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Semiótica de Dictador (el caso contra Venezuela)

Fernando Buen Abad Domínguez

Bajo la imputación de “dictador” perpetrada contra el presidente Nicolás Maduro, anida una amalgama distorsiva con los signos más densamente cargados de intencionalidad ideológica en la guerra sucia mediática contemporánea. Desde la perspectiva del Laboratorio de Semiótica Crítica, de base humanista, talafirmación no puede ser entendido como una mera clasificación política o una descripción institucional, es un artefacto semiótico diseñado para operar como dispositivo de criminalización, deslegitimación y disciplinamiento simbólico al servicio de intereses geopolíticos específicos. El adjetivo no nace de la observación científica ni de la verificación empírica; nace de una ingeniería del lenguaje configurada para producir efectos cognitivos inmediatos sobre audiencias masivas. Su función central es fijar un marco interpretativo hegemónico donde el gobierno venezolano aparece como un poder ilegítimo, antidemocrático, represivo y moralmente condenable, independientemente de cualquier análisis contextual, histórico o jurídico. En este sentido, “dictador” es un signo de combate, un arma de las guerras burguesas del sentido.

Nuestra semiótica crítica identifica en esta operación una estrategia típica del imperialismo comunicacional, la reducción de fenómenos políticos complejos a esencias ideológicas (falsa conciencia) absolutas. El término “dictador”, en este sentido, se comporta como una “metáfora ontológica de demonización”, un procedimiento discursivo que transforma adversarios políticos en entidades esencialmente malvadas, carentes de derechos y susceptibles de intervención.

La nominación no busca describir la realidad política venezolana, busca crear una realidad simbólica en la conciencia de millones. Denominamos a este mecanismo como “estigmatización ideológica”, un acto performativo mediante el cual el poder nombrante —en este caso, actores mediáticos, diplomáticos y gubernamentales articulados con los intereses de Estados Unidos— establece un marco semántico obligatorio que pretende clausurar la interpretación y el pensamiento crítico.Su manejo del adjetivo “dictador” funciona como un nodo semiótico que condensa décadas de ingeniería ideológica occidental. Su contenido semántico se apoya en un reservorio histórico de imágenes, narrativas y afectos producidos por Hollywood, la prensa corporativa y la retórica geopolítica estadounidense, líderes de uniformes oscuros, represión masiva, censura total, violencias sádicas y abolición completa de derechos civiles.

Esta iconografía, alimentada por ficciones y simplificaciones históricas, se activa automáticamente al escuchar la palabra. Su poder reside en la velocidad con la que despliega una constelación de sentidos negativos sin necesidad de argumentación racional. En términos semióticos, se trata de un signo “hipersaturado”, capaz de operar como un dispositivo automático de rechazo. Allí radica su eficacia fasificadora porque opera como un signo que piensa por el receptor, inhibiendo la reflexión.Desde el enfoque del Laboratorio de Semiótica Crítica, el análisis del epíteto exige descomponer sus operaciones en los niveles sintáctico, semántico, pragmático y político-material. En el plano sintáctico, la estructura “Maduro es un dictador” adopta la forma de identidad ontológica: el predicado no describe un comportamiento específico, sino una esencia. Esta operación lingüística elimina toda relación causal o contextual. No se argumenta que, un conjunto de acciones pueda considerarse “autoritarias”, se decreta que el sujeto es, por naturaleza, una figura ilegítima. Esta esencialización es característica de los discursos de guerra. En lugar de discutir medidas políticas, procesos electorales, estructuras institucionales o correlaciones de fuerza, el signo clausura el debate: quien es “dictador” no puede ser interlocutor. La nominación deshumaniza, des-juridiza y des historializa.En el nivel semántico, “dictador” se inscribe en lo que se define como “cadenas de equivalencia ideológica”. En la prensa hegemónica, el término aparece sistemáticamente combinado con “régimen”, “autoritarismo”, “represión”, “crisis humanitaria”, “violación de derechos humanos”, “narcoestado” y “fraude electoral”.

Estas combinaciones repetidas generan un efecto de naturalización y el signo se integra en un ecosistema discursivo donde la equivalencia entre Venezuela y dictadura se presenta como un hecho obvio. Las cadenas semióticas funcionan como una forma de programación de sentido, orientada a evitar que la realidad contamine el relato. En esta lógica, incluso los procesos electorales auditados, las observaciones internacionales, la participación ciudadana o la institucionalidad constitucional venezolanas son sistemáticamente excluidos o reinterpretados para que no interfieran con la narrativa dominante.En el plano connotativo, ese adjetivo activa emociones intensas: miedo, repulsión, indignación moral. La moralización burguesa del discurso es una de las claves de su eficacia.

