5019379033476631614

Bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá 1826 – 2026

Por: Pedro Calzadilla

Año 2026, el pueblo venezolano y los pueblos de Nuestramérica conmemoran uno de los hitos fundamentales de su recorrido histórico: el Congreso Anfictiónico de Panamá. Un hecho que establece con nitidez la universalidad de la acción histórica y pensamiento del gran hombre del continente; el Libertador Simón Bolívar.

Esta importantísima reunión realizada en Panamá entre entre el 22 de junio y el 15 de julio de 1826, permitió el encuentro por primera vez de delegados y representantes de las recientemente independizadas repúblicas “hispanoamericanas”. Inicia así, de esta suerte, un camino inédito en la historia de las relaciones directas y soberana entre los Estados, sin la intermediación de imperios ni poderes extranjeros.

El proyecto de unión de Nuestra América como expresión de una conciencia política nace a finales del siglo XVIII en la mente genial de Francisco de Miranda. El Generalísimo prefigura el surgimiento de una gran república que él propone llamar “Colombia”, constituida en la reunión de todos aquellos territorios invadidos y colonizados por la monarquía española.  Este proyecto germina en el pensamiento colectivo y se convierte en uno de los pilares de las revoluciones de independencia del continente, para luego fundamentar la coherente columna vertebral de la doctrina política de Simón Bolívar, tal y como es posible verificar en sus más importantes textos políticos.

Esta asamblea de 1826 -resultado de una laboriosa acción diplomática del Libertador-   permite un paso fundamentalísimo en la concreción del proyecto de unión de los pueblos y gobiernos de Nuestramérica con miras a garantizar la independencia y la soberanía de las nacientes repúblicas, amenazadas siempre por los poderes imperiales con la reconquista del territorio. Es así que, en 1826, en la ciudad de Panamá, la mesa estará servida con diversos temas primordiales: la alianza y cooperación entre los pueblos y gobierno, la paz, el intercambio comercial, la defensa militar y algo muy importante y gran objetivo estratégico de la reunión; el “equilibrio” de las fuerzas y poderes mundiales.

Quién recuerda, rememora, conmemora o celebra nunca lo hace desde la nada, siempre lo hace desde un lugar, un tiempo, unos afectos y unas realidades concretas, acicateado por unas expectativas. Hoy cuando con motivo de los 200 años del Congreso de Panamá nos alistamos a traerlo a nuevamente a la razón y al corazón vale preguntarnos ¿Cómo entendemos la celebración de este acontecimiento histórico hoy, desde Venezuela y Nuestra América? ¿Qué significación tiene y debe tener para las hijas y los hijos de Bolívar y de Chávez? ¿Qué lugar debe ocupar este hecho histórico en la vida del pueblo venezolano hoy y en el pensamiento de las generaciones futuras?

Entonces al celebrar el Congreso de Panamá lo hacemos:

  • Desde la mirada historiográfica y política que postula la Historia Insurgente: es decir desde la convicción de que la historia -el Congreso de Panamá- es un proceso vivo, actual, y complejo, que tiene como principal protagonista al pueblo y sus luchas en una dimensión nuestroamericana.
  • Convencidos de que se trata de un proyecto histórico diseñado por Miranda y Bolívar y que por lo tanto nos acompaña desde hace más de dos siglos de recorrido histórico como pueblo insurgente. No se trata de un hecho aislado y confinado a un tiempo y lugar determinado, tampoco un “sueño” irrealizable, fatua utopía, imposible o demencial: el proyecto de unión mirandino, bolivariano y chavista de justicia y paz de los pueblos, es un horizonte estratégico para todo el continente.
  • Desde la convicción de que recordamos un hecho que forma parte de uno de los pilares doctrinarios de la Nación, una de las fibras que configuran el nervio central de nuestro proyecto nacional. No es ajeno o apéndice, está estrechamente hilvanado al alma de nuestra patria, en el hermoso concepto de la patria grande, tal y como lo postuló el Libertador: “Para nosotros la patria es la América
  • Conscientes de que las operaciones de la industria cultural e ideológica del imperialismo estadounidense lleva más un siglo manipulando el legado de Simón Bolívar para convertirlo en alimento para sus planes de dominio. En este sentido, alertamos al pueblo para que no se confunda con las patrañas creadas para arrebatar el carácter revolucionario e insurgente del proyecto bolivariano de la unión al asociarlo y colocarlo como antecedente o inspirador del viejo panamericanismo, de la Organización de Estados Americanos y otras instancias de dominación trasnacional. El recuerdo del Congreso de Panamá integra el corpus central de la dimensión anticolonial y antimperialista de nuestros pueblos.
  • Desde el compromiso de seguir luchando y avanzando por realizar el proyecto de la unión continental que está hoy más vigente que nunca. A pesar de que viles campañas han querido caracterizar al Congreso de Panamá como una acción fracasada e irrealizable de nuestro Libertador, hoy demostramos su actualidad y vigencia al permanecer enarbolado como unos de los principales desafíos que aún tenemos los pueblos.

Un proyecto que inquieta…  El proyecto de la unidad continental incomoda a todas las potencias que tienen pretensiones imperiales. Lo fue así en el pasado y así es en el presente. Por eso el ataque frontal contra la Revolución Bolivariana, contra el comandante Chávez y contra el presidente Maduro, quienes retomaron ese proyecto en el siglo XXI.

Así que hoy, en este año complejo, pero también promisorio de Nuestra América, territorio dónde yace la esperanza de la humanidad, los pueblos se baten en todas partes del continente movilizados y conscientes cada día más del camino de la independencia.

Para el neocolonialismo y el imperialismo la unidad de los pueblos es percibida como una amenaza… Para nosotros los bolivarianos la unión es el único proyecto a seguir… Estamos felizmente destinados a entre vivir juntos, a entre ayudarnos, a entre unirnos…

4979210308891118674 (1)

¿De qué hablamos cuando hablamos de excelencia académica en Comunicación?

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

Hablar hoy de “excelencia académica” en Comunicación exige desarrollar un instrumental crítico riguroso contra una serie de mistificaciones que han colonizado el campo durante décadas. Entre ellas destaca la reducción de la comunicación a un conjunto de destrezas técnicas destinadas a optimizar flujos informativos, incrementar audiencias, gestionar reputaciones corporativas o perfeccionar mecanismos de persuasión. Tal reducción empobrece el objeto de estudio, mutila su complejidad histórica y lo convierte en un simple apéndice funcional de estructuras económicas y políticas cuya legitimidad permanece fuera de examen. La excelencia académica que nos importa comienza precisamente allí donde la crítica se niega a aceptar semejante clausura epistemológica y asume que toda práctica comunicacional forma parte de procesos sociales más amplios, atravesados por contradicciones materiales, conflictos de intereses, disputas por el sentido y luchas permanentes en torno a la revolución de las conciencias.

Hoy la comunicación, emancipada y emancipadora, constituye una dimensión decisiva de la existencia humana porque ninguna sociedad produce cultura, organiza trabajo, transmite conocimiento, construye memoria ni proyecta horizontes colectivos al margen de sistemas simbólicos compartidos. Cada signo nace en una trama histórica determinada. Cada lenguaje porta huellas de relaciones sociales concretas. Cada narrativa expresa, reproduce o combate determinadas formas de poder. En consecuencia, la excelencia académica no puede medirse por la capacidad de repetir teorías consagradas, acumular métricas bibliométricas o adaptarse dócilmente a las tendencias intelectuales burguesas. Su medida fundamental reside en la potencia crítica con que investiga las condiciones materiales que hacen posible la producción, circulación y apropiación social de significados.

Una formación comunicacional de alto nivel demanda rigor histórico. Ninguna teoría surge por generación espontánea. Todo concepto responde a problemas específicos de una época determinada. La excelencia implica romper el fardo ideológico del capitalismo y reconstruir genealogías intelectuales, identificar intereses en disputa, comprender transformaciones tecnológicas y examinar las estructuras económicas que condicionan la evolución de los sistemas mediáticos. Quien ignora la historia de las luchas sociales corre el riesgo de confundir fenómenos transitorios con leyes universales.

Quien desconoce la historia de las instituciones y monopolios comunicacionales termina naturalizando mecanismos de dominación que poseen orígenes perfectamente identificables. La investigación sobresaliente tampoco ha de limitarse a describir fenómenos visibles. Su tarea consiste en revelar, denunciar y transformar estructuras profundas, conexiones ocultas y dinámicas contradictorias. Allí donde la apariencia ofrece neutralidad, el análisis riguroso descubre intereses. Allí donde el discurso dominante proclama consenso, la observación crítica identifica conflictos y focos revolucionarios. Allí donde la retórica empresarial celebra innovación, la investigación examina concentración económica, monopolización tecnológica y desigualdad en el acceso a los recursos comunicacionales. La excelencia académica exige capacidad para atravesar la superficie de los acontecimientos y penetrar en la lógica que articula sus determinaciones fundamentales y la reorganización de las fuerzas productivas en comunicación emancipadora.

Resulta imposible comprender la comunicación contemporánea sin estudiar la lucha de clases como fuerza histórica constitutiva. Los sistemas simbólicos no flotan sobre la sociedad como entidades autónomas. Participan activamente en la organización de consensos, en la legitimación de jerarquías y en la reproducción de determinadas relaciones sociales. Los grandes aparatos mediáticos, las plataformas digitales, las industrias culturales y los complejos publicitarios intervienen cotidianamente en la formación de imaginarios colectivos. Determinan agendas, jerarquizan acontecimientos, modelan sensibilidades y orientan percepciones.

Frente a ello, la excelencia académica reclama una mirada capaz de identificar quién produce los discursos hegemónicos, qué intereses representan, qué silencios administran y qué formas de conciencia contribuyen a consolidar. La conciencia de clase constituye una categoría indispensable para cualquier comprensión profunda de la comunicación. No se trata de un residuo doctrinario ni de una reliquia conceptual. Representa una herramienta analítica para comprender cómo los sujetos interpretan su posición en el entramado social y cómo construyen horizontes de acción colectiva. Toda comunicación participa, de manera directa o indirecta, en procesos de formación de conciencia. Cada noticia, cada representación audiovisual, cada plataforma digital y cada dispositivo educativo intervienen en la elaboración de percepciones acerca del mundo social.

