maxresdefault (2)

Los intereses y amagos de Trump en Latinoamérica y el mundo | Fernando Buen Abad, Dr. en Filosofía

Prensa LAUICOM – En un encuentro por Rompeviento TV, el doctor en Filosofía Fernando Buen Abad, presentó una reflexión sobre la ofensiva mediática y política que actualmente se despliega contra Venezuela.

Destacó que las acusaciones formuladas desde Washington, en particular por el gobierno de Donald Trump, sobre supuestos vínculos del Estado venezolano con el “narcoterrorismo” carecen de sustento y responden a una estrategia de justificación para avanzar en el control de los recursos naturales del país, especialmente el petróleo.

Buen Abad subrayó que los grandes medios de comunicación en Europa y otras regiones actúan como caja de resonancia de esta narrativa, reproduciendo sin crítica las versiones elaboradas en la Casa Blanca. Esta dinámica, señaló, no es nueva: ya en 1980 el informe MacBride de la UNESCO advertía sobre los riesgos que la concentración de los medios de comunicación representa para las democracias, al convertirse en instrumentos de manipulación más que en espacios de información veraz y plural.

Comenta sobre la situación actual que refleja una emboscada permanente contra los procesos soberanos de América Latina, en la que se combina la desinformación, los intereses geopolíticos y el desprecio por la autodeterminación de los pueblos. La defensa de la verdad exige un ejercicio constante de pensamiento crítico, formación ciudadana y una mirada atenta sobre quiénes controlan las narrativas públicas.

Su intervención no busca alarmar, sino invitar a comprender con serenidad los mecanismos mediante los cuales se construyen las percepciones sobre Venezuela en el ámbito internacional.

LA GUERRA COGNITIVA EN ZONA GRIS (II PARTE)

Roger Garcés *

Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual de LAUICOM

En el primer artículo de esta serie explicamos las condiciones generales de lo que es zona gris. Desde que Primo Levy acuñó el término en los campos de concentración nazis ha corrido mucha agua bajo el puente. Sin embargo, la condición de confusión y de la inminencia de un ataque parecen ser las condiciones definitorias, aunque esté todo en paz, y sea una “calma tensa” el oxímoron que mejor retrate el momento.


Hablábamos también acerca del “Goteo emocional” que podemos definir como la administración continua y progresiva de estímulos aversivos. Estos estímulos inicialmente no tienen una intensidad apreciable, podríamos decir que estas primeras administraciones son subliminales (están por debajo del umbral de sufrimiento). Es decir, la persona lo siente, pero no lo percibe como aversivo. Posteriormente, estos estímulos aversivos van incrementando su intensidad hasta llegar a convertirse en verdaderos estímulos aversivos que generan conductas de evitación y escape, y a nivel emocional, la consabida ansiedad como consecuencia definitoria.

El por qué el goteo emocional es tan devastador es lo que trataremos de explicar en este artículo.

En primer lugar, debemos hacer notar que las primeras administraciones del E. aversivo, al ser subliminales, lo que propenden es a hacerse un lugar en la mente de la persona atacada. Las primeras administraciones le dicen al sujeto; “Estoy aquí, he llegado para estar contigo, hazme lugar en tu mente que yo no te voy a abandonar”. De manera que la gente se acostumbra a la existencia de este tipo de estímulo aversivo.


En segundo lugar, ocurre que el sujeto atacado con la técnica del goteo emocional, no le da importancia que reviste. Y esto ocurre porque el que manipula en la guerra cognitiva, así lo diseña, él quiere que no se le dé importancia.

En tercer lugar. Una vez que el estímulo aversivo ha hecho nido en la mente del atacado, entonces se revela con toda su fuerza. De repente, se muestra con toda su fuerza y revela su poder. Comienza a aparecer como imbatible e ineludible como un alfil en la gran diagonal, o unos misiles apuntando a tu ciudad. La amenaza se va estructurando poco a poco, paulatinamente, sin apuro, favorecida por el proceso antes descrito. La desaparición de la habituación es un factor ansiógeno importante.

En cuarto lugar, el sujeto toma conciencia de lo aversivo de los estímulos en cuestión, pero ya es tarde. El sujeto no tiene defensa porque los ha dejado entrar a su psique creyendo que eran inofensivos, y resulta que son sumamente peligrosos, entonces ocurre un proceso interno en el sujeto atacado en el que se ve a sí mismo como un tonto por no creer en la peligrosidad de los estímulos aversivos de la primera fase. El Buda decía: “El mundo nos hiere con flechas, pero en el mismísimo lugar en donde el mundo nos hiere con flechas, nosotros nos disparamos una segunda flecha”, esa segunda flecha es la manera cómo tratamos a nuestro dolor. Cuando nos decimos: “pero yo si soy gafo, no me di cuenta de…” es una manera de regañarnos, de recriminarnos a nosotros mismos y que termina hundiéndonos más que el dolor que nos causa el mundo.


Lo que el sujeto atacado no sabe, es que la estrategia general era que precisamente no se diera cuenta del peligro. Es lo que en nuestro pueblo se llama “un gallo tapao”. Cuando alguien se deja meter un gallo tapao, no se molesta tanto con el adversario tramposo, sino contra él mismo por no haberse dado cuenta de que se trataba de algo que debió prever y no lo hizo. Ese es el verdadero propósito del goteo emocional. Es decir, se trata de desmoralizar a la población de un país atacado, sobre todo si esa población ha hecho alarde de gallardía y de coraje para enfrentarlo.

