del capital financiero”, expresó, al señalar que el poder real no reside en figuras visibles, sino en estructuras económicas transnacionales.

Asimismo, advirtió que la disputa contemporánea privilegia la manipulación emocional por encima del razonamiento crítico, instalando percepciones artificiales de la realidad.

“Te venden percepciones de la realidad, aunque esas percepciones sean solamente ilusiones”, dijo, al referirse al uso sistemático de noticias falsas y estrategias de propaganda.

En ese proceso, explicó, se construye una posverdad que diluye la noción misma de realidad objetiva.

“Te venden la idea de que cada quien tiene su verdad y que no hay una verdad”, alertó.

IDENTIDAD, VOLUNTAD Y RESISTENCIA HISTÓRICA

El profesor subrayó que uno de los principales objetivos de la guerra cognitiva es bloquear la voluntad colectiva, afectando el sistema simbólico que construye identidad y capacidad de lucha.

“La guerra cognitiva ataca el sistema de representación simbólica que nos crea identidad”, señaló, al explicar que sin voluntad racional se imponen respuestas automáticas basadas en el miedo, el odio o la culpa.

Sin embargo, recordó que Venezuela posee una memoria histórica de resistencia que dificulta ese objetivo.

“Este es un país que no tiene 26 años luchando, este es un país que tiene 500 años de resistencia”, afirmó.

En ese contexto, reivindicó la herencia bolivariana como un factor central de cohesión y lucha.

“Nosotros somos hijos de Bolívar”, expresó, al destacar que sus principios siguen vigentes como proyecto contrahegemónico.

ZONA GRIS Y DESLEGITIMACIÓN DEL ESTADO

Penso explicó que la confrontación actual se desarrolla en lo que denominó una “zona gris”, ubicada entre la paz negativa y la guerra abierta, donde el enemigo no siempre es identificable.

Una de las primeras fases de esta estrategia, precisó, es la construcción de una narrativa descalificadora contra el Estado venezolano.

“Se trató de instalar la idea de un Estado fallido y luego de un Estado forajido”, indicó.

Afirmó que estas narrativas fueron dirigidas principalmente al ámbito internacional, con el objetivo de aislar política y diplomáticamente al país, lo que dio paso a estrategias de interferencia más profundas.

ECONOMÍA, BLOQUEO Y AGRESIÓN ESTRUCTURAL

Entre esas estrategias, Penso destacó la guerra económica como una de las más agresivas, al identificar y atacar las principales vulnerabilidades del país.

“Decidieron atacar lo que nunca se habían atrevido a atacar, que era la industria petrolera”, afirmó.

Recordó que, tras la declaración de Venezuela como “amenaza inusual y extraordinaria”, se desarrolló un plan para desestabilizar la economía nacional, generando pérdidas millonarias y afectando directamente la vida cotidiana.

“Se perdieron 40 mil millones de dólares”, señaló, al tiempo que denunció el impacto específico sobre mujeres y familias venezolanas.

Pese a ello, destacó que el país logró resistir mediante políticas como la Ley Antibloqueo y la diversificación de mercados. “Este país no se rindió y no se va a rendir”, afirmó.

MOVILIZACIÓN CIVIL Y MILITAR COMO OBJETIVOS

Finalmente, Penso indicó que la confrontación en zona gris incluye intentos de movilización civil y militar para generar rupturas internas.

Explicó que las acciones de calle, las guarimbas y la presión sobre la Fuerza Armada buscan fracturar la fusión cívico-militar.

“Ellos jamás han logrado despejar la variable militar de la ecuación de poder”, concluyó.

Fuente: T/LRDS

IMG_20260130_105005_507

Satanización de los zurdos

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

Para la satanización de los “zurdos”, opera una tecnología simbólica del poder burgués que antecede y acompaña a las formas materiales de la persecución política en democracias burguesas formales. No se trata de un insulto ocasional ni de una exageración retórica; es una matriz semiótica que organiza percepciones, jerarquiza cuerpos y clausura sentidos antes de que el debate comience. “Zurdo” deja de nombrar una posición ideológica para convertirse en una figura del mal, un significante flotante al que se adhieren rasgos de peligrosidad, irracionalidad, parasitismo o traición. Esa operación no busca refutar argumentos, sino desactivar sujetos; no persuade, incapacita. Desde la ciencia filosófica, esta práctica revela una economía del signo donde el lenguaje no describe la realidad, sino que la produce como campo de exclusión.

Esa descalificación ideológica funciona mediante una reducción ontológica; el adversario es rebajado a esencia negativa. La complejidad histórica de las izquierdas —sus debates internos, sus errores, sus logros, sus mutaciones— es borrada en favor de una caricatura estable y repetible. La repetición es clave; al reiterarse en medios, redes, discursos oficiales y conversaciones cotidianas, el estereotipo adquiere apariencia de evidencia. La semiosis se naturaliza. Así, la crítica se vuelve sospechosa, la protesta se vuelve delito moral, la disidencia se vuelve patología. El “zurdo” no discute, infecta. No propone, conspira. No demanda derechos, amenaza el orden. Esta gramática del miedo no necesita pruebas; se sostiene en la afectividad negativa que moviliza.

En términos filosóficos, estamos ante una operación de despolitización por vía de hipermoralización. La política, entendida como conflicto de proyectos y distribución del poder, es sustituida por un drama ético simplificado donde hay salvadores y demonios. La democracia, en lugar de administrar el disenso, lo expulsa simbólicamente. El consenso se fabrica no por acuerdo racional, sino por expulsión del otro. La sanción comienza en el lenguaje, ridiculización, estigmatización, silenciamiento. Luego se traduce en prácticas institucionales, vigilancia selectiva, criminalización de la protesta, judicialización de la militancia, precarización laboral ideológicamente orientada, censura indirecta mediante algoritmos o pauta. Todo ello puede coexistir con elecciones periódicas y retórica republicana, porque la forma democrática no garantiza por sí misma la sustancia democrática.

Su narrativa de la satanización suele apoyarse en una metafísica del mercado presentada como naturaleza. Quien cuestiona esa “naturaleza” es acusado de anticientífico, resentido o autoritario. Aquí la ciencia es instrumentalizada como fetiche, se invoca para clausurar, no para investigar. La filosofía, por el contrario, recuerda que no hay orden social sin decisiones históricas ni economía sin valores. El intento de expulsar a las izquierdas del campo de lo decible revela el miedo a la politicidad de lo social. Cuando todo se presenta como técnico, el conflicto reaparece como demonio. La figura del “zurdo” concentra ese retorno de lo reprimido.

Durante siglos ser zurdo, en el sentido del uso de la mano izquierda, estuvo cargado de prejuicios y supersticiones. En muchas culturas occidentales, la mano izquierda se asociaba con lo impuro, lo torcido o incluso lo demoníaco (no por nada “sinister” viene del latín sinistra, izquierda). A los niños zurdos se les forzaba a escribir con la derecha —a veces con castigos físicos o humillaciones— porque se veía como algo que había que “corregir”. Eso dejó secuelas reales, problemas de aprendizaje, tartamudez, ansiedad… todo por no encajar en una norma arbitraria.

Y es interesante cómo se repite el patrón: lo diferente se convierte en sospechoso. Pasó con los zurdos, con ciertas formas de pensar, con identidades, con prácticas culturales. Hoy lo vemos más claro y nos parece absurdo, pero en su momento era “sentido común”. Con todo eso, muchísimos artistas, científicos y líderes históricos eran zurdos. Al final, la realidad terminó desmintiendo al prejuicio. Y lo “curioso”: los zurdos son sólo el 10% de la población, pero están sobrerrepresentados en áreas creativas y estratégicas. Muchos estudios lo relacionan con una mayor comunicación entre hemisferios cerebrales (aunque no es magia, claro).

Desde una semiótica crítica, la persecución política no comienza con el golpe ni con la cárcel, sino con la metáfora. El “virus”, el “cáncer”, la “plaga”, el “enemigo interno” son imágenes que preparan el terreno para la excepción. La excepción, una vez instalada, se normaliza. Se tolera la censura “por seguridad”, la represión “por orden”, la desigualdad “por mérito”. La sanción democrática se vuelve paradójica; se castiga en nombre de la libertad. La ley se aplica selectivamente mientras se proclama neutral. El pluralismo se celebra en abstracto mientras se castiga en concreto.

¿Existen sanciones a estas prácticas en democracia? Formalmente, sí, constituciones, tratados de derechos humanos, jurisprudencia sobre libertad de expresión, asociación y protesta. Materialmente, son frágiles cuando el clima simbólico legitima la exclusión. La eficacia normativa depende de la correlación cultural de fuerzas. Si la semiosis dominante convierte al disidente en amenaza, la sanción jurídica se diluye o llega tarde. Por eso la lucha no es sólo legal, sino cultural: disputar el sentido, reabrir la escena del lenguaje, devolver complejidad a lo simplificado. La inteligencia crítica no responde con espejo ni insulto, sino con desmontaje, mostrar cómo opera la máquina, quién gana con ella, qué miedos administra, qué futuros cancela.

Y la ciencia filosófica aporta aquí un método: historizar lo naturalizado, analizar los dispositivos, interrogar los afectos políticos. No para ocupar un pedestal moral, sino para restituir la política como espacio de conflicto legítimo. La democracia no se defiende persiguiendo ideas, sino garantizando condiciones de igualdad para que se enfrenten sin aniquilarse. Cuando una sociedad tolera la satanización del “zurdo”, ensaya una pedagogía de la obediencia que mañana puede girar contra cualquier otro. La descalificación no es un accidente; es un ensayo general de la persecución. Resistirla exige una ética del lenguaje y una política del sentido: nombrar sin demonizar, criticar sin borrar, disputar sin exterminar. Sólo así la democracia deja de ser un decorado y vuelve a ser una práctica viva.

IMG_20260129_094814_082

La lucha de clases en el desarrollo del pensamiento

Por: Dr. Fernando Buen Abad

Pensar cuesta tiempo, energía, acceso a fuentes diversas y entrenamiento en la duda, recursos que el orden dominante distribuye de manera desigual e injusta. La clase trabajadora, precarizada y urgida por la supervivencia, es empujada a una relación utilitaria con la información, mientras las élites burguesas se reservan la reflexión estratégica. La guerra cognitiva profundiza esta brecha al convertir el “entretenimiento” en mercancía o política pública y la confusión en método de gobierno.

Su guerra cognitiva no se libra solamente con tanques o con misiles visibles, especialmente se despliega con signosnarrativasestímulos y silencios estratégicos que disputan el control de la atención, del sentido y de la capacidad misma de pensar. Su consecuencia más profunda es la desigualdad cognitiva, una fractura estructural en el acceso, la producción y el ejercicio del pensamiento crítico. No se trata sólo de diferencias educativas o tecnológicas, sino de una arquitectura de poder que organiza quién puede comprender, interpretar, decidir y transformar la realidad, y quién queda reducido a consumir versiones prefabricadas del mundo. En este terreno, la lucha de clases se desplaza al plano simbólico sin abandonar su raíz material, pues la dominación económica necesita hoy colonizar también la conciencia para reproducirse con mayor eficacia y menor resistencia.

Toda la desigualdad cognitiva se expresa como una distribución asimétrica de herramientas mentales. Mientras unos sectores acceden a lenguajes complejosformación crítica, tiempo para reflexionar y espacios de producción simbólica, otros son saturados por flujos de información fragmentada, emotiva y superficial que inhibe la comprensión estructural. No es ignorancia espontánea, sino ignorancia inducida, administrada y rentable. La guerra cognitiva opera aquí como una pedagogía invertida: enseña a no pensar, a reaccionar antes que analizar, a creer antes que verificar. Así, el pensamiento se vuelve un privilegio de clase, y la capacidad de nombrar el mundo queda secuestrada por quienes controlan los aparatos de comunicacióneducación y legitimación cultural.

En este escenario, el desarrollo del pensamiento no es un proceso neutral ni puramente individual. Está atravesado por condiciones históricaseconómicas y políticas que moldean las posibilidades cognitivas de cada sujeto. La lucha de clases en el plano del pensamiento se manifiesta en la disputa por el sentido común. Lo que una sociedad considera “normal”, “inevitable” o “natural” no surge de la nada, sino de una intensa labor de modelado simbólico. La guerra cognitiva busca naturalizar la desigualdad, presentar la competencia como virtud universal y deslegitimar toda explicación estructural de la injusticia. Al hacerlo, desarma cognitivamente a las mayorías, fragmenta su capacidad de organización y debilita la imaginación política. Pensar colectivamente se vuelve sospechoso, mientras el individualismo es exaltado como horizonte único de realización.

Y la tecnología, lejos de ser neutral, juega un papel central en esta confrontación. Plataformas diseñadas para maximizar la atención y el consumo emocional reconfiguran los hábitos mentales, acortan los tiempos de concentración y favorecen la polarización superficial. La desigualdad cognitiva se amplía cuando el acceso a la tecnología no implica acceso al conocimiento, sino dependencia de algoritmos opacos que jerarquizan contenidos según intereses comerciales y geopolíticos. Así, la guerra cognitiva convierte la conectividad en un campo minado donde la información abunda, pero el sentido escasea, y donde la sobreexposición termina produciendo una nueva forma de analfabetismo crítico.

En este contexto, la educación se vuelve un territorio decisivo de la lucha de clases. No basta con escolarizar, sino que importa qué tipo de pensamiento se promueve. Una educación reducida a competencias instrumentales prepara mano de obra dócil, no sujetos críticos. La guerra cognitiva presiona para vaciar los contenidos emancipadores, deshistorizar los saberes y convertir el aprendizaje en adiestramiento. Frente a ello, la desigualdad cognitiva se reproduce cuando se priva a las mayorías de una formación que articule teoría y praxis, memoria y proyecto, análisis y acción transformadora.

Especialmente la colonización del lenguaje es otro frente crucial. Quien controla las palabras controla los marcos de interpretación. La guerra cognitiva redefine términos, banaliza conceptos y estigmatiza ideas que cuestionan el orden vigente. Palabras como justiciaigualdad o soberanía son vaciadas o caricaturizadas, mientras se imponen eufemismos que encubren la explotación. Esta manipulación lingüística profundiza la desigualdad cognitiva al dificultar que los oprimidos nombren su propia experiencia. Sin palabras propias, el pensamiento se vuelve rehén de categorías ajenas y la conciencia crítica se debilita.

Sin embargo, la lucha de clases en el desarrollo del pensamiento no está cerrada. Allí donde hay dominación cognitiva, también hay resistencia. Las prácticas de educación popular, la comunicación comunitaria, la producción cultural alternativa y la organización colectiva disputan el sentido y reconstruyen capacidades críticas. Pensar juntos, desde la experiencia compartida, rompe el aislamiento que la guerra cognitiva impone. La conciencia no se despierta por iluminación individual, sino por procesos colectivos que rearticulan saberes, emociones y acción política.

Superar de la desigualdad cognitiva exige reconocer que el pensamiento es un derecho social y un campo de batalla. Democratizar el conocimiento implica redistribuir no solo recursos materiales, sino también tiempoacceso y poder simbólico. Implica cuestionar los monopolios de la información, defender una educación crítica y promover una cultura que valore la complejidad frente a la simplificación interesada. La guerra cognitiva teme al pensamiento organizado porque sabe que una conciencia capaz de comprender las causas profundas de la desigualdad es también capaz de transformarla.

Es de importancia crucial tener en consideración que la lucha de clases en el desarrollo del pensamiento define el horizonte histórico de una sociedad y en la conciencia de su identidad. O se consolida un orden donde pocos piensan y muchos obedecen, o se construye un proyecto donde el pensamiento crítico sea una práctica colectiva, emancipadora y materialmente sostenida. La desigualdad cognitiva no es un destino, sino una estrategia del poder. Desactivarla requiere asumir que pensar es un acto político y que la emancipación comienza cuando las mayorías recuperan la capacidad de interpretar el mundo con sus propias herramientas para, finalmente, cambiarlo.

Fuente: Almaplus.Tv

Captura de pantalla 2026-01-21 092738

¿Qué hay de nuevo, Davos?

Fernando Buen Abad Domínguez*

Davos es un ritual anual de apareamiento simbólico (y no sólo) entre capitales, Estados y corporaciones. Davos, y su reunión de jerarcas del Foro Económico Mundial (WEF), del 19 al 23 de enero de 2026, no empieza con sus discursos, sino con su escenografía, un valle alpino pulcro, blindado, nevado, donde el frío funciona como metáfora de la distancia social y moral entre quienes deciden y quienes padecen. Davos es un signo antes que ser un evento. Un signo que se repite cada año para reafirmar una idea central del capitalismo tardío: el mundo está en crisis, pero la crisis se administra mejor desde salones calefaccionados, con credenciales colgadas al cuello y un lenguaje que simula preocupación mientras protege intereses. Hablar de Davos es leer un texto cargado de símbolos hegemónicos, silencios y gestos calculados, donde el significado nunca coincide del todo con lo que se dice. El lema de este año es “A spirit of dialogue” (Un espíritu de diálogo) y su plan es fomentar cooperación y conversaciones francas en un mundo cada vez más dividido. 

Será un “encuentro al borde del abismo” y no es una fórmula retórica. El abismo aparece como un fenómeno natural, casi geológico, no como el resultado histórico de políticas extractivas, jugosas guerras planificadas, saqueos financieros y devastaciones sociales. Nadie en Davos dice “nosotros cavamos este abismo”. Se dice “el mundo enfrenta riesgos”, “la humanidad vive tensiones”, “la incertidumbre crece”. El sujeto se diluye, la responsabilidad se evapora, el sistema queda intacto. Su escenografía opera como anestesia, sus palabras adormecen al público, sus conceptos desactivan el conflicto de clase, sus narrativas convierten la catástrofe del capitalismo en un problema técnico de gestión. 

Un número nutrido de comerciantes de guerras no llegará con botas ni fusiles, llegará con trajes oscuros y powerpoints. Hablarán de “seguridad”, “estabilidad regional”, “reconstrucción”, “industria de defensa”. Cada palabra como eufemismo cuidadosamente pulido para ocultar la sangre detrás del balance. Las guerras, vistas en Davos, no son una tragedia, sino una oportunidad de inversión. Un mercado emergente. Hablarán de contratos, innovación tecnológica, alianzas estratégicas. La semiótica bélica del foro transforma la muerte en externalidad, y la destrucción, en indicador de crecimiento. 

Estarán los engañadores mediáticos seriales. Son los intérpretes oficiales del sentido. Traducen el cinismo en optimismo, la codicia en liderazgo, el saqueo en reforma. Presentan a Davos como un espacio plural, diverso, dialogante, cuando en realidad es un coro afinado en torno a una partitura única: la continuidad del orden existente. El pluralismo es escenográfico. La semiótica mediática de Davos consiste en mostrar debate donde hay consenso estructural, y diversidad donde hay homogeneidad ideológica. 

Irán los buitres financieros que siempre sobrevuelan el foro como aves sagradas del capital. No necesitan hablar mucho; su lenguaje es el movimiento invisible de los mercados, las expectativas, las calificaciones de riesgo. Allí se negocian futuros que no les pertenecen a quienes los van a vivir. Países enteros aparecen reducidos a gráficos, poblaciones convertidas en variables, derechos transformados en costos. El abismo, para ellos, no es un peligro, sino una ventaja competitiva; cuanto más profunda la crisis, más barata la oportunidad. 

Davos funciona como un gran dispositivo de legitimación. No produce decisiones vinculantes, pero produce sentido. Y el sentido es poder. Define qué es un problema y qué no, qué es urgente y qué puede esperar, quién habla con autoridad y quién queda fuera del encuadre. La pobreza se discute, pero nunca como consecuencia necesaria de la riqueza concentrada. La desigualdad preocupa, pero no lo suficiente como para alterar la estructura que la reproduce. Todo se dice en un lenguaje que simula autocrítica, sin tocar el núcleo del sistema. 

Su “espíritu de diálogo”, otro ejercicio de signos amenazantes. ¿Diálogo entre quiénes? No dialogan los pueblos con quienes deciden sobre sus recursos. Dialogan élites entre sí, negociando matices, no fundamentos. Es un diálogo endogámico, autorreferencial. La semiótica del diálogo en Davos es profundamente antidemocrática porque confunde conversación entre poderosos con deliberación colectiva. ¿Qué esperar entonces de este encuentro al borde del abismo? No soluciones estructurales, sino relatos tranquilizadores. No justicia, sino filantropía cosmética. Davos no es el lugar donde se evita el abismo, es el lugar donde se aprende a convivir con él, a administrarlo, a sacarle provecho sin caer dentro. Es la sala de control simbólico de un sistema que sabe que está en crisis, pero no está dispuesto a dejar de ser lo que es. 

Davos, leído críticamente, se convierte en evidencia. Muestra con claridad obscena la desconexión entre el poder global y la vida de los pueblos. Exhibe la obscenidad de un mundo donde quienes hablan de salvar el planeta llegan en jets privados, quienes hablan de paz invierten en armas, quienes hablan de igualdad acumulan fortunas inimaginables. Una de las batallas centrales es semiótica: quién nombra el mundo, con qué palabras, para beneficio de quién. Davos es una fábrica de nombres falsos. Llaman “crisis” a lo que es saqueo, “riesgo” a lo que es injusticia planificada, “futuro” a lo que es repetición ampliada del desastre. 

Mientras los comerciantes de guerras, los engañadores mediáticos y los buitres financieros sigan monopolizando el sentido, el mundo seguirá al borde, no por fatalidad, sino por diseño. Lo peligroso no es Davos en sí, sino la naturalización de su narrativa como si fuera la única posible. Frente a eso, la semiótica crítica no es un lujo académico, es una herramienta de supervivencia simbólica. Porque quien controla el significado, controla el rumbo. Y Davos lo sabe. 

*Doctor en filosofía 

Conciencia fragmentada

Conciencia fragmentada y post-verdad: Ouspensky en la Venezuela de hoy

Luis Delgado Arria*

La subjetividad venezolana y la disolución postmoderna del «yo»

Podía sentir mi falta de talento como si fuera ropa barata que llevo puesta. Pero, ¡Dios mío, cómo quería aprender! ¡Para cambiar, para mejorar! No quería nada más. Ni hombres, ni dinero, ni amor, sino la habilidad para actuar.

Marilyn Monroe

En la coyuntura actual de Venezuela, marcada a fuego por incalculables eventos traumáticos tales como conatos de asonadas y golpes de Estado, hiperinflación, conspiraciones, bloqueos, invasiones, bombardeos, y en las últimas semanas, operaciones especiales con dolorosos saldos letales y el impacto político y simbólico del secuestro de nuestro presidente Nicolás Maduro Moros y de la primera combatiente Cilia Flores, la psique del ciudadano medio nos parece que ha entrado en lo que el periodista, matemático y epistemólogo ruso P. D. Ouspensky[1] definía ya a mediados del siglo XX como un “estado de identificación total”.

Según Ouspensky (1949/2005), la identificación total es un estado en que el ser humano «se pierde a sí mismo de lo que está sintiendo, de lo que está pensando y de lo que está haciendo» (p. 156). En este sentido, la subjetividad política venezolana hoy en lo absoluto se nos aparece como un campo homogéneo y macizo. Convendría más bien definirla como un campo de batalla entre muchos «yoes» e imaginarios sociales diversos y hasta neuróticamente confrontados. Creemos que las sucesivas capas de trauma acumuladas en la subjetividad de los venezolanos de a pie, tras dos décadas de asedio y más de una década de abiertas acciones de guerra imperialista que han incluido guerra política y diplomática, económica y financiera, comercial e industrial, eléctrica y cibernética, mediática y cultural, el robo de nuestros principales activos estratégicos (Citgo, Monómeros, y cuentas bancarias en Europa y Estados Unidos), la congelación de nuestras reservas monetarias internacionales y las mal llamadas “sanciones económicas y financieras” a cuyo INRI debemos sumar infinidad operaciones políticas y psicológicas de signo claramente terrorista e intencionalidad destituyente.

A toda esta embestida sumariamente descrita se le suma hoy un nuevo crimen de agresión internacional tras el cerco naval, la cuarentena naval contra la industria petrolera, el bombardeo de cuatro estados ―incluyendo la capital― y lo que las fuerzas especiales occidentales eufemísticamente llaman “operación de decapitación y de extracción” y ulterior juicio espurio del presidente de la República y de la Primera Combatiente ante tribunales estadounidenses sin competencia nacional o internacional para juzgarlos.

La guerra irrestricta contra Venezuela ha buscado afectar y traumar el núcleo civilizatorio/ cultural/ espiritual, de nuestra venezolanidad. Ello a objeto de reprimir toda posibilidad de producir un tránsito hacia un socialismo a la venezolana, bloqueándonos asimismo la posibilidad de elaborar un examen lógico/ racional del fenómeno. Cuando observamos un deepfake sobre una figura de autoridad o una imagen de violencia extrema como un bombardeo, un asalto al bunker presidencial o llamas ardiendo en una instalación militar o una casa de familia bombardeada, en lo absoluto procesamos esa información; esa información nos posee, nos toma. El prominente psicólogo austriaco Carl Jung (1875-1961) solía afirmar que “no tenemos un complejo; el complejo nos tiene a nosotros” (Jung, 1964, p. 86). En contextos traumáticos extremos y prolongados la subjetividad se torna mecánica y nuestras respuestas, predeciblemente reptilianas. Nuestra corporalidad viviente deviene una suerte de resorte que salta irreflexivamente ante cada estímulo de terror o de esperanza proyectados en las pantallas de nuestros televisores, tabletas o celulares.[2]

Sesgos de la guerra cognitiva: los resortes de la máquina

La efectividad de la guerra cognitiva contra Venezuela en buena medida radica en su capacidad para inocular y explotar las leyes de la mecanicidad biológica humana descritas por Ouspensky. Contra la población venezolana ha sido desplegado un arsenal de sesgos cognitivos, incluyendo disonancias cognitivas, distorsiones cognitivas y distorsiones ideológicas que en definitiva buscan que actuemos como «resortes» psicológicos. Entre estos automatismos neurobiológicos destacamos para el presente caso los siguientes tres:

El sesgo de confirmación y la mentira orgánica:

Ouspensky (1950) sostenía que «el ser humano siempre miente; no puede decir la verdad porque no sabe que no sabe» (p. 42). En la crisis venezolana, este sesgo actúa como una verdad incuestionable. El ciudadano medio, desesperado por imprimir coherencia a su vida en medio de fuertes y prolongadas privaciones materiales y ansiedad, inflación y deflación, rumores y recelo, infamias y noticias en cascada, estruendos e imágenes de bombardeos, tiende casi naturalmente a aceptar como verdad absoluta todo deepfake que confirme su sesgo cognitivo previo. Si el video falso muestra a un «adversario» cometiendo una atrocidad, su automatismo biológico lo valida instantáneamente a fin de proteger su precarizada adscripción comunitaria, política o ideológica. Esta es la raíz de no pocos conflictos que han devenido armados; y la leña que ha terminado alimentando trágicas guerras fratricidas como vimos en Ruanda y más recientemente, en Ucrania.

La heurística de disponibilidad y estrechez de conciencia: Puesto ante un ecosistema cultural, informativo y comunicacional enrarecido, con versiones antitéticas y en extremo alarmantes, la mente humana neuro cognitivamente se tiende a aferrar a la información más reciente y más emocionalmente cargada. Un video de 30 segundos de una operación especial tipo swat,[3] al estilo de las mercadeadas durante décadas por Hollywood, aunque sea trucado, suele colonizar toda nuestra conciencia. Ouspensky llamaba a esto la «estrechez de la conciencia de vigilia» (Ouspensky, 1949/2005, pp. 154-157), una distorsión en que el individuo solo alcanza a ver un punto a la vez, dejando de lado el contexto, encegueciéndolo así ante total posibilidad de manipulación. Representaciones contrapuestas y maniqueas de este tipo las vimos, casi en tiempo real, con posiciones favorables a un lado y al otro durante la operación de invasión perpetrada este pasado 03 de enero. Videos animados con IA fueron parte así de la guerra de posiciones que enfrentamos.

El efecto de arrastre (mecanicidad colectiva)

La autoridad discursiva que hoy imponen las redes sociales y el terror inducido anulan la voluntad individual. Ouspensky explicaba que los sujetos cuando devienen individuos/ masa se transforman en una suerte de «máquinas que chocan entre sí» (Ouspensky, 1949/2005, p. 162). El sentimiento de urgencia provocado por el secuestro del Primer Mandatario desencadena una respuesta de enjambre en que el individuo deja de ser un observador crítico para convertirse en parte de un automatismo casi ciego, en extremo propicio para el pensamiento y el comportamiento de rebaño favoreciendo así situaciones que pueden devenir en caos social.

Deepfakes, deshumanización y la senda a la guerra civil El despliegue de un mar de fake news y de deepfakes de signo geopolítico imperialista, en este contexto, no busca simplemente engañar, sino producir una ruptura cognitivo epistemológica terminante. Al fabricar evidencias de desamparo y orfandad, sufrimiento y rendición, delitos de lesa humanidad y desolación, traición o ajusticiamientos extrajudiciales, tales operaciones psicológico digitales asaltan la inteligencia y la memoria histórica con que el sujeto construye su realidad singular y su filiación ideológico política y civilizatoria.

Si el ciudadano ya no puede confiar en lo que ve o escucha, su psique se retrae instintivamente hacia el temor, el miedo, el resentimiento, el recelo, el odio y todos los automatismos biológicos más primarios como atacar, huir o paralizarse. Ouspensky (1931/2012) advertía en Tertium Organum que nuestra percepción del espacio y de la realidad depende de nuestra estructura de conciencia. Al alterarse la realidad percibida producto de una catarata de representaciones truculentas, trucadas o simulaciones de IA, se puede alterar y hasta traumatizar gravemente la eticidad, la moralidad y la politicidad del sujeto. El «otro» deja de ser un compatriota para convertirse en un objeto que debe ser despreciado, perseguido y hasta eliminado, abonando así el terreno para la guerra civil y para la naturalización del fascismo. El caos social es, por tanto, el resultado de miles de «máquinas humanas» reaccionando irreflexivamente a estímulos falsos o manipulados sin el freno del recuerdo humano de sí, del prójimo y de la comunidad familiar, nacional o continental de filiación histórica.

La resistencia desde la conciencia

La utilidad del pensamiento de Ouspensky para la Venezuela de hoy es a la vez de carácter defensivo y liberador. El estudio de la conciencia nos permite entender que siempre que actuemos hipnotizados por una narrativa gris, un fake news o un deepfake, seguimos siendo una suerte de peones en el gran tablero una guerra cognitiva imperialista occidental que tiene una inconfesable intencionalidad geopolítica (Ouspensky, 1949/2005, pp. 200-220). La única salida al caos social y al suicidio civilizatorio es la transición del sueño despierto de que hablaba Ouspensky a la auto observación y al debate crítico. Solo el pueblo que logra «recordarse a sí mismo y a su comunidad ancestral entrañable» en medio del bombardeo informativo o misilístico puede discernir entre la simulación algorítmica y la verdad histórica y humana.

La operación Resolución Absoluta

Pero hoy hemos sido convocados a repensar juntos la guerra cognitiva en este particular momento de invasión cinética e invasión también, neurocognitiva contra Venezuela. La guerra cinética militar promovida por Donald Trump contra Venezuela fue precedida de una vasta operación psicológica que buscaba lograr la rendición y huida al exterior de la vanguardia política y militar de la revolución bolivariana. No sería exagerado decir entonces que el primer misil de esta operación de decapitación a gran escala fue de orden narrativo/ cognitivo. Diversos voceros del gobierno de Estados Unidos, de los medios de comunicación social y de las mal llamadas “redes sociales” zurcieron una incesante y truculenta campaña de extorsión geopolítica[4] que incluyó amenazas simbólicas, físicas y ultimátum legales y militares. La coartada inicial fue que Nicolás Maduro era el jefe de una peligrosa banda criminal internacional denominada El cartel de los soles dedicada a envenenar con drogas de gran poder letal al pueblo estadounidense. Más tarde se alegó que Nicolás Maduro dirigía una peligrosa banda criminal ya disuelta denominada El Tren de Aragua. Posteriormente Trump personalmente alegó que Nicolás Maduro había estado exportando indeseables criminales y enfermos mentales a Estados Unidos.

Esta línea de vocería política del gobierno estadounidense fue escoltada por la acusación de la extremista defensora de un protectorado sobre Venezuela, María Corina Machado, quien justificó y además llamó a acelerar la invasión del país alegando que el mismo había ya sido previamente invadido por activistas del ELN y de Hezbollah; y que además el 60 % de los hombres venezolanos somos delincuentes y las mujeres, trabajadoras sexuales. Llamamos la atención a esta aparente discordancia de acusaciones porque, tras ser efectivamente secuestrado y trasladado el presidente de Venezuela Nicolás Maduro a tribunales en la ciudad de Nueva York, la acusación inicial fue descaradamente alterada, sorteando cualquier mención a que había sido jefe de un apócrifo Cartel de los Soles que diversos especialistas internacionales incluyendo estadounidenses habían denunciado como una mera charada de la CIA. El carácter ambiguo, cambiante, paradójico, rocambolesco y hasta contradictorio de esta acusación es típico en el discurso de la guerra hoy bautizada como guerra cognitiva. Al modo de la operación de confusión perversa que practica el psicópata contra su víctima a fin de confundirla, aturdirla y volverla loca, la discursividad de la guerra cognitiva es premeditadamente perversa y confusa, verdulera y mutante, ilógica y hasta contradictoria.

Es realmente relevante examinar la naturaleza desconcertante y perversa este tipo de discursividad típico de la guerra cognitiva tardo capitalista pues su utilidad no apunta a victimizar únicamente a la víctima primaria cuanto que constituirse en amenaza latente y deletérea contra todo pueblo o gobierno que ose desafiar los dictámenes del Estado imperialista perpetrador. El lawfare muestra así su carácter antijuridico y siniestro para efectos de ortopedia geopolítica. Todo Estado y todo presidente constitucional debe hoy sopesar que el secuestro de Nicolás Maduro prescribe un nuevo estado de naturaleza o una nueva ley de la selva en el plano internacional. El carácter insólitamente rocambolesco de esta operación hace parte del ADN de la nueva guerra cognitiva. Una guerra cuya amenaza no es meramente retórica o simbólica cuanto que existencial. El secuestro y juicio amañado del presidente Nicolás Maduro busca tomar como rehén a Venezuela, a la revolución bolivariana y por extensión a todo el Mundo Sur.

La operación de decapitación de la vanguardia política y militar no apunta así a un solo país o a un solo mandatario, sino que tiene pretensiones de universalidad; esto es, de aplicabilidad a todo mandatario, vanguardia política o vanguardia epistémica que desafíe los dictámenes del nuevo Leviatán. Pero este prototipo de operación no es del todo nuevo. Ya fue ensayado, con variantes, contra el irreverente Partido Pantera Negra que fue muy activo en Estados Unidos entre las décadas de 1960 y 1970; y a la postre en la isla Grenada y otros contextos espinosos de dominar como ha sido recién el caso del Estado Plurinacional de Bolivia. El antiguo leit motiv romano divide et impera se combina ahora con el de atosiga e impera, enloquece e impera, secuestra e impera, ajusticia a cuanto primer mandatario que te ofrezca resistencia e impera.[5] La operación de inducción al fratricidio de la vanguardia política, militar, policial y popular de la Revolución Bolivariana ya ha sido activada por Donald Trump al declarar que había pactado la capitulación del signo multipolar de Venezuela tras el supuesto éxito quirúrgico de la operación Absolute Resolution.

A modo (táctico) de cierre

Frente este aprieto histórico que se despliega en un mundo cada vez más diverso, multicéntrico y pluripolar debemos traer a colación aquella sensata máxima izada por John Kennedy ante la Asamblea General de la ONU en 1961: “La humanidad debe poner un final a la guerra antes de que la guerra le ponga un final a la humanidad” (Kennedy, 1961, párrafo 12).[6] Menos ampulosa que esta cita es la de Albert Einstein quien afirmó en 1955: “El hombre inventó la bomba atómica, pero ningún ratón en el mundo construiría una trampa para ratones” (Einstein, 1955, p. 1). La estabilidad energética a largo plazo que garantiza hoy Venezuela no solo a China sino al mundo es hoy un factor de envergadura existencial. Como decía Andrei Sakharov: “La guerra nuclear puede resultar de una guerra ordinaria” (Sakharov, 1980, p. 45). Por ello no es una hipérbole afirmar que: ¡Salvar a Nicolás Maduro y a la revolución Bolivariana de Venezuela hoy es salvar al mundo!

Referencias

Delgado Arria, L. (2024). Reimaginar la política hoy. Revista Toparquia. Universidad Internacional de las Comunicaciones. Vol. 3, 34-35.

Einstein, A. (1955). Albert Einstein: A documentary biography (R. Clark, Ed.). Andre Deutsch. (Obra original publicada en 1955)

Jung, C. G. (1964). Civilization in transition (R. F. C. Hull, Trans.). Princeton University Press. (Obra original publicada en 1934) (https://doi.org/10.1515/9781400851085)  

Kennedy, J. F. (1961, 25 de septiembre). Address before the General Assembly of the United Nations. https://www.jfklibrary.org/archives/other-resources/john-f-kennedy-speeches/united-nations-19610925. Outpensky, P. D. (2005). Fragmentos de una enseñanza desconocida (En busca de lo milagroso) (Original de 1949). Ganesha Editorial.

Outpensky, P. D. (1950). La psicología de la posible evolución del hombre. Editorial Kairós.

Ouspensky, P. D. (2012). Tertium organum: El tercer canon del pensamiento, una clave para los enigmas del mundo (Original de 1931). Editorial Kier. (https://www.editorialkier.com.ar/productos/tertium-organum/)Sakharov, A. (1980).



[1] Peter Demianovich Ouspensky (Moscú, 4 de marzo de 1878-Surrey, 2 de octubre de 1947) fue un esoterista y ensayista ruso. Escribió varios tratados y dictó conferencias y seminarios, especialmente sobre la doctrina esotérica de George Gurdjieff.

[2] Delgado Arria, 2024, (p. 35).

[3] S.W.A.T. es una exitosa serie de televisión estadounidense de drama criminal y operaciones especiales, muy vista en América Latina durante las décadas de 1980 y 1990. La serie fue basada en la película del mismo nombre producida en 1975.

[4] Cabe resaltar que, a la luz de la legislación estadounidense vigente, la extorsión constituye un delito federal que contempla penas hasta de 20 años de cárcel.

[5] Una investigación colectiva en torno a la guerra cognitiva contra Venezuela y contra Bolivia y sus efectos en la inducción programada al conflicto social y al odio de clase fue convocada en 2025 por el Celarg, y fue financiada por el Fonacit.

[6] Cita extraída de Civilization in Transition (Vol. 10 de las Collected Works). Discurso disponible en: https://www.jfklibrary.org/archives/other-resources/john-f-kennedy-speeches/united-nations-19610925 Carta abierta publicada en Bulletin of the Atomic Scientists. De My Country and the World.

  • Poeta, ensayista y licenciado en letras (UCV). Magister in Arts (University of Pittsburgh). Doctorante en creación intelectual (UNESR). Catedrático en análisis crítico del discurso, vocería política revolucionaria y comunicación decolonial. Epistemólogo de la guerra cognitiva. Vicerrector de Investigación y Creación Intelectual de LAUICOM.
Captura de pantalla 2026-01-15 160214

Trump y su “fuck you” | No es “fake”, no es “IA”

Fernando Buen Abad Domínguez

Rector Internacional de la UICOM y Director de la Cátedra Sean MacBride

Esto no puede reducirse a un “descuido” de estilo personal ni a una mera desviación del decoro institucional; constituye un fenómeno estructural que revela la forma en que el poder se representa, se impone y se naturaliza en una coyuntura histórica determinada. Cuando un mandatario recurre sistemáticamente a gestos ofensivos, insultos públicos, descalificaciones humillantes y una teatralidad agresiva, no estamos ante un error comunicacional, sino ante una estrategia semiótica consciente o inconsciente que desfigura el vínculo entre gobernante y gobernados. La obscenidad, en este contexto, opera como un signo de dominación que busca erosionar el pacto simbólico entre autoridad y pueblo, sustituyendo la legitimidad ética por la dictadura de la imposición emocional, el escándalo permanente y la violencia discursiva. El cuerpo del mandatario, su voz, su gesto, su mímica y su léxico se convierten en dispositivos de poder que comunican desprecio, superioridad y amenaza, produciendo una semiosis donde la ofensa no es un exceso, sino el personaje mismo.

Desde una perspectiva filosófico-crítica, esta obscenidad política puede leerse como una forma de cinismo del poder, en el que la negación de la dignidad del otro se transforma en espectáculo. El insulto deja de ser una anomalía para convertirse en una disfunción de gobierno, deshumanizar al adversario, ridiculizar al diferente, estigmatizar al débil y exhibir impunidad frente a las normas que rigen la convivencia democrática. En este marco, la obscenidad funciona como una pedagogía autoritaria que enseña a la sociedad que el poder puede hablar sin límites, que la violencia simbólica es aceptable si proviene de arriba y que el respeto ya no es una condición del mando, sino una debilidad. La semiótica del insulto produce una reorganización del campo político, desplaza el debate racional, degrada el lenguaje público y normaliza la agresión como forma legítima de intervención en lo social.

Este gesto obsceno, entre muchos otros, del mandatario no interpela a la ciudadanía como sujeto político, sino como masa emocional a ser provocada, dividida y movilizada por impulsos primarios. Ese gesto “fuck you” no busca convencer, sino someter; no intenta argumentar, sino marcar territorio. Se trata de una semiosis del desprecio, donde el dedo no apunta a la construcción de sentido compartido, sino a la imposición de una jerarquía simbólica. En este esquema, el pueblo es reducido a objeto de burla, sospecha o amenaza, mientras el gobernante se autoerige como figura excepcional, situada por encima de toda norma moral y de todo límite discursivo. La obscenidad se vuelve así un signo de dictadura absoluta, el poder se exhibe precisamente en su capacidad de violar las reglas sin consecuencias.

Esta dinámica revela una profunda regresión del espacio público, donde la gestualidad deja de ser un instrumento de mediación social para convertirse en un arma de desprecio. La obscenidad no sólo degrada al receptor del mensaje, sino que corrompe el propio tejido simbólico de la comunidad política. Al repetirse, el insulto presidencial erosiona la frontera entre lo decible y lo indecible, banaliza la violencia verbal y prepara el terreno para formas más explícitas de exclusión y coerción. Nuestra semiótica crítica muestra que no hay neutralidad en estos signos, cada ofensa es un acto político que refuerza estructuras de poder desiguales, legitima prejuicios históricos y reactiva narrativas de supremacía, miedo y odio.

Desde una lectura más radical, puede afirmarse que la obscenidad del mandatario expresa una crisis de representación, incapaz de sostener su autoridad en un proyecto ético o racional, el poder recurre a la provocación obscena como sustituto de legitimidad. El insulto opera como cortina de humo que oculta la ausencia de propuestas transformadoras, mientras captura la atención mediática y mantiene a la sociedad atrapada en una dinámica reactiva. La ofensa se convierte en mercancía simbólica, reproducida hasta el agotamiento por los medios de comunicación, que funcionan como amplificadores acríticos del gesto obsceno. Así, la semiosis del poder se articula en un circuito perverso donde la violencia discursiva se recicla como entretenimiento político.

Esa obscenidad presidencial también cumple una función disciplinaria, envía un mensaje claro a quienes disienten, advirtiendo que la crítica será respondida con humillación pública. Se instaura así un régimen de intimidación simbólica que busca desalentar la participación política consciente y sustituirla por el miedo, la burla o el fanatismo. El lenguaje se degrada hasta convertirse en un instrumento de castigo, y la figura del mandatario encarna una autoridad que no dialoga, sino que agrede. Desde la semiótica del poder, este fenómeno puede entenderse como una forma de violencia simbólica institucionalizada, donde el insulto oficial legitima la reproducción social del desprecio y la exclusión.

En última instancia, la obscenidad del gobernante no es un problema de modales, sino un síntoma de una forma de poder que ha renunciado a la ética pública y ha convertido la comunicación política en un campo de batalla emocional. El signo obsceno revela una concepción del pueblo como enemigo potencial, como masa a ser controlada mediante la provocación y el miedo. Esta semiosis no sólo daña a quienes son directamente ofendidos, sino que empobrece el horizonte democrático en su conjunto, al sustituir el diálogo por el escarnio y la deliberación por el espectáculo. La crítica filosófica y semiótica permite comprender que estas señales obscenas no son anecdóticas, sino estructurales, expresan un modelo de dominación que necesita humillar para gobernar, provocar para existir y ofender para reafirmarse. En esa obscenidad se condensa una verdad incómoda del poder contemporáneo, cuando el lenguaje se vuelve arma y el gesto se vuelve insulto, la política deja de ser un espacio de construcción colectiva y se transforma en un ejercicio de violencia simbólica permanente contra la dignidad del pueblo.

Este mandatario que utiliza gestos, palabras y conductas obscenas frente a la ciudadanía constituye un fenómeno semiótico de múltiples capas, donde lo visible y lo simbólico se entrelazan para generar significados complejos, conflictivos y a menudo polarizadores. En la esfera política, la obscenidad no es simplemente un acto vulgar; es un signo que despliega una narrativa de poder y de legitimación, a la vez que expone tensiones profundas entre lo institucional y lo personal, entre la autoridad formal y la ética del discurso público. Los gestos que ofenden, las expresiones que humillan, las palabras que transgreden convenciones de respeto y decoro se convierten en signos cargados de un contenido ideológico, emocional y social que trasciende su mera forma.

Cada señal, cada gesto, cada insulto se inscribe en un sistema de comunicación donde el cuerpo del mandatario funciona como un texto abierto, interpretable desde múltiples perspectivas. Desde una lectura semiótica, la obscenidad en el liderazgo político no es accidental; es un recurso performativo que articula el poder de manera directa, inmediata y, muchas veces, transgresora, generando un efecto de shock que obliga al espectador a posicionarse. Este tipo de comunicación rompe con la narrativa tradicional de la política como espacio de moderación y racionalidad, introduciendo la emoción cruda, la confrontación explícita y la provocación como herramientas de control discursivo y mediático.

Esa semiosis que se produce en este contexto no se limita al intercambio convencional de signos; se configura como un acto de poder performativo que redefine los límites de lo aceptable y lo ilegítimo, desafiando la noción de autoridad basada en la ética y la responsabilidad pública. Al observar la obscenidad del mandatario, se evidencia un uso estratégico de la corporalidad y del lenguaje, en el que la agresión verbal o gestual funciona como signo de autoridad, al mismo tiempo que establece fronteras simbólicas con aquellos que son percibidos como adversarios o como parte de una audiencia subordinada. La ofensa se transforma, así, en un marcador identitario que delimita quién pertenece al círculo de poder y quién queda fuera, generando una narrativa de inclusión y exclusión donde el mandato se legitima a través de la transgresión misma de normas sociales y culturales.

Esa conducta es un ejercicio de poder que se manifiesta a través del signo, una hegemonía que no sólo regula comportamientos materiales, sino que también moldea la percepción de lo que es políticamente posible y lo que se considera moralmente reprochable. La obscenidad se convierte en un modo de performar la soberanía, de declarar que el mando no está sujeto a los códigos tradicionales, que la autoridad se ejerce por encima de las normas sociales y que el discurso público puede ser territorio de confrontación explícita, agresión simbólica y manipulación emocional. La interacción entre signo y receptor adquiere aquí una intensidad particular, el gesto obsceno del mandatario funciona como detonador de emociones, polariza opiniones y provoca la activación de estructuras cognitivas y afectivas que reconfiguran la percepción de legitimidad y de poder.

Trump con sus obscenidades genera un campo semiótico en el que la violencia simbólica, la provocación y la teatralidad se articulan para sostener un estilo de liderazgo que depende de la atención constante, del escándalo y de la polarización. En este sentido, el mandatario que ofende no sólo actúa sobre el público, sino que produce un efecto de retroalimentación semiótica, las respuestas de la sociedad, la cobertura mediática, la indignación pública y la polarización se convierten en signos que refuerzan y amplifican el propio gesto original, creando un sistema dinámico de significación que trasciende la intención inicial y establece un nuevo lenguaje político basado en la transgresión.

Su obscenidad (toda) se convierte en signo performativo que articula poder, identidad y emoción, un espacio donde la ética tradicional se encuentra tensionada y donde el mandato se ejerce a través de la capacidad de provocar, de dividir y de movilizar afectos. La narrativa que surge de este estilo de liderazgo es, en consecuencia, profundamente ambivalente, por un lado, revela la fragilidad de las instituciones frente a la personalidad y las emociones del líder; por otro, demuestra la fuerza del signo como herramienta de construcción de autoridad, de legitimación simbólica y de manipulación social. La semiótica de la ofensa pública muestra que los gestos y palabras obscenos no son meros deslices de mal gusto, sino elementos constitutivos de un lenguaje político que articula el poder a través de la emoción, la transgresión y la provocación. La obscenidad se convierte en estrategia de visibilidad, en un código que establece jerarquías, delineando quién está dentro y quién está fuera de la esfera de influencia, y generando un diálogo conflictivo con los valores de respeto, decoro y ética que tradicionalmente sostienen la autoridad política.

Así la ofensa sistemática y los gestos obscenos de un mandatario constituyen un campo de análisis privilegiado para entender cómo los signos y símbolos se despliegan en la política contemporánea, mostrando que el poder puede performarse a través de la transgresión y que la autoridad se negocia continuamente en el espacio público mediante la manipulación de significados, emociones y expectativas sociales. Este fenómeno revela, además, la tensión permanente entre la ética y la estrategia, entre el signo y el efecto, evidenciando que en la política moderna la obscenidad puede ser tanto una herramienta de dominación como un espejo de los conflictos sociales y culturales que atraviesan a la sociedad, un recordatorio de que la semiótica del poder no se limita a lo formal, sino que reside también en lo provocativo, lo emotivo y lo disruptivo.

Esa fotografía y video en el que Donald Trump muestra el dedo medio en público (fuck you) fue publicado por el sitio de entretenimiento TMZ, que difundió el material de un encuentro ocurrido el 13 de enero de 2026 durante una visita de Trump a una planta de Ford en Dearborn, Michigan. En ese video, se ve al mandatario aparentemente respondiendo con “fuck you” y levantando el dedo medio hacia un trabajador que lo increpó llamándolo “pedophile protector”.  En el video se ve a Trump (presidente de la nación) aparentemente respondiendo a un trabajador que lo llamó “pedophile protector”, antes de levantar el dedo medio y decir “fuck you”.  Varios medios recogieron y confirmaron la publicación del video de TMZ, por ejemplo Forbes, que señala que el clip fue “first obtained by TMZ” mostrando a Trump dando el gesto tras ser abucheado mientras estaba en el evento.  Además, La Nación informó que el video fue difundido por TMZ y circuló en redes sociales como TikTok y X, donde se veía a Trump haciendo la seña obscena después de escuchar el grito del público.

Fuentes exactas: Forbes, “Trump Gives Middle Finger After Heckler…” — video first obtained by TMZ mostrando el gesto.  La Nación (Argentina), Video divulgado por TMZ que muestra al mandatario levantando el dedo medio tras el increpador.  El clip fue descrito por la agencia Reuters y otros medios como primeramente difundido por TMZ y confirmado como auténtico por la Casa Blanca, donde se ve al presidente levantando el dedo medio al supuesto heckler durante su recorrido por la planta.

 Enlaces a las fuentes originales donde se publicó o se menciona la publicación,

TMZ, “President Trump Filmed Flipping Off Ford Worker Who Yells ‘Pedophile Protector’ at Him” — artículo con el video publicado directamente por TMZ. Reuters, Cubriendo el mismo video inicialmente compartido por TMZ y confirmando el gesto en Dearborn, Michigan. Video original publicado por TMZ.

https://www.facebook.com/reel/1367673964600537

https,//www.tmz.com/2026/01/13/trump-flips-off-ford-worker/

https,//www.spokesman.com/stories/2026/jan/13/trump-flips-off-michigan-auto-worker-who-criticize/

https,//www.nbcchicago.com/news/national-international/trump-flips-off-apparent-heckler/3875731/

https,//es-us.noticias.yahoo.com/trump-se%C3%B1ales-obscenas-trabajador-ford-033051834.html

https,//www.nbcchicago.com/news/national-international/trump-flips-off-apparent-heckler/3875731/

https,//www.fox5ny.com/news/video-appears-show-trump-flipping-off-ford-worker-who-yelled-him-dearborn-plant

https,//news.sky.com/story/white-house-defends-trump-after-video-appears-to-show-him-swearing-at-heckler-13494016

Anti-HOmenaje-LuisBritto3

Secuestro de un Presidente: Artículo de Luis Britto García

Hay actos que dejan atónita a la opinión mundial por su avilantez, su ilegitimidad, su intrínseca brutalidad.  Reiteramos que el ilegal bloqueo y las  ejecuciones extrajudiciales contra pescadores violan los artículos 1 y 2 de la Carta de la Organización de Naciones Unidas; el Estatuto de Roma sobre Crímenes de Lesa Humanidad y la Convención de Naciones Unidas sobre Derecho del Mar. Con mayor razón las viola el rapto de un Presidente y el asesinato a mansalva de venezolanos en su propio territorio..

El secuestro es acto de ilegítima  privación de libertad tipificado  como punible en todas las legislaciones del mundo. El perpetrarlo contra un alto funcionario no lo excusa. lo agrava, así como la ejecución del magnicidio agrava el delito de homicidio.

Tras cometer tal crimen contrario a las leyes de Venezuela, a las de la comunidad internacional y a las de su propio país, el Presidente Trump declaró, que “ahora manejaremos Venezuela”. En su primer mandato afirmó que había que apoderarse del petróleo venezolano, pues era valioso “oro líquido”. En  el segundo, postuló que le pertenecían “la tierra, el petróleo y los recursos de Venezuela”. Son elucubraciones de delincuente, cuyo único propósito es adueñarse de los haberes de su víctima. Nada más equivocado desde la perspectiva legal, política y práctica.

Añadamos que  la perspectiva de saquear el “oro líquido” parece haber enmudecido los demás pretextos para agredir a nuestro país. Nadie sataniza como “invasión” el modesto flujo de migrantes venezolanos hacia el Norte. Nadie invoca al imaginario “Cartel de los Soles”; la propia Agencia Central de Inteligencia reconoce que tal organización “no existe”. Por ninguna parte aparecen pruebas de supuestos cultivos, laboratorios o embarques de drogas que en realidad se mueven por el Pacífico; mucho menos de fentanilo, que contrabandean otros países. Nadie proclama  como “Presidente legítimo” al anodino González Urrutia; Trump no  recibe a la señora Machado ni le contesta el teléfono aunque ésta le prometa transferirle el Premio Nobel de la Paz; ante los medios declara que  ella “no tiene apoyo” ni “capacidad”. Confesión irrecusable de que absolutamente nadie cree que hubieran ganado jamás elección alguna.

