Prensa LAUICOM- Arrancó en el Ambiente Territorial de Aprendizaje en el estado Zulia, la vigésima tercera cohorte del Diplomado en Comunicación Política.
Este encuentro tiene como propósito ofrecer a los comunicadores herramientas estratégicas para la gestión de plataformas digitales en entornos políticos, optimizando el impacto de los mensajes institucionales.
Bajo la orientación de la profesora Rocy Albarrán, los estudiantes analizaron técnicas de persuasión y narrativa digital aplicadas a la realidad política contemporánea del estado Zulia.
Durante la jornada, se destacó la importancia de la planificación de contenidos para generar una conexión orgánica con las audiencias, permitiendo una gestión mucho más profesional en las redes.
Ibrahim Infante, vicerrector de Vinculación Social, brindó soporte especializado en el área técnica, complementando la visión académica con el uso de métricas y algoritmos de vanguardia; esta sinergia permitió que los estudiantes comprendieran no solo la teoría comunicacional, sino también la operatividad práctica necesaria para dominar el ecosistema digital actual con eficiencia y ética.
La actividad concluyó con una dinámica grupal donde se diseñaron estrategias de respuesta inmediata ante situaciones de crisis comunicacional en diversas redes sociales. Esta formación continua es clave para los periodistas que buscan profesionalizar su labor en la redacción y gestión de la imagen pública dentro del entorno digital venezolano.
El Buda dice: El odio es como lanzar carbones encendidos al otro, es verdad, le hace daño al otro, pero uno también se hace daño. También se dice que el odio es como tomar veneno esperando a que el otro sea el que muera. En todo caso, siempre vemos que una vez que se cae en las redes de la rabia, el que odia también sale perjudicado. Por eso el Buda proponía una solución verdaderamente salvadora: El Perdón. Él decía: El perdón es una cancelación del pasado. Y así es, cuando se perdona uno se libera de esos pensamientos que hacen daño, y que le vienen haciendo daño a uno desde hace mucho tiempo. Cuando se perdona la acción que nos hizo daño queda atrás y ya no nos vuelve a lacerar. Aquel maltrato que recibimos de nuestra madre cuando teníamos siete años y que quedó grabada en nuestra alma, y que determinó y delineó muchas de nuestras conductas actuales, quedó allá, en 1970, cuando tenía siete años. Aquella traición que me hizo aquella mujer cuando tenía 17 años y que determinó cómo serían mis relaciones de pareja durante muchísimo tiempo, quedó allá, en 1980. Ya no me lacera, ya no me martiriza sino que cancelo el pasado y devuelvo a su tiempo la acción que me lastimó, y no la mantengo viva en mi mente. Siempre se nos ha insistido acerca del perdón, el Maestro Jesús hablaba de la necesidad de perdonar, lo que no nos dijeron era cómo perdonar.
Mucha gente hace un acto de perdón y… … no se siente distinto después de haber “Perdonado”, no hay ninguna “Liberación”, y es porque no se ha realizado el perdón correctamente. Es como cuando uno va a misa y recibe la comunión, y el cura le dice a uno: Por este acto de comunión te son perdonados tus pecados, y uno con la ostia en la boca, ya sale de la cola de la comunión y se dirige a su puesto mientras va pensando: Ya me perdonaron los pecados, pero no me siento distinto. Lo mismo ocurre cuando una mujer le “Perdona” a su marido una infidelidad, a la primera discusión le saca en cara la misma infidelidad que días atrás le había “Perdonado”. Esto ocurre porque no sabemos perdonar, y no sabemos qué es el perdón. Se nos hace difícil perdonar porque tenemos algunos errores conceptuales con respecto al perdón. Los errores más comunes son los siguientes:
En primero lugar el perdón NO es un acto, es un PROCESO. No es como cuando uno le da al swicht para prender la luz, prendido/apagado o perdonado/no perdonado. NO, eso no existe. Se INICIA el proceso del perdón, y todavía no se sabe cuándo se completa. El solo hecho de decir: Te perdono, no es suficiente para perdonar. El perdón es un proceso que se va incubando, se va desarrollando y va creciendo; si crece bien y se riega dará frutos.
El perdón NO es una autorización para que el otro siga lastimando. Sigo con el caso de las mujeres aunque funciona igual para hombres y para mujeres: Es como cuando una mujer dice: ¿Para qué lo voy a perdonar? ¿Para que siga con la otra? También dicen: Es que si lo perdono va a seguir jodiendo!! Paralelamente al proceso del perdón tiene que haber una acción que limite la conducta del otro. En todo caso, debe existir algo que controle la conducta lesiva. En muchos casos las leyes pueden ayudar en este sentido. También puede ayudar hacer un compromiso sagrado, de tal manera que la persona se comprometa firmemente a no volver a cometer la falta.
El perdón NO necesariamente debe conocerse. El perdón es un acto íntimo, el otro no tiene por qué saber que fue perdonado. Sobre todo cuando se trata de personas que nos hicieron daño hace mucho tiempo y ya les perdimos la pista físicamente, pero en nuestra mente están muy activas. Tal vez en la relación de pareja si es importante el saber que alguien fue perdonado, y esto implica una responsabilidad y un compromiso de no volver a cometer aquello que lesionó tanto a la otra persona. De alguna manera implica que el perdonado desarrolle conciencia de problemática y actitud reparatoria, porque si la idea de un hombre es tener varias mujeres y no desarrolla juicio crítico y autocrítico, de que esa conducta le hace daño a su pareja, y recibe el perdón, no avanzamos mucho en este sentido.
Otro error muy común es creer que las personas son la conducta. Las personas NO SON la conducta. La personas HACEN cosas, pero NO SON esas cosas. Shantideva, en el siglo 8 preguntaba: ¿Si alguien te pega con un palo, te pones bravo con el palo? Así, la persona mueve el palo, pero la emoción mueve la persona, y las emociones van y vienen. Muchas veces nos pasó: después de la terrible discusión nos damos cuenta que fuimos muy duros al decirle al otro tal o cual cosa, pero ¡Después de ojo sacado no vale Santa María! ¡Nada, ya lo dijimos!, y herimos a la otra persona, y uno se siente muy mal por haber dicho eso, y quisiera volver el tiempo atrás. De lo que se desprende que la persona que reconoce el error no es la misma persona que comete el error. Porque lo que yo hago NO me define como persona, porque las personas NO SON la conducta. Alguna vez nos pasó con un artista; un cantante, un escritor, un actor, que hizo una canción, un poema, una película, maravillosa que llegó a nuestra alma y nos hizo alcanzar una experiencia casi mística con esa canción o poema o actuación, y, la vida nos da la oportunidad de conocerlo. Aparece la ocasión de verlo en persona y cuando lo tenemos al frente que casi se nos doblan las rodillas al estar frente a esa persona que consideramos casi sobrenatural, nos damos cuenta que… …es un engreído o un patán, y uno se va decepcionado preguntándose: ¿Cómo es posible que ese patán haya escrito esa canción tan bella? O ese poema tan bello? Y es que las personas NO SON la conducta. Así como las personas hacen cosas buenas y eso no los puede definir como personas; así hacen cosas malas y eso tampoco los puede definir como personas.
