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Venezuela. Con el Mazo Dando, la resistencia del cuero contra el talón de hierro imperialista

Por Geraldina Colotti. Resumen Latinoamericano 25 de abril 2026.

En un momento histórico en el que la agresión imperialista no da tregua y las complejidades de la transición económica bajo chantaje provocan estremecimientos en algunos de los componentes más radicales de la revolución, las palabras expresadas por Diosdado Cabello en la última emisión de Con el Mazo Dando asumen el peso de proponer una brújula necesaria para orientarse en la niebla de la guerra híbrida y de las noticias manipuladas por el enemigo.

Para quienes analizan las dinámicas venezolanas desde el exterior, es fundamental comprender qué es Con el Mazo Dando: no se trata de un simple talk show televisivo, sino del principal espacio de contraofensiva mediática y pedagogía política del chavismo, conducido semanalmente por el vicepresidente del PSUV.

Es un ágora televisiva en la que la dirección bolivariana habla directamente a las bases, desenmascara las maniobras de la oposición a través de las denuncias capilares de los “patriotas cooperantes” y analiza la geopolítica global con el lenguaje de la praxis revolucionaria y con ironía.

En la última emisión (el pasado miércoles), como siempre el análisis no se limitó a la crónica de los hechos, sino que fue una operación de verdad orientada a explicar cómo y por qué el chavismo está reorganizando sus fuerzas: en una fase que a algunos les parece un retroceso peligroso, pero que, en los hechos y sobre todo en la voluntad de los dirigentes bolivarianos, se entiende como una reorganización estratégica de las fuerzas populares.

La metáfora del cuero, que Cabello utilizó para indicar el temple del venezolano (“que si lo jalas por un lado se encoge por el otro”), no es un simple llamado a la resistencia pasiva o a la resignación. En la cultura profunda de la Venezuela rural, el cuero es un material orgánico que debe ser tratado y golpeado para servir, y que bajo los golpes no se rompe, sino que se hace más grueso.

Cabello trasladó esta dureza al cuerpo político del país: las sanciones y las agresiones imperialistas han actuado como golpes que, en lugar de destruir el material humano de la revolución, lo han hecho más aguerrido. Para los sindicatos, para los cuadros de la Central Socialista Bolivariana de Trabajadores y para la base revolucionaria que vive el trauma cotidiano del bloqueo, esta imagen significa que el sufrimiento de estos años no ha sido en vano, que la agresión del 3 de enero no anuló el coraje de un pueblo, sino que forjó un nuevo tipo de subjetividad política, capaz de superar también esta ardua prueba tras el secuestro del presidente y de la “primera combatiente”.

Mientras el sistema financiero occidental muestra toda su fragilidad estructural, derrumbándose bajo el peso de deudas abstractas y burbujas especulativas, la piel de la revolución se ha endurecido a través del sacrificio. Esta dureza es la premisa indispensable para el lanzamiento de la nueva campaña nacional “Venezuela Vuela Libre”, una iniciativa que va más allá de la simple propaganda y se plantea el objetivo de reconquistar la soberanía plena y la cohesión política, demostrando que Venezuela no solo resiste, sino que está lista para retomar el vuelo con sus propias fuerzas, rompiendo las cadenas del chantaje impuesto por Washington.

El discurso de Cabello fue particularmente técnico y detallado para responder directamente a esa parte de la base revolucionaria que, con honestidad militante pero también sin proponer alternativas, teme que las necesidades del pragmatismo económico puedan abrir la puerta a un retorno del neoliberalismo. La respuesta fue contundente, especialmente respecto al caso de los Derechos Especiales de Giro (DEG) ante el Fondo Monetario Internacional. Es un punto – dice Cabello – que los militantes internos y los solidarios internacionales deben comprender bien: estamos hablando de cerca de 5.000 millones de dólares que el FMI mantiene congelados por las presiones políticas estadounidenses.

Cabello aclaró con extrema firmeza que estos fondos no son un préstamo. No hay ninguna negociación para una deuda condicionada que implicaría recortes en el gasto social o privatizaciones, como ocurre trágicamente en Argentina bajo el yugo de los dictados del Fondo. Se trata de recursos que corresponden por derecho a Venezuela y que han sido secuestrados ilegalmente. Y que deben ser recuperados. El ejemplo utilizado por el capitán fue fulgurante en su sencillez: es como si el banco te bloqueara el sueldo que ya has ganado en tu cuenta corriente y luego alguien te acusara de ser un capitalista porque intentas retirarlo para las necesidades de tu familia.

Esta recuperación de recursos es un acto de justicia soberana, funcional al mantenimiento de los servicios públicos esenciales. Cabello dio ejemplos directos que tocan la vida del barrio, ya ilustrados por la presidenta encargada: ese dinero sirve para adquirir transformadores eléctricos, repuestos para las tuberías de agua y medicamentos de alta tecnología que el bloqueo impide importar regularmente. Es la demostración de que el pragmatismo financiero del gobierno bolivariano está enteramente al servicio de la vida cotidiana y de la protección del pueblo, no del lucro de unos pocos.

En este marco de contraofensiva diplomática se inserta el encuentro crucial ocurrido precisamente hoy entre la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y el presidente colombiano Gustavo Petro. Este diálogo marca un hito fundamental en la consolidación del eje andino y representa el fracaso de la estrategia de aislamiento intentada durante años por los gobiernos reaccionarios de Bogotá bajo la dirección del Departamento de Estado. El encuentro entre Rodríguez y Petro no solo trata de la necesaria normalización de las relaciones comerciales transfronterizas, sino que toca temas de seguridad energética regional y protección de la Amazonía.

