IMG_20260922_112329_588

Frente común contra la guerra informativa: Más de 300 salas conectadas en Venezuela para defender la verdad

Prensa LAUICOM – La Universidad Internacional de las Comunicaciones, en alianza con la representación diplomática de la Federación de Rusia, llevó a cabo en Caracas la conferencia internacional Tendencias de la desinformación y el fact-checking.

El encuentro contó con la participación de la rectora Tania Díaz, el embajador ruso Sergey Mélik-Bagdasárov y el analista geopolítico Juan Antonio Aguilar, logrando articular en tiempo real a 394 salas virtuales conectadas en toda Venezuela.

La organización Diálogo Regiones y la red Global Fact-Checking Network, posicionó la verificación sistemática de textos, imágenes, videos y fuentes digitales como una competencia ciudadana indispensable para combatir la guerra cognitiva, proteger la verdad y garantizar la paz informativa.

Durante su ponencia, el analista geopolítico Juan Antonio Aguilar advirtió que «el problema actual es el alcance y la velocidad con la cual se desplaza, se distribuye esa desinformación… Y eso es lo que realmente crea un impacto preocupante». Ante este desafío, el especialista planteó un proceso estructurado que comienza con la detección temprana del contenido sospechoso y su rigurosa verificación, seguido por la elección de una estrategia adecuada para desmentir la noticia falsa y el control efectivo de su difusión.

Asimismo, bajo la premisa de que «dato mata relato», Aguilar sostuvo que toda refutación debe construirse articulando la declaración de una fuente o experto de prestigio, la presentación de datos y hechos objetivos, el respaldo en fuentes verificables y la desacreditación argumentada de la fuente original formulada de forma rigurosa y sin acudir a la burla.

IMG_20260918_003324_335

Juventud y experiencia en LAUICOM: En defensa de la soberanía y la verdad

Prensa LAUICOM- Este jueves, en una nueva emisión del programa «Sin Truco Ni Maña», la diputada Tania Díaz junto a Grecia Colmenares y Blanca Eekhout, integrantes de la Dirección Nacional del PSUV, elevaron sus voces en defensa de la soberanía nacional. El encuentro analizó los avances del trabajo voluntario y la resistencia popular frente a los ataques imperiales en la región.

Grecia Colmenares destacó el despliegue de 61.000 jóvenes brigadistas que realizan labores voluntarias en las comunidades de La Guaira. La secretaria de la JPSUV resaltó la entrega de la Orden Juventud Solidaria para galardonar la entrega social de la militancia.

Asimismo, ratificó que la solidaridad territorial y el trabajo comunitario constituyen las banderas centrales de la juventud.

Conexiones internacionales y batalla contra la guerra cognitiva

Mediante videollamada, la emisión conectó con representantes de la Asamblea Internacional de los Pueblos, el MST y ALBA Movimientos. Los voceros internacionales rechazaron las agresiones mediáticas y la guerra cognitiva diseñadas para debilitar la esperanza de los pueblos.

Al respecto, Blanca Eekhout instó a neutralizar la desinformación digital mediante la movilización de calle y la organización comunal.

Finalmente, Tania Díaz reafirmó la urgencia de fortalecer la educación y el debate franco ante el aislamiento cibernético. Las invitadas enfatizaron que la producción nacional y la unidad popular aseguran la paz y estabilidad de la República.

El programa concluyó visibilizando el respaldo de los movimientos sociales latinoamericanos a la Revolución Bolivariana.

Autora: Daymar Rincón

IMG_20260804_221323_393

La solidaridad colectiva es fundamental para superar el «shock» emocional

Prensa LAUICOM- Con el propósito de brindar orientación psicológica y comunicacional tras los sismos de junio, Radio LAUICOM transmitió el programa «¡Por la vida, lo que sea!», una edición especial conducida por el profesor Rafael Rosales Benítez, vicerrector de Tecnología y Plataformas Digitales, junto al psicólogo e investigador Fernando Giuliani.

Durante la emisión, Giuliani explicó que afecciones como el «mareo fantasma» son reacciones normales e insistió en que la solidaridad colectiva y el acompañamiento profesional son fundamentales para superar el shock emocional y avanzar con resiliencia en las comunidades afectadas.

Por su parte, Rosales alertó sobre campañas de desinformación mediática en plataformas digitales y desmintió, mediante un video, falsos rumores sobre tsunamis y daños en infraestructuras, llamando al análisis crítico para resguardar la salud mental de la población.

​La iniciativa reafirmó el compromiso de los medios universitarios con la verdad, la ética periodística y el acompañamiento directo a las comunidades en momentos de contingencia.

Asimismo, se mostraron los avances de la «Misión Venezuela Renace» con el anuncio de la presidenta encargada Delcy Rodríguez sobre 600 viviendas para refugiados y la seguridad del 67% de estructuras evaluadas, sumado al reconocimiento de Gianluca Rampolla (ONU) hacia la resiliencia venezolana, cerrando con un llamado a la unidad nacional.

Autora: Daymar Rincón

mmexportfca4dcb50adb9dbdbf0ec5b670020e05_1782305253466

1826: El año en que Bolívar desafió a la Doctrina Monroe

Por Francisco Ameliach Orta

En el año 1826 debió ser el de la consagración del proyecto integracionista de Simón Bolívar. Con la independencia de América del Sur prácticamente consolidada, tras las batallas de Junín y Ayacucho, el Libertador visualizó un continente unido, fuerte y capaz de competir de igual a igual con las potencias imperiales de la época. Sin embargo, la historia tomó un rumbo muy distinto. En lugar de la gloria de la unión, 1826 se convirtió en el epicentro de un terremoto político que hirió de muerte a la Gran Colombia.

Para entender la magnitud del desastre, es necesario conectar tres cables de alta tensión que cruzaron ese año: el Congreso Anfictiónico de Panamá, la rebelión separatista de La Cosiata en Venezuela, y la irreconciliable fractura ideológica entre Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander.