El enemigo político se presenta como enemigo ético. No es un adversario con el cual se disputa un proyecto histórico, sino un villano cuya mera existencia amenaza la civilización. Esta carga emocional es fundamental para la construcción de consenso en torno a políticas de agresión: sanciones económicas, aislamiento diplomático, intervención humanitaria o incluso invasión militar. La connotación moral absolutista sirve para justificar la violencia contra el país señalado. Es la lógica colonial, se demoniza al otro para hacerlo intervenible.En el nivel pragmático, el término opera como una orden implícita. Nominar es prescribir. La función del signo es producir conductas sociales y políticas. Cuando un líder es llamado “dictador”, lo que se propone como consecuencia esperada es la ruptura de relaciones diplomáticas, el desconocimiento de autoridades, la activación de sanciones, la justificación de apoyo a actores opositores no-electorales, el reconocimiento de figuras paralelas y la construcción de un cerco comunicacional. Es decir, el epíteto no sólo falsifica, sino que habilita acciones concretas. Es un “signo de guerra blanda”, cuyo objetivo es convertir una agresión real en una obligación moral.Una parte central del análisis semiótico requiere estudiar su carácter performativo en el plano internacional. El término “dictador” ha sido utilizado por Estados Unidos como fase preliminar de intervenciones militares o sanciones en múltiples escenarios: Irak, Libia, Siria, Panamá, Granada, entre otros. La estrategia consiste en construir un estereotipo global que permita encubrir los intereses materiales de la acción geopolítica bajo una retórica humanitaria.

El patrón es recurrente: primero se fija un epíteto demonizante, luego se reorganizan las coberturas mediáticas según ese marco, después se introduce el discurso de la “ayuda” y finalmente se ejecutan acciones de fuerza. La palabra, así, es parte del arsenal.En el caso venezolano, el uso del epíteto se intensificó en momentos estratégicos, procesos electorales, intentos de golpe, fases del bloqueo económico y esfuerzos de desestabilización interna. Esto demuestra que el signo no responde a un análisis institucional objetivo, sino a la necesidad de producir un clima simbólico funcional a la agresión. En este sentido, el Laboratorio de Semiótica Crítica identifica un patrón de sincronización entre la retórica mediática, la diplomacia coercitiva y las operaciones psicológicas. La palabra “dictador” no aparece como diagnóstico, sino como mandato.Un análisis semiótico-crítico del signo también exige observar su función dentro de la economía política del capitalismo global. El epíteto sirve para ocultar que el verdadero conflicto no es institucional, sino económico, petróleo, gas, oro, minerales estratégicos, posición geopolítica y modelos alternativos de integración regional. Demonizar al líder es una estrategia para demonizar al proyecto político que encarna. La palabra “dictador” es el velo semiótico que oculta la disputa por recursos y soberanía. Esta opacidad intencional es parte del diseño comunicacional del imperialismo. El capitalismo necesita manipular el sentido para manipular la historia.En el análisis semiótico-crítico también debe incluirse la dimensión psicológica de la recepción. El epíteto funciona mediante un mecanismo de asociación automática que inhibe la capacidad crítica del receptor. Cuando la palabra se repite en portadas, noticieros, discursos y redes sociales, el público acaba actuando bajo un reflejo condicionado: aceptar la acusación sin preguntar por sus fundamentos. La repetición produce guerras cognitivas.

Aquí opera lo que el Laboratorio denomina “naturalización semiótica”, un proceso mediante el cual un término se convierte en sentido común, aun sin evidencia. La crítica exige desmontar esta automatización.Finalmente, la semiótica crítica entiende que un análisis riguroso debe culminar con la construcción de contra-semiosis emancipadora. Es decir, no basta con desmontar la calumnia, es necesario producir categorías, lenguajes y marcos interpretativos que restituyan complejidad, historicidad y legitimidad a los procesos políticos latinoamericanos.

La disputa por la palabra es disputa por la realidad. En este sentido, el Laboratorio de Semiótica Crítica establece que términos como “dictador”, cuando son utilizados como instrumentos de guerra mediática, deben ser desactivados mediante investigación científica, alfabetización comunicacional y producción de nuevos repertorios simbólicos capaces de desmontar la ingeniería imperial. La verdad debe ser defendida frente a la violencia semiótica burguesa. El análisis científico es una forma de revolución de las conciencias.

Guerra cognitiva imagen tomada de Telesaur

Justificaciones para el robo de un petrolero: modelo dinámico de respuestas paradojales de guerra cognitiva

José Garcés*

Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual

LAUICOM

Ayer 10 de diciembre de 2025, el gobierno de los EE. UU., dijo haber “incautado” un buque petrolero venezolano, “el más grande que haya visto nunca” dijo el presidente Trump. El uso de eufemismos como “incautar” cuando en realidad se trata de “robo” es frecuente en los medios hegemónicos y en el discurso de Trump. Éstos se usan como medio para moldear la opinión pública, de manera que hacerla favorable a sus intereses; y ya sabemos que este es uno de los objetivos de la guerra cognitiva. Según Du Cluzel, “la guerra cognitiva hace que la población del país atacado trabaje activamente a favor del ejército atacante”.

En este sentido, algunas muestras de las opiniones de la población opositora parecen confirmar esta observación. En entrevistas realizadas a una muestra de opositores, éstos manifestaron las siguientes opiniones:

Opositor 1:

“Eso pasa cuando no pagas”.

“Como Venezuela está sancionada por no pagar, EE. UU., tiene que cobrarse de alguna manera”.

“La gente sabe que NO HAY GASOLINA, y Maduro en vez de estar enviando petróleo a los demás, debería dárselo a los venezolanos, y hacer gasolina con ese petróleo”.

Opositor 2:

“Ese es un buque sancionado y los EE. UU., son muy estrictos”.