Parece que lo único de que se puede acusar a Nicolás Maduro es de presidir un país rico en hidrocarburos. Pero las leyes de Estados Unidos no son aplicables a un ciudadano venezolano por actos efectuados en Venezuela. Las normas estadounidenses  son sólo aplicables en su propio  territorio, y sus autoridades no tienen competencia ni jurisdicción para actuar fuera de sus límites. Tales leyes tampoco justifican la violación del territorio del Estado soberano de Venezuela, ni el asesinato en él de arriba  de un centenar de víctimas inermes o que ejercían su derecho a la legítima defensa, ni el bombardeo, incendio y destrucción de infraestructuras e instalaciones.

Los estadounidenses sólo  pueden  tomar prisioneros fuera de su territorio en estado de guerra, y es público y notorio que durante el secuestro del Presidente Nicolás Maduro no existía guerra legítimamente declarada entre Venezuela y Estados Unidos, sino ilegal destrucción por  fuerzas estadounidenses  de lanchas pesqueras y sus tripulantes, y robo de nuestro petróleo trasladado en diversos tanqueros.

Añadamos que, según la Convención de Viena, los presidentes de Estados soberanos gozan de inmunidad diplomática durante el ejercicio de sus funciones.

El secuestro implica responsabilidad penal para sus perpetradores, pero no para sus víctimas, pues el delito no crea derechos para el delincuente. El ilegítimo secuestro de un Presidente no legitima a sus perpetradores para “manejar el país” de la víctima, Ni las leyes de Venezuela, ni las de Estados Unidos, atribuyen ningún tipo de derechos a los secuestradores sobre sus víctimas ni sobre el patrimonio privado o público que éstas administren.

El ilegítimo secuestro violento de un Presidente por efectivos armados de otro país, que ni siquiera fueron autorizados para ello por el

Congreso de éste, no debe  ser considerado más que como falta temporal del funcionario, ya que el mismo está vivo y existe la posibilidad de que sea reintegrado a sus funciones, a cuyos efectos la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela dispone:

Artículo 234. ° Las faltas temporales del Presidente o Presidenta de la República serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva hasta por noventa días, prorrogables por decisión de la Asamblea Nacional hasta por noventa días más.

Si una falta temporal se prolonga por más de noventa días consecutivos, la Asamblea Nacional decidirá por mayoría de sus integrantes si debe considerarse que hay falta absoluta

Añadamos una reflexión pertinente. ¿Qué futuro aguarda a la comunidad internacional si se acepta que pueden y deben ser secuestrados todos los mandatarios que no agraden al Presidente de una sola potencia?

Una cosa es aniquilar pescadores inermes o secuestrar ciudadanos, y otra obtener el consentimiento de más de treinta millones de compatriotas.

De lo único que los criminales han  logrado apoderarse es de la persona física del Presidente, quien ya ha sido sustituido de manera constitucional y temporal por la Presidenta encargada.

Los poderes públicos, las riquezas, el territorio y la población de la República Bolivariana de Venezuela siguen perteneciendo única y exclusivamente a los venezolanos, y no a forajidos foráneos sin otra motivación que apoderarse de lo que no les pertenece.

Por tanto, ningún poder extranjero determina el contenido de nuestras leyes,  los actos de ejecución de ellas, ni las sentencias que resuelven las dudas sobre su correcta aplicación, ni en el ejercicio del sufragio ni en los actos de control sobre dichos poderes ejercido por el Poder Moral. Ni una sola de las decisiones de nuestros Poderes Públicos es dictada, ni puede serlo, por delincuentes de otras nacionalidades.

Ni un palmo de territorio de la República Bolivariana de Venezuela  está ocupado por un invasor extranjero. Ni un metro de su territorio está actualmente fuera del control de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Tampoco hay bases militares manejadas por efectivos foráneos. Nuestras leyes se aplican de manera uniforme a lo largo de nuestra extensión territorial. Tampoco está nuestro territorio fragmentado en zonas en las cuales tengan potencias foráneas distintos grados de privilegio o de autoridad legislativa, ejecutiva y judicial. Richard Wolff denunció que a mediados de diciembre ya existía un plan para fragmentar las zonas ricas en minerales de Venezuela entre varios consorcios extranjeros propietarios de sus recursos, y dejar el resto a un gobierno sin ingresos ni medios para el gasto social.

Pero las riquezas y derechos que nuestra Constitución atribuye a la República siguen perteneciendo a ésta, así como las  empresas cuya propiedad exclusiva la Ley Fundamental otorga  a la Nación.

Cualquier intento de invalidar estos principios sería nulo de toda nulidad; constituiría sólo tentativa  de violación de  nuestra soberanía y aniquilación de nuestra República, y todos los venezolanos y venezolanas estamos revestidos en consecuencia del deber y el derecho de resistirlo por todas las vías, según lo dispuesto en el artículo 333 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela:

Artículo 333. Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella.

En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia

Sólo  merece Patria quien la defiende.

(Luis Britto Garacía)

REDH

20260104_151625_0000

Carta dirigida al Corazón de los venezolanos y venezolanas con Cabeza

Por: Dr. Fernando Buen Abad

Todas y todos repudiamos de manera firme y categórica cualquier forma de agresión imperial contra la República Bolivariana de Venezuela, porque parte del principio básico de la dignidad humana radica en reconocer que ningún pueblo puede ser sometido, asfixiado o castigado por ejercer su derecho soberano a decidir su propio destino político, económico y social.

La historia de Nuestra América está marcada por siglos de colonización, saqueo y dominación externa, y precisamente por esa memoria colectiva resulta inaceptable que, en pleno siglo XXI, se intente reeditar prácticas de intervención, bloqueo, chantaje diplomático o guerra híbrida bajo discursos que dicen defender la democracia mientras vulneran el derecho internacional y agravan el sufrimiento de las poblaciones civiles.

Nuestra solidaridad con Venezuela no es un gesto ideológico vacío ni una consigna automática, sino una postura profundamente humanista que coloca en el centro la vida, la autodeterminación de los pueblos y la necesidad urgente de resolver los conflictos por vías pacíficas, dialogadas y respetuosas.

Exigir el fin de las agresiones externas es también exigir paz, porque no puede haber paz verdadera cuando se imponen sanciones que afectan el acceso a alimentos, medicinas, energía y desarrollo, ni cuando se promueven escenarios de confrontación que buscan desestabilizar gobiernos legítimos a costa del bienestar colectivo.

Reafirmamos que América Latina y el Caribe no son patio trasero de ninguna potencia, que no aceptamos tutelajes ni órdenes disfrazadas de ayuda, y que la soberanía no se negocia ni se condiciona a intereses ajenos. Defender a Venezuela es defender el principio de igualdad entre las naciones, grandes o pequeñas, ricas o empobrecidas, y recordar que el multilateralismo solo tiene sentido si se basa en el respeto mutuo y no en la imposición unilateral.

La firmeza que reclamamos no es belicista ni excluyente, sino ética y política, una firmeza que rechaza el uso de la fuerza, las amenazas y la coerción como herramientas de la política internacional, y que apuesta por la cooperación, el diálogo y la integración regional como caminos para superar las diferencias.

Desde una perspectiva humanista revolucionaria, sostenemos que ningún proyecto geopolítico puede justificar el daño deliberado a millones de personas, ni convertir el sufrimiento social en un instrumento de presión.

La exigencia de paz implica también rechazar la desinformación, los dobles estándares y la criminalización selectiva de gobiernos que no se alinean con determinados centros de poder, así como promover una mirada crítica, informada y solidaria que permita comprender la complejidad de los procesos internos sin caer en simplificaciones interesadas.

No somos colonia de nadie, no lo fuimos cuando luchamos diariamente por la independencia, no lo seremos y esa convicción se expresa en la defensa de la soberanía venezolana como parte inseparable de la fraternidad con soberanía regional.

La autodeterminación de los pueblos no es una consigna del pasado, sino una tarea permanente que exige coherencia, memoria histórica y compromiso activo frente a cualquier intento de dominación. Por ello, llamamos a la comunidad internacional a abandonar la lógica de la comodidad complaciente y a asumir una responsabilidad de lucha real con la paz, el respeto al derecho internacional y la justicia social ante todos los conflictos, entendiendo que sólo desde la justicia, la igualdad y la solidaridad entre las naciones será posible construir un futuro en el que ningún país sea tratado como colonia y ningún pueblo sea castigado por decidir su propio camino.

Fuente: Aporrea

photo_5104936164992420724_y

¡Gloria al bravo pueblo!

Por Alí Ramón Rojas Olaya

Después del bombardeo a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y Cilia Flores, hechos acaecidos en la madrugada del 3 de enero de 2026, el presidente Donald Trump, en rueda de prensa en su residencia de Mar-A-Lago, en Florida, aseguró que su país «gobernará» Venezuela hasta que se complete una «transición segura». Advirtió que “habrá que hacer algo con México” respecto al narcotráfico. Y sobre Colombia dijo que “está haciendo cocaína y la están enviando a Estados Unidos. Así que tiene que cuidar su trasero”.

Recordemos que Trump dijo el 20 de enero de 2025, en su juramentación presidencial, que «necesita» Groenlandia para garantizar la protección de Estados Unidos. Tres días después, dijo en una videoconferencia desde la Casa Blanca en la cumbre anual de Davos, Suiza, que Canadá podría convertirse en parte de Estados Unidos como el estado número 51. Analicemos estos hechos en tres apartados. La pregunta ¿Cómo secuestraron a Maduro? La respondemos hablando de la traición. Luego hablaremos del petróleo venezolano, de la política injerencista en tres presidentes estadounidense. Disertaremos sobre el Tecnato de América. Recordaremos el canto guerrero de los indios Muiscas. Hablaremos de la Carta de las Naciones Unidas y finalizaremos con el apartado que le da título a este artículo.

1. La traición

La traición es la ruptura deliberada de un pacto de confianza y lealtad. Es causada por la búsqueda de intereses particulares. Se manifiesta en la delación y actos contra la patria.

Espartaco fue traicionado por los piratas cilicios que habían acordado transportarlo a Sicilia, dejándolo a merced de los romanos, y fue derrotado por el ejército liderado por Marco Licinio Craso, quien aprovechó la oportunidad para acorralarlo y aniquilar la revuelta, culminando en su muerte en una batalla en el 71 antes de Cristo. Seis mil de sus seguidores fueron crucificados a lo largo de la Vía Apia como advertencia.

Jesús fue traicionado por Judas Iscariote por treinta monedas de plata, un pago acordado con los sacerdotes para entregarlo. Identificó a Jesús con un beso en Getsemaní, lo que llevó a su arresto y crucifixión en el Gólgota.

José de la Riva Agüero, considerado por algunos sectores, prócer de la independencia del Perú y José Bernardo de Tagle y Portocarrero, nobiliariamente IV marqués de Torre Tagle, más conocido como Torre Tagle, traicionaron el proyecto bolivariano pactando con el imperio español. Francisco de Paula Santander, José Antonio Páez y Juan José Flores traicionaron al Libertador Simón Bolívar.

Antonio José de Sucre fue traicionado y asesinado en una emboscada en Berruecos, Colombia, en 1830, por instigadores que veían en él una amenaza para sus intereses políticos en la desintegración de la República de Colombia, siendo José María Obando señalado como el autor intelectual y el coronel Apolinar Morillo el ejecutor material junto a peones como Juan Gregorio Sarria, Juan Cuzco y Andrés Rodríguez, aunque Morillo fue el único condenado y fusilado, implicando a otros conspiradores como Francisco de Paula Santander en un complot para eliminar al sucesor natural de Simón Bolívar.

Regis Debray, el teórico marxista que acompañaba al Che Guevara, lo delató a la CIA. El antiguo «Dantón» o «El francés», como lo llamaba cariñosamente el guerrillero heroico, en el ocaso de su vida publicó algunos libros en los que escribió: que era «cruel, fanático y despótico».

Todos estos traidores tienen algo en común, eran resentidos y carecían de conciencia moral. La traición es el huésped eterno de corazones ingratos. Cuando algunos hombres del primer círculo se seguridad del presidente Nicolás Maduro entregaron la soberanía para ser la estrella 51 de la bandera genocida, no se percataron de que “la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo” y que Venezuela no será nunca una colonia norteamericana.

2. Petróleo venezolano

El subjefe de gabinete de la Casa Blanca Stephen Miller aseguró el 17 de diciembre de 2025 que Estados Unidos creó la industria petrolera de Venezuela y calificó la nacionalización de 1976 por parte de Caracas como «el mayor robo» de la historia estadounidense. Para este supremacista, «el sudor, el ingenio y el trabajo estadounidenses crearon la industria petrolera en Venezuela. Su expropiación tiránica fue el mayor robo registrado de riqueza y de propiedad estadounidense». Según este asesor de Trump, «estos bienes saqueados se utilizaron para financiar el terrorismo e inundar nuestras calles de asesinos, mercenarios y drogas».

Pareciera que Miller desconoce que los pueblos originarios de Venezuela ya utilizaban petróleo crudo y asfalto, que rezumaba naturalmente a través del suelo hacia la superficie, en los años anteriores a la colonización española. El líquido negro y espeso, conocido por los lugareños como mene, se utilizaba principalmente para fines medicinales, como fuente de iluminación, y para el calafateado de canoas. A su llegada a finales del siglo XV, los conquistadores españoles aprendieron de los pueblos indígenas el uso del asfalto presente de manera natural para calafatear los barcos, y para el tratamiento de sus armas. El primer envío de petróleo documentado en la historia de Venezuela ocurrió en 1539, cuando un solo barril fue enviado a España para aliviar la gota del emperador Carlos V. En 1799, Alexander von Humboldt encontró un pozo de petróleo en la Península de Araya.

El 24 de octubre de 1829, en Quito, Colombia, el presidente, Simón Bolívar, considerando: «Que debe asegurarse la propiedad de las minas, contra cualquier ataque y contra la facilidad de turbarla o perderla» decretó que «conforme a las leyes, las minas de cualquiera clase, corresponden a la república».

Para 1839, el gobierno encomienda al médico José María Vargas que investigue sobre el petróleo. Una vez hechos los respectivos estudios, opinó que esta materia era más rica que la plata por la gran posibilidad de uso que tenía.

En 1878, Manuel Antonio Pulido y otros tachirenses, fundan en la Hacienda La Alquitrana la Petrolia del Táchira, la primera compañía petrolera de Venezuela, pionera en la extracción, refinación y comercialización de petróleo nacional, marcando el inicio de la industria petrolera venezolana antes de las grandes transnacionales, operando por más de 50 años hasta agotar su yacimiento y cesar operaciones en 1934, dejando un importante legado histórico y un complejo recreativo-histórico en la zona. Stephen Miller olvida que Chávez recuperó el control estatal de Pdvsa en 2001 al sancionar la Ley Orgánica de Hidrocarburos y su declaración plena en 2004.

3. Jefferson, Adams y Taft

En 1786, Thomas Jefferson (1743-1826), antes de convertirse en el tercer presidente de Estados Unidos (1801-1809) y antes de que se redactara la Doctrina Monroe, dijo: “Nuestra Confederación debe ser considerada como el nido desde el cual toda América, así la del Norte como la del Sur, habrá de ser poblada. Mas cuidémonos de creer que interesa a este gran continente expulsar a los españoles. Por el momento aquellos países se encuentran en las mejores manos, y sólo temo que éstas resulten demasiado débiles para mantenerlos sujetos hasta que nuestra población haya crecido lo suficiente para írselos arrebatando pedazo a pedazo”. Esta macabra sentencia se soportaba militarmente en el Cuerpo de Marines fundado en Filadelfia el 10 de noviembre de 1775.

En 1804, John Quincy Adams (1758-1831), quien será el 6° presidente de Estados Unidos (1825-1829), expande la visión de su congénere: “Lo único que esperamos es ser dueños del mundo”.

William Howard Taft (1909-1913) en un contexto de expansionismo y superioridad dijo: “No está lejano el día en que tres banderas de barras y estrellas señalen en tres sitios equidistantes la extensión de nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro por nuestra superioridad racial y moral”.

4. Tecnato de América

Elon Musk, durante su participación en el evento Bosch Connected World 2025 que se desarrolló en Las Vegas entre el 7 y el 10 de enero, dio un ultimátum para toda la humanidad: la próxima sequía no será de agua, ni de comida, ni por el cambio climático, sino de electricidad. Una escasez de esta forma de energía podría transformar radicalmente la vida cotidiana y el desarrollo tecnológico. Musk señaló que, a partir de 2025, la producción de energía no será suficiente para abastecer la creciente demanda, especialmente la impulsada por el auge de la inteligencia artificial.

El 4 de diciembre de 2022, BBC News Mundo publicó la siguiente pregunta: “¿Qué fue el Movimiento Tecnocrático que quiso reemplazar a los políticos por ingenieros (y qué queda de él hoy)?”. Se trata de “un movimiento tecnócrata nacido tras la Gran Depresión en Estados Unidos” que “quiso crear un Estado gobernado por la ciencia y la tecnología”. Howard Scott y Marion King Hubbert lo fundaron.

Según ellos, un tecnato no puede simplemente fundarse como un territorio constituido en Estado soberano, es decir, no puede ser solo un país, sino que debe cumplir con tres requerimientos: debe tener suficientes recursos naturales para crear abundancia; debe ser una base industrial y científica preexistente y debe tener una cantidad suficiente de personal calificado para operar la infraestructura que proporciona la abundancia.

El abuelo materno de Musk fue el estadounidense Joshua Norman Haldeman. Se involucró en la política canadiense, apoyando el movimiento tecnócrata. En 1950 se trasladó a Sudáfrica. Al año siguiente, escribió un artículo para el periódico canadiense Regina Leader-Post en el cual hacía apología del apartheid y declaró acerca de los sudafricanos: “Los nativos son muy primitivos y no deberían ser tomados en serio (…) Algunos son decentes para un trabajo rutinario, pero ni los mejores de ellos pueden asumir las responsabilidades y acabarán abusando de la autoridad”.

El tecnato de América, según este movimiento, abarca de este a oeste, desde Groenlandia en el océano Atlántico hasta la línea internacional de cambio de fecha en el océano Pacífico; de norte a Sur desde Canadá hasta el norte de Colombia, Venezuela y las Guyanas en Suramérica, incluyendo a México, toda Centroamérica y todo el Caribe.

5. Canto guerrero

Américo Briceño Valero en Geografía del Estado Trujillo, comenta que el sabio bachiller Rafael María Urrecheaga aprendió el idioma de los indios Muiscas de Esnujaque, cuando era un adolescente, lo que le permitió traducir el bello poema indígena que él tituló “Canto Guerrero”, en el año de 1844. “¡Madre Chía, que estás en la montaña / con tu pálida luz alumbras mi cabaña. / Padre Ches, que alumbras con ardor / no alumbres el camino al invasor! / ¡Oh Madre Ikake, manda tus jaguares / desata el ventarrón y suelta tus cóndores / afila los colmillos de las mapanares / y aniquila a los blancos con dolores! / Madre Ikake que vives en Quibao / Padres Chés; Madre Chía / alimenten mi espíritu con vino de rencor / Echen el fuego que calcina / el agua que destruye / los rayos de las nubes / truenos de las montañas / Padre Chés, a mi troje repleta con granos abundosos / llena mis ollas con la fuerte chicha / y mi pecho con valor / A mi mujer que cría / dales pechos que manen / Ríos de leche blanca / Padre Chés dame una flecha / Aguda que mate al invasor / Tiempla el brazo que dispara / esa flecha sin temor / Yo soy tu hijo, ¡Oh Chés, mi señor! / Yo soy tu esclavo, ¡Oh Chía, mi señora! / Dadme a beber el vino de tu inmenso valor / dadme a comer la carne de odio al invasor”.

6. Carta de las Naciones Unidas

Con el bombardeo y el secuestro del 3 de enero de 2026, Trump viola el artículo 1 de la Carta de las Naciones Unidas que señala que uno de los propósitos de las Naciones Unidas es “mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz” (numeral 1) y el artículo 2 que señala que “para la realización de los propósitos consignados en el Artículo 1, la Organización y sus Miembros procederán de acuerdo con el siguientes principios: “Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas” (numeral 4).

7. ¡Gloria al bravo pueblo!

A Estados Unidos le urge tener mandatarios lacayos en su patio trasero como Irfaan Ali, Nayib Bukele, Kamla Persad-Bissessar, Santiago Peña, Daniel Noboa y José Antonio Kast, que estén dispuestos a entregar la soberanía de sus países. Claudia Sheinbaum, Xiomara Castro, Miguel Díaz Canel, Daniel Ortega y Nicolás Maduro representan un dolor de cabeza para estas ansias expansionistas.

La bandera de Venezuela seguirá siendo la misma que izó el Generalísimo Francisco de Miranda el 3 de agosto de 1806, el junto a su Expedición Libertadora, en la Vela de Coro. Su amarillo es el color de la felicidad. Es excitante, es el color del sol, por lo que se relaciona con la energía. El azul es el color de la libertad, la lealtad, la armonía y la verdad. El rojo representa el fuego, el amor, el poder, la fuerza, la emoción y la pasión.

Venezuela es la Patria que debemos amar y defender. Venezuela se escribe con v de vida, valor, verdad, valentía, virtuosismo, victoria. Venezuela se escribe con v de Vietnam.

Alimentemos nuestro crisol con la conciencia moral de nuestro Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, quien, esposado con las mismas cadenas de 1492, mientras caminaba erguido y gallardo en las entrañas del monstruo, saludó a quienes allí se encontraban: Good night, happy new year.

Recordemos que el 7 de octubre de 1818, Simón Bolívar, desde Angostura, escribe a John Baptiste Irvine, enviado de James Monroe: “no permitiré que se ultraje ni desprecie al Gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndolos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra población y el resto que queda ansía por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende”. ¡Gloria al bravo pueblo! ¡Viviremos y venceremos!



Comunicado LAUICOM 17-12-2025 corregido_page-0001

Pronunciamiento | Lauicom respalda y agradece la valentía ética de Julian Assange

Caracas, República Bolivariana de Venezuela

18 de diciembre de 2025

La Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM) emite el presente pronunciamiento público en respaldo y agradecimiento a la valentía ética del periodista y activista Julián Assange, por su histórica denuncia penal contra la Fundación Nobel ante la desvirtuación criminal del objeto fundacional del Premio Nobel de la Paz 2025.

Denunciamos que la concesión del Premio Nobel de la Paz a la instigadora sistemática de violencia y de crímenes de agresión contra Venezuela, María Corina Machado, no constituye un desliz de apreciación, sino parte de una vasta operación de guerra cognitiva de quinta generación.

Como estudiosos de la epistemología de la comunicación, advertimos que estamos ante un plan para resemantizar las palabras: para que «Paz» signifique «intervención», y «Democracia» signifique «sumisión colonial».

Julián Assange, con la lucidez de quien ha largamente padecido en carne propia los rigores del aparato de persecución imperial, ha puesto al desnudo el fraude fiduciario y moral de las autoridades de la Fundación Nobel. Al otorgar prestigio y dotar de fondos a una persona que solicita explícitamente la invasión militar de la República Bolivariana de Venezuela, la Fundación Nobel no solo traiciona el testamento de Alfred Nobel, sino que se constituye en cómplice necesario de una arquitectura del crimen organizado para la agresión internacional que hoy mina la estabilidad y los derechos de Venezuela y de toda la región caribeña.

Coincidimos con Assange en que el premio está siendo utilizado como cobertura diplomática para justificar el mayor despliegue militar estadounidense en el Caribe desde 1962. El uso del portaaviones USS Gerald R. Ford y el movimiento de 15.000 efectivos no constituyen «ejercicios de rutina», sino parte de una operación de amenaza existencial que el Comité Nobel ha resuelto financiar además con 11 millones de coronas suecas.

Desde una perspectiva de la guerra cognitiva, el premio a la activista Machado intenta:

1. Convertir a una instigadora sistemática del uso de la fuerza imperialista y colonialista en una supuesta vocera legitima de los derechos humanos.

2. Enlodar el prestigio del Premio Nobel de la Paz.

3. Utilizar el prestigio de una institución centenaria para intentar quebrar la voluntad de soberanía del pueblo venezolano, así como de otros pueblos.

Es imperativo que se investigue la apropiación indebida de fondos y el colaboracionismo sistemático con crímenes de agresión y de guerra, entre otros.

Asimismo rescatamos la máxima del argentino Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel: otorgar este premio a quien pide una invasión es una «burla» y un acto de cinismo sin precedentes. La historia recordará a Julián Assange no solo como el hombre que liberó la información, sino como el defensor de la verdad que, desde la coherencia absoluta, intentó salvar el concepto de Humanidad del secuestro supremacista-militarista pentagonista.

La Universidad Internacional de las Comunicaciones se suma al clamor de Assange y exige:

• El congelamiento inmediato de los fondos suecos destinados a la promoción del ataque unilateral y absurdo..

• El cese de la instrumentalización de las instituciones culturales y científicas de Europa como operadoras del Pentágono.

• El reconocimiento de la información veraz como un derecho humano fundamental contra a la intoxicación mediática y la vulneración de la democracia.

¡La comunicación abona a la comunidad y la soberanía o es propaganda de guerra!¡Gracias, Julián Assange, por devolverle la brújula a la comunidad de comunicación internacional!

Consejo Universitario de LAUICOM

La guerra cognitiva construye el estatuto ontológico y epistemológico de la dominación contemporánea. Luis Delgado arria

La ingeniería de la percepción: la guerra cognitiva o la disputa por la razón

Luis Delgado Arria*

​Centro de Contenidos Decoloniales Comunales Hugo Chávez

Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual de la Universidad Internacional de las Comunicaciones

​Introducción: El marco neocolonial de la ofensiva Occidental

​La actual ofensiva geopolítica occidental ha trascendido el campo de batalla principalmente político, diplomático, económico, comercial, científico tecnológico y cibernético militar. Hoy, la fase superior de esta confrontación asume la forma de un nuevo tipo de Guerra de naturaleza Neuro Cognitiva. Hablamos de una operación integral de naturaleza dialéctica cuyo objetivo se plantea no solo destruir la base material de todo pueblo etiquetado como amenaza geopolítica, sino reestructurar y bloquear el metabolismo mismo de todas las dimensiones de su cognición. El imperialismo cognitivo se propone asumir el control total, no solo de la tierra, el mar, el cielo y el ciberespacio sino particularmente de la mente, lo cual incluye percepciones y emociones, imaginarios sociales e identidades, creencias y conceptos, la atención a lo estratégico, la inteligencia comunitaria/ nacional popular y raizal, la gloriosa memoria histórica y la voluntad acomunada e irreductible para resistir y vencer.

​La tesis central de mi presentación, basada en el análisis de un artículo más extenso que está actualmente en prensa para ser en breve publicado por la Universidad Internacional de las Comunicaciones (Lauicom) en donde hago vida intelectual (Delgado Arria, en prensa); y una investigación colectiva sobre el Uso de las Redes Sociales en la Guerra Cognitiva para Generar Odio e Insurrección Popular en Venezuela y Bolivia ―promovida por El Celarg y financiada por Fonacit (Delgado Arria et al., en curso)― es que la guerra cognitiva constituye una profunda mutación del aparato ideológico-militar occidental que busca hoy imponer el marco ideológico cognitivo de una distopía inescapable, pero presentada como única utopía posible. Mediante una premeditada e incesante saturación cognitiva vehiculada desde medios de comunicación y principalmente desde redes digitales, Occidente está construyendo una nueva realidad paralela dirigida a sitiar la comprensión de la totalidad concreta; y anular la voluntad de lucha y la capacidad de resistencia tanto de las vanguardias como de los pueblos. Tal ofensiva se está desplegando fundamentalmente mediante la colonización de dos dominios de la experiencia humana: la Fenomenología (cómo experimentamos y vivimos la realidad) y la Epistemología (cómo construimos y deconstruimos el conocimiento).

​1. La Ingeniería de la enacción: de la experiencia auténtica a la parálisis traumática

​El metabolismo social de la guerra cognitiva opera hoy mediante la degradación y la manipulación, la cosificación y la mercantilización sistemáticos de la experiencia humana. Francisco Varela (1946-2001), con su Teoría de la Mente Encarnada (Embodied Mind), sostiene que la cognición no es una mera representación pasiva de un mundo cósico y desencantado, sino una (re)presentación activa y puesta en acto (enactment) de la realidad. Actuamos conforme a lo que percibimos, experimentamos y a su vez, a lo que instituimos como mundo humano (Varela et al., 1991). La sustancia de la guerra cognitiva es, por tanto, una suerte de reIngeniería de la Enacción.

​En este mismo sentido, revisemos ahora lo que planteaba el filósofo judío alemán Walter Benjamin (1892-1940) quien distinguía entre la experiencia auténtica, acumulativa (Erfahrung) y la vivencia superficial, fugaz (Erlebnis) (Benjamin, 2008). La ofensiva occidental opera mediante un flujo incesante y pornográfico de «data-catástrofe» (memes, videos impactantes, relatos apremiantes y videos de porno light, cada vez más usuales en las redes sociales). Tal sobredosis de Erlebnis fragmentario, ética y políticamente degradado es adrede desplegado para reprimir y bloquear la sedimentación de la memoria histórica y la praxis crítica. El sujeto, sobrecargado de estímulos sin sentido, achicharrado de superexplotación y traumatizado por una suerte de sociedad cada vez más de signo psicopático digital, entra así en una suerte de estado de anestesia cognitiva y de delirio narcisista colectivo.

​Otra destacada pensadora judío alemana, Hannah Arendt (1906-1975), describió la «banalidad del mal» como la incapacidad para pensar y para actuar en el mundo desde la perspectiva del Otro (Arendt, 2003). La guerra cognitiva exacerba esta banalidad del mal hasta el extremo de convertirla en la «banalidad de la catástrofe»: el bombardeo constante de imágenes de tensiones internas y externas históricamente acumuladas hasta el colapso social (Ruanda, Colombia), conflagraciones armadas recurrentes (Irak, Siria, Libia, Yemen), genocidios sistemáticos y colonialismo de asentamiento (Palestina/ Gaza); y bloqueos y diásporas programadas tras un largo ciclo de sanciones unilaterales/ ilegales (Cuba, Haití, Venezuela), intoxicación de la clase trabajadora mediante el fentanilo (Estados Unidos, etc.) se nos presenta hoy cada vez más como un paisaje de fondo inevitable y como un fatum o un destino inquebrantable dirigido a desactivar la pulsión crítica y la voluntad de lucha. La indignación y la solidaridad se disuelven así en la fatiga escapista del imaginario anestésico hollywoodiense y del compulsivo scroll infinito.

​De esta forma, el Marco de una Distopía Inescapable, como la profetizada por Franz Kafka (1883-1924) en El CastilloLa Colonia PenitenciariaLa metamorfosis o El artista del hambre (Kafka, 2011) describe hoy, de manera casi hiperrealista, nuestra trampa jaula cognitiva y civilizatoria. Al saturar el sensorio con imágenes de aberración, crueldad e indefensión, éxito inalcanzable y relatos humorísticos/ pornográficos normalizados, el sistema nervioso lo enacta—es decir, los pone en acto como absurda normalidad. El sujeto no solo percibe el mundo de vida genuinamente humano como una distopía, sino que asimismo lo construye, naturaliza y en algún modo justifica mediante su propia inacción y complicidad. La parálisis generalizada se convierte así en la prueba de que el desastre era y es inevitable, clausurando el ciclo de negación crítica y poniendo en entredicho la ética, la política, los derechos sociales, la soberanía y hasta la vida misma.

​2. La crisis epistémica: inconmensurabilidad y colonialidad cognitiva

​El segundo asalto se dirige contra la razón crítica y la construcción de conocimiento objetivo, es decir, la colonialidad cognitiva. A grandes brochazos repasemos el estado del arte respecto de este particular.

​El epistemólogo austriaco británico Karl Popper (1902-1994) estableció el falsacionismo como el criterio vertebral de la ciencia: esto es, toda teoría debe ser refutable al interno de su respectiva comunidad científica/ discursiva para alcanzar un carácter o estatuto propiamente científico (Popper, 2002). La guerra cognitiva no busca instituir la verdad, sino imponer como fatalidad el bombardeo incesante de «mundos paralelos, absurdos e irreconciliables» al interior de una cámara algorítmica de espionaje y de tortura psíquica llamada hoy “cámaras de eco” que deviene en «burbujas de filtro», tornándose así estos mundos paralelos inmunes a toda comprensión y refutación. Estas narrativas postapocalípticas que prescriben círculos viciosos, operan con su propia lógica interna, haciendo que la verdad externa—histórica, ética o científica—simplemente “se disuelva en el aire” como anunciara Marx.

​Thomas S. Kuhn (1922-1996) nos enseñó que diferentes paradigmas (o, en este caso, comunidades ideológicas ―que son comunidades de comunicación― mediadas por algoritmos) viven en «mundos» conceptuales tan distintos que el cuestionamiento o la puesta entre paréntesis de lo dado y la refutación mutua se tornen casi inimaginables. La guerra cognitiva occidental explota esta inconmensurabilidad al punto de asegurar que ninguna verdad descolonizadora pueda penetrar el Paradigma Distópico/Post-Apocalíptico liberal burgués internalizado por la víctima (Kuhn, 2013). El síndrome de Estocolmo de la clase expropiada, urgida pero impedida de devenir clase revolucionaria en sí y para sí, se torna así un paisaje hoy de pesadilla global.

​Desde el pensamiento decolonial, este asalto a la razón es claramente una guerra colonial-cognitiva. No se limita a controlar el territorio, sino que busca controlar la «geografía de la razón» (Hinkelammert, 1990), imponiendo un horizonte cósico/ único: el futuro occidental-distópico-tecnocrático. Al coartar la memoria histórica de luchas y alternativas civilizatorias (Zemelman, Dussel, Bautista Segales, Grosfoguel), la guerra cognitiva bloquea la proyección de cualquier utopía distinta de la extensión del presente moderno/ burgués/ mercantil/ colonial. La guerra cognitiva es el disciplinamiento del inconsciente colectivo para la aceptación incondicional del orden neocolonial/ neoliberal en su momento de ensayo de limpieza étnica y de clase social de todo el proletariado mundial.

​3. El caso práctico: Venezuela como laboratorio de distopía enactada

Venezuela es, hoy, seguramente, el principal globo de ensayo de esta nueva guerra neurocognitiva. Aquí, la ofensiva occidental ha operado una convergencia dialéctica de caotización económica e imposición de un nuevo marco narrativo/ conceptual que nosotros llamamos narrativa gris.

​Las SCU no son solo medidas económicas punitivas, son, primordialmente, operaciones mediáticas/psicológicas dirigidas a prescribir un nuevo sentido común catastrofista, sacrificial y nihilista (Hinkelammert, 1990). El colapso económico inducido no se presenta mediáticamente como la consecuencia directa del bloqueo occidental. Se enmarca metafóricamente como la prueba irrefutable de la incompetencia intrínseca del gobierno y muy en particular, del presidente Constitucional de la República, mancillado al punto de buscar degradarlo a la categoría de peligroso forajido internacional.

​Se desplaza el locus de la culpa. El culpable de la crisis es el gobierno, el presidente de la república, los ministros y el partido socialista, nunca el imperialismo occidental ni sus sirvientes disfrazados de “oposición”. Y el sufrimiento del pueblo se enactúa como un destino merecido y fatal. Prototipos de esto son los enunciados: “Este país se acabó”, “de aquí me iría demasiado” y “en Venezuela ya no hay futuro”, entre otros.

  • ​El ilegal y descarado desfalco de activos (CITGO, Monómeros, reservas en lingotes de oro, reservas monetarias internacionales), la hiperinflación inducida y el reconocimiento por todo el Occidente apandillado de un títere presidencial paralelo, del todo írrito, han operado no solo como nuevo (des)orden político internacional y gravosos desfalcos económicos sino, sobre todo, como actos de guerra cognitiva en el plano geopolítico. El discurso implícito es: «Mientras siga la agenda socialista, Venezuela no tendrá control sobre su propio futuro”. Tales prácticas socavan la percepción de la soberanía nacional y de realización comunitaria, resintiendo gravemente la autodeterminación popular, praxis indispensables para una acción política eficaz, justa y soberana.

​El discurso mediático occidental ha creado una suerte de polifonía del delirio y de la desesperanza que en Venezuela emerge bajo enunciados tales como: “Éramos ricos y no lo sabíamos”, reelaborando y reencarnado así el lema “Con AD se vive mejor”. Los enunciadores (expertos catastróficos, imágenes de colapso, amenazas militares, inminencia de bombardeos e invasiones) convergen en un único ethos: la rendición inevitable. Este discurso de fondo neomalthusiano se presenta como la voz de la realidad misma, derogando la posibilidad de un contra discurso de resistencia y mucho menos, de renacer civilizatorio.

​Para contrarrestar esta ofensiva, la salida del laberinto nos exige no solo refutar los datos sino reemplazar el marco enactivo/ cognitivo (la propuesta de Varela/ Lakoff). Es preciso desplazar el marco cognitivo catastrofista de la destrucción por el Marco cognitivo ético y épico, estético y celebratorio endógeno de nuestra irreductibilidad histórica y de nuestro renacer nacional popular y civilizatorio (Lakoff & Johnson, 1980).

​Marcos a reemplazar (la distopía impuesta):

  • Metáfora central: LA NACIÓN ES UNA LANCHA O UN BARCO A LA DERIVA. Este marco promueve la búsqueda delirante de un «capitán externo», la huida desesperada o la justificación de una extracción quirúrgica de la vanguardia política y epistémica de la revolución. Que como sabemos en Nuestra América, desde el magnicidio de Salvador Allende, es una forma disimulada de justificar la limpieza ideológica y étnica.
  • Metáfora oculta: LA CRISIS ES UN HURACÁN INESCAPABLE. Este marco banaliza el origen ideológico y político de la crisis, encubriendo la culpa del agresor.

Marcos a promover (calma, aplomo y soberanía):

  • Marco de la nación fortificada (soberanía):
    • Metáfora: LA NACIÓN ES UN OASIS DE RELACIÓN FRATERNA, CULTIVADO Y PROTEGIDO.
    • ​Implicación: Cambia el foco de la destrucción al cuidado mutuo, la producción y la defensa. Cada episodio productivo o de resistencia es un acto de cultivo y soberanía. Esto exige la atención profunda y la pausa reflexiva (Benjamin, 2008) para reponerse al choque necrológico.
  • Marco del constructor (calma y aplomo):
    • ​Metáfora: EL CONFLICTO ES UNA OBRA DE CONSTRUCCIÓN HISTORICA COMPLEJA.
    • ​Implicación: Sustituye la parálisis por sobrecarga traumática, por la necesidad de planificación, trabajo sostenido y medición de avances. Las agresiones externas son «sabotajes a la obra» que deben ser reparados, no el fin del proyecto.

​A modo (táctico) de conclusión

​La guerra cognitiva construye el estatuto ontológico y epistemológico de la dominación contemporánea. Exige una descolonización epistémica/cognitiva y a su vez ética y estética que recupere la memoria histórica y una praxis crítica revolucionaria para producir una enunciación propia y pertinente a la cada día más grave crisis civilizatoria del capital. Solo al restaurar la soberanía cognitiva y desarrollar nuevas gramáticas de la reflexión y la acción, podremos trascender la lógica de la colonia penitenciaria global y restaurar la posibilidad de la acción política revolucionaria de signo socialista, esto es, el amanecer de una civilización en que el ser humano sea digno y pleno por primera vez en la historia.

​Si la ofensiva es contra las mentes y los corazones, solo prevaleceremos si entre todos anudamos de nuevo nuestros imaginarios, saberes y haceres campesinos, populares y raizales. Nuestra salvación de esta mezcla de Armagedón nuclear y Armagedón cognitivo dependerá de que logremos reencuadrar nuestro presente y nuestra voluntad utópica en clave de diversidad epistémica, épica irreductible y renacimiento comunal y civilizatorio.

​Referencias

​Arendt, H. (2003). Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal (R. Polito, Trad.). Lumen.

​Benjamin, W. (2008). Sobre algunos temas en Baudelaire. En Sobre el lenguaje y otros ensayos (pp. 177–221). Taurus.

​Delgado Arria, L., et alt. (en curso). Uso de las Redes Sociales en la Guerra Cognitiva para Generar Odio e Insurrección Popular en Venezuela y Bolivia [Informe de investigación no publicado]. Centro de Contenidos Decoloniales Comunales Hugo Chávez/ Universidad Internacional de las Comunicaciones.

​Delgado Arria, L. (en prensa). La guerra cognitiva contra Venezuela en la última década. Centro de Contenidos Decoloniales Comunales Hugo Chávez/ Universidad Internacional de las Comunicaciones.

​Hinkelammert, F. J. (1990). La fe de Abraham y el Edipo occidental. Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI).

​Kafka, F. (2011). Cuentos completos. Austral.

​Kuhn, T. S. (2013). La estructura de las revoluciones científicas (A. Contín, Trad.). Fondo de Cultura Económica.

​Lakoff, G., & Johnson, M. (1980). Metaphors we live by. University of Chicago Press.

​Popper, K. R. (2002). The logic of scientific discovery. Routledge.

​Varela, F. J., Thompson, E., & Rosch, E. (1991). The embodied mind: Cognitive science and human experience. MIT Press.

  • Poeta, ensayista y licenciado en Letras (UCV). Magister in Arts (University of Pittsburgh). Doctorante en Creación Intelectual (UNESR). Catedrático de Análisis crítico del discurso, vocería política y comunicación decolonial. Investigador de Guerra Cognitiva en LAUICOM. Miembro de la Red Internacional de Investigación Antifascista. Vicerrector de Investigación y Creación Intelectual de LAUICOM.
La navidad en Venezuela

Un cuento de navidad

(en asedio)

José Garcés *

Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual

Aquella era una navidad bastante fría para los estándares caribeños, y por eso, contraria  a los pegostosos calores de los largos meses que la precedían. En la madrugada se podía sentir cómo soplaba fuerte el viento que bajaba del Junquito y por las tardes, Catia lucía una neblina que obligaba a ponerse boina y chaqueta. Por aquellos días decembrinos, las hostilidades hacia Venezuela se habían hecho cada vez más frecuentes por parte del imperio gringo; tanto que los colocaba en la inequívoca condición de país asediado. Les pusieron unos buques de guerra a pocos kilómetros de sus costas y todos los días disparaban sus misiles comunicacionales con mentiras repugnantes diciendo que vaciaron las cárceles y los manicomios para enviar a Gringolandia todo tipo de malvivientes y enfermos mentales. Alcanzaron verdaderos “prodigios de engaños” cuando dijeron que Venezuela les enviaban miles de toneladas de drogas para matar gringos inocentes. Esas eran las típicas excusas con las que el imperialismo trataba de escudarse cuando preparaba una invasión; simplemente recordemos las “temibles armas de destrucción masiva” de Saddam Hussein. Por si fuera poco, les robaron un buque petrolero y dijeron con todo desparpajo, que se iban a quedar con el petróleo. Y Todo esto apoyado por el portaviones más grande del mundo y bombarderos que iban y venían entre República dominicana, Puerto Rico y Trinidad. En terminología de guerra podríamos decir que el conflicto estaba en “Zona gris”, que es zona difusa donde no se sabe si es paz o es guerra, o lo que encierra el oxímoron: “Tensa calma”.

Ante esta situación, lo que más llamaba la atención a los focus group gringos, era que los venezolanos, además de prepararse para la guerra, como lo demostró el increíble número de personas que se alistaron (incluyendo opositores), alternaban su entrenamiento militar con gaitas, fiestones y parrandas. Los conciertos navideños habían estado particularmente abarrotados en aquellos días y el aforo de grandes salas como el Teresa Carreño o el Aula Magna se habían visto sobrepasado, por la inmensa cantidad de aguinalderos que habían comprado sus entradas para esos decembrinos musicales. En las calles caraqueñas que tradicionalmente ofrecen los consabidos estrenos, no cabía un alfiler y el gentío, como cada año, aumenta con la cercanía del 24 de diciembre.

Esos focus group que pagaba la CIA, para que les dijeran, minuto a minuto, cómo estaba el “Tono emocional” de la población venezolana, debieron sorprenderse por el contrasentido más grande que habrían visto jamás, porque los venezolanos se preparaban con la misma alegría para la parranda que para la guerra. A los gringos les debió asombrar que los venezolanos pusieran el mismo entusiasmo en defender la patria que en inventar una fiesta, y justamente en eso último radicaba el tesoro venezolano; en la creación, en hacer aparecer algo que antes no estaba.  Lo que los gringos no sabían es que ese pueblo era fundamentalmente creador. Aquello que decía Aquiles Nazoa: “Creo en los poderes creadores del pueblo” refiere una verdad muy difícil de entender para los que no han nacido en Venezuela (léase gringos). Los poderes creadores del pueblo son la capacidad de crear vida y belleza donde antes no la había. Como aquella mata verdecita a la que Alí Primera bautizó “Dorotea” y que creció obstinadamente entre el cemento y el asfalto de la autopista que conduce a El Valle. Así, cada venezolano ya había visto una Dorotea en algún insólito lugar lleno de cemento, en el que nadie sospechó nunca que haya podido albergar vida alguna vez. Así los venezolanos son por naturaleza inventores de vida, y ante cada situación difícil que han atravesado, han sabido crear algo, (algo que no estaba), para así ir enfrentado los temporales que se les han venido encima. Los venezolanos son creativos, ingeniosos, producen vida y si les dan la oportunidad, brillarán por su inventiva y por dar lo mejor que tienen a los demás. Ya lo hicieron hace doscientos años cuando salieron de sus fronteras para dar libertad con un poderoso ejército, pero no sometieron a nadie, sino que ofrecieron el bien más preciado, ese que tanto les constó alcanzar, la libertad. Pues así son, Martí dijo alguna vez; “Los venezolanos son gente hermosa, no saben contar”, y todavía son así. Los venezolanos son prolijos hasta el extremo cuando dan. No miden, sino que dan en demasía, llegando a veces a atosigar al que recibe; pero eso es algo que se perdona con un rápido guiño de ojos y una complicidad clandestina de sentimientos. Y en eso si son buenos los venezolanos, en despertar, emociones, sentimientos y camaraderías, que también forman parte del repertorio del poder de creación que tienen.

Se cuenta que cuando el Buda andaba por esta tierra, hace 2.500 años, había un bandolero terrible. Angulimala era asesino despiadado y ladrón inmisericorde, y tenía atemorizada a varias poblaciones. El Buda fue a buscarlo y Angulimala se dio cuenta de que no le tenía miedo; por el contrario, fue a darle una enseñanza. Buda le ordenó a Angulimala que cortara la rama de un árbol. Una vez que la cortó, Buda le ordenó:

—Ahora ponla otra vez en su lugar.

Cuando Angulimala se dio cuenta de que no podía hacer eso, Buda le explicó:

—Tu poder es tan limitado que sólo puede destruir la vida. ¿Y qué hay del poder de dar y preservar la vida?

Hoy, 2.500 años después, podemos hacer la comparación: ellos, los que asedian, con sus portaviones y sus destructores, lo único que pueden hacer con tanto poder es destruir, pero son incapaces de crear nada. Podemos preguntar ¿Cuál presidente de los EE. UU., ha dado a su pueblo más de 5.000.000 de viviendas? ¿Cuál presidente de EE. UU., ha salvado miles de niños de morir por haber nacido con cardiopatías congénitas? ¿Cuál presidente de EE. UU., ha garantizado un beneficio de alimentación a más del 85 % de las familias? ¿Cuál presidente de los EE. UU., ofreció vacunas gratuitas a toda la población de su país en la pandemia del Covid-19? ¿Cuál presidente de EE. UU., ofreció gasolina subsidiada a su pueblo? (y la lista de preguntas es larga). Es verdaderamente lamentable darse cuenta, de que la élite que gobierna EE. UU., con tanto dinero, solamente tiene el poder de destruir.

Recuerdo que en una presentación en el interior del país, conocí a una mujer que tenía tomada de la mano a una niña de unos cuatro años, y me decía: ¿Cómo no voy a amar a mi Presidente Chávez? ¡Es que gracias a Chávez, esta niña está viva! y le abrió la camisita a la pequeña, y pude verle una cicatriz que le corría por su pecho, se trataba de una operación de corazón que la niña recibió en Cuba, al inicio de la Revolución. Si dejamos esta narración hasta aquí, ya tiene suficiente mérito, pero todavía hay más. A esta mujer la había abandonado el marido y le habían matado a sus dos hijos durante los sucesos del Caracazo, y por eso fue a vivir a esa localidad del interior. Ya había triunfado la Revolución, y en ese pueblo conformó un círculo bolivariano, y luego una cooperativa con otras mujeres del lugar. Con la cooperativa pidieron un crédito y compraron dos máquinas profesionales de coser, con las que hicieron sábanas y lencerías, que vendían en ese y otros pueblos cercanos. Con las ganancias decidieron recoger a niños de la calle. Ya habían recogido a NUEVE niños de la calle, y una de esos niños, era  justamente la niñita que me mostraba y a la que habían operado en Cuba.

De cierto os digo que esa mujer tenía mucho más poder que cualquier hipermultimillonario gringo.  Y como suele ocurrir en los cuentos de navidad, en el momento en el que les cuento esto, el ángel de la navidad, hizo que el hipermultimillonario gringo se diera cuenta de la grandeza de esta mujer y de sus maravillosas virtudes potenciadas por la organización y la vida comunal. Y cuando este hombre, que cuenta sus ganancias en billones, reflexionó sobre esta mujer, por sus ojos asomaron dos grandes y cristalinas lágrimas, y al ser consciente de que estaba enternecido, inmediatamente, ordenó que la sacaran del algoritmo y le dirigieran un ataque con drones y misiles, para no perder la costumbre. 

Este cuento termina diciendo que, independientemente los hipermultimillonarios persistan en sus costumbres, los venezolanos ya no pudieron evitar ser creadores de vida. Los gringos seguirían destruyendo porque su limitado poder sólo sirve para eso, pero los venezolanos seguirían regando y creando vida en todos los órdenes de sus competencias.  Y así, siguieron ofreciendo a los demás, de forma prolija y en demasía, las cosas que creaban y a las que les daban vida. Y como nunca aprendieron a contar, los hijos de Bolívar siguieron regalando lo mejor que tenían; maravillas, descubrimientos y secretos de la vida en comunidad. Y así como creaban vida, siguieron disfrutando de sus navidades durante muchos años, en la convicción de que el amor es la fuerza más poderosa que existe y la organización la más efectiva. Los venezolanos aprendieron la lección de Shantideva: “No hay nada más destructivo que el odio, ni fuerza más poderosa que la paciencia” (y la tuvieron bien aprendida, un portaaviones se los enseñó).

  • Investigador del Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual de Lauicom. Psicólogo clínico. Maestría en Psicología. Cursante del Doctorado en estudios Nuestroamericanos. Profesor de la cátedra: Naturaleza de la Guerra Cognitiva.
Tapas - Prensa abad

La democracia venezolana bajo acoso semiótico

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez.


Un análisis semiótico-crítico de la democracia venezolana y de las calumnias burguesas articuladas para desacreditarla exige un abordaje riguroso que distinga entre los procesos reales de producción político-institucional y los dispositivos simbólicos que intentan distorsionar su percepción. No se trata de validar ni refutar modelos de gobierno, sino de examinar cómo se construyen semióticamente las narrativas sobre la democracia, cómo operan las simplificaciones hiper-ideologizadas y cómo ciertos actores del campo político, mediático y económico producen signos destinados a erosionar la legitimidad simbólica del proceso político venezolano. El objetivo es comprender la batalla del sentido, no sustituirla por otra.

En ese marco, la democracia en Venezuela —como cualquier institución política— no existe como esencia abstracta, sino como un proceso histórico en constante disputa. El análisis semiótico exige estudiar cómo ese proceso es representado, recortado, distorsionado o amplificado por discursos de diverso origen burgués, y especialmente por lo que denominamos “las maquinarias ideológicas del capitalismo mediático”. Son estas maquinarias las que construyen, reproducen y exportan significados sobre la democracia según los intereses que representan. Lo que en muchos entornos mediáticos se denomina “calumnia” no debe tratarse en términos morales sino comunicacionales: son operaciones discursivas cuyo objetivo es dislocar la percepción pública, debilitando la legitimidad de un sistema político mediante signos cuidadosamente diseñados.

Una primera clave semiótico-crítica consiste en transparentar la “homogeneización acusatoria” que pretende reducir toda la complejidad institucional venezolana a una narrativa monocorde de ilegitimidad. Este procedimiento opera mediante metonimias selectivas, donde un hecho aislado se presenta como sinécdoque del total. La democracia es representada como una ficción, un simulacro o una fachada. Estas operaciones buscan eliminar la historicidad del proceso político real, sustituyéndola por un relato donde cualquier evidencia empírica favorable queda invisibilizada. No se trata de una crítica política elaborada, sino de una “gramática de deslegitimación automática”, en la cual ciertos términos funcionan como marcadores de cierre: “dictadura”, “fraude”, “régimen”, “autoritarismo”, “represión sistemática”. Cuando tales marcadores aparecen, el receptor es orientado a no analizar, sino a aceptar un diagnóstico cerrado. Son signos que pretenden bloquear el pensamiento. Y omitir, a toda costa, la voluntad democrática del pueblo revolucionario de Venezuela.

Un segundo componente es la exhibición de la agresión como “construcción del déficit democrático”, consistente en una operación en dos fases. En la primera, se define un estándar ideal de democracia basado en modelos occidentales liberales, presentados como universales y a-históricos. En la segunda, se evalúa la democracia venezolana únicamente a partir de ese modelo, sin atender a su propio desarrollo interno ni a sus instituciones específicas. La semiótica crítica identifica este procedimiento como una forma de colonialidad del sentido, en la cual se impone un marco interpretativo externo que invalida cualquier forma no liberal de ejercicio democrático. El análisis científico exige observar este procedimiento como una estrategia discursiva, no como una evaluación institucional neutral.

Una tercera operación de manipulación ideológica (falsa conciencia) es la “demonización del proceso electoral”. La democracia venezolana ha sido objeto de más de veinte procesos electorales en dos décadas, con auditorías multilaterales, participación de múltiples partidos, reformas y concursos constitucionales. Sin embargo, en el campo mediático dominante se ha instalado una estructura narrativa donde cualquier elección se presume ilegítima antes de realizarse. Esto constituye un fenómeno semiótico relevante, la acusación precede al hecho. En este patrón, la narrativa funciona de forma preventiva, anulando el potencial legitimador de la participación popular. Las palabras clave se repiten con una disciplina casi militar: “fraude anunciado”, “elección controlada”, “voto cautivo”, “candidato sin competencia”. La repetición de estos signos crea un régimen perceptivo en el que el evento electoral pierde su valor simbólico antes de existir.

