
Luis Delgado Arria*
La subjetividad venezolana y la disolución postmoderna del «yo»
Podía sentir mi falta de talento como si fuera ropa barata que llevo puesta. Pero, ¡Dios mío, cómo quería aprender! ¡Para cambiar, para mejorar! No quería nada más. Ni hombres, ni dinero, ni amor, sino la habilidad para actuar.
Marilyn Monroe
En la coyuntura actual de Venezuela, marcada a fuego por incalculables eventos traumáticos tales como conatos de asonadas y golpes de Estado, hiperinflación, conspiraciones, bloqueos, invasiones, bombardeos, y en las últimas semanas, operaciones especiales con dolorosos saldos letales y el impacto político y simbólico del secuestro de nuestro presidente Nicolás Maduro Moros y de la primera combatiente Cilia Flores, la psique del ciudadano medio nos parece que ha entrado en lo que el periodista, matemático y epistemólogo ruso P. D. Ouspensky[1] definía ya a mediados del siglo XX como un “estado de identificación total”.
Según Ouspensky (1949/2005), la identificación total es un estado en que el ser humano «se pierde a sí mismo de lo que está sintiendo, de lo que está pensando y de lo que está haciendo» (p. 156). En este sentido, la subjetividad política venezolana hoy en lo absoluto se nos aparece como un campo homogéneo y macizo. Convendría más bien definirla como un campo de batalla entre muchos «yoes» e imaginarios sociales diversos y hasta neuróticamente confrontados. Creemos que las sucesivas capas de trauma acumuladas en la subjetividad de los venezolanos de a pie, tras dos décadas de asedio y más de una década de abiertas acciones de guerra imperialista que han incluido guerra política y diplomática, económica y financiera, comercial e industrial, eléctrica y cibernética, mediática y cultural, el robo de nuestros principales activos estratégicos (Citgo, Monómeros, y cuentas bancarias en Europa y Estados Unidos), la congelación de nuestras reservas monetarias internacionales y las mal llamadas “sanciones económicas y financieras” a cuyo INRI debemos sumar infinidad operaciones políticas y psicológicas de signo claramente terrorista e intencionalidad destituyente.
A toda esta embestida sumariamente descrita se le suma hoy un nuevo crimen de agresión internacional tras el cerco naval, la cuarentena naval contra la industria petrolera, el bombardeo de cuatro estados ―incluyendo la capital― y lo que las fuerzas especiales occidentales eufemísticamente llaman “operación de decapitación y de extracción” y ulterior juicio espurio del presidente de la República y de la Primera Combatiente ante tribunales estadounidenses sin competencia nacional o internacional para juzgarlos.
La guerra irrestricta contra Venezuela ha buscado afectar y traumar el núcleo civilizatorio/ cultural/ espiritual, de nuestra venezolanidad. Ello a objeto de reprimir toda posibilidad de producir un tránsito hacia un socialismo a la venezolana, bloqueándonos asimismo la posibilidad de elaborar un examen lógico/ racional del fenómeno. Cuando observamos un deepfake sobre una figura de autoridad o una imagen de violencia extrema como un bombardeo, un asalto al bunker presidencial o llamas ardiendo en una instalación militar o una casa de familia bombardeada, en lo absoluto procesamos esa información; esa información nos posee, nos toma. El prominente psicólogo austriaco Carl Jung (1875-1961) solía afirmar que “no tenemos un complejo; el complejo nos tiene a nosotros” (Jung, 1964, p. 86). En contextos traumáticos extremos y prolongados la subjetividad se torna mecánica y nuestras respuestas, predeciblemente reptilianas. Nuestra corporalidad viviente deviene una suerte de resorte que salta irreflexivamente ante cada estímulo de terror o de esperanza proyectados en las pantallas de nuestros televisores, tabletas o celulares.[2]
Sesgos de la guerra cognitiva: los resortes de la máquina
La efectividad de la guerra cognitiva contra Venezuela en buena medida radica en su capacidad para inocular y explotar las leyes de la mecanicidad biológica humana descritas por Ouspensky. Contra la población venezolana ha sido desplegado un arsenal de sesgos cognitivos, incluyendo disonancias cognitivas, distorsiones cognitivas y distorsiones ideológicas que en definitiva buscan que actuemos como «resortes» psicológicos. Entre estos automatismos neurobiológicos destacamos para el presente caso los siguientes tres:
El sesgo de confirmación y la mentira orgánica:
Ouspensky (1950) sostenía que «el ser humano siempre miente; no puede decir la verdad porque no sabe que no sabe» (p. 42). En la crisis venezolana, este sesgo actúa como una verdad incuestionable. El ciudadano medio, desesperado por imprimir coherencia a su vida en medio de fuertes y prolongadas privaciones materiales y ansiedad, inflación y deflación, rumores y recelo, infamias y noticias en cascada, estruendos e imágenes de bombardeos, tiende casi naturalmente a aceptar como verdad absoluta todo deepfake que confirme su sesgo cognitivo previo. Si el video falso muestra a un «adversario» cometiendo una atrocidad, su automatismo biológico lo valida instantáneamente a fin de proteger su precarizada adscripción comunitaria, política o ideológica. Esta es la raíz de no pocos conflictos que han devenido armados; y la leña que ha terminado alimentando trágicas guerras fratricidas como vimos en Ruanda y más recientemente, en Ucrania.