Una academia comprometida con la excelencia debe estudiar rigurosamente esas mediaciones, evitando tanto el determinismo simplista como las fantasías individualistas que atribuyen toda capacidad transformadora a decisiones puramente subjetivas. La revolución tecnológica contemporánea plantea desafíos inéditos. Las infraestructuras digitales reorganizan escalas temporales, modalidades perceptivas y formas de interacción social. Sin embargo, la fascinación tecnológica constituye uno de los principales obstáculos para el pensamiento crítico. La excelencia académica no consiste en celebrar acríticamente cada innovación técnica. Consiste en examinar quién controla las plataformas, cómo se extraen datos, qué modelos económicos sustentan la circulación informativa y cuáles son las consecuencias culturales de la concentración tecnológica. La técnica jamás aparece aislada de relaciones de poder. Cada arquitectura digital incorpora criterios de selección, exclusión y jerarquización que influyen decisivamente sobre la producción social de conocimiento.

Particular atención merece el papel de los algoritmos. Con frecuencia se los presenta como instrumentos neutrales gobernados exclusivamente por procedimientos matemáticos. Tal representación encubre una realidad mucho más compleja. Los algoritmos son construcciones humanas desarrolladas en contextos institucionales específicos, financiadas por intereses concretos y orientadas hacia finalidades determinadas. Incorporan criterios de clasificación, prioridades económicas y supuestos ideológicos que afectan la visibilidad de contenidos, la distribución de información y la configuración de debates públicos. Una concepción exigente de excelencia académica rechaza toda confianza ingenua en sistemas automatizados incapaces de justificar críticamente sus operaciones. El examen permanente de sus sesgos, limitaciones y efectos sociales constituye una obligación intelectual ineludible.

Y la excelencia requiere además una sólida formación filosófica. La comunicación no puede reducirse a estadísticas, encuestas o análisis de audiencias. Tales herramientas poseen enorme valor cuando se integran en marcos interpretativos consistentes. Sin reflexión epistemológica, la acumulación de datos degenera en empirismo estéril. Sin ontología social, la descripción pierde capacidad explicativa. Sin teoría crítica del conocimiento, la investigación corre el riesgo de reproducir inconscientemente los prejuicios de la época. El pensamiento comunicacional de mayor calidad articula observación empírica, elaboración conceptual y análisis histórico en una síntesis dinámica capaz de iluminar la complejidad de los procesos sociales.

Porque la dimensión humanista ocupa un lugar central en esta perspectiva. La comunicación existe para ampliar capacidades humanas de comprensión, cooperación, creación y emancipación. Toda excelencia académica que ignore la dignidad de las personas termina subordinada a intereses ajenos al desarrollo pleno de la humanidad. El conocimiento adquiere sentido cuando contribuye a disminuir formas de explotación, opresión, alienación y exclusión.

Desde esta óptica, la investigación comunicacional no persigue únicamente explicar el mundo; procura también identificar posibilidades históricas para transformarlo en favor de relaciones más justas, solidarias y democráticas. La producción científica de excelencia demanda igualmente independencia intelectual. Ninguna comunidad académica puede alcanzar altos niveles de desarrollo cuando se somete pasivamente a modas teóricas, financiamientos condicionantes o agendas impuestas por centros de poder económico. La autonomía crítica representa una condición esencial para el avance del conocimiento. Dicha autonomía no equivale a aislamiento. Implica capacidad para dialogar con tradiciones diversas, evaluar argumentos según su consistencia y sostener posiciones fundamentadas aun cuando resulten incómodas para intereses dominantes.

En última instancia, excelencia académica en Comunicación significa cultivar una inteligencia histórica capaz de comprender la totalidad social en movimiento; desarrollar instrumentos analíticos aptos para descifrar la compleja producción de sentido en sociedades atravesadas por desigualdades estructurales; fortalecer la conciencia crítica frente a dispositivos de manipulación ideológica; examinar sin complacencias las nuevas formas de poder concentrado que emergen en el ecosistema digital; promover una cultura científica comprometida con la verdad, la justicia cognitiva y la emancipación humana; contribuir a la formación de sujetos capaces de interpretar críticamente su realidad y participar conscientemente en su transformación.

Allí donde el conformismo intelectual celebra la adaptación, la excelencia busca comprensión profunda. Allí donde la superficialidad exalta la velocidad informativa, la excelencia exige conocimiento riguroso. Allí donde los relatos dominantes intentan naturalizar privilegios históricos, la excelencia académica convierte la crítica en herramienta de esclarecimiento colectivo y en fuerza cultural orientada hacia la construcción consciente de una humanidad más libre, más culta y más dueña de su propio destino histórico.

photo4936370088877690370w-61f392

¿Quién calza los zapatos de Venezuela?

Al conocer las comunas tuve la noción real de lo que significa conciencia de clase y poder popular

Hace exactamente 5 meses, un sábado, día 3 de enero de 2026, me despertaron temprano en la mañana con una llamada urgente de una querida amiga: “EE. UU. atacó a Venezuela, secuestró al presidente Nicolás Maduro y a la diputada Cilia Flores. Más de 100 personas muertas, la mayoría jóvenes”. Lo que no sabía en aquel momento es que poco tiempo después estaría pisando por primera vez este país que suscita tantas “narrativas”

En el feriado, el 21 de abril, recibí una nueva llamada. Esta vez del coordinador del Movimiento de Amistad y Solidaridad Venezuela y Cuba, Yhonny García Calles, invitándome a formar parte de la II Cohorte Internacional de Comunicación Política de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (Lauicom), en Caracas.

Llegué al país el 10 de mayo, sin tener la mínima noción de todo lo que viviría en aquellos 15 días. Encontré una ciudad en pleno movimiento, llena de bellezas y un pueblo acogedor. Llevaba mucho tiempo esperando ese momento; de hecho, desde la elección del comandante Hugo Chávez Frías en 1999, mi corazón ya vibraba junto al pueblo venezolano. Acompañé de lejos el proceso constituyente que elaboró la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, cuyo preámbulo es algo que debería leerse y releerse muchas veces. También sufrí con el golpe de 2002 y festejé el regreso de Chávez en brazos del pueblo.

Tuve el honor de ver y oír a Hugo Chávez en el asentamiento del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), en Tapes, durante el Foro Social Mundial en 2005. Su liderazgo y carisma eran incuestionables. Lloré cuando lo perdimos por un cáncer, hasta hoy muy sospechoso. Sigo el proceso de formación de las comunas, tarea dejada a Nicolás Maduro por el comandante Chávez. Y mi corazón y plena atención estaban allí el 3 de enero de 2026.

Una comunicación para la liberación

Llegar a Venezuela fue como volver a ver a amigos de hace mucho tiempo. Y, realmente, fue así como me sentí durante estas dos semanas con las más de 100 personas, de 23 países, que participaron en este rico encuentro para estudiar la “artillería del pensamiento”, como decía el libertador Simón Bolívar. Estaba allí toda América Latina representada, además de EE. UU., España, Armenia, Mozambique y Rusia; periodistas, comunicadores, militantes políticos.

Tras más de 30 años actuando en la comunicación popular, llegué a casa. Encontré una universidad creada para formar comunicadores capaces de enfrentar los desafíos de la comunicación contemporánea y de la guerra semiótica. La universidad tiene como objetivo central entrenar especialistas, investigadores y comunicadores para utilizar la semiótica como una herramienta de combate en la “disputa por el sentido”. Busca superar las escuelas tradicionales (funcionalistas y estructuralistas) para desarrollar una semiótica marxista y crítica.

La institución alberga la Cátedra Sean MacBride, que recupera y actualiza el informe MacBride de la Unesco de 1980 (“Un solo mundo, voces múltiples”). Esta cátedra se enfoca en la denuncia de la concentración monopólica de los medios y en la búsqueda de un nuevo orden mundial de la información y la comunicación.

Lauicom también cuenta con un laboratorio de semiótica que funciona como un centro de análisis e intervención. Su papel es desconstruir “signos operadores”; es decir, analiza términos como “narcoterrorismo”, identificándolos no como descripciones de hechos, sino como operaciones estratégicas que crean un “cierre cognitivo” en la opinión pública para aceptar intervenciones militares o bloqueos económicos como si fuesen medidas de seguridad. Además, denuncia la “Ingeniería del Consentimiento”. La institución desenmascara cómo el imperialismo fabrica “metáforas absolutas” (el bien contra el mal) para criminalizar Estados y esconder razones materiales, como el control de recursos energéticos y el petróleo

El proyecto fue diseñado por el doctor en filosofía y actual rector internacional, Fernando Buen Abad, en colaboración directa con Hugo Chávez, para crear una estructura que ofreciera respuestas técnicas y científicas a la manipulación industrializada operada por los grandes monopolios mediáticos. El lugar no podría ser más simbólico: la antigua sede del diario El Nacional, que fue entregada para pagar una indemnización tras un proceso por difamación al ministro Diosdado Cabello, quien cedió la propiedad para la creación de Lauicom por el presidente Nicolás Maduro Moros, el 4 de diciembre de 2019. Hoy el proyecto universitario es liderado por la diputada de la Asamblea Nacional por el PSUV, Tania Díaz, quien asumió la rectoría en marzo de 2022.

‘Abriendo cortinas’

En sus clases de Semiótica Crítica, inspirado en conceptos de Umberto Eco, Buen Abad defendió que la guerrilla semiótica es una forma de intervención política donde las fuerzas populares utilizan creatividad y ciencia para desorganizar la narrativa hegemónica.

Utilizó la historia del “Mago de Oz” como una metáfora central para explicar la “ciencia de las apariencias” y el funcionamiento de las máquinas de guerra ideológica. Buen Abad mostró la escena final de la película donde se descubre que el “monstruo enorme” que amenazaba a todos era, en realidad, una farsa operada por un “viejito” escondido detrás de una cortina, manejando todo el aparato tecnológico.

En la semiótica crítica, el monstruo representa las apariencias fabricadas, el discurso hegemónico, las noticias falsas (fake news) y los estigmas creados para atemorizar a la población. La cortina es el aparato mediático y los flujos ideológicos que ocultan la realidad material y los intereses de clase. Por último, el mago (el viejito) son los dueños del capital, los laboratorios de guerra psicológica y los “especialistas” asalariados que fabrican esos monstruos para mantener el control social.

