Hoy la historia se inclina para conmemorar los 243 años del natalicio del hombre que moldeó nuestro destino.
Nacido bajo el cielo de Caracas, Simón Bolívar lo tenía todo para vivir en la comodidad: riquezas, haciendas y cuna noble, pudo elegir el silencio de los privilegios, pero prefirió el peso de la historia.
Tras el golpe devastador de perder a su joven esposa, transformó su dolor en una causa sagrada, no buscaba enriquecerse; buscaba dignidad para los oprimidos.
Fue un visionario indomable que desafió cumbres imposibles, desiertos y tempestades, guiado únicamente por el fuego interior de su promesa en Roma.
Soportó la incomprensión, la soledad y la ingratitud de aquellos a los que entregó su vida y su fortuna, aunque el ocaso lo encontró exhausto y con el alma rota por las traiciones políticas, su espíritu jamás se doblegó.
Hoy, a más de dos siglos de su llegada al mundo, su llama sigue viva en cada rincón de nuestra identidad.
¡Gloria eterna al hombre que nos enseñó a ser libres!