La heurística de disponibilidad y estrechez de conciencia: Puesto ante un ecosistema cultural, informativo y comunicacional enrarecido, con versiones antitéticas y en extremo alarmantes, la mente humana neuro cognitivamente se tiende a aferrar a la información más reciente y más emocionalmente cargada. Un video de 30 segundos de una operación especial tipo swat,[3] al estilo de las mercadeadas durante décadas por Hollywood, aunque sea trucado, suele colonizar toda nuestra conciencia. Ouspensky llamaba a esto la «estrechez de la conciencia de vigilia» (Ouspensky, 1949/2005, pp. 154-157), una distorsión en que el individuo solo alcanza a ver un punto a la vez, dejando de lado el contexto, encegueciéndolo así ante total posibilidad de manipulación. Representaciones contrapuestas y maniqueas de este tipo las vimos, casi en tiempo real, con posiciones favorables a un lado y al otro durante la operación de invasión perpetrada este pasado 03 de enero. Videos animados con IA fueron parte así de la guerra de posiciones que enfrentamos.
El efecto de arrastre (mecanicidad colectiva)
La autoridad discursiva que hoy imponen las redes sociales y el terror inducido anulan la voluntad individual. Ouspensky explicaba que los sujetos cuando devienen individuos/ masa se transforman en una suerte de «máquinas que chocan entre sí» (Ouspensky, 1949/2005, p. 162). El sentimiento de urgencia provocado por el secuestro del Primer Mandatario desencadena una respuesta de enjambre en que el individuo deja de ser un observador crítico para convertirse en parte de un automatismo casi ciego, en extremo propicio para el pensamiento y el comportamiento de rebaño favoreciendo así situaciones que pueden devenir en caos social.
Deepfakes, deshumanización y la senda a la guerra civil El despliegue de un mar de fake news y de deepfakes de signo geopolítico imperialista, en este contexto, no busca simplemente engañar, sino producir una ruptura cognitivo epistemológica terminante. Al fabricar evidencias de desamparo y orfandad, sufrimiento y rendición, delitos de lesa humanidad y desolación, traición o ajusticiamientos extrajudiciales, tales operaciones psicológico digitales asaltan la inteligencia y la memoria histórica con que el sujeto construye su realidad singular y su filiación ideológico política y civilizatoria.
Si el ciudadano ya no puede confiar en lo que ve o escucha, su psique se retrae instintivamente hacia el temor, el miedo, el resentimiento, el recelo, el odio y todos los automatismos biológicos más primarios como atacar, huir o paralizarse. Ouspensky (1931/2012) advertía en Tertium Organum que nuestra percepción del espacio y de la realidad depende de nuestra estructura de conciencia. Al alterarse la realidad percibida producto de una catarata de representaciones truculentas, trucadas o simulaciones de IA, se puede alterar y hasta traumatizar gravemente la eticidad, la moralidad y la politicidad del sujeto. El «otro» deja de ser un compatriota para convertirse en un objeto que debe ser despreciado, perseguido y hasta eliminado, abonando así el terreno para la guerra civil y para la naturalización del fascismo. El caos social es, por tanto, el resultado de miles de «máquinas humanas» reaccionando irreflexivamente a estímulos falsos o manipulados sin el freno del recuerdo humano de sí, del prójimo y de la comunidad familiar, nacional o continental de filiación histórica.
