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La guerra cognitiva como mutación del imperialismo contemporáneo: efectos sobre las subjetividades de clase y de los pueblos en Venezuela, América Latina y el mundo


Una aproximación desde la dialéctica del materialismo histórico

Pedro Penso
Director General del Centro de Investigación Contrahegemónica de la Universidad Internacional de las Comunicaciones
Red Internacional de Investigación Antifascista

La guerra como forma fenoménica de la lucha de clases en el siglo XXI


Para comprender lo que hoy llamamos guerra cognitiva y sus efectos sobre las subjetividades en Venezuela, América Latina y el mundo, es necesario partir de una proposición fundamental del materialismo histórico: la guerra no es un accidente de la historia ni una patología de las relaciones internacionales, sino una continuación de la política —y, por tanto, de la lucha de clases— por otros medios. Como nos enseñó Clausewitz, mediado por la lectura leninista, la guerra expresa, en su forma más concentrada y violenta, las contradicciones que atraviesan un modo de producción determinado.
Ahora bien, la mutación que nos ocupa —la emergencia de la guerra cognitiva como modalidad predominante de agresión imperialista en el siglo XXI— no representa un mero cambio técnico en los instrumentos bélicos. Tampoco es un fenómeno que pueda explicarse por la simple adición de «nuevas tecnologías» al repertorio militar. Se trata, más bien, de una transformación cualitativa en la forma que asume la guerra imperialista cuando las condiciones objetivas de la correlación de fuerzas global —el ascenso de nuevos polos de poder, la crisis de la hegemonía unipolar estadounidense, la emergencia de proyectos contrahegemónicos en el Sur Global— vuelven inviable la guerra clásica de ocupación territorial. Es, en palabras de algunos analistas, una guerra vicaria (Waldman, 2021) [1], que busca lograr los objetivos del imperialismo sin exponer a sus fuerzas al costo político y humano de una invasión directa.
Como sostienen Tan y Perlmutter (2006) [2], el concepto mismo de «guerra de información» encierra una paradoja: cuanto más se cree saber sobre ella, menos se comprende su dinámica real, pues la información no es un recurso neutral sino un campo de batalla donde se dirimen proyectos de sociedad antagónicos.

Mutaciones de la guerra cognitiva
Del 11 de septiembre al 3 de enero

La trayectoria de la guerra cognitiva como modalidad imperialista puede trazarse a partir de hitos que marcan saltos cualitativos en su desarrollo. Si la guerra mediática contra Irak en 1991 y 2003 mostró el poder de la manufactura del consenso (Herman y Chomsky, 1988) aplicada a gran escala, la experiencia venezolana de 2002 —el golpe de Estado mediático contra Hugo Chávez— reveló que, en América Latina, los medios de comunicación privados podían operar como arietes de desestabilización política con la misma eficacia que un batallón de infantería. Como documenta Cañizález (2003) [3], el golpe de abril de 2002 contra Chávez fue un «golpe mediático»: la televisión privada venezolana no solo informó, sino que produjo los acontecimientos, creando una realidad virtual que justificaba la ruptura del orden constitucional.


Esta primera fase —que podríamos llamar guerra mediática clásica— evolucionó hacia una forma más sofisticada con la irrupción de las plataformas digitales y las redes sociales. El uso de bots políticos para la manipulación de la opinión pública en Venezuela, estudiado por Forelle et al. (2015) [4], muestra cómo actores automatizados generan contenido que simula apoyo o rechazo popular, creando una falsa impresión de consenso o disenso. Los investigadores encontraron que los bots más activos en la conversación política venezolana eran utilizados por la oposición radical, y que se hacían pasar por líderes políticos y agencias gubernamentales más que por ciudadanos comunes.


Sin embargo, el salto cualitativo más significativo ocurre en la coyuntura que usted señala: el período pre y post 3 de enero. En esta fase, la guerra cognitiva ya no se limita a informar tendenciosamente o a manipular la opinión pública, sino que busca reconfigurar las subjetividades mismas de los pueblos, alterando su percepción de la realidad, su memoria histórica y su capacidad de agencia política. Se trata de una guerra que opera en el plano de lo que Gramsci llamó la hegemonía: la disputa no es solo por el gobierno, sino por la dirección intelectual y moral de la sociedad (Hesketh, 2019) [5].


En el caso venezolano, esta mutación se expresó en la estrategia de doble poder implementada a partir de enero de 2019, cuando Juan Guaidó se autoproclamó «presidente encargado» con el respaldo inmediato de Estados Unidos y sus aliados. Como señala Buxton (2019) [6], la estrategia de la oposición venezolana estuvo marcada por errores de cálculo y por una dependencia excesiva del respaldo internacional, lo que revela que la guerra cognitiva no puede suplir indefinidamente la falta de arraigo social y de correlación de fuerzas favorable en el terreno material.

El secuestro del derecho internacional y la ruptura del orden jurídico.


El desconocimiento de los principios más elementales del derecho internacional —la soberanía, la autodeterminación de los pueblos, la no intervención— constituye la base jurídico-política sobre la cual se despliega la guerra cognitiva contra Venezuela. La estrategia de reconocimiento selectivo de gobiernos, analizada por López-Rodríguez (2021) [7] a través del caso venezolano, revela cómo las potencias imperialistas instrumentalizan el derecho internacional para legitimar injerencias: más de cincuenta países reconocieron a Guaidó como presidente legítimo, a pesar de que Maduro ejercía el control efectivo del territorio, de las instituciones y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.


Esta fractura del orden jurídico internacional tiene consecuencias profundas sobre las subjetividades. Cuando el derecho se convierte en un arma de guerra, la percepción de lo legítimo y lo ilegítimo se desestabiliza. Sectores enteros de las clases medias venezolanas —formadas en la idea de que «Occidente» representa la legalidad y la democracia— experimentaron una ruptura cognitiva al ver que sus referentes tradicionales de autoridad moral avalaban una ficción jurídica: la de un «presidente» sin control territorial, sin ejército y sin capacidad de gobernar. Para las clases populares, en cambio, la defensa de la soberanía se convirtió en una experiencia de reafirmación identitaria, en la medida en que la agresión externa operó como catalizador de una conciencia nacional y antiimperialista.


Las sanciones económicas unilaterales impuestas por Estados Unidos —que, como documenta Mooney (2021) [8], fueron tan severas que la propia relatora especial de Naciones Unidas sugirió que podrían constituir crímenes de lesa humanidad— operan no solo como mecanismo de asfixia económica, sino como dispositivo de guerra cognitiva. Al bombardear a la población venezolana con la narrativa de que «las sanciones no afectan al pueblo sino al gobierno», y al mismo tiempo generar escasez inducida e hiperinflación, se produce una disociación esquizofrénica en la conciencia popular: se vive la catástrofe económica mientras se niega su causa real.

Efectos sobre las subjetividades de clase


El materialismo histórico nos enseña que la conciencia de clase no es un reflejo mecánico de la posición en las relaciones de producción, sino una construcción política y cultural mediada por la lucha ideológica. En este sentido, la guerra cognitiva opera directamente sobre lo que Lukács denominó la conciencia de clase psicológica (la percepción inmediata que los individuos tienen de su situación) para impedir el desarrollo de la conciencia de clase atribuida (la comprensión de los intereses históricos objetivos de su clase) (Melo, 2018) [9].


En Venezuela, el efecto ha sido paradójico y contradictorio. Por un lado, la guerra cognitiva ha profundizado la polarización de clase que ya caracterizaba la sociedad venezolana desde la llegada de Chávez al poder. Como documentan Hawkins et al. (2018) [10], la polarización en Venezuela no fue simplemente política, sino que expresó la división de la clase en la sociedad venezolana: el chavismo aglutinó a los sectores populares y a las clases medias empobrecidas, mientras que la oposición concentró a las élites económicas, a las clases medias altas y a los sectores profesionales formados bajo el paradigma neoliberal. La guerra cognitiva intensificó esta división de las clases al naturalizar las diferencias de clase como diferencias morales e identitarias: el chavista era presentado como «ignorante», «populista» o «violento», mientras que el opositor era retratado como «ciudadano», «demócrata» o «profesional».


En América Latina, la guerra cognitiva ha producido un efecto de archaización de la conciencia política, como lo denominan Morozov y Erofeev (2017) [11] en su análisis de las guerras híbridas. Este concepto se refiere al retorno de mitologías políticas arcaicas —el «enemigo interno», la «conspiración comunista», la «amenaza a la civilización occidental»— que reemplazan el análisis racional de las contradicciones sociales por una lógica amigo-enemigo despolitizada. En Brasil, la elección de Bolsonaro fue un caso paradigmático: el uso de WhatsApp como arma de propaganda masiva —analizado por Luz y Miller (2020) [12]— permitió construir una realidad paralela donde la amenaza del «comunismo» justificaba cualquier atrocidad. La guerra cognitiva, en este sentido, produce una involución de la subjetividad política: en lugar de la conciencia crítica que debiera emerger de la experiencia material de la explotación, se implanta una conciencia mistificada que identifica como enemigos a otros explotados o a proyectos emancipatorios.

La dimensión geopolítica y los pueblos: imperialismo y guerra vicaria.


La guerra cognitiva no puede entenderse al margen de la reconfiguración geopolítica global. La tesis de la «guerra vicaria» —desarrollada por Waldman (2021) [1] y retomada por otros analistas (Krieg y Rickli, 2018) [13]— sostiene que Estados Unidos ha optado por delegar en actores proxies la realización de sus guerras, manteniendo su propia fuerza militar en la sombra, operando desde las sombras (operaciones encubiertas, fuerzas especiales, drones, guerra cibernética), mientras transfiere los costos humanos y políticos a otros.


En el contexto latinoamericano, esta guerra vicaria asume la forma de una agresión multidimensional que combina sanciones económicas, manipulación mediática, financiamiento de oposiciones, reconocimiento selectivo de gobiernos y guerra cognitiva digital. El objetivo es producir un colapso inducido que justifique la intervención humanitaria o el cambio de régimen. Como señalan Main y Dangl (2019) [14], el caso venezolano representa un momento crítico para desafiar la intervención imperialista en la región: lo que está en juego no es solo un país, sino la posibilidad de que exista un proyecto soberano, independiente y antiimperialista en el hemisferio.


Para los pueblos de América Latina, la guerra cognitiva produce una subjetividad escindida. Por un lado, las clases populares que han sido protagonistas de procesos emancipatorios —el bolivarianismo en Venezuela, el evismo en Bolivia, el correísmo en Ecuador, el lulismo en Brasil— desarrollan una conciencia defensiva, una subjetividad de resistencia que se fortalece frente a la agresión externa pero que corre el riesgo de cristalizarse en una postura reactiva que dificulta la autocrítica y la renovación. Por otro lado, las clases medias y altas que se identifican con el discurso hegemónico occidental experimentan una subjetividad de resentimiento: al ver bloqueadas sus expectativas de consumo y movilidad social por la crisis económica —crisis que la guerra cognitiva les presenta como resultado de la «incompetencia» o «corrupción» del gobierno popular, y no como efecto de las sanciones y la guerra económica—, estas clases se vuelcan hacia posiciones políticas cada vez más radicalizadas, llegando a justificar la intervención extranjera.


A escala global, la guerra cognitiva produce un efecto aún más inquietante: la disolución del principio de realidad. En un mundo donde cada hecho puede ser negado, cada verdad puede ser disputada y cada narrativa puede ser fabricada, la posibilidad misma del conocimiento objetivo —condición de posibilidad de cualquier política emancipatoria— se ve socavada. La guerra cognitiva no busca convencer, sino confundir; no busca ganar adeptos, sino neutralizar la capacidad de juicio. Es, en este sentido, una guerra contra la razón histórica misma.

Para cerrar en tono dialéctico.


Entre la determinación estructural y la agencia histórica
Desde una perspectiva dialéctica, la guerra cognitiva no es un destino ineluctable ni una fuerza todopoderosa. Como toda forma de lucha de clases, encuentra sus límites en las condiciones materiales y en la praxis de los sujetos históricos. El fracaso del intento de derrocar a Maduro en 2019 —a pesar de la maquinaria cognitiva global desplegada a su favor— demuestra que la guerra cognitiva, por sí sola, no puede suplir la ausencia de una base social sólida ni la falta de una correlación de fuerzas favorable en el terreno material (Buxton, 2019) [6].


La guerra cognitiva ha mutado y se ha sofisticado, pero la contradicción fundamental que recorre la historia latinoamericana —la que enfrenta a los proyectos de soberanía popular con los intereses del imperialismo y sus aliados locales— permanece intacta. Lo que ha cambiado es el escenario donde esta contradicción se dirime: de los campos de batalla físicos, la guerra se ha trasladado a los territorios de la conciencia. Pero la conciencia, como nos enseñó Marx, no es una esfera autónoma de la realidad: es expresión y reflejo —activo, no pasivo— de las condiciones materiales de existencia.


El mayor peligro de la guerra cognitiva no reside en su capacidad de engañar, sino en su capacidad de desmovilizar, de producir una subjetividad fatalista que acepte la realidad presente como inmutable. Frente a ello, la tarea del pensamiento crítico —y de la praxis política que le corresponde— es restituir el vínculo entre la experiencia vivida y la comprensión de la totalidad social, entre el sufrimiento cotidiano y sus causas estructurales, entre la memoria histórica de las luchas pasadas y la posibilidad de un futuro emancipado.


Como sostienen Petras y Veltmeyer (2018) [15] en su análisis de la lucha de clases en América Latina, cada avance del capital en la región ha generado una respuesta correspondiente de las clases trabajadoras y populares. La guerra cognitiva es el más reciente capítulo de esta dialéctica de dominación y resistencia. La pregunta que se abre ante nosotros —pueblos de Venezuela, de América Latina y del mundo— es si seremos capaces de desarrollar las formas organizativas, las subjetividades y las conciencias que nos permitan no solo resistir, sino vencer en este nuevo terreno de batalla.

Referencias:


[1] Waldman, T. (2021). Vicarious Warfare: The Counterproductive Consequences of Modern American Military Practice. Contemporary Security Policy, 38(3), 409-431. https://doi.org/10.1080/13523260.2017.1393201
[2] Tan, A., & Perlmutter, D. (2006). The more you know, the less you understand: The problem with information warfare. Journal of Strategic Studies, 29(3), 497-521. https://doi.org/10.1080/01402390600765900
[3] Cañizález, A. (2003). Breaking Democracy: Venezuela’s Media Coup. Media International Australia, 108(1), 75-85. https://doi.org/10.1177/1329878×0310800114
[4] Forelle, M., Howard, P., Monroy-Hernández, A., & Savage, S. (2015). Political Bots and the Manipulation of Public Opinion in Venezuela. SSRN Electronic Journal. https://doi.org/10.2139/ssrn.2635800
[5] Hesketh, C. (2019). A Gramscian Conjuncture in Latin America? Reflections on Violence, Hegemony, and Geographical Difference. Antipode, 51(4), 1179-1199. https://doi.org/10.1111/anti.12559
[6] Buxton, J. (2019). The Missteps of Venezuela’s Opposition—Again. NACLA Report on the Americas, 51(2), 125-130. https://doi.org/10.1080/10714839.2019.1617472
[7] López-Rodríguez, A. M. (2021). Legal Consequences of and Approaches to the Question of Recognition of a Government of a State: Disputes involving Venezuela. ICSID Review – Foreign Investment Law Journal, 36(3), 491-514. https://doi.org/10.1093/icsidreview/siab022
[8] Mooney, J. (2021). Economic Sanctions, International Law, and Crimes Against Humanity: Venezuela’s Referral to the International Criminal Court. American Journal of International Law, 115(2), 305-312. https://doi.org/10.1017/ajil.2021.20
[9] Melo, B. P. (2018). To Be or Not to Be, That Is the Question?—Fragments of Marxist Theory on the Movements of Class Consciousness. International Critical Thought, 8(1), 102-118. https://doi.org/10.1080/21598282.2018.1430602
[10] Hawkins, K., Rovira Kaltwasser, C., & Andreadis, I. (2018). Polarization, Participatory Democracy, and Democratic Erosion in Venezuela’s Twenty-First Century Socialism. The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science, 681(1), 62-79. https://doi.org/10.1177/0002716218817733
[11] Morozov, E., & Erofeev, S. (2017). Hybrid wars: the archaization of political consciousness and involution of media. Russian Journal of Communication, 9(1), 62-76. https://doi.org/10.1080/19409419.2017.1323177
[12] Luz, N., & Miller, E. (2020). Minimal Effects, Maximum Panic: Social Media and Democracy in Latin America. Social Media + Society, 6(4), 1-12. https://doi.org/10.1177/2056305120984452
[13] Krieg, A., & Rickli, J.-M. (2018). Surrogate warfare: the art of war in the 21st century? Defence Studies, 18(2), 159-186. https://doi.org/10.1080/14702436.2018.1429218
[14] Main, A., & Dangl, B. (2019). Venezuela: A Critical Moment to Challenge Intervention. Socialism and Democracy, 33(2), 118-125. https://doi.org/10.1080/08854300.2019.1638184
[15] Petras, J., & Veltmeyer, H. (2018). Class Struggle Back on the Agenda in Latin America. Journal of Developing Societies, 34(1), 1-23. https://doi.org/10.1177/0169796×17753000
[16] Youngers, C. (2000). Cocaine Madness Counternarcotics and Militarization in the Andes. NACLA Report on the Americas, 34(3), 16-23. https://doi.org/10.1080/10714839.2000.11722614
[17] Morales, G. (2018). Comparative analysis of the emerging projects in Latin America after the crisis of the neoliberal modernity project in the early 21st century. Thesis Eleven, 149(1), 48-66. https://doi.org/10.1177/0725513618813382
[18] Robinson, W. I. (2024). Downplaying U.S. Imperialism Despite its Ongoing Tenacity: The Latin American Dimension. Latin American Perspectives, 51(2), 3-22. https://doi.org/10.1177/0094582×241256896

Nota al pie

La archaización de la conciencia política, es un fenómeno contemporáneo en el que los discursos, comportamientos y estructuras mentales de la política moderna retroceden hacia formas más primitivas, emocionales o tribales. Este proceso implica abandonar el debate racional y la complejidad democrática en favor de la dinámica basadas en la división, la identidad grupal y lideres.


Se puede reconocer en este fenómeno características y formas de expresión que evidencia culturas políticas populista y emocionales, donde la conciencia política se deforma a alejarse de la comprensión estructural de los problemas y enfocarse en el odio, el rencor social y la división. As mismo, encontramos formas de tribalismo, como un retorno a la lógica de “amigo-enemigo”, donde la pertenencia al grupo es más importante que las propuestas políticas. Se expresa también el liderazgo paternalista, que muestra la reaparición de figuras de autoridad vistas como “pastores del pueblo”, un concepto arcaico descrito por plato donde el líder asume un rol educador o paternalista sobre la ciudadanía. Por último, podemos encontrar la desinformación como herramienta, creando un contexto que permite que la desinformación alimente este retroceso, afectando la toma de decisiones razonables.


Este fenómeno se ve alimentado por la lucha por recursos, la polarización y la arremetida de intereses económicos. En lugar de una conciencia política basada en la ciudadanía moderna, se promueve una que busca “salvadores” o respuestas simples a crisis complejas. La archaización busca concentrar el poder en figuras que apelan a pasiones primarias, eliminado la racionalidad. Es un retroceso hacia formas autoritarias o tribales de entender el poder, impulsando por la polarización y la manipulación emocional, mientras la conciencia política sana busca transformar las relaciones de poder de manera horizontal y colectiva.

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El discurso de la ciencia como instancia de poder: la exclusión del «saber otro»

Por: Dr. Merwin Pérez

Existe la falsa creencia de que el discurso científico es un territorio completamente neutral, un conjunto de métodos dedicados exclusivamente a la búsqueda objetiva de la verdad. Sin embargo, desde una mirada crítica y pedagógica, es evidente que la ciencia no es solo una herramienta de conocimiento; constituye, fundamentalmente, una poderosa instancia de hegemonía.

Este discurso posee una doble cara: tiene la capacidad de descubrir y fascinar, pero también opera como un mecanismo coercitivo que descalifica e inmoviliza los saberes que no se ajustan a sus moldes tradicionales.

El lenguaje y el discurso no son accesorios externos; son las dimensiones con las que construimos nuestra identidad. Si el discurso controla las mentes y las mentes controlan las acciones, el dominio de la discursividad se vuelve un imperativo para las estructuras de poder. Esto es lo que hoy denominamos guerra cognitiva.

Como señala Teun van Dijk (2008), el poder se inscribe en el lenguaje y se reproduce mediante prácticas discursivas que restringen el acceso al espacio público y naturalizan ciertas formas de entender el mundo en detrimento de otras. El campo científico, como afirmaba Michel Foucault (1970) en su análisis sobre el orden del discurso, es también un espacio de lucha que responde a imposiciones políticas y ejerce efectos de coacción sobre la sociedad.

Históricamente, el modelo eurocéntrico y positivista ha funcionado como un tribunal supremo que descalifica los conocimientos ancestrales, populares y de los pueblos originarios. Boaventura de Sousa Santos (2010) ilustra este fenómeno mediante el concepto de la línea abisal, una frontera invisible que divide la realidad en dos universos:

A «este lado de la línea»: Se encuentra el conocimiento científico tradicional, validado por la academia institucionalizada como el único riguroso y verdadero.

«Al otro lado de la línea»: Quedan confinados los saberes indígenas, campesinos y populares. Bajo la óptica dominante, estas formas de conocimiento son rebajadas a meras creencias, supersticiones o intuiciones intuitivas, negándoles su validez epistémica por no cumplir con las normas estrictas del método formal.

Frente a este modelo, diversos pensadores latinoamericanos plantean la urgencia de un desprendimiento colonial de las estructuras cognitivas:

Zulma Palermo (2005): Propone desmontar el andamiaje positivista y dar paso, a proyectos nacidos de los debates comunitarios, sin la necesidad de buscar la aprobación de instituciones anglosajonas o eurocéntricas.

Aníbal Quijano (2000): Explica que la colonialidad del poder impone una clasificación racial y étnica que jerarquiza los saberes, y que superarla exige validar racionalidades históricamente subalternizadas.

Enrique Dussel (1977) y Catherine Walsh (2009): Coinciden en la urgencia de una filosofía de la liberación y una interculturalidad epistémica que descentren el discurso metropolitano para dar voz a la experiencia de la periferia.

Esta epistemología otra, situada en el Sur Global, parte del reconocimiento de que la comprensión del mundo es mucho más amplia que la perspectiva occidental, que la diversidad de saberes es infinita y que no puede ser monopolizada por una teoría general (Santos, 2009).

El objetivo no es desechar el avance de la investigación académica tradicional, sino complementarlo mediante el diálogo de saberes. Como advierte Luis Bigott (1992), los sistemas escolares y universitarios corren el riesgo de actuar como instrumentos de coloniaje cultural si permanecen aislados de su entorno.

Para romper estas fronteras rígidas, el matemático Ubiratan D’Ambrosio (1997) propone asumir la transdisciplinariedad no solo como un método, sino como una actitud ética y política que valide las estrategias legítimas de cada cultura para explicar y transformar su realidad.

Como última palabra, el reconocimiento del discurso científico como una instancia de poder históricamente utilizada para descalificar y excluir nos exige, en tiempos de importantes cambios sociales, una acción transformadora y contundente. Para que su poder se reoriente hacia la inclusión y el reconocimiento del saber otro, y para asombrar desde la inventiva popular, es imperativo que la labor investigativa trascienda los límites de la comodidad académica.

La verdad sobre los saberes de los pueblos no reside únicamente en la frialdad de las oficinas con aire acondicionado o en la lectura solitaria frente a la computadora de vastas bibliotecas virtuales. Por el contrario, la consolidación de una epistemología del Sur y el espíritu de la transdisciplinariedad demandan bajar al terreno, tocar la realidad tangible y propiciar el diálogo de saberes directo con las colectividades populares, minoritarias e indígenas.

Solo al confrontar y validar rigurosamente el conocimiento contextualizado en estas realidades diversas, podemos desmantelar el paradigma cartesiano y abrir nuevas puertas a la generación de profundos cambios en las esferas de poder, para el beneficio equitativo de todos los habitantes de nuestra Pachamama, nuestra «Madre Tierra», y para las nuevas generaciones.

Luis Delgado

Profesor Luis Delgado expuso los peligros de la guerra cognitiva y la narrativa gris

Prensa LAUICOM.- El profesor Luis Delgado presentó su clase magistral, titulada «Guerra cognitiva y narrativa gris», ante la cohorte XXIV del Diplomado Internacional de Comunicación Política.

Habló de la capacidad que tenemos para influir en la opinión o ser influidos por ella. Asimismo, alertó sobre los peligros de la «guerra mental», una estrategia de última generación cuyo objetivo ya no es el cuerpo físico del enemigo, sino adueñarse de la motivación, la percepción y la memoria histórica de los pueblos.

Explicó que Venezuela enfrenta un escenario de «conflicto en territorio ambiguo» (zona gris) y «guerra sin límites», donde las potencias operan mediante bloqueos de todo tipo y el uso de las bandas criminales locales.
​A través de plataformas digitales y formatos cotidianos, el relato de los más poderosos introduce constantemente el egoísmo extremo y la falta de empatía. Esta operación busca romper las relaciones humanas y destruir el tejido familiar, normalizando el individualismo y el desinterés por el dolor ajeno.

«Ahí tenemos la pandemia de suicidios infantiles y juveniles en todo el mundo. Eso no es casualidad, eso es parte de la operación», sentenció.

Delgado señaló que hacer comunidad es un acto de resistencia rebelde, un «milagro» que debe nacer primero en la mentalidad de quienes comunican.

Concluyó que la defensa de la mente exige de los grupos líderes un compromiso de estudio y debate riguroso, dejando de lado las ideas fijas: «Cuando un grupo político líder fracasa, es porque primero ha fracasado el grupo encargado de crear el conocimiento. No existen recetas hacia el socialismo, y mucho menos en la comunicación».

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Fernando Buen Abad: La semiótica como ciencia de las apariencias y el sentido

Prensa LAUICOM – La Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM) presentó la clase «Laboratorio Semiótico», impartida por el rector internacional, Dr. Fernando Buen Abad, el cual lideró el evento este jueves, en el marco del Diplomado Internacional en Comunicación Política, Cohorte XXIV.

El espacio busca desmontar la colonización cultural a través del análisis del discurso.

Entendiendo la Semiótica

​Buen Abad explicó que «la semiótica y como la entendemos es la necesidad de estudiar los sistemas de signos como estructura compleja». Bajo esta premisa, el experto desglosó cómo los mensajes ocultos moldean la percepción social y política actual.

​Para el catedrático, «la semiótica es la ciencia de las apariencias», una herramienta que desentraña la manipulación diaria.

El lenguaje no verbal también comunica intenciones, por lo que advirtió que «nadie se viste de forma inocente» en la sociedad.

​La interpretación de la realidad varía según el contexto individual, ya que «cada persona viene cargada de significados.».

Esta carga cultural previa genera barreras mentales difíciles de romper, demostrando que «es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio», añadió.

​Al hablar del principio de la alegoría de la cueva de Platón, Buen Abad comparó las sombras antiguas con el engaño mediático actual.

El académico cerró desafiando a la audiencia: «¿Estamos preparados para esa batalla todas y todos nosotros? Bueno, bienvenidos, aquí vamos a encontrar una manera de contestarla».

El compromiso está sellado: desarmar las apariencias, conquistar el sentido y asumir, con inteligencia y estrategia, la defensa de la verdad.

La batalla por las ideas ya comenzó, ¡asumamos el control del mensaje!

Tapas - Prensa (4)

La guerra cognitiva abyectadora: derrota, subjetividades y resistencias pre y post 3 de enero de 2026

Luis Delgado Arria

Universidad Internacional de las Comunicaciones

Instituto Simón Bolivar

Compañeras y compañeros: la guerra cognitiva no puede ser entendida como un mero concepto académico o intelectual. La guerra cognitiva es una nueva, creativa y siniestra praxis reproductora de la colonialidad capitalista occidental en su fase de metástasis terminal. Mediante este nuevo dispositivo de guerra epistémica neuronal, el imperialismo se ha propuesto secuestrar y traumar, retraumatizar y moldear a fuego la conciencia de clase en sí y para sí del sujeto históricamente expropiado; y así bloquear la autoconciencia de todos los pueblos de nuestra Abya Yala y de Sur Mundial, sitiando y hasta en cierto extremo imposibilitando la recuperación de todo nuestro proyecto magnificente de nueva vida plena en comunidad.

Este nuevo artefacto de guerra imperialista combina y reditúa un ataque inmisericorde contra la base material (recursos estratégicos) para luego agredir con inusitada fuerza la cognición y la emocionalidad, la espiritualidad y la voluntad de vida y de lucha de nuestros pueblos. Mediante la guerra cognitiva el capital se propone hoy anular al sujeto histórico potencialmente revolucionario mediante la sacralización de la modernidad postmoderna narcisista y psicópata como único horizonte civilizatorio imaginable. Para ello, engendra una miríada de disonancias cognitivas, distorsiones cognitivas, distorsiones ideológicas, exacerba paranoias, degrada lealtades y naturaliza alevosías. La guerra cognitiva necesita producir el asesinato epistémico de las utopías por lo que no escatima en financiar disidencias políticas y epistémicas mercenarias. Esta guerra ha mutado radicalmente post 3 de enero de 2026, fecha en que se perpetra la operación de asedio económico financiero, monetario, comercial, diplomático, simbólico y naval que culmina con la invasión, bombardeo del país y posterior secuestro del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro Moros. A partir de este marco histórico, hoy ensayaremos responder tres preguntas sugestivas.

Pregunta 1: ¿Qué es la guerra cognitiva y cómo ha mutado pre y post 3 de enero?

La guerra cognitiva es la lucha a muerte por la fabricación, circulación y fijación de un sentido común reaccionario, pueril, nihilista y post humano en la esfera pública. A diferencia de la propaganda clásica —que buscaba persuadir para imponer una línea ideológica o partidista—, la guerra cognitiva se plantea reconfigurar las estructuras inconscientes profundas del pensamiento (Lakoff, 2018) y de los horizontes civilizatorios del sujeto revolucionario, popular y creador de toda la riqueza de la historia. Esta guerra neurocognitiva opera mediante la inoculación de determinados marcos afectivo/ cognitivos, metáforas epistémico cognitivas, contratos discursivos, emociones inducidas, mutismos estratégicos y operaciones ideológicas de abyección, todo a fin de reducir el sujeto revolucionario popular y a su vanguardia a una condición de despreciable y abominable desecho humano (Kristeva, 1982).

Pre 3 de enero, la guerra cognitiva contra Venezuela se articuló en cinco ejes:

1. Abyección del liderazgo: Chávez primero, Maduro después, fueron simbólica y persistentemente construidos como entes cósicos y despreciables, amenazantes, repugnantes y hasta subhumanos. Metódicamente se les construyó como tiranos, narcotraficantes, entes rabiosos, peligrosos, enfermos y delirantes. Se produjo una representación en que todo lo que ellos tocaban, se degradaba y abyectaba. Abonaron a esto, entre otras, asonadas como la del 11 de febrero de 2002, la Operación Gedeón, crueles campañas mediáticas de linchamiento, hiperinflación inducida, escasez programada, crímenes de agresión internacional, conatos de magnicidio, asesinatos viralizados en alta mar, migración forzada, hiperinflación programada, amenazas de decapitación y el asesinato simbólico sistemático de los principales líderes del proceso, entre otros. El tsunami de agresiones multiformes fueron programados para producir un sentido absurdo y pesadillesco de la política que lo vinculara a los relatos kafkianos y orwellianos.

2. Fragmentación social: Se exaltó la lucha de clases intestinas, pero invirtiendo la ecuación histórica: la “clase alta y media” fue presentada como víctima; y el chavista de a pie como el “resentido social”, el “hampón” y hasta como “amuleto para la desgracia” y “traidor de su pueblo”.

3. Criminalización del Estado: Venezuela ha sido obsesivamente rotulada como “narcoestado” y sus lideres e instituciones, denunciados como fachadas ominosas del crimen organizado internacional, incluyendo crímenes de lesa humanidad.

4. Desposesión de la historia: Mediante diversas operaciones de hipnosis mediático y digital que construyeron una ética lacayuna y una estética alienante, en gran medida se disolvió el épico legado de la independencia y la larga lucha nacional popular.

5. Creación de una realidad paralela: El Gobierno interino de Guaidó (2019-2023) fue un artefacto cognitivo puro aunque sin control territorial.

Post 3 de enero, la guerra cognitiva ha mutado al menos en tres direcciones profundas:

Primera mutación: de la demonización a la lástima.

Antes las personificaciones del capital decían “Maduro es un dictador”. Ahora se dice “el presidente y el gobierno encargado han sido secuestrados y sobreviven con una pistola en la nuca”. Esta metáfora, analizada con Lakoff (2018), construye una ontología del rehén: quien gobierna es una víctima que debe aceptar gravosas y humillantes condiciones apenas para sobrevivir. Enunciado así, la sumisión pareciera tornarse una fatalidad inescapable.

Segunda mutación: la guerra cognitiva de la derrota anticipada.

Se viraliza el eslogan: “Irán no es Venezuela”. Estamos ante una metáfora comparativa que enmarca a Irán como el sujeto pleno y soberano; y a Venezuela como el objeto venal e incapaz de defender la soberanía. Este marco cognitivo induce a lo que Martín-Baró (1990) llamaba “fatalismo del oprimido”: la creencia naturalizada de que no hay alternativa real produce un efecto de desencanto y desmovilización enorme: ―Como no somos Irán, no resistamos.

Tercera mutación: la guerra cognitiva de la administración posbélica.

Ya hoy no se trata de abatir al gobierno que encarna al enemigo de clase —tal se asume que se logró militarmente el 3 de enero—, sino de hacer aceptable, virtuosa y hasta de naturaleza ejemplar y hasta fructífera la derrota. Se induce un nuevo sentido común: “lo importante es salvar lo que se pueda”, “lo único viable es el pragmatismo” y el “realismo de Estado”. Tal es la racionalidad pragmática de sumisión tras cuyo positivismo mecanicista se reduce la praxis política a meras relaciones de fuerza sin sujeto. Tal visión positivista y maniquea comprime la lucha de clases a un esquema blanco/ negro sin posibilidad dialéctica de grises y colores desde donde rearticular la lucha.

En síntesis: la guerra cognitiva ha pasado de ser un arma de derrocamiento cruento en Venezuela a una tecnología política de subyugación y domesticación del vencido. Y para ello el metabolismo social del capital personificado en el gobierno de Estados Unidos está apelando a categorías históricas de la izquierda: realismo, prudencia estratégica, necesidad, cuidado del pueblo, lo cual la torna aún más desmovilizadora y peligrosa.

Pregunta 2: Efectos sobre las subjetividades de clase y de pueblos en Venezuela, América Latina y el mundo

Los efectos de esta guerra mutante no son homogéneos. Distinguimos tres niveles.

