Profesor Julio C Valdez
“¡Por favor, díganme que no estamos entregando el país!”, decía por las redes, hace poco, una camarada. “¡Díganme algo que me quite las ganas de llorar!”, clamaba otra… Y es claro que lo que ahora vivimos no es asunto fácil, y supone una complejidad que muchas veces hacemos tácita.
Creemos conveniente intentar, en todo momento, mirar más allá de la inmediatez, y tratar de construir visiones más globales e integrales, que incluyan a nuestro aquí / ahora. Un punto de partida, creemos, es concientizar que, a partir del 03 de enero, todo cambió radicalmente para las y los venezolanos. La mirada de ahora es radicalmente diferente, puesto que estamos en estado de sitio, y bajo amenaza bélica inminente. Además, han secuestrado a nuestro presidente y a la primera dama, quienes son rehenes de guerra.
Lo anterior nos obliga a negociar con el agresor, que intenta someternos y robarse nuestros recursos. Ello no implica que cumplan su cometido, depende de nosotras y nosotros sustentar y profundizar la revolución por todos los medios a nuestro alcance. Sabemos que la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y su equipo, no la tienen fácil. Les toca enfrentar a esa hueste de arrogantes “funcionarios” enviados por Donald Trump, intentando sentar las bases para dominarnos en todos los terrenos.
Sabemos que nuestros gobernantes, con mucho tacto pero con mucha firmeza, impedirán que lleguemos a ceder derechos hasta el punto del No-retorno. Podemos darle un voto de confianza. Por otra parte, nos corresponde mirar e interpretar lo que ocurre en el mundo. Pues, lo que vivimos ahora en Venezuela es parte del movimiento global, tenso, peligroso, de bloques de poder en confrontación constante. Es una lucha entre la hegemonía de un “emperador” mundial, y las alianzas entre naciones que gestan un nuevo modelo civilizatorio, en las que queremos incluirnos. En fín, suponemos que llorar no es malo, y muchas veces es necesario. Pero llorar es una cosa y caer en una especie de depresión política es otra. Y, en este momento, esa depresión es contrarrevolucionaria. Recordemos que, a pesar del ataque artero y brutal del 03 de enero, contamos hoy con significativas fortalezas: Tenemos gobierno, que actúa como un cuerpo, y que sostiene la lucha en situaciones difíciles. Tenemos un proyecto, y una dirección, que es el Estado Comunal, al que seguimos repensando sobre todo en las actuales circunstancias. Tenemos organización popular, y el vínculo cívico-militar. Tenemos paz interna en el país. Y tenemos importantes alianzas internacionales, que se intensifican ante la amenaza directa de colonización, incluyendo grandes potencias y vecinos nuestroamericanos.
Así, ante la duda y el llanto, que debemos asumir siempre, podemos también recordar que somos un proceso histórico de liberación y soberanía. Seguir bebiendo de fuentes históricas, bolivarianas, robinsonianas, zamoranas, chavistas, maduristas, y profundizar los procesos transformacionales en estas circunstancias tan adversas, desde al ámbito de vida donde vivamos y militemos. La lucha no es sólo el discurso del presidente de los Estados Unidos y sus lacayos. La lucha es diaria, en nuestra familia, con nuestras amistades, en nuestros vecindarios, en nuestros trabajos, y sobre todo en la calle. Tenemos una agenda inmediata, que incluye la lucha diaria por rescatar a Nicolás Maduro y a Cilia de su innoble secuestro. El trabajar a diario por la paz y la gobernanza, en todas las escalas, internacional, nacional, regional y local. El atender y resolver solidariamente los problemas de la población. Vitalizar nuestras alianzas y nuestros vínculos internacionales. Y retomar el Estado Comunal… Así, con las tristezas, duelos, incertidumbres humanas, es hora de retomar el morral y seguir adelante.