La resistencia desde la conciencia
La utilidad del pensamiento de Ouspensky para la Venezuela de hoy es a la vez de carácter defensivo y liberador. El estudio de la conciencia nos permite entender que siempre que actuemos hipnotizados por una narrativa gris, un fake news o un deepfake, seguimos siendo una suerte de peones en el gran tablero una guerra cognitiva imperialista occidental que tiene una inconfesable intencionalidad geopolítica (Ouspensky, 1949/2005, pp. 200-220). La única salida al caos social y al suicidio civilizatorio es la transición del sueño despierto de que hablaba Ouspensky a la auto observación y al debate crítico. Solo el pueblo que logra «recordarse a sí mismo y a su comunidad ancestral entrañable» en medio del bombardeo informativo o misilístico puede discernir entre la simulación algorítmica y la verdad histórica y humana.
La operación Resolución Absoluta
Pero hoy hemos sido convocados a repensar juntos la guerra cognitiva en este particular momento de invasión cinética e invasión también, neurocognitiva contra Venezuela. La guerra cinética militar promovida por Donald Trump contra Venezuela fue precedida de una vasta operación psicológica que buscaba lograr la rendición y huida al exterior de la vanguardia política y militar de la revolución bolivariana. No sería exagerado decir entonces que el primer misil de esta operación de decapitación a gran escala fue de orden narrativo/ cognitivo. Diversos voceros del gobierno de Estados Unidos, de los medios de comunicación social y de las mal llamadas “redes sociales” zurcieron una incesante y truculenta campaña de extorsión geopolítica[4] que incluyó amenazas simbólicas, físicas y ultimátum legales y militares. La coartada inicial fue que Nicolás Maduro era el jefe de una peligrosa banda criminal internacional denominada El cartel de los soles dedicada a envenenar con drogas de gran poder letal al pueblo estadounidense. Más tarde se alegó que Nicolás Maduro dirigía una peligrosa banda criminal ya disuelta denominada El Tren de Aragua. Posteriormente Trump personalmente alegó que Nicolás Maduro había estado exportando indeseables criminales y enfermos mentales a Estados Unidos.
Esta línea de vocería política del gobierno estadounidense fue escoltada por la acusación de la extremista defensora de un protectorado sobre Venezuela, María Corina Machado, quien justificó y además llamó a acelerar la invasión del país alegando que el mismo había ya sido previamente invadido por activistas del ELN y de Hezbollah; y que además el 60 % de los hombres venezolanos somos delincuentes y las mujeres, trabajadoras sexuales. Llamamos la atención a esta aparente discordancia de acusaciones porque, tras ser efectivamente secuestrado y trasladado el presidente de Venezuela Nicolás Maduro a tribunales en la ciudad de Nueva York, la acusación inicial fue descaradamente alterada, sorteando cualquier mención a que había sido jefe de un apócrifo Cartel de los Soles que diversos especialistas internacionales incluyendo estadounidenses habían denunciado como una mera charada de la CIA. El carácter ambiguo, cambiante, paradójico, rocambolesco y hasta contradictorio de esta acusación es típico en el discurso de la guerra hoy bautizada como guerra cognitiva. Al modo de la operación de confusión perversa que practica el psicópata contra su víctima a fin de confundirla, aturdirla y volverla loca, la discursividad de la guerra cognitiva es premeditadamente perversa y confusa, verdulera y mutante, ilógica y hasta contradictoria.
Es realmente relevante examinar la naturaleza desconcertante y perversa este tipo de discursividad típico de la guerra cognitiva tardo capitalista pues su utilidad no apunta a victimizar únicamente a la víctima primaria cuanto que constituirse en amenaza latente y deletérea contra todo pueblo o gobierno que ose desafiar los dictámenes del Estado imperialista perpetrador. El lawfare muestra así su carácter antijuridico y siniestro para efectos de ortopedia geopolítica. Todo Estado y todo presidente constitucional debe hoy sopesar que el secuestro de Nicolás Maduro prescribe un nuevo estado de naturaleza o una nueva ley de la selva en el plano internacional. El carácter insólitamente rocambolesco de esta operación hace parte del ADN de la nueva guerra cognitiva. Una guerra cuya amenaza no es meramente retórica o simbólica cuanto que existencial. El secuestro y juicio amañado del presidente Nicolás Maduro busca tomar como rehén a Venezuela, a la revolución bolivariana y por extensión a todo el Mundo Sur.