El psicólogo argentino Fernando Rubano, habla de “trauma por goteo” y dice que se trata de una exposición constante a agresiones emocionales pequeñas, pero repetidas, que deterioran progresivamente la estabilidad psicológica de una persona. Dice Rubano: “Es como tomar una micro dosis de veneno todos los días. Al principio el cuerpo lo resiste, pero con el tiempo, colapsa”.
El goteo emocional se inscribe en lo que se ha dado en llamar la “Inundación emocional”. Esto es, se van administrando cada vez mayores dosis de estímulos aversivos, de manera de hacer creer al sujeto atacado que todo lo que le rodea es generador de angustia.

Otra característica del goteo emocional es lo que se ha conocido como el “Cansancio emocional”. Moreno-Egea y col. (2008) reportaron en la revista “Cirugía española”, en un artículo titulado: “Sociedad y cirugía. Burnout y cirujanos”. (Ver https://doi.org/10.1016/S0009-739X(08)70525-6), que los cirujanos españoles presentan el síndrome de Burnout, por lo menos en un 50 % y se le sugiere que desarrollen estrategias para evitar el “Cansancio emocional”.


Como hemos sugerido, el Síndrome de Burnout es el prototipo de goteo emocional, y sí a los cirujanos españoles se les hace difícil desarrollar estrategias para evitar el cansancio emocional, podemos afirmar que estas estrategias son más difíciles de aplicar cuando se está bajo asedio, o en las proximidades de una guerra convencional y en medio de una guerra cognitiva. De manera que el “Cansancio emocional” es una característica que podemos observar en las personas de un país bajo ataque: las frases “No quiero saber más de eso”, esconde un laberinto al que todavía no hemos dado respuesta.

ALTERNATIVAS DE MANEJO

Las 5 leyes de la guerra de Sun Tzu pueden aplicarse a la guerra cognitiva:

  1. “Cada batalla se gana antes de pelear”.
    La moral es lo primero que debemos mantener el alto. Es decir, mucho antes de levantar un fusil hay que levantar la moral y la absoluta confianza en la victoria.
  2. “Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el
    resultado de cien batallas”.
    Se refiere a conocernos a nosotros mismos, amarnos como pueblo y reconocernos como venezolanos, hijos e hijas de Bolívar. Conocer nuestra historia y saber de lo que fuimos capaces en la guerra de independencia, tiene efectos sobre nuestra psique.
  3. “Toda guerra se basa en el engaño”.
    No se extrañen si ven un video de Nicolás renunciando o un video de Nicolás peleando con Diosdado, simplemente recuerden que la IA puede servir para realizar “prodigios de engaños”.
  4. “Las oportunidades se multiplican a medida que se aprovechan”.
    Una victoria abre las puertas para la próxima. No bajar nunca la guardia y permanecer siempre en perfecta unión y disciplina con los mandos.
  5. “En la guerra, el camino es evitar lo fuerte y golpear lo débil”.
    Saber que el flanco más débil es lo que será golpeado por el enemigo.

Antes estas condiciones debemos:

  1. AFERRARSE CON EL ALMA A NUESTROS SÍMBOLOS.
    Son lo primero que van a atacar para desmoralizarnos. Debemos garantizar que aunque los destruyan físicamente, no los puedan destruir en nuestra alma.
  2. SABER QUE LO QUE ELLOS VAN A DESTRUIR, NOSOTROS, TARDE O TEMPRANO LO VAMOS A RECONSTRUIR.
    Tenemos que saber que la función del imperialismo es destruir, nuestra función es reconstruir.
  3. MANTENERSE SEGURO E INAMOVIBLE ANTE LOS ATAQUES.
    Zun Tzu dice: “En primer lugar, has de ser capaz de mantenerte firme en tu propio corazón; sólo entonces puedes desmoralizar a los generales enemigos. Por esto, la tradición afirma que los habitantes de otros tiempos tenían la firmeza para desmoralizar al mando enemigo, y la antigua ley decía que cuando la mente original es firme, la energía fresca es victoriosa”, “esta es la razón por la que esa clase de ejércitos miran por encima del hombro a enemigos fuertes”.

Así que, debemos mantenernos FIRMES, entendiendo que en esta zona gris, el enemigo buscará todas las formas para amedrentarnos e intimidarnos. Y el “Goteo emocional” es una de las técnicas que usan para golpear la moral de los pueblos. Por esta razón, debemos darnos cuenta de que se trata de una tecnología muy bien aceitada, y como dice mi pueblo: “Pa’ bachaco, chivo”, “Usted que se alza el copete y yo que se lo rebajo”, como cantaba Florentino el que cantó con el mismísimo diablo y lo venció. Debemos reconocer y regocijarnos de que esa es nuestra estirpe. Si nos mantenemos firmes, podemos, como advertía Sun Tzu: para mirar por encima del hombro a enemigos fuertes.

  • Psicólogo clínico. Maestría en Psicología. Cursante del Doctorado en estudios Nuestroamericanos. Profesor de la cátedra: Naturaleza de la Guerra Cognitiva. Investigador en el Vicerrectorado de Investigaciòn y Creaciòn Intelectual de LAUICOM.
  • Correos: rgaces@lauicom.edu.ve / enelrespiramos@gmail.com
IMG_20251204_163712_166

Aniversario con memoria en LAUICOM: Cine foro Nicolás, de Yare a Miraflores

Prensa LAUICOM – En el marco del aniversario de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM), se proyectó en su auditorio la serie «Nicolás, de Yare a Miraflores», producida por el colectivo «Artistas por el Futuro» para recuperar, desde una narrativa audiovisual, las raíces populares y los procesos colectivos que han marcado la historia reciente del país, enfrentando visiones que ignoran la fuerza organizada del pueblo.

