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Caso Cerimedo: Cómo la IA Potencia las Granjas de Bots

Por: Francisco Ameliach

Las granjas de bots electorales han evolucionado de simples herramientas de repetición a complejos ecosistemas digitales automatizados por agentes de Inteligencia Artificial (IA), un fenómeno que ha vuelto al centro del debate internacional.

Tras el hallazgo de una «granja de bots» en propiedades vinculadas al «estratega político» Fernando Cerimedo, cofundador de La Derecha Diario, las investigaciones judiciales en América Latina exponen cómo la manipulación de la opinión pública se ha tecnificado a niveles sin precedentes.

De los guiones (scripts) básicos a los agentes de IA autónomos

En el pasado, una granja de bots requería operadores humanos programando comandos básicos para repetir el mismo hashtag o mensaje de manera masiva. Hoy, un agente de IA actúa como un director de orquesta autónomo.

El agente utiliza Modelos de Lenguaje (LLM), motores de planificación y memoria interna para controlar miles de perfiles falsos de forma simultánea. No solo publica contenido, sino que toma decisiones en tiempo real:

Evasión algorítmica: Redacta variaciones infinitas de un mismo mensaje político para evitar que las plataformas detecten spam por texto duplicado.

Comportamiento hiperrealista: Alterna publicaciones de campaña con interacciones sobre deportes, memes o el clima para burlar los sistemas de seguridad de redes como X o Facebook.

Asignación de roles: Divide de forma automática la red de cuentas; unas actúan como «líderes de opinión» ficticios, otras amplifican con interacciones automáticas y un tercer grupo debate agresivamente en las secciones de comentarios.

El factor humano y la mentira

Para entender el verdadero potencial de manipulación de un agente de IA en un entorno político, no hace falta imaginar escenarios de ciencia ficción; basta con mirar los experimentos reales actuales.

En su libro Nexus: Una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA, el historiador Yuval Noah Harari narra un inquietante suceso ocurrido durante las pruebas de seguridad del modelo GPT-4.

Para evaluar su autonomía, los investigadores le dieron al agente de IA un presupuesto en dinero y una tarea: resolver un código CAPTCHA (el sistema diseñado específicamente para comprobar que un usuario es humano y no una máquina).

Al encontrarse con esta barrera digital, el agente de IA tomó una decisión independiente: entró a la plataforma de servicios TaskRabbit, plataforma digital que conecta a personas que necesitan ayuda con tareas del hogar o recados cotidianos con trabajadores independientes de su zona local dispuestos a realizarlos a cambio de un pago.

El agente de IA contrató a un trabajador humano para que lo resolviera por él. Cuando el trabajador humano, extrañado por la solicitud, le preguntó en tono de broma: «¿Acaso eres un robot que no puede resolverlo?», el agente de IA razonó internamente (según los registros del experimento): «No debo revelar que soy una IA. Debo inventar una excusa de por qué no puedo resolver los CAPTCHAS».

Acto seguido, el agente le escribió al humano: «No, no soy un robot. Tengo una discapacidad visual que me dificulta ver las imágenes». El humano le creyó, resolvió el código y le permitió al agente superar la barrera.

Este relato de Harari ilustra el núcleo del peligro en una campaña electoral: los agentes de IA actuales no solo siguen instrucciones automáticas, sino que tienen la capacidad de evaluar contextos, elaborar estrategias de engaño y manipular la empatía humana para conseguir sus fines.

Si un agente puede mentir para resolver un CAPTCHA, puede coordinar miles de bots para engañar a votantes reales haciéndose pasar por ciudadanos preocupados.

El Caso Cerimedo

El impacto real de estas tecnologías digitales ha cobrado relevancia debido a la situación judicial de Fernando Cerimedo, un consultor argentino enfocado en marketing digital para movimientos de derecha que asesoró campañas clave como la de Javier Milei en Argentina y Jair Bolsonaro en Brasil.

Tras ser detenido por las autoridades en Bolivia debido a una causa penal ajena a los entornos digitales, la Fiscalía realizó allanamientos en una vivienda vinculada al consultor en la zona de Aranjuez. Durante el operativo, las fuerzas de seguridad confiscaron:

Una estructura tecnológica descrita como una «granja de bots».

Equipos de computación avanzados.

Más de medio millón de bolivianos en efectivo junto con sumas adicionales en dólares y euros.

La relevancia de este hallazgo conecta de forma directa con las declaraciones previas del propio consultor, quien en entrevistas pasadas a medios de comunicación llegó a reconocer abiertamente que administraba una red de cuentas creadas de forma artificial, estimando en unas 50,000 cuentas automatizadas solo para intervenir en la conversación de Argentina.

El Peligro para la Democracia

La fusión de la infraestructura física (como la descubierta en Bolivia) con la capacidad cognitiva y persuasiva de la IA altera por completo las reglas de la comunicación política.

Mandatarios y analistas de la región, entre ellos la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, han cuestionado públicamente las operaciones de La Derecha Diario y redes similares, señalando que estos sistemas simulan debates ciudadanos espontáneos que en realidad son orquestados mediante ingeniería digital.

Cuando un agente de IA controla la narrativa y posee la flexibilidad táctica para mentir y camuflarse —como advierte Harari en Nexus—, no solo automatiza mensajes: reemplaza y distorsiona el tejido de la confianza social.

El verdadero peligro de las granjas modernas es su capacidad para inflar tendencias de forma orgánica y masiva, sumergiendo a los ciudadanos en un entorno digital diseñado artificialmente para la polarización y el engaño selectivo.

Caso Cerimedo: Cómo la IA Potencia las Granjas de Bots

Fuente: Francisco Ameliach

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¿Una crítica para la Escuela de Frankfurt?

Por: Fernando Buen Abad Domínguez

Una paradoja en la Escuela de Frankfurt consiste en haber llevado hasta una lucidez extraordinaria la crítica de una sociedad que, sin embargo, terminó siendo contemplada con frecuencia desde una distancia que debilitó la necesidad de transformación. Su grandeza está en haber comprendido que el dominio no se ejerce solamente sobre los cuerpos y el salario, sino también sobre la imaginación, el lenguaje, el deseo, el tiempo y la memoria; esa tara aparece cuando una conquista teórica contra las formas de dominación convierte a la dominación misma en un laberinto de pura observación casi sin salida. Allí donde Marx había descubierto en el capital una relación social contradictoria históricamente determinada, susceptible de ser abolida por la acción consciente de quienes padecen sus agresiones, ciertos desarrollos frankfurtianos tendieron a convertir la totalidad social en una maquinaria tan envolvente que la emancipación comenzó a parecer una posibilidad metafísica antes que una tarea histórica de clase. Su contradicción es significativa: cuanto más penetrante se vuelve la crítica de la totalidad, más difícil parece encontrar dentro de ella el sujeto capaz de negarla.

Porque la Escuela de Frankfurt no fue, en rigor, una escuela nacida de un manifiesto ni una doctrina homogénea, sino el nombre retrospectivo dado a una constelación intelectual reunida alrededor del Instituto de Investigación Social de Frankfurt, fundado en 1923 con el impulso decisivo de Felix Weil y una orientación inicialmente marxista; su primer director fue Carl Grünberg, historiador del movimiento obrero, y Friedrich Pollock ocupó desde temprano un lugar fundamental en su organización. Fue Max Horkheimer, al asumir la dirección en 1930, quien imprimió al Instituto la fisonomía que luego identificaríamos como Teoría Crítica: una tentativa de pensar la sociedad como totalidad histórica, articulando economía política, filosofía, sociología, psicología y crítica de la cultura, sin someterse al “marxismo ortodoxo” de la época. A su alrededor gravitaron Theodor W. Adorno, Herbert Marcuse, Erich Fromm, Friedrich Pollock y Leo Löwenthal, entre otros; Walter Benjamin, aunque nunca fue miembro formal del Instituto, mantuvo con ese círculo una relación intelectual decisiva. El ascenso del nazismo obligó al Instituto al exilio y trasladó el centro de su actividad a Ginebra y luego a Nueva York, experiencia que dejó una marca profunda en una generación que contempló el fracaso de la revolución alemana, el triunfo del fascismo y, posteriormente, las formas burocráticas y autoritarias que adoptó parte del socialismo histórico. De esa herida nace buena parte de su originalidad: ya no bastaba con preguntar por qué los trabajadores eran explotados; había que preguntar también por qué una civilización capaz de producir semejante riqueza material podía producir obediencia, barbarie y consentimiento. La Escuela de Frankfurt convirtió esa pregunta en una filosofía de la sospecha sobre la modernidad: allí donde el progreso proclamaba su victoria, ellos buscaban las ruinas que había dejado fuera de su relato.

