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¡Nuestra América se defiende en unidad!

Prensa LAUICOM – En el marco de la Asamblea de los Pueblos por la Soberanía y la Paz de Nuestra América, voces desde Haití, Cuba, México y múltiples rincones del continente se entrelazaron con la del pueblo venezolano en un coro claro, firme y antiimperialista. Este espacio, forjado en la ética de la solidaridad y la lucha común, dejó al descubierto una verdad inquebrantable: la defensa de Venezuela no es una causa local, sino un deber continental.

En medio de un contexto global marcado por la agresión económica, la guerra mediática y las amenazas militares, las intervenciones recogidas durante el encuentro subrayaron el papel estratégico de alianzas entre formación política, comunicación popular y Poder Popular. Se rechazó con contundencia la narrativa injerencista que busca presentar a Venezuela como amenaza, cuando en realidad es ejemplo vivo de integración, acogida y resistencia digna.

Más de treinta países alzaron la voz, no solo en respaldo, sino en reconocimiento de que el ataque contra Venezuela es el mismo que históricamente ha buscado fragmentar, explotar y someter a Nuestra América. La unidad no fue invocada como consigna retórica, sino como necesidad táctica y moral para enfrentar al imperialismo yanqui y sus formas contemporáneas de dominación.

En esta Asamblea, la soberanía no se declama: se construye. Con educación crítica, con comunicación militante, con pueblos organizados. Porque mientras haya quien sueñe con imponer su ley con bombas, bloqueos o mentiras, habrá millones decididos a alzar sus manos, sus voces y sus conciencias para decir: ¡Aquí no pasan! ¡Nuestra América es de paz, de justicia y de unidad!

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Hoy, como ayer, lealtad al Comandante, brújula del pueblo

Prensa LAUICOM – Hace trece años, el 8 de diciembre de 2012, el Comandante Hugo Chávez pronunciaba su última alocución pública desde el Palacio de Miraflores. Aquel discurso, sereno y cargado de convicción, marcó el inicio de una ausencia física que no logró apagar su eco en el alma del pueblo.

En Venezuela, esta fecha se vive como el «Día de la Lealtad y el Amor», por el afecto profundo que se tiene al Comandante, porque en cada barrio, en cada aula, en cada gesto de justicia social, persiste su influencia.

El Comandante Chávez no solo propuso un cambio de rumbo; sembró una forma distinta de ver al pueblo como sujeto de historia, protagonista de su destino. Hoy, en plazas y hogares, se recuerda su voz clara, emotiva, inconfundible. Pero, sobre todo, crece el compromiso con la dignidad, la soberanía y la solidaridad que tanto defendió.

No se trata de nostalgia sino de lealtad: la que se construye día a día en la lucha por una sociedad más justa, arraigada en los valores que él encarnó. En todo el país, ese amor se expresa en el cuidado del vecino, en la defensa de lo público, en el orgullo de lo nuestro.

Porque la figura del Comandante sigue siendo, para Venezuela, brújula ética y fuente de esperanza.

Incluso después de tantos años, su legado sigue avanzando con el pueblo y para el pueblo.

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Aniversario con memoria en LAUICOM: Cine foro Nicolás, de Yare a Miraflores

Prensa LAUICOM – En el marco del aniversario de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM), se proyectó en su auditorio la serie «Nicolás, de Yare a Miraflores», producida por el colectivo «Artistas por el Futuro» para recuperar, desde una narrativa audiovisual, las raíces populares y los procesos colectivos que han marcado la historia reciente del país, enfrentando visiones que ignoran la fuerza organizada del pueblo.

El cine foro convocó a una nutrida audiencia: desde personal de LAUICOM hasta estudiantes de diversas cohortes llenaron el auditorio, demostrando un vivo interés por el relato y su capacidad de abrir espacios de reflexión crítica en torno al liderazgo, la memoria y el compromiso revolucionario. Incluso participaron en el encuentro diversas personas del elenco y del equipo detrás de la serie, entre ellos su director, Greyson Chacón, quien destacó que su motivación para crearla no fue solo retratar la historia del Presidente Nicolás, sino también honrar a todas las personas que formaron parte de ese proceso colectivo.

