Prensa PSUV.- En el marco de la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas, la presidenta de la República, Delcy Rodríguez, anunció este miércoles el inicio de un proceso de transformación democrática «ordenado, institucional y verificable» para la Nación, el cual abarcará reformas estructurales en los ámbitos político, económico y espiritual.
En su intervención en la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas, afirmó que se trata de edificar un país donde nadie tenga que ganar desconociendo al otro, porque todos, especialmente los jóvenes que inician su socialización política, somos Venezuela.
Rodríguez hizo un llamado a consolidar un liderazgo comprometido con el bienestar colectivo y soberano por encima de cualquier otro factor. «Aspiramos a una clase política íntimamente comprometida con los intereses nacionales por encima de cualquier interés particular.
«Conozco profundamente a Venezuela y agradezco a Dios la oportunidad de haber servido desde distintas responsabilidades públicas. Sé dónde están las puertas que se deben abrir para la transformación profunda del país, la edificación de una economía al servicio del desarrollo nacional y la consolidación de un sistema de justicia e igualdad social como lo concibió el Libertador Simón Bolívar.»
Finalmente, la Mandataria Nacional sostuvo que la historia demuestra que las transiciones democráticas más sólidas se logran mediante la evolución institucional. «La legalidad puede ser el camino hacia una legalidad mejor: una nación renace cuando reconstruye la confianza en sus instituciones», concluyó.
Prensa LAUICOM — En el marco correspondiente al 81.º período de sesiones de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la presidenta de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez, ratificó la voluntad del país de consolidar la estabilidad política, promover la convivencia armónica e impulsar un orden internacional basado en el respeto soberano.
Compromiso multilateral y estabilidad
Durante su discurso ante el foro multilateral, la mandataria manifestó la solidaridad de la nación con los pueblos afectados por enfrentamientos bélicos, remarcando que la construcción de una paz justa, duradera y con dignidad representa la única alternativa verdaderamente humana ante los estragos de la violencia. Asimismo, cuestionó la imposición de sanciones por socavar el bienestar social y defendió un modelo de crecimiento inclusivo enfocado en las necesidades del Sur Global, atendiendo a su vez la seguridad del mercado energético internacional.
Renacimiento nacional y soberanía
Al proyectar esta nueva etapa ante la comunidad internacional, la jefa de Estado aseveró: «Vengo a asumir la responsabilidad histórica de Venezuela en una etapa de incertidumbre y conflicto hacia una de democracia plena… Venezuela está lista para caminar de la mano de quienes crean en una relación internacional y respetuosa, sin intromisiones ni prejuzgamientos».
Nueva York, Estados Unidos. – La presidenta de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez, sostiene una reunión bilateral con el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, en la sede del organismo en Nueva York, en el marco del 81.° período de sesiones de la Asamblea General (AGNU).
En este espacio diplomático, la jefa de Estado profundiza la evolución estratégica de la cooperación entre el Gobierno Bolivariano y el sistema multilateral, orientada al desarrollo sostenible, la transferencia tecnológica y el blindaje del sistema de protección social del pueblo venezolano, tras la reciente respuesta institucional y técnica brindada junto al organismo internacional ante la contingencia sísmica registrada en el país.
Esta agenda internacional consolida la hoja de ruta de la Diplomacia Bolivariana de Paz, que avanza en la evaluación de planes de respuesta y recuperación mediante metodologías especializadas para la reconstrucción de infraestructura resiliente.
Asimismo, la participación de Venezuela en la palestra global reafirma la posición del país en el debate multilateral, abogando por el crecimiento productivo equilibrado, la preservación ambiental, y la paz.
La Presidenta (E.). Delcy Rodríguez, en sus palabras pronunciadas el lunes 14 de septiembre de 2026 afirmó: “sin Bolívar no hay rumbo, Bolívar siempre nos guía, Bolívar siempre tiene una respuesta”.
Es así como, la Presidenta (E.). Delcy Rodríguez, ha buscado las claves para afrontar las dificultades del presente, en nuestra historia. Ha utilizado la metodología chavista plasmada en El Libro Azul y ha interpretado perfectamente las palabras de Bolívar pronunciadas en su celebre Discurso de Angostura, cuando sentenció:
“El principio fundamental de nuestro sistema depende inmediata y exclusivamente de la igualdad establecida y practicada en Venezuela”.
“El principio fundamental de nuestro sistema depende inmediata y exclusivamente de la igualdad establecida y practicada en Venezuela”.
En ese mismo discurso Bolívar define su interpretación de la igualdad social, en los siguientes términos:
“La naturaleza hace a los hombres desiguales en el genio, temperamento, fuerzas y caracteres.Las leyes corrigen esta diferencia, porque colocan al individuo en la sociedad para que la educación, la industria, las artes, los servicios, las virtudes, le den una igualdad, propiamente llamada política y social”.
Agregando que: “El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”.
El contenido del discurso de Bolívar situó su pensamiento en lo que hoy clasificaríamos como izquierda republicana: un espacio que buscaba con urgencia la justicia social y la equidad sin renunciar al marco de la legalidad constitucional.
¿Qué significa realmente ser de izquierda o de derecha en el siglo XXI?