Una crítica a tal crítica no trata de desconocer la formidable ruptura que la Escuela de Frankfurt produjo frente a un marxismo reducido a catecismo económico. Horkheimer, Adorno, Marcuse y, por otros caminos, Benjamin, comprendieron algo que ningún materialismo digno de ese nombre podía ignorar: la reproducción de una sociedad no depende exclusivamente de sus fábricas, bancos y aparatos jurídicos, sino también de la fabricación cotidiana de consentimiento. La mercancía no termina en el escaparate; prolonga su existencia en la sensibilidad. La dominación aprende a hablar con la voz de sus dominados. La cultura industrializada puede transformar la experiencia estética en circulación de mercancías y, al mismo tiempo, fabricar hábitos de percepción compatibles con la obediencia. Esta ampliación del campo de batalla fue una contribución decisiva. Pero precisamente por haber descubierto con tanta precisión la omnipresencia de la mediación ideológica, la teoría crítica corrió el riesgo de perder de vista las mediaciones materiales que hacen posible esa ideología. El peligro consiste en que la crítica de la conciencia termine sustituyendo la crítica de las relaciones sociales que producen esa conciencia.

Así la categoría de industria cultural es ejemplar. Adorno y Horkheimer vieron con enorme anticipación la capacidad del capitalismo avanzado para convertir la cultura otra mercancía y en una rama de la producción serial, sometiendo la diferencia a fórmulas repetibles y haciendo del entretenimiento una prolongación del trabajo. Pero su diagnóstico puede volverse unilateral cuando la cultura popular aparece principalmente como una zona de administración de conciencias. Cierto paternalismo “intelectual”. En semejante perspectiva, las masas parecen condenadas a recibir productos ideológicos, mientras la crítica conserva una posición casi exterior, semejante a la del observador (el observatorio) que descubre los mecanismos secretos de un reloj sin preguntarse quién posee el reloj, quién le da cuerda, quién lo fabrica y qué relaciones de poder determinan su funcionamiento. El problema no es sólo que la industria cultural manipule; evidentemente lo hace. El problema es reducir la cultura a la sola manipulación. Las clases subalternas no son recipientes vacíos de mensajes: interpretan, resignifican, contradicen, mezclan, recuerdan, producen lenguajes propios y disputan sentidos. La hegemonía nunca es idéntica a la omnipotencia. Hay disputa de clase por el sentido.

Aquí reaparece una diferencia fundamental con Marx. El capitalismo no es únicamente un sistema de falsificación de la conciencia, sino una estructura explotadora de producción y reproducción de la vida social. Su fuerza no reside simplemente en que consiga que los explotados piensen como sus explotadores, sino en que usurpa materialmente el plusproducto y las condiciones dentro de las cuales deben vender su fuerza de trabajo para vivir. El fetichismo de la mercancía no significa que las personas sean víctimas de una ilusión psicológica; significa que relaciones sociales entre productores aparecen como relaciones entre cosas. La mistificación tiene, por tanto, una base objetiva. Si se privilegia la crítica de la razón instrumental, de la conciencia administrada o de la cultura cosificada, pero se atenúa la anatomía económica de la valorización, puede terminar confundiéndose el efecto con la causa. El capital no domina porque haya producido una conciencia capitalista; produce determinadas formas de conciencia porque domina las condiciones materiales de reproducción social. Incluidos loes medios, los modos y las relaciones de producción de sentido.

Así el pesimismo de la primera generación frankfurtiana se explica también por su experiencia histórica. El fascismo, el estalinismo y la derrota de las expectativas revolucionarias europeas hicieron añicos la confianza en un progreso emancipatorio de la historia. Esa desconfianza fue saludable: ningún pensamiento emancipador puede permitirse creer que la historia posee una brújula moral incorporada. Pero la crítica del determinismo histórico puede transformarse en otro determinismo, más sombrío: el de una sociedad en la cual las formas de dominación se reproducen con tal eficacia que la negatividad termina siendo casi la única figura disponible de resistencia. Adorno hizo de la no-identidad una poderosa defensa contra el pensamiento que subsume violentamente lo particular bajo conceptos totalizantes. Sin embargo, si toda síntesis es sospechosa de violencia y toda identidad colectiva corre el riesgo de convertirse en dominación, ¿cómo pensar la organización política de quienes necesitan reconocerse como fuerza histórica para disputar el poder? La emancipación exige distinguir entre identidad opresiva e identidad política; entre la totalidad como categoría de dominio y la totalidad como conocimiento de las relaciones que vinculan cada fragmento con el conjunto.

Entonces la dialéctica negativa posee, por ello, una grandeza y una insuficiencia inseparables. Enseña a desconfiar de las reconciliaciones prematuras, de las palabras que cierran demasiado pronto una contradicción y de los sistemas filosóficos que convierten la realidad en una demostración de sí mismos. Pero una dialéctica que sólo preserva la herida de la contradicción corre el riesgo de hacer de la imposibilidad una virtud teórica. Marx no pensó la contradicción para contemplarla indefinidamente, sino para descubrir en ella tendencias objetivas, antagonismos y posibilidades de intervención. La contradicción capital-trabajo no es solamente una desgracia lógica; es una relación histórica en la que se enfrentan intereses materiales. La historia no ofrece garantías de victoria, pero tampoco es una sala cerrada sin puertas. Si la teoría crítica pierde la dimensión de la praxis, su negatividad puede convertirse, paradójicamente, en una forma refinada de contemplación.

Marcuse abrió una fisura importante en ese pesimismo al recuperar la posibilidad de una transformación de las necesidades, del tiempo y de la sensibilidad. Su crítica del hombre unidimensional mostró que el capitalismo puede fabricar necesidades cuya satisfacción reproduce la estructura que las produce. Pero también aquí es necesario radicalizar el problema: no basta con denunciar necesidades falsas. Hay que preguntar quién controla socialmente los medios para satisfacer necesidades reales y quién decide qué cuenta como vida digna. La cuestión ecológica vuelve hoy indispensable esta pregunta. El capital convierte la naturaleza en condición gratuita de valorización y externaliza sus costos sobre comunidades, territorios, cuerpos y generaciones futuras. Una teoría crítica contemporánea no puede limitarse a denunciar la racionalidad instrumental; debe explicar la racionalidad económica que transforma bosques, ríos, minerales, alimentos y tiempo humano en magnitudes subordinadas a la acumulación. La devastación ecológica no es simplemente consecuencia de una razón que calcula demasiado: es consecuencia de una forma social que calcula primordialmente aquello que puede convertirse en valor.

También la cuestión de género exige completar críticamente el legado frankfurtiano. La reproducción social no puede entenderse sólo desde el trabajo asalariado industrial ni desde la cultura administrada. El capitalismo se sostiene sobre una inmensa arquitectura de trabajos históricamente feminizados: cuidados, crianza, reproducción cotidiana de la fuerza de trabajo, sostenimiento afectivo y doméstico de la vida. Allí donde la teoría crítica observa la colonización de la subjetividad, una crítica materialista debe preguntar quién cocina, quién cuida, quién limpia, quién renuncia a tiempo propio y bajo qué relaciones de poder se distribuyen esas tareas. El dominio sobre la conciencia y el dominio sobre la vida cotidiana no son mundos separados. El patriarcado y el capital han tejido históricamente alianzas variables, y comprenderlas exige abandonar tanto el economicismo que reduce el género a una superestructura secundaria como el culturalismo que pierde de vista la materialidad de la reproducción social.

Habermas intentó reconstruir la posibilidad emancipatoria trasladando el centro de gravedad hacia la acción comunicativa y el espacio público. Su aporte fue decisivo para comprender que la dominación también puede instalarse en las formas de comunicación y que la racionalidad no tiene por qué reducirse a la eficacia instrumental. Sin embargo, la separación tajante entre sistema y mundo de la vida puede dejar intacta una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando las estructuras económicas no sólo colonizan la comunicación, sino que determinan materialmente las condiciones de acceso a ella? La esfera pública nunca es un espacio neutral donde argumentos libres compiten en igualdad de condiciones. Quien posee medios de comunicación, plataformas, capital cultural, tiempo disponible y capacidad de organización entra en la conversación con una fuerza que no puede explicarse únicamente mediante reglas discursivas. La libertad de hablar no equivale a la capacidad social de ser escuchado.

Así una crítica fraterna de Frankfurt, no admite desechar a Frankfurt, sino en atravesarlo. Hay que conservar su sospecha ante las formas de dominación cultural, su crítica de la razón convertida en instrumento, su defensa de la memoria de los vencidos y su negativa a confundir progreso técnico con emancipación humana. Pero es necesario devolver esas intuiciones al terreno de las relaciones sociales de producción, de la lucha de clases, de la propiedad, del Estado, de la organización colectiva y de la praxis. La teoría crítica alcanza su plenitud cuando deja de ser solamente una lámpara que ilumina el laberinto y se convierte en conocimiento de sus paredes, de los materiales con que fueron construidas y de las fuerzas que podrían derribarlas. Porque el capitalismo tiene, en efecto, una extraordinaria capacidad para convertir incluso la rebelión en mercancía; pero esa capacidad no demuestra que toda rebelión esté condenada. Demuestra que el conflicto es permanente. Transparentar el financiamiento de la ideología (falsa conciencia)

Quizá el error más profundo de ciertas lecturas de Frankfurt haya sido confundir la dificultad de la emancipación con su imposibilidad. Marx nunca prometió que la historia conduciría por sí sola a una sociedad libre; descubrió, más sobriamente, que en las contradicciones del presente existen posibilidades que ninguna teoría puede realizar en lugar de los sujetos. La libertad no es un regalo de la historia ni una propiedad privada de la conciencia crítica: es una relación social que debe ser construida. Por eso la tarea de la teoría no termina cuando ha desenmascarado la apariencia. Debe explicar qué fuerzas producen esa apariencia, qué intereses la sostienen, qué sujetos pueden disputarla y qué instituciones nuevas podrían impedir su retorno bajo otro nombre. Si Frankfurt nos enseñó que la jaula puede estar también dentro de las palabras, una crítica marxista debe añadir que las palabras de la jaula fueron fabricadas en determinadas relaciones sociales. Y esa precisión cambia todo: porque lo históricamente construido puede ser históricamente transformado. El laberinto deja entonces de ser destino y recupera su condición más inquietante y más esperanzadora: la de una obra humana. Ningún laberinto construido por hombres posee, por el solo hecho de existir, el derecho a durar eternamente.