Yare, Miraflores y el camino del Poder al Pueblo

La serie se sitúa en una Venezuela sacudida por la crisis de los años noventa, cuando un colectivo de hombres y mujeres retomó las ideas libertarias de los héroes independentistas para impulsar una nueva revolución. Narra el tránsito del Presidente Nicolás Maduro Moros, desde Yare hasta su rol como líder comprometido con la refundación de la República y la entrega efectiva del Poder al Pueblo, a través de lucha, organización y visión estratégica. La victoria electoral aparece como un paso decisivo para consolidar un proyecto nacional transformador.

Reflexionar para transformar

La proyección invita a la reflexión crítica sobre los procesos históricos y el sentido del liderazgo al servicio del pueblo. Desde LAUICOM se propone mirar en esta obra los cambios internos que exige todo verdadero compromiso revolucionario: no basta con ocupar un lugar en la historia si no se está dispuesto a transformarse en el camino.

La serie se convierte así en un espejo colectivo, donde no solo se reconoce lo hecho, sino que se interroga lo que falta por construir, en las instituciones, en las calles y en cada quien. Porque transformar el país comienza por asumir, con honestidad y coraje, la tarea de transformarse a sí mismo en función del todo.

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Pueblo, Aula y Liberación: Seis Años de LAUICOM

Prensa LAUICOM – En la Universidad Internacional de las Comunicaciones arde una llama que no se apaga: la del pueblo que estudia, crea y lucha con las manos y el corazón. Seis años de caminar juntos han tejido un espacio donde el conocimiento se siembra desde la tierra, desde el barrio, desde la rebeldía amorosa que nos enseña que otra comunicación es posible. Aquí cada voz cuenta, cada paso suma y cada abrazo fortalece el compromiso colectivo.

En esta casa de estudios, toda la comunidad universitaria avanza unida en la formación, en la producción de sentidos y en la defensa de una palabra que libera. Cada aula se transforma en asamblea viva, espacio de pensamiento colectivo donde se construye, junto al pueblo y para el pueblo, la conciencia revolucionaria que impulsa la transformación del mundo.

Cada clase, cada encuentro, cada batalla comunicacional es un acto de amor rebelde: desde las entrañas del conocimiento crítico, LAUICOM siembra conciencia, organiza sueños y teje redes de Poder Popular. No se forma para ser observador; se forma para caminar con el pueblo, para crear con las manos desde la tierra y la palabra en la trinchera, porque sabe que la verdadera universidad nace donde el pueblo decide su destino.

LAUICOM no espera el futuro: lo construye todos los días con alegría combativa, con ternura firme y con una fe inquebrantable en la capacidad del pueblo para transformar el mundo.

Este aniversario celebra la vida que late en cada encuentro, en cada transmisión de saberes, en cada acto de resistencia cultural. Es un homenaje a quienes caminan con nosotros, a quienes tejen desde el silencio y a quienes gritan con esperanza: ¡Comunicación para la Liberación! Porque LAUICOM es pueblo en movimiento, es escuela de la emancipación, es territorio de amor y dignidad.

¡Feliz sexto aniversario, LAUICOM! Que sigas siendo faro, trinchera y hogar.