“A mí lo que preocupa es que, en vez de hacer negocios con los EE. UU., Maduro está haciendo negocio con los rusos, pero ellos no están enviando los productos para hacer gasolina”.

“Yo no sé qué va a pasar”.

Opositor 3:

“Pues, ¡Bien hecho!”.

“Maduro se lo tiene merecido”.

A la repregunta ¿Esto no te afecta a ti?, responde:

“Yo no sé cuándo se va a acabar este infierno”.

Algunos internautas expresan su opinión en la red social X (equis):

“FBI, HSI y la Guardia Costera incautaron un petrolero usado para mover petróleo sancionado de Venezuela e Irán. El buque operaba en una red ilícita vinculada a organizaciones terroristas. La operación fue segura y continúa la investigación”.

“Viste que la justicia tarda pero llega, tu que comunicas todos los días sobre estos cargueros maleantes les llego su día, jajaja creo que Trump espero el más grande jajaja”.

“El buque iba destinado a la dictadura cubana”.

“Carajos…

Definitivamente el Nobel de la Paz y el retraso de María Corina eclipsaron bastante bien esta noticia, pero no creo que haya llegado tarde a Miraflores; después de ver ese video hasta a mí me dio miedo.

Pura ANTESALA”.

El inconveniente de tratar de medir el Tono emocional de una población a través de una red social, es que no se sabe si realmente son personas reales, ya que se ha señalado que cerca del 90 % de los post de las RR. SS., son de origen “No humano”, pero también nos sirven para averiguar cuál es la opinión que se quiere sembrar en la población a través de la técnica de “Inundación” que consiste es repetir una idea millones de veces, hasta que se instaure en la mente de esa población.

De las opiniones expresadas por lo opositores podemos abstraer algunas ideas sustantivas:

  1. La aprobación incondicional a todo lo que haga el presidente Trump.
  2. El “Castigo” al Presidente Maduro.
  3. La aparición de un “Chivo expiatorio” como los rusos, los cubanos y los chinos.
  4. La preocupación por la falta de gasolina.
  5. La justificación de la acción como parte del combate al “Terrorismo”.

(Vale decir que, en la mente de los opositores alcanzados por la guerra cognitiva, “Terrorismo” quiere decir: rusos, iraníes, chinos, cubanos, narcotraficantes, asesinos, traficantes de órganos, etc.).

Incorporación del carácter dinámico en el estudio de la guerra cognitiva:

Los recientes hechos nos dan la oportunidad para ilustrar una hipótesis que venimos trabajando: se trata de que la guerra cognitiva y la guerra multiforme se apoyan la una a la otra en una relación bidireccional.

En la mente de los venezolanos viene gravitando la preocupación para abastecerse de gasolina. Muchos usuarios han decidido comprar gasolina dolarizada y olvidarse de la gasolina subsidiada por las largas colas que se arman; ya las colas no se organizan de un día para otro, sino con dos días de antelación. El pueblo viene sabiendo de esta situación desde hace meses, y la idea de que “hay poca gasolina”, viene rondando en la mente de manera silenciosa.

Los hechos de ayer, 10 de diciembre, en Oslo más que una victoria, reportan una derrota al imperio. Trataron de generar un clima de incertidumbre que reportara una épica aparición en la ceremonia, en una misteriosa llegada de MCM a recibir el premio, pero este clima no convenció a nadie (ni opositores ni a chavistas), y más bien en las calles de Oslo, se hacía sentir un rotundo rechazo. Las palabras del presidente del comité Nobel no pudieron ser más parcializadas, saludando a EGU como “presidente electo”, y convirtiendo la ceremonia en un vulgar acto político de extrema derecha. Definitivamente se trató de una derrota para los EE. UU., y sus subalternos europeos y criollos.

Ante esa derrota, que ocurría en Oslo, pero también en las mentes de los venezolanos, el imperio decide atacar por otro flanco y es entonces, cuando ordena robar el petrolero. De manera que, Trump no iba a permitir que los patriotas venezolanos se acostaran la noche del 10 de diciembre con una sonrisa en sus labios. 

De manera que al imperio, solo le bastó identificar una de las preocupaciones que, de seguro, sus grupos focales, ya han identificado y tabulado, y apretar la tuerca correspondiente, lo que destapó las preocupaciones referidas en las opiniones de los opositores encuestados en cuanto a una posible escases de gasolina.

Las frases: “Yo no sé qué va a pasar”, “Yo no sé cuándo se va a acabar este infierno” y “después de ver ese video hasta a mí me dio miedo”, responden a la ya señalada desprotección, presente en el alma de los opositores. Recordemos que el miedo y el odio, son las emociones principales en los opositores, ellos no persiguen construir ningún objetivo, ellos lo que quieres es que se acabe lo que consideran un infierno, por cualquier medio. En términos de la teoría conductual, se trata de una conducta reforzada negativamente, que lo que quieren es que DESAPAREZCA ALGO, no que APAREZCA ALGO. Por ello, los opositores no tienen ningún programa, les basta con cualquier cosa que les signifique la posibilidad de lo que ellos consideran que es “una condición aversiva”.