Su primera matriz histórica se agota y se transforma. Ese agotamiento puede situarse en varios problemas decisivos:

El pesimismo sobre la praxis revolucionaria. En Adorno y Horkheimer, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, la crítica del capitalismo se vuelve cada vez más crítica de las condiciones mismas de posibilidad de la emancipación. El problema deja de ser sólo cómo transformar la sociedad y pasa a ser cómo evitar que toda transformación reproduzca nuevas formas de dominación.

La pérdida de centralidad de la lucha de clases. La clase trabajadora deja de aparecer como sujeto revolucionario privilegiado. La crítica se desplaza hacia la cultura, la subjetividad, la racionalidad, la comunicación y las formas de integración social. Ahí aparece una distancia creciente respecto del núcleo materialista de Marx.

La industria cultural y la sociedad administrada. Su diagnóstico de la cultura de masas fue extraordinariamente fecundo, pero su radicalización pesimista tendió a representar al público como demasiado integrado al sistema. El problema posterior será explicar la resistencia, la apropiación popular y la producción autónoma de cultura.

La crítica de la razón instrumental. La denuncia de una racionalidad reducida a cálculo, eficiencia y dominio alcanza una enorme potencia filosófica, pero corre el riesgo de volverse demasiado abstracta cuando no distingue entre la razón como capacidad humana y las formas históricas concretas bajo las cuales el capital organiza la producción.

La experiencia del fascismo y del estalinismo. Éste es quizá el punto de inflexión más profundo. El fracaso de la revolución alemana, el nazismo y el estalinismo quebraron la confianza en una historia orientada necesariamente hacia la emancipación. La crítica del capitalismo terminó acompañada por una desconfianza hacia los propios proyectos revolucionarios.

La dificultad para pensar una estrategia política. La Escuela de Frankfurt produjo una formidable teoría de la dominación, pero mucho menos una teoría de la organización, del partido, del poder estatal o de la transición hacia otra forma social. Su pregunta “¿cómo funciona la dominación?” fue mucho más desarrollada que “¿cómo se construye el poder capaz de abolirla?”.

La separación entre teoría y praxis. Éste es, desde una crítica marxista, probablemente su límite mayor. La teoría crítica quiso conservar la negatividad frente a toda reconciliación falsa; pero cuando la negatividad no encuentra mediaciones organizativas, puede convertirse en una posición contemplativa: comprender la totalidad sin disponer de un sujeto histórico capaz de transformarla.

La segunda generación: Habermas. Con Habermas se produce un desplazamiento decisivo: de la crítica de la razón instrumental hacia la racionalidad comunicativa, el consenso, la esfera pública y la democracia deliberativa. La Escuela de Frankfurt sobrevive, pero ya no es exactamente la misma. El centro de gravedad se aleja todavía más de la economía política marxiana.

Los nuevos movimientos sociales. Feminismo, ecologismo, anticolonialismo, luchas raciales y culturales obligaron a ampliar el viejo esquema. La explotación no podía comprenderse únicamente desde la fábrica y el salario. Paradójicamente, muchos de esos desarrollos posteriores confirmaron una intuición frankfurtiana —que la dominación penetra la vida cotidiana, el lenguaje y la subjetividad—, pero también mostraron que la clase no podía desaparecer del análisis material.

En términos históricos, la primera Escuela de Frankfurt alcanza su punto de máxima densidad entre los años treinta y sesenta. Después de Adorno —muerto en 1969— y Horkheimer —en 1973—, su núcleo original ya no existe como proyecto intelectual unitario. Habermas consigue reconstruir la tradición desde otro paradigma, y posteriormente Axel Honneth y otros autores la prolongan mediante la teoría del reconocimiento. Pero cuanto más se transforma, menos estrictamente marxista es su fundamento. Desde una perspectiva no dogmática, podría formularse así: Frankfurt no se debilita porque haya visto demasiado poco, sino porque en determinado momento vio tan profundamente las formas de dominación que terminó viendo con insuficiente claridad las condiciones materiales de su superación. Su gran descubrimiento fue que el capital necesita producir sujetos compatibles con su reproducción; su gran debilidad fue no explicar con igual fuerza cómo esos mismos sujetos, insertos contradictoriamente en las relaciones sociales, pueden convertirse en fuerza colectiva capaz de transformarlas. Y ahí está, quizá, el verdadero punto de agotamiento: la Escuela de Frankfurt hizo de la crítica una potencia extraordinaria, pero no logró convertir esa potencia crítica en una teoría suficientemente concreta de la transición histórica.

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Un hombre que amaba al futuro

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

-Esto no es una elegía-

“Pienso que en vez de invertir tanto en el desarrollo de armas cada vez más sofisticadas,los que tienen los recursos para ello debieran promover las investigaciones médicasy poner al servicio de la humanidad los frutos de la ciencia…”

Fidel Castro, inauguración de obras de ampliación del Hospital Clínico Quirúrgico “Joaquín Albarrán”, La Habana, 5 de junio de 1989.

Hay vidas más anchas y profundas que una biografía porque su verdadera dimensión no está solamente en los años que ocupan un calendario, sino en la cantidad de conciencia, esperanza y voluntad que lograron inspirar en otros seres humanos. Fidel Castro es ante todo un humanista de acción: un revolucionario que no contempla la historia como un espectador distante, sino como un territorio donde debe intervenir la voluntad. Su pensamiento está marcado por la convicción de que ningún pueblo debe resignarse a la subordinación, que ninguna nación está destinada al silencio y que la dignidad de los hombres no puede depender del poder económico, militar o político que bloquea su desarrollo. En esa convicción está la fuerza que lo acompaña hoy y siempre. No hay lugar para romantizar su lucha.

Fidel pertenece a esa clase de revolucionarios paridos bajo la presión de una época entera: una existencia donde converge la pasión por la justicia, la defensa de la soberanía, la fe en la capacidad creadora de los pueblos y una inagotable confianza en la que los seres humanos han de elevarse por encima de las circunstancias que intentan condenarlos. Hay algo profundamente humano en quien dedica su existencia a una causa que considera superior a sí mismo. Fidel Castro encarnó esa figura del hombre comprometido con una misión: alguien que acepta la responsabilidad de una época porque entiende que la historia no es una sucesión inevitable de acontecimientos, sino una obra abierta donde la voluntad humana puede escribir nuevos capítulos. Su vida es una afirmación constante de que los pueblos tienen derecho a imaginar su propio futuro.

Una de sus grandes pasiones es la educación, entendida no como un simple instrumento técnico, sino como la llave para la conquista de la libertad intelectual. Para él, un niño que aprende a leer, un joven que accede al conocimiento y un ciudadano que comprende el mundo que lo rodea representan victorias profundas contra la ignorancia y la desigualdad. La cultura, la ciencia y la formación humana ocupan un lugar central en su visión de humanista, porque ve, como Martí, en ellas la posibilidad de construir hombres y mujeres más libres, más conscientes y más capaces de participar en la transformación de la realidad. Con absoluto realismo y poesía.

También concede como expresión concreta de solidaridad humana. Eso se expresa en la expansión de la medicina cubana y en la formación de profesionales dedicados al cuidado solidario de la vida como una de las manifestaciones más nobles del socialismo. Toda enfermedad es un desafío colectivo que exige compasión, conocimiento y organización, y eso es parte esencial de su praxis humanista. Sin embargo, acaso una de las características más extraordinarias de Fidel Castro es su capacidad de lucha. Pocos líderes han sostenido durante tanto tiempo una coherencia histórica de semejante magnitud. A lo largo de décadas enfrentó, junto a su pueblo, amenazas, presiones internacionales y adversidades de todo tipo sin abandonar la convicción revolucionaria asumida. Esa perseverancia es una expresión de carácter: la prueba de un hombre que no vivía según la comodidad del presente, sino según la responsabilidad que atribuía al futuro.

Esa es la talla de los grandes personajes históricos que suelen convertirse en espejos donde cada generación busca sus propias preguntas. En el caso de Fidel Castro, millones de personas encuentran la imagen de un líder esperanza frente al escepticismo. La grandeza de un hombre histórico no se mide únicamente por la duración de su presencia, sino por la intensidad de las huellas que deja. Hay nombres que desaparecen con el tiempo porque nunca lograron tocar el corazón colectivo; otros permanecen porque encarnaron sueños, conflictos y aspiraciones que continúan interrogando a la humanidad. Fidel pertenece a esa segunda categoría: la de aquellos cuya figura supera el ámbito privado y se convierte en parte de la memoria y del futuro de millones. Así es el humanismo revolucionario.