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Venezuela ha sido siempre un crisol de Paz

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

No porque esté exenta de contradicciones —ningún pueblo lo está— sino porque en su seno se ha gestado una dialéctica histórica donde la dignidad popular ha sabido sobreponerse a cada agresión imperialista con una obstinación creadora que sólo puede explicarse por la profundidad humanista de su proceso revolucionario. La Paz, entendida no como reposo sino como trabajo emancipador, ha sido allí una fuerza activa que brota de la memoria ancestral, de las luchas por la independencia, de la siembra bolivariana que resuena todavía como mandato ético. Paz de pueblo que no se arrodilla. Paz de pueblo que piensa. Paz de pueblo que resiste sin renunciar jamás a la esperanza transformadora. Y esa Paz, continuamente amenazada por quienes quisieran reducirla a mercancía o a colonia, es precisamente lo que convierte a Venezuela en una luz imprescindible en la geopolítica contemporánea, una Paz indoblegable, creativa, insurgente, que se expresa en los colores vivos del humanismo bolivariano.

Todos los colores de la Paz bolivariana iluminan al humanismo revolucionario porque en ellos se entrelazan los símbolos de una sociedad que aprendió a convertir la diversidad en potencia política. El rojo de su historia insurgente, el amarillo de sus soles comunitarios, el azul profundo de su horizonte marítimo que une pueblos en la misma lucha contra el dominio, y el verde de sus territorios originarios que recuerdan que la Paz es también un pacto con la Tierra, todos ellos conforman una paleta viva que hace visible la densidad moral de una nación que ha decidido no entregar su destino a los dictámenes del capitalismo en su fase imperial y macabra. La semiosis bolivariana no es una estética de museo; es una estética de vida y combate, de organización y ternura, donde cada color es una memoria colectiva y cada símbolo una declaración de autonomía.

En Venezuela, la Paz revolucionaria nunca ha sido sinónimo de quietud. Es una Paz que se construye en la calle, en la escuela, en la comuna; una Paz que se defiende de agresiones económicas, mediáticas y diplomáticas que buscan fracturar la unidad del pueblo para imponer el viejo guion extractivista. Pero allí donde otros quisieran ver caos, hay en realidad un laboratorio ético de enorme vitalidad. Venezuela aprendió a navegar la tormenta sin renunciar a la dignidad y sin traicionar sus conquistas sociales. Esa capacidad de conjugar firmeza humanista, con creatividad cotidiana, constituye uno de los mayores aportes del proceso bolivariano a la historia universal de la Paz.

Quien observa superficialmente podría confundir esta Paz activa con simple resistencia. Pero la resistencia venezolana es mucho más, es una pedagogía política que enseña a los pueblos del mundo que la Paz verdadera no se decreta, sino que se construye desde abajo con conciencia crítica y solidaridad concreta. Allí, donde el imperialismo ha lanzado sanciones criminales, campañas de desestabilización, golpes, barbarie y guerras mediáticas, la revolución venezolana ha respondido con un humanismo que desborda el marco de la defensa nacional y se proyecta como referencia global de dignidad. La semiótica de esta Paz no está hecha sólo de discursos, está hecha de gestos cotidianos de organización comunal, de redistribución solidaria, de militancia cultural, de alfabetización política y simbólica.

Los colores de la Paz bolivariana también alumbran una sensibilidad profundamente latinoamericana. En Venezuela se expresa una síntesis continental donde confluyen los sueños de Bolívar, Martí, Hidalgo, Morelos y Chávez en una misma corriente ética que afirma que la emancipación debe ser integral o no será. Esa sensibilidad está en las músicas populares, en los murales callejeros, en la palabra comunitaria que sabe convertir la adversidad en conciencia. Comuna o nada. Está en la identidad mestiza que no se avergüenza de sus raíces sino que las celebra como fundamento de su proyecto político socialista. Está en los símbolos que la oligarquía quiso destruir y que el pueblo resignificó como armas de fraternidad.

