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Campaña internacional moviliza a los cinco continentes en exigencia de liberación del presidente Nicolás Maduro

La jornada global de protesta convocada por movimientos sociales, partidos políticos y organizaciones de derechos humanos bajo la consigna #BringThemBack (Tráiganlos de vuelta) se desplegó este martes en más de 60 ciudades del mundo.

A un mes de la agresión militar perpetuada por Estados Unidos contra Venezuela, ocurrida el 3 de enero, la campaña ha logrado unificar voces diversas que coinciden en denunciar el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores como una violación del derecho internacional y un precedente peligroso para la soberanía de las naciones. La jornada internacional, organizadas de manera simultánea y distribuidas geográficamente de la siguiente forma: 

América: movilizaciones masivas en solidaridad con Venezuela

Estados Unidos: El movimiento Hands off Venezuela encabezó una protesta frente al Metropolitan Detention Center en Nueva York, lugar de reclusión de los mandatarios venezolanos. Paralelamente, se proyectaron imágenes de denuncia frente a la sede de la ONU

Asimismo, en Colombia: Se realizaron plantones y marchas en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cúcuta Cartagena, con fuerte presencia de organizaciones sociales frente a la embajada estadounidense. 

Mientras, en Brasil, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MTS) realizó una acción simbólica de plantar árboles en la Embajada de Cuba en Brasilia, como expresión de resistencia frente al bloqueo y las agresiones. 

“La ofensiva del capital y el imperialismo contra los pueblos que luchan por su soberanía no nos silencia. Al contrario: nos fortalece en la resistencia colectiva”, expresó el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra en Brasil.

México: El Frente Antiimperialista se concentró frente a la embajada de EE. UU. en la capital, acompañado por activistas y sectores sociales que repudiaron el secuestro y exigieron respeto a la soberanía venezolana.  La movilización expresa la solidaridad internacional con la nación bolivariana, demanda el respeto a su soberanía y la liberación inmediata de sus líderes.

Uruguay y El Salvador: Colectivos y movimientos de solidaridad organizaron actos en Montevideo San Salvador, reafirmando el respaldo al pueblo venezolano y se alzan en plazas, comunidades y en embajadas para denunciar la acción bélica contra Venezuela y el asesinato de más de 100 ciudadanos.

Luego de su secuestro, el Presidente bolivariano y su esposa Flores comparecieron ante el Tribunal Federal de EE.UU. en el Distrito Sur de Nueva York donde ambos se declararon inocentes. El jefe de Estado se declaró «prisionero de guerra». Voces desde la nación uruguaya se alzaron en reclamo de sus inmediatas liberaciones.

África: cine-foros y seminarios académicos

En Angola, Kenia, Uganda y el Congo, se proyectaron los documentales Nicolás, el Origen y De Yare a Miraflores.  En Sudáfrica, la Universidad de Sudáfrica (UNISA) organizó un seminario académico sobre la situación venezolana, mientras en Johannesburgo se lanzó el capítulo nacional de la campaña. 

Asimismo, en el marco de la Campaña “Bring Them Back”, en Malí, movimientos sociales y juristas de en defensa y por la libertad del Presidente Nicolás Maduro y la primera combatiente Cilia Flores. En Senegal, organizaciones panafricanas, movimientos juveniles  y partidos políticos como PASTEF/Cumbé Internacional Antiimperialista Afrodescendiente y Africano exigieron la liberación inmediata de Maduro y Flores. El partido PTAW emitió un comunicado oficial de apoyo. 

Europa: protestas en capitales y actos culturales

En países como BélgicaAlemania España varias fueron la ciudades capitales en sus principales plazas donde los ciudadanos se movilizaron con pancartas para pedir el retorno a la patria bolivariana del mandatario Nicolás Maduro y la primera combatiente Cilia Flores y en protesta de la injerencia militar de EE.UU en la nación sudamericana: Bruselas, la Puerta de Brandeburgo en Berlín y múltiples ciudades españolas (Tenerife, Las Palmas, Vigo, Madrid y País Vasco) fueron escenario de concentraciones.  Países Bajos: Gran concentración frente al consulado estadounidense en Ámsterdam

Mientras, en Austria, la embajada venezolana organizó la proyección del documental «Nicolás, el origen» junto a colectivos solidarios. Asimismo, en Moscú, ciudadanos se movilizaron cerca de la embajada venezolana, condenando el ataque que dejó más de cien muertos. El embajador Jesús Salazar Velázquez agradeció el apoyo ruso y denunció la violación de la Carta de la ONU. En Minsk, se realizaron actos conmemorativos en la Plaza Bolívar. 

Asia y Medio Oriente: alianzas estratégicas

Entretanto, en la región asiática también se llevaron a cabo varias movilizaciones a favor de la paz en Venezuela, la no injerencia y la liberación del presidente Maduro: en China Vietnam: Cine-foros y actos diplomáticos en Guangzhou y Hanói. 

Corea del Sur: El Partido de la Democracia Popular y la Brigada de Defensa Che Guevara del siglo XXI protestaron frente a la embajada estadounidense en Seúl, con consignas como “Liberen a Maduro” y “Abajo el imperialismo”. 

Türkiye: Movimientos estudiantiles y juveniles se concentraron en Ankara. Aslı Sezen Sezgin, de Türkiye Gençlik Birliği, expresó: «Estamos con ustedes de todo corazón y exigimos la libertad inmediata del presidente y su esposa». 

Filipinas: Se realizó el foro “Soberanía bajo asedio: Un foro sobre Venezuela y nuestra lucha compartida en contra del imperialismo estadounidense”, donde se discutió el impacto de las medidas coercitivas y el rol de los medios internacionales.  Irak, Líbano y Arabia Saudita: Movimientos políticos e intelectuales denunciaron la agresión militar y el secuestro. 