Congreso Anfictiónico de Panamá

El 22 de junio de 1826 se instaló el Congreso Anfictiónico de Panamá. La meta era ambiciosa, tenía tres objetivos fundamentales:

  1. Crear un ejército común.
  2. Una ciudadanía continental.
  3. Un tribunal de arbitraje.

Sin embargo, el congreso nació debilitado. Mientras los delegados debatían en el istmo, la Gran Colombia —el país convocante— se desgarraba internamente en luchas intestinas. Las naciones asistentes notaron de inmediato esta debilidad, lo que sepultó la credibilidad del evento.

La Cosiata y el boicot de Santander

Dos meses antes, en abril de 1826, estalló en Valencia la rebelión de La Cosiata, liderada por el general José Antonio Páez. Este movimiento separatista fue el producto de intrigas y manejos maquiavélicos ocultos propiciados desde Bogotá por Santander.

En medio de este caos, el general Rafael Urdaneta no estuvo en las mesas diplomáticas de Panamá, pero su rol fue el de un estratega político y militar en el frente interno. Desde el Congreso en Bogotá y las provincias, Urdaneta se opuso radicalmente al separatismo de Páez y sirvió de contrapeso a la facción santanderista. Fue el aliado más leal que tuvo Bolívar para intentar mantener a flote la estructura de la república mientras todo se derrumbaba.

La verdadera temperatura de esta crisis no quedó registrada en las actas oficiales, sino en la correspondencia privada. A lo largo de 1826, Bolívar mantuvo un intercambio epistolar dramático con Urdaneta. Estas cartas son hoy una referencia histórica fundamental para entender el colapso del proyecto de la confederación de naciones.

En estos documentos —custodiados y compilados en los archivos históricos de la correspondencia del Libertador (como las Memorias del General O’Leary o los compendios de Cartas del Libertador, Vicente Lecuna)— se observa la gran preocupación de Bolívar ante la desintegración de su sueño de unidad. En las cartas se resaltan los siguientes tres aspectos:

• El diagnóstico de la traición: En sus misivas de mediados de 1826, Bolívar le confiesa a Urdaneta su dolor por el rumbo del gobierno de Santander, señalando que «mientras nosotros buscamos la unión americana en Panamá, en el centro de la República se siembra la división». 

• El terror a la anarquía: Al enterarse del avance de La Cosiata, Bolívar escribe a Urdaneta calificando el movimiento de Páez como «una herida de muerte», mostrando su angustia a que los sacrificios de la independencia terminaran en la disolución total del Estado.

• El anuncio del retorno para “salvar lo que se pueda”: Hacia finales de año, constatando el fracaso en Panamá, Bolívar le confirma a Urdaneta su regreso inminente a Caracas bajo una premisa: «Voy para allá a salvar lo que se pueda de este naufragio», pidiéndole explícitamente su apoyo militar.

Bolívar ante las dificultades

El destino de 1826 parecía sellado por la tragedia, pero fue ahí donde emergió la estatura de Simón Bolívar como un estadista dispuesto a todo por evitar el caos. Al constatar que el Congreso de Panamá no lograría sus objetivos y que Venezuela ardía bajo la rebelión de Páez, el Libertador tomó el control de la situación con acciones drásticas y pragmáticas. Dejó el Perú y viajó al norte para ponerse al frente de la tormenta. Lejos de buscar un baño de sangre que habría desintegrado la república de inmediato, Bolívar priorizó la paz social. En una decisión sumamente audaz y polémica, otorgó una amnistía general a José Antonio Páez y a los rebeldes de La Cosiata. Con este movimiento de alta política, Bolívar logró tres objetivos vitales a corto plazo:

  1. Frenó en seco la separación inminente de Venezuela.
  2. Ahogó los brotes de anarquía que amenazaban con destruir las instituciones.
  3. Evitó una devastadora guerra civil entre hermanos que habría dejado al continente indefenso.

Aunque esta tregua enfureció definitivamente a Santander y fracturó el orden legal de Bogotá, para Bolívar la supervivencia de la unión nacional y la paz continental estaban por encima de cualquier formalismo jurídico.

La perseverancia de Bolívar por mantener la cohesión en 1826 no era un capricho centralista; respondía a una profunda y profética visión geopolítica. El Libertador entendía perfectamente que la fragmentación en pequeñas repúblicas débiles y enfrentadas sería presa fácil para las ambiciones de las potencias extranjeras.

La Doctrina Monroe

Tres años antes, en 1823, Estados Unidos había proclamado la Doctrina Monroe bajo el lema «América para los americanos». Bolívar, con una lucidez asombrosa, detectó el peligro oculto detrás de esa aparente postura protectora: la advertencia de Washington no era para defender la independencia de los pueblos del sur, sino para marcar su propio territorio de expansión y hegemonía futura.

Por eso, el fracaso del Congreso de Panamá y las grietas causadas por La Cosiata dolieron tanto en el alma del proyecto bolivariano. Bolívar sabía que la única manera de hacerle frente al naciente imperialismo del norte y evitar que Latinoamérica se convirtiera en el «patio trasero» de nadie, era presentándose ante el mundo como un solo bloque compacto, una sola gran nación confederada.

A dos siglos del convulso 1826

A dos siglos de aquel convulso 1826, el eco de ese año sigue resonando. Las acciones de Bolívar para contener la anarquía nos recuerdan que la integración latinoamericana no es una utopía romántica del pasado, sino una necesidad histórica y estratégica absolutamente vigente para garantizar la soberanía de nuestros pueblos.

Doscientos años después, la Presidenta (E) Delcy Rodríguez asume las mismas prioridades que Bolívar:

  1. Evitar la disolución total del Estado.
  2. Preservar la paz interna.
  3. Evitar la anarquía y la guerra civil.

En el preliminar de El Libro Azul, Hugo Chávez, dice: “…nuestros pueblos se han ido alejando cada vez más de sus raíces históricas, allí donde seguramente se encuentran las claves para descifrar el terrible enigma que nos mantiene en un ir y venir por el abismo de la historia…”.

