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La guerra cognitiva como mutación del imperialismo contemporáneo: efectos sobre las subjetividades de clase y de los pueblos en Venezuela, América Latina y el mundo


Una aproximación desde la dialéctica del materialismo histórico

Pedro Penso
Director General del Centro de Investigación Contrahegemónica de la Universidad Internacional de las Comunicaciones
Red Internacional de Investigación Antifascista

La guerra como forma fenoménica de la lucha de clases en el siglo XXI
Para comprender lo que hoy llamamos guerra cognitiva y sus efectos sobre las subjetividades en Venezuela, América Latina y el mundo, es necesario partir de una proposición fundamental del materialismo histórico: la guerra no es un accidente de la historia ni una patología de las relaciones internacionales, sino una continuación de la política —y, por tanto, de la lucha de clases— por otros medios. Como nos enseñó Clausewitz, mediado por la lectura leninista, la guerra expresa, en su forma más concentrada y violenta, las contradicciones que atraviesan un modo de producción determinado.
Ahora bien, la mutación que nos ocupa —la emergencia de la guerra cognitiva como modalidad predominante de agresión imperialista en el siglo XXI— no representa un mero cambio técnico en los instrumentos bélicos. Tampoco es un fenómeno que pueda explicarse por la simple adición de «nuevas tecnologías» al repertorio militar. Se trata, más bien, de una transformación cualitativa en la forma que asume la guerra imperialista cuando las condiciones objetivas de la correlación de fuerzas global —el ascenso de nuevos polos de poder, la crisis de la hegemonía unipolar estadounidense, la emergencia de proyectos contrahegemónicos en el Sur Global— vuelven inviable la guerra clásica de ocupación territorial. Es, en palabras de algunos analistas, una guerra vicaria (Waldman, 2021) [1], que busca lograr los objetivos del imperialismo sin exponer a sus fuerzas al costo político y humano de una invasión directa.
Como sostienen Tan y Perlmutter (2006) [2], el concepto mismo de «guerra de información» encierra una paradoja: cuanto más se cree saber sobre ella, menos se comprende su dinámica real, pues la información no es un recurso neutral sino un campo de batalla donde se dirimen proyectos de sociedad antagónicos.

Mutaciones de la guerra cognitiva
Del 11 de septiembre al 3 de enero
La trayectoria de la guerra cognitiva como modalidad imperialista puede trazarse a partir de hitos que marcan saltos cualitativos en su desarrollo. Si la guerra mediática contra Irak en 1991 y 2003 mostró el poder de la manufactura del consenso (Herman y Chomsky, 1988) aplicada a gran escala, la experiencia venezolana de 2002 —el golpe de Estado mediático contra Hugo Chávez— reveló que, en América Latina, los medios de comunicación privados podían operar como arietes de desestabilización política con la misma eficacia que un batallón de infantería. Como documenta Cañizález (2003) [3], el golpe de abril de 2002 contra Chávez fue un «golpe mediático»: la televisión privada venezolana no solo informó, sino que produjo los acontecimientos, creando una realidad virtual que justificaba la ruptura del orden constitucional.
Esta primera fase —que podríamos llamar guerra mediática clásica— evolucionó hacia una forma más sofisticada con la irrupción de las plataformas digitales y las redes sociales. El uso de bots políticos para la manipulación de la opinión pública en Venezuela, estudiado por Forelle et al. (2015) [4], muestra cómo actores automatizados generan contenido que simula apoyo o rechazo popular, creando una falsa impresión de consenso o disenso. Los investigadores encontraron que los bots más activos en la conversación política venezolana eran utilizados por la oposición radical, y que se hacían pasar por líderes políticos y agencias gubernamentales más que por ciudadanos comunes.
Sin embargo, el salto cualitativo más significativo ocurre en la coyuntura que usted señala: el período pre y post 3 de enero. En esta fase, la guerra cognitiva ya no se limita a informar tendenciosamente o a manipular la opinión pública, sino que busca reconfigurar las subjetividades mismas de los pueblos, alterando su percepción de la realidad, su memoria histórica y su capacidad de agencia política. Se trata de una guerra que opera en el plano de lo que Gramsci llamó la hegemonía: la disputa no es solo por el gobierno, sino por la dirección intelectual y moral de la sociedad (Hesketh, 2019) [5].
En el caso venezolano, esta mutación se expresó en la estrategia de doble poder implementada a partir de enero de 2019, cuando Juan Guaidó se autoproclamó «presidente encargado» con el respaldo inmediato de Estados Unidos y sus aliados. Como señala Buxton (2019) [6], la estrategia de la oposición venezolana estuvo marcada por errores de cálculo y por una dependencia excesiva del respaldo internacional, lo que revela que la guerra cognitiva no puede suplir indefinidamente la falta de arraigo social y de correlación de fuerzas favorable en el terreno material.

El secuestro del derecho internacional y la ruptura del orden jurídico
El desconocimiento de los principios más elementales del derecho internacional —la soberanía, la autodeterminación de los pueblos, la no intervención— constituye la base jurídico-política sobre la cual se despliega la guerra cognitiva contra Venezuela. La estrategia de reconocimiento selectivo de gobiernos, analizada por López-Rodríguez (2021) [7] a través del caso venezolano, revela cómo las potencias imperialistas instrumentalizan el derecho internacional para legitimar injerencias: más de cincuenta países reconocieron a Guaidó como presidente legítimo, a pesar de que Maduro ejercía el control efectivo del territorio, de las instituciones y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Esta fractura del orden jurídico internacional tiene consecuencias profundas sobre las subjetividades. Cuando el derecho se convierte en un arma de guerra, la percepción de lo legítimo y lo ilegítimo se desestabiliza. Sectores enteros de las clases medias venezolanas —formadas en la idea de que «Occidente» representa la legalidad y la democracia— experimentaron una ruptura cognitiva al ver que sus referentes tradicionales de autoridad moral avalaban una ficción jurídica: la de un «presidente» sin control territorial, sin ejército y sin capacidad de gobernar. Para las clases populares, en cambio, la defensa de la soberanía se convirtió en una experiencia de reafirmación identitaria, en la medida en que la agresión externa operó como catalizador de una conciencia nacional y antiimperialista.
Las sanciones económicas unilaterales impuestas por Estados Unidos —que, como documenta Mooney (2021) [8], fueron tan severas que la propia relatora especial de Naciones Unidas sugirió que podrían constituir crímenes de lesa humanidad— operan no solo como mecanismo de asfixia económica, sino como dispositivo de guerra cognitiva. Al bombardear a la población venezolana con la narrativa de que «las sanciones no afectan al pueblo sino al gobierno», y al mismo tiempo generar escasez inducida e hiperinflación, se produce una disociación esquizofrénica en la conciencia popular: se vive la catástrofe económica mientras se niega su causa real.

Efectos sobre las subjetividades de clase
El materialismo histórico nos enseña que la conciencia de clase no es un reflejo mecánico de la posición en las relaciones de producción, sino una construcción política y cultural mediada por la lucha ideológica. En este sentido, la guerra cognitiva opera directamente sobre lo que Lukács denominó la conciencia de clase psicológica (la percepción inmediata que los individuos tienen de su situación) para impedir el desarrollo de la conciencia de clase atribuida (la comprensión de los intereses históricos objetivos de su clase) (Melo, 2018) [9].
En Venezuela, el efecto ha sido paradójico y contradictorio. Por un lado, la guerra cognitiva ha profundizado la polarización de clase que ya caracterizaba la sociedad venezolana desde la llegada de Chávez al poder. Como documentan Hawkins et al. (2018) [10], la polarización en Venezuela no fue simplemente política, sino que expresó la división de la clase en la sociedad venezolana: el chavismo aglutinó a los sectores populares y a las clases medias empobrecidas, mientras que la oposición concentró a las élites económicas, a las clases medias altas y a los sectores profesionales formados bajo el paradigma neoliberal. La guerra cognitiva intensificó esta división de las clases al naturalizar las diferencias de clase como diferencias morales e identitarias: el chavista era presentado como «ignorante», «populista» o «violento», mientras que el opositor era retratado como «ciudadano», «demócrata» o «profesional».
En América Latina, la guerra cognitiva ha producido un efecto de archaización de la conciencia política, como lo denominan Morozov y Erofeev (2017) [11] en su análisis de las guerras híbridas. Este concepto se refiere al retorno de mitologías políticas arcaicas —el «enemigo interno», la «conspiración comunista», la «amenaza a la civilización occidental»— que reemplazan el análisis racional de las contradicciones sociales por una lógica amigo-enemigo despolitizada. En Brasil, la elección de Bolsonaro fue un caso paradigmático: el uso de WhatsApp como arma de propaganda masiva —analizado por Luz y Miller (2020) [12]— permitió construir una realidad paralela donde la amenaza del «comunismo» justificaba cualquier atrocidad. La guerra cognitiva, en este sentido, produce una involución de la subjetividad política: en lugar de la conciencia crítica que debiera emerger de la experiencia material de la explotación, se implanta una conciencia mistificada que identifica como enemigos a otros explotados o a proyectos emancipatorios.

La dimensión geopolítica y los pueblos: imperialismo y guerra vicaria
La guerra cognitiva no puede entenderse al margen de la reconfiguración geopolítica global. La tesis de la «guerra vicaria» —desarrollada por Waldman (2021) [1] y retomada por otros analistas (Krieg y Rickli, 2018) [13]— sostiene que Estados Unidos ha optado por delegar en actores proxies la realización de sus guerras, manteniendo su propia fuerza militar en la sombra, operando desde las sombras (operaciones encubiertas, fuerzas especiales, drones, guerra cibernética), mientras transfiere los costos humanos y políticos a otros.
En el contexto latinoamericano, esta guerra vicaria asume la forma de una agresión multidimensional que combina sanciones económicas, manipulación mediática, financiamiento de oposiciones, reconocimiento selectivo de gobiernos y guerra cognitiva digital. El objetivo es producir un colapso inducido que justifique la intervención humanitaria o el cambio de régimen. Como señalan Main y Dangl (2019) [14], el caso venezolano representa un momento crítico para desafiar la intervención imperialista en la región: lo que está en juego no es solo un país, sino la posibilidad de que exista un proyecto soberano, independiente y antiimperialista en el hemisferio.
Para los pueblos de América Latina, la guerra cognitiva produce una subjetividad escindida. Por un lado, las clases populares que han sido protagonistas de procesos emancipatorios —el bolivarianismo en Venezuela, el evismo en Bolivia, el correísmo en Ecuador, el lulismo en Brasil— desarrollan una conciencia defensiva, una subjetividad de resistencia que se fortalece frente a la agresión externa pero que corre el riesgo de cristalizarse en una postura reactiva que dificulta la autocrítica y la renovación. Por otro lado, las clases medias y altas que se identifican con el discurso hegemónico occidental experimentan una subjetividad de resentimiento: al ver bloqueadas sus expectativas de consumo y movilidad social por la crisis económica —crisis que la guerra cognitiva les presenta como resultado de la «incompetencia» o «corrupción» del gobierno popular, y no como efecto de las sanciones y la guerra económica—, estas clases se vuelcan hacia posiciones políticas cada vez más radicalizadas, llegando a justificar la intervención extranjera.
A escala global, la guerra cognitiva produce un efecto aún más inquietante: la disolución del principio de realidad. En un mundo donde cada hecho puede ser negado, cada verdad puede ser disputada y cada narrativa puede ser fabricada, la posibilidad misma del conocimiento objetivo —condición de posibilidad de cualquier política emancipatoria— se ve socavada. La guerra cognitiva no busca convencer, sino confundir; no busca ganar adeptos, sino neutralizar la capacidad de juicio. Es, en este sentido, una guerra contra la razón histórica misma.

Para cerrar en tono dialéctico
Entre la determinación estructural y la agencia histórica
Desde una perspectiva dialéctica, la guerra cognitiva no es un destino ineluctable ni una fuerza todopoderosa. Como toda forma de lucha de clases, encuentra sus límites en las condiciones materiales y en la praxis de los sujetos históricos. El fracaso del intento de derrocar a Maduro en 2019 —a pesar de la maquinaria cognitiva global desplegada a su favor— demuestra que la guerra cognitiva, por sí sola, no puede suplir la ausencia de una base social sólida ni la falta de una correlación de fuerzas favorable en el terreno material (Buxton, 2019) [6].
La guerra cognitiva ha mutado y se ha sofisticado, pero la contradicción fundamental que recorre la historia latinoamericana —la que enfrenta a los proyectos de soberanía popular con los intereses del imperialismo y sus aliados locales— permanece intacta. Lo que ha cambiado es el escenario donde esta contradicción se dirime: de los campos de batalla físicos, la guerra se ha trasladado a los territorios de la conciencia. Pero la conciencia, como nos enseñó Marx, no es una esfera autónoma de la realidad: es expresión y reflejo —activo, no pasivo— de las condiciones materiales de existencia.
El mayor peligro de la guerra cognitiva no reside en su capacidad de engañar, sino en su capacidad de desmovilizar, de producir una subjetividad fatalista que acepte la realidad presente como inmutable. Frente a ello, la tarea del pensamiento crítico —y de la praxis política que le corresponde— es restituir el vínculo entre la experiencia vivida y la comprensión de la totalidad social, entre el sufrimiento cotidiano y sus causas estructurales, entre la memoria histórica de las luchas pasadas y la posibilidad de un futuro emancipado.
Como sostienen Petras y Veltmeyer (2018) [15] en su análisis de la lucha de clases en América Latina, cada avance del capital en la región ha generado una respuesta correspondiente de las clases trabajadoras y populares. La guerra cognitiva es el más reciente capítulo de esta dialéctica de dominación y resistencia. La pregunta que se abre ante nosotros —pueblos de Venezuela, de América Latina y del mundo— es si seremos capaces de desarrollar las formas organizativas, las subjetividades y las conciencias que nos permitan no solo resistir, sino vencer en este nuevo terreno de batalla.