Es la puesta en práctica de una visión multipolar que desafía la dictadura del dólar y las “tutelajes” impuestos, y propone una integración basada en la complementariedad productiva. Mientras el imperialismo intenta erigir muros, la Venezuela y la Colombia de Petro dialogan para construir puentes, demostrando que la estabilidad de la región pasa por el reconocimiento de la legitimidad del gobierno bolivariano y por la cooperación entre naciones hermanas. Esta es la verdadera naturaleza de la retirada estratégica: cerrar las brechas abiertas por la agresión para luego avanzar en un terreno diplomático y comercial más amplio y seguro, y sin derogar a los principios, dijo Diosdado.

La batalla, sin embargo, no solo se juega en las mesas de la diplomacia, sino también en el plano de la percepción cognitiva. Cabello analizó lúcidamente cómo la oposición extremista utiliza las redes sociales para conducir una guerra de sexta generación, orientada a producir un trauma colectivo y una sensación de derrota inminente. A través del uso masivo de cuentas automatizadas, los llamados bots, e influencers generosamente pagados por el imperialismo, se construye una narrativa de caos, hambruna y guerra civil que no encuentra eco en la realidad de las calles venezolanas.

El programa mostró videos de plazas llenas y de una normalidad laboriosa, evidenciando la discrepancia total entre la situación de caos y crisis narrada en las redes y la paz social que se respira en el país.

Esta resistencia cognitiva es fundamental para sanar las heridas del trauma causado por la guerra económica y, sobre todo, por la agresión del 3 de enero y el secuestro de Nicolás y Cilia. Las revelaciones de los “patriotas cooperantes” sobre María Corina Machado —quien voló a Madrid para gritar, junto al partido Vox, “¡Fuera la mona!” a la presidenta encargada — han puesto al desnudo la naturaleza manipuladora de esta estrategia: Machado fue descrita como una funcionaria de bajo nivel de las agencias estadounidenses, cuya única tarea es orquestar incidentes mediáticos: como en el caso de las provocaciones organizadas contra el periodista Prieto, para pintar al gobierno como una dictadura brutal justo cuando ella misma goza de una libertad de movimiento que usa para planificar sabotajes. Desenmascarar estos montajes sirve para devolver al pueblo la confianza en sus instituciones y en su propia fuerza organizada. Sin embargo, para comprender realmente el alcance de esta operación, que gira en torno a la “peregrinación” colectiva por todo el país, hay que ir más allá de la crónica y de los cánones de la militancia europea, y analizar cómo el chavismo está reforzando su consenso a través de una operación, en el fondo, propiamente gramsciana.

En esta búsqueda de unidad nacional, el gobierno bolivariano no se limita a la gestión del poder, sino que busca sanar las heridas del trauma colectivo a través de un hálito místico que recuerda al cristianismo primitivo. Es aquí donde se inserta el llamado a los valores del compartir, del cuidado y de la paz, transformando la resistencia política en una misión ética.

Como decir: por un lado la barbarie imperialista, que quisiera empujarnos a un abismo de violencia, por el otro la “fuerza tranquila” de una comunidad que sabe transformar el dolor en esperanza y que sabe mantener el gobierno del país.

La peregrinación semanal de Cabello, Delcy y Jorge Rodríguez en las provincias no es solo praxis marxista para hacer crecer la conciencia de las masas, sino un ejercicio de presencia que evoca el descenso a las catacumbas del pueblo tan querido por Chávez. Este contacto físico sirve para construir un nuevo sentido común donde la fuerza del cuero se une con la dulzura de la gratuidad.

Esta presencia constante de la dirección del chavismo por las calles del país es la negación de la política entendida como oficina burocrática o administración aséptica de algoritmos, típica del neoliberalismo europeo, y también síntoma de la crisis atravesada por la revolución. Es la actualización del mandato de Hugo Chávez de bajar a las «catacumbas del pueblo»: para decir que no existe una teoría revolucionaria correcta que no esté constantemente sumergida y verificada en el movimiento real de las cosas y por este constantemente puesta a prueba.

El dirigente revolucionario es un caminante que construye la línea política junto a las masas, pisando la tierra de los barrios y escuchando directamente las necesidades de los trabajadores. Esta pedagogía política gramsciana es lo que permite al chavismo mantener una hegemonía moral incluso en las dificultades materiales: el consenso no viene de los medios internacionales, sino de una narrativa “nuestramericana” compartida, en la que la familia que ayuda al vecino, y el soldado que defiende la frontera se reconocen en el mismo proyecto de dignidad nacional.

El ejemplo citado en el programa de Diosdado, el de una familia del Táchira que cuida a niños con problemas en su propio barrio, es el corazón palpitante del discurso sobre la gratuidad y el cuidado en el socialismo bolivariano. En el sistema capitalista, el cuidado es una mercancía o un costo social que el Estado recorta brutalmente para cuadrar las cuentas. En la Venezuela que sigue declarándose socialista, en cambio, incluso en una sociedad profundamente probada por años de “sanciones” que han golpeado los proyectos sociales, el cuidado es un acto de amor organizado que escapa a la métrica del valor de cambio.

Esta gratuidad no es beneficencia compasiva, sino un acto político de reapropiación de la vida: es la demostración práctica de que el pueblo organizado puede producir protección social de manera autónoma, haciendo que el bloqueo económico y la barbarie sean ineficaces en el plano moral y humano. Es aquí donde la durezza del cuero se une con la dulzura de la solidaridad comunitaria, creando una sólida barrera contra el individualismo liberal.