Consigna global y denuncia internacional

La campaña #BringThemBack se ha convertido en un eje de articulación internacional. Los participantes denuncian que Washington somete a Maduro Flores a un juicio amañado con cargos de narcotráfico sin sustento, parte de una narrativa utilizada por la administración estadounidense para justificar la agresión y encubrir intereses sobre los recursos energéticos de Venezuela.

Autor: teleSUR – asm – MS

Fuente: TeleSUR – Agencias

Libertad

Diccionario de la lucha: la paz venezolana también significa unidad

Hoy la paz en Venezuela dejó de ser, después de la invasión imperial yanqui y del secuestro del presidente en funciones, una noción ingenua asociada al simple silencio de las armas o a la estabilidad administrativa garantizada por el orden heredado. Desde ese punto de quiebre histórico, la paz se resignifica como una conquista política, ética y cultural, inseparable de la soberanía y de la conciencia popular. La revolución bolivariana, al emerger de ese trauma colectivo, no sólo resistió una agresión concreta, sino que inauguró horizontes inéditos para pensar la paz como proceso histórico, como praxis transformadora y como antagonismo activo frente a la violencia estructural del capitalismo imperial.

Tal invasión no fue únicamente un episodio militar o un acto puntual de fuerza; fue la manifestación descarnada de una lógica imperial que concibe a los pueblos como objetos administrables y a sus gobiernos como piezas descartables. El secuestro del presidente, más que una interrupción institucional, fue un intento de secuestro de la voluntad popular, un mensaje dirigido a toda América Latina, la democracia sólo es tolerable mientras no cuestione la arquitectura del poder global. En ese contexto, hablar de paz sin desmontar las condiciones que hacen posible la agresión habría sido una forma de complicidad. La revolución bolivariana comprendió que la paz no podía seguir siendo un valor abstracto separado de las relaciones de fuerza reales.

Desde entonces, la paz comienza a definirse como capacidad colectiva de resistir en unidad sin reproducir la lógica del verdugo, de defender la vida sin someterla al chantaje de la dominación. No es una paz pasiva ni contemplativa, sino una paz en disputa, que se construye enfrentando las causas materiales y simbólicas de la violencia. El imperialismo yanqui no necesita siempre bombardear para destruir; le basta imponer bloqueos, sanciones, narrativas criminalizadoras y asfixias económicas que convierten la vida cotidiana en un campo de batalla silencioso. Frente a esa guerra difusa, la revolución bolivariana plantea una paz activa, consciente y organizada.

Este nuevo significado de la paz rompe con la tradición liberal que la reduce a equilibrio institucional o a consenso entre élites. La paz revolucionaria es, ante todo, justicia social en movimiento. No puede haber paz donde el hambre es inducida, donde la salud es mercancía o donde la educación es privilegio. La revolución bolivariana aporta a la teoría política latinoamericana la idea de que la paz no se negocia desde la debilidad ni se implora al agresor; se construye fortaleciendo al sujeto popular, ampliando derechos y democratizando el poder. En esa clave, la paz deja de ser un fin distante y se convierte en método de lucha.

Esa experiencia venezolana demuestra que el imperialismo teme más a los pueblos organizados que a los ejércitos convencionales. Por eso la agresión se dirige contra la moral colectiva, contra la memoria histórica y contra la capacidad de imaginar futuros distintos. La revolución responde con pedagogía política, con comunicación popular y con una ética de la solidaridad que desafía el individualismo impuesto. La paz, aquí, es también una batalla cultural, disputar el sentido común que naturaliza la dominación y presentar la resistencia como un acto de amor a la vida.

En este horizonte, la paz se redefine como soberanía integral. No sólo soberanía territorial, sino soberanía económica, alimentaria, tecnológica y comunicacional. Cada dependencia impuesta es una grieta por donde se filtra la violencia imperial. Cada capacidad recuperada es un acto de pacificación profunda, porque reduce la posibilidad de chantaje y de sometimiento. La revolución bolivariana entiende que un pueblo dependiente es un pueblo permanentemente amenazado, y que la paz duradera exige autonomía real para decidir el propio rumbo.

En la dialéctica de la lucha bolivariana esta nueva paz no es conciliadora con la injusticia. No busca armonizar intereses irreconciliables ni esconder el conflicto bajo el lenguaje de la neutralidad. Asume que hay contradicciones históricas entre imperio y pueblo, entre capital y vida, entre dominación y emancipación. La paz revolucionaria no elimina esas contradicciones por decreto, pero las enfrenta desde una racionalidad distinta, donde la violencia no es glorificada, pero tampoco se acepta como destino inevitable. Se trata de desplazar la guerra del terreno militar al terreno político, cultural y moral, donde el pueblo organizado tiene ventajas decisivas.

Después del secuestro presidencial, Venezuela aprendió que la institucionalidad sólo es fuerte cuando está sostenida por un sujeto popular consciente. La paz, entonces, ya no se deposita en las manos de intermediarios, sino que se distribuye como responsabilidad colectiva. Cada comuna, cada consejo, cada espacio de participación se convierte en un núcleo de paz activa, porque fortalece el tejido social que el imperialismo intenta fragmentar. La paz deja de ser centralizada y se vuelve capilar, cotidiana, defendida desde abajo.

Este aporte de la revolución bolivariana trasciende las fronteras nacionales. Propone a los pueblos del mundo una lectura crítica de la paz como categoría política secuestrada por los vencedores de la historia. Frente a la “paz” de los cementerios, la “paz” de los mercados y la “paz” de la obediencia, Venezuela plantea una paz con conflicto, con memoria y con proyecto. Una paz que no se arrodilla ante el agresor ni renuncia a la justicia para evitar el castigo.

