Tapas - Prensa (4)

La guerra cognitiva abyectadora: derrota, subjetividades y resistencias pre y post 3 de enero de 2026

Luis Delgado Arria

Universidad Internacional de las Comunicaciones

Instituto Simón Bolivar

Compañeras y compañeros: la guerra cognitiva no puede ser entendida como un mero concepto académico o intelectual. La guerra cognitiva es una nueva, creativa y siniestra praxis reproductora de la colonialidad capitalista occidental en su fase de metástasis terminal. Mediante este nuevo dispositivo de guerra epistémica neuronal, el imperialismo se ha propuesto secuestrar y traumar, retraumatizar y moldear a fuego la conciencia de clase en sí y para sí del sujeto históricamente expropiado; y así bloquear la autoconciencia de todos los pueblos de nuestra Abya Yala y de Sur Mundial, sitiando y hasta en cierto extremo imposibilitando la recuperación de todo nuestro proyecto magnificente de nueva vida plena en comunidad.

Este nuevo artefacto de guerra imperialista combina y reditúa un ataque inmisericorde contra la base material (recursos estratégicos) para luego agredir con inusitada fuerza la cognición y la emocionalidad, la espiritualidad y la voluntad de vida y de lucha de nuestros pueblos. Mediante la guerra cognitiva el capital se propone hoy anular al sujeto histórico potencialmente revolucionario mediante la sacralización de la modernidad postmoderna narcisista y psicópata como único horizonte civilizatorio imaginable. Para ello, engendra una miríada de disonancias cognitivas, distorsiones cognitivas, distorsiones ideológicas, exacerba paranoias, degrada lealtades y naturaliza alevosías. La guerra cognitiva necesita producir el asesinato epistémico de las utopías por lo que no escatima en financiar disidencias políticas y epistémicas mercenarias. Esta guerra ha mutado radicalmente post 3 de enero de 2026, fecha en que se perpetra la operación de asedio económico financiero, monetario, comercial, diplomático, simbólico y naval que culmina con la invasión, bombardeo del país y posterior secuestro del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro Moros. A partir de este marco histórico, hoy ensayaremos responder tres preguntas sugestivas.

Pregunta 1: ¿Qué es la guerra cognitiva y cómo ha mutado pre y post 3 de enero?

La guerra cognitiva es la lucha a muerte por la fabricación, circulación y fijación de un sentido común reaccionario, pueril, nihilista y post humano en la esfera pública. A diferencia de la propaganda clásica —que buscaba persuadir para imponer una línea ideológica o partidista—, la guerra cognitiva se plantea reconfigurar las estructuras inconscientes profundas del pensamiento (Lakoff, 2018) y de los horizontes civilizatorios del sujeto revolucionario, popular y creador de toda la riqueza de la historia. Esta guerra neurocognitiva opera mediante la inoculación de determinados marcos afectivo/ cognitivos, metáforas epistémico cognitivas, contratos discursivos, emociones inducidas, mutismos estratégicos y operaciones ideológicas de abyección, todo a fin de reducir el sujeto revolucionario popular y a su vanguardia a una condición de despreciable y abominable desecho humano (Kristeva, 1982).

Pre 3 de enero, la guerra cognitiva contra Venezuela se articuló en cinco ejes:

1. Abyección del liderazgo: Chávez primero, Maduro después, fueron simbólica y persistentemente construidos como entes cósicos y despreciables, amenazantes, repugnantes y hasta subhumanos. Metódicamente se les construyó como tiranos, narcotraficantes, entes rabiosos, peligrosos, enfermos y delirantes. Se produjo una representación en que todo lo que ellos tocaban, se degradaba y abyectaba. Abonaron a esto, entre otras, asonadas como la del 11 de febrero de 2002, la Operación Gedeón, crueles campañas mediáticas de linchamiento, hiperinflación inducida, escasez programada, crímenes de agresión internacional, conatos de magnicidio, asesinatos viralizados en alta mar, migración forzada, hiperinflación programada, amenazas de decapitación y el asesinato simbólico sistemático de los principales líderes del proceso, entre otros. El tsunami de agresiones multiformes fueron programados para producir un sentido absurdo y pesadillesco de la política que lo vinculara a los relatos kafkianos y orwellianos.

2. Fragmentación social: Se exaltó la lucha de clases intestinas, pero invirtiendo la ecuación histórica: la “clase alta y media” fue presentada como víctima; y el chavista de a pie como el “resentido social”, el “hampón” y hasta como “amuleto para la desgracia” y “traidor de su pueblo”.

3. Criminalización del Estado: Venezuela ha sido obsesivamente rotulada como “narcoestado” y sus lideres e instituciones, denunciados como fachadas ominosas del crimen organizado internacional, incluyendo crímenes de lesa humanidad.

4. Desposesión de la historia: Mediante diversas operaciones de hipnosis mediático y digital que construyeron una ética lacayuna y una estética alienante, en gran medida se disolvió el épico legado de la independencia y la larga lucha nacional popular.

5. Creación de una realidad paralela: El Gobierno interino de Guaidó (2019-2023) fue un artefacto cognitivo puro aunque sin control territorial.

Post 3 de enero, la guerra cognitiva ha mutado al menos en tres direcciones profundas:

Primera mutación: de la demonización a la lástima.

Antes las personificaciones del capital decían “Maduro es un dictador”. Ahora se dice “el presidente y el gobierno encargado han sido secuestrados y sobreviven con una pistola en la nuca”. Esta metáfora, analizada con Lakoff (2018), construye una ontología del rehén: quien gobierna es una víctima que debe aceptar gravosas y humillantes condiciones apenas para sobrevivir. Enunciado así, la sumisión pareciera tornarse una fatalidad inescapable.

Segunda mutación: la guerra cognitiva de la derrota anticipada.

Se viraliza el eslogan: “Irán no es Venezuela”. Estamos ante una metáfora comparativa que enmarca a Irán como el sujeto pleno y soberano; y a Venezuela como el objeto venal e incapaz de defender la soberanía. Este marco cognitivo induce a lo que Martín-Baró (1990) llamaba “fatalismo del oprimido”: la creencia naturalizada de que no hay alternativa real produce un efecto de desencanto y desmovilización enorme: ―Como no somos Irán, no resistamos.

Tercera mutación: la guerra cognitiva de la administración posbélica.

Ya hoy no se trata de abatir al gobierno que encarna al enemigo de clase —tal se asume que se logró militarmente el 3 de enero—, sino de hacer aceptable, virtuosa y hasta de naturaleza ejemplar y hasta fructífera la derrota. Se induce un nuevo sentido común: “lo importante es salvar lo que se pueda”, “lo único viable es el pragmatismo” y el “realismo de Estado”. Tal es la racionalidad pragmática de sumisión tras cuyo positivismo mecanicista se reduce la praxis política a meras relaciones de fuerza sin sujeto. Tal visión positivista y maniquea comprime la lucha de clases a un esquema blanco/ negro sin posibilidad dialéctica de grises y colores desde donde rearticular la lucha.

En síntesis: la guerra cognitiva ha pasado de ser un arma de derrocamiento cruento en Venezuela a una tecnología política de subyugación y domesticación del vencido. Y para ello el metabolismo social del capital personificado en el gobierno de Estados Unidos está apelando a categorías históricas de la izquierda: realismo, prudencia estratégica, necesidad, cuidado del pueblo, lo cual la torna aún más desmovilizadora y peligrosa.

Pregunta 2: Efectos sobre las subjetividades de clase y de pueblos en Venezuela, América Latina y el mundo

Los efectos de esta guerra mutante no son homogéneos. Distinguimos tres niveles.

En Venezuela

La principal disonancia cognitiva se produce entre la larga memoria histórica de la resistencia épica venezolana originaria, bolivariana y chavista y la evidencia empírica aplastante de las consecuencias de la reciente derrota. El militante chavista de base escucha que “no hay tutelaje” al tiempo que es bombardeado en medios y redes digitales con lecturas maniqueas y sesgadas de la apertura de concesiones petroleras, gasíferas y mineras a trasnacionales occidentales. ¿Qué ocurre en este caso en la psique del ciudadano de a pie? Experimenta lo que Jung llamaba sombra proyectada: atribuye la negociación táctica para ganar tiempo y salvar a la población de nuevos bloqueos y bombardeos masivos a “aislados pero poderosos sectores entreguistas” dentro del gobierno, pero manteniendo casi intacta la fe en el gobierno bolivariano. Aflora así un mecanismo cognitivo disonante que permite seguir militando, pero sin comprender o asumir las determinaciones, contradicciones, riesgos y desafíos de la reciente derrota militar y de las décadas de asedio económico comercial y financiero.

Las clases populares —barrios, comunas, CLAP, sectores medios adherentes del bolivarianismo— experimentan un efecto de abyección inducida: son bombardeados con una campaña de mensajes que explícita o implícitamente enuncian “los socialistas nunca fueron una alternativa real” o “tanto intentar nadar en los mares del socialismo para morir en la orilla del imperialismo”. Tal campaña pudiera producir el efecto que Hinkelammert (1984) llamaba fetichismo de la factibilidad: se acepta la nueva realidad subalterna existente como la única alternativa fáctica e histórica. El riesgo de ello podría ser el aumento de la pasividad, la despolitización y el refugio en economías subterráneas e informales.

En el terreno de las clases y movimientos populares, se observa una triple fractura. Primero, el chavismo radical –sectores militarizados y comunales– mantienen una lealtad férrea, pero con relativa capacidad de incidencia. Segundo, una nueva tecnocracia emergente occidentalizada aplaude la apertura condicionada como “realismo patriótico”. Tercero, las clases populares urbanas y campesinas gestionan la supervivencia en el marco de una crisis agudizada por la incertidumbre, la confusión y la inflación.

Este escenario exige una relectura gramsciana: la hegemonía estadounidense se ejerce hoy no tanto mediante la ocupación militar clásica, sino mediante la producción de consentimiento ante la categórica indefensión militar frente a un enemigo que exhibió fuerzas abrumadoras. Estados Unidos ha recalcado de mil modos que las reservas energéticas de Venezuela son en realidad sus verdaderas reservas energéticas estratégicas. Seguir apostado entonces a desarrollar al país centralmente bajo el paraguas económico petrolero luce cada vez más ilusorio. La metáfora del “cerebro productor de conocimiento”–en lugar del país extractivo– apunta a construir una nueva subjetividad de clase que, sin negar la asimetría de poder, siembre las bases materiales y cognitivas para una futura victoria estratégica continental, pero fundamentalmente a largo plazo. La tarea histórica es, entonces, organizar la nueva producción de la nueva conciencia histórica revolucionaria y la nueva base material, pero con base en la agregación masiva de valor a bienes y servicios, siguiendo los ejemplos de países sin grandes recursos estratégicos tales como India, Vietnam, Japón y los llamados tigres asiáticos.

En América Latina

La guerra cognitiva post 3 de enero ha inducido una nueva oleada de mimetismo neoliberal. Los gobiernos autodenominados “progresistas” (Brasil, Colombia, Chile, México) observan la deriva de Venezuela y parecieran extraer una lección retorcida: “resistir más allá de cierto punto acarrea invasión y destrucción total”. Así, los discursos de “moderación”, negociación asimétrica y “diálogo forzoso con el imperio” se blindan. Se instala la metáfora del cordero que se sabe sacrificable: mejor pactar con EE.UU. desde el principio antes que terminar bloqueado, bombardeado y a la postre simbólica y políticamente decapitados sus líderes, como en Venezuela.

En el mundo

A escala mundial, el efecto primordial parece ser la resignación geopolítica. China y Rusia, que antes sostenían férreamente a Venezuela como socio estratégico y enclave simbólico innegociable, ahora parecieran buscar administrar sus intereses en Venezuela directamente con EE.UU. La transición hacia un “mundo multipolar” en America Latina se presenta entonces hoy como una suerte de ficción, al menos hasta que se logre articular un bloque soberanista en los planos militar, económico, financiera y científico tecnológico en el conjunto del sur mundial. Se consolida así en la región el horizonte idealista y borroso que Hobsbawm (2004) anticipó: la posmodernidad política como gesto idealista simbólico, pero aún sin un proyecto histórico concreto.