Y una cuarta clave es la ofensiva que propicia la “desaparición del sujeto popular”. En muchas narrativas oposicionales o extranjeras, la ciudadanía venezolana aparece desdibujada, convertida en una masa pasiva, manipulada o prisionera de un aparato institucional. Este procedimiento semiótico borra la agencia política real de millones de personas que participan, votan, debaten y organizan. La democracia es reducida al comportamiento de élites, desplazando el foco del pueblo como productor activo de legitimidad. Para la semiótica crítica, este borramiento del sujeto es una operación ideológica central, quien controla la representación del pueblo controla la representación de la democracia. Las calificaciones que ignoran la participación popular operan como “necropolítica simbólica del demos”: matar al pueblo como sujeto político mediante el lenguaje.

Otro aspecto fundamental es la “hiperindividualización del conflicto”. La democracia venezolana suele ser reducida en el discurso mediático al comportamiento de una sola persona o a la figura del presidente. Esta simplificación produce un efecto semiótico clave: se sustituye la institucionalidad por una subjetividad personalizada, reduciendo la democracia a un antagonismo moral entre individuos. Así se borran las dinámicas institucionales, los poderes públicos, los partidos, las organizaciones sociales y las estructuras constitucionales. Para Buen Abad, este procedimiento forma parte de la “novelización burguesa de la política”: convertir procesos históricos en melodramas para consumo global. Es un acto de despolitización profunda.

En el nivel connotativo, las calumnias —entendidas semióticamente como enunciados acusatorios no sometidos a verificación— utilizan un repertorio de imágenes afectivas que anulan la capacidad crítica: crisis, caos, devastación, ruina moral. Son signos que buscan impactar y saturar antes que informar. Se construye lo que el Laboratorio denomina un “paisaje cognitivo de excepcionalidad permanente”, donde la democracia venezolana aparece como una anomalía inexplicable. La narrativa hegemónica no concibe la posibilidad de un sistema político latinoamericano que combine participación popular, tensiones institucionales, modelos alternativos y disputas reales por la soberanía. La complejidad se sustituye por la alarma.

En términos pragmáticos, estas operaciones discursivas tienen efectos concretos porque condicionan decisiones diplomáticas, justifican sanciones, bloqueos y operaciones de aislamiento internacional. Estos efectos, aunque se inscriben en la política real, dependen de forma decisiva de la efectividad simbólica previa. La semiótica crítica identifica aquí un mecanismo de “preparación comunicacional del castigo”: antes de aplicar una medida coercitiva, se construye una narrativa donde la democracia del país es tan defectuosa que cualquier acción externa aparece no solo legítima, sino necesaria. Esta alineación entre discurso y acción demuestra que el lenguaje no acompaña la política: la produce.

Un análisis semiótico-crítico riguroso debe incluir la dimensión de resistencia revolucionaria. La democracia venezolana, en tanto proceso, genera su propia producción simbólica con narrativas populares, discursos institucionales, prácticas comunitarias, debates internos, movilizaciones, contradicciones y formas de autoafirmación. La semiótica crítica no idealiza estos procesos, pero sí reconoce que configuran un campo discursivo propio que disputa significado frente a la narrativa burguesa global. El estudio científico exige comprender esta dinámica como una lucha entre hegemonía semiótica y contra-hegemonía comunicacional. La democracia no se limita al acto electoral, se expresa también en la disputa por el sentido. Allí donde el lenguaje intenta reducirla a caricatura, emerge la necesidad de devolverle complejidad, historicidad y materialidad.

Nuestro Laboratorio de Semiótica Crítica concluye que las narrativas que pretenden deslegitimar globalmente la democracia venezolana operan mediante dispositivos simbólicos pre-configurados para imponer diagnósticos morales burgueses antes que análisis políticos. La crítica rigurosa exige desmontar estas operaciones no para sustituirlas por otras igualmente dogmáticas, sino para liberar la interpretación del secuestro ideológico. La democracia, como proceso social, debe estudiarse en sus tensiones reales; las calumnias, como artefactos semióticos, deben estudiarse en su funcionamiento material. Sólo así es posible comprender el conflicto simbólico que atraviesa al país y desactivar la ingeniería comunicacional que pretende clausurar su complejidad. Y robarle todas su riquezas.

Tapas - Prensa

El retorno del Gran Garrote: Cuando la decadencia imperial se disfraza de pirata

Por: Pedro Penso
Director General del Centro de Investigación Contrahegemónica
Red de Internacional de Investigación Antifascista

14 de diciembre de 2025

La Agonía que gruñe

El imperialismo norteamericano atraviesa una de esas paradojas históricas tan deliciosamente irónicas: mientras su poder económico global se erosiona, su arrogancia y su apetito por el despojo directo crecen de manera inversamente proporcional. Ya no basta con el saqueo financiero sutil, con la explotación asimétrica de las cadenas de valor. En su declive, la bestia retrocede a sus instintos más primitivos, a sus formas originarias de acumulación: el robo descarado, la incautación pura y dura, la piratería con bandera de estrella. Este texto producido desde la trinchera del pensamiento crítico, se propone diseccionar este patético espectáculo de un imperio que, en no acepta la realidad, no se adapta a un mundo multipolar, y ha elegido hoy disfrazarse de corsario.

El «Corolario Trump» es la Doctrina Monroe con olor a polvorín

Dicen que revisitar a los clásicos es un signo de cultura. Washington, en un arrebato de nostalgia malsana, ha decidido no solo releer, sino reactualizar con brutal candor la Doctrina Monroe. La han bautizado con el creativo nombre de «Corolario Trump», una actualización que hace parecer al «Gran Garrote» de Theodore Roosevelt como un instrumento de diplomacia delicada.

La nueva estrategia de seguridad nacional lo proclama sin rubor: se trata de «restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental». Traducción para el pueblo latinoamericano: la época de los matices ha terminado. El «patio trasero» debe ser reconquistado, ahora rebautizado como «jardín delantero» para mayor eufemismo. El mecanismo es simple y viejo como el colonialismo: «alistar y expandir» aliados sumisos, y castigar a quienes osen mirar a otros horizontes, especialmente a China. La «diplomacia comercial» no es más que el eufemismo para exigir contratos exclusivos para empresas estadounidenses y expulsar a la competencia. La soberanía de las naciones, un estorbo molesto para los designios de Washington.

El catálogo del despojo moderno, del oro al crudo

La teoría se materializa en un abanico de acciones que, si no fuera por su gravedad, podrían pasar por los guiones de una ópera bufa de mal gusto. He aquí el botín de la decadencia:

· El Oro de Londres: La Farsa Judicial El Banco de Inglaterra, ese noble templo de las finanzas globales, custodia 31 toneladas de oro venezolano, valoradas en miles de millones. Cuando el gobierno legítimo de Venezuela solicitó su devolución para enfrentar la pandemia –incluso proponiendo que la ONU administrara los fondos–, la maquinaria se puso en marcha. Un tribunal británico, con una soberbia imperial que haría sonrojar a un virrey del siglo XVIII, falló que el oro no sería entregado a las autoridades venezolanas. ¿La razón? El Reino Unido reconoce al autoproclamado Juan Guaidó como presidente «interino». Así, el oro de todo un pueblo queda secuestrado en las bóvedas de la City londinense, mientras se urden argumentos legales tan frágiles como la legitimidad de un títere.
· CITGO y el Petróleo: La Expropiación por Decreto El robo de la refinería CITGO en Estados Unidos es otro capítulo de este manual del expolio. Confiscado mediante lo que el gobierno venezolano denuncia como «mecanismos judiciales fraudulentos», representa el despojo de un activo estratégico vital. No es una sanción; es una transferencia de propiedad forzosa, un acto de guerra económica sin declaración formal.
· Piratería en el Caribe: El «Interesante Día» del Emperador El colmo del cinismo llegó con la confiscación de un buque petrolero frente a las costas de Venezuela. El propio expresidente Trump lo anunció con la jactancia de un bucanero: «Acabamos de incautar un petrolero… el más grande jamás incautado». Venezuela e Irán lo han denunciado ante el mundo como lo que es: «piratería estatal» y «un claro caso de robo armado en el mar».

Las autoridades estadounidenses lo justifican citando sanciones y redes ilícitas, pero el mensaje subyacente es más claro y más antiguo: «Lo que flota en ‘nuestro’ mar es nuestro si así lo decidimos».
· El Botín Ruso: El Eufemismo del «Congelamiento» La Unión Europea, en un acto de vasallaje autodestructivo, ha «congelado» activos rusos. «Congelar» es el eufemismo de moda para «robar». Se debate abiertamente usar estos recursos para financiar la guerra en Ucrania, una guerra que, no nos engañemos, es de la OTAN contra Rusia. Es el mismo principio: la propiedad y la soberanía son derechos reservados solo para el imperio y sus acólitos.

América Latina se encuentra entre la sumisión y la insurgencia

Frente a este nuevo asedio, la región se debate. La Celac ha declarado a “América Latina y el Caribe como Zona de Paz”, un principio noble y desafiante. Por un lado, Washington busca «alistar» gobiernos afines, como los de El Salvador, Ecuador o Argentina, ofreciéndoles el papel de gendarmes regionales y socios comerciales privilegiados a cambio de alineamiento absoluto.

Pero por otro lado, crece la conciencia y la resistencia. La doctrina «América First» de Trump es, vista desde el Sur, la doctrina del «América Latina Last». La militarización del Caribe, con portaviones y despliegues permanentes, no es una respuesta a la migración o las drogas, sino la verdadera razón de la agresión: el control de los recursos.

La Dignidad como Trinchera

El «Corolario Trump» no es una demostración de fuerza, sino la evidencia de una profunda debilidad. Un hegemón imperialista seguro de sí mismo negocia, influye, construye consensos, eso sí manipulados, para depredar siempre, pero cuida las formas. Un imperio en crisis, se desenmascara, saquea, confisca, amenaza. Ha vuelto la vista a Nuestra América no porque sea fuerte, sino porque se siente vulnerable y cree que aquí encontrará la última gran renta que sostenga su decadencia.

La respuesta nuestramericana debe ser la unidad en la diversidad, la defensa inquebrantable de la soberanía y la paz, y la denuncia incansable en todos los foros internacionales. Cada barco robado, cada onza de oro retenida, cada activo congelado debe ser un recordatorio: la lucha contra el imperialismo no es un capítulo del pasado, sino la batalla por el futuro de la Patria Grande. El pillaje desesperado del gigante cansado debe encontrar, en nuestro continente, el muro firme de la dignidad recuperada.

¡Hasta la victoria siempre!

IMG_20251211_190435_533

Semiótica de Dictador (el caso contra Venezuela)

Fernando Buen Abad Domínguez

Bajo la imputación de “dictador” perpetrada contra el presidente Nicolás Maduro, anida una amalgama distorsiva con los signos más densamente cargados de intencionalidad ideológica en la guerra sucia mediática contemporánea. Desde la perspectiva del Laboratorio de Semiótica Crítica, de base humanista, talafirmación no puede ser entendido como una mera clasificación política o una descripción institucional, es un artefacto semiótico diseñado para operar como dispositivo de criminalización, deslegitimación y disciplinamiento simbólico al servicio de intereses geopolíticos específicos. El adjetivo no nace de la observación científica ni de la verificación empírica; nace de una ingeniería del lenguaje configurada para producir efectos cognitivos inmediatos sobre audiencias masivas. Su función central es fijar un marco interpretativo hegemónico donde el gobierno venezolano aparece como un poder ilegítimo, antidemocrático, represivo y moralmente condenable, independientemente de cualquier análisis contextual, histórico o jurídico. En este sentido, “dictador” es un signo de combate, un arma de las guerras burguesas del sentido.

Nuestra semiótica crítica identifica en esta operación una estrategia típica del imperialismo comunicacional, la reducción de fenómenos políticos complejos a esencias ideológicas (falsa conciencia) absolutas. El término “dictador”, en este sentido, se comporta como una “metáfora ontológica de demonización”, un procedimiento discursivo que transforma adversarios políticos en entidades esencialmente malvadas, carentes de derechos y susceptibles de intervención.

La nominación no busca describir la realidad política venezolana, busca crear una realidad simbólica en la conciencia de millones. Denominamos a este mecanismo como “estigmatización ideológica”, un acto performativo mediante el cual el poder nombrante —en este caso, actores mediáticos, diplomáticos y gubernamentales articulados con los intereses de Estados Unidos— establece un marco semántico obligatorio que pretende clausurar la interpretación y el pensamiento crítico.Su manejo del adjetivo “dictador” funciona como un nodo semiótico que condensa décadas de ingeniería ideológica occidental. Su contenido semántico se apoya en un reservorio histórico de imágenes, narrativas y afectos producidos por Hollywood, la prensa corporativa y la retórica geopolítica estadounidense, líderes de uniformes oscuros, represión masiva, censura total, violencias sádicas y abolición completa de derechos civiles.

Esta iconografía, alimentada por ficciones y simplificaciones históricas, se activa automáticamente al escuchar la palabra. Su poder reside en la velocidad con la que despliega una constelación de sentidos negativos sin necesidad de argumentación racional. En términos semióticos, se trata de un signo “hipersaturado”, capaz de operar como un dispositivo automático de rechazo. Allí radica su eficacia fasificadora porque opera como un signo que piensa por el receptor, inhibiendo la reflexión.Desde el enfoque del Laboratorio de Semiótica Crítica, el análisis del epíteto exige descomponer sus operaciones en los niveles sintáctico, semántico, pragmático y político-material. En el plano sintáctico, la estructura “Maduro es un dictador” adopta la forma de identidad ontológica: el predicado no describe un comportamiento específico, sino una esencia. Esta operación lingüística elimina toda relación causal o contextual. No se argumenta que, un conjunto de acciones pueda considerarse “autoritarias”, se decreta que el sujeto es, por naturaleza, una figura ilegítima. Esta esencialización es característica de los discursos de guerra. En lugar de discutir medidas políticas, procesos electorales, estructuras institucionales o correlaciones de fuerza, el signo clausura el debate: quien es “dictador” no puede ser interlocutor. La nominación deshumaniza, des-juridiza y des historializa.En el nivel semántico, “dictador” se inscribe en lo que se define como “cadenas de equivalencia ideológica”. En la prensa hegemónica, el término aparece sistemáticamente combinado con “régimen”, “autoritarismo”, “represión”, “crisis humanitaria”, “violación de derechos humanos”, “narcoestado” y “fraude electoral”.

Estas combinaciones repetidas generan un efecto de naturalización y el signo se integra en un ecosistema discursivo donde la equivalencia entre Venezuela y dictadura se presenta como un hecho obvio. Las cadenas semióticas funcionan como una forma de programación de sentido, orientada a evitar que la realidad contamine el relato. En esta lógica, incluso los procesos electorales auditados, las observaciones internacionales, la participación ciudadana o la institucionalidad constitucional venezolanas son sistemáticamente excluidos o reinterpretados para que no interfieran con la narrativa dominante.En el plano connotativo, ese adjetivo activa emociones intensas: miedo, repulsión, indignación moral. La moralización burguesa del discurso es una de las claves de su eficacia.

El enemigo político se presenta como enemigo ético. No es un adversario con el cual se disputa un proyecto histórico, sino un villano cuya mera existencia amenaza la civilización. Esta carga emocional es fundamental para la construcción de consenso en torno a políticas de agresión: sanciones económicas, aislamiento diplomático, intervención humanitaria o incluso invasión militar. La connotación moral absolutista sirve para justificar la violencia contra el país señalado. Es la lógica colonial, se demoniza al otro para hacerlo intervenible.En el nivel pragmático, el término opera como una orden implícita. Nominar es prescribir. La función del signo es producir conductas sociales y políticas. Cuando un líder es llamado “dictador”, lo que se propone como consecuencia esperada es la ruptura de relaciones diplomáticas, el desconocimiento de autoridades, la activación de sanciones, la justificación de apoyo a actores opositores no-electorales, el reconocimiento de figuras paralelas y la construcción de un cerco comunicacional. Es decir, el epíteto no sólo falsifica, sino que habilita acciones concretas. Es un “signo de guerra blanda”, cuyo objetivo es convertir una agresión real en una obligación moral.Una parte central del análisis semiótico requiere estudiar su carácter performativo en el plano internacional. El término “dictador” ha sido utilizado por Estados Unidos como fase preliminar de intervenciones militares o sanciones en múltiples escenarios: Irak, Libia, Siria, Panamá, Granada, entre otros. La estrategia consiste en construir un estereotipo global que permita encubrir los intereses materiales de la acción geopolítica bajo una retórica humanitaria.

El patrón es recurrente: primero se fija un epíteto demonizante, luego se reorganizan las coberturas mediáticas según ese marco, después se introduce el discurso de la “ayuda” y finalmente se ejecutan acciones de fuerza. La palabra, así, es parte del arsenal.En el caso venezolano, el uso del epíteto se intensificó en momentos estratégicos, procesos electorales, intentos de golpe, fases del bloqueo económico y esfuerzos de desestabilización interna. Esto demuestra que el signo no responde a un análisis institucional objetivo, sino a la necesidad de producir un clima simbólico funcional a la agresión. En este sentido, el Laboratorio de Semiótica Crítica identifica un patrón de sincronización entre la retórica mediática, la diplomacia coercitiva y las operaciones psicológicas. La palabra “dictador” no aparece como diagnóstico, sino como mandato.Un análisis semiótico-crítico del signo también exige observar su función dentro de la economía política del capitalismo global. El epíteto sirve para ocultar que el verdadero conflicto no es institucional, sino económico, petróleo, gas, oro, minerales estratégicos, posición geopolítica y modelos alternativos de integración regional. Demonizar al líder es una estrategia para demonizar al proyecto político que encarna. La palabra “dictador” es el velo semiótico que oculta la disputa por recursos y soberanía. Esta opacidad intencional es parte del diseño comunicacional del imperialismo. El capitalismo necesita manipular el sentido para manipular la historia.En el análisis semiótico-crítico también debe incluirse la dimensión psicológica de la recepción. El epíteto funciona mediante un mecanismo de asociación automática que inhibe la capacidad crítica del receptor. Cuando la palabra se repite en portadas, noticieros, discursos y redes sociales, el público acaba actuando bajo un reflejo condicionado: aceptar la acusación sin preguntar por sus fundamentos. La repetición produce guerras cognitivas.

Aquí opera lo que el Laboratorio denomina “naturalización semiótica”, un proceso mediante el cual un término se convierte en sentido común, aun sin evidencia. La crítica exige desmontar esta automatización.Finalmente, la semiótica crítica entiende que un análisis riguroso debe culminar con la construcción de contra-semiosis emancipadora. Es decir, no basta con desmontar la calumnia, es necesario producir categorías, lenguajes y marcos interpretativos que restituyan complejidad, historicidad y legitimidad a los procesos políticos latinoamericanos.

La disputa por la palabra es disputa por la realidad. En este sentido, el Laboratorio de Semiótica Crítica establece que términos como “dictador”, cuando son utilizados como instrumentos de guerra mediática, deben ser desactivados mediante investigación científica, alfabetización comunicacional y producción de nuevos repertorios simbólicos capaces de desmontar la ingeniería imperial. La verdad debe ser defendida frente a la violencia semiótica burguesa. El análisis científico es una forma de revolución de las conciencias.

Guerra cognitiva imagen tomada de Telesaur

Justificaciones para el robo de un petrolero: modelo dinámico de respuestas paradojales de guerra cognitiva

José Garcés*

Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual

LAUICOM

Ayer 10 de diciembre de 2025, el gobierno de los EE. UU., dijo haber “incautado” un buque petrolero venezolano, “el más grande que haya visto nunca” dijo el presidente Trump. El uso de eufemismos como “incautar” cuando en realidad se trata de “robo” es frecuente en los medios hegemónicos y en el discurso de Trump. Éstos se usan como medio para moldear la opinión pública, de manera que hacerla favorable a sus intereses; y ya sabemos que este es uno de los objetivos de la guerra cognitiva. Según Du Cluzel, “la guerra cognitiva hace que la población del país atacado trabaje activamente a favor del ejército atacante”.

En este sentido, algunas muestras de las opiniones de la población opositora parecen confirmar esta observación. En entrevistas realizadas a una muestra de opositores, éstos manifestaron las siguientes opiniones:

Opositor 1:

“Eso pasa cuando no pagas”.

“Como Venezuela está sancionada por no pagar, EE. UU., tiene que cobrarse de alguna manera”.

“La gente sabe que NO HAY GASOLINA, y Maduro en vez de estar enviando petróleo a los demás, debería dárselo a los venezolanos, y hacer gasolina con ese petróleo”.

Opositor 2:

“Ese es un buque sancionado y los EE. UU., son muy estrictos”.

“A mí lo que preocupa es que, en vez de hacer negocios con los EE. UU., Maduro está haciendo negocio con los rusos, pero ellos no están enviando los productos para hacer gasolina”.

“Yo no sé qué va a pasar”.

Opositor 3:

“Pues, ¡Bien hecho!”.

“Maduro se lo tiene merecido”.

A la repregunta ¿Esto no te afecta a ti?, responde:

“Yo no sé cuándo se va a acabar este infierno”.

Algunos internautas expresan su opinión en la red social X (equis):

“FBI, HSI y la Guardia Costera incautaron un petrolero usado para mover petróleo sancionado de Venezuela e Irán. El buque operaba en una red ilícita vinculada a organizaciones terroristas. La operación fue segura y continúa la investigación”.

“Viste que la justicia tarda pero llega, tu que comunicas todos los días sobre estos cargueros maleantes les llego su día, jajaja creo que Trump espero el más grande jajaja”.

“El buque iba destinado a la dictadura cubana”.

“Carajos…

Definitivamente el Nobel de la Paz y el retraso de María Corina eclipsaron bastante bien esta noticia, pero no creo que haya llegado tarde a Miraflores; después de ver ese video hasta a mí me dio miedo.

Pura ANTESALA”.

El inconveniente de tratar de medir el Tono emocional de una población a través de una red social, es que no se sabe si realmente son personas reales, ya que se ha señalado que cerca del 90 % de los post de las RR. SS., son de origen “No humano”, pero también nos sirven para averiguar cuál es la opinión que se quiere sembrar en la población a través de la técnica de “Inundación” que consiste es repetir una idea millones de veces, hasta que se instaure en la mente de esa población.

De las opiniones expresadas por lo opositores podemos abstraer algunas ideas sustantivas:

  1. La aprobación incondicional a todo lo que haga el presidente Trump.
  2. El “Castigo” al Presidente Maduro.
  3. La aparición de un “Chivo expiatorio” como los rusos, los cubanos y los chinos.
  4. La preocupación por la falta de gasolina.
  5. La justificación de la acción como parte del combate al “Terrorismo”.

(Vale decir que, en la mente de los opositores alcanzados por la guerra cognitiva, “Terrorismo” quiere decir: rusos, iraníes, chinos, cubanos, narcotraficantes, asesinos, traficantes de órganos, etc.).

Incorporación del carácter dinámico en el estudio de la guerra cognitiva:

Los recientes hechos nos dan la oportunidad para ilustrar una hipótesis que venimos trabajando: se trata de que la guerra cognitiva y la guerra multiforme se apoyan la una a la otra en una relación bidireccional.

En la mente de los venezolanos viene gravitando la preocupación para abastecerse de gasolina. Muchos usuarios han decidido comprar gasolina dolarizada y olvidarse de la gasolina subsidiada por las largas colas que se arman; ya las colas no se organizan de un día para otro, sino con dos días de antelación. El pueblo viene sabiendo de esta situación desde hace meses, y la idea de que “hay poca gasolina”, viene rondando en la mente de manera silenciosa.

Los hechos de ayer, 10 de diciembre, en Oslo más que una victoria, reportan una derrota al imperio. Trataron de generar un clima de incertidumbre que reportara una épica aparición en la ceremonia, en una misteriosa llegada de MCM a recibir el premio, pero este clima no convenció a nadie (ni opositores ni a chavistas), y más bien en las calles de Oslo, se hacía sentir un rotundo rechazo. Las palabras del presidente del comité Nobel no pudieron ser más parcializadas, saludando a EGU como “presidente electo”, y convirtiendo la ceremonia en un vulgar acto político de extrema derecha. Definitivamente se trató de una derrota para los EE. UU., y sus subalternos europeos y criollos.

Ante esa derrota, que ocurría en Oslo, pero también en las mentes de los venezolanos, el imperio decide atacar por otro flanco y es entonces, cuando ordena robar el petrolero. De manera que, Trump no iba a permitir que los patriotas venezolanos se acostaran la noche del 10 de diciembre con una sonrisa en sus labios. 

De manera que al imperio, solo le bastó identificar una de las preocupaciones que, de seguro, sus grupos focales, ya han identificado y tabulado, y apretar la tuerca correspondiente, lo que destapó las preocupaciones referidas en las opiniones de los opositores encuestados en cuanto a una posible escases de gasolina.

Las frases: “Yo no sé qué va a pasar”, “Yo no sé cuándo se va a acabar este infierno” y “después de ver ese video hasta a mí me dio miedo”, responden a la ya señalada desprotección, presente en el alma de los opositores. Recordemos que el miedo y el odio, son las emociones principales en los opositores, ellos no persiguen construir ningún objetivo, ellos lo que quieres es que se acabe lo que consideran un infierno, por cualquier medio. En términos de la teoría conductual, se trata de una conducta reforzada negativamente, que lo que quieren es que DESAPAREZCA ALGO, no que APAREZCA ALGO. Por ello, los opositores no tienen ningún programa, les basta con cualquier cosa que les signifique la posibilidad de lo que ellos consideran que es “una condición aversiva”.

Modelo dinámico de respuestas paradojales de Guerra Cognitiva

Este modelo toma como base la aproximación cognitiva descrita en trabajos anteriores (Ver libro “Dimensiones de la guerra cognitiva”) en el que se describen 7 puntos para lograr estructurar el sesgo cognitivo. Paralelamente se apoya en las condiciones políticas y económicas que tienden a la consonancia de la desprotección y el odio, como en este caso, con el buque robado que castiga una respuesta reforzada negativamente, (lo que es devastador). Estos elementos se coordinan dinámicamente el uno con el otro y generan la dimensión imaginal. Estamos demostrando que la guerra cognitiva ha trascendido los límites del psiquismo racional para entrar en el dominio de lo paradójico y lo irracional, provisto por el mundo imaginal (Corbin).

Lo imaginal es aparentemente contradictorio y bizarro, y legitima la aceptación incondicional de la que goza Trump en una parte de la población que ronda el 40 % en la población de EE. UU., y un número apreciable y no determinado aquí en Venezuela. Lo imaginal es lo que sustenta la idea de: “La justicia tarda pero llega”. Lo imaginal es el dominio del que se aprovechan Trump y Milei cuando se comportan con la patanería que lo caracterizan. Trump la maneja con la intención de hacerse ver superior a los demás seres humanos, por eso dice con desparpajo:  “Sin nosotros no hay mundo” (https://actualidad.rt.com/actualidad/576632-trump-sin-nosotros-no-hay-mundo),  de manera de erigirse en la autoridad del mundo, y como de alguna manera, toda autoridad es legítima (recordemos a Koyeve y a Weber), sería algo así como: “Jefe es jefe manque tenga cochochos”, por eso sus acciones, aunque estén al margen de la ley, son aprobadas como positivas por el sector de la población manipulado por la guerra cognitiva.

Conclusiones:

En este escrito proponemos el “Modelo dinámico de respuestas paradojales” para explicar la guerra cognitiva. En este modelo se estudia el sesgo cognitivo a partir del modelo de los siete (7) pasos, en conjunción con variables políticas y económicas actuales y coyunturales, que son utilizadas como acicate para influir sobre mismas las variables descritas. De manera que las variables materiales estimulan las psicológicas. Ej. Sí se ha estimulado la desprotección, entonces se roba un buque petrolero para estimular el miedo al desabastecimiento de gasolina y de esta forma aumentar esa desprotección.  Estos son los insumos con los que trabaja el mundo imaginal y los productos de este mundo imaginal son sagrados e inamovibles.

Esto explica por qué algunos venezolanos aprueban las acciones de piratería que ha emprendido el gobierno de los EE. UU., y cumple con el precepto fundamental de la guerra cognitiva: “La población atacada ha de trabajar activamente en favor del ejército atacante” aunque esto signifique que están atentando contra sí mismos en una actitud suicida y paradojal.

*Investigador del Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual de Lauicom. Psicólogo clínico. Maestría en Psicología. Cursante del Doctorado en estudios Nuestroamericanos. Profesor de la cátedra: Naturaleza de la Guerra Cognitiva.

photo_5030722355637979932_y

¿Quién le teme a la fortaleza cultural cubana?

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

Quien entiende la cultura como un campo de batalla estratégico, en la lucha por la emancipación de los pueblos, sabe que la fortaleza cultural cubana no se mide únicamente por la riqueza artística, la literatura o el cine, sino por la capacidad de un pueblo de transformar su conciencia, disputar sentidos hegemónicos y sostener un proyecto histórico que articula soberanía política, justicia social y pensamiento crítico. Es decir, lo realmente nuevo para la especie humana. Desde una nuestra perspectiva semiótica y crítica, la cultura es un instrumento material de la lucha de clases, un terreno donde se juega la hegemonía y la contra-hegemonía, donde se consolidan o debilitan los procesos de emancipación. La cultura cubana, producto de su historia, su revolución y su creatividad popular, representa un obstáculo para los intereses globales que buscan homogeneizar el pensamiento, mercantilizar la vida social y subordinar identidades nacionales a los dictados del capital. Quien le teme a la fortaleza cultural cubana no le teme sólo la música, a la literatura o al cine, sino al potencial de un pueblo que se reconoce actor consciente de su historia, que sabe que la educación, el arte y la memoria son armas estratégicas para disputar la realidad y transformar la vida.

Esa fortaleza cultural de Cuba se construye en la intersección de su revolución histórica y su proyecto humanista, entre creatividad popular y disciplina intelectual. No es un museo ni un espectáculo, es un proceso vivo, que se nutre de la experiencia concreta de la población, de sus victorias y derrotas, y de su capacidad de sostener la revoluciónfrente a presiones ideológicas externas y bloqueos económicos. La cultura no es un reflejo pasivo de las condiciones materiales, sino parte activa de la transformación social, capaz de modificar percepciones, organizar la conciencia y movilizar subjetividades hacia la acción.

Desde la música popular cubana, desde la rumba y el son hasta el jazz afrocubano y la trova, su Cultura no sólo entretiene, especialmente articula historia revolucionaria, memoria y moral de lucha. Cada letra, cada improvisación, es un registro vivo de la lucha y un canal para la transmisión dialéctica de valores colectivos. La obra de trovadores como Silvio Rodríguez, Noel Nicola o Pablo Milanés es ejemplo de cómo el arte puede ser vehículo de crítica social y pedagógica, formando conciencia mientras construye belleza. El cine cubano, desde los documentales del ICAIC hasta las películas de ficción contemporáneas, ha mostrado las complejidades de la vida nacional sin claudicar ante estereotipos externos, abordando temas como la desigualdad, la memoria histórica, la revolución y la vida cotidiana de la población, creando un relato que desafía la narrativa hegemónica global. La literatura, desde Nicolás Guillén hasta Leonardo Padura, ha articulado poesía, novela y ensayo como instrumentos de crítica social y formación de conciencia, mientras que el teatro comunitario y la danza afrocubana mantienen vivas tradiciones populares al tiempo que generan experiencias estéticas con sentido emancipador. Una sola revolución con voces de la cultura diversa.

El temor a la fortaleza cultural cubana surge del reconocimiento de que la cultura puede ser un instrumento de emancipación, un eje que organiza la vida social y consolida la autodeterminación. La educación cubana, desde la alfabetización masiva hasta la formación universitaria, ha producido sujetos capaces de pensar críticamente, de cuestionar el orden establecido y de transformar la realidad social. Esto provoca temor en quienes buscan reducir a los pueblos a consumidores pasivos de información y cultura mercantilizada. La fortaleza cultural de Cuba demuestra que otro mundo es posible, que la dependencia y la alienación no son inevitables, y que la conciencia crítica puede articularse con la práctica transformadora. La cultura cubana se convierte así en contra-hegemonía concreta, una demostración palpable de que la educación, el arte y la memoria pueden organizar la resistencia y sostener un proyecto emancipador frente al poder global. Quien no la conoce se ha perdió de un filón enorme del proyecto civilizatorio más joven de nuestro tiempo.

Esta fortaleza también reside en su capacidad de resistir y reinventarse revolucionariamente. No es rígida ni dogmática; es un proceso que asume la historia con sus contradicciones, reconoce los errores y aprende de la experiencia, incorporando saberes locales e internacionales de manera crítica. Los proyectos culturales comunitarios y los programas educativos integrales permiten la participación activa de la población en la producción de conocimiento, generando sujetos conscientes de su poder transformador. La música, el cine, el teatro y la literatura no solo representan estética, sino que son herramientas pedagógicas y políticas que disputan sentidos, refuerzan la cohesión social y consolidan la memoria histórica.

Quien teme a la fortaleza cultural cubana teme la emancipación de los pueblos, la autonomía de la conciencia y la potencia de una cultura que demuestra que crear, resistir y transformar son actos inseparables. La hegemonía cultural, revolucionaria se conquista no sólo por la fuerza o la economía, sino por la capacidad de producir significados, símbolos y prácticas que orienten la vida social hacia la liberación; en este sentido, Cuba ha construido un espacio simbólico propio que desafía las narrativas hegemónicas, y eso genera temor en quienes desean un mundo uniforme, donde la cultura sea mercancía y no herramienta de conciencia.

Ese temor burgués ante la Cultura cubana se amplifica ante la capacidad de su pueblo de vincular educación, arte y política de manera integral. Los programas de alfabetización masiva, los proyectos culturales comunitarios y la sistematización de la educación artística permiten que la población participe activamente en la producción de conocimiento y sentido. Esto desafía la lógica mercantil y elitista de la cultura globalizada y demuestra que la emancipación no es una utopía, sino práctica histórica y consciente. La fortaleza cultural cubana es, en este sentido, un instrumento de soberanía simbólica, que sostiene la resistencia frente al bloqueo económico, la presión mediática y la intervención extranjera, y que proyecta un modelo de desarrollo humano integral que va más allá del consumo y la homogeneización cultural.

Semejante fortaleza cultural cubana no es exhibición ni nostalgia; es un ejercicio estratégico de emancipación, una praxis de la conciencia, la creatividad y la solidaridad que se constituyen en herramientas de revolución permanente. Comprender que esta fortaleza desafía intereses externos, educa, organiza y fortalece la vida colectiva desde dentro, demostrando que la cultura revolucionaria es pilar irrenunciable de cualquier proyecto de liberación social. Temen a Cuba quienes temen que los pueblos se reconozcan como sujetos de su historia, capaces de crear, transformar y sostener un proyecto emancipador que articule justicia social, soberanía y conciencia crítica. La fortaleza cultural cubana permanece, así como prueba viva de que la emancipación es práctica, no ilusión, y un faro para todos los pueblos que buscan construir un mundo más justo, consciente y libre.

IMG_20251210_142214_757

LABORATORIO DE SEMIÓTICA CRÍTICA

∙ Cátedra MacBride

∙ UICOM

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

Esa acusación de “narco-terrorismo” hecha por Donald Trump contra Venezuela, entre otras muchas, constituye un dispositivo semiótico de rendimiento ideológico calculado, cuya potencia performativa excede su aparente simplicidad verbal. Desde la perspectiva de nuestra semiótica crítica, esta denominación no puede analizarse como un simple rótulo descriptivo, sino como una operación estratégica que articula intereses geopolíticos, economías discursivas y tecnologías de producción de sentido orientadas a la construcción de un enemigo legitimador. El signo “narco-terrorismo” no remite a hechos verificables, sino a una arquitectura simbólica diseñada para instalar un marco interpretativo que convierte al Estado venezolano en una entidad paria, criminalizable y susceptible de intervención. Es un signo cargado de vectores semánticos que condensan, en una fórmula impactante, varias décadas de ingeniería discursiva estadounidense sobre América Latina.

Desde un punto de vista científico-semiótico, el término funciona como un “signo complejo de coagulaciones ideológicas”: integra dos núcleos semánticos —“narco” y “terrorismo”— que han sido previamente sobre-determinados por la maquinaria comunicacional y jurídica de Estados Unidos. En la historia reciente, ambos conceptos han operado como justificaciones simbólicas para intervenciones militares, sanciones y operaciones encubiertas. El efecto de fusionarlos es multiplicar su carga afectiva y su valor persuasivo. La estrategia semiótica consiste en explotar el capital histórico de miedo, repulsión moral y excepcionalidad jurídica acumulado por esos términos, trasladándolo hacia un Estado soberano mediante un acto performativo de nominación. No se trata solo de un insulto político, es una “clasificación de guerra”, un signo que habilita un régimen de acciones extraordinarias.

Ese dispositivo semiótico “narco-terrorismo” opera entonces como un “signo operador” que no describe, sino que activa. Produce un marco cognitivo en el que Venezuela aparece como amenaza transnacional. Esta operación se sostiene en la lógica del “enemigo total”, donde el antagonista no es un gobierno específico, sino una entidad que combina crimen organizado y violencia política global. En términos de semiótica crítica el signo se incrusta en la “economía política del imaginario”, donde los medios corporativos actúan como máquinas de reproducción de la nominación, amplificando su efecto hasta convertirlo en un hecho socialmente percibido como evidente. La manufactura de consenso se alimenta de la repetición disciplinada: titulares, discursos, informes y declaraciones se alinean para consolidar el signo hasta desmaterializar cualquier análisis empírico que lo cuestione.

Un análisis riguroso requiere observar la estructura sintáctica de la acusación, se trata de una operación de interpelación directa (“Venezuela es un narco-estado terrorista”), donde el sujeto de la frase (el Estado venezolano) es capturado en un predicado intensivo que elimina matices, procesos y contradicciones. La estructura “S = T” (Sujeto = Terrorista) instala una identidad fija, no una descripción temporal o condicional. El signo funciona así como marca ontológica: Venezuela “es”, esencialmente, una amenaza. Esta esencialización transforma un fenómeno geopolítico complejo en una entidad moralmente condenable. Desde el Laboratorio de Semiótica Crítica, esta operación corresponde a la técnica imperial de “metáforas absolutas”, aquellas que transforman un conflicto político en un relato teológico de bien contra mal.

Tal elección del término también responde a un diseño pragmático orientado hacia la opinión pública estadounidense y sectores de la “clase media” internacional fuertemente colonizados. El uso de “narco-terrorismo” activa en el imaginario social una cadena de asociaciones fuertemente instaladas desde la “Guerra contra las drogas” y la “Guerra contra el terrorismo”, carteles mexicanos, 11-S, ISIS, Afganistán, Colombia paramilitar, y toda la iconografía audiovisual creada por Hollywood y los noticieros. Esta semiosis acumulada es puesta en circulación para construir un enemigo latinoamericano moldeado según las necesidades estratégicas del momento. No importa la ausencia de evidencia; importa la eficacia simbólica.

Desde la perspectiva del Laboratorio de Semiótica Crítica, esta acusación se inscribe en la dinámica del “terrorismo semiótico imperial”, el uso de signos aterrorizantes para disciplinar conciencias y justificar agresiones. Estados Unidos declara “narco-terrorista” a un Estado como parte de un procedimiento de “marcado simbólico” que antecede cualquier acto de presión económica o militar. Se trata de una etapa de la guerra comunicacional que busca preparar el terreno para medidas coercitivas: sanciones, cerco diplomático, operaciones psicológicas, narrativas humanitarias y, eventualmente, incursiones militares. El signo es el primer disparo.

Un análisis denotativo revela la paradoja: Estados Unidos es uno de los mayores consumidores de drogas del mundo, su sistema financiero ha servido sistemáticamente de plataforma para lavado de dinero, y ha operado durante décadas con carteles aliados en diferentes regiones. Sin embargo, la enunciación imperial permite invertir la carga semántica: el acusador se presenta como defensor de la ley global y el acusado como foco de criminalidad. Esta operación semiótica se explica por lo que se denomina “inversiones ideológicas” que son mecanismos donde el poder atribuye al otro aquello que caracteriza sus propias prácticas.

En el nivel connotativo, “narco-terrorismo” proyecta imágenes de caos, clandestinidad, violencia extrema, redes internacionales y amenaza inminente. Su eficacia deriva de la saturación sensorial: el concepto llama al miedo como herramienta política. El miedo es uno de los vectores semióticos más eficientes para colonizar la conciencia. En este sentido, el término produce un efecto de “cierre cognitivo”, el destinatario, invadido por la amenaza simbólica, acepta sin resistencia las medidas que se derivan del diagnóstico oficial.

En el nivel pragmático, la acusación cumple tres funciones: 1. Justificar la intensificación del bloqueo económico, presentándolo no como agresión sino como medida de seguridad global. 2. Deslegitimar al gobierno venezolano en el escenario internacional, reduciéndolo a una entidad criminal sin derecho a autodeterminación.3. Preparar la opinión pública para posibles acciones de intervención, ampliando el margen de maniobra del Poder Ejecutivo estadounidense.

Nuestro Laboratorio de Semiótica Crítica reconoce aquí la construcción de una “ingeniería del consentimiento criminalizante”. Para ello, el discurso se presenta como lucha contra el mal absoluto. Es lo que Buen Abad identifica como “teología comunicacional del imperio”: una narrativa donde Estados Unidos se ubica en el lugar del salvador universal y cualquier resistencia se interpreta como amenaza diabólica. Debe notarse también la dimensión colonial del signo. América Latina ha sido históricamente convertida en laboratorio de nominaciones disciplinarias: “patio trasero”, “repúblicas bananeras”, “estados fallidos”, “dictaduras socialistas”, “amenazas narcoterroristas”. Estas categorías no describen realidades: las producen. Funcionan como tecnologías de subjetivación geopolítica. Desde la ciencia semiótica crítica, entender estas nominaciones es indispensable para comprender la arquitectura simbólica del imperialismo.

Esa acusación de Trump no surge aislada, es parte de una cadena discursiva donde el imperialismo norteamericano fabrica enemigos según sus intereses económicos y estratégicos. La retórica del “narco-terrorismo” busca ocultar las razones materiales del conflicto: control del petróleo, disciplinamiento geopolítico, intervención en los procesos de integración regional y apropiación de recursos energéticos. El signo esconde la estructura. Su guerra mediática es siempre un intento de separar el pensamiento de la realidad material para someterlo a la ideología dominante.

Nuestro trabajo como Laboratorio de Semiótica Crítica debe subrayar la necesidad de desmantelar estas operaciones mediante una praxis crítica de la comunicación. Comprender el signo “narco-terrorismo” no basta, es necesario producir contra-semiosis que devuelvan complejidad, historicidad y materialidad al análisis de los conflictos. El pensamiento crítico es un acto de defensa de la conciencia, pero aislado de la praxis es insuficiente, desactivar el terror semiótico es una forma de emancipación. El signo imperial debe ser desmontado para que la realidad vuelva a hablar con su propio espesor y no bajo el ruido ensordecedor de la propaganda. Y articular nuestros propios enunciados para la liberación.

DE00050_2.jpg

No queremos un nuevo Guernica en el Caribe

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

No queremos un nuevo Guernica en el Caribe, y esta afirmación no es sólo un grito simbólico, sino un llamado urgente a la conciencia histórica y política de los pueblos del hemisferio. Hablar de Guernica remite inevitablemente al horror, al sufrimiento de los inocentes y a la destrucción indiscriminada que la guerra inflige sobre las vidas de quienes no tienen voz en las decisiones de poder. La evocación de esa ciudad vasca bombardeada en 1937 se convierte, en el contexto caribeño contemporáneo, en una advertencia frente a la amenaza de intervenciones militares, económicas o políticas que podrían reproducir los patrones de violencia histórica, en los que los intereses hegemónicos se imponen por la fuerza y la población civil paga las consecuencias más dolorosas.

Este llamado no es solamente geográfico ni temporal, sino ético y político, y nos interpela a reconocer los signos de una posible repetición de la historia, de un Guernica que aún no ocurre pero que puede perfilarse si se ignoran las lecciones del pasado. La historia del Caribe está marcada por intervenciones externas que, aunque revestidas de discursos de seguridad, democracia o ayuda humanitaria, han tendido a favorecer la dominación económica y militar imperialista, provocando desplazamientos, hambre, desigualdad y fragmentación social. En este sentido, el Guernica no es sólo un cuadro, es un símbolo de lo que sucede cuando el capitalismo impune decide que la población es prescindible, que los cuerpos de los inocentes pueden ser sacrificados por la lógica del interés estratégico que es saquear recursos naturales y castigar rebeldías. La obra de Picasso y su resonancia histórica actúan como un espejo que refleja lo que está en juego cada vez que se prepara un conflicto: la vulnerabilidad de los pueblos y la necesidad de articular la memoria como escudo contra la repetición de la violencia.

Especialmente la Venezuela en nuestro Caribe, con su historia de colonización, intervenciones militares y explotación económica, no puede permitirse el lujo de olvidar estas lecciones. No podemos abstraer la noción de guerra del contexto de la vida cotidiana de los pueblos, porque la guerra no es un fenómeno abstracto; es destrucción, desplazamiento, terror, dolor que se imprime en cuerpos y memorias. Al evocar el Guernica, estamos también señalando la urgencia de reconocer las continuidades entre los crímenes del pasado y las amenazas del presente: intervenciones militares que se justifican con pretextos de seguridad o liberación pueden fácilmente replicar los patrones de devastación que Picasso inmortalizó en su lienzo. El Guernica es, entonces, una advertencia permanente, un testimonio visual que nos obliga a mirar de frente la violencia y a cuestionar las estructuras de poder que la generan.

No se trata únicamente de política internacional; se trata de la defensa de la vida, de la preservación de la memoria colectiva y de la afirmación de la soberanía de los pueblos frente a las fuerzas externas que buscan imponer su voluntad. La memoria del Guernica nos recuerda que los crímenes de guerra no se olvidan, que las cicatrices de la violencia quedan inscritas en la conciencia colectiva y que la justicia histórica es un requisito indispensable para la paz futura. En el Caribe contemporáneo, la posibilidad de un nuevo Guernica se manifiesta en la vulnerabilidad de los Estados frente a la presión militar, económica y mediática, en los desequilibrios de poder que hacen que decisiones de carácter estratégico se tomen sin consulta ni consideración por los derechos de la población, y en la mercantilización de la violencia, donde la guerra se convierte en un instrumento de control más que en un conflicto humanamente inevitable.

No queremos un nuevo Guernica porque entendemos que la historia no es neutral y que la pasividad frente a la injusticia es cómplice de la repetición. Este rechazo se expresa tanto en la resistencia política como en la conciencia cultural: se trata de reconocer que los símbolos del pasado, como el Guernica, siguen teniendo relevancia en la actualidad y que su mensaje debe ser incorporado a la educación, al debate público y a las estrategias de prevención de la guerra. La denuncia de la violencia, la defensa de los derechos humanos y la construcción de alternativas de cooperación y solidaridad regional son formas de proteger al Caribe de la repetición de tragedias históricas. La obra de Picasso nos enseña que la representación artística puede ser un arma ética poderosa, capaz de movilizar la memoria, sensibilizar a la sociedad y generar conciencia frente al horror que de otro modo podría ser naturalizado. Así, no querer un nuevo Guernica implica, al mismo tiempo, rechazar la guerra, cuestionar el imperialismo, fortalecer la memoria histórica y construir mecanismos de resistencia colectiva que privilegien la vida y la justicia.

No se trata de un argumento abstracto ni estético; es una exigencia política y moral que atraviesa los cuerpos, las ciudades y las instituciones. Significa reconocer que cada decisión política, cada intervención militar, cada imposición económica, tiene repercusiones humanas directas, y que ignorarlas es abrir la puerta a la repetición de la historia. En última instancia, la advertencia de no querer un nuevo Guernica en el Caribe es una invitación a la vigilancia ética, a la movilización ciudadana y a la reafirmación de la soberanía y dignidad de los pueblos. Es un recordatorio de que la paz no se decreta ni se impone desde arriba, sino que se construye mediante la memoria, la educación, la justicia y la solidaridad, y que la historia del Guernica nos enseña que la inacción frente al horror es un acto de complicidad.

Cada generación del Caribe tiene la responsabilidad de leer las señales del presente a la luz de las lecciones del pasado, de reconocer los indicios de violencia estructural o directa y de actuar para que la devastación que Picasso plasmó en su obra nunca se reproduzca en su tierra, en sus ciudades ni en sus vidas. Así, el rechazo a un nuevo Guernica se convierte en una práctica activa de preservación de la vida, en un compromiso ético con la historia y en una declaración política de que la memoria y la justicia deben preceder a la guerra, que la dignidad de los pueblos debe protegerse frente a cualquier forma de agresión y que el arte, la memoria y la resistencia colectiva son aliados esenciales en la construcción de un Caribe que no repita los horrores del pasado.

Nuestra defensa de la vida, la justicia y la memoria se entrelazan en esta lucha ética, convirtiéndose en los cimientos sobre los cuales se puede edificar un presente y un futuro que honre la dignidad humana y que garantice que las imágenes de destrucción y sufrimiento que Picasso inmortalizó nunca se materialicen nuevamente en la región. No queremos un nuevo Guernica en el Caribe porque queremos preservar la vida, la memoria, la ética y la soberanía, y porque sabemos que la paz verdadera solo se construye cuando la historia se recuerda, los crímenes se denuncian y los pueblos actúan con conciencia y solidaridad frente a la violencia y la injusticia.

Aporrea

National Security

Semiótica del National Security Strategy 2025 de USA

Fernando Buen Abad Domínguez

¿Qué significa todo esto?
Desde nuestra mirada semiótica crítica, este documento no puede leerse meramente como plan militar o diplomático, es una Guerra Cognitiva o Batalla Cultural burguesa sobre el orden económico y simbólico mundial, es una nueva gramática de dominación, un reordenamiento de sentidos sobre patria, soberanía, amenaza, identidad, poder. Constituye una operación de hegemonía simbólica: redefine lo que es normal, deseable, legítimo; lo que es amenaza, inseguridad, decadencia; lo que merece protección, intervención, coerción. Y en ese juego simbólico‑estratégico, hay una apuesta por la domesticación del miedo, por la militarización del imaginario social, por la naturalización de la xenofobia, por la resemantización del nacionalismo como escudo contra el caos. Se instituye una nueva semiótica del Estado‑gendarme, de la frontera fortificada, del antagonismo perpetuo, de la soberanía cerrada, de la identidad homogénea. Es un escenario irrenuncable para la disputa por el sentido.