Referencias
[1] Waldman, T. (2021). Vicarious Warfare: The Counterproductive Consequences of Modern American Military Practice. Contemporary Security Policy, 38(3), 409-431. https://doi.org/10.1080/13523260.2017.1393201
[2] Tan, A., & Perlmutter, D. (2006). The more you know, the less you understand: The problem with information warfare. Journal of Strategic Studies, 29(3), 497-521. https://doi.org/10.1080/01402390600765900
[3] Cañizález, A. (2003). Breaking Democracy: Venezuela’s Media Coup. Media International Australia, 108(1), 75-85. https://doi.org/10.1177/1329878×0310800114
[4] Forelle, M., Howard, P., Monroy-Hernández, A., & Savage, S. (2015). Political Bots and the Manipulation of Public Opinion in Venezuela. SSRN Electronic Journal. https://doi.org/10.2139/ssrn.2635800
[5] Hesketh, C. (2019). A Gramscian Conjuncture in Latin America? Reflections on Violence, Hegemony, and Geographical Difference. Antipode, 51(4), 1179-1199. https://doi.org/10.1111/anti.12559
[6] Buxton, J. (2019). The Missteps of Venezuela’s Opposition—Again. NACLA Report on the Americas, 51(2), 125-130. https://doi.org/10.1080/10714839.2019.1617472
[7] López-Rodríguez, A. M. (2021). Legal Consequences of and Approaches to the Question of Recognition of a Government of a State: Disputes involving Venezuela. ICSID Review – Foreign Investment Law Journal, 36(3), 491-514. https://doi.org/10.1093/icsidreview/siab022
[8] Mooney, J. (2021). Economic Sanctions, International Law, and Crimes Against Humanity: Venezuela’s Referral to the International Criminal Court. American Journal of International Law, 115(2), 305-312. https://doi.org/10.1017/ajil.2021.20
[9] Melo, B. P. (2018). To Be or Not to Be, That Is the Question?—Fragments of Marxist Theory on the Movements of Class Consciousness. International Critical Thought, 8(1), 102-118. https://doi.org/10.1080/21598282.2018.1430602
[10] Hawkins, K., Rovira Kaltwasser, C., & Andreadis, I. (2018). Polarization, Participatory Democracy, and Democratic Erosion in Venezuela’s Twenty-First Century Socialism. The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science, 681(1), 62-79. https://doi.org/10.1177/0002716218817733
[11] Morozov, E., & Erofeev, S. (2017). Hybrid wars: the archaization of political consciousness and involution of media. Russian Journal of Communication, 9(1), 62-76. https://doi.org/10.1080/19409419.2017.1323177
[12] Luz, N., & Miller, E. (2020). Minimal Effects, Maximum Panic: Social Media and Democracy in Latin America. Social Media + Society, 6(4), 1-12. https://doi.org/10.1177/2056305120984452
[13] Krieg, A., & Rickli, J.-M. (2018). Surrogate warfare: the art of war in the 21st century? Defence Studies, 18(2), 159-186. https://doi.org/10.1080/14702436.2018.1429218
[14] Main, A., & Dangl, B. (2019). Venezuela: A Critical Moment to Challenge Intervention. Socialism and Democracy, 33(2), 118-125. https://doi.org/10.1080/08854300.2019.1638184
[15] Petras, J., & Veltmeyer, H. (2018). Class Struggle Back on the Agenda in Latin America. Journal of Developing Societies, 34(1), 1-23. https://doi.org/10.1177/0169796×17753000
[16] Youngers, C. (2000). Cocaine Madness Counternarcotics and Militarization in the Andes. NACLA Report on the Americas, 34(3), 16-23. https://doi.org/10.1080/10714839.2000.11722614
[17] Morales, G. (2018). Comparative analysis of the emerging projects in Latin America after the crisis of the neoliberal modernity project in the early 21st century. Thesis Eleven, 149(1), 48-66. https://doi.org/10.1177/0725513618813382
[18] Robinson, W. I. (2024). Downplaying U.S. Imperialism Despite its Ongoing Tenacity: The Latin American Dimension. Latin American Perspectives, 51(2), 3-22. https://doi.org/10.1177/0094582×241256896

Nota al pie

La archaización de la conciencia política, es un fenómeno contemporáneo en el que los discursos, comportamientos y estructuras mentales de la política moderna retroceden hacia formas más primitivas, emocionales o tribales. Este proceso implica abandonar el debate racional y la complejidad democrática en favor de la dinámica basadas en la división, la identidad grupal y lideres.
Se puede reconocer en este fenómeno características y formas de expresión que evidencia culturas políticas populista y emocionales, donde la conciencia política se deforma a alejarse de la comprensión estructural de los problemas y enfocarse en el odio, el rencor social y la división. As mismo, encontramos formas de tribalismo, como un retorno a la lógica de “amigo-enemigo”, donde la pertenencia al grupo es más importante que las propuestas políticas. Se expresa también el liderazgo paternalista, que muestra la reaparición de figuras de autoridad vistas como “pastores del pueblo”, un concepto arcaico descrito por plato donde el líder asume un rol educador o paternalista sobre la ciudadanía. Por último, podemos encontrar la desinformación como herramienta, creando un contexto que permite que la desinformación alimente este retroceso, afectando la toma de decisiones razonables.
Este fenómeno se ve alimentado por la lucha por recursos, la polarización y la arremetida de intereses económicos. En lugar de una conciencia política basada en la ciudadanía moderna, se promueve una que busca “salvadores” o respuestas simples a crisis complejas. La archaización busca concentrar el poder en figuras que apelan a pasiones primarias, eliminado la racionalidad. Es un retroceso hacia formas autoritarias o tribales de entender el poder, impulsando por la polarización y la manipulación emocional, mientras la conciencia política sana busca transformar las relaciones de poder de manera horizontal y colectiva.

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Un mensaje del presidente Maduro ¿En Pentecostés?

Por Prof. Roger Garcés

Profesor e Investigador

 Universidad Internacional de las Comunicaciones. LAUICOM

Tesis Central:

El mensaje del Presidente Nicolás Maduro en el marco de la celebración de Pentecostés define una guía místico-política orientada a la fe absoluta, el acuerdo colectivo y la unificación nacional como condiciones indispensables para recoger la prosperidad de la patria.

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Ejes Temáticos:

Exegesis del Evangelio de Mateo (fe, oración y confluencia colectiva) , evolución histórica de la fiesta de las semanas como el ciclo espiritual del trabajo (preparación, siembra y satisfacción) , y la urgencia estratégica de erradicar la desunión política.

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Nuevamente el Presidente Maduro nos sugiere lecturas de versículos de la biblia y ya estamos acostumbrados a que cada sugerencia viene envuelta en un paño blanco de ternura que disimula muy bien la profundidad y lo complejo de cada enseñanza que nos deja.  Cada versículo que el Presidente Maduro nos regala, siempre estará a la altura de quien lo lee; sí el lector es una persona superficial, pues encontrará una lectura hermosa pero banal; pero si al lector le gusta escudriñar y sacarle el jugo a las enseñanzas, tendrá un océano profundo de maravillas que harán crecer su alma a dimensiones nunca imaginadas. 

Así ocurre en esta oportunidad; en el marco de la fiesta de Pentecostés nos deja un mensaje aparentemente sencillo, pero que basta atizarlo un poco para que comience a chispear. Los invito a analizarlo para que las sorpresas aparezcan y las enseñanzas florezcan a niveles inenarrables. 

Un mensaje en Pentecostés

¿Por qué justamente en Pentecostés el Presidente Maduro nos habla de Mateo?   El domingo 24 de mayo de este 2026, día de Pentecostés, el Presidente Maduro en unión con la Primera Dama Cilia Flores, nos envió un mensaje del que abstraigo solo la siguiente cita:

«Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis…  … si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. 22 Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis». (Mt 21:21)

Y también nos pide que leamos:

19 Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. (Mt 18: 19, 20)

Y estas recomendaciones las hace en el contexto de Pentecostés al que se refiere con:

«Pidamos recibir la guía y las bendiciones del Espíritu Santo como las recibieron los apóstoles …  …y sobre todo la unión para consolidar nuestro camino como país bendecido por el espíritu Santo”.

«La distancia que hay de Semana Santa a Pentecostés es la distancia mística del trabajo y la satisfacción: el tiempo de recoger lo sembrado.»

Exégesis y hermenéutica

Recordemos que Pentecostés inicialmente era una fiesta de las cosechas.  Originalmente se llamaba «Fiesta de las semanas» y se fechaba al día siguiente de cumplirse  siete semanas del punto vernal, que es el día de inicio de la primavera y que generalmente ocurre el 21 de marzo.  Es importante tener en cuenta que la primera luna llena, luego de ese punto, marca nuestra semana santa. 40 días antes de esa primera luna llena luego del punto vernal, se celebraba el carnaval, y un día después de que hayan pasado siete semanas, luego de ese punto vernal, o sea,  el quincuagésimo día (de ahí la palabra Pentecostés), se celebraba la fiesta de las cosechas o de las Semanas.  Entonces tenemos:

  1. Punto vernal = inicio de la primavera (más o menos 21 de marzo para el hemisferio norte).
  2. Primera luna llena inmediatamente después del punto vernal es Semana santa. 
  3. 40 días antes de esa luna llena es Carnaval 
  4. 50 días después de esa luna llena es Pentecostés. 

De manera que Pentecostés hay que entenderlo desde el carnaval.  Imaginemos un momento de juerga y excesos (carnaval), en dónde nos comimos lo que quedó del invierno, y luego pasamos 40 días preparándonos para sembrar (Primavera = Semana santa) y luego de eso, 50 días para recoger lo sembrado (Pentecostés). Es decir, la distancia que hay del Carnaval a la Semana santa es de PREPARACIÓN, y la distancia que hay de Semana santa a Pentecostés es de TRABAJO Y SATISFACCIÓN.  Se cuenta que el día de Pentecostés bajó una llamarada del cielo y encendió la cabeza a los asistentes a una celebración y éstos aprendieron a hablar en lenguas (Ver Hechos 2:1-4). Denotando con eso que el fuego del Espíritu Santo le fue dado a cada cual y asimismo el poder de hablar muchas lenguas para transmitir la buena nueva.   Este hecho, ocurrido, justamente el día de Pentecostés, marca el nacimiento de la Iglesia y la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos de Jesús. Ya pueden imaginar la inmensa carga energética y simbólica que tiene esta fecha.

«Cualquier asomo de desunión va a ser utilizado de manera inmediata e inmisericorde por los enemigos de la patria.»

Entonces, tenemos 40 días de trabajo previo a la primavera (sembrar = preparación), y luego 50 días para cosechar y tener la satisfacción del trabajo realizado (recoger la cosecha = Pentecostés). De manera que esos días de júbilo están presentes en la memoria histórica de la humanidad, y el Presidente Maduro los aprovecha y nos deja un mensaje, que toma de Mateo: «Si ustedes se ponen de acuerdo en la tierra sobre cualquier asunto que pidan, les será concedido por mi Padre, que está en los cielos.  Porque donde dos o tres han sido reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18: 19,20).

Habíamos titulado este aparte con dos palabras rimbombantes: “Exégesis y hermenéutica”; yo creo que no hace falta mucho análisis para darnos cuenta de lo que nos está queriendo decir el Presidente Maduro. A mi manera de ver, el mensaje que nos da a nosotros iría por el siguiente tenor:

Luego de nosotros trabajar incansablemente, y luego de ver los frutos y de regocijarnos y tener la autoridad moral para recogerlos, aun así, y especialmente en ese momento, debemos TENER FE y ABSOLUTAMENTE TENER UNIÓN. El Buda decía que había tres momentos en los cuales debemos prestar especial atención a nuestra conducta: Antes durante y después. O sea que SIEMPRE debemos estar atentos a nuestra conducta y a las consecuencias de nuestra conducta. Siempre debemos estar conscientes que CUALQUIER COSA que hagamos, ya que INDEFECTIBLEMENTE va a repercutir sobre los demás. No somos islas individualizadas como la dominación nos ha hecho creer. En verdad, estamos INEXTRICABLEMENTE INTERCONECTADOS, de manera que siempre vamos a impactar a los demás con lo que hagamos. No importa lo que hagamos, pequeño o grande, siempre estamos impactando a los demás. Por ello, no podemos deshacernos de la noción de vínculo y “donde haya dos o tres reunidos en mi nombre, ahí estaré yo”. Por eso, es absurdo hacer daño a los demás y pensar que a uno no le va a pasar nada. Es tonto creer que, si ponemos guayas asesinas y degollamos motorizados, si quemamos gente viva, si insultamos a los demás diciéndole “Mono” y si pedimos sanciones para el país, nos vaya a ir bien. ¡Esto es el contrasentido más grande que hayamos podido ver!