La derrota táctica del 3 de enero de 2026 no solo implicó la captura de Nicolás Maduro y la instauración de un gobierno encargado bajo influencia fáctica de Estados Unidos; reconfiguró, además, las coordenadas geopolíticas y de clase en el tablero regional y global. En el plano interestatal, China y Rusia pasaron de un abierto respaldo económico financiero, comercial y diplomático a Venezuela a un cierto pragmatismo transaccional: reconocen al gobierno de Delcy Rodríguez como interlocutor válido, pero condicionan su cooperación a garantías de pago y estabilidad jurídica para sus inversiones, relativizando la retórica alter mundialista y antiimperialista previa. La Unión Europea y Brasil, por su parte, normalizan la relación con Venezuela bajo el discurso de “restauración democrática”, legitimando la nueva situación como “diplomacia de resultados”. Los únicos polos de resistencia geopolítica ideológica política que sobreviven en la región son Nicaragua y Cuba, cuyas fragilidades económicas producto de décadas de asedio político, económico y financiero les dificultan proyectar fuerza significativa en el marco del gran reacomodo geopolítico impulsado por los grandes bloques.

Pregunta 3: ¿Cómo enfrentar hoy la guerra cognitiva?

Enfrentar esta guerra contra la percepción del mundo, la atención en lo estratégico, el procesamiento inteligente mediante el despliegue de todos los tipos de inteligencias, la memoria histórica y la voluntad creativa y de resistencia reclama trascender el lamento y tratar el trauma civilizatorio para lograr asumir una posición de insurgencia epistémica y negociación táctica para asumir una hoja de ruta capaz de gestionar una transición realista hacia una futura victoria estratégica. A tal efecto, proponemos cinco ejes estratégicos y tácticos:

1. Descolonizar la subjetividad del sujeto histórico: el primer frente

Como planteó Dussel (2014), la liberación comienza cuando el oprimido descubre que sus propias categorías de percepción, análisis de la realidad y marcos emotivos y conceptuales, marcos epistémicos e institucionales fueron impuestos por siglos por el opresor. La guerra cognitiva nos ha atiborrado de marcos cognitivos falseados: “civilización abortada”, “continente enfermo”, “país paciente” “realismo fatalista”, “factibilidad ingenua”, “there is not alternative”, “pistola en la nuca”, et al. Debemos subvertir tales marcos y desarrollar una hermenéutica de la sospecha permanente respecto de cualquier discurso que naturalice la minoría de edad, la dependencia, la capitulación y la derrota. Ellacuría (2014) nos enseñó: la filosofía de la liberación no es contemplación de una realidad histórica social coagulada y eterna; muy al contrario, es la toma concreta de una postura ética e histórica en favor de los humildes. Frente al pragmatismo de la inercia, oponer la radicalidad de la vida y la esperanza —no ingenua, sino dialéctica: que sabe que las derrotas (tácticas) hacen parte de la transición (estratégica) hacia una formación social por primera vez en la historia genuinamente soberana y humana.

2. Alfabetización cognitiva popular

No basta con denunciar noticias engañosas (fake news), palangre (fare news) y noticias hiperreales (deep fakes). Requerimos repensar y multiplicar talleres de deconstrucción metafórica en televisoras y radios, redes digitales y barrios, sindicatos y ministerios, partidos políticos y comunas. Urge enseñar a nuestros pueblos a identificar los marcos de Lakoff: cada vez que oigan: “Irán no es Venezuela” deben preguntarse: ¿quién se beneficia de que yo crea que no fuimos o somos valientes o capaces? Cada vez que oigan: “pistola en la nuca”, preguntarse: ¿acaso el gobierno y el pueblo no tienen márgenes de creatividad y maniobra que no estamos todavía desplegando? Es decir, devolver el poder creativo y subversivo al pueblo. Martín-Baró (1990) llamó a esta praxis desideologización crítica: sustituir la ideología moderno burguesa funcional al imperialismo capitalista por una conciencia de los intereses históricos nacional populares y una conciencia de clase expropiada con la madurez para entender los pasos lentos y hasta en zigzag, pero concretos de transición planificada a un socialismo viable protagonizados por el pueblo desde la utopía entrelazada con la materialidad de la vida.

3. Reconstruir la heroica memoria histórica subalterna

La guerra cognitiva triunfa cuando logra que los derrotados descrean, nieguen y hasta odien su propia historia y condición de clase. Nuestra tarea es reconstruir —con método historiográfico riguroso—las conquistas épicas del pueblo venezolano y del chavismo: emancipación del mediodía de America, disminución de la pobreza extrema, derrota del analfabetismo, soberanía alimentaria relativa, misiones sociales universales, parlamentarismo y diplomacia popular. Es preciso reescribir la historia no para idealizar o sobreestimar lo alcanzado, sino para identificar los descarríos y asimismo demostrar que otro mundo fue posible y, por ende, bien puede y debe volver a serlo. Hobsbawm (1994) nos brindaba una lección invaluable: la historia de los de abajo no es lineal y ascendente. La historia de la lucha de clases entraña avances, retrocesos y derrotas, pero esos descarríos y derrotas pueden y deben ser el fermento para la siguiente ofensiva.

4. Estrategia comunicacional de contra-marcos

Proponemos construir cinco metáforas alternativas:

  1. En lugar de “pistola en la nuca”, o “el pie en el cuello” (retomando a George Floyd), decir que la abeja reina opta por conceder parte de la miel del panal al hambriento león con tal de preservar la colmena: mediante esta nueva metáfora cognitiva instalamos un nuevo marco para evidenciar la violencia estructural que ejerce EE.UU., des posicionando la supuesta “internalización del estado de sujeción” por parte del gobierno encargado y el pueblo.
  2. En lugar de “Irán no es Venezuela”, decir “Vietnam fue efectivamente asolado y estaba gravemente dividido y, sin embargo, con lealtad, tenacidad y el sacrificio de generaciones, derrotó al imperialismo”. Urge romper el marco comparativo que nos coloca como país en condición de sumisión estructural.
  3. En lugar de “realismo pragmático” deberíamos decir que estamos en medio de una “negociación táctica para lograr la salvación nacional; y que, tras superar el estado de extremo peligro civilizatorio, en una mejor correlación geopolítica de fuerzas, retomaremos la utopía del proyecto bolivariano nacional, nuestroamericano y sur mundial”. El nuevo orden mundial antimperialista y anticapitalista no es algo que puede definir a voluntad un solo país. Es una reconfiguración histórica y dolorosa en la que la proximidad geográfica con cada hegemón es una realidad imposible de sortear u ocultar. Decir que China y Rusia colocaron la línea roja en Irán y no en Venezuela obedece a una compleja combinación de factores uno de los cuales es la vecindad geográfica, factor este que es inmodificable.
  4. “El bambú que se dobla para no quebrarse”. El bambú, símbolo de la resistencia flexible en la tradición china, no se opone al viento huracanado con rigidez. Se inclina hasta el suelo, permite que la tormenta pase sobre él, y luego vuelve a erguirse intacto. En la confrontación civilizatoria, retroceder no es rendirse; es preservar el nudo vital bajo tierra. Cuando la potencia enemiga despliega su abrumadora superioridad tecnológica y militar, el bambú retrocede: reduce su perfil, desconcentra sus activos, suspende operaciones que serían masacradas. Pero ese retroceso es activo: las raíces del bambú —la educación popular, las redes de confianza, la economía de subsistencia— se expanden en la clandestinidad. El tiempo de avanzar llega cuando la tormenta se debilita o cuando se ha identificado una fisura en el blindaje enemigo. Como escribió la estratega china Zhuge Liang en el Manual del Arte de la Guerra en tiempos adversos, “la flexibilidad no es cobardía; es la forma que tiene la vida de burlar a la muerte” (citado en Cleary, 2003, p. 89).
  5. “El agua que excava la roca sin golpearla”. El agua no compite en dureza con la roca; la roca es superior en resistencia instantánea. Pero el agua gana por duración y adaptabilidad: fluye alrededor del obstáculo, se filtra en sus grietas, cambia de estado (líquido, vapor, hielo) según la necesidad y condiciones. La potencia hegemónica es la roca: su poder es evidente, concentrado, medible. La nación asediada debe ser el agua. Avanzar cuando haya que avanzar significa filtrarse en los intersticios del sistema enemigo —sus contradicciones internas, sus aliados insatisfechos, sus propias poblaciones cansadas de la guerra—. Retroceder cuando haya que retroceder significa evaporarse: desaparecer del radar, no ofrecer un blanco fijo, hacer que los costos de la ocupación superen los beneficios. Detenerse cuando haya que detenerse significa congelarse: esperar, sin desgastarse, a que la dinámica internacional cambie. Lakoff (2006) señala que la metáfora del agua frente a la roca activa un marco de poder procesual sobre poder estructural; el primero es invisible pero implacable. Una sabia mujer africana, Wangari Maathai, lo expresó así: “No necesitas ser un martillo para mover una montaña; puedes ser el agua que, gota a gota, encuentra su camino” (Maathai, 2010, p. 57).

5. Organización de la subjetividad en redes de resistencia

Así como el coronavirus, la guerra cognitiva aísla, debilita, enferma y postra. Enfrentarla exige asumir, acomunar y comunalizar también la fragilidad y el trauma, el duelo y la rabia. Urge crear espacios presenciales y digitales en donde la gente pueda exponer y resignificar su dolor, su trauma, sus disonancias: “Sí, tras tantos esfuerzos, nos sentimos exhaustos y deprimidos, pero el pueblo de Bolivar, el pueblo de Chávez, el pueblo de las dificultades nunca va a dejar de luchar”. Hemos cometido errores, pero toda revolución los ha sufrido. La dialéctica materialista presume, precisamente, afrontarlos para superarlos. Esto es lo que Jung llamaba integración de la sombra: asumir los propios miedos, limitaciones y contradicciones en lugar de proyectarlos en chivos expiatorios.

Retomemos la lección de Gandhi y Mandela: la resistencia no es únicamente militar y política, es material, psico-espiritual, epistémica, comunal y familiar. Practicar la desobediencia civil cognitiva es negarse a dar crédito y repetir los argumentos del enemigo, a usar su lenguaje, a repetir sus marcos emocionales y cognitivos y sus metáforas cognoscitivas. Es romper con el síndrome de Estocolmo que nos vincula enfermizamente con el opresor, pero asumiendo que la diplomacia es el arte de evitar la guerra siempre que esta sea innecesaria porque, como decía Bolívar a Santander el 23 de julio de 1820: “La paz será mi puerto, mi gloria, mi recompensa, mi esperanza, mi dicha y cuanto es precioso en el mundo”. 

6. Alianzas regionales y globales descolonizadas

Frente a la nueva fase de la guerra ideológico cognitiva, necesitamos una Internacional de la deconstrucción. No se trata de reeditar la Tercera Internacional, sino de crear redes de intelectuales orgánicos, analistas críticos del discurso neocolonial, comunicadores populares y psicólogos comunitarios que compartan herramientas de detección y combate de la desinformación y la abyección desmovilizadora. Además de Venezuela, los pueblos de México, Bolivia, Cuba, Nicaragua, y los movimientos palestino, saharaui y mapuche han desarrollado experiencias de resistencia invaluables.

A modo de cierre

Compañeras y compañeros: la operación militar especial estadounidense y la guerra cognitiva pre y post 3 de enero en gran medida nos ha bloqueado ingentes recursos y nos ha despojado activos estratégicos, la normalidad y la prosperidad que merecemos. Pero no nos ha robado la aptitud ni la voluntad para reinventarnos como proyecto histórico, como país, como economía, como familia y como cuadros políticos consientes y sensibles. La condición de posibilidad de todo imperio es conseguir primero dividir para luego imperar. Pero, como dijo Chávez (2005): “la derrota es una victoria aplazada”. Apliquemos la dialéctica: la abyección mediática y digital que nos imponen puede convertirse, si la abordamos epistémica y políticamente, en una renovada conciencia de clase radicalizada. Resistir siempre y de mil modos no es opción sino nuestro destino. Construyamos, desde las cenizas del 3 de enero, una nueva pedagogía de la liberación que no tema nombrar una derrota táctica para poder trascenderla con creatividad, productividad y sagacidad estratégica. La situación de Venezuela solo puede ser justipreciada y respondida inteligentemente a la luz de una profunda y cada día más acelerada reconfiguración del orden mundial que torna cada tensión en un escenario de posible guerra mundial abierta con el ingrediente de la hecatombe nuclear. En este marco, Venezuela sigue siendo ejemplo inclaudicable de lucha y de fidelidad a una nueva comunidad horizóntica en los planos nacional, continental y mundial.

Muchas gracias.

Referencias

Chávez Frías, H. (2005). Discurso de la victoria del No. Referencia histórica.

Cleary, T. (Ed. & Trad.). (2003). The Book of Five Rings and The Art of War: Classic texts on strategy. Shambhala Publications.

Dussel, E. (2014). Filosofía de la liberación. Fondo de Cultura Económica.

Ellacuría, I. (2014). Ética fundamental. En La lucha por la justicia.

Gil de San Vicente, I. (2024). Pensar y practicar el socialismo desde América Latina. Resumen Latinoamericano.