Así, el nuevo significado de la paz en Venezuela nace de una herida abierta por la invasión imperial, pero se transforma en una fuente de pensamiento y acción emancipadora. No es una paz ingenua ni derrotada, sino una paz que sabe defenderse, que se sabe histórica y que se sabe incompleta mientras exista un sólo pueblo sometido. En esa conciencia reside su potencia dialéctica, la paz como lucha permanente por la dignidad, la autodeterminación y la vida plena, frente a un imperio que sólo puede ofrecer silencio impuesto y orden para pocos.

Autor: Fernando Buen Abad

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Todavía hay esperanza

Una semana de ausencia

La semana pasada empecé a escribir un artículo en el que integraba el discurso de memoria y cuenta de Drunk (borracho de poder) en EEUU justo antes de partir hacia el Foro de Davos, los 14 años de la partida física de Carlos Escarrá Malavé y una visita que pude hacer acompañando a la Gran Misión Equidad y Justicia Social Hugo Chávez, a una comunidad en la cual participé en un conversatorio junto con voceras y voceros de la comunidad, para escucharlos y también darles algunos argumentos esperanzadores de los análisis que realizo.

Lamentablemente no terminé a tiempo y perdí el espacio, por lo que aprovecho para mencionar los temas, aunque me enfoque más en la humanidad y en el peligro que corremos no solo ante los discursos de Drunk como vocero de la política America First, que no es sino un refrito del Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense adaptado a estos tiempos y que no es otro que el inquilino que quiere los derechos de propiedad de la Casa Blanca, como lo dejó claro en Davos.

Junta de paz

De lo más grave que sucedió en Suiza, fue la presunta Junta de paz organizada por Drunk con la invitación a 59 países, cuya membresía implica el aporte de al menos mil millones de dólares, que pueden ser pagados de distintas maneras, como por ejemplo la sesión de la región de Ushuaia por parte del arrastrado de Milei, rompiendo no solo con la soberanía argentina, sino con su estructura federal, tal cual está haciendo su papi Drunk en EEUU, donde parece estar forzando una especie de guerra civil.

Luego de la inacción y la indolencia de la comunidad internacional ante la economía del genocidio, planteada por la relatora de la ONU para Palestina, Francesa Albanese, en julio del año pasado, entre otras muchas pruebas y evidencias; finalmente Drunk apuntó a su yerno Jared Kushner para explicar la propuesta de paz palestina, consistente en la construcción del emporio turístico y hotelero que Drunk ya había presentado desde inicios de su segundo gobierno, plan en el cual el yerno ha estado trabajando desde antes del supuesto ataque de Hamas del 7 de octubre del 2023, como lo dejó ver su socio Daniel Lambert en una entrevista.

¿ONU paralela?

Y si esto es grave, es mucho más grave el pretender que dicha supuesta junta de paz, con reglas y leyes aplicadas según la moral drunkiana y la diplomacia de cañoneras, se perfile como una especie de ONU paralela, que cuenta con el apoyo de una cantidad de países similar a la que reconoció a un supuesto interino venezolano en 2019, y que no llega ni a la tercera parte de los países que conforman la ONU en la actualidad, además de no dejar espacio para el pueblo palestino que ha colocado los muertos.

Podemos pensar como lo hemos explicado en otros artículos, que la ONU no solo es disfuncional sino que nació muerta al permitir derecho a veto de los cinco países que habían lanzado alguna vez un arma nuclear; pero al menos existía la ilusión de que había un orden basado en normas en el plano internacional, que permitía el equilibrio en base a los fundamentos de su carta fundacional, razón por la cual recordamos las propuestas enunciadas por el comandante Chávez y luego por el presidente Maduro, de lograr una refundación de Naciones Unidas.

No obstante es algo mucho más grave que simplemente distópico, una instancia cuyo único fundamento ideológico es la inyección de capital para construcción inmobiliaria, y una moral de imponer la paz por la fuerza, sobre la base de un cementerio como han convertido a Gaza donde se cuentan solo desde el 7 de octubre de 2023, 71.550 asesinados y 171.365 heridos al 21 de enero, sin contar la cantidad de cuerpos que no han podido ser ubicados en los escombros ni los efectos de bombardeos a Cisordania y al Líbano.

Ruptura

Ante las pretensiones de Drunk sobre Groenlandia y Canadá, y solo al estar en peligro la existencia del mundo producto de la paz de Westfalia, sustentada en el estado-nación, el primer ministro de Canadá Mark Carney, ex banquero prolijo que ha callado históricamente ante los ademanes gringos, defendiendo su ideología de clase capitalista transnacional, admitió que el orden internacional basado en reglas era falso, pues los poderosos se exceptuaban a sí mismos cuando les convenía y sus leyes se aplicaban dependiendo de quién era el acusado y quién la víctima, pero reconoció que el sistema de ficción era útil, pues a su parecer la hegemonía gringa proveía bienes públicos y un sistema financiero estable.

Sin embargo, habló de la existencia de una “ruptura” a nivel del orden internacional y no una transición por lo cual fue aplaudido, lo cual me hace pensar en el Foro de Davos hace 4 años en el cual luego de la pandemia, el fundador de ese club de millonarios -que heredó este año el director general del fondo buitre Blackrock-, Klaus Schuab, habló de realizar un “reseteo” postpandémico, ligado al proyecto identidad 2020 del que hemos hablado en esta columna.

Anécdotas de Davos y otro plan

Por supuesto, muchas anécdotas, entre ellas que el canciller alemán haya dicho que va a proteger a Groenlandia de la amenaza rusa; las tonterías de Milei en una sala vacía; la descripción que hace Elon Musk de un mundo de ricos y robots; o el propio Drunk, quién habló de Groenlandia/Islandia, de Somalia, de México, de lo que considera son los logros de su primer año de gobierno, mientras en EEUU la gente sobrevive.

