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La IA y la tokenización: oportunidad histórica para Venezuela

La probabilidad de tokenización de la economía global en la era de la IA es del 100% por una razón puramente operativa: el software avanzado no puede funcionar sobre las vías del dinero analógico.

A medida que la IA se despliega a escala global, los «tokens» se están convirtiendo en el estándar universal para medir el coste, la energía y otros bienes y servicios en todo el planeta. Esta transición es tan real que las mayores potencias del mundo ya no debaten si ocurrirá; están legislando sobre cómo cobrarle impuestos.

La inevitable  tokenización

La Inteligencia Artificial (IA) opera bajo lógicas que rompen por completo los paradigmas de la economía del siglo XX.

En los próximos años, la mayor parte de las transacciones económicas del mundo no serán realizadas por humanos, sino por agentes de IA autónomos (Machine-to-Machine o M2M). Un agente de IA diseñado para optimizar el inventario de una fábrica global necesitará comprar materias primas, contratar servidores y asegurar fletes por sí mismo.

Una IA no puede abrir una cuenta bancaria tradicional, firmar un pagaré físico, ni esperar 48 horas a que una transferencia SWIFT internacional «se haga efectiva». La IA requiere activos tokenizados y dinero programable (stablecoins) que se liquiden en milisegundos mediante contratos inteligentes.

La propia IA se computa y se cobra en «tokens» (fracciones de palabras o imágenes que los modelos procesan). Tokenizar los recursos que alimentan esa IA (como los chips de silicio o los megavatios de energía) permite que todo el ecosistema hable el mismo idioma matemático.

El caso de  Estados Unidos (impuesto al token de IA)

El impacto de la IA en el mercado laboral y la infraestructura energética ha encendido las alarmas. Un reflejo directo de esto es la introducción de iniciativas como el proyecto de ley H.R.10044 en el Congreso de los Estados Unidos, una pieza legislativa histórica orientada a abordar el desplazamiento de trabajadores debido a la automatización.

Este proyecto prevé de manera específica la aplicación de un impuesto federal sobre el uso de tokens de IA consumidos por las corporaciones. El proyecto de ley establece que los fondos recaudados mediante este impuesto al token se destinarán directamente a la creación de fideicomisos públicos para financiar programas de reentrenamiento laboral y protecciones para los trabajadores desplazados.

Esto demuestra que, para el gobierno estadounidense, el token ya no es un concepto técnico abstracto, sino la unidad base de la productividad económica nacional.

BlackRock y JPMorgan

BlackRock: Lidera la integración de fondos y activos del mundo real (RWA). Su CEO, Larry Fink, impulsa firmemente la visión de que el futuro de los mercados está en la tokenización. Operan el masivo fondo monetario tokenizado BUIDL y evalúan estrategias completas en tokens individuales.

JPMorgan: Enfocado en la eficiencia operativa e interbancaria. Ha calificado la tokenización como un «salto significativo» y utiliza sus propias redes blockchain corporativas para agilizar la gestión de garantías institucionales y acelerar la velocidad de liquidación de fondos.

La integración del ecosistema mediante stablecoins

Mientras que el token de IA representa la capacidad de cómputo y el token de energía representa el electrón físico, la stablecoin es el pegamento financiero.

Permite que las corporaciones tradicionales interactúen con la economía automatizada de las máquinas sin sufrir las fluctuaciones de precio de los criptoactivos especulativos.

Una ola imparable y la oportunidad histórica para Venezuela

Desde las propuestas tributarias en el Congreso de los Estados Unidos hasta las iniciativas de Wall Street para digitalizar activos del mundo real, las señales son claras: el futuro de la economía global se escribirá en bloques de código y se medirá en tokens.

En este escenario de transformación radical, Venezuela debe asumir un rol pionero en la tokenización de América del Sur. Esto no es solo una alternativa económica, sino una necesidad estratégica de supervivencia y vanguardia.

Para un país que posee una de las reservas de energía más grandes del planeta -tanto en potencial hidroeléctrico como en gas natural subutilizado-, convertirse en el primer impulsor regional de activos energéticos tokenizados representaría beneficios inmediatos:

Atracción de capital directo y blindado:

Al utilizar contratos inteligentes y liquidaciones automatizadas en stablecoins, Venezuela puede saltarse los cuellos de botella de la banca corresponsal tradicional. Esto permite atraer inversiones multimillonarias de corporaciones de IA globales que buscan energía de forma transparente, auditable y segura.