No es un documento neutro; es una operación de poder que respira violencia simbólica, que construye realidades y legitima hegemonías. Desde su primera línea, proclama la soberanía absoluta del Estado-nación como principio irrenunciable, y en esa declaración se inscribe una gramática de exclusión: América no debe compartir su destino, debe defenderlo como un territorio sagrado, como un espacio delimitado por fronteras invisibles y amenazas siempre acechantes. La fuerza no es opción; es mandato, y la legitimidad de la violencia se convierte en norma, en principio rector de la seguridad, en ley no escrita que organiza el mundo y lo redefine. El texto no describe peligros, los produce, los magnifica, los codifica en signos que la sociedad interioriza, que el ciudadano acepta como inevitables. Cada enemigo nombrado —migrantes, potencias extranjeras, actores no estatales— no es simplemente una amenaza; es un significante cargado de miedo, un símbolo que condensa caos, decadencia y peligro, una excusa para justificar el control total y la intervención preventiva. Justificación perfecta para la industria de las armas.
Convierte la historia en mito selectivo y su memoria en instrumento de poder. Europa es decadencia, América Latina es subordinación, Asia es competencia implacable, y cada espacio geopolítico recibe un valor moral y estratégico, un signo que lo posiciona en el tablero de la supremacía. Se establece así un código semiótico de aliados y enemigos que no depende de hechos objetivos, sino de narrativas mercantiles cuidadosamente elaboradas, Europa debe salvarse de sí misma, América Latina debe obedecer, China debe ser contenida, y el orden internacional queda redefinido por la prioridad absoluta del interés estadounidense. La violencia se naturaliza como método, el miedo se normaliza como estado, y la intervención se convierte en derecho inherente del poder que se sabe superior.
En el corazón del documento late una obsesión con la identidad nacional que trasciende la política y toca la cultura misma, lo americano es virtud, lo otro es peligro; la diferencia no es diversidad, es amenaza; la mezcla no es riqueza, es descomposición. Los signos de la alteridad —idiomas, costumbres, migración, prácticas culturales— son resignificados como vectores de inseguridad, y esa re-significación opera sobre la percepción social con la fuerza de una máquina disciplinaria: condiciona el imaginario, moldea comportamientos, genera consenso y miedo a la vez. Cada palabra de la estrategia actúa sobre el lector, sobre el ciudadano, sobre la comunidad, construyendo la sensación de que sin control absoluto y vigilancia permanente la nación sucumbiría.
Se despliega además como una coreografía de poder. La fuerza militar no es instrumento, es lenguaje; la economía no es intercambio, es signo de influencia; la diplomacia no es diálogo, es dispositivo de dominación. Cada decisión, cada línea, cada categoría semántica comunica jerarquía y orden: la seguridad se entiende como supremacía, y la supremacía como necesidad moral. La retórica de urgencia y declive articula un crescendo de peligro que legitima cualquier medida, desde la militarización de fronteras hasta la presión económica y la manipulación diplomática. No hay neutralidad; no hay pausa; todo está destinado a producir consentimiento, obediencia, aceptación silenciosa del imperativo de dominio.
Desde la perspectiva de nuestra semiótica crítica, el NSS 2025 es un dispositivo de construcción de realidades, produce enemigos, inventa riesgos, crea consenso mediante la normalización del miedo, y redefine la idea misma de lo legítimo y lo ilegal, lo propio y lo extraño. No se limita a describir la seguridad; la fabrica. No se limita a planear la defensa; condiciona el deseo y la percepción. No se limita a identificar aliados; establece categorías morales que ordenan el mundo y definen la jerarquía de valores. La estrategia, en su esencia, es un acto performativo, produce la realidad que proclama, instituye el orden que anuncia, naturaliza la violencia que necesita para sostenerse.
Finalmente, el documento revela que la seguridad contemporánea no es protección ni bienestar, sino hegemonía. La NSS 2025 nos muestra que la nación se mantiene erguida sobre la exclusión, que la paz se alcanza mediante la fuerza y que la moralidad se mide por la capacidad de imponer un orden global unilateral. Cada signo del texto, cada enunciado, cada construcción discursiva es una herramienta de poder que disciplina cuerpos, moldea imaginarios, crea consentimiento y miedo simultáneamente. Leerlo con semiótica crítica es ver más allá de la estrategia, es reconocer un entramado simbólico que redefine la política, la cultura y la subjetividad, y que revela que el arma del Estadoy del sistema no es solamente el armamento, sino la capacidad de dar sentido al mundo y al peligro, y de hacer que ese sentido se perciba como inevitable.
Ese NSS 2025 es una operación semiótica que reinscribe al poder global bajo nuevos códigos, redefine enemigos y aliados, reelige valores, legitima estrategias de dominación y condiciona los imaginarios colectivos. Como tal, debe leerse como discurso político‑estratégico —una narrativa de seguridad, amenaza, identidad, soberanía y resguardo— cuyo contenido revela mucho más allá de datos militares, diplomáticos o económicos. La primera semántica sobre la que se levanta el texto es la de la “soberanía nacional” y la “primacía del Estado-nación”. Al afirmar que “los días en que Estados Unidos sostenía el orden mundial como Atlas han terminado”, el NSS marca una ruptura con la pretensión de universalismo exportador de valores —democracia, derechos humanos, liberalismo global— y reivindica, en cambio, un realismo duro, orientado a los intereses propios, al resguardo interno, al control de fronteras, al dominio estratégico.
Esa declaración semiótica implica una reconfiguración simbólica del papel de EE. UU. ya no como gendarme global idealista, sino como potencia que prioriza su integridad cultural, económica, territorial. Se legitima una ética del “nosotros primero”: identidad nacional, control de migraciones, preservación de un imaginario homogéneo frente a lo extraño o lo otro. Ese “nosotros” implica una construcción del otro como amenaza simbólica y existencial. Las “migraciones masivas”, según el NSS, no solamente se describen como un problema administrativo o demográfico, sino como factor de ruptura social: erosionan la cohesión, distorsionan mercados laborales, incrementan crimen, debilitan recursos públicos, perturban la “identidad nacional”. Ese discurso no sólo sataniza a los migrantes, los convierte en signos de desorden, de declive de la nación, de crisis de comunidad. Los migrantes, la movilidad transnacional, se re-semantizan como amenazas simbólicas al orden, al bienestar, a la continuidad del “pueblo‑nación”. Se instituye un régimen semiótico‑político que vincula migración con inseguridad, extranjería con peligro, diversidad con disolución.
Su premisa “paz a través de la fuerza” se convierte en fundamento conceptual, la supremacía militar, la hegemonía económica, el control de fronteras, las alianzas selectivas, la presión comercial —todo ello como instrumentos simbólicos de poder. Su fuerza no aparece como última ratio, sino como medio preferente de legitimación. Esto reconfigura el significado de “seguridad”, ya no como garantía de vida, bienestar o promiscuidad democrática, sino como mantenimiento del dominio, preservación del statu quo, imposición del orden. La violencia —o su mera posibilidad— se normaliza como parte constitutiva del régimen de seguridad.
Advierte sobre una posible “desaparición civilizacional” de Europa, ligada a migraciones, crisis demográficas, declive económico, pérdida de identidad y dependencia de instituciones supranacionales. Esa retórica no solo es estratégica: es simbólica: reconstruye Europa como espacio decadente, impotente, en descomposición, en contraste con la vigorosa identidad nacional‑estadounidense. Esa memoria histórica selectiva y esa narrativa de declive funcionan como dispositivo de miedo, de rechazo, de prohibición a la “mezcolanza”.
Simultáneamente, el documento promueve una re-latinización del dominio estadounidense: bajo el paraguas de un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe, el hemisferio occidental es reinstalado como esfera prioritaria de influencia, como patio trasero geoestratégico, económico y militar. Esta revalorización del “patio trasero” conlleva una carga simbólica fuerte: América Latina es rehecha como zona de mampara, de recurso, de control, de subordinación estratégica. Se legitima una hegemonía directa basada en la proximidad geográfica, en la dependencia económica, en la militarización. Esa narrativa reproduce viejos imaginarios neocoloniales, condensados ahora en forma de política de seguridad nacional. Apela al mito de la grandeza nacional, a la memoria de una “América poderosa”, autónoma, soberana, autosuficiente; un pasado imaginado de supremacía, vitalidad cultural, dominio económico y militar. Esa nostalgia simbólica funciona como ethos nacionalista: legitima la restauración del predominio, la recuperación del control, la reafirmación de valores identitarios frente a la globalización, la mezcla, la disolución. El miedo al otro —al inmigrante, al extranjero, al distinto— se convierte en fundamento moral de la seguridad interna y externa.
Los migrantes, por ejemplo, son resignificados como vectores de inseguridad y desestabilización cultural. La amenaza ya no es solo tangible o física, sino simbólica: se construye la idea de que la alteridad, la diferencia y la movilidad social constituyen riesgos para la continuidad del Estado-nación, generando un marco discursivo que naturaliza políticas de exclusión y control. El documento también opera mediante la retórica de la fuerza como medio legitimador. La supremacía militar, la presión económica y la intervención selectiva se presentan no como alternativas, sino como imperativos estratégicos para preservar la integridad nacional. La normalización del uso de la fuerza, incluso preventiva, constituye un signo semiótico que imponeestabilidad, autoridad y dominio. En este sentido, la violencia se convierte en un elemento constitutivo del orden, mientras la diplomacia y la cooperación son relegadas a un plano secundario, subordinadas al imperativo de seguridad entendido como monopolio del Estado sobre la protección de su espacio y su identidad.
Contra la idea de comunidad internacional basada en cooperación y consenso, el documento adopta una semántica de soberanías fragmentadas, de bilateralismo selectivo y de proteccionismo económico. Se construye una lógica en la que la interdependencia se percibe como vulnerabilidad, y la autonomía estratégica se convierte en principio rector. Esta operación simbólica es, en esencia, un reordenamiento del sentido de la seguridad global, que legitima la reducción del multilateralismo y el fortalecimiento del poder unilateral como norma de conducta. No sólo describe un mundo amenazante, sino que lo configura, determina cómo se perciben los enemigos, cómo se legitiman las políticas y cómo se construye la idea misma de lo nacional frente a lo externo. La narrativa simbólica del documento instituye jerarquías, impone categorías de valor y amenaza, y produce una gramática de orden que condiciona la acción y la percepción de la comunidad.
Cada enemigo nombrado en el texto —migrantes, potencias rivales, actores no estatales— no es un problema abstracto; es signo, es símbolo de caos, de decadencia, de peligro inminente. Los migrantes son más que cuerpos en movimiento: son alteridad codificada como amenaza, vector de desorden cultural, riesgo de erosión de la identidad nacional. China y Rusia no son solo competidores estratégicos; son representaciones de desafío, signos de contrariedad que la narrativa resemantiza para justificar la supremacía estadounidense. El documento transforma la percepción social: la amenaza no se encuentra en la realidad objetiva, sino en la forma en que se construye discursivamente, en la cadencia de sus frases, en la insistencia de sus imágenes de crisis y peligro perpetuo.
Su superioridad militar no es instrumento; es lenguaje. La economía no es intercambio; es poder que se impone y se reconoce. La diplomacia no es negociación; es maniobra para consolidar la hegemonía. Cada oración es performativa: produce consenso, disciplina imaginarios, legitima decisiones que en otros contextos serían cuestionadas. La estrategia convierte la violencia en norma y el miedo en herramienta, y en ese acto de semiótica política, lo simbólico y lo material se confunden: lo que se dice construye lo que se hace y condiciona lo que se percibe como inevitable. El texto también manipula la historia y la memoria: construye nostalgia, inventa grandeza, selecciona relatos de gloria y derrota para consolidar un ethos nacionalista. La grandeza estadounidense es ideal, mito y norma; lo otro es siempre riesgo, declive y amenaza.
No es un documento, es un relámpago. Cada palabra fulmina certezas, cada línea reconstruye la realidad bajo la tiranía de la soberanía. América no se defiende: se erige. No protege: impone. Desde su inicio, proclama que el mundo se organiza alrededor de su poder, que la identidad nacional es escudo y espada, que lo otro, lo diferente, lo migrante, es peligro, es amenaza, es fractura de un orden que se sabe absoluto. La seguridad no es una política; es un acto de creación, una semiótica del miedo, una coreografía de hegemonía que obliga a mirar, temer y aceptar.
Lo americano es virtud, lo otro es peligro; la diferencia no es riqueza, es fractura; la alteridad no es pluralidad, es amenaza. Migración, lengua, costumbre, cultura: signos codificados en pánico, vectores de control. Cada palabra del documento es una operación semiótica: disciplina cuerpos, condiciona deseos, convierte la percepción en obediencia y el miedo en legitimidad. La seguridad deja de ser protección y se convierte en espectáculo de dominio, en ritual de imposición, en lógica de inevitabilidad. La estrategia no habla de paz,habla de supremacía. No habla de cooperación, habla de dominio. No habla de comunidad internacional: habla de jerarquía. Cada signo del texto es una señal: obedecer o temer. Cada frase, un acto de poder: producir consenso, fabricar enemigos, normalizar la fuerza, hacer que lo inevitable parezca natural. La fuerza, el miedo, la identidad se entrelazan en un solo código que atraviesa la política, la cultura y la conciencia misma de quienes observan, temen y aceptan.
No organiza sólo ejércitos ni despliega estrategia, organiza imaginarios, construye realidades, instala leyes invisibles de poder. Cada palabra es un martillo, cada oración una tromba. La estrategia no solo predice el mundo; lo fabrica. No sólo describe amenaza; la inventa. No sólo llama a la acción; la impone, desde la percepción hasta la obediencia, desde la identidad hasta la moralidad. La seguridad se vuelve hegemonía, y la hegemonía se vuelve espectáculo, y el espectáculo se convierte en verdad que todos reconocen y aceptan, mientras el mundo gira bajo un código de miedo y poder que nadie osa cuestionar.
El documento arde en su propia cadencia, golpea con ritmo de relámpago, deslumbra con la claridad del poder que se sabe absoluto. Leerlo con semiótica crítica es ver la arquitectura de la dominación: cómo se construyen enemigos, cómo se codifica la amenaza, cómo se fabrica la obediencia, cómo el miedo se vuelve estética y la hegemonía se vuelve belleza terrible y luminosa. Este documento no solo organiza seguridad: organiza percepción, conciencia, imaginación, voluntad. Cada palabra es un acto de fuerza, cada línea un rayo que corta, y cada párrafo es un fuego que ilumina, ciega y obliga a mirar el poder en toda su desnudez.
Su narrativa no sólo construye amenaza; construye identidad. Lo americano es virtud; lo otro es riesgo. La diferencia no es riqueza cultural; es fractura. Cada palabra, cada enunciado, disciplina cuerpos, moldea deseos y dirige la conciencia. La seguridad deja de ser protección para convertirse en espectáculo de poder: un orden visible e invisible, un código que atraviesa lo político, lo social y lo subjetivo, un instrumento que convierte la inevitabilidad del dominio en certeza moral.
Esa es la semiótica de la hegemonía contemporánea: no es suficiente controlar fronteras, desplegar ejércitos o ejercer diplomacia. El poder se ejerce sobre la percepción: cada palabra es arma, cada frase es ritual, cada párrafo es acto performativo que disciplina, moldea y organiza la realidad. La estrategia no predice el mundo; lo fabrica. No describe riesgo; lo produce. No propone seguridad; impone orden y consentimiento. La hegemonía se vuelve narrativa, y la narrativa se vuelve experiencia colectiva: leer la NSS 2025 es observar cómo el poder convierte miedo, identidad y fuerza en un solo código semiótico que atraviesa todo, desde la percepción hasta la moralidad, desde la política hasta la conciencia. En ese entramado se evidencia que la verdadera fuerza de la estrategia no reside en sus recursos materiales, sino en su capacidad de dar sentido al mundo y de hacer que ese sentido se perciba como inevitable, justo y necesario. La geopolítica es traducida a lenguaje moral: no organiza sólo ejércitos ni despliega sólo tropas; organiza percepciones, códigos de miedo y obediencia que atraviesan cultura, política y subjetividad. La historia es seleccionada, el mito es instrumento, la memoria es construcción estratégica: lo americano es virtud, lo otro es peligro. La diferencia no es riqueza; es fractura; la alteridad no es pluralidad; es amenaza.
Su texto arde, golpea, deslumbra, indigna y ciega. La NSS 2025 no sólo comunica; devasta y reconstituye, y quien lo lee no sólo comprende, se enfrenta a un paisaje horrible del poder burgués en su forma más cruda, al acto de creación simbólica que desfigura laidentidad, amenaza, obediencia y futuro. Cada signo es martillo, cada frase es chispa, cada párrafo es relámpago que ilumina y quema la percepción, recordando que la hegemonía no se sostiene solamente con recursos materiales, sino con la fuerza de la narrativa, la fuerza del sentido y la fuerza de la semiótica que atraviesa la conciencia colectiva y convierte miedo, identidad y poder en una sola corriente indomable.Horrible.

Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

Buen Abad

Quizá la tarea académica más compleja

Fernando Buen Abad Domínguez

En materia de comunicación revolucionaria, un desafío siempre complejo consiste en comprender, de raíz y sin rodeos, que el campo comunicacional no es un terreno neutro, inocente o ingenuo, sino un espacio histórico atravesado por relaciones de poder que configuran sentidos, legitiman estructuras y moldean subjetividades. Esta afirmación, que puede sonar elemental en ciertos círculos críticos, resulta todavía un desafío intelectual, político y metodológico para una gran parte de las instituciones académicas contemporáneas, muchas de las cuales se mantienen aferradas a una noción tecnocrática, mercantil o puramente instrumental de la comunicación. Asumir la comunicación como un campo de disputa, como una arena donde se dirimen proyectos civilizatorios en conflicto, implica desmontar capas de ideología sedimentada y reconocer que ninguna práctica comunicacional se mueve al margen de las tensiones sociales que la producen. De ese punto de partida se desprende prácticamente todo el debate sobre la comunicación revolucionaria, una comunicación que no pretende limitarse a describir el mundo, sino que aspira a transformarlo.

Nuestra tarea académica más compleja no se reduce a identificar, denunciar o cartografiar los mecanismos de dominación simbólica desplegados por las “grandes” corporaciones monopólico-mediáticas. Ese es apenas el primer plano. Lo verdaderamente difícil es diseñar, promover y sostener alternativas comunicacionales capaces de disputar hegemonía, generar nuevas formas de sensibilidad colectiva y empujar procesos de emancipación material y espiritual. La dificultad procede, en gran medida, del hecho de que la comunicación revolucionaria necesita desenredar simultáneamente múltiples nudos: el epistemológico, el ético, el político, el estético, el tecnológico y el organizativo. Cada uno de estos hilos está entrelazado con los demás y ninguno puede resolverse por separado sin afectar el tejido completo del proyecto emancipador.

En el plano epistemológico, la comunicación revolucionaria enfrenta el reto de crear marcos conceptuales que no reproduzcan las lógicas de pensamiento fragmentado y utilitario heredadas de la racionalidad dominante. No se trata sólo de cuestionar las teorías que reducen la comunicación a un proceso de transmisión de mensajes o a un conjunto de operaciones técnicas. Se trata de concebirla como un fenómeno social total, que combina estructuras materiales, condiciones históricas, dispositivos tecnológicos y prácticas culturales cargadas de intencionalidad política. Esto obliga a superar las dicotomías clásicas —emisor/receptor, contenido/código, información/opinión— y a pensar la comunicación como un entramado dinámico donde circulan intereses y proyectos en disputa. Desde esta perspectiva, elaborar una teoría de la comunicación revolucionaria significa asumir que el conocimiento no puede escindirse de su función social y que toda construcción conceptual debe orientarse a fortalecer la conciencia crítica y la organización colectiva.

Es un nudo ético que se vuelve particularmente sensible porque la comunicación revolucionaria requiere un compromiso profundo con la verdad, la solidaridad y la dignidad humana. No basta con denunciar la manipulación o la mentira sistemática de los aparatos ideológicos del capital; es necesario construir modos de comunicar que rehúyan las trampas del sensacionalismo, la desinformación y la instrumentalización del sufrimiento humano. La ética revolucionaria parte del reconocimiento de que las palabras son un acto social y que su potencia política depende de su coherencia con los principios de justicia y emancipación que se busca promover. Esto implica revisar críticamente las prácticas comunicacionales, incluso dentro de los propios movimientos populares, para evitar reproducir vicios que terminan debilitando las luchas transformadoras. La ética no puede ser un adorno discursivo, es el cimiento mismo de la credibilidad y la legitimidad del proyecto comunicacional.

En la lucha política, la tarea se vuelve aún más desafiante. La comunicación revolucionaria no puede existir aislada de los procesos de organización popular, porque su objetivo no es entretener ni persuadir superficialmente, sino contribuir a la construcción de poder colectivo. La política revolucionaria entiende la comunicación como un instrumento central para articular demandas, visibilizar injusticias, disputar sentidos comunes y fortalecer identidades compartidas. Sin embargo, también reconoce que no hay comunicación revolucionaria sin participación activa de las comunidades; no puede ser una operación vertical dictada desde una vanguardia ilustrada, porque su fuerza reside precisamente en ser un proceso abierto, democrático y enraizado en la experiencia cotidiana de las mayorías. El desafío político consiste entonces en crear estructuras comunicacionales que funcionen como órganos vivos del cuerpo social, capaces de escuchar, interpretar y proyectar las voces populares sin domesticar su diversidad ni diluir su potencia transformadora.

También el reto estético añade otra capa de complejidad. La comunicación revolucionaria debe disputar no sólo el contenido, sino también las formas de sensibilidad que dominan el ámbito mediático. El capitalismo ha desarrollado un sofisticado arsenal estético destinado a capturar la atención, fragmentar la percepción y producir emociones acordes con su lógica de consumo. Combatir ese entramado requiere una imaginación creativa que revalorice la belleza vinculada a la vida, a la comunidad y a la lucha por la justicia. La estética revolucionaria no repudia la innovación ni los lenguajes contemporáneos; los reinterpreta desde una perspectiva que permita revelar lo invisible, dignificar lo silenciado y generar resonancias afectivas capaces de fortalecer el tejido social. La estética no es un accesorio: es un espacio donde se juega la disputa por la sensibilidad colectiva y por la capacidad de imaginar futuros alternativos.

Incluso desafío tecnológico, por su parte, es doble agudizado por la dependencia feroz que padecemos. Por un lado, es necesario comprender que las tecnologías de la comunicación no son artefactos neutrales, sino dispositivos diseñados en consonancia con intereses económicos y militares. Esto obliga a desarrollar una crítica radical que permita identificar los mecanismos de vigilancia, segmentación y control que operan en plataformas digitales, redes sociales y sistemas algorítmicos. Pero, por otro lado, tampoco es posible renunciar al uso de estas tecnologías, porque forman parte del ecosistema cotidiano en el que se mueven millones de personas. La comunicación revolucionaria debe, entonces, apropiarse críticamente de las herramientas existentes, hackear sus lógicas cuando sea posible y, al mismo tiempo, impulsar el desarrollo de tecnologías soberanas que respondan a necesidades públicas y no a intereses corporativos. Esta doble tarea exige un conocimiento técnico sólido combinado con una perspectiva política capaz de orientar la innovación hacia fines emancipadores.

Y, el nudo organizativo es quizá el más complejo de todos porque implica articular en la práctica aquello que en el plano teórico puede parecer claro. Crear estructuras comunicacionales revolucionarias demanda procesos de formación, distribución de responsabilidades, mecanismos de participación comunitaria, sistemas de producción de contenidos, redes de colaboración y estrategias de sostenibilidad a largo plazo. Todo esto debe construirse en un entorno donde los recursos suelen ser escasos, las condiciones laborales precarias y las presiones externas constantes. Sostener un proyecto comunicacional revolucionario requiere disciplina colectiva, capacidad autocrítica, vocación pedagógica y una claridad estratégica que permita sortear obstáculos sin desmoronar el sentido profundo de la propuesta. La organización, por tanto, no puede ser improvisada ni dependiente del entusiasmo momentáneo: necesita raíces profundas y una estructura flexible capaz de adaptarse sin renunciar a sus principios.

Cada uno de estos planos —epistemológico, ético, político, estético, tecnológico y organizativo— se entrelaza en la tarea académica de la comunicación revolucionaria. La academia, en este sentido, enfrenta un reto fundamental que es romper con la tendencia a aislar la teoría de la práctica y construir un conocimiento que pueda dialogar con los movimientos populares, alimentarse de sus experiencias y contribuir al fortalecimiento de sus luchas. No se trata de utilizar a las comunidades como objeto de estudio ni de explotar sus dinámicas para producir publicaciones indexadas. La verdadera tarea académica es ponerse al servicio de la transformación social, construir herramientas conceptuales y metodológicas que permitan comprender los procesos comunicacionales en toda su complejidad y generar propuestas que puedan ser apropiadas y reelaboradas por quienes enfrentan las injusticias en su vida cotidiana.

Este desafío obliga a repensar también la función de la universidad. Una institución académica que pretenda abordar la comunicación revolucionaria debe revisar sus propios vínculos con las lógicas de mercado, con los intereses corporativos que financian investigaciones y con las políticas de estandarización que subordinan la producción de conocimiento a criterios cuantitativos. Las universidades han sido, en muchos casos, espacios donde se reproduce la ideología dominante, no solo en los contenidos curriculares, sino también en sus formas de gestión, sus jerarquías y sus prioridades institucionales. Transformar la enseñanza de la comunicación implica abrir las puertas a experiencias populares, reconocer saberes comunitarios y generar espacios de co-creación donde docentes, estudiantes y organizaciones sociales puedan construir colectivamente conocimientos útiles para la emancipación.

Este proceso exige valentía intelectual para cuestionar las disciplinas establecidas, pero también humildad para escuchar lo que nace de la experiencia de lucha. Autocrítica. La comunicación revolucionaria no puede ser enseñada únicamente desde bibliotecas o laboratorios de medios: necesita imbricarse con el territorio, con la historia de las resistencias populares y con los sueños de quienes enfrentan cotidianamente la explotación.

A esta complejidad se suma el contexto global actual, marcado por una concentración mediática sin precedentes, por la proliferación de discursos de odio y por el avance de tecnologías que amplifican la desinformación y la manipulación algorítmica. En este escenario, la comunicación revolucionaria se vuelve más urgente y más desafiante. La velocidad de circulación de contenidos, la saturación informativa y la lógica de la viralidad imponen formas de interacción que dificultan la elaboración reflexiva y favorecen la reproducción automática de emociones prefabricadas. La academia debe analizar críticamente estas dinámicas, evitar la tentación de adaptar sus métodos a la lógica del impacto superficial y recuperar la importancia del pensamiento riguroso como herramienta para enfrentar el caos informacional.

Sin embargo, no todo es sombrío. También emergen nuevas posibilidades. La proliferación de proyectos colaborativos, medios comunitarios, radios populares, plataformas autogestionadas y redes de solidaridad digital demuestra que existen alternativas reales capaces de disputar el sentido común. Estos espacios no solo producen contenido: producen formas de relación que desafían la lógica individualista y fortalecen la posibilidad de una comunicación basada en la cooperación y la conciencia colectiva. La academia tiene la responsabilidad de aprender de estas experiencias, apoyarlas, investigarlas con respeto y contribuir a su expansión sin intentar subsumirlas a marcos teóricos que no les hacen justicia.

Y, la tarea más compleja consiste en articular todas estas dimensiones en un proyecto coherente. La comunicación revolucionaria requiere pensamiento crítico, ética, política, estética, tecnología y organización, pero también necesita un horizonte utópico que permita orientar cada esfuerzo, cada investigación, cada pieza de contenido, hacia la construcción de un mundo más justo. Ese horizonte no se encontrará en ninguna doctrina cerrada ni en ningún manual. Se construye colectivamente, día a día, en la práctica comunicacional que acompaña y fortalece las luchas de los pueblos.

Nuestra comunicación revolucionaria no puede reducirse a un estilo de discurso, a una estética militante o a una narrativa heroica. Es un modo de existir en el mundo, de relacionarse con los otros, de asumir la palabra como acto de liberación. Quien comunica desde una perspectiva revolucionaria no lo hace para acumular prestigio académico ni para alimentar la vanidad intelectual, sino para contribuir a la formación de sujetos críticos capaces de transformar su realidad. La tarea académica más compleja, por tanto, es aprender a desaprender: abandonar los moldes rígidos, desconfiar de las categorías heredadas, reconocer la historicidad de todo conocimiento y aceptar que la teoría debe moverse al ritmo de los pueblos en lucha.

Nuestra responsabilidad académica tiene un papel fundamental en ese proceso, no como autoridad incuestionable que dicta el camino, sino como espacio de porblematización, reflexión, creación, acompañamiento e intervención crítica y autocrítica. Comprender la magnitud de esta tarea implica asumir que la comunicación no es un accesorio de la política, sino uno de sus corazones más profundos. Allí donde se disputa el sentido, se disputa también la posibilidad de otro mundo. Y es precisamente en esa disputa donde la comunicación revolucionaria encuentra su razón de ser y su desafío más grande.

5015084375418276707 (1)

«Que la ética sea la estética del futuro»

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

En la frase «que la ética sea la estética del futuro» se ha consolidado un territorio simbólico donde la humanidad deposita muchos anhelos de verdad, de justicia y de belleza, aun cuando no sepamos con exactitud quién la pronunció por primera vez. Tal vez nadie, tal vez todos; tal vez se desgajó sola desde la necesidad histórica, como una chispa que brota del choque entre los engranajes de un mundo que ya no soporta su propia fealdad moral. Y es precisamente esa incertidumbre la que la convierte en un arma conceptual poderosa, una suerte de consigna huérfana que rehúsa ser domesticada por los archivos y que, al negarse a ser propiedad de un autor, se abre como herramienta colectiva para la transformación de lo sensible. Porque en el fondo la pregunta no es quién lo dijo, sino quién necesita que sea dicho. Y lo necesitan los pueblos, las comunidades avasalladas, los trabajadores precarizados, las víctimas del despojo y de la desmemoria fabricada. Lo necesita la humanidad que no se resigna a vivir en un mundo donde la estética ha sido capturada por el mercado y convertida en un adorno tóxico que disfraza la explotación.

Todo el capitalismo, en su obsesión por endulzar las cadenas para que no duelan, ha convertido la estética en un dispositivo anestésico. Podría decirse que toda la maquinaria de la publicidad, del entretenimiento, de las plataformas y algoritmos, es una gigantesca fábrica de ilusión sensorial destinada a ocultar la violencia estructural que sostiene al sistema. Una estética de la alienación, donde la belleza es una mercancía más, una fachada para la barbarie. Pero esta frase irrumpe como un relámpago en la tormenta, propone invertir la ecuación. Propone que la belleza no sea un truco sino una consecuencia ética. Propone que la estética del futuro, hoy mismo brote de la justicia y no del mercado, de la dignidad y no del fetichismo, de la humanidad y no del espectáculo. Esta inversión no es un juego literario; es una tarea política radical. Es un llamado a descolonizar la sensibilidad, a arrancarle al capital los hilos con los que manipula nuestras percepciones, a construir un horizonte donde lo bello no sea un privilegio sino una conquista colectiva.

Por eso no sorprende que la frase haya sido atribuida a Lenin. No porque él la haya dicho, sino porque toda una tradición revolucionaria luchó y lucha para unir ética y estética en la praxis. Godard, con su estilo de guerrilla semiótica, supo jugar con esa atribución incierta desde el montaje cinematográfico, abriendo más preguntas que respuestas. Ese gesto godardiano—decir «creo que la dijo Lenin»—no busca engañar sino provocar. Es un dedo que apunta al vacío para que lo llenemos con sentido histórico. ¿Por qué una frase así encajaría tan bien en la tradición revolucionaria? Porque esa tradición sabe que la estética no es neutra, es un campo de disputa económico-ideologica. Sabe que toda ética real es estética actuada. Sabe que la revolución no sólo transforma las estructuras económicas sino también la sensibilidad, el modo en que percibimos y nombramos el mundo. Cuando la ética se hace revolución, la estética cambia de raíz. La estética de un pueblo liberado no puede ser la misma que la estética del sometimiento. Y en ese sentido, aunque Lenin nunca lo haya dicho, la frase podría haberlo expresado.

Pero la búsqueda rigurosa expone la otra genealogía posible, Thomas Sturge Moore, quien habló de la ética como estética de la vida. Allí está el germen, la semilla, el primer temblor de esta idea. Moore no hablaba de lucha de clases, pero intuía que la vida encuentra su forma sensible en sus actos morales. La frase, sin embargo, debió atravesar el siglo y sus catástrofes para adquirir el tono político que hoy la nutre. Pasó por guerras, revoluciones, derrotas, victorias, genocidios, esperanzas, gritos apagados y gritos encendidos. Pasó por la fábrica, por el sindicato, por la comuna, por el barrio, por la pantalla, por el libro. Pasó por millones de bocas y de manos. Y al final lo que quedó no fue un origen sino una necesidad. El futuro no puede ser estéticamente soportable si éticamente es insoportable. Y el presente, aunque esté saturado de colores, imágenes, espectáculos y pantallas, es éticamente insoportable para la mayoría de la humanidad. De ahí que esta frase sea más que un deseo, es una advertencia.

Decir que la ética será la estética del futuro es declarar que la estética actual está podrida por dentro. Que la belleza que nos ofrecen no es belleza sino maquillaje. Que la sensibilidad hegemónica está secuestrada. Que el capitalismo privatizó incluso el derecho a sentir. Que lo estético ha sido arrancado de los cuerpos y puesto en vitrinas donde sólo puede acceder quien paga. Que la emoción ha sido convertida en insumo publicitario. Que el arte se ha vuelto un lujo o un instrumento de prestigio para quienes saquean al mundo. Contra eso se inscribe la frase. Contra eso arde. Porque propone recuperar la estética desde abajo, desde los pueblos, desde las luchas que producen dignidad, no mercancías.

Cuando una comunidad se levanta, cuando un pueblo recupera sus territorios, cuando los cuerpos se organizan para resistir, aparece una estética distinta, la estética de la lucha. Una estética que no necesita adornarse porque es verdad. La ética del presente —esa ética que nace del hambre, de la memoria, de la dignidad, de la rabia— ya engendra formas estéticas que el capital no puede reproducir en serie. Esa estética de la rebeldía, esa estética de la solidaridad, esa estética del abrazo y de la barricada, no entra en ningún museo sin desbordarlo. Y esa es la estética del futuro. No la estética de la mercancía, sino la estética del pueblo. No la estética del éxito individual, sino la estética de la victoria colectiva. No la estética del simulacro, sino la estética del sentido.

Una frase así se convierte en tarea histórica, construir un futuro donde la ética revolucionaria le dé forma a la sensibilidad común. Donde la belleza no sea un privilegio sino una consecuencia natural de vivir sin explotación. Donde la estética no glorifique al poder sino a la vida. Donde los colores, los ritmos, las voces y los gestos sean obra de la cooperación y no del mercado. Donde cada acto ético —el compartir, el organizarse, el luchar, el cuidar— produzca belleza. Donde la sensibilidad sea un territorio emancipado.

Y quizá ese sea el motivo por el cual la frase no tiene origen cierto, porque el origen real está en la necesidad histórica de los pueblos. La frase es de quien la lucha. La frase pertenece a quienes la convierten en praxis. Ningún archivo podrá reclamarla porque su patria no está en el pasado sino en el porvenir. La frase, como consigna, muestra que la estética realmente transformadora es aquella que brota de la ética colectiva. No la ética de las élites, sino la ética de los pueblos que se saben capaces de reinventar el mundo. Y así, al final, el misterio de su origen se convierte en el mejor homenaje, nació donde nacen las verdaderas consignas, en el deseo profundo de un mundo distinto.

Semejante declaración de batalla pertenece a todos. Esa es su paradoja y acto de emancipación semiótica, que se desliza como un objeto rebelde que no acepta dueños. Y lo hace porque nació, o fue adoptada, en un territorio donde la lucha simbólica es inseparable de la lucha material, donde las palabras no se coleccionan en vitrinas de academia, sino que se arrojan como semillas —o piedras— contra las estructuras que pretenden administrar el sentido y formatear la sensibilidad humana. La frase no necesita firma porque su contenido exige una colectividad para hacerse carne, exige millones de gestos éticos para convertirse en estética transformadora. La frase sobrevive porque dice algo que la humanidad quiere escuchar desde mucho antes de que apareciera, que la estética —que hoy el mercado ha convertido en un adorno pegado a la mercancía— puede ser un territorio de reapropiación, que puede recuperar su fuerza política, su dignidad y su capacidad para revelar la verdad. Esa idea, que no es moderna ni posmoderna sino profunda como las luchas originarias, se filtra entre los dedos del capitalismo como un agua que se niega a ser privatizada. Y por eso la frase resuena, porque nos promete una estética donde la belleza ya no será el lujo de pocos sino una dimensión sensible de la justicia para todos.

No quiere quedar archivada en el mausoleo del palabrerío célebre, ni exhibida en el museo donde las palabras se fosilizan. Funciona como dinamita semiótica, impide la certeza, deja un hueco, una grieta por donde se hace lo contrario de la ideología dominante, que impone certezas huecas, aquí se ofrece una incertidumbre fértil. Y las incertidumbres fértiles son peligrosas para un sistema que se sostiene con dogmas y con obediencias. Tal vez la frase sólo exista para recordarnos que la politización del arte y la estetización de la ética no se decretan desde un escritorio; se construyen en la historia viva, en la contradicción, en la praxis. La frase quiere convertirse en praxis, y por eso rechaza la comodidad del origen fijo. En un mundo dividido por imperios y explotaciones, la estética establecida es cómplice de la opresión, neutraliza la potencia sensible de la vida para convertirla en espectáculo. La frase rompe las sensiblerías de mercado para que la estética del futuro brote de la ética de la justicia.

Desde hoy, la ética del futuro… si la pensamos desde la lucha política, no es un conjunto de reglas morales abstractas; es la conducta organizada de un pueblo que decide no tolerar más la explotación. La ética del futuro no habla en singular; habla en plural, como las asambleas, como los comités, como las comunas que recuperan su destino. Y si esa ética produce estética, entonces la estética del futuro no será jamás una colección de estilos ni una moda pasajera sino un modo sensible de habitar la dignidad. No una belleza que adorna la injusticia, sino una belleza que emerge de haberla superado. No una estética de escaparates, sino una estética de la vida liberada. Cuando la ética se vuelve colectiva, la estética se vuelve revolucionaria. Esa idea es intolerable para quienes gobiernan el mercado del arte, porque pulveriza la ilusión de que la belleza es propiedad de quienes pueden pagarla. Por eso la frase molesta; por eso la frase no tiene autor, porque si lo tuviera, ya estaría encapsulada en estudios académicos, domesticada, abstracta, incapaz de incendiar la imaginación popular.

Si decimos que la frase es de todos, entonces también decimos que su verdad depende de que la practiquemos. Y la práctica implica transformar el modo en que hoy vivimos la estética. La publicidad, los algoritmos, la aceleración digital, la industria cultural, todos han convertido la estética en anestesia. El capitalismo estetiza todo para esconder su violencia detrás de colores y ritmos seductores. Pero detrás del diseño, de la moda, de la felicidad envasada, late la maquinaria del trabajo precarizado, de los cuerpos explotados, de las vidas descartadas. La frase viene a romper esa cortina de humo, exige que devolvamos la estética a la ética para que la sensibilidad pueda ver lo que la dominación quiere ocultar. Una estética unida a la ética no se deja comprar; no se deja manipular; no adorna la guerra ni maquilla la pobreza. Una estética unida a la ética crea nuevas formas de percepción para revelar el mundo y para transformarlo.

Por eso la frase, aunque sin origen comprobable, es un acto de insurrección. Es una consigna para reconstruir la sensibilidad. Es una herramienta para desmontar la mentira estética del capitalismo. Es un pretexto para politizar la belleza y para embellecer la política. Y si la ética es la estética del futuro, entonces el presente debe prepararse, debe ser el laboratorio donde las prácticas emancipadoras generen nuevas formas de mirar, sentir, crear y vivir colectivamente. La ética revolucionaria no sólo transforma la economía y la política; transforma también la percepción. La estética del futuro será la de los pueblos que recuperen su potencia creadora. Será la estética del trabajo liberado, de la cooperación, de la comunidad que redefine sus valores y sus formas de vivir la belleza. Es una estética de la alegría compartida, de la igualdad, de los cuerpos afirmados en su dignidad.

Aporrea

831adafd-8416-40e3-ada2-6a0b9d880c49

El opio navideño del pueblo

Mientras el capitalismo celebre su Navidad de consumo, la humanidad seguirá atrapada en su propio espejismo

Por: Dr. Fernando Buen Abad

En el fondo, la Navidad secuestrada por el capitalismo es una operación ideológica que refuerza la estructura de la alienaciónMarx explicó que la religión funciona como un consuelo ilusorio ante la miseria real. En la era del capital global, esa función ha sido asumida por la religión del consumo.

El opio navideño no promete la salvación del alma, sino la ilusión del bienestar inmediato. Las familias se endeudan para comprar símbolos de felicidad. Las grandes cadenas acumulan ganancias obscenas mientras los trabajadores soportan jornadas extenuantes en nombre del “espíritu navideño”. En los países pobres, la miseria se maquilla con luces artificiales; en los países ricos, la soledad se disfraza de abundancia. Todo se uniforma bajo la consigna del goce obligatorio.

Su Navidad, convertida en mercancía universal, se ha vuelto uno de los dispositivos ideológicos más eficaces para anestesiar la conciencia social y reafirmar la lógica del consumo. Lo que alguna vez fue una celebración de esperanza, solidaridad y renacimiento simbólico de la vida, ha sido secuestrado por la maquinaria del capital hasta transformarlo en un opio dulce y luminoso que adormece el pensamiento y entumece la indignación.

Cada diciembre, millones de personas son arrastradas por la corriente hipnótica de luces, jingles y promociones, mientras se repite la fábula de la “alegría compartida” en un mundo atravesado por la desigualdad, la guerra y el hambre. La Navidad moderna es un espectáculo ideológico: un guion cuidadosamente escrito por las industrias del consumo y del entretenimiento, donde cada signo —desde el árbol adornado hasta el villancico— está diseñado para reproducir la obediencia a la lógica del mercado.

En su fase actual el capitalismo logró lo que ningún dogma religioso alcanzó: convertir la fe en un sistema de consumo, la espiritualidad en publicidad y la fraternidad en compra compulsiva. El fetichismo de la mercancía, denunciado por Marx, encuentra en la Navidad su laboratorio perfecto. Las mercancías hablan, brillan, prometen felicidad, y los sujetos, transformados en compradores, creen que participan de una fiesta cuando en realidad participan de un ritual de subordinación. En lugar del pesebre pobre y solidario, se levanta el templo del centro comercial. En lugar del niño humilde, el niño consumidor. El símbolo del nacimiento se transfigura en el símbolo de la venta. El capitalismo convirtió la ternura en marketing y la generosidad en tarjeta de crédito.

Este opio navideño funciona con una eficacia semiótica impecable. Combina emoción, tradición y espectáculo. Nadie quiere parecer un “aguafiestas”; todos son invitados a participar del consenso sentimental. Se exalta la “unidad familiar” mientras se encubre la violencia doméstica, se celebra la “paz” mientras se venden armas, se glorifica la “solidaridad” mientras se destruyen los lazos sociales. El discurso navideño opera como un hechizo afectivo: produce una sensación de armonía momentánea que disuelve la percepción del conflicto. La injusticia social queda suspendida en un paréntesis de luces de colores. Durante unas semanas, el sistema parece amable, la pobreza parece invisible, el dolor parece lejano.

Su industria mediática es el coro litúrgico de este culto moderno. Televisoras, plataformas, redes y publicistas repiten, con variaciones infinitas, los mismos mensajes: “sé feliz”, “compra”, “regala”, “vive el espíritu de la Navidad”. Se trata de un bombardeo semiótico que busca saturar el campo cognitivo y afectivo. Las películas navideñas, las publicidades emotivas, las campañas de beneficencia corporativa y los espectáculos de fin de año configuran una narrativa única: la de un mundo que se redime cada diciembre gracias al consumo. Es el guion de la felicidad programada. Una semiótica de la anestesia, donde la sonrisa sustituye al pensamiento, el regalo sustituye al vínculo y la emoción sustituye a la conciencia.

Es un capitalismo emocional que gobierna la Navidad opera como una máquina de deseo administrado. No se trata de que las personas “quieran” cosas, sino de que sus deseos sean previamente formateados para sostener la lógica de acumulación. El sistema produce el anhelo y luego lo satisface, fabrica la carencia y luego vende su alivio. La felicidad se mide por la cantidad de paquetes debajo del árbol. La estética de la abundancia se convierte en la moral dominante: quien no consume, queda excluido del “espíritu” común. La tristeza, la crítica, la austeridad o la reflexión son percibidas como fallas emocionales. En nombre de la felicidad, se excomulga la conciencia.

Su opio navideño, además, funciona como dispositivo de control político. En tiempos de crisis, los gobiernos y las corporaciones apelan a la retórica de la “unidad navideña” para desactivar el descontento social. Se suspenden las protestas, se difieren los debates, se adormece la rabia. El calendario festivo del capital no es inocente: diciembre es el mes del consenso forzado, de la reconciliación mediática y del olvido temporal. La crítica se pospone “para después de las fiestas”. El poder sabe que ninguna droga es más eficaz que la mezcla de ternura prefabricada y consumo compulsivo.

Sus “medios” monopolizan el relato navideño como una religión audiovisual. Cada anuncio publicitario es una parábola; cada canción una homilía. En ellas se predica la doctrina de la felicidad individual, del éxito personal, del hogar perfecto. Pero en la periferia de ese espectáculo brilloso, los pueblos cargan con la realidad: migrantes que no pueden regresar, niños sin regalos, trabajadores explotados en las fábricas que producen los adornos y juguetes, familias que apenas sobreviven. La desigualdad estructural del mundo capitalista se oculta tras una cortina de purpurina. La “magia” navideña es el nombre amable de la alienación colectiva.

Su opio navideño tiene su materialidad concreta. Los flujos de dinero que se mueven en torno a la Navidad equivalen, en algunos países, a porcentajes significativos del PIB anual. Las grandes cadenas comerciales dependen de este pico de consumo. La economía emocional de diciembre sostiene la maquinaria de crédito, publicidad, logística y medios. Millones de trabajadores son explotados para sostener el ritmo del mercado festivo. La espiritualidad ha sido reemplazada por la contabilidad. En el altar del capitalismo se celebra cada año el mismo milagro: la conversión del sufrimiento humano en ganancia.

Desde la perspectiva de la Filosofía de la Semiosis, la Navidad es un texto ideológico que debe ser leído y desmontado. Cada signo —el árbol, el regalo, el pesebre, el Papá Noel, la estrella, la cena— actúa como unidad simbólica de una gran narrativa de sumisión. Su función es producir cohesión afectiva al interior de la sociedad de consumo. La semiosis navideña articula lo religioso, lo económico y lo mediático en una sola sintaxis de dominación. El signo del “amor” se convierte en propaganda; el signo del “milagro” se convierte en marketing. Así, la Navidad deja de ser una celebración de la vida para ser una celebración del capital.

Sin embargo, el opio navideño no actúa solo por imposición. También seduce, persuade, conquista. Se apoya en las emociones más nobles del ser humano: el deseo de amar, de compartir, de sentirse parte de algo. Por eso su poder es tan profundo. El sistema no reprime esos sentimientos; los explota. Se apropia de la ternura y la transforma en espectáculo. Así, el amor se vuelve mercancía y la bondad se vuelve publicidad. Pero en el fondo de esa manipulación aún late la posibilidad de una resistencia: la de recuperar el sentido humano y comunitario que el capital ha secuestrado.

Nuestro desafío, entonces, no es abolir la Navidad, sino liberarla. Desenmascarar su estructura ideológica mercantil para rescatar su contenido humano. Reencontrar en la fiesta el gesto solidario, la memoria de los oprimidos, la esperanza de los que luchan. Convertir la reunión familiar en espacio de reflexión crítica; convertir el brindis en acto de compromiso; convertir el pesebre en símbolo de dignidad proletaria. La Navidad podría ser una celebración de la vida contra la muerte capitalista, si se liberara del fetichismo de la mercancía y de la colonización mediática.

Su opio navideño se perpetúa porque satisface una necesidad real: la necesidad de consuelo, de sentido, de esperanza. Pero ese consuelo, en manos del capital, se vuelve veneno dulce. La humanidad no necesita opio: necesita justicia. No necesita luces artificiales: necesita verdad. No necesita jingles: necesita conciencia. La auténtica “paz en la Tierra” no vendrá de los escaparates, sino de la lucha por la emancipación. Y la verdadera “alegría” no será un eslogan comercial, sino una conquista colectiva de dignidad.

Mientras el capitalismo celebre su Navidad de consumo, la humanidad seguirá atrapada en su propio espejismo. Pero en algún lugar, entre los pueblos que resisten, se enciende cada diciembre otra luz: la de la crítica, la de la solidaridad, la de la memoria. Esa luz no se compra ni se vende. Es la que mantiene viva la posibilidad de un mundo donde la fiesta no sea anestesia, sino afirmación de la vida plena. Donde la alegría no oculte el dolor, sino lo transforme en energía de transformación. Donde la risa no sirva al mercado, sino al humanismo nuevo que todavía lucha por nacer. Porque solo cuando la conciencia despierte del opio navideño, el ser humano podrá celebrar de verdad su renacimiento sobre la Tierra.

Alma Plus TV

lobito 2

La insoportable hipocresía de ciertos “medios progres”. Conductores “buenaondita” contra Venezuela.

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez.

Sufrimos la insoportable hipocresía de ciertos “medios progres” que se han convertido en bandera de las más reveladoras operaciones de la manipulación política contemporánea. Primero defendiendo sus negocios, obviamente. Se presentan como heraldos de la conciencia crítica, defensores de causas justas, comprometidos con la verdad y con los pueblos del mundo, pero en el fondo reproducen buena parte de los marcos ideológicos que la maquinaria comunicacional burguesa dominante necesita para despolitizar, distorsionar y domesticar la opinión pública. Su progresismo es más de estilo que de contenido; más de pose que de confrontación estructural. Y en ningún terreno se evidencia tanto esa hipocresía convenenciera como en su tratamiento de Venezuela, donde múltiples conductores “buenaondita”, expertos en gestos de empatía televisiva, organizan un discurso supuestamente equilibrado que termina reforzando prejuicios, ocultando condiciones materiales y desactivando cualquier posibilidad de análisis profundo y serio.

Esta necedad no es accidental, es parte de un dispositivo comunicacional que se sostiene en la idea de que su “neutralidad” está por encima del conflicto, que la crítica debe ser “constructiva” sólo si no incomoda a los poderes de sus anunciantes, y que el público necesita una versión edulcorada del mundo para no caer en posiciones “extremas”. Los medios progres se especializan en administrar apariencias. Sus conductores sonrientes, siempre listos para el comentario irreverente pero inocuo, compiten por demostrar que pueden hablar “sin fanatismos”, lo que en la práctica significa evitar cualquier señalamiento estructural al imperialismo, al bloqueo económico o a la guerra mediática que durante años ha construido una imagen de Venezuela desconectada de su realidad compleja. En su afán por diferenciarse de los medios abiertamente conservadores, reproducen una forma más sofisticada de alineamiento con la narrativa hegemónica.

En la estrategia discursiva de estos comunicadores radica la estupidez de sentenciar a Venezuela desde su falso equilibrio de comerciantes, reconocen “errores” del intervencionismo externo, pero insisten en que el problema central radica en la “incapacidad del gobierno”, en la “crisis irreversible”, en la “falta de libertades”, siempre citando fuentes de organismos afines a los intereses geopolíticos hegemónicos y sus mafias mediáticas golpistas. La necedad se vuelve insoportable cuando se blindan tras la idea de que su crítica “ayuda al pueblo venezolano”, aunque en realidad su relato refuerza la justificación simbólica de las sanciones, la criminalización del proceso político bolivariano y la legitimación de agendas que han buscado sistemáticamente subordinar al país a los intereses de potencias extranjeras. Pero los conductores buenaondita jamás mencionan que esas sanciones han impactado directamente en la vida cotidiana del pueblo, ni que la demonización mediática de Venezuela ha servido para justificar medidas económicas que en cualquier otro contexto serían reconocidas como actos de guerra no declarada. Y robarse los recursos natrales mientras castigan las ideas socialistas.

Lo que los medios progres omiten no es accidental, es funcional a su naturaleza mercenaria. Su tono “suave”, su humor ligero, su constante apelación al sentido común, son mecanismos que permiten desactivar cualquier lectura que conecte la situación venezolana con la lucha histórica de los pueblos por la soberanía revolucionaria. Hablan de Venezuela como si fuera una anomalía, una excepción irracional, y no un territorio donde se disputa abiertamente la confrontación entre modelos políticos y económicos antagónicos. El progresismo “buenaondita” es experto en el arte de la ambigüedad calculada, lo suficiente para parecer crítico, lo suficiente para no incomodar a los patrocinadores, lo suficiente para parecer alternativo sin correr el riesgo de ser verdaderamente subversivo.

En su relato, Venezuela aparece como una advertencia, un ejemplo de lo que ocurre cuando la política se aparta de los dictados del mercado. Con risas, guiños y comentarios desenfadados, los conductores progres venden la idea de que la izquierda “seria” debe evitar “convertirse en Venezuela”, una muletilla que utilizan para delimitar los márgenes de lo aceptable. Así, lo que llaman progresismo no es más que un reformismo domesticado, que renuncia a la confrontación estructural con el capitalismo para mantener un espacio cómodo de crítica superficial. No luchan contra la hegemonía, compiten por un lugar dentro de ella. Y Venezuela, con todo su peso simbólico, se vuelve una pieza fundamental de ese teatro discursivo.

Pero la necedad no se limita al contenido, también se expresa en la forma. Estos medios recurren a un lenguaje emocional que se presenta como “cercano al pueblo” mientras despolitiza cada aspecto de la discusión. Hablan de “historias humanas” sin hablar de relaciones de fuerza, de “dramas personales” sin mencionar la responsabilidad de las sanciones, de “falta de oportunidades” sin analizar el intento sistemático de estrangular la economía venezolana para provocar un colapso político. Su narrativa sentimental sustituye el análisis histórico y convierte la política en un melodrama apto para la audiencia que exige entretenimiento incluso cuando se habla de procesos sociales complejos. En ese tránsito, el pueblo venezolano se vuelve un objeto de compasión mediática, no un sujeto político. Y disculpar las aventuras de invasión militar.

El progresismo mediático necesita de esa necedad para preservar su marca, si fueran coherentes, tendrían que confrontar a los poderes económicos, a las empresas comunicacionales que los financian, a la lógica mercantil que convierte toda opinión en un producto vendible. Pero la lógica comercial exige neutralidad aparente, crítica controlada y un progresismo sin riesgo. De ahí que su discurso sobre Venezuela esté lleno de lugares comunes: “no defiendo a ningún gobierno”, “solo quiero lo mejor para la gente”, “hay que escuchar todas las voces”, frases que funcionan como escudos morales que les permiten reproducir sin culpa los marcos narrativos dominantes.

Desmontar esta necedad implica revelar que estos medios no son un espacio de contrahegemonía, sino una capa más de la hegemonía cultural. Su función es impedir que las audiencias progresistas se radicalicen, que conecten las luchas locales con las internacionales, que entiendan que la defensa de la soberanía venezolana no es un asunto de simpatías partidistas sino una cuestión de dignidad histórica frente a las intervenciones extranjeras. Los conductores buenaondita contribuyen a moldear una izquierda dócil, culpabilizada, temerosa de ser asociada con cualquier proceso que desafíe de manera frontal al poder imperial.

Nuestro desafío consiste en construir una comunicación verdaderamente crítica, capaz de denunciar sin ambigüedades el cerco mediático y económico contra Venezuela, capaz de desarticular la comodidad discursiva de los medios progres y de reivindicar la necesidad de un análisis estructural que no le tema al conflicto. La tarea no es defender ciegamente a ningún gobierno, sino defender la verdad histórica, la soberanía de los pueblos y el derecho de las naciones a construir caminos propios sin ser asfixiadas por campañas internacionales de manipulación.

Toda esa necedad de los medios “progres” resulta insoportable porque se vende como lucidez, pero opera como confusión; se presenta como defensa del pueblo, pero reproduce dispositivos de dominación; se disfraza de crítica, pero funciona como eco moderado del poder. Desenmascararlos no es un capricho, es un acto necesario para recuperar la capacidad de pensar la realidad política sin los filtros edulcorados que la industria comunicacional impone a nombre de un progresismo que, en su versión más superficial, no es más que un apéndice del mismo sistema que dice querer transformar. En esa clarificación se juega también la posibilidad de una comunicación verdaderamente emancipadora.

Academia

LA GUERRA COGNITIVA EN ZONA GRIS (II PARTE)

Roger Garcés *

Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual de LAUICOM

En el primer artículo de esta serie explicamos las condiciones generales de lo que es zona gris. Desde que Primo Levy acuñó el término en los campos de concentración nazis ha corrido mucha agua bajo el puente. Sin embargo, la condición de confusión y de la inminencia de un ataque parecen ser las condiciones definitorias, aunque esté todo en paz, y sea una “calma tensa” el oxímoron que mejor retrate el momento.


Hablábamos también acerca del “Goteo emocional” que podemos definir como la administración continua y progresiva de estímulos aversivos. Estos estímulos inicialmente no tienen una intensidad apreciable, podríamos decir que estas primeras administraciones son subliminales (están por debajo del umbral de sufrimiento). Es decir, la persona lo siente, pero no lo percibe como aversivo. Posteriormente, estos estímulos aversivos van incrementando su intensidad hasta llegar a convertirse en verdaderos estímulos aversivos que generan conductas de evitación y escape, y a nivel emocional, la consabida ansiedad como consecuencia definitoria.

El por qué el goteo emocional es tan devastador es lo que trataremos de explicar en este artículo.

En primer lugar, debemos hacer notar que las primeras administraciones del E. aversivo, al ser subliminales, lo que propenden es a hacerse un lugar en la mente de la persona atacada. Las primeras administraciones le dicen al sujeto; “Estoy aquí, he llegado para estar contigo, hazme lugar en tu mente que yo no te voy a abandonar”. De manera que la gente se acostumbra a la existencia de este tipo de estímulo aversivo.


En segundo lugar, ocurre que el sujeto atacado con la técnica del goteo emocional, no le da importancia que reviste. Y esto ocurre porque el que manipula en la guerra cognitiva, así lo diseña, él quiere que no se le dé importancia.

En tercer lugar. Una vez que el estímulo aversivo ha hecho nido en la mente del atacado, entonces se revela con toda su fuerza. De repente, se muestra con toda su fuerza y revela su poder. Comienza a aparecer como imbatible e ineludible como un alfil en la gran diagonal, o unos misiles apuntando a tu ciudad. La amenaza se va estructurando poco a poco, paulatinamente, sin apuro, favorecida por el proceso antes descrito. La desaparición de la habituación es un factor ansiógeno importante.