Aunque muchos consideran que estos términos están obsoletos, las raíces teóricas y los procesos históricos demuestran que la distinción sigue más viva que nunca.
Para comprenderlo en el contexto del Proyecto Bolivariano, debemos cruzar tres miradas: la precisión conceptual del filósofo italiano Norberto Bobbio, el marco normativo de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y la interpretación histórica que hizo Hugo Chávez de las palabras de Simón Bolívar, durante su juramentación presidencial del 10 de enero de 2007.
El criterio de Norberto Bobbio: La igualdad como brújula
En su célebre libro “Izquierda y derecha” (1994), el politólogo Norberto Bobbio propuso una tesis fundamental: el eje que divide a la izquierda de la derecha política es la postura que cada una adopta frente al concepto de igualdad.
-La Izquierda (Igualitarismo): Bobbio argumenta que la izquierda percibe la mayoría de las desigualdades importantes como anomalías estructurales del sistema. Al ser producto de las estructuras políticas y económicas, la izquierda sostiene que el Estado tiene el deber de minimizarlas para alcanzar una sociedad más equitativa y justa.
-La Derecha (No-igualitarismo): Por el contrario, la derecha considera que las desigualdades son naturales e inevitables (derivadas del talento individual, el esfuerzo o el mercado). Desde esta perspectiva, los intentos “forzados” por imponer la igualdad terminan vulnerando la libertad individual.
Bobbio demuestra que el núcleo identitario de la izquierda, es el combate contra la desigualdad social. Un principio que resuena profundamente en la doctrina de Simón Bolívar.
1819: El Discurso de Angostura y la “igualdad establecida y practicada”
Para encontrar el correlato de este concepto en la historia, es obligatorio viajar al 15 de febrero de 1819. Ese día, el Libertador Simón Bolívar pronunció el célebre Discurso de Angostura, un manifiesto donde diseñó las bases institucionales y sociales de la naciente República.
Para el Libertador, la soberanía popular y la abolición de los privilegios eran condiciones innegociables. Bolívar entendía que no bastaba con una igualdad jurídica plasmada en papel; se requería una justicia social real, anticipándose por más de un siglo a los debates de la modernidad.
El Artículo 1 de la Constitución: La doctrina de Bolívar como norma jurídica
Esta visión de Bolívar no se quedó en el plano de la retórica. En la Venezuela contemporánea, el Artículo 1 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) elevó formalmente este ideario al rango de norma suprema y fundacional del Estado:
“La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador”.
Este artículo encierra una profunda reflexión política y jurídica. Al establecer que valores universales como la igualdad y la justicia se rigen específicamente por la doctrina de Simón Bolívar, el texto constitucional rompe con la tradición del constitucionalismo liberal clásico, que suele conformarse con la igualdad meramente formal o ante la ley.
La Constitución venezolana abraza la tesis bolivariana de Angostura: la igualdad debe ser “practicada”. Jurídicamente, esto significa que el Estado no puede ser un actor pasivo, sino que está constitucionalmente obligado a intervenir activamente para desmontar las estructuras que generan exclusión y desequilibrio social, blindando el igualitarismo como un mandato legal supremo.
2007: La reinterpretación de Hugo Chávez y el camino al socialismo
El 10 de enero de 2007, durante su acto de juramentación para un nuevo período presidencial ante la Asamblea Nacional, Hugo Chávez rescató y reinterpretó formalmente las palabras de Bolívar en Angostura bajo el amparo de este marco constitucional.
En su discurso, Chávez utilizó el pensamiento bolivariano como el puente perfecto hacia el concepto de izquierda que teorizaba Bobbio: la búsqueda de la igualdad sustantiva.
Chávez argumentó que el proyecto esbozado por Bolívar en 1819 no era una propuesta liberal moderada, sino el plano de una república radical basada en la justicia social y el bienestar del pueblo.
Bajo esta lectura, entrelazó el igualitarismo de izquierda con la doctrina constitucional originaria: para cumplir con el Artículo 1 y hacer “establecida y practicada” la igualdad planteada en Angostura, el sistema socioeconómico debía transitar hacia la justicia social.
La igualdad practicada
Según fuentes documentadas Venezuela alcanzó el salario más alto de Latinoamérica en 2012 (476 $$ de salario mínimo más 222 $$ de beneficio alimentario = 698 $$). Dos años después, las bases de datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), mostraban a Venezuela en el año 2014 como el país con mayor igualdad social en Latinoamérica, medido a través del Coeficiente de Gini.
Sin embargo, este modelo de bienestar social se convirtió en el objetivo de una prolongada agresión asimétrica y una guerra híbrida multidimensional.
La crisis actual no comenzó de la noche a la mañana; fue un proceso de asfixia meticulosamente diseñado. El punto de partida formal se remonta a 2015, cuando el gobierno de Estados Unidos declara a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria” abriendo las compuertas para un asedio multidimensional sin precedentes.
La persecución comercial y las sanciones produjeron una caída superior al 98% de los ingresos en divisas. Venezuela pasó de percibir 39.636 millones de dólares en divisas en el año 2014 a tan solo 743 millones de dólares en 2020.