La guinda del pastel es la publicación de la estrategia de defensa del Pentágono, ligada a la estrategia de seguridad drunkiana, donde pone el énfasis en el desarrollo de la industria armamentista al tiempo que insiste en la propiedad de Panamá, del golfo de América y de Groenlandia -siendo que ya tiene la Patagonia-, para su estrategia de contener a China sin confrontarla, dejando los otros frentes a sus aliados europeos y asiáticos, recordando sus amenazas principales: China, Rusia que casi ni menciona, Irán y la República Popular Democrática de Corea, pero reconociendo en Israel un “aliado modelo” al cual le sigue brindando apoyo militar “ilimitado” e incondicional.

Respuestas

Sin embargo, más allá de estos documentos gringos, más allá de las pretensiones Drunkianas, más allá de las pretensiones de la clase transnacional capitalista, están no solo los pueblos que despiertan, sino que hay otros países que también están jugando en el tablero, generando movimientos interesantes como los que han llevado a la caída del dólar esta semana por la venta de bonos de la deuda, no solamente por parte de China sino también de Suiza.

Hay una gran expectativa en torno a la próxima reunión entre Drunk y Xi Jinping prevista para el mes de abril de 2026, se filtró un audio en el que Rusia no cede espacios petroleros negociados con Venezuela, Irán cierra el estrecho de Ormuz, y hasta los “aliados” drunkianos se reacomodan. Todavía hay esperanza, sigamos en resistencia combativa.

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Diputados de Rusia crean comité por la liberación del presidente Nicolás Maduro

El primer vicepresidente del Comité de Asuntos Internacionales de la Duma Estatal y vicepresidente del Comité Central del Partido Comunista de la Federación de Rusia (KPRF), Dmitri Nóvikov, informó este miércoles 28 de enero, sobre la creación de un comité público destinado a luchar por la liberación del Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y la Primera Combatiente, Cilia Flores.

El comité está integrado por 27 personas, detalló«en la lucha por la liberación de Nicolás Maduro con la convicción de que tenemos razón y con la comprensión de que existe experiencia de éxito» agregó Dmitri Nóvikov.

Nóvikov enfatizó la necesidad de una lucha impulsada por el honor, la conciencia y los principios. «No se trata de decir: si hay un 99 % de posibilidades de éxito, participo, y si solo hay un 9 %, me quedo al margen», afirmó, subrayando que la solidaridad debe ser incondicional en estas batallas.

El funcionario destacó que el comité que representa agrupa a individuos que creen firmemente en la prevalencia de los principios y la conciencia en el mundo, por lo cual están dispuestos a luchar. Además, Dmitri recordó que existen «precedentes y ejemplos de éxito» que demuestran la viabilidad de este tipo de causas, como la liberación dirigente y posterior presidente de Sudáfrica, Nelson Mandela.

El parlamentario ruso reafirmó el compromiso inquebrantable de su comité, asegurando que proseguirá sus labores de forma sistemática y con una perseverancia sostenida en el tiempo.

La base de este trabajo reside en la profunda convicción de que la solidaridad a nivel internacional y la defensa activa del derecho y la justicia son pilares fundamentales, enfatizó.

Finalmente, el parlamentario expresó su certeza de que, incluso ante las circunstancias más complejas y adversas, la aplicación de estos valores puede culminar en la obtención de resultados concretos y tangibles.

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, fue secuestrado junto a su esposa, la primera dama, Cilia Flores, el pasado 3 de enero, luego de que fuerzas estadounidenses bombardearan Caracas y otros puntos del país, dejando un saldo de 100 personas asesinadas y una cifra similar de heridos.

Actualmente, el mandatario venezolano se encuentra recluido ilegalmente en una prisión de máxima seguridad, en manos de la justicia estadounidense enfrentando falsos cargos por tráfico de drogas y armas.

Autor: teleSUR: mb

Fuente: Embajada de Rusia en Venezuela

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¿Qué hay de nuevo, Davos?

Fernando Buen Abad Domínguez*

Davos es un ritual anual de apareamiento simbólico (y no sólo) entre capitales, Estados y corporaciones. Davos, y su reunión de jerarcas del Foro Económico Mundial (WEF), del 19 al 23 de enero de 2026, no empieza con sus discursos, sino con su escenografía, un valle alpino pulcro, blindado, nevado, donde el frío funciona como metáfora de la distancia social y moral entre quienes deciden y quienes padecen. Davos es un signo antes que ser un evento. Un signo que se repite cada año para reafirmar una idea central del capitalismo tardío: el mundo está en crisis, pero la crisis se administra mejor desde salones calefaccionados, con credenciales colgadas al cuello y un lenguaje que simula preocupación mientras protege intereses. Hablar de Davos es leer un texto cargado de símbolos hegemónicos, silencios y gestos calculados, donde el significado nunca coincide del todo con lo que se dice. El lema de este año es “A spirit of dialogue” (Un espíritu de diálogo) y su plan es fomentar cooperación y conversaciones francas en un mundo cada vez más dividido. 

Será un “encuentro al borde del abismo” y no es una fórmula retórica. El abismo aparece como un fenómeno natural, casi geológico, no como el resultado histórico de políticas extractivas, jugosas guerras planificadas, saqueos financieros y devastaciones sociales. Nadie en Davos dice “nosotros cavamos este abismo”. Se dice “el mundo enfrenta riesgos”, “la humanidad vive tensiones”, “la incertidumbre crece”. El sujeto se diluye, la responsabilidad se evapora, el sistema queda intacto. Su escenografía opera como anestesia, sus palabras adormecen al público, sus conceptos desactivan el conflicto de clase, sus narrativas convierten la catástrofe del capitalismo en un problema técnico de gestión. 