El significado profundo de Pentecostés es contrario a la desunión, ya que es una fiesta de la colectividad y como se basa en una fiesta muy anterior al cristianismo, está inscrita en la memoria cultural de TODA la humanidad; así Pentecostés se basa en la satisfacción colectiva. Si a ello le sumamos toda la carga simbólica que le ha puesto el cristianismo, tenemos que Pentecostés es una celebración que trasciende la religión cristiana, abraza el judaísmo y la tradición pagana indistintamente.

Pentecostés nos habla de que nos comimos lo que quedaba del invierno, de que  preparamos para el trabajo y de que nos regocijamos al recoger la cosecha.  De manera que es algo que tenemos inscrito muy profundamente en nuestra alma y en nuestro inconsciente colectivo, por ello no podemos obviarlo; no podemos ignorarlo, está con nosotros y estará con nosotros por muchas generaciones.  ¿Esa “celebración” de Pentecostés no la barrunta ya nuestra alma? Hay algo que nos dice que está cerca ¿No nos dicen las chicharras con su canto que se aproximan las lluvias y los cultivos nos darán de comer? ¿No nos dicen las nubes grises que los embalses pronto subirán su nivel de agua? ¿No sospecha nuestra alma, que más temprano que tarde, nuestra patria recobrará su prosperidad? La significación actual es que tenemos un trabajo que es recuperar Venezuela, para la realización de ese trabajo y la posterior satisfacción por ese trabajo se hace IMPOSTERGABLE ponernos de acuerdo. Cualquier asomo de desunión va a ser utilizado inmediata e inmisericordemente por los enemigos de la patria.

El Presidente Maduro nos advierte, que para  el momento de recoger la cosecha, que poco a poco se avizora, necesaria y obligatoriamente, tenemos que ponernos de acuerdo. Nos dice la escritura que si nos ponemos de acuerdo, todo lo que pidamos “Nos será concedido por el Padre”, y esta petición debemos hacerla con la ABSOLUTA FE y confianza de que así como lo pedimos, así va a ocurrir.

Termino con estas palabras que son verdaderamente lapidarias:

«Los hechos son los que nos unen, las palabras nos separan.

Sí nos ponemos a discutir sobre las cosas que vemos diferentes, vamos a pasar una vida discutiendo.

Sí trabajamos en lo que estamos de acuerdo, vamos a pasar una vida trabajando» 

Raúl Sendic.

Continúa el análisis crítico y la Defensa Cognitiva con LAUICOM:

  • Tecnofascismo Global: Lee el «Manifiesto Enfermo» de la Prof. Carolina Escarrá Gil sobre la amenaza de los supraestados tecnológicos.
  • Simbología y Misterios Presidenciales: Explora el análisis del Prof. José Garcés sobre la «Unión superior» y el camino de la redención social.

Contranarrativas Geopolíticas: Revisa el trabajo de la Dra. Isabel Rivero D’Armas desmontando los conceptos de crisis humanitaria y estado fallido.

Tapas - Prensa (9)

Educación transformadora vs. educación neocolonial

Por la Prof. Isabel Rivero D’ Armas

Universidad Internacional de las Comunicaciones.  LAUICOM

La confrontación entre un modelo de educación pública, inclusiva y transformadora, y la estrategia neocolonial de las élites que busca normalizar el neoliberalismo, la desigualdad y la privatización encubierta tras el escenario posterior a la agresión del 3 de enero.

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Ejes Temáticos:

Democratización y universalización de la educación superior (misiones, UBV, UNES, politécnicas territoriales), impacto de las medidas coercitivas unilaterales (MCU) e inmigración inducida en el sector docente, y el desmontaje de la propuesta neoliberal de «desideologización».

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El presidente Hugo Chávez creó universidades públicas, como la Universidad Bolivariana de Venezuela, en 2003, y la Universidad Experimental de la Seguridad, en 2009, para garantizar el derecho constitucional a la educación, dignificó salarialmente a los docentes e hizo del libro y la lectura prácticas cotidianas e inclusivas, mientras en 2005 nos declarábamos territorio libre de analfabetismo.

La educación continuó siendo una prioridad con el presidente Nicolás Maduro, secuestrado desde el 3 de enero por EE. UU., la matrícula universitaria aumentaba alcanzando cifras que nos convertían en uno de los países con mayor acceso a la educación superior por la asignación directa de cupos en instituciones de educación nuevas como las politécnicas territoriales, de las ciencias de la salud, la campesina, entre otras. 

«Las medidas coercitivas unilaterales afectaron los salarios y generaron una inmigración inducida de profesionales de la docencia

A pesar de los logros, las medidas coercitivas unilaterales (MCU), que comenzaron con el decreto de Obama de 2015 que nos califica de amenaza, afectaron los salarios y esto generó la inmigración inducida de profesionales, entre ellos, docentes. A esto se sumó la pandemia del Covid, exigiendo las clases en línea, aunque, en muchos casos, no contábamos con las herramientas tecnológicas para la virtualidad, pero se atendió la contingencia desde instancias gubernamentales con tabletas y otros recursos.

Antes de las MCU, de acuerdo con la Cepal, en 2012, Venezuela se convirtió en el segundo país que más redujo la pobreza; en primer lugar, por el aumento de los ingresos laborales con uno de los salarios mínimos más altos de América Latina (475 dólares) y, en segundo, por los programas sociales de las misiones.

Después del 3 de enero, quedó claro que el llamado a las MCU por la oposición de ultraderecha no era el único plan. Luego del daño por el bloqueo, venía el resarcimiento. Entonces, la élite educativa, pensando en el escenario de la transición “democrática”, planificó, ya sin las sanciones que nunca reconocieron, mejorar las condiciones socioeconómicas del docente, pero con dosis de privatización, desde la educación inicial hasta la superior, atenuada con el beneficio de un financiamiento estatal y la promoción de un aprendizaje común, lejano a la educación transformadora, desde una desideologización que normaliza el neoliberalismo y la desigualdad social.

Continúa profundizando la geopolítica, la soberanía y el pensamiento crítico con LAUICOM:

  • Tecnofascismo y Silicon Valley: Explora el «Manifiesto Enfermo» de la Prof. Carolina Escarrá Gil sobre la amenaza corporativa mundial.
  • Guerra Total y Resistencia Colectiva: Revisa las investigaciones del Prof. Julio C. Valdez acerca del papel del pueblo creador frente al control de la conducta.
  • Hermenéutica y Mensajes Presidenciales: No te pierdas los análisis de los profesores José Garcés y Roger Garcés sobre la Unión Superior, la Redención y la preeminencia del amor.
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El discurso de la ciencia como instancia de poder: la exclusión del «saber otro»

Por: Dr. Merwin Pérez

Existe la falsa creencia de que el discurso científico es un territorio completamente neutral, un conjunto de métodos dedicados exclusivamente a la búsqueda objetiva de la verdad. Sin embargo, desde una mirada crítica y pedagógica, es evidente que la ciencia no es solo una herramienta de conocimiento; constituye, fundamentalmente, una poderosa instancia de hegemonía.

Este discurso posee una doble cara: tiene la capacidad de descubrir y fascinar, pero también opera como un mecanismo coercitivo que descalifica e inmoviliza los saberes que no se ajustan a sus moldes tradicionales.

El lenguaje y el discurso no son accesorios externos; son las dimensiones con las que construimos nuestra identidad. Si el discurso controla las mentes y las mentes controlan las acciones, el dominio de la discursividad se vuelve un imperativo para las estructuras de poder. Esto es lo que hoy denominamos guerra cognitiva.

Como señala Teun van Dijk (2008), el poder se inscribe en el lenguaje y se reproduce mediante prácticas discursivas que restringen el acceso al espacio público y naturalizan ciertas formas de entender el mundo en detrimento de otras. El campo científico, como afirmaba Michel Foucault (1970) en su análisis sobre el orden del discurso, es también un espacio de lucha que responde a imposiciones políticas y ejerce efectos de coacción sobre la sociedad.

Históricamente, el modelo eurocéntrico y positivista ha funcionado como un tribunal supremo que descalifica los conocimientos ancestrales, populares y de los pueblos originarios. Boaventura de Sousa Santos (2010) ilustra este fenómeno mediante el concepto de la línea abisal, una frontera invisible que divide la realidad en dos universos:

A «este lado de la línea»: Se encuentra el conocimiento científico tradicional, validado por la academia institucionalizada como el único riguroso y verdadero.

«Al otro lado de la línea»: Quedan confinados los saberes indígenas, campesinos y populares. Bajo la óptica dominante, estas formas de conocimiento son rebajadas a meras creencias, supersticiones o intuiciones intuitivas, negándoles su validez epistémica por no cumplir con las normas estrictas del método formal.

Frente a este modelo, diversos pensadores latinoamericanos plantean la urgencia de un desprendimiento colonial de las estructuras cognitivas:

Zulma Palermo (2005): Propone desmontar el andamiaje positivista y dar paso, a proyectos nacidos de los debates comunitarios, sin la necesidad de buscar la aprobación de instituciones anglosajonas o eurocéntricas.

Aníbal Quijano (2000): Explica que la colonialidad del poder impone una clasificación racial y étnica que jerarquiza los saberes, y que superarla exige validar racionalidades históricamente subalternizadas.

Enrique Dussel (1977) y Catherine Walsh (2009): Coinciden en la urgencia de una filosofía de la liberación y una interculturalidad epistémica que descentren el discurso metropolitano para dar voz a la experiencia de la periferia.

Esta epistemología otra, situada en el Sur Global, parte del reconocimiento de que la comprensión del mundo es mucho más amplia que la perspectiva occidental, que la diversidad de saberes es infinita y que no puede ser monopolizada por una teoría general (Santos, 2009).

El objetivo no es desechar el avance de la investigación académica tradicional, sino complementarlo mediante el diálogo de saberes. Como advierte Luis Bigott (1992), los sistemas escolares y universitarios corren el riesgo de actuar como instrumentos de coloniaje cultural si permanecen aislados de su entorno.

Para romper estas fronteras rígidas, el matemático Ubiratan D’Ambrosio (1997) propone asumir la transdisciplinariedad no solo como un método, sino como una actitud ética y política que valide las estrategias legítimas de cada cultura para explicar y transformar su realidad.

Como última palabra, el reconocimiento del discurso científico como una instancia de poder históricamente utilizada para descalificar y excluir nos exige, en tiempos de importantes cambios sociales, una acción transformadora y contundente. Para que su poder se reoriente hacia la inclusión y el reconocimiento del saber otro, y para asombrar desde la inventiva popular, es imperativo que la labor investigativa trascienda los límites de la comodidad académica.

La verdad sobre los saberes de los pueblos no reside únicamente en la frialdad de las oficinas con aire acondicionado o en la lectura solitaria frente a la computadora de vastas bibliotecas virtuales. Por el contrario, la consolidación de una epistemología del Sur y el espíritu de la transdisciplinariedad demandan bajar al terreno, tocar la realidad tangible y propiciar el diálogo de saberes directo con las colectividades populares, minoritarias e indígenas.

Solo al confrontar y validar rigurosamente el conocimiento contextualizado en estas realidades diversas, podemos desmantelar el paradigma cartesiano y abrir nuevas puertas a la generación de profundos cambios en las esferas de poder, para el beneficio equitativo de todos los habitantes de nuestra Pachamama, nuestra «Madre Tierra», y para las nuevas generaciones.

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Manifiesto enfermo

Por Prof. Carolina Escarrá Gil

Profesora e Investigadora

Universidad Internacional de las Comunicaciones. LAUICOM

Ejes Temáticos:

Oligopolios tecnológicos y crisis de infraestructura, la IA como arma de poder duro, el rol de Palantir en la agresión asimétrica contra Venezuela e interferencia geopolítica en el Sur Global (Argentina), y el supremacismo cultural frente a la resistencia de los pueblos.

