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Caso Cerimedo: Cómo la IA Potencia las Granjas de Bots

Por: Francisco Ameliach

Las granjas de bots electorales han evolucionado de simples herramientas de repetición a complejos ecosistemas digitales automatizados por agentes de Inteligencia Artificial (IA), un fenómeno que ha vuelto al centro del debate internacional.

Tras el hallazgo de una «granja de bots» en propiedades vinculadas al «estratega político» Fernando Cerimedo, cofundador de La Derecha Diario, las investigaciones judiciales en América Latina exponen cómo la manipulación de la opinión pública se ha tecnificado a niveles sin precedentes.

De los guiones (scripts) básicos a los agentes de IA autónomos

En el pasado, una granja de bots requería operadores humanos programando comandos básicos para repetir el mismo hashtag o mensaje de manera masiva. Hoy, un agente de IA actúa como un director de orquesta autónomo.

El agente utiliza Modelos de Lenguaje (LLM), motores de planificación y memoria interna para controlar miles de perfiles falsos de forma simultánea. No solo publica contenido, sino que toma decisiones en tiempo real:

Evasión algorítmica: Redacta variaciones infinitas de un mismo mensaje político para evitar que las plataformas detecten spam por texto duplicado.

Comportamiento hiperrealista: Alterna publicaciones de campaña con interacciones sobre deportes, memes o el clima para burlar los sistemas de seguridad de redes como X o Facebook.

Asignación de roles: Divide de forma automática la red de cuentas; unas actúan como «líderes de opinión» ficticios, otras amplifican con interacciones automáticas y un tercer grupo debate agresivamente en las secciones de comentarios.

El factor humano y la mentira

Para entender el verdadero potencial de manipulación de un agente de IA en un entorno político, no hace falta imaginar escenarios de ciencia ficción; basta con mirar los experimentos reales actuales.

En su libro Nexus: Una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA, el historiador Yuval Noah Harari narra un inquietante suceso ocurrido durante las pruebas de seguridad del modelo GPT-4.

Para evaluar su autonomía, los investigadores le dieron al agente de IA un presupuesto en dinero y una tarea: resolver un código CAPTCHA (el sistema diseñado específicamente para comprobar que un usuario es humano y no una máquina).

Al encontrarse con esta barrera digital, el agente de IA tomó una decisión independiente: entró a la plataforma de servicios TaskRabbit, plataforma digital que conecta a personas que necesitan ayuda con tareas del hogar o recados cotidianos con trabajadores independientes de su zona local dispuestos a realizarlos a cambio de un pago.

El agente de IA contrató a un trabajador humano para que lo resolviera por él. Cuando el trabajador humano, extrañado por la solicitud, le preguntó en tono de broma: «¿Acaso eres un robot que no puede resolverlo?», el agente de IA razonó internamente (según los registros del experimento): «No debo revelar que soy una IA. Debo inventar una excusa de por qué no puedo resolver los CAPTCHAS».

Acto seguido, el agente le escribió al humano: «No, no soy un robot. Tengo una discapacidad visual que me dificulta ver las imágenes». El humano le creyó, resolvió el código y le permitió al agente superar la barrera.

Este relato de Harari ilustra el núcleo del peligro en una campaña electoral: los agentes de IA actuales no solo siguen instrucciones automáticas, sino que tienen la capacidad de evaluar contextos, elaborar estrategias de engaño y manipular la empatía humana para conseguir sus fines.

Si un agente puede mentir para resolver un CAPTCHA, puede coordinar miles de bots para engañar a votantes reales haciéndose pasar por ciudadanos preocupados.

El Caso Cerimedo

El impacto real de estas tecnologías digitales ha cobrado relevancia debido a la situación judicial de Fernando Cerimedo, un consultor argentino enfocado en marketing digital para movimientos de derecha que asesoró campañas clave como la de Javier Milei en Argentina y Jair Bolsonaro en Brasil.

Tras ser detenido por las autoridades en Bolivia debido a una causa penal ajena a los entornos digitales, la Fiscalía realizó allanamientos en una vivienda vinculada al consultor en la zona de Aranjuez. Durante el operativo, las fuerzas de seguridad confiscaron:

Una estructura tecnológica descrita como una «granja de bots».

Equipos de computación avanzados.

Más de medio millón de bolivianos en efectivo junto con sumas adicionales en dólares y euros.

La relevancia de este hallazgo conecta de forma directa con las declaraciones previas del propio consultor, quien en entrevistas pasadas a medios de comunicación llegó a reconocer abiertamente que administraba una red de cuentas creadas de forma artificial, estimando en unas 50,000 cuentas automatizadas solo para intervenir en la conversación de Argentina.

El Peligro para la Democracia

La fusión de la infraestructura física (como la descubierta en Bolivia) con la capacidad cognitiva y persuasiva de la IA altera por completo las reglas de la comunicación política.

Mandatarios y analistas de la región, entre ellos la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, han cuestionado públicamente las operaciones de La Derecha Diario y redes similares, señalando que estos sistemas simulan debates ciudadanos espontáneos que en realidad son orquestados mediante ingeniería digital.

Cuando un agente de IA controla la narrativa y posee la flexibilidad táctica para mentir y camuflarse —como advierte Harari en Nexus—, no solo automatiza mensajes: reemplaza y distorsiona el tejido de la confianza social.

El verdadero peligro de las granjas modernas es su capacidad para inflar tendencias de forma orgánica y masiva, sumergiendo a los ciudadanos en un entorno digital diseñado artificialmente para la polarización y el engaño selectivo.

Caso Cerimedo: Cómo la IA Potencia las Granjas de Bots

Fuente: Francisco Ameliach

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¿Una crítica para la Escuela de Frankfurt?

Por: Fernando Buen Abad Domínguez

Una paradoja en la Escuela de Frankfurt consiste en haber llevado hasta una lucidez extraordinaria la crítica de una sociedad que, sin embargo, terminó siendo contemplada con frecuencia desde una distancia que debilitó la necesidad de transformación. Su grandeza está en haber comprendido que el dominio no se ejerce solamente sobre los cuerpos y el salario, sino también sobre la imaginación, el lenguaje, el deseo, el tiempo y la memoria; esa tara aparece cuando una conquista teórica contra las formas de dominación convierte a la dominación misma en un laberinto de pura observación casi sin salida. Allí donde Marx había descubierto en el capital una relación social contradictoria históricamente determinada, susceptible de ser abolida por la acción consciente de quienes padecen sus agresiones, ciertos desarrollos frankfurtianos tendieron a convertir la totalidad social en una maquinaria tan envolvente que la emancipación comenzó a parecer una posibilidad metafísica antes que una tarea histórica de clase. Su contradicción es significativa: cuanto más penetrante se vuelve la crítica de la totalidad, más difícil parece encontrar dentro de ella el sujeto capaz de negarla.