La Paz venezolana es, por eso, una Paz en pie de lucha que se enfrenta a los dispositivos simbólicos del capitalismo global y sus métodos de desfiguración mediática. La guerra contra Venezuela ha sido, en gran parte, una guerra semiótica, se ha querido reducir al pueblo a una caricatura, borrar su complejidad, manipular su imagen hasta convertirla en pretexto para la intervención. Y, sin embargo, allí donde los laboratorios de propaganda imperial intentaron imponer una narrativa de caos, la creatividad bolivariana respondió con la construcción de nuevos códigos comunitarios, nuevas formas de representación de sí misma, nuevas articulaciones de identidad democrática que fortalecen al país precisamente en el campo donde pretendían debilitarlo. La Paz bolivariana se defiende en el terreno simbólico con la misma fuerza que en el terreno material.

Venezuela ha sido siempre un crisol de Paz porque su pueblo ha sabido convertir las tensiones históricas en oportunidades de solidaridad. La virtud de su proceso es que la Paz no es un adorno discursivo sino una práctica que atraviesa la vida cotidiana, desde la democracia participativa hasta la organización comunal; desde la soberanía energética hasta la cultura popular; desde la defensa de la autodeterminación hasta la pedagogía política que abraza a las nuevas generaciones. La revolución bolivariana entiende que la Paz sólo puede sostenerse si existe justicia social, y que sólo hay justicia social cuando el pueblo se reconoce a sí mismo como sujeto creador de su destino.

Por todo ello, los colores de la Paz bolivariana son hoy faro y advertencia, faro para los pueblos que luchan por emanciparse de las cadenas coloniales y advertencia para quienes insisten en someterlos. Ese crisol de Paz que es Venezuela demuestra que la dignidad no es una abstracción sino una fuerza histórica capaz de irradiarse más allá de sus fronteras. Su humanismo revolucionario, nutrido de diversidad, memoria, lucha y ternura, se ha convertido en una de las reservas éticas más importantes de nuestro continente. Y en cada uno de sus colores late la certeza de que la Paz verdadera —la que no se vende, la que no se rinde, la que no se negocia— sigue viva y seguirá creciendo allí donde un pueblo decida defender su historia con la fuerza de su conciencia. Con nosotros, todos y todas, a su lado.

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Los “nervios de acero” de Nicolás Maduro

Por: Dr Fernando Buen Abad Domínguez 

Esos “nervios de acero”, entendidos como categoría político-semiótica y no como figura retórica individualista, designan una disposición ética que enfrenta la provocación imperial sin caer en el chantaje emocional, la intimidación mediática ni el impulso reactivo que las potencias hegemónicas desean desatar. En un escenario donde la agresión ya no se expresa solamente mediante ejércitos y sanciones, sino a través de un dispositivo multimodal de signos —rumores, operaciones psicológicas, montajes, discursos diplomáticos envenenados, campañas de odio, sabotajes económicos y un incesante terrorismo comunicacional—, la serenidad estratégica del dirigente se vuelve parte constitutiva de la defensa nacional. Aquí no se exalta un temperamento personal; se analiza un gesto político que sintetiza la racionalidad de un proyecto colectivo. Los “nervios de acero” no son el aplauso romántico al aguante individual, sino el nombre provisional de un método para impedir que la histeria imperial desfonde la vida democrática de un país asediado por décadas.

Porque el imperialismo ha comprendido que la “ventana de oportunidad” para desestabilizar procesos soberanos se abre cuando logran colonizar el estado afectivo de la población, ansiedad, miedo, incertidumbre, ira. No es casual que las operaciones contra Venezuela busquen, antes que nada, empujar al liderazgo a una reacción irreflexiva que sirva de pretexto para la escalada. Washington necesita que Caracas grite para poder presentarse como “bombero”. Necesita que Venezuela pierda la compostura para justificar la intervención “humanitaria”, la tutela y el cerco. Y en ese tablero, cada provocación se calcula con precisión, un insulto diplomático, un reconocimiento ilegítimo a un autoproclamado, un bloqueo energético, una mentira amplificada por miles de medios, un informe intoxicado en organismos internacionales. La guerra moderna se libra también en el plano de la afectividad pública.