Un número nutrido de comerciantes de guerras no llegará con botas ni fusiles, llegará con trajes oscuros y powerpoints. Hablarán de “seguridad”, “estabilidad regional”, “reconstrucción”, “industria de defensa”. Cada palabra como eufemismo cuidadosamente pulido para ocultar la sangre detrás del balance. Las guerras, vistas en Davos, no son una tragedia, sino una oportunidad de inversión. Un mercado emergente. Hablarán de contratos, innovación tecnológica, alianzas estratégicas. La semiótica bélica del foro transforma la muerte en externalidad, y la destrucción, en indicador de crecimiento. 

Estarán los engañadores mediáticos seriales. Son los intérpretes oficiales del sentido. Traducen el cinismo en optimismo, la codicia en liderazgo, el saqueo en reforma. Presentan a Davos como un espacio plural, diverso, dialogante, cuando en realidad es un coro afinado en torno a una partitura única: la continuidad del orden existente. El pluralismo es escenográfico. La semiótica mediática de Davos consiste en mostrar debate donde hay consenso estructural, y diversidad donde hay homogeneidad ideológica. 

Irán los buitres financieros que siempre sobrevuelan el foro como aves sagradas del capital. No necesitan hablar mucho; su lenguaje es el movimiento invisible de los mercados, las expectativas, las calificaciones de riesgo. Allí se negocian futuros que no les pertenecen a quienes los van a vivir. Países enteros aparecen reducidos a gráficos, poblaciones convertidas en variables, derechos transformados en costos. El abismo, para ellos, no es un peligro, sino una ventaja competitiva; cuanto más profunda la crisis, más barata la oportunidad. 

Davos funciona como un gran dispositivo de legitimación. No produce decisiones vinculantes, pero produce sentido. Y el sentido es poder. Define qué es un problema y qué no, qué es urgente y qué puede esperar, quién habla con autoridad y quién queda fuera del encuadre. La pobreza se discute, pero nunca como consecuencia necesaria de la riqueza concentrada. La desigualdad preocupa, pero no lo suficiente como para alterar la estructura que la reproduce. Todo se dice en un lenguaje que simula autocrítica, sin tocar el núcleo del sistema. 

Su “espíritu de diálogo”, otro ejercicio de signos amenazantes. ¿Diálogo entre quiénes? No dialogan los pueblos con quienes deciden sobre sus recursos. Dialogan élites entre sí, negociando matices, no fundamentos. Es un diálogo endogámico, autorreferencial. La semiótica del diálogo en Davos es profundamente antidemocrática porque confunde conversación entre poderosos con deliberación colectiva. ¿Qué esperar entonces de este encuentro al borde del abismo? No soluciones estructurales, sino relatos tranquilizadores. No justicia, sino filantropía cosmética. Davos no es el lugar donde se evita el abismo, es el lugar donde se aprende a convivir con él, a administrarlo, a sacarle provecho sin caer dentro. Es la sala de control simbólico de un sistema que sabe que está en crisis, pero no está dispuesto a dejar de ser lo que es. 

Davos, leído críticamente, se convierte en evidencia. Muestra con claridad obscena la desconexión entre el poder global y la vida de los pueblos. Exhibe la obscenidad de un mundo donde quienes hablan de salvar el planeta llegan en jets privados, quienes hablan de paz invierten en armas, quienes hablan de igualdad acumulan fortunas inimaginables. Una de las batallas centrales es semiótica: quién nombra el mundo, con qué palabras, para beneficio de quién. Davos es una fábrica de nombres falsos. Llaman “crisis” a lo que es saqueo, “riesgo” a lo que es injusticia planificada, “futuro” a lo que es repetición ampliada del desastre. 

Mientras los comerciantes de guerras, los engañadores mediáticos y los buitres financieros sigan monopolizando el sentido, el mundo seguirá al borde, no por fatalidad, sino por diseño. Lo peligroso no es Davos en sí, sino la naturalización de su narrativa como si fuera la única posible. Frente a eso, la semiótica crítica no es un lujo académico, es una herramienta de supervivencia simbólica. Porque quien controla el significado, controla el rumbo. Y Davos lo sabe. 

*Doctor en filosofía 

Cuba, Venezuela

LAUICOM rinde tributo a los 32 hermanos cubanos que defendieron la soberanía de nuestro país

La Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM) rinde tributo a los 32 hermanos cubanos dignos herederos del Apóstol José Martí quienes han pasado a la inmortalidad defendiendo la soberanía de la patria del Libertador Simón Bolívar, al Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros y de la Diputada – Primera Dama, Cilia Flores.

En nombre de la Rectora Tania Díaz, de los profesores y trabajadores de LAUICOM extendemos nuestra solidaridad al pueblo cubano en momentos de gran dolor que refuerzan el compromiso en seguir firmes y más unidos que nunca en el pensamiento y la acción de los Comandantes Fidel Castro Ruz y Hugo Chávez Frías.

Con Alí Primera levantamos nuestros puños en alto y les prometemos seguir luchando por la alborada.

Hasta la victoria siempre, camaradas.

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Trump y su “fuck you” | No es “fake”, no es “IA”

Fernando Buen Abad Domínguez

Rector Internacional de la UICOM y Director de la Cátedra Sean MacBride

Esto no puede reducirse a un “descuido” de estilo personal ni a una mera desviación del decoro institucional; constituye un fenómeno estructural que revela la forma en que el poder se representa, se impone y se naturaliza en una coyuntura histórica determinada. Cuando un mandatario recurre sistemáticamente a gestos ofensivos, insultos públicos, descalificaciones humillantes y una teatralidad agresiva, no estamos ante un error comunicacional, sino ante una estrategia semiótica consciente o inconsciente que desfigura el vínculo entre gobernante y gobernados. La obscenidad, en este contexto, opera como un signo de dominación que busca erosionar el pacto simbólico entre autoridad y pueblo, sustituyendo la legitimidad ética por la dictadura de la imposición emocional, el escándalo permanente y la violencia discursiva. El cuerpo del mandatario, su voz, su gesto, su mímica y su léxico se convierten en dispositivos de poder que comunican desprecio, superioridad y amenaza, produciendo una semiosis donde la ofensa no es un exceso, sino el personaje mismo.