El autor sostiene que existen equivalentes de ese ‘mago’ en todas partes, fabricando monstruos que angustian y paralizan a los pueblos para que estos acepten la explotación. La tarea de la semiótica emancipadora es, por lo tanto, desmontar ese ‘teatro’ y mostrar que el poder de esos monstruos reside en la manipulación técnica y simbólica, permitiendo que la realidad vuelva a ser comprendida en su densidad material e histórica.

Para Buen Abad, la semiótica no debe ser un ejercicio de mera clasificación de signos, sino una herramienta para ‘correr la cortina’. Para él, las inversiones ideológicas funcionan como una ‘teología comunicacional’ que posiciona al poder imperial como salvador universal, mientras que cualquier forma de resistencia o soberanía es percibida por la opinión pública como una ‘amenaza diabólica’.

En la visión del filósofo, vivimos una Guerra de Cuarta Generación donde las mentes humanas son los ‘campos de batalla’, y estamos atravesando la mayor migración cognitiva de la historia.

La revolución no será transmitida

Parafraseando el documental, filmado y dirigido por los irlandeses Kim Bartley y Donnacha O’Briain, que reveló al mundo los acontecimientos del golpe contra el gobierno del presidente Hugo Chávez en abril de 2002, puedo afirmar que lo que vi y viví en Caracas va mucho más allá de lo que aparece en los grandes periódicos, televisoras y radios, o en las redes propiedad de las big techs, las llamadas redes sociales. Lo esencial no nos fue invisible y sentimos, de corazón a corazón, el nuevo mundo que está naciendo ahora.

Me traje en la maleta una infinidad de conocimientos. Las más de 120 horas de clases de historia, economía, disputa de sentido, el ‘Mundo Feliz’ de la Inteligencia Artificial, guerra cognitiva, dictadura de las fake news, fascismo tecnológico, análisis crítico del discurso, liderazgo, agitación política… Pero, mucho más que eso, vi a un pueblo unido, construyendo el poder popular. Un pueblo que tiene conciencia de que la mayor arma es el colectivo. Y que necesita estudiar mucho su historia, conocer a sus verdaderos héroes y tener a los medios en manos de la clase trabajadora.

Un pueblo que resiste desde hace más de 20 años bloqueos y ataques. Un pueblo que fue bombardeado y cuyo presidente y la primera combatiente fueron secuestrados, sin acusaciones reales, y que se encuentran bajo el tacón de hierro del imperio. Un pueblo organizado en 5.418 comunas y miles de consejos comunales, liderados en su mayoría por mujeres. En Venezuela, el futuro ancestral, comunal y feminista ya comenzó.


Un pueblo que alimenta en su corazón la mística de Simón Bolívar, Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Un pueblo que solo quiere vivir en paz. Y es para eso que la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien se quedó con la misión diseñada junto a Maduro, está peregrinando por el país. Como recordó la alcaldesa de Caracas, Carmen Meléndez, en una visita que realizamos a la Casa del Obrero: ‘La última proclama de nuestro comandante Chávez fue: «Vendrán tiempos difíciles». Pero ante esos tiempos difíciles, «la unidad, la unidad, la unidad de los patriotas»‘. Y aún cuestionó: ‘¿Quién calza los zapatos de Delcy?

Finalmente, recuerdo unas lindas y emotivas palabras de despedida del ahora hermano de Cuba, el doctor en filosofía y profesor universitario Carlos Alberto Suárez Arcos. Simón Bolívar tenía dos monturas principales: una yegua negra llamada Tormenta, usada para el trayecto cotidiano por ser fuerte, y un caballo blanco de batalla llamado Palomo

En palabras de Carlos, el pueblo venezolano aprendió a ‘caminar montado sobre una tormenta’, tal como hacía Bolívar en sus viajes diarios. Resistiendo, avanzando y persistiendo incluso en medio de crisis o dificultades severas. Y ‘cabalga sobre una paloma’ (paz) para librar su guerra y alcanzar la victoria

¿Qué espera de nosotros este pueblo que resiste y está en la primera línea de la construcción de la Patria Grande? ¡Coraje! En este momento, nuestro papel, como hermanas y hermanos, es unir nuestras voces por la liberación de Nicolás y Cilia y contra las sanciones y el bloqueo criminal de EE. UU. a Venezuela y Cuba. Las cartas están sobre la mesa, solo no lo ve quien no quiere

¡Venezuela no es una amenaza, es esperanza!

Katia Marko, editora jefa de Brasil de Fato RS, vicepresidenta del Sindicato de Periodistas Profesionales de RS (SindJoRS) y coordinadora general del Foro Nacional por la Democratización de la Comunicación (FNDC)

Este es un artículo de opinión y no necesariamente representa la línea editorial de Brasil de Fato

FacebookWhatsAppEmailXCompartir

Editado por: Vivian Virissimo

Fuente: Brasil de Fato.

photo4936370088877690370w-61f392

Quem veste os sapatos da Venezuela?

Ao conhecer as comunas tive a real noção do que significa consciência de classe e poder popular

Há exatos 5 meses, num sábado, dia 3 de janeiro de 2026, era acordada cedo da manhã com um chamado urgente de uma querida amiga: “EUA atacou a Venezuela, sequestrou o presidente Nicolás Maduro e a deputada Cília Flores. Mais de 100 pessoas mortas, a maioria jovens”. O que eu não sabia naquele momento é que pouco tempo depois estaria pisando pela primeira vez neste país que suscita tantas “narrativas”.

No feriado, 21 de abril, uma nova ligação. Agora do coordenador do Movimento de Amizade Solidariedade Venezuela e Cuba, Yhonny Garcia Calles, me convidando para fazer parte da II Corte Internacional de Comunicação Política da Universidade Internacional de Comunicação (Lauicom), em Caracas.

Cheguei no país no dia 10 de maio, sem ter a mínima noção de tudo que viveria naqueles 15 dias. Encontrei uma cidade em pleno movimento, cheia de belezas e um povo acolhedor. Esperava por esse momento há bastante tempo, aliás desde a eleição do comandante Hugo Chávez Frías em 1999, meu coração já vibrava junto com o povo venezuelano. Acompanhei de longe o processo constituinte que elaborou a Constituição da República Bolivariana de Venezuela. Aliás, o preâmbulo é algo que deveria ser lido e relido muitas vezes. Também sofri junto com o golpe de 2002 e festejei a volta de Chávez nos braços do povo.

Tive a honra de ver e ouvir Hugo Chávez no assentamento do Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST), em Tapes, durante o Fórum Social Mundial em 2005. Sua liderança e carisma eram inquestionáveis. Chorei quando o perdemos de um câncer até hoje muito suspeito. Acompanho o processo de formação das comunas, tarefa deixada a Nicolás Maduro pelo comandante Chávez. E meu coração e plena atenção estavam lá no 3 de janeiro de 2026.

Uma comunicação para a libertação

Chegar à Venezuela foi como rever amigos de muito tempo. E, realmente, foi como me senti durante estas duas semanas com as mais de 100 pessoas, de 23 países, que participaram desse rico encontro para estudar a “artilharia do pensamento”, como dizia o libertador Simón Bolívar. Estava lá toda a América Latina representada, além dos EUA, Espanha, Armênia, Moçambique e Rússia. Jornalistas, comunicadores, militantes políticos.

Após mais de 30 anos atuando na comunicação popular, cheguei em casa. Encontrei uma universidade criada para formar comunicadores capazes de enfrentar os desafios da comunicação contemporânea e da guerra semiótica. A universidade tem como objetivo central treinar especialistas, pesquisadores e comunicadores para utilizar a semiótica como uma ferramenta de combate na “disputa pelo sentido”. Ela busca superar as escolas tradicionais (funcionalistas e estruturalistas) para desenvolver uma semiótica marxista e crítica.

A instituição abriga a Cátedra Sean MacBride que recupera e atualiza o relatório MacBride da Unesco de 1980 (“Um só mundo, vozes múltiplas”). Esta cátedra foca na denúncia da concentração monopólica dos meios e na busca por um novo ordenamento mundial da informação e da comunicação.

A Lauicom também abriga um laboratório de semiótica que funciona como um centro de análise e intervenção. Seu papel é desconstruir “signos operadores”, ou seja, analisa termos como “narcoterrorismo”, identificando-os não como descrições de fatos, mas como operações estratégicas que criam um “fechamento cognitivo” na opinião pública para aceitar intervenções militares ou bloqueios econômicos como se fossem medidas de segurança. Além disso, denuncia a “Engenharia do Consentimento”. A instituição desmascara como o imperialismo fabrica “metáforas absolutas” (o bem contra o mal) para criminalizar Estados e esconder razões materiais, como o controle de recursos energéticos e o petróleo.

O projeto foi desenhado pelo doutor em filosofia e atual reitor Internacional, Fernando Buen Abad, em colaboração direta com Hugo Chávez para criar uma estrutura que oferecesse respostas técnicas e científicas à manipulação industrializada operada pelos grandes monopólios midiáticos. E o local não poderia ser mais simbólico: a antiga sede do jornal El Nacional, que a entregou para pagar uma indenização após um processo por difamação ao ministro Diosdado Cabello, que cedeu a propriedade para a criação do Lauicom pelo presidente Nicolás Maduro Moros, em 4 de dezembro de 2019. Hoje o projeto universitário é liderado pela deputada da Assembleia Nacional pelo PSUV, Tania Díaz, que assumiu a reitoria em março de 2022.  

‘Abrindo cortinas’

Em suas aulas de Semiótica Crítica, inspirado em conceitos de Umberto Eco, Buen Abad defendeu que a guerrilha semiótica é uma forma de intervenção política onde as forças populares utilizam criatividade e ciência para desorganizar a narrativa hegemônica.

Ele utilizou a história do “Mágico de Oz” como uma metáfora central para explicar a “ciência das aparências” e o funcionamento das máquinas de guerra ideológica. Buen Abad mostrou a cena final do filme onde, após uma longa jornada cheia de obstáculos, descobre-se que o “monstro enorme” que ameaçava e assustava a todos era, na verdade, uma farsa operada por um “velhinho” escondido atrás de uma cortina, manejando todo o aparato tecnológico.