Frente a todo eso, la serenidad estructural del proceso bolivariano —en su conducción política y en su tejido institucional— ha sido un muro de contención. Y no se trata de pasividad. Se trata de una ética democrática que comprende que la reacción impulsiva favorece a los agresores. El temple no es inacción; es cálculo, es lectura estratégica del signo hostil, es un modo de desactivar la carga semántica de la provocación para impedir que se convierta en detonador. El imperialismo diseña signos para producir efectos inmediatos, indignación, desesperanza, fractura moral. Lo que Venezuela ha hecho es disputar el significado antes de que el signo opere. Es decir, desactivar la semiótica de la agresión.

Cuando Maduro enfrenta una amenaza —sea militar, diplomática o comunicacional— sin perder el equilibrio, lo que está activando es un dispositivo pedagógico, demuestra que la fortaleza revolucionaria no depende de la furia, sino de la claridad. Su calma es un mensaje a la militancia, al pueblo y al mundo, la dignidad no se grita, se construye. Esa calma es también una defensa contra la guerra psicológica, que pretende instalar la idea de que Venezuela vive en estado terminal. Es una respuesta moral a un sistema global que se alimenta de la ansiedad social para gobernar. Y es, además, una lección política, no se derrota a la mentira con gritos, sino con un horizonte de verdad sostenido con firmeza.

Los ataques contra Venezuela siempre han buscado erosionar las condiciones de deliberación democrática. Pensar, analizar, discutir serenamente, todo eso resulta intolerable para las estrategias del caos. Por eso las provocaciones son espectaculares, buscan que la razón quede atrapada por la vorágine del odio mediático. Cada insulto de una potencia, cada maniobra de un títere extranjero, cada sanción económica diseñada para castigar al pueblo, pretende que el país reaccione bajo el clima emocional dictado desde afuera. Y sin embargo, Venezuela ha insistido en sostener el método del diálogo, la diplomacia activa, el debate interno y la construcción institucional. Ese es, precisamente, el terreno donde el imperialismo no sabe pelear.

Tal serenidad democrática frente a la agresión también implica algo más profundo, rechazar la lógica del enemigo absoluto. Mientras las potencias hegemónicas se permiten demonizar a Venezuela como si fuera un “peligro para el mundo”, la conducción bolivariana evita responder en el mismo registro. Mantener la compostura no significa olvidar la naturaleza criminal de las sanciones ni suavizar la denuncia; significa no permitir que el odio ajeno determine la forma de la política propia. Los “nervios de acero” son una ética porque subrayan que la defensa de la soberanía debe sostenerse en la altura moral que el enemigo no posee.

Esa ética democrática supone un trabajo doble, por un lado, resistir el chantaje emocional; por otro, cultivar una afectividad revolucionaria que no sea mero entusiasmo, sino conciencia colectiva organizada. No se trata sólo de soportar agresiones, se trata de construir una racionalidad política capaz de leer cada movimiento del adversario como mensaje cifrado, como signo intruso, como maniobra. En este marco, la serenidad no es un lujo psicológico sino un instrumento de decodificación. La calma es una herramienta crítica, permite ver la estructura de la ofensiva y desmontar sus premisas antes de que logren seducir a sectores vulnerables a la propaganda.

Toda la oposición venezolana que se deja tutelar por Estados Unidos, ha intentado, una y otra vez, quebrar esta ecuanimidad. Ha ensayado golpes mediáticos, llamados a la violencia, maniobras diplomáticas sin sustento jurídico, operaciones de sabotaje económico y un sinfín de provocaciones destinadas a forzar una reacción que valide la narrativa imperial: “dictadura”, “violación de derechos humanos”, “crisis humanitaria inducida”. El objetivo es simple, fabricar imágenes. Imágenes que circulen sin contexto, sin historia, sin geopolítica. Imágenes útiles para desactivar la solidaridad internacional. Tener “nervios de acero” es impedir que esas imágenes nazcan.