El cine foro convocó a una nutrida audiencia: desde personal de LAUICOM hasta estudiantes de diversas cohortes llenaron el auditorio, demostrando un vivo interés por el relato y su capacidad de abrir espacios de reflexión crítica en torno al liderazgo, la memoria y el compromiso revolucionario. Incluso participaron en el encuentro diversas personas del elenco y del equipo detrás de la serie, entre ellos su director, Greyson Chacón, quien destacó que su motivación para crearla no fue solo retratar la historia del Presidente Nicolás, sino también honrar a todas las personas que formaron parte de ese proceso colectivo.

Yare, Miraflores y el camino del Poder al Pueblo

La serie se sitúa en una Venezuela sacudida por la crisis de los años noventa, cuando un colectivo de hombres y mujeres retomó las ideas libertarias de los héroes independentistas para impulsar una nueva revolución. Narra el tránsito del Presidente Nicolás Maduro Moros, desde Yare hasta su rol como líder comprometido con la refundación de la República y la entrega efectiva del Poder al Pueblo, a través de lucha, organización y visión estratégica. La victoria electoral aparece como un paso decisivo para consolidar un proyecto nacional transformador.

Reflexionar para transformar

La proyección invita a la reflexión crítica sobre los procesos históricos y el sentido del liderazgo al servicio del pueblo. Desde LAUICOM se propone mirar en esta obra los cambios internos que exige todo verdadero compromiso revolucionario: no basta con ocupar un lugar en la historia si no se está dispuesto a transformarse en el camino.

La serie se convierte así en un espejo colectivo, donde no solo se reconoce lo hecho, sino que se interroga lo que falta por construir, en las instituciones, en las calles y en cada quien. Porque transformar el país comienza por asumir, con honestidad y coraje, la tarea de transformarse a sí mismo en función del todo.

5012977741204228915

Pueblo, Aula y Liberación: Seis Años de LAUICOM

Prensa LAUICOM – En la Universidad Internacional de las Comunicaciones arde una llama que no se apaga: la del pueblo que estudia, crea y lucha con las manos y el corazón. Seis años de caminar juntos han tejido un espacio donde el conocimiento se siembra desde la tierra, desde el barrio, desde la rebeldía amorosa que nos enseña que otra comunicación es posible. Aquí cada voz cuenta, cada paso suma y cada abrazo fortalece el compromiso colectivo.

En esta casa de estudios, toda la comunidad universitaria avanza unida en la formación, en la producción de sentidos y en la defensa de una palabra que libera. Cada aula se transforma en asamblea viva, espacio de pensamiento colectivo donde se construye, junto al pueblo y para el pueblo, la conciencia revolucionaria que impulsa la transformación del mundo.

Cada clase, cada encuentro, cada batalla comunicacional es un acto de amor rebelde: desde las entrañas del conocimiento crítico, LAUICOM siembra conciencia, organiza sueños y teje redes de Poder Popular. No se forma para ser observador; se forma para caminar con el pueblo, para crear con las manos desde la tierra y la palabra en la trinchera, porque sabe que la verdadera universidad nace donde el pueblo decide su destino.

LAUICOM no espera el futuro: lo construye todos los días con alegría combativa, con ternura firme y con una fe inquebrantable en la capacidad del pueblo para transformar el mundo.

Este aniversario celebra la vida que late en cada encuentro, en cada transmisión de saberes, en cada acto de resistencia cultural. Es un homenaje a quienes caminan con nosotros, a quienes tejen desde el silencio y a quienes gritan con esperanza: ¡Comunicación para la Liberación! Porque LAUICOM es pueblo en movimiento, es escuela de la emancipación, es territorio de amor y dignidad.

¡Feliz sexto aniversario, LAUICOM! Que sigas siendo faro, trinchera y hogar.

IMG_20251203_145215_470

Belleza con conciencia, acción con raíces

Prensa LAUICOM – La Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM) se convirtió en un jardín de conciencia. Junto a la Fundación de Capacitación e Innovación para Apoyar la Revolución Agraria (CIARA) y la Universidad Popular del Ambiente Fruto Vivas (UPAFV), se realizó el conversatorio «Sensibilización Ambiental y Embellecimiento de Nuestros Espacios», un encuentro que trascendió lo estético para convertirse en un gesto de arraigo, cuidado y soberanía.

Dirigido a trabajadores y trabajadoras de LAUICOM como parte del Plan de Bienestar Institucional, el evento resaltó que embellecer no es adornar: es sanar. Cada planta, cada árbol, cada rincón verde en nuestras instalaciones es una afirmación de vida, salud y resistencia.

Los ponentes Catiusca Gimeno y Jorge Márquez, desde su compromiso con la UPAFV y CIARA, destacaron que los espacios verdes fortalecen el cuerpo, calman la mente y unen a las comunidades. No se trata solo de árboles o jardines, sino de entornos que acogen a estudiantes, docentes, trabajadores y trabajadoras en un mismo suelo de encuentro.

Son rincones donde se comparten ideas entre clases, donde el personal administrativo halla un respiro en su jornada, donde el saber se dialoga también con la tierra. Estos espacios son escuelas silenciosas de respeto, laboratorios de vida en equilibrio y, sobre todo, actos cotidianos de soberanía ecológica dentro del campus.

El mañana es verde

En un país que siembra futuro, cuidar lo que nos rodea es un acto revolucionario: es soberanía ambiental, es dignidad compartida. LAUICOM no solo alberga ideas: cultiva territorios vivos. Porque cuando embellecemos juntos, también construimos justicia ecológica, memoria verde y esperanza con raíces.

Este conversatorio ha sido una semilla. Y en cada hoja que brote en nuestras áreas comunes, florecerá el compromiso colectivo con la Venezuela que queremos.