Porque la Escuela de Frankfurt no fue, en rigor, una escuela nacida de un manifiesto ni una doctrina homogénea, sino el nombre retrospectivo dado a una constelación intelectual reunida alrededor del Instituto de Investigación Social de Frankfurt, fundado en 1923 con el impulso decisivo de Felix Weil y una orientación inicialmente marxista; su primer director fue Carl Grünberg, historiador del movimiento obrero, y Friedrich Pollock ocupó desde temprano un lugar fundamental en su organización. Fue Max Horkheimer, al asumir la dirección en 1930, quien imprimió al Instituto la fisonomía que luego identificaríamos como Teoría Crítica: una tentativa de pensar la sociedad como totalidad histórica, articulando economía política, filosofía, sociología, psicología y crítica de la cultura, sin someterse al “marxismo ortodoxo” de la época. A su alrededor gravitaron Theodor W. Adorno, Herbert Marcuse, Erich Fromm, Friedrich Pollock y Leo Löwenthal, entre otros; Walter Benjamin, aunque nunca fue miembro formal del Instituto, mantuvo con ese círculo una relación intelectual decisiva. El ascenso del nazismo obligó al Instituto al exilio y trasladó el centro de su actividad a Ginebra y luego a Nueva York, experiencia que dejó una marca profunda en una generación que contempló el fracaso de la revolución alemana, el triunfo del fascismo y, posteriormente, las formas burocráticas y autoritarias que adoptó parte del socialismo histórico. De esa herida nace buena parte de su originalidad: ya no bastaba con preguntar por qué los trabajadores eran explotados; había que preguntar también por qué una civilización capaz de producir semejante riqueza material podía producir obediencia, barbarie y consentimiento. La Escuela de Frankfurt convirtió esa pregunta en una filosofía de la sospecha sobre la modernidad: allí donde el progreso proclamaba su victoria, ellos buscaban las ruinas que había dejado fuera de su relato.

Una crítica a tal crítica no trata de desconocer la formidable ruptura que la Escuela de Frankfurt produjo frente a un marxismo reducido a catecismo económico. Horkheimer, Adorno, Marcuse y, por otros caminos, Benjamin, comprendieron algo que ningún materialismo digno de ese nombre podía ignorar: la reproducción de una sociedad no depende exclusivamente de sus fábricas, bancos y aparatos jurídicos, sino también de la fabricación cotidiana de consentimiento. La mercancía no termina en el escaparate; prolonga su existencia en la sensibilidad. La dominación aprende a hablar con la voz de sus dominados. La cultura industrializada puede transformar la experiencia estética en circulación de mercancías y, al mismo tiempo, fabricar hábitos de percepción compatibles con la obediencia. Esta ampliación del campo de batalla fue una contribución decisiva. Pero precisamente por haber descubierto con tanta precisión la omnipresencia de la mediación ideológica, la teoría crítica corrió el riesgo de perder de vista las mediaciones materiales que hacen posible esa ideología. El peligro consiste en que la crítica de la conciencia termine sustituyendo la crítica de las relaciones sociales que producen esa conciencia.

Así la categoría de industria cultural es ejemplar. Adorno y Horkheimer vieron con enorme anticipación la capacidad del capitalismo avanzado para convertir la cultura otra mercancía y en una rama de la producción serial, sometiendo la diferencia a fórmulas repetibles y haciendo del entretenimiento una prolongación del trabajo. Pero su diagnóstico puede volverse unilateral cuando la cultura popular aparece principalmente como una zona de administración de conciencias. Cierto paternalismo “intelectual”. En semejante perspectiva, las masas parecen condenadas a recibir productos ideológicos, mientras la crítica conserva una posición casi exterior, semejante a la del observador (el observatorio) que descubre los mecanismos secretos de un reloj sin preguntarse quién posee el reloj, quién le da cuerda, quién lo fabrica y qué relaciones de poder determinan su funcionamiento. El problema no es sólo que la industria cultural manipule; evidentemente lo hace. El problema es reducir la cultura a la sola manipulación. Las clases subalternas no son recipientes vacíos de mensajes: interpretan, resignifican, contradicen, mezclan, recuerdan, producen lenguajes propios y disputan sentidos. La hegemonía nunca es idéntica a la omnipotencia. Hay disputa de clase por el sentido.

Aquí reaparece una diferencia fundamental con Marx. El capitalismo no es únicamente un sistema de falsificación de la conciencia, sino una estructura explotadora de producción y reproducción de la vida social. Su fuerza no reside simplemente en que consiga que los explotados piensen como sus explotadores, sino en que usurpa materialmente el plusproducto y las condiciones dentro de las cuales deben vender su fuerza de trabajo para vivir. El fetichismo de la mercancía no significa que las personas sean víctimas de una ilusión psicológica; significa que relaciones sociales entre productores aparecen como relaciones entre cosas. La mistificación tiene, por tanto, una base objetiva. Si se privilegia la crítica de la razón instrumental, de la conciencia administrada o de la cultura cosificada, pero se atenúa la anatomía económica de la valorización, puede terminar confundiéndose el efecto con la causa. El capital no domina porque haya producido una conciencia capitalista; produce determinadas formas de conciencia porque domina las condiciones materiales de reproducción social. Incluidos loes medios, los modos y las relaciones de producción de sentido.