Gramsci, A. (1975). Antología. Siglo XXI. (Trabajo original de 1930).

Hinkelammert, F. (1984). Crítica a la razón utópica. Editorial DEI.

Hobsbawm, E. (1994). Historia del siglo XX. Crítica.

Hobsbawm, E. (2004). Fiasco neoliberal produjo Chávez. Folha de S.Paulo.

Jung, C. G. (2004). Símbolos de transformación. Paidós.

Kristeva, J. (1982). Poderes de la perversión. Siglo XXI.

Lakoff, G. (2004). No pienses en un elefante: lenguaje y debate político. Editorial Complutense.

Lakoff, G. (2006). Whose freedom? The battle over America’s most important idea. Farrar, Straus and Giroux.

Lakoff, G., & Johnson, M. (2018). Metáforas de la vida cotidiana. Cátedra.

Maathai, W. (2010). Replenishing the earth: Spiritual values for healing ourselves and the world. Doubleday Religion.

Martín-Baró, I. (1990). Psicología social de la guerra. UCA Editores.

Sun Tzu. (2014). El arte de la guerra (E. Calvo, Trad.). Editorial Trotta. (Trabajo original del siglo VI a.C.)

Tapas - Prensa (3)

Las mentiras de la rabia

Por Prof. Roger Garcés

Vicerrectorado de investigación

LAUICOM

El momento político que nos ocupa en nuestra amada Venezuela pide a gritos trascender las diferencias y los odios. Para ir desmontando el edificio del odio, conoceremos sus mentiras. Llámelo como quiera, odio, ira, rabia, resquemor, molestia; todos tienen el común que se basan en la energía del rechazo, y ya sabemos que el rechazo es un veneno del alma. La rabia tiene una cantidad de mentiras para justificar su existencia y sus efectos negativos, y aunque algunas veces nos damos cuenta de esas mentiras, siempre terminamos creyéndolas. Estas mentiras serán explicadas con ejemplos cotidianos y sencillos, para que veamos hasta donde vivimos las mentiras de la rabia sin darnos cuenta, y estas mentiras pasan a formar parte de nuestra vida.  A continuación, les dejo algunas de estas

MENTIRAS DE LA RABIA

1- El que odia cree que la rabia elimina aquello que le molesta.
Porque si esto fuera cierto, la primera vez que la esposa le regaña al marido porque llega tomado un viernes en la madrugada se acabarían los problemas. NO, vemos que esa conducta se sigue repitiendo incluso por años. Entonces la rabia no elimina aquello que nos molesta. Es como el que maldice y toca corneta en una cola en la autopista, la rabia no elimina la cola, lo único que hace es molestarse innecesariamente. Los grandes cosas que de verdad nos atormentan no podemos eliminarlas, como la muerte, la vejez o la enfermedad, y TODAS las cosas que nos molestan, de alguna manera tienen que ver con estos miedos.

    2- El que odia cree que el poder lo tiene el otro.
    El que odia cree que el otro tiene aquello que es necesario para su felicidad. Es decir, el otro tiene a la mujer que me gusta, o al carro que me gusta, o la ropa que me gusta, o el alimento que me gusta, o el empleo que me gusta, y que creo que ESO que tiene el otro en absolutamente necesario para mi felicidad.
    En la dinámica social, un grupo social cree que el otro grupo tiene privilegios y entonces despotrica, se queja y esto lo hace rabiar hasta la locura, y la mayoría de las veces se trata solo de la fantasía de ese grupo social. En la conflictividad social ocurre lo mismo, creemos que los recursos son limitados y que ELLOS (el otro, los otros) tienen aquello que NOSOTROS no tenemos, en realidad cada sector piensa lo mismo, el uno del otro.
    En nuestra dinámica política actual los opositores creen que los chavistas son “Enchufados” y que tienen los mejores empleos y los chavistas creen que son los opositores los principales beneficiarios de las misiones y grandes misiones.
    En las peleas entre parejas se ve muy claramente esta mentira. Cada uno cree que el otro tiene algo que el uno necesita para vivir.
    Así nos olvidamos de que somos nosotros los que tenemos en nuestro interior la capacidad de ser feliz, y nos hacemos a la falsa idea de que el otro tiene el poder de hacernos felices.

    3- Lo que se desea es algo concreto.
    El que odia porque cree que el otro tiene algo que él no tiene, él cree que aquello que desea es algo particular. Cuando nos aferramos a algo, creemos que ese algo es algo sólido. No nos damos cuenta que solamente es una construcción mental que hacemos con respecto a eso que creemos sólido. Entonces el que odia cree que aquello que le hace falta es algo real, y no se da cuenta que es solamente una construcción mental cargada de simbolismo.
    La mayoría de las veces cuando el que odia evalúa lo que quiere y cree que el otro tiene, se pierde tratando de definir qué es aquello que quiere. Porque generalmente no es algo concreto sino una colección de sentimientos. Por eso, para acabar con la rabia, no basta que el sujeto que supuestamente hizo rabiar le dé al que odia aquello que pide, nunca va a  ser suficiente y la rabia siempre va a seguir. Por eso, sí lo que el que odia pide es una disculpa, una vez recibida la disculpa la rabia va a perdurar, y así con cada cosa que demande el que odia. Como decíamos antes, no se trata de un objeto concreto ni de una conducta en particular, se trata de un rosario de sentimientos, generalmente mal encolados que corresponde al que odia examinar.

    4- El que odia cree que el otro tiene el poder de hacerlo rabiar.
    Cuando nos molestamos decidimos molestarnos voluntariamente. Con frecuencia escuchamos decir: “Yo estaba tranquilo y ella me hizo molestar” o “Es que ellos tienen la culpa”, cuando en realidad nosotros mismo somos los responsables de nuestra conducta.
    Ya nos dimos cuenta que el pensamiento es como un gusanito que aparece y después degenera en la emoción perturbadora de la rabia. Si nosotros dejamos que ese gusanito actúe a sus anchas va a generar la rabia. Somos nosotros los que permitimos  a ese gusanito alimentarse y crecer. No son los demás. Cuando decimos: “ÉL me hizo rabiar” es como si “Él” tuviera una varita mágica y con un conjuro, tipo película de Harry Potter dominara por completo nuestra personalidad al punto de no tener voluntad y solamente cumplir con los mandatos de “Él”. Ya sabemos que no es así, YO permití ese pensamiento y lo acepté. EL puede hacer lo que quiera, pero queda de mi parte si me engancho o no.

    5- El que odia cree que NO tiene ninguna relación con aquel a quien odia.
    El que odia cree que es independiente de la conducta que realiza el otro. En realidad, todos estamos interconectados, y tenemos una interdependencia muy estrecha con TODOS los seres. Hace años veía por T.V. un programa de Marietta Santana donde entrevistaban a unos Neo Nazis en Venezuela, y un joven neonazi rubio le decía a un negrito que se veía como de clase humilde: “Lo que queda claro es que YO no tengo nada que ver contigo”. Los que odian se sienten desconectados lo que corresponde a un error GIGANTESCO. Ya todo el mundo sabe que todos formamos parte de todo. Ya está suficientemente aclarado que todos estamos interconectados y que las cosas materiales no están desconectadas de nosotros. Si hay un problema entre dos personas es un problema que se ha construido entre dos, y por tanto, corresponde a DOS arreglarlo. La cómoda situación de culpabilizar al otro nos exime de asumir responsabilidades en la dinámica que originó la situación problemática. Recuerde lo que escribía Borges: “Así, toda negligencia es deliberada, todo casual encuentro una cita, toda humillación una penitencia, todo fracaso una misteriosa victoria, toda muerte un suicidio”.

    6- El que odia cree que la expresión del odio disminuye el odio.
    La gente cree que la rabia es como un tanque de un líquido que uno tiene en la cabeza y que si uno expresa su rabia, entonces en la medida que lo exprese ese “tanque” se irá vaciando y cuando se termine ya no habrá más rabia. Esto da lugar a la falsa creencia de que si uno no expresa la rabia, ésta se queda adentro como un cuerpo extraño que incomoda y puede causar enfermedades. Uno escucha a la gente cuando triunfante dice: “¡Pero le dije sus cuatro cosas!” como si eso representara una gran victoria y garantizara su salud mental. En realidad, no es así. La expresión de la rabia, solo aumenta la rabia. En los años 70 los psicólogos de EEUU desarrollaron tecnologías para el control de la rabia y ponían al sujeto en una habitación acolchada para que le dieran golpes con un bate de goma-espuma, y pasaba que después de un rato dándole golpes a las paredes le preguntaba al sujeto ¿Te sientes mejor? Y éste respondía: “Si, me siento mejor”. Lo que pasaba era que se cansaba, pero cuando descansaba volvía la rabia. Realmente, todos hemos pasado por esa situación; nos molestamos por algo y expresamos enérgicamente nuestra rabia, y de alguna manera se arreglan las cosas, y al cabo de un tiempo, la misma situación nos vuelve a dar rabia y otra vez viene la rabia, y así vamos rabiando y expresando la rabia. Repito. La expresión de la rabia solo aumenta la rabia, y esto ocurre porque le damos energía en nuestra mente. Por eso, aquel inmaduro candidato que perdió las elecciones en 2013 y llamó a “Descargar la arrechera” lo que hizo fue incitar al odio y recordemos que ese día hubo 13 muertos y muchos C.D.I. quemados. Lo mejor es no engancharse con la rabia.

    7- El que odia cree que no está involucrado en el proceso del odiar.
    Es frecuente escuchar: “Yo estaba tranquilo y de repente ella se volvió loca y empezó a insultar”, como si nosotros de alguna manera no hubiésemos colaborado en la acción de la rabia.  No solamente estamos involucrados en el hecho que produjo la rabia, sino que primeramente nos vemos involucrados en la interpretación de la acción. Por lo general ponemos a las personas características que solo nosotros les reconocemos y que por lo general son proyecciones nuestras. El conocido fenómeno de la “Imagen en espejo” que la psicología social ha estudiado desde hace bastante tiempo nos da luces. Por ejemplo, los países fronterizos; cada uno cree que los habitantes del otro país son ladrones, etc. La gente de Caracas ha creído siempre que los colombianos son carteristas, y los bogotanos han creído siempre que los venezolanos son carteristas. En las parejas se ve mucho este fenómeno; cada uno acusa al otro de lo que la misma persona hace. Entonces, no es verdad eso de que “Yo estaba tranquilo y ella se volvió loca”. La verdad es que de alguna manera yo estoy involucrado en la interpretación y en la construcción del hecho de la rabia. Es decir, algo hago para favorecer la rabia y después acuso al otro de tener rabia.
    Sería de gran avance que cada grupo social RECONOCIERA los errores que ha cometido y deje de estar culpando al otro, y de esta manera desentenderse de su rabia. Lo que sí puedo afirmar es que descalificar a los demás por de color de su piel, decirle “Mono” al contario, quemar gente viva o degollar motorizados no es algo adecuado para una adecuada práctica política.

    8- El que tiene una pequeña molestia no odia.
    La molestia, la incomodidad, la rabia, el rencor, el odio, todas tienen la misma energía. Se trata del ya conocido veneno del alma “Rechazo”. Cuando tratamos de eliminar algo de nuestra vida y no aprendemos a convivir con ello, se genera el rechazo que envenena nuestra alma como sabiamente lo describió el Buda. De nuevo, la gente cree que lo que tiene en el alma no es odio, y cree que odio nada más es lo que sentía Hitler contra los judíos. Pues no, póngale el nombre que quiera, sigue siendo odio.

    Para terminar, les dejo estas palabras de Buda:

    “Somos lo que pensamos,

    todo lo que somos surge de nuestros pensamientos,

    con nuestros pensamientos hacemos el mundo.

    Habla y actúa con una mente impura

    y los líos te seguirán,

    como la rueda sigue el buey que jala la carreta.

    Somos lo que pensamos,

    todo lo que somos surge de nuestros pensamientos,

    con nuestros pensamientos hacemos el mundo.

    Habla y actúa con una mente pura

    y la felicidad te seguirá,

    ineludible como tu sombra.

    «Mira cómo me abusó y me pegó,

    Cómo me tiró y robó.»

    Vive con pensamientos de ese tipo y vivirás en el odio.

    «Mira cómo me abusó y me pegó,

    Cómo me tiró y robó.»

    Abandona los pensamientos de ese tipo y vivirás en el amor.

    En este mundo todavía

    el odio nunca ha eliminado al odio.

    Sólo el amor elimina al odio.

    Esta es la ley, antigua y sempiterna.

    Tú también vas a perecer;

                sabiendo esto, ¿Cómo puedes pelearte?

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    De la crisis humanitaria al estado fallido

    Profesora e Investigadora

    Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM).