La IA

Aunque no suelo escribir sobre estos temas por no conocer de ellos con la profundidad que puedo hablar de geopolítica u otros temas de coyuntura, veo con preocupación que el mundo de la IA generativa se mueve. En diversas lecturas que hacemos nos percatamos que “el compute no satisface la demanda de prompts”. Nos enteramos que la mayoría de los oligopolios en este tema “no están construyendo nuevos data centers” porque la energía no es barata y “los chips de Nvidia son escasos”. Anthropic y GitHub comenzaron a limitar el acceso a sus IA. OpenAI cerró su herramienta de generación de video, Sora. Google, Microsoft, Amazon y Meta gastan por mes más que lo que costó el Proyecto Manhattan. Elon Musk, demandó a su ex socio Sam Altman de OpenAI, “por haberse desviado de su objetivo original”, y no atender a “proyectos sin fines de lucro” como si su empresa xAI, fuera sin fines de lucro o tuviera cánones estrictos de seguridad. Por otro lado, OpenAI y Palantir que sabemos que están vinculadas a la CIA desde sus inicios, financian Build American AI, que paga propaganda de “influencers” para hablar de la amenaza que representa la IA china.

Palantir

Como si todo este panorama no fuera suficiente, hace unas semanas, la empresa Palantir, publicó un manifiesto de 22 puntos, basado en el libro coescrito por el CEO, Alex Karp “La república tecnológica”, donde exponen la ideología de los empresarios de Silicon Valley que algunos denominan “la Ilustración Oscura”, que otros llaman “tecnofascismo” y que se trata de una alianza de blancos anglosajones del mundo de la tecnología, que proponen gobernar países como si fueran sus empresas, como si se tratara de un supraestado donde los estados-nación dejan de serlo y pasan a ser simples filiales de la empresa matriz que los domina a través de las herramientas tecnológicas y más específicamente, de la IA.

El tecnofascismo propone gobernar países como si fueran empresas, convirtiendo a los estados-nación en simples filiales de una matriz tecnológica.

Antes de hablar del manifiesto en sí, es importante recordar que Palantir fue una empresa usada para la agresión a Venezuela del 3 de enero, en la cual fuerzas militares estadounidenses asesinaron a más de 100 personas y secuestraron a nuestro presidente constitucional Nicolás Maduro Moros, así como a nuestra primera dama y diputada Cilia Flores, para exponerlos a un show mediático que intenta lavarle la cara al secuestro llamándolo “juicio”. Dicho secuestro y agresión contó con el apoyo de Palantir al bloquear nuestras capacidades defensivas, y usar armas, vestimentas y otros elementos militares de última generación que expresaron una agresión de fuerzas asimétricas.

Vínculos

También es importante decir que dicha empresa contó en sus orígenes con financiamiento de la CIA estadounidense; está vinculada hoy en día a esa instancia y a otras de EEUU, incluyendo al ICE que está haciendo limpieza étnica soterrada expresada en una guerra migratoria sin precedentes en EEUU, así como a estructuras importantes del Pentágono, que son dominadas por el “estado profundo” mundial, escondido en los fondos de inversión multimillonarios que finnacian estos proyectos en las sombras.

Además, también está muy vinculada al sionismo revisionista encarnado en Benjamín Netanyahu que expone una visión de dominación del mundo con expresiones de supremacismo étnico, político y social que nada tiene que ver con lo religioso.

Igualmente, es importante recordar que en los actuales momentos, tanto su CEO como otros representantes de la empresa están en Argentina, destruyendo lo poco que queda de las instituciones de ese estado, e incluso destruyendo a su sociedad a través de las políticas del gobierno de Milei que ha acabado con la educación, la salud y otras necesidades materiales e inmateriales del ser, llegado al punto de promover la carne de burro como alimento para pobres, aunque eso amerite quizás otro análisis. 

Manifiesto

En cuanto al documento, me voy a ceñir solo a algunas pocas de sus partes, que considero más peligrosas de acuerdo con algunas lecturas realizadas, incluso del mismo documento.

Por un lado, el manifiesto plantea que algunas culturas son mejores que otras, por lo cual “debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y sin sentido. En EEUU y más ampliamente en Occidente, nos hemos resistido durante el último medio siglo a definir culturas nacionales en nombre de la inclusión”. Es decir, no cree en la inclusión, ni en la cultura, ni en la igualdad, mucho menos en la identidad, aunque sí en una especie de nacionalismo supremacista que nada tiene que ver con el reconocimiento de nuestras diferencias para complementarnos como sociedad plural.

La era atómica está terminando y una nueva era de disuasión basada en la Inteligencia Artificial como arma está a punto de comenzar.

En este sentido, acepta que “Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su auge”, por lo que dice que esas empresas están al servicio de militares gringos, indicando que “la capacidad de la sociedad libre y democrática para prevalecer requiere algo más que un atractivo moral, requiere poder duro y el poder duro en este siglo se construirá sobre el software” que impondrá la voluntad.

Así, señala que llegó la era de la IA como arma, pues “la pregunta no es si se construirán armas de IA, es quién las construirá y con qué propósitos”, en una clara carrera tecnológica que está muy vinculada a las tierras raras y a las materas energéticas necesarias para el desarrollo de las IA, donde evidentemente el principal contendiente son los chinos, y donde es necesario el control de América Latina y el Caribe con la propuesta del “Gran América del Norte”, pero sobretodo, el control de Venezuela y Brasil, países ricos en tierras raras, además de ejemplos como México y Cuba, para el mundo del sur global.

Finalmente, entre los puntos más preocupantes y como mencioné supra, “Palantir está por encima del Estado y sus funcionarios”, insinuando que los estados, sus instituciones, sus poblaciones, sus identidades y hasta sus historias, deben estar al servicio de las grandes empresas tecnológicas y no al revés como nos habían hecho creer en las dos primeras décadas del siglo.

Los estados, sus instituciones, identidades e historias pretenden ser puestos al servicio de las grandes corporaciones y no al revés.

Así, “una era de disuasión, la era atómica, está terminando y una nueva era de disuasión basada en la IA está a punto de comenzar”, punto en el cual me pregunto si no están leyendo lo que sucede en Irán, en Ucrania y hasta en El Sahel en los actuales momentos, pero donde además parecen olvidarse de los pueblos, de la solidaridad, de la resistencia y hasta del amor.

Por todo ello, creo que aún podemos vencerlos como humanidad.

Continúa profundizando la geopolítica y la soberanía con LAUICOM:

  • Guerra Total y Control Conductual: Explora el análisis del Prof. Julio C. Valdez sobre el papel de la psicología y la resistencia del pueblo creador.
  • Simbología y Mensajes Presidenciales: No te pierdas la serie del Prof. José Garcés sobre la Unión Superior y las claves de la reconciliación nacional.
  • Desmontando Narrativas Injerencistas: Revisa el artículo de la Dra. Isabel Rivero D’Armas sobre los constructos de crisis humanitaria y estado fallido.
Tapas - Prensa (8)

¿Cuál justicia? Participación en la CIJ

Por. Prof. Carolina Escarrá Gil

Profesora e Investigadora

Universidad Internacional de Las Comunicaciones, LAUICOM

Ejes Temáticos Funcionales

  • Legitimidad Histórica y Diplomática: La vigencia exclusiva del Acuerdo de Ginebra de 1966 frente a la ilegalidad del Laudo de París de 1899.
  • Intereses Corporativos Trasnacionales: El papel de ExxonMobil en la demanda de Guyana ante la CIJ y el usufructo de los hidrocarburos.
  • Geopolítica y Cortinas de Humo: Maniobras de distracción fronteriza y reuniones bilaterales de inversión petrolera.
  • Conciencia y Soberanía Popular: El referendo consultivo como el hito que define el mandato popular de integridad territorial.
  • Filosofía del Derecho Internacional: La crítica a la rigidez de los tribunales tradicionales frente a la justicia revolucionaria de los pueblos.

La semana pasada tuvo lugar la participación de la delegación venezolana con la presidenta encargada a la cabeza, en la audiencia de la Corte Internacional de Justicia sobre el Esequibo, en Países Bajos, donde se encuentra la sede de ese tribunal internacional.

Allí, la delegación reafirmó la posición histórica de Venezuela en torno a la controversia, enfatizando que la misma solo será dirimida a través de un diálogo político concertado, en el marco del Acuerdo de Ginebra de 1966, el cual establece una solución práctica y mutuamente satisfactoria para ambas partes, advirtiendo además que Venezuela desestimará cualquier decisión de esa Corte, que vaya contra el Acuerdo de Ginebra, puesto que “Venezuela nunca ha dado consentimiento para someter la controversia territorial sobre la Guayana Esequiba a la jurisdicción de esta corte”.

Por esa razón el equipo venezolano solicitó formalmente a la CIJ que se abstenga de intervenir en la controversia sobre el Esequibo, como lo enfatizó el embajador Samuel Moncada en el cierre de la intervención de la delegación nacional.

La verdad histórica de Venezuela: El Acuerdo de Ginebra de 1966 como la única vía válida para resolver la controversia.

Estamos preparados

Igualmente, la presidenta encargada dejó claro en nombre de todas y todos los venezolanos, que Venezuela está lista y preparada para alcanzar una solución satisfactoria: “En nombre del pueblo venezolano, hemos llegado a los Países Bajos para defender la majestad y el vigor del Acuerdo de Ginebra de 1966…”

Presentó más de 3000 folios de documentos históricos que confirman la nulidad del Laudo arbitrario de París de 1899, la ilegalidad del Tratado de Washington en el cual se sustentó dicho arbitraje, al tiempo que ratifican que el Esequibo forma parte del territorio de Venezuela desde la creación de la Capitanía General en 1777.

También señaló que la actitud hostil de Guyana responde a intereses petroleros trasnacionales, pues su desconocimiento del Acuerdo de Ginebra coincidió con el hallazgo “de fama mundial” por parte de la ExxonMobil, de grandes yacimientos de hidrocarburos.

Demanda

Recordamos que, en el año 2018, el gobierno de la República Cooperativa de Guyana introdujo de manera unilateral, y con el apoyo del secretario general de la ONU, una demanda en la cual solicitaba la validez del Laudo arbitrario de París de 1899, que ya había sido discutido en el marco de la Asamblea General de la ONU, dando pie al Acuerdo de Ginebra de 1966, con el aval de Inglaterra, la para entonces Guyana inglesa y la República Bolivariana de Venezuela. 

Venezuela no ha reconocido ni reconoce la jurisdicción de esa Corte en la disputa como lo ha hecho saber en reiteradas oportunidades y como incluso se definió popularmente a través del referendo del 3 de diciembre de 2023.

No obstante, el gobierno asistió a la ronda de audiencias en la CIJ, con la única intención de “mostrar ante el mundo la verdad sobre los derechos que desde su nacimiento le corresponden sobre el territorio de la Guayana Esequiba”, como lo anunció el canciller.

Soberanía e intereses trasnacionales: El financiamiento corporativo detrás de las demandas contra la integridad territorial

Cortina de humo

Por otro lado, el canciller Yván Gil dijo que Guyana lanzó otra “cortina de humo”, al señalar un supuesto ataque de Venezuela en la frontera, dejando una persona herida, como lo ha hecho en otras ocasiones, en momentos en que el tema del Esequibo tiene una gran exposición mediática. Así señaló: “No podrán desviar la atención de la verdad histórica, jurídica y política: la única vía válida para resolver esta controversia es el Acuerdo de Ginebra de 1966, vigente hoy y mecanismo diplomático y pacífico al cual estamos comprometidas ambas naciones. Estas recurrentes cortinas de humo no ocultarán su derrota frente a la verdad ni su negativa a cumplir el único mecanismo acordado entre las partes”.

Por su parte, de acuerdo con Reuters, Trump se reunió con directivos de Chevron y ExxonMobil en la Casa Blanca para discutir inversiones y oportunidades petroleras en Venezuela”, mientras versiones en redes sociales vinculan esta reunión con una posible estrategia para reducir tensiones sobre el Esequibo, donde ambas compañías estadounidenses mantienen intereses petroleros.

Elementos puntuales a recordar

Sobre el tema, hay que recordar que el presidente Maduro hablaba de 6 momentos en la controversia y que el último de esos momentos era el que estaba surgiendo a partir del referendo del 3 de diciembre de 2023, hito que fue precedido por una campaña que pudiéramos llamar peregrinaje, y en la cual se le explicó al pueblo venezolano de manera didáctica por qué debía votar sí a las 5 preguntas del referendo, una de las cuales plantea la creación del Estado Guayana Esequiba y la modificación del mapa, para incluir a Venezuela toda, en el marco de la integridad territorial, algo que ha sido muy rechazado por las autoridades guyanesas. 

También hay que recordar que se trata de un territorio venezolano de 159.542 Km2, del cual fuimos vilmente despojados a través del fraude imperial, que corresponde a 156 veces la isla de Margarita o 368 veces el tamaño de Caracas, como lo plantea la ONG Mi Mapa, y que es rico en minerales, tierras raras biodiversidad, pero además tiene proyección al mar atlántico donde se encontraron importantes yacimientos petroleros que Guyana ha estado usufructuando junto con empresas transnacionales petroleras como la ExxonMobil

De acuerdo con el ex ministro de ambiente guyanés Trotman, la ExxonMobil no solo presionó para que se efectuara la demanda, sino que pagó los gastos para que el país lo hiciera. Esto, evidentemente para defender el apenas 2% de regalía que les exige Guyana a las empresas petroleras, de acuerdo con el acuerdo de 2016, parte del cual se va en los actos de corrupción de autoridades guyanesas, por lo cual las ganancias obtenidas, no se retribuyen a la población.