Paralelamente al colapso material, el país se convirtió en el laboratorio de una intensa guerra cognitiva. Medios masivos y redes sociales fueron y son utilizados para tratar de quebrar la resistencia psicológica de la población, romper la unidad nacional, sembrar el caos informativo e intentar inducir una guerra civil fratricida.
El acuerdo petrolero con Estados Unidos.
La Presidenta (E.) de Venezuela, Delcy Rodríguez, fundamenta estratégicamente el reciente acuerdo petrolero con Estados Unidos como un mecanismo indispensable para captar mayores ingresos y destinarlos al bienestar social, la justicia social y la búsqueda de una igualdad real.
Es una realidad inobjetable que “no se hace nada teniendo las mayores reservas de crudo del mundo si no se extraen para atender las necesidades del pueblo», estas reservas deben convertirse en una herramienta distributiva.
Los ingresos proyectados bajo este esquema mixto son la clave económica para financiar la salud, la educación, la infraestructura pública y corregir las profundas asimetrías sociales acumuladas en los últimos años de bloqueo económico. Se está poniendo en practica el principio fundamental del sistema bolivariano, que “depende inmediata y exclusivamente de la igualdad establecida y practicada”
Una misma lucha en épocas distintas
Cuando contrastamos las ideas, las líneas se cruzan con claridad. Lo que Norberto Bobbio define desde la academia europea como el motor de la izquierda —la intervención colectiva para mitigar las desigualdades— es exactamente lo que Simón Bolívar exigió a los legisladores de 1819, lo que la Constitución de Venezuela consagró en su Artículo 1 como valor supremo, lo que Hugo Chávez colocó como la meta ideológica de su administración en el siglo XXI y lo que Delcy Rodríguez hace en una negociación asimétrica dentro de un esquema de guerra hibrida ejecutada por Estados Unidos.
La igualdad, por lo tanto, no es un concepto abstracto ni estático. Es el mandato histórico y legal que sigue definiendo el proyecto de la Revolución Bolivariana.
La presidenta encargada de la República, Delcy Rodríguez, agradeció la solidaridad de los gobiernos y pueblos de 147 países que se han solidarizado con Venezuela, luego de los terremotos del 24 de junio.
«A todos le pedimos apoyo con rescatistas especializado, agradezco los primeros en llegar al país, vinieron de República Dominicana, y Estados Unidos, agradezco al gobierno de Donald Trump, al secretario Marco Rubio, permanentemente atento y ofreciendo apoyo, agradezco a la presidenta de México», expresó la Mandataria encargada.
Asimismo aseguró la cooperación internacional, sirve como escenario para reafirmar los profundos vínculos de solidaridad y cooperación entre todas naciones .
efectos sobre las subjetividades de clase y de los pueblos en Venezuela, América Latina y el mundo
Una aproximación desde la dialéctica del materialismo histórico.
Profesor – Investigador Pedro Penso+
Una aproximación desde la dialéctica del materialismo histórico
La guerra como forma fenoménica de la lucha de clases en el siglo XXI
Para comprender lo que hoy llamamos guerra cognitiva y sus efectos sobre las subjetividades en Venezuela, América Latina y el mundo, es necesario partir de una proposición fundamental del materialismo histórico: la guerra no es un accidente de la historia ni una patología de las relaciones internacionales, sino una continuación de la política —y, por tanto, de la lucha de clases— por otros medios. Como nos enseñó Clausewitz, mediado por la lectura leninista, la guerra expresa, en su forma más concentrada y violenta, las contradicciones que atraviesan un modo de producción determinado.
Ahora bien, la mutación que nos ocupa —la emergencia de la guerra cognitiva como modalidad predominante de agresión imperialista en el siglo XXI— no representa un mero cambio técnico en los instrumentos bélicos. Tampoco es un fenómeno que pueda explicarse por la simple adición de «nuevas tecnologías» al repertorio militar. Se trata, más bien, de una transformación cualitativa en la forma que asume la guerra imperialista cuando las condiciones objetivas de la correlación de fuerzas global —el ascenso de nuevos polos de poder, la crisis de la hegemonía unipolar estadounidense, la emergencia de proyectos contrahegemónicos en el Sur Global— vuelven inviable la guerra clásica de ocupación territorial. Es, en palabras de algunos analistas, una guerra vicaria (Waldman, 2021) [1], que busca lograr los objetivos del imperialismo sin exponer a sus fuerzas al costo político y humano de una invasión directa.
Como sostienen Tan y Perlmutter (2006) [2], el concepto mismo de «guerra de información» encierra una paradoja: cuanto más se cree saber sobre ella, menos se comprende su dinámica real, pues la información no es un recurso neutral sino un campo de batalla donde se dirimen proyectos de sociedad antagónicos.