En Venezuela

La principal disonancia cognitiva se produce entre la larga memoria histórica de la resistencia épica venezolana originaria, bolivariana y chavista y la evidencia empírica aplastante de las consecuencias de la reciente derrota. El militante chavista de base escucha que “no hay tutelaje” al tiempo que es bombardeado en medios y redes digitales con lecturas maniqueas y sesgadas de la apertura de concesiones petroleras, gasíferas y mineras a trasnacionales occidentales. ¿Qué ocurre en este caso en la psique del ciudadano de a pie? Experimenta lo que Jung llamaba sombra proyectada: atribuye la negociación táctica para ganar tiempo y salvar a la población de nuevos bloqueos y bombardeos masivos a “aislados pero poderosos sectores entreguistas” dentro del gobierno, pero manteniendo casi intacta la fe en el gobierno bolivariano. Aflora así un mecanismo cognitivo disonante que permite seguir militando, pero sin comprender o asumir las determinaciones, contradicciones, riesgos y desafíos de la reciente derrota militar y de las décadas de asedio económico comercial y financiero.

Las clases populares —barrios, comunas, CLAP, sectores medios adherentes del bolivarianismo— experimentan un efecto de abyección inducida: son bombardeados con una campaña de mensajes que explícita o implícitamente enuncian “los socialistas nunca fueron una alternativa real” o “tanto intentar nadar en los mares del socialismo para morir en la orilla del imperialismo”. Tal campaña pudiera producir el efecto que Hinkelammert (1984) llamaba fetichismo de la factibilidad: se acepta la nueva realidad subalterna existente como la única alternativa fáctica e histórica. El riesgo de ello podría ser el aumento de la pasividad, la despolitización y el refugio en economías subterráneas e informales.

En el terreno de las clases y movimientos populares, se observa una triple fractura. Primero, el chavismo radical –sectores militarizados y comunales– mantienen una lealtad férrea, pero con relativa capacidad de incidencia. Segundo, una nueva tecnocracia emergente occidentalizada aplaude la apertura condicionada como “realismo patriótico”. Tercero, las clases populares urbanas y campesinas gestionan la supervivencia en el marco de una crisis agudizada por la incertidumbre, la confusión y la inflación.

Este escenario exige una relectura gramsciana: la hegemonía estadounidense se ejerce hoy no tanto mediante la ocupación militar clásica, sino mediante la producción de consentimiento ante la categórica indefensión militar frente a un enemigo que exhibió fuerzas abrumadoras. Estados Unidos ha recalcado de mil modos que las reservas energéticas de Venezuela son en realidad sus verdaderas reservas energéticas estratégicas. Seguir apostado entonces a desarrollar al país centralmente bajo el paraguas económico petrolero luce cada vez más ilusorio. La metáfora del “cerebro productor de conocimiento”–en lugar del país extractivo– apunta a construir una nueva subjetividad de clase que, sin negar la asimetría de poder, siembre las bases materiales y cognitivas para una futura victoria estratégica continental, pero fundamentalmente a largo plazo. La tarea histórica es, entonces, organizar la nueva producción de la nueva conciencia histórica revolucionaria y la nueva base material, pero con base en la agregación masiva de valor a bienes y servicios, siguiendo los ejemplos de países sin grandes recursos estratégicos tales como India, Vietnam, Japón y los llamados tigres asiáticos.

En América Latina

La guerra cognitiva post 3 de enero ha inducido una nueva oleada de mimetismo neoliberal. Los gobiernos autodenominados “progresistas” (Brasil, Colombia, Chile, México) observan la deriva de Venezuela y parecieran extraer una lección retorcida: “resistir más allá de cierto punto acarrea invasión y destrucción total”. Así, los discursos de “moderación”, negociación asimétrica y “diálogo forzoso con el imperio” se blindan. Se instala la metáfora del cordero que se sabe sacrificable: mejor pactar con EE.UU. desde el principio antes que terminar bloqueado, bombardeado y a la postre simbólica y políticamente decapitados sus líderes, como en Venezuela.

En el mundo

A escala mundial, el efecto primordial parece ser la resignación geopolítica. China y Rusia, que antes sostenían férreamente a Venezuela como socio estratégico y enclave simbólico innegociable, ahora parecieran buscar administrar sus intereses en Venezuela directamente con EE.UU. La transición hacia un “mundo multipolar” en America Latina se presenta entonces hoy como una suerte de ficción, al menos hasta que se logre articular un bloque soberanista en los planos militar, económico, financiera y científico tecnológico en el conjunto del sur mundial. Se consolida así en la región el horizonte idealista y borroso que Hobsbawm (2004) anticipó: la posmodernidad política como gesto idealista simbólico, pero aún sin un proyecto histórico concreto.

La derrota táctica del 3 de enero de 2026 no solo implicó la captura de Nicolás Maduro y la instauración de un gobierno encargado bajo influencia fáctica de Estados Unidos; reconfiguró, además, las coordenadas geopolíticas y de clase en el tablero regional y global. En el plano interestatal, China y Rusia pasaron de un abierto respaldo económico financiero, comercial y diplomático a Venezuela a un cierto pragmatismo transaccional: reconocen al gobierno de Delcy Rodríguez como interlocutor válido, pero condicionan su cooperación a garantías de pago y estabilidad jurídica para sus inversiones, relativizando la retórica alter mundialista y antiimperialista previa. La Unión Europea y Brasil, por su parte, normalizan la relación con Venezuela bajo el discurso de “restauración democrática”, legitimando la nueva situación como “diplomacia de resultados”. Los únicos polos de resistencia geopolítica ideológica política que sobreviven en la región son Nicaragua y Cuba, cuyas fragilidades económicas producto de décadas de asedio político, económico y financiero les dificultan proyectar fuerza significativa en el marco del gran reacomodo geopolítico impulsado por los grandes bloques.

Pregunta 3: ¿Cómo enfrentar hoy la guerra cognitiva?

Enfrentar esta guerra contra la percepción del mundo, la atención en lo estratégico, el procesamiento inteligente mediante el despliegue de todos los tipos de inteligencias, la memoria histórica y la voluntad creativa y de resistencia reclama trascender el lamento y tratar el trauma civilizatorio para lograr asumir una posición de insurgencia epistémica y negociación táctica para asumir una hoja de ruta capaz de gestionar una transición realista hacia una futura victoria estratégica. A tal efecto, proponemos cinco ejes estratégicos y tácticos:

1. Descolonizar la subjetividad del sujeto histórico: el primer frente

Como planteó Dussel (2014), la liberación comienza cuando el oprimido descubre que sus propias categorías de percepción, análisis de la realidad y marcos emotivos y conceptuales, marcos epistémicos e institucionales fueron impuestos por siglos por el opresor. La guerra cognitiva nos ha atiborrado de marcos cognitivos falseados: “civilización abortada”, “continente enfermo”, “país paciente” “realismo fatalista”, “factibilidad ingenua”, “there is not alternative”, “pistola en la nuca”, et al. Debemos subvertir tales marcos y desarrollar una hermenéutica de la sospecha permanente respecto de cualquier discurso que naturalice la minoría de edad, la dependencia, la capitulación y la derrota. Ellacuría (2014) nos enseñó: la filosofía de la liberación no es contemplación de una realidad histórica social coagulada y eterna; muy al contrario, es la toma concreta de una postura ética e histórica en favor de los humildes. Frente al pragmatismo de la inercia, oponer la radicalidad de la vida y la esperanza —no ingenua, sino dialéctica: que sabe que las derrotas (tácticas) hacen parte de la transición (estratégica) hacia una formación social por primera vez en la historia genuinamente soberana y humana.

2. Alfabetización cognitiva popular

No basta con denunciar noticias engañosas (fake news), palangre (fare news) y noticias hiperreales (deep fakes). Requerimos repensar y multiplicar talleres de deconstrucción metafórica en televisoras y radios, redes digitales y barrios, sindicatos y ministerios, partidos políticos y comunas. Urge enseñar a nuestros pueblos a identificar los marcos de Lakoff: cada vez que oigan: “Irán no es Venezuela” deben preguntarse: ¿quién se beneficia de que yo crea que no fuimos o somos valientes o capaces? Cada vez que oigan: “pistola en la nuca”, preguntarse: ¿acaso el gobierno y el pueblo no tienen márgenes de creatividad y maniobra que no estamos todavía desplegando? Es decir, devolver el poder creativo y subversivo al pueblo. Martín-Baró (1990) llamó a esta praxis desideologización crítica: sustituir la ideología moderno burguesa funcional al imperialismo capitalista por una conciencia de los intereses históricos nacional populares y una conciencia de clase expropiada con la madurez para entender los pasos lentos y hasta en zigzag, pero concretos de transición planificada a un socialismo viable protagonizados por el pueblo desde la utopía entrelazada con la materialidad de la vida.

3. Reconstruir la heroica memoria histórica subalterna

La guerra cognitiva triunfa cuando logra que los derrotados descrean, nieguen y hasta odien su propia historia y condición de clase. Nuestra tarea es reconstruir —con método historiográfico riguroso—las conquistas épicas del pueblo venezolano y del chavismo: emancipación del mediodía de America, disminución de la pobreza extrema, derrota del analfabetismo, soberanía alimentaria relativa, misiones sociales universales, parlamentarismo y diplomacia popular. Es preciso reescribir la historia no para idealizar o sobreestimar lo alcanzado, sino para identificar los descarríos y asimismo demostrar que otro mundo fue posible y, por ende, bien puede y debe volver a serlo. Hobsbawm (1994) nos brindaba una lección invaluable: la historia de los de abajo no es lineal y ascendente. La historia de la lucha de clases entraña avances, retrocesos y derrotas, pero esos descarríos y derrotas pueden y deben ser el fermento para la siguiente ofensiva.

4. Estrategia comunicacional de contra-marcos

Proponemos construir cinco metáforas alternativas:

  1. En lugar de “pistola en la nuca”, o “el pie en el cuello” (retomando a George Floyd), decir que la abeja reina opta por conceder parte de la miel del panal al hambriento león con tal de preservar la colmena: mediante esta nueva metáfora cognitiva instalamos un nuevo marco para evidenciar la violencia estructural que ejerce EE.UU., des posicionando la supuesta “internalización del estado de sujeción” por parte del gobierno encargado y el pueblo.
  2. En lugar de “Irán no es Venezuela”, decir “Vietnam fue efectivamente asolado y estaba gravemente dividido y, sin embargo, con lealtad, tenacidad y el sacrificio de generaciones, derrotó al imperialismo”. Urge romper el marco comparativo que nos coloca como país en condición de sumisión estructural.
  3. En lugar de “realismo pragmático” deberíamos decir que estamos en medio de una “negociación táctica para lograr la salvación nacional; y que, tras superar el estado de extremo peligro civilizatorio, en una mejor correlación geopolítica de fuerzas, retomaremos la utopía del proyecto bolivariano nacional, nuestroamericano y sur mundial”. El nuevo orden mundial antimperialista y anticapitalista no es algo que puede definir a voluntad un solo país. Es una reconfiguración histórica y dolorosa en la que la proximidad geográfica con cada hegemón es una realidad imposible de sortear u ocultar. Decir que China y Rusia colocaron la línea roja en Irán y no en Venezuela obedece a una compleja combinación de factores uno de los cuales es la vecindad geográfica, factor este que es inmodificable.
  4. “El bambú que se dobla para no quebrarse”. El bambú, símbolo de la resistencia flexible en la tradición china, no se opone al viento huracanado con rigidez. Se inclina hasta el suelo, permite que la tormenta pase sobre él, y luego vuelve a erguirse intacto. En la confrontación civilizatoria, retroceder no es rendirse; es preservar el nudo vital bajo tierra. Cuando la potencia enemiga despliega su abrumadora superioridad tecnológica y militar, el bambú retrocede: reduce su perfil, desconcentra sus activos, suspende operaciones que serían masacradas. Pero ese retroceso es activo: las raíces del bambú —la educación popular, las redes de confianza, la economía de subsistencia— se expanden en la clandestinidad. El tiempo de avanzar llega cuando la tormenta se debilita o cuando se ha identificado una fisura en el blindaje enemigo. Como escribió la estratega china Zhuge Liang en el Manual del Arte de la Guerra en tiempos adversos, “la flexibilidad no es cobardía; es la forma que tiene la vida de burlar a la muerte” (citado en Cleary, 2003, p. 89).
  5. “El agua que excava la roca sin golpearla”. El agua no compite en dureza con la roca; la roca es superior en resistencia instantánea. Pero el agua gana por duración y adaptabilidad: fluye alrededor del obstáculo, se filtra en sus grietas, cambia de estado (líquido, vapor, hielo) según la necesidad y condiciones. La potencia hegemónica es la roca: su poder es evidente, concentrado, medible. La nación asediada debe ser el agua. Avanzar cuando haya que avanzar significa filtrarse en los intersticios del sistema enemigo —sus contradicciones internas, sus aliados insatisfechos, sus propias poblaciones cansadas de la guerra—. Retroceder cuando haya que retroceder significa evaporarse: desaparecer del radar, no ofrecer un blanco fijo, hacer que los costos de la ocupación superen los beneficios. Detenerse cuando haya que detenerse significa congelarse: esperar, sin desgastarse, a que la dinámica internacional cambie. Lakoff (2006) señala que la metáfora del agua frente a la roca activa un marco de poder procesual sobre poder estructural; el primero es invisible pero implacable. Una sabia mujer africana, Wangari Maathai, lo expresó así: “No necesitas ser un martillo para mover una montaña; puedes ser el agua que, gota a gota, encuentra su camino” (Maathai, 2010, p. 57).

5. Organización de la subjetividad en redes de resistencia

Así como el coronavirus, la guerra cognitiva aísla, debilita, enferma y postra. Enfrentarla exige asumir, acomunar y comunalizar también la fragilidad y el trauma, el duelo y la rabia. Urge crear espacios presenciales y digitales en donde la gente pueda exponer y resignificar su dolor, su trauma, sus disonancias: “Sí, tras tantos esfuerzos, nos sentimos exhaustos y deprimidos, pero el pueblo de Bolivar, el pueblo de Chávez, el pueblo de las dificultades nunca va a dejar de luchar”. Hemos cometido errores, pero toda revolución los ha sufrido. La dialéctica materialista presume, precisamente, afrontarlos para superarlos. Esto es lo que Jung llamaba integración de la sombra: asumir los propios miedos, limitaciones y contradicciones en lugar de proyectarlos en chivos expiatorios.

Retomemos la lección de Gandhi y Mandela: la resistencia no es únicamente militar y política, es material, psico-espiritual, epistémica, comunal y familiar. Practicar la desobediencia civil cognitiva es negarse a dar crédito y repetir los argumentos del enemigo, a usar su lenguaje, a repetir sus marcos emocionales y cognitivos y sus metáforas cognoscitivas. Es romper con el síndrome de Estocolmo que nos vincula enfermizamente con el opresor, pero asumiendo que la diplomacia es el arte de evitar la guerra siempre que esta sea innecesaria porque, como decía Bolívar a Santander el 23 de julio de 1820: “La paz será mi puerto, mi gloria, mi recompensa, mi esperanza, mi dicha y cuanto es precioso en el mundo”. 

6. Alianzas regionales y globales descolonizadas

Frente a la nueva fase de la guerra ideológico cognitiva, necesitamos una Internacional de la deconstrucción. No se trata de reeditar la Tercera Internacional, sino de crear redes de intelectuales orgánicos, analistas críticos del discurso neocolonial, comunicadores populares y psicólogos comunitarios que compartan herramientas de detección y combate de la desinformación y la abyección desmovilizadora. Además de Venezuela, los pueblos de México, Bolivia, Cuba, Nicaragua, y los movimientos palestino, saharaui y mapuche han desarrollado experiencias de resistencia invaluables.

A modo de cierre

Compañeras y compañeros: la operación militar especial estadounidense y la guerra cognitiva pre y post 3 de enero en gran medida nos ha bloqueado ingentes recursos y nos ha despojado activos estratégicos, la normalidad y la prosperidad que merecemos. Pero no nos ha robado la aptitud ni la voluntad para reinventarnos como proyecto histórico, como país, como economía, como familia y como cuadros políticos consientes y sensibles. La condición de posibilidad de todo imperio es conseguir primero dividir para luego imperar. Pero, como dijo Chávez (2005): “la derrota es una victoria aplazada”. Apliquemos la dialéctica: la abyección mediática y digital que nos imponen puede convertirse, si la abordamos epistémica y políticamente, en una renovada conciencia de clase radicalizada. Resistir siempre y de mil modos no es opción sino nuestro destino. Construyamos, desde las cenizas del 3 de enero, una nueva pedagogía de la liberación que no tema nombrar una derrota táctica para poder trascenderla con creatividad, productividad y sagacidad estratégica. La situación de Venezuela solo puede ser justipreciada y respondida inteligentemente a la luz de una profunda y cada día más acelerada reconfiguración del orden mundial que torna cada tensión en un escenario de posible guerra mundial abierta con el ingrediente de la hecatombe nuclear. En este marco, Venezuela sigue siendo ejemplo inclaudicable de lucha y de fidelidad a una nueva comunidad horizóntica en los planos nacional, continental y mundial.

Muchas gracias.

Referencias

Chávez Frías, H. (2005). Discurso de la victoria del No. Referencia histórica.

Cleary, T. (Ed. & Trad.). (2003). The Book of Five Rings and The Art of War: Classic texts on strategy. Shambhala Publications.

Dussel, E. (2014). Filosofía de la liberación. Fondo de Cultura Económica.

Ellacuría, I. (2014). Ética fundamental. En La lucha por la justicia.

Gil de San Vicente, I. (2024). Pensar y practicar el socialismo desde América Latina. Resumen Latinoamericano.

Gramsci, A. (1975). Antología. Siglo XXI. (Trabajo original de 1930).

Hinkelammert, F. (1984). Crítica a la razón utópica. Editorial DEI.

Hobsbawm, E. (1994). Historia del siglo XX. Crítica.

Hobsbawm, E. (2004). Fiasco neoliberal produjo Chávez. Folha de S.Paulo.

Jung, C. G. (2004). Símbolos de transformación. Paidós.

Kristeva, J. (1982). Poderes de la perversión. Siglo XXI.

Lakoff, G. (2004). No pienses en un elefante: lenguaje y debate político. Editorial Complutense.

Lakoff, G. (2006). Whose freedom? The battle over America’s most important idea. Farrar, Straus and Giroux.

Lakoff, G., & Johnson, M. (2018). Metáforas de la vida cotidiana. Cátedra.

Maathai, W. (2010). Replenishing the earth: Spiritual values for healing ourselves and the world. Doubleday Religion.

Martín-Baró, I. (1990). Psicología social de la guerra. UCA Editores.

Sun Tzu. (2014). El arte de la guerra (E. Calvo, Trad.). Editorial Trotta. (Trabajo original del siglo VI a.C.)

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La guerra cognitiva es un caballo de Troya cibernético

Por: Dr. Fernando Buen Abad

Eso que se llama “guerra cognitiva” se configura hoy como una de las formas más sofisticadas de intervención sobre la vida social, no ya mediante la ocupación territorial clásica ni exclusivamente a través de la coerción económica directa, sino mediante la colonización sistemática de los procesos de producción de sentido.

Su eficacia no radica en la destrucción visible, sino en la infiltración invisible; no en el estruendo de las armas, sino en la modulación silenciosa de las percepciones, los deseos y los marcos interpretativos.

En este sentido, opera como un auténtico caballo de Troya cibernético: se introduce en la cotidianeidad bajo la apariencia de neutralidad tecnológica, de entretenimiento o de comunicación ampliada, para reconfigurar desde dentro las condiciones mismas de la conciencia.

El desplazamiento de la guerra hacia el terreno cognitivo no implica la desaparición de las formas tradicionales de violencia, sino su reorganización dialéctica. La fuerza material sigue siendo decisiva, pero se articula con una dimensión simbólica que busca garantizar la reproducción del orden dominante no sólo en la infraestructura económica, sino en la superestructura cultural y afectiva. La dominación contemporánea exige sujetos que no sólo obedezcan, sino que deseen obedecer; que no sólo consuman mercancías, sino que internalicen los códigos que las legitiman como horizonte de vida.

En esta operación, la guerra cognitiva se convierte en un dispositivo estratégico para la producción de subjetividades funcionales a la acumulación.

El carácter cibernético de este caballo de Troya no debe reducirse a lo meramente digital. Aunque las plataformas, los algoritmos y las redes constituyen su infraestructura privilegiada, lo decisivo es la lógica de retroalimentación constante, de captura de datos y de ajuste permanente de los mensajes en función de las respuestas de los sujetos.

Se trata de un sistema dinámico que aprende, se adapta y perfecciona sus mecanismos de intervención, no desde una exterioridad, sino desde la inmersión total en la vida social. Cada interacción, cada preferencia, cada gesto aparentemente banal se convierte en insumo para la modelización de conductas futuras. Así, la experiencia cotidiana es simultáneamente vivida y explotada, convertida en materia prima para la ingeniería de la conciencia.

En este contexto, la ideología ya no se presenta como un conjunto explícito de doctrinas, sino como una atmósfera difusa que permea todas las dimensiones de la existencia. La guerra cognitiva no busca imponer una verdad única, sino fragmentar la posibilidad misma de la verdad compartida, erosionar los criterios de validación y sustituirlos por una proliferación de narrativas equivalentes en su apariencia, pero profundamente desiguales en su capacidad de incidencia.

La saturación informativa, la velocidad de circulación y la lógica de la espectacularización generan un entorno en el que la distinción entre conocimiento y opinión se diluye, y donde la crítica pierde terreno frente a la reacción inmediata.

Sin embargo, esta aparente dispersión no implica ausencia de dirección. Por el contrario, la guerra cognitiva opera mediante una racionalidad estratégica que orienta la producción y circulación de contenidos en función de intereses de clase bien definidos.

La concentración de los medios de comunicación, la propiedad de las infraestructuras tecnológicas y la capacidad de inversión en investigación y desarrollo configuran un campo profundamente desigual, donde ciertos actores disponen de una ventaja estructural para intervenir en la formación de la conciencia colectiva. La neutralidad tecnológica es, en este sentido, una ficción funcional a la reproducción de esa desigualdad.

Con las disputas agudizadas entre clases sociales, lejos de desaparecer en la era digital, se desplaza e intensifica en el terreno de la semiosis social. La producción de sentido se convierte en un campo de batalla donde se disputan las interpretaciones del mundo, las narrativas sobre el pasado y las proyecciones del futuro.

La guerra cognitiva busca desarticular la conciencia de clase, fragmentar las experiencias comunes y sustituirlas por identidades aisladas, fácilmente gestionables y orientables. La individualización extrema, presentada como libertad, funciona como un mecanismo de despolitización que impide la articulación de proyectos colectivos emancipadores.

En este escenario, la alienación adquiere nuevas formas. No se limita a la separación entre el trabajador y el producto de su trabajo, sino que se extiende a la relación del sujeto con su propia experiencia.

La mediación constante de dispositivos tecnológicos introduce una distancia entre la vivencia y su representación, entre el acontecimiento y su inscripción en los circuitos de circulación simbólica. La vida se vuelve, en gran medida, una experiencia mediada por interfaces que organizan la percepción, jerarquizan la información y orientan la atención.

La conciencia se configura así en un entorno preformateado, donde las posibilidades de pensamiento están condicionadas por arquitecturas invisibles.

No obstante, reconocer la profundidad de esta ofensiva no implica asumir una posición fatalista. La misma infraestructura que posibilita la guerra cognitiva abre también espacios para la resistencia y la reconfiguración crítica. La conciencia de clase, lejos de ser un residuo del pasado, se revela como una necesidad urgente en un contexto donde la explotación adopta formas cada vez más sofisticadas.

Comprender los mecanismos de la guerra cognitiva es el primer paso para desarticularlos, para interrumpir su funcionamiento y para construir alternativas que restituyan la capacidad colectiva de producir sentido. La tarea no es sencilla, pues implica disputar no sólo contenidos, sino formas de percepción y de relación. Requiere una praxis que articule conocimiento riguroso, sensibilidad ética y compromiso político, capaz de intervenir en los circuitos de la comunicación sin reproducir sus lógicas dominantes.

Se trata de construir espacios de enunciación que no estén subordinados a la lógica del mercado, que no reduzcan la complejidad a simplificaciones rentables, y que apuesten por una inteligibilidad crítica del mundo. La dimensión humanista de esta tarea no puede entenderse como una apelación abstracta a valores universales desvinculados de las condiciones materiales. Por el contrario, se funda en la afirmación concreta de la dignidad humana frente a su reducción a dato, a perfil o a mercancía.

La guerra cognitiva, en su forma actual, tiende a cosificar la conciencia, a tratarla como un objeto manipulable en función de objetivos externos.

Frente a ello, el humanismo crítico reivindica la capacidad de los sujetos para pensar, para decidir y para transformar su realidad, no como individuos aislados, sino como parte de procesos colectivos. La superación de la guerra cognitiva como dispositivo de dominación no pasa por un retorno nostálgico a formas anteriores de comunicación, sino por la construcción de nuevas mediaciones que reorganicen la relación entre tecnología, conocimiento y sociedad.

Esto implica democratizar el acceso a las infraestructuras, transparentar los mecanismos de funcionamiento y, sobre todo, desarrollar una pedagogía crítica que permita a los sujetos reconocer las operaciones a las que están siendo sometidos. La alfabetización mediática, en este sentido, no es un complemento educativo, sino una condición para la emancipación.

En última instancia, el caballo de Troya cibernético sólo puede cumplir su función en la medida en la que permanece invisible, en que sus mecanismos son naturalizados y aceptados como parte del orden de las cosas. Hacerlo visible, descomponer sus engranajes y exponer sus finalidades es ya una forma de resistencia. Por el contrario, no basta con la denuncia; es necesario articular prácticas que construyan otros modos de producir y compartir sentido, que restituyan la centralidad de lo común y que fortalezcan la conciencia de clase como horizonte de transformación.

Y la guerra cognitiva no es un destino que elegimos, sino una imposición imperial histórica que puede y debe ser superada. En la medida en la que los sujetos recuperen la capacidad de pensar críticamente su propia situación, de reconocerse en las experiencias de otros y de organizarse colectivamente, el caballo de Troya perderá su eficacia. La conciencia, lejos de ser un territorio conquistado de una vez y para siempre, es un campo en disputa permanente. En esa disputa se juega no sólo la interpretación del mundo, sino la posibilidad misma de transformarlo.

Fuente: teleSUR

Pedro Penso guerra cognitiva

La guerra cognitiva como mutación del imperialismo contemporáneo:

efectos sobre las subjetividades de clase y de los pueblos en Venezuela, América Latina y el mundo

Una aproximación desde la dialéctica del materialismo histórico.

Profesor – Investigador Pedro Penso+

Una aproximación desde la dialéctica del materialismo histórico

La guerra como forma fenoménica de la lucha de clases en el siglo XXI

Para comprender lo que hoy llamamos guerra cognitiva y sus efectos sobre las subjetividades en Venezuela, América Latina y el mundo, es necesario partir de una proposición fundamental del materialismo histórico: la guerra no es un accidente de la historia ni una patología de las relaciones internacionales, sino una continuación de la política —y, por tanto, de la lucha de clases— por otros medios. Como nos enseñó Clausewitz, mediado por la lectura leninista, la guerra expresa, en su forma más concentrada y violenta, las contradicciones que atraviesan un modo de producción determinado.

Ahora bien, la mutación que nos ocupa —la emergencia de la guerra cognitiva como modalidad predominante de agresión imperialista en el siglo XXI— no representa un mero cambio técnico en los instrumentos bélicos. Tampoco es un fenómeno que pueda explicarse por la simple adición de «nuevas tecnologías» al repertorio militar. Se trata, más bien, de una transformación cualitativa en la forma que asume la guerra imperialista cuando las condiciones objetivas de la correlación de fuerzas global —el ascenso de nuevos polos de poder, la crisis de la hegemonía unipolar estadounidense, la emergencia de proyectos contrahegemónicos en el Sur Global— vuelven inviable la guerra clásica de ocupación territorial. Es, en palabras de algunos analistas, una guerra vicaria (Waldman, 2021) [1], que busca lograr los objetivos del imperialismo sin exponer a sus fuerzas al costo político y humano de una invasión directa.

Como sostienen Tan y Perlmutter (2006) [2], el concepto mismo de «guerra de información» encierra una paradoja: cuanto más se cree saber sobre ella, menos se comprende su dinámica real, pues la información no es un recurso neutral sino un campo de batalla donde se dirimen proyectos de sociedad antagónicos.

Mutaciones de la guerra cognitiva: Del 11 de septiembre al 3 de enero

La trayectoria de la guerra cognitiva como modalidad imperialista puede trazarse a partir de hitos que marcan saltos cualitativos en su desarrollo. Si la guerra mediática contra Irak en 1991 y 2003 mostró el poder de la manufactura del consenso (Herman y Chomsky, 1988) aplicada a gran escala, la experiencia venezolana de 2002 —el golpe de Estado mediático contra Hugo Chávez— reveló que, en América Latina, los medios de comunicación privados podían operar como arietes de desestabilización política con la misma eficacia que un batallón de infantería. Como documenta Cañizález (2003) [3], el golpe de abril de 2002 contra Chávez fue un «golpe mediático«: la televisión privada venezolana no solo informó, sino que produjo los acontecimientos, creando una realidad virtual que justificaba la ruptura del orden constitucional.

Esta primera fase —que podríamos llamar guerra mediática clásica— evolucionó hacia una forma más sofisticada con la irrupción de las plataformas digitales y las redes sociales. El uso de bots políticos para la manipulación de la opinión pública en Venezuela, estudiado por Forelle et al. (2015) [4], muestra cómo actores automatizados generan contenido que simula apoyo o rechazo popular, creando una falsa impresión de consenso o disenso. Los investigadores encontraron que los bots más activos en la conversación política venezolana eran utilizados por la oposición radical, y que se hacían pasar por líderes políticos y agencias gubernamentales más que por ciudadanos comunes.

Sin embargo, el salto cualitativo más significativo ocurre en la coyuntura que usted señala: el período pre y post 3 de enero. En esta fase, la guerra cognitiva ya no se limita a informar tendenciosamente o a manipular la opinión pública, sino que busca reconfigurar las subjetividades mismas de los pueblos, alterando su percepción de la realidad, su memoria histórica y su capacidad de agencia política. Se trata de una guerra que opera en el plano de lo que Gramsci llamó la hegemonía: la disputa no es solo por el gobierno, sino por la dirección intelectual y moral de la sociedad (Hesketh, 2019) [5].

En el caso venezolano, esta mutación se expresó en la estrategia de doble poder implementada a partir de enero de 2019, cuando Juan Guaidó se autoproclamó «presidente interino» con el respaldo inmediato de Estados Unidos y sus aliados. Como señala Buxton (2019) [6], la estrategia de la oposición venezolana estuvo marcada por errores de cálculo y por una dependencia excesiva del respaldo internacional, lo que revela que la guerra cognitiva no puede suplir indefinidamente la falta de arraigo social y de correlación de fuerzas favorable en el terreno material.

El secuestro del derecho internacional y la ruptura del orden jurídico

El desconocimiento de los principios más elementales del derecho internacional —la soberanía, la autodeterminación de los pueblos, la no intervención— constituye la base jurídico-política sobre la cual se despliega la guerra cognitiva contra Venezuela. La estrategia de reconocimiento selectivo de gobiernos, analizada por López-Rodríguez (2021) [7] a través del caso venezolano, revela cómo las potencias imperialistas instrumentalizan el derecho internacional para legitimar injerencias: más de cincuenta países reconocieron a Guaidó como presidente legítimo, a pesar de que Maduro ejercía el control efectivo del territorio, de las instituciones y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).

Esta fractura del orden jurídico internacional tiene consecuencias profundas sobre las subjetividades. Cuando el derecho se convierte en un arma de guerra, la percepción de lo legítimo y lo ilegítimo se desestabiliza. Sectores enteros de las clases medias venezolanas —formadas en la idea de que «Occidente» representa la legalidad y la democracia— experimentaron una ruptura cognitiva al ver que sus referentes tradicionales de autoridad moral avalaban una ficción jurídica: la de un «presidente» sin control territorial, sin ejército y sin capacidad de gobernar. Para las clases populares, en cambio, la defensa de la soberanía se convirtió en una experiencia de reafirmación identitaria, en la medida en que la agresión externa operó como catalizador de una conciencia nacional y antiimperialista.

Las sanciones económicas unilaterales impuestas por Estados Unidos —que, como documenta Mooney (2021) [8], fueron tan severas que la propia relatora especial de Naciones Unidas sugirió que podrían constituir crímenes de lesa humanidad— operan no solo como mecanismo de asfixia económica, sino como dispositivo de guerra cognitiva. Al bombardear a la población venezolana con la narrativa de que «las sanciones no afectan al pueblo sino al gobierno», y al mismo tiempo generar escasez inducida e hiperinflación, se produce una disociación esquizofrénica en la conciencia popular: se vive la catástrofe económica mientras se niega su causa real.

Efectos sobre las subjetividades de clase

El materialismo histórico nos enseña que la conciencia de clase no es un reflejo mecánico de la posición en las relaciones de producción, sino una construcción política y cultural mediada por la lucha ideológica. En este sentido, la guerra cognitiva opera directamente sobre lo que Lukács denominó la conciencia de clase psicológica (la percepción inmediata que los individuos tienen de su situación) para impedir el desarrollo de la conciencia de clase atribuida (la comprensión de los intereses históricos objetivos de su clase) (Melo, 2018) [9].

En Venezuela, el efecto ha sido paradójico y contradictorio. Por un lado, la guerra cognitiva ha profundizado la polarización de clase que ya caracterizaba la sociedad venezolana desde la llegada de Chávez al poder. Como documentan Hawkins et al. (2018) [10], la polarización en Venezuela no fue simplemente política, sino que expresó la división de la clase en la sociedad venezolana: el chavismo aglutinó a los sectores populares y a las clases medias empobrecidas, mientras que la oposición concentró a las élites económicas, a las clases medias altas y a los sectores profesionales formados bajo el paradigma neoliberal. La guerra cognitiva intensificó esta división de las clases al naturalizar las diferencias de clase como diferencias morales e identitarias: el chavista era presentado como «ignorante», «populista» o «violento», mientras que el opositor era retratado como «ciudadano», «demócrata» o «profesional».

En América Latina, la guerra cognitiva ha producido un efecto de archaización de la conciencia política*,  como lo denominan Morozov y Erofeev (2017) [11] en su análisis de las guerras híbridas. Este concepto se refiere al retorno de mitologías políticas arcaicas —el «enemigo interno», la «conspiración comunista», la «amenaza a la civilización occidental»— que reemplazan el análisis racional de las contradicciones sociales por una lógica amigo-enemigo despolitizadas. En Brasil, la elección de Bolsonaro fue un caso paradigmático: el uso de WhatsApp como arma de propaganda masiva —analizado por Luz y Miller (2020) [12]— permitió construir una realidad paralela donde la amenaza del «comunismo» justificaba cualquier atrocidad. La guerra cognitiva, en este sentido, produce una involución de la subjetividad política: en lugar de la conciencia crítica que debiera emerger de la experiencia material de la explotación, se implanta una conciencia mistificada que identifica como enemigos a otros explotados o a proyectos emancipatorios.

La dimensión geopolítica y los pueblos: imperialismo y guerra vicaria

La guerra cognitiva no puede entenderse al margen de la reconfiguración geopolítica global. La tesis de la «guerra vicaria» —desarrollada por Waldman (2021) [1] y retomada por otros analistas (Krieg y Rickli, 2018) [13]— sostiene que Estados Unidos ha optado por delegar en actores proxies la realización de sus guerras, manteniendo su propia fuerza militar en la sombra, operando desde las sombras (operaciones encubiertas, fuerzas especiales, drones, guerra cibernética), mientras transfiere los costos humanos y políticos a otros.