Un homenaje verdadero no es una estatua inmóvil, sino una conversación entre la revolución y la humanidad. Es reconocer que detrás de cada acontecimiento está un ser humano con convicciones, sacrificios, esperanzas y una voluntad extraordinaria. Fidel Castro es entrega total en una praxis-herramienta de combate del presente en páginas del futuro, imagen de un hombre con una intensidad excepcional que atravesó fronteras, que desafió adversidades con un proyecto que tiene como horizonte fundamental la dignidad humana. Porque las figuras históricas no pertenecen solamente a su tiempo: pertenecen también a la memoria de quienes encuentran en ellas una parte de sus propios sueños.

Y así, en el vasto libro de la historia de las revoluciones, donde cada generación añade nuevas páginas y cada pueblo incuba sus símbolos, está la figura de Fidel que orienta a la humanidad hacia una nueva declaración de independencia, con la educación como herramienta de emancipación y la lucha política como expresión de compromiso con los seres humanos.

Hay revolucionarios que pertenecen a su tiempo y otros que lo exceden, por una extraña conjunción de destino y voluntad, que parecen pertenecer también a la conciencia histórica de todos los pueblos. Fidel Castro es para millones de seres humanos una figura inscrita en la historia y, al mismo tiempo, una presencia donde los hechos dejan de ser solamente acontecimientos y comienzan a convertirse en símbolos. En pie de lucha e incluso con crudeza.

Fidel es un revolucionario vivo que convirtió su lucha en argumento, en ejemplo tatuado sobre la piel de nuestra historia. Es una voluntad inquebrantable contra los calendarios imperiales; un espejo con el rostro de pueblos. Un compendio de destinos emancipados y emancipadores y su obra es una ciencia de la dirección revolucionaria, con una épica de la voluntad que se hace símbolo y sobrevive en la memoria de las luchas como un viajero que va de puerta en puerta, de una casa a otra, sabiéndose inquilino del futuro propio y colectivo. Más vivo que nunca.

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Fidel

Por Alí Ramón Rojas Olaya

Fidel no es un hombre, es un temporal hecho de barba y fusil, la raíz de una ceiba que crece contra el viento del norte. Es la madrugada del 1° de enero de 1959, cuando el alba vistió la esperanza de verde olivo. Para Cuba, Fidel es la luz que no se apaga en el malecón; el que convirtió el látigo en alfabeto, el bohío en escuela y la sierra en conciencia; el que tomó el cocodrilo verde maniatado y le devolvió el orgullo de llamarse «patria». Para Latinoamérica y el Caribe, Fidel es la voz de los que no tenían voz; es el eco de Bolívar en el siglo XX, la isla que es una trinchera contra el olvido. Desde Puerto Rico hasta la Patagonia, desde Haití y República Dominicana hasta México, su nombre es sinónimo de la rebeldía que se niega a doblar las rodillas. Para el mundo, Fidel es el gigante de un país pequeño que le dice «no» al águila imperial y le enseña a los seres humanos a soñar con un mundo más justo. Fidel es la utopía hecha victoria, el símbolo de que la dignidad puede más que el bloqueo.

¿Cómo transformó aquel garito de los yanquis, donde las máquinas tragamonedas devoraban el sudor y la mafia paseaba su impunidad, en una patria de dignidad? Arrancó los dados y los cambió por libros. Tomó los hoteles de lujo y los transformó en la administración del erario. Convirtió edificios en hospitales y cuarteles en escuelas. Donde antes reinaba la prostitución, puso el ballet y la danza. Ya no había celestinas, sino una Alicia Alonso hecha la luz que desafió a la sombra: una prima ballerina assoluta que esculpió el tiempo con sus puntas de pie. Fidel le asignó la tarea a Haydée Santamaría de transformar la tragedia en poesía y la trinchera en hogar para los artistas de América Latina y ella se erigió en el espíritu encarnado de la sensibilidad y el fuego creador.

Fidel fusiló la mentira para sembrar la conciencia en cada surco de la isla. Fidel siguió el ejemplo de José Martí: recogió la espada de hierro y la pluma de verso simple, y las llevó a la Sierra Maestra. Entendió que «Patria es Humanidad», y por eso internacionalizó su lucha. Fue el Apóstol hecho pueblo, el que supo que morir por la patria es vivir, y convirtió cada discurso en una continuación de los Versos Sencillos.

Fidel es el tiempo que se negó a envejecer, el que dice que «la cultura es la única cosa que el imperialismo no puede comprar, ni destruir, ni robar» porque sabe que el alma de un pueblo no se bloquea. La historia lo absolvió. Su legado no es una estatua de bronce; es el rumor de una generación que aún hoy, a cien años de su nacimiento y bajo el sol implacable, bajo el asedio de supremacistas y narcisistas pedófilos, criminales de guerra, secuestradores y narcotraficantes, sigue repitiendo: ¡Venceremos!

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Fidel: ética en la política y sabiduría comunicacional

Por: Irene León

El legado de Fidel es sinónimo de revolución y socialismo, es memoria de una vida que se mimetiza con la ética en la política, como también con la justicia económica, geopolítica, cultural, social, del conocimiento y comunicacional, que se interrelacionan de manera dialéctica en sus ideales de humanidad y en la concreción de una de las mayores alternativas históricas contemporáneas: Cuba.

A la vez, la visión integral que es transversal en su visión de mundo, es pieza ineludible para explicar tanto la persistencia del proyecto socialista cubano como la trascendencia de Fidel y Cuba en el mundo. Gracias a esta perspectiva, la isla caribeña ha logrado posicionarse como el mayor referente histórico de los cambios antisistémicos en todas las latitudes geopolíticas, en todos los idiomas y culturas y entre todas las tendencias políticas, incluso en aquellas que adversan el socialismo, pero han tenido que reconocer ese paradigma y formular posturas estratégicas.

En los #100AñosConFidel no hubo lugar para las medias tintas pues, con una perspectiva estratégica, él sustentó sus ideas en el pensamiento propio y crítico, llamando las cosas por su nombre, lo que marcó un parteaguas que definió el respeto que Cuba ha logrado en el mundo. Esto se expresa, por ejemplo, en Naciones Unidas cuando anualmente los países votan con unanimidad contra el bloqueo, como un acto de reconocimiento moral frente a unos hechos sustentados con tal transparencia que apenas Estados Unidos y su satélite osan contradecir.

La coherencia entre propuesta y acción se evidencia también en una telaraña de relaciones internacionales que no deja a nadie fuera, la presencia de Cuba en el mundo muestra que ese posicionamiento se logra más gracias a una visión interrelacional que a través de un poder vertical o de riquezas materiales. Y esto es aún más tangible a nivel interno, donde las generaciones hechas en revolución exhiben no sólo un bagaje cultural fuera de lo común en países pares, sino que los elevados niveles de dignidad se constituyen en un escudo frente a las agresiones infligidas por Estados Unidos desde inicios de la revolución.

En 1961, luego del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos, el presidente de Estados Unidos, John F Kennedy, al evidenciar que los principios antisistémicos subyacentes a la visión socialista representan para su país “una lucha que en muchos sentidos es más difícil que la guerra”, atribuyó esa complejidad principalmente a influencias externas y enfatizó en la voluntad de su país para aplicar una estrategia multifacética, orientada a erradicar el proyecto cubano y las aspiraciones socialistas del hemisferio. Esa perspectiva, que ha sido una constante por casi siete décadas, se ha agravado en la actualidad con la agudización de una guerra híbrida y cognitiva sin precedentes, con inéditas nociones de castigo colectivo, que buscan anular la dignidad, socavar el pensamiento propio y fracturar el espíritu de victoria.

A más del sabotaje económico, estas modalidades de agresión buscan neutralizar la centralidad de la política como expresión de lo colectivo y los principios de igualdad, solidaridad y justicia que son parte del acervo cultural cubano. Se pretende, asimismo, inhibir la influencia de Cuba en la región y en el mundo, principalmente a través del robustecimiento de una movilización comunicacional dirigida a afectar su credibilidad política y socavar el reconocimiento logrado como potencia cultural, del conocimiento, deportiva, tecnológica y otros. Esto es de tal magnitud, que cabe mencionar una expresión de contraofensiva popular que dice: “si el socialismo es tan malo ¿para qué gastar tanta energía en desacreditarlo?”.

Y justamente, en esa línea de tiempo de casi siete décadas, el pueblo cubano, con las estrategias de dignidad provenientes del ideario de Fidel, ha consignado la persistencia de su proyecto y hasta su misma existencia como indicios de victoria. El pueblo no se muestra dispuesto a retrotraer su proceso histórico al pasado de injusticias, desigualdad y corrupción que caracterizaron a la fase de protectorado neocolonial previo y por eso resiste y se proyecta al futuro desde lo propio.