Finalmente, el análisis del actuar descompuesto y rabioso de Donald Trump en la escena política estadounidense e internacional fue realizado por Cabello con un realismo carente de toda ilusión diplomática. Trump representa el rostro ostentado y brutal del imperialismo, aquel que no usa la máscara de los derechos humanos para invadir, sino que declara abiertamente querer poner las manos sobre los recursos naturales venezolanos para apuntalar la economía estadounidense que hace aguas por todas partes.

En este escenario, la campaña “Venezuela Vuela Libre” (eslogan del programa) se convierte en un grito de independencia y por el regreso de Cilia y Nicolás (“Los queremos de vuelta!”): el grito de un pueblo que, aun bajo chantaje, está decidido a no convertirse en una colonia energética, sino que pretende seguir siendo un sujeto activo en el mundo multipolar.

Comunicado cubanos (10)

COMUNICADO | El amor y convivencia pacífica anulan al fascismo racista

La comunidad en pleno de la Universidad Internacional de las Comunicaciones se suma al rechazo nacional e internacional generado  por las expresiones racistas, fascistas y clasistas expresadas por la extrema derecha venezolana en el exterior, en un evento público ocurrido en la ciudad de Madrid, España, bajo losauspicios de la alcaldía de esa ciudad.                              

Esta acción que pretendió sin éxito ofender nuestros orígenes étnicos -resultado de la fusión histórica de genes europeos, indios, negros y mestizos- evidencia la naturaleza mezquina e inmoral de quienes la suscriben y alertan a los pueblos del sur global que llevamos en la piel la historia de siglos de hermandad.

En tal sentido esta casa de estudios manifiesta:

1.- Su absoluto rechazo a las expresiones y acciones de odio, racismo, fascismo y clasismo que caracterizan a la extrema derecha mundial en general, y a la derecha radical venezolana en particular.

2.- Su respaldo absoluto e irrestricto a la presidenta (e) Delcy Rodríguez Gómez, como mujer valiente y humanista, protectora de nuestra Patria y como hermosa expresión genuina lo que somos: negros, indios, pardos, los humildes, los buenos, la inmensa mayoría.

3.- Su exhorto al pueblo venezolano a concentrarnos en el propósito superior de lograr la Paz y la unidad nacional, el amor y la convivencia pacífica en esta tierrade gracia bendecida por Dios y que nos ha sido dada en bendición.   

Somos las mujeres de LAUICOM
Somos Comunicación para la Liberación

Caracas 20 de abril 2026

Comunicado

COMUNICADO | LAUICOM repudia detención y deportación de Thiago Ávila

La Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM) repudia la detención y deportación de Thiago Ávila, coordinador de la Global Sumud Flotilla, por parte de las autoridades argentinas, impidiéndole participar en las actividades programadas en la tierra de San Martín, a favor del pueblo de Gaza.
 
LAUICOM llama a la unidad de las organizaciones sociales y políticas del mundo y especialmente de Nuestramérica en la condena a estas acciones de persecución a los líderes y activistas internacionales que apoyan la causa palestina y el derecho de la humanidad a vivir en paz.
 
Viva la solidaridad con los pueblos oprimidos del mundo y la lucha por las causas justas.
 

¡Venceremos!

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Un secuestro, acicate de la Revolución

Fernando Buen Abad Domínguez

Quienes han podido desarrollar alguna conversación profunda con Nicolás Maduro podrían dar fe de la intensidad y la complejidad con que opera una inteligencia tan especial y tan transparente. Su cabeza es una multitud de ideas y reflexiones operando en tiempo real 24×7. Y eso debe estar multiplicándose en estas horas de secuestro que, nadie lo dude, está sirviendo como multiplicador de planes con rumbo al perfeccionamiento de la revolución socialista de Venezuela. Con Chávez como insignia. Son encierros que liberan capítulos heroicos de la historia.

Esto no es un elogio impresionista de culto a la personalidad; basta de eso. Esto es una reflexión amiga y un aprendizaje teórico en el cruce actual entre la subjetividad política, la dirección histórica revolucionaria y la lucha de clases. La lucha de Nicolás Maduro no puede ofenderse con caricaturas apologéticas y menos con demonizaciones simplistas; las horas y los días de su secuestro exigen una lectura hermana y respetuosa, capaz de valorar a un compañero, apartado contra su voluntad del proceso histórico que lo parió y que también lo eligió para completarse. En pie de lucha.

Indudablemente, aquellos que han interactuado directamente con él pueden destacar su modalidad y moralidad, caracterizada por la simultaneidad del estratega. Este juega una especie de ajedrez de 30 tableros simultáneos entre redes de sinapsis política, desplazamientos tácticos, reformulación constante de perspectivas y una autocrítica singular que oscila entre la introspección y la codificación estratégica. Esa forma de operar no es una excepción personal, sino un producto histórico madurado en la sedimentación de experiencias obreras, diplomáticas y partidarias en presión permanente y con no pocas victorias populares. Su trayectoria, que abarca desde el liderazgo sindical hasta el cargo de jefe de Estado, no es resultado de una formación académica estereotipada, sino de una práctica política intensiva. No obstante, su relevancia es notable en la generación de teorías que se moldean por y en la dialéctica de la lucha social y la geopolítica.