En el contexto latinoamericano, esta guerra vicaria asume la forma de una agresión multidimensional que combina sanciones económicas, manipulación mediática, financiamiento de oposiciones, reconocimiento selectivo de gobiernos y guerra cognitiva digital. El objetivo es producir un colapso inducido que justifique la intervención humanitaria o el cambio de régimen. Como señalan Main y Dangl (2019) [14], el caso venezolano representa un momento crítico para desafiar la intervención imperialista en la región: lo que está en juego no es solo un país, sino la posibilidad de que exista un proyecto soberano, independiente y antiimperialista en el hemisferio.

Para los pueblos de América Latina, la guerra cognitiva produce una subjetividad escindida. Por un lado, las clases populares que han sido protagonistas de procesos emancipatorios —el bolivarianismo en Venezuela, el evismo en Bolivia, el correísmo en Ecuador, el lulismo en Brasil— desarrollan una conciencia defensiva, una subjetividad de resistencia que se fortalece frente a la agresión externa pero que corre el riesgo de cristalizarse en una postura reactiva que dificulta la autocrítica y la renovación. Por otro lado, las clases medias y altas que se identifican con el discurso hegemónico occidental experimentan una subjetividad de resentimiento: al ver bloqueadas sus expectativas de consumo y movilidad social por la crisis económica —crisis que la guerra cognitiva les presenta como resultado de la «incompetencia» o «corrupción» del gobierno popular, y no como efecto de las sanciones y la guerra económica—, estas clases se vuelcan hacia posiciones políticas cada vez más radicalizadas, llegando a justificar la intervención extranjera.

A escala global, la guerra cognitiva produce un efecto aún más inquietante: la disolución del principio de realidad. En un mundo donde cada hecho puede ser negado, cada verdad puede ser disputada y cada narrativa puede ser fabricada, la posibilidad misma del conocimiento objetivo —condición de posibilidad de cualquier política emancipatoria— se ve socavada. La guerra cognitiva no busca convencer, sino confundir; no busca ganar adeptos, sino neutralizar la capacidad de juicio. Es, en este sentido, una guerra contra la razón histórica misma.

Para cerrar en tono dialéctico

Entre la determinación estructural y la agencia histórica

Desde una perspectiva dialéctica, la guerra cognitiva no es un destino ineluctable ni una fuerza todopoderosa. Como toda forma de lucha de clases, encuentra sus límites en las condiciones materiales y en la praxis de los sujetos históricos. El fracaso del intento de derrocar a Maduro en 2019 —a pesar de la maquinaria cognitiva global desplegada a su favor— demuestra que la guerra cognitiva, por sí sola, no puede suplir la ausencia de una base social sólida ni la falta de una correlación de fuerzas favorable en el terreno material (Buxton, 2019) [6].

La guerra cognitiva ha mutado y se ha sofisticado, pero la contradicción fundamental que recorre la historia latinoamericana —la que enfrenta a los proyectos de soberanía popular con los intereses del imperialismo y sus aliados locales— permanece intacta. Lo que ha cambiado es el escenario donde esta contradicción se dirime: de los campos de batalla físicos, la guerra se ha trasladado a los territorios de la conciencia. Pero la conciencia, como nos enseñó Marx, no es una esfera autónoma de la realidad: es expresión y reflejo —activo, no pasivo— de las condiciones materiales de existencia.

El mayor peligro de la guerra cognitiva no reside en su capacidad de engañar, sino en su capacidad de desmovilizar, de producir una subjetividad fatalista que acepte la realidad presente como inmutable. Frente a ello, la tarea del pensamiento crítico —y de la praxis política que le corresponde— es restituir el vínculo entre la experiencia vivida y la comprensión de la totalidad social, entre el sufrimiento cotidiano y sus causas estructurales, entre la memoria histórica de las luchas pasadas y la posibilidad de un futuro emancipado.

Como sostienen Petras y Veltmeyer (2018) [15] en su análisis de la lucha de clases en América Latina, cada avance del capital en la región ha generado una respuesta correspondiente de las clases trabajadoras y populares. La guerra cognitiva es el más reciente capítulo de esta dialéctica de dominación y resistencia. La pregunta que se abre ante nosotros —pueblos de Venezuela, de América Latina y del mundo— es si seremos capaces de desarrollar las formas organizativas, las subjetividades y las conciencias que nos permitan no solo resistir, sino vencer en este nuevo terreno de batalla.

Referencias

[1] Waldman, T. (2021). Vicarious Warfare: The Counterproductive Consequences of Modern American Military Practice. Contemporary Security Policy, 38(3), 409-431. https://doi.org/10.1080/13523260.2017.1393201

[2] Tan, A., & Perlmutter, D. (2006). The more you know, the less you understand: The problem with information warfare. Journal of Strategic Studies, 29(3), 497-521. https://doi.org/10.1080/01402390600765900

[3] Cañizález, A. (2003). Breaking Democracy: Venezuela’s Media Coup. Media International Australia, 108(1), 75-85. https://doi.org/10.1177/1329878×0310800114

[4] Forelle, M., Howard, P., Monroy-Hernández, A., & Savage, S. (2015). Political Bots and the Manipulation of Public Opinion in Venezuela. SSRN Electronic Journal. https://doi.org/10.2139/ssrn.2635800

[5] Hesketh, C. (2019). A Gramscian Conjuncture in Latin America? Reflections on Violence, Hegemony, and Geographical Difference. Antipode, 51(4), 1179-1199. https://doi.org/10.1111/anti.12559

[6] Buxton, J. (2019). The Missteps of Venezuela’s Opposition—Again. NACLA Report on the Americas, 51(2), 125-130. https://doi.org/10.1080/10714839.2019.1617472

[7] López-Rodríguez, A. M. (2021). Legal Consequences of and Approaches to the Question of Recognition of a Government of a State: Disputes involving Venezuela. ICSID Review – Foreign Investment Law Journal, 36(3), 491-514. https://doi.org/10.1093/icsidreview/siab022

[8] Mooney, J. (2021). Economic Sanctions, International Law, and Crimes Against Humanity: Venezuela’s Referral to the International Criminal Court. American Journal of International Law, 115(2), 305-312. https://doi.org/10.1017/ajil.2021.20

[9] Melo, B. P. (2018). To Be or Not to Be, That Is the Question?—Fragments of Marxist Theory on the Movements of Class Consciousness. International Critical Thought, 8(1), 102-118. https://doi.org/10.1080/21598282.2018.1430602

[10] Hawkins, K., Rovira Kaltwasser, C., & Andreadis, I. (2018). Polarization, Participatory Democracy, and Democratic Erosion in Venezuela’s Twenty-First Century Socialism. The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science, 681(1), 62-79. https://doi.org/10.1177/0002716218817733

[11] Morozov, E., & Erofeev, S. (2017). Hybrid wars: the archaization of political consciousness and involution of media. Russian Journal of Communication, 9(1), 62-76. https://doi.org/10.1080/19409419.2017.1323177

[12] Luz, N., & Miller, E. (2020). Minimal Effects, Maximum Panic: Social Media and Democracy in Latin America. Social Media + Society, 6(4), 1-12. https://doi.org/10.1177/2056305120984452

[13] Krieg, A., & Rickli, J.-M. (2018). Surrogate warfare: the art of war in the 21st century? Defence Studies, 18(2), 159-186. https://doi.org/10.1080/14702436.2018.1429218

[14] Main, A., & Dangl, B. (2019). Venezuela: A Critical Moment to Challenge Intervention. Socialism and Democracy, 33(2), 118-125. https://doi.org/10.1080/08854300.2019.1638184

[15] Petras, J., & Veltmeyer, H. (2018). Class Struggle Back on the Agenda in Latin America. Journal of Developing Societies, 34(1), 1-23. https://doi.org/10.1177/0169796×17753000

[16] Youngers, C. (2000). Cocaine Madness Counternarcotics and Militarization in the Andes. NACLA Report on the Americas, 34(3), 16-23. https://doi.org/10.1080/10714839.2000.11722614

[17] Morales, G. (2018). Comparative analysis of the emerging projects in Latin America after the crisis of the neoliberal modernity project in the early 21st century. Thesis Eleven, 149(1), 48-66. https://doi.org/10.1177/0725513618813382

[18] Robinson, W. I. (2024). Downplaying U.S. Imperialism Despite its Ongoing Tenacity: The Latin American Dimension. Latin American Perspectives, 51(2), 3-22. https://doi.org/10.1177/0094582×241256896

Nota al pie

* La archaización de la conciencia política, es un fenómeno contemporáneo en el que los discursos, comportamientos y estructuras mentales de la política moderna retroceden hacia formas más primitivas, emocionales o tribales. Este proceso implica abandonar el debate racional y la complejidad democrática en favor de la dinámica basadas en la división, la identidad grupal y líderes. Se puede reconocer en este fenómeno características y formas de expresión que evidencia culturas políticas populistas y emocionales, donde la conciencia política se deforma a alejarse de la comprensión estructural de los problemas y enfocarse en el odio, el rencor social y la división. As mismo, encontramos formas de tribalismo, como un retorno a la lógica de “amigo-enemigo”, donde la pertenencia al grupo es más importante que las propuestas políticas. Se expresa también el liderazgo paternalista, que muestra la reaparición de figuras de autoridad vistas como “pastores del pueblo”, un concepto arcaico descrito por plato donde el líder asume un rol educador o paternalista sobre la ciudadanía. Por último, podemos encontrar la desinformación como herramienta, creando un contexto que permite que la desinformación alimente este retroceso, afectando la toma de decisiones razonables.

Este fenómeno se ve alimentado por la lucha por recursos, la polarización y la arremetida de intereses económicos. En lugar de una conciencia política basada en la ciudadanía moderna, se promueve una que busca “salvadores” o respuestas simples a crisis complejas. La archaización busca concentrar el poder en figuras que apelan a pasiones primarias, eliminado la racionalidad. Es un retroceso hacia formas autoritarias o tribales de entender el poder, impulsando por la polarización y la manipulación emocional, mientras la conciencia política sana busca transformar las relaciones de poder de manera horizontal y colectiva.

+ Ingeniero y magíster en Historia egresado de la UCV. Actualmente, doctorante en Creación Intelectual (UNESR). Decano Honorario de la Universidad Iberoamericana. Profesor Honorario de la Universidad Politécnica Territorial Alonso Gamero. Diplomático. Director del Centro de Investigación Contrahegemónica Luis Acuña de LAUICOM, investigador de la línea guerra cognitiva en LAUICOM.  Coordinador de la Red Internacional de Investigación Antifascista. / pedropenso@gmail.com

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La batalla por la mente: Defender la vida frente a la zona gris

Prensa LAUICOM – En una jornada repleta de solidaridad, la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM), recibió a la Brigada Internacional Hugo Chávez.

En el marco de su visita, el vicerrector Luis Delgado alertó que hoy la guerra busca robarnos lo que sentimos y pensamos.

Nos enfrentamos a una «narrativa gris» que intenta ponernos el mundo al revés para que perdamos la esperanza, esta trampa mediática usa etiquetas para que sintamos rechazo por nuestra propia gente y nuestras raíces.

Quieren hijos alejados de sus padres y vecinos que no se hablen, dejándonos solos frente al televisor, es un plan para que solo pensemos en el dinero, olvidando que la verdadera riqueza es la comunidad.

Ante los brigadistas, se denunció que el enemigo quiere extirparnos la compasión y el amor al prójimo, buscan que nos dé igual el dolor ajeno para convertirnos en piezas de un sistema que solo sabe competir

Pero frente a ese egoísmo, Venezuela y la Brigada responden con la bandera de la solidaridad y la vida. ¡No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras intentan colonizar nuestro corazón y nuestra mente!

Es hora de despertar, de hablar con el vecino y de fortalecer nuestras redes de comunicación popular.

¡Hagamos que nuestra voz se escuche en cada rincón para defender la alegría y la victoria popular!

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Reconfiguración estratégica de la conciencia y la comunicación en la era del quiebre global

Dr. Merwin Pérez Director de Acreditación de Saberes de LAUICOM. Profesor investigador de la UNESR. Doctor en Gestión para la Creación Intelectual, UNESR. Doctorando en Ciencias de la Educación de la UPEL.

El evento del 3 de enero no debe ser interpretado bajo la lente del asombro moralista ni como una ruptura accidental del orden internacional, sino como la sinceración definitiva de una estructura de poder que ha decidido prescindir de su máscara jurídica para operar en la desnudez de la fuerza; el derecho internacional no murió ese día, simplemente se reveló como lo que siempre fue: un manual de gestión de hegemonía cuya validez caduca en el momento en que deja de ser funcional a los intereses del capital transnacional.

Frente a este panorama, la subjetividad política debe abandonar la nostalgia por las instituciones liberales y transitar hacia una rigurosidad epistémica que entienda la soberanía no como un atributo legal concedido por organismos externos, sino como una propiedad física y material que se defiende en el terreno de la técnica, la producción y la cognición. El análisis de la trayectoria del pensamiento crítico contemporáneo y la sistematización de experiencias populares demuestran que el discurso de la ciencia y la comunicación han funcionado históricamente como instancias de poder excluyentes, destinadas a invalidar los «saberes otros» y a colonizar el imaginario colectivo mediante una guerra cognitiva que precede y garantiza el éxito de cualquier agresión cinética.

Esta guerra no busca la destrucción física del adversario en primera instancia, sino el bloqueo de su voluntad a través de la saturación informativa, la manipulación de la amígdala cerebral y la imposición de una «cultura de la necesidad» que reduce al ciudadano a un terminal de consumo pasivo.

Por tanto, la comunicación militante no puede seguir siendo un ejercicio «barroco ideológico» o de agitación artesanal basada en métodos de hace medio siglo; debe evolucionar hacia una arquitectura de defensa neuroalgorítmica que entienda que, en la era del Big Data y la Inteligencia Artificial, el campo de batalla es la atención y el sistema límbico de las mayorías. La reparación axiológica necesaria exige dejar de apelar a una «verdad» abstracta que el algoritmo neutraliza por falta de alcance, para empezar a construir una «verdad operativa» que tenga la capacidad técnica de perforar las burbujas de filtro del adversario.

Esto implica que la «Educación Convivida» y las experiencias de las misiones sociales deben mutar de la pedagogía de la esperanza a la logística de la invulnerabilidad, transformando cada espacio de aprendizaje en un nodo de soberanía tecnológica, capaz de gestionar su propio hardware, su propio código y su propia seguridad digital, pues no existe soberanía del pensamiento sobre infraestructura ajena.

El golpe de realidad es brutal: el enemigo posee los canales de la dopamina y los servidores de la memoria global, pero su debilidad reside en su propia gigantomaquia y en su dependencia de nuestra conectividad y consumo.

La luz al final del túnel no es el retorno a un pasado de tratados internacionales respetados, sino la construcción de una sociedad inviable para el despojo; un pueblo que se desengancha de la dependencia simbólica del hegemón, que sistematiza sus fallas para convertirlas en protocolos de resistencia y que utiliza la agitación no para el entusiasmo efímero, sino para la organización de la producción material y la defensa del territorio psíquico.

La verdadera conciencia ciudadana hoy se mide en la densidad organizativa de las comunas, en la capacidad de crear redes de comunicación que el algoritmo no sepa clasificar y en la invención de una estética de la liberación que sea más útil y potente que la narrativa del caos. La soberanía cognitiva es el resultado de un pueblo que decide dejar de ser «pensado» por el poder global para empezar a diseñarse a sí mismo desde la autonomía técnica y la mística de la invención social, entendiendo que el único derecho internacional que prevalecerá será aquel que la fuerza moral y organizada de los pueblos sea capaz de imponer sobre el terreno de la realidad material.

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Crímenes imperiales, secuestro cognitivo y otras vilezas

Investigador Erick Gutiérrez

El 3 de enero de 2026 el imperialismo norteamericano ejecutó el vil secuestro de Nicolás Maduro Moros, presidente en funciones de la República Bolivariana de Venezuela, y de su esposa, la primera dama Cilia Flores. Esta acción representa un acto de delincuencia internacional, que como crimen de agresión según el Estatuto de Roma, no sólo desnuda la esencia atroz del imperio (Clemente, 2026), sino que como arremetida multidimensional pretende reinstalar el colonialismo, reciclando La Doctrina Monroe como plan imperial para nuestra región, mediante manifestaciones de violencia civilizatoria y gestión del terror a fin de garantizar su régimen de desposesión y hegemonía a escala regional (y global), mediante el descarado robo programado de nuestros recursos naturales (González, 2026). Dentro del paradigma de la guerra híbrida, hace uso de la guerra judicial (o lawfare) con objetivos viles: romper el orden jurídico nacional e internacional, a fin de imponer una gobernanza de facto, tomando control de los Estados a través del secuestro de las denominadas democracias populistas mediante engaños y mentiras permanentes que justifiquen su regreso a la órbita estadounidense (Tirado, 2021); que en el fondo, supone un ataque a nuestro derecho a existir como pueblos soberanos con proyectos propios, donde el Sur Global es visto como objeto de intervención y de explotación (González, 2026).

La preparación, ejecución y continuación de esta operación bélica, se ha implementado con componentes fundamentales de guerra mediática, cognitiva y psicológica, en el desarrollo de operaciones de influencia y de desinformación (Tirado, 2021), mediante el vil uso de los medios masivos de difusión y de las redes sociales, en ciberoperaciones para el control social, la distracción masiva, la manipulación informativa, el engaño, y el chantaje o extorsión colectiva.  Su objetivo estratégico regional es colonizar la mente y el deseo para naturalizar la violencia imperial (asentada en una lógica depredadora de desprecio y despojo) sentando un precedente de impunidad, mediante un epistemicidio estratégico que destruya nuestra capacidad de pensar el mundo por nosotros mismos (González, 2026), a través de armas de guerra cognitiva, produciendo consentimiento sobre que la acción del 3 de enero se realizó sin ninguna resistencia, sin víctimas, y gracias a una endógena traición interna, narrativa hegemónica continuada intencionalmente, destinada a minimizar la existencia de sus nuevas armas de sabotaje tecnológico masivo.

Inmediatamente después del secuestro físico de la pareja presidencial, se inicia la implantación criminal progresiva de otras formas de secuestro: secuestro cognitivo, económico, jurídico. Así, en los laboratorios de guerra cognitiva, se planteó el uso de la Ley norteamericana como arma de exterminio, al señalar inicialmente cargos criminales contra Maduro y Flores, utilizados como placebos jurídicos para una estafa procesal, manipulando una vía legal -el juicio penal- para lograr un fin ilegal el derrocamiento y el secuestro de un soberano, en una operación de extorsión internacional con rehenes de Estado utilizados como fianza humana para forzar el pago de compensaciones (Clemente. 2026), siendo la pareja presidencial realmente prisioneros de guerra y rehenes de una operación de violación sistemática de la soberanía nacional, dentro de un infame plan de despojo económico.

En diversas declaraciones del presidente Donald Trump posteriores al 3 de enero, fue notorio el carácter incuestionablemente delincuencial del accionar norteamericano, como forma de secuestro extorsivo (Ramírez, 2008; Hoyos, 2013): el secuestro político es un arma utilizada contra estados para lograr la intimidación o retaliación de los enemigos, conseguir una finalidad bélica al servicio de una causa política, o para obtener un lucro, reduciendo a la víctima la persona secuestrada a la condición de una mercancía o valor de cambio, siendo esta actividad delictiva una de las principales fuentes de financiación de los grupos al margen de la ley por las que se aseguran recursos económicos. En las declaraciones de Trump también quedó en evidencia un discurso capitalista que expuso no sólo el plus de valor (afán de lucro) aspirado, sino también un plus de goce, que convierte las modalidades de secuestro en un modelo de funcionamiento empresarial al servicio de la destrucción: destruye los otros discursos, porque encuentra su éxito en reciclar su propio exceso, donde el propio secuestro extorsivo es muy atractivo para el criminal por el goce derivado por la ganancia económica obtenible en corto tiempo (Martínez. 2020).

Como complemento justificatorio de estas infames operaciones, se desarrolla en forma exponencial o vertiginosa, a través de la guerra mediática, un permanente secuestro cognitivo global. La vocería política del gobierno norteamericano, especialmente Donald Trump, busca monopolizar totalmente la atención mediante comentarios reiterados prácticamente diarios acerca de Venezuela, para ser permanentemente trending topic.  En efecto, si entendemos el secuestro como una toma de control no autorizada, el aparato de propaganda bélico norteamericano, busca ocupar gran parte de nuestro tiempo en estar pendientes y opinando exclusivamente acerca de las declaraciones o acciones de Donald Trump (o del gobierno norteamericano, o de sus aliados nacionales), secuestrando nuestra atención durante el máximo tiempo posible, utilizando técnicas persuasivas cuya vil finalidad es mantenernos aferrados a nuestros dispositivos con dicha agenda setting. 

De esta manera, implementan cámaras de eco para transmitir opiniones llenas de desinformación, que al explotar las vulnerabilidades biológicas del cerebro minimizan la capacidad de concentración (o atrofian nuestro sentido crítico), reduciendo el campo de visión, y en consecuencia, nuestra necesaria capacidad de reflexión profunda (Martínez, 2020; Directorio de Sostenibilidad, 2024). La naturaleza intrusiva de tales plataformas tecnológicas cuyo capital es norteamericano, recalca la naturaleza coercitiva y no consensuada de estas sobre el pensamiento humano, de tal forma que al quedar secuestrada nuestra atención el peligro a ser manipulados es muy elevado (Martínez, 2020), al punto de hacernos pensar que somos nosotros mismos quienes hemos tomado la decisión de elegir los contenidos que nos son impuestos, sin estar conscientes de que son formas de contaminación psicológica (Directorio de Sostenibilidad, 2024).

A pesar de lo expuesto, los discursos imperialistas del gobierno norteamericano han generado un efecto de agenciamiento radical en la población venezolana, que desde una resistencia heroica lucha encomiablemente por defender la unidad — (rechazando cualquier información que busque fracturarla— (González, 2026) frente a las presiones divisivas, internas y externas. Para ello, es una prioridad fundamental la defensa de nuestra soberanía mental (Directorio de Sostenibilidad, 2024), para lo cual debemos esforzarnos apremiantemente en lograr nuestra autonomía digital en función de la soberanía tecnológica, como frente de retaguardia global en función de una defensa comunicacional común, de producción de una conciencia y solidaridad insurgente, y de soberanía compartida y la defensa de la dignidad común (González, 2026). En este sentido, se deben impulsar ya programas de alfabetización digital, a fin de eliminar las distracciones digitales, evitando el ruido de las redes sociales y bloqueando las sugerencias algorítmicas intrusivas, a fin de evitar ser rehenes cognitivos de los planes bélicos imperialistas.

Erick Gutiérrez: Abogado de la UCV, magister del CENDES UCV. Profesor de postgrado, investigador militante, y eco-feminista. Vocero comunal. Áreas de especialización: Antropología jurídica, Descolonialidad,  Derechos indígenas, Derechos ecológicos. Con más de 90 publicaciones entre libros y artículos. Ganador de diferentes premios nacionales e internacionales en el área de ciencias sociales. Investigador del Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual. / descolonizarnos@gmail.com

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La reciente victoria de Venezuela y la futura victoria Venezuela (III parte)

No hay negatividad como el odio, ni fortaleza como la paciencia

Shantideva

Investigador Roger Garcés

Rememorando la alegría que compartió el pueblo de Venezuela gracias  a la victoria del aguerrido equipo criollo en el Clásico Mundial de Béisbol 2026, caeremos en cuenta de que el odio ha manchado nuestra sociedad llevando a algunos a cometer actos inenarrables y a muchos a considerar distintos o enemigos a otros que no piensan como ellos. Empeñados en exorcizar el odio de nuestro país, continuemos estudiando los versos de Shantideva, y este estudio nos dirá cómo podemos desmontar el odio a través de desmontar el ego, que es el principal combustible en el fuego del odio. Él escribía:

No hay negatividad como el odio, ni fortaleza como la paciencia

Y definitivamente, ya sabemos que la fuerza del odio es devastadora e inconmensurable, pero podemos contrarrestarla a través de la paciencia, y sobre la paciencia hablaremos más tarde, ya que no se trata de una paciencia boba que aguanta todo, sino de una paciencia activa que convierte el veneno en medicina.

A los que creen que el odio es solo una de las emociones humanas y no le dan la importancia que realmente tiene y creen que pueden vivir en el odio y odiar a los demás sin que esto tenga consecuencia para sus vidas, Shantideva les explica:

Todas las acciones positivas, tales como venerar a los budas y practicar generosidad, acumuladas durante mil eones, serán destruidas en un momento de enfado.

Y esto es terriblemente cierto. Esto lo podemos ver frecuentemente en las relaciones con los demás; una sola palabra de la ira puede romper amistades, relaciones familiares o incluso relaciones estables de pareja. Tal vez no importe cuanto meditamos o cuanto nos esforzamos en agradar a la otra persona, o cuanto trabajemos por la relación, basta un solo momento de rabia para que sea destruido todo lo que se ha construido durante años. Piense que cada oración que se da en un templo es como una pincelada de color nácar que da cada persona que ora. Miles de personas orando serán miles de pinceladas. Sin embargo, sabemos que para pintar una pared hacen falta miles de pinceladas. Cuando se habla de millones, todavía es una cifra muy pequeña para pintar esa pared de blanco. Pero una sola acción motivada por la rabia es como si esa sola persona echara sobre esa pared pintura negra. En realidad, costará mucho limpiar la pintura negra y costará mucho más volver a pintar. Es bueno tomar esta enseñanza en cuenta porque igual funciona en el hogar.

Los maestros saben lo perjudicial que puede ser para una familia un solo momento de enfado. Las personas debieran saber lo perjudicial que puede ser para la relación de pareja una sola rabieta.

Por otra parte, continúa Shantideva:

Mi mente no experimentará paz si guarda pensamientos dolorosos de odio. No encontraré alegría o felicidad. Incapaz de dormir me sentiré inquieto.

Cuando leemos esto nos damos cuenta que el odio es una actitud voluntaria y activa. El texto se refiere a SI YO GUARDO, en decir, si yo voluntariamente me empeño en guardar pensamientos dolorosos y/o de rabia. Entonces la rabia es activa: yo decido rabiar. Por lo tanto, no es pasiva, no es algo que a uno le pasa, es algo que uno DECIDE.  Esa es una de las mentiras de la rabia de las que habíamos hablado en una oportunidad. La gente dice: Yo estaba tranquilo, y ella me hizo molestar. En realidad no es así, uno se molesta porque lo decide voluntariamente. Ya lo vemos durante la meditación cuando llegan pensamientos, uno se entrena en dejarlos pasar y no engancharse con ellos. Cuando un pensamiento ocupa nuestra mente es porque decidimos pensarlo. Es decir: Yo decido voluntariamente pensar ese pensamiento, también he podido decidir no pensarlo y dedicarme a vivir, y no enmarañarme con pensamientos de odio que voy rumiando casi constantemente.  Así es la rabia, uno VOLUNTARIAMENTE DECIDE mantener los pensamientos  de odio, porque también puede VOLUNTARIAMENTE dejar en el pasado las cosas malas.

De nuevo, el principal motor del odio es el Ego que decide que las cosas son como yo digo; y cuando no son como yo digo, me molesto, me perturbo y esa emoción perturbadora estremece a mi medio ambiente, a mi familia, a mis vecinos, y a mi mundo. Ama y lo demás se te dará por añadidura habría sentenciado san Agustín. Por eso es el amor es el primer mandamiento. Tan importante será el amor que es el PRIMER MANDAMIENTO.

Con estas explicaciones que se sucedieron hace 1.800 años podemos comenzar a  comprender que no podemos mantener un clima de odio  en nuestra sociedad. Por el contrario, VOLUNTARIAMENTE debemos esforzarnos por cultivar la Paciencia activa, con la que le demos la vuelta a la situación conflictiva y sacar provecho para todos en la sociedad. La persona que comprende eso, sabe que sus hijos serán beneficiados por su voluntario empeño de mantener la paz. Sabe que su familia será beneficiada, sabe que todos serán beneficiados porque, sabe que vivimos en continua e inextricable INTERDEPENDENCIA. De tal manera que cuando yo lanzo una agresión al ambiente, esa misma agresión tarde o temprano me alcanzará a mí mismo, ya que no vivimos aislados sino en absoluta interrelación con los demás. Haz el bien y no mires a quien es la sentencia que refiere que te estarás haciendo bien a ti mismo.

Corolario

La alegría que compartimos con la victoria en béisbol, puede ser una gran maestra para las futuras alegrías y solidaridades que podemos vivir en esta tierra de libertadores. Recordar que no hay negatividad como el odio, ni fortaleza como la paciencia, nos bastará para comenzar a tener relaciones en la sociedad signadas por la armonía, armonía que tanto se merece este país. Recordar que el TRABAJO VOLUNTARIO es la garantía de éxito. Ya que sabemos que el odio no es algo que a uno le pasa, sino algo que uno DECIDE. Saber que UNA SOLA conducta de odio puede destruir años trabajo nos hará más cautelosos con esa emoción y no le permitiremos que ande por ahí descuidadamente.

Roger José Garcés Sánchez: Psicólogo clínico con Maestría en Psicología de la UCV. Cursante del Doctorado en estudios Nuestroamericanos.  Profesor de la cátedra: Naturaleza de la Guerra Cognitiva. Investigador en LAUICOM. / enelrespiramos@gmail.com

Habermas en la encrucijada

Habermas en la encrucijada: balance crítico desde el Sur Global para la comunicación del siglo XXI

A la comunidad crítica mundial de pensadores, comunicadores y agentes de transformación de la historia:

Tras el reciente y sensible fallecimiento de Jürgen Habermas, la filosofía y la teoría de la comunicación pierden a uno de sus gigantes. Su obra, vasta y profunda, ha sido un faro ineludible para comprender la modernidad, la democracia y el papel del lenguaje en la vida social. Sin embargo, desde la perspectiva situada de Nuestra América, desde el dolor y la esperanza de los pueblos del Sur Global, y armados con las herramientas críticas del materialismo histórico y la filosofía de la liberación, tenemos la obligación ética y epistemológica de realizar un balance crítico de su legado. No para demolerlo, sino para situarlo, para reconocer sus luces y, fundamentalmente, para señalar sus sombras, aquellas que su racionalidad moderna occidental no alcanzó a iluminar. Este breve ensayo busca contribuir a ese necesario debate en el alba de este complejo siglo XXI.

I. El legado incontestable: La comunicación como condición de posibilidad de lo humano

El aporte principal de Habermas, su “Teoría de la Acción Comunicativa”, constituye un hito epistemológico. Al desplazar el eje de la filosofía de la conciencia (el sujeto cartesiano que se relaciona con objetos) a la filosofía del lenguaje (sujetos que se relacionan entre sí a través de símbolos), Habermas nos dotó de una praxis epistémica fundamental: el reconocimiento de que la comunicación no es un mero acto informativo, sino el sustrato mismo de la socialización y la reproducción social.

Su uso del concepto de “mundo de la vida” (Lebenswelt), tomado de sus maestros Husserl y Heidegger, con el trasfondo de certezas incuestionadas y saberes compartidos, es el horizonte desde el cual nos comunicamos. Y es precisamente desde allí que, para Habermas, se despliega la fuerza racionalizadora de la “acción comunicativa”, orientada al entendimiento mutuo. En un mundo crecientemente colonizado por los imperativos sistémicos del dinero y el poder (el mercado y la burocracia), su propuesta de una “ética del discurso” se erige como un importante baluarte defensivo. Los “presupuestos universales de la comunicación” (inteligibilidad, verdad, veracidad y rectitud normativa) no son meras idealizaciones; son condiciones de posibilidad de cualquier interacción social genuina. Para la comunicación del siglo XXI, sumergida en la vorágine de la desinformación digital, las fake news, los deep fakes y la fragmentación algorítmica, reivindicar la posibilidad del entendimiento y la validez del mejor argumento es, sin duda, un acto de resistencia. La pedagogía comunicacional que emerge de su obra nos llama a formar ciudadanos capaces no solo de emitir mensajes, sino de argumentar y, sobre todo, de escuchar.

II. El diálogo de sordos con la tradición crítica: Marx, Gramsci y la materialidad de la dominación

Sin embargo, desde nuestra perspectiva, el edificio habermasiano se sostiene sobre una base de arenas movedizas. Su crítica a Marx, a quien reconoce pero al que acusa de reducir la acción social al “trabajo” (acción teleológica o estratégica), olvidando la “interacción” (acción comunicativa), resulta en una escisión problemática. Para pensadores como Marx, Engels y Lukács, la cosificación no es solo un problema sistémico, sino que penetra la propia conciencia individual y social y, por ende, el mundo histórico de la vida. La lucha de clases no es solo un conflicto por la distribución de la riqueza, sino una batalla por la interpretación del mundo, una batalla que se libra en el terreno de la hegemonía, como bien señaló Gramsci.

Aquí reside una de las limitaciones más profundas de Habermas: su formalismo procedimental. Al concentrarse en las condiciones del diálogo (la “situación ideal de habla”), descuida las condiciones materiales que determinan quién puede hablar, con qué autoridad y con qué posibilidades de ser escuchado. La comunicación no ocurre en un éter puro de intersubjetividad, sino en el seno de relaciones de poder asimétricas. Un campesino sin tierra en Brasil, una mujer racializada en Colombia, un trabajador precarizado en Argentina, no pueden entablar un diálogo en pie de igualdad con un terrateniente canadiense o un gerente transnacional de Alemania. La ideología, ese concepto central que Bajtin exploró a través del signo como “arena de la lucha de clases”, se diluye en la propuesta habermasiana. La pregunta que nos lega Lenin no es solo cómo lograr un acuerdo, sino para qué y contra quién. La comunicación liberadora no puede ser neutral; debe tomar partido en favor de su de clase y de sus pueblos.

III. La ceguera eurocéntrica: La crítica desde la Filosofía de la Liberación

La objeción más radical, sin embargo, proviene de nuestra propia tradición. Figuras cardinales como Enrique Dussel y Franz Hinkelammert han deconstruido el universalismo abstracto de la ética del discurso. Habermas, a pesar de su esfuerzo por superar la filosofía de la conciencia, permanece anclado en lo que Dussel denomina el “eurocentrismo” de la Modernidad. Su “mundo de la vida” es, en esencia, el de la Europa de la posguerra, el del Estado de bienestar y la socialdemocracia occidental y occidentalizada. No logra ver que ese mundo de la vida se constituyó, históricamente, a costa de negar otras culturas, otros mundos y otras vidas.

Desde la “analéctica” dusseliana, el otro, la víctima, el excluido del diálogo, no es simplemente un participante más que aún no ha llegado a la mesa de la argumentación. Es un “otro” que interpela desde la exterioridad del sistema. Antes del diálogo, está el clamor del expropiado, el empobrecido, la exigencia de justicia del oprimido. La “comunicación” para la Filosofía de la Liberación no es primariamente un acto de entendimiento mutuo, sino un acto de revelación y dev asunción de una responsabilidad histórica. Como señalaba Juan Bautista Segales, siguiendo a Dussel, se trata de aprender a “pensar desde la negatividad”, desde la vida concreta de quienes fueron y siguen siendo expoliados, explotados, expropiados y culturalmente negados por el sistema. La razón dialógica de Habermas, al no historizar su propia posición histórica de clase, deviene una razón que, sin quererlo, legitima el statu quo, al presuponer un espacio de interlocución horizontal que el capitalismo occidental ha destruido y sigue destruyendo sistemáticamente.