Mutaciones de la guerra cognitiva: Del 11 de septiembre al 3 de enero
La trayectoria de la guerra cognitiva como modalidad imperialista puede trazarse a partir de hitos que marcan saltos cualitativos en su desarrollo. Si la guerra mediática contra Irak en 1991 y 2003 mostró el poder de la manufactura del consenso (Herman y Chomsky, 1988) aplicada a gran escala, la experiencia venezolana de 2002 —el golpe de Estado mediático contra Hugo Chávez— reveló que, en América Latina, los medios de comunicación privados podían operar como arietes de desestabilización política con la misma eficacia que un batallón de infantería. Como documenta Cañizález (2003) [3], el golpe de abril de 2002 contra Chávez fue un «golpe mediático«: la televisión privada venezolana no solo informó, sino que produjo los acontecimientos, creando una realidad virtual que justificaba la ruptura del orden constitucional.
Esta primera fase —que podríamos llamar guerra mediática clásica— evolucionó hacia una forma más sofisticada con la irrupción de las plataformas digitales y las redes sociales. El uso de bots políticos para la manipulación de la opinión pública en Venezuela, estudiado por Forelle et al. (2015) [4], muestra cómo actores automatizados generan contenido que simula apoyo o rechazo popular, creando una falsa impresión de consenso o disenso. Los investigadores encontraron que los bots más activos en la conversación política venezolana eran utilizados por la oposición radical, y que se hacían pasar por líderes políticos y agencias gubernamentales más que por ciudadanos comunes.
Sin embargo, el salto cualitativo más significativo ocurre en la coyuntura que usted señala: el período pre y post 3 de enero. En esta fase, la guerra cognitiva ya no se limita a informar tendenciosamente o a manipular la opinión pública, sino que busca reconfigurar las subjetividades mismas de los pueblos, alterando su percepción de la realidad, su memoria histórica y su capacidad de agencia política. Se trata de una guerra que opera en el plano de lo que Gramsci llamó la hegemonía: la disputa no es solo por el gobierno, sino por la dirección intelectual y moral de la sociedad (Hesketh, 2019) [5].
En el caso venezolano, esta mutación se expresó en la estrategia de doble poder implementada a partir de enero de 2019, cuando Juan Guaidó se autoproclamó «presidente interino» con el respaldo inmediato de Estados Unidos y sus aliados. Como señala Buxton (2019) [6], la estrategia de la oposición venezolana estuvo marcada por errores de cálculo y por una dependencia excesiva del respaldo internacional, lo que revela que la guerra cognitiva no puede suplir indefinidamente la falta de arraigo social y de correlación de fuerzas favorable en el terreno material.
El secuestro del derecho internacional y la ruptura del orden jurídico
El desconocimiento de los principios más elementales del derecho internacional —la soberanía, la autodeterminación de los pueblos, la no intervención— constituye la base jurídico-política sobre la cual se despliega la guerra cognitiva contra Venezuela. La estrategia de reconocimiento selectivo de gobiernos, analizada por López-Rodríguez (2021) [7] a través del caso venezolano, revela cómo las potencias imperialistas instrumentalizan el derecho internacional para legitimar injerencias: más de cincuenta países reconocieron a Guaidó como presidente legítimo, a pesar de que Maduro ejercía el control efectivo del territorio, de las instituciones y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).
Esta fractura del orden jurídico internacional tiene consecuencias profundas sobre las subjetividades. Cuando el derecho se convierte en un arma de guerra, la percepción de lo legítimo y lo ilegítimo se desestabiliza. Sectores enteros de las clases medias venezolanas —formadas en la idea de que «Occidente» representa la legalidad y la democracia— experimentaron una ruptura cognitiva al ver que sus referentes tradicionales de autoridad moral avalaban una ficción jurídica: la de un «presidente» sin control territorial, sin ejército y sin capacidad de gobernar. Para las clases populares, en cambio, la defensa de la soberanía se convirtió en una experiencia de reafirmación identitaria, en la medida en que la agresión externa operó como catalizador de una conciencia nacional y antiimperialista.
Las sanciones económicas unilaterales impuestas por Estados Unidos —que, como documenta Mooney (2021) [8], fueron tan severas que la propia relatora especial de Naciones Unidas sugirió que podrían constituir crímenes de lesa humanidad— operan no solo como mecanismo de asfixia económica, sino como dispositivo de guerra cognitiva. Al bombardear a la población venezolana con la narrativa de que «las sanciones no afectan al pueblo sino al gobierno», y al mismo tiempo generar escasez inducida e hiperinflación, se produce una disociación esquizofrénica en la conciencia popular: se vive la catástrofe económica mientras se niega su causa real.
Efectos sobre las subjetividades de clase
El materialismo histórico nos enseña que la conciencia de clase no es un reflejo mecánico de la posición en las relaciones de producción, sino una construcción política y cultural mediada por la lucha ideológica. En este sentido, la guerra cognitiva opera directamente sobre lo que Lukács denominó la conciencia de clase psicológica (la percepción inmediata que los individuos tienen de su situación) para impedir el desarrollo de la conciencia de clase atribuida (la comprensión de los intereses históricos objetivos de su clase) (Melo, 2018) [9].