Na semiótica crítica, o monstro representa as aparências fabricadas, o discurso hegemônico, as notícias falsas (fake news) e os estigmas criados para amedrontar a população. A cortina é o aparato midiático e os fluxos ideológicos que ocultam a realidade material e os interesses de classe. Por fim, o mágico (o velhinho), são os donos do capital, os laboratórios de guerra psicológica e os “especialistas” assalariados que fabricam esses monstros para manter o controle social.

O autor argumenta que existem equivalentes desse “mágico” em todos os lugares, fabricando monstros que angustiam e paralisam os povos para que estes aceitem a exploração. A tarefa da semiótica emancipadora é, portanto, desmontar esse “teatro” e mostrar que o poder desses monstros reside na manipulação técnica e simbólica, permitindo que a realidade volte a ser compreendida em sua espessura material e histórica.

Para Buen Abad, a semiótica não deve ser um exercício de mera classificação de signos, mas sim uma ferramenta para “correr a cortina”. Para ele, as inversões ideológicas funcionam como uma “teologia comunicacional” que posiciona o poder imperial como salvador universal, enquanto qualquer forma de resistência ou soberania é percebida pela opinião pública como uma “ameaça diabólica”.

Na visão do filósofo, vivemos uma Guerra de Quarta Geração onde as mentes humanas são os “campos de batalha”, e estamos passando pela maior migração cognitiva da história.

A revolução não será transmitida

Parafraseando o documentário, filmado e dirigido pelos irlandeses Kim Bartley e Donnacha O’Briain, que descortinou ao mundo os acontecimentos do golpe contra o governo do presidente Hugo Chávez, em abril de 2002, posso afirmar que o que vi e vivenciei em Caracas vai muito além do que está nos grandes jornais, Tvs e rádios ou nas redes proprietárias das big techs, ditas sociais. O essencial não nos foi invisível, e sentimos, coração a coração, o novo mundo que está se dando agora.

Trouxe na mala uma infinidade de conhecimentos. As mais de 120 horas de aulas de história, economia, disputa de sentido, o “admirável mundo novo” da Inteligência Artificial, guerra cognitiva, ditadura das fake news, fascismo tecnológico, análise crítica do discurso, liderança, agitação política… Mas, muito mais do que isso, vi um povo unido, construindo o poder popular. Um povo que tem consciência que a maior arma é o coletivo. E que precisa muito estudar sua história, conhecer seus verdadeiros heróis e ter os meios nas mãos da classe trabalhadora.

Um povo que resiste há mais de 20 anos de bloqueios e ataques. Um povo que foi bombardeado e teve seu presidente e a primeira combatente sequestrados, sem acusações reais, e estão sob o tacão de ferro do império. Um povo organizado em 5.418 comunas e milhares de Conselhos Comunais, na sua maioria comandadas por mulheres. Na Venezuela, o futuro ancestral, comunal e feminista já começou.

Um povo que alimenta em seu coração a mística de Simon Bolívar, Hugo Chávez e Nicolás Maduro. Um povo que só quer viver em paz. E é para isso que a presidenta encarregada Delcy Rodrigues, que ficou com a missão pensada junto com Maduro, está peregrinando pelo país. Como lembrou a prefeita de Caracas, Carmen Meléndez, em uma visita que fizemos à Casa Del Obrero. “A última proclama do nosso comandante Chávez foi: ‘Virão tempos difíceis’. Mas diante desses tempos difíceis, ‘a unidade, a unidade, a unidade dos patriotas’. E ainda questionou: “quem veste os sapatos de Delcy?”

Por fim, recordo uma linda e emocionante fala de despedida do agora hermano de Cuba, o doutor em filosofia e professor universitário Carlos Alberto Suárez Arcos. Simón Bolívar possuía duas montarias principais: uma égua negra chamada Tormenta, utilizada para o trajeto cotidiano por ser forte, e um cavalo branco de batalha chamado Palomo.

Nas palavras de Carlos, o povo venezuelano aprendeu a “caminhar montado sobre uma tormenta”, assim como Bolívar fazia em suas viagens diárias. Resistindo, avançando e persistindo mesmo em meio a crises ou dificuldades severas. E “cavalga sobre uma pomba” (paz) para travar sua guerra e alcançar a vitória.

O que esse povo que resiste e está na linha de frente da construção da Pátria Grande espera de nós? Coragem! Nesse momento, nosso papel, enquanto hermanas e hermanos, é unirmos nossas vozes pela libertação de Nicolás e Cília e contra as sanções e o bloqueio criminoso dos EUA à Venezuela e Cuba. As cartas estão na mesa, só não vê quem não quer.

Venezuela não é uma ameaça, é esperança!

* Katia Marko, editora-chefe do Brasil de Fato RS, vice-presidenta do Sindicato dos Jornalistas Profissionais do RS (SindJoRS) e coordenadora-geral do Fórum Nacional pela Democratização da Comunicação (FNDC).

**Este é um artigo de opinião e não necessariamente representa a linha editorial do Brasil de Fato.

FacebookWhatsAppEmailXCompartir

Editado por: Vivian Virissimo

Fuente: Brasil de Fato.

IMG_20260604_063001_360

Presidenta (E) Delcy Rodríguez inicia agenda oficial en reunión con Canciller de India Subrahmanyam Jaishankar

En aras de profundizar alianzas estratégicas en diversos ámbitos, se desarrolló este jueves el encuentro entre la Presidenta (E) de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez, y el ministro de Asuntos Exteriores de la República de la India, Subrahmanyam Jaishankar. En el contexto de su agenda oficial en Nueva Delhi, donde se ratificó la voluntad del Gobierno Nacional de expandir los lazos de cooperación bilateral, con especial énfasis en áreas como energía, defensa, tecnología, agricultura y salud, siempre bajo los principios de respeto mutuo y beneficio compartido.

Durante el encuentro, la Presidenta (E) Delcy Rodríguez destacó la importancia de fortalecer el diálogo político y la cooperación entre ambas naciones, así como la necesidad de impulsar proyectos conjuntos que respondan a los intereses de los pueblos. Por su parte, el canciller Jaishankar expresó la disposición de la India a seguir trabajando con Venezuela en la construcción de un orden internacional más multipolar y equitativo, en línea con la visión de soberanía y autodeterminación que guía la política exterior venezolana.

Fuente: MIPPCI

stedile-e1734948280755

Por qué seguimos apoyando a Venezuela, por Joao Pedro Stedile

Activista del MST y líder de ALBA MOVEMENTS y ​​la Asamblea Internacional de los Pueblos-AIP

3 de junio de 2026

La situación política actual en Venezuela no puede explicarse únicamente por los acontecimientos posteriores al 3 de enero.

Es necesario contextualizar lo sucedido en las últimas cuatro décadas. En la década de 1990, existía una hegemonía estadounidense total en el continente, que impuso el TLCAN y posteriormente buscó imponer el ALCA, creando así un área bajo el control absoluto del capital estadounidense. Todos los gobiernos, excepto Cuba, apoyaron a los estadounidenses.

Pero los pueblos de algunos países se rebelaron. Y entonces llegó el Caracazo en 1989, luego la rebelión militar y finalmente la victoria electoral de Chávez, quien tomó el poder en el 99, rompió la ola neoliberal, abriendo un nuevo ciclo de gobiernos progresistas, que continuó con Lula, Correa, Evo y Kirchner, y alteró el equilibrio de poder en el continente. Ahora se proponía otra integración en lugar de ALCA, formalmente derrotada en 2005: ALBA.

El imperialismo estadounidense, los gobiernos demócratas y republicanos y la clase dominante de Estados Unidos no perdonaron la audacia de Chávez. Y en estas cuatro décadas impusieron todas las tácticas posibles dentro de la fórmula descrita por el investigador Andrew Korybko, basada en documentos oficiales de las fuerzas armadas estadounidenses, como estrategias de GUERRAS HÍBRIDAS.

Durante todo este largo periodo, intentaron por todos los medios derrotar el proceso bolivariano en Venezuela. Recordemos: el golpe de Estado que apartó a Chávez del gobierno durante dos días, en el que las repercusiones internacionales y la inmediata movilización popular impidieron que los golpistas lo ejecutaran. ¡Incluso el Cardenal de Caracas le administró la extremaunción en la prisión de la Isla La Orchila, donde estuvo cautivo!

La huelga política de los trabajadores petroleros para desmantelar PDVSA. La escasez de combustible y el caos se mitigaron gracias a la ayuda del entonces gobierno de Fernando Henrique Cardoso, de Brasil.

Luego vinieron los disturbios callejeros con violencia extrema, que provocaron terrorismo, incendios en escuelas y hospitales, escasez artificial y decenas de muertos. Muchos presos han sido amnistiados.

La muerte de Chávez, causada por un extraño cáncer que no respondió a la medicación, sigue sin explicación hasta el día de hoy. Casualmente, Lugo, Dilma, Kirchner y Lula también padecieron cáncer durante el mismo periodo.

Rápidamente se reconoció al gobierno títere de Guaidó, al que se transfirieron todos los depósitos de dólares y oro del Estado venezolano, para que esta lumpenburguesía venezolana pudiera enriquecerse.

Provocaron una inflación galopante mediante la manipulación del tipo de cambio desde Miami. Bloquearon todas las cuentas del país en el extranjero. Impidieron las inversiones en petróleo, y la producción cayó por debajo del 30%, con una disminución del PIB de hasta el 90%. Todo esto causó numerosos problemas económicos a toda la población y generó una migración sin precedentes de trabajadores y trabajadoras venezolanos.

Impugnaron la reelección de Maduro, con el apoyo y la ilusión de algunas figuras supuestamente progresistas.

Todo esto, sumado a una campaña mediática constante y permanente que sin duda costó millones de dólares en el uso de redes, computadoras y los llamados influencers pagados por la CIA y sus agencias. Una campaña que continúa hasta el día de hoy.

El golpe final llegó con el segundo gobierno de Trump, que, sediento de petróleo y perdiendo la hegemonía económica frente a Eurasia, reinstauró la Doctrina Monroe y quiso convertir el continente en su patio trasero, imponiendo el control económico, político y militar.

El 3 de enero, tras movilizar a toda su fuerza militar, invadió el país por aire y secuestró al presidente Maduro y a la diputada Cilia Flores. Hubo resistencia, combates y más de 100 muertos. Solo dentro de unos años sabremos cuántos soldados estadounidenses murieron. Lo único que sabemos es que eran en su mayoría soldados latinos del grupo de élite Delta Force, armados con las mejores armas del planeta.