A esto cabe sumarle la crítica de Joseph Estermann desde una perspectiva intercultural e “inter-filosófica”. El pensamiento de Habermas, pese a su pretensión universalista, es profundamente monocultural. Se basa en una concepción del lenguaje y la argumentación occidental que privilegia la lógica formal, la coherencia interna y la abstracción, dejando de lado otras formas de comunicación, otras racionalidades, como las que perviven en las comunidades populares y los pueblos indígenas de nuestra Abya Yala: la ritualidad, el mito, la corporalidad, el baile, el sueño, la comunión con la naturaleza (la Pachamama). Estas no son etapas superadas hacia la modernidad comunicativa, sino racionalidades alternativas que ofrecen otras claves para enfrentar y superar la crisis civilizatoria. La comunicación del siglo XXI, si quiere ser verdaderamente universal, debe ser, ante todo, intercultural y transmoderna, capaz de escuchar no solo argumentos racionales y lógicos, sino también alteridades, silencios, ritos y memorias.

IV. Llamado a un balance crítico para la nueva comunicación

Estimada comunidad crítica mundial, al despedir a Habermas, no podemos caer en la hagiografía ni en una crítica simplista. Su obra es un espejo trizado de las contradicciones de la modernidad occidental que habitamos. Su llamado a la razón, al debate público y a la resistencia contra la colonización sistémica es más necesario que nunca en la era de la comunicación algorítmica y la posverdad.

Pero la nueva comunicación del siglo XXI, la que necesita la humanidad para sobrevivir a la crisis de valores, ecológica y a la barbarie del capital, debe ir más allá. Debe ser una comunicación que:

1. Parta de la materialidad de la vida, como nos recuerdan Hinkelammert y Dussel, reconociendo que no hay diálogo posible con estómagos vacíos, tierras robadas y vidas precarizadas.

2. Se reconozca como un campo de lucha contrahegemónica, donde el desafío no es solo el mejor argumento, sino la construcción de un nuevo sentido común anticapitalista y descolonial, recogiendo la lección de Gramsci, Dalton, Estermann, Grosfoguel y Bautista Segales, entre otros.

3. Aprenda a escuchar las voces de la exterioridad, las de los pueblos originarios, las feministas comunitarias, los movimientos afrodescendientes, los pueblos indígenas y campesinos que han sido sistemáticamente silenciados por el diálogo sin dialéctica materialista de los poderosos.

4. Se oriente no solo al entendimiento, sino a la liberación. La comunicación debe ser un acto de creación heroica de poder popular, de renovada concientización, como postularon Simón Bolívar, Simón Rodríguez, Ezequiel Zamora, Paulo Freire y Hugo Chávez; y de organización para la transformación de las estructuras que imposibilitan un diálogo verdaderamente simétrico.

Honremos a Habermas debatiendo, situando, superando. Construyamos una comunicología para el siglo XXI que, sin renunciar a la razón, se abra a la imaginería, la teología y la sabiduría de nuestros pueblos y se ponga al servicio de la vida, incluyendo la Madre Tierra. Esa es la tarea urgente y candente que nos convoca una nueva comunicología desde el Sur.

En Caracas, a los 15 días del mes de marzo de 2026.


Universidad Internacional de las Comunicaciones

Artículo de José Garcés Investigación LAUICOM

¿Qué imagina usted cuando mira videos de therians?

Reláfica del chancletazo volador

1.            Introducción

En algún divertido e imaginario momento ¿No le ha pasado por la cabeza que eso de los therians se acabaría con un contundente y excepcionalmente preciso chancletazo? No importa que la mente racional esgrima argumentos y profundos razonamientos explicativos, siempre hay lugar para una broma o para una jugarreta. Varios videos que circulan en las redes parecen dar fe que lo del chancletazo es una idea que pulula en la mente colectiva.

En este texto vamos a intentar analizar el fenómeno de los therians desde la óptica de la “Imaginación activa” y vamos a situar este fenómeno como una más de las muchas manipulaciones sociales con los que se ha manipulado a grandes poblaciones.

2.            Antecedentes

Es sabido que los grandes medios comienzan a hacer circular ideas que impactan a la población y lo hacen con la intención de desviar la atención sobre los grandes y verdaderos problemas de una nación. Aquí en Venezuela vivimos en los años 60 el furor que causaron los medios con lo de la picadura de la “Machaca”. Este animalito, supuestamente causaba la muerte a quien lo picaba y éste solo podía salvarse si hacía el amor en un lapso de 24 horas. Y entre chanza y preocupación los venezolanos bordeaban el tema de la machaca que ayudaba también a desviar la atención sobre el proceso de represión militar y policial que se conoció como la “Pacificación” o el aplastamiento de los movimientos de izquierda.

Se recuerda también el fenómeno de los ovni  y hasta se han hecho suposiciones de que los Ovnis han ayudado a derrocar gobiernos. RT titula: “¿Utilizó EE. UU. historias de ovnis para encubrir un golpe de Estado en Latinoamérica?” La historia es conocida por todos, cuando una noticia salta de portal en portal y de primera plana en primera plana, lo más probable es que se cumpla el axioma: “Pon una idea en la primera página de los periódicos, luego en las redes sociales y muy pronto estará en las mentes de todas las personas”.

3.            Los Therians

Más recientemente hemos visto el fenómeno de los therians; el bizarro y extraño fenómeno protagonizado por adolescentes e impulsado por las redes y las plataformas hegemónicas. Como ya sabemos, estas bizarrías tienen una función psicológica y comunicacional. Como hemos visto, este último fenómeno de los therians ocupa grandes espacios en las plataformas digitales, y al igual que las antiguas y ya olvidadas rarezas impulsados en el pasado, va más allá de una simple curiosidad.

Sabido es que los adolescentes son fácilmente sugestionables y manipulables. Basta que un grupo de pares le ofrezca aceptación y apoyo a otro adolescente, para que éste comience a ejecutar las conductas más insólitas e impensables que les son exigidas por ese grupo de pares. Estas conductas van desde los retos virales, en los que no pocos han perdido la vida, hasta participar en bandas transgresionales o el consabido consumo de drogas; esto es algo que se tiene bien estudiado. Los adolescentes son proclives a ejecutar conductas que a los ojos de sus mayores resultan extrañas e incompresibles y no pocas veces estas conductas pueden resultar lesivas para ellos mismos.  También es conocida la llamada “Actitud oposicionista” con la que el joven se empeña de un modo acérrimo e irreductible, en llevar la contraria a sus padres. La mayoría de las veces los padres terminan perdiendo la batalla contra el oposicionismo de sus hijos. Paralelo al oposicionismo está el negativismo con el que el adolescente se niega a cumplir las peticiones o demandas de sus padres. Con los therians puede haber un poco de todo esto. Sin embargo, lo que nos impulsa a hacer este análisis es la posible dinámica que generan en la sociedad. Ya circulan los memes y videos en los que el “chacletazo” parece ser la respuesta sabia y natural de los padres o mayores para “corregir” tal desatino. Es decir, el “Castigo positivo” para eliminar conductas, usando la terminología de la Teoría de la Conducta se pone de manifiesto para “curar” tales males. De cualquier manera, es el castigo lo que sustenta la imaginaria respuesta de los mayores ante la metamorfosis simbólica de sus hijos que los convierte de alguna forma en animales. Es decir, ante la inmadurez, un chancletazo puede ser muy útil significar: ¡Crece y sé adulto! Por eso la frase: “Provoca darle un cachetón” gravita en nuestra mente. Como podemos ver, todo queda a nivel de la imaginación.

4.            Dinámica psicosocial del fenómeno de los therians

En primer lugar, el joven se identifica con un animal. Es decir, se identifica con lo irracional. De hecho, se ha hecho correr la especie de que, como los perros, los therians pueden llegar a morder a personas en la calle.

En segundo lugar, los animales más frecuentemente publicitados son perros y gatos. De manera que la conexión con el imago de “Mascota” es lo que más aparece en las plataformas. Pero las mascotas no son cualquier animal, son animales muy queridos y en este momento histórico, parecen ser los compañeros afectivos de muchas parejas que deciden no tener hijos por el elevado costo de su manutención. En países como Argentina, Uruguay y España, es ya una tendencia generalizada que las parejas opten por mascotas en vez de tener hijos.

Como tercer punto, la bizarría de que un humano se comporte como animal, es lo que causa rechazo, por la falta de “coherencia” entre lo que verdaderamente se es y lo que se pretende ser. Esta incongruencia constituye un absurdo y se tiende a rechazar lo absurdo. La idea de rechazo está presente, por eso la tesis del “chancletazo” ronda nuestras mentes y hasta nos parece graciosa en honor a nuestra propia experiencia. La trashumante idea de un chancletazo, significante de la sentencia “¡Crece y sé adulto!”, aparece como la brújula que guía este barco.

Hay que hacer notar que lo “imaginal” es el punto clave de todo esto, el proceso de “Imaginar” cuál sería el tratamiento que se le debe dar a los therians es lo que es el núcleo de toda esta campaña. Recordemos a James Hillman “Primero imaginamos y después percibimos”. No importa si lo llegamos a realizar o no, basta con imaginarlo. La “Imaginación activa” (Jung) va conformando los procesos para que posteriormente podamos percibir la realidad. No importa si alguna vez lanzamos el chancletazo, lo que importa es que la mente ya imaginó esa escena, y ya está preparada para tratar a otro ser humano de la misma manera. Estas últimas ideas son derivadas de nuestras investigaciones en Imaginación activa, técnica que desarrolló Jung, y que está suficientemente cerca de la “Visualización”. En estas investigaciones nos estamos dando cuenta de que la imaginación sirve para bastante más que para perder el tiempo. De hecho, en determinadas circunstancias sirve como un órgano de percepción; recordemos a Corbin y a Hillman: “Primero imaginamos y después percibimos”.

Si unimos estos elementos, la ecuación nos quedaría así:

“Castigar incluso a quien le tenemos cariño para que se incorpore en la norma lo hará crecer”.  Así, el rechazo (chancletazo imaginario) implica la necesidad de imponer control para que alguien que se ha salido de la norma, se incorpore a la misma. Como hemos visto, es una forma de advertirle: “¡Crece y sé adulto!

De ser cierta esta aproximación, estaremos viendo que el entrenamiento que los medios y redes están aplicando a la población, no es sobre los therians, sino sobre nosotros los no therians. Es decir, nos están entrenando a rechazar inclusive a los que les tenemos cariño, si no se adaptan a las exigencias. Escuché en algún momento que en algún curso de “Comando”, también llamado “Fuerzas especiales”, se le entrega a cada uniformado un animalito a manera de mascota que tiene que cuidar a toda costa, incluso por encima de su propia vida. El participante debe alimentar, curar y velar por todas las necesidades de ese conejito o gatito hasta el final del curso. Entonces, el día de su graduación se les obliga a matarlos.  Esto con el objeto de que el comando debe cumplir su misión incluso por encima de sus afectos. Pues, este más o menos sería el entrenamiento que todos nosotros estaríamos recibiendo. Es decir, se nos está entrenando a ignorar nuestros afectos para cumplir con nuestra misión.

Condiciones geopolíticas avizoran un futuro complicado para la humanidad. Por ejemplo: el peligro de una tercera guerra mundial para que el gran hegemón de occidente pueda mantener algo de su antiguo poder, el inminente ataque a Irán por parte de los EE. UU., el avance del neoliberalismo en nuestramérica que implicó una reforma laboral claramente antiobrera en Argentina, la asfixia a Cuba, el secuestro de un Presidente en ejercicio en Venezuela. Todas estas cosas son verdaderamente graves, pero la preocupación mayor en algunos medios y plataformas es que unos adolescentes se crean perros. Sobre esta confusión de identidad, ponen a psicólogos, a filósofos y a muchos comunicadores a discutir sobre la etiología del por qué una chica se cree gato, se arma una alharaca planetaria cuando unos muchachos juegan como si fueran perros, pero nadie se asombra cuando un pobre se cree rico. Nadie pone a discutir en los medios a sociólogos para averiguar el por qué un pobre no se reconoce como pobre y apoya la reforma laboral en Argentina o vota por Edmundo Ganzález y promovido por María Corina Machado en Venezuela. Nadie hace un live (en vivo) para discutir por qué un pobre cacerolea al gobierno bolivariano en apartamentos que les dio ese mismo gobierno. Como hemos sugerido, el problema no es que haya un trastorno de identidad en los therians, el verdadero problema es el entrenamiento a que estamos siendo sometidos. Este entrenamiento consiste en hacer imaginar, muchas veces en forma jocosa, el tratamiento (chancletazo) que deben recibir los therians para ajustarse a las normas sociales.  Cuando estas normas sociales establezcan la jornada laboral de 12 horas y alguien muy cercano o querido no se ajuste, ya tenemos el software instalado: ¡Chancletazo y listo! ¡Crece y sé adulto!

Debió llamarnos la atención cuando los grandes medios comenzaron a publicar fotos y videos de la “Droga zombie”. Hacer ver al planeta que el fentanilo afectaba la salud de los estadounidenses nos parecía una crítica al sistema al develar tan cruenta verdad; nunca nos imaginamos que esas fotos y esos videos tenían el objetivo de sensibilizar a la opinión pública mundial con el objeto de condicionarlos para que apoyen la “Guerra contra los cárteles de la droga” que “matan a millones de personas en EE. UU.”, y así, nos hicieron creer que el jefe de uno de esos cárteles estaba en Miraflores. De manera que las personas que apoyaron el secuestro del Presidente Maduro, nunca recordaron que desde hace muchos años los vienen atormentando con las imágenes de muchos seres retorcidos en las calles de California. Aunque la historia del fentanilo se remonta a más de 50 años, es recién a partir del 2015 cuando comienza a publicitarse como un problema de salud pública (interesante coincidencia). Los que vieron y aplaudieron los helicópteros aquella madrugada, primero vieron a piltrafas humanas retorcidas en las calles de EUA. Como hemos visto, “primero se imagina y después se percibe”. De nuevo, el problema no eran los que consumían drogas, el verdadero objetivo de esa campaña era buscar apoyo para lo que vendría el 3 de enero.

5.            Corolario

Los therians no tienen un desenlace inmediato, su promoción va a ir creciendo en las redes y en las plataformas, y de alguna manera, esta campaña nos va a hacer que imaginemos una posible solución. Cuando la imaginemos, por improbable que sea, ya habrán alcanzado su objetivo los que manejan las sociedades. «Ten cuidado con lo que deseas, porque se puede convertir en realidad». Ya ellos han encontrado la forma de cómo convertir en realidad esas imaginaciones aparentemente inofensivas. Tal es el efecto de la imaginación y cómo se puede usar en la manipulación de grandes poblaciones. Agrippa explicaba: “No hay nadie que ignore cuán grande es la fuerza de la imaginación sobre el alma: pues se halla más cerca de la sustancia del alma que de los sentidos; es por ello que actúa más sobre el alma que sobre los sentidos”.

José Garcés*

Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual (VICI) / LAUICOM

  • Psicólogo clínico y cantautor. Maestría en Psicología. Cursante del Doctorado en estudios Nuestroamericanos.  Profesor de la cátedra: Naturaleza de la Guerra Cognitiva. Investigador en LAUICOM.
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Deepfakes y fraude comunicacional en la ciberguerra contra Venezuela

Por: Irene León

Decir que la comunicación internacional es el escenario predilecto para la acción de la oposición al proyecto bolivariano, no es una hipotésis sino una constatación, que puede ser contrastada en una linea de tiempo de más de dos décadas, donde las estrategias comunicacionales han actuado como dispositivo complementario, y en casos central, en la disputa geopolítica y geoeconómica por los destinos de Venezuela.

Es tan así, que esto puede graficarse con la metáfora de las dos Venezuelas: la de verdad con los aciertos y contradicciones que se viven in situ y, por otro lado, aquella que se produce en los laboratorios de comunicación internacional y, más recientemente, en los laboratorios de guerra cognitiva, una estrategia de daño estructural, diseñada ya no solo para disputar los sentidos, sino para moldear las mentes y los comportamientos individuales y colectivos¹ en función del proyecto del capitalismo corporativo y digital².

Una de las herramientas de uso recurrente para esto último son las deepfakes, conocidas como el prototipo de las mentiras profundas, aquellas “con capacidad de convencer o poner a dudar hasta a los más incrédulos»³. Y es que con el recurso a la inteligencia artificial y sus derivados, como el Machine Learning, se logran ensamblajes de simulaciones audiovisuales y contenidos multimedia cada vez más reales, para manipular la verdad y posicionar lo ultra falso. Es más, la proliferación de estos productos tecnológicos es considerada como un avance en la generación de los procesos de desinformación, que son parte del engranaje de la guerra cognitiva.

El ejemplo más fehaciente de su aplicación se evidencia en la invasión estadounidense contra Venezuela, sucedida el 3 de enero de 2026, que se consumó con una táctica de sorpresa, velocidad y gran violencia⁴, precedida de un caos organizado, un caos digital en el espacio aéreo y un monumental proceso de desinformación mundial, donde se constata un protagonismo sin precedentes de las deepfakes, la mitomanía y el fraude comunicacional, que son utilizados como elemento consustancial de la arremetida bélica y política. Más aún, es ostensible el uso procaz de estos recursos por las más altas esferas del poder estadounidense.

Así, luego de embelecar a la opinión pública con los bulos sobre el narcotráfico, que se diseminaron para legitimar la militarización del Caribe, el ulterior bombardeo estadounidense a Venezuela y el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores, en la actual fase, para convalidar el poder estadounidense y la invasión como un hecho, se acude a las deepfakes como un recurso clave para fracturar el poder bolivariano, posicionando versiones sobre rupturas y traiciones internas, en las más altas esferas, especialmente desde la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y sus entornos.

El día de la invasión a Venezuela, una foto recorrió el mundo, fue la falsa prueba de vida del presidente Nicolás Maduro, publicada en Truth Social por el mandatario etadounidense, Donald Trump. En la imágen figura una imitación del presidente Maduro, esposado y con los ojos vendados, presuntamente a bordo del USS Iwo Jima. Esta y otras cinco deepfakes, que circularon profusamente y sin verificación previa, según la verificadora de la información digital, NewsGuard, en menos de dos días obtuvieron 14,1 millones de visitas en X y otros tantos en otras plataformas, pero luego de verificación: “las cinco imágenes eran fabricadas y fuera de contexto y dos videos que también se difundieron eran tergiversados”⁵.

El New York Times expresó tantas dudas sobre la autenticidad de esos materiales, especialmente de la foto del Presidente en el Iwo Jima, que sólo reprodujo el mensaje de la fuente original, es decir el post de Trump y no la foto como evidencia, y señaló que eso fue porque: “El Times ha informado sobre la costumbre de Trump de difundir imágenes generadas con inteligencia artificial y deepfakes en las redes sociales, así que teníamos motivos para ser escépticos sobre la autenticidad..”⁶. Además, no existe ninguna herramienta que verifique imágenes de manera inequívoca, afirmó.

En el episodio previo, con estas tecnologías y modalidades, aún si toda la institucionalidad internacional evidenciaba lo contrario, se difundió como una verdad de Estado, desde las más altas vocerías estadounidenses, el presidente y el canciller, la mentira profunda de la existencia de un “Cartel de los Soles”, presuntamente dirigido por el presidente venezolano, a quien se responsabilizó, por esa vía, de narcotráfico e incluso de las adicciones dentro del país del norte. Detalles sobre esto recorrieron el mundo en tiempo real, fueron noticia diaria, multiplicada al infinito en las plataformas digitales.

Asimismo, lobbies y autoridades estadounidenses promovieron condenas para los supuestos responsables de aquel cartel ficticio y, contrariando la legislación internacional, llegaron a difundir un precio a la cabeza del presidente venezolano, asuzando el interés de mercenarios y otros matones. Hubo incluso otros Estados e instancias que hicieron propia la versión de la supuesta peligrosidad de ese cartel para la seguridad nacional estadounidense y para el hemisfério, y adoptaron medidas.

No obstante, la única evidencia que se exhibió fueron las deepfakes y azarosas declaraciones, sin contrastar, provenientes de una de las partes: del presidente estadounidense. Y, con la conjunción entre estos productos comunicacionales y el proyecto expansionista, se cometió un delito internacional: el secuestro del Jefe de Estado de un país soberano. No depende solo de esto claro, pero fue un ultrafalso comunicacional y político tan real, que cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos desestimó la existencia del ‘Cartel de los Soles’⁷ y descartó el liderazgo de Maduro, la curva del sensacionalismo fake persistió y el presidente sigue secuestrado en el país del Norte

Otra deepfake, proveniente de ese mismo escenario, la protagonizó nuevamente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuando en las horas siguientes al bombardeo de Caracas afirmó que: fue una operación tecnológica, limpia y rápida, que no encontró resistencia y logró el objetivo de “extraer a Maduro” con facilidad. Fue una mentira profunda, transmitida como verdad por todos los medios digitales y convencionales, que influyó para que ajenos y cercanos llegaran a dudar y hasta la replicaran.

Noticias de primera plana, medios digitales, videos y hasta memes mostraron la ficticia rendición de la revolución bolivariana como una verdad. Fue una mentira tan real que cuando salió a la luz que los bolivarianos se fajaron por horas, en desigualdad de condiciones, y lograron en buena parte repeler al invasor y que incluso expertos estadounidenses como Wes Bryant, luego de visualizar imágenes reales, afirmaron que «Dada la gran resistencia que vemos, podría haber sido una operación imposible en cualquier contexto»⁸, ya pocas personas prestaron atención. Hasta especialistas en geopolítica, olvidando que la guerra comunicacional y cognitiva también es guerra, llegaron a parafrasear las deepfake de Trump.

Con este breve recuento quiero llamar la atención sobre tres puntos:

1- La guerra cognitiva es guerra. Es una ofensiva que en su etapa avanzada exhibe como objetivo la fractura, la implosión y el control de una sociedad y como posibles resultados desde la pérdida de la voluntad colectiva hasta diversos niveles de autodestrucción⁹, por lo que la defensa cognitiva es ineludible.

Según sus propias fuentes, en el caos organizado que fue decisivo el 3 de enero, Estados Unidos empleó guerra electrónica cognitiva, engaños temporales y otros recursos similares. Así, no es exagerado insistir en que la soberanía tecnológica, digital, del conocimiento y comunicacional son cuestiones prioritarias para la defensa cognitiva, que incumbe a todos los campos de la sociedad e incluye lo internacional

2- En la guerra cognitiva, que es indisociable de la ciberguerra contra Venezuela, el recurso a la mentira es medular, pues en esta modalidad bélica, como señala la Revista de Historia Militar de Francia, “ se ha redefinido el lugar jerárquico de la verdad y la mentira … al punto que, querer y poder mentir confiere una calidad superior a quien logra hacerlo”¹⁰. Además, enfatiza esa misma fuente que, ”la mentira está en el corazón de la acción económica y del auge del capitalismo” o en otras palabras, ese modelo conlleva una dimensión de timo estructurante.

Así, la proliferación de las mencionadas deepfakes, muestra sólo una de las tácticas de un proceso más complejo, que tiene que ver con las disputas sistémicas. Por lo que la defensa cognitiva debe priorizar el fortalecimiento del pensamiento propio y la ética, en todo y en todas partes.

3- El caso del secuestro del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores, además del desacato de la legislación internacional, pone sobre la mesa la relevancia de interrelacionar la ética con los avances tecnológicos, como la inteligencia artificial y sus derivados, que deben estar siempre al servicio de la convivencia humana y no al contrario

Finalmente, el reconocimiento de la inexistencia del ‘Cartel de los Soles’ por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos y la supresión de la acusación relacionada, no sólo invalida la batería de deepfakes que se difundieron sobre el tema, sino que deja sin piso el ilícito secuestro del presidente venezolano, por lo que a más de la liberación inmediata, debería ser sujeto de una reparación moral, que siente un precedente ante el uso del fraude comunicacional como recurso político.


¹John Hopkins University & Imperial College London (2021) Countering cognitive warfare: awareness and resilience. En NATO Review. 20 may 2021, pg 1https://www.nato.int/docu/review/articles/2021/05/20/countering-cognitive-warfare-awareness-and-resilience/index.html

²Irene León (2026.2.2) La guerra cognitiva y su propuesta de daño estructural. https://www.elsaltodiario.com/revista-pueblos/guerra-cognitiva-propuesta-dano-estructural

³Ray Alberto (2022). Seguridad cognitiva. Ultima línea de defensa. https://albertoray.com/seguridad-cognitiva-herramienta-para-mitigar-riesgos-liquidos

⁴Isaac Yee, Avery Schmitz, Thomas Bordeaux, Katie Polglase, Allegra Goodwin, Alfredo Meza and Mark Baron.Capturing a president: CNN analysis reveals extraordinary risks taken to seize Maduro. Jan 23 2026https://edition.cnn.com/2026/01/23/americas/venezuela-maduro-fort-tiuna-compound-operation-reconstruction-intl-invs#:~:text=CNN%20has%20reconstructed,at%20Maduro%E2%80%99s%20compound

⁵Meaghan Looram (enero 5 2026) Así verificó el Times la foto que Trump publicó de Maduro esposado. https://www.nytimes.com/es/2026/01/05/espanol/nicolas-maduro-fotos.html

⁶Idem 5

⁷Nicholas Dale Leal (enero 6 2026) Estados Unidos elimina la referencia a Maduro como lider del Cartel de los Soles en su nueva imputación. https://elpais.com/us/2026-01-06/estados-unidos-elimina-la-referencia-a-maduro-como-lider-del-cartel-de-los-soles-en-su-nueva-imputacion.html

⁸Idem 4. Wes Bryant,sargento mayor retirado de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y ex controlador aéreo táctico de operaciones especiales.

⁹Idem 2

¹⁰La revue d’histoire Militaire (2023) L’attaque des cerveaux : qu’est-ce que la guerre cognitive ? https://larevuedhistoiremilitaire.fr/2022/11/03/lattaque-des-cerveaux-quest-ce-que-la-guerre-cognitive/

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Después del 3 de enero se intensifica la Guerra Cognitiva contra Venezuela: necesitamos utilizar fuentes confiables y verificadas

Por: Prof. William Capó.
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)
 Enero, 2026

Desde el propio inicio de la Revolución Bolivariana en 1998 con el triunfo del Comandante Hugo Chávez, comenzó en Venezuela una etapa de su historia signada por la agresión imperial en contra del pueblo.

Sí, ya son 26 años resistiendo los embates de una guerra de agresión imperialista, de carácter multimodal o híbrida, que combina expresiones de guerra convencional (militar) y no convencional (guerra económica, guerra política nacional, guerra política internacional, ataque a la infraestructura de servicios básicos, intentos de magnicidio, guerra cibernética, guerra cognitiva).

Si en algunos sectores de la población aún existía duda al respecto, la agresión militar del gobierno de los EEUU en contra de Venezuela el pasado 3 de enero se encargó de despejarla definitivamente.

Este fatídico, vil, cobarde, ilegal, traicionero, desesperado e inmoral ataque, que nos llena de indignación, tristeza y dolor, representa un duro golpe traducido en 100 heroicos militares venezolanos y cubanos caídos en combate, más de 100 personas heridas, graves daños a la infraestructura civil, militar y científica; destrucción de grandes almacenes contentivos de equipos, medicamentos e insumos médicos fundamentales para atender necesidades inmediatas y urgentes de nuestro pueblo, y el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y su esposa la primera dama y diputada de la Asamblea Nacional Cilia Flores. Sin mencionar el daño psicológico o trauma que nos provoca, sin importar edad o condición social, el despertar una madrugada bajo el fuego asesino de la potencia militar y nuclear más poderosa del planeta.

La acción militar del 3 de enero se incorpora al historial de 26 años de agresión contra Venezuela y es muestra de lo que es capaz de hacer y debemos esperar por parte del gobierno de los EEUU en el futuro, en medio de su desesperación por la pérdida cada vez mayor de hegemonía en el mundo y particularmente en Venezuela como epicentro del conflicto mundial entre dos modelos civilizatorios; evidenciándose cada vez más que el único recurso que le queda es la fuerza para imponerse, violando el ordenamiento jurídico internacional y la propia constitución de ese país, promoviendo un nuevo orden mundial donde la moral imperial es la norma.

En este contexto recordemos que la guerra híbrida o multimodal combina de manera sinérgica diversas formas, todas orientadas a tomar el poder en Venezuela para reestablecer la hegemonía imperial en nuestro país, y de esa forma apoderarse de todos nuestros recursos energéticos y recursos naturales, vitales para la subsistencia de ese imperio en franca decadencia y crisis política, social, económica y energética, por lo que se encuentra en una etapa muy peligrosa que lo hace capaz de todo, particularmente de intentar imponerse por la fuerza ya que todos sus mecanismos de dominación y control hacia Venezuela han fracasado.

Contra Venezuela lo han intentado todo y no han podido ni podrán, pues a cada acto de guerra por parte del gobierno de los EEUU, hemos resistido y vencido, al mismo tiempo que seguimos avanzando en el proyecto estratégico de la Revolución Bolivariana.

En este momento la estrategia imperial de guerra permanente sigue su ruta, y después de una acción militar como la sufrida se profundiza la guerra cognitiva, las plataformas y corporaciones hegemónicas se ponen cada vez más al servicio de la desinformación y manipulación de la opinión mundial y nacional, continúa el ataque a las mentes de nuestro pueblo para confundirlo y quebrar su voluntad de defender la Patria, para dividirnos como antesala a una crisis de gobernabilidad que jamás lograrán. Los Fake News abundan y proliferan de manera exponencial que hasta ponen a dudar a personas conscientes y formadas, son poderosos, muy bien elaborados y capaz de lograr sus objetivos en el teatro de operaciones más importante de esta guerra en este momento histórico: nuestras mentes.

Nos toca protegernos cada vez más de esta modalidad de agresión, es nuestra responsabilidad como LAUICOM aportar elementos para hacer frente a la guerra cognitiva, por lo que en esta oportunidad abordaremos un aspecto primordial: consultar fuentes confiables.

Consultar fuentes confiables y verificadas es el primer mecanismo efectivo para mantenernos bien informados y desmontar la desinformación y manipulación.

Estas fuentes no sólo hacen el trabajo de verificar o validar la información, sino que te aportan, según el caso, elementos cognitivos para abordar críticamente los contenidos presentados.

Lo que no digan estas fuentes son probables Fake News. No reenvíes mensajes que no provengan de fuentes confiables y verificadas.

Ahora bien, ustedes se preguntarán: ¿Cuáles son esas fuentes? ¿Cómo accedo a ellas?.

Debemos ir construyendo ese listado de fuentes confiables en las diversas plataformas (Telegram, Instagram, TikTok, Facebook, Sitios Web, etc). Una pequeña muestra de estas fuentes en la plataforma TELEGRAM es el siguiente listado. Les invitamos a usarlas.

NombreEnlace
Lauicom Canal Informativot.me/lauicom1
Info PSUV Internacionalt.me/InfoPSUVInternacional
Con el Mazo Dandot.me/mazo4f
Misión Verdadt.me/misionverdad
Sin Truco ni Mañat.me/Sintruconimana
Hispan TVt.me/HispanTVcanal
Cuatro Ft.me/cuatrofweb
VTV Canal8t.me/vtv_canal8
Noticias Telesurt.me/telesurve
teleSURtvt.me/teleSUR_tv
RT en Españolt.me/rss2tg_actualidadrt
Claramentet.me/ClaraMenteVzla

Las y los usuarios de la red social X, no deben dejar de consultar Miraflores al Momento por @AlMomento_M

¿Y usted qué opina? ¿Ya hizo su lista de fuentes confiables y verificadas en la plataforma que más usa?

Conciencia fragmentada

Conciencia fragmentada y post-verdad: Ouspensky en la Venezuela de hoy

Luis Delgado Arria*

La subjetividad venezolana y la disolución postmoderna del «yo»

Podía sentir mi falta de talento como si fuera ropa barata que llevo puesta. Pero, ¡Dios mío, cómo quería aprender! ¡Para cambiar, para mejorar! No quería nada más. Ni hombres, ni dinero, ni amor, sino la habilidad para actuar.

Marilyn Monroe

En la coyuntura actual de Venezuela, marcada a fuego por incalculables eventos traumáticos tales como conatos de asonadas y golpes de Estado, hiperinflación, conspiraciones, bloqueos, invasiones, bombardeos, y en las últimas semanas, operaciones especiales con dolorosos saldos letales y el impacto político y simbólico del secuestro de nuestro presidente Nicolás Maduro Moros y de la primera combatiente Cilia Flores, la psique del ciudadano medio nos parece que ha entrado en lo que el periodista, matemático y epistemólogo ruso P. D. Ouspensky[1] definía ya a mediados del siglo XX como un “estado de identificación total”.

Según Ouspensky (1949/2005), la identificación total es un estado en que el ser humano «se pierde a sí mismo de lo que está sintiendo, de lo que está pensando y de lo que está haciendo» (p. 156). En este sentido, la subjetividad política venezolana hoy en lo absoluto se nos aparece como un campo homogéneo y macizo. Convendría más bien definirla como un campo de batalla entre muchos «yoes» e imaginarios sociales diversos y hasta neuróticamente confrontados. Creemos que las sucesivas capas de trauma acumuladas en la subjetividad de los venezolanos de a pie, tras dos décadas de asedio y más de una década de abiertas acciones de guerra imperialista que han incluido guerra política y diplomática, económica y financiera, comercial e industrial, eléctrica y cibernética, mediática y cultural, el robo de nuestros principales activos estratégicos (Citgo, Monómeros, y cuentas bancarias en Europa y Estados Unidos), la congelación de nuestras reservas monetarias internacionales y las mal llamadas “sanciones económicas y financieras” a cuyo INRI debemos sumar infinidad operaciones políticas y psicológicas de signo claramente terrorista e intencionalidad destituyente.

A toda esta embestida sumariamente descrita se le suma hoy un nuevo crimen de agresión internacional tras el cerco naval, la cuarentena naval contra la industria petrolera, el bombardeo de cuatro estados ―incluyendo la capital― y lo que las fuerzas especiales occidentales eufemísticamente llaman “operación de decapitación y de extracción” y ulterior juicio espurio del presidente de la República y de la Primera Combatiente ante tribunales estadounidenses sin competencia nacional o internacional para juzgarlos.