Solución estructural a la crisis eléctrica:

Al integrar a las empresas de datos como «clientes ancla», se puede financiar la modernización de la infraestructura nacional. Esto estabiliza el servicio sin endeudamiento público convencional.

Soberanía tecnológica y reputacional:

Liderar la emisión de activos del mundo real en el continente posicionaría a Venezuela como un referente de innovación regulatoria y tecnológica, atrayendo talento, centros de desarrollo de software e IA.

La era de la Inteligencia Artificial premia la velocidad y la audacia. Venezuela tiene en sus manos la energía que el mundo digital necesita con urgencia; el desafío y la gran oportunidad radican en transformarlos en los tokens que financiarán el desarrollo del país en el siglo XXI.

Fuente: Francisco Ameliach (X).

Prof. Martín

Análisis: Venezuela, el 5to alfil

Por: Martín Augusto Román Profesor – LAUICOM

Hoy somos un pueblo unido enfrentando otra situación sobrevenida. Si a alguien le faltaba entender que los centros de poder nunca se detendrán en su afán por saciar su codicia energética y sanar su emergencia monetaria, ya debe estar preclaro. Tras el bombardeo a Caracas, La Guaira y Miranda, y el secuestro del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, no quedan dudas.

Ha llegado el momento histórico de comprender en colectivo —en comunidad— cuál es nuestra situación como Estado-Nación. Analicemos datos públicos y verificables en cuatro ámbitos que forman parte del mismo escenario geopolítico:

Primero: Caracterización del enemigo

Debemos identificar al enemigo que hoyó con fuego asesino nuestra tierra sagrada. Estados Unidos se encuentra en un franco declive de su hegemonía unipolar frente a Rusia y China. Su condición económica, social y política se resume en los siguientes puntos:

• Deuda pública: Posee $38.5 billones ($38.500.000.000.000,00) en deuda pública (letras, pagarés y bonos del tesoro). El pago de intereses a sus acreedores supera el billón de dólares anuales.

• Recursos críticos: Carece de tierras raras necesarias para fabricar misiles, satélites y pantallas.

• Inestabilidad interna: Donald Trump ha interrumpido el plan imperial de globalización; el Deep State acecha la Casa Blanca y el pueblo estadounidense se manifiesta en las calles.

A pesar de esto, EE.UU. mantiene factores de poder frente a pares como Rusia y China, y naciones emergentes como Brasil, India e Indonesia:

  1. El dominio del dólar y su industria cultural, aunque debilitados, persisten en occidente.
  2. Posee 4.000 ojivas nucleares y la fuerza armada más extendida del planeta.

Solo la disuasión de una guerra popular de resistencia prolongada impide que ocupen Venezuela. Como potencia en declive, EE. UU. ajusta su «doctrina de guerra», asumiendo el continente americano —desde el Estrecho de Bering hasta las Malvinas— como su área vital para expandir su mercado a 1.000 millones de consumidores. Buscan profundizar la debilidad institucional de los 33 países de la región para expoliar sus riquezas. Nos enfrentamos, pues, a un ciclo histórico similar al de hace 534 años: un imperio desgastado y agresivo en guerra monetaria contra un mundo multipolar.

Segundo: Fortalezas de la República

La República Bolivariana de Venezuela y su proceso constitucional permanecen intactos. Exigimos la liberación del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores, secuestrados por el Estado-Nación estadounidense. Esta intervención encuentra a un 94% de la población unida en la defensa de nuestra soberanía territorial y política.

Esta unidad nacional coincide con la fase final del plan de recuperación económica. Venezuela cuenta con una cultura productiva y monetaria única:

• Soberanía financiera: No existe deuda con el FMI ni el Banco Mundial; poseemos suficiente oro y materias primas para respaldar nuestro sistema monetario.

• Innovación económica: Tenemos la única economía indexada del planeta y una red estatal de economía digital óptima: el Sistema Patria.

• Capacidad tecnológica: Más del 90% de la población está bancarizada y posee habilidades para operar en la economía digital.

• Producción petrolera: Aumentamos de 600.000 a 1.200.000 BPD en 24 meses, utilizando conocimiento y pasión patria en lugar de patentes extranjeras.