En cuarto lugar, el sujeto toma conciencia de lo aversivo de los estímulos en cuestión, pero ya es tarde. El sujeto no tiene defensa porque los ha dejado entrar a su psique creyendo que eran inofensivos, y resulta que son sumamente peligrosos, entonces ocurre un proceso interno en el sujeto atacado en el que se ve a sí mismo como un tonto por no creer en la peligrosidad de los estímulos aversivos de la primera fase. El Buda decía: “El mundo nos hiere con flechas, pero en el mismísimo lugar en donde el mundo nos hiere con flechas, nosotros nos disparamos una segunda flecha”, esa segunda flecha es la manera cómo tratamos a nuestro dolor. Cuando nos decimos: “pero yo si soy gafo, no me di cuenta de…” es una manera de regañarnos, de recriminarnos a nosotros mismos y que termina hundiéndonos más que el dolor que nos causa el mundo.


Lo que el sujeto atacado no sabe, es que la estrategia general era que precisamente no se diera cuenta del peligro. Es lo que en nuestro pueblo se llama “un gallo tapao”. Cuando alguien se deja meter un gallo tapao, no se molesta tanto con el adversario tramposo, sino contra él mismo por no haberse dado cuenta de que se trataba de algo que debió prever y no lo hizo. Ese es el verdadero propósito del goteo emocional. Es decir, se trata de desmoralizar a la población de un país atacado, sobre todo si esa población ha hecho alarde de gallardía y de coraje para enfrentarlo.

El psicólogo argentino Fernando Rubano, habla de “trauma por goteo” y dice que se trata de una exposición constante a agresiones emocionales pequeñas, pero repetidas, que deterioran progresivamente la estabilidad psicológica de una persona. Dice Rubano: “Es como tomar una micro dosis de veneno todos los días. Al principio el cuerpo lo resiste, pero con el tiempo, colapsa”.
El goteo emocional se inscribe en lo que se ha dado en llamar la “Inundación emocional”. Esto es, se van administrando cada vez mayores dosis de estímulos aversivos, de manera de hacer creer al sujeto atacado que todo lo que le rodea es generador de angustia.

Otra característica del goteo emocional es lo que se ha conocido como el “Cansancio emocional”. Moreno-Egea y col. (2008) reportaron en la revista “Cirugía española”, en un artículo titulado: “Sociedad y cirugía. Burnout y cirujanos”. (Ver https://doi.org/10.1016/S0009-739X(08)70525-6), que los cirujanos españoles presentan el síndrome de Burnout, por lo menos en un 50 % y se le sugiere que desarrollen estrategias para evitar el “Cansancio emocional”.


Como hemos sugerido, el Síndrome de Burnout es el prototipo de goteo emocional, y sí a los cirujanos españoles se les hace difícil desarrollar estrategias para evitar el cansancio emocional, podemos afirmar que estas estrategias son más difíciles de aplicar cuando se está bajo asedio, o en las proximidades de una guerra convencional y en medio de una guerra cognitiva. De manera que el “Cansancio emocional” es una característica que podemos observar en las personas de un país bajo ataque: las frases “No quiero saber más de eso”, esconde un laberinto al que todavía no hemos dado respuesta.

ALTERNATIVAS DE MANEJO

Las 5 leyes de la guerra de Sun Tzu pueden aplicarse a la guerra cognitiva:

  1. “Cada batalla se gana antes de pelear”.
    La moral es lo primero que debemos mantener el alto. Es decir, mucho antes de levantar un fusil hay que levantar la moral y la absoluta confianza en la victoria.
  2. “Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el
    resultado de cien batallas”.
    Se refiere a conocernos a nosotros mismos, amarnos como pueblo y reconocernos como venezolanos, hijos e hijas de Bolívar. Conocer nuestra historia y saber de lo que fuimos capaces en la guerra de independencia, tiene efectos sobre nuestra psique.
  3. “Toda guerra se basa en el engaño”.
    No se extrañen si ven un video de Nicolás renunciando o un video de Nicolás peleando con Diosdado, simplemente recuerden que la IA puede servir para realizar “prodigios de engaños”.
  4. “Las oportunidades se multiplican a medida que se aprovechan”.
    Una victoria abre las puertas para la próxima. No bajar nunca la guardia y permanecer siempre en perfecta unión y disciplina con los mandos.
  5. “En la guerra, el camino es evitar lo fuerte y golpear lo débil”.
    Saber que el flanco más débil es lo que será golpeado por el enemigo.

Antes estas condiciones debemos:

  1. AFERRARSE CON EL ALMA A NUESTROS SÍMBOLOS.
    Son lo primero que van a atacar para desmoralizarnos. Debemos garantizar que aunque los destruyan físicamente, no los puedan destruir en nuestra alma.
  2. SABER QUE LO QUE ELLOS VAN A DESTRUIR, NOSOTROS, TARDE O TEMPRANO LO VAMOS A RECONSTRUIR.
    Tenemos que saber que la función del imperialismo es destruir, nuestra función es reconstruir.
  3. MANTENERSE SEGURO E INAMOVIBLE ANTE LOS ATAQUES.
    Zun Tzu dice: “En primer lugar, has de ser capaz de mantenerte firme en tu propio corazón; sólo entonces puedes desmoralizar a los generales enemigos. Por esto, la tradición afirma que los habitantes de otros tiempos tenían la firmeza para desmoralizar al mando enemigo, y la antigua ley decía que cuando la mente original es firme, la energía fresca es victoriosa”, “esta es la razón por la que esa clase de ejércitos miran por encima del hombro a enemigos fuertes”.

Así que, debemos mantenernos FIRMES, entendiendo que en esta zona gris, el enemigo buscará todas las formas para amedrentarnos e intimidarnos. Y el “Goteo emocional” es una de las técnicas que usan para golpear la moral de los pueblos. Por esta razón, debemos darnos cuenta de que se trata de una tecnología muy bien aceitada, y como dice mi pueblo: “Pa’ bachaco, chivo”, “Usted que se alza el copete y yo que se lo rebajo”, como cantaba Florentino el que cantó con el mismísimo diablo y lo venció. Debemos reconocer y regocijarnos de que esa es nuestra estirpe. Si nos mantenemos firmes, podemos, como advertía Sun Tzu: para mirar por encima del hombro a enemigos fuertes.

  • Psicólogo clínico. Maestría en Psicología. Cursante del Doctorado en estudios Nuestroamericanos. Profesor de la cátedra: Naturaleza de la Guerra Cognitiva. Investigador en el Vicerrectorado de Investigaciòn y Creaciòn Intelectual de LAUICOM.
  • Correos: rgaces@lauicom.edu.ve / enelrespiramos@gmail.com
5003641646238862140

Venezuela ha sido siempre un crisol de Paz

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

No porque esté exenta de contradicciones —ningún pueblo lo está— sino porque en su seno se ha gestado una dialéctica histórica donde la dignidad popular ha sabido sobreponerse a cada agresión imperialista con una obstinación creadora que sólo puede explicarse por la profundidad humanista de su proceso revolucionario. La Paz, entendida no como reposo sino como trabajo emancipador, ha sido allí una fuerza activa que brota de la memoria ancestral, de las luchas por la independencia, de la siembra bolivariana que resuena todavía como mandato ético. Paz de pueblo que no se arrodilla. Paz de pueblo que piensa. Paz de pueblo que resiste sin renunciar jamás a la esperanza transformadora. Y esa Paz, continuamente amenazada por quienes quisieran reducirla a mercancía o a colonia, es precisamente lo que convierte a Venezuela en una luz imprescindible en la geopolítica contemporánea, una Paz indoblegable, creativa, insurgente, que se expresa en los colores vivos del humanismo bolivariano.

Todos los colores de la Paz bolivariana iluminan al humanismo revolucionario porque en ellos se entrelazan los símbolos de una sociedad que aprendió a convertir la diversidad en potencia política. El rojo de su historia insurgente, el amarillo de sus soles comunitarios, el azul profundo de su horizonte marítimo que une pueblos en la misma lucha contra el dominio, y el verde de sus territorios originarios que recuerdan que la Paz es también un pacto con la Tierra, todos ellos conforman una paleta viva que hace visible la densidad moral de una nación que ha decidido no entregar su destino a los dictámenes del capitalismo en su fase imperial y macabra. La semiosis bolivariana no es una estética de museo; es una estética de vida y combate, de organización y ternura, donde cada color es una memoria colectiva y cada símbolo una declaración de autonomía.

En Venezuela, la Paz revolucionaria nunca ha sido sinónimo de quietud. Es una Paz que se construye en la calle, en la escuela, en la comuna; una Paz que se defiende de agresiones económicas, mediáticas y diplomáticas que buscan fracturar la unidad del pueblo para imponer el viejo guion extractivista. Pero allí donde otros quisieran ver caos, hay en realidad un laboratorio ético de enorme vitalidad. Venezuela aprendió a navegar la tormenta sin renunciar a la dignidad y sin traicionar sus conquistas sociales. Esa capacidad de conjugar firmeza humanista, con creatividad cotidiana, constituye uno de los mayores aportes del proceso bolivariano a la historia universal de la Paz.

Quien observa superficialmente podría confundir esta Paz activa con simple resistencia. Pero la resistencia venezolana es mucho más, es una pedagogía política que enseña a los pueblos del mundo que la Paz verdadera no se decreta, sino que se construye desde abajo con conciencia crítica y solidaridad concreta. Allí, donde el imperialismo ha lanzado sanciones criminales, campañas de desestabilización, golpes, barbarie y guerras mediáticas, la revolución venezolana ha respondido con un humanismo que desborda el marco de la defensa nacional y se proyecta como referencia global de dignidad. La semiótica de esta Paz no está hecha sólo de discursos, está hecha de gestos cotidianos de organización comunal, de redistribución solidaria, de militancia cultural, de alfabetización política y simbólica.

Los colores de la Paz bolivariana también alumbran una sensibilidad profundamente latinoamericana. En Venezuela se expresa una síntesis continental donde confluyen los sueños de Bolívar, Martí, Hidalgo, Morelos y Chávez en una misma corriente ética que afirma que la emancipación debe ser integral o no será. Esa sensibilidad está en las músicas populares, en los murales callejeros, en la palabra comunitaria que sabe convertir la adversidad en conciencia. Comuna o nada. Está en la identidad mestiza que no se avergüenza de sus raíces sino que las celebra como fundamento de su proyecto político socialista. Está en los símbolos que la oligarquía quiso destruir y que el pueblo resignificó como armas de fraternidad.

La Paz venezolana es, por eso, una Paz en pie de lucha que se enfrenta a los dispositivos simbólicos del capitalismo global y sus métodos de desfiguración mediática. La guerra contra Venezuela ha sido, en gran parte, una guerra semiótica, se ha querido reducir al pueblo a una caricatura, borrar su complejidad, manipular su imagen hasta convertirla en pretexto para la intervención. Y, sin embargo, allí donde los laboratorios de propaganda imperial intentaron imponer una narrativa de caos, la creatividad bolivariana respondió con la construcción de nuevos códigos comunitarios, nuevas formas de representación de sí misma, nuevas articulaciones de identidad democrática que fortalecen al país precisamente en el campo donde pretendían debilitarlo. La Paz bolivariana se defiende en el terreno simbólico con la misma fuerza que en el terreno material.

Venezuela ha sido siempre un crisol de Paz porque su pueblo ha sabido convertir las tensiones históricas en oportunidades de solidaridad. La virtud de su proceso es que la Paz no es un adorno discursivo sino una práctica que atraviesa la vida cotidiana, desde la democracia participativa hasta la organización comunal; desde la soberanía energética hasta la cultura popular; desde la defensa de la autodeterminación hasta la pedagogía política que abraza a las nuevas generaciones. La revolución bolivariana entiende que la Paz sólo puede sostenerse si existe justicia social, y que sólo hay justicia social cuando el pueblo se reconoce a sí mismo como sujeto creador de su destino.

Por todo ello, los colores de la Paz bolivariana son hoy faro y advertencia, faro para los pueblos que luchan por emanciparse de las cadenas coloniales y advertencia para quienes insisten en someterlos. Ese crisol de Paz que es Venezuela demuestra que la dignidad no es una abstracción sino una fuerza histórica capaz de irradiarse más allá de sus fronteras. Su humanismo revolucionario, nutrido de diversidad, memoria, lucha y ternura, se ha convertido en una de las reservas éticas más importantes de nuestro continente. Y en cada uno de sus colores late la certeza de que la Paz verdadera —la que no se vende, la que no se rinde, la que no se negocia— sigue viva y seguirá creciendo allí donde un pueblo decida defender su historia con la fuerza de su conciencia. Con nosotros, todos y todas, a su lado.

5003641646238862134

Los “nervios de acero” de Nicolás Maduro

Por: Dr Fernando Buen Abad Domínguez 

Esos “nervios de acero”, entendidos como categoría político-semiótica y no como figura retórica individualista, designan una disposición ética que enfrenta la provocación imperial sin caer en el chantaje emocional, la intimidación mediática ni el impulso reactivo que las potencias hegemónicas desean desatar. En un escenario donde la agresión ya no se expresa solamente mediante ejércitos y sanciones, sino a través de un dispositivo multimodal de signos —rumores, operaciones psicológicas, montajes, discursos diplomáticos envenenados, campañas de odio, sabotajes económicos y un incesante terrorismo comunicacional—, la serenidad estratégica del dirigente se vuelve parte constitutiva de la defensa nacional. Aquí no se exalta un temperamento personal; se analiza un gesto político que sintetiza la racionalidad de un proyecto colectivo. Los “nervios de acero” no son el aplauso romántico al aguante individual, sino el nombre provisional de un método para impedir que la histeria imperial desfonde la vida democrática de un país asediado por décadas.

Porque el imperialismo ha comprendido que la “ventana de oportunidad” para desestabilizar procesos soberanos se abre cuando logran colonizar el estado afectivo de la población, ansiedad, miedo, incertidumbre, ira. No es casual que las operaciones contra Venezuela busquen, antes que nada, empujar al liderazgo a una reacción irreflexiva que sirva de pretexto para la escalada. Washington necesita que Caracas grite para poder presentarse como “bombero”. Necesita que Venezuela pierda la compostura para justificar la intervención “humanitaria”, la tutela y el cerco. Y en ese tablero, cada provocación se calcula con precisión, un insulto diplomático, un reconocimiento ilegítimo a un autoproclamado, un bloqueo energético, una mentira amplificada por miles de medios, un informe intoxicado en organismos internacionales. La guerra moderna se libra también en el plano de la afectividad pública.

Frente a todo eso, la serenidad estructural del proceso bolivariano —en su conducción política y en su tejido institucional— ha sido un muro de contención. Y no se trata de pasividad. Se trata de una ética democrática que comprende que la reacción impulsiva favorece a los agresores. El temple no es inacción; es cálculo, es lectura estratégica del signo hostil, es un modo de desactivar la carga semántica de la provocación para impedir que se convierta en detonador. El imperialismo diseña signos para producir efectos inmediatos, indignación, desesperanza, fractura moral. Lo que Venezuela ha hecho es disputar el significado antes de que el signo opere. Es decir, desactivar la semiótica de la agresión.

Cuando Maduro enfrenta una amenaza —sea militar, diplomática o comunicacional— sin perder el equilibrio, lo que está activando es un dispositivo pedagógico, demuestra que la fortaleza revolucionaria no depende de la furia, sino de la claridad. Su calma es un mensaje a la militancia, al pueblo y al mundo, la dignidad no se grita, se construye. Esa calma es también una defensa contra la guerra psicológica, que pretende instalar la idea de que Venezuela vive en estado terminal. Es una respuesta moral a un sistema global que se alimenta de la ansiedad social para gobernar. Y es, además, una lección política, no se derrota a la mentira con gritos, sino con un horizonte de verdad sostenido con firmeza.

Los ataques contra Venezuela siempre han buscado erosionar las condiciones de deliberación democrática. Pensar, analizar, discutir serenamente, todo eso resulta intolerable para las estrategias del caos. Por eso las provocaciones son espectaculares, buscan que la razón quede atrapada por la vorágine del odio mediático. Cada insulto de una potencia, cada maniobra de un títere extranjero, cada sanción económica diseñada para castigar al pueblo, pretende que el país reaccione bajo el clima emocional dictado desde afuera. Y sin embargo, Venezuela ha insistido en sostener el método del diálogo, la diplomacia activa, el debate interno y la construcción institucional. Ese es, precisamente, el terreno donde el imperialismo no sabe pelear.

Tal serenidad democrática frente a la agresión también implica algo más profundo, rechazar la lógica del enemigo absoluto. Mientras las potencias hegemónicas se permiten demonizar a Venezuela como si fuera un “peligro para el mundo”, la conducción bolivariana evita responder en el mismo registro. Mantener la compostura no significa olvidar la naturaleza criminal de las sanciones ni suavizar la denuncia; significa no permitir que el odio ajeno determine la forma de la política propia. Los “nervios de acero” son una ética porque subrayan que la defensa de la soberanía debe sostenerse en la altura moral que el enemigo no posee.

Esa ética democrática supone un trabajo doble, por un lado, resistir el chantaje emocional; por otro, cultivar una afectividad revolucionaria que no sea mero entusiasmo, sino conciencia colectiva organizada. No se trata sólo de soportar agresiones, se trata de construir una racionalidad política capaz de leer cada movimiento del adversario como mensaje cifrado, como signo intruso, como maniobra. En este marco, la serenidad no es un lujo psicológico sino un instrumento de decodificación. La calma es una herramienta crítica, permite ver la estructura de la ofensiva y desmontar sus premisas antes de que logren seducir a sectores vulnerables a la propaganda.

Toda la oposición venezolana que se deja tutelar por Estados Unidos, ha intentado, una y otra vez, quebrar esta ecuanimidad. Ha ensayado golpes mediáticos, llamados a la violencia, maniobras diplomáticas sin sustento jurídico, operaciones de sabotaje económico y un sinfín de provocaciones destinadas a forzar una reacción que valide la narrativa imperial: “dictadura”, “violación de derechos humanos”, “crisis humanitaria inducida”. El objetivo es simple, fabricar imágenes. Imágenes que circulen sin contexto, sin historia, sin geopolítica. Imágenes útiles para desactivar la solidaridad internacional. Tener “nervios de acero” es impedir que esas imágenes nazcan.

Ese temple no es improvisado. Es resultado de una tradición política que viene de Bolívar, de Zamora, de Chávez, una tradición que sabe distinguir entre firmeza y estridencia, entre autoridad ética y teatralidad, entre soberanía y bravata. La serenidad revolucionaria es una forma de inteligencia colectiva, sabe cuándo hablar, cuándo callar, cuándo denunciar, cuándo responder y cuándo simplemente permitir que la provocación se consuma en su propia impotencia. La agresión imperial no soporta el silencio firme porque lo desarma; no soporta la calma porque revela su desesperación.

Hay un punto crucial, la serenidad ética de Maduro y del proceso bolivariano no implica reconciliación ingenua ni desmovilización política. No se trata de tolerar la injusticia, sino de impedir que el enemigo nos dicte el ritmo. El imperialismo quiere urgencia, ruido, caos. La revolución necesita paciencia, análisis, organización. Los “nervios de acero” son el arte de gobernar sin dejarse poseer por la urgencia enemiga. Una democracia acosada debe desarrollarse no en el grito, sino en la lucidez. Y esa lucidez exige un tipo de fortaleza que no depende del espectáculo sino de la convicción.

Finalmente, la serenidad revolucionaria es un acto de confianza en el pueblo. Es la certeza de que el proceso histórico no se quiebra por un tuit de un mandatario extranjero ni por una amenaza de sanciones adicionales. Es la confianza en que la conciencia popular, formada durante años de lucha, sabrá distinguir entre manipulación y verdad. La serenidad del dirigente convoca a la serenidad del país entero, no para que se desmovilice, sino para que piense, para que actúe con madurez política, para que mantenga el pulso firme en medio de la tormenta.

Por eso, cuando se habla de los “nervios de acero” de Nicolás Maduro, se está hablando también de una pedagogía de resistencia, de un método para sostener la dignidad en tiempos de guerra híbrida. Se habla de una ética democrática que no concede al enemigo el poder de dictar la forma de nuestro ánimo. Se habla de la capacidad de un pueblo y de su conducción para enfrentar la agresión multinivel sin sacrificar los principios que los constituyen. Se habla, en última instancia, de la comprensión profunda de que la libertad exige no solamente valentía, sino también serenidad, una serenidad que el imperialismo jamás podrá comprender porque nace de la dignidad, no del cálculo cínico; de la historia compartida, no de la soberbia colonial; de un proyecto de futuro, no de la rapiña del presente.

IMG_20251201_101104_521

LA GUERRA COGNITIVA EN ZONA GRIS: El goteo emocional y la incertidumbre

Por Prof. José Garcés. Vicerrectorado de investigación. LAUICOM

Se ha señalado que en la guerra, la “zona gris” es ese espacio en el que las cosas son poco claras: no hay una agresión directa, no hay bombardeos, pero sí un clima de tensión que queda magníficamente ilustrado en el oxímoron de “tensa calma”. Se trata de esa situación caracterizada por la incertidumbre, donde los límites entre dos estados opuestos (como la paz y la guerra) son poco definidos. Nuestro pueblo ha categorizado la zona gris con la frase: «Lo más seguro es que quién sabe…»

Hemos dicho que la zona gris tiene una característica definitoria: la incertidumbre, y esta, a su vez, tiene un correlato: la angustia. Así, incertidumbre y angustia —que son los precursores del miedo— son los medios de los que se vale el enemigo para tratar de robar nuestros recursos. En esto consiste la guerra cognitiva en zona gris.

Ha dicho Sun Tzu: «Toda batalla se gana antes de pelearla». Eso es lo que intenta hacer Estados Unidos con Venezuela: ganar una batalla sin pelearla. De manera que intentar desmoralizar a nuestro ejército y a nuestra población, tratando de infundir miedo a través de la incertidumbre y la ansiedad, es el principal objetivo de la guerra cognitiva que, en este momento, se cursa contra la Patria de Bolívar.

Trump es especialmente astuto en este sentido: es ambiguo en su discurso, arroja una luz e inmediatamente la apaga; se dice y se contradice en una misma declaración a la prensa, y esto está calculado al milímetro. Hemos visto cómo esa estrategia ha venido aumentando en intensidad. Si recordamos las primeras acciones de guerra cognitiva, estas se referían a convertir al presidente Maduro en un narcotraficante odiado. Primeramente, se comenzó con la narrativa del «Cartel de los Soles» y luego se aumentó la recompensa por el presidente Maduro. Después vino el despliegue de buques de guerra, pero resultó que los buques anunciados no estaban en el Caribe, sino anclados en varios puertos alrededor del mundo. Una vez más, el discurso se decía y se contradecía. Luego la emprendieron contra las «narcolanchas» (término que ellos mismos inventaron); todo muy ambiguo: no había pruebas de esos ataques, y ni siquiera había pruebas de la existencia de esas lanchas. Todo cuadraba con la estrategia de la incertidumbre: «¿Será verdad?» era lo que se preguntaba mucha gente.

Posteriormente, se inició con la cantaleta del portaviones Gerald Ford: se decía que ya estaba en el Caribe, y el mismo Trump posteaba en “X” que había dado la orden de que el portaviones no saliera de Marruecos. De manera que, mientras unos decían que sí y otros decían que no, el susodicho Gerald Ford llegaba al mar Caribe.

La táctica más reciente se refiere al cierre unilateral del espacio aéreo venezolano, medida que se mantendrá por días, aumentando la incertidumbre acerca de un eventual ataque a Venezuela.

Como vemos, se ha ido aplicando la táctica del “goteo emocional”: cada día algo que es y no es, y ese algo va aumentando en intensidad.

Pues, para comenzar a desmontar esa táctica de goteo emocional, es necesario, primero que nada, darnos cuenta de que se trata de eso: de una táctica de manipulación psicológica. Si vemos a alguna persona que esté sintiendo síntomas de ansiedad, debemos aclararle que lo que siente es producto de la aplicación de una táctica de manipulación psicológica y se llama “goteo emocional”.

El goteo emocional ha sido descrito en la literatura psicológica y lo podemos observar en varios síndromes; tal vez el más común es el “síndrome de burnout” o síndrome del quemado. Este es un sentimiento de angustia, mezclado con depresión y desánimo, que ocurre en personas que trabajan con público, como maestras, médicos y policías.

Desde que el sujeto comienza a trabajar, va recibiendo dosis de angustia que no puede manejar, y esto se va acumulando hasta llegar a un momento en que estalla. Por eso se dice que el burnout es «insidioso», al igual que la técnica que aplican los Estados Unidos contra Venezuela, en la que cada día aplican algo, no importa lo pequeño, pero ese algo se va sumando y sumando hasta alcanzar un clímax, que es justamente lo que el imperialismo espera que ocurra en esta tierra.

Para evitar que la guerra cognitiva se enseñoree en nuestras mentes, lo primero que debemos hacer es darnos cuenta de que se trata de una manipulación psicológica. Debemos darnos cuenta de que estamos siendo víctimas de una agresión psicológica que tiene por objetivo doblegar nuestra moral, y para ello se valen de la incertidumbre, la angustia y el miedo.

En relación con el manejo del miedo, me gusta referir la historia, ya varias veces contada por este suscrito:

Se cuenta de una princesa que tenía que luchar contra el Miedo. Ella era pequeña, y el Miedo era gigantesco y poderoso. La princesa, inesperadamente, le dijo al Miedo:

—Señor Miedo, yo tengo que vencerlo a usted.
¿Usted me diría cómo hacer para vencerlo?

El Miedo, sorprendido, le confesó el secreto para ser vencido y le dijo:

—Soy muy rápido y me pongo en tu oreja y te ordeno lo que tienes que hacer.
Solo no hagas lo que yo te ordene.

De manera que ya tenemos una muy buena herramienta para vencer al miedo: no hacer lo que el miedo nos ordene que hagamos. Si el miedo nos pide que nos aislemos y no salgamos de la casa, pues eso es justamente lo que no debemos hacer.

Como siempre, la única alternativa posible para vencer la guerra cognitiva y la guerra convencional es no aislarse, es vincularse. Como hemos analizado en otros artículos, ya existe la infraestructura para garantizar la distribución de alimentos y la administración de la salud; lo único que tenemos que hacer es incorporarnos a esas estructuras.

Debemos recordar que la soledad es la madre de la dominación, y el vínculo es la estrategia perfecta de liberación y victoria. El vínculo es la expresión de la reunión, ya que cuando estamos vinculados tenemos la tendencia a reunirnos, y la reunión es la expresión máxima del amor. Pues cuando la gente ama, quiere estar reunida con quien ama. Y en cuanto al amor, ya lo sabemos: «Dios es amor», como dice el apóstol Juan (1 Juan 4:8). Por tanto: «Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Romanos 8:31).

la-revolucion-1020x642

Filosofía de la Revolución. Ética del amor revolucionario.

Por: Dr. Fernando Buen Abad.

La Ética de los fusiles y la Ética de la ternura.

Una consigna ética recorre al mundo. En toda su potencia brilla hoy, más que nunca, la afirmación de Fidel que define: “el deber de todo revolucionario es hacer la revolución”. Tal consigna es de suyo un enunciado ético, de primer orden, para los tiempos que corren. ¿Cuáles revolucionarios para cuál revolución? No operemos esto con “manuales”. El carácter “universal” de semejante consigna, su alma humanista, excede a Cuba aún siendo su epicentro. Esa era la voluntad de Fidel. En el carácter marxista-leninista de la Revolución cubana se gesta una de las corrientes éticas más importantes de nuestro tiempo. El deber de todo revolucionario también es producir una revolución en la ética y para la ética. Y la Revolución en Cuba es una guía.

En un mundo infestado de humillaciones contra la clase trabajadora, ahogado en falacias “informativas”, atiborrado de vulgaridad, chapucería y banalidades… nos da luz el fulgor de la Revolución cubana con su apuesta ética revolucionaria. En un mundo hundido en miedos, individualismo y egolatrías; saturado por petulantes y mediocres, doctorados en nadería y creacionismos a medida, donde hacen su festín los publicistas y las iglesias, los pornógrafos y los pedófilos… donde se prostituye todo y se mercantiliza el alma… el capitalismo reina a sus anchas y pudre todo lo que encuentra al paso. Mundo infestado con tanto traidor, tanto blandengue, tanto trepador, tanto oportunista, tanto reformismo… Cuba nos llama a trabajar por una Ética de la solidaridad nueva, activa, combativa, rigurosamente, o de lo contrario nos sepultarán con más basura ideológica burguesa y con más capitalismo. Esto es intolerable.

Qué fenomenales desafíos ha debido enfrentar la Revolución cubana. Desafíos que no sólo han demorado la conquista de la máxima felicidad posible para su pueblo sino que la han sometido a las pruebas más feroces de la resistencia económica, psicológica, política y cultural. El balance de la Revolución, que aquí nos interesa, está pasando todavía por el purgatorio criminal del bloqueo que no sólo no ha terminado, sino que se recrudece. Así y todo, la Revolución cubana nos educa, como brújula y praxis que no dejó de proveernos lecciones e interrogantes, luces y autocríticas, sencillamente porque jamás fue una institución puramente teórica o mental para celebraciones idílicas o abstractas, sino porque la Revolución pasó a ser núcleo de las cosas diarias. En la cabeza, en la panza y en los corazones. En la praxis. No lo ve quien no quiere verlo.

No hay tiempo para diletantes. No hay lugar para burocracias bibliográficas ni para farándulas de gurús. Hay que declarar la abolición de la esclavitud semántica y la supresión de todo fanatismo con manuales esotéricos. El caso más aberrante de “Crimen Organizado” a nivel mundial, se llama Capitalismo. En sus más de tres siglos, organizó la destrucción del planeta, la depredación de la condición humana, pobreza, miseria y hambrunas. Ha humillado a los seres humanos y amenaza al futuro.

Cualquiera habla de Revolución refiriéndose a cualquier cosa, pero el problema está en cuánto y cómo, eso que se llama Revolución, realmente cambia paradigmas o solamente los maquilla. Por eso, tarde o temprano, si hemos de asumirla con seriedad, la Revolución cubana nos interpelará. Nos hará preguntarnos, y respondernos, dónde está nuestro granito de arena, nuestro aporte probadamente solidario, ese que ayuda a modificar los paradigmas dominantes para dar lugar a paradigmas emancipadores infatigables. Como es la propia Revolución.

Debemos entender a la Revolución cubana como la conquista ampliada de un Derecho Humanista Fundamental. El derecho a la Revolución. Como el peldaño más alto de la praxis que asciende desde lo deseable a lo posible y desde ahí a lo realizable. Una Revolución que no acepta ser reducida a una abstracción de esos procesos revolucionarios que la hacen internacionalista en sus tonos y colores político-territoriales. Comprender la superioridad, su valor, como factor decisivo en nuestra Historia reciente, nos hace estar convencidos de que luchar tiene un valor superior, en un mundo común en que se vive bajo la ordinariez de las semiósferas burguesas. La Revolución cubana, al asumir el socialismo sobre una base científica y no utópico-ilusionista, se legitima en cuanto que cambio para la organización de la lucha, que no es cosa del pasado, sino necesidad para salir del capitalismo, sin tergiversaciones ni confusiones, porque es expresión de una fase superior de la sociedad que debe desaparecer toda subordinación esclavizadora contra los seres humanos.

Cuba es una forma de la Ética de nuevo género tanto por las ideas revolucionarias, como las acciones revolucionarias que desenmascaran y combaten al capitalismo. Ética que ha sido blanco de todo género de distorsiones y persecuciones en el terreno de la teoría, del centrismo “cientificista” amorfo y ecléctico; en las filas del reformismo que elude las obligaciones concretas y tiende a privilegiar toda demora de la “práctica revolucionaria”, sin aceptar que sólo la teoría marxista puede impartir una orientación revolucionaria a la práctica. Tal cual lo explicó Fidel:

Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo.

Nuestro deber es hacer la revolución. Con el surgimiento de la Revolución cubana, el mundo experimentó una transformación geopolítica, cultural y comunicacional que estremeció al imperio. De inmediato se dispuso a destruir todo cuanto significase Revolución y de inmediato salió a comprar “voluntarios” de las armas y de las ideologías (falsa consciencia y engaño) para organizarlas en una guerra, sin cuartel, que no ha cesado un solo minuto. Guerra contra Cuba revolucionaria en todos los ámbitos de la teoría o de la práctica, se dejó sentir como un odio de clase “nuevo” que encolumnó formas de “pensar” y hacer “política” –en su sentido más burgués- para aniquilar la rebeldía organizada y consciente de su ruta. Pero se encontraron con un pueblo organizado de mil maneras (obreros, estudiantes, ciudadanos comunes y campesinos) decididos a no seguir siendo oprimidos… la clase opresora no pudo seguir oprimiendo. Cambió el rumbo, cambió la dirección y cambiaron los dirigentes. Triunfó una Revolución que parió una Ética nueva.

La Ética de la verdad

¿Qué baratijas ideológicas podrán convencernos de aceptar, más tiempo, el negocio macabro de las industrias bélicas; qué palabrerío podrá convencernos de tolerar el espectáculo de pobreza que se transmuta en miseria y hambrunas; con qué saliva querrán anestesiarnos mientras nos despojan del trabajo, la vivienda, la salud, la educación… mientras insisten en que les aplaudamos como focas adictas? Los 2153 millonarios que hay en el mundo, poseen más riqueza que 4600 millones de personas (un 60% de la población mundial), según revela Oxfam en un informe publicado hoy, la víspera del Foro Económico Mundial de Davos (Suiza). Este mundo debe salir del capitalismo, y todos sus desastres, inmediatamente.

Cuba encontró un camino. Semejante parto ético originado en Cuba, tendría que remover, de la vida cotidiana, las instituciones mentales, las costumbres y los hábitos de esclavitud; los pre-conceptos y las definiciones de la vida misma, inoculadas por la ideología de la clase dominante como vectores centrales de la existencia en cada persona, en su relación con los demás seres humanos y con la naturaleza toda. Ese parto ético de nuevo género, debía abonar la tierra de la mentalidad revolucionaria para hacer florecer las ideas nuevas y de reponer el trabajo justo y colectivo, como la mayor riqueza, por encima de la acumulación del capital. Formidable tarea para revolucionar las cabezas y los valores contra toda telaraña mental, momias ideológicas y creencias con raíces hondas como la resignación, el saqueo irremediable y privación de todo para garantizar la buena vida de los amos. Cuba con su Revolución ha construido, paso a paso, un imaginario social nuevo con seres humanos solidarios dispuestos a rehacer en su cabeza, su corazón y su panza, un modo de relacionarse de manera fraterna para producir lo que necesitamos todos y distribuirlo para el bien de todos. Ética para cambiar la dirección de todos los beneficios.

Nuestro deber es hacer la revolución. Ética que organiza democráticamente a una sociedad que lucha por vivir sin clases sociales, sin opresores y sin oprimidos, donde además de modificar el modo de producción, han cambiado las relaciones de producción, esta vez ya en manos de personas empeñadas en ser felices —con toda la dificultad que ello implicaba— y en que logren ser felices los seres humanos contra una realidad global sometida a todo género de infelicidades. Esa es la decisión de un pueblo que avanza con dirección distinta para los seres humanos y para el planeta, que a muchos parecía imposible, utópico, mesiánico o loco… y a otros parecía esperanzador, deseable, posible y realizable; exigió claridad meridiana en el qué hacer y en el cómo hacerlo.

El desafío ético que Cuba trajo con la Revolución exigió —y exige— mucha precisión en el orden de las prioridades y los plazos, en la profundidad y en la amplitud de las transformaciones humanistas. Exigió y exige un cambio, de raíz, en la mentalidad y una disposición solidaria a toda prueba. Exigió, y exige, instrumentos para movernos hacia delante en la ciencia, en las artes, en la teoría y en la praxis. Es imposible orientarse sin una Ética nueva, si realmente queremos salir del mapa del pasado. Ética de exigencias nuevas para la práctica en el proceso que implica la creación de una sociedad donde lo más importante sea el bienestar de la sociedad misma y la integridad ético-política “del dicho al hecho”, para alcanzar los objetivos marcados por la dirección del programa revolucionario.

Para comprender esta Ética, es necesario saber, en primer lugar, que tal ciencia, nacida de una Revolución, tiene un objeto de acción permanente en todo el hacer humano. Tal objeto que incide en la moral revolucionaria, se afirma en, al menos, dos grandes territorios de la actividad humana histórica y social. Ya no es una moral inamovible de afirmaciones extra-históricas, como es uso de algunas, sino que es una forma de la práctica humana, un producto histórico que varía profundamente, y se perfecciona, bajo la fuerza de una Revolución Socialista. La Ética para revolucionar debe revolucionarse a sí misma, bajo la influencia del fenómeno histórico que es la Revolución marxista-leninista, que se ocupa, también, de la conducta de los seres humanos ante el planeta sin dejar de imbricarse con la psicología, la sociología, la economía política y la antropología… con toda lucha que tenga una base material y sobre la que se erige la superestructura con su carácter indisolublemente social.

En Cuba se origina una Ética en transición y para la transición que tiene un origen histórico que se encuentra ya en la comunidad primitiva; para superar la división de la sociedad en clases, enriqueciéndose con la dialéctica marxista, en la praxis. Cuba desarrolla una Revolución no sólo para romper con los modos de producción, y con las las relaciones de producción de la moral burguesa con toda su hipocresía, la moral individualista, Cuba nos plantea el desafío de sentar las bases para una Ética verdaderamente humana, universal, en la que no exista la explotación del hombre por el hombre para la abolición definitiva de la sociedad dividida en clases. Dicho como lo diría el Ché, una ética para el amor.

Nuestro deber es hacer la revolución. Ética rigurosa que debe defenderse de los reformistas, los conciliadores, los disfraces, las emboscadas ideológicas y las guerras mediático-psicológicas, diseñadas principalmente para demorar, abortar, deformar y asesinar todo aquello que implique pasos (así sean pequeños) en la dirección emancipadora. Ética para superar lo viejo (aún no superado) y para impulsar lo nuevo que no termina de nacer. En esa transición (explicada así muy apretadamente) nos hemos visto inmersos muchas décadas y eso nos ha costado vidas y recursos incalculables pero, claramente, en Cuba, la fortaleza ética ha permitido resistir tormentos imperiales indescriptibles, en todos los niveles, desde de lo colectivo hasta lo más íntimo. Los enemigos de la Revolución, en sus delirios genocidas, han dado por muerto todo lo que suene a transformación y, así, dan por muerto el poderío ético cubano, sus logros, sus beneficios y aportes… han llegado a dar por muerta la historia misma. Y se han equivocado, la Revolución ha sido más fuerte que todas sus trabas.

Lo esencial de la Ética revolucionaria cubana no pueden borrarlo. Está viva en la revolución permanente que el pueblo cubano despliega en cada una de sus rebeldías y revoluciones (grandes o pequeñas) de esa Revolución cubana permanente, que ocurre en miles de ámbitos distintos, más visibles o menos; de esa lucha pertinaz e incesante nace un nuevo tipo de valores y acciones, marcadas por el pueblo trabajador, una Ética para la creación de una cultura y una comunicación de lo común, de lo comunitario, de lo comunista como fase superior de la felicidad humana. Sus médicos son un ejemplo preclaro, lo son también los cinco héroes, la música, las artes, la cultura del pueblo cubano. No se trata de un simple “re-acomodo de términos filosóficos”, es imprescindible aprender de la Revolución cubana, de su Moral de lucha y de su Ética, porque en el mundo entero avanza la degradación, la desmoralización y la ruina de los pueblos. Es una situación de vida o muerte para la clase oprimida que representa objetivamente el único futuro viable de la Humanidad. Si la Ética no responde a la dirección marcada por las bases, y no se producen cambios, la especie humana quedará cada día más expuesta a peligros históricos, como el neo-nazifascismo.

Ética de lo deseable, lo posible y lo realizable.

Nuestro deber es hacer la revolución. Solidarios con la Revolución cubana desarrollar las fuerzas productivas, la educación crítica y descolonizada, el pensamiento en la formación científica socialista. La definición de la Revolución nos ofrece aspectos esenciales para la Ética nueva donde se combina un carácter objetivo, normativo, con reglas o protocolos de intervención revolucionaria sobre, por ejemplo, la propiedad de las riquezas y sus distribución para todos; y el carácter fáctico en los actos reales, bajo tensión entre lo hecho y lo que debieron ser. Tal tensión, en condiciones revolucionarias, es dialéctica, uno implica al otro, pero en acción directa, no ilusoria. Necesitamos normas revolucionarias para la Ética revolucionaria, no hay práctica correcta sin teoría correcta. Lo normativo para ser realizado, pero no bajo el designio de normas abstractas, generales, idealistas sino bajo los requisitos del proceso revolucionario que demanda hechos concretos a soluciones concretas y, superar todo freno al desarrollo social.

Si la Revolución cubana nos ha obsequiado con bastiones humanistas de nuevo género, si su generosidad ha sido tal que marca el presente, tanto como el futuro, luchando por las mejores condiciones para la vida buena de todos, entonces nos ha puesto a la mesa de la Historia un plato ético exquisito, rico en motivos, rico en consciencia del fin, rico en decisión firme para la realización del acto ético-revolucionario; rico en voluntad para acompañar indisolublemente la determinación del fin común por sobre otros; rico en la predilección por los medios populares probados históricamente en la realización del fin común, en su realización objetiva, asumidas todas las consecuencias, propiamente, de carácter social. Lo deseable, lo posible y lo realizable. (Adolfo Sanchez Vázquez)

Esta estructura ética forjada por la Revolución cubana, forma una totalidad en las partes cobra realidad en el todo como significado moral. Así, por ejemplo, la legitimidad de una motivación revolucionaria se determina en la praxis y en los consensos donde agente puede reconocerla claramente como obra colectiva. Así la elección de un fin ético, y la selección de un medio, no se hace aisladamente porque pierde sentido moral, aun si el acto se realiza. En todo caso es indispensable plasmar el carácter revolucionario del fin, objetivar la conducta revolucionaria, para que garantice un resultado que podemos medir moralmente en colectivo, al ponerlo en relación con una norma marxista-leninista asociada a un sistema de normas de una comunidad histórico-social revolucionaria, como lo es en Cuba.

Necesitamos un Humanismo concreto, histórico y creador, no abstracto, expresión del conjunto de las relaciones sociales, incluso con sus conflictos madre, como perfeccionamiento ético y espiritual, que rescate las mejores luchas emancipadoras contra la alienación y los atentados a la libertad humana. Esta construcción del humanismo real, se necesita para transformar el mundo existente, conservando sólo lo mejor pero no para reconciliarse entre antagónicos. Un humanismo que debe ser condición fundamental en la conciencia, como necesidad y posibilidad de la transformación del mundo. Conciencia que debe tener una interpretación verdadera y científica del mundo y una crítica consensuada de lo existente.

Celebramos la Revolución cubana, a pálpito de Patria Grande, porque es hija de la Historia y al mismo tiempo camino para la especie humana. Nunca en la Historia se había logrado un desafío ético mayor, una obra revolucionaria, de los humildes, de los oprimidos, de los explotados. Por primera vez en la Historia latinoamericana y caribeña se ha establecido, en la práctica, un horizonte ético obrero-campesino duradero. Se hizo sobre bases revolucionarias, sobre bases marxistas, sobre bases leninistas. Eso implica, el marxismo desde su esencia creadora, su esencia dialéctica, sus principios éticos aplicados de manera revolucionaria, aplicados, también, con un sentido moral, en una época concreta, bajo acoso y bloqueo. El triunfo de la Revolución cubana es, también, seguir luchando, sin cansarse, contra el odio, la represión y el crimen imperiales. Su victoria va sedimentando una Ética de nuevo género que no sólo se ocupa de la economía, de la industria, de la cultura… se ocupa del corazón. Esa es una victoria de la Revolución que vive de la verdad humana, de la franqueza, de la honestidad, de la pureza, de sus principios marxistas y leninistas en acción dialéctica crítica y autocrítica. No nace de la nada. Nuestro deber es hacer la revolución. Completarla permanentemente.

Cuba Periodistas

9aa9af6d-95b5-4bac-b0d3-728fb49f6981

Zapatismo, Comunicación y disputa por el sentido

Por: Dr. Fernando Buen Abad.

Hubiese sido imposible enterarse, sin distorsiones, sobre la existencia y alcances de una fuerza revolucionaria como la del zapatismo, sin una batalla comunicacional y semiótica, pertinente y pertinaz. Hasta el presente. Esa comunicación zapatista ha sido clave en la lucha por la justicia social y la dignidad de los pueblos originarios en lucha. A su modo, una rebeldía de tierra con sentido histórico propio y con una dialéctica atada profundamente con su cronología y sus coyunturas en cada etapa. Desde 1900 hasta el presente, la lucha armada y la comunicación clandestina, pletórica de artillerías simbólicas y códigos propios, se desplegó para comunicarle al mundo la decisión popular organizada del Ejército Zapatista, desde aquel originario al principio del siglo XX y hasta el corazón de neoliberalismo y su tufo TLC (1994).

Fue acertada la utilización de la imprenta, la palabra, la canción, la pintura y el relato en todas sus variables como armas de guerra ideológica para combatir las falacias y las canalladas del poder latifundista y oponerle el programa histórico de la lucha desde la tierra: el programa zapatista antes, durante y después del Plan de Ayala (1911) Fue decisiva la creación de una red de comunicación revolucionaria para coordinar las acciones militares y políticas. Contra la represión y para la resistencia, porque el uso de la comunicación oral y la tradición para mantener viva la memoria histórica y la identidad zapatista, se hicieron munición cotidiana en la consolidación de redes de solidaridad, apoyo y combate desde las comunidades indígenas y campesinas. Y todas esas batallas y escaramuzas diarias siguen activas y productivas.

No faltó la música, incluso en su versión corrido-noticiero, música y poesía de la batalla como formas de expresión y resistencia para la construcción de un pensar pensándose distinto. Así se sostuvo, no sin impasses de reorganización en la comunicación alternativa, que llegó a perfeccionarse más tarde en la Asamblea de los Pueblos de las Montañas del Sureste (APMS) como una plataforma de comunicación y coordinación pionera en más de un sentido. Con la radio comunitaria y la prensa alternativa, activadas para difundir la voz zapatista, su simbología e iconografía, se pudo consolidar y actualizar una identidad visual y comunicativa. Hasta el presente, y contra los diagnósticos de algunos, es inequívoca la presencia de las fuerzas insurgencia en la comunicación global. No hay quien no identifique a hombres y mujeres zapatistas, sepan quiénes son y por qué luchan, desde la propia imagen de Emiliano Zapata hasta los rostros y las máscaras actuales.

Para eso han sabido usar el recurso, nada inocuo ni poco inicuo, de Internet y sus formas de “comunicación digital” por donde han sabido mostrar el protagonismo de la voz zapatista a nivel global. Desde luego con su página web del EZLN y con la utilización de la comunicación en línea para coordinar las acciones y la solidaridad internacional. Sin restar una sola coma al programa de lucha, más vigente que nunca, y hacia una revolución, también, de la comunicación comunitaria contra los latifundios ideológicos y mediáticos burgueses, en todas sus presentaciones y apariencias.

Porque también se trata de fortalecer la democracia y la autonomía de las comunicaciones proletarias. Se trata de la creación de una gran “Junta de Buen Gobierno” hacia la comunicación que ayude organizar fuerzas, sumándolas y capacitándolas para coordinar las acciones y la toma del poder comunicacional en manos de los pueblos y sus decisiones autónomas. Su utilización como herramienta para la educación crítica y la formación de revolucionarios nutridos de historia y ética, capaces de fortalecer la comunicación y la transformación del mundo. Con sus batallas comunicacionales, no pocas veces incomprendidas o ignoradas, las fuerzas zapatistas han marcado la dirección de una infinidad de tareas inconclusas a las que no hemos sabido acudir ni en tiempo ni en forma. Principalmente, para difundir y consolidar la voz zapatista que durante décadas ha exhibido la maldad y criminalidad del latifundismo que, en México como en toda la Patria Grande, ha hecho de las suyas entre saqueos, corrupción asesinatos y monstruosidades de todo tipo. Sin que les toquen un pelo.

No ha habido cansancio abajo y a la izquierda, incluso cuando los retos y los peligros de la batalla comunicacional se han multiplicado y, por eso, sigue siendo urgente el fortalecimiento de la plataforma de comunicación “Enlace Zapatista” para difundir la información y la voz de las luchas, para denunciar la represión y la violencia en contra de las comunidades. Y para expandir la lucha por la justicia social, de abajo hacia arriba en México. Desde la comunicación interpersonal y local repotenciadas, hasta la comunicación global, porque todos deberíamos entender cuánto tenemos de zapatistas en la medida en que somos, también, víctimas permanentes del latifundismo ahí donde estemos.

Están a la vista documentos, videos, manifiestos, canciones, películas… Símbolos y códigos para comunicar la voz rebelde de los pueblos en lucha. Símbolos y códigos conocidos planetariamente y mantenidos en pie de lucha, también, para una comunicación de pensamiento, palabra y corazón red. Está a la vista la voluntad incansable, capaz de coordinar las acciones para la defensa y para la política. Está a la vista la red de mensajeros, correos y otros protagonistas que transmiten información y órdenes entre los diferentes grupos y líderes. Está a la vista la comunicación también oral y con tradición para mantener viva la memoria histórica y la identidad zapatista. Transmitir historias, leyendas y valores zapatistas de generación en generación. No hay manera eludir el lugar que tenemos todos desde donde estemos.

Sabemos que la comunicación zapatista es un instrumento vital para la difusión de las ideas revolucionarias y para la defensa de la vida. Es mucho más que “memoria histórica” e “identidad”, es un plan de lucha crucial bajo las amenazas de terratenientes, gobiernos y grupos criminales camuflados. No es un romance filantrópico con los indígenas. No es bonhomía de coyuntura. En las tareas de comunicación zapatista, y su disputa por el sentido, está la vida de miles de revolucionarios que han ofrendado la vida por rescatar todas las tierras usurpadas desde la invasión colonial española y hasta esta mañana en todas partes. Es una revolución comunicacional que habla muchos idiomas y nos interpela en muchas lenguas. Es una lucha por la producción y reproducción de la conciencia, es una red de relaciones que se ejerce a través de la producción y circulación de pensamiento y praxis revolucionaria que expresa la disputa por el sentido como una lucha por la liberación de los medios, los modos y las relaciones de producción y circulación de significados. Es arma de nuestra revolución. Lo sabía perfectamente Emiliano Zapata.

Alma Plus TV

zapatismo

Zapatismo, Comunicación y disputa por el sentido

Por Dr: Fernando Buen Abad

Hubiese sido imposible enterarse, sin distorsiones, sobre la existencia y alcances de una fuerza revolucionaria como la del zapatismo, sin una batalla comunicacional y semiótica, pertinente y pertinaz. Hasta el presente. Esa comunicación zapatista ha sido clave en la lucha por la justicia social y la dignidad de los pueblos originarios en lucha. A su modo, una rebeldía de tierra con sentido histórico propio y con una dialéctica atada profundamente con su cronología y sus coyunturas en cada etapa. Desde 1900 hasta el presente, la lucha armada y la comunicación clandestina, pletórica de artillerías simbólicas y códigos propios, se desplegó para comunicarle al mundo la decisión popular organizada del Ejército Zapatista, desde aquel originario al principio del siglo XX y hasta el corazón de neoliberalismo y su tufo TLC (1994).

Fue acertada la utilización de la imprenta, la palabra, la canción, la pintura y el relato en todas sus variables como armas de guerra ideológica para combatir las falacias y las canalladas del poder latifundista y oponerle el programa histórico de la lucha desde la tierra: el programa zapatista antes, durante y después del Plan de Ayala (1911) Fue decisiva la creación de una red de comunicación revolucionaria para coordinar las acciones militares y políticas. Contra la represión y para la resistencia, porque el uso de la comunicación oral y la tradición para mantener viva la memoria histórica y la identidad zapatista, se hicieron munición cotidiana en la consolidación de redes de solidaridad, apoyo y combate desde las comunidades indígenas y campesinas. Y todas esas batallas y escaramuzas diarias siguen activas y productivas.

No faltó la música, incluso en su versión corrido-noticiero, música y poesía de la batalla como formas de expresión y resistencia para la construcción de un pensar pensándose distinto. Así se sostuvo, no sin impasses de reorganización en la comunicación alternativa, que llegó a perfeccionarse más tarde en la Asamblea de los Pueblos de las Montañas del Sureste (APMS) como una plataforma de comunicación y coordinación pionera en más de un sentido. Con la radio comunitaria y la prensa alternativa, activadas para difundir la voz zapatista, su simbología e iconografía, se pudo consolidar y actualizar una identidad visual y comunicativa. Hasta el presente, y contra los diagnósticos de algunos, es inequívoca la presencia de las fuerzas insurgencia en la comunicación global. No hay quien no identifique a hombres y mujeres zapatistas, sepan quiénes son y por qué luchan, desde la propia imagen de Emiliano Zapata hasta los rostros y las máscaras actuales.

Para eso han sabido usar el recurso, nada inocuo ni poco inicuo, de Internet y sus formas de “comunicación digital” por donde han sabido mostrar el protagonismo de la voz zapatista a nivel global. Desde luego con su página web del EZLN y con la utilización de la comunicación en línea para coordinar las acciones y la solidaridad internacional. Sin restar una sola coma al programa de lucha, más vigente que nunca, y hacia una revolución, también, de la comunicación comunitaria contra los latifundios ideológicos y mediáticos burgueses, en todas sus presentaciones y apariencias.

Porque también se trata de fortalecer la democracia y la autonomía de las comunicaciones proletarias. Se trata de la creación de una gran “Junta de Buen Gobierno” hacia la comunicación que ayude organizar fuerzas, sumándolas y capacitándolas para coordinar las acciones y la toma del poder comunicacional en manos de los pueblos y sus decisiones autónomas. Su utilización como herramienta para la educación crítica y la formación de revolucionarios nutridos de historia y ética, capaces de fortalecer la comunicación y la transformación del mundo. Con sus batallas comunicacionales, no pocas veces incomprendidas o ignoradas, las fuerzas zapatistas han marcado la dirección de una infinidad de tareas inconclusas a las que no hemos sabido acudir ni en tiempo ni en forma. Principalmente, para difundir y consolidar la voz zapatista que durante décadas ha exhibido la maldad y criminalidad del latifundismo que, en México como en toda la Patria Grande, ha hecho de las suyas entre saqueos, corrupción asesinatos y monstruosidades de todo tipo. Sin que les toquen un pelo.