Desde una perspectiva filosófico-crítica, esta obscenidad política puede leerse como una forma de cinismo del poder, en el que la negación de la dignidad del otro se transforma en espectáculo. El insulto deja de ser una anomalía para convertirse en una disfunción de gobierno, deshumanizar al adversario, ridiculizar al diferente, estigmatizar al débil y exhibir impunidad frente a las normas que rigen la convivencia democrática. En este marco, la obscenidad funciona como una pedagogía autoritaria que enseña a la sociedad que el poder puede hablar sin límites, que la violencia simbólica es aceptable si proviene de arriba y que el respeto ya no es una condición del mando, sino una debilidad. La semiótica del insulto produce una reorganización del campo político, desplaza el debate racional, degrada el lenguaje público y normaliza la agresión como forma legítima de intervención en lo social.

Este gesto obsceno, entre muchos otros, del mandatario no interpela a la ciudadanía como sujeto político, sino como masa emocional a ser provocada, dividida y movilizada por impulsos primarios. Ese gesto “fuck you” no busca convencer, sino someter; no intenta argumentar, sino marcar territorio. Se trata de una semiosis del desprecio, donde el dedo no apunta a la construcción de sentido compartido, sino a la imposición de una jerarquía simbólica. En este esquema, el pueblo es reducido a objeto de burla, sospecha o amenaza, mientras el gobernante se autoerige como figura excepcional, situada por encima de toda norma moral y de todo límite discursivo. La obscenidad se vuelve así un signo de dictadura absoluta, el poder se exhibe precisamente en su capacidad de violar las reglas sin consecuencias.

Esta dinámica revela una profunda regresión del espacio público, donde la gestualidad deja de ser un instrumento de mediación social para convertirse en un arma de desprecio. La obscenidad no sólo degrada al receptor del mensaje, sino que corrompe el propio tejido simbólico de la comunidad política. Al repetirse, el insulto presidencial erosiona la frontera entre lo decible y lo indecible, banaliza la violencia verbal y prepara el terreno para formas más explícitas de exclusión y coerción. Nuestra semiótica crítica muestra que no hay neutralidad en estos signos, cada ofensa es un acto político que refuerza estructuras de poder desiguales, legitima prejuicios históricos y reactiva narrativas de supremacía, miedo y odio.

Desde una lectura más radical, puede afirmarse que la obscenidad del mandatario expresa una crisis de representación, incapaz de sostener su autoridad en un proyecto ético o racional, el poder recurre a la provocación obscena como sustituto de legitimidad. El insulto opera como cortina de humo que oculta la ausencia de propuestas transformadoras, mientras captura la atención mediática y mantiene a la sociedad atrapada en una dinámica reactiva. La ofensa se convierte en mercancía simbólica, reproducida hasta el agotamiento por los medios de comunicación, que funcionan como amplificadores acríticos del gesto obsceno. Así, la semiosis del poder se articula en un circuito perverso donde la violencia discursiva se recicla como entretenimiento político.

Esa obscenidad presidencial también cumple una función disciplinaria, envía un mensaje claro a quienes disienten, advirtiendo que la crítica será respondida con humillación pública. Se instaura así un régimen de intimidación simbólica que busca desalentar la participación política consciente y sustituirla por el miedo, la burla o el fanatismo. El lenguaje se degrada hasta convertirse en un instrumento de castigo, y la figura del mandatario encarna una autoridad que no dialoga, sino que agrede. Desde la semiótica del poder, este fenómeno puede entenderse como una forma de violencia simbólica institucionalizada, donde el insulto oficial legitima la reproducción social del desprecio y la exclusión.

En última instancia, la obscenidad del gobernante no es un problema de modales, sino un síntoma de una forma de poder que ha renunciado a la ética pública y ha convertido la comunicación política en un campo de batalla emocional. El signo obsceno revela una concepción del pueblo como enemigo potencial, como masa a ser controlada mediante la provocación y el miedo. Esta semiosis no sólo daña a quienes son directamente ofendidos, sino que empobrece el horizonte democrático en su conjunto, al sustituir el diálogo por el escarnio y la deliberación por el espectáculo. La crítica filosófica y semiótica permite comprender que estas señales obscenas no son anecdóticas, sino estructurales, expresan un modelo de dominación que necesita humillar para gobernar, provocar para existir y ofender para reafirmarse. En esa obscenidad se condensa una verdad incómoda del poder contemporáneo, cuando el lenguaje se vuelve arma y el gesto se vuelve insulto, la política deja de ser un espacio de construcción colectiva y se transforma en un ejercicio de violencia simbólica permanente contra la dignidad del pueblo.

Este mandatario que utiliza gestos, palabras y conductas obscenas frente a la ciudadanía constituye un fenómeno semiótico de múltiples capas, donde lo visible y lo simbólico se entrelazan para generar significados complejos, conflictivos y a menudo polarizadores. En la esfera política, la obscenidad no es simplemente un acto vulgar; es un signo que despliega una narrativa de poder y de legitimación, a la vez que expone tensiones profundas entre lo institucional y lo personal, entre la autoridad formal y la ética del discurso público. Los gestos que ofenden, las expresiones que humillan, las palabras que transgreden convenciones de respeto y decoro se convierten en signos cargados de un contenido ideológico, emocional y social que trasciende su mera forma.