Y la Revolución Bolivariana, impulsada por Hugo Chávez, es su contención fundamental y no se explica su papel en ella por una genialidad individual, sino por la articulación de una lucha histórica colectiva en torno a la democratización del petróleo, la ampliación de mecanismos de participación y la construcción de una narrativa antiimperialista. Como Simón Bolívar en el discurso chavista, analizado desde la semiótica política, que opera como dispositivo de producción de sentido en torno a categorías como “pueblo”, “patria” y “socialismo”.

En el campo de batalla que significa su secuestro, Nicolás debe estar afilando las armas de la razón revolucionaria y velándolas bajo una doble tensión: por un lado, la necesidad de preservar la continuidad simbólica de Chávez como significante unificador; por otro, la obligación de superar la canallada imperial y sus estragos en la vida —económica, geopolítica e institucional— de su pueblo. Y no son momentos fáciles, aunque uno conozca las fortalezas de Nicolás, para convertir las adversidades en claridad de lucha. Ninguna contrariedad erosiona las convicciones que hicieron posible el consenso inicial. La intensidad de las ideas en las horas del secuestro debe interpretarse como gesto de militancia y como expresión viva de ese encargo histórico que Hugo Chávez y su pueblo le dieron para gobernar, incluso bajo asedio interno y externo. Nicolás lo sabe muy bien.

Quienes conocen a Nicolás saben que el contexto reciente lo radicalizará aún más en todas sus mejores convicciones. Su secuestro y traslado a las fauces del imperio, entre disparates y delirios burgueses sobre “narcoterrorismo”, sólo ha abierto un escenario de excepcionalidad geopolítica donde la inteligencia de Nicolás excederá ampliamente la coyuntura. Por ejemplo, desde su reclusión, ha emitido mensajes humanistas que apelan al diálogo y la convivencia sin resignar una sola de sus convicciones. Y eso introduce en la historia reciente de Latinoamérica una dimensión ética y moral nueva: el líder de un proyecto revolucionario, invocando formas de organización y resistencia, para enfrentar el menú macabro imperial y la dictadura de sus coerciones. Esta contribución no debe pasarse por alto; contiene un mensaje táctico brillante dentro de un campo de fuerzas asimétrico. Bajo la presión de horas muy duras. 

Esa situación de secuestro debe estar funcionando en Nicolás como “multiplicador de ideas” y como laboratorio de precisión conceptual. Su historia muestra que los momentos de adversidad extrema pueden operar como catalizadores de reflexión estratégica, pero también como dispositivos de consolidación política. El fallecimiento de Hugo Chávez es un ejemplo incontestable. No se trata de una apología del determinismo heroico en la adversidad: se trata de explicar con toda crudeza que la conciencia revolucionaria no se intensifica automáticamente; depende de las mediaciones organizativas, del vínculo con las masas y de la capacidad de traducir experiencia en programa. La adversidad como acicate en la revolución de las conciencias.

Nicolás no es un malabarista de eufemismos. Quienes lo conocen pueden dar fe de su palabra amiga, a veces cruda y dura, no dogmática, que no es cualidad individual del dirigente, sino fortaleza dinámica de la dirección política y la conciencia de clase. La revolución no se perfecciona en la lamentación de un líder, sino en la praxis colectiva que articula organización, producción y sentido. Incluso en los escenarios más dramáticos, el problema decisivo sigue siendo si las fuerzas revolucionarias logran transformar su experiencia en poder efectivo, o si quedan subsumidas en estructuras que reproducen nuevas formas de dominación. Con Nicolás secuestrado, cualquier análisis serio debe evitar ilusiones románticas: la fetichización del líder como fuente exclusiva de racionalidad histórica no nos sirve y tampoco la negación de su papel en la condensación de fuerzas sociales para garantizar la unidad.

Nada quisiéramos más que hacer llegar a Nicolás y a Cilia un abrazo fuerte y fraterno, y con él, hacerles saber que estamos entendiendo la coyuntura en unidad proactiva y en compromiso disciplinado con la revolución socialista y bolivariana. Que nos duelen todas las canalladas y las muertes que este episodio maldito impuso a su pueblo y que la “intensidad” de sus señales desde el encierro se lee con disciplina y responsabilidad. Que el significado del dolor por el secuestro y por las muertes no obnubila las tareas de la lucha social que vuelven más necesaria la praxis colectiva. Quienes conocen a Nicolás, es decir, su pueblo, saben bien que ese hombre está luchando por convertir la adversidad actual en acción revolucionaria superadora. Que está luchando para mantener la unidad porque, incluso en las horas amargas del secuestro, brilla la inteligencia chavista de un compañero cuyo destino, como el nuestro, es realizar el proyecto emancipador de la patria grande. Lo saben bien quienes lo conocen.

Comunicado

LAUICOM se une a la condena global por el asesinato de periodistas en el  Sur del Líbano

La Universidad Internacional de las Comunicaciones condena y repudia contundentemente el asesinato, desde un ataque aéreo israelí, de Fatima Ftouni, Muhammad Ftouni y Ali Choeib, periodistas quienes ejercían labores como equipo de prensa al Sur del Líbano.

Alzamos nuestras voces indignadas ante la descarada, vil y repugnante escalada de asesinatos a profesionales de la comunicación que se encontraban plenamente identificados, tal y como lo establece el capítulo III; artículo Nº 79 de la Convención de Ginebra sobre las medidas de  protección a los periodistas.