Del error hacemos un traje que no le quitamos NUNCA al otro. Cuando el otro comete un error, caracterizamos a esa persona con ese error para siempre; si dijo una mentira, entonces es el MENTIROSO. Y esa etiqueta no se la quitamos NUNCA! Y es que cuando etiquetamos a una persona en virtud del error que cometió no somos honestos porque no estamos diciendo toda la verdad. El gaucho Martín Fierro cantaba: “El que calla una verdad miente sin abrir la boca”. Cuando magnificamos el error y en virtud de ese error etiquetamos a una persona dejamos de lado las cosas buenas que de seguro tiene esa persona. Por ejemplo, el hombre puede ser buen padre aunque haya sido infiel (sigo con el mismo ejemplo), y siendo verdaderamente honestos, no es lícito llamarlo “El malvado” y pensar de él para el resto de la vida, y hacerle creer a los niños, y a toda la familia que él es el “El malvado”. Es como si un alemán viviera a Venezuela en una avioneta y aterrizara en Los Médanos de Coro, y sacara fotos, y volviera a Alemania, y al llegar dijere a sus amigos alemanes: “Venezuela es puro desierto”, “En Venezuela no hay un árbol”, en realidad no está siendo honesto, porque en Venezuela hay ríos, árboles, ciudades, nieves, montañas, etc. Así son los seres humanos, son mucho más que la única característica que queremos resaltar porque esa característica nos hizo daño. Si le ponemos la etiqueta eterna de “El malvado” ¿Cómo vamos a poder perdónalo? Es como la presentadora de televisión que decía: QUE PASE EL DESGRACIADO!! Si lo van a juzgar y desde ya le dicen “El desgraciado” ¿Qué clase de juicio es ese? Obviamente no es un juicio imparcial. Es muy difícil perdonar a “el malvado”, es más fácil perdonar a un ser que en un momento de su vida cometió un error conmigo. Yo puedo decidir no estar más con esa persona, pero de ahora en adelante, y sobretodo porque no estoy más con esa persona, debo perdonarlo para CANCELAR EL PASADO.
Del error hacemos una Identidad
*RESUMEN*
El perdón es una cancelación del pasado. Hay algunos errores conceptuales que nos dificultan el perdonar:
El perdón NO es un acto, es un PROCESO.
El perdón NO es una autorización para que el otro siga lastimando.
El perdón es un acto íntimo.
Las personas NO SON la conducta.
Del error que comete el otro le hacemos una identidad y no se la quitamos nunca.
TAREA:
Debemos entrenarnos en la “Ingeniería del perdón” y comenzara desmontar todos sus elementos. Para ello le proponemos:
Durante UN mes TRES veces al día:
Pedir Perdón a otras personas.
Perdonar a otras personas
Perdonarse a uno mismo.
Ejercítese con cosas pequeñas, recuerde que es un entrenamiento, pero
no deje de hacerlo diariamente. Se trata de entrenarnos en cosas
pequeñas para luego poder entrarle al Gran Dolor que nos lacera el alma.
efectos sobre las subjetividades de clase y de los pueblos en Venezuela, América Latina y el mundo
Una aproximación desde la dialéctica del materialismo histórico.
Profesor – Investigador Pedro Penso+
Una aproximación desde la dialéctica del materialismo histórico
La guerra como forma fenoménica de la lucha de clases en el siglo XXI
Para comprender lo que hoy llamamos guerra cognitiva y sus efectos sobre las subjetividades en Venezuela, América Latina y el mundo, es necesario partir de una proposición fundamental del materialismo histórico: la guerra no es un accidente de la historia ni una patología de las relaciones internacionales, sino una continuación de la política —y, por tanto, de la lucha de clases— por otros medios. Como nos enseñó Clausewitz, mediado por la lectura leninista, la guerra expresa, en su forma más concentrada y violenta, las contradicciones que atraviesan un modo de producción determinado.
Ahora bien, la mutación que nos ocupa —la emergencia de la guerra cognitiva como modalidad predominante de agresión imperialista en el siglo XXI— no representa un mero cambio técnico en los instrumentos bélicos. Tampoco es un fenómeno que pueda explicarse por la simple adición de «nuevas tecnologías» al repertorio militar. Se trata, más bien, de una transformación cualitativa en la forma que asume la guerra imperialista cuando las condiciones objetivas de la correlación de fuerzas global —el ascenso de nuevos polos de poder, la crisis de la hegemonía unipolar estadounidense, la emergencia de proyectos contrahegemónicos en el Sur Global— vuelven inviable la guerra clásica de ocupación territorial. Es, en palabras de algunos analistas, una guerra vicaria (Waldman, 2021) [1], que busca lograr los objetivos del imperialismo sin exponer a sus fuerzas al costo político y humano de una invasión directa.
Como sostienen Tan y Perlmutter (2006) [2], el concepto mismo de «guerra de información» encierra una paradoja: cuanto más se cree saber sobre ella, menos se comprende su dinámica real, pues la información no es un recurso neutral sino un campo de batalla donde se dirimen proyectos de sociedad antagónicos.
Mutaciones de la guerra cognitiva: Del 11 de septiembre al 3 de enero
La trayectoria de la guerra cognitiva como modalidad imperialista puede trazarse a partir de hitos que marcan saltos cualitativos en su desarrollo. Si la guerra mediática contra Irak en 1991 y 2003 mostró el poder de la manufactura del consenso (Herman y Chomsky, 1988) aplicada a gran escala, la experiencia venezolana de 2002 —el golpe de Estado mediático contra Hugo Chávez— reveló que, en América Latina, los medios de comunicación privados podían operar como arietes de desestabilización política con la misma eficacia que un batallón de infantería. Como documenta Cañizález (2003) [3], el golpe de abril de 2002 contra Chávez fue un «golpe mediático«: la televisión privada venezolana no solo informó, sino que produjo los acontecimientos, creando una realidad virtual que justificaba la ruptura del orden constitucional.
Esta primera fase —que podríamos llamar guerra mediática clásica— evolucionó hacia una forma más sofisticada con la irrupción de las plataformas digitales y las redes sociales. El uso de bots políticos para la manipulación de la opinión pública en Venezuela, estudiado por Forelle et al. (2015) [4], muestra cómo actores automatizados generan contenido que simula apoyo o rechazo popular, creando una falsa impresión de consenso o disenso. Los investigadores encontraron que los bots más activos en la conversación política venezolana eran utilizados por la oposición radical, y que se hacían pasar por líderes políticos y agencias gubernamentales más que por ciudadanos comunes.
Sin embargo, el salto cualitativo más significativo ocurre en la coyuntura que usted señala: el período pre y post 3 de enero. En esta fase, la guerra cognitiva ya no se limita a informar tendenciosamente o a manipular la opinión pública, sino que busca reconfigurar las subjetividades mismas de los pueblos, alterando su percepción de la realidad, su memoria histórica y su capacidad de agencia política. Se trata de una guerra que opera en el plano de lo que Gramsci llamó la hegemonía: la disputa no es solo por el gobierno, sino por la dirección intelectual y moral de la sociedad (Hesketh, 2019) [5].