En Venezuela, el efecto ha sido paradójico y contradictorio. Por un lado, la guerra cognitiva ha profundizado la polarización de clase que ya caracterizaba la sociedad venezolana desde la llegada de Chávez al poder. Como documentan Hawkins et al. (2018) [10], la polarización en Venezuela no fue simplemente política, sino que expresó la división de la clase en la sociedad venezolana: el chavismo aglutinó a los sectores populares y a las clases medias empobrecidas, mientras que la oposición concentró a las élites económicas, a las clases medias altas y a los sectores profesionales formados bajo el paradigma neoliberal. La guerra cognitiva intensificó esta división de las clases al naturalizar las diferencias de clase como diferencias morales e identitarias: el chavista era presentado como «ignorante», «populista» o «violento», mientras que el opositor era retratado como «ciudadano», «demócrata» o «profesional».
En América Latina, la guerra cognitiva ha producido un efecto de archaización de la conciencia política*, como lo denominan Morozov y Erofeev (2017) [11] en su análisis de las guerras híbridas. Este concepto se refiere al retorno de mitologías políticas arcaicas —el «enemigo interno», la «conspiración comunista», la «amenaza a la civilización occidental»— que reemplazan el análisis racional de las contradicciones sociales por una lógica amigo-enemigo despolitizadas. En Brasil, la elección de Bolsonaro fue un caso paradigmático: el uso de WhatsApp como arma de propaganda masiva —analizado por Luz y Miller (2020) [12]— permitió construir una realidad paralela donde la amenaza del «comunismo» justificaba cualquier atrocidad. La guerra cognitiva, en este sentido, produce una involución de la subjetividad política: en lugar de la conciencia crítica que debiera emerger de la experiencia material de la explotación, se implanta una conciencia mistificada que identifica como enemigos a otros explotados o a proyectos emancipatorios.
La dimensión geopolítica y los pueblos: imperialismo y guerra vicaria
La guerra cognitiva no puede entenderse al margen de la reconfiguración geopolítica global. La tesis de la «guerra vicaria» —desarrollada por Waldman (2021) [1] y retomada por otros analistas (Krieg y Rickli, 2018) [13]— sostiene que Estados Unidos ha optado por delegar en actores proxies la realización de sus guerras, manteniendo su propia fuerza militar en la sombra, operando desde las sombras (operaciones encubiertas, fuerzas especiales, drones, guerra cibernética), mientras transfiere los costos humanos y políticos a otros.
En el contexto latinoamericano, esta guerra vicaria asume la forma de una agresión multidimensional que combina sanciones económicas, manipulación mediática, financiamiento de oposiciones, reconocimiento selectivo de gobiernos y guerra cognitiva digital. El objetivo es producir un colapso inducido que justifique la intervención humanitaria o el cambio de régimen. Como señalan Main y Dangl (2019) [14], el caso venezolano representa un momento crítico para desafiar la intervención imperialista en la región: lo que está en juego no es solo un país, sino la posibilidad de que exista un proyecto soberano, independiente y antiimperialista en el hemisferio.
Para los pueblos de América Latina, la guerra cognitiva produce una subjetividad escindida. Por un lado, las clases populares que han sido protagonistas de procesos emancipatorios —el bolivarianismo en Venezuela, el evismo en Bolivia, el correísmo en Ecuador, el lulismo en Brasil— desarrollan una conciencia defensiva, una subjetividad de resistencia que se fortalece frente a la agresión externa pero que corre el riesgo de cristalizarse en una postura reactiva que dificulta la autocrítica y la renovación. Por otro lado, las clases medias y altas que se identifican con el discurso hegemónico occidental experimentan una subjetividad de resentimiento: al ver bloqueadas sus expectativas de consumo y movilidad social por la crisis económica —crisis que la guerra cognitiva les presenta como resultado de la «incompetencia» o «corrupción» del gobierno popular, y no como efecto de las sanciones y la guerra económica—, estas clases se vuelcan hacia posiciones políticas cada vez más radicalizadas, llegando a justificar la intervención extranjera.
A escala global, la guerra cognitiva produce un efecto aún más inquietante: la disolución del principio de realidad. En un mundo donde cada hecho puede ser negado, cada verdad puede ser disputada y cada narrativa puede ser fabricada, la posibilidad misma del conocimiento objetivo —condición de posibilidad de cualquier política emancipatoria— se ve socavada. La guerra cognitiva no busca convencer, sino confundir; no busca ganar adeptos, sino neutralizar la capacidad de juicio. Es, en este sentido, una guerra contra la razón histórica misma.
Para cerrar en tono dialéctico
Entre la determinación estructural y la agencia histórica
Desde una perspectiva dialéctica, la guerra cognitiva no es un destino ineluctable ni una fuerza todopoderosa. Como toda forma de lucha de clases, encuentra sus límites en las condiciones materiales y en la praxis de los sujetos históricos. El fracaso del intento de derrocar a Maduro en 2019 —a pesar de la maquinaria cognitiva global desplegada a su favor— demuestra que la guerra cognitiva, por sí sola, no puede suplir la ausencia de una base social sólida ni la falta de una correlación de fuerzas favorable en el terreno material (Buxton, 2019) [6].