La guerra irrestricta contra Venezuela ha buscado afectar y traumar el núcleo civilizatorio/ cultural/ espiritual, de nuestra venezolanidad. Ello a objeto de reprimir toda posibilidad de producir un tránsito hacia un socialismo a la venezolana, bloqueándonos asimismo la posibilidad de elaborar un examen lógico/ racional del fenómeno. Cuando observamos un deepfake sobre una figura de autoridad o una imagen de violencia extrema como un bombardeo, un asalto al bunker presidencial o llamas ardiendo en una instalación militar o una casa de familia bombardeada, en lo absoluto procesamos esa información; esa información nos posee, nos toma. El prominente psicólogo austriaco Carl Jung (1875-1961) solía afirmar que “no tenemos un complejo; el complejo nos tiene a nosotros” (Jung, 1964, p. 86). En contextos traumáticos extremos y prolongados la subjetividad se torna mecánica y nuestras respuestas, predeciblemente reptilianas. Nuestra corporalidad viviente deviene una suerte de resorte que salta irreflexivamente ante cada estímulo de terror o de esperanza proyectados en las pantallas de nuestros televisores, tabletas o celulares.[2]

Sesgos de la guerra cognitiva: los resortes de la máquina

La efectividad de la guerra cognitiva contra Venezuela en buena medida radica en su capacidad para inocular y explotar las leyes de la mecanicidad biológica humana descritas por Ouspensky. Contra la población venezolana ha sido desplegado un arsenal de sesgos cognitivos, incluyendo disonancias cognitivas, distorsiones cognitivas y distorsiones ideológicas que en definitiva buscan que actuemos como «resortes» psicológicos. Entre estos automatismos neurobiológicos destacamos para el presente caso los siguientes tres:

El sesgo de confirmación y la mentira orgánica:

Ouspensky (1950) sostenía que «el ser humano siempre miente; no puede decir la verdad porque no sabe que no sabe» (p. 42). En la crisis venezolana, este sesgo actúa como una verdad incuestionable. El ciudadano medio, desesperado por imprimir coherencia a su vida en medio de fuertes y prolongadas privaciones materiales y ansiedad, inflación y deflación, rumores y recelo, infamias y noticias en cascada, estruendos e imágenes de bombardeos, tiende casi naturalmente a aceptar como verdad absoluta todo deepfake que confirme su sesgo cognitivo previo. Si el video falso muestra a un «adversario» cometiendo una atrocidad, su automatismo biológico lo valida instantáneamente a fin de proteger su precarizada adscripción comunitaria, política o ideológica. Esta es la raíz de no pocos conflictos que han devenido armados; y la leña que ha terminado alimentando trágicas guerras fratricidas como vimos en Ruanda y más recientemente, en Ucrania.

La heurística de disponibilidad y estrechez de conciencia: Puesto ante un ecosistema cultural, informativo y comunicacional enrarecido, con versiones antitéticas y en extremo alarmantes, la mente humana neuro cognitivamente se tiende a aferrar a la información más reciente y más emocionalmente cargada. Un video de 30 segundos de una operación especial tipo swat,[3] al estilo de las mercadeadas durante décadas por Hollywood, aunque sea trucado, suele colonizar toda nuestra conciencia. Ouspensky llamaba a esto la «estrechez de la conciencia de vigilia» (Ouspensky, 1949/2005, pp. 154-157), una distorsión en que el individuo solo alcanza a ver un punto a la vez, dejando de lado el contexto, encegueciéndolo así ante total posibilidad de manipulación. Representaciones contrapuestas y maniqueas de este tipo las vimos, casi en tiempo real, con posiciones favorables a un lado y al otro durante la operación de invasión perpetrada este pasado 03 de enero. Videos animados con IA fueron parte así de la guerra de posiciones que enfrentamos.

El efecto de arrastre (mecanicidad colectiva)

La autoridad discursiva que hoy imponen las redes sociales y el terror inducido anulan la voluntad individual. Ouspensky explicaba que los sujetos cuando devienen individuos/ masa se transforman en una suerte de «máquinas que chocan entre sí» (Ouspensky, 1949/2005, p. 162). El sentimiento de urgencia provocado por el secuestro del Primer Mandatario desencadena una respuesta de enjambre en que el individuo deja de ser un observador crítico para convertirse en parte de un automatismo casi ciego, en extremo propicio para el pensamiento y el comportamiento de rebaño favoreciendo así situaciones que pueden devenir en caos social.

Deepfakes, deshumanización y la senda a la guerra civil El despliegue de un mar de fake news y de deepfakes de signo geopolítico imperialista, en este contexto, no busca simplemente engañar, sino producir una ruptura cognitivo epistemológica terminante. Al fabricar evidencias de desamparo y orfandad, sufrimiento y rendición, delitos de lesa humanidad y desolación, traición o ajusticiamientos extrajudiciales, tales operaciones psicológico digitales asaltan la inteligencia y la memoria histórica con que el sujeto construye su realidad singular y su filiación ideológico política y civilizatoria.

Si el ciudadano ya no puede confiar en lo que ve o escucha, su psique se retrae instintivamente hacia el temor, el miedo, el resentimiento, el recelo, el odio y todos los automatismos biológicos más primarios como atacar, huir o paralizarse. Ouspensky (1931/2012) advertía en Tertium Organum que nuestra percepción del espacio y de la realidad depende de nuestra estructura de conciencia. Al alterarse la realidad percibida producto de una catarata de representaciones truculentas, trucadas o simulaciones de IA, se puede alterar y hasta traumatizar gravemente la eticidad, la moralidad y la politicidad del sujeto. El «otro» deja de ser un compatriota para convertirse en un objeto que debe ser despreciado, perseguido y hasta eliminado, abonando así el terreno para la guerra civil y para la naturalización del fascismo. El caos social es, por tanto, el resultado de miles de «máquinas humanas» reaccionando irreflexivamente a estímulos falsos o manipulados sin el freno del recuerdo humano de sí, del prójimo y de la comunidad familiar, nacional o continental de filiación histórica.

La resistencia desde la conciencia

La utilidad del pensamiento de Ouspensky para la Venezuela de hoy es a la vez de carácter defensivo y liberador. El estudio de la conciencia nos permite entender que siempre que actuemos hipnotizados por una narrativa gris, un fake news o un deepfake, seguimos siendo una suerte de peones en el gran tablero una guerra cognitiva imperialista occidental que tiene una inconfesable intencionalidad geopolítica (Ouspensky, 1949/2005, pp. 200-220). La única salida al caos social y al suicidio civilizatorio es la transición del sueño despierto de que hablaba Ouspensky a la auto observación y al debate crítico. Solo el pueblo que logra «recordarse a sí mismo y a su comunidad ancestral entrañable» en medio del bombardeo informativo o misilístico puede discernir entre la simulación algorítmica y la verdad histórica y humana.

La operación Resolución Absoluta

Pero hoy hemos sido convocados a repensar juntos la guerra cognitiva en este particular momento de invasión cinética e invasión también, neurocognitiva contra Venezuela. La guerra cinética militar promovida por Donald Trump contra Venezuela fue precedida de una vasta operación psicológica que buscaba lograr la rendición y huida al exterior de la vanguardia política y militar de la revolución bolivariana. No sería exagerado decir entonces que el primer misil de esta operación de decapitación a gran escala fue de orden narrativo/ cognitivo. Diversos voceros del gobierno de Estados Unidos, de los medios de comunicación social y de las mal llamadas “redes sociales” zurcieron una incesante y truculenta campaña de extorsión geopolítica[4] que incluyó amenazas simbólicas, físicas y ultimátum legales y militares. La coartada inicial fue que Nicolás Maduro era el jefe de una peligrosa banda criminal internacional denominada El cartel de los soles dedicada a envenenar con drogas de gran poder letal al pueblo estadounidense. Más tarde se alegó que Nicolás Maduro dirigía una peligrosa banda criminal ya disuelta denominada El Tren de Aragua. Posteriormente Trump personalmente alegó que Nicolás Maduro había estado exportando indeseables criminales y enfermos mentales a Estados Unidos.

Esta línea de vocería política del gobierno estadounidense fue escoltada por la acusación de la extremista defensora de un protectorado sobre Venezuela, María Corina Machado, quien justificó y además llamó a acelerar la invasión del país alegando que el mismo había ya sido previamente invadido por activistas del ELN y de Hezbollah; y que además el 60 % de los hombres venezolanos somos delincuentes y las mujeres, trabajadoras sexuales. Llamamos la atención a esta aparente discordancia de acusaciones porque, tras ser efectivamente secuestrado y trasladado el presidente de Venezuela Nicolás Maduro a tribunales en la ciudad de Nueva York, la acusación inicial fue descaradamente alterada, sorteando cualquier mención a que había sido jefe de un apócrifo Cartel de los Soles que diversos especialistas internacionales incluyendo estadounidenses habían denunciado como una mera charada de la CIA. El carácter ambiguo, cambiante, paradójico, rocambolesco y hasta contradictorio de esta acusación es típico en el discurso de la guerra hoy bautizada como guerra cognitiva. Al modo de la operación de confusión perversa que practica el psicópata contra su víctima a fin de confundirla, aturdirla y volverla loca, la discursividad de la guerra cognitiva es premeditadamente perversa y confusa, verdulera y mutante, ilógica y hasta contradictoria.

Es realmente relevante examinar la naturaleza desconcertante y perversa este tipo de discursividad típico de la guerra cognitiva tardo capitalista pues su utilidad no apunta a victimizar únicamente a la víctima primaria cuanto que constituirse en amenaza latente y deletérea contra todo pueblo o gobierno que ose desafiar los dictámenes del Estado imperialista perpetrador. El lawfare muestra así su carácter antijuridico y siniestro para efectos de ortopedia geopolítica. Todo Estado y todo presidente constitucional debe hoy sopesar que el secuestro de Nicolás Maduro prescribe un nuevo estado de naturaleza o una nueva ley de la selva en el plano internacional. El carácter insólitamente rocambolesco de esta operación hace parte del ADN de la nueva guerra cognitiva. Una guerra cuya amenaza no es meramente retórica o simbólica cuanto que existencial. El secuestro y juicio amañado del presidente Nicolás Maduro busca tomar como rehén a Venezuela, a la revolución bolivariana y por extensión a todo el Mundo Sur.

La operación de decapitación de la vanguardia política y militar no apunta así a un solo país o a un solo mandatario, sino que tiene pretensiones de universalidad; esto es, de aplicabilidad a todo mandatario, vanguardia política o vanguardia epistémica que desafíe los dictámenes del nuevo Leviatán. Pero este prototipo de operación no es del todo nuevo. Ya fue ensayado, con variantes, contra el irreverente Partido Pantera Negra que fue muy activo en Estados Unidos entre las décadas de 1960 y 1970; y a la postre en la isla Grenada y otros contextos espinosos de dominar como ha sido recién el caso del Estado Plurinacional de Bolivia. El antiguo leit motiv romano divide et impera se combina ahora con el de atosiga e impera, enloquece e impera, secuestra e impera, ajusticia a cuanto primer mandatario que te ofrezca resistencia e impera.[5] La operación de inducción al fratricidio de la vanguardia política, militar, policial y popular de la Revolución Bolivariana ya ha sido activada por Donald Trump al declarar que había pactado la capitulación del signo multipolar de Venezuela tras el supuesto éxito quirúrgico de la operación Absolute Resolution.

A modo (táctico) de cierre

Frente este aprieto histórico que se despliega en un mundo cada vez más diverso, multicéntrico y pluripolar debemos traer a colación aquella sensata máxima izada por John Kennedy ante la Asamblea General de la ONU en 1961: “La humanidad debe poner un final a la guerra antes de que la guerra le ponga un final a la humanidad” (Kennedy, 1961, párrafo 12).[6] Menos ampulosa que esta cita es la de Albert Einstein quien afirmó en 1955: “El hombre inventó la bomba atómica, pero ningún ratón en el mundo construiría una trampa para ratones” (Einstein, 1955, p. 1). La estabilidad energética a largo plazo que garantiza hoy Venezuela no solo a China sino al mundo es hoy un factor de envergadura existencial. Como decía Andrei Sakharov: “La guerra nuclear puede resultar de una guerra ordinaria” (Sakharov, 1980, p. 45). Por ello no es una hipérbole afirmar que: ¡Salvar a Nicolás Maduro y a la revolución Bolivariana de Venezuela hoy es salvar al mundo!

Referencias

Delgado Arria, L. (2024). Reimaginar la política hoy. Revista Toparquia. Universidad Internacional de las Comunicaciones. Vol. 3, 34-35.

Einstein, A. (1955). Albert Einstein: A documentary biography (R. Clark, Ed.). Andre Deutsch. (Obra original publicada en 1955)

Jung, C. G. (1964). Civilization in transition (R. F. C. Hull, Trans.). Princeton University Press. (Obra original publicada en 1934) (https://doi.org/10.1515/9781400851085)  

Kennedy, J. F. (1961, 25 de septiembre). Address before the General Assembly of the United Nations. https://www.jfklibrary.org/archives/other-resources/john-f-kennedy-speeches/united-nations-19610925. Outpensky, P. D. (2005). Fragmentos de una enseñanza desconocida (En busca de lo milagroso) (Original de 1949). Ganesha Editorial.

Outpensky, P. D. (1950). La psicología de la posible evolución del hombre. Editorial Kairós.

Ouspensky, P. D. (2012). Tertium organum: El tercer canon del pensamiento, una clave para los enigmas del mundo (Original de 1931). Editorial Kier. (https://www.editorialkier.com.ar/productos/tertium-organum/)Sakharov, A. (1980).



[1] Peter Demianovich Ouspensky (Moscú, 4 de marzo de 1878-Surrey, 2 de octubre de 1947) fue un esoterista y ensayista ruso. Escribió varios tratados y dictó conferencias y seminarios, especialmente sobre la doctrina esotérica de George Gurdjieff.

[2] Delgado Arria, 2024, (p. 35).

[3] S.W.A.T. es una exitosa serie de televisión estadounidense de drama criminal y operaciones especiales, muy vista en América Latina durante las décadas de 1980 y 1990. La serie fue basada en la película del mismo nombre producida en 1975.

[4] Cabe resaltar que, a la luz de la legislación estadounidense vigente, la extorsión constituye un delito federal que contempla penas hasta de 20 años de cárcel.

[5] Una investigación colectiva en torno a la guerra cognitiva contra Venezuela y contra Bolivia y sus efectos en la inducción programada al conflicto social y al odio de clase fue convocada en 2025 por el Celarg, y fue financiada por el Fonacit.

[6] Cita extraída de Civilization in Transition (Vol. 10 de las Collected Works). Discurso disponible en: https://www.jfklibrary.org/archives/other-resources/john-f-kennedy-speeches/united-nations-19610925 Carta abierta publicada en Bulletin of the Atomic Scientists. De My Country and the World.

  • Poeta, ensayista y licenciado en letras (UCV). Magister in Arts (University of Pittsburgh). Doctorante en creación intelectual (UNESR). Catedrático en análisis crítico del discurso, vocería política revolucionaria y comunicación decolonial. Epistemólogo de la guerra cognitiva. Vicerrector de Investigación y Creación Intelectual de LAUICOM.
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Radio LAUICOM presenta programa especial: ¿Cómo identificar que soy víctima de guerra psicológica en tiempos de ataque a la nación?

Prensa LAUICOM- Desde Radio LAUICOM se transmitió un programa especial llamado“¿Cómo identificar que soy víctima de guerra psicológica en tiempos de ataque a la nación?”, espacio que reunió voces comprometidas con la defensa del pueblo venezolano en medio de una ofensiva cognitiva y militar sin precedentes.

Contó con la participación del Vicerrector de Vinculación Social de LAUICOM, Ibrahim Infante, la Vicerrectora, Tamara Díaz, docente y militante comunicacional, y también con la participación del invitado especial, el Profesor Roger Garcés, Psicólogo Social e investigador.

Díaz recordó que todos somos sobrevivientes del bombardeo del 3 de enero, cuando el Presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores fueron secuestrados. Ese dolor colectivo nos une, porque la agresión no distingue edades ni ideologías. Testimonios de los hechos fueron conmovedores. Andrés Barrios, quien vive en Fuerte Tiuna, contó cómo escuchó explosiones y vio a niños y adultos mayores en estado de pánico. Nayeli Rivas relató cómo rescató a sus primitas mientras su esposo resultaba herido por esquirlas de vidrio. Osmar Morfi, residente cerca del aeropuerto de Caracas pudo escuchar las explosiones y expresó indignación ante quienes celebran la invasión, calificándolos como huérfanos de humanidad.

El trauma que no distingue bandos

Garcés explicó que el trauma es psicosocial: afecta a todos los venezolanos sin distinción. Las bombas no reconocen bandos. El trauma colectivo se manifiesta como estrés postraumático, y su propósito es paralizar la voluntad popular para frenar la construcción del socialismo.

Ante esto, Garcés insistió en tres acciones concretas: hablar abiertamente sobre lo vivido, reflexionar en colectivo sobre el impacto emocional del ataque y reafirmar el amor por la patria como acto de resistencia. Nombrar el dolor es la forma de quitarle poder al enemigo y recuperar la capacidad de actuar.

Tania Díaz, rectora de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM), indicó que la agresión contra Venezuela ha generado rechazo incluso dentro de Estados Unidos, donde sectores de la población se oponen a las acciones bélicas impulsadas por Trump. Se violaron todas las leyes internacionales, y hoy más que nunca es urgente mantenerse activos en la calle. Lo que quieren es inmovilizarnos; nuestra respuesta es caminar juntos, organizados, en defensa de la vida, la soberanía y el futuro socialista.

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Ver para creer: resistir en la guerra cognitiva

#verparacreer

Este es un excelente consejo en estos tiempos de #fakenews y de guerra cognitiva, para evitar sucumbir ante las continuas operaciones de terror psicológico que lanzan sobre nuestro país desde #estadosunidos.

Lo que estamos viendo en el primer video es un hecho real: la Fuerza Armada Nacional Bolivariana neutralizó 9 aeronaves del narcotráfico en el estado Amazonas, frontera con Brasil, como parte de la política del estado venezolano de lucha contra las drogas.

En el segundo video, el mismo Presidente de la República, Nicolás Maduro Moros, frente a altos mandos militares, reporta cifras oficiales del resultado que esta política arrojó este año 2025.

Pero la tercera imagen es una patética táctica dramatizada por el Presidente de Estados Unidos, en la que anuncia un hecho tan grave como haber ordenado una acción militar invasora e ilegal contra Venezuela, sin datos verificables, ni pruebas, ni respaldo institucional, ni vergüenza. #fake

La última imagen fue titular en medios de todo el mundo occidental. Los golpes al narcotráfico documentados y reportados oficialmente por la República Bolivariana de Venezuela son censurados internacionalmente.

Son los tiempos en que vivimos. No crean todo lo que leen.

@sintruconimana @partidopsuv @la_uicom

Mira aquí: https://www.instagram.com/p/DS35_3Yjaeq/?igsh=cW80dHFhbmowZjV3

La guerra cognitiva construye el estatuto ontológico y epistemológico de la dominación contemporánea. Luis Delgado arria

La ingeniería de la percepción: la guerra cognitiva o la disputa por la razón

Luis Delgado Arria*

​Centro de Contenidos Decoloniales Comunales Hugo Chávez

Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual de la Universidad Internacional de las Comunicaciones

​Introducción: El marco neocolonial de la ofensiva Occidental

​La actual ofensiva geopolítica occidental ha trascendido el campo de batalla principalmente político, diplomático, económico, comercial, científico tecnológico y cibernético militar. Hoy, la fase superior de esta confrontación asume la forma de un nuevo tipo de Guerra de naturaleza Neuro Cognitiva. Hablamos de una operación integral de naturaleza dialéctica cuyo objetivo se plantea no solo destruir la base material de todo pueblo etiquetado como amenaza geopolítica, sino reestructurar y bloquear el metabolismo mismo de todas las dimensiones de su cognición. El imperialismo cognitivo se propone asumir el control total, no solo de la tierra, el mar, el cielo y el ciberespacio sino particularmente de la mente, lo cual incluye percepciones y emociones, imaginarios sociales e identidades, creencias y conceptos, la atención a lo estratégico, la inteligencia comunitaria/ nacional popular y raizal, la gloriosa memoria histórica y la voluntad acomunada e irreductible para resistir y vencer.

​La tesis central de mi presentación, basada en el análisis de un artículo más extenso que está actualmente en prensa para ser en breve publicado por la Universidad Internacional de las Comunicaciones (Lauicom) en donde hago vida intelectual (Delgado Arria, en prensa); y una investigación colectiva sobre el Uso de las Redes Sociales en la Guerra Cognitiva para Generar Odio e Insurrección Popular en Venezuela y Bolivia ―promovida por El Celarg y financiada por Fonacit (Delgado Arria et al., en curso)― es que la guerra cognitiva constituye una profunda mutación del aparato ideológico-militar occidental que busca hoy imponer el marco ideológico cognitivo de una distopía inescapable, pero presentada como única utopía posible. Mediante una premeditada e incesante saturación cognitiva vehiculada desde medios de comunicación y principalmente desde redes digitales, Occidente está construyendo una nueva realidad paralela dirigida a sitiar la comprensión de la totalidad concreta; y anular la voluntad de lucha y la capacidad de resistencia tanto de las vanguardias como de los pueblos. Tal ofensiva se está desplegando fundamentalmente mediante la colonización de dos dominios de la experiencia humana: la Fenomenología (cómo experimentamos y vivimos la realidad) y la Epistemología (cómo construimos y deconstruimos el conocimiento).

​1. La Ingeniería de la enacción: de la experiencia auténtica a la parálisis traumática

​El metabolismo social de la guerra cognitiva opera hoy mediante la degradación y la manipulación, la cosificación y la mercantilización sistemáticos de la experiencia humana. Francisco Varela (1946-2001), con su Teoría de la Mente Encarnada (Embodied Mind), sostiene que la cognición no es una mera representación pasiva de un mundo cósico y desencantado, sino una (re)presentación activa y puesta en acto (enactment) de la realidad. Actuamos conforme a lo que percibimos, experimentamos y a su vez, a lo que instituimos como mundo humano (Varela et al., 1991). La sustancia de la guerra cognitiva es, por tanto, una suerte de reIngeniería de la Enacción.

​En este mismo sentido, revisemos ahora lo que planteaba el filósofo judío alemán Walter Benjamin (1892-1940) quien distinguía entre la experiencia auténtica, acumulativa (Erfahrung) y la vivencia superficial, fugaz (Erlebnis) (Benjamin, 2008). La ofensiva occidental opera mediante un flujo incesante y pornográfico de «data-catástrofe» (memes, videos impactantes, relatos apremiantes y videos de porno light, cada vez más usuales en las redes sociales). Tal sobredosis de Erlebnis fragmentario, ética y políticamente degradado es adrede desplegado para reprimir y bloquear la sedimentación de la memoria histórica y la praxis crítica. El sujeto, sobrecargado de estímulos sin sentido, achicharrado de superexplotación y traumatizado por una suerte de sociedad cada vez más de signo psicopático digital, entra así en una suerte de estado de anestesia cognitiva y de delirio narcisista colectivo.

​Otra destacada pensadora judío alemana, Hannah Arendt (1906-1975), describió la «banalidad del mal» como la incapacidad para pensar y para actuar en el mundo desde la perspectiva del Otro (Arendt, 2003). La guerra cognitiva exacerba esta banalidad del mal hasta el extremo de convertirla en la «banalidad de la catástrofe»: el bombardeo constante de imágenes de tensiones internas y externas históricamente acumuladas hasta el colapso social (Ruanda, Colombia), conflagraciones armadas recurrentes (Irak, Siria, Libia, Yemen), genocidios sistemáticos y colonialismo de asentamiento (Palestina/ Gaza); y bloqueos y diásporas programadas tras un largo ciclo de sanciones unilaterales/ ilegales (Cuba, Haití, Venezuela), intoxicación de la clase trabajadora mediante el fentanilo (Estados Unidos, etc.) se nos presenta hoy cada vez más como un paisaje de fondo inevitable y como un fatum o un destino inquebrantable dirigido a desactivar la pulsión crítica y la voluntad de lucha. La indignación y la solidaridad se disuelven así en la fatiga escapista del imaginario anestésico hollywoodiense y del compulsivo scroll infinito.

​De esta forma, el Marco de una Distopía Inescapable, como la profetizada por Franz Kafka (1883-1924) en El CastilloLa Colonia PenitenciariaLa metamorfosis o El artista del hambre (Kafka, 2011) describe hoy, de manera casi hiperrealista, nuestra trampa jaula cognitiva y civilizatoria. Al saturar el sensorio con imágenes de aberración, crueldad e indefensión, éxito inalcanzable y relatos humorísticos/ pornográficos normalizados, el sistema nervioso lo enacta—es decir, los pone en acto como absurda normalidad. El sujeto no solo percibe el mundo de vida genuinamente humano como una distopía, sino que asimismo lo construye, naturaliza y en algún modo justifica mediante su propia inacción y complicidad. La parálisis generalizada se convierte así en la prueba de que el desastre era y es inevitable, clausurando el ciclo de negación crítica y poniendo en entredicho la ética, la política, los derechos sociales, la soberanía y hasta la vida misma.

​2. La crisis epistémica: inconmensurabilidad y colonialidad cognitiva

​El segundo asalto se dirige contra la razón crítica y la construcción de conocimiento objetivo, es decir, la colonialidad cognitiva. A grandes brochazos repasemos el estado del arte respecto de este particular.

​El epistemólogo austriaco británico Karl Popper (1902-1994) estableció el falsacionismo como el criterio vertebral de la ciencia: esto es, toda teoría debe ser refutable al interno de su respectiva comunidad científica/ discursiva para alcanzar un carácter o estatuto propiamente científico (Popper, 2002). La guerra cognitiva no busca instituir la verdad, sino imponer como fatalidad el bombardeo incesante de «mundos paralelos, absurdos e irreconciliables» al interior de una cámara algorítmica de espionaje y de tortura psíquica llamada hoy “cámaras de eco” que deviene en «burbujas de filtro», tornándose así estos mundos paralelos inmunes a toda comprensión y refutación. Estas narrativas postapocalípticas que prescriben círculos viciosos, operan con su propia lógica interna, haciendo que la verdad externa—histórica, ética o científica—simplemente “se disuelva en el aire” como anunciara Marx.

​Thomas S. Kuhn (1922-1996) nos enseñó que diferentes paradigmas (o, en este caso, comunidades ideológicas ―que son comunidades de comunicación― mediadas por algoritmos) viven en «mundos» conceptuales tan distintos que el cuestionamiento o la puesta entre paréntesis de lo dado y la refutación mutua se tornen casi inimaginables. La guerra cognitiva occidental explota esta inconmensurabilidad al punto de asegurar que ninguna verdad descolonizadora pueda penetrar el Paradigma Distópico/Post-Apocalíptico liberal burgués internalizado por la víctima (Kuhn, 2013). El síndrome de Estocolmo de la clase expropiada, urgida pero impedida de devenir clase revolucionaria en sí y para sí, se torna así un paisaje hoy de pesadilla global.

​Desde el pensamiento decolonial, este asalto a la razón es claramente una guerra colonial-cognitiva. No se limita a controlar el territorio, sino que busca controlar la «geografía de la razón» (Hinkelammert, 1990), imponiendo un horizonte cósico/ único: el futuro occidental-distópico-tecnocrático. Al coartar la memoria histórica de luchas y alternativas civilizatorias (Zemelman, Dussel, Bautista Segales, Grosfoguel), la guerra cognitiva bloquea la proyección de cualquier utopía distinta de la extensión del presente moderno/ burgués/ mercantil/ colonial. La guerra cognitiva es el disciplinamiento del inconsciente colectivo para la aceptación incondicional del orden neocolonial/ neoliberal en su momento de ensayo de limpieza étnica y de clase social de todo el proletariado mundial.

​3. El caso práctico: Venezuela como laboratorio de distopía enactada

Venezuela es, hoy, seguramente, el principal globo de ensayo de esta nueva guerra neurocognitiva. Aquí, la ofensiva occidental ha operado una convergencia dialéctica de caotización económica e imposición de un nuevo marco narrativo/ conceptual que nosotros llamamos narrativa gris.

​Las SCU no son solo medidas económicas punitivas, son, primordialmente, operaciones mediáticas/psicológicas dirigidas a prescribir un nuevo sentido común catastrofista, sacrificial y nihilista (Hinkelammert, 1990). El colapso económico inducido no se presenta mediáticamente como la consecuencia directa del bloqueo occidental. Se enmarca metafóricamente como la prueba irrefutable de la incompetencia intrínseca del gobierno y muy en particular, del presidente Constitucional de la República, mancillado al punto de buscar degradarlo a la categoría de peligroso forajido internacional.

​Se desplaza el locus de la culpa. El culpable de la crisis es el gobierno, el presidente de la república, los ministros y el partido socialista, nunca el imperialismo occidental ni sus sirvientes disfrazados de “oposición”. Y el sufrimiento del pueblo se enactúa como un destino merecido y fatal. Prototipos de esto son los enunciados: “Este país se acabó”, “de aquí me iría demasiado” y “en Venezuela ya no hay futuro”, entre otros.

  • ​El ilegal y descarado desfalco de activos (CITGO, Monómeros, reservas en lingotes de oro, reservas monetarias internacionales), la hiperinflación inducida y el reconocimiento por todo el Occidente apandillado de un títere presidencial paralelo, del todo írrito, han operado no solo como nuevo (des)orden político internacional y gravosos desfalcos económicos sino, sobre todo, como actos de guerra cognitiva en el plano geopolítico. El discurso implícito es: «Mientras siga la agenda socialista, Venezuela no tendrá control sobre su propio futuro”. Tales prácticas socavan la percepción de la soberanía nacional y de realización comunitaria, resintiendo gravemente la autodeterminación popular, praxis indispensables para una acción política eficaz, justa y soberana.

​El discurso mediático occidental ha creado una suerte de polifonía del delirio y de la desesperanza que en Venezuela emerge bajo enunciados tales como: “Éramos ricos y no lo sabíamos”, reelaborando y reencarnado así el lema “Con AD se vive mejor”. Los enunciadores (expertos catastróficos, imágenes de colapso, amenazas militares, inminencia de bombardeos e invasiones) convergen en un único ethos: la rendición inevitable. Este discurso de fondo neomalthusiano se presenta como la voz de la realidad misma, derogando la posibilidad de un contra discurso de resistencia y mucho menos, de renacer civilizatorio.

​Para contrarrestar esta ofensiva, la salida del laberinto nos exige no solo refutar los datos sino reemplazar el marco enactivo/ cognitivo (la propuesta de Varela/ Lakoff). Es preciso desplazar el marco cognitivo catastrofista de la destrucción por el Marco cognitivo ético y épico, estético y celebratorio endógeno de nuestra irreductibilidad histórica y de nuestro renacer nacional popular y civilizatorio (Lakoff & Johnson, 1980).

​Marcos a reemplazar (la distopía impuesta):

  • Metáfora central: LA NACIÓN ES UNA LANCHA O UN BARCO A LA DERIVA. Este marco promueve la búsqueda delirante de un «capitán externo», la huida desesperada o la justificación de una extracción quirúrgica de la vanguardia política y epistémica de la revolución. Que como sabemos en Nuestra América, desde el magnicidio de Salvador Allende, es una forma disimulada de justificar la limpieza ideológica y étnica.
  • Metáfora oculta: LA CRISIS ES UN HURACÁN INESCAPABLE. Este marco banaliza el origen ideológico y político de la crisis, encubriendo la culpa del agresor.

Marcos a promover (calma, aplomo y soberanía):

  • Marco de la nación fortificada (soberanía):
    • Metáfora: LA NACIÓN ES UN OASIS DE RELACIÓN FRATERNA, CULTIVADO Y PROTEGIDO.
    • ​Implicación: Cambia el foco de la destrucción al cuidado mutuo, la producción y la defensa. Cada episodio productivo o de resistencia es un acto de cultivo y soberanía. Esto exige la atención profunda y la pausa reflexiva (Benjamin, 2008) para reponerse al choque necrológico.
  • Marco del constructor (calma y aplomo):
    • ​Metáfora: EL CONFLICTO ES UNA OBRA DE CONSTRUCCIÓN HISTORICA COMPLEJA.
    • ​Implicación: Sustituye la parálisis por sobrecarga traumática, por la necesidad de planificación, trabajo sostenido y medición de avances. Las agresiones externas son «sabotajes a la obra» que deben ser reparados, no el fin del proyecto.

​A modo (táctico) de conclusión

​La guerra cognitiva construye el estatuto ontológico y epistemológico de la dominación contemporánea. Exige una descolonización epistémica/cognitiva y a su vez ética y estética que recupere la memoria histórica y una praxis crítica revolucionaria para producir una enunciación propia y pertinente a la cada día más grave crisis civilizatoria del capital. Solo al restaurar la soberanía cognitiva y desarrollar nuevas gramáticas de la reflexión y la acción, podremos trascender la lógica de la colonia penitenciaria global y restaurar la posibilidad de la acción política revolucionaria de signo socialista, esto es, el amanecer de una civilización en que el ser humano sea digno y pleno por primera vez en la historia.

​Si la ofensiva es contra las mentes y los corazones, solo prevaleceremos si entre todos anudamos de nuevo nuestros imaginarios, saberes y haceres campesinos, populares y raizales. Nuestra salvación de esta mezcla de Armagedón nuclear y Armagedón cognitivo dependerá de que logremos reencuadrar nuestro presente y nuestra voluntad utópica en clave de diversidad epistémica, épica irreductible y renacimiento comunal y civilizatorio.

​Referencias

​Arendt, H. (2003). Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal (R. Polito, Trad.). Lumen.

​Benjamin, W. (2008). Sobre algunos temas en Baudelaire. En Sobre el lenguaje y otros ensayos (pp. 177–221). Taurus.

​Delgado Arria, L., et alt. (en curso). Uso de las Redes Sociales en la Guerra Cognitiva para Generar Odio e Insurrección Popular en Venezuela y Bolivia [Informe de investigación no publicado]. Centro de Contenidos Decoloniales Comunales Hugo Chávez/ Universidad Internacional de las Comunicaciones.

​Delgado Arria, L. (en prensa). La guerra cognitiva contra Venezuela en la última década. Centro de Contenidos Decoloniales Comunales Hugo Chávez/ Universidad Internacional de las Comunicaciones.

​Hinkelammert, F. J. (1990). La fe de Abraham y el Edipo occidental. Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI).

​Kafka, F. (2011). Cuentos completos. Austral.

​Kuhn, T. S. (2013). La estructura de las revoluciones científicas (A. Contín, Trad.). Fondo de Cultura Económica.

​Lakoff, G., & Johnson, M. (1980). Metaphors we live by. University of Chicago Press.

​Popper, K. R. (2002). The logic of scientific discovery. Routledge.

​Varela, F. J., Thompson, E., & Rosch, E. (1991). The embodied mind: Cognitive science and human experience. MIT Press.

  • Poeta, ensayista y licenciado en Letras (UCV). Magister in Arts (University of Pittsburgh). Doctorante en Creación Intelectual (UNESR). Catedrático de Análisis crítico del discurso, vocería política y comunicación decolonial. Investigador de Guerra Cognitiva en LAUICOM. Miembro de la Red Internacional de Investigación Antifascista. Vicerrector de Investigación y Creación Intelectual de LAUICOM.
La navidad en Venezuela

Un cuento de navidad

(en asedio)

José Garcés *

Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual

Aquella era una navidad bastante fría para los estándares caribeños, y por eso, contraria  a los pegostosos calores de los largos meses que la precedían. En la madrugada se podía sentir cómo soplaba fuerte el viento que bajaba del Junquito y por las tardes, Catia lucía una neblina que obligaba a ponerse boina y chaqueta. Por aquellos días decembrinos, las hostilidades hacia Venezuela se habían hecho cada vez más frecuentes por parte del imperio gringo; tanto que los colocaba en la inequívoca condición de país asediado. Les pusieron unos buques de guerra a pocos kilómetros de sus costas y todos los días disparaban sus misiles comunicacionales con mentiras repugnantes diciendo que vaciaron las cárceles y los manicomios para enviar a Gringolandia todo tipo de malvivientes y enfermos mentales. Alcanzaron verdaderos “prodigios de engaños” cuando dijeron que Venezuela les enviaban miles de toneladas de drogas para matar gringos inocentes. Esas eran las típicas excusas con las que el imperialismo trataba de escudarse cuando preparaba una invasión; simplemente recordemos las “temibles armas de destrucción masiva” de Saddam Hussein. Por si fuera poco, les robaron un buque petrolero y dijeron con todo desparpajo, que se iban a quedar con el petróleo. Y Todo esto apoyado por el portaviones más grande del mundo y bombarderos que iban y venían entre República dominicana, Puerto Rico y Trinidad. En terminología de guerra podríamos decir que el conflicto estaba en “Zona gris”, que es zona difusa donde no se sabe si es paz o es guerra, o lo que encierra el oxímoron: “Tensa calma”.