IMG_20260623_205722_477

LAUICOM consolida organización comunitaria en la Comuna Almirante Lino de Clemente

Prensa LAUICOM- El vicerrector de vinculación social de LAUICOM, Ibrahim Infante junto a un equipo de profesores, visitaron la Comuna Almirante Lino de Clemente en La California, municipio Sucre del estado Miranda, para afianzar el autogobierno y aportar herramientas comunicacionales frente a la compleja guerra cognitiva actual.

​Durante este valioso despliegue territorial, las autoridades universitarias y los líderes populares de la zona, evaluaron detalladamente la exitosa ejecución de 11 proyectos históricos en el sector, incluyendo la instalación de luminarias públicas y notables mejoras en módulos de salud locales.

Los voceros expusieron la realidad de sus consejos comunales, destacando la reciente actualización de sus estructuras internas y el último censo socioeconómico que logró registrar a 150 adultos mayores vulnerables para garantizarles atención médica especializada.

​Asimismo, se debatió la instalación definitiva de una escuela de formación técnica equipada con moderna tecnología de computación e impresoras 3D, además de revisar el impulso productivo financiado previamente por el Banco Digital de los Trabajadores en dicho territorio.

En el área productiva, la comunidad cuenta con un nuevo ambulatorio y espacios socioproductivos con cría de codornices y gallinas ponedoras que garantizan una producción diaria de más dde 120 huevos, impulsando la soberanía alimentaria de la zona.

Infante presentó formalmente a su equipo multidisciplinario integrado por especialistas en consultoría jurídica, creativos audiovisuales y pedagogos críticos, quienes asumirán la tarea de acompañar los procesos de formación, asesoría técnica y sistematización de las experiencias populares de base.

​La articulación permanente entre la universidad y el poder popular organizado buscará generar un sólido sistema económico autosustentable en la zona, garantizando espacios de paz estable, convivencia vecinal y una resistencia comunicacional efectiva dentro de la comunidad mirandina.

Autora: Daymar R.V

IMG_20260613_141258_060

Tania Díaz e Indira Urbaneja destapan la guerra cognitiva: “El agresor quiere que nos peleemos entre nosotros”

En una histórica emisión conjunta de Sin Truco Ni Maña y Real Politik, las comunicadoras advirtieron sobre el uso de inteligencia artificial para manipular conciencias, desmontaron las narrativas de la oposición extremista y revelaron claves de la peregrinación nacional y la amnistía.

Caracas, 12 de junio de 2026. – Por primera vez, dos de los programas políticos con mayor impacto en la comunicación popular venezolana se unieron en un mismo escenario. La diputada Tania Díaz, conductora de Sin Truco Ni Maña y rectora de LAUICOM, fue invitada por Indira Urbaneja a su espacio Real Politik, transmitido por La Iguana TV. Durante hora y media, en vivo por YouTube, TikTok y LAUICOM, ambas periodistas analizaron sin filtros la coyuntura nacional e internacional.

El programa, que sustituyó la emisión habitual del jueves 11 de junio, se convirtió en una cátedra de geopolítica comunicacional.

“Desarmar la inteligencia artificial”: el llamado del Papa

Uno de los ejes centrales fue la encíclica del Papa Francisco, Magnífica Humanidad, que alerta sobre los peligros de la inteligencia artificial cuando está en manos de corporaciones sin ética.

“La inteligencia artificial debe ser desarmada”, citó Diaz. “No se trata de destruir la tecnología, sino de frenar su uso como herramienta de guerra o vigilancia masiva. La persona no es reemplazable.”

Y profundizó: “Quienes manejan los algoritmos son corporaciones con intereses crematísticos, no humanitarios. Detrás de cada noticia falsa sobre Venezuela hay un sesgo ideológico. La guerra cognitiva busca que nos dividamos, porque el costo para el agresor de sepultar el chavismo es demasiado grande.”

La peregrinación, la amnistía y la Venezuela real

Ambas conductoras destacaron la segunda etapa de la peregrinación nacional impulsada por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, como un acto de diálogo en vivo y permanente con el pueblo.

“Hemos aprobado en la Asamblea Nacional la ley del cacao, la ley del café. Esas leyes no salen del algoritmo de las redes, salen del algoritmo del país: de los productores que se levantan a las 5 de la mañana”, afirmó la diputada Tania Diaz.

Añadió: “La peregrinación no solo exige el fin del bloqueo, sino que siembra paz desde adentro. El gobierno ha impulsado un proceso de amnistía para cerrar heridas y dar oportunidades a quienes se fueron por la vereda del odio.”

Oposición extremista: “Ellos mismos se pusieron la soga al cuello”

Las periodistas desmontaron la narrativa de la oposición que aún intenta pedir elecciones anticipadas.

“En todas las encuestas, las principales preocupaciones del venezolano son el salario y la salud. Las elecciones están en octavo lugar. Aquí nadie tiene prisa”, explicó Urbaneja.

Y sentenció: “El ridículo más grande de María Corina Machado fue el 3 de enero, cuando Trump la destrozó en vivo. Dijo que ‘no tiene respeto, no tiene fuerza’. Y aun así ella sigue creyendo que puede negociar sola. Se inventa diálogos que no existen.”

Tania Díaz cerró: “Ellos mismos se pusieron la soga al cuello. Donald Trump les puso la última pala de tierra. Nosotros no fuimos los sepultureros, fuimos niños buenos.”

Venezuela en paz, pese a las bombas

Un momento de alta carga política fue cuando Indira reveló: “El 3 de enero costó más de 100 vidas. Bombardearon el país, se llevaron a nuestro presidente. Pero el pueblo no salió a la calle a inmolarse. El chavismo tiene una capacidad de adaptación que dejó descolocada a la oposición y a la potencia agresora.”

Ambas coincidieron: “Lo que el agresor quiere hoy no es que caigan más bombas. Quiere que nos peleemos entre nosotros. No le hagamos el trabajo.”

