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La Inteligencia Artificial en las agendas de la ONU

Tecnologías, monopolios tecnológicos y guerra cognitiva.

Lo que se ve y lo que no.

Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

Esta semana se reúne la Asamblea General de las Naciones Unidas en su 81.º período de sesiones, entre el 22 y el 28 de septiembre de 2026. Su lema central será: “Restaurar la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que cumplan para todos”. Y estará atravesada por un clima global de belicismo mercantil imperial y su niña mimada en el presente, la mal llamada Inteligencia Artificial.

Democratizar la Inteligencia Artificial no debería significar solamente ampliar el acceso de los usuarios al menú del mercado de aplicaciones, sino democratizar las capacidades para crearla, manejarla, comprenderla, auditarla, producirla, cuestionarla y decidir colectivamente sus usos. Desarrollar una política tecnológica soberana. La pregunta estratégica para las Naciones Unidas y para los pueblos no es únicamente cómo controlar los excesos de la IA monopolizada, sino cómo impedir que una transformación civilizatoria quede subordinada a intereses mercantiles e ideológicos bajo una lógica en la que la eficiencia burguesa termine reemplazando la deliberación social. Finalmente, la disputa debería centrarse en algo más profundo: el derecho de las sociedades a participar en la construcción de los lenguajes con los que interpretan la realidad que experimentan, se interpretarán y podrán erradicar todos sus horrores. En este contexto, la Inteligencia Artificial trasciende la mera función de herramienta y se transforma en un territorio de conflicto cultural: una contienda por quién designa, quién clasifica, quién recuerda, quién hace visible y quién consigue que una representación del mundo se acepte como la correcta. Disputa por el sentido.

Porque la, mal llamada, Inteligencia Artificial está lejos de ser asunto reservado a los vendedores de mercancías tecnológicas, a las corporaciones digitales o a los especialistas en computación y a todas sus alianzas militares, de espionaje y represión. El incremento de su presencia en las agendas de las Naciones Unidas evidencia una transformación de magnitud histórica: no se trata únicamente del desarrollo de nuevas herramientas, sino también del control de infraestructuras capaces de influir en la producción de conocimiento, la circulación de información, la organización laboral, la seguridad, la economía, la cultura y, en constante crecimiento, en las condiciones en las que los seres humanos construyen sus percepciones de la realidad. Lo que está en discusión bajo la palabra “Inteligencia Artificial” es mucho más que una tecnología.

Se está en disputa la habilidad para producir, procesar, ordenar y jerarquizar grandes volúmenes de datos; quién tendrá el control sobre los sistemas de computación y las redes de infraestructura; quién determinará los criterios con los que las máquinas clasifican el mundo; quién podrá imponer sus modelos lingüísticos y culturales; quién tendrá acceso privilegiado a las capacidades de cálculo y quién quedará reducido a un consumidor dependiente de tecnologías producidas en otros centros de poder. Por eso resulta anestésico mirar la IA solamente desde la fascinación tecnológica o desde el temor a una futura rebelión de las máquinas.

Hay que mirar al capitalismo y las relaciones sociales, económicas y geopolíticas que existen detrás de ellas. Una cantidad relativamente pequeña de corporaciones concentra capacidades extraordinarias de cómputo, datos, infraestructura, modelos, plataformas y capital. Ese proceso de concentración transforma a los monopolios tecnológicos en actores con una capacidad de intervención que excede ampliamente el mercado tradicional. No únicamente comercializan productos: gestionan infraestructuras de comunicación, poseen grandes repositorios de datos, supervisan plataformas donde se genera y distribuye cultura, participan en los circuitos de información y desarrollan sistemas capaces de generar textos, imágenes, sonidos, código y respuestas que millones de individuos integran en sus procesos cotidianos de adquisición de conocimiento. Y algunos gobiernos son cómplices de tal canallada.

Así resulta que unas pocas empresas pueden controlar las infraestructuras mediante las cuales millones de personas buscan información, producen contenidos, interpretan acontecimientos y toman decisiones; estamos frente a una forma de poder que no puede analizarse únicamente con las categorías tradicionales (y frecuentemente ilusionistas) de la economía burguesa. El problema es también semiótico y político. La IA puede convertirse en una gigantesca maquinaria de producción y administración de sentidos. Se le permite seleccionar lo que se manifiesta, lo que se oculta, lo que se considera relevante, lo que se presenta como verdadero, lo que se descarta como marginal y el lenguaje disponible para denominar los sucesos.