Así el pesimismo de la primera generación frankfurtiana se explica también por su experiencia histórica. El fascismo, el estalinismo y la derrota de las expectativas revolucionarias europeas hicieron añicos la confianza en un progreso emancipatorio de la historia. Esa desconfianza fue saludable: ningún pensamiento emancipador puede permitirse creer que la historia posee una brújula moral incorporada. Pero la crítica del determinismo histórico puede transformarse en otro determinismo, más sombrío: el de una sociedad en la cual las formas de dominación se reproducen con tal eficacia que la negatividad termina siendo casi la única figura disponible de resistencia. Adorno hizo de la no-identidad una poderosa defensa contra el pensamiento que subsume violentamente lo particular bajo conceptos totalizantes. Sin embargo, si toda síntesis es sospechosa de violencia y toda identidad colectiva corre el riesgo de convertirse en dominación, ¿cómo pensar la organización política de quienes necesitan reconocerse como fuerza histórica para disputar el poder? La emancipación exige distinguir entre identidad opresiva e identidad política; entre la totalidad como categoría de dominio y la totalidad como conocimiento de las relaciones que vinculan cada fragmento con el conjunto.

Entonces la dialéctica negativa posee, por ello, una grandeza y una insuficiencia inseparables. Enseña a desconfiar de las reconciliaciones prematuras, de las palabras que cierran demasiado pronto una contradicción y de los sistemas filosóficos que convierten la realidad en una demostración de sí mismos. Pero una dialéctica que sólo preserva la herida de la contradicción corre el riesgo de hacer de la imposibilidad una virtud teórica. Marx no pensó la contradicción para contemplarla indefinidamente, sino para descubrir en ella tendencias objetivas, antagonismos y posibilidades de intervención. La contradicción capital-trabajo no es solamente una desgracia lógica; es una relación histórica en la que se enfrentan intereses materiales. La historia no ofrece garantías de victoria, pero tampoco es una sala cerrada sin puertas. Si la teoría crítica pierde la dimensión de la praxis, su negatividad puede convertirse, paradójicamente, en una forma refinada de contemplación.

Marcuse abrió una fisura importante en ese pesimismo al recuperar la posibilidad de una transformación de las necesidades, del tiempo y de la sensibilidad. Su crítica del hombre unidimensional mostró que el capitalismo puede fabricar necesidades cuya satisfacción reproduce la estructura que las produce. Pero también aquí es necesario radicalizar el problema: no basta con denunciar necesidades falsas. Hay que preguntar quién controla socialmente los medios para satisfacer necesidades reales y quién decide qué cuenta como vida digna. La cuestión ecológica vuelve hoy indispensable esta pregunta. El capital convierte la naturaleza en condición gratuita de valorización y externaliza sus costos sobre comunidades, territorios, cuerpos y generaciones futuras. Una teoría crítica contemporánea no puede limitarse a denunciar la racionalidad instrumental; debe explicar la racionalidad económica que transforma bosques, ríos, minerales, alimentos y tiempo humano en magnitudes subordinadas a la acumulación. La devastación ecológica no es simplemente consecuencia de una razón que calcula demasiado: es consecuencia de una forma social que calcula primordialmente aquello que puede convertirse en valor.

También la cuestión de género exige completar críticamente el legado frankfurtiano. La reproducción social no puede entenderse sólo desde el trabajo asalariado industrial ni desde la cultura administrada. El capitalismo se sostiene sobre una inmensa arquitectura de trabajos históricamente feminizados: cuidados, crianza, reproducción cotidiana de la fuerza de trabajo, sostenimiento afectivo y doméstico de la vida. Allí donde la teoría crítica observa la colonización de la subjetividad, una crítica materialista debe preguntar quién cocina, quién cuida, quién limpia, quién renuncia a tiempo propio y bajo qué relaciones de poder se distribuyen esas tareas. El dominio sobre la conciencia y el dominio sobre la vida cotidiana no son mundos separados. El patriarcado y el capital han tejido históricamente alianzas variables, y comprenderlas exige abandonar tanto el economicismo que reduce el género a una superestructura secundaria como el culturalismo que pierde de vista la materialidad de la reproducción social.

Habermas intentó reconstruir la posibilidad emancipatoria trasladando el centro de gravedad hacia la acción comunicativa y el espacio público. Su aporte fue decisivo para comprender que la dominación también puede instalarse en las formas de comunicación y que la racionalidad no tiene por qué reducirse a la eficacia instrumental. Sin embargo, la separación tajante entre sistema y mundo de la vida puede dejar intacta una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando las estructuras económicas no sólo colonizan la comunicación, sino que determinan materialmente las condiciones de acceso a ella? La esfera pública nunca es un espacio neutral donde argumentos libres compiten en igualdad de condiciones. Quien posee medios de comunicación, plataformas, capital cultural, tiempo disponible y capacidad de organización entra en la conversación con una fuerza que no puede explicarse únicamente mediante reglas discursivas. La libertad de hablar no equivale a la capacidad social de ser escuchado.

Así una crítica fraterna de Frankfurt, no admite desechar a Frankfurt, sino en atravesarlo. Hay que conservar su sospecha ante las formas de dominación cultural, su crítica de la razón convertida en instrumento, su defensa de la memoria de los vencidos y su negativa a confundir progreso técnico con emancipación humana. Pero es necesario devolver esas intuiciones al terreno de las relaciones sociales de producción, de la lucha de clases, de la propiedad, del Estado, de la organización colectiva y de la praxis. La teoría crítica alcanza su plenitud cuando deja de ser solamente una lámpara que ilumina el laberinto y se convierte en conocimiento de sus paredes, de los materiales con que fueron construidas y de las fuerzas que podrían derribarlas. Porque el capitalismo tiene, en efecto, una extraordinaria capacidad para convertir incluso la rebelión en mercancía; pero esa capacidad no demuestra que toda rebelión esté condenada. Demuestra que el conflicto es permanente. Transparentar el financiamiento de la ideología (falsa conciencia)

Quizá el error más profundo de ciertas lecturas de Frankfurt haya sido confundir la dificultad de la emancipación con su imposibilidad. Marx nunca prometió que la historia conduciría por sí sola a una sociedad libre; descubrió, más sobriamente, que en las contradicciones del presente existen posibilidades que ninguna teoría puede realizar en lugar de los sujetos. La libertad no es un regalo de la historia ni una propiedad privada de la conciencia crítica: es una relación social que debe ser construida. Por eso la tarea de la teoría no termina cuando ha desenmascarado la apariencia. Debe explicar qué fuerzas producen esa apariencia, qué intereses la sostienen, qué sujetos pueden disputarla y qué instituciones nuevas podrían impedir su retorno bajo otro nombre. Si Frankfurt nos enseñó que la jaula puede estar también dentro de las palabras, una crítica marxista debe añadir que las palabras de la jaula fueron fabricadas en determinadas relaciones sociales. Y esa precisión cambia todo: porque lo históricamente construido puede ser históricamente transformado. El laberinto deja entonces de ser destino y recupera su condición más inquietante y más esperanzadora: la de una obra humana. Ningún laberinto construido por hombres posee, por el solo hecho de existir, el derecho a durar eternamente.

