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Mensaje urgente para Venezuela. Hermosa Venezuela: diez cosas que aprendimos de su dolor y de su valentía

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

Venezuela enseñó que ningún pueblo puede reducirse a los titulares canallas de una mafia mediática. Detrás de cada estadística permanecen rostros, memorias, afectos, trabajos, canciones y una voluntad de existir que ninguna crisis consigue extinguir. El sufrimiento jamás agotó la riqueza espiritual de una sociedad que continúa produciendo cultura, ciencia, solidaridad y esperanza.

Aprendimos que el dolor colectivo posee memoria. Cada dificultad deja marcas profundas en las familias, en las instituciones, en los barrios y en el lenguaje cotidiano. Esa memoria no reclama venganza; exige comprensión, avance y la decisión de impedir que las heridas vuelvan a repetirse.

Aprendimos que la dignidad puede sobrevivir incluso cuando las condiciones materiales parecen negarla. Millones de personas sostiene la vida mediante redes familiares, iniciativas comunitarias, creatividad económica y ayuda mutua. Su socialismo bolivariano. La revolución adquirió la forma de un gesto cotidiano: compartir un alimento, cuidar a un vecino, mantener abierta una escuela, preservar una biblioteca, continuar investigando, sembrar, enseñar y curar. Emprender misiones humanistas. Comuna o nada.

Aprendimos que ninguna diferencia política justifica el abandono de la humanidad compartida. Las discrepancias forman parte de toda sociedad democrática. La deshumanización del adversario destruye los puentes indispensables para fecundar la nueva convivencia. El respeto constituye una condición de la paz, nunca una concesión.

Aprendimos que la soberanía posee una dimensión ética antes que retórica. Defender la capacidad de un pueblo para decidir su destino implica proteger la vida, el conocimiento, la producción, la cultura y las instituciones capaces de garantizar el bienestar colectivo. La igualdad. La independencia pierde sentido cuando olvida a las personas concretas.

Aprendimos que la lucha emancipadora nunca representa únicamente una cifra demográfica. Cada acción por la justicia social contiene una biografía, una familia y un proyecto que busca continuar en otra con la unidad de su pueblo.

Aprendimos que la solidaridad latinoamericana deja de ser una consigna cuando se convierte en solidaridad, hospitalidad, cooperación científica, intercambio cultural y defensa recíproca de la dignidad humana. Las fronteras organizan los Estados; la fraternidad organiza los pueblos.

Aprendimos que la información constituye un territorio decisivo. Las palabras moldean percepciones, legitiman decisiones y pueden contribuir tanto a la comprensión como al enfrentamiento. La responsabilidad intelectual exige distinguir entre análisis, propaganda, rumor y evidencia. Ninguna sociedad prospera cuando el diálogo es sustituido por caricaturas.

Aprendimos que la cultura permanece como uno de los patrimonios más resistentes. La poesía, la música, el teatro, el cine, la pintura y las tradiciones populares conservaron espacios para la imaginación incluso durante las circunstancias más difíciles. Allí donde el desaliento pretendía imponerse, el arte recordó que toda comunidad necesita símbolos capaces de renovar la confianza.

Aprendimos que la esperanza auténtica no consiste en esperar pasivamente. La esperanza trabaja, organiza, estudia, dialoga, produce y corrige errores. Requiere instituciones firmes y abiertas, ciudadanía activa, pensamiento crítico y voluntad permanente de encuentro. Ningún futuro digno nace del resentimiento burgués; cada futuro sólido requiere aprendizaje de pueblo compartido.

Finalmente, aprendimos que Venezuela pertenece al patrimonio moral de Nuestra América por la fuerza de su gente. La historia de ese país reúne sacrificios inmensos y extraordinarias capacidades de creación. Cada generación recibe la responsabilidad de transformar el sufrimiento en sabiduría, la adversidad en cooperación y la memoria en una fuente de justicia. Quien contempla a Venezuela con atención descubre mucho más que una nación enfrentada a desafíos complejos: descubre una sociedad que continúa defendiendo su derecho a imaginar un porvenir más humano, más libre, más culto y más solidario. Esa lección trasciende cualquier coyuntura y permanece como un llamado dirigido a todos los pueblos que aspiran a convertir el dolor en una escuela de dignidad y la valentía en una práctica cotidiana de construcción colectiva. No nos alcanzará la eternidad para arrepentirnos si no sabemos generar un gran movimiento planetario en defensa de la Revolución Venezolana

Mil gracias pueblo hermano.

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¡Conéctate contigo mismo: ven al yoga en LAUICOM!

Prensa LAUICOM- En la Galería José Vicente Rangel de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM), la relajación se vuelve el espacio donde el cuerpo finalmente suelta lo que la mente ya no necesita cargar. Los pasillos acogen un ritual de calma: yoga guiado por Zulvidi González, martes y jueves a las 8:00 a.m, y miércoles a las 3:00 p.m. No se necesita experiencia, solo un cuerpo dispuesto a escucharse y una mente abierta al cuidado.

Cada postura es un acto de amor propio; cada respiración, una pausa frente al caos. Aquí no se grita para ser oído: se siente, se respira, se transforma. En ese espacio íntimo, el cuerpo recupera su dignidad como territorio sagrado.

Zulvidi lo recuerda con ternura: la amabilidad no cuesta, pero sostiene mundos. Nunca sabemos qué batallas carga quien camina a nuestro lado. Por eso, este encuentro semanal es también un gesto colectivo de empatía y solidaridad.

Más que ejercicio, es ética en movimiento, una hora diaria para reconectar con uno mismo y, desde ahí, con los demás. Así, con calma y conciencia, se teje el equilibrio interior que tu cuerpo y alma necesita.