Ese temple no es improvisado. Es resultado de una tradición política que viene de Bolívar, de Zamora, de Chávez, una tradición que sabe distinguir entre firmeza y estridencia, entre autoridad ética y teatralidad, entre soberanía y bravata. La serenidad revolucionaria es una forma de inteligencia colectiva, sabe cuándo hablar, cuándo callar, cuándo denunciar, cuándo responder y cuándo simplemente permitir que la provocación se consuma en su propia impotencia. La agresión imperial no soporta el silencio firme porque lo desarma; no soporta la calma porque revela su desesperación.

Hay un punto crucial, la serenidad ética de Maduro y del proceso bolivariano no implica reconciliación ingenua ni desmovilización política. No se trata de tolerar la injusticia, sino de impedir que el enemigo nos dicte el ritmo. El imperialismo quiere urgencia, ruido, caos. La revolución necesita paciencia, análisis, organización. Los “nervios de acero” son el arte de gobernar sin dejarse poseer por la urgencia enemiga. Una democracia acosada debe desarrollarse no en el grito, sino en la lucidez. Y esa lucidez exige un tipo de fortaleza que no depende del espectáculo sino de la convicción.

Finalmente, la serenidad revolucionaria es un acto de confianza en el pueblo. Es la certeza de que el proceso histórico no se quiebra por un tuit de un mandatario extranjero ni por una amenaza de sanciones adicionales. Es la confianza en que la conciencia popular, formada durante años de lucha, sabrá distinguir entre manipulación y verdad. La serenidad del dirigente convoca a la serenidad del país entero, no para que se desmovilice, sino para que piense, para que actúe con madurez política, para que mantenga el pulso firme en medio de la tormenta.

Por eso, cuando se habla de los “nervios de acero” de Nicolás Maduro, se está hablando también de una pedagogía de resistencia, de un método para sostener la dignidad en tiempos de guerra híbrida. Se habla de una ética democrática que no concede al enemigo el poder de dictar la forma de nuestro ánimo. Se habla de la capacidad de un pueblo y de su conducción para enfrentar la agresión multinivel sin sacrificar los principios que los constituyen. Se habla, en última instancia, de la comprensión profunda de que la libertad exige no solamente valentía, sino también serenidad, una serenidad que el imperialismo jamás podrá comprender porque nace de la dignidad, no del cálculo cínico; de la historia compartida, no de la soberbia colonial; de un proyecto de futuro, no de la rapiña del presente.

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(+Comunicado) Unidos en la Celebración: 71 Años de la Revolución Argelina

El Gobierno y el Pueblo de la República Bolivariana de Venezuela, en nombre del Presidente Nicolás Maduro Moros, tienen el honor de extender su más fraterno y solidario saludo al honorable Gobierno y al hermano Pueblo de la República Argelina Democrática y Popular, con motivo de la conmemoración del 71º aniversario del glorioso Día de la Revolución, este 1 de noviembre de 2025.

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Ministro Cabello: Estados Unidos está muy confundido dijo que nos iba a enviar al Tren del Aragua y no lo ha hecho

El vicepresidente sectorial de Política, Seguridad Ciudadana y Paz reiteró que «dieciocho apenas de los que han llegado, tienen cuentas pendientes que resolver con la justicia. No tenemos complicidad de ningún tipo»

El vicepresidente sectorial de Política, Seguridad Ciudadana y Paz, Diosdado Cabello, señaló que el gobierno de Estados Unidos no tiene una postura clara sobre los migrantes venezolanos que han sido deportados desde este país y fueron llevados a El Salvador sin haber sido sometidos a ningún tipo de juicio.

«Estados Unidos está muy confundido, Estados Unidos dijo que nos iba a enviar al Tren del Aragua y no nos ha enviado a nadie del Tren de Aragua. Alguien está mintiendo deliberadamente en los Estados Unidos; que arreglen sus problemas antes entre ellos, cuando ellos estén listos, nosotros estamos listos», enfatizó Cabello durante el regreso de más de 300 venezolanos a través del Plan Vuelta a la Patria.