    Isabel Rivero D’Armas

    Claves del Análisis de Coyuntura:

    • Tesis Central: La «crisis humanitaria» y el «estado fallido» son constructos artificiales utilizados como pretexto para el injerencismo y la ocupación militar (Estrategia de Abuso de Poder).
    • Ejes Temáticos: Guerra híbrida, manipulación mediática, falsos positivos de derechos humanos, y el uso de la ayuda humanitaria como caballo de Troya militar (Caso Haití 2010 vs. Venezuela).
    • Contexto Crítico: Análisis de la Ley de Amnistía y la resistencia institucional frente a la matriz de «dictadura» impuesta por corporaciones transnacionales.

    El constructo crisis humanitaria ha sido un recurso para justificar el injerencismo. Esto lo convierte en una estrategia de abuso de poder, en que la ocupación militar, tal como ocurrió en enero de 2010 en Haití por parte de EE. UU cuando un terremoto arrasó Puerto Príncipe, fue tolerada en el escenario internacional por las corporaciones mediáticas del capitalismo global. La justificación usada para ocupar la nación haitiana era garantizar ayuda humanitaria, pero, por el contrario, esta se entorpeció, lo que generó un caos intencionado, mientras se repotenció la presencia militar.

    «El constructo crisis humanitaria ha sido un recurso para justificar el injerencismo y convertir la ayuda en una estrategia de abuso de poder.»

    En 2017 en Venezuela, cuando un sector empresarial apoyado por factores externos causó una crisis de desabastecimiento por acaparamiento inducido, en que rubros básicos escaseaban, pero los “comerciantes”, mediante la figura de bachaqueros, los ofrecían a precios abultados, se intentó posicionar de nuevo la figura de crisis humanitaria, desde estas corporaciones mediáticas movidas por intereses ultraliberales, con el pretexto de ayuda humanitaria, para favorecer una incursión militar.

    La matriz de crisis humanitaria se sustentaba en la de violación de derechos humanos, que va de la mano con la de estado fallido, régimen o dictadura, para alimentar narrativas en las que subyace una especie caos, irónicamente creado por quienes lo anuncian. Estas acciones terminan llamándolas “lucha por la democracia” y desestiman los muchos procesos electorales, institucionalmente legitimados, en que han sido convocados todos los sectores del país a participar.

    «La intención de manipular no ha variado: reactivar fórmulas de desestabilización ahora que la intromisión extranjera no sirve a sus intereses.»

    Lamentablemente, este modo de atacar no ha cambiado, algunos matices han mutado. Aunque se reconoce el éxito de la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática, por el número significativo de personas que han sido beneficiadas, desde estas corporaciones al servicio de la ultraderecha, se critica su alcance; pretendían que, por ejemplo, los de la Operación Gedeón y los que han pedido invasión contra su país resultaran amnistiados.

    La intención de manipular no ha variado, sigue siendo reactivar la fórmula: crisis humanitaria, violación de derechos humanos y régimen dictatorial, o estado fallido, como una conclusión condicionada en ese argumento falaz, para desestabilizar, solo que ahora la intromisión extranjera no contribuye a sus intereses.

    Continúa profundizando en la Defensa Cognitiva con LAUICOM:

    • Guerra Total y Control de Conducta: Lee el análisis del Prof. Julio C. Valdez sobre la resistencia del pueblo creador.
    • Simbología del Poder: Explora la serie del Prof. José Garcés sobre la peregrinación y la unión superior.
    • Política y Espiritualidad: Revisa «Maduro y la preeminencia del amor» del Prof. Roger Garcés.
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    La guerra cognitiva es un caballo de Troya cibernético

    Por: Dr. Fernando Buen Abad

    Eso que se llama “guerra cognitiva” se configura hoy como una de las formas más sofisticadas de intervención sobre la vida social, no ya mediante la ocupación territorial clásica ni exclusivamente a través de la coerción económica directa, sino mediante la colonización sistemática de los procesos de producción de sentido.

    Su eficacia no radica en la destrucción visible, sino en la infiltración invisible; no en el estruendo de las armas, sino en la modulación silenciosa de las percepciones, los deseos y los marcos interpretativos.

    En este sentido, opera como un auténtico caballo de Troya cibernético: se introduce en la cotidianeidad bajo la apariencia de neutralidad tecnológica, de entretenimiento o de comunicación ampliada, para reconfigurar desde dentro las condiciones mismas de la conciencia.

    El desplazamiento de la guerra hacia el terreno cognitivo no implica la desaparición de las formas tradicionales de violencia, sino su reorganización dialéctica. La fuerza material sigue siendo decisiva, pero se articula con una dimensión simbólica que busca garantizar la reproducción del orden dominante no sólo en la infraestructura económica, sino en la superestructura cultural y afectiva. La dominación contemporánea exige sujetos que no sólo obedezcan, sino que deseen obedecer; que no sólo consuman mercancías, sino que internalicen los códigos que las legitiman como horizonte de vida.

    En esta operación, la guerra cognitiva se convierte en un dispositivo estratégico para la producción de subjetividades funcionales a la acumulación.

    El carácter cibernético de este caballo de Troya no debe reducirse a lo meramente digital. Aunque las plataformas, los algoritmos y las redes constituyen su infraestructura privilegiada, lo decisivo es la lógica de retroalimentación constante, de captura de datos y de ajuste permanente de los mensajes en función de las respuestas de los sujetos.

    Se trata de un sistema dinámico que aprende, se adapta y perfecciona sus mecanismos de intervención, no desde una exterioridad, sino desde la inmersión total en la vida social. Cada interacción, cada preferencia, cada gesto aparentemente banal se convierte en insumo para la modelización de conductas futuras. Así, la experiencia cotidiana es simultáneamente vivida y explotada, convertida en materia prima para la ingeniería de la conciencia.

    En este contexto, la ideología ya no se presenta como un conjunto explícito de doctrinas, sino como una atmósfera difusa que permea todas las dimensiones de la existencia. La guerra cognitiva no busca imponer una verdad única, sino fragmentar la posibilidad misma de la verdad compartida, erosionar los criterios de validación y sustituirlos por una proliferación de narrativas equivalentes en su apariencia, pero profundamente desiguales en su capacidad de incidencia.

    La saturación informativa, la velocidad de circulación y la lógica de la espectacularización generan un entorno en el que la distinción entre conocimiento y opinión se diluye, y donde la crítica pierde terreno frente a la reacción inmediata.

    Sin embargo, esta aparente dispersión no implica ausencia de dirección. Por el contrario, la guerra cognitiva opera mediante una racionalidad estratégica que orienta la producción y circulación de contenidos en función de intereses de clase bien definidos.

    La concentración de los medios de comunicación, la propiedad de las infraestructuras tecnológicas y la capacidad de inversión en investigación y desarrollo configuran un campo profundamente desigual, donde ciertos actores disponen de una ventaja estructural para intervenir en la formación de la conciencia colectiva. La neutralidad tecnológica es, en este sentido, una ficción funcional a la reproducción de esa desigualdad.

    Con las disputas agudizadas entre clases sociales, lejos de desaparecer en la era digital, se desplaza e intensifica en el terreno de la semiosis social. La producción de sentido se convierte en un campo de batalla donde se disputan las interpretaciones del mundo, las narrativas sobre el pasado y las proyecciones del futuro.

    La guerra cognitiva busca desarticular la conciencia de clase, fragmentar las experiencias comunes y sustituirlas por identidades aisladas, fácilmente gestionables y orientables. La individualización extrema, presentada como libertad, funciona como un mecanismo de despolitización que impide la articulación de proyectos colectivos emancipadores.

    En este escenario, la alienación adquiere nuevas formas. No se limita a la separación entre el trabajador y el producto de su trabajo, sino que se extiende a la relación del sujeto con su propia experiencia.

    La mediación constante de dispositivos tecnológicos introduce una distancia entre la vivencia y su representación, entre el acontecimiento y su inscripción en los circuitos de circulación simbólica. La vida se vuelve, en gran medida, una experiencia mediada por interfaces que organizan la percepción, jerarquizan la información y orientan la atención.

    La conciencia se configura así en un entorno preformateado, donde las posibilidades de pensamiento están condicionadas por arquitecturas invisibles.

    No obstante, reconocer la profundidad de esta ofensiva no implica asumir una posición fatalista. La misma infraestructura que posibilita la guerra cognitiva abre también espacios para la resistencia y la reconfiguración crítica. La conciencia de clase, lejos de ser un residuo del pasado, se revela como una necesidad urgente en un contexto donde la explotación adopta formas cada vez más sofisticadas.

    Comprender los mecanismos de la guerra cognitiva es el primer paso para desarticularlos, para interrumpir su funcionamiento y para construir alternativas que restituyan la capacidad colectiva de producir sentido. La tarea no es sencilla, pues implica disputar no sólo contenidos, sino formas de percepción y de relación. Requiere una praxis que articule conocimiento riguroso, sensibilidad ética y compromiso político, capaz de intervenir en los circuitos de la comunicación sin reproducir sus lógicas dominantes.

    Se trata de construir espacios de enunciación que no estén subordinados a la lógica del mercado, que no reduzcan la complejidad a simplificaciones rentables, y que apuesten por una inteligibilidad crítica del mundo. La dimensión humanista de esta tarea no puede entenderse como una apelación abstracta a valores universales desvinculados de las condiciones materiales. Por el contrario, se funda en la afirmación concreta de la dignidad humana frente a su reducción a dato, a perfil o a mercancía.

    La guerra cognitiva, en su forma actual, tiende a cosificar la conciencia, a tratarla como un objeto manipulable en función de objetivos externos.

    Frente a ello, el humanismo crítico reivindica la capacidad de los sujetos para pensar, para decidir y para transformar su realidad, no como individuos aislados, sino como parte de procesos colectivos. La superación de la guerra cognitiva como dispositivo de dominación no pasa por un retorno nostálgico a formas anteriores de comunicación, sino por la construcción de nuevas mediaciones que reorganicen la relación entre tecnología, conocimiento y sociedad.

    Esto implica democratizar el acceso a las infraestructuras, transparentar los mecanismos de funcionamiento y, sobre todo, desarrollar una pedagogía crítica que permita a los sujetos reconocer las operaciones a las que están siendo sometidos. La alfabetización mediática, en este sentido, no es un complemento educativo, sino una condición para la emancipación.

    En última instancia, el caballo de Troya cibernético sólo puede cumplir su función en la medida en la que permanece invisible, en que sus mecanismos son naturalizados y aceptados como parte del orden de las cosas. Hacerlo visible, descomponer sus engranajes y exponer sus finalidades es ya una forma de resistencia. Por el contrario, no basta con la denuncia; es necesario articular prácticas que construyan otros modos de producir y compartir sentido, que restituyan la centralidad de lo común y que fortalezcan la conciencia de clase como horizonte de transformación.

    Y la guerra cognitiva no es un destino que elegimos, sino una imposición imperial histórica que puede y debe ser superada. En la medida en la que los sujetos recuperen la capacidad de pensar críticamente su propia situación, de reconocerse en las experiencias de otros y de organizarse colectivamente, el caballo de Troya perderá su eficacia. La conciencia, lejos de ser un territorio conquistado de una vez y para siempre, es un campo en disputa permanente. En esa disputa se juega no sólo la interpretación del mundo, sino la posibilidad misma de transformarlo.

    Fuente: teleSUR

    Tapas - Prensa

    Develando altos misterios en versículos sugeridos por el presidente Maduro

    Parte 1. Ama y todo se te dará por añadidura.

    Por Prof. Roger Garcés

    Profesor e Investigador

    Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)

    Continuando con la interpretación de los versículos de la biblia que el Presidente Maduro está sugiriendo que leamos, nos encontramos con verdaderas joyas de sabiduría. En una entrevista el diputado Nicolás Maduro Guerra, hace públicas las recomendaciones que le ha hecho el Presidente, y cuando revisamos esos versículos, constatamos que tienen una enseñanza verdaderamente profunda, las que, en virtud de su condición de privado de libertad, adquieren unas dimensiones  inconmensurables, verificando una evolución interior que solo ocurre en las almas temperadas que han sabido sacarle provecho al encierro y han convertido la cárcel en un templo de conocimiento trascendente de la naturaleza humana.  Esto es algo que los primeros cristianos solían hacer en virtud de las terribles situaciones que les tocaron vivir por la persecución romana, y entonces se metían largo tiempo en cuevas y catacumbas para orar y descubrir los misterios divinos. El sustrato de esta actitud es tener una mentalidad proactiva y sacarle provecho a cualquier situación que le toque vivir. Se trata entonces de «Convertir el veneno en medicina», como decían los sabios de antaño.