Modelo dinámico de respuestas paradojales de Guerra Cognitiva

Este modelo toma como base la aproximación cognitiva descrita en trabajos anteriores (Ver libro “Dimensiones de la guerra cognitiva”) en el que se describen 7 puntos para lograr estructurar el sesgo cognitivo. Paralelamente se apoya en las condiciones políticas y económicas que tienden a la consonancia de la desprotección y el odio, como en este caso, con el buque robado que castiga una respuesta reforzada negativamente, (lo que es devastador). Estos elementos se coordinan dinámicamente el uno con el otro y generan la dimensión imaginal. Estamos demostrando que la guerra cognitiva ha trascendido los límites del psiquismo racional para entrar en el dominio de lo paradójico y lo irracional, provisto por el mundo imaginal (Corbin).

Lo imaginal es aparentemente contradictorio y bizarro, y legitima la aceptación incondicional de la que goza Trump en una parte de la población que ronda el 40 % en la población de EE. UU., y un número apreciable y no determinado aquí en Venezuela. Lo imaginal es lo que sustenta la idea de: “La justicia tarda pero llega”. Lo imaginal es el dominio del que se aprovechan Trump y Milei cuando se comportan con la patanería que lo caracterizan. Trump la maneja con la intención de hacerse ver superior a los demás seres humanos, por eso dice con desparpajo:  “Sin nosotros no hay mundo” (https://actualidad.rt.com/actualidad/576632-trump-sin-nosotros-no-hay-mundo),  de manera de erigirse en la autoridad del mundo, y como de alguna manera, toda autoridad es legítima (recordemos a Koyeve y a Weber), sería algo así como: “Jefe es jefe manque tenga cochochos”, por eso sus acciones, aunque estén al margen de la ley, son aprobadas como positivas por el sector de la población manipulado por la guerra cognitiva.

Conclusiones:

En este escrito proponemos el “Modelo dinámico de respuestas paradojales” para explicar la guerra cognitiva. En este modelo se estudia el sesgo cognitivo a partir del modelo de los siete (7) pasos, en conjunción con variables políticas y económicas actuales y coyunturales, que son utilizadas como acicate para influir sobre mismas las variables descritas. De manera que las variables materiales estimulan las psicológicas. Ej. Sí se ha estimulado la desprotección, entonces se roba un buque petrolero para estimular el miedo al desabastecimiento de gasolina y de esta forma aumentar esa desprotección.  Estos son los insumos con los que trabaja el mundo imaginal y los productos de este mundo imaginal son sagrados e inamovibles.

Esto explica por qué algunos venezolanos aprueban las acciones de piratería que ha emprendido el gobierno de los EE. UU., y cumple con el precepto fundamental de la guerra cognitiva: “La población atacada ha de trabajar activamente en favor del ejército atacante” aunque esto signifique que están atentando contra sí mismos en una actitud suicida y paradojal.

*Investigador del Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual de Lauicom. Psicólogo clínico. Maestría en Psicología. Cursante del Doctorado en estudios Nuestroamericanos. Profesor de la cátedra: Naturaleza de la Guerra Cognitiva.

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Cada día más cerca: La Navidad está tocando las puertas de la Universidad

Prensa LAUICOM – Con el fin de año cada vez más cerca, LAUICOM lleva a cabo su Concurso de Puertas Navideñas, porque aquí la Navidad no se espera, sino que se construye. Con manos que comparten, con miradas que reconocen y con ese cariño que brota cuando un equipo elige adornar no para competir, sino para celebrar. Así, las puertas de la universidad se han transformado en lienzos vivos del sentir navideño: cada una, un abrazo tejido con luces, colores y símbolos que vienen de todos los rincones del país. Desde las costas hasta los Andes, desde los llanos hasta las urbes, Venezuela entera resuena en estos espacios de comunicación liberadora.

Ver el destello de una estrella hecha a mano, descubrir el guiño de un adorno con sabor regional, sentir la calidez de un detalle puesto con intención es una experiencia que se disfruta en esta temporada. Porque estas puertas no solo decoran: cuentan quiénes somos, de dónde venimos y qué construimos juntos.

Galería fotográfica como homenaje simbólico a la diversidad territorial que nos constituye:

– Secretaría → Miranda

– Académico → Táchira

– Servicio Médico → Bolívar

Gestión Interna → Zulia

-Relaciones Interinstitucionales → Trujillo

-Asuntos Internacionales→ Nueva Esparta

– Vicerrectorado de Investigación→ Vargas

– Asuntos Legales → Falcón

– DUCOLSA → Amazonas

– Estudio → Lara

– Tecnología → Barinas

– Seguridad → Anzoátegui

– Despacho → Distrito Capital

– Servicio General → Carabobo

– Vinculación Social → Yaracuy

– Comunicación→ Mérida

No te quedes solo con la foto.
Recorre los pasillos, déjate sorprender por cada rincón navideño, detente el tiempo necesario para sentir lo que cada puerta quiere decirte: la dedicación en cada pincelada, la pasión en cada adorno, el orgullo de un equipo que eligió celebrar con las manos abiertas. De forma que, para este viernes durante el compartir navideño, puedas elegir la que más te haya conmovido

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(+Comunicado) Presidentes de Venezuela y Rusia reafirman asociación estratégica.

El Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros y el Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, sostuvieron en el día de hoy una importante conversación telefónica, en la cual ambos jefes de Estado reafirmaron el carácter estratégico, sólido y ascendente de las relaciones bilaterales, cimentadas en la cooperación, la amistad y el respeto mutuo.