Ante esta situación, lo que más llamaba la atención a los focus group gringos, era que los venezolanos, además de prepararse para la guerra, como lo demostró el increíble número de personas que se alistaron (incluyendo opositores), alternaban su entrenamiento militar con gaitas, fiestones y parrandas. Los conciertos navideños habían estado particularmente abarrotados en aquellos días y el aforo de grandes salas como el Teresa Carreño o el Aula Magna se habían visto sobrepasado, por la inmensa cantidad de aguinalderos que habían comprado sus entradas para esos decembrinos musicales. En las calles caraqueñas que tradicionalmente ofrecen los consabidos estrenos, no cabía un alfiler y el gentío, como cada año, aumenta con la cercanía del 24 de diciembre.

Esos focus group que pagaba la CIA, para que les dijeran, minuto a minuto, cómo estaba el “Tono emocional” de la población venezolana, debieron sorprenderse por el contrasentido más grande que habrían visto jamás, porque los venezolanos se preparaban con la misma alegría para la parranda que para la guerra. A los gringos les debió asombrar que los venezolanos pusieran el mismo entusiasmo en defender la patria que en inventar una fiesta, y justamente en eso último radicaba el tesoro venezolano; en la creación, en hacer aparecer algo que antes no estaba.  Lo que los gringos no sabían es que ese pueblo era fundamentalmente creador. Aquello que decía Aquiles Nazoa: “Creo en los poderes creadores del pueblo” refiere una verdad muy difícil de entender para los que no han nacido en Venezuela (léase gringos). Los poderes creadores del pueblo son la capacidad de crear vida y belleza donde antes no la había. Como aquella mata verdecita a la que Alí Primera bautizó “Dorotea” y que creció obstinadamente entre el cemento y el asfalto de la autopista que conduce a El Valle. Así, cada venezolano ya había visto una Dorotea en algún insólito lugar lleno de cemento, en el que nadie sospechó nunca que haya podido albergar vida alguna vez. Así los venezolanos son por naturaleza inventores de vida, y ante cada situación difícil que han atravesado, han sabido crear algo, (algo que no estaba), para así ir enfrentado los temporales que se les han venido encima. Los venezolanos son creativos, ingeniosos, producen vida y si les dan la oportunidad, brillarán por su inventiva y por dar lo mejor que tienen a los demás. Ya lo hicieron hace doscientos años cuando salieron de sus fronteras para dar libertad con un poderoso ejército, pero no sometieron a nadie, sino que ofrecieron el bien más preciado, ese que tanto les constó alcanzar, la libertad. Pues así son, Martí dijo alguna vez; “Los venezolanos son gente hermosa, no saben contar”, y todavía son así. Los venezolanos son prolijos hasta el extremo cuando dan. No miden, sino que dan en demasía, llegando a veces a atosigar al que recibe; pero eso es algo que se perdona con un rápido guiño de ojos y una complicidad clandestina de sentimientos. Y en eso si son buenos los venezolanos, en despertar, emociones, sentimientos y camaraderías, que también forman parte del repertorio del poder de creación que tienen.

Se cuenta que cuando el Buda andaba por esta tierra, hace 2.500 años, había un bandolero terrible. Angulimala era asesino despiadado y ladrón inmisericorde, y tenía atemorizada a varias poblaciones. El Buda fue a buscarlo y Angulimala se dio cuenta de que no le tenía miedo; por el contrario, fue a darle una enseñanza. Buda le ordenó a Angulimala que cortara la rama de un árbol. Una vez que la cortó, Buda le ordenó:

—Ahora ponla otra vez en su lugar.

Cuando Angulimala se dio cuenta de que no podía hacer eso, Buda le explicó:

—Tu poder es tan limitado que sólo puede destruir la vida. ¿Y qué hay del poder de dar y preservar la vida?

Hoy, 2.500 años después, podemos hacer la comparación: ellos, los que asedian, con sus portaviones y sus destructores, lo único que pueden hacer con tanto poder es destruir, pero son incapaces de crear nada. Podemos preguntar ¿Cuál presidente de los EE. UU., ha dado a su pueblo más de 5.000.000 de viviendas? ¿Cuál presidente de EE. UU., ha salvado miles de niños de morir por haber nacido con cardiopatías congénitas? ¿Cuál presidente de EE. UU., ha garantizado un beneficio de alimentación a más del 85 % de las familias? ¿Cuál presidente de los EE. UU., ofreció vacunas gratuitas a toda la población de su país en la pandemia del Covid-19? ¿Cuál presidente de EE. UU., ofreció gasolina subsidiada a su pueblo? (y la lista de preguntas es larga). Es verdaderamente lamentable darse cuenta, de que la élite que gobierna EE. UU., con tanto dinero, solamente tiene el poder de destruir.

Recuerdo que en una presentación en el interior del país, conocí a una mujer que tenía tomada de la mano a una niña de unos cuatro años, y me decía: ¿Cómo no voy a amar a mi Presidente Chávez? ¡Es que gracias a Chávez, esta niña está viva! y le abrió la camisita a la pequeña, y pude verle una cicatriz que le corría por su pecho, se trataba de una operación de corazón que la niña recibió en Cuba, al inicio de la Revolución. Si dejamos esta narración hasta aquí, ya tiene suficiente mérito, pero todavía hay más. A esta mujer la había abandonado el marido y le habían matado a sus dos hijos durante los sucesos del Caracazo, y por eso fue a vivir a esa localidad del interior. Ya había triunfado la Revolución, y en ese pueblo conformó un círculo bolivariano, y luego una cooperativa con otras mujeres del lugar. Con la cooperativa pidieron un crédito y compraron dos máquinas profesionales de coser, con las que hicieron sábanas y lencerías, que vendían en ese y otros pueblos cercanos. Con las ganancias decidieron recoger a niños de la calle. Ya habían recogido a NUEVE niños de la calle, y una de esos niños, era  justamente la niñita que me mostraba y a la que habían operado en Cuba.

De cierto os digo que esa mujer tenía mucho más poder que cualquier hipermultimillonario gringo.  Y como suele ocurrir en los cuentos de navidad, en el momento en el que les cuento esto, el ángel de la navidad, hizo que el hipermultimillonario gringo se diera cuenta de la grandeza de esta mujer y de sus maravillosas virtudes potenciadas por la organización y la vida comunal. Y cuando este hombre, que cuenta sus ganancias en billones, reflexionó sobre esta mujer, por sus ojos asomaron dos grandes y cristalinas lágrimas, y al ser consciente de que estaba enternecido, inmediatamente, ordenó que la sacaran del algoritmo y le dirigieran un ataque con drones y misiles, para no perder la costumbre. 

Este cuento termina diciendo que, independientemente los hipermultimillonarios persistan en sus costumbres, los venezolanos ya no pudieron evitar ser creadores de vida. Los gringos seguirían destruyendo porque su limitado poder sólo sirve para eso, pero los venezolanos seguirían regando y creando vida en todos los órdenes de sus competencias.  Y así, siguieron ofreciendo a los demás, de forma prolija y en demasía, las cosas que creaban y a las que les daban vida. Y como nunca aprendieron a contar, los hijos de Bolívar siguieron regalando lo mejor que tenían; maravillas, descubrimientos y secretos de la vida en comunidad. Y así como creaban vida, siguieron disfrutando de sus navidades durante muchos años, en la convicción de que el amor es la fuerza más poderosa que existe y la organización la más efectiva. Los venezolanos aprendieron la lección de Shantideva: “No hay nada más destructivo que el odio, ni fuerza más poderosa que la paciencia” (y la tuvieron bien aprendida, un portaaviones se los enseñó).

  • Investigador del Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual de Lauicom. Psicólogo clínico. Maestría en Psicología. Cursante del Doctorado en estudios Nuestroamericanos. Profesor de la cátedra: Naturaleza de la Guerra Cognitiva.
Guerra cognitiva imagen tomada de Telesaur

Justificaciones para el robo de un petrolero: modelo dinámico de respuestas paradojales de guerra cognitiva

José Garcés*

Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual

LAUICOM

Ayer 10 de diciembre de 2025, el gobierno de los EE. UU., dijo haber “incautado” un buque petrolero venezolano, “el más grande que haya visto nunca” dijo el presidente Trump. El uso de eufemismos como “incautar” cuando en realidad se trata de “robo” es frecuente en los medios hegemónicos y en el discurso de Trump. Éstos se usan como medio para moldear la opinión pública, de manera que hacerla favorable a sus intereses; y ya sabemos que este es uno de los objetivos de la guerra cognitiva. Según Du Cluzel, “la guerra cognitiva hace que la población del país atacado trabaje activamente a favor del ejército atacante”.

En este sentido, algunas muestras de las opiniones de la población opositora parecen confirmar esta observación. En entrevistas realizadas a una muestra de opositores, éstos manifestaron las siguientes opiniones:

Opositor 1:

“Eso pasa cuando no pagas”.

“Como Venezuela está sancionada por no pagar, EE. UU., tiene que cobrarse de alguna manera”.

“La gente sabe que NO HAY GASOLINA, y Maduro en vez de estar enviando petróleo a los demás, debería dárselo a los venezolanos, y hacer gasolina con ese petróleo”.

Opositor 2:

“Ese es un buque sancionado y los EE. UU., son muy estrictos”.

“A mí lo que preocupa es que, en vez de hacer negocios con los EE. UU., Maduro está haciendo negocio con los rusos, pero ellos no están enviando los productos para hacer gasolina”.

“Yo no sé qué va a pasar”.

Opositor 3:

“Pues, ¡Bien hecho!”.

“Maduro se lo tiene merecido”.

A la repregunta ¿Esto no te afecta a ti?, responde:

“Yo no sé cuándo se va a acabar este infierno”.

Algunos internautas expresan su opinión en la red social X (equis):

“FBI, HSI y la Guardia Costera incautaron un petrolero usado para mover petróleo sancionado de Venezuela e Irán. El buque operaba en una red ilícita vinculada a organizaciones terroristas. La operación fue segura y continúa la investigación”.

“Viste que la justicia tarda pero llega, tu que comunicas todos los días sobre estos cargueros maleantes les llego su día, jajaja creo que Trump espero el más grande jajaja”.

“El buque iba destinado a la dictadura cubana”.

“Carajos…

Definitivamente el Nobel de la Paz y el retraso de María Corina eclipsaron bastante bien esta noticia, pero no creo que haya llegado tarde a Miraflores; después de ver ese video hasta a mí me dio miedo.

Pura ANTESALA”.

El inconveniente de tratar de medir el Tono emocional de una población a través de una red social, es que no se sabe si realmente son personas reales, ya que se ha señalado que cerca del 90 % de los post de las RR. SS., son de origen “No humano”, pero también nos sirven para averiguar cuál es la opinión que se quiere sembrar en la población a través de la técnica de “Inundación” que consiste es repetir una idea millones de veces, hasta que se instaure en la mente de esa población.

De las opiniones expresadas por lo opositores podemos abstraer algunas ideas sustantivas:

  1. La aprobación incondicional a todo lo que haga el presidente Trump.
  2. El “Castigo” al Presidente Maduro.
  3. La aparición de un “Chivo expiatorio” como los rusos, los cubanos y los chinos.
  4. La preocupación por la falta de gasolina.
  5. La justificación de la acción como parte del combate al “Terrorismo”.

(Vale decir que, en la mente de los opositores alcanzados por la guerra cognitiva, “Terrorismo” quiere decir: rusos, iraníes, chinos, cubanos, narcotraficantes, asesinos, traficantes de órganos, etc.).

Incorporación del carácter dinámico en el estudio de la guerra cognitiva:

Los recientes hechos nos dan la oportunidad para ilustrar una hipótesis que venimos trabajando: se trata de que la guerra cognitiva y la guerra multiforme se apoyan la una a la otra en una relación bidireccional.

En la mente de los venezolanos viene gravitando la preocupación para abastecerse de gasolina. Muchos usuarios han decidido comprar gasolina dolarizada y olvidarse de la gasolina subsidiada por las largas colas que se arman; ya las colas no se organizan de un día para otro, sino con dos días de antelación. El pueblo viene sabiendo de esta situación desde hace meses, y la idea de que “hay poca gasolina”, viene rondando en la mente de manera silenciosa.

Los hechos de ayer, 10 de diciembre, en Oslo más que una victoria, reportan una derrota al imperio. Trataron de generar un clima de incertidumbre que reportara una épica aparición en la ceremonia, en una misteriosa llegada de MCM a recibir el premio, pero este clima no convenció a nadie (ni opositores ni a chavistas), y más bien en las calles de Oslo, se hacía sentir un rotundo rechazo. Las palabras del presidente del comité Nobel no pudieron ser más parcializadas, saludando a EGU como “presidente electo”, y convirtiendo la ceremonia en un vulgar acto político de extrema derecha. Definitivamente se trató de una derrota para los EE. UU., y sus subalternos europeos y criollos.

Ante esa derrota, que ocurría en Oslo, pero también en las mentes de los venezolanos, el imperio decide atacar por otro flanco y es entonces, cuando ordena robar el petrolero. De manera que, Trump no iba a permitir que los patriotas venezolanos se acostaran la noche del 10 de diciembre con una sonrisa en sus labios. 

De manera que al imperio, solo le bastó identificar una de las preocupaciones que, de seguro, sus grupos focales, ya han identificado y tabulado, y apretar la tuerca correspondiente, lo que destapó las preocupaciones referidas en las opiniones de los opositores encuestados en cuanto a una posible escases de gasolina.

Las frases: “Yo no sé qué va a pasar”, “Yo no sé cuándo se va a acabar este infierno” y “después de ver ese video hasta a mí me dio miedo”, responden a la ya señalada desprotección, presente en el alma de los opositores. Recordemos que el miedo y el odio, son las emociones principales en los opositores, ellos no persiguen construir ningún objetivo, ellos lo que quieres es que se acabe lo que consideran un infierno, por cualquier medio. En términos de la teoría conductual, se trata de una conducta reforzada negativamente, que lo que quieren es que DESAPAREZCA ALGO, no que APAREZCA ALGO. Por ello, los opositores no tienen ningún programa, les basta con cualquier cosa que les signifique la posibilidad de lo que ellos consideran que es “una condición aversiva”.

Modelo dinámico de respuestas paradojales de Guerra Cognitiva

Este modelo toma como base la aproximación cognitiva descrita en trabajos anteriores (Ver libro “Dimensiones de la guerra cognitiva”) en el que se describen 7 puntos para lograr estructurar el sesgo cognitivo. Paralelamente se apoya en las condiciones políticas y económicas que tienden a la consonancia de la desprotección y el odio, como en este caso, con el buque robado que castiga una respuesta reforzada negativamente, (lo que es devastador). Estos elementos se coordinan dinámicamente el uno con el otro y generan la dimensión imaginal. Estamos demostrando que la guerra cognitiva ha trascendido los límites del psiquismo racional para entrar en el dominio de lo paradójico y lo irracional, provisto por el mundo imaginal (Corbin).

Lo imaginal es aparentemente contradictorio y bizarro, y legitima la aceptación incondicional de la que goza Trump en una parte de la población que ronda el 40 % en la población de EE. UU., y un número apreciable y no determinado aquí en Venezuela. Lo imaginal es lo que sustenta la idea de: “La justicia tarda pero llega”. Lo imaginal es el dominio del que se aprovechan Trump y Milei cuando se comportan con la patanería que lo caracterizan. Trump la maneja con la intención de hacerse ver superior a los demás seres humanos, por eso dice con desparpajo:  “Sin nosotros no hay mundo” (https://actualidad.rt.com/actualidad/576632-trump-sin-nosotros-no-hay-mundo),  de manera de erigirse en la autoridad del mundo, y como de alguna manera, toda autoridad es legítima (recordemos a Koyeve y a Weber), sería algo así como: “Jefe es jefe manque tenga cochochos”, por eso sus acciones, aunque estén al margen de la ley, son aprobadas como positivas por el sector de la población manipulado por la guerra cognitiva.

Conclusiones:

En este escrito proponemos el “Modelo dinámico de respuestas paradojales” para explicar la guerra cognitiva. En este modelo se estudia el sesgo cognitivo a partir del modelo de los siete (7) pasos, en conjunción con variables políticas y económicas actuales y coyunturales, que son utilizadas como acicate para influir sobre mismas las variables descritas. De manera que las variables materiales estimulan las psicológicas. Ej. Sí se ha estimulado la desprotección, entonces se roba un buque petrolero para estimular el miedo al desabastecimiento de gasolina y de esta forma aumentar esa desprotección.  Estos son los insumos con los que trabaja el mundo imaginal y los productos de este mundo imaginal son sagrados e inamovibles.

Esto explica por qué algunos venezolanos aprueban las acciones de piratería que ha emprendido el gobierno de los EE. UU., y cumple con el precepto fundamental de la guerra cognitiva: “La población atacada ha de trabajar activamente en favor del ejército atacante” aunque esto signifique que están atentando contra sí mismos en una actitud suicida y paradojal.

*Investigador del Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual de Lauicom. Psicólogo clínico. Maestría en Psicología. Cursante del Doctorado en estudios Nuestroamericanos. Profesor de la cátedra: Naturaleza de la Guerra Cognitiva.

LA GUERRA COGNITIVA EN ZONA GRIS (II PARTE)

Roger Garcés *

Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual de LAUICOM

En el primer artículo de esta serie explicamos las condiciones generales de lo que es zona gris. Desde que Primo Levy acuñó el término en los campos de concentración nazis ha corrido mucha agua bajo el puente. Sin embargo, la condición de confusión y de la inminencia de un ataque parecen ser las condiciones definitorias, aunque esté todo en paz, y sea una “calma tensa” el oxímoron que mejor retrate el momento.


Hablábamos también acerca del “Goteo emocional” que podemos definir como la administración continua y progresiva de estímulos aversivos. Estos estímulos inicialmente no tienen una intensidad apreciable, podríamos decir que estas primeras administraciones son subliminales (están por debajo del umbral de sufrimiento). Es decir, la persona lo siente, pero no lo percibe como aversivo. Posteriormente, estos estímulos aversivos van incrementando su intensidad hasta llegar a convertirse en verdaderos estímulos aversivos que generan conductas de evitación y escape, y a nivel emocional, la consabida ansiedad como consecuencia definitoria.

El por qué el goteo emocional es tan devastador es lo que trataremos de explicar en este artículo.

En primer lugar, debemos hacer notar que las primeras administraciones del E. aversivo, al ser subliminales, lo que propenden es a hacerse un lugar en la mente de la persona atacada. Las primeras administraciones le dicen al sujeto; “Estoy aquí, he llegado para estar contigo, hazme lugar en tu mente que yo no te voy a abandonar”. De manera que la gente se acostumbra a la existencia de este tipo de estímulo aversivo.


En segundo lugar, ocurre que el sujeto atacado con la técnica del goteo emocional, no le da importancia que reviste. Y esto ocurre porque el que manipula en la guerra cognitiva, así lo diseña, él quiere que no se le dé importancia.

En tercer lugar. Una vez que el estímulo aversivo ha hecho nido en la mente del atacado, entonces se revela con toda su fuerza. De repente, se muestra con toda su fuerza y revela su poder. Comienza a aparecer como imbatible e ineludible como un alfil en la gran diagonal, o unos misiles apuntando a tu ciudad. La amenaza se va estructurando poco a poco, paulatinamente, sin apuro, favorecida por el proceso antes descrito. La desaparición de la habituación es un factor ansiógeno importante.

En cuarto lugar, el sujeto toma conciencia de lo aversivo de los estímulos en cuestión, pero ya es tarde. El sujeto no tiene defensa porque los ha dejado entrar a su psique creyendo que eran inofensivos, y resulta que son sumamente peligrosos, entonces ocurre un proceso interno en el sujeto atacado en el que se ve a sí mismo como un tonto por no creer en la peligrosidad de los estímulos aversivos de la primera fase. El Buda decía: “El mundo nos hiere con flechas, pero en el mismísimo lugar en donde el mundo nos hiere con flechas, nosotros nos disparamos una segunda flecha”, esa segunda flecha es la manera cómo tratamos a nuestro dolor. Cuando nos decimos: “pero yo si soy gafo, no me di cuenta de…” es una manera de regañarnos, de recriminarnos a nosotros mismos y que termina hundiéndonos más que el dolor que nos causa el mundo.


Lo que el sujeto atacado no sabe, es que la estrategia general era que precisamente no se diera cuenta del peligro. Es lo que en nuestro pueblo se llama “un gallo tapao”. Cuando alguien se deja meter un gallo tapao, no se molesta tanto con el adversario tramposo, sino contra él mismo por no haberse dado cuenta de que se trataba de algo que debió prever y no lo hizo. Ese es el verdadero propósito del goteo emocional. Es decir, se trata de desmoralizar a la población de un país atacado, sobre todo si esa población ha hecho alarde de gallardía y de coraje para enfrentarlo.

El psicólogo argentino Fernando Rubano, habla de “trauma por goteo” y dice que se trata de una exposición constante a agresiones emocionales pequeñas, pero repetidas, que deterioran progresivamente la estabilidad psicológica de una persona. Dice Rubano: “Es como tomar una micro dosis de veneno todos los días. Al principio el cuerpo lo resiste, pero con el tiempo, colapsa”.
El goteo emocional se inscribe en lo que se ha dado en llamar la “Inundación emocional”. Esto es, se van administrando cada vez mayores dosis de estímulos aversivos, de manera de hacer creer al sujeto atacado que todo lo que le rodea es generador de angustia.

Otra característica del goteo emocional es lo que se ha conocido como el “Cansancio emocional”. Moreno-Egea y col. (2008) reportaron en la revista “Cirugía española”, en un artículo titulado: “Sociedad y cirugía. Burnout y cirujanos”. (Ver https://doi.org/10.1016/S0009-739X(08)70525-6), que los cirujanos españoles presentan el síndrome de Burnout, por lo menos en un 50 % y se le sugiere que desarrollen estrategias para evitar el “Cansancio emocional”.


Como hemos sugerido, el Síndrome de Burnout es el prototipo de goteo emocional, y sí a los cirujanos españoles se les hace difícil desarrollar estrategias para evitar el cansancio emocional, podemos afirmar que estas estrategias son más difíciles de aplicar cuando se está bajo asedio, o en las proximidades de una guerra convencional y en medio de una guerra cognitiva. De manera que el “Cansancio emocional” es una característica que podemos observar en las personas de un país bajo ataque: las frases “No quiero saber más de eso”, esconde un laberinto al que todavía no hemos dado respuesta.

ALTERNATIVAS DE MANEJO

Las 5 leyes de la guerra de Sun Tzu pueden aplicarse a la guerra cognitiva:

  1. “Cada batalla se gana antes de pelear”.
    La moral es lo primero que debemos mantener el alto. Es decir, mucho antes de levantar un fusil hay que levantar la moral y la absoluta confianza en la victoria.
  2. “Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el
    resultado de cien batallas”.
    Se refiere a conocernos a nosotros mismos, amarnos como pueblo y reconocernos como venezolanos, hijos e hijas de Bolívar. Conocer nuestra historia y saber de lo que fuimos capaces en la guerra de independencia, tiene efectos sobre nuestra psique.
  3. “Toda guerra se basa en el engaño”.
    No se extrañen si ven un video de Nicolás renunciando o un video de Nicolás peleando con Diosdado, simplemente recuerden que la IA puede servir para realizar “prodigios de engaños”.
  4. “Las oportunidades se multiplican a medida que se aprovechan”.
    Una victoria abre las puertas para la próxima. No bajar nunca la guardia y permanecer siempre en perfecta unión y disciplina con los mandos.
  5. “En la guerra, el camino es evitar lo fuerte y golpear lo débil”.
    Saber que el flanco más débil es lo que será golpeado por el enemigo.

Antes estas condiciones debemos:

  1. AFERRARSE CON EL ALMA A NUESTROS SÍMBOLOS.
    Son lo primero que van a atacar para desmoralizarnos. Debemos garantizar que aunque los destruyan físicamente, no los puedan destruir en nuestra alma.
  2. SABER QUE LO QUE ELLOS VAN A DESTRUIR, NOSOTROS, TARDE O TEMPRANO LO VAMOS A RECONSTRUIR.
    Tenemos que saber que la función del imperialismo es destruir, nuestra función es reconstruir.
  3. MANTENERSE SEGURO E INAMOVIBLE ANTE LOS ATAQUES.
    Zun Tzu dice: “En primer lugar, has de ser capaz de mantenerte firme en tu propio corazón; sólo entonces puedes desmoralizar a los generales enemigos. Por esto, la tradición afirma que los habitantes de otros tiempos tenían la firmeza para desmoralizar al mando enemigo, y la antigua ley decía que cuando la mente original es firme, la energía fresca es victoriosa”, “esta es la razón por la que esa clase de ejércitos miran por encima del hombro a enemigos fuertes”.

Así que, debemos mantenernos FIRMES, entendiendo que en esta zona gris, el enemigo buscará todas las formas para amedrentarnos e intimidarnos. Y el “Goteo emocional” es una de las técnicas que usan para golpear la moral de los pueblos. Por esta razón, debemos darnos cuenta de que se trata de una tecnología muy bien aceitada, y como dice mi pueblo: “Pa’ bachaco, chivo”, “Usted que se alza el copete y yo que se lo rebajo”, como cantaba Florentino el que cantó con el mismísimo diablo y lo venció. Debemos reconocer y regocijarnos de que esa es nuestra estirpe. Si nos mantenemos firmes, podemos, como advertía Sun Tzu: para mirar por encima del hombro a enemigos fuertes.

  • Psicólogo clínico. Maestría en Psicología. Cursante del Doctorado en estudios Nuestroamericanos. Profesor de la cátedra: Naturaleza de la Guerra Cognitiva. Investigador en el Vicerrectorado de Investigaciòn y Creaciòn Intelectual de LAUICOM.
  • Correos: rgaces@lauicom.edu.ve / enelrespiramos@gmail.com
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LA GUERRA COGNITIVA EN ZONA GRIS: El goteo emocional y la incertidumbre

Por Prof. José Garcés. Vicerrectorado de investigación. LAUICOM

Se ha señalado que en la guerra, la “zona gris” es ese espacio en el que las cosas son poco claras: no hay una agresión directa, no hay bombardeos, pero sí un clima de tensión que queda magníficamente ilustrado en el oxímoron de “tensa calma”. Se trata de esa situación caracterizada por la incertidumbre, donde los límites entre dos estados opuestos (como la paz y la guerra) son poco definidos. Nuestro pueblo ha categorizado la zona gris con la frase: «Lo más seguro es que quién sabe…»

Hemos dicho que la zona gris tiene una característica definitoria: la incertidumbre, y esta, a su vez, tiene un correlato: la angustia. Así, incertidumbre y angustia —que son los precursores del miedo— son los medios de los que se vale el enemigo para tratar de robar nuestros recursos. En esto consiste la guerra cognitiva en zona gris.

Ha dicho Sun Tzu: «Toda batalla se gana antes de pelearla». Eso es lo que intenta hacer Estados Unidos con Venezuela: ganar una batalla sin pelearla. De manera que intentar desmoralizar a nuestro ejército y a nuestra población, tratando de infundir miedo a través de la incertidumbre y la ansiedad, es el principal objetivo de la guerra cognitiva que, en este momento, se cursa contra la Patria de Bolívar.

Trump es especialmente astuto en este sentido: es ambiguo en su discurso, arroja una luz e inmediatamente la apaga; se dice y se contradice en una misma declaración a la prensa, y esto está calculado al milímetro. Hemos visto cómo esa estrategia ha venido aumentando en intensidad. Si recordamos las primeras acciones de guerra cognitiva, estas se referían a convertir al presidente Maduro en un narcotraficante odiado. Primeramente, se comenzó con la narrativa del «Cartel de los Soles» y luego se aumentó la recompensa por el presidente Maduro. Después vino el despliegue de buques de guerra, pero resultó que los buques anunciados no estaban en el Caribe, sino anclados en varios puertos alrededor del mundo. Una vez más, el discurso se decía y se contradecía. Luego la emprendieron contra las «narcolanchas» (término que ellos mismos inventaron); todo muy ambiguo: no había pruebas de esos ataques, y ni siquiera había pruebas de la existencia de esas lanchas. Todo cuadraba con la estrategia de la incertidumbre: «¿Será verdad?» era lo que se preguntaba mucha gente.

Posteriormente, se inició con la cantaleta del portaviones Gerald Ford: se decía que ya estaba en el Caribe, y el mismo Trump posteaba en “X” que había dado la orden de que el portaviones no saliera de Marruecos. De manera que, mientras unos decían que sí y otros decían que no, el susodicho Gerald Ford llegaba al mar Caribe.

La táctica más reciente se refiere al cierre unilateral del espacio aéreo venezolano, medida que se mantendrá por días, aumentando la incertidumbre acerca de un eventual ataque a Venezuela.

Como vemos, se ha ido aplicando la táctica del “goteo emocional”: cada día algo que es y no es, y ese algo va aumentando en intensidad.

Pues, para comenzar a desmontar esa táctica de goteo emocional, es necesario, primero que nada, darnos cuenta de que se trata de eso: de una táctica de manipulación psicológica. Si vemos a alguna persona que esté sintiendo síntomas de ansiedad, debemos aclararle que lo que siente es producto de la aplicación de una táctica de manipulación psicológica y se llama “goteo emocional”.

El goteo emocional ha sido descrito en la literatura psicológica y lo podemos observar en varios síndromes; tal vez el más común es el “síndrome de burnout” o síndrome del quemado. Este es un sentimiento de angustia, mezclado con depresión y desánimo, que ocurre en personas que trabajan con público, como maestras, médicos y policías.

Desde que el sujeto comienza a trabajar, va recibiendo dosis de angustia que no puede manejar, y esto se va acumulando hasta llegar a un momento en que estalla. Por eso se dice que el burnout es «insidioso», al igual que la técnica que aplican los Estados Unidos contra Venezuela, en la que cada día aplican algo, no importa lo pequeño, pero ese algo se va sumando y sumando hasta alcanzar un clímax, que es justamente lo que el imperialismo espera que ocurra en esta tierra.

Para evitar que la guerra cognitiva se enseñoree en nuestras mentes, lo primero que debemos hacer es darnos cuenta de que se trata de una manipulación psicológica. Debemos darnos cuenta de que estamos siendo víctimas de una agresión psicológica que tiene por objetivo doblegar nuestra moral, y para ello se valen de la incertidumbre, la angustia y el miedo.

En relación con el manejo del miedo, me gusta referir la historia, ya varias veces contada por este suscrito:

Se cuenta de una princesa que tenía que luchar contra el Miedo. Ella era pequeña, y el Miedo era gigantesco y poderoso. La princesa, inesperadamente, le dijo al Miedo:

—Señor Miedo, yo tengo que vencerlo a usted.
¿Usted me diría cómo hacer para vencerlo?

El Miedo, sorprendido, le confesó el secreto para ser vencido y le dijo:

—Soy muy rápido y me pongo en tu oreja y te ordeno lo que tienes que hacer.
Solo no hagas lo que yo te ordene.

De manera que ya tenemos una muy buena herramienta para vencer al miedo: no hacer lo que el miedo nos ordene que hagamos. Si el miedo nos pide que nos aislemos y no salgamos de la casa, pues eso es justamente lo que no debemos hacer.

Como siempre, la única alternativa posible para vencer la guerra cognitiva y la guerra convencional es no aislarse, es vincularse. Como hemos analizado en otros artículos, ya existe la infraestructura para garantizar la distribución de alimentos y la administración de la salud; lo único que tenemos que hacer es incorporarnos a esas estructuras.

Debemos recordar que la soledad es la madre de la dominación, y el vínculo es la estrategia perfecta de liberación y victoria. El vínculo es la expresión de la reunión, ya que cuando estamos vinculados tenemos la tendencia a reunirnos, y la reunión es la expresión máxima del amor. Pues cuando la gente ama, quiere estar reunida con quien ama. Y en cuanto al amor, ya lo sabemos: «Dios es amor», como dice el apóstol Juan (1 Juan 4:8). Por tanto: «Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Romanos 8:31).

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Formar para disputar: soberanía comunicacional y resistencia en las redes

Prensa LAUICOM – En el marco de la formación integral de la Cohorte XIX del Diplomado en Comunicación Política, la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM) continúa sus clases con el Módulo de Gestión Avanzada de Redes, impartido por Gerson de León, responsable del Departamento de Comunicación de LAUICOM, respondiendo a la necesidad estratégica de formar comunicadores capaces de disputar la narrativa en los territorios digitales.

Donde las redes se han convertido en escenarios centrales de la guerra cognitiva, la manipulación algorítmica y la defensa de la soberanía informativa de los pueblos, al concentrar en manos de corporaciones transnacionales la capacidad de definir qué se ve, qué se calla y qué se normaliza, condicionando así la percepción de la realidad.

Los participantes estudian la teoría general de redes, marketing digital con enfoque político, no para mercantilizar la comunicación, sino para articular campañas que impulsen conciencia, movilización, contranarrativas populares, la creación y gestión de campañas integrales.

Se abordan también las políticas en redes: cómo las megaplataformas imponen reglas que silencian luchas del Sur Global, la lógica extractivista de los datos y la falsa neutralidad de los algoritmos como instrumentos de control discursivo.

En LAUICOM, no se trata de dominar las redes, sino de liberarlas. ¡Seguimos en formación, en lucha y en construcción colectiva!

Guerra cognitiva contra Cuba

Por Fernando Buen Abad Domínguez 

Además de todos lo bloqueos económico-políticos, el imperialismo despliega contra Cuba la guerra cognitiva más prolongada, sistemática y sofisticada en el inventario de dominación semiótica en nuestra época. No se libra solamente contra un territorio, ni contra un gobierno, se libra contra una posibilidad histórica del pensamiento humano. Cuba no es sólo un país; es una semiosis emancipadora, una arquitectura simbólica que condensa la experiencia de […]

Además de todos lo bloqueos económico-políticos, el imperialismo despliega contra Cuba la guerra cognitiva más prolongada, sistemática y sofisticada en el inventario de dominación semiótica en nuestra época. No se libra solamente contra un territorio, ni contra un gobierno, se libra contra una posibilidad histórica del pensamiento humano. Cuba no es sólo un país; es una semiosis emancipadora, una arquitectura simbólica que condensa la experiencia de la dignidad organizada. Atacar a Cuba es atacar la hipótesis de la libertad consciente. Por eso, el enemigo despliega sobre ella todo su arsenal de distorsión cognitiva, manipulación perceptiva y colonización emocional.

I. Semiótica de una agresión prolongada

Toda guerra es una disputa por el sentido. Pero en la guerra cognitiva, el sentido mismo es convertido en arma. Se ataca la capacidad de una sociedad para interpretar su realidad, para amarse en su historia, para pensarse desde su propia experiencia. Contra Cuba se ha diseñado una maquinaria de des-semantización, cuyo objetivo no es destruir físicamente, sino vaciar semánticamente los signos de la Revolución, hacer que “soberanía” signifique aislamiento, que “socialismo” signifique atraso, que “revolución” signifique dictadura. El imperialismo semiótico consiste precisamente en imponer el diccionario de la dominación como si fuera lenguaje universal.