En el caso venezolano, esta mutación se expresó en la estrategia de doble poder implementada a partir de enero de 2019, cuando Juan Guaidó se autoproclamó «presidente interino» con el respaldo inmediato de Estados Unidos y sus aliados. Como señala Buxton (2019) [6], la estrategia de la oposición venezolana estuvo marcada por errores de cálculo y por una dependencia excesiva del respaldo internacional, lo que revela que la guerra cognitiva no puede suplir indefinidamente la falta de arraigo social y de correlación de fuerzas favorable en el terreno material.
El secuestro del derecho internacional y la ruptura del orden jurídico
El desconocimiento de los principios más elementales del derecho internacional —la soberanía, la autodeterminación de los pueblos, la no intervención— constituye la base jurídico-política sobre la cual se despliega la guerra cognitiva contra Venezuela. La estrategia de reconocimiento selectivo de gobiernos, analizada por López-Rodríguez (2021) [7] a través del caso venezolano, revela cómo las potencias imperialistas instrumentalizan el derecho internacional para legitimar injerencias: más de cincuenta países reconocieron a Guaidó como presidente legítimo, a pesar de que Maduro ejercía el control efectivo del territorio, de las instituciones y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).
Esta fractura del orden jurídico internacional tiene consecuencias profundas sobre las subjetividades. Cuando el derecho se convierte en un arma de guerra, la percepción de lo legítimo y lo ilegítimo se desestabiliza. Sectores enteros de las clases medias venezolanas —formadas en la idea de que «Occidente» representa la legalidad y la democracia— experimentaron una ruptura cognitiva al ver que sus referentes tradicionales de autoridad moral avalaban una ficción jurídica: la de un «presidente» sin control territorial, sin ejército y sin capacidad de gobernar. Para las clases populares, en cambio, la defensa de la soberanía se convirtió en una experiencia de reafirmación identitaria, en la medida en que la agresión externa operó como catalizador de una conciencia nacional y antiimperialista.
Las sanciones económicas unilaterales impuestas por Estados Unidos —que, como documenta Mooney (2021) [8], fueron tan severas que la propia relatora especial de Naciones Unidas sugirió que podrían constituir crímenes de lesa humanidad— operan no solo como mecanismo de asfixia económica, sino como dispositivo de guerra cognitiva. Al bombardear a la población venezolana con la narrativa de que «las sanciones no afectan al pueblo sino al gobierno», y al mismo tiempo generar escasez inducida e hiperinflación, se produce una disociación esquizofrénica en la conciencia popular: se vive la catástrofe económica mientras se niega su causa real.
Efectos sobre las subjetividades de clase
El materialismo histórico nos enseña que la conciencia de clase no es un reflejo mecánico de la posición en las relaciones de producción, sino una construcción política y cultural mediada por la lucha ideológica. En este sentido, la guerra cognitiva opera directamente sobre lo que Lukács denominó la conciencia de clase psicológica (la percepción inmediata que los individuos tienen de su situación) para impedir el desarrollo de la conciencia de clase atribuida (la comprensión de los intereses históricos objetivos de su clase) (Melo, 2018) [9].
En Venezuela, el efecto ha sido paradójico y contradictorio. Por un lado, la guerra cognitiva ha profundizado la polarización de clase que ya caracterizaba la sociedad venezolana desde la llegada de Chávez al poder. Como documentan Hawkins et al. (2018) [10], la polarización en Venezuela no fue simplemente política, sino que expresó la división de la clase en la sociedad venezolana: el chavismo aglutinó a los sectores populares y a las clases medias empobrecidas, mientras que la oposición concentró a las élites económicas, a las clases medias altas y a los sectores profesionales formados bajo el paradigma neoliberal. La guerra cognitiva intensificó esta división de las clases al naturalizar las diferencias de clase como diferencias morales e identitarias: el chavista era presentado como «ignorante», «populista» o «violento», mientras que el opositor era retratado como «ciudadano», «demócrata» o «profesional».
En América Latina, la guerra cognitiva ha producido un efecto de archaización de la conciencia política*, como lo denominan Morozov y Erofeev (2017) [11] en su análisis de las guerras híbridas. Este concepto se refiere al retorno de mitologías políticas arcaicas —el «enemigo interno», la «conspiración comunista», la «amenaza a la civilización occidental»— que reemplazan el análisis racional de las contradicciones sociales por una lógica amigo-enemigo despolitizadas. En Brasil, la elección de Bolsonaro fue un caso paradigmático: el uso de WhatsApp como arma de propaganda masiva —analizado por Luz y Miller (2020) [12]— permitió construir una realidad paralela donde la amenaza del «comunismo» justificaba cualquier atrocidad. La guerra cognitiva, en este sentido, produce una involución de la subjetividad política: en lugar de la conciencia crítica que debiera emerger de la experiencia material de la explotación, se implanta una conciencia mistificada que identifica como enemigos a otros explotados o a proyectos emancipatorios.
La dimensión geopolítica y los pueblos: imperialismo y guerra vicaria
La guerra cognitiva no puede entenderse al margen de la reconfiguración geopolítica global. La tesis de la «guerra vicaria» —desarrollada por Waldman (2021) [1] y retomada por otros analistas (Krieg y Rickli, 2018) [13]— sostiene que Estados Unidos ha optado por delegar en actores proxies la realización de sus guerras, manteniendo su propia fuerza militar en la sombra, operando desde las sombras (operaciones encubiertas, fuerzas especiales, drones, guerra cibernética), mientras transfiere los costos humanos y políticos a otros.
En el contexto latinoamericano, esta guerra vicaria asume la forma de una agresión multidimensional que combina sanciones económicas, manipulación mediática, financiamiento de oposiciones, reconocimiento selectivo de gobiernos y guerra cognitiva digital. El objetivo es producir un colapso inducido que justifique la intervención humanitaria o el cambio de régimen. Como señalan Main y Dangl (2019) [14], el caso venezolano representa un momento crítico para desafiar la intervención imperialista en la región: lo que está en juego no es solo un país, sino la posibilidad de que exista un proyecto soberano, independiente y antiimperialista en el hemisferio.
Para los pueblos de América Latina, la guerra cognitiva produce una subjetividad escindida. Por un lado, las clases populares que han sido protagonistas de procesos emancipatorios —el bolivarianismo en Venezuela, el evismo en Bolivia, el correísmo en Ecuador, el lulismo en Brasil— desarrollan una conciencia defensiva, una subjetividad de resistencia que se fortalece frente a la agresión externa pero que corre el riesgo de cristalizarse en una postura reactiva que dificulta la autocrítica y la renovación. Por otro lado, las clases medias y altas que se identifican con el discurso hegemónico occidental experimentan una subjetividad de resentimiento: al ver bloqueadas sus expectativas de consumo y movilidad social por la crisis económica —crisis que la guerra cognitiva les presenta como resultado de la «incompetencia» o «corrupción» del gobierno popular, y no como efecto de las sanciones y la guerra económica—, estas clases se vuelcan hacia posiciones políticas cada vez más radicalizadas, llegando a justificar la intervención extranjera.