El ataque a periodistas y trabajadores de la prensa, además de ser una flagrante violación a los derechos humanos y por ende a la vida, a la comunicación y a la información, representa peligrosamente una agresión profunda, directa y con una carga de amenaza simbólica que pretende cegar los ojos de la humanidad a  la luz de la verdad,  la veracidad y la justicia.

Hoy más que nunca, es necesario que el dolor se convierta en fuerza transformadora para levantar las voces, fortalecer el trabajo y la protección internacional de las niñas, los niños, así como de  las mujeres y los hombres que ejercen con dignidad, resistencia y valentía, el ejercicio de la comunicación liberadora, porque  defender la verdad de los pueblos, es defender a la humanidad.

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Cómo los barrios venezolanos están re-diseñando el futuro urbano

Por: Armando Carrieri

La ciudadanía insurgente es una respuesta a la tendencia de desplazar a los pobres de sus espacios históricos

Esta Caracas del siglo XXI ha dejado de ser una simple acumulación de concreto para revelarse como un campo de batalla de ideas. Mientras la planificación impuesta —anclada en una lógica técnica y de negocios que favorece a los centros de poder— insiste en reducir el territorio a una mercancía sujeta a la especulación del dinero, en los barrios populares emerge una respuesta contundente: el urbanismo insurgente. No se trata solo de levantar muros o delinear veredas, sino de una lucha por el sentido mismo de la vida (disputa ontológica) por el derecho a existir y decidir sobre el hogar. A través del ingenio colectivo y el uso de la historia como defensa, comunidades como las de San Agustín, El Calvario y los Comités de Tierra Urbana rompen el control de los «expertos» para demostrar que, frente al robo sistemático que significa la gentrificación (expulsión de los pobres para dar paso a comercios o élites), la autogestión es la herramienta más poderosa de libertad política.

El suelo: ¿hogar o negocio de bancos?

La dinámica de la ciudad hoy está cruzada por una financiarización agresiva, un proceso que transforma el suelo y la vivienda en simples activos para generar intereses bancarios. En este esquema, la vivienda deja de ser un refugio para convertirse en un objeto de acumulación de riqueza, donde el derecho a la vida queda por debajo del valor de venta y la lógica del dinero frío.

Esta lógica se manifiesta con crudeza a través de la gentrificación, que lejos de ser una mejora «natural» de la zona, es una operación planeada de desplazamiento forzado. Bajo el barniz seductor de términos como «revitalización» o «rescate patrimonial», se oculta la expulsión de las comunidades originales para dar paso a personas con mayor poder adquisitivo. Esta reconfiguración no solo altera el mapa físico, sino que transforma al habitante en un consumidor pasivo de políticas públicas, quitándole su capacidad de actuar y toda decisión sobre la gestión de su propio hábitat.

Completando este desplazamiento económico, se despliega una criminalización de la vida en los barrios que actúa como herramienta de control. Usando etiquetas como «ilegalidad» o «marginalidad», el discurso oficial desprecia y deshumaniza los asentamientos populares, justificando la exclusión en lugar de resolver las causas del problema. Este marco no busca un orden justo, sino que crea una jerarquía donde solo el habitante con dinero es reconocido como ciudadano, mientras que las formas alternativas de construir comunidad son perseguidas y despojadas de su valor político.

Planificación de élite vs. urbanismo del pueblo

La disputa por el territorio nace de visiones opuestas sobre qué es la ciudad y para quién se construye. Por un lado, la planificación tradicional ve a la ciudad como un producto terminado, una mercancía diseñada para el negocio inmobiliario y el consumo, donde el espacio es una estructura rígida gestionada por una élite de técnicos que centraliza las decisiones. En este esquema, el vecino queda reducido a una «ciudadanía de consumo», siendo un receptor pasivo o «cliente» del Estado que prioriza el valor de venta sobre las necesidades humanas básicas.

Frente a este modelo, surge el Paradigma Insurgente de la Práctica Popular, una visión —basada en los aportes del investigador James Holston— que define el territorio como un escenario de lucha política y una construcción que nace del conflicto social. En contraste con la lógica del mercado, el urbanismo insurgente pone al vecino como un actor político que transforma su realidad. Esta visión rompe el monopolio del saber de los expertos mediante el uso del «intelecto colectivo», poniendo la dignidad de la vida por encima de la rentabilidad económica. De este modo, el territorio deja de ser un objeto de especulación para convertirse en el soporte de la soberanía.

Cómo los barrios venezolanos están rediseñando el futuro urbano

La ciudad no es algo que ya viene dado, sino una construcción histórica que nace de la participación activa. Este modelo apuesta por una «ciudadanía insurgente» donde el habitante se reconoce como alguien con poder para cambiar las cosas, sustituyendo el monólogo de los técnicos por el conocimiento de la comunidad. La gestión compartida y la producción de saber propio son los motores principales para garantizar que el espacio urbano recupere su valor humano y sirva fielmente a la dignidad de la vida.

Cuando el barrio toma las riendas de su espacio

La propuesta de una planificación alternativa comienza por dejar de ver la ciudad como un objeto estático, rechazando el urbanismo de oficina para entender que las propias comunidades producen su propio tiempo y espacio. En este proceso, el saber del pueblo surge como la herramienta política capaz de romper el control de los expertos, permitiendo que la producción social del hogar anteponga el derecho a la vida sobre los intereses del capital. Bajo esta lógica de autogestión y ayuda mutua, el acto de vivir se convierte en un ejercicio de libertad, donde la historia y la memoria del barrio no son nostalgia, sino un escudo táctico para resistir el desplazamiento.