Cada señal, cada gesto, cada insulto se inscribe en un sistema de comunicación donde el cuerpo del mandatario funciona como un texto abierto, interpretable desde múltiples perspectivas. Desde una lectura semiótica, la obscenidad en el liderazgo político no es accidental; es un recurso performativo que articula el poder de manera directa, inmediata y, muchas veces, transgresora, generando un efecto de shock que obliga al espectador a posicionarse. Este tipo de comunicación rompe con la narrativa tradicional de la política como espacio de moderación y racionalidad, introduciendo la emoción cruda, la confrontación explícita y la provocación como herramientas de control discursivo y mediático.

Esa semiosis que se produce en este contexto no se limita al intercambio convencional de signos; se configura como un acto de poder performativo que redefine los límites de lo aceptable y lo ilegítimo, desafiando la noción de autoridad basada en la ética y la responsabilidad pública. Al observar la obscenidad del mandatario, se evidencia un uso estratégico de la corporalidad y del lenguaje, en el que la agresión verbal o gestual funciona como signo de autoridad, al mismo tiempo que establece fronteras simbólicas con aquellos que son percibidos como adversarios o como parte de una audiencia subordinada. La ofensa se transforma, así, en un marcador identitario que delimita quién pertenece al círculo de poder y quién queda fuera, generando una narrativa de inclusión y exclusión donde el mandato se legitima a través de la transgresión misma de normas sociales y culturales.

Esa conducta es un ejercicio de poder que se manifiesta a través del signo, una hegemonía que no sólo regula comportamientos materiales, sino que también moldea la percepción de lo que es políticamente posible y lo que se considera moralmente reprochable. La obscenidad se convierte en un modo de performar la soberanía, de declarar que el mando no está sujeto a los códigos tradicionales, que la autoridad se ejerce por encima de las normas sociales y que el discurso público puede ser territorio de confrontación explícita, agresión simbólica y manipulación emocional. La interacción entre signo y receptor adquiere aquí una intensidad particular, el gesto obsceno del mandatario funciona como detonador de emociones, polariza opiniones y provoca la activación de estructuras cognitivas y afectivas que reconfiguran la percepción de legitimidad y de poder.

Trump con sus obscenidades genera un campo semiótico en el que la violencia simbólica, la provocación y la teatralidad se articulan para sostener un estilo de liderazgo que depende de la atención constante, del escándalo y de la polarización. En este sentido, el mandatario que ofende no sólo actúa sobre el público, sino que produce un efecto de retroalimentación semiótica, las respuestas de la sociedad, la cobertura mediática, la indignación pública y la polarización se convierten en signos que refuerzan y amplifican el propio gesto original, creando un sistema dinámico de significación que trasciende la intención inicial y establece un nuevo lenguaje político basado en la transgresión.

Su obscenidad (toda) se convierte en signo performativo que articula poder, identidad y emoción, un espacio donde la ética tradicional se encuentra tensionada y donde el mandato se ejerce a través de la capacidad de provocar, de dividir y de movilizar afectos. La narrativa que surge de este estilo de liderazgo es, en consecuencia, profundamente ambivalente, por un lado, revela la fragilidad de las instituciones frente a la personalidad y las emociones del líder; por otro, demuestra la fuerza del signo como herramienta de construcción de autoridad, de legitimación simbólica y de manipulación social. La semiótica de la ofensa pública muestra que los gestos y palabras obscenos no son meros deslices de mal gusto, sino elementos constitutivos de un lenguaje político que articula el poder a través de la emoción, la transgresión y la provocación. La obscenidad se convierte en estrategia de visibilidad, en un código que establece jerarquías, delineando quién está dentro y quién está fuera de la esfera de influencia, y generando un diálogo conflictivo con los valores de respeto, decoro y ética que tradicionalmente sostienen la autoridad política.

Así la ofensa sistemática y los gestos obscenos de un mandatario constituyen un campo de análisis privilegiado para entender cómo los signos y símbolos se despliegan en la política contemporánea, mostrando que el poder puede performarse a través de la transgresión y que la autoridad se negocia continuamente en el espacio público mediante la manipulación de significados, emociones y expectativas sociales. Este fenómeno revela, además, la tensión permanente entre la ética y la estrategia, entre el signo y el efecto, evidenciando que en la política moderna la obscenidad puede ser tanto una herramienta de dominación como un espejo de los conflictos sociales y culturales que atraviesan a la sociedad, un recordatorio de que la semiótica del poder no se limita a lo formal, sino que reside también en lo provocativo, lo emotivo y lo disruptivo.

Esa fotografía y video en el que Donald Trump muestra el dedo medio en público (fuck you) fue publicado por el sitio de entretenimiento TMZ, que difundió el material de un encuentro ocurrido el 13 de enero de 2026 durante una visita de Trump a una planta de Ford en Dearborn, Michigan. En ese video, se ve al mandatario aparentemente respondiendo con “fuck you” y levantando el dedo medio hacia un trabajador que lo increpó llamándolo “pedophile protector”.  En el video se ve a Trump (presidente de la nación) aparentemente respondiendo a un trabajador que lo llamó “pedophile protector”, antes de levantar el dedo medio y decir “fuck you”.  Varios medios recogieron y confirmaron la publicación del video de TMZ, por ejemplo Forbes, que señala que el clip fue “first obtained by TMZ” mostrando a Trump dando el gesto tras ser abucheado mientras estaba en el evento.  Además, La Nación informó que el video fue difundido por TMZ y circuló en redes sociales como TikTok y X, donde se veía a Trump haciendo la seña obscena después de escuchar el grito del público.

Fuentes exactas: Forbes, “Trump Gives Middle Finger After Heckler…” — video first obtained by TMZ mostrando el gesto.  La Nación (Argentina), Video divulgado por TMZ que muestra al mandatario levantando el dedo medio tras el increpador.  El clip fue descrito por la agencia Reuters y otros medios como primeramente difundido por TMZ y confirmado como auténtico por la Casa Blanca, donde se ve al presidente levantando el dedo medio al supuesto heckler durante su recorrido por la planta.