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(+Comunicado) Piratería imperial contra las riquezas de Venezuela

La República Bolivariana de Venezuela denuncia y repudia enérgicamente lo que constituye un robo descarado y un acto de piratería internacional, anunciado de manera pública por el presidente de los Estados Unidos, quien confesó el asalto de un buque petrolero en el mar Caribe. No es la primera vez que lo admite, ya en su campaña de 2024 afirmó abiertamente que su objetivo siempre ha sido quedarse con el petróleo venezolano sin pagar ninguna contraprestación a cambio, dejando claro que la política de agresión contra nuestro país responde a un plan deliberado de despojo de nuestras riquezas energéticas.

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¡Nuestra América se defiende en unidad!

Prensa LAUICOM – En el marco de la Asamblea de los Pueblos por la Soberanía y la Paz de Nuestra América, voces desde Haití, Cuba, México y múltiples rincones del continente se entrelazaron con la del pueblo venezolano en un coro claro, firme y antiimperialista. Este espacio, forjado en la ética de la solidaridad y la lucha común, dejó al descubierto una verdad inquebrantable: la defensa de Venezuela no es una causa local, sino un deber continental.

En medio de un contexto global marcado por la agresión económica, la guerra mediática y las amenazas militares, las intervenciones recogidas durante el encuentro subrayaron el papel estratégico de alianzas entre formación política, comunicación popular y Poder Popular. Se rechazó con contundencia la narrativa injerencista que busca presentar a Venezuela como amenaza, cuando en realidad es ejemplo vivo de integración, acogida y resistencia digna.

Más de treinta países alzaron la voz, no solo en respaldo, sino en reconocimiento de que el ataque contra Venezuela es el mismo que históricamente ha buscado fragmentar, explotar y someter a Nuestra América. La unidad no fue invocada como consigna retórica, sino como necesidad táctica y moral para enfrentar al imperialismo yanqui y sus formas contemporáneas de dominación.

En esta Asamblea, la soberanía no se declama: se construye. Con educación crítica, con comunicación militante, con pueblos organizados. Porque mientras haya quien sueñe con imponer su ley con bombas, bloqueos o mentiras, habrá millones decididos a alzar sus manos, sus voces y sus conciencias para decir: ¡Aquí no pasan! ¡Nuestra América es de paz, de justicia y de unidad!

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¿Quién le teme a la fortaleza cultural cubana?

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

Quien entiende la cultura como un campo de batalla estratégico, en la lucha por la emancipación de los pueblos, sabe que la fortaleza cultural cubana no se mide únicamente por la riqueza artística, la literatura o el cine, sino por la capacidad de un pueblo de transformar su conciencia, disputar sentidos hegemónicos y sostener un proyecto histórico que articula soberanía política, justicia social y pensamiento crítico. Es decir, lo realmente nuevo para la especie humana. Desde una nuestra perspectiva semiótica y crítica, la cultura es un instrumento material de la lucha de clases, un terreno donde se juega la hegemonía y la contra-hegemonía, donde se consolidan o debilitan los procesos de emancipación. La cultura cubana, producto de su historia, su revolución y su creatividad popular, representa un obstáculo para los intereses globales que buscan homogeneizar el pensamiento, mercantilizar la vida social y subordinar identidades nacionales a los dictados del capital. Quien le teme a la fortaleza cultural cubana no le teme sólo la música, a la literatura o al cine, sino al potencial de un pueblo que se reconoce actor consciente de su historia, que sabe que la educación, el arte y la memoria son armas estratégicas para disputar la realidad y transformar la vida.

Esa fortaleza cultural de Cuba se construye en la intersección de su revolución histórica y su proyecto humanista, entre creatividad popular y disciplina intelectual. No es un museo ni un espectáculo, es un proceso vivo, que se nutre de la experiencia concreta de la población, de sus victorias y derrotas, y de su capacidad de sostener la revoluciónfrente a presiones ideológicas externas y bloqueos económicos. La cultura no es un reflejo pasivo de las condiciones materiales, sino parte activa de la transformación social, capaz de modificar percepciones, organizar la conciencia y movilizar subjetividades hacia la acción.

Desde la música popular cubana, desde la rumba y el son hasta el jazz afrocubano y la trova, su Cultura no sólo entretiene, especialmente articula historia revolucionaria, memoria y moral de lucha. Cada letra, cada improvisación, es un registro vivo de la lucha y un canal para la transmisión dialéctica de valores colectivos. La obra de trovadores como Silvio Rodríguez, Noel Nicola o Pablo Milanés es ejemplo de cómo el arte puede ser vehículo de crítica social y pedagógica, formando conciencia mientras construye belleza. El cine cubano, desde los documentales del ICAIC hasta las películas de ficción contemporáneas, ha mostrado las complejidades de la vida nacional sin claudicar ante estereotipos externos, abordando temas como la desigualdad, la memoria histórica, la revolución y la vida cotidiana de la población, creando un relato que desafía la narrativa hegemónica global. La literatura, desde Nicolás Guillén hasta Leonardo Padura, ha articulado poesía, novela y ensayo como instrumentos de crítica social y formación de conciencia, mientras que el teatro comunitario y la danza afrocubana mantienen vivas tradiciones populares al tiempo que generan experiencias estéticas con sentido emancipador. Una sola revolución con voces de la cultura diversa.