No hace falta imaginar una conspiración centralizada para comprender el problema. Basta observar que los sistemas funcionan mediante datos, modelos, criterios de clasificación, objetivos comerciales, políticas de plataforma y decisiones humanas que no son neutrales. Cada sistema incorpora determinadas concepciones del mundo y, al mismo tiempo, puede reproducir las desigualdades, prejuicios y jerarquías presentes en los materiales con los que se construyó. Por eso la discusión internacional sobre gobernanza de la IA es inseparable de una discusión sobre soberanía. Soberanía tecnológica, pero también soberanía cultural, lingüística, científica y cognitiva.

Para los mal llamados países periféricos, el riesgo no consiste solamente en llegar tarde a una revolución tecnológica. Se trata de quedar inmersos en una nueva división global laboral en la que unos pocos centros producen modelos, chips, infraestructura y conocimiento, mientras que grandes regiones del planeta aportan datos, usuarios, recursos naturales, energía, mercados y trabajo, y posteriormente adquieren las tecnologías resultantes. La dependencia podría adoptar así una forma nueva: no solamente depender de máquinas fabricadas afuera, sino depender de sistemas que participan en la producción de nuestras propias representaciones del mundo.

En este punto aparece la dimensión de la guerra cognitiva. No se trata de reducir toda IA a una herramienta militar ni de afirmar que toda manipulación informativa proviene de algoritmos. Consiste en admitir que la contienda contemporánea por el poder incorpora cada vez más la habilidad de influir en la atención, las percepciones, las emociones, la memoria social y los marcos interpretativos a través de los cuales las sociedades interpretan los sucesos. Una sociedad cuya información puede ser personalizada hasta el extremo, cuya agenda pública puede ser modulada por sistemas algorítmicos y cuyos ciudadanos reciben contenidos distintos de acuerdo a perfiles invisibles, experimenta una profunda transformación de su espacio público. La guerra cognitiva, en ese sentido, no necesita comenzar con una falsedad espectacular.

Puede operar mediante saturación, fragmentación, repetición, invisibilización, polarización, fabricación de tendencias o desplazamiento permanente de la atención. Puede hacer que determinados problemas parezcan centrales mientras otros desaparecen del campo perceptivo. Puede producir la ilusión de que una determinada interpretación es espontáneamente mayoritaria cuando, en realidad, ha sido amplificada por mecanismos tecnológicos. Y aquí aparece una de las preguntas más incómodas: ¿qué estamos viendo cuando miramos una pantalla y qué parte de la realidad ha quedado fuera del encuadre?

Entonces las agendas de Naciones Unidas son importantes precisamente porque se ha vuelto escandaloso el plan imperial llamado Inteligencia Artificial que se disfraza de marco multilateral de gobernanza, derechos, desarrollo y cooperación. Debemos denunciar lo que queda fuera de las agendas, qué conceptos predominan y quiénes tienen capacidad efectiva para intervenir en su definición. “Inteligencia Artificial responsable”, “Inteligencia Artificial segura” o “Inteligencia Artificial centrada en el ser humano” son importantes, pero no son suficientes si no se cuestiona quién tiene las infraestructuras, quién tiene el control de los datos, quién determina los estándares, quién obtiene los beneficios y quién asume la responsabilidad de los costos sociales y ambientales. Cómo sirve a los negocios bélicos.

Tampoco alcanza con discutir la desinformación sin discutir la arquitectura económica de las plataformas que convierten la atención humana en mercancía. La cuestión decisiva no es solamente qué puede hacer la Inteligencia Artificial, sino quién puede hacer qué con ella, bajo qué condiciones y para beneficio de quién. Allí se encuentra lo que se ve y lo que no se ve. Vemos modelos cada vez más poderosos, interfaces seductoras, máquinas capaces de producir imágenes, voces y textos extraordinariamente convincentes.

Vemos la promesa de productividad, innovación y progreso. Lo que frecuentemente no observamos es el uso de centros de procesamiento de datos, el consumo energético, los minerales, las cadenas de suministro, los trabajadores invisibilizados, los grandes volúmenes de datos, las decisiones corporativas, los intereses geopolíticos y las relaciones de propiedad que posibilitan esa aparente magia. Y tampoco vemos suficientemente el desplazamiento silencioso de una batalla fundamental: la lucha por determinar quién tendrá capacidad de producir sentido en sociedades cada vez más mediadas por sistemas algorítmicos.