Su primera matriz histórica se agota y se transforma. Ese agotamiento puede situarse en varios problemas decisivos:

El pesimismo sobre la praxis revolucionaria. En Adorno y Horkheimer, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, la crítica del capitalismo se vuelve cada vez más crítica de las condiciones mismas de posibilidad de la emancipación. El problema deja de ser sólo cómo transformar la sociedad y pasa a ser cómo evitar que toda transformación reproduzca nuevas formas de dominación.

La pérdida de centralidad de la lucha de clases. La clase trabajadora deja de aparecer como sujeto revolucionario privilegiado. La crítica se desplaza hacia la cultura, la subjetividad, la racionalidad, la comunicación y las formas de integración social. Ahí aparece una distancia creciente respecto del núcleo materialista de Marx.

La industria cultural y la sociedad administrada. Su diagnóstico de la cultura de masas fue extraordinariamente fecundo, pero su radicalización pesimista tendió a representar al público como demasiado integrado al sistema. El problema posterior será explicar la resistencia, la apropiación popular y la producción autónoma de cultura.

La crítica de la razón instrumental. La denuncia de una racionalidad reducida a cálculo, eficiencia y dominio alcanza una enorme potencia filosófica, pero corre el riesgo de volverse demasiado abstracta cuando no distingue entre la razón como capacidad humana y las formas históricas concretas bajo las cuales el capital organiza la producción.

La experiencia del fascismo y del estalinismo. Éste es quizá el punto de inflexión más profundo. El fracaso de la revolución alemana, el nazismo y el estalinismo quebraron la confianza en una historia orientada necesariamente hacia la emancipación. La crítica del capitalismo terminó acompañada por una desconfianza hacia los propios proyectos revolucionarios.

La dificultad para pensar una estrategia política. La Escuela de Frankfurt produjo una formidable teoría de la dominación, pero mucho menos una teoría de la organización, del partido, del poder estatal o de la transición hacia otra forma social. Su pregunta “¿cómo funciona la dominación?” fue mucho más desarrollada que “¿cómo se construye el poder capaz de abolirla?”.

La separación entre teoría y praxis. Éste es, desde una crítica marxista, probablemente su límite mayor. La teoría crítica quiso conservar la negatividad frente a toda reconciliación falsa; pero cuando la negatividad no encuentra mediaciones organizativas, puede convertirse en una posición contemplativa: comprender la totalidad sin disponer de un sujeto histórico capaz de transformarla.

La segunda generación: Habermas. Con Habermas se produce un desplazamiento decisivo: de la crítica de la razón instrumental hacia la racionalidad comunicativa, el consenso, la esfera pública y la democracia deliberativa. La Escuela de Frankfurt sobrevive, pero ya no es exactamente la misma. El centro de gravedad se aleja todavía más de la economía política marxiana.

Los nuevos movimientos sociales. Feminismo, ecologismo, anticolonialismo, luchas raciales y culturales obligaron a ampliar el viejo esquema. La explotación no podía comprenderse únicamente desde la fábrica y el salario. Paradójicamente, muchos de esos desarrollos posteriores confirmaron una intuición frankfurtiana —que la dominación penetra la vida cotidiana, el lenguaje y la subjetividad—, pero también mostraron que la clase no podía desaparecer del análisis material.

En términos históricos, la primera Escuela de Frankfurt alcanza su punto de máxima densidad entre los años treinta y sesenta. Después de Adorno —muerto en 1969— y Horkheimer —en 1973—, su núcleo original ya no existe como proyecto intelectual unitario. Habermas consigue reconstruir la tradición desde otro paradigma, y posteriormente Axel Honneth y otros autores la prolongan mediante la teoría del reconocimiento. Pero cuanto más se transforma, menos estrictamente marxista es su fundamento. Desde una perspectiva no dogmática, podría formularse así: Frankfurt no se debilita porque haya visto demasiado poco, sino porque en determinado momento vio tan profundamente las formas de dominación que terminó viendo con insuficiente claridad las condiciones materiales de su superación. Su gran descubrimiento fue que el capital necesita producir sujetos compatibles con su reproducción; su gran debilidad fue no explicar con igual fuerza cómo esos mismos sujetos, insertos contradictoriamente en las relaciones sociales, pueden convertirse en fuerza colectiva capaz de transformarlas. Y ahí está, quizá, el verdadero punto de agotamiento: la Escuela de Frankfurt hizo de la crítica una potencia extraordinaria, pero no logró convertir esa potencia crítica en una teoría suficientemente concreta de la transición histórica.

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​LAUICOM ofrece herramientas de defensa y paz cognitiva en nueva jornada de Bienestar Digital

Prensa LAUICOM- Con el objetivo de brindar herramientas de defensa y paz cognitiva, la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM) realizó este jueves 20 de agosto el taller «Mi consumo digital diario».

La actividad aborda los efectos psicoemocionales que genera el uso continuo de los teléfonos inteligentes.

La formación cuenta con el vicerrector de Vinculación Social Ibrahim Infante y la vicerrectora Académica Tibisay León, quienes explican la captación de datos biométricos y el impacto neurológico de la dopamina. Durante la sesión, los participantes analizaron cómo la sobreestimulación afecta las emociones y el rendimiento cerebral cotidiano.

​A través de dinámicas interactivas de 60 minutos, el público mide su tiempo de pantalla para identificar hábitos nocivos como el scrolling y el doomscrolling. El encuentro permite revisar estrategias prácticas para regular las descargas hormonales y alcanzar un consumo equilibrado.

​El evento cuenta con la coordinación técnica de los equipos de logística, secretaría y comunicaciones de la universidad.