La operación de decapitación de la vanguardia política y militar no apunta así a un solo país o a un solo mandatario, sino que tiene pretensiones de universalidad; esto es, de aplicabilidad a todo mandatario, vanguardia política o vanguardia epistémica que desafíe los dictámenes del nuevo Leviatán. Pero este prototipo de operación no es del todo nuevo. Ya fue ensayado, con variantes, contra el irreverente Partido Pantera Negra que fue muy activo en Estados Unidos entre las décadas de 1960 y 1970; y a la postre en la isla Grenada y otros contextos espinosos de dominar como ha sido recién el caso del Estado Plurinacional de Bolivia. El antiguo leit motiv romano divide et impera se combina ahora con el de atosiga e impera, enloquece e impera, secuestra e impera, ajusticia a cuanto primer mandatario que te ofrezca resistencia e impera.[5] La operación de inducción al fratricidio de la vanguardia política, militar, policial y popular de la Revolución Bolivariana ya ha sido activada por Donald Trump al declarar que había pactado la capitulación del signo multipolar de Venezuela tras el supuesto éxito quirúrgico de la operación Absolute Resolution.
A modo (táctico) de cierre
Frente este aprieto histórico que se despliega en un mundo cada vez más diverso, multicéntrico y pluripolar debemos traer a colación aquella sensata máxima izada por John Kennedy ante la Asamblea General de la ONU en 1961: “La humanidad debe poner un final a la guerra antes de que la guerra le ponga un final a la humanidad” (Kennedy, 1961, párrafo 12).[6] Menos ampulosa que esta cita es la de Albert Einstein quien afirmó en 1955: “El hombre inventó la bomba atómica, pero ningún ratón en el mundo construiría una trampa para ratones” (Einstein, 1955, p. 1). La estabilidad energética a largo plazo que garantiza hoy Venezuela no solo a China sino al mundo es hoy un factor de envergadura existencial. Como decía Andrei Sakharov: “La guerra nuclear puede resultar de una guerra ordinaria” (Sakharov, 1980, p. 45). Por ello no es una hipérbole afirmar que: ¡Salvar a Nicolás Maduro y a la revolución Bolivariana de Venezuela hoy es salvar al mundo!
Referencias
Delgado Arria, L. (2024). Reimaginar la política hoy. Revista Toparquia. Universidad Internacional de las Comunicaciones. Vol. 3, 34-35.
Einstein, A. (1955). Albert Einstein: A documentary biography (R. Clark, Ed.). Andre Deutsch. (Obra original publicada en 1955)
Jung, C. G. (1964). Civilization in transition (R. F. C. Hull, Trans.). Princeton University Press. (Obra original publicada en 1934) (https://doi.org/10.1515/9781400851085)
Kennedy, J. F. (1961, 25 de septiembre). Address before the General Assembly of the United Nations. https://www.jfklibrary.org/archives/other-resources/john-f-kennedy-speeches/united-nations-19610925. Outpensky, P. D. (2005). Fragmentos de una enseñanza desconocida (En busca de lo milagroso) (Original de 1949). Ganesha Editorial.
Outpensky, P. D. (1950). La psicología de la posible evolución del hombre. Editorial Kairós.
Ouspensky, P. D. (2012). Tertium organum: El tercer canon del pensamiento, una clave para los enigmas del mundo (Original de 1931). Editorial Kier. (https://www.editorialkier.com.ar/productos/tertium-organum/)Sakharov, A. (1980).
[1] Peter Demianovich Ouspensky (Moscú, 4 de marzo de 1878-Surrey, 2 de octubre de 1947) fue un esoterista y ensayista ruso. Escribió varios tratados y dictó conferencias y seminarios, especialmente sobre la doctrina esotérica de George Gurdjieff.
[2] Delgado Arria, 2024, (p. 35).
[3] S.W.A.T. es una exitosa serie de televisión estadounidense de drama criminal y operaciones especiales, muy vista en América Latina durante las décadas de 1980 y 1990. La serie fue basada en la película del mismo nombre producida en 1975.
[4] Cabe resaltar que, a la luz de la legislación estadounidense vigente, la extorsión constituye un delito federal que contempla penas hasta de 20 años de cárcel.
[5] Una investigación colectiva en torno a la guerra cognitiva contra Venezuela y contra Bolivia y sus efectos en la inducción programada al conflicto social y al odio de clase fue convocada en 2025 por el Celarg, y fue financiada por el Fonacit.
[6] Cita extraída de Civilization in Transition (Vol. 10 de las Collected Works). Discurso disponible en: https://www.jfklibrary.org/archives/other-resources/john-f-kennedy-speeches/united-nations-19610925 Carta abierta publicada en Bulletin of the Atomic Scientists. De My Country and the World.
- Poeta, ensayista y licenciado en letras (UCV). Magister in Arts (University of Pittsburgh). Doctorante en creación intelectual (UNESR). Catedrático en análisis crítico del discurso, vocería política revolucionaria y comunicación decolonial. Epistemólogo de la guerra cognitiva. Vicerrector de Investigación y Creación Intelectual de LAUICOM.