Durante más de seis décadas, Cuba ha sido laboratorio y espejo, el laboratorio donde se ensayan nuevas tecnologías de persuasión imperial, y el espejo donde el mundo observa, según su conciencia, la dignidad o la rebeldía de un pueblo que decidió pensarse sin amos. La agresión cognitiva no se limita a los titulares de prensa o los guiones de Hollywood, infiltra las matrices de percepción, los algoritmos de la emoción, las estructuras de deseo.

II. Armas cognitivas, del rumor a la neurosemiótica del odio

Sus armas cognitivas son “invisibles” pero letales. No disparan balas, sino metáforas envenenadas. No ocupan territorios, sino cerebros. La inteligencia imperial trabaja sobre un principio que la semiótica crítica debe desnudar, dominar es controlar la interpretación. Por eso se fabrican microclimas semióticos —escenarios donde las palabras se cargan de pasiones inducidas—, y se suplantan las categorías de análisis por estímulos emocionales prefabricados.

Sus redes sociales imperiales se han convertido en los nuevos campos de batalla, algoritmos de inteligencia artificial monitorean reacciones, segmentan poblaciones y adaptan mensajes según los puntos de quiebre psicológicos de cada grupo. Esta es la neuro-semiótica del odio, una maquinaria que busca detonar emociones disolventes, desactivar la memoria histórica, inducir frustración y culpar al socialismo de los efectos del bloqueo. La estrategia no es debatir ideas, sino saturar la conciencia de afectos tóxicos hasta anular la capacidad crítica. Cuba es sometida a una agresión donde las fake news son una bala simbólica y cada silencio mediático es una bomba de vacío. Así opera la ingeniería del desprestigio, no se busca refutar la Revolución, sino intoxicar la percepción de tal modo que el concepto de Revolución pierda su poder convocante. Y entonces dicen que es una “dictadura”.

III. Ontología del bloqueo cognitivo

Su bloqueo económico, político y financiero tiene correlatos en el bloqueo cognitivo. Se trata de impedir que el mundo piense a Cuba como posibilidad, de aislarla del pensamiento planetario mediante una muralla de prejuicios. El bloqueo cognitivo produce una realidad invertida, el agresor aparece como defensor de la libertad, y la víctima, como represor. Es el terrorismo semántico del lenguaje colonial.Nuestra filosofía de la semiosis propone que cada acto de interpretación es una batalla por el ser. Lo que se bloquea en Cuba no es sólo la entrada de mercancías, sino la circulación de significados emancipadores. El imperialismo necesita impedir que las palabras “educación gratuita”, “médico internacionalista” o “solidaridad” se vuelvan deseables para los pueblos. Por eso promueve un sistema mundial de intoxicación semiótica donde la pobreza espiritual se disfraza de progreso.

IV. Ingeniería de la percepción, el mito de la “sociedad cerrada”

Una de las operaciones más finas del ataque cognitivo es el mito de la “sociedad cerrada”. Se construye una narrativa que pinta a Cuba como un enclave detenido en el tiempo, sin libertades, sin creatividad, sin alegría. Es la vieja retórica colonial, pero ahora con estética de Netflix y gramática de influencer burgués. Se confunde deliberadamente la crítica con la calumnia, el análisis con el sarcasmo. Su objetivo es inducir una culpabilidad ontológica, que el pueblo cubano sienta vergüenza de su revolución, que parezca vieja, que la juventud interiorice como “atraso” lo que es en realidad coherencia ética y fututo pleno. Así se pretende vaciar de sentido el heroísmo cotidiano, las colas compartidas, la invención colectiva frente a la escasez. El enemigo quiere que cada carencia material se traduzca en desmoralización simbólica. En derrota moral.

V. Resistencias cognitivas, semiosis de la dignidad

Pero hay otra guerra —silenciosa, profunda, creadora— que Cuba libra con genialidad, la guerra por el sentido emancipado. Cada alfabetizador, cada médico internacionalista, cada músico o maestro, son guerrilleros de la semiosis. En ellos, el signo no se vende ni se arrodilla, se comparte. La cultura revolucionaria cubana ha demostrado que el signo liberado del fetiche mercantil puede ser fuente ética de belleza y conciencia. Cuba resiste no sólo con vacunas, sino con símbolos. En su cine, su poesía, su educación y su comunicación, late una epistemología de la dignidad. En la palabra y la presencia imborrable de Fidel, de Raúl, del Che y de Camilo. Se trata de una praxis semiótica de nuevo género, no busca “competir” en el mercado simbólico, sino des-mercantilizar la producción del sentido. En un planeta donde el entretenimiento se ha convertido en anestesia global, Cuba insiste en la memoria, en la palabra crítica, en el arte como forma de verdad.

VI. Filosofía del ataque, el miedo a la conciencia

¿Por qué tanto odio contra un pequeño país pleno de dignidad que cura enfermos y enseña a leer? Porque el imperialismo teme más a una idea que a un ejército, teme a la conciencia. La guerra cognitiva contra Cuba no se explica por la geopolítica, sino por la semiótica del miedo. Cuba demuestra que es posible una sociedad donde los medios, los modos y las relaciones de producción de sentido no sean propiedad privada, donde la cultura sea bien común, donde la inteligencia colectiva venza al lucro. Esa demostración, aunque imperfecta y asediada, es insoportable para el orden burgués mundial. El capitalismo necesita que la humanidad crea que no hay alternativa. Cuba demuestra lo contrario. Por eso hay que destruirla no físicamente —sería demasiado evidente— sino simbólicamente, de manera que el mito del “fracaso socialista vetusto” se imponga como verdad psicológica. La guerra cognitiva es la forma contemporánea del terrorismo epistemológico.

VII. Hacia una contraofensiva semiótica

Responder a esta guerra requiere más que comunicación, requiere una Filosofía de la Semiosis revolucionaria. Es preciso crear inteligencia de la conciencia, sistemas científicos para detectar, analizar y desmontar las operaciones cognitivas del enemigo. No se trata de propaganda, sino de epistemología militante. Cuba puede ser vanguardia también en este frente si convierte su acumulado cultural en un laboratorio mundial de comunicación emancipadora. Cada escuela, cada radio comunitaria, cada red de pensamiento puede ser un nodo en la red de la semiosis liberadora. La defensa del pensamiento es la defensa de la vida. Hay que alfabetizar cognitivamente a los pueblos, enseñar a leer los signos del enemigo, a detectar las trampas de la emocionalidad inducida, a desarmar las metáforas del poder. La semiótica de la Revolución debe volverse un método cotidiano, pensar críticamente cada imagen, cada palabra, cada gesto.

VIII. Conclusión, el signo emancipado y emancipador como trinchera

Esa guerra cognitiva contra Cuba es la expresión más avanzada del colonialismo simbólico, pero también el escenario donde se forja la nueva ciencia de la emancipación comunicacional. Frente a los arsenales del engaño, Cuba responde con la lucidez de su pueblo, con el poder de su cultura, con la ética de su memoria. Cuba no es sólo víctima, es maestra. Enseña que la dignidad, cuando se vuelve método de pensamiento, desarma imperios. Enseña que el signo, cuando se libera del fetiche capitalista, puede ser trinchera y horizonte. Enseña que la conciencia, cuando se organiza, es invencible. En la era de la inteligencia artificial y la manipulación masiva, la Revolución cubana sigue siendo el acontecimiento semiótico más audaz del siglo XX que aún pulsa en el XXI, una revolución del sentido, un acto de soberanía cognitiva. Defenderla es defender la posibilidad misma de pensar libremente. Porque la guerra cognitiva contra Cuba es, en el fondo, una guerra contra la humanidad pensante. Y resistirla —con ciencia, arte y conciencia— es la forma más alta de amor por la verdad.

Por todo eso, la operación para quebrar la fuerza simbólica de Fidel Castro combina la técnica fría del sabotaje con la arquitectura emocional de la difamación, no basta con conspirar para eliminar al líder físicamente, había que corroer su aura, transformar su presencia pública en fábula de fracaso y ridículo. Desde planes encubiertos descritos en documentos oficiales hasta campañas de radio y folletos diseñados para sembrar desconfianza, la estrategia fue siempre doble,desautorizar la palabra de Fidel y, simultáneamente, reescribir la memoria colectiva que lo legitimaba. 

Todos los expedientes desclasificados muestran que la CIA y redes asociadas ensayaron tanto la aniquilación física como la degradación simbólica —desde el asedio mediático hasta propuestas grotescas pensadas para humillar (los famosos ‘cigarros’, la manipulación de su imagen, el sabotaje de discursos)— porque sabían que la huella moral de Castro excedía cualquier blanco militar, atacarlo públicamente era atacar el epicentro narrativo de la Revolución. La violencia semiótica fue por tanto una prolongación instrumental de la agresión política. A ese repertorio se sumaron actores exógenos y locales que alimentaron una guerra total de rumores, falsas atribuciones y operaciones de prensa —desde militantes anti-castristas hasta grupos de la diáspora que trabajaron como multiplicadores—. La desinformación se alimentó de una lógica precisa, convertir la excepcionalidad ética del proyecto cubano en anécdota escandalosa; traducir la solidaridad internacional en fraude; hacer creer que el liderazgo moral de Fidel no es otra cosa que cinismo y simulacro. 

Filosóficamente, el ataque a Fidel revela la desesperación del poder hegemónico ante la posibilidad de un ethos alternativo, no se trata sólo de vencer a un hombre, sino de neutralizar una forma de hablar, de actuar y de convocar a la esperanza colectiva. Por eso la contraofensiva emancipadora debe reparar en la dimensión simbólica de la lucha,recuperar la narrativa, reinstalar la memoria crítica, desactivar la bomba semántica del descrédito y volver a convertir la palabra en praxis. Sólo así se desarma la operación que quiso convertir a Fidel en una advertencia y no en un ejemplo de insurgencia moral. “Impedir que sea Dios”.

Tal Guerra Semiótica contra el socialismo es el laboratorio donde el capitalismo fabrica su gramática del miedo. Se trata de una ofensiva total sobre el lenguaje y la imaginación, el enemigo no combate una doctrina económica, sino una forma de sensibilidad. Se manipula el signo “socialismo” hasta saturarlo de connotaciones negativas, fracaso, represión, miseria. Es una guerra donde los conceptos se sustituyen por reflejos condicionados, donde la palabra “colectivo” se asocia a pérdida de libertad y la palabra “mercado” a sinónimo de vida. El capitalismo, maestro en la fabricación de fetiches, necesita que el socialismo sea percibido como una patología de la historia, una desviación contra natura del individuo moderno. Así se implanta la semiótica del miedo al nosotros, la anestesia de clase que impide imaginar cualquier comunión solidaria que no pase por el consumo.

Pero la semiótica socialista, aunque asediada, guarda una potencia latente que el capitalismo teme, su capacidad de traducir la justicia en belleza, la cooperación en conocimiento, la equidad en horizonte simbólico. Por eso el enemigo no deja de atacar su lenguaje, infiltra sarcasmos en la educación, banaliza su historia, caricaturiza sus logros. Quiere envejecerlos a toda costa. Es un intento de vaciar de alma a la idea misma de emancipación. Sin embargo, allí donde la palabra “socialismo” logra recuperarse de la calumnia y volver a ser semilla de esperanza, se produce un milagro epistemológico, la conciencia se emancipa del fetiche, el signo vuelve a ser instrumento de verdad y la lucha de clases se convierte en lucha por la significación del mundo.

Por eso necesitamos la dialéctica de la autocrítica como antídoto científico frente a la petrificación del signo revolucionario en medio de la Guerra Simbólica. Ningún proyecto emancipador puede sostener su potencia si no revisa, con rigor y valentía, las formas en que produce y comunica sus propios significados. En un escenario donde el enemigo domina la semiosis global —las emociones, los relatos, los algoritmos—, el peligro no es sólo ser derrotado por la mentira, sino repetirla sin advertirlo. Síndrome de Estocolmo semiótico. La autocrítica es la forma más alta de inteligencia colectiva, la conciencia de que incluso las causas justas pueden enmudecer bajo los escombros de su propia retórica si no renuevan sus modos de decir y de sentir. En la guerra del sentido, el error no se paga sólo con confusión, sino con desafección. La revolución que no se analiza a sí misma, que no indaga sus fallas comunicacionales, se vuelve su propio enemigo simbólico.

Es extremadamente urgente, para todos nosotros, una redirección en la batalla semiótica par la emancipación. De la mano de Cuba. Autocriticarse no es autodestruirse, sino garantizar que la verdad de los fines no sea traicionada por los medios. Es un ejercicio de higiene semiótica, una pedagogía de la lucidez, una práctica que impide que la conciencia se fosilice en consignas vacías. En la Guerra Simbólica, donde el adversario convierte cada debilidad en espectáculo y cada contradicción en prueba de “fracaso”, la autocrítica es una forma de ofensiva, revela la madurez ética de un movimiento capaz de pensarse y corregirse sin pedir permiso al enemigo. Sólo una semiosis viva —capaz de autorregularse, de integrar el error como aprendizaje— puede mantener la iniciativa cultural. Allí donde hay autocrítica, hay revolución pensante; allí donde falta, comienza la domesticación del símbolo y el triunfo de la impostura. Y no hay tiempo que perder. 

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LA GUERRA COGNITIVA EN TIEMPOS DE LUCHA ARMADA 2

El ataque a lo simbólico

Por Prof. Roger Garcés Vicerrectorado de investigación LAUICOM

Antes de revisar cómo se ataca a lo simbólico debemos tener claro qué es ese dominio de la mente que han llamado lo “Simbólico”. La mente humana está movida por razones y por emociones, y dentro de las muchas cosas que despiertan la emoción están los símbolos. Un símbolo es una construcción humana que tiene una inmensa energía psicológica. La palabra símbolo viene del griego “Symbolom” y se refiere a un antiguos procedimiento jurídico que se usaba en la Grecia de Homero.

SÍMBOLO Y DIABOLO
En la antigua Grecia, cuando había dos personas que reclamaban algo (como una herencia), el juez mordía una moneda, que se llamaba Óbolo, que como eran de estaño era muy fácil romperla con los dientes y una vez la moneda había sido partida por la mitad, se le entregaba a cada litigante una de esas mitades. Como podemos suponer las dos mitades encajaban perfectamente la una con la otra, por tanto, no había posibilidad de falsificar ninguna de las mitades. Cuando las dos mitades estaban unidas y encajaban a la perfección la una con la otra, ese proceso se llamaba “Synbolom” que es de donde viene nuestra palabra “Símbolo”, y quiere decir: lo que une. De manera que “Símbolo” es todo aquello que “Une”. Por el contrario, cuando las dos mitades estaban separadas, se llamaba “Diabolo”, que es de donde vienen nuestra palabra “Diablo”; de manera que lo diabólico es lo que desune. Entonces tenemos que Símbolo es lo que une y diabolo lo que desune. Con el pasar del tiempo, los símbolos adquirieron una dimensión muy especial, llegaron a ser inconscientes. Es decir, despiertan procesos que el sujeto ni siquiera sabe que tiene en su mente, justamente por ser inconscientes.
En la actualidad, el “Símbolo” se distingue del “Signo”, porque el primero es inconsciente y el segundo es consiente. Cuando vemos un cigarrillo dentro de un círculo y una raya que los cruza diagonalmente, se activa la CONCIENCIA y sabemos a través del razonamiento que quiere decir: “No fumar”. Pero si vemos una Cruz o una Svástica nazi, se nos remueve en el alma una energía que uno no sabe exactamente qué es pero que moviliza la conducta, esos son Símbolos. De manera que el Símbolo es inconsciente y el signo es consiente.
En concordancia con lo que hemos dicho antes, tenemos que el Símbolo moviliza energías inconscientes y además une a una población.

SÍMBOLOS PATRIOS Y SÍMBOLOS CHAVISTAS
Para la construcción de una nación se construyeron los “Símbolos patrios”, en Venezuela son el Escudo, la Bandera y el Himno Nacional, pero los venezolanos tenemos muchos símbolos que nos unen. Los que mencionamos antes, son símbolos oficiales, pero además tenemos muchísimos símbolos no oficiales que reúnen a los venezolanos y que van desde las cosas más profanas hasta las más sagradas, como la navidad, el béisbol, José Gregorio Hernández, la arepa, Simón Bolívar, etc.
Como símbolos que nos unen a los chavistas tenemos a Chávez, los ojos de Chávez que se dibujan en franelas, en chaquetas y están pintados en las escalinatas de El Calvario, el mausoleo del Cuartel de la Montaña (donde está la Flor de los cuatro elementos, en la que reposan los restos de Comandante eterno), el Panteón Nacional, donde reposan Bolívar y los héroes de nuestra independencia, la Plaza Bolívar, el brazalete tricolor, etc.

DESTRUCCIÓN DE SÍMBOLOS

Las guerras y los procesos de colonización implican imponer una simbología sobre la simbología del país conquistado, por eso los españoles se empeñaron en construir sus iglesias sobre los templos indígenas. Por eso Haia Sofía, tal vez la más fastuosa construcción de Estambul, cada vez que ganaba un ejército, continuaba la construcción según su religión; si ganaban los cristianos hacían una iglesia, si ganaban los musulmanes, hacían una mezquita, recordemos que se trataba de un país fundamentalmente musulmán.

Por eso las tropas yanquis se ocuparon activamente en la destrucción cultural de Bagdad. En el 2003, en el marco de la Operación “Libertad Iraquí” (recuerden que ellos siempre dicen que vienen a “liberar”), los gringos destruyeron todos los tesoros arqueológicos de Irak, incendiaron templos, saquearon museos, arrasaron con sitios arqueológicos de valor incalculable, se robaron la piedra que tenía las leyes escritas más antiguas del mundo que era el “Código de Hanmurabi”, y miles de objetos de la cultura de Bagdag. La idea de los gringos era clara: Borrar absolutamente la memoria histórica de Irak; al borrar la memoria histórica se borra la conciencia y se anula la manera de cómo el sujeto se inserta en la historia. Para ampliar este tema, sugiero la lectura del libro de Fernando Báez: “La destrucción cultural de Irak, un testimonio de posguerra”, que pueden bajar de internet.
En México los conquistadores saquearon y destruyeron miles de templos mayas y aztecas, y quemaron cientos de códices que describían a esas desarrolladas culturas. En realidad, eran pueblos muy avanzados, muestra de ello son la arquitectura y los ingeniosos sistemas de riego, pero la imagen que nos llega a nosotros de los aztecas es la imagen que nos da Hollywood, que nos dice que eran caníbales que comían el corazón de sus enemigos.
En Bolivia, los incas eran otra cultura sumamente desarrollada, ya conocían los antibióticos y se ha llegado a la conclusión que las “Puertas del Tiahuanaco” eran en realidad un observatorio astronómico. Nuestros ancestros bolivianos ya tenían observatorios astronómicos miles de años antes que los europeos, pero la imagen que el conquistador nos metió en la cabeza es que “eran seres bárbaros y sin inteligencia alguna” como ha dicho Víctor Heredia en su monumental obra musical “Taky Ongoy” que no me cansaré de recomendar.

Recuerden el axioma del conquistador: “Los dioses vencedores convierten en demonios a los dioses vencidos”.

EL LENGUAJE DE LOS BOMBARDEOS

Lo que hemos señalado es que las batallas que se libran con las armas que matan a personas, están unidas a las batallas que se libran con las armas que matan símbolos. Como hemos dicho, los símbolos unen a la gente y lo hacen de forma inconsciente, en caso de una invasión, es sobre los símbolos donde los gringos van a descargar toda su fuerza con la más ignominiosa saña y perversidad. No es de extrañar que entre sus planes esté bombardear el cuartel de la Montaña o el Panteón nacional, la Plaza Bolívar o el Palacio de Miraflores que tiene una importancia no solo estratégica sino también simbólica. También serán sus objetivos las recientemente inauguradas plazas en honor a China y a Rusia, las estatuas de Chávez y todo lo que signifique chavismo y revolución bolivariana. Las bombas tienen un lenguaje, abierto y explícito, que de tan explícito que es, aturde cuando hablan y nos hacen saber sus intenciones. Por ejemplo, cuando los sionistas bombardean hospitales y campamentos de refugiados, lo que están comunicando es que a los palestinos no les van a permitir ni siquiera el derecho a ser curados de las heridas que ellos mismos les infringen con sus bombas. El lenguaje de los bombardeos sobre Palestina es que los sionistas le están diciendo al mundo que ellos consideran que los palestinos son “Sub-humanos”. Antes lo dijo con palabras Netanyahu, pero ahora lo dicen las bombas, y las bombas van a destruir cualquier Símbolo (Synbolom, cualquier cosa que una o reúna) a las fuerzas de la revolución.
El ataque a los símbolos lo hacen de forma rápida y certera. Recuérdese que el 12 de abril de 2002, lo primero que hicieron los fascistas fue derogar la constitución bolivariana y poner en vigor la que hicieron los ricos en la 4ta república. También eliminaron el nombre de “República bolivariana de Venezuela” y en su lugar quisieron revivir el de “República de Venezuela”.

Recuérdese que el 28 de julio del año 24, los asesinos llamados los comanditos salieron a derrumbar las estatuas de Chávez y de José Gregorio Hernández.
Un efecto devastador contra un pueblo es cuando su líder o cabeza visible es atrapado, humillado o asesinado; eso fue lo que hicieron con Gadafi y con Sadam Hussein, y de seguro eso es lo que intentan hacer con nuestro líder, el conductor de victorias.

QUÉ HACER ANTE ESTE EL ATAQUE A LOS SÍMBOLOS
Ya sabemos que los imperialistas se van a valer de cualquier medio para destruir símbolos, tanto los símbolos que unen a los venezolanos en general, como los que unen a los revolucionarios en particular. Ante este escenario de lucha en lo simbólico, hay que desarrollar algunas estrategias:
1. AFERRARSE CON EL ALMA A ESOS SÍMBOLOS, porque, aunque los destruyan físicamente, no los puedan destruir en nuestra alma. Hay que aprendérselos de memoria para que cualquier revolucionario pueda reconstruirlos una vez alcanzada la victoria. Hay que conocer nuestros símbolos patrios, saberse el himno nacional, conocer nuestro escudo, conocer y reconocer el libro azul, las canciones de Alí, los inscritos en el PSUV deben saberse el himno del partido, etc.

2. SABER QUE LO QUE ELLOS VAN A DESTRUIR, NOSOTROS, TARDE O TEMPRANO LO VAMOS A RECONSTRUIR. Tenemos que saber que la función del imperialismo es destruir, nuestra función es reconstruir. La función del imperialismo es “diabólica” (recordar “Diabolo”, la moneda partida y desunida), y nuestra función es simbólica (unir). Jorge Luis Borges cuenta la historia de las hordas de los mogoles que asolaban China y destruían sus poblaciones y arrasaban sus cosechas. Una vez que los mogoles se iban, los chinos reconstruían sus pueblos y volvían a sembrar. Cuando volvían los mogoles, volvían a arrasar con todo, y luego los chinos a reconstruir. Hoy nadie recuerda a los mogoles, tan fugases fueron en la historia como sus caballos. Los mogoles desaparecieron y los chinos siguen dando ejemplo al mundo. La verdadera victoria es la *PERSISTENCIA*, por eso el enemigo se encarga de entrar en las mentes de los atacados (atacando sus símbolos), justamente para quebrar su moral y eliminar su persistencia. La derrota no consiste en perder una batalla sino en dejar de luchar.

3. MANTENERSE SEGURO E INAMOVIBLE ANTE LOS ATAQUES. Como hemos visto, los ataques en realidad son insultos; insultos a la moral, a la idiosincrasia, a la venezolanidad, a nosotros como seres humanos (como hacen con los palestinos que diariamente los insultan diciéndoles subhumanos que ni siquiera tienen derecho a recibir salud). Prestemos atención a este pasaje Zun Tzu:

“En primer lugar, has de ser capaz de mantenerte firme en tu propio corazón; sólo entonces puedes desmoralizar a los generales enemigos. Por esto, la tradición afirma que los habitantes de otros tiempos tenían la firmeza para desmoralizar al mando enemigo, y la antigua ley decía que cuando la mente original es firme, la energía fresca es victoriosa”, “esta es la razón por la que esa clase de ejércitos miran por encima del hombro a enemigos fuertes”.

Si los bombardeos tienen un lenguaje, este lenguaje va a proferir insultos y escupitajos a lo más sagrado que tengamos, por ello nuestra postura debe ser INAMOVIBLE, firme como una roca. Si nos mantenemos firmes, los desmoralizados van a ser los enemigos, y podremos mirar a los imperialistas por encima del hombro, así lo afirma Zun Tzu.

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LA GUERRA COGNITIVA EN TIEMPOS DE LUCHA ARMADA

Por Prof. José Garcés Vicerrectorado de investigación LAUICOM

Se tiende a pensar que la Guerra cognitiva es una fase de preparación para la guerra convencional y que se acaba una vez que comienzan los disparos. la realidad es otra, cuando el conflicto armado se desata es cuando la Guerra cognitiva arremete con mayor fuerza. Así que, si se concretan las amenazas de invasión por parte del imperialismo, debemos prepararnos porque no solamente van a venir a destruir nuestro país, nuestras instituciones y saquear nuestras riquezas, para lograr eso van a destruir nuestra moral, arrastrar nuestra alma y enlodar todo lo más sagrado que hayamos tenido alguna vez en la vida. Tal es la crueldad de la guerra cognitiva en tiempos de lucha armada. Si algo va a caracterizar esa fase de la guerra cognitiva es el carácter despiadado que mostrará, recordemos que “despiadado” es esa condición en donde no se muestra piedad alguna. Pues eso es lo que veremos en una etapa de lucha armada.


Es conocida la frase de que en las guerras, la primera víctima es la verdad. Así que cuando se desate un conflicto armado, HAY QUE DUDAR DE TODO LO QUE CIRCULE POR LAS REDES QUE CONTROLA EL ENEMIGO. Por lo tanto, debemos construir nuestras propias redes de comunicación y desarrollar métodos que no puedan ser penetrados por el enemigo. Recordemos, si nos basamos en sus RRSS, en internet y en sus grandes periódicos, de entrada, ya estamos perdidos. Si basamos nuestra información en los medios que ellos dominan, se cumplirá lo vaticinado en el apocalipsis cuando habla de que el maligno utilizará “prodigios de engaños” para “engañar al mundo entero”.

LAS MENTIRAS PARA LA INVASIÓN

Las mentiras que preparan el terreno para que la ONU, la comunidad internacional o incluso parte de la población invadida, apruebe una invasión, son variadas y adaptadas a cada caso particular. En primer lugar, nunca dicen abiertamente que se trata de una invasión; por el contrario, siempre dicen que se trata de una «Liberación».


Mi profesora de ruso me contó que durante la Gran Guerra Patria, (mal llamada segunda guerra mundial), las tropas nazis llegaban a las aldeas rusas portando estandartes y grandes afiches de Hitler y diciéndole a los pobladores que Stalin era un dictador y que él Führer era «El Libertador», y que, ellos venían a liberarlos. Luego, metían a todos los aldeanos en la iglesia con la excusa de darles un discurso y cuando todos estaban dentro, cerraban las puertas, y le prendían fuego a la iglesia. Esto sucedió 623 escalofriantes veces.


Esa es la metodología que usan los fascistas para invadir pueblos; la mentira siempre es su primera arma. Simplemente recuerde:


1. La voladura del Maine en la Bahía de la Habana en 1898 y echarle la culpa a España para declararle la guerra y luego quedarse con Puerto Rico, Cuba, Filipinas y la Isla de Guam.
2. La supuesta amenazaba para la seguridad nacional de Estados Unidos por parte de Grenada, que fue excusa para invadirla en 1983.
3. Acusar a Irak en 1990 de tener “armas de destrucción masiva” para derrocar a Sadam Hussein.
4. Acusar a los talibanes de La voladura de las Torres gemelas en 2001 para luego invadir Afganistán.
5. Acusar a Gadafi de dictador y terrorista para asesinarlo en 2011 y luego saquear Libia.


Así, hay una larga lista de países que incluyen a México, Cuba, Nicaragua, Haití, República Dominicana, Panamá, Granada, Corea, China, Vietnam, Camboya, Laos, Afganistán, Pakistán, Filipinas, Japón, Yemen, Bosnia, Yugoslavia. Líbano, Libia, Irak, Siria, Sudán y Somalia. Y ahora, los EEUU acusan al Presidente venezolano de narcoterrorista. Cuando Jesús describe al maligno diciendo: “Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso y padre de mentira”, en realidad, parece que estuviera describiendo a los EEUU, que han usado infinidad de mentiras para invadir a pueblos inocentes para saquear sus recursos.

SUN TZU Y LA GUERRA COGNITIVA


Sun Tzu en “El arte de la guerra” (Siglo V a.c.) decía que la guerra tiene cinco reglas fundamentales que podemos relacionar con defensa cognitiva:
1. Cada batalla se gana antes de pelear. La moral es lo primero que debemos mantener en alto. Mucho antes de levantar un fusil hay que levantar la moral y la absoluta confianza en la victoria.

2. Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de cien batallas. El enemigo tratará de destruir la confianza en los mandos y en las instituciones, si tenemos absoluta confianza y fe en nuestros mandos y en nuestras instituciones, seremos invencibles. Es ahora cuando van a comenzar los ataques y saboteos a los servicios de agua, de luz eléctrica, de gas y a la elaboración y distribución de alimentos y gasolina. También van a circular videos, rumores y audios, acerca de supuestas fracturas en las Fuerzas Armadas, supuestas deserciones, y los clásicos engaños de que Padrino López está grave o huyó a Rusia.

3. “Toda guerra se basa en el engaño”. Pues, es a partir de este momento en que va a arreciar con inusitada frecuencia la Guerra cognitiva con videos y audios en las RRSS. No se extrañen si ven un video de Nicolás renunciando o un video de Nicolás peleando con Diosdado, simplemente recuerden que la ia puede servir para realizar “prodigios de engaños”.

4. “Las oportunidades se multiplican a medida que se aprovechan”. Una victoria abre las puertas para la próxima. No bajar nunca la guardia y siempre en perfecta unión y disciplina con los mandos.

5. “En la guerra, el camino es evitar lo fuerte y golpear lo débil”. Recuerden, nos van a golpear donde más nos duele. Nos van a hacer dudar de lo que creíamos estar seguros; donde abriguemos una pequeñísima incongruencia, van a crear una zanja insalvable. Van a tratar de dividirnos. Nos van a hacer pelear entre nosotros mismos de una forma nunca vista.

Ante esto, y hoy más que nunca recordemos al Comandante eterno: “UNIDAD, LUCHA, BATALLA Y VICTORIA”.

P.D.
En las próximas entregas analizaremos con más profundidad algunos de los puntos propuestos por Sun Tzu y los relacionaremos con los hallazgos que hemos tenido en nuestras investigaciones sobre Guerra cognitiva en LAUICOM.

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Diplomado en Comunicación Política aborda el poder simbólico y el liderazgo coherente en contextos de dominación global

Prensa LAUICOM- En la continuación del Diplomado en Comunicación Política impartido por Tamara Díaz, Vicerrectora de Asuntos Internacionales, se exploró la idea de que el dominio del capital global ya no se sostiene mediante la ocupación de territorios sino a través de la conquista de las mentes.

El objetivo estratégico consiste en reformatear la conciencia colectiva hasta lograr que la población defienda de manera pasiva y gratuita los valores del modelo capitalista occidental incluso cuando esto va en contra de sus propios intereses.

Díaz subrayó que la comunicación política no tiene como fin únicamente informar sino intervenir, moldear y orientar la percepción social. Durante un debate sobre liderazgo declinó la noción de que este sea una cualidad innata y lo definió como una decisión comparable al acto de aprender a andar en bicicleta que exige práctica, coraje, y sobre todo, coherencia.

«La incoherencia nos quita liderazgo» dijo al insistir en que la falta de alineación entre lo que se dice y lo que se hace erosiona la credibilidad y la autoridad moral.

El diplomado está dirigido tanto a estudiantes activistas como a profesionales y busca formar comunicadores críticos capaces de reconocer los mecanismos de dominación simbólica y proponer alternativas éticas estratégicas y transformadoras.

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¿QUÉ MENSAJE QUIEREN TRANSMITIR CON LOS VIDEOS EN LOS QUE EXPLOTAN LANCHAS?

Por Prof. José Garcés Vicerrectorado de Investigación LAUICOM

Recordemos a Derrida y su axioma: “No hay nada fuera del texto”, ya que TODO es mensaje.
Hay varios mensajes que se insertan en los videos que ha hecho circular el imperialismo y que muestra como hacen explotar a dos lanchitas. Este mensaje va a alimentar al “Mundo imaginal” (Corbin), que es el encargado de “Tejer historias”, y estas historias son las que conectan la subjetividad con la realidad (Althuser).

A través de las historias que teje el Mundo imaginal, es como el sujeto se inserta en la Historia; construyendo una narración a la medida del colonizador y reconstruyéndose a sí mismo para poder insertarse en la Historia que definió el colonizador (Hobsbawn). Una narración que se deriva del Mundo imaginal y que legitima los planes del colonizador es la siguiente: “Ayer escuché que les habían quitado todas las armas a todos los soldados de todas las fuerzas armadas, y se las habían dado a los cubanos, que son los únicos que tienen armas, para que las fuerzas armadas no se le alcen a Maduro”.


No importa lo irracional ni lo absurdo, los opositores lo creen, pero no lo creen desde la racionalidad, ya que un simple análisis echa por tierra dicha aseveración. Lo creen desde el Mundo imaginal que habla fundamentalmente por medio de “Metáforas”. De manera que el Mundo imaginal está más cerca de la poesía que de la objetivación, y esta metáfora tiene un contenido oscurecido por la racionalidad.
A continuación, vamos a tratar de analizar algunas de estas ideas que están implícitas en los videos de las lanchas explotadas y de ellas trataremos de leer las metáforas ocultas:

  1. El atacado no tiene posibilidad de defensa.
  2. Desproporción abismal en el uso de la fuerza.
  3. Letales y certeros.
  4. Ignorar las leyes.
  5. Los narcos son peligrosos y se lo merecen.
  6. Las lanchas, aunque no representan una gran amenaza, pero aun así deben ser destruidas de forma implacable.
  7. Los ataques son certeros, quirúrgicos y solo para los terroristas. Hay una delimitación del radio de acción de las armas que usan contra las lanchas.
  8. Estar contra los ataques a las lanchas es defender los terroristas que no merecen sino la muerte.
  9. Los narcos (terroristas, etc.) se merecen la muerte.
  10. El ataque a tiempo es mejor.
  11. El ataque a Venezuela sería solo contra los narcotraficantes del régimen. Es común que la gente de la oposición piense: “Yo no voy a correr peligro”.

ANÁLISIS DE LOS MENSAJES Y SUS POSIBLES METÁFORAS.