A escala global, la guerra cognitiva produce un efecto aún más inquietante: la disolución del principio de realidad. En un mundo donde cada hecho puede ser negado, cada verdad puede ser disputada y cada narrativa puede ser fabricada, la posibilidad misma del conocimiento objetivo —condición de posibilidad de cualquier política emancipatoria— se ve socavada. La guerra cognitiva no busca convencer, sino confundir; no busca ganar adeptos, sino neutralizar la capacidad de juicio. Es, en este sentido, una guerra contra la razón histórica misma.
Para cerrar en tono dialéctico
Entre la determinación estructural y la agencia histórica
Desde una perspectiva dialéctica, la guerra cognitiva no es un destino ineluctable ni una fuerza todopoderosa. Como toda forma de lucha de clases, encuentra sus límites en las condiciones materiales y en la praxis de los sujetos históricos. El fracaso del intento de derrocar a Maduro en 2019 —a pesar de la maquinaria cognitiva global desplegada a su favor— demuestra que la guerra cognitiva, por sí sola, no puede suplir la ausencia de una base social sólida ni la falta de una correlación de fuerzas favorable en el terreno material (Buxton, 2019) [6].
La guerra cognitiva ha mutado y se ha sofisticado, pero la contradicción fundamental que recorre la historia latinoamericana —la que enfrenta a los proyectos de soberanía popular con los intereses del imperialismo y sus aliados locales— permanece intacta. Lo que ha cambiado es el escenario donde esta contradicción se dirime: de los campos de batalla físicos, la guerra se ha trasladado a los territorios de la conciencia. Pero la conciencia, como nos enseñó Marx, no es una esfera autónoma de la realidad: es expresión y reflejo —activo, no pasivo— de las condiciones materiales de existencia.
El mayor peligro de la guerra cognitiva no reside en su capacidad de engañar, sino en su capacidad de desmovilizar, de producir una subjetividad fatalista que acepte la realidad presente como inmutable. Frente a ello, la tarea del pensamiento crítico —y de la praxis política que le corresponde— es restituir el vínculo entre la experiencia vivida y la comprensión de la totalidad social, entre el sufrimiento cotidiano y sus causas estructurales, entre la memoria histórica de las luchas pasadas y la posibilidad de un futuro emancipado.
Como sostienen Petras y Veltmeyer (2018) [15] en su análisis de la lucha de clases en América Latina, cada avance del capital en la región ha generado una respuesta correspondiente de las clases trabajadoras y populares. La guerra cognitiva es el más reciente capítulo de esta dialéctica de dominación y resistencia. La pregunta que se abre ante nosotros —pueblos de Venezuela, de América Latina y del mundo— es si seremos capaces de desarrollar las formas organizativas, las subjetividades y las conciencias que nos permitan no solo resistir, sino vencer en este nuevo terreno de batalla.
Referencias
[1] Waldman, T. (2021). Vicarious Warfare: The Counterproductive Consequences of Modern American Military Practice. Contemporary Security Policy, 38(3), 409-431. https://doi.org/10.1080/13523260.2017.1393201
[2] Tan, A., & Perlmutter, D. (2006). The more you know, the less you understand: The problem with information warfare. Journal of Strategic Studies, 29(3), 497-521. https://doi.org/10.1080/01402390600765900
[3] Cañizález, A. (2003). Breaking Democracy: Venezuela’s Media Coup. Media International Australia, 108(1), 75-85. https://doi.org/10.1177/1329878×0310800114
[4] Forelle, M., Howard, P., Monroy-Hernández, A., & Savage, S. (2015). Political Bots and the Manipulation of Public Opinion in Venezuela. SSRN Electronic Journal. https://doi.org/10.2139/ssrn.2635800
[5] Hesketh, C. (2019). A Gramscian Conjuncture in Latin America? Reflections on Violence, Hegemony, and Geographical Difference. Antipode, 51(4), 1179-1199. https://doi.org/10.1111/anti.12559
[6] Buxton, J. (2019). The Missteps of Venezuela’s Opposition—Again. NACLA Report on the Americas, 51(2), 125-130. https://doi.org/10.1080/10714839.2019.1617472
[7] López-Rodríguez, A. M. (2021). Legal Consequences of and Approaches to the Question of Recognition of a Government of a State: Disputes involving Venezuela. ICSID Review – Foreign Investment Law Journal, 36(3), 491-514. https://doi.org/10.1093/icsidreview/siab022
[8] Mooney, J. (2021). Economic Sanctions, International Law, and Crimes Against Humanity: Venezuela’s Referral to the International Criminal Court. American Journal of International Law, 115(2), 305-312. https://doi.org/10.1017/ajil.2021.20
[9] Melo, B. P. (2018). To Be or Not to Be, That Is the Question?—Fragments of Marxist Theory on the Movements of Class Consciousness. International Critical Thought, 8(1), 102-118. https://doi.org/10.1080/21598282.2018.1430602
[10] Hawkins, K., Rovira Kaltwasser, C., & Andreadis, I. (2018). Polarization, Participatory Democracy, and Democratic Erosion in Venezuela’s Twenty-First Century Socialism. The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science, 681(1), 62-79. https://doi.org/10.1177/0002716218817733
[11] Morozov, E., & Erofeev, S. (2017). Hybrid wars: the archaization of political consciousness and involution of media. Russian Journal of Communication, 9(1), 62-76. https://doi.org/10.1080/19409419.2017.1323177
[12] Luz, N., & Miller, E. (2020). Minimal Effects, Maximum Panic: Social Media and Democracy in Latin America. Social Media + Society, 6(4), 1-12. https://doi.org/10.1177/2056305120984452
[13] Krieg, A., & Rickli, J.-M. (2018). Surrogate warfare: the art of war in the 21st century? Defence Studies, 18(2), 159-186. https://doi.org/10.1080/14702436.2018.1429218
[14] Main, A., & Dangl, B. (2019). Venezuela: A Critical Moment to Challenge Intervention. Socialism and Democracy, 33(2), 118-125. https://doi.org/10.1080/08854300.2019.1638184
[15] Petras, J., & Veltmeyer, H. (2018). Class Struggle Back on the Agenda in Latin America. Journal of Developing Societies, 34(1), 1-23. https://doi.org/10.1177/0169796×17753000
[16] Youngers, C. (2000). Cocaine Madness Counternarcotics and Militarization in the Andes. NACLA Report on the Americas, 34(3), 16-23. https://doi.org/10.1080/10714839.2000.11722614
[17] Morales, G. (2018). Comparative analysis of the emerging projects in Latin America after the crisis of the neoliberal modernity project in the early 21st century. Thesis Eleven, 149(1), 48-66. https://doi.org/10.1177/0725513618813382
[18] Robinson, W. I. (2024). Downplaying U.S. Imperialism Despite its Ongoing Tenacity: The Latin American Dimension. Latin American Perspectives, 51(2), 3-22. https://doi.org/10.1177/0094582×241256896
Nota al pie
* La archaización de la conciencia política, es un fenómeno contemporáneo en el que los discursos, comportamientos y estructuras mentales de la política moderna retroceden hacia formas más primitivas, emocionales o tribales. Este proceso implica abandonar el debate racional y la complejidad democrática en favor de la dinámica basadas en la división, la identidad grupal y líderes. Se puede reconocer en este fenómeno características y formas de expresión que evidencia culturas políticas populistas y emocionales, donde la conciencia política se deforma a alejarse de la comprensión estructural de los problemas y enfocarse en el odio, el rencor social y la división. As mismo, encontramos formas de tribalismo, como un retorno a la lógica de “amigo-enemigo”, donde la pertenencia al grupo es más importante que las propuestas políticas. Se expresa también el liderazgo paternalista, que muestra la reaparición de figuras de autoridad vistas como “pastores del pueblo”, un concepto arcaico descrito por plato donde el líder asume un rol educador o paternalista sobre la ciudadanía. Por último, podemos encontrar la desinformación como herramienta, creando un contexto que permite que la desinformación alimente este retroceso, afectando la toma de decisiones razonables.