    En una entrevista, Nicolás hijo comenta que el Presidente le recomendó leer a Mateo 6:33.  En realidad, este versículo comprende una de las enseñanzas más importantes y determinantes para el desarrollo espiritual.  Es común que escuchemos varias frases que han estado referidas a la misma enseñanza: «Ama y haz lo que quieras» «Ama y lo demás se te dará por añadidura», también la frase atribuida a san Agustín: «Ora y lo demás se te dará por añadidura».  Como vemos, está refiriendo lo que hoy se conoce como la «Ley de atracción» y que los sabios de la antigüedad llamaban «Ley de correspondencia».  El hermetismo la describía con la sentencia:  «Como es arriba es abajo y como es adentro es afuera».  Así, está enseñanza la podemos rastrear en el antiguo Egipto, en la Grecia clásica con los misterios menores, y en oriente medio donde vivió Jesús. Del hermetismo pasó a la alquimia y también a la alquimia cristiana.  De manera que la enseñanza es conocida tanto dentro de los libros canónicos como también dentro de las enseñanzas secretas que se estudiaba en las escuelas de misterios menores.  Habida cuenta de lo extendida en el tiempo y en la geografía de esta sabiduría, ya de entrada podemos avizorar que se trata de una enseñanza de altos quilates.

    La sabiduría de convertir el veneno en medicina

    En la versión de la biblia conocida como Reina-Valera de 1960, se puede leer en Mateo 6:33:

    «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» Como vemos, las frases que manejamos al inicio del texto, se relacionan directamente con este versículo.  Obviamente, «buscar el reino de Dios» implica primero que nada entrar en el reino del amor, ya que como afirma Juan, «Dios es amor», (1 Juan 4:8).

    El que entra en el reino del amor permite que en su alma anide la armonía, la belleza, la salud y la abundancia.  Quien vive en Amor, vive cada momento de su vida en una fiesta continua, en una experiencia de goce diaria y cotidiana. Es esa persona la alegría fluye libre, como fluye, sin que nadie se lo ordene, el arroyo fresco en la montaña, que nutre la vegetación y quita la sed de animales y humanos, y así en continua satisfacción, va nutriendo a los demás, ofreciendo sus tesoros y regalando maravillas, simplemente por el hecho de existir.  Si las condiciones internas son positivas, pues, en virtud de la Ley de correspondencia (o Ley de atracción), este será el signo de las cosas que atraerá.  Por eso, y sin temor a equivocarse, Mateo refería la enseñanza que podemos entender con la frase: «Como es adentro es afuera», y lo que tengas en el alma, pues eso será justamente lo que te pasará en ja vida.

    Es conocida la sentencia de Emerson: «Pasamos por lo que somos» que conecta directamente con el tema que tratamos. De manera que, si amor es lo que hay en el alma, pues amor es lo que se va a encontrar.

    El odio como trampa: Por qué el resentimiento estanca el desarrollo de las sociedades

    Esta enseñanza es particularmente necesaria para los que creen que el odio es una forma de lucha en la sociedad. Hay personas que todavía odian y lo peor es que creen que odiando van a solucionar los problemas del país.  En este tipo de personas es frecuente escuchar argumentos espureos para justificar su odio y con esto causan más problemas de los que pretenden resolver. Falaces argumentos como: La culpa de todo la tienen los negros o los pobres o los chavistas, y con ese tipo de pensamiento generan discordia en la sociedad. En este tipo de personas también es común el pensamiento: «Muerto el perro se acaba la rabia» y pueden tener la tendencia a querer eliminar físicamente a los que consideran culpables de los problemas; Hitler es un claro ejemplo.

    No nos vamos a detener en analizar las consecuencias sociales que tiene este tipo de pensamiento, que podría fácilmente generar una guerra civil como ha ocurrido en el pasado en otros pueblos. Para ello, simplemente recordemos la tristísima experiencia de Ruanda, en la que un millón de muertos no fue suficiente para saciar el odio.

    No. No vamos a abundar en las consecuencias sociales pues se ha escrito mucho al respecto. Más bien nos vamos a dirigir a las consecuencias personales que sufre individualmente cada persona que permite anidar el odio en su alma.

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    Ejes temáticos:

    • La resonancia por simpatía aplicada a la frecuencia vibratoria de las emociones humanas.
    • Interpretación espiritual de las recomendaciones de lectura del Presidente Maduro.
    • Transformación de la adversidad bajo la premisa de convertir el veneno en medicina.
    • Aplicación de la máxima hermética «como es adentro es afuera» en la vida cotidiana.
    • El amor como estado de conciencia que atrae armonía, salud y abundancia.
    • El odio analizado como una prisión personal y detonante de conflictos sociales.

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    Como sabemos; «Como es adentro es afuera», si una persona odia, pues con odio es con lo que va a tropezar en la vida.  Simplemente recuerde algún «mala conducta» que viva por donde usted vive.  Todos conocemos a alguien en la comunidad que «se porta mal». Si usted observa con cuidado, notará que esa persona problemática es lo que llaman una persona «Sucedida».  Es decir, siempre le pasa algo, cosas como accidentes, problemas varios, etc.  Con la máxima: «Como es adentro es afuera”, ya podemos darnos cuenta de que todo lo malo que a esa persona le sucede tiene que ver con la emoción que permite que anide en su corazón.  Si usted aguza su observación, se dará cuenta de que, en su familia, la persona que más pelea es la que sufre de problemas más frecuentemente.  Por eso, Mateo insistía: «Busca el reino de Dios y lo demás se te dará por añadidura».  Si amas, las cosas buenas vienen solas, vienen de «ñapa», vienen «con el combo».  Si usted ama, no tiene que preocuparse por buscar las cosas buenas ya que éstas lo perseguirán a usted.  Es tan importante que en nuestra alma tengamos amor, que es EL PRIMER MANDAMIENTO, el mandamiento del amor.  Los grandes maestros y particularmente Jesús, insistía de mil maneras en que amemos y nos alejemos lo más posible del odio, porque en virtud de la ley de correspondencia, si estamos «vibrando» en la frecuencia del odio, pues será odio lo que atraigamos.

    Tu mundo exterior es un reflejo de tu estado interno: Descubre el poder de la Ley de Correspondencia.

    Esto que explicamos, no solamente es un principio espiritual, en la física también ocurre. Se llama «Resonancia por simpatía». Tome dos guitarras y ponga una frente a la otra, y pulse en una guitarra la cuerda Re (la cuarta) y notará que, en la otra guitarra, comienza a vibrar también la cuerda Re. Si usted pulsa Re en una guitarra, en la otra no vibrará la cuerda Sol o la cuerda La, solo vibrará Re.  Así pasa con nosotros, si permitimos que el odio invada nuestra alma, atraeremos solo a gente que odia, solamente nos pasarán cosas que nos darán rabia, y solamente sufriremos problemas relativos al odio.  Lamentablemente, la gente que odia desconoce este principio y continúa odiando y sufriendo por el odio y siendo objeto de odio, y como recibe odio, esto es lo que va a vivir en su vida, lo que le va a dar más rabia, y entonces es una serpiente que se muerde la cola.

    Hay otra consecuencia nefasta para el que odia y es que imagina que todo el mundo le va a hacer daño. El que odia va generando así una especie de paranoia que hace que perciba el mundo como amenazante, y como según él, todos lo amenazan y quieren hacerle daño, la actitud con la que se relaciona con el mundo es la defensividad y la reactividad. El que odia siempre está a la defensiva y siempre está como un fosforito, y es fácil identificarlo en un grupo por estas características. Esto lo que hace es aumentar el sufrimiento. De manera que el que odia no solamente sufre por las cosas que le pasan, sino que también sufre por lo que imagina que le pasará. Como vemos, el odio se convierte en la propia trampa del que odia; el odio se estructura a su alrededor como una prisión.

    La persona que odia nunca se dará cuenta de que es su propio odio lo que aviva el odio y mientras más odie más odio verá en los demás y más situaciones de odio vivirá.  Por eso, los sabios de la antigüedad afirmaban que a lo único que debemos odiar es al odio.

    Por el contrario, si la persona busca el «reino de Dios», o lo que es lo mismo, el reino del amor, pues, eso será lo que ocurra en su vida.  Por eso, el Presidente Maduro, conocedor de misterios profundos, nos impele a que leamos a Mateo 6:33 y que, por sobre todas las cosas, amemos. Hay que amar, amar, amar, y después de amar, seguir amando, para que «venga a nosotros tu reino». Y si con toda la enseñanza que nos transmite el Presidente Maduro, todavía a usted le quedan dudas, le hago una pregunta: ¿Usted sabe cómo termina el Padre nuestro? 

    Pedro Penso guerra cognitiva

    La guerra cognitiva como mutación del imperialismo contemporáneo:

    efectos sobre las subjetividades de clase y de los pueblos en Venezuela, América Latina y el mundo

    Una aproximación desde la dialéctica del materialismo histórico.

    Profesor – Investigador Pedro Penso+

    Una aproximación desde la dialéctica del materialismo histórico

    La guerra como forma fenoménica de la lucha de clases en el siglo XXI

    Para comprender lo que hoy llamamos guerra cognitiva y sus efectos sobre las subjetividades en Venezuela, América Latina y el mundo, es necesario partir de una proposición fundamental del materialismo histórico: la guerra no es un accidente de la historia ni una patología de las relaciones internacionales, sino una continuación de la política —y, por tanto, de la lucha de clases— por otros medios. Como nos enseñó Clausewitz, mediado por la lectura leninista, la guerra expresa, en su forma más concentrada y violenta, las contradicciones que atraviesan un modo de producción determinado.

    Ahora bien, la mutación que nos ocupa —la emergencia de la guerra cognitiva como modalidad predominante de agresión imperialista en el siglo XXI— no representa un mero cambio técnico en los instrumentos bélicos. Tampoco es un fenómeno que pueda explicarse por la simple adición de «nuevas tecnologías» al repertorio militar. Se trata, más bien, de una transformación cualitativa en la forma que asume la guerra imperialista cuando las condiciones objetivas de la correlación de fuerzas global —el ascenso de nuevos polos de poder, la crisis de la hegemonía unipolar estadounidense, la emergencia de proyectos contrahegemónicos en el Sur Global— vuelven inviable la guerra clásica de ocupación territorial. Es, en palabras de algunos analistas, una guerra vicaria (Waldman, 2021) [1], que busca lograr los objetivos del imperialismo sin exponer a sus fuerzas al costo político y humano de una invasión directa.

    Como sostienen Tan y Perlmutter (2006) [2], el concepto mismo de «guerra de información» encierra una paradoja: cuanto más se cree saber sobre ella, menos se comprende su dinámica real, pues la información no es un recurso neutral sino un campo de batalla donde se dirimen proyectos de sociedad antagónicos.

    Mutaciones de la guerra cognitiva: Del 11 de septiembre al 3 de enero

    La trayectoria de la guerra cognitiva como modalidad imperialista puede trazarse a partir de hitos que marcan saltos cualitativos en su desarrollo. Si la guerra mediática contra Irak en 1991 y 2003 mostró el poder de la manufactura del consenso (Herman y Chomsky, 1988) aplicada a gran escala, la experiencia venezolana de 2002 —el golpe de Estado mediático contra Hugo Chávez— reveló que, en América Latina, los medios de comunicación privados podían operar como arietes de desestabilización política con la misma eficacia que un batallón de infantería. Como documenta Cañizález (2003) [3], el golpe de abril de 2002 contra Chávez fue un «golpe mediático«: la televisión privada venezolana no solo informó, sino que produjo los acontecimientos, creando una realidad virtual que justificaba la ruptura del orden constitucional.

    Esta primera fase —que podríamos llamar guerra mediática clásica— evolucionó hacia una forma más sofisticada con la irrupción de las plataformas digitales y las redes sociales. El uso de bots políticos para la manipulación de la opinión pública en Venezuela, estudiado por Forelle et al. (2015) [4], muestra cómo actores automatizados generan contenido que simula apoyo o rechazo popular, creando una falsa impresión de consenso o disenso. Los investigadores encontraron que los bots más activos en la conversación política venezolana eran utilizados por la oposición radical, y que se hacían pasar por líderes políticos y agencias gubernamentales más que por ciudadanos comunes.

    Sin embargo, el salto cualitativo más significativo ocurre en la coyuntura que usted señala: el período pre y post 3 de enero. En esta fase, la guerra cognitiva ya no se limita a informar tendenciosamente o a manipular la opinión pública, sino que busca reconfigurar las subjetividades mismas de los pueblos, alterando su percepción de la realidad, su memoria histórica y su capacidad de agencia política. Se trata de una guerra que opera en el plano de lo que Gramsci llamó la hegemonía: la disputa no es solo por el gobierno, sino por la dirección intelectual y moral de la sociedad (Hesketh, 2019) [5].