No ha habido cansancio abajo y a la izquierda, incluso cuando los retos y los peligros de la batalla comunicacional se han multiplicado y, por eso, sigue siendo urgente el fortalecimiento de la plataforma de comunicación “Enlace Zapatista” para difundir la información y la voz de las luchas, para denunciar la represión y la violencia en contra de las comunidades. Y para expandir la lucha por la justicia social, de abajo hacia arriba en México. Desde la comunicación interpersonal y local repotenciadas, hasta la comunicación global, porque todos deberíamos entender cuánto tenemos de zapatistas en la medida en que somos, también, víctimas permanentes del latifundismo ahí donde estemos.

Están a la vista documentos, videos, manifiestos, canciones, películas… Símbolos y códigos para comunicar la voz rebelde de los pueblos en lucha. Símbolos y códigos conocidos planetariamente y mantenidos en pie de lucha, también, para una comunicación de pensamiento, palabra y corazón red. Está a la vista la voluntad incansable, capaz de coordinar las acciones para la defensa y para la política. Está a la vista la red de mensajeros, correos y otros protagonistas que transmiten información y órdenes entre los diferentes grupos y líderes. Está a la vista la comunicación también oral y con tradición para mantener viva la memoria histórica y la identidad zapatista. Transmitir historias, leyendas y valores zapatistas de generación en generación. No hay manera eludir el lugar que tenemos todos desde donde estemos.

Sabemos que la comunicación zapatista es un instrumento vital para la difusión de las ideas revolucionarias y para la defensa de la vida. Es mucho más que “memoria histórica” e “identidad”, es un plan de lucha crucial bajo las amenazas de terratenientes, gobiernos y grupos criminales camuflados. No es un romance filantrópico con los indígenas. No es bonhomía de coyuntura. En las tareas de comunicación zapatista, y su disputa por el sentido, está la vida de miles de revolucionarios que han ofrendado la vida por rescatar todas las tierras usurpadas desde la invasión colonial española y hasta esta mañana en todas partes. Es una revolución comunicacional que habla muchos idiomas y nos interpela en muchas lenguas. Es una lucha por la producción y reproducción de la conciencia, es una red de relaciones que se ejerce a través de la producción y circulación de pensamiento y praxis revolucionaria que expresa la disputa por el sentido como una lucha por la liberación de los medios, los modos y las relaciones de producción y circulación de significados. Es arma de nuestra revolución. Lo sabía perfectamente Emiliano Zapata.

Alma Plus TV

1763562738529

Fuerzas semióticas de la violencia burguesa

Por: Dr. Fernando Buen Abad.

Esa violencia histriónica de las ultraderechas no se sostiene únicamente por la coacción física que despliegan con aparatos represivos ni sólo por las maniobras económicas que esclavizan la vida material, sino —sobre todo— por un dispositivo complejo de fuerzas semióticas y mediáticas que penetran hasta los pliegues más íntimos de la cotidianidad. Allí, en el teatro microscópico de los signos, se forjan obediencias, se disciplina la sensibilidad y se fabrica un horizonte común de percepción que naturaliza lo inhumano. La burguesía, en su evolución histórica, ha aprendido que ningún orden de dominación es estable sin una arquitectura semiótica capaz de convertir lo denigrante en destino, lo injusto en normalidad y lo arbitrario en sentido común. Esa es, quizá, la operación más profunda de su violencia: no dejar evidencia judicializable o visible, estetizar sus golpes y humillaciones, inocular la gramática de la impotencia. Y ellos evadiendo impuestos.

Lo que llaman capitalismo perfeccionó un régimen de significación basado en la administración del miedo y el deseo rentables. Ambos polos funcionan como engranajes complementarios, se infunde temor a la pérdida, al fracaso, a la exclusión, mientras se promete realización, éxito y reconocimiento dentro de los mismos cánones que generan miseria. Este doble vínculo constituye una violencia semiótica que actúa antes de la acción policial, antes del decreto jurídico y antes del ajuste económico. Se trata de una prefiguración de su mundo, un modo de guiar la mirada y de anticipar la interpretación, de forma tal que todo lo que contradice la hegemonía parezca «irreal», «imposible» o «peligroso». El campo simbólico burgués es una disneylandia donde la rebeldía es desactivada antes de nacer, colonizada en su misma gestación, obligada a nacer ya deformada por las categorías dominantes. Sin dejar de ser negocio.

Su ofensiva mediática es el principal laboratorio de esta violencia que no sólo produce heridas y muerte, produce semióticas. A fuerza de repeticiones, montajes, omisiones y modulaciones afectivas, modela comportamientos y determina el rango de las emociones legítimas. Una parte fundamental de este poder reside en la capacidad de vaciar el lenguaje hasta dejarlo reducido a clichés, eslóganes y simplificaciones que obstaculizan el pensamiento crítico. La burguesía opera como una gran trituradora semiótica que convierte en polvo cualquier experiencia humana que no sea útil para la reproducción del capital. La violencia simbólica es entonces una violencia epistemológica: la expropiación de las categorías con las que el pueblo podría interpretar y transformar su realidad. Por eso la manipulación del lenguaje no es un daño colateral: es el núcleo estratégico de la dominación.

Pero la violencia burguesa no actúa sólo en los medios, intoxica el diseño de la vida cotidiana. La publicidad, por ejemplo, transforma los objetos en fetiches que prometen identidad y prestigio, convirtiendo los signos en equivalentes de valor subjetivo. La arquitectura de las ciudades reparte espacios de dignidad y espacios de desecho, ordena trayectorias, impone velocidades y jerarquías, y hace de cada esquina un escenario de la lucha de clases implícita. La educación formal perpetúa genealogías ideológicas donde la historia aparece como una secuencia naturalizada de «progresos» que culminan en el mercado como forma superior de libertad. Cada institución —la escuela, la oficina, la familia, la calle— ejerce una pedagogía violenta del sometimiento que se transmite no sólo por contenidos explícitos, sino por hábitos, gestos, silencios y protocolos. Es una violencia de muchos rostros burgueses que «enseñan» a cada sujeto su «lugar» en el orden social, obediente, normal, rentable.

Toda la violencia simbólica de la burguesía opera también como una economía de la sensibilidad. Los afectos son alineados con los intereses del capital mediante narrativas que glorifican la competencia, ridiculizan la cooperación, exaltan el egoismo como virtud y presentan la solidaridad como debilidad o atraso. Como la mejor herencia para la prole. El sufrimiento social es transformado en espectáculo; la incertidumbre laboral en motivación meritocrática; la precariedad en oportunidad. No hay gesto más violento que obligar al explotado a sentirse culpable por su propia explotación o a agradecer la migaja que recibe como si fuera un privilegio. Esta colonización afectiva inhibe la empatía colectiva y rompe la posibilidad de una moral emancipadora. Allí donde la humanidad podría reconocerse en su dolor compartido, la burguesía instala un simulacro de libertad individualista que convierte cada vida en un proyecto de autoexplotación. Con agradecimiento.

Que estas fuerzas simbólicas sean «invisibles» no significa que sean débiles. Al contrario: son la condición de posibilidad de todas las demás violencias. El golpe policial es la prolongación material de un golpe ideológico previo; el recorte presupuestal es la aplicación económica de un relato legitimador que lo hizo aceptable; la guerra es la extensión militar de una operación semiótica que fragmentó el mundo en enemigos absolutos. Nada de esto puede ejecutarse sin una gramática social que ya haya predispuesto la obediencia. La dominación burguesa, en su forma más refinada, logra que los oprimidos repitan los códigos de sus opresores y que reproduzcan incluso las ideas que los dañan. Ése es el triunfo mayor del capital: haber conseguido que su violencia sea administrada también por sus víctimas, bajo la ilusión de que actúan libremente. Y son felices.

Pero allí donde la burguesía intenta fijar significados eternos, la praxis transformadora introduce movimiento, ruptura, creación. Cada asamblea, cada huelga, cada acto de solidaridad emerge como un contra-discurso que reconfigura la sensibilidad, expandiendo el campo de lo posible y desmantelando, poco a poco, las fuerzas simbólicas del poder. La tarea política es entonces una tarea semiótica para desmontar la violencia nada «invisible» que sostiene la dominación visible; y revolucionar el derecho a nombrar el mundo con sus propias categorías; reconstruir un horizonte de sentido capaz de reconocer, en cada gesto cotidiano, la presencia de la lucha de clases. Sin esa batalla por el sentido —que es también una batalla por la dignidad humana—, toda revolución queda mutilada. Ya lo hemos padecido.

Aporrea.

4965228193182845716

Haití y la torre Eiffel

Por: Alí Ramón Rojas Olaya

El 18 de noviembre de 1803, un ejército de cimarrones haitianos derrotó a las tropas de Napoleón Bonaparte, que en el Caribe se encontraban desde febrero de 1802, en la Batay Vètyè (así el pueblo haitiano conoce la Batalla de Vertières en creole). Los invasores franceses deseaban recuperar el control de la isla. Ésta fue la última batalla importante de la Revolución haitiana, y la parte final de la Revolución bajo la dirección de Jean Jacques Dessalines.

En 1802, el revolucionario Toussaint Louverture fue capturado por las tropas de Napoleón. Desde el barco que le llevaría a su celda de prisión, y eventual muerte, Louverture dijo: “Al derrocarme, no habéis hecho más que cortar el tronco del árbol de la libertad negra en St. Domingue. Volverá a nacer de sus raíces, pues son numerosas y profundas”. Después de la muerte de Louverture, Jean Jacques Dessalines tomó el testigo.

El 1° de enero de 1804, Haití fue proclamada República independiente por Dessalines. El reino de Francia rechazó reconocer la independencia adquirida de la República Francesa. En 1825, el rey Carlos X exigió que Haití pagara una  indemnización inicial de 150 millones de francos de oro a Francia a cambio del reconocimiento de su independencia. Esta suma buscaba compensar a los antiguos colonos esclavistas franceses por la pérdida de sus propiedades y «esclavos» tras la revolución haitiana. En 1838, la suma se redujo a 90 millones de francos, a pagar durante 30 años. Los pagos forzados continuaron durante décadas, y los últimos se realizaron, de hecho, hasta 1947, casi 150 años después de la independencia.

Haití no tenía el dinero para pagar, por lo que tuvo que pedir préstamos a bancos franceses con altos intereses, lo que sumió al país en una trampa de deuda perpetua. Se estima que más del 80% del presupuesto nacional se destinó a pagar esta «indemnización».

La Torre Eiffel se construyó entre el 28 de enero de 1887 y el 31 de narzo de 1889, para la Exposición Universal. Un banco francés, Crédit Industriel et Commercial (CIC), financió en parte la construcción del ícono parisino utilizando parte del dinero que obtenía a través de préstamos con intereses abusivos al Banco Nacional de Haití. Esto significa que la Torre Eiffel se construyó con capital que se benefició directamente de la extorsión económica impuesta por Francia a Haití.

Un análisis de The New York Times de 2022 estimó que, ajustando por inflación y considerando el impacto en la economía haitiana, el monto total pagado ascendería a 115 mil millones de dólares en la actualidad. Esta deuda es considerada la principal causa histórica de la miseria de Haití y una de las mayores transferencias de riqueza forzadas de la historia, de una nación empobrecida a un imperio esclavista.

IMG_20251117_160331_906

Marco Rubio: semiótica del “perdonavidas”

Por: Dr. Fernando Buen Abad.

Marco Rubio encarna, en la escena política contemporánea, la lógica del «perdonavidas», esa operación semiótica imperial que pretende investir a su sirviente golpista con una autoridad destinada a condicionar el comportamiento de nuestros pueblos bajo la amenaza velada de una sanción monetaria o militar. Tal lógica opera como dispositivo de intimidación mafiosa y mediática, como coreografía narrativa del «castigo» burgués y como representación ideológica del poder de fuego estadunidense en clave de arrogancia imperial.

Rubio aparece así como la figura performativa de un orden que pretende pontificar sobre la conducta de los insurrectos, no por fuerza de argumentos, sino por la naturalización de una posición de petulancia supremacista gusana. Su discurso no es sólo un despliegue de frases, sino un sistema de amenazas que pretenden funcionar como advertencias, ultimátums o chantajes, dirigidos a gobiernos, pueblos y adversarios geopolíticos. Es el gesto clásico del perdonavidas: «Yo podría destruirte, pero te concedo la oportunidad de someterte». Esta semiótica del castigo, recubierta de moralismo servilista, produce un personaje siniestro, no porque posea poder propio –que no lo tiene–, sino porque simboliza la estructura de un imperio que lo utiliza como vocero del disciplinamiento global. La náusea.

Rubio cumple su guion con precisión teatral; su figura pública es un manual de gestualidad del castigo, una liturgia del señalamiento, un repertorio de amenazas presentadas como advertencias responsables. En su retórica, la «preocupación» por América Latina es el envoltorio del saqueo, del asesinato y de la intervención; su payasada vestida como denuncia contra gobiernos soberanos es una fórmula asesina en la moral burguesa más macabra; la propuesta de sanciones se presenta como «paso necesario» para defender la libertad. En cada una de esas ofensivas semióticas, el perdonavidas concede –desde arriba– una oportunidad al otro para rectificar, obedecer o «volver al camino correcto». Retórica clásica de gánster que simula cordialidad antes de golpear. Lo siniestro de Rubio no radica solamente en su biografía individual, sino en la manera en que su cuerpo discursivo está diseñado para ser vehículo de esta dramaturgia.

Nuestra semiótica crítica permite mostrar que el perdonavidas no sólo amenaza, también produce un orden perceptivo. Sus mensajes buscan generar un clima de terror administrado, de duda, de inestabilidad calculada. Al mismo tiempo, intenta consolidar una narrativa en la cual Estados Unidos figura como el guardián de los pueblos, el protector magnánimo que –pese a su «paciencia»– se ve obligado a castigar. Rubio dramatiza esa tensión, haciendo del lenguaje un instrumento pedagógico del miedo. Así se construye una pedagogía de la sumisión, cada intervención suya enseña qué comportamientos serán castigados, quiénes serán los «malos» del momento y qué sanciones se consideran legítimas. Lo siniestro emerge de la naturalización de esta estructura, el perdonavidas no se concibe a sí mismo como agresor, sino como salvador. Y ahí reside la violencia más profunda: el castigo se traviste de virtud.

En la escena latinoamericana, Rubio desata una semántica de injerencia que presenta las decisiones soberanas de los pueblos como desviaciones patológicas que necesitan corrección. Su lógica es la del adulto autoritario frente al niño díscolo: «sé lo que te conviene, obedece y te irá mejor». Esta infantilización es uno de los núcleos simbólicos del perdonavidas. Y, de nuevo, el personaje siniestro no es por su capacidad personal, sino por la estructura que encarna, la del imperio que cree tener derecho a decidir qué países merecen vivir y cuáles deben ser disciplinados.

Rubio despliega, además, una textura discursiva obsesionada con la idea del enemigo. Cada palabra suya fabrica un adversario absoluto que debe ser combatido sin matices. Esta absolutización del otro –técnica clásica de la propaganda– permite justificar cualquier medida: sanciones, presiones económicas, golpes blandos, financiamiento a oposiciones desestabilizadoras. El perdonavidas necesita crear enemigos para justificar su propio rol; necesita producir la expectativa de caos para presentarse como el gestor del orden. Por eso, su discurso es siempre apocalíptico: «si no actúo, ocurrirá la catástrofe». Es la semiótica del salvador oscuro, él mismo infla la amenaza que luego promete resolver.

En el fondo, Rubio representa una función: la de traducir la doctrina del intervencionismo en lenguaje cotidiano. Su misión semiótica es «hacer digerible» la agresión imperial. Presenta la injerencia como necesidad, la sanción como responsabilidad, la amenaza como gesto moral. El perdonavidas siempre necesita justificarse: sólo puede mantener su poder si logra que el otro crea –al menos por un instante– que la amenaza es legítima. El personaje siniestro se vuelve eficaz cuando su violencia parece sentido común. Y Rubio trabaja incansablemente para que la violencia imperial parezca razonable, inevitable o moralmente correcta.

Por eso es crucial desmontar la gramática de su lógica, cada palabra suya funciona como dispositivo de dominación simbólica. Sus gestos públicos, sus entrevistas, sus declaraciones en redes, sus intervenciones en el Senado: todo está articulado como una cadena de signos destinados a intimidar, persuadir, sobreactuar y disciplinar. Desenmascarar al perdonavidas no es criticar a Rubio como individuo, sino señalar la maquinaria ideológica que él representa. Es entender cómo un personaje siniestro se convierte en portavoz de una semiótica de la amenaza que busca someter a los pueblos al orden del capital global.

Y es, finalmente, recordar que el perdonavidas no existe sin la complicidad de un sistema que lo instituye. Rubio es la máscara rota de un imperio en decadencia que, incapaz de sostener su hegemonía por consenso, recurre a la teatralización del castigo, con armas y con «aranceles». En esa teatralización macabra se reproduce un viejo gesto colonial, el amo que, antes de golpear, manda a sus sirvientes para conceder al esclavo la oportunidad de arrepentirse. Una farsa cruel, una semiótica del sometimiento. Y, por medio de ella, el intento desesperado de mantener un poder que la historia misma ya está erosionando. Mientras, nosotros muy desorganizados.

Aporrea

BUEN-ABAD-990x556

Autopsias políticas extraordinarias… pero los pacientitos mueren

Por: Dr. Fernando Buen Abad

Nuestra metáfora de la “autopsia” no es caprichosa, señala el modo en que cierta política burguesa, infiltrada por todas partes, ha sido reducida a objeto de estudio post mortem, a fenómeno que sólo contempla la descomposición.

Algunos diseccionan con palabrerío de ocasión los errores del pasado y exhiben su bisturí salivoso, pero lo hacen sin transformar las condiciones materiales que los generaron. A sabiendas o no. Analizan las causas de la derrota como si fueran causas naturales y no el resultado de contradicciones de clase, de las hegemonías simbólicas ni de las estructuras de poder burgués que se reconfiguran mientras el análisis se pronuncia. Su política ha sido convertida en cadáver semiótico, se la estudia, se la interpreta, se la teoriza, pero no se la revive.

Cada vez que el análisis obtura la acción, se firma un nuevo certificado de defunción para la organización. En las morgues de la política contemporánea se acumulan los cadáveres de proyectos emancipadores, partidos, movimientos y esperanzas colectivas que alguna vez prometieron transformar la realidad. Y sobre cada cuerpo, los doctores de la crítica, los anatomistas del fracaso… abren el tejido que dan por muerto con precisión técnica y sabiduría grandiosa para explicar —con brillo teórico y disciplina académica— por qué todo fracasa menos sus “diagnósticos”. Publican sus informes con rigor de laboratorio, multiplican simposios, coloquios y mesas redondas; sin embargo, los pacientitos siguen muriéndose. Es la paradoja del pensamiento político actual: una inteligencia lenguaraz capaz de explicar la muerte, pero incapaz de defender la vida. En la práctica organizada.

Cuando Marx escribió que la crítica de las armas debe ser reemplazada por el arma de la crítica, advirtió que el pensamiento no puede quedarse en la autopsia. Pensar es intervenir. Cada concepto debe ser diseñado para actuar sobre la realidad y no sólo describirla. Sin embargo, hoy la política se complace en su propia lucidez. La autopsia se ha convertido en un género de prestigio: se publican necropsias de gobiernos populares, de partidos obreros, de sindicatos debilitados… pero casi nadie construye instrumentos para revivirlos. El pensamiento revolucionario no puede permitirse ese lujo: debe ser un pensamiento de combate.

Detrás de cada autopsia política se esconde una emboscada de impotencia teórica que el capitalismo disfruta enormemente mientras lo promueve. Porque el sistema necesita críticos lúcidos, pero inofensivos; necesita intelectuales que sepan analizar las contradicciones del capital, pero que no se organicen para combatirlas. Necesita un marxismo sin praxis, una semiosis sin sujeto histórico, un pensamiento que se exalte con la sola disección, pero no toque el tejido vivo del poder. En ese sentido, cada autopsia política, tan extraordinariamente ejecutada, es una victoria de la ideología dominante. El pensamiento queda atrapado en la contemplación y la decoración del cadáver, mientras la dominación se resucita.

Nuestra Filosofía de la Semiosis se propone desarmar esta trampa. Nos enseña que la política no muere, matan los modos, los medios y las relaciones de producción del sentido que la convierten en praxis transformadora. Cuando el discurso se convierte en sustituto de la acción, el signo se fetichiza y deja de ser mediación viva para volverse imagen congelada que congela todo. Así, la autopsia política no sólo examina restos, produce restos. Es un acto semiótico diseñado para consagrar la muerte de la praxis y sustituir la transformación por la representación.

Eso que hoy llaman capitalismo aprendió a administrar el lenguaje del cambio. Permite la crítica como espectáculo, tolera la disidencia como ornamento, celebra el pensamiento rebelde siempre que se mantenga dentro de los márgenes del discurso quieto, reformista. En este teatro, la autopsia política cumple un rol funcional, permite canalizar la energía revolucionaria hacia la reflexión sin consecuencias. El pensamiento deviene terapia paliativa de la frustración colectiva y feliz. Las autopsias son brillantes porque el sistema necesita que lo sean, necesita medicuchos intelectuales que declamen sobre la muerte de la utopía mientras siguen respirando el aire frío de sus morgues académicos.

Pero hay un punto ciego en toda autopsia, el cuerpo que no se resigna a morir. En las calles, en los barrios, en los movimientos que resisten sin nombre ni micrófonos, late una vitalidad semiótica que rehúsa ser cadáver. Allí donde la palabra se organiza con la acción, donde el símbolo se encarna en lucha, donde el signo se vuelve consigna colectiva, el cadáver que ellos loan goza de buena salud y se levanta. No como resurrección mística, sino como reactivación dialéctica del proceso histórico revolucionario que el capitalismo intenta clausurar. La conciencia de clase no es un órgano que se disecciona, sino un proceso de construcción permanente, es el pensamiento que vuelve sobre sí mismo para encontrarse en el otro y en la lucha.

Sus autopsias políticas, por extraordinarias que sean, suelen olvidar que la lucha política es dialéctica. Su movimiento no puede ser analizado en mesas disección porque su sentido se genera en la contradicción viva entre teoría y práctica. Por eso nuestra Filosofía de la Semiosis no se limita a interpretar los signos, los identifica en el proceso histórico de su producción y reproducción. Comprender esto es comprender la gramática de la dominación, pero también la semántica de la revolución. Sus autopsias políticas “extraordinarias”, suelen confundirse con el diagnóstico científico. Pero hay una diferencia esencial: el diagnóstico está orientado a curar; la autopsia, a certificar la muerte. La diferencia entre ambos no es sólo metodológica sino ética. La ciencia revolucionaria del sentido —la Filosofía de la Semiosis— se niega a declarar muerta a la historia. Rechaza la idea de que el fracaso sea irreversible. Insiste en que cada proceso derrotado conserva en su interior un excedente de sentido, una reserva semiótica que puede ser reactivada si se la vincula con las nuevas condiciones materiales de la lucha.

Eso que llaman hoy capitalismo, y sus armas de ofensiva semiótica, no sólo explota fuerza de trabajo, extrae energía simbólica. Fabrica armas simbólicas útiles para reforzar su hegemonía. La autopsia mediática cumple la función de convertir el dolor colectivo en narrativa de impotencia resignada. Por eso nuestra Filosofía de la Semiosis llama a descolonizar la derrota: a romper el circuito de significación que transforma cada caída en justificación de la pasividad. La historia de los pueblos no debe escribirse como serie de autopsias, sino como genealogía de revoluciones. No se trata de negar la crítica, sino de devolverle su función vital. Criticar es vivificar la conciencia, no embalsamarla. La crítica revolucionaria debe ser intervención semiótica y debe desmantelar los significados que nos esclavizan a la lógica de la derrota y, por el contrario, generar nuevos sentidos orientados a la emancipación. Esto exige una pedagogía del sentido viva, militante, capaz de articular pensamiento y práctica, teoría y organización, análisis y acción. Nuestra semiosis crítica no es contemplación: es movimiento dialéctico del pensamiento que se hace praxis en el seno de las luchas concretas.

Si los pacientitos siguen muriéndose es porque la crítica se volvió “clínica sin urgencia”. Es porque son un negocio redondo. Los analistas burgueses confunden (y lo saben) la descripción con la transformación, la lucidez con la eficacia. Mientras tanto, el capitalismo reorganiza su dominio simbólico, fabrica nuevos fetiches, recicla viejos mitos, infiltra el lenguaje mismo con su lógica de mercancía. Cada autopsia que no se transforma en acción de vida se convierte en instrumento de anestesia ideológica. Por eso es urgente romper la fascinación por el cadáver y devolver a la política su respiración.

Nuestra Filosofía de la Semiosis no se contenta con observar cadáveres, escucha los signos del pulso. Reconoce que toda adversidad, padecida por los pueblos, es agonía que contiene sus propios gérmenes de superación. Lo que parece muerte puede ser resurrección, y lo que parece calma, acumulación de fuerzas. La semiosis revolucionaria consiste en identificar esas latencias, leer en los signos del presente las huellas del porvenir y organizarlas en praxis colectiva. Ninguna autopsia reemplaza el acto de revolucionar poder. Ninguna lucidez es útil si no produce organización y conciencia.

Nuestros pueblos en lucha no necesitan más medicastros forenses del fracaso. Necesitan arquitectos del sentido, militantes del signo emancipado y emancipador, constructores de un lenguaje que devuelva a la vida política su capacidad de transformación. Frente a la autopsia, la acción; frente a la necrosis ideológica, la semiosis liberadora. Pensar no es contemplar nostálgicamente la muerte o la miseria, sino producir las condiciones simbólicas de la resurrección histórica revolucionaria. La crítica transformadora cuando se asume como praxis semiótica, deja de ser diagnóstico y se convierte en medicina de la conciencia colectiva. La vida política del porvenir no nacerá de los laboratorios ni de los memoriales del fracaso. Nacerá de la revolución de los signos por parte del pueblo, de la descolonización de los imaginarios, de la reinvención del lenguaje que nombre las luchas y las organice. La Filosofía de la Semiosis no busca interpretar el cadáver del mundo, sino encender su respiración, hacer del sentido una forma de vida revolucionaria y viceversa. Valgan las metáforas.

Alma Plus Tv

6ada2997-d99d-4c7f-95b6-2740e7ba10ec

También somos lo que nos falta

Por: Dr. Fernando Buen Abad

No pocas veces nuestras conductas se ven marcadas por lo que nos falta más por lo que tenemos. Y una carencia constante es la educación en las bases de nuestras personalidades y nuestras relaciones con otras personas, con animales o con objetos. Mayormente nos falta conocer la historia, escasea el saber del otro, de lo otro, conocer su origen, su estructura, su base de sustentación dialéctica, a qué necesidades conocidas o desconocidas, obedece y qué conjunto de fuerzas marca la dinámica de su crecimiento o de su decadencia. Solemos tener vínculos atomizados y comprensión de los nexos fragmentada y estereotipada por egolatrías, pereza o soberbia, aprendidas desde las cunas ideológicas del capitalismo. Nos falta mucho por despojo, por lentitud, por descuido o por condición de clase.

También somos lo que nos falta. Somos, dialécticamente, la tensión entre lo que hemos alcanzado y lo que aún no logramos; entre lo que somos en acto y lo que somos en potencia. No hay identidad humana completa sin la conciencia de su carencia. No hay historia sin el reconocimiento de lo que falta por construir. Esa ausencia, esa distancia entre el ser y el deber ser, es el motor del pensamiento, de la praxis y del deseo. Es, en el fondo, la materia prima de toda emancipación.

Es el campo semiótico de lo posible, donde la imaginación teórica y la praxis histórica ensayan sus gramáticas. Lo que nos falta no se mide por la nostalgia, sino por la capacidad crítica de interrogar lo dado y suprimir lo que impide avanzar. No se trata de añorar lo perdido, sino de diagnosticar lo pendiente. Falta no como lamento, sino como contradicción operante, como categoría activa que empuja la historia hacia su superación.

El capitalismo ha hecho de la falta una mercancía. Ha convertido la incompletud humana —fuente de creatividad y de impulso colectivo— en patología administrable. La falta se psicologiza, se privatiza, se vende. Nos enseña a confundir el deseo con el consumo, la carencia con el déficit personal, el horizonte con la ansiedad. Pero la Filosofía de la Semiosis ayuda a entender que el signo de la falta no apunta hacia un objeto que la colme, sino hacia una práctica que la resignifique. La carencia humana no se resuelve sólo en el tener, sino en el comprender y transformar las condiciones que la producen.

Cierto ego burgués interviene como operador ideológico de esa distorsión. No se trata de un mero rasgo psicológico, sino de una forma de subjetividad funcional al orden burgués. El ego es la instancia que privatiza la falta: transforma la incompletud en un problema individual, desvinculado de toda historicidad social. Así, lo que nos falta deja de ser motor de la colectividad para convertirse en espectáculo de autoafirmación. En lugar de abrir una conciencia de la interdependencia humana, el ego fabrica una semántica de la competencia: quien más aparenta plenitud, más domina el campo simbólico. Ese ego burgués no busca comprender la falta; la niega mediante ficciones de plenitud. Construye identidades compensatorias, narrativas de superación personal, espejos ideológicos que disimulan la estructura de dependencia y alienación. Lo que nos falta, en manos del ego, se convierte en mercancía simbólica: autenticidad, éxito, autoestima. Pero tales signos no restituyen la falta, solo la recubren de un simulacro rentable. El ego necesita la falta tanto como la teme: la explota para sostener su ficción de coherencia, pero impide que esa falta se vuelva conocimiento de sí y del mundo.

Por eso, toda crítica del ego implica desmontar la forma subjetiva burguesa. Lo que creemos que nos falta no surge de una interioridad pura, sino de un dispositivo cultural que produce necesidades ideológicas. El ego confunde plenitud con dominio y carencia con derrota. Recuperar la falta como potencia emancipadora exige negar esa lógica de propiedad sobre uno mismo. No hay “yo” emancipado mientras persista la estructura que convierte la falta en mercancía y el deseo en plusvalor. Solo en el reconocimiento común de la falta —como fuerza de conocimiento y transformación— puede comenzar una semiosis liberadora del sujeto.

También somos lo que nos falta porque esa falta nos obliga a pensar. Nos empuja a reconocer lo inacabado de la historia, las zonas de sombra de la razón, los proyectos mutilados por la barbarie del capital. Lo que nos falta es la justicia no realizada, la palabra no dicha, la conciencia no desarrollada. Pero también es el indicio de una potencia, la señal de una humanidad en tránsito. No hay plenitud fuera de la historia, y no hay historia sin la fricción constante de la falta. La semiosis humana no se clausura. Cada signo abre un intervalo, cada interpretación revela un resto que impide el cierre. La falta es ese resto: lo que ningún sistema logra absorber del todo, lo que siempre desborda el orden de los signos y lo obliga a rehacerse.

En esa diferencia no resuelta reside la historicidad del sentido. Lo que falta es, entonces, la tarea, el trabajo del pensamiento, el ejercicio colectivo de la crítica. Desde una perspectiva materialista, la falta no es metáfora del alma sino categoría política. Falta el control común de los medios de producción, falta el dominio consciente del proceso social, falta la correspondencia entre trabajo y libertad. Esa falta no condena: exige. Es el núcleo dialéctico de la praxis revolucionaria, donde la ausencia se convierte en plan, la carencia en proyecto, la necesidad en saber-hacer histórico.

También somos lo que nos falta porque lo humano no se agota en lo dado. En el lenguaje vibra la huella de lo ausente: todo signo remite a otro, toda palabra apunta a lo aún no dicho. La cultura, como proceso semiótico, es el intento incesante de dar forma a lo que aún no se nombra. Pero cuando el poder monopoliza los signos, la falta se vuelve alienación. Recuperar su dimensión creadora implica reapropiar el sentido como bien común. La falta no es abismo sino estructura de posibilidad. Es el intervalo donde el pensamiento se reconoce como tarea inacabada. En esa tensión entre lo que somos y lo que nos falta se define la condición humana. Mientras exista esa tensión, habrá historia, habrá crítica, habrá posibilidad. Ser es faltar, y faltar es poder transformarse. No hay mayor plenitud que esa contradicción consciente: saber que lo que nos falta no es pérdida, sino forma activa del porvenir.

También somos lo que nos falta. Somos, dialécticamente, la tensión entre lo que hemos alcanzado y lo que aún no logramos; entre lo que somos en acto y lo que somos en potencia. No hay identidad humana completa sin la conciencia de su carencia. No hay historia sin el reconocimiento de lo que falta por construir. Esa ausencia, esa distancia entre el ser y el deber ser, es el motor del pensamiento, de la praxis y del deseo. Es, en el fondo, la materia prima de toda emancipación.

Eso que nos falta no siempre es vacío, también en una brújula. Es el campo semiótico de lo posible, donde la imaginación revolucionaria se atreve a ensayar su gramática. Lo que nos falta no se mide por la nostalgia sino por la crítica; no por lo que añoramos de un pasado idealizado sino por lo que nos exigimos construir colectivamente. Somos, entonces, seres de la falta, pero no de la resignación. Falta no como carencia definitiva, sino como impulso de creación, como contradicción viva que exige superarse en la praxis. Lo que hoy se llama capitalismo, ha hecho de la falta misma una mercancía. Ha convertido la incompletud humana —esa fuente de creatividad y comunidad— en angustia consumible. Nos inocula la idea de que todo vacío se llena comprando, de que toda ausencia se tapa con propiedad. Nos enseña que el signo de la falta se satisface con objetos, no con significados colectivos. No hay completitud en la acumulación privada, sino en la comunión social del sentido.

También somos lo que nos falta porque esa falta nos obliga a pensar. Nos empuja a reconocer lo inacabado de nuestra historia, las heridas de nuestra humanidad truncada, los proyectos que quedaron mutilados por la barbarie del poder. Lo que nos falta es la justicia que no llegó, el pan que no se reparte, la palabra que no se escucha. Pero también es la promesa de lo que puede ser, el germen de una nueva sensibilidad, el indicio de una conciencia que despierta. Cada cosa que nos falta, en realidad o como fantasía, abre un camino, cada interpretación revela un resto, una diferencia no resuelta. En esa diferencia vive la historia. Lo que falta es, por tanto, el signo aún no dicho, la praxis aún no realizada, la comunión aún no alcanzada. Esa falta nos define porque nos pone en movimiento, nos rescata de la petrificación ideológica y nos recuerda que ser es transformar. Lo que falta no es una abstracción sentimental. Es una categoría objetiva. Falta el control colectivo de los medios de producción, falta la liberación de las conciencias capturadas por el fetichismo, falta el dominio del trabajo sobre el capital. Esa falta no es una culpa: es una tarea de crítica y auto-crítica.

Pero ego mezclado con ignorancia introduce una distorsión fundamental en la percepción de lo que nos falta. Convierte la carencia en un asunto de afirmación individual, no de desarrollo colectivo. Donde podríamos reconocer su falta como vínculo con los otros —como espacio de cooperación, de aprendizaje compartido, de humildad creadora— el ego la transforma en un reflejo narcisista, en una baratija petulante que hace de lo que creo que me falta una herida de orgullo. En lugar de abrirnos a la comunión, nos encierra en la competencia. Así, el ego convierte lo que creemos que nos falta en rivalidad, y convierte la dialéctica del crecimiento en una guerra de apariencias. Hay quien cree, en su individualismo, que “tiene poco” porque merece mucho.

En el plano semiótico burgués, el ego produce signos falsos de completitud. Nos hace creer que la falta se repara con el reconocimiento ajeno, con el éxito, con la posesión simbólica de lo que deseamos y la admiración de todos hacia nosotros. El sujeto colonizado por el ego vive rodeado de simulacros que le ofrecen una falsa plenitud, sostenida por la mirada del otro como espejo. La cultura mediática capitalista se nutre de ese mecanismo, promete completitud a cambio de obediencia, autoestima a cambio de consumo, identidad a cambio de sumisión. Superar la ilusión del ego no significa anular la individualidad, sino liberarla de la forma burguesa del yo propietario. Solo cuando reconocemos que lo que nos falta no se colma desde el aislamiento, sino desde el encuentro con los otros, la falta recupera su poder emancipador. El ego reduce la falta al ámbito de lo privado; la conciencia crítica la expande hacia el campo de lo común. Solo así podemos transformar el deseo de completitud en praxis liberadora: pasar del “yo me falta” al “nos falta”, del deseo posesivo al deseo creador. En esa transición se juega, quizás, la madurez espiritual y política de toda humanidad por venir.

También somos lo que nos falta porque lo humano no se agota en lo dado. En el lenguaje mismo vibra la huella de lo ausente: toda palabra remite a otra, todo significado remite a un campo de posibles. La cultura es una lucha por llenar con sentido lo que nos falta. Pero cuando ese sentido es expropiado por la ideología dominante, la falta se vuelve dolor y alienación. Recuperar la falta como potencia creadora —y no como servidumbre— es un acto revolucionario. No hay humanidad acabada porque no hay historia terminada. El sentido no está dado: se produce, se disputa, se conquista. Lo que nos falta es también lo que nos convoca. Y lo que nos convoca es siempre colectivo: la emancipación no se alcanza individualmente. Por eso, el reconocimiento de lo que nos falta no es un ejercicio de melancolía, sino de conciencia crítica. Nos falta la humanidad plena, y esa falta nos constituye como especie que lucha, que crea, que se niega a aceptar el orden injusto como destino. Lo que nos falta nos humaniza porque nos impulsa a superar las formas de deshumanización que el poder impone.

También somos lo que nos falta porque el ser humano es una promesa histórica en construcción. Cada vez que decimos “aún no”, afirmamos el poder de lo posible. Cada vez que reconocemos la falta, desnudamos la mentira del sistema que pretende completarnos con su mercancía. Cada vez que luchamos por lo que falta, nos acercamos a lo que somos verdaderamente: humanidad en proyecto, humanidad por venir. Lo que nos falta no es un abismo: es la medida de nuestra dignidad. Es la conciencia de que todavía hay que conquistar el derecho a ser plenamente humanos. En la tensión entre lo que somos y lo que falta se juega toda la historia. Y mientras exista esa tensión, existirá la esperanza como forma de inteligencia colectiva. Porque también somos —y sobre todo— la lucha por la conciencia de lo que falta.

Alma Plus Tv

Foto: Alma Plus Tv

su-batalla-cultural-en-las-reformas-laborales_8c420e88-4d92-4a41-b83b-1d1298f343a7_medialjnimgndimage=fullsize

Su “batalla cultural” en las “reformas laborales”

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

Todas las parafernalias neoliberales tienen por fondo y forma multiplicar las ganancias burguesas bajo condiciones de explotación irrefrenables. Ya el “trabajo” ha sido sometido a una guerra semiótica violenta, prolongada, intensa y, a ratos, silenciosa. El capitalismo ha comprendido que dominar los significados del tiempo, el salario y la dignidad… equivale a dominar, cínicamente, la realidad misma de los trabajadores y las trabajadoras. Su ofensiva actual –tecnológica, ideológica y cultural– busca aniquilar no sólo los derechos conquistados, sino la memoria de esos derechos. 


Se trata de una “batalla cultural” burguesa también en los territorios simbólicos, cuyo blanco de fuego es la conciencia colectiva hacia una “reingeniería semiótica” diseñada para borrar las huellas históricas del trabajo como fuerza creadora, social y emancipadora, sustituyéndolas por la narrativa empresarial del “empleo flexible”, la “emprendeduría individual”, la “colaboración” y el “retiro voluntario”. En su ofensiva contra la clase trabajadora, la burguesía ha desplegado una estrategia demencial de resignificación. 


Primero transformó la explotación en virtud productiva, el trabajador dejó de ser sujeto para convertirse en “recurso humano”. Así colonizó la imaginación social con la idea de que los derechos laborales eran un “costo”, un obstáculo al “progreso”. Y ahora, bajo la dictadura neoliberal-digital, intenta convertir la precariedad en aspiración y la servidumbre en autogestión. Cada eufemismo –“colaborador”, “freelancer”, “flexibilidad”, “teletrabajo”– funciona como signo anestésico, diseñado para encubrir la explotación con la apariencia de libertad. El lenguaje de la dominación ha mutado en gramática de la alienación. 

Nuestra semiótica crítica se opone a reducir el trabajo a una contienda sólo por salarios o a una sociología pueril de la fábrica; es una disputa revolucionaria. El capitalismo busca desfigurar e invisibilizar el vínculo entre trabajo y humanidad. Quiere que olvidemos que el trabajo es una actividad social creadora, fundamento civilizatorio de toda cultura y de toda forma de comunidad. La ofensiva ideológica consiste en despojar al trabajo de su carácter histórico, social y político para deformarlo como simple función, engorrosa, de mercado. Es la deshumanización del trabajo para borrar de los signos toda memoria de lucha, conciencia de clase y conquista obrera. 


Cuando los mass media repiten que “el trabajo del futuro” será sin sindicatos, sin horarios, sin vigilancia y sin jefe visible, está comunicándose un mensaje oculto: el capitalismo no necesita ya trabajadores organizados, sino individuos fragmentados que se autoexploten con sonrisa corporativa. Es el laboratorio de moda que fabrica el consenso de la precariedad resignada. Plataformas, algoritmos y redes sociales son los “nuevos” capataces semióticos. En ellos se construye la ficción de un “mercado libre” en el que cada trabajador o trabajadora decide su destino libremente, cuando en realidad cada clic y cada tarea están gobernados por sistemas de extracción de plusvalor invisibles; su home office.


En la historia de los derechos laborales, la jornada de ocho horas y la sindicalización, por ejemplo, es una historia de semiosis insurgente. Cada derecho obrero conquistado es también una conquista de sentido. El trabajador que reclama “ocho horas para el trabajo, ocho para el descanso y ocho para la vida” no sólo exige tiempo, está redefiniendo el significado mismo de humanidad. Por eso, la actual guerra semiótica busca arrancar del lenguaje esas conquistas. Se presenta la explotación como una “oportunidad de desarrollo personal”, y la pobreza como “falta de actitud”. La semiótica neoliberal es la pedagogía del autoengaño. 

Todo es parte del plan burgués, sustituir el símbolo del obrero consciente por el del individuo hiperconectado y descolectivizado. El plan es destruir la memoria de la clase trabajadora, rescribir la historia del trabajo en clave de consumo y espectáculo. La destrucción de la historia de los derechos laborales no se hace sólo por decreto ni por ley, sino por signos. Se rescriben manuales, se alteran los significados en los contratos y en los sistemas educativos, se promueven narrativas en las que el conflicto de clases desaparece. Así, la burguesía no necesita censurar la historia, le basta con estetizarla. Convierte la lucha obrera en recuerdo folclórico, en nostalgia sin poder revolucionario. El museo remplaza a la huelga. 


Cuando Marx analizó el trabajo, lo entendió no como mera actividad económica, sino como proceso de objetivación de la vida. El trabajador, al transformar la naturaleza, se transforma a sí mismo. Pero en la lógica capitalista, esa autotransformación se invierte, el trabajo alienado convierte al sujeto en cosa y a la cosa en sujeto. La semiótica del capital opera aquí como fetichismo de los signos, el producto adquiere un aura de independencia, mientras el productor se borra del relato.


Destruir la historia de los derechos laborales significa, entonces, destruir la conciencia de clase. Y destruir esa conciencia es destruir la posibilidad de reconocer los signos de la explotación. En el plano semiótico, el enemigo no actúa sólo con leyes o decretos: actúa con imágenes, discursos y algoritmos que naturalizan la desigualdad. La publicidad, el entretenimiento y la “cultura corporativa” son armas semióticas en esta guerra contra el trabajo. La precarización no es sólo económica: es semántica. Hoy el trabajador es bombardeado por signos que le dicen que “trabajar más es ser más libre”, que “el éxito depende del esfuerzo individual” y que “el fracaso es culpa personal”.


Y todos los signos son terreno en disputa. Cada huelga, cada consigna, cada acto de resistencia comunica. Cuidar la historia de los derechos laborales es una tarea semiótica y política, hay que devolverle al signo “trabajo” su densidad histórica y su potencia emancipadora. Hay que reducar el lenguaje del trabajo desde la verdad material de las luchas. No se trata sólo de recordar, sino de resemantizar el pasado para dotarlo de fuerza presente. Asumir esta tarea, analizar los signos del trabajo no como objetos lingüísticos, sino como motores de la lucha de clases. En cada contrato, en cada símbolo institucional, en cada discurso de “innovación” laten signos del poder que necesitan ser descifrados, transparentados. 


Hacer del trabajo un signo revolucionario y no de opresión. No basta resistir en la calle, hay que resistir, también, en el sentido. Hay que volver a llenar de contenido la palabra “trabajo”, devolverle su vínculo con la vida y con la justicia. Porque el trabajo no es mercancía, es expresión del ser social. La historia de los derechos laborales no ha terminado, está rescribiéndose en cada lucha de resistencia, en cada batalla que se niega a aceptar la esclavitud con resignación.

La Jornada

newa

Por Fernando Buen Abad | Historia universal de las mentiras

Mentir no es solo hablar en falso, mentir es construir sistemas. Mentir ha servido hasta para fundar imperios. Mentir es redactar constituciones, fabricar credos, imprimir billetes, firmar tratados y emitir noticias.

La mentira no es apenas un error o una debilidad moral: es una herramienta sistémica de dominación. Es la materia prima de muchas “verdades” oficiales. Es una metodología semiótica que, bien manejada, produce obediencia, resignación, consenso. Por eso, urge escribir una Historia Universal de las Mentiras que no sea apenas una cronología de falsificaciones, sino una crítica radical de los dispositivos simbólicos con los que la mentira se ha hecho poder.

Hay que decirlo claro: la mentira ha sido sistemáticamente utilizada por las clases dominantes como un modo de producción ideológica. Y ha sido impuesta no sólo con palabras, sino con imágenes, con gestos, con silencios. La mentira es multimodal, multisensorial y multidimensional. Tiene gramática, tiene sintaxis, tiene economía política. No se trata de errores ni deslices: se trata de una maquinaria.

Desde los papiros egipcios hasta las fake news algoritmizadas, la mentira ha ocupado el centro de la escena semiótica. Se ha transformado con las épocas, pero no ha dejado de cumplir su función: ocultar la explotación, desmovilizar la crítica, reescribir la historia y glorificar a los verdugos. ¿Quién ha mentido más y con más impunidad que los vencedores?

Toda mentira poderosa necesita una legitimación narrativa. Y para eso están las mentiras fundacionales. En el fondo de cada imperio late una gran farsa que le da sentido y prestigio: el “pueblo elegido”, la “misión civilizadora”, la “mano invisible del mercado”, el “destino manifiesto”, el “sueño americano” … son todas variantes de la misma lógica semiótica: producir ficciones eficaces.

La invasión de América fue una mentira con tinta de códice. No fue descubrimiento, fue invasión. No fue encuentro de culturas, fue genocidio. Y, sin embargo, la escuela, los libros y las fechas patrias insisten en narrarla con el perfume rancio de la epopeya. ¿Qué semiótica legitima que un saqueo se celebre como avance de la humanidad? La semiótica de la falsedad.

Del mismo modo, la historia de la modernidad capitalista es una historia de mistificaciones. Libertad, igualdad, fraternidad… pero sólo para la burguesía. El “progreso” industrial construyó imperios a costa de la miseria obrera. La democracia representativa institucionalizó la plutocracia. El liberalismo económico se presentó como emancipador mientras consolidaba nuevos yugos.

Mentir es construir narrativas con efectos materiales. Cuando la historia la escriben los vencedores, la mentira se vuelve leyenda. El capitalismo no sólo produce mercancías: produce signos. Produce ideología. Produce significados. Y en ese proceso, la mentira cumple un papel central. No sólo se miente en los discursos políticos, también se miente en las etiquetas, en las publicidades, en las encuestas, en los titulares, en los algoritmos, en los datos supuestamente neutrales. Todo un sistema de fabricación de falsedad camuflada de objetividad.

Su economía política de la mentira requiere analizar quién la produce, cómo circula, a quién beneficia y cómo se naturaliza. Mentir, en este contexto, es fabricar sentido a la medida del capital. Y eso no es una metáfora: es un modelo de negocio. Basta ver cómo operan los grandes medios de comunicación, las plataformas digitales, las consultoras de imagen y las fábricas de bots. No mienten por error, mienten por diseño.

Falsedad sistémica

La mentira, así, deviene industria. Y esa industria tiene nombre: industria cultural, industria mediática, industria de la ignorancia. Walter Benjamin ya lo anticipó: cuando la barbarie se convierte en cultura oficial, la mentira se convierte en patrimonio.

Desde una perspectiva semiótica crítica, la mentira no es una palabra aislada ni un enunciado equivocado. Es una estructura de sentido falseado, sostenida por aparatos de producción simbólica. Podemos identificar al menos cinco operaciones semióticas típicas de la falsedad sistémica: a) Inversión proyectiva: consiste en acusar al otro de lo que el mentiroso mismo hace. Ejemplo: las potencias imperialistas que acusan a los países soberanos de dictaduras, mientras imponen guerras, bloqueos y asesinatos. b) Eufemización: camuflar la violencia con palabras suaves. Ejemplo: llamar “daños colaterales” a las masacres. c) Descontextualización: tomar hechos reales y presentarlos fuera de su contexto para manipular su sentido. d) Omisión selectiva: mentir por lo que se calla, por lo que no se muestra. e) Repetición hipnótica: instalar una mentira como verdad por simple repetición.

Hoy no estamos frente a una decadencia de la verdad, sino frente a una mutación del régimen de falsedad. La llamada “posverdad” no significa que la verdad haya muerto, sino que la mentira se ha perfeccionado. Ha mutado en forma y velocidad. Se ha adaptado al ritmo de las redes, a la estética de los memes, al formato de las aplicaciones digitales.

La mentira contemporánea es acelerada, viral, segmentada y rentable. La posverdad es la fase digital del sistema de falsedades del capitalismo. Ya no hace falta que una mentira sea creíble: basta con que refuerce una emoción. El odio, el miedo, el desprecio… son los vectores afectivos de la falsedad. Y los laboratorios del capitalismo lo saben. Por eso invierten millones en estudiar el comportamiento de los públicos, en diseñar campañas de manipulación emocional, en automatizar la mentira con inteligencia artificial.

¿Ejemplos? Las “armas de destrucción masiva” en Irak. Las “crisis humanitarias” en Venezuela. El “narcoestado” como forma de criminalizar proyectos soberanos en América Latina. Todas, mentiras con función estratégica: justificar la intervención, debilitar la organización, sembrar desesperanza.

Frente a la mentira sistémica, la crítica semiótica no puede limitarse a denunciar errores. Debe desenmascarar estructuras. Debe revelar los intereses detrás de las palabras. Debe construir una pedagogía de la sospecha, pero también una pedagogía de la verdad popular. La verdad no es neutral. Es un campo de disputa. Una trinchera. Una batalla de clase.

Decía Fidel: “La verdad debe ser dicha, aunque duela”. Decía Gramsci: “La verdad es siempre revolucionaria”. Decía Lenin: “Lo más revolucionario que puede hacerse es decir la verdad”. Y dice AMLO: “La mentira es reaccionaria, la verdad es revolucionaria”.

@FBuenAbad

mass media

Metabolismos del Nazi-Fascismo en los “Mass Media”

Aunque parece no haber evidencia de que Joseph Goebbels dijera: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”, parece que se metabolizó del original “Si repites una idea lo suficiente, la gente terminará creyéndola. La propaganda debe ser popular, adaptada al nivel más bajo de inteligencia.” (Diarios de Goebbels, 1941) y la convirtieron en un axioma de la publicidad y la propaganda burguesa, infiltrada pertinazmente en las cabezas de sus “profesionales”. Algunos le llaman a eso “sentido común”. 

Simón-Bolívar_0

Contra la traición a la patria: Ética Bolivariana

“Hay que reconstruir la historia a partir de la visión de los oprimidos, de los sometidos, de los torturados, de los asesinados, de los desplazados. A partir de la mentira en la historia se creó el molde que imponen los imperios para que veamos de rodillas sus inventos, sus negocios y sus falacias.. José Sant Roz, Nos duele Bolívar 1983.


Estas reflexiones sobre la conciencia ética socialista bolivariana se corresponden con el debate de ayer y hoy sobre un asunto estratégico del sistema de ideas y pensamientos que orientan la Revolución Bolivariana. Fue siempre un tema abordado por el Comandante Chávez como propósito estratégico y es una ocupación permanente de la gestión de presidente Maduro. Ya hemos visto algunos resultados sobre la titánica lucha contra la corrupción que de repente aparece como la mítica culebra de mil cabezas a la que se anteponen las millones de cabezas pensantes del pueblo venezolano con conciencia ética e histórica.
La ética es el planteamiento filosófico del bien, mientras que la moral son las prácticas, legaciones y costumbres derivadas de la ética. Para Sócrates “la verdad se identifica con el bien moral, esto significa que quien conozca la verdad no podrá menos que practicar el bien. Saber y virtud coinciden, por lo tanto quien conoce lo recto actuará con rectitud y el que hace el mal es por ignorancia.”


Es Bolívar con su narrativa ética del honor, el deber, la honradez y la virtud del bien la que se replicó en los padres y madres, en los maestros y en la escuela, la que está empollada en el ser profundo del pueblo venezolano, es un asunto de orden ontológico nuestro.
Los postulados ético-políticos del Libertador Simón Bolívar y su historia, hoy se han convertido en protagonistas de nuestro presente, los vivenciamos como si los extrajéramos de sus discursos donde siempre él previó el pensamiento prospectivo de los tiempos por venir y hoy doscientos después nos guía y nos da luces para su realización en la redención social y en una categoría política suprema soberanía: La Independencia.


Pero para llevar a cabo ese apostolado hay que reconocer en el Libertador toda la carga ética de su pensamiento, tamizarlo críticamente y convertirlo en acción cotidiana. En sus conceptos de libertad, de justicia y de igualdad hay un relato épico que lo hace único y que le ha graneado la identidad emocional de un pueblo granamericano y caribeño.
Ya no es el hombre que escribió unos discursos donde retrató la trascendencia de su moralidad construida en un sistema de ideas, sino una guía de acción para las luchas políticas presentes, de la comprensión geopolítica en identidad común y que se destila en unidad e integración continental para poder controlar sus dominios nacionales y tener fuerzas para razonar sus libertades ciudadanas con el derecho de ser libres y no dominados por alguna otra fuerza superior a los designios de sus propios pueblos.


Casi toda la narrativa historiográfica sobre la independencia está referida al hecho militar- territorial, no menos importante, pero pocas veces reconocemos al Bolívar cultural, que fue capaz de comprender su momento histórico y exigir a la generación política de su época la liberación de los esclavizados, el reconocimiento de la igualdad y la diversidad como valores principistas de exigencia colectiva y el sentido de identidad incluso continental hecha por quien alcanzó una estatura ética y épica insuperable.