“No se conviertan en reproductores del discurso del opresor. Sean reproductores de la pedagogía de la esperanza”, pidió Urbaneja.

Tania Díaz concluyó: “Yo conozco al presidente Maduro. Es disciplinado y empecinado. Él confía en que nosotros hagamos el trabajo aquí: mantener la paz, gobernar bien. De eso depende también su destino. Así que trabajemos.”

_____________________________________________

.// STNM. 12/06/26

#SinTrucoNiMaña #RealPolitik #GuerraCognitiva #PeregrinaciónNacional #VenezuelaEnPaz

Contacto sintruconimaña@gmail.com

📡 Sintoniza Sin Truco Ni Maña

Transmisión en vivo a través de las plataformas digitales:

jueves – 7:00 a 9:00 PM (Venezuela)

Reposición en radio:

viernes – 7:00 AM 9:00 AM por Radio Nacional de Venezuela (RNV) y toda la red de radios comunitarias y alternativas.

· Plataformas digitales:

YouTube

@SinTrucoNiMaña2025 Y @lauicom

TikTok

@taniapsuv Y @sintruconimanapodcast

Instagram

@SinTrucoNiMaña Y @taniapsuv

4997239374713916613

LAUICOM impulsa la Cátedra Internacional Seán MacBride para humanizar la comunicación

Prensa LAUICOM – Este jueves, la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM) ejecutó el cuarto módulo de la Cátedra Internacional Seán MacBride, titulado “Ejes metodológicos para una nueva comisión internacional para estudiar los problemas de la comunicación”. El Dr. Fernando Buen Abad lideró este encuentro virtual con el fin de actualizar los desafíos del Informe MacBride y promover la democratización de la palabra frente a los monopolios mediáticos, destacando que la comunicación no es una mercancía, sino un derecho humano fundamental.

Buen Abad enfatizó que la verdadera calidad de la palabra no reside en retóricas académicas, sino en una expresión sensible y compañera que entienda la historia del otro, bajo esta premisa humanista, sostuvo que una sola palabra basta para sanar o incendiar la cabeza» con reflexiones que transforman permanentemente nuestra mirada del mundo. La comunicación debe recuperar su capacidad curativa mediante el vínculo interpersonal y la fraternidad.

Advirtió que no encontrar la palabra precisa para denunciar las injusticias equivale a sucumbir mudos ante la realidad. Instó a los comunicadores a no ser víctimas de la guerra psicológica impuesta por modelos hegemónicos y a recuperar el sentido ético de la información. La comunicación real requiere ser interpelada y dialogada, trascendiendo la simple descarga de datos o mandamientos digitales que a menudo impone la virtualidad.

Finalmente, se resaltó la importancia de la consigna «más territorio y menos escritorio», promoviendo el contacto directo de calle a calle para vencer el aislamiento burocrático. Buen Abad defendió la «radio bemba» y el mirarse a los ojos como una base ética inquebrantable para la movilización social. LAUICOM reafirma así su compromiso de formar gestores de una comunicación insurgente que una la teoría con la praxis transformadora.

4967836118799813695

La guerra cognitiva como mutación del imperialismo contemporáneo: efectos sobre las subjetividades de clase y de los pueblos en Venezuela, América Latina y el mundo


Una aproximación desde la dialéctica del materialismo histórico

Pedro Penso
Director General del Centro de Investigación Contrahegemónica de la Universidad Internacional de las Comunicaciones
Red Internacional de Investigación Antifascista

La guerra como forma fenoménica de la lucha de clases en el siglo XXI


Para comprender lo que hoy llamamos guerra cognitiva y sus efectos sobre las subjetividades en Venezuela, América Latina y el mundo, es necesario partir de una proposición fundamental del materialismo histórico: la guerra no es un accidente de la historia ni una patología de las relaciones internacionales, sino una continuación de la política —y, por tanto, de la lucha de clases— por otros medios. Como nos enseñó Clausewitz, mediado por la lectura leninista, la guerra expresa, en su forma más concentrada y violenta, las contradicciones que atraviesan un modo de producción determinado.
Ahora bien, la mutación que nos ocupa —la emergencia de la guerra cognitiva como modalidad predominante de agresión imperialista en el siglo XXI— no representa un mero cambio técnico en los instrumentos bélicos. Tampoco es un fenómeno que pueda explicarse por la simple adición de «nuevas tecnologías» al repertorio militar. Se trata, más bien, de una transformación cualitativa en la forma que asume la guerra imperialista cuando las condiciones objetivas de la correlación de fuerzas global —el ascenso de nuevos polos de poder, la crisis de la hegemonía unipolar estadounidense, la emergencia de proyectos contrahegemónicos en el Sur Global— vuelven inviable la guerra clásica de ocupación territorial. Es, en palabras de algunos analistas, una guerra vicaria (Waldman, 2021) [1], que busca lograr los objetivos del imperialismo sin exponer a sus fuerzas al costo político y humano de una invasión directa.
Como sostienen Tan y Perlmutter (2006) [2], el concepto mismo de «guerra de información» encierra una paradoja: cuanto más se cree saber sobre ella, menos se comprende su dinámica real, pues la información no es un recurso neutral sino un campo de batalla donde se dirimen proyectos de sociedad antagónicos.

Mutaciones de la guerra cognitiva
Del 11 de septiembre al 3 de enero

La trayectoria de la guerra cognitiva como modalidad imperialista puede trazarse a partir de hitos que marcan saltos cualitativos en su desarrollo. Si la guerra mediática contra Irak en 1991 y 2003 mostró el poder de la manufactura del consenso (Herman y Chomsky, 1988) aplicada a gran escala, la experiencia venezolana de 2002 —el golpe de Estado mediático contra Hugo Chávez— reveló que, en América Latina, los medios de comunicación privados podían operar como arietes de desestabilización política con la misma eficacia que un batallón de infantería. Como documenta Cañizález (2003) [3], el golpe de abril de 2002 contra Chávez fue un «golpe mediático»: la televisión privada venezolana no solo informó, sino que produjo los acontecimientos, creando una realidad virtual que justificaba la ruptura del orden constitucional.