5003641646238862140

Venezuela ha sido siempre un crisol de Paz

Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

No porque esté exenta de contradicciones —ningún pueblo lo está— sino porque en su seno se ha gestado una dialéctica histórica donde la dignidad popular ha sabido sobreponerse a cada agresión imperialista con una obstinación creadora que sólo puede explicarse por la profundidad humanista de su proceso revolucionario. La Paz, entendida no como reposo sino como trabajo emancipador, ha sido allí una fuerza activa que brota de la memoria ancestral, de las luchas por la independencia, de la siembra bolivariana que resuena todavía como mandato ético. Paz de pueblo que no se arrodilla. Paz de pueblo que piensa. Paz de pueblo que resiste sin renunciar jamás a la esperanza transformadora. Y esa Paz, continuamente amenazada por quienes quisieran reducirla a mercancía o a colonia, es precisamente lo que convierte a Venezuela en una luz imprescindible en la geopolítica contemporánea, una Paz indoblegable, creativa, insurgente, que se expresa en los colores vivos del humanismo bolivariano.

Todos los colores de la Paz bolivariana iluminan al humanismo revolucionario porque en ellos se entrelazan los símbolos de una sociedad que aprendió a convertir la diversidad en potencia política. El rojo de su historia insurgente, el amarillo de sus soles comunitarios, el azul profundo de su horizonte marítimo que une pueblos en la misma lucha contra el dominio, y el verde de sus territorios originarios que recuerdan que la Paz es también un pacto con la Tierra, todos ellos conforman una paleta viva que hace visible la densidad moral de una nación que ha decidido no entregar su destino a los dictámenes del capitalismo en su fase imperial y macabra. La semiosis bolivariana no es una estética de museo; es una estética de vida y combate, de organización y ternura, donde cada color es una memoria colectiva y cada símbolo una declaración de autonomía.

En Venezuela, la Paz revolucionaria nunca ha sido sinónimo de quietud. Es una Paz que se construye en la calle, en la escuela, en la comuna; una Paz que se defiende de agresiones económicas, mediáticas y diplomáticas que buscan fracturar la unidad del pueblo para imponer el viejo guion extractivista. Pero allí donde otros quisieran ver caos, hay en realidad un laboratorio ético de enorme vitalidad. Venezuela aprendió a navegar la tormenta sin renunciar a la dignidad y sin traicionar sus conquistas sociales. Esa capacidad de conjugar firmeza humanista, con creatividad cotidiana, constituye uno de los mayores aportes del proceso bolivariano a la historia universal de la Paz.

Quien observa superficialmente podría confundir esta Paz activa con simple resistencia. Pero la resistencia venezolana es mucho más, es una pedagogía política que enseña a los pueblos del mundo que la Paz verdadera no se decreta, sino que se construye desde abajo con conciencia crítica y solidaridad concreta. Allí, donde el imperialismo ha lanzado sanciones criminales, campañas de desestabilización, golpes, barbarie y guerras mediáticas, la revolución venezolana ha respondido con un humanismo que desborda el marco de la defensa nacional y se proyecta como referencia global de dignidad. La semiótica de esta Paz no está hecha sólo de discursos, está hecha de gestos cotidianos de organización comunal, de redistribución solidaria, de militancia cultural, de alfabetización política y simbólica.

Los colores de la Paz bolivariana también alumbran una sensibilidad profundamente latinoamericana. En Venezuela se expresa una síntesis continental donde confluyen los sueños de Bolívar, Martí, Hidalgo, Morelos y Chávez en una misma corriente ética que afirma que la emancipación debe ser integral o no será. Esa sensibilidad está en las músicas populares, en los murales callejeros, en la palabra comunitaria que sabe convertir la adversidad en conciencia. Comuna o nada. Está en la identidad mestiza que no se avergüenza de sus raíces sino que las celebra como fundamento de su proyecto político socialista. Está en los símbolos que la oligarquía quiso destruir y que el pueblo resignificó como armas de fraternidad.

La Paz venezolana es, por eso, una Paz en pie de lucha que se enfrenta a los dispositivos simbólicos del capitalismo global y sus métodos de desfiguración mediática. La guerra contra Venezuela ha sido, en gran parte, una guerra semiótica, se ha querido reducir al pueblo a una caricatura, borrar su complejidad, manipular su imagen hasta convertirla en pretexto para la intervención. Y, sin embargo, allí donde los laboratorios de propaganda imperial intentaron imponer una narrativa de caos, la creatividad bolivariana respondió con la construcción de nuevos códigos comunitarios, nuevas formas de representación de sí misma, nuevas articulaciones de identidad democrática que fortalecen al país precisamente en el campo donde pretendían debilitarlo. La Paz bolivariana se defiende en el terreno simbólico con la misma fuerza que en el terreno material.

Venezuela ha sido siempre un crisol de Paz porque su pueblo ha sabido convertir las tensiones históricas en oportunidades de solidaridad. La virtud de su proceso es que la Paz no es un adorno discursivo sino una práctica que atraviesa la vida cotidiana, desde la democracia participativa hasta la organización comunal; desde la soberanía energética hasta la cultura popular; desde la defensa de la autodeterminación hasta la pedagogía política que abraza a las nuevas generaciones. La revolución bolivariana entiende que la Paz sólo puede sostenerse si existe justicia social, y que sólo hay justicia social cuando el pueblo se reconoce a sí mismo como sujeto creador de su destino.

Por todo ello, los colores de la Paz bolivariana son hoy faro y advertencia, faro para los pueblos que luchan por emanciparse de las cadenas coloniales y advertencia para quienes insisten en someterlos. Ese crisol de Paz que es Venezuela demuestra que la dignidad no es una abstracción sino una fuerza histórica capaz de irradiarse más allá de sus fronteras. Su humanismo revolucionario, nutrido de diversidad, memoria, lucha y ternura, se ha convertido en una de las reservas éticas más importantes de nuestro continente. Y en cada uno de sus colores late la certeza de que la Paz verdadera —la que no se vende, la que no se rinde, la que no se negocia— sigue viva y seguirá creciendo allí donde un pueblo decida defender su historia con la fuerza de su conciencia. Con nosotros, todos y todas, a su lado.