Este fenómeno se ve alimentado por la lucha por recursos, la polarización y la arremetida de intereses económicos. En lugar de una conciencia política basada en la ciudadanía moderna, se promueve una que busca “salvadores” o respuestas simples a crisis complejas. La archaización busca concentrar el poder en figuras que apelan a pasiones primarias, eliminado la racionalidad. Es un retroceso hacia formas autoritarias o tribales de entender el poder, impulsando por la polarización y la manipulación emocional, mientras la conciencia política sana busca transformar las relaciones de poder de manera horizontal y colectiva.
+ Ingeniero y magíster en Historia egresado de la UCV. Actualmente, doctorante en Creación Intelectual (UNESR). Decano Honorario de la Universidad Iberoamericana. Profesor Honorario de la Universidad Politécnica Territorial Alonso Gamero. Diplomático. Director del Centro de Investigación Contrahegemónica Luis Acuña de LAUICOM, investigador de la línea guerra cognitiva en LAUICOM. Coordinador de la Red Internacional de Investigación Antifascista. / pedropenso@gmail.com
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM).
Claves de este ensayo:
Tesis Central: El fracaso del conductismo y la guerra híbrida frente a la imprevisibilidad del comportamiento colectivo venezolano.
Ejes Temáticos: Guerra total e interdimensional, control de la conducta (Skinner/Bolonia), Pueblo Creador (Soberanía cognitiva) y Proyecto Identitario Transformador.
Contexto Histórico: Análisis de la agresión contra Venezuela iniciada el 03 de enero de 2026.
La película El huevo de la serpiente (Ingmar Bergman, 1977) plantea la posibilidad de un control absoluto del comportamiento humano. Supone el encuentro entre las autoridades del régimen nazi con científicos dedicados a experimentar sobre cómo condicionar al ser humano para lograr una obediencia absoluta… No obstante, esa intención no es nada nueva en el mundo; las guerras lo atestiguan: se trata de dominar, controlar, al “otro”, al enemigo, al rival…
La misma ciencia se ha prestado para proponer caminos que van en esta dirección. La psicología conductista (B. F. Skinner dixit) establece que, a través de un sistema de reforzadores (castigos o recompensas), es factible controlar, y por lo tanto predecir, el comportamiento humano. Y ello se implantó en el trabajo, en el ejército y en el sistema educativo. Al respecto, recordamos que maestros y maestras, a finales de los 80, debían atender en su trabajo a los llamados “objetivos conductuales”, a los diseños instruccionales, etc… El plan Bolonia, en las universidades europeas, desde finales de los 90, programa a las personas para resolver problemas en ámbitos laborales bien localizados, a través del desarrollo de determinadas competencias.
El propósito central de una confrontación bélica es someter al enemigo, neutralizarlo y hacer que se comporte como los atacantes quieran.
Pero nos interesa ahora hablar de la guerra como propiciadora del control de la conducta humana. Es decir, en el fondo es el propósito central de una confrontación bélica: someter al enemigo, neutralizarlo, hacer que se comporte como los atacantes quieran que se comporte: indefenso, dócil, obediente. Y esto hace que la guerra deba ser simultáneamente un asunto militar, económico, psicológico, social y también cultural. Por ello se habla de guerra híbrida, guerra total…
Por ejemplo, el brutal ataque sufrido por Venezuela a partir del 03 de enero de 2026, pretendía someter a gobernantes y pueblo, bajo algunos supuestos básicos: 1) dependencia del líder, 2) el país está a punto de estallar por graves descontentos en diversos órdenes, 3) El gobierno está lleno de facciones enfrentadas entre sí. De ser ciertos estos supuestos, el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y de la primera combatiente, diputada Cilia Flores, debía generar en el país una situación de revueltas, fuego y sangre, algo similar a una guerra civil, y una secuencia de intentos de golpes de estado que agravarían la crisis. Ante este caos terrible, cualquier gobierno poderoso pudiera llegar para implantar un nuevo estado de orden en el país.
Sólo que el comportamiento humano, en este caso colectivo, nacional, es imprevisible. La misma ciencia, ante un universo hipercomplejo, señala la imposibilidad de hacer predicciones lineales (Física Cuántica, Estructuras Disipativas, Pensamiento Complejo, Teoría del Caos), por lo que las mismas ciencias físicas son probabilísticas… Así, también los cálculos de los atacantes resultaron erróneos: se mantiene el gobierno venezolano, con Delcy Rodríguez al frente; predomina la paz en la nación; no se han dividido ni el partido del gobierno ni los movimientos que le apoyan. El pueblo sigue en sus actividades, en su diario trajinar.
Ante un universo hipercomplejo, los cálculos de los atacantes resultaron erróneos: el comportamiento colectivo nacional es imprevisible.
Y es que el pueblo venezolano, desde hace rato, viene, desarrollando un proceso de aprendizaje profundo. Es un pueblo que ha venido sobreviviendo a las medidas coercitivas unilaterales (MCU), mal llamadas sanciones, que restringen grandemente la posibilidad de que nuestro país realice intercambios y transacciones económicas y financieras con otros países, en el marco legal y de acuerdos internacionales vigentes. Ello ha traído a la nación momentos de precariedad, de limitaciones para tener acceso a los bienes básicos. Y sumado a este evento, Venezuela ha sobrevivido a la pandemia del Covid 19, de un modo eficiente, gracias a las medidas implementadas en su momento por el presidente Nicolás Maduro.
Este pueblo venezolano ha venido recreando y aprendiendo múltiples modos y metódicas para resolver los problemas fundamentales de alimentación, salud, convivencia. Ha desplegado, por ejemplo, procesos de entreayuda (al decir de Simón Rodríguez), desde lo familiar y vecinal, incluso entre compañeras y compañeros de trabajo; ha revitalizado prácticas ancestrales, como el trueque; la siembra urbana; huertos caseros y comunitarios; ollas comunitarias; economía del gasto; subconsumo de algunos aspectos; nuevas prácticas gastronómicas; entre otras.
Si bien son procesos para lograr las condiciones básicas para el vivir, nos han ayudado como pueblo a mantenernos a flote ante el acoso de la guerra económica, política y comunicacional. Así, ha fallado el intento de control de las potencias imperiales, en su pretensión de llevarnos a la derrota histórica, a la desesperanza inducida, a las divisiones hirientes. Hemos roto las estrategias que han pretendido controlarnos mediante el miedo vestigial (amenaza, hambre, aislamiento), y nos seguimos constituyendo como sociedad.