Laudo írrito y nulo

Nuestra delegación pisó firme en este sentido, dejando sobradas evidencias de por qué el laudo arbitrario de París es un laudo írrito, nulo e ilícito. También se habló del acuerdo entre Holanda e Inglaterra de 1814, que está en el origen de la controversia, que tuvo mucho antes bulas papales, mapas y otros documentos.

Sobradas razones lo demuestran: La falta de justificación del laudo, algo no concebible en esa época; la ultrapetita al tocar tierras en disputa con Brasil o al decidir la navegación internacional de ríos venezolanos; el uti posiidetis factis con tan solo 50 años de permanencia en el territorio y no con 100 que era lo que se planteaba en la época (elemento contenido en el Tratado de Washington) sin la participación de Venezuela; la componenda, chantaje y fraude demostrado por Severo Mallet Prevost muchos años después para la aceptación de unos linderos, de líneas que supuestamente Shomburg trazó aun estando muerto.

Frente al fraude imperial: Los argumentos irrebatibles que demuestran la nulidad absoluta del Laudo de París.

¿Cuál justicia?

A vuelo de pájaros, y en un espacio reducido como esta columna, unas pinceladas de nuestra lucha asimétrica por recuperar un territorio que es parte de nuestra integridad territorial. La batalla es en el terreno de una institución que ha demostrado en otros fallos, ser la justicia con vendas en los ojos, con una balanza tal vez de cartón, rígida y con sonrisa de Mona Lisa. No la justicia revolucionaria sin vendas en los ojos, en movimiento, con el cabello al viento, libre, que reconoce las asimetrías sociales en esta lucha de clases internacional, que es la justicia de los pueblos, la justicia de Carlos Escarrá, la justicia del amor.

No obstante, sin duda alguna, debemos seguir apostando al triunfo de la verdad sobre la mentira y de la vida y el amor sobre la muerte, la desesperanza y el odio.

Continúa leyendo los artículos de nuestros profesores investigadores en nuestra página de LAUICOM

No te pierdas el artículo “de y para el pueblo” de nuestra prof. Carolina Escarrá Gil.

Tapas - Prensa (7)

Honduras-Gate con miras a una América-Gate

Por Prof. Isabel Rivero D’ Armas

Profesora e Investigadora

Universidad Internacional de Las Comunicaciones. LAUICOM

La desigualdad social es resultado de la dominación de grupos que custodian sus parcelas de poder y lo que ponga en peligro sus privilegios se transforma en amenaza. Estas élites políticas, corporativas y educativas justifican y normalizan la exclusión, el robo, las violaciones de derechos humanos, mientras criminalizan lo que represente una alternativa política al sistema dominante, que garantice la justicia colectiva, a partir de las luchas de los pueblos en defensa de su soberanía territorial y respeto a su identidad cultural.  

Élites y control social: Las estrategias discursivas para criminalizar las alternativas políticas soberanas.

Desde las élites de las corporaciones mediáticas del capitalismo global, esos grupos elitistas logran el control sobre las masas, para lo cual necesitan mentir, también desinformar, o mejor manipular, para legitimar su acceso (siempre cuestionable) al poder. Esto lo logran inoculando creencias falsas y modelos con el propósito de cambiar ideas y conductas, por ejemplo, cuando criminalizan la inmigración y la representan como inundación, invasión, amenaza o vulneración a la seguridad de una nación.

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Ejes Temáticos:

  • Élites y Exclusión: La justificación de la desigualdad social para proteger privilegios corporativos y políticos.
  • Hegemonía Mediática: El uso de mentiras, desinformación y manipulación para el control de las masas.
  • Honduras-Gate: La filtración de audios sobre redes de noticias falsas dirigidas contra gobiernos progresistas.
  • Soberanía del Sur Global: La hostilidad hacia México y Colombia por defender la diversidad multiétnica.
  • Discurso Supremacista: El uso de símbolos coloniales y gestos supremacistas en la política europea actual.

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Recientemente, se filtraron unos audios en que se planifica una red de difusión de noticias falsas, que tiene como artífices al mandatario libertario argentino, Milei, a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, indultado recientemente después de que había sido condenado por narcotráfico, el actual presidente de la nación hondureña, Nasry Asfura, que llega a la presidencia en una cuestionada contienda electoral con múltiples denuncias, como la de inconsistencia de actas, y con ellos el sionismo de fondo, con el fin de desestabilizar a los gobiernos progresistas de Latinoamérica, especialmente a México y a Colombia, mediante esas prácticas de tergiversación intencionada de hechos con fines perversos.    

Honduras-Gate: Desarticulando la red internacional de desinformación contra el progresismo latinoamericano.

La Colombia de Gustavo Petro y el México de Claudia Sheinbaum son etiquetados a conveniencia con esos constructos que justifican la hostilidad hacia sus gobiernos, porque exigen el reconocimiento de los pueblos desde la diversidad multiétnica del Sur Global, lo que los convierte en objeto de ataque, como los de la representante de Vox, la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Ayuso, con su gesto supremacista de rendir un homenaje a Hernán Cortés para honrar el exterminio de los aborígenes de la región y el saqueo de sus tierras.

Tapas - Prensa (6)

El presidente Maduro y la anulación del ego

Por Prof. Roger Garcés

Profesor e Investigador

Universidad Internacional de Las Comunicaciones. LAUICOM

El presidente Nicolás Maduro no deja de sorprendernos con las recomendaciones que nos hace a través de su cuenta en X, y con cada versículo de la Biblia que nos sugiere leer, nos regala una fuente de conocimiento tan gigantesca, que puede resultar fácil ignorarla, así como una hormiga ignora una montaña, según el ejemplo que pusimos en análisis anteriores. Se trata de que la enseñanza ya está, ya existe, y es maravillosa y es infinita, pero lo que nos limita de conocer en su profundidad esa enseñanza es nuestra propia ceguera, nuestras propias limitaciones y por, sobre todo, nuestro propio Ego.

«Humildad no es humillación: El renacimiento personal comienza al reconocer nuestras propias raíces.»

El Ego es el que nos manipula para tratar de sobresalir de entre los demás y querer ser reconocido. El Ego nos tiende una trampa día a día, y día a día caemos voluntariamente en ella; la trampa es que nos hace confundir humildad con humillación. El Ego, entre sus múltiples formas de engañarnos, nos pone una niebla blanca en los ojos de manera de que nunca nos demos cuenta que a cada segundo cometemos el error de tratar de encumbrarnos y olvidamos que abajo están las verdaderas razones y bases de todas las cosas. Así como las raíces de un árbol, que son las que le dan sustento y alimento, están abajo y no sobresalen ni brillan como las flores, pero son las que sostienen al árbol. Pero, cada vez que no brillamos, que no competimos, que no tenemos la oportunidad de sobresalir, entonces vivimos esa experiencia como un hierro al rojo vivo en el corazón, y creemos que es una humillación por lo que estamos pasando, cuando en realidad, esas condiciones nos ponen en contacto con la más preciada de todas las virtudes; la humildad.

En realidad, somos muy soberbios, y esa soberbia, impulsada por el Ego, es la que nos hace confundir humildad con humillación. Vamos a entender lo que es la soberbia para pasar a analizar el versículo que nos sugiere leer esta vez el Presidente Maduro.

La etimología de Soberbia nos da luces para entenderla, viene del latín “superbia” y este de “superbus”, el sufijo “super” nos hace referencia a “que está por encima”, y tiene la misma raíz que la palabra “superior” y “superman”. De lo que se desprende que soberbia es esa actitud donde el sujeto de alguna manera se cree superior a los demás.

La Soberbia es también uno de los siete pecados capitales y se refiere al exceso de valoración de uno mismo, creyéndose siempre por encima de los demás. También se entiende como orgullo desmedido, vanidad y prepotencia. Se dice que puede ser la fuente de otros pecados capitales como la avaricia, la envidia y la ira. En la Biblia, aparece como el pecado cometido por Lucifer, quien al querer ser el ángel más valorado, el primero de entre todos, comete el mayor de los pecados y por tanto es expulsado del paraíso.

Desde el punto de vista de la Psicología junguiana, la Soberbia forma parte del “pecado de orgullo” o “hybris”. En la mitología griega, cuando los titanes lucharon contra los dioses para destronarlos cometieron hybris. Al hybris siempre le sobreviene la “némesis”, que es la caída. Quevedo definió este proceso de forma muy ingeniosa:

“La soberbia nunca baja de donde sube, porque siempre cae de donde subió.”

La soberbia es tal vez es el pecado más grave, porque dificulta conectar con los demás y generar “compasión”, que es sentir lo que siente el otro, y definitivamente, la compasión, es la única base real que genera encuentro con el otro.  Para vincularnos con el otro, para amar, es absolutamente necesario tener compasión. Si no sentimos lo que siente el otro, no podemos conectarnos con el otro. Justamente con la soberbia, no miramos al otro, sino que solamente nos miramos nosotros mismos. 

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Ejes Temáticos Funcionales

  • La manipulación que confunde la humildad con la humillación.
  • Análisis del concepto «superbia» como falsa superioridad.
  • El concepto de «hybris» y su consecuencia necesaria: la némesis.
  • Vínculo y Compasión: La soberbia como barrera que impide la conexión real con el otro.
  • Teología del Abandono: La confianza absoluta en la voluntad superior frente a la exigencia del ego.

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Se dice que la soberbia genera rechazo porque donde hay tanto Ego, hay poca alma. Cualquiera que mire a una persona soberbia, la rechazará de inmediato. Esta es una de las reacciones que ocurren con mayor frecuencia y es, tal vez la tragedia más dolorosa del soberbio: el rechazo, el aislamiento y la soledad.

Para conjurar la soberbia y procurarnos la humildad, el definitivamente filósofo, poeta y folklorista argentino José Larralde cantaba su verso “Sin flojedera”:

Abájese nomás, no tenga miedo que es mejor abajarse que lo abajen si abajo están las raíces y no temen y de abajo nomás las cosas nacen.

Abajarse pa’ mí no es flojera es pensar en los otros y aparearse.

Abájese nomás, no tenga miedo, que si cree que la altura es cosa buena
abajo va a encontrar lo que ninguno ha hallao’ ni habrá de hallar cuando se vuela.


Si el que clavó la cruz lo hizo pa’ abajo por única razón de asujétarla,
también miró pa’ abajo el pobre Cristo Y fue pa’ los de abajo que dio el alma.

De manera que tenemos varios elementos: Confundir humildad con humillación, soberbia y ego. Y son justamente esos elementos los que el Presidente Maduro nos pide que trabajemos con la lectura y reflexión del versículo 14 y 15 del capítulo 5 de la Primera de Juan (Jn 5:14 y 15) que dice:

14 Y esta es la confianza que tenemos en él, que, si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. 15 Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”.

Y he aquí la joya de sabiduría: la confianza de que, si pedimos una cosa CONFORME A SU VOLUNTAD, él nos oye. ¿Por qué no se nos cumplen los rezos y las peticiones? Porque pedimos las cosas CONFORME A NUESTRA VOLUNTAD, no a la de un ser superior infinitamente sabio y poderoso. Pero es el Ego el que nos prohíbe tener confianza y siempre queremos que las cosas se hagan “COMO YO DIGO”. He ahí la soberbia. En realidad, somos tan soberbios y confundimos humildad con humillación, que cuando pedimos, realmente lo que hacemos es EXIGIR desde nuestro Ego.

«Abandonar el Ego: El paso necesario para transformar la exigencia individual en confianza colectiva.»

El tema de abandonar el Ego y entregarse con confianza a Dios, ha sido tratado por muchos sabios. Con la consigna “Gesú, pensaci tú”. (Jesús, ocúpate tú), nos había aleccionado el Padre Don Dolindo Ruotolo, con su “Novena del Abandono”, que recomendamos altamente leer y practicar. Se trata de una de las oraciones más hermosas que he visto en toda mi vida. Es una oración que resuelve de una vez por todas la trampa que nos impone el Ego, que es el que nos pone, desde la soberbia, en la posición de exigir. La novena del Abandono, nos pide amorosamente que abandonemos nuestro Ego y nos conmina a ENTREGARNOS a Dios, a dejar la soberbia, y a tener FE Y CONFIANZA.

También está la “oración del abandono” de Carlos de Foucauld, que es tan hermosa en su confección y su esencia, que es difícil no sentirse transformado al hacerla de corazón:

Padre mío,

me abandono a Ti.

Haz de mí lo que quieras.

Lo que hagas de mí te lo agradezco,

estoy dispuesto a todo,

lo acepto todo.

Con tal que Tu voluntad se haga en mí

y en todas tus criaturas,

no deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en Tus manos.

Te la doy, Dios mío,

con todo el amor de mi corazón,

porque te amo,

y porque para mí amarte es darme,

entregarme en Tus manos sin medida,

con infinita confianza,

porque Tu eres mi Padre.