La guerra cognitiva ha mutado y se ha sofisticado, pero la contradicción fundamental que recorre la historia latinoamericana —la que enfrenta a los proyectos de soberanía popular con los intereses del imperialismo y sus aliados locales— permanece intacta. Lo que ha cambiado es el escenario donde esta contradicción se dirime: de los campos de batalla físicos, la guerra se ha trasladado a los territorios de la conciencia. Pero la conciencia, como nos enseñó Marx, no es una esfera autónoma de la realidad: es expresión y reflejo —activo, no pasivo— de las condiciones materiales de existencia.
El mayor peligro de la guerra cognitiva no reside en su capacidad de engañar, sino en su capacidad de desmovilizar, de producir una subjetividad fatalista que acepte la realidad presente como inmutable. Frente a ello, la tarea del pensamiento crítico —y de la praxis política que le corresponde— es restituir el vínculo entre la experiencia vivida y la comprensión de la totalidad social, entre el sufrimiento cotidiano y sus causas estructurales, entre la memoria histórica de las luchas pasadas y la posibilidad de un futuro emancipado.
Como sostienen Petras y Veltmeyer (2018) [15] en su análisis de la lucha de clases en América Latina, cada avance del capital en la región ha generado una respuesta correspondiente de las clases trabajadoras y populares. La guerra cognitiva es el más reciente capítulo de esta dialéctica de dominación y resistencia. La pregunta que se abre ante nosotros —pueblos de Venezuela, de América Latina y del mundo— es si seremos capaces de desarrollar las formas organizativas, las subjetividades y las conciencias que nos permitan no solo resistir, sino vencer en este nuevo terreno de batalla.
Referencias
[1] Waldman, T. (2021). Vicarious Warfare: The Counterproductive Consequences of Modern American Military Practice. Contemporary Security Policy, 38(3), 409-431. https://doi.org/10.1080/13523260.2017.1393201
[2] Tan, A., & Perlmutter, D. (2006). The more you know, the less you understand: The problem with information warfare. Journal of Strategic Studies, 29(3), 497-521. https://doi.org/10.1080/01402390600765900
[4] Forelle, M., Howard, P., Monroy-Hernández, A., & Savage, S. (2015). Political Bots and the Manipulation of Public Opinion in Venezuela. SSRN Electronic Journal. https://doi.org/10.2139/ssrn.2635800
[5] Hesketh, C. (2019). A Gramscian Conjuncture in Latin America? Reflections on Violence, Hegemony, and Geographical Difference. Antipode, 51(4), 1179-1199. https://doi.org/10.1111/anti.12559
[7] López-Rodríguez, A. M. (2021). Legal Consequences of and Approaches to the Question of Recognition of a Government of a State: Disputes involving Venezuela. ICSID Review – Foreign Investment Law Journal, 36(3), 491-514. https://doi.org/10.1093/icsidreview/siab022
[8] Mooney, J. (2021). Economic Sanctions, International Law, and Crimes Against Humanity: Venezuela’s Referral to the International Criminal Court. American Journal of International Law, 115(2), 305-312. https://doi.org/10.1017/ajil.2021.20
[9] Melo, B. P. (2018). To Be or Not to Be, That Is the Question?—Fragments of Marxist Theory on the Movements of Class Consciousness. International Critical Thought, 8(1), 102-118. https://doi.org/10.1080/21598282.2018.1430602
[10] Hawkins, K., Rovira Kaltwasser, C., & Andreadis, I. (2018). Polarization, Participatory Democracy, and Democratic Erosion in Venezuela’s Twenty-First Century Socialism. The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science, 681(1), 62-79. https://doi.org/10.1177/0002716218817733
[11] Morozov, E., & Erofeev, S. (2017). Hybrid wars: the archaization of political consciousness and involution of media. Russian Journal of Communication, 9(1), 62-76. https://doi.org/10.1080/19409419.2017.1323177
[12] Luz, N., & Miller, E. (2020). Minimal Effects, Maximum Panic: Social Media and Democracy in Latin America. Social Media + Society, 6(4), 1-12. https://doi.org/10.1177/2056305120984452
[15] Petras, J., & Veltmeyer, H. (2018). Class Struggle Back on the Agenda in Latin America. Journal of Developing Societies, 34(1), 1-23. https://doi.org/10.1177/0169796×17753000
[17] Morales, G. (2018). Comparative analysis of the emerging projects in Latin America after the crisis of the neoliberal modernity project in the early 21st century. Thesis Eleven, 149(1), 48-66. https://doi.org/10.1177/0725513618813382
[18] Robinson, W. I. (2024). Downplaying U.S. Imperialism Despite its Ongoing Tenacity: The Latin American Dimension. Latin American Perspectives, 51(2), 3-22. https://doi.org/10.1177/0094582×241256896
Nota al pie
* La archaización de la conciencia política, es un fenómeno contemporáneo en el que los discursos, comportamientos y estructuras mentales de la política moderna retroceden hacia formas más primitivas, emocionales o tribales. Este proceso implica abandonar el debate racional y la complejidad democrática en favor de la dinámica basadas en la división, la identidad grupal y líderes. Se puede reconocer en este fenómeno características y formas de expresión que evidencia culturas políticas populistas y emocionales, donde la conciencia política se deforma a alejarse de la comprensión estructural de los problemas y enfocarse en el odio, el rencor social y la división. As mismo, encontramos formas de tribalismo, como un retorno a la lógica de “amigo-enemigo”, donde la pertenencia al grupo es más importante que las propuestas políticas. Se expresa también el liderazgo paternalista, que muestra la reaparición de figuras de autoridad vistas como “pastores del pueblo”, un concepto arcaico descrito por plato donde el líder asume un rol educador o paternalista sobre la ciudadanía. Por último, podemos encontrar la desinformación como herramienta, creando un contexto que permite que la desinformación alimente este retroceso, afectando la toma de decisiones razonables.