Por eso la discusión sobre Inteligencia Artificial no puede quedar encerrada en la ingeniería. Es una discusión económica, geopolítica, cultural y semiótica. Es una discusión sobre el poder. La auténtica preocupación radica en la posibilidad de que los pueblos tengan la capacidad de interpretar su propia realidad, generar sus propios saberes y disputar los sentidos con los que se organiza la vida colectiva. La verdadera pregunta estratégica no es si las máquinas pensarán como los seres humanos. Es quién está consiguiendo que los seres humanos piensen cada vez más dentro de las condiciones diseñadas por las máquinas y por quienes las controlan.

Es imperativo solicitar a la Organización de las Naciones Unidas que se pronuncie sobre el dilema actual de la Inteligencia Artificial. Uno de los problemas fundamentales es la soberanía cognitiva, en particular la capacidad de una sociedad para preservar sus propios márgenes de interpretación, deliberación y decisión cuando una gran cantidad de sus mediaciones culturales comienza a depender de sistemas tecnológicos desarrollados y gestionados por actores transnacionales. Especialmente en el centro de la Guerra Cultural desplegada por el capitalismo en su fase imperial. Esto obliga a ampliar la noción de soberanía más allá del territorio, las fronteras y los recursos materiales. Además, será necesario debatir sobre la soberanía sobre los datos, las lenguas, los archivos culturales, los conocimientos colectivos y las condiciones a través de las cuales una comunidad puede hacerse visible en los sistemas que organizan el saber. La problemática adquiere una magnitud particularmente delicada para las comunidades cuyas experiencias históricas, lenguajes y formas de conocimiento han sido tradicionalmente subrepresentadas en las arquitecturas de información. Si las ofensivas comerciales, tecnológicas y militares de los propietarios de la Inteligencia Artificial se transforman en mediadores privilegiados entre los individuos y el mundo, estar fuera de su construcción equivale a estar parcialmente fuera de la definición tecnológica del presente y del futuro. Es decir, quedar dentro de una nueva esclavitud.

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Innovación, servicios y cooperación global: La mirada de la Universidad Internacional de las Comunicaciones en la CIFTIS

PEKÍN/ CHINA — En la dinámica actual del intercambio global, la Feria Internacional de Comercio de Servicios de China (CIFTIS, por sus siglas en inglés) se ha consolidado como uno de los epicentros más influyentes del planeta para evaluar el rumbo de la economía digital, la transferencia tecnológica y la cooperación internacional. En este escenario de alta relevancia geopolítica y comercial, nuestra casa de estudios mantiene una presencia activa para el estudio, análisis y registro de las tendencias que están redefiniendo el futuro.

La participación en este magno evento no solo representa una ventana abierta a las últimas innovaciones en materia de digitalización y servicios de valor añadido, sino que constituye un espacio estratégico para la investigación comunicacional.

Comprender hacia dónde se dirige la transformación tecnológica global es un requisito indispensable para anticipar los cambios en los flujos de información, la cibercomunicación y los nuevos modelos de producción de contenidos a escala internacional.

Durante el recorrido por los pabellones de la CIFTIS, la experiencia permite constatar cómo convergen la inteligencia artificial, la automatización y las plataformas de servicios avanzados, rediseñando los paradigmas tradicionales del desarrollo socioeconómico.

Para una institución dedicada a la formación y a la comunicación, el contacto directo con estos avances aporta elementos analíticos de primer orden para enriquecer la labor académica, la investigación científica y la proyección estratégica.

A través de esta agenda de trabajo internacional, la Universidad Internacional de las Comunicaciones reafirma su compromiso con la actualización permanente, la construcción de puentes de entendimiento global y el estudio riguroso de los fenómenos tecnológicos que impactan a los pueblos del mundo. Seguir de cerca estos espacios de convergencia nos permite traducir la vanguardia global en conocimiento útil para el desarrollo soberano de nuestras naciones.

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Presidenta Delcy Rodríguez y Secretario Chris Wright ofrecen declaraciones tras el encuentro bilateral en Caracas

Palacio de Miraflores, Caracas.- La presidenta de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez, y el secretario de Energía de los Estados Unidos, Chris Wright, ofrecieron declaraciones a los medios de comunicación social, luego de una reunión privada sostenida en el Palacio de Miraflores.