Amén.

«Anular el Ego para sanar el alma: El camino hacia la paz que proponen los grandes sabios.»

La novena del Abandono del padre Dolindo y la oración del abandono de Carlos de Foucauld, nos ofrecen la bella oportunidad de anular el Ego. Justamente, la soberbia, el egoísmo, el creer que nosotros sabemos más que Dios y que podemos resolver las cosas (la mayoría de las veces a pedradas), es lo que nos limita alcanzar la paz. Por eso decíamos antes que somos como una hormiguita que no se da cuenta de lo grande que es una montaña.

Cuando el Presidente Maduro nos pide que tengamos confianza en Dios, nos está pidiendo que abandonemos el Ego. Con ese versículo que nos recomienda el presidente, se evidencia cada vez más la profundidad de los conocimientos del alma humana que tiene el presidente Nicolás Maduro y el profundo amor que siente por su pueblo. 

Seguro estoy de que el Presidente Maduro nos da esta sabiduría pensando en su alma: “Te doy estos consejos, te será bueno si lo escuchas, te será provechoso si lo sigues”.

Tapas - Prensa (4)

La guerra cognitiva abyectadora: derrota, subjetividades y resistencias pre y post 3 de enero de 2026

Luis Delgado Arria

Universidad Internacional de las Comunicaciones

Instituto Simón Bolivar

Compañeras y compañeros: la guerra cognitiva no puede ser entendida como un mero concepto académico o intelectual. La guerra cognitiva es una nueva, creativa y siniestra praxis reproductora de la colonialidad capitalista occidental en su fase de metástasis terminal. Mediante este nuevo dispositivo de guerra epistémica neuronal, el imperialismo se ha propuesto secuestrar y traumar, retraumatizar y moldear a fuego la conciencia de clase en sí y para sí del sujeto históricamente expropiado; y así bloquear la autoconciencia de todos los pueblos de nuestra Abya Yala y de Sur Mundial, sitiando y hasta en cierto extremo imposibilitando la recuperación de todo nuestro proyecto magnificente de nueva vida plena en comunidad.

Este nuevo artefacto de guerra imperialista combina y reditúa un ataque inmisericorde contra la base material (recursos estratégicos) para luego agredir con inusitada fuerza la cognición y la emocionalidad, la espiritualidad y la voluntad de vida y de lucha de nuestros pueblos. Mediante la guerra cognitiva el capital se propone hoy anular al sujeto histórico potencialmente revolucionario mediante la sacralización de la modernidad postmoderna narcisista y psicópata como único horizonte civilizatorio imaginable. Para ello, engendra una miríada de disonancias cognitivas, distorsiones cognitivas, distorsiones ideológicas, exacerba paranoias, degrada lealtades y naturaliza alevosías. La guerra cognitiva necesita producir el asesinato epistémico de las utopías por lo que no escatima en financiar disidencias políticas y epistémicas mercenarias. Esta guerra ha mutado radicalmente post 3 de enero de 2026, fecha en que se perpetra la operación de asedio económico financiero, monetario, comercial, diplomático, simbólico y naval que culmina con la invasión, bombardeo del país y posterior secuestro del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro Moros. A partir de este marco histórico, hoy ensayaremos responder tres preguntas sugestivas.

Pregunta 1: ¿Qué es la guerra cognitiva y cómo ha mutado pre y post 3 de enero?

La guerra cognitiva es la lucha a muerte por la fabricación, circulación y fijación de un sentido común reaccionario, pueril, nihilista y post humano en la esfera pública. A diferencia de la propaganda clásica —que buscaba persuadir para imponer una línea ideológica o partidista—, la guerra cognitiva se plantea reconfigurar las estructuras inconscientes profundas del pensamiento (Lakoff, 2018) y de los horizontes civilizatorios del sujeto revolucionario, popular y creador de toda la riqueza de la historia. Esta guerra neurocognitiva opera mediante la inoculación de determinados marcos afectivo/ cognitivos, metáforas epistémico cognitivas, contratos discursivos, emociones inducidas, mutismos estratégicos y operaciones ideológicas de abyección, todo a fin de reducir el sujeto revolucionario popular y a su vanguardia a una condición de despreciable y abominable desecho humano (Kristeva, 1982).

Pre 3 de enero, la guerra cognitiva contra Venezuela se articuló en cinco ejes:

1. Abyección del liderazgo: Chávez primero, Maduro después, fueron simbólica y persistentemente construidos como entes cósicos y despreciables, amenazantes, repugnantes y hasta subhumanos. Metódicamente se les construyó como tiranos, narcotraficantes, entes rabiosos, peligrosos, enfermos y delirantes. Se produjo una representación en que todo lo que ellos tocaban, se degradaba y abyectaba. Abonaron a esto, entre otras, asonadas como la del 11 de febrero de 2002, la Operación Gedeón, crueles campañas mediáticas de linchamiento, hiperinflación inducida, escasez programada, crímenes de agresión internacional, conatos de magnicidio, asesinatos viralizados en alta mar, migración forzada, hiperinflación programada, amenazas de decapitación y el asesinato simbólico sistemático de los principales líderes del proceso, entre otros. El tsunami de agresiones multiformes fueron programados para producir un sentido absurdo y pesadillesco de la política que lo vinculara a los relatos kafkianos y orwellianos.

2. Fragmentación social: Se exaltó la lucha de clases intestinas, pero invirtiendo la ecuación histórica: la “clase alta y media” fue presentada como víctima; y el chavista de a pie como el “resentido social”, el “hampón” y hasta como “amuleto para la desgracia” y “traidor de su pueblo”.

3. Criminalización del Estado: Venezuela ha sido obsesivamente rotulada como “narcoestado” y sus lideres e instituciones, denunciados como fachadas ominosas del crimen organizado internacional, incluyendo crímenes de lesa humanidad.

4. Desposesión de la historia: Mediante diversas operaciones de hipnosis mediático y digital que construyeron una ética lacayuna y una estética alienante, en gran medida se disolvió el épico legado de la independencia y la larga lucha nacional popular.

5. Creación de una realidad paralela: El Gobierno interino de Guaidó (2019-2023) fue un artefacto cognitivo puro aunque sin control territorial.

Post 3 de enero, la guerra cognitiva ha mutado al menos en tres direcciones profundas:

Primera mutación: de la demonización a la lástima.

Antes las personificaciones del capital decían “Maduro es un dictador”. Ahora se dice “el presidente y el gobierno encargado han sido secuestrados y sobreviven con una pistola en la nuca”. Esta metáfora, analizada con Lakoff (2018), construye una ontología del rehén: quien gobierna es una víctima que debe aceptar gravosas y humillantes condiciones apenas para sobrevivir. Enunciado así, la sumisión pareciera tornarse una fatalidad inescapable.

Segunda mutación: la guerra cognitiva de la derrota anticipada.

Se viraliza el eslogan: “Irán no es Venezuela”. Estamos ante una metáfora comparativa que enmarca a Irán como el sujeto pleno y soberano; y a Venezuela como el objeto venal e incapaz de defender la soberanía. Este marco cognitivo induce a lo que Martín-Baró (1990) llamaba “fatalismo del oprimido”: la creencia naturalizada de que no hay alternativa real produce un efecto de desencanto y desmovilización enorme: ―Como no somos Irán, no resistamos.

Tercera mutación: la guerra cognitiva de la administración posbélica.

Ya hoy no se trata de abatir al gobierno que encarna al enemigo de clase —tal se asume que se logró militarmente el 3 de enero—, sino de hacer aceptable, virtuosa y hasta de naturaleza ejemplar y hasta fructífera la derrota. Se induce un nuevo sentido común: “lo importante es salvar lo que se pueda”, “lo único viable es el pragmatismo” y el “realismo de Estado”. Tal es la racionalidad pragmática de sumisión tras cuyo positivismo mecanicista se reduce la praxis política a meras relaciones de fuerza sin sujeto. Tal visión positivista y maniquea comprime la lucha de clases a un esquema blanco/ negro sin posibilidad dialéctica de grises y colores desde donde rearticular la lucha.

En síntesis: la guerra cognitiva ha pasado de ser un arma de derrocamiento cruento en Venezuela a una tecnología política de subyugación y domesticación del vencido. Y para ello el metabolismo social del capital personificado en el gobierno de Estados Unidos está apelando a categorías históricas de la izquierda: realismo, prudencia estratégica, necesidad, cuidado del pueblo, lo cual la torna aún más desmovilizadora y peligrosa.

Pregunta 2: Efectos sobre las subjetividades de clase y de pueblos en Venezuela, América Latina y el mundo

Los efectos de esta guerra mutante no son homogéneos. Distinguimos tres niveles.

En Venezuela

La principal disonancia cognitiva se produce entre la larga memoria histórica de la resistencia épica venezolana originaria, bolivariana y chavista y la evidencia empírica aplastante de las consecuencias de la reciente derrota. El militante chavista de base escucha que “no hay tutelaje” al tiempo que es bombardeado en medios y redes digitales con lecturas maniqueas y sesgadas de la apertura de concesiones petroleras, gasíferas y mineras a trasnacionales occidentales. ¿Qué ocurre en este caso en la psique del ciudadano de a pie? Experimenta lo que Jung llamaba sombra proyectada: atribuye la negociación táctica para ganar tiempo y salvar a la población de nuevos bloqueos y bombardeos masivos a “aislados pero poderosos sectores entreguistas” dentro del gobierno, pero manteniendo casi intacta la fe en el gobierno bolivariano. Aflora así un mecanismo cognitivo disonante que permite seguir militando, pero sin comprender o asumir las determinaciones, contradicciones, riesgos y desafíos de la reciente derrota militar y de las décadas de asedio económico comercial y financiero.

Las clases populares —barrios, comunas, CLAP, sectores medios adherentes del bolivarianismo— experimentan un efecto de abyección inducida: son bombardeados con una campaña de mensajes que explícita o implícitamente enuncian “los socialistas nunca fueron una alternativa real” o “tanto intentar nadar en los mares del socialismo para morir en la orilla del imperialismo”. Tal campaña pudiera producir el efecto que Hinkelammert (1984) llamaba fetichismo de la factibilidad: se acepta la nueva realidad subalterna existente como la única alternativa fáctica e histórica. El riesgo de ello podría ser el aumento de la pasividad, la despolitización y el refugio en economías subterráneas e informales.

En el terreno de las clases y movimientos populares, se observa una triple fractura. Primero, el chavismo radical –sectores militarizados y comunales– mantienen una lealtad férrea, pero con relativa capacidad de incidencia. Segundo, una nueva tecnocracia emergente occidentalizada aplaude la apertura condicionada como “realismo patriótico”. Tercero, las clases populares urbanas y campesinas gestionan la supervivencia en el marco de una crisis agudizada por la incertidumbre, la confusión y la inflación.

Este escenario exige una relectura gramsciana: la hegemonía estadounidense se ejerce hoy no tanto mediante la ocupación militar clásica, sino mediante la producción de consentimiento ante la categórica indefensión militar frente a un enemigo que exhibió fuerzas abrumadoras. Estados Unidos ha recalcado de mil modos que las reservas energéticas de Venezuela son en realidad sus verdaderas reservas energéticas estratégicas. Seguir apostado entonces a desarrollar al país centralmente bajo el paraguas económico petrolero luce cada vez más ilusorio. La metáfora del “cerebro productor de conocimiento”–en lugar del país extractivo– apunta a construir una nueva subjetividad de clase que, sin negar la asimetría de poder, siembre las bases materiales y cognitivas para una futura victoria estratégica continental, pero fundamentalmente a largo plazo. La tarea histórica es, entonces, organizar la nueva producción de la nueva conciencia histórica revolucionaria y la nueva base material, pero con base en la agregación masiva de valor a bienes y servicios, siguiendo los ejemplos de países sin grandes recursos estratégicos tales como India, Vietnam, Japón y los llamados tigres asiáticos.

En América Latina

La guerra cognitiva post 3 de enero ha inducido una nueva oleada de mimetismo neoliberal. Los gobiernos autodenominados “progresistas” (Brasil, Colombia, Chile, México) observan la deriva de Venezuela y parecieran extraer una lección retorcida: “resistir más allá de cierto punto acarrea invasión y destrucción total”. Así, los discursos de “moderación”, negociación asimétrica y “diálogo forzoso con el imperio” se blindan. Se instala la metáfora del cordero que se sabe sacrificable: mejor pactar con EE.UU. desde el principio antes que terminar bloqueado, bombardeado y a la postre simbólica y políticamente decapitados sus líderes, como en Venezuela.

En el mundo

A escala mundial, el efecto primordial parece ser la resignación geopolítica. China y Rusia, que antes sostenían férreamente a Venezuela como socio estratégico y enclave simbólico innegociable, ahora parecieran buscar administrar sus intereses en Venezuela directamente con EE.UU. La transición hacia un “mundo multipolar” en America Latina se presenta entonces hoy como una suerte de ficción, al menos hasta que se logre articular un bloque soberanista en los planos militar, económico, financiera y científico tecnológico en el conjunto del sur mundial. Se consolida así en la región el horizonte idealista y borroso que Hobsbawm (2004) anticipó: la posmodernidad política como gesto idealista simbólico, pero aún sin un proyecto histórico concreto.