    En el caso venezolano, esta mutación se expresó en la estrategia de doble poder implementada a partir de enero de 2019, cuando Juan Guaidó se autoproclamó «presidente interino» con el respaldo inmediato de Estados Unidos y sus aliados. Como señala Buxton (2019) [6], la estrategia de la oposición venezolana estuvo marcada por errores de cálculo y por una dependencia excesiva del respaldo internacional, lo que revela que la guerra cognitiva no puede suplir indefinidamente la falta de arraigo social y de correlación de fuerzas favorable en el terreno material.

    El secuestro del derecho internacional y la ruptura del orden jurídico

    El desconocimiento de los principios más elementales del derecho internacional —la soberanía, la autodeterminación de los pueblos, la no intervención— constituye la base jurídico-política sobre la cual se despliega la guerra cognitiva contra Venezuela. La estrategia de reconocimiento selectivo de gobiernos, analizada por López-Rodríguez (2021) [7] a través del caso venezolano, revela cómo las potencias imperialistas instrumentalizan el derecho internacional para legitimar injerencias: más de cincuenta países reconocieron a Guaidó como presidente legítimo, a pesar de que Maduro ejercía el control efectivo del territorio, de las instituciones y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).

    Esta fractura del orden jurídico internacional tiene consecuencias profundas sobre las subjetividades. Cuando el derecho se convierte en un arma de guerra, la percepción de lo legítimo y lo ilegítimo se desestabiliza. Sectores enteros de las clases medias venezolanas —formadas en la idea de que «Occidente» representa la legalidad y la democracia— experimentaron una ruptura cognitiva al ver que sus referentes tradicionales de autoridad moral avalaban una ficción jurídica: la de un «presidente» sin control territorial, sin ejército y sin capacidad de gobernar. Para las clases populares, en cambio, la defensa de la soberanía se convirtió en una experiencia de reafirmación identitaria, en la medida en que la agresión externa operó como catalizador de una conciencia nacional y antiimperialista.

    Las sanciones económicas unilaterales impuestas por Estados Unidos —que, como documenta Mooney (2021) [8], fueron tan severas que la propia relatora especial de Naciones Unidas sugirió que podrían constituir crímenes de lesa humanidad— operan no solo como mecanismo de asfixia económica, sino como dispositivo de guerra cognitiva. Al bombardear a la población venezolana con la narrativa de que «las sanciones no afectan al pueblo sino al gobierno», y al mismo tiempo generar escasez inducida e hiperinflación, se produce una disociación esquizofrénica en la conciencia popular: se vive la catástrofe económica mientras se niega su causa real.

    Efectos sobre las subjetividades de clase

    El materialismo histórico nos enseña que la conciencia de clase no es un reflejo mecánico de la posición en las relaciones de producción, sino una construcción política y cultural mediada por la lucha ideológica. En este sentido, la guerra cognitiva opera directamente sobre lo que Lukács denominó la conciencia de clase psicológica (la percepción inmediata que los individuos tienen de su situación) para impedir el desarrollo de la conciencia de clase atribuida (la comprensión de los intereses históricos objetivos de su clase) (Melo, 2018) [9].

    En Venezuela, el efecto ha sido paradójico y contradictorio. Por un lado, la guerra cognitiva ha profundizado la polarización de clase que ya caracterizaba la sociedad venezolana desde la llegada de Chávez al poder. Como documentan Hawkins et al. (2018) [10], la polarización en Venezuela no fue simplemente política, sino que expresó la división de la clase en la sociedad venezolana: el chavismo aglutinó a los sectores populares y a las clases medias empobrecidas, mientras que la oposición concentró a las élites económicas, a las clases medias altas y a los sectores profesionales formados bajo el paradigma neoliberal. La guerra cognitiva intensificó esta división de las clases al naturalizar las diferencias de clase como diferencias morales e identitarias: el chavista era presentado como «ignorante», «populista» o «violento», mientras que el opositor era retratado como «ciudadano», «demócrata» o «profesional».

    En América Latina, la guerra cognitiva ha producido un efecto de archaización de la conciencia política*,  como lo denominan Morozov y Erofeev (2017) [11] en su análisis de las guerras híbridas. Este concepto se refiere al retorno de mitologías políticas arcaicas —el «enemigo interno», la «conspiración comunista», la «amenaza a la civilización occidental»— que reemplazan el análisis racional de las contradicciones sociales por una lógica amigo-enemigo despolitizadas. En Brasil, la elección de Bolsonaro fue un caso paradigmático: el uso de WhatsApp como arma de propaganda masiva —analizado por Luz y Miller (2020) [12]— permitió construir una realidad paralela donde la amenaza del «comunismo» justificaba cualquier atrocidad. La guerra cognitiva, en este sentido, produce una involución de la subjetividad política: en lugar de la conciencia crítica que debiera emerger de la experiencia material de la explotación, se implanta una conciencia mistificada que identifica como enemigos a otros explotados o a proyectos emancipatorios.

    La dimensión geopolítica y los pueblos: imperialismo y guerra vicaria

    La guerra cognitiva no puede entenderse al margen de la reconfiguración geopolítica global. La tesis de la «guerra vicaria» —desarrollada por Waldman (2021) [1] y retomada por otros analistas (Krieg y Rickli, 2018) [13]— sostiene que Estados Unidos ha optado por delegar en actores proxies la realización de sus guerras, manteniendo su propia fuerza militar en la sombra, operando desde las sombras (operaciones encubiertas, fuerzas especiales, drones, guerra cibernética), mientras transfiere los costos humanos y políticos a otros.

    En el contexto latinoamericano, esta guerra vicaria asume la forma de una agresión multidimensional que combina sanciones económicas, manipulación mediática, financiamiento de oposiciones, reconocimiento selectivo de gobiernos y guerra cognitiva digital. El objetivo es producir un colapso inducido que justifique la intervención humanitaria o el cambio de régimen. Como señalan Main y Dangl (2019) [14], el caso venezolano representa un momento crítico para desafiar la intervención imperialista en la región: lo que está en juego no es solo un país, sino la posibilidad de que exista un proyecto soberano, independiente y antiimperialista en el hemisferio.

    Para los pueblos de América Latina, la guerra cognitiva produce una subjetividad escindida. Por un lado, las clases populares que han sido protagonistas de procesos emancipatorios —el bolivarianismo en Venezuela, el evismo en Bolivia, el correísmo en Ecuador, el lulismo en Brasil— desarrollan una conciencia defensiva, una subjetividad de resistencia que se fortalece frente a la agresión externa pero que corre el riesgo de cristalizarse en una postura reactiva que dificulta la autocrítica y la renovación. Por otro lado, las clases medias y altas que se identifican con el discurso hegemónico occidental experimentan una subjetividad de resentimiento: al ver bloqueadas sus expectativas de consumo y movilidad social por la crisis económica —crisis que la guerra cognitiva les presenta como resultado de la «incompetencia» o «corrupción» del gobierno popular, y no como efecto de las sanciones y la guerra económica—, estas clases se vuelcan hacia posiciones políticas cada vez más radicalizadas, llegando a justificar la intervención extranjera.

    A escala global, la guerra cognitiva produce un efecto aún más inquietante: la disolución del principio de realidad. En un mundo donde cada hecho puede ser negado, cada verdad puede ser disputada y cada narrativa puede ser fabricada, la posibilidad misma del conocimiento objetivo —condición de posibilidad de cualquier política emancipatoria— se ve socavada. La guerra cognitiva no busca convencer, sino confundir; no busca ganar adeptos, sino neutralizar la capacidad de juicio. Es, en este sentido, una guerra contra la razón histórica misma.

    Para cerrar en tono dialéctico

    Entre la determinación estructural y la agencia histórica

    Desde una perspectiva dialéctica, la guerra cognitiva no es un destino ineluctable ni una fuerza todopoderosa. Como toda forma de lucha de clases, encuentra sus límites en las condiciones materiales y en la praxis de los sujetos históricos. El fracaso del intento de derrocar a Maduro en 2019 —a pesar de la maquinaria cognitiva global desplegada a su favor— demuestra que la guerra cognitiva, por sí sola, no puede suplir la ausencia de una base social sólida ni la falta de una correlación de fuerzas favorable en el terreno material (Buxton, 2019) [6].

    La guerra cognitiva ha mutado y se ha sofisticado, pero la contradicción fundamental que recorre la historia latinoamericana —la que enfrenta a los proyectos de soberanía popular con los intereses del imperialismo y sus aliados locales— permanece intacta. Lo que ha cambiado es el escenario donde esta contradicción se dirime: de los campos de batalla físicos, la guerra se ha trasladado a los territorios de la conciencia. Pero la conciencia, como nos enseñó Marx, no es una esfera autónoma de la realidad: es expresión y reflejo —activo, no pasivo— de las condiciones materiales de existencia.

    El mayor peligro de la guerra cognitiva no reside en su capacidad de engañar, sino en su capacidad de desmovilizar, de producir una subjetividad fatalista que acepte la realidad presente como inmutable. Frente a ello, la tarea del pensamiento crítico —y de la praxis política que le corresponde— es restituir el vínculo entre la experiencia vivida y la comprensión de la totalidad social, entre el sufrimiento cotidiano y sus causas estructurales, entre la memoria histórica de las luchas pasadas y la posibilidad de un futuro emancipado.

    Como sostienen Petras y Veltmeyer (2018) [15] en su análisis de la lucha de clases en América Latina, cada avance del capital en la región ha generado una respuesta correspondiente de las clases trabajadoras y populares. La guerra cognitiva es el más reciente capítulo de esta dialéctica de dominación y resistencia. La pregunta que se abre ante nosotros —pueblos de Venezuela, de América Latina y del mundo— es si seremos capaces de desarrollar las formas organizativas, las subjetividades y las conciencias que nos permitan no solo resistir, sino vencer en este nuevo terreno de batalla.

    Referencias

    [1] Waldman, T. (2021). Vicarious Warfare: The Counterproductive Consequences of Modern American Military Practice. Contemporary Security Policy, 38(3), 409-431. https://doi.org/10.1080/13523260.2017.1393201

    [2] Tan, A., & Perlmutter, D. (2006). The more you know, the less you understand: The problem with information warfare. Journal of Strategic Studies, 29(3), 497-521. https://doi.org/10.1080/01402390600765900

    [3] Cañizález, A. (2003). Breaking Democracy: Venezuela’s Media Coup. Media International Australia, 108(1), 75-85. https://doi.org/10.1177/1329878×0310800114

    [4] Forelle, M., Howard, P., Monroy-Hernández, A., & Savage, S. (2015). Political Bots and the Manipulation of Public Opinion in Venezuela. SSRN Electronic Journal. https://doi.org/10.2139/ssrn.2635800

    [5] Hesketh, C. (2019). A Gramscian Conjuncture in Latin America? Reflections on Violence, Hegemony, and Geographical Difference. Antipode, 51(4), 1179-1199. https://doi.org/10.1111/anti.12559

    [6] Buxton, J. (2019). The Missteps of Venezuela’s Opposition—Again. NACLA Report on the Americas, 51(2), 125-130. https://doi.org/10.1080/10714839.2019.1617472

    [7] López-Rodríguez, A. M. (2021). Legal Consequences of and Approaches to the Question of Recognition of a Government of a State: Disputes involving Venezuela. ICSID Review – Foreign Investment Law Journal, 36(3), 491-514. https://doi.org/10.1093/icsidreview/siab022

    [8] Mooney, J. (2021). Economic Sanctions, International Law, and Crimes Against Humanity: Venezuela’s Referral to the International Criminal Court. American Journal of International Law, 115(2), 305-312. https://doi.org/10.1017/ajil.2021.20

    [9] Melo, B. P. (2018). To Be or Not to Be, That Is the Question?—Fragments of Marxist Theory on the Movements of Class Consciousness. International Critical Thought, 8(1), 102-118. https://doi.org/10.1080/21598282.2018.1430602

    [10] Hawkins, K., Rovira Kaltwasser, C., & Andreadis, I. (2018). Polarization, Participatory Democracy, and Democratic Erosion in Venezuela’s Twenty-First Century Socialism. The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science, 681(1), 62-79. https://doi.org/10.1177/0002716218817733

    [11] Morozov, E., & Erofeev, S. (2017). Hybrid wars: the archaization of political consciousness and involution of media. Russian Journal of Communication, 9(1), 62-76. https://doi.org/10.1080/19409419.2017.1323177

    [12] Luz, N., & Miller, E. (2020). Minimal Effects, Maximum Panic: Social Media and Democracy in Latin America. Social Media + Society, 6(4), 1-12. https://doi.org/10.1177/2056305120984452