Este nuevo modelo exige quitarle el estigma a lo «informal»: hay que dejar de verlo como una falta de orden para reconocerlo como una organización legítima que responde a las fallas de las instituciones tradicionales. Al impulsar una ciudadanía activa, se busca que el vecino deje de ser un beneficiario pasivo, promoviendo que todos controlen los recursos y el conocimiento técnico. El horizonte final apunta hacia el «Vivir Bien», donde los intereses económicos se sometan a las necesidades de la gente y el cuidado del ambiente, garantizando una convivencia armónica y justa en el territorio.

El saber del barrio y la resistencia política

La base de este movimiento se apoya en los pilares definidos por la investigadora Faranak Miraftab, quien ve la planificación como un ejercicio de resistencia. Ella identifica tres claves: romper las normas que excluyen, ir en contra de los intereses de los poderosos y tener una gran capacidad imaginativa para proyectar realidades fuera de los marcos del mercado.

Según James Holston, «la Ciudadanía Insurgente» es una acción política colectiva donde las luchas van más allá de pedir ‘un techo’ para exigir el control de los recursos y del saber (intelecto colectivo). Se basa en democratizar las decisiones para romper con el monopolio del Estado y que el vecino deje de ser un espectador que solo espera ayuda.

Casos de estudio: el barrio como escudo territorial

En Venezuela, la resistencia no es solo de palabras; es táctica. Tres ejemplos demuestran cómo la memoria y la organización funcionan como defensas:

Los Comités de Tierra Urbana (CTU)

Estas organizaciones rompieron la dependencia del Estado al realizar el catastro popular. Al mapear ellos mismos sus barrios, las comunidades desafiaron la etiqueta de «ilegalidad», transformando los datos técnicos en una herramienta de lucha y reconocimiento legal. Los CTU surgieron tras la Constitución de 1999 como una organización de base popular para impulsar la propiedad de la tierra en asentamientos espontáneos. Representan a ciudadanos que dejan de ser sujetos pasivos para ser los arquitectos de su propia realidad, desafiando mediante la autogestión el desprecio histórico de la planificación tradicional.

El fundamento central es combatir la inseguridad jurídica usando la «Carta del Barrio». A través de este documento, los vecinos cuentan su historia e identidad, transformando una ocupación en un proceso de reconocimiento legal. Este ejercicio organiza el territorio y fortalece el tejido social al convertir los recuerdos de la comunidad en un instrumento contra la exclusión. El catastro popular se distingue de las mediciones frías de oficina porque lo hacen los vecinos con especialistas, democratizando el saber. Este proceso, respaldado por el Decreto 8.198 de 2011, permite gestionar la propiedad sin los costos excesivos de los registros convencionales.

El barrio El Calvario de El Hatillo

Ubicado cerca de una zona de alto turismo y consumo, El Calvario ha enfrentado presiones para ser desplazado. En respuesta, la comunidad se definió como un “museo a cielo abierto”. Murales y rutas culturales son su herramienta para afirmar que el valor del barrio les pertenece a ellos. En lugar de aceptar que el patrimonio es algo que viene de fuera, lo usan para frenar intervenciones externas. Este «escudo» patrimonial no es estético, sino diseñado para evitar que el barrio se rompa frente a las lógicas de exclusión social de las zonas ricas vecinas.

El Calvario es emblemático porque la transformación vino de adentro. Líderes locales lograron pacificar el barrio sustituyendo la violencia por dinámicas culturales y deportivas. El territorio dejó de estar dividido por conflictos para ser una zona de encuentro que defiende la arquitectura popular frente al estilo colonial de El Hatillo. La recuperación de espacios como el Callejón Bruzual rompe con la narrativa de la «marginalidad». Al conectar historias ancestrales con el turismo comunitario, demuestran que la verdadera mejora urbana nace del ingenio colectivo y el sentido de pertenencia.

San Agustín del Sur

El proyecto 100% San Agustín es vanguardia en turismo comunitario y autogestión. Mediante los «Cumbe Tours», la comunidad muestra la autenticidad de su gastronomía y herencia afrovenezolana, tomando el control de su propia historia frente a los prejuicios externos. Los vecinos son los guías y administradores de sus recursos, asegurando que los beneficios económicos se queden en el barrio.

Un hito es la creación de la primera galería aérea del mundo en los techos de las casas, visible desde el Metrocable, lo que constituye una toma política del espacio. Este modelo de «libertad en el vivir» quita la etiqueta de zona peligrosa para posicionar a San Agustín como la parroquia cultural de Venezuela, protegiéndola mediante el arte contra los procesos de expulsión por dinero. Con su Plan 2020-2030, demuestran que el reconocimiento de la identidad colectiva es la herramienta más poderosa para combatir la exclusión.

En el sector Santa Eduvigis de la parroquia Santa Rosalía, en Caracas, se lleva a cabo una intervención que redefine la relación entre el urbanismo y la justicia social. La construcción de una carretera estratégica no solo busca mejorar la movilidad, sino también romper con el aislamiento histórico que ha marcado a los sectores populares. Más allá de la infraestructura, este proyecto encarna un modelo de gestión compartida, donde el Ministerio de Obras Públicas, los equipos técnicos del Gobierno de Caracas y las organizaciones del Poder Popular trabajan de manera articulada. Este enfoque asegura que las obras no solo cumplan con estándares de calidad, sino que también reflejen las necesidades y aspiraciones de la comunidad, posicionando a los habitantes como protagonistas activos de su propio desarrollo.