  1. Los argumentos a favor de la destrucción de las lanchas tienen un antecedente: el discurso de que los “Terroristas” son peligrosos. Ahora bien ¿Quiénes son los terroristas? Ahí es donde se deja abierta la construcción de historias por parte del Mundo imaginal, que siempre es más aplastante que cualquier narrativa que se pueda hacer por los medios o las RRSS. Justamente dejar abierta la definición de terrorista es una estrategia muy inteligente: unos días son los del Tren de Aragua, otros son los Narcos, otros son los rusos, etc. Ahí el sujeto tiene toda la libertad de crear el enemigo como la historia con que iniciamos este análisis.
    Recordemos que Trump en su campaña se manifestó abiertamente en contra de los inmigrantes “que se comen las mascotas de los tranquilos ciudadanos estadounidenses”, de manera que el “Enemigo extranjero” (como la ley que desempolvaron y que constituye otra metáfora) es el sustrato del mensaje. En el fondo, y es el inicio de toda manipulación psicológica, la condición emocional definitoria de las personas manipuladas es el MIEDO. Son justamente las personas a quienes se les ha sembrado MIEDO.
  2. Una fragata militar que lanza misiles contra una pequeña y desarmada lancha en la que supuestamente había personas que fueron exterminadas en milisegundos, es lo más parecido a un ataque divino; así como Zeus que lanza un rayo y fulmina a sus enemigos. EL PODER DE LOS DIOSES ES INCONTROVERTIBLE Y SIEMPRE JUSTO.


Ignorar los tratados internacionales y atropellar el derecho es tradición del fascismo, que ha redescubierto y reconocido su sustrato divino y se encarga por todos los medios en proyectar, por eso todos los personeros de la administración Trump se muestran arbitrarios y autoritarios. Hemos visto que quien mejor encarna la noción de Autoridad es la figura de Dios (Koyeve). Discutir con el fascista y tratar de hacerle entender que está violando las leyes, no hace sino posicionarlo en su posición de DIOS.

  1. De lo anterior se desprende que los videos tienen el objetivo de ganar la opinión pública norteamericana, a los que se les ha exacerbado el MIEDO, tanto por la campaña sostenida de Trump como por los eventos internos (Muerte de Charlie Kirk). Paralelamente el mensaje también va dirigido al sector opositor venezolano que apoyan una invasión y a quienes también se les ha estimulado el MIEDO.
  1. Idea de inmediatez, de acabar el problema a corto plazo. Sugiere la idea de una solución certera y rápida pero aplastante, es mejor a una a largo plazo que puede conllevar a más problemas (el respeto a los derechos humanos es uno de ellos). Por eso el General Mola decía: “Cuando yo oigo la palabra cultura, me toco a ver si llevo la pistola”. Esta es la idea que se le ha sembrado a los partidarios de la oposición extremista.
  2. Apoyar las ejecuciones extrajudiciales, en el fondo es jugar a ser Dios. A los fascistas les gusta decidir quién vive y quién muere.
    Las metáforas son las siguientes:
    “Dios te salva del infierno (de los terroristas)”
    “Dios es siempre justo” (aunque mate a personas sin fórmula de juicio).
    “Dios escribe derecho sobre renglones torcidos”. (No conocemos las razones de Dios, pero si es poderoso, sus razones también deben ser muy poderosas).
    Dios debe actuar rápido. Si una persona tiene el poder de ver el futuro y prevenir lo que va a suceder, pues está muy cercana a Dios.

CARACTERÍSTICAS PSICOLÓGICAS DE LAS PERSONAS A QUIENES VA DIRIGIDO ESTOS VIDEOS:
Por lo general estas características psicológicas se corresponden con el esquema general de los afectos a la oposición fascista

  1. Esconden un MIEDO inconmensurable que compensan con la Rabia. La Rabia despierta el mecanismo de lanzar agresión no dirigida hacia el ambiente, que se devuelve al mismo sujeto y éste comienza a ver todo como amenazante. Se despierta en la persona una especie de “Paranoia”. Por eso lo ven todo negativo y su mecanismo compensatorio fundamental es la QUEJA.
  2. Exhiben una colonialidad a través de la “SUBALTERNIDAD” y entienden al mundo como el área de acción de un “SER SUPERIOR”, quedando ellos mismos y su miedo a la orden de ese “Ser superior”.
    Recordemos que el Narcisista actúa arbitrariamente y en su búsqueda de reconocimiento y grandiosidad, por lo general consigue a algunos servidores (chigüires) que establecerán con él un vínculo muy profundo, y lo venerarán como a un DIOS.
  3. Su inmadurez hace que confíen en SOLUCIONES INMEDIATISTAS.

ALTERNATIVA DE MANEJO:

  1. Constituirse en el “Lugar seguro” para los que tienen miedo. Nunca se debe castigar una conducta reforzada negativamente porque aumentará su frecuencia y topografía.
    Para el lugar “seguro” se debe manejar la idea ya conocida de: “Maduro es el Presidente de la PAZ”. Y mucho mejor si se hace a través de metáforas que son las que son el alimento del mundo imaginal.
  2. Hacer ver que las soluciones referidas a la inmediatez, por lo general son inmaduras y conducen a equivocación. Esas soluciones son signo de inmadurez emocional y pensamiento rígido.
  3. Desmitificar la idea de Dios y de la Subalternidad. Dios lo construimos entre todos. Dios es el vínculo y la interconexión.
  4. Favorecer la idea de vínculo e interconexión, y orientar en el reconocimiento y posterior manejo del miedo.
  5. Desmitificar la idea de que los ataques “son solo para Maduro y sus secuaces”. Recordemos que en Libia , según African Journal of Emergency Medicine, hubo más de 20.000 muertos, un número similar de heridos y cerca de medio millón de desplazados.

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EL ATAQUE A LAS LANCHAS EN EL CARIBE COMO EXPRESIÓN DE LA DESHUMANIZACIÓN

Por Prof. Roger Garcés
Vicerrectorado de Investigación LAUICOM

Tanto el colonialismo como el fascismo siempre ha recurrido a la deshumanización para lograr sus objetivos. La deshumanización ha conducido al asesinato masivo y al genocidio. Cuando Netanhayu afirma que los palestinos son subhumanos está dándole una justificación al asesinato masivo. Debemos recordar que para los conquistadores españoles, nuestros aborígenes “no tenían alma”, y ello justificó el mayor genocidio de la historia de este planeta. Así, la deshumanización ha sido la justificación perfecta para los procesos de conquista llevados a cabo por las potencias imperiales. En este momento, nuestra patria Venezuela también se enfrenta a este proceso de deshumanización cuando se intenta asociar la noción de “venezolano” a la idea de “narco-terrorista”.

Esta es una iniciativa que se inaugura con la segunda presidencia de Trump, que asumió como elemento fundamental de su campaña la idea de MAGA, «Make America Great Again» o hacer otra vez grande a América. Ya sabemos que los gringos suelen confundir Norte América con América y suelen confundir “crecer” con destruir a los demás. El ingente despliegue a nivel comunicacional de “Terrorismo”, “Tren de Aragua”,“Narcoterrorismo”, condujo al secuestro de 252 connacionales en una cárcel de máxima seguridad en El Salvador, quienes eran víctimas de tratos crueles por ser considerados “Terroristas del Tren de Aragua”. Como hemos visto en artículos anteriores, tratar de explicar o hacer entender que están violando leyes y tratados internacionales, solo ayuda a reforzar la imagen de “Rey” de Trump. Lo que queremos significar es que esto de deshumanizar a los venezolanos asociándolos con terroristas, ya tiene tiempo en el discurso de Trump.

La deshumanización ha sido estudiada y tiene múltiples abordajes que la explican y la escriben. De estos abordajes vamos a tomar dos interpretaciones y a partir de esas dos interpretaciones vamos a generar una consecuencia.

1. La deshumanización como “satanización”.

Esta visión se basa en la idea de que hay un “Salvador” que en una “Cruzada” contra el mal, está evitando que su pueblo sufra por algún “daño” que se cierne sobre ellos. La idea de Salvador conecta a nivel inconsciente con la noción de “Mesías” o “Iluminado”. Es decir, un ser superior (mesiánico) que se da cuenta de cosas que el común de los mortales no ve. Es fácil conectar la idea de “Ser superior” con la idea de “Rey”, y de “Dios”, (ya que Dios pone y quita reyes) que es lo que hemos venido afirmando en los últimos artículos (ver Dioses, Reyes y Fascistas), y los reyes tienen la prerrogativa de ser desproporcionados en sus cometidas. Simplemente recordemos a Napoleón cuando hacía de su puño y letra, ingeniosas acotaciones a “El Príncipe” de Maquiavelo, al margen de una página escribió: “Todo se puede con más”.


De manera que cuando se deshumaniza al otro para colonizar y aprovecharse de sus riquezas, inmediatamente y estableciendo un equilibrio psíquico, se incorpora al que deshumaniza con el imago de “Dios”, en una perversa ecuación: “Convierto al otro en Demonio y yo me convierto en Dios”. Recordemos el principio básico de la conquista y la sociología de las religiones: “Los dioses vencedores convierten de demonios a los dioses vencidos”, así los vencedores deben convertir en demonios a los vencidos (deben deshumanizarlos).

2. La deshumanización como racismo

El establecimiento de jerarquías humanas es una de las especialidades de los conquistadores y de los fascistas. Recordemos que los esclavistas tenían su “Teoría del umbral del lodo” (que sigue vigente en la mente de los supremacistas blancos actualmente en el poder en EE.UU). Uno de sus exponentes, el congresista estadounidense James Henry Hammond, afirmaba que “en toda sociedad debe existir necesariamente una clase baja para sustentar y mantener a la clase alta”.

De manera que la deshumanización entra en especial consonancia con la Teoría esclavista del Umbral del lodo que niega el principio de igualdad humana natural.

Consecuencia de la deshumanización

Siempre debemos recordar a Derrida y su axioma: “No hay nada fuera del texto”, ya que TODO lo que se transmita a través de los medios y se constituya en mensaje, comunica algo. Los videos insonoros en los que sobre un fondo negro que sugiere un mar, se hace explotar una lancha tienen un metamensaje que busca manipular la mente de quien ve esos videos. El tratamiento que se hace el imperialismo de sus supuestos tripulantes como “narcoterroristas” tratan de justificar sus arbitrarias, ilegales y criminales acciones. Es aquí donde entra en juego la DESHUMANIZACIÓN. Recordemos que los nazis decían que los judíos eran “Subhumanos” y lo mismo dice Netanyahu de los palestinos; los españoles decían que los indígenas no tenían alma y la inquisición degradó a la mujer a servidora sexual de Satanás, por lo que miles de mujeres fueron quemadas vivas, entronizando el dominio machista en la sociedad occidental.

A los ojos de los imperialistas, los narcoterroristas son demonios y son susceptibles de ser racializados y convertidos en subhumanos (no son gringos ojos azules, son negros y zambos venezolanos). Es decir, los narcoterroristas han sido deshumanizados y esto supuestamente justifica que los hagan explotar. Pero hay algo todavía más problemático: en el discurso del imperio (recuerden: “No hay nada fuera del texto”), la más cercana asociación de la palabra “narcoterrorista” es “venezolano”, recordemos el CECOT y los 252 connacionales. Si esta hipótesis es valedera, les tenemos muy malas noticas a los criollos que apoyan una invasión, pues también son venezolanos y a los ojos de los gringos no importa que toda la vida hayas votado por la oposición y hayas salido a quemar C.D.I. No importa que te quejes diariamente y despotriques contra el gobierno, no importa que odies a los chavistas; si los gringos logran entrar, ten la seguridad de que también te van a disparar.


Hermano opositor, en tu irracionalidad, perfectamente explicada por la Guerra cognitiva, tienes la infantil idea de que los gringos lo que van a hacer aquí es una operación quirúrgica de “Extracción”, como un odontólogo que pone una anestesia, saca la muela con caries y no toca a los demás dientes. Esa es una visión bastante ingenua, infantil y determinada por la ignorancia. Si solo te enteraras del bombardeo al barrio “El Chorrillo” en Panamá, de la destrucción total de Siria, Libia e Irak, ya podrías ir borrando esa insulsa sonrisa de tus labios. Querido hermano opositor, tú también has sido deshumanizado; simplemente porque también eres venezolano, tú también has sido convertido en demonio y has sido o puedes ser objeto de malos tratos por causas de racismo.
Este es momento para defender el único lugar que tenemos para vivir y es bueno que recuerdes al Martin Fierro:

“Los hermanos sean unidos
porque esta es la ley primera
tengan unión verdadera
en cada tiempo que sea
porque si entre ellos pelean
los devoran los de afuera”

Resumen:

La Deshumanización como satanización
La Deshumanización como racismo

Ambas sirven para descalificar al dueño de los recursos a saquear a través de las guerras

La consecuencia:
1. Todos los venezolanos hemos sido satanizados y hemos sido objeto de racismo.
2. Los soldados gringos, que han sido entrenados en la satanización y el racismo, dispararán contra todos los venezolanos (opositores y chavistas).
3. Hay que crear conciencia para trascender la ingenua ilusión de que solo se trata de una “Extracción quirúrgica”.

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Sin Truco Ni Maña: Cuba y Venezuela, Unidad y Dignidad

Prensa LAUICOM- En el podcast “Sin Truco ni Maña” #32, conducido por Tania Díaz, diputada y rectora de LAUICOM, se explicó la estrategia imperial de Estados Unidos contra Venezuela y se exaltó la resistencia histórica y creativa de los pueblos venezolano y cubano, unidos por una misma lucha: la defensa de su soberanía frente al bloqueo, la guerra cognitiva y la agresión militar encubierta.

El historiador y diputado Juan Romero recordó que Venezuela ha enfrentado al menos 17 intervenciones extranjeras desde el siglo XVI, desde corsarios hasta el bloqueo de 1902 contra Cipriano Castro. Destacó que la verdadera motivación imperial siempre ha sido el control de recursos estratégicos: oro, petróleo, y hoy, 18 de los 26 elementos de tierras raras que posee Venezuela, vitales para la tecnología global.

Romero presentó su libro “La sombra digital”, donde analiza el “ciberfascismo”: una nueva forma de dominación que, mediante inteligencia artificial y redes sociales, manipula emociones, deshumaniza al “otro” (el venezolano, el chavista) y prepara el terreno para la violencia, todo ello sin uniformes ni discursos abiertos de odio. Siendo más peligroso porque oculta la xenofobia y violencia.

Se tocó el tema de la reciente «operación de falsa bandera» con la captura de una lancha tripulada por un agente de la DEA, Levi Enrique López Batis, cuyo objetivo era criminalizar a Venezuela y justificar una intervención militar. La rápida acción de la Fuerza Armada desmontó la trampa imperial.

Caridad Meyvis Estévez Echeverría, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y de la Unión de Jóvenes Comunistas, y Osnay Miguel Colina Rodríguez, también del Comité Central, diputado y licenciado en bioquímica, ratificaron la unidad indestructible entre Cuba y Venezuela. «El que se meta con Venezuela se mete con Cuba y viceversa”, afirmó Colina, mientras Estévez destacó la “resistencia creativa” como antídoto principal: “En plena pandemia, Cuba desarrolló sus propias vacunas, a pesar del bloqueo”.

Destacaron el memorando de Lester Mallory (1960), funcionario del Departamento de Estado de EE.UU., donde se admite que el objetivo del bloqueo contra Cuba era “causar descontento y desaliento” en la población para derrocar la Revolución. Una estrategia idéntica a la aplicada hoy contra Venezuela: asfixia económica + guerra mediática = intento de fractura social.

El antídoto : memoria, unidad y creatividad

Para defender la soberanía frente a las amenazas externas, se identificaron tres antídotos fundamentales: una memoria histórica viva que impida repetir errores del pasado; la unidad indestructible entre pueblo y fuerzas armadas, clave para neutralizar intentos de desestabilización; y una resistencia creativa, expresada en soluciones propias como avances científicos o estrategias económicas innovadoras. Priorizando la vida humana sobre el lucro, y convocando a las nuevas generaciones a asumir con firmeza la defensa de los ideales revolucionarios.

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De la Calle a la Radio Bemba: Defensa de la verdad del pueblo frente a los medios hegemónicos

Prensa LAUICOM- El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, presentó el pasado 30 de julio de 2025 su libro «Calles, Redes, Medios, Paredes y Radio Bemba», una obra que sintetiza más de 15 años de experiencia, estrategia y resistencia en el campo de la comunicación política y popular, especialmente frente al impacto de las redes sociales y la guerra mediática.

El jefe de Estado explicó que el libro nace como respuesta a la evolución de las tácticas de desestabilización contra los procesos revolucionarios: desde el golpe mediático de abril de 2002 contra el Comandante Hugo Chávez, centrado en la televisión y los grandes medios, hasta las actuales guerras cognitivas digitales, donde las redes sociales, los algoritmos y las narrativas globales hegemónicas buscan manipular conciencias y fracturar la unidad popular.

Este libro es un manual de resistencia comunicacional. No es teoría abstracta: es la experiencia viva de cómo el pueblo venezolano ha defendido su verdad, su paz y su revolución frente a campañas de odio, fake news y bloqueos informativos. La radio bemba no tiene dueño, no tiene algoritmo, es la voz del pueblo multiplicándose sin permiso. Donde verdaderamente nace la contranarrativa.

Aprende a construir tu propia contranarrativa.

¡DESCARGA GRATIS el libro! “Calles, Redes, Medios, Paredes y Radio Bemba”, el manual para defender la verdad del pueblo frente a la manipulación mediática.

¡No dejes que otros piensen por ti!

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Encuentro Nacional de Bibliotecas y Editoriales Universitarias: Leer es resistir, escribir es organizar, publicar es movilizar

Prensa LAUICOM- En la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM) se realizó el Encuentro Nacional de Bibliotecas y Editoriales Universitarias, convocado por el Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria con el propósito de reafirmar el libro, la lectura y las bibliotecas como pilares fundamentales para la transformación social y la defensa del pensamiento crítico frente a la guerra cognitiva.

El acto inaugural estuvo a cargo del Dr. Ricardo Sánchez, Ministro de Educación Universitaria, destacando la campaña nacional “Más libros, menos pantallas”, impulsada por el Presidente Nicolás Maduro, como una iniciativa para equilibrar el uso de la tecnología con la profundidad que brinda la lectura, promoviendo ciudadanos capaces de discernir, reflexionar y resistir los efectos superficiales de las redes sociales.

Miguel Pérez Pirela, fundador de La Iguana TV, reconocido escritor y comunicador, abordó el concepto de “hipnocracia”: el dominio silencioso que ejercen los algoritmos y el desplazamiento constante de contenido sobre nuestra atención. Alertó sobre cómo el teléfono se ha convertido en el filtro central de nuestra existencia y recordó el legado del Comandante Chávez en la alfabetización digital con sentido comunitario.

Roigar Luis López, Viceministro para la Pequeña, Mediana Industria y Nuevas Formas Asociativas, explicó que la guerra de cuarta generación opera mediante narrativas falsas, manipulación emocional y desinformación masiva, utilizando las redes sociales como campo de batalla donde los usuarios son convertidos en mercancía. Resaltó la respuesta soberana de Venezuela: fortalecimiento de medios públicos, programas de formación, diplomacia de paz y normativas que protegen la identidad nacional frente a intentos de deshumanización.

«El ciberfascismo no necesita tanques ni campos de concentración: basta con algoritmos, influencers y discursos de odio que construyan enemigos internos y legitimen el miedo», alertó el Diputado Dr. Juan Eduardo Romero Jiménez. En Venezuela, esta amenaza se manifiesta en campañas digitales que buscan fracturar el tejido social, manipular percepciones y deslegitimar la soberanía nacional, convirtiendo la IA no en herramienta de progreso, sino en arma de dominación simbólica

Las bibliotecas son trincheras simbólicas del pensamiento crítico

Durante el desarrollo del encuentro, Salvador Matheus, Director del Fondo Editorial de la OPSU, presentó siete estrategias concretas bajo la dirección del Presidente Maduro y en continuidad con el legado del Comandante Chávez para triunfar en la guerra cognitiva:

  1. Creación de la Red Nacional de Bibliotecas y Editoriales Universitarias, para articular instituciones, intercambiar colecciones y coordinar campañas lectoras.
  2. Activación del Plan de Fortalecimiento de Revistas Científicas Universitarias, con apoyo técnico y visibilidad en repositorios nacionales e internacionales.
  3. Despliegue del Diagnóstico Nacional de Bibliotecas Universitarias, para actualizar colecciones físicas y digitales, y alinear catálogos con líneas de investigación estratégicas.
  4. Implementación de Espacios de Lectura Crítica y Cultura Académica, transformando bibliotecas en “salas vivas” con talleres de escritura y reflexión.
  5. Lanzamiento de la Línea de Investigación Abierta “Más Libros, Menos Pantallas”, para sistematizar experiencias y propuestas en tiempo real.
  6. Institucionalización del Encuentro Nacional como plataforma anual permanente de articulación y construcción colectiva.
  7. Reconocimiento formal de bibliotecas y editoriales como “Trincheras Simbólicas del Pensamiento Crítico”, territorios que resisten la lógica de los algoritmos y cultivan soberanía cognitiva.

La Dra. Eudorielyn Linares Peña, Viceministra de Gestión Universitaria, destacó que la guerra cognitiva “se libra en la mente, con armas como la percepción, las ideas y el pensamiento”. Afirmó que la agenda universitaria busca generar espacios de reflexión y construcción colectiva para diseñar modelos pedagógicos de resistencia, promoviendo la alfabetización cognitiva como herramienta estratégica del Estado venezolano.

Citó al Presidente Maduro: «… que cada estudiante tenga en sus manos libros impresos, como herramienta fundamental para el desarrollo del conocimiento, la formulación de ideas y el pensamiento crítico, valores que la Revolución Educativa ha cultivado desde los tiempos del Comandante Hugo Chávez”.

El encuentro concluyó con mesas de trabajo, cuyo objetivo es conocer las opiniones en la comunidad universitaria, para poder formular y brindar herramientas concretas que sirvan para identificar, resistir y contrarrestar los efectos de la guerra cognitiva, en defensa de la soberanía del saber y la transformación social.

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Conversatorio expone por qué los videojuegos son campo de batalla en la guerra cognitiva

Los videojuegos son campo fértil para la diseminación de propaganda y el sembradío de contenido ideológico manipulado en la mente de los jóvenes, pero pueden ser aprovechados para confrontar esa batalla, fue el dilema planteado este domingo 13 de julio en el conversatorio titulado “Videojuegos, campo de batalla de la comunicación interactiva e inmersiva”, a cargo de Gerson José De León.

En la jornada final de esta 21a Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven 2025), en la sala Judith Valencia, el joven profesor de la Universidad Internacional de la Comunicaciones (Lauicom) enfatizó que se trata de una exposición seria sobre este tema y que no va dirigida al joven que juega videojuegos, sino a sus representantes y a los responsables sociales.

Aclaró que la suya no es una postura negacionista, “no es que los videojuegos son malos, todo lo contrario”, sino que es preciso denunciar que “ese es un campo de batalla por las mentes de nuestros jóvenes”, para que los adultos tomen una actitud propositiva frente a este tema.

Los políticos de más alto nivel y los padres ignoran completamente lo que está ocurriendo con los jóvenes y los videojuegos, añadió. “Hay cosas que no conocen y están pasando”, advirtió el licenciado en Estudios Políticos y de Gobierno y TSU en Informática.

Un buen mercado para crear conciencia

Gerson José De León, quien también es comunicador social, comentó que los videojuegos constituyen un mercado potencial de productos dirigidos a un público joven que los consume masivamente, lo que representa una oportunidad para utilizarlos como forma de generar conciencia.

“El objetivo de nosotros es despertar ese motor en Venezuela, producir videojuegos”, consideranco cómo desde afuera trabajan la mente de los jóvenes desde pequeños, explicó.

Planteó que la propuesta es que “en las universidades se genere desarrollo intelectual sobre este tema, que se deje de subestimar”.

Necesitamos generan unos instrumentos de trabajo “para bañar el sentido común de la sociedad”, que desde las universidades y otras instituciones educativas se comience a discutir el tema “para generar propuestas y proyectos en materia de comunicación y guerra cognitiva”, a fin de abordar el problena de una manera más profunda y crítica.

Clasificar en vez de prohibir

Para contextualizar, Gerson José De León señaló que la Federación Venezolana de Deportes Electrónicos ha propuesto una reforma de la ley que rige la materia para enfocarse en la regulación y clasificación de contenidos, en lugar de la prohibición, con el objetivo de proteger a los menores y promover el desarrollo de la industria.

Recordó que en Venezuela fue aprobada por la Asamblea Nacional en 2009 la Ley para la Prohibición de Videojuegos Bélicos y Juguetes Bélicos, la cual penaliza la creación, comercialización, distribución y uso de videojuegos y juguetes considerados violentos.

Para ilustrar este punto, el académico de Lauicom mostró un trailer publicitario del juego “Mercenaries 2: World in Flames”, desarrollado por Pandemic Studios, “que estuvo mucho tiempo ahí rodando y está ambientado en Venezuela, dura cinco minutos”.

“Ese juego salió en el 2013 totalmente enfocado en Venezuela”, explicó el ponente. Antes de su lanzamiento, el videojuego se ofreció con “casi seis minutos de presentación como instrumento de propaganda” señaló.

“Fue la gota que derramó el vaso” para que el Comandante Hugo Chávez instruyera a la AN para que discutiera y aprobara una ley “para proteger a los niños de la violencia” a la que accedían a través de videojuegos, dijo Gerson.

Cuando se aplicó esta ley, “desaparecieron los juegos originales del mercado y los juegos piratas se compraban con si fueran droga”, relató.

Comentó que esta ley se aprobó en un contexto donde se buscaba proteger la salud mental de niños y niñas. Sin embargo, muchos la han visto como una medida restrictiva que no aborda las causas reales de la violencia y ha afectado negativamente el desarrollo de la industria de videojuegos en nuestro país.

La Filven 2025 culmina este domingo sus actividades que se desarrollaron durante diez días bajo el lema “Leer humaniza” y con la República Árabe de Egipto como invitado internacional, lo que sirvió de eje para enfocar el encuentro como la confluencia de culturas atravesadas por sus ríos milenarios, el Nilo y el Orinoco.

FILVEN

Luis Delgado

LAUICOM: Una universidad a la vanguardia del pensamiento novedoso

Este miércoles, el vicerrector de Investigación y Creación Intelectual de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM), Luis Delgado fue entrevistado por la radio comunitaria de Argentina “La Mosquitera”, donde aseguró que, esta casa de estudios prevé ser vanguardia del pensamiento novedoso ante la guerra cognitiva que persiste contra el país y los países del mundo.

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Los incendios y la avanzada ultraderechista

Dimensiones de la guerra cognitiva nº 17

Autor: Prof. José Garcés – M. Sc. En Psicología

Vicerrectorado de Investigación

“Piensa fuego y serás fuego”, declaraba Paracelso en el siglo XVI y esta cita refleja perfectamente la energía que a nivel psicológico imprimen los pensamientos o lo que pongan en la mente los que instrumentan la Guerra cognitiva y dominan las sociedades. Con el fuego, en el alma se despiertan profundas y diversas emociones  que tienen como sustrato la idea de destrucción para la posterior creación. Nuestros ancestros quemaban la tierra para que luego de la quema, se produjeran buenas cosechas. De ahí el binomio “Destrucción y creación” que es la noción que está presente en los mitos de muerte y renacimiento que aparecen a través de toda la historia y a lo largo de todo el planeta: Osiris, Hirán Abiff,  Odín y Jesús son algunos de los muchos representantes de este complejo energético que a nivel psicológico nos remueve en virtud del inconciente colectivo.

Jung dice que la conciencia tiene como límites lo desconocido, aquello de lo que no somos conscientes, y eso desconocido puede ser externo, las cosas del mundo que no conocemos, o interno, que son las cosas que no conocemos de nosotros mismos. Eso interno que no conocemos, (el inconsciente), se divide a su vez en inconsciente personal, que son las vivencias que se generan en el curso particular de la vida, y el inconsciente colectivo, que son los aprendizajes de toda la humanidad que almacenamos en nuestra mente en forma de símbolos. Justamente, de símbolos están compuestos los arquetipos que son las entidades psicológicas que conforman el inconsciente colectivo. Por eso los mitos y los símbolos  tienen tanto efecto sobre nosotros, porque nos recuerdan que tenemos un tronco común con toda la humanidad.

El simbolismo del fuego ha sido utilizado por varias culturas y en la mayoría de los casos usados como símbolos de transformación. Se trata de una especie de purificación que nos llevaría a un estadio superior, a un nivel más elevado con la esperanza de estar mejor.

El fuego ha sido usado en todas las religiones y disciplinas espirituales y esotéricas, y psicológicamente se relaciona con la pasión, la ira, la destrucción o, especialmente, la transformación.

En la mitología griega, el fuego pertenecía  a los dioses, y fue Prometeo quien les robó el fuego  para dárselo a los hombres, por eso, a un nivel arquetipal muy profundo (en el inconciente colectivo), el fuego se asocia con lo divino. Hay una fascinación en el fuego de la que no podemos despegarnos; podemos recordar alguna vez, en la que nos hemos quedado absortos mirando una fogata, de la que nos ha sido muy difícil dejar de mirar. Pues, se trata de ese carácter divino que tiene el fuego, recordemos que fue en un fuego divino que Dios se le pareció a Moisés en la Zarza de Horeb, lo que es conocido como el episodio de la “Zarza ardiente”.

Así en un nivel muy profundo, el fuego se asocia a purificación y transformación.

Sin embargo, en un nivel más pedestre y cotidiano, la energía del fuego puede ser dirigida solamente a la destrucción. Por ello, el fuego también puede ser atemorizante, sobre todo  cuando no se tiene control de su inconmensurable energía. Así como el fuego puede servir para alumbrar una agradable velada si se presenta en forma de antorcha, al mismo tiempo puede ser terriblemente destructor y terrorífico si se presenta como incendio.

LA GUERRA COGNITIVA EN LA ACTUALIDAD

Para nadie es un secreto que la oposición fascista de este país de nuevo carga contra la paz y las instituciones, y que los numerosos incendios que se han presentado en todo el país, ya dejaron de ser considerados por la población como algo fortuito y en este momento, opositores y chavistas, reconocen que tales incendios son provocados. Nunca en la historia se presentaron incendios tan raros y de tan grandes proporciones, como los de Montalbán, Lídice o Uveritos, por citar solo unos pocos. Es decir, tanto el chavismo como la oposición, sabe que los numerosísimos incendios que nos aquejan son provocados; ya nadie intenta  tapar el sol con un dedo.

Tampoco es un secreto que había que esperar una respuesta de esta categoría luego de las pataletas que acompañaron al astracán por la supuesta traba en la inscripción de la candidata sustituta.

Es decir, nos asomamos a otra victoria de la Revolución y la ultra-derecha fascista no va a permitir que vivamos esa fiesta democrática en paz. Por eso se apronta a despertar el temor, la ira y el odio, y nada mejor para ello que el fuego cuyo simbolismo incluye todas las emociones descritas.

Con esas emociones en la mente de los opositores, recordemos otra vez  a Parecelso; “Piensa fuego y serás fuego”, no es aventurado esperar una avanzada de violencia para sabotear las elecciones del 28/J. No  nos sorprenda que intenten otra vez con guarimbas y saboteos generalizados, para tratar de impulsar otra vez una agenda golpista.

El esquema de guerra cognitiva que prepara a las mentes de la población para la instrumentación de acciones insurreccionales y de violencia, implica el uso de símbolos para ir haciendo florecer en la población un clima psicológico de ansiedad cuyo sustrato es la idea de caos e ingobernabilidad. Mismos que serían conjurados por la apuesta de una opción militar tanto interna como externa, pero que surgiría con la esperanza de que generaría orden a esa  situación de caos. Recuerden que las personalidades fascistoides proliferan es las situaciones  de caos.

COROLARIO

La idea consiste en que ellos siembran el caos, para que después, ellos mismos puedan ofrecer una  opción de orden y paz. Dicho de otro modo: te dan el veneno y después te venden la medicina.

En un nivel psicológico superficial, el fuego despierta el caos de la destrucción que le sirve a la ultraderecha para propagar la idea de que en Venezuela impera el caos y que ellos son la única cura  a esa enfermedad.

En un nivel más profundo, el fuego conecta con la divinidad. Con la purificación y la transformación, de manera que las opciones de cambio van a ser recibidas como opciones proporcionadas por los dioses. 

Esto es un ejemplo de cómo la Guerra cognitiva va preparando a la población para la instrumentación de planes militares o insurreccionales, para los cuales las fuerza populares, del Estado y de la Revolución en general, deben estar preparadas.

“Piensa fuego y serás fuego” decía Paracelso y explicaba con ello, que la idea que se instala en la mente, modela conductas, y una idea cuidadosamente estructurada, puede transformar al más sumiso en un monstruo capaz de quemar vivo a un ser humano. Así opera la guerra cognitiva y hace que la persona manipulada  se convierta en un arma de la misma guerra.

Tania Díaz

Rectora de Lauicom disertó sobre guerra cognitiva efectos del fake news y medios de comunicación

Tania Díaz González, rectora de la Universidad Internacional de las Comunicaciones, compartió la tarde de este miércoles, una interesante disertación sobre guerra cognitiva, medios de comunicación y efectos del fake news, con estudiantes de la VIII cohorte del Diplomado en Comunicación Política que imparte esta casa de estudio para más de noventa comunicadores populares, periodistas institucionales, responsables de comunicación y estudiantes internacionales provenientes de Cuba, del Congo y Haití.

Roger Garcés

Dr. Roger Garcés: El objetivo de la Guerra Cognitiva es convertir a las personas en armas de guerra

En la sede de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (Uicom), el Dr. en Psicología Roger Garcés, desarrolló en el marco del proceso de acreditación de Saberes por Experiencia, que adelantan por convenio esta casa de estudios y la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez, el Seminario: ‘Cerebro y Racionalidad en la Guerra Cognitiva».

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Universidad Internacional de las Comunicaciones Miguel Otero Silva presentó en Caracas su tercera línea de investigación científica

Con el fin de ahondar en la naturaleza de los procesos comunicacionales y la influencia que generan estos en las formas de percibir la realidad, la Universidad Internacional de las Comunicaciones, presentó este miércoles, la apertura de su tercera línea de investigación, denominada «Agresión económica y política antibloqueo».

Foto: Prensa La Uicom

Pedro Penso: La guerra que se peleaba con palos, ahora se prevé en las mentes de la gente

La sede de la Universidad Internacional de las Comunicaciones, sirvió de epicentro para que en alianza con la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez, ocurriera este 25 de octubre, una brillante disertación entre estudiantes del proceso de Acreditación de Saberes por Experiencia y el ingeniero Pedro Penso, quien expuso sus reflexiones sobre las causas, modo y efectos de la guerra cognitiva en el consciente y subconsciente colectivo de los sujetos que habitan en los pueblos bajo la amenaza del sistema.

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Investigadores y académicos abordarán debate sobre «Educomunicación liberadora en tiempo de guerra cognitiva»

En el marco del convenio para «Acreditación de Saberes por Experiencia» que desarrolla la Universidad Internacional de las Comunicaciones (La Uicom), con la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez, (UNESR), se llevará a cabo este martes 18 de octubre, una jornada de alto nivel académico en la cual serán confrontadas las teorías de la praxis con la experiencia concreta que representa la labor de hacer comunicación popular en el marco de las medidas correctivas unilaterales, que pesan sobre Venezuela por acción arbitraria del gobierno de los EE.UU; sumadas a las estrategias multimodales aplicadas por occidente, para permear e instalar en los cerebros y por ende, en los modos de vida de la población, los teatros de operaciones que una vez sujetos, servirían a sus intereses.