Esta primera fase —que podríamos llamar guerra mediática clásica— evolucionó hacia una forma más sofisticada con la irrupción de las plataformas digitales y las redes sociales. El uso de bots políticos para la manipulación de la opinión pública en Venezuela, estudiado por Forelle et al. (2015) [4], muestra cómo actores automatizados generan contenido que simula apoyo o rechazo popular, creando una falsa impresión de consenso o disenso. Los investigadores encontraron que los bots más activos en la conversación política venezolana eran utilizados por la oposición radical, y que se hacían pasar por líderes políticos y agencias gubernamentales más que por ciudadanos comunes.


Sin embargo, el salto cualitativo más significativo ocurre en la coyuntura que usted señala: el período pre y post 3 de enero. En esta fase, la guerra cognitiva ya no se limita a informar tendenciosamente o a manipular la opinión pública, sino que busca reconfigurar las subjetividades mismas de los pueblos, alterando su percepción de la realidad, su memoria histórica y su capacidad de agencia política. Se trata de una guerra que opera en el plano de lo que Gramsci llamó la hegemonía: la disputa no es solo por el gobierno, sino por la dirección intelectual y moral de la sociedad (Hesketh, 2019) [5].


En el caso venezolano, esta mutación se expresó en la estrategia de doble poder implementada a partir de enero de 2019, cuando Juan Guaidó se autoproclamó «presidente encargado» con el respaldo inmediato de Estados Unidos y sus aliados. Como señala Buxton (2019) [6], la estrategia de la oposición venezolana estuvo marcada por errores de cálculo y por una dependencia excesiva del respaldo internacional, lo que revela que la guerra cognitiva no puede suplir indefinidamente la falta de arraigo social y de correlación de fuerzas favorable en el terreno material.

El secuestro del derecho internacional y la ruptura del orden jurídico.


El desconocimiento de los principios más elementales del derecho internacional —la soberanía, la autodeterminación de los pueblos, la no intervención— constituye la base jurídico-política sobre la cual se despliega la guerra cognitiva contra Venezuela. La estrategia de reconocimiento selectivo de gobiernos, analizada por López-Rodríguez (2021) [7] a través del caso venezolano, revela cómo las potencias imperialistas instrumentalizan el derecho internacional para legitimar injerencias: más de cincuenta países reconocieron a Guaidó como presidente legítimo, a pesar de que Maduro ejercía el control efectivo del territorio, de las instituciones y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.


Esta fractura del orden jurídico internacional tiene consecuencias profundas sobre las subjetividades. Cuando el derecho se convierte en un arma de guerra, la percepción de lo legítimo y lo ilegítimo se desestabiliza. Sectores enteros de las clases medias venezolanas —formadas en la idea de que «Occidente» representa la legalidad y la democracia— experimentaron una ruptura cognitiva al ver que sus referentes tradicionales de autoridad moral avalaban una ficción jurídica: la de un «presidente» sin control territorial, sin ejército y sin capacidad de gobernar. Para las clases populares, en cambio, la defensa de la soberanía se convirtió en una experiencia de reafirmación identitaria, en la medida en que la agresión externa operó como catalizador de una conciencia nacional y antiimperialista.


Las sanciones económicas unilaterales impuestas por Estados Unidos —que, como documenta Mooney (2021) [8], fueron tan severas que la propia relatora especial de Naciones Unidas sugirió que podrían constituir crímenes de lesa humanidad— operan no solo como mecanismo de asfixia económica, sino como dispositivo de guerra cognitiva. Al bombardear a la población venezolana con la narrativa de que «las sanciones no afectan al pueblo sino al gobierno», y al mismo tiempo generar escasez inducida e hiperinflación, se produce una disociación esquizofrénica en la conciencia popular: se vive la catástrofe económica mientras se niega su causa real.

Efectos sobre las subjetividades de clase


El materialismo histórico nos enseña que la conciencia de clase no es un reflejo mecánico de la posición en las relaciones de producción, sino una construcción política y cultural mediada por la lucha ideológica. En este sentido, la guerra cognitiva opera directamente sobre lo que Lukács denominó la conciencia de clase psicológica (la percepción inmediata que los individuos tienen de su situación) para impedir el desarrollo de la conciencia de clase atribuida (la comprensión de los intereses históricos objetivos de su clase) (Melo, 2018) [9].


En Venezuela, el efecto ha sido paradójico y contradictorio. Por un lado, la guerra cognitiva ha profundizado la polarización de clase que ya caracterizaba la sociedad venezolana desde la llegada de Chávez al poder. Como documentan Hawkins et al. (2018) [10], la polarización en Venezuela no fue simplemente política, sino que expresó la división de la clase en la sociedad venezolana: el chavismo aglutinó a los sectores populares y a las clases medias empobrecidas, mientras que la oposición concentró a las élites económicas, a las clases medias altas y a los sectores profesionales formados bajo el paradigma neoliberal. La guerra cognitiva intensificó esta división de las clases al naturalizar las diferencias de clase como diferencias morales e identitarias: el chavista era presentado como «ignorante», «populista» o «violento», mientras que el opositor era retratado como «ciudadano», «demócrata» o «profesional».


En América Latina, la guerra cognitiva ha producido un efecto de archaización de la conciencia política, como lo denominan Morozov y Erofeev (2017) [11] en su análisis de las guerras híbridas. Este concepto se refiere al retorno de mitologías políticas arcaicas —el «enemigo interno», la «conspiración comunista», la «amenaza a la civilización occidental»— que reemplazan el análisis racional de las contradicciones sociales por una lógica amigo-enemigo despolitizada. En Brasil, la elección de Bolsonaro fue un caso paradigmático: el uso de WhatsApp como arma de propaganda masiva —analizado por Luz y Miller (2020) [12]— permitió construir una realidad paralela donde la amenaza del «comunismo» justificaba cualquier atrocidad. La guerra cognitiva, en este sentido, produce una involución de la subjetividad política: en lugar de la conciencia crítica que debiera emerger de la experiencia material de la explotación, se implanta una conciencia mistificada que identifica como enemigos a otros explotados o a proyectos emancipatorios.