Durante sus intervenciones dieron a conocer los esfuerzos que realizan ambas naciones para mantener negociaciones que beneficien a los pueblos de ambos países.

La Mandataria Nacional destacó que en el país hay talento humano muy preparado para la industria hidrocarburos; así como también empresas e industrias listas para iniciar operaciones. En este contexto, la Jefa de Estado manifestó, positivamente, que Venezuela da la bienvenida a estas inversiones, al flujo de capital y a la nueva tecnología.

De la misma manera, Rodríguez aprovechó la oportunidad para expresar su opinión sobre la calidad de los productos venezolanos, los cuales espera que arriben a todos los mercados de exportación alrededor del mundo.

Prensa Presidencial/ Claudia Guerra Méndez

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Celebrando el ingenio humano: Día Mundial de la Ciencia y la Tecnología

La ciencia y la tecnología: motor del ingenio para transformar el mundo

Prensa LAUICOM – Cada 10 de abril, el mundo se detiene un instante para celebrar una fuerza invisible pero imparable: la curiosidad humana, desde 1982, esta fecha no es solo un día en el calendario; es un tributo vivo al legado del Dr. Bernardo Houssay, el primer argentino y latinoamericano en alcanzar las cumbres del Premio Nobel. Su nacimiento marca el inicio de una jornada dedicada a honrar a quienes, como él, decidieron que los límites estaban para ser desafiados.

Hoy celebramos ese brillo en los ojos de miles de mujeres, hombres y jóvenes que dedican sus vidas a la investigación, es un aplauso a la creatividad que nace en laboratorios, pero también en mentes inquietas que no aceptan un «no se puede» por respuesta.

Detrás de cada avance en salud, de cada conexión en telecomunicaciones y de cada revolución en la industria, hay historias de sacrificio, desvelos y una voluntad inquebrantable.

La ciencia no es solo fría lógica; es el acto de amor más grande por la humanidad. Es el médico buscando una cura, el ingeniero conectando pueblos lejanos y el docente sembrando preguntas en sus alumnos.

Gracias a esa inteligencia impulsada por el corazón, nuestra especie ha demostrado que su mayor superpoder no es la fuerza, sino la capacidad de aprender y crear.

En este Día Mundial de la Ciencia y la Tecnología, recordemos que cada gran descubrimiento comenzó con un pequeño sueño.

Honremos a quienes trabajan hoy para que nuestro mañana sea más brillante, más sano y más humano, porque al final del día, el amor por el conocimiento es la herramienta más poderosa para transformar el mundo.

martín augusto Casa Andrés Bello

¿Quién construye los algoritmos del futuro?

Prensa LAUICOM— En un encuentro entre tecnología y cultura, el Magister Martín Augusto Román, docente de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM) presentó la ponencia de «El lenguaje: El Primer Algoritmo de la Humanidad. La Inteligencia Artificial y el Lenguaje Humano» en la histórica Casa Nacional de las Letras Andrés Bello.

El evento giró en torno a una idea central: el lenguaje no solo es la herramienta fundamental de la comunicación humana, sino que también representa el primer sistema simbólico, el primer código, el primer algoritmo que la humanidad construyó para organizar el pensamiento, transmitir conocimiento y crear significado.

El lenguaje como origen del pensamiento algorítmico
Durante su exposición, Román destacó que, en la era de la inteligencia artificial, el lenguaje ha vuelto a ocupar un lugar central, aunque ahora bajo nuevas reglas. Explicó que cada palabra, cada frase que escribimos o pronunciamos, es descompuesta por los modelos de IA en unidades mínimas llamadas tokens, que constituyen la materia prima con la que las máquinas “aprenden” a entender y generar lenguaje. Una transformación silenciosa que convierte el habla humana en datos procesables. Sin embargo, esta conversión no es neutral: depende de qué lenguas se usan, quiénes las producen y cómo se priorizan en los sistemas tecnológicos.

El Magister presentó datos sobre la hegemonía lingüística en el mundo digital: el 98% de los artículos científicos se publican en inglés, el 50% de los libros digitales están en inglés, y más del 50% de los contenidos audiovisuales globales también lo están. Esta dominancia tiene consecuencias profundas: los modelos de inteligencia artificial se entrenan predominantemente con datos en inglés, lo que sesga su comprensión del mundo y marginaliza otras lenguas, culturas y formas de pensamiento.