El temor a la fortaleza cultural cubana surge del reconocimiento de que la cultura puede ser un instrumento de emancipación, un eje que organiza la vida social y consolida la autodeterminación. La educación cubana, desde la alfabetización masiva hasta la formación universitaria, ha producido sujetos capaces de pensar críticamente, de cuestionar el orden establecido y de transformar la realidad social. Esto provoca temor en quienes buscan reducir a los pueblos a consumidores pasivos de información y cultura mercantilizada. La fortaleza cultural de Cuba demuestra que otro mundo es posible, que la dependencia y la alienación no son inevitables, y que la conciencia crítica puede articularse con la práctica transformadora. La cultura cubana se convierte así en contra-hegemonía concreta, una demostración palpable de que la educación, el arte y la memoria pueden organizar la resistencia y sostener un proyecto emancipador frente al poder global. Quien no la conoce se ha perdió de un filón enorme del proyecto civilizatorio más joven de nuestro tiempo.

Esta fortaleza también reside en su capacidad de resistir y reinventarse revolucionariamente. No es rígida ni dogmática; es un proceso que asume la historia con sus contradicciones, reconoce los errores y aprende de la experiencia, incorporando saberes locales e internacionales de manera crítica. Los proyectos culturales comunitarios y los programas educativos integrales permiten la participación activa de la población en la producción de conocimiento, generando sujetos conscientes de su poder transformador. La música, el cine, el teatro y la literatura no solo representan estética, sino que son herramientas pedagógicas y políticas que disputan sentidos, refuerzan la cohesión social y consolidan la memoria histórica.

Quien teme a la fortaleza cultural cubana teme la emancipación de los pueblos, la autonomía de la conciencia y la potencia de una cultura que demuestra que crear, resistir y transformar son actos inseparables. La hegemonía cultural, revolucionaria se conquista no sólo por la fuerza o la economía, sino por la capacidad de producir significados, símbolos y prácticas que orienten la vida social hacia la liberación; en este sentido, Cuba ha construido un espacio simbólico propio que desafía las narrativas hegemónicas, y eso genera temor en quienes desean un mundo uniforme, donde la cultura sea mercancía y no herramienta de conciencia.

Ese temor burgués ante la Cultura cubana se amplifica ante la capacidad de su pueblo de vincular educación, arte y política de manera integral. Los programas de alfabetización masiva, los proyectos culturales comunitarios y la sistematización de la educación artística permiten que la población participe activamente en la producción de conocimiento y sentido. Esto desafía la lógica mercantil y elitista de la cultura globalizada y demuestra que la emancipación no es una utopía, sino práctica histórica y consciente. La fortaleza cultural cubana es, en este sentido, un instrumento de soberanía simbólica, que sostiene la resistencia frente al bloqueo económico, la presión mediática y la intervención extranjera, y que proyecta un modelo de desarrollo humano integral que va más allá del consumo y la homogeneización cultural.

Semejante fortaleza cultural cubana no es exhibición ni nostalgia; es un ejercicio estratégico de emancipación, una praxis de la conciencia, la creatividad y la solidaridad que se constituyen en herramientas de revolución permanente. Comprender que esta fortaleza desafía intereses externos, educa, organiza y fortalece la vida colectiva desde dentro, demostrando que la cultura revolucionaria es pilar irrenunciable de cualquier proyecto de liberación social. Temen a Cuba quienes temen que los pueblos se reconozcan como sujetos de su historia, capaces de crear, transformar y sostener un proyecto emancipador que articule justicia social, soberanía y conciencia crítica. La fortaleza cultural cubana permanece, así como prueba viva de que la emancipación es práctica, no ilusión, y un faro para todos los pueblos que buscan construir un mundo más justo, consciente y libre.

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Militancia Comunicacional: Armar al Pueblo con la Palabra

Prensa LAUICOM – En el marco de la Asamblea de los Pueblos por la Soberanía y la Paz de Nuestra América, la diputada de la Asamblea Nacional y rectora de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM), Tania Díaz, afirmó con contundencia que la lucha por la soberanía hoy es inseparable de la batalla por la comunicación. Frente a la escalada del imperialismo norteamericano, que reactiva la Doctrina Monroe bajo nuevas máscaras para mantener su dominio sobre el hemisferio, Venezuela no solo resiste, sino que construye una alternativa emancipadora.

Díaz subrayó que la guerra ahora es militar y cognitiva, se libra con algoritmos que invisibilizan, con medios que mercantilizan la palabra, con mentiras industriales que siembran desesperanza. Por eso, la comunicación no puede ser neutral ni técnica: es un acto político, profundamente humano, que debe recuperarse como herramienta colectiva.

En esa línea, llamó a fortalecer espacios de formación como la Cátedra McBride de LAUICOM, dirigido por el Dr. Fernando Buen Abad, donde se analizan y enfrentan los diez núcleos de la dominación comunicacional global, desde el colonialismo informativo hasta la fragmentación del tejido comunitario.

Pero la defensa no se construye solo en las aulas, sino en la calle. Díaz destacó que el pueblo venezolano ha forjado, a través de la praxis revolucionaria, una “vacuna cognitiva”, un modo de resistir que se expresa en las calles, en las redes, en las paredes y en la radio bemba. Esa estrategia, impulsada por el presidente Nicolás Maduro, se asienta en más de 5.300 circuitos comunales y en la democracia participativa y protagónica que el Comandante Hugo Chávez sembró desde la Constituyente de 1999.