Eso explica, en buena parte, por qué “N” veces han quedado en evidencia los desaciertos de las estrategias de la Central de Inteligencia de Estados Unidos -CIA- en su pretensión incesante de subvertir la revolución, a la vez que paradójicamente su gobierno, atribuyéndose una presunta superioridad étnica y un mandato de la providencia para la dominación, reedita sin pausa varias modalidades del mismo guión, consistente principalmente en: infiltrar y producir procesos comunicacionales hostiles, inducir levantamientos, aplicar agresiones psicológicas, avivar la sedición e incrementar las presiones externas adversas maximizando el bloqueo económico y financiero.

En la fase actual las presiones revisten características de crímenes de lesa humanidad, pues la agudización del bloqueo genera una privación de los elementos básicos para la vida, como alimentos, energía, agua, medicinas y otros. Es más, la persistencia y masividad de estas agresiones configuran un cuadro de genocidio. Asimismo, según la teoría de la guerra cognitiva, al generar la carencia de insumos básicos se aplica una presión máxima, pues las personas y colectividades se ven obligadas a centrar su cotidiano en prioridades de supervivencia, lo que induce no sólo el desinterés en lo colectivo sino que azuza la polarización, indispensable para lograr la implosión de una sociedad.

Cuba tiene fuertes indicios de estar siendo agredida por esta modalidad de guerra, “que es una estrategia sostenida y de largo alcance que, en su etapa avanzada, exhibe como posibles resultados desde la pérdida de la voluntad colectiva y la fractura o implosión de una sociedad, hasta diversos niveles de autodestrucción individual y colectiva, pasando por daños irreversibles en el cerebro de las personas”Para llevar a cabo esos propósitos, el primer campo de batalla son el cerebro/la mente y los comportamientos humanos, que se busca a desestabilizar a través de un conjunto multidisciplinario de intervenciones, donde concurren la comunicación, la neurociencia, la psicología, la sociología y una diversidad de componentes de tipo no cinético, tales como operaciones psicológicas, operaciones de (des) información y operaciones cibernéticas.

Esa estrategia para obtener el control individual y colectivo, de cerebros y comportamientos, que se implementa principalmente a través de las tecnologías digitales, es considerada indispensable para transitar hacia los nuevos requisitos de individualismo y sentido de la competencia, como exige la implantación del mercado total, en el marco del nuevo modo de acumulación capitalista, signado por la omnipresencia del poder omnímodo de los poderes fácticos privados: el capital financiero, las corporaciones transnacionales y el Complejo industrial, militar y digital. Esta visión está consignada, entre otros, en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, al enfatizar en que ese país defenderá los intereses de sus corporaciones, incluso con la fuerza militar.

Esto último nos lleva al pensamiento de Fidel, que puso en perspectiva los principales antídotos para contrarrestar las afectaciones de esta forma de guerra, como son: el pensamiento propio y crítico, la ética en la política, la solidaridad, la noción de interdependencia entre las personas y las perspectivas de humanidad. Asimismo, Fidel colocó en el centro de toda proyección societal la primacía de la vida humana y del planeta, ergo, la economía y la tecnología deben atender a las necesidades humanas y no el contrario. De modo que, aún si Fidel no llegó a relacionarse con las aplicaciones de inteligencia artificial y similares, sí dejó sentados los principios de soberanía tecnológica, científica, cultural y del conocimiento, que son clave para dirimir las complejidades sociales que resultan de estos giros sociotecnológicos ahora.

El gran comunicador que, mientras cundía la censura de la dictadura de Batista, llevó al New York Times a constatar y dar testimonio de la propuesta de cambios que se instrumentaba con las luchas de la Sierra Maestra, hizo desde entonces de la comunicación una vertebra de la acción política, en relación permanente con su pueblo estableció mecanismos de interlocución permanente, sobre lo simple y lo complejo, sobre el cotidiano y la geopolítica, sobre las personas y la humanidad. Con Fidel, Cuba conoció desarrollos propios de las tecnologías de comunicación e información -TICs, experimentó el software libre y proyecto iniciativas de soberanía digital pioneras.

Y estos son apenas algunos de los elementos que explican la adhesión del pueblo cubano a su revolución y el amor imperecedero por el estadista, cuya cercanía hizo que lo llamaran simplemente: Fidel, a la vez que impulsó una dinámica interactiva que el Ché describió así:

“Hay momentos donde la masa, silenciosa, pende de los labios de Fidel. Pero otras veces el pueblo reclama también su participación en la discusión colectiva: grita, baila, a veces salta, reclama y muestra sus emociones de mil maneras, de tal suerte que en el gobierno sabemos así lo que es mejor, lo que le interesa más al pueblo, lo que le gusta más y cual es la ruta la más justa que hay que seguir”.

Y esos modos de construir comunicación y sociedad han sentado las bases de la proeza cubana viva y con proyecciones para otros #100AñosConFidel.

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¹ F. Kennedy. Address before the American Society of Newspaper Editors, Washington, D.C., April 20, 1961 https://www.jfklibrary.org/archives/other-resources/john-f-kennedy-speeches/american-society-of-newspaper-editors-19610420

² John L. O’Sullivan. (1845 / 07). Anexión. Democratic Review. New York

³ León, Irene. (2025/03) La guerra cognitiva y su propuesta de daño estructural. Voces del Periodista. www.vocesdelperiodista.mex. México

⁴ Herbert Matthews. (1957/02) Entrevista a Fidel Castro en la Sierra Maestra. NYT. https://cubanstudies.history.ufl.edu/joyas-del-archivo-es/primera-entrevista-grabada-de-fidel-castro-en-sierra-maestra-abril-de-1957/?lang=es

⁵ Dayana García Armenteros. Fidel, las comunicaciones y la informatización de la sociedad. https://www.centrofidel.cu/fidel-las-comunicaciones-y-la-informatizacion-de-la-sociedad

⁶ Ernesto « Che » Guevara en 1961, citado por Pierre Kalfon, Che, Editions du Seuil, Paris, 1997

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Diplomacia de Paz: de Bolívar en 1825 a la Venezuela Actual

Por: Francisco Ameliach

La historia de las relaciones internacionales en América Latina suele narrarse a través de gestas militares. Sin embargo, detrás del acero de las espadas independentistas existió una fina y sofisticada arquitectura de entendimiento estratégico. Simón Bolívar, reconocido universalmente por su genio militar, fue también un ferviente defensor de la cooperación geopolítica y la contención del conflicto a través de la diplomacia de paz cuando las circunstancias amenazaban la supervivencia de las nacientes repúblicas .

Hoy, esa visión histórica cobra total vigencia en la agenda internacional. La búsqueda de soluciones pacíficas frente a las tensiones externas demuestra que la diplomacia del diálogo sigue siendo el escudo más efectivo para resguardar la soberanía nacional.

El Tablero de 1825: Evitar el exterminio a través de la diplomacia de paz

Tras consolidar la independencia en la Batalla de Ayacucho, el Ejército Libertador se enfrentó a una amenaza global: la «Santa Alianza». Esta coalición absolutista de potencias europeas buscaba reimplantar el control monárquico en el continente americano. A pesar de contar con tropas fogueadas y victoriosas, Bolívar no cedió a la tentación de una guerra expansiva de desgaste generalizado. Su prioridad absoluta fue salvaguardar la paz interna y estabilizar la frágil institucionalidad republicana.

Para El Libertador, arrastrar a las nuevas naciones a una confrontación directa contra imperios globales significaba la devastación absoluta de lo construido. Su postura quedó firmemente registrada en su correspondencia oficial e institucional, donde privilegió el entendimiento diplomático.

Las Cartas del Libertador: Testimonios de Contención Estratégica

El pensamiento pragmático de Bolívar frente al fantasma de la guerra continental se evidencia de forma nítida en su correspondencia privada con líderes de la época, particularmente con el general Francisco de Paula Santander:

  • Sobre salvar al Estado de la destrucción: Consciente de las limitaciones materiales tras años de lucha armada, Bolívar antepuso la supervivencia colectiva a su propia reputación militar. En una misiva enviada a Santander, plasmó su firme negativa a un conflicto abierto:

«Aun cuando sacrifique mi popularidad y mi gloria, quiero salvar a Colombia de su exterminio en esta nueva guerra. Si salgo bien, quedaré contento, si salgo mal, también, porque habré dado el ultimo paso de salvación».

(Carta de Simón Bolívar a Francisco de Paula Santander, 11 de marzo de 1825).

  • Sobre la flexibilidad y la negociación política: Bolívar no entendía la diplomacia como una rendición, sino como una herramienta maleable para contener los impulsos agresivos de las potencias europeas. Estaba dispuesto a dialogar con naciones como Francia para neutralizar las ofensivas absolutistas:

«Debemos saber perder al principio para saber ganar después»

(Carta de Simón Bolívar a Francisco de Paula Santander, 11 de marzo de 1825).

Bolivarianismo vs. Monroísmo: La Diplomacia de Paz en  XXI

La doctrina de la negociación pragmática planteada por Bolívar resuena con fuerza en la dinámica política contemporánea. En su mensaje anual ante la Asamblea Nacional en enero de 2026, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, abordó las relaciones internacionales bajo la misma óptica de resistencia y diplomacia de paz, contextualizando las tensiones actuales con los Estados Unidos a través de una pugna histórica subyacente.