    [13] Krieg, A., & Rickli, J.-M. (2018). Surrogate warfare: the art of war in the 21st century? Defence Studies, 18(2), 159-186. https://doi.org/10.1080/14702436.2018.1429218

    [14] Main, A., & Dangl, B. (2019). Venezuela: A Critical Moment to Challenge Intervention. Socialism and Democracy, 33(2), 118-125. https://doi.org/10.1080/08854300.2019.1638184

    [15] Petras, J., & Veltmeyer, H. (2018). Class Struggle Back on the Agenda in Latin America. Journal of Developing Societies, 34(1), 1-23. https://doi.org/10.1177/0169796×17753000

    [16] Youngers, C. (2000). Cocaine Madness Counternarcotics and Militarization in the Andes. NACLA Report on the Americas, 34(3), 16-23. https://doi.org/10.1080/10714839.2000.11722614

    [17] Morales, G. (2018). Comparative analysis of the emerging projects in Latin America after the crisis of the neoliberal modernity project in the early 21st century. Thesis Eleven, 149(1), 48-66. https://doi.org/10.1177/0725513618813382

    [18] Robinson, W. I. (2024). Downplaying U.S. Imperialism Despite its Ongoing Tenacity: The Latin American Dimension. Latin American Perspectives, 51(2), 3-22. https://doi.org/10.1177/0094582×241256896

    Nota al pie

    * La archaización de la conciencia política, es un fenómeno contemporáneo en el que los discursos, comportamientos y estructuras mentales de la política moderna retroceden hacia formas más primitivas, emocionales o tribales. Este proceso implica abandonar el debate racional y la complejidad democrática en favor de la dinámica basadas en la división, la identidad grupal y líderes. Se puede reconocer en este fenómeno características y formas de expresión que evidencia culturas políticas populistas y emocionales, donde la conciencia política se deforma a alejarse de la comprensión estructural de los problemas y enfocarse en el odio, el rencor social y la división. As mismo, encontramos formas de tribalismo, como un retorno a la lógica de “amigo-enemigo”, donde la pertenencia al grupo es más importante que las propuestas políticas. Se expresa también el liderazgo paternalista, que muestra la reaparición de figuras de autoridad vistas como “pastores del pueblo”, un concepto arcaico descrito por plato donde el líder asume un rol educador o paternalista sobre la ciudadanía. Por último, podemos encontrar la desinformación como herramienta, creando un contexto que permite que la desinformación alimente este retroceso, afectando la toma de decisiones razonables.

    Este fenómeno se ve alimentado por la lucha por recursos, la polarización y la arremetida de intereses económicos. En lugar de una conciencia política basada en la ciudadanía moderna, se promueve una que busca “salvadores” o respuestas simples a crisis complejas. La archaización busca concentrar el poder en figuras que apelan a pasiones primarias, eliminado la racionalidad. Es un retroceso hacia formas autoritarias o tribales de entender el poder, impulsando por la polarización y la manipulación emocional, mientras la conciencia política sana busca transformar las relaciones de poder de manera horizontal y colectiva.

    + Ingeniero y magíster en Historia egresado de la UCV. Actualmente, doctorante en Creación Intelectual (UNESR). Decano Honorario de la Universidad Iberoamericana. Profesor Honorario de la Universidad Politécnica Territorial Alonso Gamero. Diplomático. Director del Centro de Investigación Contrahegemónica Luis Acuña de LAUICOM, investigador de la línea guerra cognitiva en LAUICOM.  Coordinador de la Red Internacional de Investigación Antifascista. / pedropenso@gmail.com

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    Guerra total, control de la conducta y pueblo creador

    Prof. Julio C Valdez,

    Profesor e Investigador

    Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM).

    Claves de este ensayo:

    • Tesis Central: El fracaso del conductismo y la guerra híbrida frente a la imprevisibilidad del comportamiento colectivo venezolano.
    • Ejes Temáticos: Guerra total e interdimensional, control de la conducta (Skinner/Bolonia), Pueblo Creador (Soberanía cognitiva) y Proyecto Identitario Transformador.
    • Contexto Histórico: Análisis de la agresión contra Venezuela iniciada el 03 de enero de 2026.

    La película El huevo de la serpiente (Ingmar Bergman, 1977) plantea la posibilidad de un control absoluto del comportamiento humano. Supone el encuentro entre las autoridades del régimen nazi con científicos dedicados a experimentar sobre cómo condicionar al ser humano para lograr una obediencia absoluta… No obstante, esa intención no es nada nueva en el mundo; las guerras lo atestiguan: se trata de dominar, controlar, al “otro”, al enemigo, al rival…

    La misma ciencia se ha prestado para proponer caminos que van en esta dirección. La psicología conductista (B. F. Skinner dixit) establece que, a través de un sistema de reforzadores (castigos o recompensas), es factible controlar, y por lo tanto predecir, el comportamiento humano. Y ello se implantó en el trabajo, en el ejército y en el sistema educativo. Al respecto, recordamos que maestros y maestras, a finales de los 80, debían atender en su trabajo a los llamados “objetivos conductuales”, a los diseños instruccionales, etc… El plan Bolonia, en las universidades europeas, desde finales de los 90, programa a las personas para resolver problemas en ámbitos laborales bien localizados,  a través del desarrollo de determinadas competencias. 

    El propósito central de una confrontación bélica es someter al enemigo, neutralizarlo y hacer que se comporte como los atacantes quieran.

    Pero nos interesa ahora hablar de la guerra como propiciadora del control de la conducta humana. Es decir, en el fondo es el propósito central de una confrontación bélica: someter al enemigo, neutralizarlo, hacer que se comporte como los atacantes quieran que se comporte: indefenso, dócil, obediente. Y esto hace que la guerra deba ser simultáneamente un asunto militar, económico, psicológico, social y también cultural. Por ello se habla de guerra híbrida, guerra total…

    Por ejemplo, el brutal ataque sufrido por Venezuela a partir del 03 de enero de 2026, pretendía someter a gobernantes y pueblo, bajo algunos supuestos básicos: 1) dependencia del líder, 2) el país está a punto de estallar por graves descontentos en diversos órdenes, 3) El gobierno está lleno de facciones enfrentadas entre sí. De ser ciertos estos supuestos, el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y de la primera combatiente, diputada Cilia Flores, debía generar en el país una situación de revueltas, fuego y sangre, algo similar a una guerra civil, y una secuencia de intentos de golpes de estado que agravarían la crisis. Ante este caos terrible, cualquier gobierno poderoso pudiera llegar para implantar un nuevo estado de orden en el país.

    Sólo que el comportamiento humano, en este caso colectivo, nacional, es imprevisible. La misma ciencia, ante un universo hipercomplejo, señala la imposibilidad de hacer predicciones lineales (Física Cuántica, Estructuras Disipativas, Pensamiento Complejo, Teoría del Caos), por lo que las mismas ciencias físicas son probabilísticas…  Así, también los cálculos de los atacantes resultaron erróneos: se mantiene el gobierno venezolano, con Delcy Rodríguez al frente; predomina la paz en la nación; no se han dividido ni el partido del gobierno ni los movimientos que le apoyan. El pueblo sigue en sus actividades, en su diario trajinar. 

    Ante un universo hipercomplejo, los cálculos de los atacantes resultaron erróneos: el comportamiento colectivo nacional es imprevisible.

    Y es que el pueblo venezolano, desde hace rato, viene, desarrollando un proceso de aprendizaje profundo. Es un pueblo que ha venido sobreviviendo a las medidas coercitivas unilaterales (MCU), mal llamadas sanciones, que restringen grandemente la posibilidad de que nuestro país realice intercambios y transacciones económicas y financieras con otros países, en el marco legal y de acuerdos internacionales vigentes. Ello ha traído a la nación momentos de precariedad, de limitaciones para tener acceso a los bienes básicos. Y sumado a este evento, Venezuela ha sobrevivido a la pandemia del Covid 19, de un modo eficiente, gracias a las medidas implementadas en su momento por el presidente Nicolás Maduro.

    Este pueblo venezolano ha venido recreando y aprendiendo múltiples modos y metódicas para resolver los problemas fundamentales de alimentación, salud, convivencia. Ha desplegado, por ejemplo, procesos de entreayuda (al decir de Simón Rodríguez), desde lo familiar y vecinal, incluso entre compañeras y compañeros de trabajo; ha revitalizado prácticas ancestrales, como el trueque; la siembra urbana; huertos caseros y comunitarios; ollas comunitarias; economía del gasto; subconsumo de algunos aspectos; nuevas prácticas gastronómicas; entre otras.

    Si bien son procesos para lograr las condiciones básicas para el vivir, nos han ayudado como pueblo a mantenernos a flote ante el acoso de la guerra económica, política y comunicacional. Así, ha fallado el intento de control de las potencias imperiales, en su pretensión de llevarnos a la derrota histórica, a la desesperanza inducida, a las divisiones hirientes. Hemos roto las estrategias que han pretendido controlarnos mediante el miedo vestigial (amenaza, hambre, aislamiento), y nos seguimos constituyendo como sociedad.

    Hemos roto las estrategias que pretendían controlarnos mediante el miedo vestigial: amenaza, hambre y aislamiento.

    No obstante, aún tenemos caminos por transitar. Hemos referido diversos modos mediante los cuales, nosotras y nosotros, como pueblo, hemos preservado la vida, cómo luchamos por la salud y por los insumos necesarios para seguir andando. Pero, por la premura, lo hemos venido haciendo de manera aislada, particular, en pequeños círculos de familiares y amistades. Y es momento propicio para seguir profundizando en un proceso social que nos convoque, que nos dé sentido de unidad, más allá de los movimientos, los movimientos y organizaciones sociales, e incluso de los partidos políticos. Nos espera la continuidad de un proyecto histórico que fortalezca nuestra identidad nacional y continental, que apunte a una transformación radical progresiva, en paz, en diálogo pleno. De ese modo, la diversidad de formas y estrategias de vida que hemos venido construyendo, pueden apuntar a un sentido más amplio, incluyente, cargado de sentido histórico.

    Ejes temáticos:

    • Guerra total, híbrida, interdimensional: económica, política, social, cultural, comunicacional.
    • Control de la conducta: estrategias de los hacedores de guerras para inducir tipos de comportamientos en los enemigos o rivales.
    • Pueblo creador: comportamiento colectivo, diverso, multiestratégico,  para garantizar lo necesario para sustentar la vida y la sociedad.
    • Proyecto identitario transformador: Construcción colectiva (nacional) que fundamente un proyecto de sociedad colaborativa, topárquica, equitativa, con reciprocidad.

    Vínculos con otros artículos:

    https://lauicom.edu.ve/venezuela-libre/  Venezuela libre, por: Carolina Escarrá.

     https://lauicom.edu.ve/sur-global-versus-la-gran-america-del-norte/  Sur global vs. La gran América del Norte. Por: Isabel Rivero D’ Armas.

    https://lauicom.edu.ve/propaganda-digital-guerra-cognitiva-y-la-emergencia-de-la-soberania-en-la-revolucion-bolivariana/  Propaganda digital, guerra cognitiva y la emergencia de la soberanía en la revolución bolivariana. Por: Pedro Penso. 

    Peregrinación, la ruta a la paz

    Peregrinación

    Por Carolina Escarrá Gil*

    El 19 de abril inició la gran peregrinación “Unidos por una Venezuela sin sanciones y en paz”, anunciada por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien hizo un llamado a “todos los sectores políticos a dejar de lado las diferencias” y “luchar en conjunto para que cese el bloqueo y cesen las sanciones a nuestro país”, además de que continúa impulsándose la cohesión social y el reclamo por justicia en el caso de nuestro presidente Nicolás Maduro, prisionero de guerra secuestrado, así como de la primera Dama y diputada Cilia Flores, también secuestrada por el gobierno de los EE. UU.

    La peregrinación inició con Zulia, Amazonas y Táchira. En Táchira, en el marco de la peregrinación, sectores productivos y sociales firmaron el “Acuerdo de Convivencia y Paz por la Eliminación de los Bloqueos y la Recuperación Económica de Venezuela”, el cual fue refrendado por representantes de la banca, empresarios, ganaderos, sector médico, universitario, deportistas y emprendedores, y fue entregado al gobernador Freddy Bernal y al ministro Diosdado Cabello. En Cojedes, en presencia de la Presidenta encargada, el gobernador opositor Alberto Galíndez, se unió a la peregrinación, indicando que el levantamiento de las medidas coercitivas unilaterales, y el acceso a nuestros recursos congelados en el extranjero, “pueda convertirse en mejoras en las condiciones de vida de los venezolanos” y en “mejores salarios para nuestro pueblo”. Así han seguido las peregrinaciones en otros estados del país.