Esta concentración del poder tecnológico se refuerza porque Estados Unidos y China lideran la carrera global por el dominio de la IA, no solo por su inversión y capacidad técnica, sino porque controlan los ecosistemas lingüísticos y digitales desde los cuales se desarrolla la inteligencia artificial. Los códigos se escriben en inglés o mandarín, las plataformas globales operan en estos idiomas, y los modelos más avanzados reproducen una visión del mundo que rara vez incluye las realidades del Sur Global.

Ante este panorama, el Magister lanzó un llamado al desarrollo del pensamiento crítico como herramienta esencial para enfrentar la era algorítmica. “No se trata de rechazar la IA, sino de comprender cómo funciona, qué intereses sirve y cómo podemos transformarla desde nuestras propias realidades”, indicó.

También destacó la necesidad de una alianza estratégica entre la experiencia de los pensadores críticos, historiadores y educadores, y la fluidez digital de las nuevas generaciones para no repetir las desigualdades del pasado y promover la soberanía tecnológica y justicia cognitiva.

Construir desde el Sur: una posibilidad real y urgente
Román determinó que es posible construir algoritmos desde el Sur Global. Gracias al acceso a modelos de inteligencia artificial abiertos, a una formación comunicacional crítica y al trabajo colaborativo, Venezuela tiene el potencial para desarrollar soluciones tecnológicas propias en sectores estratégicos como la industria petrolera, la minería, la salud pública, la educación y las ciencias tecnológicas.

Por lo cual hoy, en plena era algorítmica, se plantea un desafío histórico: definir quién diseña los códigos que moldearán el futuro. Si bien las grandes plataformas globales imponen sus lógicas, es viable y urgente que países del Sur asuman su protagonismo.

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Presidente Maduro: Venezuela va a marcar la pauta en temas de salud

El jefe de Estado afirmó que Venezuela destacará con avances en la investigación y desarrollo de tratamientos innovadores en materia de salud

María Eugenia Rodríguez

El presidente de la República, Nicolás Maduro, afirmó este lunes que el país va a «marcar la pauta» en la solución preventiva y curativa en temas de salud.

Mediante sus cuentas en redes sociales, el jefe de Estado aseveró que este logro será posible con «avances en la investigación y desarrollo de tratamientos innovadores».

«Este es el verdadero socialismo científico. ¡Estamos construyéndolo!», enfatizó el mandatario.

La publicación fue acompañada de un video que muestra diversas políticas implementadas por el Gobierno nacional con fin de promover el desarrollo en áreas científicas y tecnológicas.

Entre las iniciativas mencionadas están el Semillero Científico en las escuelas y liceos, la Universidad de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán y la Gran Misión Ciencia y Tecnología.

«El verdadero socialismo científico es el que estamos creando en el siglo XXI», es parte del mensaje del mandatario durante el video, destacando que se hace desde el conocimiento, la ciencia. como instrumento de transformación de la vida material y espiritual.

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Sin truco ni maña

Diosdado Cabello y Tania Díaz alertan a los padres sobre los retos virales y el uso de la tecnología

Este viernes, la diputada Tania Díaz y el ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Diosdado Cabello Rondón, hicieron un llamado de alerta a los padres sobre los retos virales y el uso de la tecnología para acceder a ellos. 

Durante la transmisión del programa Sin Truco Ni Maña, en referencia a los hechos lamentables que se han suscitados por los retos en redes sociales, la diputada instó a los padres a revisar en qué usan sus hijos los teléfonos móviles, qué redes sociales ven y temporizar los horarios de uso.

«Revisar algún contenido que no sirva, que es utilizado de forma prejuciosa… Eligen a los niños como objetivos,  con temas que no son propios de su edad o su condición. Usted simplemente puede dirigir el algoritmo», dijo Díaz.

En este sentido, subrayó que hay una campaña dirigida a niños y niñas desde los 12 años «sobre todo niñas, que les ofrecen ser modelo». Por su parte, Cabello puntualizó que a partir de esto «viene la prostitución, la trata de personas en su más cruda expresión, donde los coyotes son expertos».

«Todo eso está ligado a los delincuentes que dirigen la migración de venezolanos por temas políticos de ellos ‘que van a tumbar el gobierno’; no mentira, ellos lo que tienen es un negocio…», agregó el ministro.

REDACCIÓN MAZO