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1826: El año en que Bolívar desafió a la Doctrina Monroe

Por Francisco Ameliach Orta

En el año 1826 debió ser el de la consagración del proyecto integracionista de Simón Bolívar. Con la independencia de América del Sur prácticamente consolidada, tras las batallas de Junín y Ayacucho, el Libertador visualizó un continente unido, fuerte y capaz de competir de igual a igual con las potencias imperiales de la época. Sin embargo, la historia tomó un rumbo muy distinto. En lugar de la gloria de la unión, 1826 se convirtió en el epicentro de un terremoto político que hirió de muerte a la Gran Colombia.

Para entender la magnitud del desastre, es necesario conectar tres cables de alta tensión que cruzaron ese año: el Congreso Anfictiónico de Panamá, la rebelión separatista de La Cosiata en Venezuela, y la irreconciliable fractura ideológica entre Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander.

Congreso Anfictiónico de Panamá

El 22 de junio de 1826 se instaló el Congreso Anfictiónico de Panamá. La meta era ambiciosa, tenía tres objetivos fundamentales:

  1. Crear un ejército común.
  2. Una ciudadanía continental.
  3. Un tribunal de arbitraje.

Sin embargo, el congreso nació debilitado. Mientras los delegados debatían en el istmo, la Gran Colombia —el país convocante— se desgarraba internamente en luchas intestinas. Las naciones asistentes notaron de inmediato esta debilidad, lo que sepultó la credibilidad del evento.

La Cosiata y el boicot de Santander

Dos meses antes, en abril de 1826, estalló en Valencia la rebelión de La Cosiata, liderada por el general José Antonio Páez. Este movimiento separatista fue el producto de intrigas y manejos maquiavélicos ocultos propiciados desde Bogotá por Santander.

En medio de este caos, el general Rafael Urdaneta no estuvo en las mesas diplomáticas de Panamá, pero su rol fue el de un estratega político y militar en el frente interno. Desde el Congreso en Bogotá y las provincias, Urdaneta se opuso radicalmente al separatismo de Páez y sirvió de contrapeso a la facción santanderista. Fue el aliado más leal que tuvo Bolívar para intentar mantener a flote la estructura de la república mientras todo se derrumbaba.

La verdadera temperatura de esta crisis no quedó registrada en las actas oficiales, sino en la correspondencia privada. A lo largo de 1826, Bolívar mantuvo un intercambio epistolar dramático con Urdaneta. Estas cartas son hoy una referencia histórica fundamental para entender el colapso del proyecto de la confederación de naciones.

En estos documentos —custodiados y compilados en los archivos históricos de la correspondencia del Libertador (como las Memorias del General O’Leary o los compendios de Cartas del Libertador, Vicente Lecuna)— se observa la gran preocupación de Bolívar ante la desintegración de su sueño de unidad. En las cartas se resaltan los siguientes tres aspectos:

El diagnóstico de la traición: En sus misivas de mediados de 1826, Bolívar le confiesa a Urdaneta su dolor por el rumbo del gobierno de Santander, señalando que «mientras nosotros buscamos la unión americana en Panamá, en el centro de la República se siembra la división». 

El terror a la anarquía: Al enterarse del avance de La Cosiata, Bolívar escribe a Urdaneta calificando el movimiento de Páez como «una herida de muerte», mostrando su angustia a que los sacrificios de la independencia terminaran en la disolución total del Estado.

El anuncio del retorno para “salvar lo que se pueda”: Hacia finales de año, constatando el fracaso en Panamá, Bolívar le confirma a Urdaneta su regreso inminente a Caracas bajo una premisa: «Voy para allá a salvar lo que se pueda de este naufragio», pidiéndole explícitamente su apoyo militar.