La salida al actual orden imperial no vendrá de las instituciones burguesas ni de la ONU, sino de los pueblos organizados. Porque mientras el imperio confunde para avanzar, nosotros nos encontramos, hablamos y construimos. Y en ese encuentro está la victoria.

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LABORATORIO DE SEMIÓTICA CRÍTICA

∙ Cátedra MacBride

∙ UICOM

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

Esa acusación de “narco-terrorismo” hecha por Donald Trump contra Venezuela, entre otras muchas, constituye un dispositivo semiótico de rendimiento ideológico calculado, cuya potencia performativa excede su aparente simplicidad verbal. Desde la perspectiva de nuestra semiótica crítica, esta denominación no puede analizarse como un simple rótulo descriptivo, sino como una operación estratégica que articula intereses geopolíticos, economías discursivas y tecnologías de producción de sentido orientadas a la construcción de un enemigo legitimador. El signo “narco-terrorismo” no remite a hechos verificables, sino a una arquitectura simbólica diseñada para instalar un marco interpretativo que convierte al Estado venezolano en una entidad paria, criminalizable y susceptible de intervención. Es un signo cargado de vectores semánticos que condensan, en una fórmula impactante, varias décadas de ingeniería discursiva estadounidense sobre América Latina.

Desde un punto de vista científico-semiótico, el término funciona como un “signo complejo de coagulaciones ideológicas”: integra dos núcleos semánticos —“narco” y “terrorismo”— que han sido previamente sobre-determinados por la maquinaria comunicacional y jurídica de Estados Unidos. En la historia reciente, ambos conceptos han operado como justificaciones simbólicas para intervenciones militares, sanciones y operaciones encubiertas. El efecto de fusionarlos es multiplicar su carga afectiva y su valor persuasivo. La estrategia semiótica consiste en explotar el capital histórico de miedo, repulsión moral y excepcionalidad jurídica acumulado por esos términos, trasladándolo hacia un Estado soberano mediante un acto performativo de nominación. No se trata solo de un insulto político, es una “clasificación de guerra”, un signo que habilita un régimen de acciones extraordinarias.

Ese dispositivo semiótico “narco-terrorismo” opera entonces como un “signo operador” que no describe, sino que activa. Produce un marco cognitivo en el que Venezuela aparece como amenaza transnacional. Esta operación se sostiene en la lógica del “enemigo total”, donde el antagonista no es un gobierno específico, sino una entidad que combina crimen organizado y violencia política global. En términos de semiótica crítica el signo se incrusta en la “economía política del imaginario”, donde los medios corporativos actúan como máquinas de reproducción de la nominación, amplificando su efecto hasta convertirlo en un hecho socialmente percibido como evidente. La manufactura de consenso se alimenta de la repetición disciplinada: titulares, discursos, informes y declaraciones se alinean para consolidar el signo hasta desmaterializar cualquier análisis empírico que lo cuestione.

Un análisis riguroso requiere observar la estructura sintáctica de la acusación, se trata de una operación de interpelación directa (“Venezuela es un narco-estado terrorista”), donde el sujeto de la frase (el Estado venezolano) es capturado en un predicado intensivo que elimina matices, procesos y contradicciones. La estructura “S = T” (Sujeto = Terrorista) instala una identidad fija, no una descripción temporal o condicional. El signo funciona así como marca ontológica: Venezuela “es”, esencialmente, una amenaza. Esta esencialización transforma un fenómeno geopolítico complejo en una entidad moralmente condenable. Desde el Laboratorio de Semiótica Crítica, esta operación corresponde a la técnica imperial de “metáforas absolutas”, aquellas que transforman un conflicto político en un relato teológico de bien contra mal.

Tal elección del término también responde a un diseño pragmático orientado hacia la opinión pública estadounidense y sectores de la “clase media” internacional fuertemente colonizados. El uso de “narco-terrorismo” activa en el imaginario social una cadena de asociaciones fuertemente instaladas desde la “Guerra contra las drogas” y la “Guerra contra el terrorismo”, carteles mexicanos, 11-S, ISIS, Afganistán, Colombia paramilitar, y toda la iconografía audiovisual creada por Hollywood y los noticieros. Esta semiosis acumulada es puesta en circulación para construir un enemigo latinoamericano moldeado según las necesidades estratégicas del momento. No importa la ausencia de evidencia; importa la eficacia simbólica.

Desde la perspectiva del Laboratorio de Semiótica Crítica, esta acusación se inscribe en la dinámica del “terrorismo semiótico imperial”, el uso de signos aterrorizantes para disciplinar conciencias y justificar agresiones. Estados Unidos declara “narco-terrorista” a un Estado como parte de un procedimiento de “marcado simbólico” que antecede cualquier acto de presión económica o militar. Se trata de una etapa de la guerra comunicacional que busca preparar el terreno para medidas coercitivas: sanciones, cerco diplomático, operaciones psicológicas, narrativas humanitarias y, eventualmente, incursiones militares. El signo es el primer disparo.