La derrota táctica del 3 de enero de 2026 no solo implicó la captura de Nicolás Maduro y la instauración de un gobierno encargado bajo influencia fáctica de Estados Unidos; reconfiguró, además, las coordenadas geopolíticas y de clase en el tablero regional y global. En el plano interestatal, China y Rusia pasaron de un abierto respaldo económico financiero, comercial y diplomático a Venezuela a un cierto pragmatismo transaccional: reconocen al gobierno de Delcy Rodríguez como interlocutor válido, pero condicionan su cooperación a garantías de pago y estabilidad jurídica para sus inversiones, relativizando la retórica alter mundialista y antiimperialista previa. La Unión Europea y Brasil, por su parte, normalizan la relación con Venezuela bajo el discurso de “restauración democrática”, legitimando la nueva situación como “diplomacia de resultados”. Los únicos polos de resistencia geopolítica ideológica política que sobreviven en la región son Nicaragua y Cuba, cuyas fragilidades económicas producto de décadas de asedio político, económico y financiero les dificultan proyectar fuerza significativa en el marco del gran reacomodo geopolítico impulsado por los grandes bloques.

Pregunta 3: ¿Cómo enfrentar hoy la guerra cognitiva?

Enfrentar esta guerra contra la percepción del mundo, la atención en lo estratégico, el procesamiento inteligente mediante el despliegue de todos los tipos de inteligencias, la memoria histórica y la voluntad creativa y de resistencia reclama trascender el lamento y tratar el trauma civilizatorio para lograr asumir una posición de insurgencia epistémica y negociación táctica para asumir una hoja de ruta capaz de gestionar una transición realista hacia una futura victoria estratégica. A tal efecto, proponemos cinco ejes estratégicos y tácticos:

1. Descolonizar la subjetividad del sujeto histórico: el primer frente

Como planteó Dussel (2014), la liberación comienza cuando el oprimido descubre que sus propias categorías de percepción, análisis de la realidad y marcos emotivos y conceptuales, marcos epistémicos e institucionales fueron impuestos por siglos por el opresor. La guerra cognitiva nos ha atiborrado de marcos cognitivos falseados: “civilización abortada”, “continente enfermo”, “país paciente” “realismo fatalista”, “factibilidad ingenua”, “there is not alternative”, “pistola en la nuca”, et al. Debemos subvertir tales marcos y desarrollar una hermenéutica de la sospecha permanente respecto de cualquier discurso que naturalice la minoría de edad, la dependencia, la capitulación y la derrota. Ellacuría (2014) nos enseñó: la filosofía de la liberación no es contemplación de una realidad histórica social coagulada y eterna; muy al contrario, es la toma concreta de una postura ética e histórica en favor de los humildes. Frente al pragmatismo de la inercia, oponer la radicalidad de la vida y la esperanza —no ingenua, sino dialéctica: que sabe que las derrotas (tácticas) hacen parte de la transición (estratégica) hacia una formación social por primera vez en la historia genuinamente soberana y humana.

2. Alfabetización cognitiva popular

No basta con denunciar noticias engañosas (fake news), palangre (fare news) y noticias hiperreales (deep fakes). Requerimos repensar y multiplicar talleres de deconstrucción metafórica en televisoras y radios, redes digitales y barrios, sindicatos y ministerios, partidos políticos y comunas. Urge enseñar a nuestros pueblos a identificar los marcos de Lakoff: cada vez que oigan: “Irán no es Venezuela” deben preguntarse: ¿quién se beneficia de que yo crea que no fuimos o somos valientes o capaces? Cada vez que oigan: “pistola en la nuca”, preguntarse: ¿acaso el gobierno y el pueblo no tienen márgenes de creatividad y maniobra que no estamos todavía desplegando? Es decir, devolver el poder creativo y subversivo al pueblo. Martín-Baró (1990) llamó a esta praxis desideologización crítica: sustituir la ideología moderno burguesa funcional al imperialismo capitalista por una conciencia de los intereses históricos nacional populares y una conciencia de clase expropiada con la madurez para entender los pasos lentos y hasta en zigzag, pero concretos de transición planificada a un socialismo viable protagonizados por el pueblo desde la utopía entrelazada con la materialidad de la vida.

3. Reconstruir la heroica memoria histórica subalterna

La guerra cognitiva triunfa cuando logra que los derrotados descrean, nieguen y hasta odien su propia historia y condición de clase. Nuestra tarea es reconstruir —con método historiográfico riguroso—las conquistas épicas del pueblo venezolano y del chavismo: emancipación del mediodía de America, disminución de la pobreza extrema, derrota del analfabetismo, soberanía alimentaria relativa, misiones sociales universales, parlamentarismo y diplomacia popular. Es preciso reescribir la historia no para idealizar o sobreestimar lo alcanzado, sino para identificar los descarríos y asimismo demostrar que otro mundo fue posible y, por ende, bien puede y debe volver a serlo. Hobsbawm (1994) nos brindaba una lección invaluable: la historia de los de abajo no es lineal y ascendente. La historia de la lucha de clases entraña avances, retrocesos y derrotas, pero esos descarríos y derrotas pueden y deben ser el fermento para la siguiente ofensiva.

4. Estrategia comunicacional de contra-marcos

Proponemos construir cinco metáforas alternativas:

  1. En lugar de “pistola en la nuca”, o “el pie en el cuello” (retomando a George Floyd), decir que la abeja reina opta por conceder parte de la miel del panal al hambriento león con tal de preservar la colmena: mediante esta nueva metáfora cognitiva instalamos un nuevo marco para evidenciar la violencia estructural que ejerce EE.UU., des posicionando la supuesta “internalización del estado de sujeción” por parte del gobierno encargado y el pueblo.
  2. En lugar de “Irán no es Venezuela”, decir “Vietnam fue efectivamente asolado y estaba gravemente dividido y, sin embargo, con lealtad, tenacidad y el sacrificio de generaciones, derrotó al imperialismo”. Urge romper el marco comparativo que nos coloca como país en condición de sumisión estructural.
  3. En lugar de “realismo pragmático” deberíamos decir que estamos en medio de una “negociación táctica para lograr la salvación nacional; y que, tras superar el estado de extremo peligro civilizatorio, en una mejor correlación geopolítica de fuerzas, retomaremos la utopía del proyecto bolivariano nacional, nuestroamericano y sur mundial”. El nuevo orden mundial antimperialista y anticapitalista no es algo que puede definir a voluntad un solo país. Es una reconfiguración histórica y dolorosa en la que la proximidad geográfica con cada hegemón es una realidad imposible de sortear u ocultar. Decir que China y Rusia colocaron la línea roja en Irán y no en Venezuela obedece a una compleja combinación de factores uno de los cuales es la vecindad geográfica, factor este que es inmodificable.
  4. “El bambú que se dobla para no quebrarse”. El bambú, símbolo de la resistencia flexible en la tradición china, no se opone al viento huracanado con rigidez. Se inclina hasta el suelo, permite que la tormenta pase sobre él, y luego vuelve a erguirse intacto. En la confrontación civilizatoria, retroceder no es rendirse; es preservar el nudo vital bajo tierra. Cuando la potencia enemiga despliega su abrumadora superioridad tecnológica y militar, el bambú retrocede: reduce su perfil, desconcentra sus activos, suspende operaciones que serían masacradas. Pero ese retroceso es activo: las raíces del bambú —la educación popular, las redes de confianza, la economía de subsistencia— se expanden en la clandestinidad. El tiempo de avanzar llega cuando la tormenta se debilita o cuando se ha identificado una fisura en el blindaje enemigo. Como escribió la estratega china Zhuge Liang en el Manual del Arte de la Guerra en tiempos adversos, “la flexibilidad no es cobardía; es la forma que tiene la vida de burlar a la muerte” (citado en Cleary, 2003, p. 89).
  5. “El agua que excava la roca sin golpearla”. El agua no compite en dureza con la roca; la roca es superior en resistencia instantánea. Pero el agua gana por duración y adaptabilidad: fluye alrededor del obstáculo, se filtra en sus grietas, cambia de estado (líquido, vapor, hielo) según la necesidad y condiciones. La potencia hegemónica es la roca: su poder es evidente, concentrado, medible. La nación asediada debe ser el agua. Avanzar cuando haya que avanzar significa filtrarse en los intersticios del sistema enemigo —sus contradicciones internas, sus aliados insatisfechos, sus propias poblaciones cansadas de la guerra—. Retroceder cuando haya que retroceder significa evaporarse: desaparecer del radar, no ofrecer un blanco fijo, hacer que los costos de la ocupación superen los beneficios. Detenerse cuando haya que detenerse significa congelarse: esperar, sin desgastarse, a que la dinámica internacional cambie. Lakoff (2006) señala que la metáfora del agua frente a la roca activa un marco de poder procesual sobre poder estructural; el primero es invisible pero implacable. Una sabia mujer africana, Wangari Maathai, lo expresó así: “No necesitas ser un martillo para mover una montaña; puedes ser el agua que, gota a gota, encuentra su camino” (Maathai, 2010, p. 57).

5. Organización de la subjetividad en redes de resistencia

Así como el coronavirus, la guerra cognitiva aísla, debilita, enferma y postra. Enfrentarla exige asumir, acomunar y comunalizar también la fragilidad y el trauma, el duelo y la rabia. Urge crear espacios presenciales y digitales en donde la gente pueda exponer y resignificar su dolor, su trauma, sus disonancias: “Sí, tras tantos esfuerzos, nos sentimos exhaustos y deprimidos, pero el pueblo de Bolivar, el pueblo de Chávez, el pueblo de las dificultades nunca va a dejar de luchar”. Hemos cometido errores, pero toda revolución los ha sufrido. La dialéctica materialista presume, precisamente, afrontarlos para superarlos. Esto es lo que Jung llamaba integración de la sombra: asumir los propios miedos, limitaciones y contradicciones en lugar de proyectarlos en chivos expiatorios.

Retomemos la lección de Gandhi y Mandela: la resistencia no es únicamente militar y política, es material, psico-espiritual, epistémica, comunal y familiar. Practicar la desobediencia civil cognitiva es negarse a dar crédito y repetir los argumentos del enemigo, a usar su lenguaje, a repetir sus marcos emocionales y cognitivos y sus metáforas cognoscitivas. Es romper con el síndrome de Estocolmo que nos vincula enfermizamente con el opresor, pero asumiendo que la diplomacia es el arte de evitar la guerra siempre que esta sea innecesaria porque, como decía Bolívar a Santander el 23 de julio de 1820: “La paz será mi puerto, mi gloria, mi recompensa, mi esperanza, mi dicha y cuanto es precioso en el mundo”. 

6. Alianzas regionales y globales descolonizadas

Frente a la nueva fase de la guerra ideológico cognitiva, necesitamos una Internacional de la deconstrucción. No se trata de reeditar la Tercera Internacional, sino de crear redes de intelectuales orgánicos, analistas críticos del discurso neocolonial, comunicadores populares y psicólogos comunitarios que compartan herramientas de detección y combate de la desinformación y la abyección desmovilizadora. Además de Venezuela, los pueblos de México, Bolivia, Cuba, Nicaragua, y los movimientos palestino, saharaui y mapuche han desarrollado experiencias de resistencia invaluables.

A modo de cierre

Compañeras y compañeros: la operación militar especial estadounidense y la guerra cognitiva pre y post 3 de enero en gran medida nos ha bloqueado ingentes recursos y nos ha despojado activos estratégicos, la normalidad y la prosperidad que merecemos. Pero no nos ha robado la aptitud ni la voluntad para reinventarnos como proyecto histórico, como país, como economía, como familia y como cuadros políticos consientes y sensibles. La condición de posibilidad de todo imperio es conseguir primero dividir para luego imperar. Pero, como dijo Chávez (2005): “la derrota es una victoria aplazada”. Apliquemos la dialéctica: la abyección mediática y digital que nos imponen puede convertirse, si la abordamos epistémica y políticamente, en una renovada conciencia de clase radicalizada. Resistir siempre y de mil modos no es opción sino nuestro destino. Construyamos, desde las cenizas del 3 de enero, una nueva pedagogía de la liberación que no tema nombrar una derrota táctica para poder trascenderla con creatividad, productividad y sagacidad estratégica. La situación de Venezuela solo puede ser justipreciada y respondida inteligentemente a la luz de una profunda y cada día más acelerada reconfiguración del orden mundial que torna cada tensión en un escenario de posible guerra mundial abierta con el ingrediente de la hecatombe nuclear. En este marco, Venezuela sigue siendo ejemplo inclaudicable de lucha y de fidelidad a una nueva comunidad horizóntica en los planos nacional, continental y mundial.

Muchas gracias.

Referencias

Chávez Frías, H. (2005). Discurso de la victoria del No. Referencia histórica.