Tercero: El escenario multimoneda y recursos

Si el dólar está agotado y pretenden incorporarlo a nuestro sistema multimoneda nacional, debemos responder formando un ejército de venezolanos hábiles en economía digital. Somos los dueños del petróleo y los minerales del subsuelo por designio bolivariano (Chuquisaca, 1825).

El petróleo venezolano será el canal para transar con stablecoins (USD1, USDT, USDC), lo que podría fortalecer el petrodólar en el sistema financiero americano por fuera de los bancos centrales tradicionales. Además, nuestros recursos (petróleo, coltán, hierro, aluminio, gas, torio) atenuarán el impacto inflacionario ante la devaluación programada del dólar entre 2026 y 2030. El oro será nuestra garantía de reserva de valor fundamental en esta guerra monetaria.

Si el mundo requiere petróleo, deben suspenderse las sanciones; de lo contrario, solo empresas rusas y chinas expandirán su presencia en nuestros 18.000 pozos. Nuestro ecosistema digital permite que el petrodólar en criptoactivos funcione como detonante de una canasta nacional de monedas que incluya el e-VES, e-CNY y e-RUB.

Cuarto: Democracia directa y geopolítica

En este relato hegemónico, la democracia ha sido descartada por el enemigo. Frente a la intención de robarnos el oro, nuestra arma más poderosa es el sistema de democracia directa: la Consulta Pública.

Venezuela es el «5to alfil» en el tablero geopolítico multipolar. La acción violenta de Donald Trump, diseñada para provocar la falta absoluta del presidente, ha resultado en el secuestro de un mandatario en ejercicio, quien es ahora un prisionero de guerra. Hemos constituido un renacido sentido de la venezolanidad, capaces de vencer la incertidumbre y renacer con más fuerza.

Cierre

Este análisis presenta escenarios inéditos de reconfiguración económica global. Venezuela tiene las condiciones objetivas y subjetivas para transformar su realidad política, social y económica de inmediato. Como colectivo nacional, nuestra ruta es clara:

  1. Exigir la liberación inmediata de Nicolás Maduro y Cilia Flores.
  2. Defender la soberanía territorial, política y económica.
  3. Resguardar el patrimonio, el territorio nacional y la paz del pueblo patriota.

Frente a la fuerza, oponemos la palabra y el interés nacional. Caminemos la senda de la paz con el escudo de la dignidad, sabiendo que, de ser necesario, cada quien sabe dónde está su fusil.

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El Nuevo Leviatán Digital: La Estrategia de EE. UU. y la Encrucijada de la Soberanía Latinoamericana y Caribeña

Por: Martín Augusto Román.

Universidad Internacional de la Comunicaciones.

Venezuela.

“Una nueva batalla por la mente: usar la economía y la comunicación digital para reemplazar las monedas nacionales con las stable coin : dólar”

La desregulación de la economía y la comunicación digital en América Latina y el Caribe presenta una paradoja estratégica. Mientras que la flexibilidad normativa puede impulsar la innovación, la ausencia de marcos claros ha generado un espacio propicio para la consolidación de un nuevo orden financiero global, orquestado desde Estados Unidos.

Este artículo explora cómo la arquitectura legal, institucional y financiera estadounidense soportado en su deuda se erige como un bastión de poder en la era de los activos digitales, desafiando la soberanía económica de los estados nación en América Latina y El Caribe, proyectando un futuro de creciente dependencia.

El Nuevo Orden Financiero Digital: La Arquitectura Regulatoria de EE. UU. como Bastión de Poder

La promulgación de la Ley GENIUS (Guía y Establecimiento de la Innovación Nacional para las Stablecoins de EE. UU.) en julio de 2025 y el avance de la Ley CLARITY (Ley de Claridad del Mercado de Activos Digitales de 2025) marcan el inicio de una nueva era de “claridad regulatoria en Estados Unidos”. Lejos de una simple desregulación, esta es una re-regulación estratégica diseñada para repatriar la actividad económica y el talento al territorio estadounidense, al tiempo que se establece un control sin precedentes sobre la naciente economía digital.

La Ley GENIUS define las stablecoins de pago como un instrumento financiero distinto de los valores o materias primas, asignando su supervisión principal a los reguladores bancarios tradicionales de EE. UU., como la Reserva Federal (Fed), la Oficina del Contralor de la Moneda (OCC) y la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC). Este «tridente de autoridad bancaria» tiene como objetivo aplicar los mismos estándares de «seguridad y solidez» del sistema bancario tradicional a este nuevo tipo de activo.