Venezuela, su pueblo y sus fuerzas armadas fueron derrotados. Perdieron vidas y a su presidente.

Pero el imperio no tenía a quién reemplazar, ya que su agente, María Corina Machado, está desmoralizada ante la sociedad venezolana y, con ella, toda la oposición pro-extranjera.

La solución fue entonces mantener al presidente secuestrado y negociar con el gobierno chavista, bajo amenaza o a punta de pistola.

Algunos sectores de la izquierda institucional y quienes solo siguen la política a través de las redes sociales no tardaron en calificar la situación de traición. O de falta de resistencia. Y ahora comienzan a difundir la idea de que existe una división entre los gobiernos de Venezuela y Cuba. Estas tesis son solo parte de las tácticas de Estados Unidos, difundidas por medios influenciados por la CIA para dividir a la izquierda y a la opinión pública.

El pueblo venezolano, en su inmensa mayoría chavista, continúa con su vida, trabajando, produciendo, organizando las comunas. Dolidos, siguen apoyando al gobierno chavista, conscientes de todo lo sucedido.

Nuestro movimiento tiene vínculos históricos con el movimiento campesino venezolano, con las comunas productivas y con el gobierno chavista. Contamos con numerosos proyectos de cooperación en la producción de semillas y alimentos, así como con intercambios para la formación de personal técnico.

Estaremos eternamente agradecidos por las becas de la Escuela Latinoamericana de Medicina, Salvador Allende —ELAM— que permiten a decenas de jóvenes campesinas y campesinos pobres convertirse en médicos y médicas.

El pueblo venezolano sigue siendo víctima de la guerra híbrida del imperio. El gobierno chavista cuenta con el apoyo de su pueblo. Nuestro movimiento siempre se solidarizará con el pueblo chavista.

Esperamos que el equilibrio de poder internacional cambie a favor de la humanidad y la paz. Esperamos que el equilibrio de poder interno en Estados Unidos cambie y que las fuerzas progresistas puedan modificar su política exterior y su vocación beligerante de agresión contra los pueblos. Que la Doctrina Monroe quede enterrada.

Esperamos que el gobierno y el pueblo chavista encuentren las mejores maneras de aumentar la producción de petróleo y otros bienes que necesitan. Que mantengan la soberanía sobre el petróleo, los minerales y su territorio.

Defender a Venezuela y Cuba es una obligación moral y política de las fuerzas progresistas y democráticas de nuestro continente. Y no nos engañemos: si ellos fuesen derrotadas, el imperio aumentará su presión sobre México, Brasil, Colombia y todo el continente, como ya lo hizo; primero, utilizando el fantasma de los comunistas y la URSS; luego, se centraron en los terroristas islámicos, a quienes financiaron; y ahora han creado la marioneta del narcotráfico —como si no fueran el mayor mercado— y también la política en contra de los inmigrantes.

Lucharemos por la liberación del presidente Maduro y la Di Cilia Flores, pues no han cometido ningún delito y Estados Unidos no tiene ni el derecho ni la autoridad moral para condenarlos por nada. Por el contrario, espero que en el futuro el tribunal de La Haya juzgue y condene a los actuales líderes estadounidenses por sus bombardeos y crímenes en Gaza, Irán, Siria, Sudán, el Caribe, Venezuela, Cuba y, dentro de su propio país, por la persecución de los pobres y los migrantes.

La historia de la lucha de clases tiene sus altibajos, avances y retrocesos, pero la humanidad siempre avanzará hacia la construcción de sociedades más justas e igualitarias, con soberanía popular y paz.

Fuente: PSUV

4972322242205257022

La tiranía del capitalismo global

Por: Isabel Rivero D’Armas

Profesora e Investigadora de LAUICOM

Claves del Análisis de Coyuntura:

Tesis Central:

  • El capitalismo global y el neoliberalismo operan como marcos cognitivos impuestos que mercantilizan los derechos fundamentales (salud, educación) y criminalizan las alternativas de soberanía e igualdad bajo la etiqueta de «tiranías».

Ejes Temáticos:

  • Estructuras mentales y marcos cognitivos, cohesión social y juicio colectivo a través de las emociones (Charaudeau), distinción entre persuasión y manipulación por condicionamiento, y el mito neoliberal del esfuerzo personal en detrimento de la justicia social.

Enfoque Crítico:

  • Desmontaje de la narrativa libertaria que reduce la libertad al consumo y normaliza el linchamiento social de los pueblos que luchan por su soberanía. 

La realidad siempre es representada; cada uno la ve a su manera. Podemos coincidir en muchos aspectos, pero también podemos discrepar. La interpretación de lo real está condicionada por marcos cognitivos, que son estructuras mentales que nos ayudan a organizar el conocimiento y que se activan a través de emociones, las cuales tienen mucho de cognición, como el ruido de una ambulancia en pandemia que nos genera miedo al pensar que un enfermo por contagio es trasladado al hospital en ese vehículo.

Las emociones mantienen la cohesión social, nos dice Charaudeau, mediante estas el individuo desarrolla un sentimiento de pertenencia a un grupo político o religioso y, por estar condicionadas a una perspectiva moral, actúan como una especie de juicio colectivo porque responden a un marco moral; de la coincidencia con esa moralidad viene la empatía, en que lo que nos causa bienestar genera una emoción positiva, mientras que aquello que nos vulnera nos ocasiona rechazo; esto incide en nuestras acciones. Generar emociones para conectar es persuasión; activarlas por condicionamiento, manipulación.

«Generar emociones para conectar es persuasión; activarlas por condicionamiento para penetrar nuestra mente con creencias falsas es manipulación.»

La ideología representa un marco cognitivo desde el cual operamos; es una especie de cristal desde el que interpretamos los hechos para validarlos o rechazarlos. Desde el sistema capitalista, o mejor el capitalismo global, buscar penetrar nuestra mente con creencias falsas, que damos por ciertas, como la de la movilidad social, promovida por la burguesía u oligarquía.

De igual manera, nos hablan de una democracia sustentada en la libertad, que no es otra cosa que alcanzar la ilusoria prosperidad a costa del esfuerzo personal, que se convierte en un valor en el sistema neoliberal, en desmedro de la justicia social o de la vida en todas sus formas, mientras que las alternativas al capitalismo global se transforman en tiranías o democracias imperfectas.

«Luchar por la soberanía y la igualdad, desde la moral del capitalismo global, se convierte en la etiqueta de ‘tiranía’ para justificar el linchamiento social.»

Los neoliberales, ahora mutados a libertarios, dicen algo como “si no se lo ha ganado, no se lo merece” o “quiere todo regalado”, porque la educación deja de ser un derecho y la salud también, mientras la libertad se mide por el consumo y no por el bienestar integral. Luchar por la soberanía y la igualdad, desde la moral del capitalismo global, se convierte en tiranía, usada como una etiqueta para aislar y justificar el linchamiento social.

Continúa profundizando la geopolítica, la soberanía y el pensamiento crítico con LAUICOM:

  • Educación Neocolonial: Revisa el análisis de la Dra. Isabel Rivero D’Armas sobre la educación transformadora frente a los planes de privatización de las élites. 
  • Tecnofascismo y Silicon Valley: Explora el «Manifiesto Enfermo» de la Prof. Carolina Escarrá Gil sobre la amenaza corporativa mundial y el control del Estado.  Guerra Total y Resistencia Colectiva: No te pierdas las investigaciones del Prof. Julio C. Valdez acerca del pueblo creador frente al control de la conducta.
  • Hermenéutica y Espiritualidad: Sigue la línea del Prof. Roger Garcés analizando las claves de unificación nacional y la preeminencia del amor en los mensajes presidenciales.
4967836118799813695

La guerra cognitiva como mutación del imperialismo contemporáneo: efectos sobre las subjetividades de clase y de los pueblos en Venezuela, América Latina y el mundo


Una aproximación desde la dialéctica del materialismo histórico

Pedro Penso
Director General del Centro de Investigación Contrahegemónica de la Universidad Internacional de las Comunicaciones
Red Internacional de Investigación Antifascista

La guerra como forma fenoménica de la lucha de clases en el siglo XXI


Para comprender lo que hoy llamamos guerra cognitiva y sus efectos sobre las subjetividades en Venezuela, América Latina y el mundo, es necesario partir de una proposición fundamental del materialismo histórico: la guerra no es un accidente de la historia ni una patología de las relaciones internacionales, sino una continuación de la política —y, por tanto, de la lucha de clases— por otros medios. Como nos enseñó Clausewitz, mediado por la lectura leninista, la guerra expresa, en su forma más concentrada y violenta, las contradicciones que atraviesan un modo de producción determinado.
Ahora bien, la mutación que nos ocupa —la emergencia de la guerra cognitiva como modalidad predominante de agresión imperialista en el siglo XXI— no representa un mero cambio técnico en los instrumentos bélicos. Tampoco es un fenómeno que pueda explicarse por la simple adición de «nuevas tecnologías» al repertorio militar. Se trata, más bien, de una transformación cualitativa en la forma que asume la guerra imperialista cuando las condiciones objetivas de la correlación de fuerzas global —el ascenso de nuevos polos de poder, la crisis de la hegemonía unipolar estadounidense, la emergencia de proyectos contrahegemónicos en el Sur Global— vuelven inviable la guerra clásica de ocupación territorial. Es, en palabras de algunos analistas, una guerra vicaria (Waldman, 2021) [1], que busca lograr los objetivos del imperialismo sin exponer a sus fuerzas al costo político y humano de una invasión directa.
Como sostienen Tan y Perlmutter (2006) [2], el concepto mismo de «guerra de información» encierra una paradoja: cuanto más se cree saber sobre ella, menos se comprende su dinámica real, pues la información no es un recurso neutral sino un campo de batalla donde se dirimen proyectos de sociedad antagónicos.

Mutaciones de la guerra cognitiva
Del 11 de septiembre al 3 de enero

La trayectoria de la guerra cognitiva como modalidad imperialista puede trazarse a partir de hitos que marcan saltos cualitativos en su desarrollo. Si la guerra mediática contra Irak en 1991 y 2003 mostró el poder de la manufactura del consenso (Herman y Chomsky, 1988) aplicada a gran escala, la experiencia venezolana de 2002 —el golpe de Estado mediático contra Hugo Chávez— reveló que, en América Latina, los medios de comunicación privados podían operar como arietes de desestabilización política con la misma eficacia que un batallón de infantería. Como documenta Cañizález (2003) [3], el golpe de abril de 2002 contra Chávez fue un «golpe mediático»: la televisión privada venezolana no solo informó, sino que produjo los acontecimientos, creando una realidad virtual que justificaba la ruptura del orden constitucional.