Cleary, T. (Ed. & Trad.). (2003). The Book of Five Rings and The Art of War: Classic texts on strategy. Shambhala Publications.

Dussel, E. (2014). Filosofía de la liberación. Fondo de Cultura Económica.

Ellacuría, I. (2014). Ética fundamental. En La lucha por la justicia.

Gil de San Vicente, I. (2024). Pensar y practicar el socialismo desde América Latina. Resumen Latinoamericano.

Gramsci, A. (1975). Antología. Siglo XXI. (Trabajo original de 1930).

Hinkelammert, F. (1984). Crítica a la razón utópica. Editorial DEI.

Hobsbawm, E. (1994). Historia del siglo XX. Crítica.

Hobsbawm, E. (2004). Fiasco neoliberal produjo Chávez. Folha de S.Paulo.

Jung, C. G. (2004). Símbolos de transformación. Paidós.

Kristeva, J. (1982). Poderes de la perversión. Siglo XXI.

Lakoff, G. (2004). No pienses en un elefante: lenguaje y debate político. Editorial Complutense.

Lakoff, G. (2006). Whose freedom? The battle over America’s most important idea. Farrar, Straus and Giroux.

Lakoff, G., & Johnson, M. (2018). Metáforas de la vida cotidiana. Cátedra.

Maathai, W. (2010). Replenishing the earth: Spiritual values for healing ourselves and the world. Doubleday Religion.

Martín-Baró, I. (1990). Psicología social de la guerra. UCA Editores.

Sun Tzu. (2014). El arte de la guerra (E. Calvo, Trad.). Editorial Trotta. (Trabajo original del siglo VI a.C.)

Tapas - Prensa (3)

Las mentiras de la rabia

Por Prof. Roger Garcés

Vicerrectorado de investigación

LAUICOM

El momento político que nos ocupa en nuestra amada Venezuela pide a gritos trascender las diferencias y los odios. Para ir desmontando el edificio del odio, conoceremos sus mentiras. Llámelo como quiera, odio, ira, rabia, resquemor, molestia; todos tienen el común que se basan en la energía del rechazo, y ya sabemos que el rechazo es un veneno del alma. La rabia tiene una cantidad de mentiras para justificar su existencia y sus efectos negativos, y aunque algunas veces nos damos cuenta de esas mentiras, siempre terminamos creyéndolas. Estas mentiras serán explicadas con ejemplos cotidianos y sencillos, para que veamos hasta donde vivimos las mentiras de la rabia sin darnos cuenta, y estas mentiras pasan a formar parte de nuestra vida.  A continuación, les dejo algunas de estas

MENTIRAS DE LA RABIA

1- El que odia cree que la rabia elimina aquello que le molesta.
Porque si esto fuera cierto, la primera vez que la esposa le regaña al marido porque llega tomado un viernes en la madrugada se acabarían los problemas. NO, vemos que esa conducta se sigue repitiendo incluso por años. Entonces la rabia no elimina aquello que nos molesta. Es como el que maldice y toca corneta en una cola en la autopista, la rabia no elimina la cola, lo único que hace es molestarse innecesariamente. Los grandes cosas que de verdad nos atormentan no podemos eliminarlas, como la muerte, la vejez o la enfermedad, y TODAS las cosas que nos molestan, de alguna manera tienen que ver con estos miedos.

    2- El que odia cree que el poder lo tiene el otro.
    El que odia cree que el otro tiene aquello que es necesario para su felicidad. Es decir, el otro tiene a la mujer que me gusta, o al carro que me gusta, o la ropa que me gusta, o el alimento que me gusta, o el empleo que me gusta, y que creo que ESO que tiene el otro en absolutamente necesario para mi felicidad.
    En la dinámica social, un grupo social cree que el otro grupo tiene privilegios y entonces despotrica, se queja y esto lo hace rabiar hasta la locura, y la mayoría de las veces se trata solo de la fantasía de ese grupo social. En la conflictividad social ocurre lo mismo, creemos que los recursos son limitados y que ELLOS (el otro, los otros) tienen aquello que NOSOTROS no tenemos, en realidad cada sector piensa lo mismo, el uno del otro.
    En nuestra dinámica política actual los opositores creen que los chavistas son “Enchufados” y que tienen los mejores empleos y los chavistas creen que son los opositores los principales beneficiarios de las misiones y grandes misiones.
    En las peleas entre parejas se ve muy claramente esta mentira. Cada uno cree que el otro tiene algo que el uno necesita para vivir.
    Así nos olvidamos de que somos nosotros los que tenemos en nuestro interior la capacidad de ser feliz, y nos hacemos a la falsa idea de que el otro tiene el poder de hacernos felices.

    3- Lo que se desea es algo concreto.
    El que odia porque cree que el otro tiene algo que él no tiene, él cree que aquello que desea es algo particular. Cuando nos aferramos a algo, creemos que ese algo es algo sólido. No nos damos cuenta que solamente es una construcción mental que hacemos con respecto a eso que creemos sólido. Entonces el que odia cree que aquello que le hace falta es algo real, y no se da cuenta que es solamente una construcción mental cargada de simbolismo.
    La mayoría de las veces cuando el que odia evalúa lo que quiere y cree que el otro tiene, se pierde tratando de definir qué es aquello que quiere. Porque generalmente no es algo concreto sino una colección de sentimientos. Por eso, para acabar con la rabia, no basta que el sujeto que supuestamente hizo rabiar le dé al que odia aquello que pide, nunca va a  ser suficiente y la rabia siempre va a seguir. Por eso, sí lo que el que odia pide es una disculpa, una vez recibida la disculpa la rabia va a perdurar, y así con cada cosa que demande el que odia. Como decíamos antes, no se trata de un objeto concreto ni de una conducta en particular, se trata de un rosario de sentimientos, generalmente mal encolados que corresponde al que odia examinar.

    4- El que odia cree que el otro tiene el poder de hacerlo rabiar.
    Cuando nos molestamos decidimos molestarnos voluntariamente. Con frecuencia escuchamos decir: “Yo estaba tranquilo y ella me hizo molestar” o “Es que ellos tienen la culpa”, cuando en realidad nosotros mismo somos los responsables de nuestra conducta.
    Ya nos dimos cuenta que el pensamiento es como un gusanito que aparece y después degenera en la emoción perturbadora de la rabia. Si nosotros dejamos que ese gusanito actúe a sus anchas va a generar la rabia. Somos nosotros los que permitimos  a ese gusanito alimentarse y crecer. No son los demás. Cuando decimos: “ÉL me hizo rabiar” es como si “Él” tuviera una varita mágica y con un conjuro, tipo película de Harry Potter dominara por completo nuestra personalidad al punto de no tener voluntad y solamente cumplir con los mandatos de “Él”. Ya sabemos que no es así, YO permití ese pensamiento y lo acepté. EL puede hacer lo que quiera, pero queda de mi parte si me engancho o no.

    5- El que odia cree que NO tiene ninguna relación con aquel a quien odia.
    El que odia cree que es independiente de la conducta que realiza el otro. En realidad, todos estamos interconectados, y tenemos una interdependencia muy estrecha con TODOS los seres. Hace años veía por T.V. un programa de Marietta Santana donde entrevistaban a unos Neo Nazis en Venezuela, y un joven neonazi rubio le decía a un negrito que se veía como de clase humilde: “Lo que queda claro es que YO no tengo nada que ver contigo”. Los que odian se sienten desconectados lo que corresponde a un error GIGANTESCO. Ya todo el mundo sabe que todos formamos parte de todo. Ya está suficientemente aclarado que todos estamos interconectados y que las cosas materiales no están desconectadas de nosotros. Si hay un problema entre dos personas es un problema que se ha construido entre dos, y por tanto, corresponde a DOS arreglarlo. La cómoda situación de culpabilizar al otro nos exime de asumir responsabilidades en la dinámica que originó la situación problemática. Recuerde lo que escribía Borges: “Así, toda negligencia es deliberada, todo casual encuentro una cita, toda humillación una penitencia, todo fracaso una misteriosa victoria, toda muerte un suicidio”.

    6- El que odia cree que la expresión del odio disminuye el odio.
    La gente cree que la rabia es como un tanque de un líquido que uno tiene en la cabeza y que si uno expresa su rabia, entonces en la medida que lo exprese ese “tanque” se irá vaciando y cuando se termine ya no habrá más rabia. Esto da lugar a la falsa creencia de que si uno no expresa la rabia, ésta se queda adentro como un cuerpo extraño que incomoda y puede causar enfermedades. Uno escucha a la gente cuando triunfante dice: “¡Pero le dije sus cuatro cosas!” como si eso representara una gran victoria y garantizara su salud mental. En realidad, no es así. La expresión de la rabia, solo aumenta la rabia. En los años 70 los psicólogos de EEUU desarrollaron tecnologías para el control de la rabia y ponían al sujeto en una habitación acolchada para que le dieran golpes con un bate de goma-espuma, y pasaba que después de un rato dándole golpes a las paredes le preguntaba al sujeto ¿Te sientes mejor? Y éste respondía: “Si, me siento mejor”. Lo que pasaba era que se cansaba, pero cuando descansaba volvía la rabia. Realmente, todos hemos pasado por esa situación; nos molestamos por algo y expresamos enérgicamente nuestra rabia, y de alguna manera se arreglan las cosas, y al cabo de un tiempo, la misma situación nos vuelve a dar rabia y otra vez viene la rabia, y así vamos rabiando y expresando la rabia. Repito. La expresión de la rabia solo aumenta la rabia, y esto ocurre porque le damos energía en nuestra mente. Por eso, aquel inmaduro candidato que perdió las elecciones en 2013 y llamó a “Descargar la arrechera” lo que hizo fue incitar al odio y recordemos que ese día hubo 13 muertos y muchos C.D.I. quemados. Lo mejor es no engancharse con la rabia.

    7- El que odia cree que no está involucrado en el proceso del odiar.
    Es frecuente escuchar: “Yo estaba tranquilo y de repente ella se volvió loca y empezó a insultar”, como si nosotros de alguna manera no hubiésemos colaborado en la acción de la rabia.  No solamente estamos involucrados en el hecho que produjo la rabia, sino que primeramente nos vemos involucrados en la interpretación de la acción. Por lo general ponemos a las personas características que solo nosotros les reconocemos y que por lo general son proyecciones nuestras. El conocido fenómeno de la “Imagen en espejo” que la psicología social ha estudiado desde hace bastante tiempo nos da luces. Por ejemplo, los países fronterizos; cada uno cree que los habitantes del otro país son ladrones, etc. La gente de Caracas ha creído siempre que los colombianos son carteristas, y los bogotanos han creído siempre que los venezolanos son carteristas. En las parejas se ve mucho este fenómeno; cada uno acusa al otro de lo que la misma persona hace. Entonces, no es verdad eso de que “Yo estaba tranquilo y ella se volvió loca”. La verdad es que de alguna manera yo estoy involucrado en la interpretación y en la construcción del hecho de la rabia. Es decir, algo hago para favorecer la rabia y después acuso al otro de tener rabia.
    Sería de gran avance que cada grupo social RECONOCIERA los errores que ha cometido y deje de estar culpando al otro, y de esta manera desentenderse de su rabia. Lo que sí puedo afirmar es que descalificar a los demás por de color de su piel, decirle “Mono” al contario, quemar gente viva o degollar motorizados no es algo adecuado para una adecuada práctica política.

    8- El que tiene una pequeña molestia no odia.
    La molestia, la incomodidad, la rabia, el rencor, el odio, todas tienen la misma energía. Se trata del ya conocido veneno del alma “Rechazo”. Cuando tratamos de eliminar algo de nuestra vida y no aprendemos a convivir con ello, se genera el rechazo que envenena nuestra alma como sabiamente lo describió el Buda. De nuevo, la gente cree que lo que tiene en el alma no es odio, y cree que odio nada más es lo que sentía Hitler contra los judíos. Pues no, póngale el nombre que quiera, sigue siendo odio.

    Para terminar, les dejo estas palabras de Buda:

    “Somos lo que pensamos,

    todo lo que somos surge de nuestros pensamientos,

    con nuestros pensamientos hacemos el mundo.

    Habla y actúa con una mente impura

    y los líos te seguirán,

    como la rueda sigue el buey que jala la carreta.

    Somos lo que pensamos,

    todo lo que somos surge de nuestros pensamientos,

    con nuestros pensamientos hacemos el mundo.

    Habla y actúa con una mente pura

    y la felicidad te seguirá,

    ineludible como tu sombra.

    «Mira cómo me abusó y me pegó,

    Cómo me tiró y robó.»

    Vive con pensamientos de ese tipo y vivirás en el odio.

    «Mira cómo me abusó y me pegó,

    Cómo me tiró y robó.»

    Abandona los pensamientos de ese tipo y vivirás en el amor.

    En este mundo todavía

    el odio nunca ha eliminado al odio.

    Sólo el amor elimina al odio.

    Esta es la ley, antigua y sempiterna.

    Tú también vas a perecer;

                sabiendo esto, ¿Cómo puedes pelearte?