En ese sentido, Cabello manifestó que todos los que fueron llevados a El Salvador, fueron engañados por el gobierno estadounidense debido a que le dijeron a los migrantes que iban a ser deportados a Venezuela. «Muchos de los que están en El Salvador los engañaron diciendo que venían a Venezuela, lo han declarado sus propios familiares».

«¿Qué esperaban ellos (EEUU)? ¿Qué trajeran a un grupo de venezolanos que estaban en territorio norteamericano que no cometieron ningún delito y que el Gobierno Nacional dijera que son todos del Tren de Aragua? Pues no; esa no es Venezuela aquí respetamos los derechos humanos y a nadie vamos a acusar sin las debidas pruebas», enfatizó.

Agregó que «si cometió delito en Estados Unidos, ¿por qué no lo juzgaron? Ellos que tienen el sistema de justicia supuestamente el mejor del mundo, ¿por qué no le abrieron juicio allá? Es mentira. Así llegaron diciendo que todos los que venían eran del Tren de Aragua. Y puedo demostrarles uno por uno que no hay ni uno solo del Tren de Aragua. Dieciocho apenas de los que han llegado, tienen cuentas pendientes que resolver con la justicia».

Asimismo, aseguró que «todos están a la orden de la justicia. Siete del primer vuelo del primer grupo, ocho del segundo y uno del grupo que vino de México. Nosotros no tenemos aquí complicidad con ningún grupo».

«Si hay alguno que tiene cuentas con la justicia aquí en Venezuela, aquí las va a pagar», afirmó.

«Que el mundo lo sepa, que a los venezolanos y a las venezolanas en Estados Unidos, en El Salvador, los están secuestrando. Los están persiguiendo sin haber cometido ningún tipo de delito», dijo. 

«Migrar no es un delito. Eso no es ningún delito», sentenció.

Globovisión

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Presidente Maduro ordena incrementar acciones diplomáticas para el regreso de migrantes

El mandatario Nicolás Maduro informó que el 20 de marzo serán recibidos 306 refugiados venezolanos provenientes de México, en el marco del Plan Vuelta a la Patria.

El presidente de Venezuela Nicolás Maduro, durante la inauguración de la Feria Nacional del Cebú y sus Cruces, anunció que el jueves 20 de marzo llegarán al país 306 connacionales deportados de Estados Unidos y que se encuentran actualmente en territorio mexicano.

En su intervención, el mandatario ordenó incrementar todas las acciones diplomáticas «para traernos a todos los venezolanos y venezolanas de Estados Unidos. Mañana llegarán 306 migrantes desde México».

Asimismo, reiteró su compromiso de continuar con las labores diplomáticas para lograr retornar a todos los compatriotas deportados de los Estados Unidos.

En este contexto, Maduro instruyó a Jorge Rodríguez, el Enviado Especial para las Negociaciones de Paz con Estados Unidos, a asegurar los vuelos del Plan Vuelta a la Patria para los migrantes que han sido arrestados.

Igualmente, aclaró que «vamos a regresar todos los migrantes que han sido detenidos para darle respeto, dignidad, apoyo y vuelvan a su patria y vuelvan a su familia».

Secuestrados en las penitenciarías de El Salvador

Maduro instó a Donald Trump a interrumpir su «persecución» y «violación» de Derechos Humanos contra sus connacionales. Esto después de denunciar el traslado de los jóvenes migrantes venezolanos al país centroamericano, principalmente por utilizar la Ley de Enemigos Extranjeros.

Dichas acciones, coinciden con la alerta de Venezuela de liberar a aquellos que tanto el pueblo de Bolívar como su Gobierno, percibe como secuestrados en las mazmorras de El Salvador.

Telesur