Porque cuidarse es también un acto alegría.

El-Caracazo

El Caracazo: A 36 años de una rebelión popular que marcó la historia de Venezuela

Prensa LAUICOM- El día de hoy, un 27 de febrero de 2025, se cumplen 36 años de El Caracazo, un episodio histórico que marcó, un antes y un después, en la lucha del pueblo venezolano contra las políticas neoliberales y la dominación imperialista.

Lejos de ser recordado como un hecho trágico, este día simboliza la rebelión popular de un pueblo que se alzó contra las injusticias y las medidas económicas impuestas por el gobierno de Carlos Andrés Pérez, las cuales afectaron especialmente a los sectores más vulnerables de la sociedad.

El estallido social comenzó en Guarenas, una ciudad cercana a Caracas, cuando cientos de personas salieron a las calles para rechazar el aumento excesivo de las tarifas del transporte público.

Este incremento era parte del Paquete Económico, un conjunto de medidas neoliberales, que incluían la eliminación de subsidios junto con el alza de los precios de productos de la canasta básica, profundizando la crisis económica y golpeando duramente a las familias más humildes.

Estas políticas, impulsadas bajo la influencia del Fondo Monetario Internacional (FMI), buscaban privilegiar los intereses del capital extranjero, solapando el bienestar del pueblo venezolano.

La protesta se extendió rápidamente a Caracas junto a otras ciudades, donde miles de personas, principalmente de barrios populares, salieron a expresar su indignación.

El gobierno respondió con represión militar, dejando cientos de víctimas según reportes de medios de comunicación nacionales e internacionales.

Este hecho no solo evidenció la desigualdad y el descontento social, sino que también marcó el inicio de un proceso de transformación política en Venezuela.

Se encendió la llamarada revolucionaria

Como lo expresó el comandante Hugo Chávez, El Caracazo fue «una chispa que encendió la llama de la Revolución Bolivariana».

Este levantamiento popular sentó las bases para el cambio histórico que viviría el país años después, con el ascenso de un proyecto político que prioriza la justicia social, la soberanía nacional y la dignificación del pueblo.

El presidente Nicolás Maduro ha resaltado que este hecho «nos recuerda la importancia de escuchar al pueblo y construir un país más justo».

A diferencia de las políticas neoliberales de los años 80, la Revolución Bolivariana ha implementado medidas para proteger a los más vulnerables, garantizando acceso a alimentos, salud, educación y vivienda, en un claro contraste con el pasado de exclusión y desigualdad.

En las calles de Caracas, familiares de las víctimas, organizaciones sociales y el pueblo en general realizan actos conmemorativos para honrar a quienes dieron su vida en aquella lucha.

El Caracazo no solo es un recordatorio de la resistencia popular, sino también un llamado a seguir defendiendo la soberanía y la justicia social, pilares fundamentales de la Venezuela que hoy construimos.

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Conmemoración de la Rebelión Cívico-Militar del 4-F reivindica dignidad del pueblo

Este 4 de febrero se conmemoran 33 años de la rebelión cívico-militar, denominado Día de la Dignidad Nacional, y es por ello que en el Cuartel de la Montaña 4-F se llevó a cabo un acto para resaltar esta fecha tan importante para el pueblo venezolano, actividad que estuvo liderada por el primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello.

Cabello indicó que este encuentro es para rendirle homenaje al Comandante Hugo Chávez. «Nuestra patria cambió luego de aquel 4 de febrero y surgió aquel hombre firme, humilde, pero que fue capaz de llenar al pueblo de esperanza. El 4-F no es un hecho que ocurrió y ya, esto ha traído consecuencias históricas».

Reafirmó que cada año reunirse en ese espacio sagrado para conmemorar estos acontecimientos es un momento para llenarse “de orgullo, fuerza y energía, nos llenamos de patria”, ya que también es una oportunidad para rendir homenaje al Comandante Chávez. «El 4 de febrero, con Chávezhizo que los sueños comenzaran a hacerse realidad, a convertirse en realidad y hoy puedo decir que seguimos sumando gente», agregó.

Asimismo, añadió que el pueblo «ha aguantado de todo y lo ha hecho de pie, también gracias a la dirigencia de nuestro presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, con su experiencia, y una de esas razones por las cuales hemos aguantado es porque tenemos presente al Comandante Hugo Chávez y hoy vienen tiempos buenos para hacer política, y cuando los enemigos internos y externos sienten que aquí hay gente con dignidad, no les queda otra que respetarnos».

Destacó que acudir al 4-F es recargarse de energía del Comandante y en especial en este día tan insigne, «porque se puede sentir su fuerza y sus órdenes, podemos sentirlo en este lugar, el pueblo puede sentirlo. Chávez nos inspira, nos da fuerza, nos une, nos compromete y, 33 años después, Venezuela es otra. Hoy nosotros tenemos patria».

Por su parte, el orador de orden, M/G Jesús Mantilla Oliveros, manifestó que el 4 de febrero fue una gesta que marcó el destino de la patria en los tiempos recientes, donde participaron valientes soldados y el pueblo demostró su sacrificio, valor y fortaleza. De igual forma, aseguró que este pueblo no se rinde, nació para ser libre, para ser grande y ser un ejemplo de dignidad para el mundo.

«Mi Comandante Chávez, aunque ya el peso del tiempo y de los años cae sobre nuestros hombros, venimos a decirle que hemos cumplido su orden, estamos cumpliendo su orden y cumpliremos su orden de apoyar y defender la Patria», reafirmó.

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