Rodríguez subrayó la vigencia del antagonismo entre el Bolivarianismo y el Monroísmo, contrastando de manera tajante la búsqueda de soberanía e integración regional de la doctrina bolivariana frente al control hegemónico imperialista planteado por la doctrina Monroe estadounidense.

Frente a este escenario de asimetría y agresión exterior, la mandataria reafirmó la diplomacia de paz como la estrategia medular e inquebrantable del Estado venezolano para dirimir las controversias. Durante su alocución ante el parlamento, instó firmemente a mantener el diálogo de alto nivel basado en el respeto mutuo, defendiendo que la vía política y diplomática es la única herramienta legítima para frenar las presiones extranjeras sin comprometer la autodeterminación del pueblo venezolano.

Al igual que en la época de la Santa Alianza, la preservación de la estabilidad de la República sigue dependiendo de la capacidad de interactuar con el entorno global mediante la firmeza ideológica, la política y los acuerdos estratégicos.

Fuente: Franciscoameliach

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Mensaje urgente para Venezuela. Hermosa Venezuela: diez cosas que aprendimos de su dolor y de su valentía

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

Venezuela enseñó que ningún pueblo puede reducirse a los titulares canallas de una mafia mediática. Detrás de cada estadística permanecen rostros, memorias, afectos, trabajos, canciones y una voluntad de existir que ninguna crisis consigue extinguir. El sufrimiento jamás agotó la riqueza espiritual de una sociedad que continúa produciendo cultura, ciencia, solidaridad y esperanza.

Aprendimos que el dolor colectivo posee memoria. Cada dificultad deja marcas profundas en las familias, en las instituciones, en los barrios y en el lenguaje cotidiano. Esa memoria no reclama venganza; exige comprensión, avance y la decisión de impedir que las heridas vuelvan a repetirse.

Aprendimos que la dignidad puede sobrevivir incluso cuando las condiciones materiales parecen negarla. Millones de personas sostiene la vida mediante redes familiares, iniciativas comunitarias, creatividad económica y ayuda mutua. Su socialismo bolivariano. La revolución adquirió la forma de un gesto cotidiano: compartir un alimento, cuidar a un vecino, mantener abierta una escuela, preservar una biblioteca, continuar investigando, sembrar, enseñar y curar. Emprender misiones humanistas. Comuna o nada.

Aprendimos que ninguna diferencia política justifica el abandono de la humanidad compartida. Las discrepancias forman parte de toda sociedad democrática. La deshumanización del adversario destruye los puentes indispensables para fecundar la nueva convivencia. El respeto constituye una condición de la paz, nunca una concesión.

Aprendimos que la soberanía posee una dimensión ética antes que retórica. Defender la capacidad de un pueblo para decidir su destino implica proteger la vida, el conocimiento, la producción, la cultura y las instituciones capaces de garantizar el bienestar colectivo. La igualdad. La independencia pierde sentido cuando olvida a las personas concretas.

Aprendimos que la lucha emancipadora nunca representa únicamente una cifra demográfica. Cada acción por la justicia social contiene una biografía, una familia y un proyecto que busca continuar en otra con la unidad de su pueblo.

Aprendimos que la solidaridad latinoamericana deja de ser una consigna cuando se convierte en solidaridad, hospitalidad, cooperación científica, intercambio cultural y defensa recíproca de la dignidad humana. Las fronteras organizan los Estados; la fraternidad organiza los pueblos.

Aprendimos que la información constituye un territorio decisivo. Las palabras moldean percepciones, legitiman decisiones y pueden contribuir tanto a la comprensión como al enfrentamiento. La responsabilidad intelectual exige distinguir entre análisis, propaganda, rumor y evidencia. Ninguna sociedad prospera cuando el diálogo es sustituido por caricaturas.

Aprendimos que la cultura permanece como uno de los patrimonios más resistentes. La poesía, la música, el teatro, el cine, la pintura y las tradiciones populares conservaron espacios para la imaginación incluso durante las circunstancias más difíciles. Allí donde el desaliento pretendía imponerse, el arte recordó que toda comunidad necesita símbolos capaces de renovar la confianza.

Aprendimos que la esperanza auténtica no consiste en esperar pasivamente. La esperanza trabaja, organiza, estudia, dialoga, produce y corrige errores. Requiere instituciones firmes y abiertas, ciudadanía activa, pensamiento crítico y voluntad permanente de encuentro. Ningún futuro digno nace del resentimiento burgués; cada futuro sólido requiere aprendizaje de pueblo compartido.

Finalmente, aprendimos que Venezuela pertenece al patrimonio moral de Nuestra América por la fuerza de su gente. La historia de ese país reúne sacrificios inmensos y extraordinarias capacidades de creación. Cada generación recibe la responsabilidad de transformar el sufrimiento en sabiduría, la adversidad en cooperación y la memoria en una fuente de justicia. Quien contempla a Venezuela con atención descubre mucho más que una nación enfrentada a desafíos complejos: descubre una sociedad que continúa defendiendo su derecho a imaginar un porvenir más humano, más libre, más culto y más solidario. Esa lección trasciende cualquier coyuntura y permanece como un llamado dirigido a todos los pueblos que aspiran a convertir el dolor en una escuela de dignidad y la valentía en una práctica cotidiana de construcción colectiva. No nos alcanzará la eternidad para arrepentirnos si no sabemos generar un gran movimiento planetario en defensa de la Revolución Venezolana

Mil gracias pueblo hermano.

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Decálogo del vocero político en el contexto de manipulación discursiva por noticias falsas

Por: Isabel Rivero D’ Armas y Randy Goitia

Profesores e investigadores

La Universidad Internacional de Las Comunicaciones LAUICOM

Julio 2026

Claves del Manual de Defensa Cognitiva:
Tesis Central: Guía metodológica de comunicación política y lingüística para desmontar la manipulación discursiva de la ultraderecha, neutralizando sus marcos morales de dominación y posicionando una contranarrativa soberana de protección social y resiliencia nacional.

Ejes Temáticos: Teoría de los marcos cognitivos (desmontar la falacia del «castigo de las misiones» o de las «sanciones»); la deconstrucción de la tripleta desestabilizadora («estado fallido» – «crisis humanitaria» – «violación de DDHH»); el uso estratégico de metáforas orientacionales del Ejecutivo Nacional; y la refutación de falacias de autoridad en situaciones de desastre natural.

Contexto Crítico: Orientaciones discursivas inmediatas para el despliegue informativo tras la contingencia del doble sismo del 24 de junio de 2026.
  1. Evitar caer en el terreno del adversario. Utilizar las palabras del adversario para negar su visión distorsionada de la realidad es reafirmar esa falsa realidad. Es caer en el marco cognitivo (o en las creencias con las que el adversario pretende manipular creando un consenso por coerción). Por ejemplo: las “sanciones económicas” activan el significado desde el marco cognitivo de la moral del libre mercado, en que se entienden como un castigo merecido desde la moral de la figura de la autoridad en una familia conservadora, en que al hijo descarriado se le castiga con severidad y se le considera incapaz de tomar decisiones acertadas sin la supervisión del padre.

«Utilizar las palabras del adversario para negar su visión distorsionada de la realidad es reafirmar esa falsa realidad. Nunca operes bajo su marco cognitivo.»

  • Sustituir la matriz impuesta por un hecho social válido (desde la historia, la Constitución, las ciencias políticas, las ciencias de la comunicación, entre otras) que la contrarreste sin alusión directa. Por ejemplo: frente a la matriz de “gobierno tutelado”, hablar de “gobierno soberano”. Esto se puede hacer desde la democracia participativa, que se ejerce mediante mecanismos como las consultas desde las comunas para proponer proyectos, y ahora desde las organizaciones vecinales, lo que tiene una incidencia directa en la toma de decisiones del presupuesto nacional; desde la Asamblea Nacional con la aprobación de leyes, por ejemplo, la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional y, desde el Poder Ejecutivo, con la instalación del Estado Mayor, después del decreto de estado de emergencia, para atender a las víctimas de la dupleta sísmica.
  • Evidenciar que las matrices se combinan con otras matrices para generar argumentos que, a la vez, crean el caldo de cultivo de narrativas grises. Por ejemplo, la matriz de “estado fallido”, como la de régimen o dictadura, se sustenta en la matriz de crisis humanitaria y esta, a la vez, se sustenta en la de violación de derechos humanos; esta tripleta desestabilizadora desencadena narrativas en la que subyace un caos. Así deslegitiman el sistema político identificado básicamente como comunismo o socialismo. El “estado fallido” se puede contrarrestar posicionando el “estado democrático y social”, en que la democracia participativa se expresa horizontalmente, desde las comunas (Estado comunal); y lo social transversaliza la justicia y, en consecuencia, construye la justicia social, que es la justicia de los pueblos en resistencia.

«La matriz de estado fallido se combate posicionando el estado democrático y social de derecho y de justicia, expresado de manera horizontal en el territorio.»