5003641646238862134

Los “nervios de acero” de Nicolás Maduro

Por: Dr Fernando Buen Abad Domínguez 

Esos “nervios de acero”, entendidos como categoría político-semiótica y no como figura retórica individualista, designan una disposición ética que enfrenta la provocación imperial sin caer en el chantaje emocional, la intimidación mediática ni el impulso reactivo que las potencias hegemónicas desean desatar. En un escenario donde la agresión ya no se expresa solamente mediante ejércitos y sanciones, sino a través de un dispositivo multimodal de signos —rumores, operaciones psicológicas, montajes, discursos diplomáticos envenenados, campañas de odio, sabotajes económicos y un incesante terrorismo comunicacional—, la serenidad estratégica del dirigente se vuelve parte constitutiva de la defensa nacional. Aquí no se exalta un temperamento personal; se analiza un gesto político que sintetiza la racionalidad de un proyecto colectivo. Los “nervios de acero” no son el aplauso romántico al aguante individual, sino el nombre provisional de un método para impedir que la histeria imperial desfonde la vida democrática de un país asediado por décadas.

Porque el imperialismo ha comprendido que la “ventana de oportunidad” para desestabilizar procesos soberanos se abre cuando logran colonizar el estado afectivo de la población, ansiedad, miedo, incertidumbre, ira. No es casual que las operaciones contra Venezuela busquen, antes que nada, empujar al liderazgo a una reacción irreflexiva que sirva de pretexto para la escalada. Washington necesita que Caracas grite para poder presentarse como “bombero”. Necesita que Venezuela pierda la compostura para justificar la intervención “humanitaria”, la tutela y el cerco. Y en ese tablero, cada provocación se calcula con precisión, un insulto diplomático, un reconocimiento ilegítimo a un autoproclamado, un bloqueo energético, una mentira amplificada por miles de medios, un informe intoxicado en organismos internacionales. La guerra moderna se libra también en el plano de la afectividad pública.

Frente a todo eso, la serenidad estructural del proceso bolivariano —en su conducción política y en su tejido institucional— ha sido un muro de contención. Y no se trata de pasividad. Se trata de una ética democrática que comprende que la reacción impulsiva favorece a los agresores. El temple no es inacción; es cálculo, es lectura estratégica del signo hostil, es un modo de desactivar la carga semántica de la provocación para impedir que se convierta en detonador. El imperialismo diseña signos para producir efectos inmediatos, indignación, desesperanza, fractura moral. Lo que Venezuela ha hecho es disputar el significado antes de que el signo opere. Es decir, desactivar la semiótica de la agresión.

Cuando Maduro enfrenta una amenaza —sea militar, diplomática o comunicacional— sin perder el equilibrio, lo que está activando es un dispositivo pedagógico, demuestra que la fortaleza revolucionaria no depende de la furia, sino de la claridad. Su calma es un mensaje a la militancia, al pueblo y al mundo, la dignidad no se grita, se construye. Esa calma es también una defensa contra la guerra psicológica, que pretende instalar la idea de que Venezuela vive en estado terminal. Es una respuesta moral a un sistema global que se alimenta de la ansiedad social para gobernar. Y es, además, una lección política, no se derrota a la mentira con gritos, sino con un horizonte de verdad sostenido con firmeza.

Los ataques contra Venezuela siempre han buscado erosionar las condiciones de deliberación democrática. Pensar, analizar, discutir serenamente, todo eso resulta intolerable para las estrategias del caos. Por eso las provocaciones son espectaculares, buscan que la razón quede atrapada por la vorágine del odio mediático. Cada insulto de una potencia, cada maniobra de un títere extranjero, cada sanción económica diseñada para castigar al pueblo, pretende que el país reaccione bajo el clima emocional dictado desde afuera. Y sin embargo, Venezuela ha insistido en sostener el método del diálogo, la diplomacia activa, el debate interno y la construcción institucional. Ese es, precisamente, el terreno donde el imperialismo no sabe pelear.

Tal serenidad democrática frente a la agresión también implica algo más profundo, rechazar la lógica del enemigo absoluto. Mientras las potencias hegemónicas se permiten demonizar a Venezuela como si fuera un “peligro para el mundo”, la conducción bolivariana evita responder en el mismo registro. Mantener la compostura no significa olvidar la naturaleza criminal de las sanciones ni suavizar la denuncia; significa no permitir que el odio ajeno determine la forma de la política propia. Los “nervios de acero” son una ética porque subrayan que la defensa de la soberanía debe sostenerse en la altura moral que el enemigo no posee.

Esa ética democrática supone un trabajo doble, por un lado, resistir el chantaje emocional; por otro, cultivar una afectividad revolucionaria que no sea mero entusiasmo, sino conciencia colectiva organizada. No se trata sólo de soportar agresiones, se trata de construir una racionalidad política capaz de leer cada movimiento del adversario como mensaje cifrado, como signo intruso, como maniobra. En este marco, la serenidad no es un lujo psicológico sino un instrumento de decodificación. La calma es una herramienta crítica, permite ver la estructura de la ofensiva y desmontar sus premisas antes de que logren seducir a sectores vulnerables a la propaganda.