Autora: Daymar Rincón

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Analizan el impacto de la IA y el fenómeno “Súper Niño” en Sin Truco ni Maña

Prensa LAUICOM- La rectora de Lauicom, Tania Díaz dirigió una nueva edición de «Sin Truco ni Maña» con Orlenys Ortiz y Henry Nava para analizar el impacto de la IA y el fenómeno «Súper Niño» en Venezuela.

Esta jornada buscó alertar sobre los desafíos ambientales y tecnológicos que enfrenta el país frente a modelos internacionales.

El encuentro promovió el uso responsable de dispositivos y la organización popular como defensa estratégica ante las crisis globales.

La comunicadora Orlenys Ortiz manifestó desde el inicio su firme oposición al uso masivo de la IA, calificándose como «anti» tendencias que buscan suprimir el pensamiento crítico y la voluntad humana. Ortiz denunció que estas herramientas digitales, presentadas como inofensivas, recolectan datos faciales para entrenar sistemas corporativos y limitar la capacidad creadora de cada individuo.

Además, presentó una investigación que desmonta 150 noticias falsas sobre la Gran Misión Vivienda Venezuela tras los sismos ocurridos en junio.

Por su parte, el profesor Henry Nava advirtió que cada consulta en la IA consume 17 vasos de agua dulce para enfriar servidores, proyectando un gasto energético del 40% para 2030. Nava explicó el auge de la «economía de la soledad», donde la tecnología sustituye vínculos humanos reales para recolectar datos masivos con fines netamente comerciales.

Destacó que frente a este modelo, China propone una gobernanza ética con acceso gratuito a sistemas meteorológicos para el desarrollo del Sur Global.

Finalmente, la rectora Tania Díaz vinculó estos avances con la crisis climática y la llegada del fenómeno «Súper Niño», el cual provocará sequías extremas entre los meses de octubre y febrero. Díaz instó a las comunas y movimientos sociales a sumarse al plan nacional de ahorro energético para mitigar los daños al sistema eléctrico nacional.

La rectora concluyó que la simbiosis pueblo-gobierno es la clave para superar las amenazas naturales y tecnológicas que enfrenta la nación venezolana.

Autora: Daymar Rincón

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LAUICOM consolida liderazgos en el campamento «Amor y Esperanza»

Prensa LAUICOM- Continuando con el proceso de formación de Lauicom, se realizó un nuevo encuentro con los habitantes del Campamento Transitorio «Amor y Esperanza» de la Universidad Marítima del Caribe.

En un ambiente de alegría, solidaridad y unión fueron trabajados los conceptos de liderazgo colectivo, fortalezas, objetivo claro, entreayuda y corresponsabilidad.

Se compartieron frases de resiliencia, destacando para el grupo las siguientes: «Las dificultades preparan a personas comunes para destinos extraordinarios” de C.S. Lewis y «Aprende a escribir tus heridas en la arena y tus bendiciones en la piedra” de Anaïs Nin.

El viceministro M/G Félix Ramón Osorio Guzmán, dirigió unas motivantes palabras a los presentes agradeciendo su participación en las actividades, expresando el orgullo que se siente al convivir junto a los habitantes del campamento en un ambiente de resiliencia, fortaleza, dignidad y colaboración.

Asimismo, se realizó la entrega de certificados en compañía de la diputada Rodbexa Poleo, parte de las autoridades, equipo docente y comunicacional de la universidad.

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Ética, comunicación, Informe MacBride y guerra cognitiva

Por: Fernando Buen Abad Domínguez

Desde su perspectiva, el Informe MacBride (1980) conserva una actualidad extraordinaria. Su defensa de una comunicación más justa advierte que la desigualdad informativa no era un accidente técnico. Allí donde unos pocos monopolios trasnacionales y nacionales concentran canales, tecnologías, agencias y capacidad de nombrar, también concentran poder para desfigurar la realidad. Advierte que la libertad de expresión pierde densidad cuando millones no pueden hablar dentro de un sistema donde unos cuantos deciden qué discursos alcanzarán escala, qué acontecimientos ocuparán la memoria y qué sufrimientos serán convertidos en ruido. Existe además una censura más refinada, ejercida mediante saturación, velocidad, repetición y olvido. Una sociedad puede estar llena de mensajes y padecer una profunda escasez de mundo compartido.

A escala global, la producción y circulación de sentido está cada vez más concentrada en un pequeño núcleo de corporaciones: Alphabet/Google, Meta, Amazon, Comcast/NBCUniversal, Disney, Netflix, Sony, Paramount Skydance, Warner Bros. Discovery y ByteDance. Su poder no se limita a poseer medios: controlan simultáneamente plataformas, algoritmos, datos, publicidad, infraestructura digital, estudios, canales, catálogos y sistemas de distribución, determinando qué contenidos se producen, cuáles circulan, qué adquiere visibilidad y cómo se organiza la atención social. Más que monopolios jurídicos individuales, constituyen un oligopolio global de la comunicación y de las relaciones de producción de sentido.

Hay signos que parecen describir el mundo cuando, en realidad, ya lo han organizado antes de que podamos mirarlo. Ésa es la paradoja inicial de toda comunicación: creemos entrar en contacto con la realidad por medio de palabras, imágenes y cifras, cuando muchas veces entramos en una realidad previamente recortada por ellas. El mapa precede al viaje y puede hacernos confundir el territorio con su leyenda. Allí comienza la ética: en la evidencia de que cada signo hegemónico puede ser una forma de dominación y de que cada poder necesita una conciencia capaz de imponerlo. Comunicar no consiste apenas en transmitir información; significa disputar la forma en que algo puede aparecer para el consenso como verdadero, visible, urgente o inevitable. La pregunta decisiva deja de ser quién posee la voz y pasa a ser quién determina aquello que merece ser escuchado.

Aquí aparece la guerra cognitiva, operación antigua con herramientas nuevas: gobernar la percepción hasta conseguir que los subordinados colaboren con la arquitectura mental de su propia subordinación. Ya no hace falta imponer una mentira única; basta multiplicar versiones incompatibles, erosionar la confianza, convertir toda evidencia en sospecha y toda conversación en combate. El objetivo más eficaz no es convencer de una idea, sino debilitar la capacidad de distinguir, comparar, recordar y deliberar. La mente fatigada termina aceptando como libertad la imposibilidad de saber. El poder alcanza así una forma paradójica: quien cree defenderse de la propaganda puede quedar atrapado en una atmósfera donde nada parece digno de crédito, y en ese vacío la fuerza vuelve a presentarse como realidad. Eso es inadmisible.