Bolívar ante las dificultades

El destino de 1826 parecía sellado por la tragedia, pero fue ahí donde emergió la estatura de Simón Bolívar como un estadista dispuesto a todo por evitar el caos. Al constatar que el Congreso de Panamá no lograría sus objetivos y que Venezuela ardía bajo la rebelión de Páez, el Libertador tomó el control de la situación con acciones drásticas y pragmáticas. Dejó el Perú y viajó al norte para ponerse al frente de la tormenta. Lejos de buscar un baño de sangre que habría desintegrado la república de inmediato, Bolívar priorizó la paz social. En una decisión sumamente audaz y polémica, otorgó una amnistía general a José Antonio Páez y a los rebeldes de La Cosiata. Con este movimiento de alta política, Bolívar logró tres objetivos vitales a corto plazo:

  1. Frenó en seco la separación inminente de Venezuela.
  2. Ahogó los brotes de anarquía que amenazaban con destruir las instituciones.
  3. Evitó una devastadora guerra civil entre hermanos que habría dejado al continente indefenso.

Aunque esta tregua enfureció definitivamente a Santander y fracturó el orden legal de Bogotá, para Bolívar la supervivencia de la unión nacional y la paz continental estaban por encima de cualquier formalismo jurídico.

La perseverancia de Bolívar por mantener la cohesión en 1826 no era un capricho centralista; respondía a una profunda y profética visión geopolítica. El Libertador entendía perfectamente que la fragmentación en pequeñas repúblicas débiles y enfrentadas sería presa fácil para las ambiciones de las potencias extranjeras.

La Doctrina Monroe

Tres años antes, en 1823, Estados Unidos había proclamado la Doctrina Monroe bajo el lema «América para los americanos». Bolívar, con una lucidez asombrosa, detectó el peligro oculto detrás de esa aparente postura protectora: la advertencia de Washington no era para defender la independencia de los pueblos del sur, sino para marcar su propio territorio de expansión y hegemonía futura.

Por eso, el fracaso del Congreso de Panamá y las grietas causadas por La Cosiata dolieron tanto en el alma del proyecto bolivariano. Bolívar sabía que la única manera de hacerle frente al naciente imperialismo del norte y evitar que Latinoamérica se convirtiera en el «patio trasero» de nadie, era presentándose ante el mundo como un solo bloque compacto, una sola gran nación confederada.

A dos siglos del convulso 1826

A dos siglos de aquel convulso 1826, el eco de ese año sigue resonando. Las acciones de Bolívar para contener la anarquía nos recuerdan que la integración latinoamericana no es una utopía romántica del pasado, sino una necesidad histórica y estratégica absolutamente vigente para garantizar la soberanía de nuestros pueblos.

Doscientos años después, la Presidenta (E) Delcy Rodríguez asume las mismas prioridades que Bolívar:

  1. Evitar la disolución total del Estado.
  2. Preservar la paz interna.
  3. Evitar la anarquía y la guerra civil.

En el preliminar de El Libro Azul, Hugo Chávez, dice: “…nuestros pueblos se han ido alejando cada vez más de sus raíces históricas, allí donde seguramente se encuentran las claves para descifrar el terrible enigma que nos mantiene en un ir y venir por el abismo de la historia…”.

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Lucha histórica: Simón Bolívar vs. James Monroe, 200 años de pugna

Sistematizado por: Francisco Quevedo

Si crees que el problema de Estados Unidos contra Venezuela es reciente, pues necesitas más información para entender la magnitud del conflicto.

El papel de John Baptiste Irvine, el enviado que intentó desafiar nuestra soberanía

La historia de nuestra Patria no es solo una de batallas con espadas, sino también de una lucha de ideas que aún resuena hoy. En el siglo XIX, mientras Venezuela derramaba sangre para ser libre, se gestaba un choque entre dos visiones del mundo: la de nuestro Libertador Simón Bolívar y la del presidente estadounidense James Monroe.

¿Quiénes eran estos protagonistas?

Simón Bolívar (El Libertador): El gigante de nuestra tierra. Presidente de Venezuela y de la Gran Colombia, cuya visión no se detenía en fronteras locales. Él buscaba la unión de los pueblos americanos que habían sido colonias españolas para formar una sola nación, tan grande y poderosa que pudiera tratar de igual a igual con el resto del mundo.

James Monroe: El quinto presidente de los Estados Unidos (1817-1825). Fue el autor de la famosa «Doctrina Monroe», que bajo el lema «América para los americanos», escondía en realidad la intención de que Estados Unidos fuera el nuevo tutor del continente, desplazando a las potencias europeas para quedarse ellos con el control.