Toda la oposición venezolana que se deja tutelar por Estados Unidos, ha intentado, una y otra vez, quebrar esta ecuanimidad. Ha ensayado golpes mediáticos, llamados a la violencia, maniobras diplomáticas sin sustento jurídico, operaciones de sabotaje económico y un sinfín de provocaciones destinadas a forzar una reacción que valide la narrativa imperial: “dictadura”, “violación de derechos humanos”, “crisis humanitaria inducida”. El objetivo es simple, fabricar imágenes. Imágenes que circulen sin contexto, sin historia, sin geopolítica. Imágenes útiles para desactivar la solidaridad internacional. Tener “nervios de acero” es impedir que esas imágenes nazcan.

Ese temple no es improvisado. Es resultado de una tradición política que viene de Bolívar, de Zamora, de Chávez, una tradición que sabe distinguir entre firmeza y estridencia, entre autoridad ética y teatralidad, entre soberanía y bravata. La serenidad revolucionaria es una forma de inteligencia colectiva, sabe cuándo hablar, cuándo callar, cuándo denunciar, cuándo responder y cuándo simplemente permitir que la provocación se consuma en su propia impotencia. La agresión imperial no soporta el silencio firme porque lo desarma; no soporta la calma porque revela su desesperación.

Hay un punto crucial, la serenidad ética de Maduro y del proceso bolivariano no implica reconciliación ingenua ni desmovilización política. No se trata de tolerar la injusticia, sino de impedir que el enemigo nos dicte el ritmo. El imperialismo quiere urgencia, ruido, caos. La revolución necesita paciencia, análisis, organización. Los “nervios de acero” son el arte de gobernar sin dejarse poseer por la urgencia enemiga. Una democracia acosada debe desarrollarse no en el grito, sino en la lucidez. Y esa lucidez exige un tipo de fortaleza que no depende del espectáculo sino de la convicción.

Finalmente, la serenidad revolucionaria es un acto de confianza en el pueblo. Es la certeza de que el proceso histórico no se quiebra por un tuit de un mandatario extranjero ni por una amenaza de sanciones adicionales. Es la confianza en que la conciencia popular, formada durante años de lucha, sabrá distinguir entre manipulación y verdad. La serenidad del dirigente convoca a la serenidad del país entero, no para que se desmovilice, sino para que piense, para que actúe con madurez política, para que mantenga el pulso firme en medio de la tormenta.

Por eso, cuando se habla de los “nervios de acero” de Nicolás Maduro, se está hablando también de una pedagogía de resistencia, de un método para sostener la dignidad en tiempos de guerra híbrida. Se habla de una ética democrática que no concede al enemigo el poder de dictar la forma de nuestro ánimo. Se habla de la capacidad de un pueblo y de su conducción para enfrentar la agresión multinivel sin sacrificar los principios que los constituyen. Se habla, en última instancia, de la comprensión profunda de que la libertad exige no solamente valentía, sino también serenidad, una serenidad que el imperialismo jamás podrá comprender porque nace de la dignidad, no del cálculo cínico; de la historia compartida, no de la soberbia colonial; de un proyecto de futuro, no de la rapiña del presente.

maxresdefault (2)

Simbología de la Derecha: Una Perspectiva Filosófica de Fernando Buen Abad

Prensa LAUICOM – En una intervención transmitida por Rompeviento TV, el Dr. Fernando Buen Abad distingue con claridad entre las protestas auténticas, alimentadas por el cansancio, las promesas incumplidas y el malestar histórico de sectores populares, y aquellas movilizaciones orquestadas, convertidas en “espectáculos histriónicos” por un puñado de actores que, bajo la máscara de empresarios, operan como títeres de agendas desestabilizadoras.

El pensador subraya que los símbolos, gritos y acciones de la derecha no son meras espontaneidades, sino estrategias semióticas con un proyecto político definido: distorsionar la realidad, normalizar el odio y fabricar caos mediático.

Destaca que medios europeos de derecha, alineados con intereses imperiales, celebran esta inestabilidad para atacar al gobierno de Claudia Sheinbaum y difundir falsedades como el “narco-gobierno”.

Buen Abad insiste: no basta con condenar la violencia; hay que rastrearla. ¿Quién pagó los camiones? ¿Quién financió las herramientas, los desplazamientos, las redes de reclutamiento? ¿Fueron Salinas Pliego, Claudio X. González u otros actores camuflados? Transparentar esos flujos no es una opción, sino una tarea ciudadana indispensable para defender la verdad, la paz y la Cuarta Transformación.

Con afecto y lucidez, Buen Abad afirma que toda protesta genuina merece respeto, pero la violencia financiada es una trampa contra el pueblo.

1764600896

Para un análisis semiótico de TV azteca

Por: Dr. Fernando Buen Abad

TV Azteca no nació como un fenómeno cultural autónomo ni como un emprendimiento empresarial aislado; nació como un manotazo ideológico-mercantil oligarca en sus alianzas neoliberales como vector de una semiótica del poder que encontró en la televisión una prótesis para la reproducción de su estulticia. Los favores del poder fueron televisados.

Toda su historia —desde su privatización exprés hasta la consolidación de su retórica sensacionalista, doctrinaria y mercantil— es una crónica de cómo el capital mediático se fusiona con el poder político que manipula para fabricar consensos, disciplinar percepciones y naturalizar los privilegios. La frase «los favores del poder fueron televisados» no es un juicio moral sino una descripción materialista: hubo beneficios, hubo pactos, hubo mecanismos de blindaje político, hubo propaganda disfrazada de entretenimiento, y todo ello se volvió espectáculo para que la relación entre la élite gobernante y la élite mediática pareciera algo normal, inevitable, incluso patriótico.