La dimensión geopolítica y los pueblos: imperialismo y guerra vicaria.


La guerra cognitiva no puede entenderse al margen de la reconfiguración geopolítica global. La tesis de la «guerra vicaria» —desarrollada por Waldman (2021) [1] y retomada por otros analistas (Krieg y Rickli, 2018) [13]— sostiene que Estados Unidos ha optado por delegar en actores proxies la realización de sus guerras, manteniendo su propia fuerza militar en la sombra, operando desde las sombras (operaciones encubiertas, fuerzas especiales, drones, guerra cibernética), mientras transfiere los costos humanos y políticos a otros.


En el contexto latinoamericano, esta guerra vicaria asume la forma de una agresión multidimensional que combina sanciones económicas, manipulación mediática, financiamiento de oposiciones, reconocimiento selectivo de gobiernos y guerra cognitiva digital. El objetivo es producir un colapso inducido que justifique la intervención humanitaria o el cambio de régimen. Como señalan Main y Dangl (2019) [14], el caso venezolano representa un momento crítico para desafiar la intervención imperialista en la región: lo que está en juego no es solo un país, sino la posibilidad de que exista un proyecto soberano, independiente y antiimperialista en el hemisferio.


Para los pueblos de América Latina, la guerra cognitiva produce una subjetividad escindida. Por un lado, las clases populares que han sido protagonistas de procesos emancipatorios —el bolivarianismo en Venezuela, el evismo en Bolivia, el correísmo en Ecuador, el lulismo en Brasil— desarrollan una conciencia defensiva, una subjetividad de resistencia que se fortalece frente a la agresión externa pero que corre el riesgo de cristalizarse en una postura reactiva que dificulta la autocrítica y la renovación. Por otro lado, las clases medias y altas que se identifican con el discurso hegemónico occidental experimentan una subjetividad de resentimiento: al ver bloqueadas sus expectativas de consumo y movilidad social por la crisis económica —crisis que la guerra cognitiva les presenta como resultado de la «incompetencia» o «corrupción» del gobierno popular, y no como efecto de las sanciones y la guerra económica—, estas clases se vuelcan hacia posiciones políticas cada vez más radicalizadas, llegando a justificar la intervención extranjera.


A escala global, la guerra cognitiva produce un efecto aún más inquietante: la disolución del principio de realidad. En un mundo donde cada hecho puede ser negado, cada verdad puede ser disputada y cada narrativa puede ser fabricada, la posibilidad misma del conocimiento objetivo —condición de posibilidad de cualquier política emancipatoria— se ve socavada. La guerra cognitiva no busca convencer, sino confundir; no busca ganar adeptos, sino neutralizar la capacidad de juicio. Es, en este sentido, una guerra contra la razón histórica misma.

Para cerrar en tono dialéctico.


Entre la determinación estructural y la agencia histórica
Desde una perspectiva dialéctica, la guerra cognitiva no es un destino ineluctable ni una fuerza todopoderosa. Como toda forma de lucha de clases, encuentra sus límites en las condiciones materiales y en la praxis de los sujetos históricos. El fracaso del intento de derrocar a Maduro en 2019 —a pesar de la maquinaria cognitiva global desplegada a su favor— demuestra que la guerra cognitiva, por sí sola, no puede suplir la ausencia de una base social sólida ni la falta de una correlación de fuerzas favorable en el terreno material (Buxton, 2019) [6].


La guerra cognitiva ha mutado y se ha sofisticado, pero la contradicción fundamental que recorre la historia latinoamericana —la que enfrenta a los proyectos de soberanía popular con los intereses del imperialismo y sus aliados locales— permanece intacta. Lo que ha cambiado es el escenario donde esta contradicción se dirime: de los campos de batalla físicos, la guerra se ha trasladado a los territorios de la conciencia. Pero la conciencia, como nos enseñó Marx, no es una esfera autónoma de la realidad: es expresión y reflejo —activo, no pasivo— de las condiciones materiales de existencia.


El mayor peligro de la guerra cognitiva no reside en su capacidad de engañar, sino en su capacidad de desmovilizar, de producir una subjetividad fatalista que acepte la realidad presente como inmutable. Frente a ello, la tarea del pensamiento crítico —y de la praxis política que le corresponde— es restituir el vínculo entre la experiencia vivida y la comprensión de la totalidad social, entre el sufrimiento cotidiano y sus causas estructurales, entre la memoria histórica de las luchas pasadas y la posibilidad de un futuro emancipado.


Como sostienen Petras y Veltmeyer (2018) [15] en su análisis de la lucha de clases en América Latina, cada avance del capital en la región ha generado una respuesta correspondiente de las clases trabajadoras y populares. La guerra cognitiva es el más reciente capítulo de esta dialéctica de dominación y resistencia. La pregunta que se abre ante nosotros —pueblos de Venezuela, de América Latina y del mundo— es si seremos capaces de desarrollar las formas organizativas, las subjetividades y las conciencias que nos permitan no solo resistir, sino vencer en este nuevo terreno de batalla.