El marco impone “requisitos rigurosos” a los emisores de stablecoins: deben ser entidades formadas en Estados Unidos, mantener reservas que respalden cada stablecoin en circulación en una proporción de al menos uno a uno, y estas reservas deben consistir en activos líquidos y seguros, como dólares estadounidenses, depósitos en bancos asegurados o bonos del Tesoro a corto plazo.

Crucialmente, estas reservas deben estar segregadas de los fondos operativos del emisor y no pueden ser pignoradas o reutilizadas. La ley incluso prohíbe a los emisores pagar intereses a los titulares de stablecoins, eliminando una de sus principales ventajas competitivas frente a los depósitos bancarios tradicionales y asegurando la centralidad de los bancos en el ecosistema.

Desde la perspectiva de la soberanía nacional, esta legislación es un movimiento maestro para EEUU y en simultaneo un instrumento de colonización monetaria para América Latina y El Caribe. Al exigir que las stablecoins estén respaldadas por activos estadounidenses y que sean emitidas por entidades nacionales o bajo estrictas condiciones para los emisores extranjeros (quienes deben mantener reservas en instituciones financieras de los Estados Unidos), EE. UU. no solo garantiza la estabilidad de su propio sistema financiero, sino que transforma las stablecoins en un nuevo y poderoso canal para la captación global de su deuda pública.

En 2025, la deuda tokenizada del Tesoro de EE. UU. ya representaba el 34% del mercado de Activos del Mundo Real (RWA). La proyección es que los bonos del Tesoro de EE. UU. se consolidarán como el pilar fundamental para el respaldo de las stablecoins denominadas en dólares, reforzando su valor como activo seguro y líquido en el ecosistema digital.

Este «modelo de rieles duales» (dual rails), donde los flujos de pagos fiduciarios (vía SWIFT) y los de activos digitales (en redes blockchain) coexisten, no busca la desintermediación, sino la integración controlada, donde los bancos y las instituciones establecidas tienen un papel central, lo que limita la capacidad de los nuevos participantes. La entrada de un consorcio de grandes bancos de EE. UU. (JPMorgan, Bank of America, Wells Fargo y Citigroup) para explorar una stablecoin compartida valida esta dinámica: el nuevo marco regulatorio está diseñado para permitirles liderar y controlar la adopción de stablecoins desde dentro del sistema establecido.

Este enfoque asegura que el sistema financiero global, incluso en su versión digital, siga anclado en la infraestructura y las regulaciones estadounidenses.

América Latina en la Encrucijada Digital: ¿Soberanía Monetaria o Dependencia del «Dólar Digital»?

El mercado financiero de América Latina y el Caribe (ALC) es un «laboratorio natural para la innovación financiera», con un crecimiento explosivo del mercado de tecnología blockchain, proyectado para alcanzar los USD 57.30 mil millones para 2033 desde USD 0.80 mil millones en 2024, con una Tasa de Crecimiento Anual Compuesta (CAGR) del 53.30%.

La región es el quinto mercado más grande en adopción de criptomonedas, representando el 9.1% del valor total recibido a nivel mundial entre julio de 2023 y junio de 2024. Este crecimiento es impulsado por las fintechs, cuyo ecosistema creció un 340% entre 2017 y 2023, y por una necesidad latente de estabilidad económica e inclusión financiera.

Sin embargo, detrás de estos datos alentadores se esconde una realidad que desafía la soberanía monetaria de los estados latinoamericanos: la primacía de las stablecoins. La adopción de criptoactivos en la región está motivada por la utilidad práctica, más que por la especulación, siendo las stablecoins la herramienta de elección para los usuarios que buscan una reserva de valor estable y un medio de pago eficiente.

48% de las compras de criptomonedas en exchanges ya corresponden a stablecoins, con México liderando la región con el 47% de todas las transacciones de este tipo.

La principal razón de esta adopción masiva es la búsqueda de estabilidad económica en mercados caracterizados por la volatilidad y la devaluación de las monedas locales. Los ciudadanos de Argentina, Venezuela, y otros países, donde casi 2 de cada 10 argentinos usan criptomonedas para ahorrar, están utilizando stablecoins como una forma de proteger sus ahorros «sin importar las políticas monetarias oficiales».