    Algunos elementos a precisar:

    Por un lado, el hecho de que el inicio haya sido el 19 de abril, justo el día en que se celebra nuestro grito de independencia hace 226 años, del yugo del imperio de turno. Esto no solo refuerza el valor histórico de la fecha, sino que también refuerza un elemento identitario y soberano. 

    Por otro lado, no es una marcha con consignas políticas, orientada por un partido con una ideología. Se trata de una peregrinación con sentido espiritual, de fe, de esperanza, en el marco de un reclamo de justicia social, ante esas medidas coercitivas unilaterales. Medidas  que no solo han afectado enormemente nuestra economía, sino también nos han afectado en lo social, en lo jurídico, en lo espiritual, y en el marco de nuestra resistencia contrahegemónica a la superestructura dominante que pretende ser hegemónica.

    Un recorrido por lo  largo y ancho del país, para sumar voluntades en esta lucha contra las medidas coercitivas unilaterales, pero también a favor de una prosperidad que nos pertenece, porque “Venezuela vuela libre”.  Además, la peregrinación cuenta con el apoyo del presidente Nicolás Maduro y la Primera Dama, Cilia Flores, quienes se expresaron a través de las redes sociales, recalcando las ideas de unidad, libertad y unión superior del pueblo venezolano en el marco de esta peregrinación.

    Venezuela Vuela Libre

    Un elemento fundamental es nuestro derecho a estar libre de la coacción económica que ejercen EE. UU., la UE, Panamá, Reino Unido, Suiza y Canadá, los cuales han impuesto esas medias ilegales a nivel internacional, ya que no cuentan con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU, y dependen en gran medida de una visión de supremacismo de parte de las élites que gobiernan esos países.

    Se trata de medidas que afectan a algunas figuras políticas que se encuentran en la lista de nacionales especialmente designados de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (Ofac) del Departamento del Tesoro de los EE. UU., pero también de medidas que afectan instituciones que permean la “sanción” contra todo el pueblo venezolano, cuando impiden el acceso a recursos que nos pertenecen a todas y todos los venezolanos y que pueden servir para aliviar algunos problemas sociales, especialmente vinculados a los servicios públicos y a la calidad de vida en el buen vivir de nuestro pueblo, que nos permitan lograr la máxima esgrimida por el Libertador en Angostura en relación al gobierno más perfecto: aquel que produzca la mayor suma de estabilidad política, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de felicidad posible para nuestro pueblo.

    Algunos datos

    De acuerdo con la página web del Observatorio Venezolano Antibloqueo, tenemos 1088 medidas coercitivas unilaterales, aunque la presidenta encargada habla de 1081; 31 toneladas de oro congeladas en el Banco de Inglaterra, además de más de 7 mil millones de dólares en otros bancos extranjeros. Llegamos a perder el 99 % del ingreso por concepto de hidrocarburos y aún así en lugar de disminuir, aumentó la inversión social de nuestro presupuesto en términos porcentuales.

    En 2013 teníamos un ingreso petrolero de 53 mil millones de dólares, que en el año 2020, se ubicó en apenas 742 millones de dólares. En 2015 se producían 2,4 millones de barriles diarios, lo que bajó a apenas 400 mil barriles diarios en 2020, aunque hemos remontado a poco más de 1 millón en los momentos actuales. Hemos perdido activos importantes como Citgo que ha sido subastado por un tribunal, aunque gracias a una “licencia” del gobierno estadounidense, no se puede ejecutar hasta el 5 de mayo. 

    Todo ello, con el contubernio de grupos no solo extremistas sino apátridas que mal administraron esos recursos que le fueron secuestrados al pueblo de Venezuela y entregados a esos pseudo líderes que aún hoy, abogan por más medidas coercitivas unilaterales.

    Licencias no levantan “sanciones”

    Además, eso nos lleva al tema de la diferencia entre las medidas coercitivas unilaterales, llamadas sanciones, por ellos, y las licencias que otorgan como migajas que pueden recoger cuando quieran para seguir presionando y afectando nuestra economía y buen vivir, licencias que cuentan con algunas limitaciones, especialmente temporales y algunas veces espaciales, pudiendo ser la mayoría de ellas modificadas según lo considere pertinente la secretaría de Estado estadounidense, que dirige actualmente Marco Rubio.

    Además, me parece interesante que nosotros que abogamos por definirlas como medidas coercitivas unilaterales, ahora las llamemos sanciones, por lo cual considero que debe tener de trasfondo el hecho de que se trata de un factor de unificación, como los cinco consensos planteados por el presidente Maduro en 2024, pero que el mensaje es más para los estadounidenses que para nosotros mismos. 

    En todo caso, el inicio de la campaña estuvo acompañado por mucho pueblo como lo señaló la presidenta encargada Delcy Rodríguez, quien destacó que la gente “se volcó, de verdad, a las calles en oración, en canto, en conversación”, y sobre todo en unidad nacional, para exigir se eliminen las medidas coercitivas unilaterales, como condición para la mejora del entorno económico y social del país, pues contrario a lo que se ha dicho en ciertos medios de in-comunicación, no afectan solo a particulares, sino a todo el pueblo venezolano.

    * Investigadora y docente universitaria desde el año 2007, doctora en Pedagogía Crítica de la UNESR, magíster en Ciencias Políticas en la Sorbona, y en Diplomacia y Negociación Estratégica en la Universidad de Sceaux, miembro del Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual de LAUICOM y de la Red Internacional de Investigadores Antifascistas, articulista semanal en Correo del Orinoco desde 2012 / cescarragil@gmail.com.

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    Develando los símbolos y misterios encriptados en los mensajes del presidente Maduro en X

    Por Prof. José Garcés.
    Vicerrectorado de Investigación.
    LAUICOM


    El Presidente Maduro ha publicado una serie de interesantísimos mensajes en su cuenta de X que darán mucho qué hablar.  Estos mensajes son de una profundidad arrolladora y sospecho que la mayoría de gente todavía no lo nota.

    Es muy importante señalar que en este ensayo argumentativo no pretendemos dar cabida a la conspiranoia ni tratar de escudriñar secretos encerrados en símbolos y misterios, tipo «Código Da Vinci», pero es asombroso comprobar que la realidad siempre supera la imaginación.

    La costumbre en las sociedades filosóficas secretas y en muchas religiones es ocultar los misterios, pero la manera de ocultarlos es dejándolos a la vista de todos. Y el lector se preguntará ¿Cómo puede ocultarse algo dejándolo a plena vista? Justo por la tendencia que tiene el ser humano de no ver las cosas que tiene frente a sus ojos. El gran psicólogo Fritz Pearls escribió; «La gran dificultad del ser humano es la dificultad de ver lo OBVIO». Es como aquel cuento de Allan Poe titulado «La carta robada», en el que todos buscaban una carta comprometedora que estaba justo encima de la mesa.  Todos buscaban por los rincones y por supuestos lugares secretos, y a nadie se le ocurrió ver qué había encima de la mesa, a la vista de todos. Por eso Picasso advertía: «Hay que mirar, mirar, mirar, hasta poder ver», ya que tenemos esa tendencia a no darnos cuenta a la primera vista y por eso tenemos que detenernos a mirar. Justo por eso un gran maestro terminaba sus monumentales conferencias diciendo: «Miren bien lo que hay en la punta de sus tenedores».

    Si cuando van a misa, ustedes se detienen a observar, el  decorado de la mesa ceremonial, se van a dar cuenta de la presencia de cientos de signos y símbolos que rodean el misterio de la misa cristiana. Ahí hay símbolos de muerte y resurrección, de amor, de entrega y sacrificio, de unión, de alimentar el cuerpo y el alma, de trascendencia de la materia hacia lo espiritual que hace que cada misa sea una experiencia transformacional, pero todo eso ocurre ante nuestras narices y no nos damos cuenta.  Hoy quiero iniciar con el estudio de los mensajes del presidente, con el que les quiero invitar a mirar, mirar, mirar, hasta poder ver.  Pues bien, teniendo en cuenta lo anterior, comencemos con los análisis.

    El presidente Maduro ha elegido publicar tres mensajes señalando explícitamente tres palabras en un orden específico. Llama la atención que ha sido muy claro en ese orden y por eso suponemos que se trata de una ruta.

    Y esta ruta comienza con una primera palabra, y esa palabra es UNIÓN. Para explicar la unión se apoya en la metáfora de Pablo de Tarso. Es sabido que en la biblia hay muchísimas referencias a la unión, muchas de estas referencias las hace el mismo Jesús. Ahora cabe la pregunta: ¿Por qué el presidente Maduro elige justamente una cita de Pablo y no una de Jesús? Sabido es también que el Maestro es Jesús y Pablo un aprendiz, un apóstol. Sobre todo si recordamos las vicisitudes y contradicciones del propio Pablo.  Fue justamente Pablo, quien en la Carta a los romanos confesó: «Hago lo que no quiero, y lo que quiero no hago».  De manera que el Presidente Maduro está pidiendo unión, pero no a cualquier persona, está pidiendo unión a los confundidos, que como Pablo, salen de su confusión y se dan cuenta de que son «miembros de un solo cuerpo» y que «somos miembros los unos de los otros». Si se pide unión a los miembros de un equipo de fútbol, lo más probable es que se fortalezca la unión muy rápida y fácilmente, pero el presidente está rogando por la unión de los que todavía no saben que deben unirse y tienen grandes dudas para ello. Ellos todavía desconfían los unos de los otros y saben, en lo más profundo de si, que deben amar a su prójimo para consolidar la unión, pero «hago lo que no quiero y lo que quiero no hago».

    De manera que este primer paso de la ruta nos pide que salgamos en forma voluntaria de la confusión y que decididamente ofrezcamos al otro las condiciones para unirnos y reunirnos.  La confusión en nuestros días es inoculada a través de los grandes medios de comunicación y las RRSS. De manera que dejar un rato la pantalla, olvidar un tiempo los celulares y las redes y darle paso a que el otro ocupe nuestra mirada, y solo nuestra mirada, sin estereotiparlo, sin ponerle una etiqueta, sin prejuicios, sino SOLAMENTE mirar a un ser humano tal como es, sin ponerle ni quitarle. Sin demonizarlo porque lo veo en la acera de enfrente, ni santificarlo inmediatamente porque lo veo en mi misma acera.  ¡Eso es salir de la confusión!  Debemos recordar: «La realidad es solo lo que está y no lo que uno cree que está».  Salir de la confusión significa alejarnos de las predisposiciones y entrar en el dominio de lo real. Tal vez por eso Liv Ullman clamaba en  la película «Persona» de Igmar Bergman: «Hazme sentir real».  La gran mayoría de las personas con que nos topamos diariamente, para nosotros no son en realidad personas, son el depósito de nuestros miedos e inseguridades. Cuando «hacemos sentir real» al otro, lo incorporamos como algo distinto a las invenciones de nuestra mente.  Tal vez el resquemor que siente un opositor frente a un chavista (y viceversa) sea producto de una imaginación exagerada, por eso recordamos a Mark Twain: «Mi vida ha estado llena de grandes tragedias, la mayoría de ellas nunca sucedieron». Estoy absolutamente seguro de que, si pasamos revista muy honestamente a nuestros pesares, nos daremos cuenta de que la mayoría de las tragedias que me han causado los chavistas «nunca sucedieron».


    Ejes temáticos:

    • Análisis de Medios: Interpretación de los mensajes recientes en la cuenta de X del mandatario.
    • Concepto Central: La Unión Nacional como eje de la ruta política venezolana.
    • Referentes Académicos: Metáforas de Pablo de Tarso, simbología de Picasso y Mark Twain.
    • Comunicación Estratégica: Decodificación de lo «obvio» en el discurso público.

    Salir de la confusión y enfrentarse con la verdad verdadera, significa entrar en la realidad y salirnos del dominio de «la loca de la casa», que es como llamaba Santa Teresita de Jesús a la imaginación desbocada, significa comenzar a hacer lo que quiero y no hacer lo que no quiero. A estas alturas del partido podemos preguntar: ¿Quién va a querer odiar? Absolutamente nadie va a querer voluntariamente odiar, se odia porque algunos canallas infunden miedo y por ello trata uno de defenderse a través de la rabia, pero si «Todos somos miembros de un solo cuerpo». ¿De qué tenemos que defendernos?

    Por todo esto, el llamado a la unión es primeramente un llamado a salir de la confusión, por eso se elige a Pablo, de entre los muchos que pudo haber elegido el Presidente, y este solo es el primer paso.

    Para abordar los siguientes mensajes y tratar de escudriñar ¿Qué quiere decirnos el presidente Maduro? Vamos siempre a recordar a Picasso: «Hay que mirar, mirar, mirar, hasta poder ver «, y también vamos a recordar al insigne Maestro que decía: «Miren bien lo que hay en la punta de sus tenedores «.

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