Referencias:


[1] Waldman, T. (2021). Vicarious Warfare: The Counterproductive Consequences of Modern American Military Practice. Contemporary Security Policy, 38(3), 409-431. https://doi.org/10.1080/13523260.2017.1393201
[2] Tan, A., & Perlmutter, D. (2006). The more you know, the less you understand: The problem with information warfare. Journal of Strategic Studies, 29(3), 497-521. https://doi.org/10.1080/01402390600765900
[3] Cañizález, A. (2003). Breaking Democracy: Venezuela’s Media Coup. Media International Australia, 108(1), 75-85. https://doi.org/10.1177/1329878×0310800114
[4] Forelle, M., Howard, P., Monroy-Hernández, A., & Savage, S. (2015). Political Bots and the Manipulation of Public Opinion in Venezuela. SSRN Electronic Journal. https://doi.org/10.2139/ssrn.2635800
[5] Hesketh, C. (2019). A Gramscian Conjuncture in Latin America? Reflections on Violence, Hegemony, and Geographical Difference. Antipode, 51(4), 1179-1199. https://doi.org/10.1111/anti.12559
[6] Buxton, J. (2019). The Missteps of Venezuela’s Opposition—Again. NACLA Report on the Americas, 51(2), 125-130. https://doi.org/10.1080/10714839.2019.1617472
[7] López-Rodríguez, A. M. (2021). Legal Consequences of and Approaches to the Question of Recognition of a Government of a State: Disputes involving Venezuela. ICSID Review – Foreign Investment Law Journal, 36(3), 491-514. https://doi.org/10.1093/icsidreview/siab022
[8] Mooney, J. (2021). Economic Sanctions, International Law, and Crimes Against Humanity: Venezuela’s Referral to the International Criminal Court. American Journal of International Law, 115(2), 305-312. https://doi.org/10.1017/ajil.2021.20
[9] Melo, B. P. (2018). To Be or Not to Be, That Is the Question?—Fragments of Marxist Theory on the Movements of Class Consciousness. International Critical Thought, 8(1), 102-118. https://doi.org/10.1080/21598282.2018.1430602
[10] Hawkins, K., Rovira Kaltwasser, C., & Andreadis, I. (2018). Polarization, Participatory Democracy, and Democratic Erosion in Venezuela’s Twenty-First Century Socialism. The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science, 681(1), 62-79. https://doi.org/10.1177/0002716218817733
[11] Morozov, E., & Erofeev, S. (2017). Hybrid wars: the archaization of political consciousness and involution of media. Russian Journal of Communication, 9(1), 62-76. https://doi.org/10.1080/19409419.2017.1323177
[12] Luz, N., & Miller, E. (2020). Minimal Effects, Maximum Panic: Social Media and Democracy in Latin America. Social Media + Society, 6(4), 1-12. https://doi.org/10.1177/2056305120984452
[13] Krieg, A., & Rickli, J.-M. (2018). Surrogate warfare: the art of war in the 21st century? Defence Studies, 18(2), 159-186. https://doi.org/10.1080/14702436.2018.1429218
[14] Main, A., & Dangl, B. (2019). Venezuela: A Critical Moment to Challenge Intervention. Socialism and Democracy, 33(2), 118-125. https://doi.org/10.1080/08854300.2019.1638184
[15] Petras, J., & Veltmeyer, H. (2018). Class Struggle Back on the Agenda in Latin America. Journal of Developing Societies, 34(1), 1-23. https://doi.org/10.1177/0169796×17753000
[16] Youngers, C. (2000). Cocaine Madness Counternarcotics and Militarization in the Andes. NACLA Report on the Americas, 34(3), 16-23. https://doi.org/10.1080/10714839.2000.11722614
[17] Morales, G. (2018). Comparative analysis of the emerging projects in Latin America after the crisis of the neoliberal modernity project in the early 21st century. Thesis Eleven, 149(1), 48-66. https://doi.org/10.1177/0725513618813382
[18] Robinson, W. I. (2024). Downplaying U.S. Imperialism Despite its Ongoing Tenacity: The Latin American Dimension. Latin American Perspectives, 51(2), 3-22. https://doi.org/10.1177/0094582×241256896

Nota al pie

La archaización de la conciencia política, es un fenómeno contemporáneo en el que los discursos, comportamientos y estructuras mentales de la política moderna retroceden hacia formas más primitivas, emocionales o tribales. Este proceso implica abandonar el debate racional y la complejidad democrática en favor de la dinámica basadas en la división, la identidad grupal y lideres.


Se puede reconocer en este fenómeno características y formas de expresión que evidencia culturas políticas populista y emocionales, donde la conciencia política se deforma a alejarse de la comprensión estructural de los problemas y enfocarse en el odio, el rencor social y la división. As mismo, encontramos formas de tribalismo, como un retorno a la lógica de “amigo-enemigo”, donde la pertenencia al grupo es más importante que las propuestas políticas. Se expresa también el liderazgo paternalista, que muestra la reaparición de figuras de autoridad vistas como “pastores del pueblo”, un concepto arcaico descrito por plato donde el líder asume un rol educador o paternalista sobre la ciudadanía. Por último, podemos encontrar la desinformación como herramienta, creando un contexto que permite que la desinformación alimente este retroceso, afectando la toma de decisiones razonables.


Este fenómeno se ve alimentado por la lucha por recursos, la polarización y la arremetida de intereses económicos. En lugar de una conciencia política basada en la ciudadanía moderna, se promueve una que busca “salvadores” o respuestas simples a crisis complejas. La archaización busca concentrar el poder en figuras que apelan a pasiones primarias, eliminado la racionalidad. Es un retroceso hacia formas autoritarias o tribales de entender el poder, impulsando por la polarización y la manipulación emocional, mientras la conciencia política sana busca transformar las relaciones de poder de manera horizontal y colectiva.

4945128008230571026

El discurso de la ciencia como instancia de poder: la exclusión del «saber otro»

Por: Dr. Merwin Pérez

Existe la falsa creencia de que el discurso científico es un territorio completamente neutral, un conjunto de métodos dedicados exclusivamente a la búsqueda objetiva de la verdad. Sin embargo, desde una mirada crítica y pedagógica, es evidente que la ciencia no es solo una herramienta de conocimiento; constituye, fundamentalmente, una poderosa instancia de hegemonía.

Este discurso posee una doble cara: tiene la capacidad de descubrir y fascinar, pero también opera como un mecanismo coercitivo que descalifica e inmoviliza los saberes que no se ajustan a sus moldes tradicionales.