A la dignidad bolivariana se contrapone la traición, tal cual como ocurrió hoy, también sucedió ayer. Veamos el caso de la traición a Bolívar por quien fuera Presidente de la Colombia grande, Francisco Antonio Zea. El Libertador ya venía molesto por la actitud de Zea y en una carta al Vicepresidente Santander le escribió el 30 de mayo de 1820:
(el) señor Zea es tan bueno que ha hecho cosas que usted no puede imaginar. Ha hecho que unos nuevos Welzares se apoderen de las misiones (del Caroní) influyendo en el Congreso para que se les regalasen a unos aventureros extranjeros, con agravio de la justicia, de la razón y de los libertadores. Le ha dado licencia a Mariño para que se vaya a trinidad y me ha escrito que se lo llevaba para el Norte para agente. Lo primero es atroz porque nos deja un germen de guerra civil, y lo segundo es absurdo porque iba a desacreditarnos más aun de lo que estamos.


Pero luego Francisco Antonio Zea fue enviado a renovar los empréstitos de Gran Bretaña a la República de Colombia, lo que generó nuevas quejas del Bolívar por malversación de fondos para la República y luego la manera como intentó que España reconociera a Colombia al proponer unos acuerdos por cuenta propia:
En 1821 Zea viajó a Madrid, donde se unió a los plenipotenciarios José Rafael Revenga y Tiburcio Echeverría, que trataban sobre la paz con el gobierno liberal de España en los términos de reconocimiento de la independencia y de República tal cual las orientaciones del Libertador.

Zea por iniciativa propia, presentó al Gobierno español una proposición para llegar a un acuerdo basado en el reconocimiento de la independencia por España, el establecimiento de regímenes monárquicos en varias naciones de Hispanoamérica y un sistema que estructurase una Comunidad Hispánica de Naciones con participación de España y de sus excolonias emancipadas. (Diccionario de historia de la Fundación Polar)


En otra carta de Bolívar a Santander el 14 de enero de 1823 escribió:
Mucho me ha gustado esta hermosa carta en que usted nos pinta el estado de la república tan brillante. Gual [1] me ha hecho lo mismo con respecto a las relaciones exteriores; sólo el empréstito del señor Zea [2] es horrible. No dudo que seremos reconocidos por España y por el mundo entero; que pronto tendremos la paz….
Francisco Antonio Zea se mostró muy blando ante las demandas de Bolívar por las incursiones de agentes de Gran Bretaña más allá del rio Esequibo, en 1821, donde estaba la frontera de la Colombia bolivariana. Zea murió pobre de solemnidad, hoy a casi nadie lo recuerda…sin embargo la ética de Bolívar tiene brillo y trascendencia.


Los tiempos de ahora
La cruzada que ha emprendido el presidente Maduro en la lucha por los valores éticos revolucionarios honra al Bolívar cultural al que nos referimos, tiene urgencias de orden coyuntural contra la corrupción hecha arma contra la Revolución Bolivariana y en el orden estructural para la formación de la ciudadanía bolivariana.
La historia no se repite, pero los procesos de corrupción y falta de ética bolivariana se muestran en estos tiempos con características extravagantes en la que se mezclan conspiración con corrupción y muerte que son sinónimos.
Los liderazgos bolivarianos deben ser capaces de entender las vueltas del tiempo y la historia, capaces de historiar la ética política, de comprender y practicar la unidad de fuerzas del deber, el honor y que la humildad, como los valores de la dignidad que se remontan sobre el individualismo, las parcialidades partidistas, la corrupción, la riqueza fácil que se va igualmente ligera porque su maleta está vacía de virtudes,
Es necesario recuperar la confianza, reabrir los diálogos entre nosotros, seguir consolidando el tejido social, reagrupar las fuerzas patriotas bolivarianas, analizar y estudiar luego de batallas de resistencia y revitalizar las esperanzas siguen siendo tareas por hacer.
Los medios punitivos ejemplarizantes son recursos para amedrentar a los que están dentro del aparato burocrático, susceptibles de ser tentados por la corrupción, pero es la acción pedagógica y formativa la que genera la fundamentación de una conciencia ética.
En las escuelas, liceos y universidades debe incluirse la formación ética como materia exclusiva para la comprensión de la personalidad individual y colectiva, que se enseñe y se muestre el ejemplo de la Doctrina Ética del Libertador Simón Bolívar.


Aldemaro Barrios Romero
Canal YouTube @viajeneneltiempo4348

19 de abril

El 19 de abril de 1810 nació la Colombia bolivariana

El 1° de mayo de 1810, varios músicos recibieron de Rodulfo Basalo, administrador de fábrica de la catedral de Caracas, 20 pesos por haber interpretado el Jueves Santo de aquel año, junto con la capilla catedralicia, la Misa en Re del compositor caraqueño José Ángel Lamas (1775-1814). Ese mismo día, el capitán general de Venezuela, Vicente Emparan y Orbe, devela una rebelión militar promovida desde la Casa de la Misericordia, en la actual esquina homónima, que tenía como propósito deponer a las autoridades borbónicas e instaurar un nuevo gobierno en Caracas. Para comprender a profundidad el significado y la trascendencia del 19 de abril de 1810, debemos entender que el rey de España era, desde el 6 de junio de 1808, José Napoleón I, hermano del emperador Napoleón Bonaparte. Los patriotas españoles le llaman el «Rey Intruso» y se oponen a éste desde Cádiz, ciudad española que funge de capital patriótica defensora de Fernando VII.

bolivar-y-marti

Qué representa Bolívar para mí gracias a la amorosa guía de Martí

La respuesta a esta pregunta está muy cerca de la poesía. Pero antes de cabalgar por ese sendero, quiero relatarles una anécdota que me sucedió hace más de 30 años, cuando comencé a averiguar cómo se hace poesía. El destino me puso en la puerta a, nada más y nada menos que, William Osuna, poeta profundo que rasga sin miramiento el alma de quien lee sus poemas y quien después, fuera reconocido con el Premio Nacional de Literatura (entre muchos otros premios). William me enseñó mucho en ese taller en el que participé siendo él el tallerista, y por ahí me fui arrimando a hacer poesía, tratando de desarrollar un estilo propio y una poesía que me sirviera para lo que yo hacía.

WhatsApp Image 2024-04-16 at 8.29.44 AM

La CIA invade y profana embajadas: caso embajada mexicana en Ecuador

Alí Ramón Rojas Olaya

En la madrugada del sábado 6 de abril de 2024, las fuerzas policiales de Ecuador, siguiendo instrucciones del lacayo de Washington Daniel Noboa, invadió la embajada mexicana en Quito y secuestró al exvicepresidente Jorge Glas, a quien se le había concedido asilo político. Pabel Muñoz, alcalde de Quito, consideró la irrupción como «inaceptable, una vergüenza mundial». El canciller venezolano, Yván Gil, se comunicó con las autoridades mexicanas: «He conversado vía telefónica con la Secretaria Alicia Bárcena y transmitido la solidaridad absoluta del presidente Nicolás Maduro al presidente Andrés Manuel López Obrador ante este acto de barbarie que viola todos los principios del derecho internacional».

La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), por su parte, emitió un comunicado en la red X en el cual calificó: «La violación de la embajada de México en Ecuador” como “un acto fascista de extrema gravedad que atenta contra las relaciones diplomáticas y el derecho internacional”. Para este ente del poder constituyente, “las embajadas representan la soberanía de los países que las albergan y están protegidas por el principio de inviolabilidad consagrado en la Convención de Viena». Esta irrupción ilegal “en la embajada de México en Quito constituye una clara violación de la soberanía mexicana y un desprecio absoluto por las normas internacionales”. La Conaie muestra preocupación al “observar cómo el gobierno autoritario y fascista de Ecuador recurre a la fuerza para asegurar sus trofeos políticos” y agregan sus voceros que “esta flagrante violación no solo afecta las relaciones bilaterales entre México y Ecuador, sino que también envía un mensaje peligroso a la comunidad internacional».

Recordemos que el presidente ecuatoriano el empresario Daniel Roy Gilchrist Noboa Azín nació el 30 de noviembre de 1987 en Miami, razón por la cual él se siente orgulloso de su doble nacionalidad. El expresidente de Ecuador, Rafael Correa, quien vive plácidamente en Bélgica, afirmó que «lo que ha hecho el Gobierno de Noboa no tiene precedentes en la historia latinoamericana. Ni en las peores dictaduras se ha violado la embajada de un país”. Luego agregó: «No vivimos un Estado de derecho, sino un Estado de barbarie, con un improvisado que confunde la Patria con una de sus haciendas bananeras».

Es bueno recordarle al doctor en economía de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, Estados Unidos y magister scientiarum también en economía de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, que no es la primera vez que esto ocurre. Veamos.

Gringos invaden embajada venezolana en Washington

El 14 de mayo de 2019, Estados Unidos ordenó desalojar la embajada de Venezuela en Washington. Y es que, en la mismísima capital del más grande imperio de la historia, los enemigos de Bolívar atacaron a sus amigos bolivarianos. Entre los enemigos se encontraban los gringos Donald Trump, Mike Pompeo, Mike Pence, Elliot Abrams, Marco Rubio y Craig Faller, el peruano Jaime Bayly, los neogranadinos santanderistas Iván Duque y Álvaro Uribe Vélez, el argentino Maccri, el brasileño Bolsonaro y los “venezolanos” Carlos Vecchio, Julio Borges, María Corina Machado, Juan Guaidó, Diego Arria, Luis Florido, Leopoldo López, Henrique Capriles Radonski y Gustavo Tarre.

¿Quiénes defendieron nuestra embajada? Nuestros amigos estadounidenses, es decir, los activistas Adrianne Pine, David Paul, Kevin Zeese y Margaret Flowers del Colectivo de Protectores de la Embajada; la activista Medea Benjamín de la organización Code Pink; los colectivos Answer Coalition y Popular Resistance; la periodista Anya Parampil quien le gritó a la turba opositora ¡Bolívar y Chávez viven!; el reverendo Jesse Jackson quien llevó comida a los activistas, hoy desalojados; el veterano de la guerra de Vietnam, Daniel Shae. Todos ellos han defendido a Bolívar del gringo James Monroe.

Quitar el servicio eléctrico y el agua es la práctica cotidiana de los enemigos de Bolívar. Nuestros amigos estadounidenses han enfrentado a la hipocresía de su propio sistema.

Daniel Shae, presidente del colectivo Veteranos por la Paz, en visita a Venezuela el 14 de mayo de 2019 habló sobre el significado de la palabra enemigo: “una de las razones por las que estoy aquí es porque, como veterano de Vietnam, he visto los horrores de la guerra. Pienso en las personas que se ven atrapadas en medio de la guerra y los Estados Unidos, un período tras otro, continúa con sus guerras, intervenciones, cambios de gobiernos. Me hiere profundamente como si alguien me apuñalara el corazón constantemente. Así que estamos acá para evitar lo que está pasando. Yo suelo decir que cuando estuvimos en Vietnam fuimos a combatir al enemigo. Yo vi al enemigo: y el enemigo éramos nosotros”.

Así como a comienzos del siglo XIX, amigos estadounidenses vinieron a luchar por la causa bolivariana, como Felix Jastran, Alexander Macaulay y Renato Beluche Laporte, hoy estas heroínas y héroes de la patria de Angela Davies y Malcolm X, defienden, no la doctrina Monroe, sino la doctrina de Bolívar.

En aquellos aciagos momentos de agresión diplomática, sólo nos quedaba decirle a cada uno de ellos aquellas palabras de Simón Bolívar: “la amistad tiene en mi corazón un templo y un tribunal, a los cuales consagro mis deberes, mis sentimientos y mis afectos”.

Capriles asalta la embajada de Cuba

El 12 de abril de 2002, la derecha fascista venezolana, liderada por Henrique Capriles Radonski, alcalde del municipio de Baruta en aquellos días, mantuvieron por 36 horas un violento asedio contra la Embajada de Cuba en Venezuela durante el golpe de Estado mediático contra el Comandante Hugo Chávez. Recuerda, Correa, que Capriles asaltó la embajada cubana violando las leyes diplomáticas internacionales con el falso rumor de que el vicepresidente de la República en aquel entonces, Diosdado Cabello, se encontraba en el recinto. Al ver la resistencia de los diplomáticos cubanos, la derecha procedió a cortarle los servicios públicos.

Estos proyanquis dejaron sin la posibilidad de comunicarse a los diplomáticos, violando así sus derechos. Sin embargo, no lograron quebrantar la moral mambisa de José Martí y Mariana Grajales que en aquellos funcionarios vivía y al finalizar la profanación esta pléyade valientemente venció a las fuerzas fascistas.

Gorilas uruguayos invaden la embajada venezolana en Montevideo

Elena Quinteros, maestra uruguaya nacida el 8 de septiembre de 1945, dictaba clases en la escuela 195 de la ciudad de Pando. Ella y su madre, la Tota Quinteros, “con la tiza y el cuaderno soñaban cambiar la vida”, ambas eran “maestras de vocación en diferentes estambres, sus padres letras sembraron en las infancias con hambre” (Daniel Viglietti, Tiza y bastón).

Elena fue detenida en su casa en Montevideo, el 24 de junio de 1976 por concienciar con su magisterio y militancia. Cuatro días después, mientras se encontraba incomunicada, fue conducida por militares al bulevar Artigas y Palmar.

Elena había dicho a sus captores que en ese lugar debía encontrarse con otra persona cuya detención deseaban efectuar. Una vez frente a una casa vecina a la sede de la Embajada de Venezuela, logró liberarse de quienes la conducían, saltó por encima de un muro y cayó en el interior del predio de la Embajada, Bolívar le abría los brazos, mientras gritaba identificándose para que las personas presentes se enteraran de lo que ocurría en caso de que volvieran a capturarla.

Los agentes militares penetraron en la sede diplomática y, después de golpear al Secretario de la Embajada y a otros funcionarios, sacaron violentamente a Elena. De ella sólo quedó un zapato en la calle como si se tratase de una cenicienta uruguaya. Ese 28 de junio de 1976 fue la última vez que su madre tuvo noticias de ella. A consecuencia de estos hechos, Venezuela suspendió sus relaciones diplomáticas con el Uruguay. Elena fue llevada a una unidad militar el 8 de agosto de ese año, mantenida con los ojos vendados, las manos atadas y sometida sistemáticamente a torturas. Durante la primera noche, una testigo oyó gritar a la maestra Elena “¿por qué no me mataron, por qué no me mataron?» mientras era martirizada bestialmente. Hoy la señorita Elena nos observa junto a Artigas con su pelo prendido de palomas, sus manos llenas de tiza radiando como un lucero y bañando los amaneceres. La vida de Elena, la lucha que llevó su madre Tota Quinteros y el reclamo de verdad y justicia por parte del movimiento popular son asuntos que nos deben tocar en lo más recóndito de nuestras almas “porque las Quinteros fueron luminosas en su historia, compañeras entrañables, fundadoras de memoria”.

Diplomacia de solidaridad y paz

La solidaridad es uno de los valores más entrañables que poseen los seres humanos. A través de ella los pueblos expresan su ternura. Mirar desde lo alto al caído y extenderle la mano para que se yerga significa mostrar desprendimiento, otro valor invaluable, que justifica que alguien vea por encima del hombro al otro. Darle un abrazo al que ha sido difamado o al que atraviesa una tragedia o al que se sumerge en la desgracia eleva a la máxima potencia a quien abriga ese amor infinito a la humanidad. El sustento de la solidaridad y el desprendimiento es otro valor: la sensibilidad. Dice Simón Rodríguez que “es menester ser muy sensible para convertir el mal ajeno en propio”. Acá el visionario caraqueño coloca pragmáticamente otro elemento: la solidaridad como acción revolucionaria.

Es precisamente ésta la que ha asumido nuestro presidente Nicolás Maduro al solidarizarse con Vladimir Putin en el conflicto de Ucrania, en el que los medios privados de comunicación hegemónicos sitúan a Rusia como el malo de la película. Acción revolucionaria fue cuando Hugo Chávez rompió relaciones con el Estado sionista de Israel en solidaridad con Palestina o cuando Maduro reconoció a la República Árabe Saharaui Democrática.

Acción revolucionaria fue cuando el presidente Lázaro Cárdenas nombra a Gilberto Bosques Saldívar cónsul general de México en Marsella en 1939. Desde esta trinchera, Bosques formó al personal del consulado para que se entregaran a la causa de la humanidad y dejaran atrás las formalidades propias de la diplomacia.

Cuando “la planta insolente del extranjero” bombardeó las costas de Venezuela, el canciller argentino Luis María Drago no dudó en solidarizarse con nuestro presidente Cipriano Castro desenmascarando la doctrina Monroe y accionando la doctrina jurídica que lleva su apellido el 29 de diciembre de 1902, con la que establece que ningún Estado extranjero puede utilizar la fuerza contra una nación americana con la finalidad de cobrar una deuda financiera. Ante el ataque del Reino Unido, Alemania e Italia, Estados Unidos replicó que, como país, no apoyaría a un estado americano que sufriese ataques bélicos como respuesta a la negativa de pagar sus deudas, pretendiendo que la Doctrina Monroe sólo se aplicaría cuando dicho país sufriese ataques de potencias europeas motivadas por la intención de recuperar territorios americanos y colonizarlos, argumento que se desmoronó cuando Estados Unidos apoyó a su madre británica en la guerra de Las Malvinas entre abril y junio de 1982.

Sigue oliendo a azufre

Entendamos que Washington no sólo es la capital de Estados Unidos, sino que es la capital del modelo civilizatorio occidental. Esta potencia está por encima de la ONU y le importa un bledo la Convención de Viena.

Nos solidarizamos con Jorge Glas, quien debió ser el continuador de Rafael Correa y no Lenín Moreno. Nos solidarizamos con el pueblo mexicano villista y zapatista. Andrés Manuel López Obrador ya ordenó la suspensión de las relaciones diplomáticas. Pareciera que al enemigo yanqui le molestó mucho que celebráramos el bicentenario de la ciudadanía mexicana de nuestro Libertador Simón Bolívar y que la Asamblea Nacional de Venezuela recibiera el martes 2 de abril de 2024, el proyecto de “Ley contra el fascismo, neofascismo y expresiones similares” impulsado por el Gobierno de Nicolás Maduro.

Estamos en la obligación de recordarle al presidente mayamero Daniel Noboa y a todos sus congéneres, desde los extremistas de la derecha hasta de los tibios y dubitativos, las palabras que el comandante Chávez dio el 20 de septiembre del 2006 en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en Washington: “Ayer vino el diablo aquí, ayer estuvo el diablo aquí, en este mismo lugar. ¡Huele a azufre todavía esta mesa donde me ha tocado hablar! Ayer, señoras, señores, desde esta misma tribuna el señor Presidente de los Estados Unidos, a quien yo llamo el diablo, vino aquí hablando como dueño del mundo”.

WhatsApp Image 2024-04-16 at 8.28.12 AM

Los incendios y la avanzada ultraderechista

Dimensiones de la guerra cognitiva nº 17

Autor: Prof. José Garcés – M. Sc. En Psicología

Vicerrectorado de Investigación

“Piensa fuego y serás fuego”, declaraba Paracelso en el siglo XVI y esta cita refleja perfectamente la energía que a nivel psicológico imprimen los pensamientos o lo que pongan en la mente los que instrumentan la Guerra cognitiva y dominan las sociedades. Con el fuego, en el alma se despiertan profundas y diversas emociones  que tienen como sustrato la idea de destrucción para la posterior creación. Nuestros ancestros quemaban la tierra para que luego de la quema, se produjeran buenas cosechas. De ahí el binomio “Destrucción y creación” que es la noción que está presente en los mitos de muerte y renacimiento que aparecen a través de toda la historia y a lo largo de todo el planeta: Osiris, Hirán Abiff,  Odín y Jesús son algunos de los muchos representantes de este complejo energético que a nivel psicológico nos remueve en virtud del inconciente colectivo.

Jung dice que la conciencia tiene como límites lo desconocido, aquello de lo que no somos conscientes, y eso desconocido puede ser externo, las cosas del mundo que no conocemos, o interno, que son las cosas que no conocemos de nosotros mismos. Eso interno que no conocemos, (el inconsciente), se divide a su vez en inconsciente personal, que son las vivencias que se generan en el curso particular de la vida, y el inconsciente colectivo, que son los aprendizajes de toda la humanidad que almacenamos en nuestra mente en forma de símbolos. Justamente, de símbolos están compuestos los arquetipos que son las entidades psicológicas que conforman el inconsciente colectivo. Por eso los mitos y los símbolos  tienen tanto efecto sobre nosotros, porque nos recuerdan que tenemos un tronco común con toda la humanidad.

El simbolismo del fuego ha sido utilizado por varias culturas y en la mayoría de los casos usados como símbolos de transformación. Se trata de una especie de purificación que nos llevaría a un estadio superior, a un nivel más elevado con la esperanza de estar mejor.

El fuego ha sido usado en todas las religiones y disciplinas espirituales y esotéricas, y psicológicamente se relaciona con la pasión, la ira, la destrucción o, especialmente, la transformación.

En la mitología griega, el fuego pertenecía  a los dioses, y fue Prometeo quien les robó el fuego  para dárselo a los hombres, por eso, a un nivel arquetipal muy profundo (en el inconciente colectivo), el fuego se asocia con lo divino. Hay una fascinación en el fuego de la que no podemos despegarnos; podemos recordar alguna vez, en la que nos hemos quedado absortos mirando una fogata, de la que nos ha sido muy difícil dejar de mirar. Pues, se trata de ese carácter divino que tiene el fuego, recordemos que fue en un fuego divino que Dios se le pareció a Moisés en la Zarza de Horeb, lo que es conocido como el episodio de la “Zarza ardiente”.

Así en un nivel muy profundo, el fuego se asocia a purificación y transformación.

Sin embargo, en un nivel más pedestre y cotidiano, la energía del fuego puede ser dirigida solamente a la destrucción. Por ello, el fuego también puede ser atemorizante, sobre todo  cuando no se tiene control de su inconmensurable energía. Así como el fuego puede servir para alumbrar una agradable velada si se presenta en forma de antorcha, al mismo tiempo puede ser terriblemente destructor y terrorífico si se presenta como incendio.

LA GUERRA COGNITIVA EN LA ACTUALIDAD

Para nadie es un secreto que la oposición fascista de este país de nuevo carga contra la paz y las instituciones, y que los numerosos incendios que se han presentado en todo el país, ya dejaron de ser considerados por la población como algo fortuito y en este momento, opositores y chavistas, reconocen que tales incendios son provocados. Nunca en la historia se presentaron incendios tan raros y de tan grandes proporciones, como los de Montalbán, Lídice o Uveritos, por citar solo unos pocos. Es decir, tanto el chavismo como la oposición, sabe que los numerosísimos incendios que nos aquejan son provocados; ya nadie intenta  tapar el sol con un dedo.

Tampoco es un secreto que había que esperar una respuesta de esta categoría luego de las pataletas que acompañaron al astracán por la supuesta traba en la inscripción de la candidata sustituta.

Es decir, nos asomamos a otra victoria de la Revolución y la ultra-derecha fascista no va a permitir que vivamos esa fiesta democrática en paz. Por eso se apronta a despertar el temor, la ira y el odio, y nada mejor para ello que el fuego cuyo simbolismo incluye todas las emociones descritas.

Con esas emociones en la mente de los opositores, recordemos otra vez  a Parecelso; “Piensa fuego y serás fuego”, no es aventurado esperar una avanzada de violencia para sabotear las elecciones del 28/J. No  nos sorprenda que intenten otra vez con guarimbas y saboteos generalizados, para tratar de impulsar otra vez una agenda golpista.

El esquema de guerra cognitiva que prepara a las mentes de la población para la instrumentación de acciones insurreccionales y de violencia, implica el uso de símbolos para ir haciendo florecer en la población un clima psicológico de ansiedad cuyo sustrato es la idea de caos e ingobernabilidad. Mismos que serían conjurados por la apuesta de una opción militar tanto interna como externa, pero que surgiría con la esperanza de que generaría orden a esa  situación de caos. Recuerden que las personalidades fascistoides proliferan es las situaciones  de caos.

COROLARIO

La idea consiste en que ellos siembran el caos, para que después, ellos mismos puedan ofrecer una  opción de orden y paz. Dicho de otro modo: te dan el veneno y después te venden la medicina.

En un nivel psicológico superficial, el fuego despierta el caos de la destrucción que le sirve a la ultraderecha para propagar la idea de que en Venezuela impera el caos y que ellos son la única cura  a esa enfermedad.

En un nivel más profundo, el fuego conecta con la divinidad. Con la purificación y la transformación, de manera que las opciones de cambio van a ser recibidas como opciones proporcionadas por los dioses. 

Esto es un ejemplo de cómo la Guerra cognitiva va preparando a la población para la instrumentación de planes militares o insurreccionales, para los cuales las fuerza populares, del Estado y de la Revolución en general, deben estar preparadas.

“Piensa fuego y serás fuego” decía Paracelso y explicaba con ello, que la idea que se instala en la mente, modela conductas, y una idea cuidadosamente estructurada, puede transformar al más sumiso en un monstruo capaz de quemar vivo a un ser humano. Así opera la guerra cognitiva y hace que la persona manipulada  se convierta en un arma de la misma guerra.

votos

Semiótica de los Votos: Cantidad y Calidad en la Voluntad Electoral

En los votos, que son documentos históricos, habita un relato complejo, muy desigual y muy accidentado. Incluso con todas sus imperfecciones, la democracia que conocemos, hasta ahora, parece merecer todavía la confianza relativa de los electores y parece que aún tiene sentido votar. Sigue siendo una forma oficializada de expresar la diversidad de imaginarios sociales para fijar formas de convivencia. Según cuenta la página web chequeeado.com, 2024 es un “súper año electoral”.

simon bolivar

Los supremacistas odian a Bolívar El Libertador

Simón Bolívar,  “el personaje del milenio”, según la BBC, siempre grande por la independencia del entonces imperio español de cinco naciones (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Panamá), es blanco de la mezquindad de los supremacistas, de los que profesan un vil racismo, quienes intentan descalificar contra toda racionalidad y destruir su imagen con oscuras pretensiones. Algunas de ellas se comentan a continuación:

Sindicato Unitario de Trabajadores del Periodismo y la Comunicación del Perú rechaza nueva arremetida imperial de EE.UU. contra Venezuela

El Sindicato Unitario de Trabajadores del Periodismo y la Comunicación Social del Perú (Sutpecos), rechazó, en un comunicado, la nueva arremetida por parte del gobierno de los Estados Unidos, así como de sus países satélites en el continente, contra el gobierno de la Republica Bolivariana de Venezuela de cara al venidero proceso electoral, al tiempo que manifestaron su apoyo al presidente constitucional Nicolás Maduro Moros.

A continuación el comunicado:

hate-social-media

LA CRUZADA ANTIBOLIVARIANA EN LAS REDES: ESTRATEGIA GEOPOLÍTICA IMPERIAL

Por: José Gregorio Linares

A través de las redes digitales se está desarrollando una campaña internacional contra el Libertador Simón Bolívar. Basta abrir cualquier red y colocar la palabra “Bolívar” para que aparezcan una serie de influencers atacando al Padre de la Patria. Uno de los abanderados de esta cruzada es el colombiano-español Pablo Victoria Vilches, autor de “La otra cara de Bolívar” y “El terror bolivariano”.

En relación con el Padre de la Patria afirma este youtuber   de la academia:

Bolívar era un dictador cruel y sanguinario, siguió siendo un dictador prácticamente toda su vida. Tuvo muchísimas muestras de crueldad a lo largo de su vida. Sus antepasados, por el lado de su madre, eran personas violentas. Fue un niño cruel y un adulto cruel. No vaciló durante la guerra de independencia en declarar la guerra a muerte. No vacilaba en fusilar a prisioneros de guerra, y otros prisioneros que no eran de guerra, sino simples comerciantes que tenían sus haciendas. Sacaban a los heridos de los hospitales y los remataban en la calle. Los que quedaban vivos en Caracas, La Guaira y Valencia, heridos en el suelo, los sicarios de Don Simón Bolívar, levantaban una piedra enorme y les aplastaban la cabeza con esas piedras. Si se contabilizan los asesinatos de Simón Bolívar desde 1812 a 1814, suman más de 2.000 asesinatos a sangre fría y sin fórmula de juicio. No vaciló en darle una especie de solución final al tema español como lo hizo Hitler con los judíos. En Venezuela se entrenaron muchos asesinos que luego fueron a la Nueva Granada y allí enseñaron a matar. Bolívar sitió Bogotá y ordenó a su ejército saquear y violar mujeres. Tenía una predisposición hacia la crueldad y esto le viene de familia. Ya de niño maltrataba a los negritos.[i]

En la introducción del libro: «El terror bolivariano»dice que la obra trata de “una historia de la crueldad humana y de lo que yo he querido llamar el genocidio bolivariano, las carnicerías fuera de combate que Simón Bolívar desencadenó”.[ii] El autor revela que “el Bolívar que he descubierto me ha llenado de espanto, congoja y vergüenza. Nunca pude imaginar que detrás de ese idealista y hombre grande, pudiera esconderse simultáneamente, un alma tan ruin y sanguinaria”.[iii]

Vilches es simplemente una pieza en el tablero de peones intelectuales y de supuestos voluntarios comunicacionales que se proponen destruir a Bolívar. Es un “doctor” con muchos títulos al servicio de la oligarquía colombiana aplaudido por el Pentágono. (Exsenador y congresista. Doctor en economía, doctor en filosofía, miembro de la Academia Hispanoamericana de las Letras, de la Sociedad Colombiana de Economistas). Dio su respaldo al movimiento neonazi autodenominado “Alianza Nacionalista por la Libertad”, que en el acto de relanzamiento de esta organización en el 2013, fue el orador de orden junto al terrorista venezolano Lorent Saleh. Sus acciones obedecen a un plan bien tramado, donde a él le toca ocuparse de un target y cobrar por sus servicios.

Asimismo ha ganado fama otro antibolivariano colombiano, Evelio Rosero con la novela La Carroza de Bolívar. El argumento de la obra es el siguiente. Justo Pastor Proceso, ginecólogo del pueblo de Pasto e historiador, paga a unos artesanos para que decoren una carroza de Carnaval para ridiculizar a Simón Bolívar, el “mal llamado Libertador”, por quien siente una especial aversión. En la comparsa Bolívar aparecería coronado de emperador y se haría alusión a su aviesa personalidad y a sus errores políticos. El propósito del evento es “bajar el mito del pedestal”. Pero pronto las fuerzas tradicionalistas de la ciudad ejercen presión para que la carroza no sea construida y no salga a desfilar. Cuando esto no resulta suficiente, entra en acción una célula guerrillera integrada por fanáticos bolivarianos con nombres soviéticos, quienes se proponen impedir el acto de burla contra el Libertador y asesinar a su promotor. De inmediato se narran los hechos que justifican la actividad contra Bolívar. Al final de la novela los guerrilleros bolivarianos, en medio del jolgorio de las fiestas de carnaval, avanzan disfrazados de asnos y buscan matar al médico que quiso desmitificar a Bolívar ¡Toda una simbología!

Los propósitos principales de esta campaña antibolivariana son: En primer lugar, borrar de la memoria colectiva suramericana su más importante referente de justicia social, emancipación y unidad continental. En segundo lugar, socavar en los planos simbólicos, culturales, teóricos, políticos y emocionales la columna central de la Revolución Bolivariana para debilitar sus bases de sustentación. En tercer término, vilipendiar y desestabilizar el gobierno bolivariano instaurado en Venezuela para sustituirlo por un régimen afecto a los Estados Unidos que tutele su accionar político y convalide su proyecto de sociedad. Finalmente, destruir toda la esperanza de constituir en el continente y en el Sur Global sociedades fundadas en la doctrina y los principios bolivarianos.

Es un ataque geopolítico. La derecha mundial, liderada por Estados Unidos, sabe que Bolívar se ha convertido en un referente de las naciones y pueblos del Sur que luchan por la soberanía e independencia y por la unidad de los oprimidos; por tanto, se han propuesto aniquilarlo simbólicamente, excluirlo del imaginario colectivo, desterrarlo del corazón de los pueblos, y apagar su fuego que anida en el corazón de las mayorías. Saben que mientras Bolívar permanezca como símbolo, su mensaje de liberación y su doctrina, en perpetua renovación, se incorporará a los movimientos sociales contrahegemónicos.

Por tanto, aprovechando que en las redes propician el analfabetismo funcional y la apatía hacia la Patria,   se han propuesto acabar con el Libertador que es el principal símbolo de lucha y creación enraizada en la cultura popular y el imaginario colectivo. Se proponen destruir el símbolo fundante de la identidad y la lucha suramericanas. Símbolo capaz de movilizar multitudes y de convertirse en guía para la reconstrucción soberana de nuestras naciones; símbolo capaz de aglutinarnos para emprender las grandes tareas de redención social y reposicionamiento internacional. 

La respuesta a esta Campaña geopolítica internacional contra El Libertador, no puede ser otra que el estudio con sentido creador y fines de transformación. En una oportunidad, (12 de julio del 2004[U8] ) el comandante Chávez, dijo: “Yo tengo la impresión de que nosotros no conocemos bien a este hombre, quién fue realmente Bolívar ”.[v] El desafío es conocer al Padre de la Patria: entender su radical gesta histórica, comprender su proyecto político contrahegemónico, perpetuar su legado. Allí cabalga todo un “ejército de ideas” que tienen plena vigencia y que ponen en peligro el poderío de los imperios. Por eso, no nos extraña que contraten escribientes a sueldo a quienes les ordenan ponerse denigrar contra Bolívar. No lograrán su cometido. Ignoran que Bolívar trata de una fuerza espiritual imperecedera. Como dijera Miguel de Unamuno, “es uno de esos seres espirituales sin cuya presencia en este mundo la humanidad quedaría incompleta”.


Ni_NI_runrunes_1-647x396

¡PIENSA, LUEGO EXISTES! Adentrándonos en el alma de los ninis.

Por: José Garcés

Introducción
Lo que sigue son conjeturas que deben probarse en su momento y oportunidad.
Inspirados en la famosa proposición cartesiana, consideramos un grupo de personas con
una importancia insospechada para la sociedad, nos referimos a los ninis. Este sector de
la población que no se decide por ninguno de los dos polos políticos y que parecen
responder al antiguo adagio que reza: “Cuando te pongan a elegir entre dos alternativas,
elige la tercera”. En consecuencia, no se dejan encajonar ni catalogar. Constituyen en sí
mismos una diversidad en su grupo: ningún nini es igual a otro nini. Cada uno deja su
sello personal que explica por qué eligió la tercera alternativa, para ellos cada razón es
diferente a las otras y, aunque, obviamente pueden inventarse categorías justo esto es lo
que representa la fobia más grande de ese sector “apolítico”. Como adoran las
particularidades, creen que sus razones son originales pero en realidad son muy
comunes y predecibles. A continuación, se describen algunas de ellas.
Características psicológicas de los ninis

  1. Se compromete sólo consigo mismo.
    El nini tiene como lema: “Yo soy del partido de Gómez, si no trabajas no comes”. Por
    ello, puede participar activamente de los emprendimientos y creer que trata de una
    iniciativa estrictamente individual, aunque haya una estructura provista por el Estado
    que favorezca la instrumentación de los emprendimientos.
  2. La soledad es su condición definitoria.
    La soledad se presenta en la forma de la magnificación de la individualidad y puede
    albergar diversidades, mismas que son promocionadas por los medios de difusión de la
    ideología burguesa (Netflix, cine, novelas, etc.). En tal sentido, la neurodiversidad y la
    sexodiversidad, en sus presentaciones más insólitas, pueden aparecer.
  3. Se podría comportar como el “Individuo tirano”, descrito por Sadin.
    Como el nini, sabe que está “perdido en su soledad” y en este sentido puede constituirse
    en el “Individuo tirano”, tiene como algunos de sus descriptores los siguientes: Odia a
    las mayorías; Reniega de la autoridad; Deslegitima a la autoridades; Descree de los
    profesores; Relativiza la opinión del médico respecto a otro médico o internet; Insulta
    las fuerzas policiales, militares, etc., Considera que es “normal”, percibe a las figuras de
    poder como “iguales” incluso con las que se puede y debe competir; Aspira constituirse
    en miles de focos de poder.
    Lo expuesto, genera algunos asuntos:
  4. Favorece los fenómenos de parcelamiento creciente de la sociedad.
  5. Descree de la esfera común como espacio real en el que cada persona alcanza su
    beneficio.
  6. Gravita en su mente pero no en forma conspicua.
  7. Alberga odio, pero esta no es su emoción predominante. Aunque si se explora
    debajo de la primera “capa de la cebolla”, con mucha probabilidad se encontrará
    el odio ahí, pero, como habíamos dicho, el nini trata de trascender el odio porque
    comprendió que el esfuerzo personal es mucho más productivo.
  8. Pierde la esperanza en los proyectos colectivos.
  9. Desconfía en cualquier iniciativa comunitaria debido a la valoración exclusiva
    del esfuerzo personal y en este sentido tiene expectativas en sí mismo.
  10. Teme sufrir. Un terror atávico lo asalta de continuo, el miedo a sufrir. En el nini
    operan las continuas y muy efectivas contingencias del punitivo y fiero control
    conductual ejercidas por la burguesía a través de toda la historia y lo controlan
    todavía hoy con el peso aplastante de lo transgeneracional. ¿Quién puede dudar
    que la matanza de 3.600 obreros en el Iquique de 1917 (y las otras matanzas
    como la de Puerto Montt, etc.) no tiene efecto sobre el chileno de hoy día? ¿No
    es acaso una conducta adaptativa el carácter ladino y esquivo del llanero, en
    virtud de las repetidas guerras y alzamientos durante el siglo 19 en Venezuela?
    ¿La Rotunda y la Seguridad Nacional no andarán gravitando todavía en el
    inconsciente colectivo del venezolano? La historia del nini le recuerda en algún
    nivel de conciencia que ya ha sufrido demasiado y esto lo impulsa a no creer en
    proyectos colectivos.
  11. Adversa la lucha colectiva. El nini ha olvidado una sentencia que nos daban
    nuestros ancestros: “Tu nombre es lucha”. Desde hace 500 años esta patria
    venezolana ha sido codiciada por potencias imperiales que no van a cejar en su
    intento por apoderarse de las riquezas de nuestra tierra, eso nos convierte en
    luchadores para siempre y nos incorpora en la dimensión de la “lucha
    sempiterna”. Es muy diferente luchar teniendo la idea de que la lucha se va a
    acabar algún día, a luchar con la cruda conciencia de que la lucha va a ser eterna.
    El nini niega la lucha colectiva y se pierde en una lucha particular, esta vez por
    su sustento. El nini ignora la sentencia de Buda: “No hay salvación individual”,
    y el vaticinio del maestro Thay que dice: “Estoy convencido de que el próximo
    Buda no vendrá en la forma de un hombre sino de una comunidad”.
  12. Olvido del vínculo y la interdependencia. Por eso mismo no piensa que el otro lo
    puede ayudar a ser feliz ya que lo han entrenado en la híper-valoración del
    esfuerzo individual. Si el nini pensara en el otro, se diera cuenta de que la
    dimensión colectiva del ser humano la tiene en la palma de su mano pero para él,
    el otro no existe, salvo que sea para apoyarlo como cliente en sus
    emprendimientos. Si asumiera al prójimo, comprendería que el otro existe como
    sujeto cooperativo de su propio bienestar, ya que vivimos en inextricable
    interdependencia y estamos vinculados indisolublemente, podría respirar
    tranquilamente. De manera que si el nini pensara en mí, −se diera cuenta de que
    yo existo−, “yo” podría aparecer en su vida como un elemento cooperativo en la
    construcción de su felicidad, por eso la triquiñuela con Descartes: ¡Piensa, luego
    existes!

Corolario
En suma, podemos aventurar algunas ideas:

  1. No se deja encajonar: “Cuando te pongan a elegir entre dos alternativas, elige la
    tercera”.
  2. Se compromete sólo consigo mismo.
  3. La condición subyacente más importante del nini es la soledad.
  4. Puede constituirse en el “Individuo tirano” descrito por Sadin, que tiene como
    algunos de sus descriptores los siguientes: odia a las mayorías, descree de la
    autoridad y trata de constituirse en miles de focos de poder.
    Todo lo anterior genera las siguientes características:
  5. Favorecen los fenómenos de parcelamiento creciente de la sociedad.
  6. Impulsa a no creer más en la esfera común como el espacio real en la que cada
    persona alcanza su beneficio.
  7. Alberga odio, pero esta no es su emoción predominante.
  8. Trasciende la esperanza en cualquier iniciativa colectiva y tiene fe sólo en sí
    mismo.
  9. Lo asalta un terror atávico de continuo, el miedo a sufrir.
  10. La lucha colectiva lo agota, batalla por sí mismo.
  11. Pánico al asumir que el combate es sempiterno.
  12. Híper valoración del esfuerzo individual. Subestima la importancia del otro en la
    construcción de un mundo mejor. Por eso el llamamiento: ¡Piensa, luego existes!
    Posible plan de trabajo
    Según este abordaje, estas podrían ser las características fundamentales de la
    personalidad del nini (al lado se sugieren algunas alternativas para su manejo):
  13. No se deja encajonar=Valora su particularidad.
  14. Se compromete sólo consigo mismo=Necesidad de apoyo.
  15. La condición subyacente es la soledad=Necesidad de apoyo.
  16. Individuo Tirano (Sadin)=Orientación, manejo político.
  17. Puede albergar odio=Manejo del odio, subrayar sus consecuencias negativas.
    Ofrecer alternativas como el amor.
  18. Tiene esperanza sólo en sí mismo=Apoyarlo moralmente.
  19. Lo asalta el miedo a sufrir=Manejar el miedo.
  20. Lucha por sí mismo=Ofrecer apoyo.
  21. Siente pánico al asumir que la lucha es sempiterna=Orientarlo, manejo político.
  22. Orientarlo en la interdependencia y el vínculo: ¡Piensa, luego existes!

De manera que las condiciones psicológicas más resaltantes son:

  1. Necesidad de apoyo.
  2. Orientación, manejo político para despertar la necesidad de incorporar al otro.
  3. Odio, Miedo.
    Oportunidades
    A los ninis puede orientárseles para que incorporen el vínculo y la confianza en las
    iniciativas colectivas sin que por ello nieguen su empuje personal; por supuesto, para
    ello se debe trabajar las condiciones psicológicas descritas en el punto anterior.
    Peligros
    Los ninis pueden constituirse en el “Individuo tirano” descrito por Sadin, con las
    consecuencias negativas descritas por ese autor y fáciles de prever.
bolivar y sandino

OPINIÓN || El plan del supremo sueño de Bolívar; el gran tributo de Sandino a la vigencia del pensamiento bolivariano antes de Chávez

Por: Pedro Penso

El Plan para la Realización del Supremo Sueño de Bolívar[i] trasluce el espíritu antiimperialista y nacionalista de Augusto César Sandino a favor de la autodeterminación de los pueblos latinoamericanos. Documento que reclamó bajo enérgicos argumentos jurídicos internacionales que se detuvieran los vejámenes del imperialismo norteamericano contra la América morena. Inspirado en Bolívar a través de la Carta de Jamaica de 1815 y el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826, luchó por los mismos ideales libertadores.

En consecuencia, trató de un documento cardinal que abordó la unidad e independencia de los pueblos de América Latina.  De esta manera, bosquejó y legó propuestas esenciales para enfrentar las actuales agresiones y amenazas del gobierno de Estados Unidos contra los diferentes países de la Patria Grande.

La racionalidad de este plan atacó las bases fundamentales de la Doctrina Monroe contra los Estados latinoamericanos: “La conferencia de representantes de los veintiún Estados integrantes de la nacionalidad Latinoamericana declara abolida la doctrina Monroe y, de consiguiente, anula el vigor que dicha doctrina pretende poseer para inmiscuirse en la política interna y externa de los Estados Latinoamericanos”.

Por ello, Sandino propuso la conformación de una nacionalidad latinoamericana y caribeña, enarbolando una ciudadanía para la américa toda: “La Conferencia de Representantes de los veintiún Estados integrantes de la Nacionalidad Latinoamericana declara expresamente reconocido el derecho de alianza que asiste a los veintiún Estados de la América Latina Continental e Insular, y por ende, establecida una sola Nacionalidad denominada Nacionalidad Latinoamericana, haciéndose de ese modo efectiva la ciudadanía latinoamericana”.

 La visión del excelso nicaragüense se alineó al legado de Bolívar que es uno de los más importantes de la historia nuestroamericana. Su lucha por la libertad, la independencia y la igualdad inspiró a grandes líderes revolucionarios y a todos los pueblos de la región. Bolívar abrigó la esperanza de una América Latina unida y próspera, ideario que impulsó las luchas de Sandino aún vigentes.

Hoy más que nunca este legado ratifica el combate para una América Latina unida y soberana desde los tiempos de Bolívar hasta la conformación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA-TCP). El Supremo Sueño de Bolívar nos inspira a trabajar juntos para preservar la independencia y enfrentar los desafíos de hoy en día.

El ideal de Sandino expuesto en el referido plan, consistió en una propuesta del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua en cuarenta y cuatro (44) puntos donde exhortaron a los gobernantes a consolidar la unidad de la “Patria Grande”. Cabe subrayar que el pensamiento bolivariano de Sandino se consolidó en los aspectos esenciales del plan que se presenta; por ende, es de suma importancia destacar algunos puntos claves de ese corpus ideológico-político básico para nuestra lucha libertadora:

Abolición de la Doctrina Monroe: El plan aboga por la necesidad de anular la doctrina Monroe que facilitó la intromisión de Estados Unidos en los asuntos internos y externos de los países latinoamericanos.

Alianza Latinoamericana y Caribeña: Presentó la conformación de una alianza entre los Estados latinoamericanos y caribeños, con el objetivo de mantener la independencia frente a las pretensiones imperialistas de Estados Unidos y otras potencias.

Ciudadanía Latinoamericana: Estableció que esta alianza debe fortalecer la ciudadanía latinoamericana, promover la unidad y la soberanía de la región.

Enfrentamiento a las Agresiones: El plan surgió en un contexto de batalla contra las fuerzas invasoras estadounidenses en Nicaragua. Por lo tanto, buscó arrojar luz sobre cómo enfrentar las actuales agresiones y amenazas del gobierno estadounidense contra  los diferentes países de la Patria Grande. En suma, la defensa de la soberanía y la dignidad nacional son la médula del Plan del Supremo Sueño de Bolívar.


[i] Este texto del “Plan para la Realización del Supremo Sueño de Bolívar”, proyecto original que el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua presenta a los representantes de los Gobiernos de los veintiún Estados Latinoamericanos, firmado por Augusto C. Sandino, el 20 de marzo de 1929, fue rescatado para la historia por un destacado intelectual nicaragüense, bolivariano como Sandino, al igual que como este revolucionario y guerrillero de profundas convicciones, uno de los primeros sandinistas, el Dr. Aldo Díaz Lacayo, primer embajador de la Revolución Popular Sandinista en Venezuela.

WhatsApp Image 2024-03-17 at 2.20.55 PM

AN conmemora Bicentenario de la designación de El Libertador Simón Bolívar, como ciudadano mexicano.

La Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, celebró una Sesión Solemne para conmemorar el Bicentenario de la designación de El Libertador Simón Bolívar, como ciudadano mexicano por el Congreso Constituyente de México el 17 de marzo de 1824.

Desde el Palacio Federal Legislativo, en Caracas, los y las parlamentarias recibieron a representantes del hermano país quienes, por instrucción del presidente de México, Manuel López Obrador, vinieron a Venezuela a conmemorar tan insigne fecha en la que se exalta el temple del “mexicano más caraqueño”.

La sesión, inició con palabras de la senadora Marcela Mora, miembro de la mesa directiva de del senado de la República de los Estados Unidos Mexicanos, quien se refirió a la importancia de alzar las banderas del pensamiento bolivariano para hacer frente, al igual que hace más de dos siglos, a imperios e intereses extranjeros que pretendan mancillar la soberanía y la autodeterminación de los pueblos latinoamericanos.

“Bolívar sabía que américa latina no podía permitir que intereses externos explotaran y dividieran a las naciones, hoy nos enfrentamos a grandes amenazas … Las palabras de Bolívar nos recuerdan que debemos permanecer en unidad, eso es honrar la doctrina bolivariana” expresó la senadora.

Seguidamente, la diputada Tania Díaz, quien también es presidenta del grupo de amistad parlamentaria con la República de los Estados Unidos Mexicanos, fue responsable de ofrecer el discurso de orden durante esta Sesión Solemne.

“Alerta, alerta, alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina”.

En sus palabras, la diputada Díaz, agradeció la deferencia del presidente de México en conmemorar esta fecha tan importante, a pesar que no es mucha la relación entre México y Bolívar quien, aunque solo estuvo una vez en este país durante su adolescencia, recibió de forma honorífica la ciudadanía mexicana tras la gesta independentista que liberó los actuales Colombia, Venezuela, Ecuador, Panamá, Perú y Bolivia. Asimismo, honró a los diputados constituyentes mexicanos de aquel 17 de marzo de 1824.

A continuación, parte del discurso pronunciado por el diputado constituyente Fray Servando Teresa de Mier ante el congreso a fin de solicitar que fuese conferida la ciudadanía a El Libertador:

“Señor: Hay hombres privilegiados por el cielo para cuyo panegírico es inútil la elocuencia, porque su nombre solo es el mayor elogio. Tal es el héroe que en los fastos gloriosos del Nuevo Mundo ocupará sin disputa el primer lugar al lado del inmortal Washington: Por esta señal inequívoca todo el mundo conocerá que hablamos de aquel general que, contando las victorias por el número de los combates, destrozó el envejecido cetro peninsular en Venezuela, su patria, en Cartagena, Santa Martha, Cundinamarca, Quito y Guayaquil, con las cuales formó la inmensa República de Colombia. Hizo más: se venció a sí mismo, depuso voluntario su espada triunfante a los pies de los padres de la patria que reuniera para constituirla y se constituyó su primer súbdito, rehusando con empeño todo mando; de aquél hablamos que reasumiéndolo por obediencia, sin ficción, está ahora triunfando en el país de los incas, de las últimas esperanzas de la soberbia española; de aquél hablamos, en fin, a quien las Repúblicas de la América Meridional unas tras otras, han nombrado sin miedo su dictador, porque el cúmulo eminente de sus virtudes aleja toda sospecha de abuso y despotismo. Tal es el excelentísimo señor don Simón Bolívar, Presidente de la República de Colombia, Gobernador Supremo del Perú, llamado con razón El Libertador, admiración de la Europa y gloria de la América entera.”

A lo largo de su discurso, la parlamentaria, repasó las hazañas heroicas del padre de la Patria, así como referencias de su visión de libertad, soberanía y unidad latinoamericana que influyó a tantos héroes y heroínas dentro y fuera de nuestras fronteras.

En este mismo orden de ideas, comparó como los mismos calificativos y señalamientos realizados en contra de Bolívar, fueron impuestos al comandante, y máximo líder de la revolución bolivariana, Hugo Chávez y más recientemente al presidente Nicolás Maduro quienes al igual que El Libertador abogaban en pro de los pueblos y su derecho a la autodeterminación

“El pueblo en la noche cuando nadie lo mira, llega hasta la estatua del hombre a caballo, lo desmonta y se lo lleva para su casa, ¡no lo olviden!”  exclamó la diputada quien tras citar al poeta Andrés Eloy Blanco dijo:

«Hoy Gracias a Dios, a Hugo Chávez y al valiente pueblo de Venezuela, podemos decir, para regocijo del poeta de esta Caracas revolucionaria, que hemos hecho al Bolívar de pan para vencer la guerra de hambre que pretendieron imponernos, qué hemos hecho al Bolívar de cristal para mirarnos en él y reproducirnos hoy en el siglo XXI, en su ejército popular de hombres y mujeres libres que no dejaremos, bajo ninguna circunstancia, que nos arrebaten de nuevo sus banderas de justicia y de soberanía; con respecto a nuestro Bolívar de aire todavía recorre tierras y levanta corazones en esta región de la unión sudamericana».

Chávez

OPINIÓN | Hacia un nuevo Socialismo

Tania Valentina Díaz 

Vicepresidenta de Formación e Ideología del PSUV 

Rectora de LAUICOM

Suele presentarse a Hugo Chávez como una importante figura contemporánea de la historia política latinoamericana, pero en absoluto como un teórico de la nueva praxis revolucionaria mundial. Tal déficit sobre su legado revolucionario ha resultado en una subestimación de la transformación que produjo hasta un borramiento de la misma.

Chávez nos recordaba que para hacer la historia grande que necesitamos, tenemos que comprender primero el pasado épico del cual procedemos. Recuperar las raíces de la venezolanidad y de nuestra latinoamericanidad fue siempre un elemento vertebral de toda la nueva política a la que nos convocaba y convoca siempre.

Hugo Chávez tenía consciencia de que su palabra (con)ductora tendría un uso para el tiempo presente y coyuntural, y quedaría como faro para la nueva praxis utópica. Por ello dio literalmente cátedra de cómo, gustosamente, vivir una vida consagrada a la política comprendiendo todas sus dimensiones sociales y comunitarias, éticas y estéticas, épicas y poéticas, lúdicas y eróticas, políticas y geopolíticas.

Formar un ejército de mentes, corazones y voluntades

Desde El Libro Azul (1981), en sus tiempos de cadete, Hugo Chávez advertía que no se podría confrontar un sistemático proceso civilizatorio para la producción y reproducción de la dominación política, la explotación económica, la vejación cultural y el matricidio de la madre tierra sin profundizar en un nuevo modelo civilizatorio que permitiera la producción y reproducción de una vuelta a la vida en comunidad. Tal reflexión del Libro del Libro Azul la enmarca en la metáfora de Las Tres Raíces: raíces nutricias de una nueva utopía emancipadora, pero emergida de un contenido histórico revolucionario mestizo/ cimarrón y asimismo nacional/ raizal. Latinoamericano.

En primer término, postula una raíz epistemológica capaz de producir las rupturas cismáticas necesarias para alumbrar una nueva forma de vida.

La alternativa de salida al laberinto de la sociedad capitalista neoliberal la encuentra, entre otros, en la utopía contenida en la praxis de la emancipación de la América Meridional del reino de España, comandada por Simón Bolívar y en particular en “Sociedades Americanas”, manuscrito publicado en 1828 por Simón Rodríguez: Toparquía

Para Chávez, la escapatoria del presente ominoso engendrado por la sociedad del capital de finales del siglo XX está en la redención contenida en nuestra especificidad civilizatoria, nuestra originalidad histórica y nuestra voluntad emancipadora radical.