Un análisis denotativo revela la paradoja: Estados Unidos es uno de los mayores consumidores de drogas del mundo, su sistema financiero ha servido sistemáticamente de plataforma para lavado de dinero, y ha operado durante décadas con carteles aliados en diferentes regiones. Sin embargo, la enunciación imperial permite invertir la carga semántica: el acusador se presenta como defensor de la ley global y el acusado como foco de criminalidad. Esta operación semiótica se explica por lo que se denomina “inversiones ideológicas” que son mecanismos donde el poder atribuye al otro aquello que caracteriza sus propias prácticas.

En el nivel connotativo, “narco-terrorismo” proyecta imágenes de caos, clandestinidad, violencia extrema, redes internacionales y amenaza inminente. Su eficacia deriva de la saturación sensorial: el concepto llama al miedo como herramienta política. El miedo es uno de los vectores semióticos más eficientes para colonizar la conciencia. En este sentido, el término produce un efecto de “cierre cognitivo”, el destinatario, invadido por la amenaza simbólica, acepta sin resistencia las medidas que se derivan del diagnóstico oficial.

En el nivel pragmático, la acusación cumple tres funciones: 1. Justificar la intensificación del bloqueo económico, presentándolo no como agresión sino como medida de seguridad global. 2. Deslegitimar al gobierno venezolano en el escenario internacional, reduciéndolo a una entidad criminal sin derecho a autodeterminación.3. Preparar la opinión pública para posibles acciones de intervención, ampliando el margen de maniobra del Poder Ejecutivo estadounidense.

Nuestro Laboratorio de Semiótica Crítica reconoce aquí la construcción de una “ingeniería del consentimiento criminalizante”. Para ello, el discurso se presenta como lucha contra el mal absoluto. Es lo que Buen Abad identifica como “teología comunicacional del imperio”: una narrativa donde Estados Unidos se ubica en el lugar del salvador universal y cualquier resistencia se interpreta como amenaza diabólica. Debe notarse también la dimensión colonial del signo. América Latina ha sido históricamente convertida en laboratorio de nominaciones disciplinarias: “patio trasero”, “repúblicas bananeras”, “estados fallidos”, “dictaduras socialistas”, “amenazas narcoterroristas”. Estas categorías no describen realidades: las producen. Funcionan como tecnologías de subjetivación geopolítica. Desde la ciencia semiótica crítica, entender estas nominaciones es indispensable para comprender la arquitectura simbólica del imperialismo.

Esa acusación de Trump no surge aislada, es parte de una cadena discursiva donde el imperialismo norteamericano fabrica enemigos según sus intereses económicos y estratégicos. La retórica del “narco-terrorismo” busca ocultar las razones materiales del conflicto: control del petróleo, disciplinamiento geopolítico, intervención en los procesos de integración regional y apropiación de recursos energéticos. El signo esconde la estructura. Su guerra mediática es siempre un intento de separar el pensamiento de la realidad material para someterlo a la ideología dominante.

Nuestro trabajo como Laboratorio de Semiótica Crítica debe subrayar la necesidad de desmantelar estas operaciones mediante una praxis crítica de la comunicación. Comprender el signo “narco-terrorismo” no basta, es necesario producir contra-semiosis que devuelvan complejidad, historicidad y materialidad al análisis de los conflictos. El pensamiento crítico es un acto de defensa de la conciencia, pero aislado de la praxis es insuficiente, desactivar el terror semiótico es una forma de emancipación. El signo imperial debe ser desmontado para que la realidad vuelva a hablar con su propio espesor y no bajo el ruido ensordecedor de la propaganda. Y articular nuestros propios enunciados para la liberación.

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De La Habana a Caracas: Caminos Comunes de Emancipación

Prensa LAUICOM – Con el propósito de estrechar lazos de fraternidad, cooperación académica y compromiso político entre procesos populares, la delegación de la Universidad Ñico López de Cuba inició una visita a la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM).

La jornada marcó un nuevo paso en la articulación entre ambas instituciones, hermanadas por una visión común: formar desde la historia, la resistencia y la emancipación latinoamericana.

La delegación cubana estuvo encabezada por el Rector Jorge Elías Hurtado Pérez, acompañado por Leydis Cruz Herrera, Directora de Relaciones Internacionales; Thais Suset Martín Santana, Jefa del Departamento de Ciencias Sociales; y Juan Enrique Sanabria Dueñas, Vicedecano de la Facultad de Pinar del Río. Fueron recibidos con los brazos abiertos por una representación de LAUICOM liderada por la Vicerrectora de LAUICOM Tamara Díaz.

Durante el recorrido por las galerías «Retratos y Relatos del 11, 12 y 13 de abril de 2002», la Vicerrectora Díaz destacó: “Las paredes de nuestra Universidad cuentan la historia de la revolución bolivariana”, evidenciando cómo el espacio universitario se convierte en aula viva de memoria y conciencia.

Después de recorrer los espacios de LAUICOM, se llevó a cabo un intercambio de obsequios en señal de afecto, respeto y hermandad entre dos universidades que comparten raíces de lucha y esperanza. Asimismo, se revisó el convenio de cooperación vigente y se sentaron las bases de una agenda conjunta, orientada a profundizar lazos académicos, políticos y humanos.

Porque cuando la academia camina junto a las calles, la educación deja de ser mero saber para convertirse en semilla de liberación.