Esta primera fase —que podríamos llamar guerra mediática clásica— evolucionó hacia una forma más sofisticada con la irrupción de las plataformas digitales y las redes sociales. El uso de bots políticos para la manipulación de la opinión pública en Venezuela, estudiado por Forelle et al. (2015) [4], muestra cómo actores automatizados generan contenido que simula apoyo o rechazo popular, creando una falsa impresión de consenso o disenso. Los investigadores encontraron que los bots más activos en la conversación política venezolana eran utilizados por la oposición radical, y que se hacían pasar por líderes políticos y agencias gubernamentales más que por ciudadanos comunes.


Sin embargo, el salto cualitativo más significativo ocurre en la coyuntura que usted señala: el período pre y post 3 de enero. En esta fase, la guerra cognitiva ya no se limita a informar tendenciosamente o a manipular la opinión pública, sino que busca reconfigurar las subjetividades mismas de los pueblos, alterando su percepción de la realidad, su memoria histórica y su capacidad de agencia política. Se trata de una guerra que opera en el plano de lo que Gramsci llamó la hegemonía: la disputa no es solo por el gobierno, sino por la dirección intelectual y moral de la sociedad (Hesketh, 2019) [5].


En el caso venezolano, esta mutación se expresó en la estrategia de doble poder implementada a partir de enero de 2019, cuando Juan Guaidó se autoproclamó «presidente encargado» con el respaldo inmediato de Estados Unidos y sus aliados. Como señala Buxton (2019) [6], la estrategia de la oposición venezolana estuvo marcada por errores de cálculo y por una dependencia excesiva del respaldo internacional, lo que revela que la guerra cognitiva no puede suplir indefinidamente la falta de arraigo social y de correlación de fuerzas favorable en el terreno material.

El secuestro del derecho internacional y la ruptura del orden jurídico.


El desconocimiento de los principios más elementales del derecho internacional —la soberanía, la autodeterminación de los pueblos, la no intervención— constituye la base jurídico-política sobre la cual se despliega la guerra cognitiva contra Venezuela. La estrategia de reconocimiento selectivo de gobiernos, analizada por López-Rodríguez (2021) [7] a través del caso venezolano, revela cómo las potencias imperialistas instrumentalizan el derecho internacional para legitimar injerencias: más de cincuenta países reconocieron a Guaidó como presidente legítimo, a pesar de que Maduro ejercía el control efectivo del territorio, de las instituciones y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.


Esta fractura del orden jurídico internacional tiene consecuencias profundas sobre las subjetividades. Cuando el derecho se convierte en un arma de guerra, la percepción de lo legítimo y lo ilegítimo se desestabiliza. Sectores enteros de las clases medias venezolanas —formadas en la idea de que «Occidente» representa la legalidad y la democracia— experimentaron una ruptura cognitiva al ver que sus referentes tradicionales de autoridad moral avalaban una ficción jurídica: la de un «presidente» sin control territorial, sin ejército y sin capacidad de gobernar. Para las clases populares, en cambio, la defensa de la soberanía se convirtió en una experiencia de reafirmación identitaria, en la medida en que la agresión externa operó como catalizador de una conciencia nacional y antiimperialista.


Las sanciones económicas unilaterales impuestas por Estados Unidos —que, como documenta Mooney (2021) [8], fueron tan severas que la propia relatora especial de Naciones Unidas sugirió que podrían constituir crímenes de lesa humanidad— operan no solo como mecanismo de asfixia económica, sino como dispositivo de guerra cognitiva. Al bombardear a la población venezolana con la narrativa de que «las sanciones no afectan al pueblo sino al gobierno», y al mismo tiempo generar escasez inducida e hiperinflación, se produce una disociación esquizofrénica en la conciencia popular: se vive la catástrofe económica mientras se niega su causa real.

Efectos sobre las subjetividades de clase


El materialismo histórico nos enseña que la conciencia de clase no es un reflejo mecánico de la posición en las relaciones de producción, sino una construcción política y cultural mediada por la lucha ideológica. En este sentido, la guerra cognitiva opera directamente sobre lo que Lukács denominó la conciencia de clase psicológica (la percepción inmediata que los individuos tienen de su situación) para impedir el desarrollo de la conciencia de clase atribuida (la comprensión de los intereses históricos objetivos de su clase) (Melo, 2018) [9].


En Venezuela, el efecto ha sido paradójico y contradictorio. Por un lado, la guerra cognitiva ha profundizado la polarización de clase que ya caracterizaba la sociedad venezolana desde la llegada de Chávez al poder. Como documentan Hawkins et al. (2018) [10], la polarización en Venezuela no fue simplemente política, sino que expresó la división de la clase en la sociedad venezolana: el chavismo aglutinó a los sectores populares y a las clases medias empobrecidas, mientras que la oposición concentró a las élites económicas, a las clases medias altas y a los sectores profesionales formados bajo el paradigma neoliberal. La guerra cognitiva intensificó esta división de las clases al naturalizar las diferencias de clase como diferencias morales e identitarias: el chavista era presentado como «ignorante», «populista» o «violento», mientras que el opositor era retratado como «ciudadano», «demócrata» o «profesional».


En América Latina, la guerra cognitiva ha producido un efecto de archaización de la conciencia política, como lo denominan Morozov y Erofeev (2017) [11] en su análisis de las guerras híbridas. Este concepto se refiere al retorno de mitologías políticas arcaicas —el «enemigo interno», la «conspiración comunista», la «amenaza a la civilización occidental»— que reemplazan el análisis racional de las contradicciones sociales por una lógica amigo-enemigo despolitizada. En Brasil, la elección de Bolsonaro fue un caso paradigmático: el uso de WhatsApp como arma de propaganda masiva —analizado por Luz y Miller (2020) [12]— permitió construir una realidad paralela donde la amenaza del «comunismo» justificaba cualquier atrocidad. La guerra cognitiva, en este sentido, produce una involución de la subjetividad política: en lugar de la conciencia crítica que debiera emerger de la experiencia material de la explotación, se implanta una conciencia mistificada que identifica como enemigos a otros explotados o a proyectos emancipatorios.

La dimensión geopolítica y los pueblos: imperialismo y guerra vicaria.


La guerra cognitiva no puede entenderse al margen de la reconfiguración geopolítica global. La tesis de la «guerra vicaria» —desarrollada por Waldman (2021) [1] y retomada por otros analistas (Krieg y Rickli, 2018) [13]— sostiene que Estados Unidos ha optado por delegar en actores proxies la realización de sus guerras, manteniendo su propia fuerza militar en la sombra, operando desde las sombras (operaciones encubiertas, fuerzas especiales, drones, guerra cibernética), mientras transfiere los costos humanos y políticos a otros.


En el contexto latinoamericano, esta guerra vicaria asume la forma de una agresión multidimensional que combina sanciones económicas, manipulación mediática, financiamiento de oposiciones, reconocimiento selectivo de gobiernos y guerra cognitiva digital. El objetivo es producir un colapso inducido que justifique la intervención humanitaria o el cambio de régimen. Como señalan Main y Dangl (2019) [14], el caso venezolano representa un momento crítico para desafiar la intervención imperialista en la región: lo que está en juego no es solo un país, sino la posibilidad de que exista un proyecto soberano, independiente y antiimperialista en el hemisferio.


Para los pueblos de América Latina, la guerra cognitiva produce una subjetividad escindida. Por un lado, las clases populares que han sido protagonistas de procesos emancipatorios —el bolivarianismo en Venezuela, el evismo en Bolivia, el correísmo en Ecuador, el lulismo en Brasil— desarrollan una conciencia defensiva, una subjetividad de resistencia que se fortalece frente a la agresión externa pero que corre el riesgo de cristalizarse en una postura reactiva que dificulta la autocrítica y la renovación. Por otro lado, las clases medias y altas que se identifican con el discurso hegemónico occidental experimentan una subjetividad de resentimiento: al ver bloqueadas sus expectativas de consumo y movilidad social por la crisis económica —crisis que la guerra cognitiva les presenta como resultado de la «incompetencia» o «corrupción» del gobierno popular, y no como efecto de las sanciones y la guerra económica—, estas clases se vuelcan hacia posiciones políticas cada vez más radicalizadas, llegando a justificar la intervención extranjera.


A escala global, la guerra cognitiva produce un efecto aún más inquietante: la disolución del principio de realidad. En un mundo donde cada hecho puede ser negado, cada verdad puede ser disputada y cada narrativa puede ser fabricada, la posibilidad misma del conocimiento objetivo —condición de posibilidad de cualquier política emancipatoria— se ve socavada. La guerra cognitiva no busca convencer, sino confundir; no busca ganar adeptos, sino neutralizar la capacidad de juicio. Es, en este sentido, una guerra contra la razón histórica misma.

Para cerrar en tono dialéctico.


Entre la determinación estructural y la agencia histórica
Desde una perspectiva dialéctica, la guerra cognitiva no es un destino ineluctable ni una fuerza todopoderosa. Como toda forma de lucha de clases, encuentra sus límites en las condiciones materiales y en la praxis de los sujetos históricos. El fracaso del intento de derrocar a Maduro en 2019 —a pesar de la maquinaria cognitiva global desplegada a su favor— demuestra que la guerra cognitiva, por sí sola, no puede suplir la ausencia de una base social sólida ni la falta de una correlación de fuerzas favorable en el terreno material (Buxton, 2019) [6].


La guerra cognitiva ha mutado y se ha sofisticado, pero la contradicción fundamental que recorre la historia latinoamericana —la que enfrenta a los proyectos de soberanía popular con los intereses del imperialismo y sus aliados locales— permanece intacta. Lo que ha cambiado es el escenario donde esta contradicción se dirime: de los campos de batalla físicos, la guerra se ha trasladado a los territorios de la conciencia. Pero la conciencia, como nos enseñó Marx, no es una esfera autónoma de la realidad: es expresión y reflejo —activo, no pasivo— de las condiciones materiales de existencia.