Un análisis semiótico-histórico exige revisar el origen del signo televisivo que reproduce TV Azteca. No se trata solo de imágenes: es un régimen de signos. La pantalla funciona como dispositivo de simplificación, dramatización y alineamiento. El signo televisivo empresarial se articula alrededor de tres operaciones semióticas: primero, la espectacularización, que convierte todo conflicto social en entretenimiento para neutralizarlo; segundo, la personalización, que reduce la lucha de clases a un drama individual y sentimental; tercero, la mercantilización, que convierte incluso la desgracia en una mercancía. TV Azteca se especializó en estas operaciones desde su origen, porque así se correspondía con la exigencia política de su nacimiento, ofrecer estabilidad simbólica al mismo poder que le regaló concesiones, ventajas regulatorias y un mercado publicitario prácticamente cautivo. Mucho embute y mucho gasto propagandístico gubernamental

Cuando en los años noventa el Estado mexicano transfirió parte de su poder televisivo a la nueva empresa, no estaba democratizando el espectro: estaba sustituyendo un monopolio estatal- privado por un duopolio funcional al modelo neoliberal emergente. Se reconfiguró la semiótica de la obediencia. TV Azteca aparece como «competencia», pero en realidad es un doble reforzado, dos bocas para una sola ideología dominante. El signo de la pluralidad operaba como una máscara. Al mismo tiempo, se vendía como un imaginario colectivo en el que la televisión ya no era sólo entretenimiento, sino árbitro moral, juez emocional y orientador político. Aunque la empresa se presentaba como la modernización mediática de México, en realidad actuó como amplificador de la política de despojo económico que avanzaba, y como legitimadora de gobiernos que se beneficiaban de la violencia simbólica que ella misma producía. La semiótica del «país que avanza» fue construida a contracorriente de la realidad social que se deterioraba.

Con mucho fútbol.En la pantalla de TV Azteca, los favores políticos no solamente se mencionaban, se narraban como épica. Se disfrazaban de éxito empresarial, de patriotismo económico o de renovación generacional. El poder político necesitaba un medio que dramatizara la narrativa del nuevo México: competitivo, privatizado, «global», obediente al capital financiero. Y TV Azteca cumplió. Sus noticieros fabricaron una estética de la urgencia donde el conflicto social minimizado o presentado como anomalía, nunca como consecuencia estructural. Sus programas de opinión funcionaron como dispositivos de persecución simbólica contra cualquiera que amenazara la estabilidad del régimen. La semiótica no es solo contenido: es tono, es ritmo, es encuadre, es silencio. TV Azteca dominó el arte de los silencios estratégicos, que son tan ideológicos como sus editoriales.

Su televisión privada no se limita a informar: codifica comportamientos. La historia semiótica de TV Azteca es la historia de cómo una nación fue enseñada a mirar. Mirar con desconfianza al pobre, con fascinación al millonario, con sumisión al poderoso, con morbo al crimen, con indiferencia al origen social de la violencia. La pantalla construyó un país donde la desigualdad aparece como un paisaje natural, donde el sufrimiento se vuelve espectáculo y donde la corrupción es un escándalo momentáneo que no altera el orden jerárquico. En esa narrativa, el poder político siempre aparece como árbitro, nunca como responsable estructural. Así se televisan los favores: convirtiendo la complicidad en paisaje, la violencia en rating y la injusticia en costumbre.

Esa semiótica histórica de TV Azteca incluye, necesariamente, la arquitectura legal que la sostiene. Leyes hechas a la medida, concesiones eternizadas, regulaciones laxas o inexistentes, y una clase política que utiliza la pantalla como mercado negro de legitimidad. La reciprocidad es total, el poder garantiza el negocio; el negocio garantiza la narrativa. Así, la empresa se convierte en un ministerio no oficial de la ideología, uno que opera sin necesidad de uniformes ni discursos solemnes, porque su poder reside en la naturalidad, en que el espectador crea que lo que ve es «la realidad». Esa es la victoria suprema de la semiótica burguesa, cuando ya no se siente como ideología, sino como sentido común. Y todo sin pagar impuestos.

Su historia semiótica como empresa está todavía presente. Cada noticiero, cada novela, cada reality reproduce un orden semiótico que invisibiliza las causas y exhibe las consecuencias, que culpabiliza al de abajo y disculpa al de arriba, que convierte la política en escándalo y el escándalo en mercancía. En ese circuito, el poder se televisa no para ser comprendido, sino para ser aceptado.

Es la empresa que el poder necesitó, y que contribuyó a consolidar un modelo de control social donde la obediencia es espectáculo. Los favores del poder fueron televisados, sí, pero no como excepciones, como normalidad. La pantalla no mostró la complicidad, la celebró. No la ocultó, la estetizó. No la denunció, la convirtió en parte de la identidad nacional.

Ese es el núcleo del problema, mientras la televisión siga siendo un aparato para anestesiar la conciencia crítica, cualquier proyecto emancipador deberá confrontar su semiótica, desmontar sus signos, revelar sus operaciones y disputar su hegemonía. Porque la historia de TV Azteca es una lección sobre cómo el poder se transmite no solamente por decretos, sino por imágenes; no sólo por leyes, sino por narrativas; no sólo por coerción, sino por «seducción». Y mientras esa maquinaria siga intacta, la democracia será una escenografía y la verdad una mercancía.

IMG_20251201_101104_521

LA GUERRA COGNITIVA EN ZONA GRIS: El goteo emocional y la incertidumbre

Por Prof. José Garcés. Vicerrectorado de investigación. LAUICOM

Se ha señalado que en la guerra, la “zona gris” es ese espacio en el que las cosas son poco claras: no hay una agresión directa, no hay bombardeos, pero sí un clima de tensión que queda magníficamente ilustrado en el oxímoron de “tensa calma”. Se trata de esa situación caracterizada por la incertidumbre, donde los límites entre dos estados opuestos (como la paz y la guerra) son poco definidos. Nuestro pueblo ha categorizado la zona gris con la frase: «Lo más seguro es que quién sabe…»

Hemos dicho que la zona gris tiene una característica definitoria: la incertidumbre, y esta, a su vez, tiene un correlato: la angustia. Así, incertidumbre y angustia —que son los precursores del miedo— son los medios de los que se vale el enemigo para tratar de robar nuestros recursos. En esto consiste la guerra cognitiva en zona gris.