Mientras Bolívar fundaba repúblicas y luchaba contra el imperio español, Monroe gobernaba en Washington. Sus caminos se cruzaron políticamente entre 1817 y 1825, un periodo crítico donde Venezuela exigía respeto a su soberanía y Estados Unidos solo buscaba proteger sus intereses comerciales.

El insolente John Baptiste Irvine y la respuesta de Bolívar

En 1818, James Monroe envió a Venezuela a un agente diplomático llamado John Baptiste Irvine. Pero no vino a reconocer nuestra independencia, sino a reclamar dinero. Dos barcos estadounidenses (Tigre y Libertad) habían sido capturados por los patriotas venezolanos mientras intentaban vender suministros y armas a los realistas españoles que masacraban a nuestro pueblo.

Irvine, con una actitud arrogante y colonialista, exigía que se le devolvieran los barcos, argumentando que Estados Unidos era «neutral». Fue aquí donde Bolívar sacó la casta por nuestra soberanía. En una serie de cartas famosas, el Libertador le puso un freno histórico al enviado de Monroe, explicándole que no permitiría que se ultrajara al Gobierno de Venezuela. Bolívar fue enfático: para nosotros era lo mismo combatir contra España que contra el mundo entero si se nos ofendía. El Libertador dejó claro que Venezuela no se arrodillaba ante nadie, ni ante España ni ante la potencia del norte que pretendía lucrarse con la guerra de otros.

Santander: El enviado que prefirió el norte

Mientras Bolívar defendía la soberanía con firmeza, en las sombras crecía una figura que terminaría traicionando el ideal de unión Grancolombiana: Francisco de Paula Santander. Santander, quien fue vicepresidente de la República de Colombia (algunos la llaman Gran Colombia), sentía una admiración excesiva por el modelo de los Estados Unidos.

Su traición no fue solo política, sino de principios: prefirió las leyes y el sistema de Washington antes que el sueño de Bolívar de una confederación de pueblos hermanos. Santander paso de ser Centralista a llamarse Federalista. Mientras Bolívar desconfiaba de las verdaderas intenciones de Monroe, Santander buscaba su aprobación, facilitando la división de la Gran Colombia y debilitando la fuerza que el Libertador había construido con tanto sacrificio.

El Congreso de Panamá vs. el Panamericanismo

En 1826, Bolívar convocó al Congreso Anfictiónico de Panamá. Su idea era formar una «Sociedad de Naciones» americanas. Bolívar no quería una unión bajo el mando de EE. UU.; de hecho, su intención era unir a los pueblos que compartían la misma historia de lucha contra el colonialismo.

Sin embargo, sectores influenciados por la visión de Santander permitieron que el espíritu de este Congreso fuera infiltrado por lo que hoy conocemos como Panamericanismo. La diferencia es clave: el ideal de Bolívar era una unión de repúblicas hermanas y soberanas para resistir a cualquier imperio, mientras que el Panamericanismo de Monroe terminó siendo una estrategia para que Estados Unidos pusiera las reglas en todo el continente.

Doctrina Bolívar vs. Doctrina Monroe

Para entender nuestra lucha actual por la independencia, debemos entender estas dos visiones opuestas. Por un lado, la Doctrina Monroe planteaba que América debía estar bajo la influencia de Estados Unidos, practicando el intervencionismo y decidiendo por los demás países. Por el otro, la Doctrina Bolivariana defendía que la Patria es la América, basándose en la autodeterminación y el derecho absoluto de Venezuela a ser dueña de su destino sin interferencias extranjeras.

Hoy, el espíritu de Bolívar sigue vivo en cada venezolano que defiende su tierra y su orgullo nacional. James Monroe pasó a la historia como el autor de una doctrina de control; Simón Bolívar es y será siempre el faro eterno de la libertad y la soberanía absoluta de Venezuela.

Las preguntas a las lectoras y los lectores

1) Para quien lee ¿Estás con Bolívar o Monroe?

2) Para los venezolanos en particular ¿Eres patriota venezolano o agente gringo en Venezuela?