Hemos roto las estrategias que pretendían controlarnos mediante el miedo vestigial: amenaza, hambre y aislamiento.
No obstante, aún tenemos caminos por transitar. Hemos referido diversos modos mediante los cuales, nosotras y nosotros, como pueblo, hemos preservado la vida, cómo luchamos por la salud y por los insumos necesarios para seguir andando. Pero, por la premura, lo hemos venido haciendo de manera aislada, particular, en pequeños círculos de familiares y amistades. Y es momento propicio para seguir profundizando en un proceso social que nos convoque, que nos dé sentido de unidad, más allá de los movimientos, los movimientos y organizaciones sociales, e incluso de los partidos políticos. Nos espera la continuidad de un proyecto histórico que fortalezca nuestra identidad nacional y continental, que apunte a una transformación radical progresiva, en paz, en diálogo pleno. De ese modo, la diversidad de formas y estrategias de vida que hemos venido construyendo, pueden apuntar a un sentido más amplio, incluyente, cargado de sentido histórico.
Ejes temáticos:
Guerra total, híbrida, interdimensional: económica, política, social, cultural, comunicacional.
Control de la conducta: estrategias de los hacedores de guerras para inducir tipos de comportamientos en los enemigos o rivales.
Pueblo creador: comportamiento colectivo, diverso, multiestratégico, para garantizar lo necesario para sustentar la vida y la sociedad.
Proyecto identitario transformador: Construcción colectiva (nacional) que fundamente un proyecto de sociedad colaborativa, topárquica, equitativa, con reciprocidad.
El 19 de abril inició la gran peregrinación “Unidos por una Venezuela sin sanciones y en paz”
Por Carolina Escarrá Gil*
El 19 de abril inició la gran peregrinación “Unidos por una Venezuela sin sanciones y en paz”, anunciada por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien hizo un llamado a “todos los sectores políticos a dejar de lado las diferencias” y “luchar en conjunto para que cese el bloqueo y cesen las sanciones a nuestro país”, además de que continúa impulsándose la cohesión social y el reclamo por justicia en el caso de nuestro presidente Nicolás Maduro, prisionero de guerra secuestrado, así como de la primera Dama y diputada Cilia Flores, también secuestrada por el gobierno de los EE. UU.
La peregrinación inició con Zulia, Amazonas y Táchira. En Táchira, en el marco de la peregrinación, sectores productivos y sociales firmaron el “Acuerdo de Convivencia y Paz por la Eliminación de los Bloqueos y la Recuperación Económica de Venezuela”, el cual fue refrendado por representantes de la banca, empresarios, ganaderos, sector médico, universitario, deportistas y emprendedores, y fue entregado al gobernador Freddy Bernal y al ministro Diosdado Cabello. En Cojedes, en presencia de la Presidenta encargada, el gobernador opositor Alberto Galíndez, se unió a la peregrinación, indicando que el levantamiento de las medidas coercitivas unilaterales, y el acceso a nuestros recursos congelados en el extranjero, “pueda convertirse en mejoras en las condiciones de vida de los venezolanos” y en “mejores salarios para nuestro pueblo”. Así han seguido las peregrinaciones en otros estados del país.
Algunos elementos a precisar:
Por un lado, el hecho de que el inicio haya sido el 19 de abril, justo el día en que se celebra nuestro grito de independencia hace 226 años, del yugo del imperio de turno. Esto no solo refuerza el valor histórico de la fecha, sino que también refuerza un elemento identitario y soberano.
Por otro lado, no es una marcha con consignas políticas, orientada por un partido con una ideología. Se trata de una peregrinación con sentido espiritual, de fe, de esperanza, en el marco de un reclamo de justicia social, ante esas medidas coercitivas unilaterales. Medidas que no solo han afectado enormemente nuestra economía, sino también nos han afectado en lo social, en lo jurídico, en lo espiritual, y en el marco de nuestra resistencia contrahegemónica a la superestructura dominante que pretende ser hegemónica.
Un recorrido por lo largo y ancho del país, para sumar voluntades en esta lucha contra las medidas coercitivas unilaterales, pero también a favor de una prosperidad que nos pertenece, porque “Venezuela vuela libre”. Además, la peregrinación cuenta con el apoyo del presidente Nicolás Maduro y la Primera Dama, Cilia Flores, quienes se expresaron a través de las redes sociales, recalcando las ideas de unidad, libertad y unión superior del pueblo venezolano en el marco de esta peregrinación.
Venezuela Vuela Libre
Un elemento fundamental es nuestro derecho a estar libre de la coacción económica que ejercen EE. UU., la UE, Panamá, Reino Unido, Suiza y Canadá, los cuales han impuesto esas medias ilegales a nivel internacional, ya que no cuentan con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU, y dependen en gran medida de una visión de supremacismo de parte de las élites que gobiernan esos países.
Se trata de medidas que afectan a algunas figuras políticas que se encuentran en la lista de nacionales especialmente designados de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (Ofac) del Departamento del Tesoro de los EE. UU., pero también de medidas que afectan instituciones que permean la “sanción” contra todo el pueblo venezolano, cuando impiden el acceso a recursos que nos pertenecen a todas y todos los venezolanos y que pueden servir para aliviar algunos problemas sociales, especialmente vinculados a los servicios públicos y a la calidad de vida en el buen vivir de nuestro pueblo, que nos permitan lograr la máxima esgrimida por el Libertador en Angostura en relación al gobierno más perfecto: aquel que produzca la mayor suma de estabilidad política, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de felicidad posible para nuestro pueblo.
Algunos datos
De acuerdo con la página web del Observatorio Venezolano Antibloqueo, tenemos 1088 medidas coercitivas unilaterales, aunque la presidenta encargada habla de 1081; 31 toneladas de oro congeladas en el Banco de Inglaterra, además de más de 7 mil millones de dólares en otros bancos extranjeros. Llegamos a perder el 99 % del ingreso por concepto de hidrocarburos y aún así en lugar de disminuir, aumentó la inversión social de nuestro presupuesto en términos porcentuales.
En 2013 teníamos un ingreso petrolero de 53 mil millones de dólares, que en el año 2020, se ubicó en apenas 742 millones de dólares. En 2015 se producían 2,4 millones de barriles diarios, lo que bajó a apenas 400 mil barriles diarios en 2020, aunque hemos remontado a poco más de 1 millón en los momentos actuales. Hemos perdido activos importantes como Citgo que ha sido subastado por un tribunal, aunque gracias a una “licencia” del gobierno estadounidense, no se puede ejecutar hasta el 5 de mayo.
Todo ello, con el contubernio de grupos no solo extremistas sino apátridas que mal administraron esos recursos que le fueron secuestrados al pueblo de Venezuela y entregados a esos pseudo líderes que aún hoy, abogan por más medidas coercitivas unilaterales.
Licencias no levantan “sanciones”
Además, eso nos lleva al tema de la diferencia entre las medidas coercitivas unilaterales, llamadas sanciones, por ellos, y las licencias que otorgan como migajas que pueden recoger cuando quieran para seguir presionando y afectando nuestra economía y buen vivir, licencias que cuentan con algunas limitaciones, especialmente temporales y algunas veces espaciales, pudiendo ser la mayoría de ellas modificadas según lo considere pertinente la secretaría de Estado estadounidense, que dirige actualmente Marco Rubio.