Este fenómeno se ve alimentado por la lucha por recursos, la polarización y la arremetida de intereses económicos. En lugar de una conciencia política basada en la ciudadanía moderna, se promueve una que busca “salvadores” o respuestas simples a crisis complejas. La archaización busca concentrar el poder en figuras que apelan a pasiones primarias, eliminado la racionalidad. Es un retroceso hacia formas autoritarias o tribales de entender el poder, impulsando por la polarización y la manipulación emocional, mientras la conciencia política sana busca transformar las relaciones de poder de manera horizontal y colectiva.
+ Ingeniero y magíster en Historia egresado de la UCV. Actualmente, doctorante en Creación Intelectual (UNESR). Decano Honorario de la Universidad Iberoamericana. Profesor Honorario de la Universidad Politécnica Territorial Alonso Gamero. Diplomático. Director del Centro de Investigación Contrahegemónica Luis Acuña de LAUICOM, investigador de la línea guerra cognitiva en LAUICOM. Coordinador de la Red Internacional de Investigación Antifascista. / pedropenso@gmail.com
Prensa LAUICOM – Culminó este jueves en la Corte Federal del Distrito Sur de Manhattan la segunda audiencia previa al juicio contra el presidente de Venezuela Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, secuestrados el pasado enero por fuerzas estadounidenses.
El juez federal Alvin Hellerstein presidió la sesión de aproximadamente hora y media, en la que se abordaron temas clave como el financiamiento de la defensa, la protección de testigos y la salud de los acusados.
La defensa solicitó usar fondos del Estado venezolano para pagar los abogados, argumentando que las sanciones de Estados Unidos violan derechos constitucionales, mientras que la fiscalía defendió el bloqueo de esos recursos.
El juez no emitió una decisión inmediata y se reservó el fallo para una fecha próxima, manteniendo por ahora la supervisión del Departamento de Justicia sobre esos fondos.
Sin embargo, Hellerstein sí dictó dos órdenes de ejecución inmediata:
Prohibió que terceras personas accedan al material probatorio del Gobierno estadounidense, con el fin de proteger la identidad y seguridad de posibles testigos.
Autorizó, a pedido urgente de la defensa, que Cilia Flores se someta a un examen médico especializado, incluido un electrocardiograma, debido a reportes de problemas cardíacos durante su reclusión.
Tanto Maduro como Flores se declararon no culpables de los cargos, que incluyen narcoterrorismo y tráfico de drogas.
Permanecen en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn. El juez no fijó aún la fecha del juicio.
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y el secretario del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum, profundizaron este miércoles el diálogo bilateral, centrado en la minería y la energía. La reunión incluyó la participación de una delegación empresarial que acompañó al funcionario estadounidense en su visita de dos días al país suramericano.
Durante una rueda de prensa conjunta desde el Palacio de Miraflores, la mandataria anunció la próxima presentación en la Asamblea Nacional de Venezuela de una ampliación de la Ley de Minas, un paso clave para atraer inversiones con una fórmula virtuosa de «ganar-ganar». Esta nueva legislación, inspirada en los modelos exitosos de la Ley de Hidrocarburos, busca que las inversiones en Venezuela no solo generen ganancias para las empresas, sino que también contribuyan a la felicidad social, la atención y protección social del pueblo venezolano, y a la inversión en infraestructura del país.
«El gobierno de Venezuela está a la disposición para, a través de los canales de cooperación, abordar agendas concretas que beneficien tanto al pueblo de los Estados Unidos como al pueblo de Venezuela«, destacó Delcy Rodríguez.
Durante el encuentro inicial, que incluyó a la delegación empresarial estadounidense, se intercambió información clave sobre flujos de inversiones y la implementación de nuevas tecnologías para el sector minerovenezolano. La agenda abarca minerales metálicos, no metálicos, estratégicos y no estratégicos.
La presidenta encargada solicitó la colaboración de los diputados de la Asamblea Nacional para actuar con celeridad en la aprobación de esta ampliación legal. El propósito es presentar a los sectores empresariales nacionales e internacionales las oportunidades de inversión y desarrollo que ofrece el país, destacando los beneficios de tener buenas relaciones en el mundo y con Estados Unidos.
Rodríguez destacó que el presidente Donald Trump saludó esta agenda de trabajo en un mensaje público, lo que evidencia el interés mutuo en la cooperación. Venezuela reafirmó su disposición para abordar, a través de canales de cooperación, agendas concretas que beneficien a los pueblos de Estados Unidos y Venezuela.