El financiamiento de estas iniciativas responde a una lógica que prioriza el bienestar colectivo sobre las dinámicas del mercado. Con recursos garantizados por el Gobierno nacional, la recuperación de los espacios públicos se convierte en una política de inversión social que reivindica el derecho a la ciudad. Este modelo también democratiza el conocimiento técnico, involucrando a las comunidades en todas las etapas del proceso. Durante las inspecciones lideradas por autoridades como la presidenta encargada Delcy Rodríguez, no solo se verifica el avance de las obras, sino que se fomenta un intercambio de saberes que rompe con el monopolio de los expertos y fortalece el tejido social.

Inauguración de los espacios rehabilitados del sector Santa Eduviges en Santa Rosalía por la presidenta (e) Delcy Rodríguez e integrantes de la Comuna Estrella del Sur. Foto Prensa Presidencial.

La planificación insurgente rompe con las normas urbanas que excluyen a las mayorías. Cuando el Estado falla como proveedor único, las comunidades crean un cambio de paradigma. En este contexto, la autoconstrucción se une a la «cultura maker» (la cultura del ingenio y el «hazlo tú mismo»), transformando el trabajo individual en un aprendizaje colaborativo. Esta práctica no es solo una respuesta a la pobreza, sino un acto de participación ciudadana y libertad. Al apropiarse de los medios para construir su espacio, las comunidades ejercen una arquitectura de la autonomía, convirtiendo la gestión del hogar en un ejercicio de soberanía colectiva que reclama el derecho político a decidir sobre el territorio.

El horizonte del «Vivir Bien»

Para construir un modelo de ciudad que no sea una «cárcel de cemento», se requiere que el Estado deje de ser un facilitador de negocios inmobiliarios y pase a ser un auténtico garante de derechos. El horizonte es el «Vivir Bien», donde el bienestar social y la ecología manden sobre los criterios económicos. Bajo este paradigma, los indicadores de felicidad y sostenibilidad deben ser el eje de toda política pública.

Para materializar esta soberanía local, se proponen dos herramientas legales: la consulta vinculante (ninguna intervención se hace sin aprobación comunitaria previa, libre e informada) y el veto comunitario (la capacidad legal de los vecinos para detener proyectos que amenacen su equilibrio social o ambiental). Esta última no es solo defensa, sino la garantía de que el territorio no puede ser vendido sin el permiso de quienes lo cuidan.

El urbanismo insurgente demuestra que las comunidades son capaces de producir su propio tiempo y espacio. Al final, la disputa por la ciudad es la disputa por nuestra propia autonomía: el derecho a vivir no es un regalo del Estado ni una transacción del mercado, sino un ejercicio fundamental de libertad. El horizonte no es solo pintar un mural, sino construir una ciudad donde el «Vivir Bien» subordine la acumulación de dinero a la dignidad de la vida. En la medida en que los vecinos sigan siendo dueños de su destino, la ciudad dejará de ser un activo financiero para volver a ser lo que siempre debió ser: el soporte vital de nuestra soberanía colectiva.

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CRONOLOGÍA | El secuestro que estremeció al mundo: Maduro y Cilia, símbolos de dignidad

Se están escribiendo nuevas páginas de nuestra historia con la impronta de la valentía, la solidaridad, la fuerza y la dignidad de un pueblo que sigue construyendo en paz su futuro. Esta epopeya, por supuesto, tiene sus grandes héroes y heroínas, hombres y mujeres que iluminan, guían y encarnan en sí misma la esencia de nuestra Patria.

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Palabras de Jenniree Pérez, participante de la Cohorte XX del Diplomado en Comunicación Política

«Buen día para todos los presentes»

Agradeciendo de antemano a las autoridades presentes en especial a nuestra diputada a la Asamblea Nacional, Militante del PSUV, líder y rectora Tania Díaz, gracias a usted y a todo su equipo de trabajo hoy estamos aquí, dándolo todo para siempre hablar con la verdad. Gracias

Compañeros y compañeras hoy cerramos una etapa, pero más que un certificado, nos llevamos una nueva forma de mirar el mundo.

Al iniciar este diplomado en Comunicación Política, buscaba técnicas de persuasión; sin embargo, me encontré con algo más valioso: la ética de la palabra.

Aprendí que comunicar no es solo emitir mensajes, sino tener la valentía de conectar con las necesidades reales de la gente.

Me voy con el corazón lleno de gratitud.

Gracias a nuestros profesores por desafiar mis pensamientos y a mis compañeros por cada debate que nos hizo crecer.

Ahora me toca y nos toca salir de aquí y convertir lo aprendido en puentes que sirvan para llevar nuestra a verdad a otras fronteras.

Que nuestras palabras nunca sirvan para dividir, sino para construir soluciones y dar voz a quienes no la tienen.

Estoy muy feliz de conocer gente tan maravillosa el cual a futuro espero trazar trabajos juntos!

Hoy, Mañana y Siempre, GRACIAS A LAUICOM.

Que viva Chávez
Que viva Maduro y Cilia.
¡Los queremos de vuelta!

MUCHAS GRACIAS!

¡Felicidades, graduados! Lo logramos.»