Este fenómeno, si bien beneficia a los individuos, representa una erosión de facto del control monetario estatal y una creciente dependencia de una moneda virtualmente dolarizada. Las remesas son un caso de uso seminal, con empresas como Bitso procesando hasta el 10% de los flujos entre EE. UU. y México. Aunque esto reduce costos y mejora la eficiencia, también canaliza una porción significativa de la economía hacia rieles financieros que están, en última instancia, vinculados y regulados por el sistema estadounidense.

El entorno regulatorio en ALC es fragmentado y evoluciona con criterios diversos. Si bien países como Argentina, Brasil y México están a la vanguardia, sus respuestas regulatorias a menudo buscan controlar el flujo digital. Por ejemplo, México no reconoce los activos virtuales como moneda de curso legal para las instituciones financieras, y Brasil propone restringir las transferencias de stablecoins a billeteras de autocustodia para facilitar el control sobre los pagos transfronterizos.

Estas medidas reflejan un intento fragmentado por mantener la soberanía sobre las finanzas nacionales frente a la globalización digital, pero se encuentran con la realidad de que la utilidad y la estabilidad percibida de las stablecoins ya han calado hondo en la población.

El modelo de negocio propuesto en ALC por empresas que buscan integrar DeFi con TradFi se presenta como un «puente» o una «API para el dólar digital». Esto no solo facilita la adopción de tecnologías blockchain, sino que también refuerza la dolarización digital de facto de la región, abstractando la complejidad de la blockchain para el usuario final, pero sin modificar la realidad de que el valor subyacente sigue siendo el dólar estadounidense.

La oportunidad para ALC de construir su propia infraestructura financiera soberana se ve eclipsada por la adopción masiva de soluciones que, si bien eficientes, consolidan la influencia financiera externa.

La Dominación Silente: RWA, Deuda Pública de EE. UU. y la Proyección de un Futuro Financiero Asimétrico

La tercera arista de esta consolidación financiera es la tokenización de Activos del Mundo Real (RWA) y su intrínseca conexión con la deuda pública estadounidense. Los RWA, activos físicos o intangibles representados en una cadena de bloques, prometen democratizar el acceso al capital, aumentar la liquidez y mejorar la eficiencia.

El valor total bloqueado (TVL) en RWA ha experimentado un crecimiento exponencial, con proyecciones de mercado que alcanzan los USD 4 billones para 2030. Sin embargo, esta revolución, lejos de ser descentralizada en su esencia, está siendo capturada y canalizada por el sistema financiero estadounidense.

La Ley GENIUS, al exigir que las stablecoins de pago estén respaldadas por activos líquidos y seguros como los bonos del Tesoro de EE. UU., no solo asegura la solidez de las stablecoins, sino que también crea una demanda masiva y sostenida de la deuda pública estadounidense a nivel global. Esto convierte a los Bonos del Tesoro de EE. UU. en el «pilar fundamental para el respaldo de las stablecoins denominadas en dólares», abriendo un canal masivo y eficiente para la captación de deuda pública estadounidense a escala global a través de la tokenización.

La proyección es clara: a medida que más entidades obtengan licencias bancarias y se conviertan en «emisores de stablecoins de pago permitidos» bajo la Ley GENIUS, la demanda de bonos del Tesoro de EE. UU. como respaldo para sus stablecoins de 1:1 aumentará significativamente.

La deuda tokenizada del Tesoro de EE. UU. ya representaba el 34% del mercado de RWA tokenizados de USD 23 mil millones en la primera mitad de 2025. Expertos proyectan que hasta el 10% del PIB mundial podría operar con «rieles criptográficos» para finales de esta década, y en este escenario, las stablecoins respaldadas por dólares serán una parte fundamental, con los bonos del Tesoro de EE. UU. como su pilar de estabilidad.

Esto representa un cambio estructural en la financiación del déficit público de EE. UU., donde las stablecoins se convertirían en una fuente no tradicional de demanda para la deuda estadounidense. Es una dominación financiera silente, en la que la «desregulación» en otras latitudes y la búsqueda de estabilidad por parte de los usuarios, se traducen en una centralización de facto del control financiero en EE. UU. y una nueva forma de financiar su hegemonía económica global.