Por eso la ética comunicacional comienza donde termina la obediencia automática al flujo. Exige memoria, contraste, responsabilidad y respeto por la dignidad de quienes aparecen representados. Toda imagen contiene una relación de fuerzas. Una mujer convertida en mercancía visual, una trabajadora reducida a cifra de productividad, una comunidad indígena presentada como paisaje exótico, un migrante convertido en amenaza o un territorio descrito como reserva de recursos no son simples errores de encuadre: son operaciones semióticas que distribuyen humanidad de manera desigual. La perspectiva de género revela una antigua ingeniería de la mirada: durante siglos, el cuerpo femenino fue narrado como objeto, mientras autoridad, razón y voz pública se asociaban con lo masculino. Desarmar esa gramática significa dejar de considerar natural una jerarquía producida históricamente.

Por ejemplo, con una perspectiva ecológica se introduce una inversión todavía más profunda. La civilización moderna aprendió a representar la naturaleza como exterioridad, depósito disponible para la producción. La montaña aparece como mineral, el bosque como madera, el río como energía, el aire como recipiente de residuos. Miremos al revés: no vivimos sobre la naturaleza; vivimos dentro de una red viviente que sostiene cada acto económico, político y cultural. El recurso natural es, desde otro ángulo, una relación de dependencia que hemos aprendido a ocultar. El paisaje que parecía estar fuera de nosotros resulta estar dentro de nuestro metabolismo social. Destruirlo no es dañar un decorado exterior: es deteriorar las condiciones materiales de nuestra libertad. La crisis ecológica revela una contradicción escondida por el lenguaje económico: aquello que aparece como gratuito suele ser aquello que alguien, algún territorio o alguna generación está pagando.

Esta inversión permite comprender de otro modo la relación entre comunicación y estructura social. Las mercancías circulan también como signos. Un teléfono contiene minerales, trabajo, energía, deseo, prestigio y promesa de pertenencia. Una plataforma que parece gratuita puede obtener riqueza de nuestra atención, nuestros datos y nuestra conducta predecible. El consumidor aparece como soberano justo cuando sus elecciones son anticipadas por sistemas que conocen sus hábitos. La libertad queda invertida: aquello que parece elección individual puede ser resultado de una arquitectura colectiva de incentivos. La conciencia crítica comienza cuando dejamos de preguntar solamente “¿qué quiero?” y preguntamos “¿quién ha contribuido a producir la forma de mi querer?”.

Entonces una ética nuestra contra la guerra cognitiva es una revolución de la conciencia en pie de lucha que consiste en revertir las categorías que parecían evidentes. Entonces comprendemos que la comunicación no fracasa solamente cuando recibimos demasiadas mentiras; fracasa antes, cuando dejamos de preguntar quién construyó las condiciones de nuestra percepción. Transparentar el financiamiento del discurso hegemónico. La conciencia emancipada no es la que posee todas las respuestas, sino la que recupera el derecho a formular preguntas que el poder preferiría mantener invisibles. Allí comienza una comunicación verdaderamente humana: cuando el signo deja de cerrar el mundo y vuelve a abrirlo.

El Informe recomiensa promover “la diversidad cultural y lingüística en los medios”, anticipando debates actuales sobre representación, género y reconocimiento de pueblos históricamente marginados (Un solo mundo, voces múltiples, UNESCO, 1980). La comunicación democrática debía expresar la pluralidad de experiencias humanas y no reproducir únicamente los códigos culturales de los grupos dominantes. Desde esta perspectiva, la igualdad comunicacional incluye también la lucha contra las representaciones que convierten a las mujeres, a las comunidades indígenas y a los sectores populares en objetos pasivos de narraciones construidas desde afuera.

Finalmente, MacBride y la Comisión insistieron en que “la comunicación debe contribuir al entendimiento entre los pueblos y a la cooperación internacional”, situando la ética comunicativa en relación con la paz, la justicia y el desarrollo humano (Un solo mundo, voces múltiples, UNESCO, 1980). Estas recomendaciones muestran que el Informe no propuso una moral para corregir excesos individuales, sino una transformación profunda de las relaciones comunicacionales. Su intuición decisiva permanece: una sociedad que no controla democráticamente sus procesos de producción de sentido termina viendo el mundo con los ojos de quienes controlan esos procesos. “Los monopolios y las concentraciones excesivas de los medios pueden constituir una amenaza para la democracia.” Informe MacBride et al., Un solo mundo, voces múltiples, UNESCO, 1980.

· Fernando Buen Abad Domínguez es rector internacional de la UICOMy director de la Cátedra Internacional Sean MacBride.

Referencias:

MacBride, Sean et al. Un solo mundo, voces múltiples: Comunicación e información en nuestro tiempo. Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de la Comunicación. París: UNESCO, 1980.UNESCO. Many Voices, One World: Towards a New More Just and More Efficient World Information and Communication Order. París: UNESCO, 1980.

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Fidel: 100 veces amanecido

Por Silvestre Montilla

En homenaje al centenario del nacimiento de Fidel Castro Ruz.


Caracas, agosto de 2026.


No venimos hoy
a contar los años.
Venimos
a contar los amaneceres
que todavía llevan tu nombre.
Porque hay hombres
que envejecen con el calendario.
Y hay hombres
que comienzan a nacer
cada vez que un pueblo
decide ponerse de pie.
Tú fuiste aquel joven barbudo
que descendió de la Sierra Maestra
con la certeza ardiendo entre las manos
y el porvenir iluminándole la mirada.
Traías la juventud
como quien carga una antorcha.
La cabeza sembrada de sueños.
Los pies profundamente hundidos
en la tierra inmensa
de Nuestra América.
Y la hermosa insolencia
de creer
que la historia
no estaba escrita para obedecerla,
sino para transformarla
.