El mayor peligro de la guerra cognitiva no reside en su capacidad de engañar, sino en su capacidad de desmovilizar, de producir una subjetividad fatalista que acepte la realidad presente como inmutable. Frente a ello, la tarea del pensamiento crítico —y de la praxis política que le corresponde— es restituir el vínculo entre la experiencia vivida y la comprensión de la totalidad social, entre el sufrimiento cotidiano y sus causas estructurales, entre la memoria histórica de las luchas pasadas y la posibilidad de un futuro emancipado.


Como sostienen Petras y Veltmeyer (2018) [15] en su análisis de la lucha de clases en América Latina, cada avance del capital en la región ha generado una respuesta correspondiente de las clases trabajadoras y populares. La guerra cognitiva es el más reciente capítulo de esta dialéctica de dominación y resistencia. La pregunta que se abre ante nosotros —pueblos de Venezuela, de América Latina y del mundo— es si seremos capaces de desarrollar las formas organizativas, las subjetividades y las conciencias que nos permitan no solo resistir, sino vencer en este nuevo terreno de batalla.

Referencias:


[1] Waldman, T. (2021). Vicarious Warfare: The Counterproductive Consequences of Modern American Military Practice. Contemporary Security Policy, 38(3), 409-431. https://doi.org/10.1080/13523260.2017.1393201
[2] Tan, A., & Perlmutter, D. (2006). The more you know, the less you understand: The problem with information warfare. Journal of Strategic Studies, 29(3), 497-521. https://doi.org/10.1080/01402390600765900
[3] Cañizález, A. (2003). Breaking Democracy: Venezuela’s Media Coup. Media International Australia, 108(1), 75-85. https://doi.org/10.1177/1329878×0310800114
[4] Forelle, M., Howard, P., Monroy-Hernández, A., & Savage, S. (2015). Political Bots and the Manipulation of Public Opinion in Venezuela. SSRN Electronic Journal. https://doi.org/10.2139/ssrn.2635800
[5] Hesketh, C. (2019). A Gramscian Conjuncture in Latin America? Reflections on Violence, Hegemony, and Geographical Difference. Antipode, 51(4), 1179-1199. https://doi.org/10.1111/anti.12559
[6] Buxton, J. (2019). The Missteps of Venezuela’s Opposition—Again. NACLA Report on the Americas, 51(2), 125-130. https://doi.org/10.1080/10714839.2019.1617472
[7] López-Rodríguez, A. M. (2021). Legal Consequences of and Approaches to the Question of Recognition of a Government of a State: Disputes involving Venezuela. ICSID Review – Foreign Investment Law Journal, 36(3), 491-514. https://doi.org/10.1093/icsidreview/siab022
[8] Mooney, J. (2021). Economic Sanctions, International Law, and Crimes Against Humanity: Venezuela’s Referral to the International Criminal Court. American Journal of International Law, 115(2), 305-312. https://doi.org/10.1017/ajil.2021.20
[9] Melo, B. P. (2018). To Be or Not to Be, That Is the Question?—Fragments of Marxist Theory on the Movements of Class Consciousness. International Critical Thought, 8(1), 102-118. https://doi.org/10.1080/21598282.2018.1430602
[10] Hawkins, K., Rovira Kaltwasser, C., & Andreadis, I. (2018). Polarization, Participatory Democracy, and Democratic Erosion in Venezuela’s Twenty-First Century Socialism. The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science, 681(1), 62-79. https://doi.org/10.1177/0002716218817733
[11] Morozov, E., & Erofeev, S. (2017). Hybrid wars: the archaization of political consciousness and involution of media. Russian Journal of Communication, 9(1), 62-76. https://doi.org/10.1080/19409419.2017.1323177
[12] Luz, N., & Miller, E. (2020). Minimal Effects, Maximum Panic: Social Media and Democracy in Latin America. Social Media + Society, 6(4), 1-12. https://doi.org/10.1177/2056305120984452
[13] Krieg, A., & Rickli, J.-M. (2018). Surrogate warfare: the art of war in the 21st century? Defence Studies, 18(2), 159-186. https://doi.org/10.1080/14702436.2018.1429218
[14] Main, A., & Dangl, B. (2019). Venezuela: A Critical Moment to Challenge Intervention. Socialism and Democracy, 33(2), 118-125. https://doi.org/10.1080/08854300.2019.1638184
[15] Petras, J., & Veltmeyer, H. (2018). Class Struggle Back on the Agenda in Latin America. Journal of Developing Societies, 34(1), 1-23. https://doi.org/10.1177/0169796×17753000
[16] Youngers, C. (2000). Cocaine Madness Counternarcotics and Militarization in the Andes. NACLA Report on the Americas, 34(3), 16-23. https://doi.org/10.1080/10714839.2000.11722614
[17] Morales, G. (2018). Comparative analysis of the emerging projects in Latin America after the crisis of the neoliberal modernity project in the early 21st century. Thesis Eleven, 149(1), 48-66. https://doi.org/10.1177/0725513618813382
[18] Robinson, W. I. (2024). Downplaying U.S. Imperialism Despite its Ongoing Tenacity: The Latin American Dimension. Latin American Perspectives, 51(2), 3-22. https://doi.org/10.1177/0094582×241256896

Nota al pie

La archaización de la conciencia política, es un fenómeno contemporáneo en el que los discursos, comportamientos y estructuras mentales de la política moderna retroceden hacia formas más primitivas, emocionales o tribales. Este proceso implica abandonar el debate racional y la complejidad democrática en favor de la dinámica basadas en la división, la identidad grupal y lideres.


Se puede reconocer en este fenómeno características y formas de expresión que evidencia culturas políticas populista y emocionales, donde la conciencia política se deforma a alejarse de la comprensión estructural de los problemas y enfocarse en el odio, el rencor social y la división. As mismo, encontramos formas de tribalismo, como un retorno a la lógica de “amigo-enemigo”, donde la pertenencia al grupo es más importante que las propuestas políticas. Se expresa también el liderazgo paternalista, que muestra la reaparición de figuras de autoridad vistas como “pastores del pueblo”, un concepto arcaico descrito por plato donde el líder asume un rol educador o paternalista sobre la ciudadanía. Por último, podemos encontrar la desinformación como herramienta, creando un contexto que permite que la desinformación alimente este retroceso, afectando la toma de decisiones razonables.


Este fenómeno se ve alimentado por la lucha por recursos, la polarización y la arremetida de intereses económicos. En lugar de una conciencia política basada en la ciudadanía moderna, se promueve una que busca “salvadores” o respuestas simples a crisis complejas. La archaización busca concentrar el poder en figuras que apelan a pasiones primarias, eliminado la racionalidad. Es un retroceso hacia formas autoritarias o tribales de entender el poder, impulsando por la polarización y la manipulación emocional, mientras la conciencia política sana busca transformar las relaciones de poder de manera horizontal y colectiva.

4956212511367695477

Un mensaje del presidente Maduro ¿En Pentecostés?

Por Prof. Roger Garcés

Profesor e Investigador

 Universidad Internacional de las Comunicaciones. LAUICOM

Tesis Central:

El mensaje del Presidente Nicolás Maduro en el marco de la celebración de Pentecostés define una guía místico-política orientada a la fe absoluta, el acuerdo colectivo y la unificación nacional como condiciones indispensables para recoger la prosperidad de la patria.

_________________________________________________________________________________________________________

Ejes Temáticos:

Exegesis del Evangelio de Mateo (fe, oración y confluencia colectiva) , evolución histórica de la fiesta de las semanas como el ciclo espiritual del trabajo (preparación, siembra y satisfacción) , y la urgencia estratégica de erradicar la desunión política.

_________________________________________________________________________________________________________

Nuevamente el Presidente Maduro nos sugiere lecturas de versículos de la biblia y ya estamos acostumbrados a que cada sugerencia viene envuelta en un paño blanco de ternura que disimula muy bien la profundidad y lo complejo de cada enseñanza que nos deja.  Cada versículo que el Presidente Maduro nos regala, siempre estará a la altura de quien lo lee; sí el lector es una persona superficial, pues encontrará una lectura hermosa pero banal; pero si al lector le gusta escudriñar y sacarle el jugo a las enseñanzas, tendrá un océano profundo de maravillas que harán crecer su alma a dimensiones nunca imaginadas. 

Así ocurre en esta oportunidad; en el marco de la fiesta de Pentecostés nos deja un mensaje aparentemente sencillo, pero que basta atizarlo un poco para que comience a chispear. Los invito a analizarlo para que las sorpresas aparezcan y las enseñanzas florezcan a niveles inenarrables. 

Un mensaje en Pentecostés

¿Por qué justamente en Pentecostés el Presidente Maduro nos habla de Mateo?   El domingo 24 de mayo de este 2026, día de Pentecostés, el Presidente Maduro en unión con la Primera Dama Cilia Flores, nos envió un mensaje del que abstraigo solo la siguiente cita:

«Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis…  … si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. 22 Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis». (Mt 21:21)

Y también nos pide que leamos:

19 Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. (Mt 18: 19, 20)

Y estas recomendaciones las hace en el contexto de Pentecostés al que se refiere con:

«Pidamos recibir la guía y las bendiciones del Espíritu Santo como las recibieron los apóstoles …  …y sobre todo la unión para consolidar nuestro camino como país bendecido por el espíritu Santo”.

«La distancia que hay de Semana Santa a Pentecostés es la distancia mística del trabajo y la satisfacción: el tiempo de recoger lo sembrado.»

Exégesis y hermenéutica

Recordemos que Pentecostés inicialmente era una fiesta de las cosechas.  Originalmente se llamaba «Fiesta de las semanas» y se fechaba al día siguiente de cumplirse  siete semanas del punto vernal, que es el día de inicio de la primavera y que generalmente ocurre el 21 de marzo.  Es importante tener en cuenta que la primera luna llena, luego de ese punto, marca nuestra semana santa. 40 días antes de esa primera luna llena luego del punto vernal, se celebraba el carnaval, y un día después de que hayan pasado siete semanas, luego de ese punto vernal, o sea,  el quincuagésimo día (de ahí la palabra Pentecostés), se celebraba la fiesta de las cosechas o de las Semanas.  Entonces tenemos:

  1. Punto vernal = inicio de la primavera (más o menos 21 de marzo para el hemisferio norte).
  2. Primera luna llena inmediatamente después del punto vernal es Semana santa. 
  3. 40 días antes de esa luna llena es Carnaval 
  4. 50 días después de esa luna llena es Pentecostés. 