Los sistemas de pago tradicionales como SWIFT, aunque reaccionan con proyectos piloto de tokenización, se verán cada vez más presionados a adaptarse o coexistir con infraestructuras blockchain que ofrecen mayor velocidad y menores costos. La integración de stablecoins en los pagos globales continuará, impulsada por soluciones que «desafían a SWIFT» al integrar alguna stabelcoin:dólar como USD1 (propiedad de World Liberty Financial, empresa de la familia Trump) en los pagos bancarios globales.

En este contexto, la «desregulación» en la comunicación digital en América Latina se convierte en un arma de doble filo. Si bien permite la hiperlocalización de la infraestructura y el contenido, la falta de un marco regulatorio claro en la región crea un «terreno de nadie» que la estrategia estadounidense aprovecha para cimentar su liderazgo, atrayendo talento y capital que buscan reglas de juego predecibles y claras. La transparencia es un pilar fundamental en la estrategia de confianza, pero esta transparencia se inscribe dentro de los marcos regulatorios y de supervisión de EE. UU., consolidando su influencia.

La arquitectura regulatoria de activos digitales en Estados Unidos, con las Leyes GENIUS y CLARITY, no es una mera respuesta a la innovación tecnológica, sino una estrategia geopolítica calculada para solidificar su poder financiero en la era digital. Al exigir que las stablecoins de pago estén respaldadas por su deuda pública y sean emitidas o controladas por entidades bajo su jurisdicción, EE. UU. está construyendo un nuevo Leviatán digital que impacta directamente la soberanía económica de los estados nación latinoamericanos.

La adopción masiva de stablecoins como refugio frente a la inestabilidad local, y la creciente tokenización de RWA con el Tesoro de EE. UU. como principal respaldo, auguran un futuro donde la capacidad de los estados para ejercer un control autónomo sobre sus políticas monetarias y flujos financieros se verá aún más mermada, consolidando una nueva realidad de dependencia financiera digital en las Américas.

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La Transacción Invisible: El Precio de Nuestra Huella Digital

Prensa LAUICOM- En un evento clave para comprender el papel central de los datos en la economía digital, se llevó a cabo la ponencia «La Economía del Dato: La Transacción Invisible. Cómo los Datos Redefinen el Valor en la Economía Digital», organizada en la torre financiera del Banco Central de Venezuela.

Durante la jornada, el Magister Martín Augusto Román, docente de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM) y experto en economía digital e inteligencia artificial, analizó cómo los datos personales están siendo utilizados como materia prima para transformar la economía global, mientras advirtió sobre la necesidad de proteger y regular este recurso.

El Magister Román destacó cómo cada interacción digital, cada clic, «me gusta» o búsqueda, implica una transacción invisible: la transferencia de datos personales. Estas acciones, aunque cotidianas, alimentan complejos algoritmos que moldean nuestras experiencias digitales y guían decisiones económicas. «Cuando dices que algo no te gusta en una red social, estás entrenando al algoritmo para que no te lo vuelva a mostrar», afirmó, evidenciando cómo nuestras acciones contribuyen a sistemas automáticos que influyen en lo que vemos, escuchamos y consumimos.

El Magister también destacó el concepto de «gregario digital», describiendo cómo los seres humanos transitan constantemente entre el mundo físico y digital, a menudo de manera inconsciente. Según un estudio del centro de investigación Dscout (2016), un usuario promedio toca su teléfono 2,617 veces al día, mientras que el 47% de estas interacciones ocurren con la pantalla bloqueada, fragmentando nuestra atención e interrumpiendo momentos significativos de nuestras vidas.

Haciendo referencia a la frase de Clive Humby, «los datos son el nuevo petróleo», el Magister Román subrayó que estos, aunque valiosos, carecen de utilidad si no se refinan. Aplicaciones como Spotify o Instagram recopilan información personal para ofrecer productos y servicios personalizados. Sin embargo, esta explotación masiva de datos plantea serias implicaciones éticas, especialmente bajo el modelo del «capitalismo de vigilancia», donde la experiencia humana es utilizada como materia prima gratuita para prácticas comerciales ocultas.

«La transacción invisible ya no puede ser ignorada. Es hora de hacerla visible, de valorarla y gobernarla para un futuro más próspero y equitativo», concluyó el Magister Román. Este mensaje resuena en un contexto donde la economía digital sigue expandiéndose y transformando las reglas del juego económico y social.