Lic. Jenniree Pérez
Minppal Ministerio del Poder Popular para la Alimentación

pregrado

Lea aquí: Presentación del Programa Nacional de Formación en Comunicación de Lauicom

Hoy presentamos un programa académico en Comunicación. Hoy levantamos una trinchera de pensamiento, un acto de insurgencia epistémica en medio de la guerra cognitiva que vive nuestra América. Este Programa Nacional de Formación en Comunicación, con sus menciones en: Comunicación Política, Comunicación Digital, Comunicación Popular y Gestión de la Comunicación, es un proyecto pedagógico profundamente político, un gesto de amor a la patria y de defensa de la humanidad.

Desde sus fundamentos, este programa se erige sobre una triada epistémica irrenunciable para nuestra patria: Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Hugo Chávez. De Bolívar heredamos la convicción que la comunicación es “artillería del pensamiento”, un arma contrahegemónica para denunciar imperios y fundar proyectos civilizatorios basados en la mayor suma de felicidad posible. Por ello, no formaremos meros operadores técnicos, sino soldados de la palabra, que como el Libertador, comprendan que la primera de todas las fuerzas es la opinión pública.

De Simón Rodríguez, nuestro maestro Robinson, asumimos el mandato descolonial: “Inventamos o erramos”. Este programa no copia modelos eurocéntricos; es una creación situada, contextualizada, que vincula el saber con el hacer, la teoría con el territorio, la educación con la producción de vida. Es una educación popular en el sentido robinsoniano: para todos y todas, desde lo nuestro, orientada a la mudanza cultural que requiere la verdadera independencia.

De Hugo Chávez, el comunicador popular, aprendimos que la comunicación noes un oficio neutral, sino una herramienta de combate para la revolución de las conciencias. Chávez nos enseñó a democratizar la palabra, a crear medios del pueblo, a entender la economía política de la comunicación y a asumir la pedagogía política como acto de amor. Este programa es hijo de su visión estratégica y de su llamado a formar comunicadores con perfiles críticos, teóricos y militantes.

En la actualidad, nuestro presidente obrero, Nicolás Maduro, como muestra de gran fortaleza y compromiso irreductible con el pueblo venezolano, ha consolidado todo este legado comunicacional en el método: medios, redes, calles, paredes y radio bemba; del cual nos apropiamos para asirlo como estrategia en defensa de la humanidad y del respeto al derecho internacional, al unirnos a su mensaje “Nosotros y nosotras venceremos”.

De este modo, el PNF en Comunicación que hoy presentamos, es una propuesta curricular innovadora, organizada en ejes que integran la convivencia eco-territorial, lo sociohistórico-político, lo técnico-innovador y el proyecto socio integrador comunicacional. Donde formaremos profesionales comprometidos con una nueva ética y estética de la comunicación, a través de cuatro menciones especializadas, que responden a urgencias concretas presentes en el contexto actual de nuestros pueblos:

Comunicación Política: Para el ejercicio de la vocería popular, el liderazgo colectivo y la disputa del sentido en escenarios de guerra cognitiva.

Comunicación Digital: Para el desarrollo de la soberanía tecnológica, el manejo crítico de plataformas y la creación de contenidos contrahegemónicos en el entorno y plataformas digitales.

Comunicación Popular: Para la sistematización de la voz territorial, organización del pueblo, producción del cine comunal y la agitación cultural desde las bases del poder popular.

Gestión de la Comunicación: Para el diseño de campañas, la producción intelectual y el despliegue de estrategias comunicacionales en organizaciones al servicio del pueblo.

Todas confluyen en un mismo perfil del egresado o egresada, profesionales con potencialidades éticas, conciencia de clase y patria, investigadores, investigadoras, transformadores, transformadoras, capaces de descodificar la guerra cognitiva y producir narrativas emancipadoras.

En consecuencia, este programa es pertinente y urgente, pues vivimos un tiempo de cerco mediático, de algoritmos que homogeneizan el pensamiento, estamos en el medio de una guerra no convencional donde el campo de batalla es la subjetividad. Frente a la colonización de la mente, oponemos la comunicación para la liberación. Formaremos comunicadores y comunicadoras que no serán voceadores de agendas ajenas, de intereses foráneos, sino constructores de soberanía cognitiva, defensores de la verdad como principio bolivariano, y tejedores de la dicha comunal.

Este programa es, en sí mismo, un acto de resistencia y creación. Nace de una construcción colectiva entre universidades del pueblo, como lo son la Universidad Internacional de las Comunicaciones, la Universidad Politécnica Territorial de los Altos Mirandinos Cecilio Acosta y la Universidad Nacional de las Comunas, quienes hermanadas despliegan una pedagogía crítica que asume la educación como praxis transformadora por el derecho a ejercer la ternura de los pueblos. No queremos profesionales desarraigados; queremos comunicadores y comunicadoras con los pies en el barrio, en la comuna, en la
fábrica, en la lucha.

Convocamos a nuestras y nuestros jóvenes a asumir este desafío histórico. Los necesitamos escribiendo, grabando, difundiendo, organizando. Los necesitamos con un micrófono, una cámara, un mural, un algoritmo propio como armas para ganar la batalla por las ideas. Los necesitamos siendo, como soñó Chávez, artillería del pensamiento y el sentimiento revolucionario.

Que este Programa Nacional de Formación en Comunicación sea, entonces, un faro en la noche del monopolio mediático. Un espacio donde se forje el comunicador y la comunicadora para la patria nueva. Donde la palabra vuelva a ser, como en Angostura, un acto fundacional.

¡Con Bolívar, con Rodríguez, con Chávez y con Maduro: Que viva la
comunicación liberadora!
¡Leales Siempre, Traidores Nunca! ¡Viviremos y Venceremos!

Caracas, 09 de febrero de 2026.