 Enlaces a las fuentes originales donde se publicó o se menciona la publicación,

TMZ, “President Trump Filmed Flipping Off Ford Worker Who Yells ‘Pedophile Protector’ at Him” — artículo con el video publicado directamente por TMZ. Reuters, Cubriendo el mismo video inicialmente compartido por TMZ y confirmando el gesto en Dearborn, Michigan. Video original publicado por TMZ.

https://www.facebook.com/reel/1367673964600537

https,//www.tmz.com/2026/01/13/trump-flips-off-ford-worker/

https,//www.spokesman.com/stories/2026/jan/13/trump-flips-off-michigan-auto-worker-who-criticize/

https,//www.nbcchicago.com/news/national-international/trump-flips-off-apparent-heckler/3875731/

https,//es-us.noticias.yahoo.com/trump-se%C3%B1ales-obscenas-trabajador-ford-033051834.html

https,//www.nbcchicago.com/news/national-international/trump-flips-off-apparent-heckler/3875731/

https,//www.fox5ny.com/news/video-appears-show-trump-flipping-off-ford-worker-who-yelled-him-dearborn-plant

https,//news.sky.com/story/white-house-defends-trump-after-video-appears-to-show-him-swearing-at-heckler-13494016

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UNIVERSIDAD DE OXFORD CALIFICA DE ILEGAL Y SIN PRECEDENTES LA AGRESIÓN MILITAR CONTRA VENEZUELA

La Escuela de Gobierno Blavatnik advierte que la intervención del pasado 3 de enero representa una ruptura crítica del orden jurídico global y de la Carta de las Naciones Unidas.

OXFORD, REINO UNIDO – Tras un exhaustivo análisis técnico-jurídico, la Universidad de Oxford, a través de la Escuela de Gobierno Blavatnik, ha emitido un pronunciamiento oficial sobre las acciones militares ejecutadas por Estados Unidos en territorio venezolano a principios de este año. El dictamen es concluyente: la operación constituye una violación flagrante y multidimensional del derecho internacional.

La Dra. Janina Dill, codirectora del Instituto Oxford de Ética, Derecho y Conflictos Armados (ELAC), lideró el informe donde se establece que la naturaleza del ataque carece de cualquier justificación legal bajo los tratados internacionales vigentes.

Según el análisis, el uso de la fuerza en este contexto no solo es ilícito, sino que su ilegalidad está «más allá de cualquier debate serio».

El informe subraya que la intervención rompe con el principio fundamental de soberanía estatal y la prohibición del uso de la fuerza, pilares del orden internacional desde 1945.

La academia británica enfatiza que no se cumplen los requisitos de «legítima defensa» ni existió un mandato previo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que autorizara tal incursión.

Oxford advierte con preocupación que la falta de una reacción internacional contundente podría normalizar el uso de la fuerza militar como sustituto de la diplomacia, devolviendo al mundo a un estado de inseguridad jurídica donde prevalece la ley del más fuerte.

«La forma en que el mundo reaccione ante esta ruptura es crítica. No se trata solo de la soberanía de una nación, sino de la supervivencia del sistema legal que impide el conflicto global anárquico», señala el análisis técnico.

Un Desafío a la Diplomacia Moderna

Este pronunciamiento se suma al de otras instituciones de élite, como la Universidad de Cambridge, consolidando un consenso académico en el Reino Unido sobre la gravedad de los hechos ocurridos el 3 de enero de 2026. La Universidad de Oxford insta a los organismos internacionales a reafirmar la validez de las normas globales frente a actos que amenazan con desmantelar décadas de consenso diplomático.

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Unión de Universidades de América Latina denuncia acciones de EE.UU. contra Caracas

El comité resalta que esta acción «sienta un grave precedente para el futuro de nuestra región latinoamericana y caribeña que siente gravemente amenazada su soberanía»

La Unión de Universidades de América Latina y el Caribe (UDUALC), emitió un comunicado en el que expresó su más profunda preocupación por las acciones de fuerza emprendidas por los Estados Unidos en contra de Venezuela.

El texto subraya que este tipo de intervenciones representa una amenaza directa a la soberanía de los países de la región por parte de Estados Unidos y la administración Trump.

“No es la primera vez que, durante la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos ejerce violencia militar contra diversos países, bajo las premisas de lucha antiterrorista o del combate al narcotráfico”, señala en el documento el comité ejecutivo.

No obstante, destaca que el ataque a Caracas carece de precedentes desde la invasión a Panamá en 1989, lo que constituye, según la UDUALC, un hecho de gravedad histórica para América Latina y el Caribe.

El comité resalta que esta acción «sienta un grave precedente para el futuro de nuestra región latinoamericana y caribeña que siente gravemente amenazada su soberanía».

El comunicado resalta que la UDUALC reivindica la soberanía de los países de la región y se suma a las condenas internacionales contra la intervención militar estadounidense en territorio venezolano. Asimismo, la organización académica hace un llamado al respeto del derecho internacional, en particular al cumplimiento de la Carta de las Naciones Unidas, cuyos principios prohíben el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado.

La UDUALC resaltó en su cuenta en la red social X que como institución «reafirma su papel como actor clave en la defensa del pensamiento crítico, la cooperación académica y la integración regional, subrayando que la educación no puede ser ajena a los contextos políticos y sociales que afectan a nuestros pueblos».

Este comunicado se une a la ola de rechazos que se han desatado en diversas partes del mundo en contra de lo sucedido en Caracas donde fue secuestrado el presidente Nicolás Maduro junto a la primera dama Cilia Flores en medio de un ataque al país.

El mensaje no solo refleja una postura institucional, sino también el compromiso del sector académico con los principios de autodeterminación y no intervención consagrados en el derecho internacional.

Fuente: teleSUR