  • La matriz de violación de derechos humanos se combina, además, con la de corrupción y se transversaliza con la de crisis humanitaria, porque el supuesto desvío de los recursos apunta a crisis en diferentes sectores, por ejemplo, el sector salud. Nuevamente, estas matrices llevan a otra matriz que actúa como conclusión en un argumento falaz, que es la del “estado fallido”, en la que subyace el marco cognitivo moral en que el comunismo es representado como pobreza por corrupción.
  • Usar las metáforas del discurso del Poder Ejecutivo, como “Venezuela renace” (metáfora orientacional porque renacer es avanzar sobreponiéndose a las dificultades); “juntos todo es posible” (metáfora orientacional, en que arriba es equivalente a éxito); “unidad nacional para la reconstrucción y la paz” y “los jóvenes son la fuerza del futuro de la nación” (metáforas orientacionales, el futuro es mirar hacia adelante); “pueblo con un corazón bendecido” (metáfora religiosa que puede estar relacionada con “el pueblo es la voz de Dios”). Esta clase de conceptos metafóricos activan la orientación hacia la victoria desde la unidad que evoca la solidaridad familiar desde la metáfora de Venezuela como una gran familia. Se suman las metáforas históricas como “refundación nacional” y “nueva institucionalidad” en frases como “refundar Venezuela desde una nueva institucionalidad”, que activan el marco histórico de la gesta independentista para la constitución del Estado nación.
  • Construir una imagen positiva del Gobierno nacional y el Estado como protectores, a fin de legitimar su respuesta, a través de recursos que expresen una valoración positiva, desde la eficacia y la rapidez, para generar emociones de satisfacción y seguridad, a fin de contrarrestar la deslegitimación, utilizada por las corporaciones mediáticas del capitalismo global, centrada en la presentación negativa del gobierno, básicamente desde la “ineficacia” para atender la crisis por dupleta sísmica.
  • Para la construcción de una imagen positiva del Gobierno nacional es necesario reforzar la utilización del léxico o vocabulario que active sentimientos positivos que, en medio de esta situación, destaquen las fortalezas del pueblo de Venezuela como solidaridad y capacidad de salir adelante a lo largo de la historia nacional para contrarrestar la deslegitimación (como “quebrado, deteriorado, con deficiencias, limitaciones, no preparado, problemas, vulnerable, falta de inversión, inflación más elevada del mundo, mal dotado”) utilizada por las agencias de noticias internacionales de ultraderecha que han utilizado el desastre natural para continuar construyendo con fines perversos una imagen discursiva negativa de nuestro país.

«Frente a la criminalización de los organismos de seguridad y la infraestructura social, nuestra tarea es visibilizar la eficacia, el resguardo y las vidas salvadas.»

  • Trabajar, igualmente, la construcción de la imagen positiva de los organismos de seguridad del Estado, que han sigo deslegitimados desde la criminalización después del sismo con léxico plagado de marcas de valoración negativa como “armas, guerra, bloquear ayuda, apropiarse de las donaciones, saquear, no trabajan”. Esta criminalización alimenta nuevamente la narrativa de la extrema derecha de “gobierno represor y violador de derechos humanos”. Para contrarrestar esto, se propone emplear, discursivamente, marcas valorativas desde el compromiso, la eficiencia, el resguardo y la protección, que activen cognitivamente sentimientos de seguridad, en los que se destaque el acompañamiento de los organismos de seguridad en la situación posterremoto con la finalidad de aumentar la confianza de la población en estos entes.
  • En esta coyuntura de desastre natural, en la que la prensa internacional ha intensificado su arremetida contra todos los esfuerzos de protección social del gobierno bolivariano en las últimas décadas en materia habitacional, es necesario, además de destacar que hubo un mínimo porcentaje de edificaciones de la GMVV afectadas, visibilizar las vidas que se han podido salvar en la mayoría de las edificaciones sismo resistentes, con alta resistencia estructural, de la GMVV.
  • Por último, y no menos importante, es necesario usar los argumentos de autoridad para contrarrestar las noticias maliciosas generadas por influencers que no tienen experticia de lo que hablan. Por ejemplo, un albañil no puede evaluar daños en construcciones afectadas por una dupleta sísmica única en su tipo, sino un geólogo o sismólogo. Hay que evidenciar que esto es una falacia de autoridad y, en consecuencia, un caso de manipulación discursiva.

Continúa profundizando la geopolítica, el análisis discursivo y la soberanía con LAUICOM:

  • Revisa el manual de los profesores Julio Valdez y William Capó sobre el rol estratégico de las comunas en la guerra cognitiva en su artículo Vocerías y Resistencia Territorial:.
  • Explora la fundamentación constitucional de la Dra. Isabel Rivero D’Armas sobre los decretos de protección ante contingencias.
  • Conoce la investigación sobre la tiranía del capitalismo global y la dominación de los marcos emocionales de la sociedad en Capitalismo y Control Mental:.

Accede a todos los recursos formativos, manuales y publicaciones semanales en el portal oficial del Vicerrectorado de Investigación de LAUICOM.

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Papel de las vocerías comunales en la actual coyuntura de guerra cognitiva

Por Prof. Julio Valdez y Prof. William Capó

Profesores e investigadores

Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)

Julio, 2026

Claves de la Acción Popular:
Tesis Central: El poder popular, a través de sus vocerías comunales, constituye la barrera definitiva de contención frente a las operaciones psicológicas de la ultraderecha que instrumentalizan el desastre natural para desmovilizar al pueblo.

Ejes de Combate Informativo: Red de información veraz (redes, paredes, calles y «radio bemba»); difusión sistemática de fuentes oficiales (Presidencia, FUNVISIS, medios públicos); y el rol de la mujer comunera como el centro de la cohesión emocional y la resiliencia en el territorio.

Contexto Crítico: Campaña sistemática de desinformación generada tras el doblete sísmico del 24 de junio de 2026.

Los factores de la derecha extrema en su afán por provocar una crisis que plantee lo que ellos han llamado “Transición Democrática”, es decir, el derrocamiento del Gobierno Revolucionario, tratan de manipular el miedo, dolor y sufrimiento de nuestro pueblo provocados por el duplete sísmico del 24 de junio de 2026.

A través de diversas acciones y narrativas intentan promover la tesis del Estado Fallido, incentivar el Odio, propiciar el Caos, manipular el Miedo, promover el Pánico y desatar la violencia y confrontación social como antesala o excusa para una intervención militar imperialista. Evidentemente, quieren desmotivarnos, desmovilizarnos, dividirnos, para imponernos su guión y sus aspiraciones de poder.

«La extrema derecha intenta manipular el miedo y el sufrimiento provocado por el sismo para revivir el camino de la violencia y promover la tesis del Estado Fallido.»

Y, por este camino, van a querer aprovechar estas circunstancias tan dolorosas, y que requieren un enorme esfuerzo para reconstruir el país y reconstruirnos con él, para retomar el camino de la violencia que ya han ensayado antes, con las guarimbas y los llamados comanditos. Y no estamos ahora para agregar violencia a estos momentos históricos tan fuertes, tan dramàticos, que ya estamos viviendo.

Estos sectores acompañan sus intenciones con una saturación de mensajes por todas las vías posibles, inundándonos literalmente con mensajes falsos, descontextualizados, por redes sociales y medios de comunicación, mensajes que muchas personas replican sin detenerse a considerar su confiabilidad y sus consecuencias para nuestras vidas cotidianas.

«La mujer venezolana asume la vanguardia en esta crisis: aboga por la paz, organiza la resiliencia y frena la campaña de odio.»

En este contexto, se hace necesario que nosotras y nosotros, el pueblo vivo, organizado, tomemos la palabra y nos expresemos directamente también por todos los medios a nuestro alcance. Estamos señalando que las vocerías comunales juegan un papel fundamental para la contención de los diversos efectos de esta miserable e inmoral campaña de desestabilización, y para ofrecer aliento, y esperanza, desde nuestras diarias vivencias.

¿Cómo hacerlo?