De toda la vasta obra de don Simón Rodríguez, rescata esta reflexión epistemológica radical, no por casualidad enunciada desde un sujeto plural, un nosotros que busca fundar una nueva comunidad de sentido y de vida:

“¿Dónde iremos a buscar modelos?

La América española es original; originales han de ser

sus instituciones y su gobierno,

y originales los medios de fundar uno y otro.

O inventamos, o erramos.

La América no debe imitar servilmente,

sino ser original.”

Como segundo epígrafe que enmarca todo el proyecto descolonizador intuido por Hugo Chávez tenemos una musculosa frase en la que Simón Bolívar produce la definición misma de una nueva pedagógica descolonial:

“Usted formó mi corazón para la libertad,

para la justicia, para lo grande,

para lo hermoso.

Yo he seguido el sendero

que usted me señaló…”

Formar o forjar el corazón de un hombre o un pueblo es mucho más radical que meramente producir una razón científica, política y filosófica, o instaurar un nuevo orden social o económico. Formar y forjar un corazón (emocionalidad) para la libertad (la política), para la justicia (la ética), para lo grande (la épica) y para lo hermoso (la estética) constituye la definición misma de una nueva pedagógica de y para la liberación.

Hugo Chávez al definir el árbol de las tres raíces como el manifiesto fundador del Sistema EBR (Ejército Bolivariano Revolucionario) rescata la teoría pedagógica revolucionaria que es el acrónimo en clave de Ezequiel Zamora, Simón Bolívar y Simón Rodríguez.

Ezequiel Zamora enuncia que la causa pendiente es la de los pueblos, la de la república genuina, la del heroísmo y la de los principios. Y al ser citada por Hugo Chávez como introito de El Libro Azul —que es acta de nacimiento del ulterior MBR-200.

A partir de una lectura atenta de Simón Rodríguez, Simón Bolívar y de Ezequiel Zamora, entre otros, Chávez hila un contenido teórico/político hasta componer la justificación ética y política de una necesaria insurrección en Venezuela (1992) que con los años habrá de convertirse en latencia de insurrección de otros pueblos de Nuestra América.

Con su insurgencia en la arena política nacional, el joven oficial paracaidista del ejército enmendó la plana a casi toda la clase política e intelectual existente para la época en Venezuela y otras partes del mundo. Y la sacó del hechizo de una sociedad sin alternativas que esta “vanguardia” supuestamente ilustrada había adoptado de la filosofía y la cultura postmoderna, según la cual la historia no era sino un mero relato del todo despojado de poder para explicar el presente o proyectar el futuro. Esta ruptura epistemológica es creación heroica para la teoría revolucionaria de una transición el socialismo, tanto para el siglo XX como para el siglo XXI.

El pensamiento de Chávez es pensamiento vivo. Es un “sentipensar” que crece y se desarrolla en la medida en que la conciencia de los pueblos también crece y se afianza. De esta forma se hizo el pasaje de una agenda antineoliberal y un discurso de la recuperación de la moral pública hacia una agenda mucho más radical: la del discurso del antiimperialismo y el anticolonialismo consecuente, que le abrió el tránsito al proyecto del socialismo del siglo XXI, un socialismo signado por el nuevo concepto del vivir-viviendo.

Tras la partida física de Chávez, Venezuela se encuentra en el centro de la “narrativa gris” imperialista que intenta por todos los medios aniquilar el proyecto bolivariano chavista. Borrar su impronta. Desacreditar sus conquistas. Exterminarlo de raíz y lograr, como pretendieron hacer las oligarquías del siglo XVIII con Bolívar, echarlo al olvido de la vergüenza.

“No pudieron contigo, Comandante.

No podrán con nosotros jamás.

Has roto el maleficio de la traición”,

decretó el Presidente Nicolas Maduro Moros al despedir en el féretro al Comandante Hugo Chávez”.

Venezuela no traicionará a Chávez porque sería traicionar su esencia misma. Sería desconocerse. Su capacidad de resiliencia se ha convertido en ejemplo díscolo a contrapelo de las pretensiones de la potencia hegemónica y ha tenido como su principal victoria la paz. Solo los que conocen la guerra – y mira que hemos visto sus horribles fauces asomarse en nuestras costas, ríos y montañas- saben justipreciar el significado de la paz. Este ha sido uno de los grandes triunfos de la República Bolivariana de Venezuela, qué seguirá su curso rumbo al socialismo, superando el criminal y brutal asedio, cerco y bloqueo que impone esta guerra irrestricta que nos imponen las elites que mueven los nervios del poder en el mundo.

buen-abad

Hacia una Dialéctica de la Calidad Académica

Fernando Buen Abad Domínguez

No hay definición correcta de “Calidad Académica” sin una definición precisa, con problematización diferenciada, de las necesidades, endógenas y exógenas, a que responde. Su extensión, profundidad, y antigüedad. En un sentido, no único, educar es también reparar un daño. La mejor vacuna del mundo es inútil si se aplica a la enfermedad equivocada e incluso puede ser contraproducente y letal. Necesitamos la democratización y politización de la producción académica bajo una democracia participativa en la producción, reproducción y distribución social del conocimiento. Dinamizar la relación dialéctica científica entre teoría y práctica con práctica y teoría.

Las necesidades sociales, que poseen una diversidad enorme de causas e identidades, son seres sociales vivos, que nacen, se reproducen y extinguen según el grado de desarrollo colectivo y según el cúmulo de “puntos de no retorno” planificados para asegurar status civilizatorio a una colectividad. Porque ha sido un “cáncer” histórico muy doloroso y costoso inventar, imponer y aceptar las necesidades de minorías que se imponen a las mayorías para que las “resuelvan” esclavizándose. La libertad es conciencia de las necesidades.

La “Calidad Académica” ni se tiene para siempre… ni se detiene en los laureles coyunturales de las burocracias. Hay que poner a salvo a la “Calidad Académica” (o “Excelencia” le llaman algunos) de todas las emboscadas ideadas para falsificarla, camuflarla o mercantilizarla sacándola de su naturaleza social y política como derecho humano. Aquí la crítica al modelo capitalista de “mercantilismo educativo”, distingue a las iniciativas honestas que, sin presupuestos gubernamentales, desarrollan estrategias de financiamiento sin fines de lucro. No hay gran descubrimiento al afirmar que muchas iniciativas educativas, basadas en compromisos verificables de “calidad académica”, superan críticamente, en forma y contenido, las ofertas “oficiales” e incluso amplían los márgenes del conocimiento con mayor libertad y velocidad que los aparatos educativos estatales. Pero todo eso debe evaluarse y problematizarse contrastándolo con la dialéctica de las necesidades y sus satisfactores. Sin trampas.

Merece revisión y actualización, al calce, el conjunto terminológico que suele emplearse cuando se dirimen los antecedentes, la situación actual y las perspectivas de la “Calidad Académica”, sus ejes teórico-metodológicos predominantes y la relación dialéctica entre la teoría y la práctica de su desarrollo. Merecerá también un esfuerzo de re-semantización histórica el vocabulario que aquí se propone hacia una otra concepción y aplicación emancipada y emancipadora de la “Calidad Académica”.

Todo proceso que alcanza (en un momento histórico concreto) el máximo desarrollo (desigual, combinado y dinámico) de sus componentes, fija para sí y para sus entornos, parámetros y paradigmas de calidad que, en condiciones idóneas deberían impedir retrocesos o pérdidas en su totalidad o en sus partes. Y si tal máximo desarrollo es académico (es decir del conjunto de conocimientos alcanzados por una comunidad de enseñanza y aprendizaje, entonces la Calidad adquiere, además, valor estratégico para el desarrollo de la comunidad. Por eso la “Calidad Académica” es irreductible a los planos de las posesiones privadas, con fines de comercialización o de usufructo sectario. Es una relación o reducción aberrante por definición.

Todo está íntimamente relacionado de maneras diversas; todo está en movimiento constante y diferenciado; todo es materia resuelta bajo infinidad de formas. Todo está imbricado con el papel de la especie humana sus aportes, sus atrasos, desigualdades y conquistas. Así de compleja y rica es la naturaleza toda incluyendo a la humana y así de compleja, y comprensiva, debe ser la metodología para el conocimiento y el conocimiento para la metodología. Una de las cualidades más subyugantes del conocimiento es su dinámica incesante. Su velocidad diferencial y su luminosidad especial que no sólo aclara dónde se posa, sino que contagia otras luces en zonas inimaginables. Es una forma exponencial del crecimiento humano y por eso exige rigurosidad moral y ética en sus medios, modos y relaciones de producción y distribución.

Nuestra idea de “Calidad Académica” supone relaciones de conocimiento consensuadas. Estudiantes, docentes, investigadores, administradores… todos deberían participar de una comunidad científica para la dialéctica de las necesidades académicas y actualizarse permanentemente con una agenda consensuada también periódicamente. Nada debería ocurrir en los procesos del conocimiento, en su economía política, sin comprensión e intervención en los contextos económicos, históricos y políticos, sus necesidades y satisfactores consensuados por la participación directa de las comunicadas, reales o potenciales.

En ese marco, provisional, de referencias es necesaria una producción abierta de programas-protocolo integrales capaces de sistematizar tareas y evitar las “curriculas” o “pensum” de antojo. Semejantes protocolos han de ser, en su calidad y cantidad, mapas dinámicos con las rutas para la producción social del conocimiento con sus diversidades y sus límites. para la resolución de los problemas que agobien a los pueblos.

En materia de comunicación la problemática es también muy amplia, dinámica y diversa. Es un problema severo el plan de dominación ideológica imperial y es un problema de igual envergadura, el despliegue de la guerra mediática que además de concentración monopólica de medios, exhibe una dependencia tecnológica asfixiante ante pueblos que necesitan, por su diversidad cultural, herramientas de comunicación social emancipadas y emancipadoras.

Adicionalmente, es un problema serio el déficit de producción teórico-metodológica emancipadora, ajustada a las necesidades concretas de las coyunturas y de la humanidad toda. Necesitamos calidad académica extremadamente fiel y extremadamente dinámica en la tarea de resolver los problemas mundiales y locales de la comunicación tal como lo vio, en 1980, la comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de la Comunicación que en su “Informe MacBride” exige: “Un Nuevo Orden Mundial de la Comunicación y la Información” para “Un solo Mundo con Voces Múltiples”. Estamos lejos de eso, por ahora.

encarte

27 de febrero: Día Nacional de la Insurgencia Popular

Por Alí Ramón Rojas Olaya

El Guarenazo

27 de febrero de 1989: 34 años de “El Caracazo” - Ministerio de Desarrollo Minero Ecológico

En los albores de los años noventa conocí a una mujer llamada Joaquina que me contó una historia ocurrida en Guarenas que me estremeció. Era la noche del 26 de febrero de 1989. Joaquina se debatía entre la desesperanza y el infortunio. El llanto de los hijos y el de ella misma, la intranquilizaban. No habían comido en todo el día. El patrón de la fábrica donde trabaja en La Yaguara la explotaba diariamente de tal forma que, al llegar a su rancho, de ella sólo quedaba un cuerpo exprimido. El hambre carcomía sus entrañas cual alimaña posándose en la pobreza crítica. Esta mujer es la síntesis implacable y auténtica de la gente bella que poblaba la Venezuela que comenzó a desdibujarse con la Cosiata y que parecía haber alcanzado su punto máximo convertida en el pez que fuma. Una Venezuela acostumbrada a padecer, a soportar la tortura eternizada en la demora de un plato de sobras, preñada de niños que atesoraban basura aderezada entre perros.

Ya era de madrugada. Joaquina arrancaba la hojita vieja al almanaque pegado en el clavito de la pared de la cocina. Era 27 de febrero. Se acostó acurrucada porque pensaba en una arepa, un pancito, alguito que comer. Entre una y una y media, los niños dormían junto a su madre. El más pequeño estaba soñando. Sonreía y colocaba los labios como si estuviese succionando. Quizás recordaba la época en que ella lo amamantaba. Los otros dos se levantaban abruptamente: el hambre interrumpía el sueño que, convertido en furia, roía sin piedad el sosiego nocturnal. Joaquina, en su rancho de Guarenas se levantó a las 2 en punto a orinar, luego contempló por unos instantes a sus hijos e intentó sumergirse en el sopor en el que inquietos nadaban sus niños.

Trató de recordar si en algún lugar quedaba una latica de sardinas, algún tomate, un pedacito de pan viejo, algo, y nada, recuerdó por enésima vez que ya había supervisado cuanto recoveco existía. Eran las 4 de la madrugada. Los niños dormían tranquilos porque vencieron el hambre. Ella fue al baño, se vio en el espejo, se echó agua en la cara. Exprimió el dentífrico hasta que logró sacarle un chorrito escuálido. Lo colocó en el cepillo. Lo barrió por sus dientes. Escupió el agua blanquecina. Se puso el pantalón, la blusa, revisó su cartera, besó a sus hijos. En lo que salió, le pidió a la vecina que despertara a los muchachos a las seis para que vayan a la escuela. Lo que no sabía Joaquina es que una noticia terrible la esperaba en la parada de busetas: subieron los precios del pasaje.

El 27 de febrero de 1854

El 27 de febrero de 1854, Simón Rodríguez manda a llamar al cura de Amotape. Sobre esto narra Camilo Gómez: “Don Simón, tan luego lo vio, se incorporó en la cama, hizo que el cura se acomodara en la única silla que había, y comenzó a hablar algo así como una disertación materialista. Recuerdo que manifestaba al cura que no tenía más religión que la que había jurado en el Monte Sacro con su discípulo”. El día siguiente, Simón Rodríguez parte a la inmortalidad poco después de las once de la noche. El acta de defunción dice: “Año del Señor de mil ochocientos cincuenta y cuatro, a primero de marzo, yo don Santiago Sánchez, presbítero, cura propio de la parroquia de San Nicolás de Amotape: en su santa iglesia di sepultura eclesiástica al cuerpo difunto de don Simón Rodríguez, casta de español, como de edad de noventa años al parecer, el que se confesó en su entero conocimiento y dijo, fue casado dos veces y que era hijo de Caracas, y la última mujer finada se llamó Manuela Gómez, hija de Bolivia, y que sólo dejaba un hijo que se llama José Rodríguez; éste recibió todos los santos sacramentos y se enterró de mayor”.

El 27 de febrero de 1989

El martes 4 de febrero de 1992, el pueblo conoció al comandante Chávez como parte de un grupo de militares y civiles que ejecutó un intento de golpe de Estado en Venezuela contra el entonces presidente constitucional Carlos Andrés Pérez quien había lanzado por órdenes del Fondo Monetario Internacional el programa económico de Miguel Rodríguez, su jefe de Cordiplan y presidente del BCV. Ese economista, después de hacer una maestría en la Universidad de Yale y doctorarse en la Universidad de Harvard, regresó en 1985 para trabajar en el Instituto de Estudios Superiores de Administración (Iesa). Publicó el artículo “Mitos y realidades del endeudamiento externo de Venezuela”, que lo catapultó como hombre clave.

Ese “genio de la economía” escribió el programa “El gran viraje”, en el que hilvanó una serie de ajustes económicos neoliberales para refinanciar la deuda externa. Los resultados los vaticinó Simón Rodríguez: “El hambre convierte los crímenes en actos de virtud”. El 27 de febrero de 1989 se inició en Guarenas lo que conocemos como el Caracazo, que arrojó más de tres mil muertos. Tras esa traba popular, Pérez lo conmina a reajustarlo. Las secuelas nos las facilita Hernán Méndez Castellano, de Fundacredesa. Para 1993, 1,07% de la población vivía en la opulencia (cuatro mil familias) y 7,09% vivía en relativo confort (15 mil familias). La clase media venezolana se redujo a 13,6%. 37,6% conformaban la clase obrera (cerca de siete millones). 40,64% (ocho millones) era marginal. Para 1995, de 21.332.515 habitantes, 81,58% se hallaba en situación de pobreza, de la cual 41,75%, es decir, más de nueve millones padecían miseria, entre ellos unos cuatro millones de niños sin hogar o escuela o con severos cuadros de desnutrición.

Detrás de cada número se esconde un dolor. Miguel Rodríguez había logrado el objetivo de su paquete: enriquecer más a la oligarquía.

Paredes para Rodríguez

El golpe no tuvo éxito. El comandante Chávez se hizo responsable y cual Libertador del Siglo XXI, el 4 de febrero de 1992 encarnó a toda la gente que va con la esperanza en la mano.

El 28 de febrero de 2021 tuve la fortuna de ser entrevistado por la profesora Cristina González en el programa Esto es lo que hay que transmite el canal informativo de la Radio Nacional de Venezuela. Nos llovieron comentarios desde Nápoles, Panamá, Valle Guanape y demás geografías. Cristina tuvo una idea formidable: llenar de máximas rodrigueanas las paredes de Venezuela.

Su vigencia es indiscutible: En 1828 dice: “Bueno es que el hombre tenga, pero primero pan que otra cosa”. En 1834 hace un análisis de su tiempo: “En el país de la abundancia ha llegado a hacerse sentir la escasez”. Rodríguez crea la Educación Popular bajo dos premisas: dedicación a ejercicios útiles y aspiración fundada a la propiedad. La primera es “instruir, y acostumbrar al trabajo, para hacer hombres útiles”. Para la segunda premisa se hacía necesario “asignarles tierras y auxiliarlos en su establecimiento”.

¿Se imaginan qué bueno sería leer en las paredes frases como: “La enfermedad del siglo es una sed insaciable de riqueza”, “El bien común es económico y no hay más que un bien común”, “Dejémosle a nuestros hijos luces en lugar de caudales”, “La ignorancia es más de temer que la pobreza” y “Vinimos al mundo a entreayudarnos, no a entredestruirnos?

Después del 4 de febrero de 1992, el comandante Chávez no hizo otra cosa que enseñarle al pueblo quién es Simón Rodríguez y emprender la tarea del rodrigueano Kléber Ramírez Rojas, su maestro y líder insurreccional, “producir alimentos, ciencia y dignidad” y construir para el pueblo caminos de libertad, justicia, grandeza y hermosura.

Desde esta tribuna, proponemos que el 27 de febrero sea declarado Día Nacional de la Insurgencia Popular.

1676897726831276105xg

La Guerra Federal (1859-1863)

Por Alí Ramón Rojas Olaya

El 20 de febrero de 1859, el comandante Tirso Salaverría de oficio zapatero, al frente de cuarenta voluntarios, al grito de “federación” ocupa el cuartel de Coro, conocido como la Casa del Parque, hoy calle Palmasola, apoderándose de unos 900 fusiles y gran cantidad de pólvora. Comenzaba así la Guerra Federal, también conocida como “Guerra Larga” o “La Guerra de los 5 Años”. Al día siguiente, el coronel proclamó ante el pueblo:

“Otra vez la centralización del poder contra el querer de los pueblos paladinamente manifestado; otra vez el dejar sometida la suerte del país a la voluntad de un hombre y su partido, otra vez el abrir anchuroso campo para perpetuarse en el poder público, con ultraje de los principios preconizado en esta misma Carta Central. Por fin los abusos consecuentes a tan funesto orden de cosas; por fin las escandalosas infidencias del Jefe provisional de Estado, tantas veces falaz y perjuro cuantas bajo la religión del juramento ha protestado desprendimiento, abnegación y patriotismo; por fin las injusticias y arbitrariedades de sus agentes de las provincias, siempre garantizados con la impunidad, han rebosado la copa de nuestra indignación y roto los dique del sufrimiento para realizar un pensamiento ídolo de nuestro corazón, y que la prudencia nos había obligado hasta ahora a mantener en el terreno de la opinión. Este pensamiento mágico, generador; ese símbolo de fe política de todos los venezolanos; ese refugio salvador, único que el cielo nos depara en la desdichada tormenta que las pasiones azuzadas, por los desmanes de un poder arbitrario, ha descargado sobre nosotros, es la reorganización de Venezuela en República eminentemente Federal… No temáis. La Federación es el gobierno de todos. La Federación es el gobierno de los libres, y Venezuela obtendrá el lauro de la Federación”.

Tirso Salaverría aguarda a Zamora, quien llegará dos días después desde Curazao para tomar el mando del ejército popular, integrado por hombres y mujeres indígenas, negros libres y campesinos pobres.

Los conservadores habían vuelto a gobernar el país desde el 1° de agosto de 1859, encargando de la Presidencia al diplomático Pedro Gual. Habían desplazado del poder a Julián Castro, quien había entrado a Caracas sin encontrar resistencia de Monagas en 1858 cuando se refugió en la legación francesa. Castro intentó crear un gobierno de fusión de la oligarquía fracturada desde hacía dos décadas antes. Pero, pronto esa fusión se deshizo por la investigación que se les siguió a funcionarios públicos acusados de peculado y por la firma del Protocolo de Urrutia.

Este documento firmado por Wenceslao Urrutia, Ministro de Relaciones Exteriores, con los representantes diplomáticos de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Brasil, España y Países Bajos en Caracas, el 26 de marzo de 1858, en el que se acordó no someter a juicio a José Tadeo Monagas y permitirle salir con su familia del país.

El gobierno resolvió no acatar el Protocolo, y ordenó que Monagas se pusiera a disposición de las autoridades venezolanas. Pero esto ocasionó una protesta del cuerpo diplomático y el envío de buques de guerra franceses e ingleses a los puertos venezolanos. Urrutia renunció y fue sustituido por Fermín Toro, quien consiguió la autorización para que Monagas saliera expulsado del país sin sus grados militares.

Zamora es raíz de la revolución bolivariana, porque para él “la propiedad es un robo cuando no es consecuencia del trabajo”. Sobre esto explica: “…no es lo mismo la propiedad del Marqués de Pumar que las propiedades de los vegueros de El Totumal…”. Para Zamora, “La tierra no es de nadie, es de todos en uso y costumbres, y, además, antes de la llegada de los españoles la tierra era común, como lo es el aire, el agua y el sol”, por eso debemos secuestrar “los bienes de los ricos porque con ellos hacen la guerra al pueblo”.

Zamora es claro: “Venezuela no será patrimonio de ninguna familia ni persona”. Su propuesta es un país en el que “No haya pobres ni ricos, ni esclavos ni dueños, ni poderosos ni desdeñados, sino hermanos que sin descender la frente se traten bis a bis, de quien a quien”. Para ello comandó un importante movimiento militar insurgente en contra de la élite antibolivariana que había instaurado en 1830 en Venezuela la Cuarta República.

El 10 de diciembre de 1859, Ezequiel Zamora derrota al enemigo. El método empleado por Zamora en la batalla de Santa Inés fue la guerra de guerrillas que consistía en un ejército de campesinos (por esto usaba sobre su sombrero de cogollo el quepis militar) y su plan era un ingenioso sistema de trincheras que ofrecerían bravía, pero efímera resistencia a los soldados conservadores, con la finalidad de hacerles creer que tendrían una fácil victoria y así conducirlos a una trampa mortal en Santa Inés.

El 10 de enero de 1860 a Ezequiel Zamora lo asesina una bala dirigida por el sargento Morón, guiado por órdenes de Juan Crisóstomo Falcón y Antonio Guzmán Blanco. El periodista e historiador Juan Vicente González, en rastrera posición de intelectual al servicio de la oligarquía, escribió en El Heraldo “bendita sea la bala, bendita sea la mano que la dirigió y acabó con el monstruo”.

Como consecuencia de la Guerra Federal y después de algunas conversaciones entre Antonio Guzmán Blanco, secretario del general Falcón, y Pedro José Rojas, representante de José Antonio Páez, redactaron un acuerdo que firmaron el 24 de abril de 1863, en la hacienda Coche, al sur de Caracas. Con el Tratado de Coche cesó la guerra. La victoria de los federalistas resultó del desgaste sufrido por las tropas enemigas del campesinado en armas.

Para el historiador carupanero José Luis Salcedo Bastardo: “La Guerra Federal repite las promesas muy conocidas por los míseros olvidados y con sus llamaradas alumbra ilusiones desvaídas; estremece a la sociedad venezolana, pero es como el parto de los montes, tampoco llega a la médula económica. De nuevo el único cambio perceptible es el de algunas individualidades. Los soldados quieren tierras, justicia y democracia; las aspiraciones tanto de los rebeldes como de los gobiernistas son las mismas; la antítesis existe entre todos ellos y los dirigentes; los cabecillas de uno y otro lado demuestran a la larga que sólo se distinguen por las posiciones que ocupan. Al término de la guerra, una inyección de sangre proletaria -caudillos del ‘liberalismo’- rejuvenece a la escuálida oligarquía que antes se soñó liquidar. La más completa ruina es el resultado real de la guerra traicionada…”.

Después del fin de estos cinco años, toma el poder el traidor de turno, cuñado de Zamora y uno de sus asesinos intelectuales: Juan Crisóstomo Falcón, hipotecando nuevamente la esperanza popular.

Ante tantas traiciones siempre hay una estirpe de combatientes que retoma la bandera bolivariana. Así es como surgen de la vasta dignidad de la Patria, además de Ezequiel Zamora y Tirso Salaverría, hombres y mujeres, civiles y militares, como: Maisanta, Argimiro Gabaldón, Olga Luzardo, Fabricio Ojeda, María León, Epifania Sánchez, Sergio Rodríguez, Juan Vicente Cabeza, Juan Carlos Parisca, Ángel Suzzarini, Luis Antonio Bigott, Hugo Trejo, Manuel Ponte Rodríguez, Livia Gouverneur, Kléber Ramírez Rojas, Lina Ron, Carlos Escarrá, William Lara, Alexis González Revette, Eliézer Otaiza, Valentín Santana, Diosdado Cabello, Hugo Chávez y Nicolás Maduro Moros. Ellas y ellos, y muchísimos más combatientes, tienen conciencia de la máxima de Simón Rodríguez: “en América del Sur las repúblicas están establecidas, pero no fundadas”. ¡Pues, ha llegado la hora de fundarlas!

Diseño sin título

María Corina Machado y la traición a la patria

Atilio Borón

Existe un gesto que habla a las claras de que la senilidad no es sólo un problema del presidente Joe Biden sino del imperio en su conjunto. El Gobierno de Estados Unidos anunció días atrás nuevas sanciones en contra de su homólogo venezolano tras la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de ratificar la inhabilitación que pesaba en contra de la señora María Corina Machado para presentarse como candidata en las próximas elecciones presidenciales.

Bastó que la noticia fuera conocida para que de inmediato la cloaca mediática, esa que silencia por completo el genocidio en curso en Gaza o las matanzas de Dina Boluarte en el Perú, sacudiera su molicie y comenzara a lanzar todo tipo de acusaciones infamantes en contra del Gobierno bolivariano. “¡Proscripción, exclusión, persecución!” vociferan a los cuatro vientos alentados desde Washington. Lo que estos voceros neocoloniales no dicen es que María Corina Machada está siendo juzgada por una legislación que es prácticamente un calco de la estadounidense. Según ésta, condensada en el 18 U.S. Code § 2381 se establece que “Quien, debiendo lealtad a los Estados Unidos, se levante en armas en contra del Gobierno de Estados Unidos y/ sus fuerzas armadas; o se adhiera a sus enemigos, prestándoles ayuda y consuelo dentro de los Estados Unidos o en cualquier otro lugar y ofrezca apoyo financiero, logístico o de cualquier otra forma a un país u organización en guerra con los Estados Unidos. Quien incurra en este delito será acusado de traición y sufrirá la pena de muerte, o prisión y multa, e inhabilitación para ejercer cualquier cargo en los Estados Unidos”.

Según la jurisprudencia estadounidense el delito queda probado cuando alguien cometió un acto manifiesto en contra del Gobierno de Estados Unidos (una guerra, ayudar a un Gobierno u organización enemiga, etcétera) y participó en cualquier forma de rebelión o conspiración sediciosa en contra del mismo.

Dicho lo anterior, es más que evidente que si la señora Machado hubiese sido ciudadana de Estados Unidos y hubiese actuado como lo ha venido haciendo en Venezuela desde hace unos veinte años, habría sido detenida, procesada y condenada por las autoridades norteamericanas. Machado se entrevistó públicamente con al menos un presidente de Estados Unidos, George W. Bush (hijo), que la recibió nada menos que en la Oficina Oval el 31 de mayo del 2005 en una reunión a solas que no fue sólo protocolar debido a que se extendió por poco más de 50 minutos. Se supone que el tema de la conversación fue solicitar ayuda para derrocar al gobierno constitucional del presidente Hugo Chávez Frías en vísperas de la crucial Cumbre de las Américas que debía reunirse en noviembre de ese año en donde la Casa Blanca esperaba la aprobación del ALCA.

Acabar con el carismático liderazgo de Chávez era decisivo para el éxito de estos malignos designios. Y allí estuvo Machado, amén de infinidad de reuniones que mantuvo con otros personeros de las primeras líneas de sucesivas administraciones norteamericanas, buscando la forma de lograr ese objetivo.

En marzo del 2014, en coincidencia con la primera de las sangrientas “guarimbas” organizadas por la derecha venezolana, Machado aparece en la escena internacional como insólita “embajadora alterna” de Panamá en la sesión del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos, utilizando esa tribuna para atacar al Gobierno del presidente Nicolás Maduro. Machado era por entonces diputada a la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, y en un grosero acto de traición a la patria solicitó abiertamente ante el Consejo Permanente de la OEA que dicha organización dispusiera una intervención militar extranjera para derrocar al presidente Nicolás Maduro. Todo esto mientras los hampones de las guarimbas asesinaban indiscriminadamente a quienquiera que tuviese apariencia de ser chavista, en no pocos casos quemados vivos. Cabe recordar que en 2017 volvieron a surgir las guarimbas contando con todo el apoyo de la derecha venezolana y sus mandantes estadounidenses, sin que Machado condenase en lo más mínimo sus aberrantes crímenes contra la población. Todo lo contrario, a lo largo de estos años no cesó de solicitar la intervención de fuerzas extranjeras para poner fin al Gobierno legítimo de su país.

No puede olvidarse que a lo largo de tantos años esta “patriótica” lideresa venezolana abogó incansablemente ante los Gobiernos de Estados Unidos y de la Unión Europea para que se impusieran duras sanciones económicas y de todo tipo a la República Bolivariana de Venezuela. En la actualidad ese país es víctima de 930 medidas coercitivas unilaterales (MCI) que han afectado todas las áreas de la actividad económica y provocando graves penurias al conjunto de la población venezolana. En suma, estamos ante un claro caso de traición a la patria que ha sido tratado con sorprendente benignidad por el Gobierno chavista. En 2005 Machado fue juzgada por su firma del “decreto Carmona” que convalidó el Golpe de Estado en Venezuela el 10 de Abril del 2002. También fue juzgada por conspiración debido a que una ONG por ella creada y dirigida, recibió un subsidio de 53 mil dólares del Fondo Nacional para la Democracia, financiado por el Congreso de los Estados Unidos. Por ambos cargos fue condenada a 28 años de prisión, pero fue amnistiada por el entonces presidente Hugo Chávez. En ningún otro país Machado podría haber seguido haciendo política como lo ha hecho en Venezuela hasta el día de hoy. En la mayoría de los países europeos habría sido puesta en prisión cumpliendo largas sentencias, y lo mismo habría ocurrido en Argentina, Brasil, Chile, México, Perú o cualquier otro país de la región.

Por otra parte, hay que recordar que no fueron sólo palabras. Su ataque en contra de su propio país tuvo efectos concretos que produjeron grandes daños. No puede soslayarse el hecho de que María Corina Machado y el “autoproclamado presidente” Juan Guaidó entregaran a manos extranjeras empresas y activos del pueblo venezolano como: CITGO, en los Estados Unidos; Monómeros, la mayor fabricante de fertilizantes, en Colombia; ambos personajes fueron además cómplices del secuestro de 31 toneladas de oro por parte del Reino Unido valuados en casi dos mil millones de dólares y también del bloqueo de activos financieros dispuesto por Washington y sus lacayos europeos. Cálculos conservadores de los perjuicios económicos causados por Machado y Guaidó en contra de la República Bolivariana de Venezuela ascienden a unos 140 mil millones de dólares estadounidenses. Pese a ello reclama impunidad.

Con estos antecedentes a la vista, María Corina Machado ya había sido inhabilitada para ejercer cargos públicos por un lapso de 15 años, a partir del año 2015, según consta en el dictamen de la Contraloría General de la República. Es decir que no hay nada nuevo, pues ya pesan sobre ella 9 años de inhabilitación. No es que ahora se la está condenando. Ya se lo hizo en el 2015, y es cosa juzgada. La decisión tomada y anunciada por el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, no es su inhabilitación, sino simplemente la ratificación de una decisión tomada hace 9 años atrás.

No obstante eso, la derecha y los voceros del imperio la han erigido como una suerte de patriótica Juana de Arco cuando en realidad es una escandalosa agente del imperio y cómplice del criminal saqueo perpetrado en contra de su propio país y una de las más importantes mentoras del plan para derrocar al Gobierno legítimo de Nicolás Maduro, y hacer retrotraer a Venezuela a los nefastos tiempos de la Cuarta República. Ese es el verdadero retrato de la “heroína” o la “combatiente por la libertad” que presentan los medios del imperio y el propio Gobierno de Estados Unidos, que ahora redobla sus sanciones contra el pueblo y el Gobierno de Venezuela

Jorge Luis Recio

Jorge Luis Recio: entre el espanto y la ternura

Por Alí Ramón Rojas Olaya

Jorge Luis Recio París es un fotógrafo, artista plástico, documentalista y activista político venezolano, conocido por su valentía y compromiso con la verdad. Nació en Caracas el 7 de julio de 1962, hijo de un andaluz y una catalana. Estudió Ingeniería Electrónica en la Universidad Simón Bolívar y Filosofía en la Universidad Central de Venezuela. Trabajó en la Biblioteca Nacional, en el Museo de Bellas Artes y en el diario El Universal, como corrector de pruebas. Fue uno de los sobrevivientes del trágico suceso de Puente Llaguno, durante el golpe de Estado de abril de 2002. El jueves 11 de ese mes, dada su militancia y compromiso con la causa social, se asumió fotoperiodista.

Los fotoperiodistas son esos profesionales de la comunicación que tienen la tarea de inmortalizar aquellos acontecimientos importantes y de actualidad. Los sucesos que cubren pueden ser de lo más diversos. Dentro del propio periodismo, hay áreas de especialización, como el fotoperiodismo deportivo, el fotoperiodismo cultural, el fotoperiodismo político, el fotoperiodismo bélico y el fotoperiodismo social.

Trabajan con plazos de entrega muy limitados. Tienen que estar muy pendientes de los acontecimientos, de todo lo que ocurre a su alrededor. De un mismo trabajo pueden sacar cientos de fotografías y es posible que sólo se llegue a publicar una fotografía y a veces ninguna. Es un mundo que exige la actualización continua, el conocimiento de lo que les rodea y la suerte de poder estar en el lugar exacto y justo en el momento preciso.

Los fotoperiodistas que cubren guerras son héroes de la comunicación porque arriesgan sus vidas por la tarea de mostrar la realidad. El 7 de octubre de 2023, fueron asesinados en Gaza: Ibrahim Lafi, Mohammed al-Salihi y Mohammad Jarghoun por ataques del Estados Sionista de Israel. El 10 de octubre, el redactor jefe del medio local Al Khamissa, Saīd al-Tawil, su corresponsal, Hisham al-Nawajha y el fotoperiodista de la agencia palestina Khabar Mohammed Soboh perdieron la vida también por un bombardeo israelí mientras cubrían el conflicto.

La labor de Jorge Luis Recio quedó grabada en el olimpo de los héroes cuando captó con su lente a los francotiradores contratados por la oposición venezolana antibolivariana con la anuencia de la embajada de Estados Unidos en Caracas, el clero y las empresas privadas de comunicación social el 11 de abril de 2002. Ese día, a las 5 de la tarde, en la avenida Baralt una bala lo impactó en su columna vertebral dejándolo parapléjico para siempre, sin el 85% de su movilidad. “Tengo fotografías de policías metropolitanos señalándome, todo el que estuvo allí sabe que había francotiradores, porque las balas caían del cielo, salgo corriendo hacia Puente Llaguno y el disparo viene desde el sur de la avenida Baralt, sabía que tenía un disparo en la columna vertebral”, fue el testimonio de Jorge Recio luego de los hechos acontecidos ese aciago día.

“Se me cae la cámara y mi reacción es recuperarla, las piernas no me respondían, pero no fue una bala perdida la que me dio, yo estoy convencido de que me apuntaron, hay que tener bolas para disparar alguien que sólo está con una cámara en las manos”, dijo en un audiovisual.

“Nunca seré el mismo, es como una pesadilla, aunque me gusta cómo he asumido las cosas y nunca he pensado en matarme, quiero seguir viviendo”, relató el fotógrafo meses después de ser víctima de la violencia que generaron grupos organizados para contribuir a un golpe de Estado en marcha contra el presidente Hugo Chávez.

En una entrevista sobre aquellos acontecimientos, Jorge Recio indicó que le daba una tremenda arrechera verse en una silla de ruedas por las pretensiones de un grupo que quiso imponerse a la fuerza en abril de 2002, por encima de la voluntad del pueblo que había elegido al comandante Chávez como presidente.

Sus registros fotoperiodísticos de ese momento le permitieron asistir, en el año 2022, a la 59a. Bienal de Arte de Venecia, con una muestra de las imágenes tomadas ese día y que daban cuenta del plan orquestado por la oposición, así como otras que formaban parte de su portafolio.

El 11 de abril de 2002, Jorge Luis Recio iba a contracorriente, como un muro, con la antorcha de la premonición iluminando la sospecha, deshaciendo las dudas sobre un alba que prometía volverse ocaso.

Jorge Luis Recio fue víctima del odio de los horrendamente vivos. Estos inficionados le dispararon porque les molestaba que su conciencia heroica vistiera de traje amarillo, azul y rojo, y que en sus manos tuviera un arma más letal que un fusil. Los enemigos de la humanidad le hundieron una bala en su columna movidos por la rabia y el odio pantanoso. El resentimiento de los amos de Occidente es tenso relámpago caído, es blanda presunción del agua, es reo de rocas y maldad. Quisieron tirarlo en el lodazal de la historia, quisieron verlo caído para siempre, pero Jorge Recio, aún herido, los desenmascaró. En sus cámara se estrellaban siglos de hipocresía e ignominia.

El 1° de febrero de 2024, partió a la inmortalidad, a los 62 años, en Barcelona, Cataluña. Jorge Luis Recio ha partido en el ardiente amanecer del mundo para encontrarse con sus colegas palestinos Ibrahim Lafi, Mohammed al-Salihi, Mohammad Jarghoun, Saīd al-Tawil, Hisham al-Nawajha y Khabar Mohammed Soboh. En el infinito éter se ven las señales de quien tocó con dedos jóvenes la grandeza, las del temor, la de la inmensa alegría, las de la todopoderosa verdad. Se ve en el fondo una estrella que Jorge Luis Recio llama esperanza. Nuestro héroe ha partido cuando apenas su mundo, nuestro mundo, amanecía. Emprendió el vuelo con un claro sonreír de alba pura.

Jorge Luis Recio, aquel 11 de abril, un libro quedó abierto al borde de tu columna vertebral, nuestra tarea es leerlo para que no vuelvan jamás los asesinos de Bolívar. Tu pueblo, que hoy es herido con casi mil medidas coercitivas unilaterales, esculpe tu figura en su memoria, ve tus fotografías que hizo al enemigo airar y te honra porque sabe que “entre el espanto y la ternura crece la hiedra en sano juicio con la locura, entre el espanto y la ternura la vida canta una tonada clara y oscura, profana y santa, entre el espanto y la ternura corre la suerte con el abajo y con la altura, con la vida y con la muerte”.

photo_5150387918391585749_y

Movimiento paraguayo Gallos del Sur pide a Lauicom formación en nuevas tecnologías de la comunicación

Ante el éxito que obtenido por la Universidad Internacional de las Comunicaciones, en cuanto a la formación en nuevas tecnologias de la comunicación, integrantes del movimiento paraguayo «Gallos del Sur», solicitaron, ante esta casa de estudios y durante el II Congreso Internaciomal de Comunicación, participar en los programas formativos de la propuesta académica del año 2024.


Fátima Rallo, lideresa del movimiento “Los gallos del Sur” y las “Brigadas Internacionales de Comunicación Solidaria”, del Paraguay, expresó existen en el mundo iniciativas populares de comunicación, y que “cada uno de ellos que nos ratifica una vez más, que nuestro Comandante Hugo Chávez, fue un gran visionario, fue un gran comunicador que lo promovió no solamente Venezuela”.


Para Rallo, Chávez, “partió con esta avanzada de la comunicación popular y quiero proponer, de hecho, ya pedimos a la Lauicom, que pudiéramos tener cursos para los chicos, porque en el Paraguay, muchas de las bibliotecas están en colegios secundarios, ya que el gobierno no pone bibliotecas en las escuelas, entonces nosotros con mucho esfuerzo hemos llevado las bibliotecas Hugo Chávez en varias de ellas, especialmente en los sectores de lucha popular históricamente y de lucha campesina”.


Informó la lideresa paraguaya: “Ahora estamos con la rectora Tania Díaz, hablando la posibilidad de que podamos impartírtele a los chicos, los cursos de manejo avanzado de redes, de talleres de los usos del teléfono, de esas herramientas”.


“En Paraguay el 80% de los medios hegemónicos de comunicación están en manos de una sola persona y el otro 20% está en manos de otra persona, quiere decir que nosotros si no tenemos esta salida por los medios alternativos de comunicación no alcanzamos nada y por eso es que, le agradecemos muchísimo esta oportunidad”. Manifestó.
“En este momento hay compañeros de la biblioteca Hugo Chávez Frías en Paraguay que están viendo este este congreso, están participando desde allá y para ellos, desde ellos también un abrazo fraterno chavista revolucionario para todos y todas”, concluyó Rallo.

Prensa / Lauicom

photo_5150007779426151586_y

Con broches de oro calipso y consciencia fue clausurado II Congreso Internacional de Comunicación

Con una fantástica presentación de danza colectiva al ritmo del calipso, fue clusurado el II Congreso Internacional de Comunicación, celebrado en Caracas durante los días 4 y 5 de diciembre, el cual reunió a más de 400 comunicadores sociales, periodistas, partidos políticos y movimientos sociales de los cinco continentes.


Tania Díaz, periodista, política de larga trayectoria y rectora de la Universidad Internacional de las Comunicaciones, junto a Jorge Drkos, coordinador del Foro de Sao Paulo, y el filósofo mexicano Fernando Buen Abad Domínguez, rector internacional de esta casa de estudios, coincidieron al calificar de muy productivo el encuentro y felicitaron la presencia de los visitantes internacionales, así como la alta calidad de los productos obtenidos.


La presentación de las propuestas construidas en las cuatro mesas de trabajo constituidas durante el II Congreso Internacional de Las Comunicaciones centraron sus debates en “Enseñanzas de la comunicación y comunicación aplicada a las nuevas tecnologías”; “Inclusión, género y juventud en la comunicación”, “Fábrica de contenidos para el relato emancipador”; y Periodismo para la paz”.


La lectura de tres resoluciones finales, que como acto de solidaridad con diversas causas mundiales fueron refrendadas, marcaron pauta para la aprobación unánime del documento final que resolvió entre otras cosas, el compromiso de formación permanente de los movimientos sociales y partidos políticos en temas de comunicación.


Las resoluciones emanadas del trabajo crítico de este colectivo, incorporan la irrestricta solidaridad contra los bloqueos que como estrategia de dominación imponen las potencias a los pueblos en lucha como Cuba y Venezuela entre otros, el rechazo definitivo a todas las formas occidentales de política belicista de baja, mediana o alta intensidad, con fines de sometimiento a la libre determinación de los pueblos, y el secuestro en suelo norteamericano del diplomático venezolano Alex Saab.

Prensa Lauicom / Wilman Verdú

9p4uL

Comunicadores del mundo se solidarizan con Palestina

Comunicadores y comunicadoras de todo el mundo elevaron su voz, desde Caracas Venezuela, para expresar su solidaridad con el pueblo palestino y rechazó las acciones genocidas perpetradas por el Estado de Israel en contra de hombres, mujeres, niños, así como en contra de periodistas quienes muestran al mundo la atrocidad de los actos bélicos por parte de fuerzas israelitas.

A continuación, el texto íntegro de la resolución suscrita durante el II Congreso Internacional de Comunicación:

RESOLUCIÓN ESPECIAL DE SOLIDARIDAD CON PALESTINA

El “II Congreso Internacional de Comunicación”, reunido en la Ciudad de  Caracas, República Bolivariana de Venezuela, entre los días 4 y 5 de diciembre de 2023, aprueba la siguiente Resolución Especial de Solidaridad con Palestina, con bases en las siguientes consideraciones:

El sionismo israelí desarrolla una campaña de exterminio para tomar los territorios palestinos, socavando con ello el sagrado derecho a la independencia y a la integridad territorial de Palestina. Adicionalmente, con el objetivo de acallar la verdad el Estado de Israel ha convertido en objetivo militar a los periodistas que hacen su trabajo en los territorios ocupados. En efecto, numerosos periodistas ya han sido asesinados contando con el silencio cómplice de las grandes empresas de comunicación que apoyan el sionismo israelí.

En este orden de ideas, los delegados y delegadas asistentes a este “II Congreso Internacional de Comunicación”, expresamos nuestra solidaridad con la legítima lucha del pueblo palestino. Igualmente, elevamos nuestra voz de la forma más enérgica frente al genocidio cometido por el sionismo israelí así como el asesinato de periodistas en Palestina en el intento de evitar que el mundo se informe sobre esa violación masiva de derechos humanos.

Dado en Caracas , Venezuela a los 5 días del mes de diciembre de 2023.

WhatsApp Image 2023-12-04 at 7.09.45 PM

Movimientos sociales y partidos políticos de la región se reúnen en Caracas para Congreso Internacional de Comunicación

Más de 400 lideres, intelectuales, académicos, mujeres y luchadores populares de diversos países, partidos políticos y movimientos sociales se concentran en Caracas para la realización del II Congreso Internacional de Comunicación, con el fin de reinventar nuevas formas de enfrentar los fenómenos comunicacionales hegemónicos de dominación imperantes.

Agustín Oxotorena, invitado del País Vasco, expresó su posición sobre los objetivos que juntan a más 400 personas vinculadas a las ciencias y las artes de la comunicación con sentido crítico de la creación de contenidos y semiótica del mensaje.

Oxotorena dijo en referencia a cómo comprender la relación que deben construir los pueblos que luchan por liberarse, y entender que todos estamos expuestos a ser condicionados por la estética imperialista del mensaje, que “en otros momentos de mi vida tuve una trayectoria impresionante de la cual pude desaprender”.

Prensa Lauicom / Wilman Verdú

Fernando Buen Abad Domínguez

En Tren de Saber – Universidad Nacional de Lanús

Sépase -por si no se sabe- que alguien una vez, con todas las fuerzas de su imaginación, de su voluntad y de sus convicciones se puso a rescatar los viejos edificios ferroviarios que el neoliberalismo convirtió en basura para instalar en ellos, renovados, una Universidad a “todo tren”. Ocurrió con la dirección de Ana Jaramillo en Lanús, provincia de Buenos Aires, Argentina. Sépase.

En Tren de Saber - Universidad Nacional de Lanús

Sépase, también, que aquello que fue un muladar humillante contra el pueblo argentino es hoy un viaje sin retorno a la dignidad con paradas planificadas en todas las categorías del conocimiento para dirigirse a la resolución de los problemas sociales en orden de importancia. Y nadie se baja. Están ahí los andenes convertidos en aulas, talleres y galerías de arte permanente. Están ahí las otrora oficinas transformadas en centros de investigación y están las vías simbolizando el trayecto de mil tareas políticas dispuestas a revolucionar la educación, sus instituciones y su servicio patriótico. Está pues todo dispuesto para un viaje extraordinario a las mil “ciudades del conocimiento”. Están los valores sociales convertidos en prestigio académico.

Es un predio enorme rescatado y resucitado del abandono privatizador ignominioso. Es un terreno inspirador y atrapante por donde transita gente buena en todos los sentidos. Van y vienen los que estudian, los que enseñan, los que auxilian, los que divulgan, los que pasean y los que, sólo porque sí, van de anden en anden saboreando el aire de victoria que se respira en este logro universitario público, laico, plural, gratuito y cercano. Los edificios portan los nombres de los grandes pensadores argentinos, los parques son plazas dedicadas a la memoria, a la verdad y a la justicia. No hay rincón que no recuerde a la “Patria Grande” porque este espacio del saber dinámico se ha vuelto casa de miles de estudiantes, de todas las edades, venidos de todos los rincones de nuestros pueblos y nuestras luchas.

La fortaleza académica que se respira en esta Universidad Nacional de Lanús no proviene sólo de la erudición y especialización de vanguardia, probadas, de sus docentes y sus estudiantes sino, además, del compromiso social de intervención científica avanzada ante los problemas y las luchas de los pueblos. Eso funda una moral de trabajo y una ética pedagógico-didáctica que no tiene más límites que los de la imaginación creadora. A ésta universidad acuden igualmente los líderes sociales de los barrios aledaños tanto como los muchos lideres nacionales e internacionales que han sido doctorados por su aporte al saber emancipatorio en todas sus formas teóricas y prácticas. Es un tren que se mueve con la gasolina de esos valores.

Esta universidad es también un campus simbólico en el que se cultivan acciones humanistas fundamentales. Eso es nutriente básico con el que se produce y se comparte el conocimiento que no sólo viene de los “eruditos” sino que se amalgama y amasa en una mística de la acción vívida que da identidad a esta universidad y la diferencia de otras sin dejar de hermanarlas. Metro a metro uno encuentra gestos fraternales y actos solidarios. Hay abrazos y hay besos entre estudiantes y profesores, hay solidaridad y hay compromisos entre todos los que ahí trabajan y no hay problema que no tenga carácter colectivo a la hora de encarar soluciones. ¿Es increíble?

Por lo general uno tiene confianza por aquellas universidades que “el tiempo” ha esclerotizado entre burocratismos y clientelismos de todo tipo. Un tiende a desconfiar de que se cumpla lo que se debe cuando se mira el déficit educativo de los países y las regiones y cuando se sabe que las universidades, también, han sido usadas para reprimir saberes y luchas antes que para fortalecerlas y acompañarlas. Esta universidad en Lanús con su praxis asimila un rol transformador que la hace especial y la hace extraordinaria. Y no es porque sea perfecta, porque no tenga problemas y faltantes de todo tipo, porque no le falten pasos y le falten apoyos… es porque prima en el sentir de quienes ahí hacen vida, la certeza de un viaje en el que sólo se avanza si entre todos empujan. Y eso enamora. Sólo hay que verlos.

Hoy el otro tren, el que ha recobrado el Estado para su pueblo, pasa muy cerca se lo escucha llenando el aire con su recordatorio incesante de pasado, de presente y de futuro. Se lo escucha refrescando la certeza de que el viaje aun es largo y de que va por buen camino. En la Universidad también. A uno lo envuelve una especie de atmósfera romántica rodeada por trenes revividos al fragor del saber y del comunicar saberes y dudas. Una especie de regalo a la imaginación y al espíritu para que aprendamos a ver cómo es posible convertir en realidad un sueño por el que se lucha con tenacidad y compromiso, como han sido los 16 años de vida de la Universidad Nacional de Lanús y como serán los próximos.

Y no hay duda que la cualidad más seductora y desafiante de esta Universidad es que llegará más lejos cuanto más crezca en respuestas concretas y en intervenciones científicas, culturales, políticas… más grande se hace cuantos más estudiantes suben al tren del saber que parte rumbo al futuro con cada anhelo que llega en búsqueda de saber y de ser, en búsqueda de dignidad y de identidad, en búsqueda de aprender para servir. Lo he visto y lo aprendí ahí. Sépase que eso existe, no exagero. Imposible no contarlo.

Fernando Buen Abad

F9zhm3NX0AAi6MB

Presidente Maduro: Venezuela se movilizará en preparación para una decisión histórica

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, indicó este martes que el pueblo se movilizará para prepararse para una decisión histórica, de cara a la campaña electoral del referéndum consultivo sobre la Guayana Esequiba que iniciará el próximo 6 de noviembre.

«Esta reunión de esta inmensa fuerza social, política del país, de raíz clara y legítima, ha sido para organizarnos para la gran campaña electoral que se va a desarrollar de acuerdo a los parámetros constitucionales. A partir del próximo lunes 6 de noviembre al viernes 1° de diciembre, el pueblo de Venezuela se va a las calles en movilización consciente, organizada y participativa para prepararse para una decisión histórica y trascendental», que tomará el 3 de diciembre venidero, cuando se haga la consulta.

Durante una reunión de trabajo con el Alto Mando Político Ampliado de la Revolución, el jefe de Estado reiteró que será el pueblo de Venezuela quien decida «qué vamos a hacer sobre la Guayana Esequiba como derecho histórico» de la nación suramericana e invitó a la población a participar y decidir.

«Yo le hago un llamado a esa Venezuela afirmativa, a esa Venezuela nacionalista, a esa Venezuela llena de amor a que avance en la defensa de los derechos sobre la Guayana Esequiba, con el instrumento que tenemos en la mano: el voto del pueblo, que sí vale», acotó. Además, designó al comando de campaña en defensa del Esequibo.

El mandatario también denunció una campaña contra el referéndum consultivo sobre la Guayana Esequiba.

“Con la Plataforma Unitaria firmamos un acuerdo para traerlos al redil de la democracia, de la transparencia, de la verdad y del respeto a la Constitución, pero se salieron de ahí y ahora empezaron una campaña contra el referéndum consultivo (…) Derecha maltrecha, ultraderecha maltrecha que han pateado los acuerdos de Barbados”, declaró.

Ante esto, exhortó al pueblo venezolano a enfrentar estas campañas y a prepararse para participar en el referendo consultivo.

Por otra parte, reafirmó que Venezuela no reconoce ninguna licencia otorgadas por Guyana a transnacionales.

«Lamentablemente el Gobierno de Guyana y su presidente ha tomado un camino equivocado de violación de la legalidad internacional, de provocación y ofensa al pueblo de Venezuela. Han pretendido conceder un conjunto de licencias para explotación petrolera en aguas que están en áreas no delimitadas, que están en controversia y en áreas que pertenecen a la República Bolivariana de Venezuela desde siempre», manifestó.

Al respecto, enfatizó que a todas las empresas que pretendan entrar en aguas venezolanas de manera ilegal o en aguas no delimitadas, «Venezuela le dará una respuesta legal, de acuerdo al derecho internacional».

El presidente Maduro reiteró que por las buenas todo y que nadie podrá con Venezuela por las malas, «llámese imperio gringo, llámese Comando Sur, llámese ExxonMobil, nadie podrá con Venezuela ¡Jamás podrán con nosotros!».

Prensa Presidencial / Telesur