Además, me parece interesante que nosotros que abogamos por definirlas como medidas coercitivas unilaterales, ahora las llamemos sanciones, por lo cual considero que debe tener de trasfondo el hecho de que se trata de un factor de unificación, como los cinco consensos planteados por el presidente Maduro en 2024, pero que el mensaje es más para los estadounidenses que para nosotros mismos.
En todo caso, el inicio de la campaña estuvo acompañado por mucho pueblo como lo señaló la presidenta encargada Delcy Rodríguez, quien destacó que la gente “se volcó, de verdad, a las calles en oración, en canto, en conversación”, y sobre todo en unidad nacional, para exigir se eliminen las medidas coercitivas unilaterales, como condición para la mejora del entorno económico y social del país, pues contrario a lo que se ha dicho en ciertos medios de in-comunicación, no afectan solo a particulares, sino a todo el pueblo venezolano.
* Investigadora y docente universitaria desde el año 2007, doctora en Pedagogía Crítica de la UNESR, magíster en Ciencias Políticas en la Sorbona, y en Diplomacia y Negociación Estratégica en la Universidad de Sceaux, miembro del Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual de LAUICOM y de la Red Internacional de Investigadores Antifascistas, articulista semanal en Correo del Orinoco desde 2012 / cescarragil@gmail.com.
Prensa LAUICOM – En una jornada marcada por la hermandad y el compromiso, los estudiantes del Programa Nacional de Formación (PNF) de los turnos mañana y tarde recibieron este jueves sus certificados del Diplomado en Comunicación Política en la sede de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM).
Tras culminar con éxito sus estudios, se preparan para defender la verdad y la ética como herramientas fundamentales para la soberanía y el bienestar de sus comunidades.
El encuentro inició con testimonios cargados de emoción por parte de los estudiantes de ambas jornadas, quienes resaltaron el crecimiento humano vivido en las aulas. «Este diplomado nos permitió entender que comunicar es, ante todo, sentir y conectar con el otro; nos vamos con la responsabilidad de ser la voz de lo hermoso y lo justo», manifestaron los jóvenes, agradeciendo la guía constante del profesor Rafael Rosales durante cada clase.
La rectora de LAUICOM, Tania Díaz, ofreció un mensaje profundamente conmovedor que selló el compromiso de los egresados: «Ustedes han formado su corazón para la libertad y para lo grande. La comunicación que hacemos aquí es para lo humano. A partir de hoy, son parte integral de esta casa y de este colectivo que lucha por la vida», expresó con orgullo.
El acto cerró con un emotivo aplauso que unificó a ambos turnos, simbolizando el nacimiento de una red de comunicadores que ahora regresan a sus territorios con una mirada renovada.
Prensa LAUICOM– Este miércoles, la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM), presentó la Clase Magistral «Propiedad Social, libertad individual y socialismo», bajo la dirección de la Cátedra Internacional Hugo Chávez Comunicador, coordinada por Julio Chirinos.
En el encuentro participaron la vicerrectora de Asuntos Internacionales, Tamara Díaz, el diputado a la Asamblea Nacional, Rodolfo Sanz, así como movimientos estudiantiles y comuneros.
Esta sesión, buscó esclarecer la tesis socialista frente a las campañas de desinformación, explicando mediante el debate académico y la praxis revolucionaria cómo la transferencia de medios de producción a las comunidades garantiza la independencia individual y el bienestar colectivo.
La vicerrectora Tamara Díaz dio la bienvenida a los presentes, destacando la importancia de estos espacios para la descolonización del pensamiento. Por su parte, Julio Chirinos enfatizó que la cátedra es una herramienta permanente para profundizar en las líneas de investigación del pensamiento del Comandante Chávez.
Un punto clave del debate fue la transición del «valor de cambio» hacia el «valor de uso», orientado a satisfacer las necesidades humanas reales en lugar de la acumulación de capital. Se subrayó que en el socialismo, la producción debe planificarse para garantizar derechos fundamentales como la vivienda, la salud y la alimentación.
Finalmente, los ponentes hicieron un llamado a la juventud universitaria a estudiar el legado de Chávez como una doctrina universal necesaria para enfrentar la crisis del sistema capitalista.
La sesión concluyó reafirmando que solo a través del amor y la conciencia del deber social se podrá construir una sociedad plenamente humana y racional.
Prensa LAUICOM- Este miércoles culminó el IV módulo del Diplomado en Comunicación Política mediante actividades reflexivas y emotivas. El profesor Rafael Rosales lideró este cierre académico para garantizar que los participantes utilicen la palabra como una herramienta de justicia y ética.
Este encuentro buscó consolidar las competencias críticas para que los participantes logren defender los derechos del pueblo con total veracidad, los conocimientos recibidos permiten que cada integrante se convierta en un actor fundamental para la transformación comunicacional dentro de la sociedad actual.
El profesor Rafael Rosales enfatizó que el propósito de esta capacitación es formar cuadros capaces de razonar antes de emitir cualquier discurso público. No se trata simplemente de difundir información al vacío, sino de establecer una conexión profunda, real y humana con sus comunidades.
Bajo el lema «¡Comunicación para la liberación!», la institución reafirmó su compromiso de enseñar a comunicar desde la empatía y la conciencia patria, los participantes cuentan ahora con herramientas de vanguardia para que sus mensajes impacten directamente en el corazón de todos los ciudadanos.
Con esta culminación, los integrantes de la cohorte XXII se preparan para ocupar espacios estratégicos de debate, llevando la voz de los sectores populares; la experiencia adquirida en LAUICOM les otorga el criterio necesario para enfrentar los retos mediáticos actuales con una gran responsabilidad.
Finalmente, los comunicadores parten con el compromiso de transformar su entorno inmediato a través de una práctica comunicacional constante, valiente y veraz. Este diplomado representa un paso firme hacia la soberanía informativa, garantizando que cada palabra sea un escudo en defensa de la justicia.
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM) Abril, 2026
El Sur Global como categoría ontoepistémica, es decir, integral, es una evolución de las nociones neocoloniales excluyentes como países del tercer mundo o en vías de desarrollo. Incluye a Africa, Asia, Oceanía, América Latina y el Caribe, que tienen una historia en común de formas de abuso de poder de las que han sido blanco de ataque, pero también de resistencia, con una proyección en 2030, que concentra a tres de cuatro de las grandes economías mundiales, como China, India, Brasil e Indonesia, en este espacio geopolítico e identitario de lucha por la justicia social.
Frente esta visión emancipadora del Sur Global surge, en el contexto de la Doctrina Donroe, corolario de Trump a la doctrina Monroe, la Gran América del Norte, entendida como una manera de asegurar el eje de defensa de la Casa Blanca, contra el narcoterrorismo, constructo que va más allá del de terrorismo, el cual cobra auge después del episodio de las Torres Gemelas. La lucha contra el narcoterrorismo se gesta en la etapa más recalcitrante del capitalismo global, caracterizada por las invasiones, violatorias de la soberanía nacional, vestidas de ofensivas e incursiones militares “quirúrgicas”.