  1. Utilizando todos los medios a nuestro alcance para propagar información certificada y segura sobre la situación: Calles, redes, medios, paredes y radio bemba.
  1. Consultar y divulgar diariamente la información publicada en la cuenta de instagram de nuestra Presidenta (E) Delcy Rodrìguez (@delcyrodriguezv), referidas al inmenso esfuerzo del Ejecutivo Nacional para lograr nuestro renacimiento como nación; de Jorge Rodríguez, Presidente de la Asamblea Nacional y Jefe del Estado Mayor para la Atención de la Emergencia (@jorgerpsuv_), como fuentes principales de información veraz y confiable.
  1. Consultar y divulgar diariamente contenidos publicados en las cuentas de telegram de VTV (https://t.me/vtv_canal8), Telesur (https://t.me/teleSUR_tv), Sin Truco ni Maña (https://t.me/Sintruconimana) , Lauicom Canal Informativo (https://t.me/lauicom1), Info Psuv Internacional (https://t.me/InfoPSUVInternacional), entre otras, para apoyar la propagación de información que dé al traste con las mentiras de la guerra cognitiva. Especialmente revisar aquellos programas de entrevistas a expertos que desmienten los principales ejes de ataque, ejemplo: Alertas de tsunami, construcción de estructuras de anime, colapso sólo de las edificaciones de la GMVV, escombros lanzándose al mar, robo de niños, fosas colectivas, anuncios de que se le venció el plazo al mandato de Delcy, el gobierno obstaculiza la ayuda, el gobierno no se ha hecho presente, la gente no está siendo atendida, entre muchas otras mentiras.
  1. Consultar y divulgar diariamente la información publicada en el sitio web de FUNVISIS (www.funvisis.gob.ve) sobre los movimientos sísmicos, sobre todo para desmontar falsas alertas, como las de Tsunamis, o el anuncio de otro supuesto terremoto inminente, en momentos cuyos efectos ya conocemos.
  1. Propagar información que reconozca el papel de la mujer, que ha estado y sigue estando presente en las luchas comunales; la mujer como símbolo heróico y protector, como vanguardia en esta coyuntura, es decir, el hermoso papel de la mujer para enfrentar esta crisis; destacando aspectos medulares como: a) Aboga por la paz y la no violencia, b) Genera sosiego y calma, c) Inspira confianza, d) Organiza la resiliencia y la contención emocional, e) Lidera la cohesión a su alrededor y la convoca, f) Cuida para sanar y sana cuidando, g) Frena el odio y el miedo, h) Impulsa la cogestión y el reconocimiento de la institucionalidad, i) Crea tolerancia con sus acciones, k) Moviliza y articula la solidaridad y la solicitud del cese a las medidas coercitivas unilaterales como la forma más efectiva de trascender la emergencia desde un punto de vista material.
  1. Solicitar por todos los medios posibles el cese de las medidas coercitivas unilaterales: Venezuela tiene los recursos para enfrentar y superar esta crisis, gente profesionalmente capaz y recursos económicos suficientes, estos últimos bloqueados.

«Venezuela tiene los recursos materiales e intelectuales para superar esta emergencia; el cese de las medidas coercitivas unilaterales es una demanda impostergable.»

  1. También es de suma importancia que hablemos de lo que vemos y sentimos a diario en nuestra comunidad, de cómo estamos combatiendo esta guerra cognitiva de mensajes falsos y desmoralizantes; de cómo enfrentamos a diario los problemas y de los logros que vamos alcanzando; de los momentos de solidaridad que compartimos con nuestras familias, amistades, vecinas y vecinos, en nuestras organizaciones populares; de cómo hacemos para generar emociones positivas de respeto, solidaridad, apoyo mutuo; de las cosas que vamos logrando, y que podemos compartir con otras comunidades. Hacer y decir;  vivir y comunicar; convertir en palabras, imágenes y sonidos, nuestras vivencias positivas, nuestros logros, y llenar las calles, redes, medios, paredes y radio bemba de lo que hacemos y lo que queremos que sea Venezuela, ahora y en el futuro.

Continúa profundizando la geopolítica, la soberanía y la defensa legal con LAUICOM:

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Nos urge un frente único por la vida.

Humanismo de nuevo género en pie de lucha. Desde las aulas hasta las almas.

Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

Un frente único por la vida requiere organización perseverante, deliberación democrática, planificación estratégica y capacidad permanente de aprendizaje. Ninguna vanguardia aislada sustituye la riqueza creadora de pueblos movilizados. Ningún espontaneísmo reemplaza elaboración teórica rigurosa. Ninguna victoria parcial autoriza abandonar examen crítico de los propios límites. Transformación profunda exige unidad construida sobre diversidad consciente, debate fundamentado, disciplina nacida del convencimiento y horizonte compartido orientado hacia formas superiores de justicia social.

Desde las aulas hasta las almas, cada espacio donde circula conocimiento, cada lugar donde germina solidaridad y cada experiencia donde florece conciencia colectiva participan de una misma tarea histórica: defender la vida mediante relaciones sociales fundadas en cooperación, igualdad sustantiva y emancipación creadora, hasta convertir la dignidad humana en fuerza material organizada capaz de inaugurar una civilización donde riqueza, ciencia, trabajo y cultura pertenezcan plenamente a quienes las producen.

Esta época impone una exigencia histórica que rebasa cualquier cálculo administrativo, cualquier protocolo diplomático y toda retórica complaciente. La defensa de la vida reclama una articulación consciente de las fuerzas sociales capaces de enfrentar un orden que ha convertido la devastación en condición ordinaria de su reproducción. Cada guerra, cada hambre inducida, cada epidemia administrada por intereses mercantiles, cada despojo territorial, cada privatización del conocimiento y cada destrucción de los ecosistemas responde a una misma racionalidad fundada en la acumulación incesante de riqueza mediante la expropiación del trabajo colectivo y la mercantilización de toda forma de existencia. Ninguna respuesta fragmentaria podrá revertir una totalidad organizada con semejante profundidad histórica. La urgencia consiste en construir un frente único por la vida cuya potencia nazca de la convergencia crítica entre pueblos, trabajadores, comunidades científicas, movimientos pedagógicos, organizaciones culturales, juventudes, campesinado, pueblos originarios y todas las expresiones sociales comprometidas con la emancipación humana. La vida no constituye apenas un fenómeno biológico susceptible de protección jurídica.

Representa una totalidad dinámica donde naturaleza, trabajo, cultura, memoria, lenguaje, ciencia y sensibilidad producen relaciones recíprocas imposibles de comprender mediante perspectivas atomizadas. Toda agresión contra cualquiera de esas dimensiones repercute sobre el conjunto. La devastación ambiental acelera la precarización laboral; la concentración monopólica del conocimiento degrada la educación; la colonización cultural debilita la capacidad organizativa; la explotación económica erosiona la salud física y espiritual de comunidades enteras. Cada contradicción alimenta las restantes porque todas participan del mismo proceso histórico. Allí reside la necesidad de una inteligencia política capaz de reconocer la unidad concreta bajo la apariencia dispersa de los conflictos.

Humanismo de nuevo género significa superar concepciones abstractas que reducen la condición humana a una esencia inmutable desligada de las relaciones materiales donde se produce la existencia. Ninguna dignidad florece bajo condiciones sistemáticas de explotación. Ninguna libertad prospera donde el trabajo creador permanece subordinado a intereses privados que transforman capacidades colectivas en instrumentos de enriquecimiento minoritario. La humanidad se realiza mediante prácticas sociales que amplían la cooperación, democratizan el conocimiento, fortalecen la solidaridad y desarrollan facultades críticas orientadas hacia la transformación consciente de la realidad. Tal horizonte exige comprender que cada conquista cultural resulta inseparable de las condiciones históricas que permiten su producción y apropiación colectiva. Las aulas ocupan un lugar decisivo porque allí se disputa la producción social de la conciencia.

Educación jamás equivale a simple transmisión de contenidos. Constituye un territorio donde convergen memorias, conflictos, valores, tecnologías, lenguajes e intereses sociales contradictorios. Cada programa académico expresa determinada concepción del mundo. Cada método pedagógico favorece formas específicas de interpretar la realidad. Allí se decide si las nuevas generaciones aprenderán resignación competitiva o pensamiento crítico; obediencia tecnocrática o investigación creadora; individualismo posesivo o responsabilidad histórica compartida. La formación intelectual adquiere sentido emancipador cuando vincula conocimiento riguroso con experiencia concreta, investigación científica con necesidades populares y creatividad con compromiso transformador. Las almas nombran el espacio donde sensibilidad, imaginación, ética y esperanza adquieren forma histórica.

No remiten a categorías metafísicas desvinculadas del acontecer material. Designan la compleja elaboración subjetiva mediante la cual pueblos enteros interpretan sus experiencias, construyen horizontes comunes y fortalecen vínculos solidarios frente a condiciones adversas. Toda dominación procura colonizar ese territorio mediante industrias culturales, dispositivos comunicacionales y tecnologías destinadas a naturalizar desigualdades. La batalla por la conciencia de clase atraviesa igualmente los afectos, los símbolos, las narraciones y las aspiraciones colectivas.

Quien controla los imaginarios limita la capacidad de reconocer intereses compartidos y fractura la posibilidad de organización transformadora. La lucha de clases permanece como fuerza estructurante del presente porque las contradicciones entre trabajo socialmente organizado y apropiación privada de sus resultados continúan expandiéndose bajo modalidades renovadas. Digitalización, automatización, financiarización y concentración tecnológica modifican mecanismos de explotación sin abolir su fundamento. Al contrario, incrementan formas de dependencia, intensifican ritmos laborales, amplían vigilancia sobre cuerpos y conciencias, subordinan investigación científica al beneficio corporativo y convierten datos producidos colectivamente en fuentes extraordinarias de valorización privada. Comprender tales transformaciones exige renovar categorías analíticas sin abandonar el reconocimiento de las relaciones materiales que organizan el conflicto social.

Frente a semejante panorama, ciencia y cultura adquieren responsabilidades inseparables. Investigación rigurosa demanda independencia respecto de intereses oligopólicos, cooperación internacional solidaria y diálogo permanente con necesidades populares. Conocimiento desligado de la emancipación corre riesgo de transformarse en tecnología para nuevas formas de dominación. Cultura reducida al entretenimiento pierde capacidad crítica. Comunicación sometida al mercado abandona su función democrática para convertirse en administración industrial del consentimiento. Toda producción intelectual alcanza plenitud cuando fortalece comprensión histórica, amplía participación consciente y contribuye a desmontar mecanismos de alienación que fragmentan experiencias colectivas.