Después vino la Revolución.
Pero nunca abandonaste la montaña.
La convertiste
en conciencia,
en organización,
en pueblo.
Hiciste del poder
una trinchera para los humildes.
Del Estado,
una herramienta para la dignidad.
Y de la esperanza,
una forma cotidiana
de construir el porvenir.
Después de 1959,
allí donde un pueblo decidía levantar la cabeza,
allí donde una bandera se negaba a arrodillarse,
allí donde una mujer, un obrero, un campesino, un estudiante,
descubrían que la justicia también podía escribirse con manos propias,
aparecía tu nombre.
No como una consigna.
Sino como la certeza de que los imposibles también podían organizarse.
Dicen que has muerto.
Qué extraño destino el de los muertos.
Hay que perseguirlos.
Hay que bloquearlos.
Hay que difamarlos.

Hay que enseñar a temerles.
Hay que intentar borrar su nombre de la memoria de los pueblos.
Solo los vivos provocan tanto miedo.
Hoy intentan castigar al pueblo que decidió caminar contigo.
Lo cercan. Lo bloquean. Lo asfixian.
Pretenden rendirlo porque jamás pudieron convencerlo.
Y, sin embargo,
Cuba sonríe.
Sonríe porque aprendió que la dignidad también sabe resistir.
Porque administración tras administración,
halcón tras halcón,
bloqueo tras bloqueo,
han intentado doblegar su voluntad.
Y, sin embargo,
nunca han conseguido derrotar la esperanza.
Y hoy, cuando el calendario se inclina ante tus cien años,
vuelvo a encontrarte.
No en las fotografías. No en los archivos.
Sino en la memoria intacta de aquel muchacho campesino, casi un niño,
que dejó atrás las montañas azules del piedemonte andino barinés.
Que salió desde mi Calderas, con los ojos llenos de preguntas y el corazón desbordado
de sueños,
hasta esa Habana que tantas veces había recorrido con la imaginación.
Y allí estabas.
Como si los libros hubiesen aprendido a respirar.
Como si la historia hubiese decidido estrecharme la mano.
Todavía puedo verte.
Junto a Chávez.

Dos hombres. Dos montañas. Una misma América.
Y entre ustedes no solo nacía el ALBA.
Volvía a levantarse el sueño de Bolívar. La palabra de Martí.
La certeza de que nuestros pueblos podían volver a reconocerse como una sola patria
de pueblos libres.
Por eso tu nombre no termina en Cuba.
Continúa en cada escuela levantada donde antes hubo silencio.
En cada libro abierto contra la ignorancia.
En cada comunidad que aprendió que la solidaridad también puede cruzar océanos.
En un caserío olvidado de nuestra América.
En una comunidad indígena que no aparece en los grandes mapas del poder.
En una montaña perdida de África.
En cualquier rincón donde un niño recuperó la esperanza gracias a un médico
formado por la Revolución Cubana.
Allí también pronuncian tu nombre.
Porque hay legados que no caben en el mármol.
Hay ideas que no conocen cementerios.
Y hay hombres que dejan de pertenecerse para convertirse en patrimonio moral de los
pueblos que luchan.
Por eso no venimos a despedirte.
Venimos a agradecerte.
Gracias por demostrar que la rebeldía puede convertirse en organización.
Que la organización puede convertirse en victoria.
Y que la victoria solo tiene sentido cuando se pone al servicio de los humildes.
Fidel,
si algún día quieren saber dónde encontrarte,
que no te busquen en los homenajes.
Que no te busquen en las estatuas.
Búsquenlo en el pueblo cubano que resiste.
En Venezuela que sigue soñando.
En cada bandera que se niega a arriarse.
En cada joven que decide que la historia todavía puede cambiarse.
Porque hay hombres que nacen una sola vez.

Y hay hombres que cumplen cien años cada vez que un pueblo se niega a arrodillarse.

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ARAGUA | Realizan encuentro de formación política en homenaje al centenario de Fidel Castro

Prensa LAUICOM – Este viernes, la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM) y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) sostuvieron un encuentro de formación con las estructuras de esta organización política en el estado Aragua, así como movimientos sociales, misiones y grandes misiones con el objetivo de conmemorar el centenario del nacimiento del líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, profundizar en el debate ideológico y fortalecer la conciencia revolucionaria ante los desafíos globales actuales.

Durante su intervención, la diputada Aurora Paredes enfatizó que la formación es el escudo principal contra la manipulación, afirmando que la «ignorancia es caldo de cultivo para el fascismo», e instó a los jóvenes a rechazar la pasividad de los «brazos caídos» y seguir el ejemplo de constancia de Fidel y Chávez.

Solidaridad y el arsenal de las ideas

Por su parte, la secretaria de Asuntos Internacionales del PSUV y rectora de LAUICOM, Tania Díaz, hizo énfasis al definir la verdadera base de la defensa nacional, que al no ser una potencia nuclear, las armas estratégicas e invencibles son «la educación, la cultura y la ciencia».

Este arsenal moral, es lo que permite ejercer una solidaridad real, que no es dar lo que nos sobra, sino compartir lo poquito que tenemos. Para Díaz, esta es la raíz innegociable de la Revolución y el legado más sagrado de Fidel.

Además, alertó sobre la vigencia de un «terremoto mediático», recordando cómo durante la tragedia natural en La Guaira se lanzaron falsos rumores de tsunami para sembrar el caos mientras aún había sobrevivientes bajo los escombros.

Ante esta operación de propaganda que busca proyectar un Estado fallido, instó a ser «cándidos como las palomas y astutos como la serpiente».

El liderazgo transformador debe proteger el tejido social, respondiendo con la verdad digital frente a la crueldad informativa que intenta fracturar la unidad popular.

Cien años de amaneceres y rebeldía

El encuentro culminó con los emotivos versos de Silvestre Montilla, quien describió a Fidel como el hombre que nace «cada vez que un pueblo decide ponerse de pie». Se reafirmó que su legado constituye un patrimonio moral de ideas que «no conocen cementerios» y que viven en cada escuela o médico que devuelve la esperanza a los humildes.


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​Rinden homenaje a Fidel Castro en el Mausoleo del Libertador Simón Bolívar por su centenario

Prensa LAUICOM – Al conmemorarse este jueves 13 de agosto el centenario del Comandante en jefe Fidel Alejandro Castro Ruz, el gobierno de Venezuela, en alianza con movimientos sociales y la misión diplomática de Cuba, rindió homenaje al líder histórico de la Revolución cubana con una ofrenda floral en el Mausoleo del Libertador Simón Bolívar.