El lenguaje y el discurso no son accesorios externos; son las dimensiones con las que construimos nuestra identidad. Si el discurso controla las mentes y las mentes controlan las acciones, el dominio de la discursividad se vuelve un imperativo para las estructuras de poder. Esto es lo que hoy denominamos guerra cognitiva.

Como señala Teun van Dijk (2008), el poder se inscribe en el lenguaje y se reproduce mediante prácticas discursivas que restringen el acceso al espacio público y naturalizan ciertas formas de entender el mundo en detrimento de otras. El campo científico, como afirmaba Michel Foucault (1970) en su análisis sobre el orden del discurso, es también un espacio de lucha que responde a imposiciones políticas y ejerce efectos de coacción sobre la sociedad.

Históricamente, el modelo eurocéntrico y positivista ha funcionado como un tribunal supremo que descalifica los conocimientos ancestrales, populares y de los pueblos originarios. Boaventura de Sousa Santos (2010) ilustra este fenómeno mediante el concepto de la línea abisal, una frontera invisible que divide la realidad en dos universos:

A «este lado de la línea»: Se encuentra el conocimiento científico tradicional, validado por la academia institucionalizada como el único riguroso y verdadero.

«Al otro lado de la línea»: Quedan confinados los saberes indígenas, campesinos y populares. Bajo la óptica dominante, estas formas de conocimiento son rebajadas a meras creencias, supersticiones o intuiciones intuitivas, negándoles su validez epistémica por no cumplir con las normas estrictas del método formal.

Frente a este modelo, diversos pensadores latinoamericanos plantean la urgencia de un desprendimiento colonial de las estructuras cognitivas:

Zulma Palermo (2005): Propone desmontar el andamiaje positivista y dar paso, a proyectos nacidos de los debates comunitarios, sin la necesidad de buscar la aprobación de instituciones anglosajonas o eurocéntricas.

Aníbal Quijano (2000): Explica que la colonialidad del poder impone una clasificación racial y étnica que jerarquiza los saberes, y que superarla exige validar racionalidades históricamente subalternizadas.

Enrique Dussel (1977) y Catherine Walsh (2009): Coinciden en la urgencia de una filosofía de la liberación y una interculturalidad epistémica que descentren el discurso metropolitano para dar voz a la experiencia de la periferia.

Esta epistemología otra, situada en el Sur Global, parte del reconocimiento de que la comprensión del mundo es mucho más amplia que la perspectiva occidental, que la diversidad de saberes es infinita y que no puede ser monopolizada por una teoría general (Santos, 2009).

El objetivo no es desechar el avance de la investigación académica tradicional, sino complementarlo mediante el diálogo de saberes. Como advierte Luis Bigott (1992), los sistemas escolares y universitarios corren el riesgo de actuar como instrumentos de coloniaje cultural si permanecen aislados de su entorno.

Para romper estas fronteras rígidas, el matemático Ubiratan D’Ambrosio (1997) propone asumir la transdisciplinariedad no solo como un método, sino como una actitud ética y política que valide las estrategias legítimas de cada cultura para explicar y transformar su realidad.

Como última palabra, el reconocimiento del discurso científico como una instancia de poder históricamente utilizada para descalificar y excluir nos exige, en tiempos de importantes cambios sociales, una acción transformadora y contundente. Para que su poder se reoriente hacia la inclusión y el reconocimiento del saber otro, y para asombrar desde la inventiva popular, es imperativo que la labor investigativa trascienda los límites de la comodidad académica.

La verdad sobre los saberes de los pueblos no reside únicamente en la frialdad de las oficinas con aire acondicionado o en la lectura solitaria frente a la computadora de vastas bibliotecas virtuales. Por el contrario, la consolidación de una epistemología del Sur y el espíritu de la transdisciplinariedad demandan bajar al terreno, tocar la realidad tangible y propiciar el diálogo de saberes directo con las colectividades populares, minoritarias e indígenas.

Solo al confrontar y validar rigurosamente el conocimiento contextualizado en estas realidades diversas, podemos desmantelar el paradigma cartesiano y abrir nuevas puertas a la generación de profundos cambios en las esferas de poder, para el beneficio equitativo de todos los habitantes de nuestra Pachamama, nuestra «Madre Tierra», y para las nuevas generaciones.

Luis Delgado

Profesor Luis Delgado expuso los peligros de la guerra cognitiva y la narrativa gris

Prensa LAUICOM.- El profesor Luis Delgado presentó su clase magistral, titulada «Guerra cognitiva y narrativa gris», ante la cohorte XXIV del Diplomado Internacional de Comunicación Política.

Habló de la capacidad que tenemos para influir en la opinión o ser influidos por ella. Asimismo, alertó sobre los peligros de la «guerra mental», una estrategia de última generación cuyo objetivo ya no es el cuerpo físico del enemigo, sino adueñarse de la motivación, la percepción y la memoria histórica de los pueblos.

Explicó que Venezuela enfrenta un escenario de «conflicto en territorio ambiguo» (zona gris) y «guerra sin límites», donde las potencias operan mediante bloqueos de todo tipo y el uso de las bandas criminales locales.
​A través de plataformas digitales y formatos cotidianos, el relato de los más poderosos introduce constantemente el egoísmo extremo y la falta de empatía. Esta operación busca romper las relaciones humanas y destruir el tejido familiar, normalizando el individualismo y el desinterés por el dolor ajeno.

«Ahí tenemos la pandemia de suicidios infantiles y juveniles en todo el mundo. Eso no es casualidad, eso es parte de la operación», sentenció.

Delgado señaló que hacer comunidad es un acto de resistencia rebelde, un «milagro» que debe nacer primero en la mentalidad de quienes comunican.

Concluyó que la defensa de la mente exige de los grupos líderes un compromiso de estudio y debate riguroso, dejando de lado las ideas fijas: «Cuando un grupo político líder fracasa, es porque primero ha fracasado el grupo encargado de crear el conocimiento. No existen recetas hacia el socialismo, y mucho menos en la comunicación».