Ha dicho Sun Tzu: «Toda batalla se gana antes de pelearla». Eso es lo que intenta hacer Estados Unidos con Venezuela: ganar una batalla sin pelearla. De manera que intentar desmoralizar a nuestro ejército y a nuestra población, tratando de infundir miedo a través de la incertidumbre y la ansiedad, es el principal objetivo de la guerra cognitiva que, en este momento, se cursa contra la Patria de Bolívar.

Trump es especialmente astuto en este sentido: es ambiguo en su discurso, arroja una luz e inmediatamente la apaga; se dice y se contradice en una misma declaración a la prensa, y esto está calculado al milímetro. Hemos visto cómo esa estrategia ha venido aumentando en intensidad. Si recordamos las primeras acciones de guerra cognitiva, estas se referían a convertir al presidente Maduro en un narcotraficante odiado. Primeramente, se comenzó con la narrativa del «Cartel de los Soles» y luego se aumentó la recompensa por el presidente Maduro. Después vino el despliegue de buques de guerra, pero resultó que los buques anunciados no estaban en el Caribe, sino anclados en varios puertos alrededor del mundo. Una vez más, el discurso se decía y se contradecía. Luego la emprendieron contra las «narcolanchas» (término que ellos mismos inventaron); todo muy ambiguo: no había pruebas de esos ataques, y ni siquiera había pruebas de la existencia de esas lanchas. Todo cuadraba con la estrategia de la incertidumbre: «¿Será verdad?» era lo que se preguntaba mucha gente.

Posteriormente, se inició con la cantaleta del portaviones Gerald Ford: se decía que ya estaba en el Caribe, y el mismo Trump posteaba en “X” que había dado la orden de que el portaviones no saliera de Marruecos. De manera que, mientras unos decían que sí y otros decían que no, el susodicho Gerald Ford llegaba al mar Caribe.

La táctica más reciente se refiere al cierre unilateral del espacio aéreo venezolano, medida que se mantendrá por días, aumentando la incertidumbre acerca de un eventual ataque a Venezuela.

Como vemos, se ha ido aplicando la táctica del “goteo emocional”: cada día algo que es y no es, y ese algo va aumentando en intensidad.

Pues, para comenzar a desmontar esa táctica de goteo emocional, es necesario, primero que nada, darnos cuenta de que se trata de eso: de una táctica de manipulación psicológica. Si vemos a alguna persona que esté sintiendo síntomas de ansiedad, debemos aclararle que lo que siente es producto de la aplicación de una táctica de manipulación psicológica y se llama “goteo emocional”.

El goteo emocional ha sido descrito en la literatura psicológica y lo podemos observar en varios síndromes; tal vez el más común es el “síndrome de burnout” o síndrome del quemado. Este es un sentimiento de angustia, mezclado con depresión y desánimo, que ocurre en personas que trabajan con público, como maestras, médicos y policías.

Desde que el sujeto comienza a trabajar, va recibiendo dosis de angustia que no puede manejar, y esto se va acumulando hasta llegar a un momento en que estalla. Por eso se dice que el burnout es «insidioso», al igual que la técnica que aplican los Estados Unidos contra Venezuela, en la que cada día aplican algo, no importa lo pequeño, pero ese algo se va sumando y sumando hasta alcanzar un clímax, que es justamente lo que el imperialismo espera que ocurra en esta tierra.

Para evitar que la guerra cognitiva se enseñoree en nuestras mentes, lo primero que debemos hacer es darnos cuenta de que se trata de una manipulación psicológica. Debemos darnos cuenta de que estamos siendo víctimas de una agresión psicológica que tiene por objetivo doblegar nuestra moral, y para ello se valen de la incertidumbre, la angustia y el miedo.

En relación con el manejo del miedo, me gusta referir la historia, ya varias veces contada por este suscrito:

Se cuenta de una princesa que tenía que luchar contra el Miedo. Ella era pequeña, y el Miedo era gigantesco y poderoso. La princesa, inesperadamente, le dijo al Miedo:

—Señor Miedo, yo tengo que vencerlo a usted.
¿Usted me diría cómo hacer para vencerlo?

El Miedo, sorprendido, le confesó el secreto para ser vencido y le dijo:

—Soy muy rápido y me pongo en tu oreja y te ordeno lo que tienes que hacer.
Solo no hagas lo que yo te ordene.

De manera que ya tenemos una muy buena herramienta para vencer al miedo: no hacer lo que el miedo nos ordene que hagamos. Si el miedo nos pide que nos aislemos y no salgamos de la casa, pues eso es justamente lo que no debemos hacer.

Como siempre, la única alternativa posible para vencer la guerra cognitiva y la guerra convencional es no aislarse, es vincularse. Como hemos analizado en otros artículos, ya existe la infraestructura para garantizar la distribución de alimentos y la administración de la salud; lo único que tenemos que hacer es incorporarnos a esas estructuras.

Debemos recordar que la soledad es la madre de la dominación, y el vínculo es la estrategia perfecta de liberación y victoria. El vínculo es la expresión de la reunión, ya que cuando estamos vinculados tenemos la tendencia a reunirnos, y la reunión es la expresión máxima del amor. Pues cuando la gente ama, quiere estar reunida con quien ama. Y en cuanto al amor, ya lo sabemos: «Dios es amor», como dice el apóstol Juan (1 Juan 4:8). Por tanto: «Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Romanos 8:31).