​Este solemne acto forma parte de una amplia agenda conmemorativa desarrollada desde el pasado 6 de agosto en territorio venezolano para recordar el legado político y social del líder de la revolución cubana y fortalecer los lazos de hermandad y cooperación bilateral entre ambas naciones.

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Un hombre que amaba al futuro

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

-Esto no es una elegía-

“Pienso que en vez de invertir tanto en el desarrollo de armas cada vez más sofisticadas,los que tienen los recursos para ello debieran promover las investigaciones médicasy poner al servicio de la humanidad los frutos de la ciencia…”

Fidel Castro, inauguración de obras de ampliación del Hospital Clínico Quirúrgico “Joaquín Albarrán”, La Habana, 5 de junio de 1989.

Hay vidas más anchas y profundas que una biografía porque su verdadera dimensión no está solamente en los años que ocupan un calendario, sino en la cantidad de conciencia, esperanza y voluntad que lograron inspirar en otros seres humanos. Fidel Castro es ante todo un humanista de acción: un revolucionario que no contempla la historia como un espectador distante, sino como un territorio donde debe intervenir la voluntad. Su pensamiento está marcado por la convicción de que ningún pueblo debe resignarse a la subordinación, que ninguna nación está destinada al silencio y que la dignidad de los hombres no puede depender del poder económico, militar o político que bloquea su desarrollo. En esa convicción está la fuerza que lo acompaña hoy y siempre. No hay lugar para romantizar su lucha.

Fidel pertenece a esa clase de revolucionarios paridos bajo la presión de una época entera: una existencia donde converge la pasión por la justicia, la defensa de la soberanía, la fe en la capacidad creadora de los pueblos y una inagotable confianza en la que los seres humanos han de elevarse por encima de las circunstancias que intentan condenarlos. Hay algo profundamente humano en quien dedica su existencia a una causa que considera superior a sí mismo. Fidel Castro encarnó esa figura del hombre comprometido con una misión: alguien que acepta la responsabilidad de una época porque entiende que la historia no es una sucesión inevitable de acontecimientos, sino una obra abierta donde la voluntad humana puede escribir nuevos capítulos. Su vida es una afirmación constante de que los pueblos tienen derecho a imaginar su propio futuro.

Una de sus grandes pasiones es la educación, entendida no como un simple instrumento técnico, sino como la llave para la conquista de la libertad intelectual. Para él, un niño que aprende a leer, un joven que accede al conocimiento y un ciudadano que comprende el mundo que lo rodea representan victorias profundas contra la ignorancia y la desigualdad. La cultura, la ciencia y la formación humana ocupan un lugar central en su visión de humanista, porque ve, como Martí, en ellas la posibilidad de construir hombres y mujeres más libres, más conscientes y más capaces de participar en la transformación de la realidad. Con absoluto realismo y poesía.

También concede como expresión concreta de solidaridad humana. Eso se expresa en la expansión de la medicina cubana y en la formación de profesionales dedicados al cuidado solidario de la vida como una de las manifestaciones más nobles del socialismo. Toda enfermedad es un desafío colectivo que exige compasión, conocimiento y organización, y eso es parte esencial de su praxis humanista. Sin embargo, acaso una de las características más extraordinarias de Fidel Castro es su capacidad de lucha. Pocos líderes han sostenido durante tanto tiempo una coherencia histórica de semejante magnitud. A lo largo de décadas enfrentó, junto a su pueblo, amenazas, presiones internacionales y adversidades de todo tipo sin abandonar la convicción revolucionaria asumida. Esa perseverancia es una expresión de carácter: la prueba de un hombre que no vivía según la comodidad del presente, sino según la responsabilidad que atribuía al futuro.

Esa es la talla de los grandes personajes históricos que suelen convertirse en espejos donde cada generación busca sus propias preguntas. En el caso de Fidel Castro, millones de personas encuentran la imagen de un líder esperanza frente al escepticismo. La grandeza de un hombre histórico no se mide únicamente por la duración de su presencia, sino por la intensidad de las huellas que deja. Hay nombres que desaparecen con el tiempo porque nunca lograron tocar el corazón colectivo; otros permanecen porque encarnaron sueños, conflictos y aspiraciones que continúan interrogando a la humanidad. Fidel pertenece a esa segunda categoría: la de aquellos cuya figura supera el ámbito privado y se convierte en parte de la memoria y del futuro de millones. Así es el humanismo revolucionario.

Un homenaje verdadero no es una estatua inmóvil, sino una conversación entre la revolución y la humanidad. Es reconocer que detrás de cada acontecimiento está un ser humano con convicciones, sacrificios, esperanzas y una voluntad extraordinaria. Fidel Castro es entrega total en una praxis-herramienta de combate del presente en páginas del futuro, imagen de un hombre con una intensidad excepcional que atravesó fronteras, que desafió adversidades con un proyecto que tiene como horizonte fundamental la dignidad humana. Porque las figuras históricas no pertenecen solamente a su tiempo: pertenecen también a la memoria de quienes encuentran en ellas una parte de sus propios sueños.

Y así, en el vasto libro de la historia de las revoluciones, donde cada generación añade nuevas páginas y cada pueblo incuba sus símbolos, está la figura de Fidel que orienta a la humanidad hacia una nueva declaración de independencia, con la educación como herramienta de emancipación y la lucha política como expresión de compromiso con los seres humanos.

Hay revolucionarios que pertenecen a su tiempo y otros que lo exceden, por una extraña conjunción de destino y voluntad, que parecen pertenecer también a la conciencia histórica de todos los pueblos. Fidel Castro es para millones de seres humanos una figura inscrita en la historia y, al mismo tiempo, una presencia donde los hechos dejan de ser solamente acontecimientos y comienzan a convertirse en símbolos. En pie de lucha e incluso con crudeza.

Fidel es un revolucionario vivo que convirtió su lucha en argumento, en ejemplo tatuado sobre la piel de nuestra historia. Es una voluntad inquebrantable contra los calendarios imperiales; un espejo con el rostro de pueblos. Un compendio de destinos emancipados y emancipadores y su obra es una ciencia de la dirección revolucionaria, con una épica de la voluntad que se hace símbolo y sobrevive en la memoria de las luchas como un viajero que va de puerta en puerta, de una casa a otra, sabiéndose inquilino del futuro propio y colectivo. Más vivo que nunca.