De manera que Pentecostés hay que entenderlo desde el carnaval.  Imaginemos un momento de juerga y excesos (carnaval), en dónde nos comimos lo que quedó del invierno, y luego pasamos 40 días preparándonos para sembrar (Primavera = Semana santa) y luego de eso, 50 días para recoger lo sembrado (Pentecostés). Es decir, la distancia que hay del Carnaval a la Semana santa es de PREPARACIÓN, y la distancia que hay de Semana santa a Pentecostés es de TRABAJO Y SATISFACCIÓN.  Se cuenta que el día de Pentecostés bajó una llamarada del cielo y encendió la cabeza a los asistentes a una celebración y éstos aprendieron a hablar en lenguas (Ver Hechos 2:1-4). Denotando con eso que el fuego del Espíritu Santo le fue dado a cada cual y asimismo el poder de hablar muchas lenguas para transmitir la buena nueva.   Este hecho, ocurrido, justamente el día de Pentecostés, marca el nacimiento de la Iglesia y la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos de Jesús. Ya pueden imaginar la inmensa carga energética y simbólica que tiene esta fecha.

«Cualquier asomo de desunión va a ser utilizado de manera inmediata e inmisericorde por los enemigos de la patria.»

Entonces, tenemos 40 días de trabajo previo a la primavera (sembrar = preparación), y luego 50 días para cosechar y tener la satisfacción del trabajo realizado (recoger la cosecha = Pentecostés). De manera que esos días de júbilo están presentes en la memoria histórica de la humanidad, y el Presidente Maduro los aprovecha y nos deja un mensaje, que toma de Mateo: «Si ustedes se ponen de acuerdo en la tierra sobre cualquier asunto que pidan, les será concedido por mi Padre, que está en los cielos.  Porque donde dos o tres han sido reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18: 19,20).

Habíamos titulado este aparte con dos palabras rimbombantes: “Exégesis y hermenéutica”; yo creo que no hace falta mucho análisis para darnos cuenta de lo que nos está queriendo decir el Presidente Maduro. A mi manera de ver, el mensaje que nos da a nosotros iría por el siguiente tenor:

Luego de nosotros trabajar incansablemente, y luego de ver los frutos y de regocijarnos y tener la autoridad moral para recogerlos, aun así, y especialmente en ese momento, debemos TENER FE y ABSOLUTAMENTE TENER UNIÓN. El Buda decía que había tres momentos en los cuales debemos prestar especial atención a nuestra conducta: Antes durante y después. O sea que SIEMPRE debemos estar atentos a nuestra conducta y a las consecuencias de nuestra conducta. Siempre debemos estar conscientes que CUALQUIER COSA que hagamos, ya que INDEFECTIBLEMENTE va a repercutir sobre los demás. No somos islas individualizadas como la dominación nos ha hecho creer. En verdad, estamos INEXTRICABLEMENTE INTERCONECTADOS, de manera que siempre vamos a impactar a los demás con lo que hagamos. No importa lo que hagamos, pequeño o grande, siempre estamos impactando a los demás. Por ello, no podemos deshacernos de la noción de vínculo y “donde haya dos o tres reunidos en mi nombre, ahí estaré yo”. Por eso, es absurdo hacer daño a los demás y pensar que a uno no le va a pasar nada. Es tonto creer que, si ponemos guayas asesinas y degollamos motorizados, si quemamos gente viva, si insultamos a los demás diciéndole “Mono” y si pedimos sanciones para el país, nos vaya a ir bien. ¡Esto es el contrasentido más grande que hayamos podido ver!

El significado profundo de Pentecostés es contrario a la desunión, ya que es una fiesta de la colectividad y como se basa en una fiesta muy anterior al cristianismo, está inscrita en la memoria cultural de TODA la humanidad; así Pentecostés se basa en la satisfacción colectiva. Si a ello le sumamos toda la carga simbólica que le ha puesto el cristianismo, tenemos que Pentecostés es una celebración que trasciende la religión cristiana, abraza el judaísmo y la tradición pagana indistintamente.

Pentecostés nos habla de que nos comimos lo que quedaba del invierno, de que  preparamos para el trabajo y de que nos regocijamos al recoger la cosecha.  De manera que es algo que tenemos inscrito muy profundamente en nuestra alma y en nuestro inconsciente colectivo, por ello no podemos obviarlo; no podemos ignorarlo, está con nosotros y estará con nosotros por muchas generaciones.  ¿Esa “celebración” de Pentecostés no la barrunta ya nuestra alma? Hay algo que nos dice que está cerca ¿No nos dicen las chicharras con su canto que se aproximan las lluvias y los cultivos nos darán de comer? ¿No nos dicen las nubes grises que los embalses pronto subirán su nivel de agua? ¿No sospecha nuestra alma, que más temprano que tarde, nuestra patria recobrará su prosperidad? La significación actual es que tenemos un trabajo que es recuperar Venezuela, para la realización de ese trabajo y la posterior satisfacción por ese trabajo se hace IMPOSTERGABLE ponernos de acuerdo. Cualquier asomo de desunión va a ser utilizado inmediata e inmisericordemente por los enemigos de la patria.

El Presidente Maduro nos advierte, que para  el momento de recoger la cosecha, que poco a poco se avizora, necesaria y obligatoriamente, tenemos que ponernos de acuerdo. Nos dice la escritura que si nos ponemos de acuerdo, todo lo que pidamos “Nos será concedido por el Padre”, y esta petición debemos hacerla con la ABSOLUTA FE y confianza de que así como lo pedimos, así va a ocurrir.

Termino con estas palabras que son verdaderamente lapidarias:

«Los hechos son los que nos unen, las palabras nos separan.

Sí nos ponemos a discutir sobre las cosas que vemos diferentes, vamos a pasar una vida discutiendo.

Sí trabajamos en lo que estamos de acuerdo, vamos a pasar una vida trabajando» 

Raúl Sendic.

Continúa el análisis crítico y la Defensa Cognitiva con LAUICOM:

  • Tecnofascismo Global: Lee el «Manifiesto Enfermo» de la Prof. Carolina Escarrá Gil sobre la amenaza de los supraestados tecnológicos.
  • Simbología y Misterios Presidenciales: Explora el análisis del Prof. José Garcés sobre la «Unión superior» y el camino de la redención social.

Contranarrativas Geopolíticas: Revisa el trabajo de la Dra. Isabel Rivero D’Armas desmontando los conceptos de crisis humanitaria y estado fallido.

Tapas - Prensa (9)

Educación transformadora vs. educación neocolonial

Por la Prof. Isabel Rivero D’ Armas

Universidad Internacional de las Comunicaciones.  LAUICOM

La confrontación entre un modelo de educación pública, inclusiva y transformadora, y la estrategia neocolonial de las élites que busca normalizar el neoliberalismo, la desigualdad y la privatización encubierta tras el escenario posterior a la agresión del 3 de enero.

_________________________________________________________________________________________________________

Ejes Temáticos:

Democratización y universalización de la educación superior (misiones, UBV, UNES, politécnicas territoriales), impacto de las medidas coercitivas unilaterales (MCU) e inmigración inducida en el sector docente, y el desmontaje de la propuesta neoliberal de «desideologización».

_________________________________________________________________________________________________________

El presidente Hugo Chávez creó universidades públicas, como la Universidad Bolivariana de Venezuela, en 2003, y la Universidad Experimental de la Seguridad, en 2009, para garantizar el derecho constitucional a la educación, dignificó salarialmente a los docentes e hizo del libro y la lectura prácticas cotidianas e inclusivas, mientras en 2005 nos declarábamos territorio libre de analfabetismo.

La educación continuó siendo una prioridad con el presidente Nicolás Maduro, secuestrado desde el 3 de enero por EE. UU., la matrícula universitaria aumentaba alcanzando cifras que nos convertían en uno de los países con mayor acceso a la educación superior por la asignación directa de cupos en instituciones de educación nuevas como las politécnicas territoriales, de las ciencias de la salud, la campesina, entre otras. 

«Las medidas coercitivas unilaterales afectaron los salarios y generaron una inmigración inducida de profesionales de la docencia

A pesar de los logros, las medidas coercitivas unilaterales (MCU), que comenzaron con el decreto de Obama de 2015 que nos califica de amenaza, afectaron los salarios y esto generó la inmigración inducida de profesionales, entre ellos, docentes. A esto se sumó la pandemia del Covid, exigiendo las clases en línea, aunque, en muchos casos, no contábamos con las herramientas tecnológicas para la virtualidad, pero se atendió la contingencia desde instancias gubernamentales con tabletas y otros recursos.

Antes de las MCU, de acuerdo con la Cepal, en 2012, Venezuela se convirtió en el segundo país que más redujo la pobreza; en primer lugar, por el aumento de los ingresos laborales con uno de los salarios mínimos más altos de América Latina (475 dólares) y, en segundo, por los programas sociales de las misiones.

Después del 3 de enero, quedó claro que el llamado a las MCU por la oposición de ultraderecha no era el único plan. Luego del daño por el bloqueo, venía el resarcimiento. Entonces, la élite educativa, pensando en el escenario de la transición “democrática”, planificó, ya sin las sanciones que nunca reconocieron, mejorar las condiciones socioeconómicas del docente, pero con dosis de privatización, desde la educación inicial hasta la superior, atenuada con el beneficio de un financiamiento estatal y la promoción de un aprendizaje común, lejano a la educación transformadora, desde una desideologización que normaliza el neoliberalismo y la desigualdad social.

Continúa profundizando la geopolítica, la soberanía y el pensamiento crítico con LAUICOM:

  • Tecnofascismo y Silicon Valley: Explora el «Manifiesto Enfermo» de la Prof. Carolina Escarrá Gil sobre la amenaza corporativa mundial.
  • Guerra Total y Resistencia Colectiva: Revisa las investigaciones del Prof. Julio C. Valdez acerca del papel del pueblo creador frente al control de la conducta.
  • Hermenéutica y Mensajes Presidenciales: No te pierdas los análisis de los profesores José Garcés y Roger Garcés sobre la Unión Superior, la Redención y la preeminencia del amor.