La Gran América del Norte, que va de Groenlandia a Ecuador y de Alaska a Guyana, e incluye a México y Venezuela, es propuesta por Hegseth, secretario de guerra de EE.UU., que justifica el gasto en la seguridad nacional estadounidense, aquí entendida como regional, que no es otra cosa que la guerra, no privilegia una historia en común sino lo económico, pues las naciones que la forman se caracterizan por ser ricas en diferentes recursos.
Al igual que el neoliberalismo, este Norte Global tiene como telón de fondo el marco cognitivo moral, desde lo religioso, que es el protestantismo, el de los ultraconservadores. En él, el cristianismo protestante se vincula a la guerra. Su participación en ella, desde el ejército, se concibe como un mandato divino para salvar el mundo de la degradación, a fin de justificar una economía bélica.
A diferencia del Sur Global, en que los países se unen en resistencia contra cualquier forma de dominación y saqueo, la Gran América del Norte avanza en la ofensiva militar, el control de la energía y en la representación social de los inmigrantes como criminales.
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)
Ejes Temáticos:
Significado de Peregrinación: El viaje de autotransformación interior y aprendizaje espiritual (Per ager).
Simbología del Camino: Relación entre la peregrinación, la paz y la eliminación de medidas coercitivas.
Ad Astra per Aspera: El viaje hacia las estrellas a través de las espinas como metáfora de la superación nacional.
Voluntad y Compasión: Valores fundamentales para trascender el odio y favorecer la reconciliación.
Continuando con el análisis exegético de los mensajes del Presidente Maduro, llegamos al cuarto mensaje, el donde habla de la peregrinación. En ese mensaje dice: “La peregrinación permanente por, la unión, la libertad y la felicidad de nuestra patria”. después que se extiende en los otros mensajes, lo primero que llama la atención es lo parco del mensaje. Aunque después hace un saludo afectuoso, el mensaje parece contentarse con las palabras primeras. Es como si estuviera diciendo: Esta es la clave de todo. Pues, en atención a lo directo del mensaje, vamos a pasearnos por la significación simbólica de la peregrinación.
La peregrinación es, más que un desplazamiento físico, un viaje de transformación interior
La palabra “peregrinación” deriva del latín per ager, que significa “a través de los campos”. La peregrinación es un viaje, generalmente a pie, hacia un lugar sagrado o significativo por motivos religiosos, espirituales o personales. Pero más que un desplazamiento físico, significa un viaje de transformación interior. La peregrinación se relaciona con la “Romería” que también es una peregrinación o viaje, generalmente a pie, caballo o carroza, hacia un santuario o ermita, pero que combina la devoción religiosa con la fiesta popular, incluyendo misas, cantos, bailes y comidas campestres. Históricamente, el término proviene de «romeros», quienes peregrinaban a Roma.
Durante la edad media las peregrinaciones tierra santa eran frecuentes y fueron famosas las peregrinaciones de Felix Fabri que plasmó en su libro “las peregrinaciones imaginales” para que las monjas de clausura de un convento que visitó en uno de sus viajes, pudieran hacerlo en forma imaginal sin salir del claustro. Todo religioso que se precie de serlo, tenía que algún momento hacer el viaje a Jerusalén, pero antes de la edad media, como habíamos visto, el destino era Roma, “la de los mil caminos”, y antes de Roma, los griegos iban a Egipto. Es ya sabido que Pitágoras fue a aprender a Egipto, a siendo uno de los más grandes sabios griegos. Jung había descrito que la significación psicológica del viaje es el aprendizaje.
Entonces tenemos que peregrinar es ir a aprender, pero ese aprendizaje tiene una significación particular. No se trata de aprender cualquier cosa, se trata de que con ese aprendizaje se iluminaba el corazón. La frase harto conocida: “toda luz viene de oriente y toda iniciación viene de Egipto”, sugiere que es “al final del camino” que vamos a encontrar el aprendizaje y vamos a conseguir la luz.
Para lograr la paz entre los venezolanos debemos necesariamente trascender el odio
Entonces, tenemos que la Presidenta (E) Delcy Rodríguez ha convocado una gran peregrinación nacional “por una Venezuela sin sanciones y en paz” y que se nos permita negociar libremente con otras naciones para poder prosperar y vivir en armonía. Desde estas líneas pensamos que el Presidente Maduro al apoyar la peregrinación, está sugiriendo u camino de auto transformación. También es conocido el adagio latino que se asocia al viaje: “ad astra per aspera” que significa: “hacia las estrellas a través de las espinas”. De manera que el viaje no significa que sea placentero. Los viajes de autoconocimiento son viajes muy dolorosos porque significa reconocer nuestros errores y asomarnos a nuestra “sombra”, que esa parte de nosotros que representa nuestros errores y defectos, y que no nos gusta mostrar. La “sombra” encierra todo aquello oscuro que con gusto apartaríamos. Todo lo que no nos gusta de nosotros que escondemos de los demás. Cosas como el odio, la envidia, el asesinato o quemar gente viva, son cosas que como pueblo, debemos superar para nunca más volver a transitar esa nefasta ruta. El odio entre venezolanos debe trascenderse a través de la reconciliación y las cosas que tenemos que aprender para lograr esa reconciliación nos la proporcionará el viaje de aprendizaje (la peregrinación). Si los compañeros de viaje (otros peregrinos) son de signo contrario a mis creencias, tal vez debamos aprender algo para llegar a feliz término; este viaje nos puede enseñar la TOLERANCIA. Si el viaje es muy largo y queremos llegar rápido, tal vez debamos aprender la PACIENCIA. Si nos cansamos al iniciar el viaje y cambiamos de rumbo fácilmente, tal vez debamos aprender la VOLUNTAD. Si vemos en el camino una persona sufriendo, tal vez lo mejor no sea que pasemos de largo si mirarla como hacemos cuando vamos al trabajo, tal vez lo mejor es detenernos a ayudarla, por ello el viaje nos puede enseñar la COMPASIÓN. De manera que el viaje, no es solo ir de un lugar a otro, en la peregrinación el viaje verdadero y significativo es un viaje interior de autoconocimiento.
La peregrinación implica trazar una meta, hay que definir a dónde queremos ir. El lugar físico es, tal vez, lo menos importante, el cambio interior es lo que verdaderamente importa. Por ello, cando la Presidenta (E) Delcy dice: “por una Venezuela sin sanciones y en paz” significa que debemos alcanzar la eliminación de sanciones para poder acceder al desarrollo económico, en PAZ, y para lograr la paz entre los venezolanos debemos necesariamente trascender el odio y favorecer la reconciliación.
Por todo lo anterior, podemos concluir que el presidente Maduro aboga por la peregrinación, que nosotros sabemos que significa un viaje de auto descubrimiento y de auto transformación. Ahora queda la reflexión: en el fondo de cada uno de nosotros, algo de eso rondaba ya nuestra alma. Cuando la presidente (E) Delcy anunció la peregrinación y le puso ese nombre, sabíamos que algo debía moverse en nuestro corazón. Por eso, cuando el presidente Maduro, escribe apoyando la peregrinación, no está alertando de que hay un viaje de auto transformación que tenemos que hacer.
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