Por su parte, el secretario del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum, expresó su satisfacción por la colaboración iniciada con Venezuela y resaltó que las oportunidades para la colaboración y sinergia entre ambos países son «ilimitadas» y con un potencial «realmente asombroso» para ambos pueblos. Subrayó la riqueza del país sudamericano: «Venezuela es un país sumamente rico, es un país que contiene grandes reservas no solamente de petróleo y de gas, sino también de minerales críticos». Enfatizó la proximidad geográfica, al señalar que, «en este mundo tan enorme, somos vecinos geográficos con mucha sinergia».
El funcionario estadounidense hizo hincapié en la «larga historia de sinergia entre nuestros dos países de producción venezolana con inversiones de los Estados Unidos» y aseguró que «las oportunidades en este momento son más grandes que nunca». Las oportunidades de inversión quedaron «sumamente claras el día de hoy, porque nos acompañan unas dos docenas de empresas estadounidenses, de las más grandes, de las más fuertes, de las mejores del mundo en minerales y minería», muchas de las cuales «ya trabajaron en Venezuela en algún momento durante su historia». Estas empresas, proyectó Burgum, representan «miles de millones de dólares en inversiones y miles de dólares en empleos muy bien remunerados».
Burgum también afirmó que la presidenta encargada Delcy Rodríguez, «al igual que presidente Trump, quiere eliminar los trámites burocráticos para que fluya esta inversión de capital», lo que facilita un ambiente propicio para el desarrollo económico y la cooperación.
El secretario estadounidense es uno de los funcionarios de más alto nivel de la Administración Trump en visitar Venezuela tras la criminal agresión militar del 3 de enero, que asesinó a más de un centenar de personas, causó cuantiosos daños materiales y derivó en el secuestro del presidente constitucional, Nicolás Maduro, y la primera combatiente, diputada Cilia Flores.
Prensa LAUICOM– La verdad se abrió paso este lunes desde los estudios de Radio LAUICOM, donde la Universidad Internacional de las Comunicaciones convocó al pueblo unido a una cita urgente con la historia.
Bajo el debate de “Bolivarianismo vs. Monroísmo”, el aire se llenó de un mensaje claro y contundente: Venezuela no se rinde ante el secuestro de su presidente constitucional, Nicolás Maduro Moros, ni de la primera dama, Cilia Flores.
Con la voz firme de Alí Rojas y la memoria lúcida de José Gregorio Linares, ambos presentadores del programa y profesores de LAUICOM, revelaron la realidad de unos tiempos difíciles.
Destacaron los crímenes de guerra ocasionados por Estados Unidos este 3 de enero contra el pueblo venezolano y de la dolorosa encrucijada que enfrenta la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.
La emisión trazó un puente directo entre las agresiones de ayer y las de hoy, recordando que el intento de dominar a América Latina es una vieja costumbre del imperio, desde las invasiones fallidas del siglo XIX hasta los ataques recientes.
El conocimiento te hace libre
Citando a Bolívar y a Simón Rodríguez, los panelistas llamaron al público a estudiar, a pensar y a entender que la única forma de vencer la mentira es con la verdad y la conciencia despierta.
En un mundo donde buscan apagarnos, escuchar estas voces es recordar que la soberanía se defiende con conocimiento y con el corazón puesto en la libertad.
¡La lucha por la liberación de Nicolás y Cilia es la lucha de todos!
La verdad tiene voz y se escucha en Radio LAUICOM
Sintoniza ahora, rompe el silencio y únete a la defensa de nuestra soberanía. ¡Que nadie se quede fuera de esta trinchera sonora!
Por Geraldina Colotti, Resumen Latinoamericano, 01 de marzo de 2026.
Nuevamente, los pasdarán de los cartuchos de tinta intentan avalar la idea de que la agresión a Irán puede conducir mecánicamente a una salida a la izquierda de la sociedad. Al igual que en Libia, Irak y Siria, se busca acreditar la tesis de que una intervención norteamericana se realiza en nombre del progreso y no de la destrucción. Esta narrativa, que pretende presentar la agresión imperialista como partera de la democracia, ignora deliberadamente los escombros humeantes de Trípoli, Bagdad y Damasco, donde la promesa de libertad se tradujo en mercados de esclavos y estados fallidos.
La actualidad nos golpea con la cruda realidad de la guerra total. Con el inicio de la operación sionista «León Rugiente» y el apoyo masivo de la «Furia Épica» estadounidense, la agresión contra Irán ha cruzado el punto de no retorno. Los bombardeos sobre Teherán, Isfahán y Qom, junto con la provocación directa contra la oficina del Ayatolá Jameneí, finalmente martirizado, no son simples operaciones militares, sino una declaración de guerra abierta contra la soberanía de los pueblos. Trump, al anunciar la destrucción de la industria de misiles y de la marina iraní, actúa como el brazo armado de una hegemonía que no tolera obstáculos.
Para comprender la ferocidad de este ataque, es necesario decodificar los dos proyectos que hoy se funden en la sangre de Teherán y Gaza: el «Gran Israel» y el «Gran Medio Oriente». El proyecto del «Gran Israel» (Eretz Yisrael Hashlema) no es solo una pretensión territorial bíblica, sino una estrategia geopolítica de fragmentación. Sus bases modernas residen en el Plan Yinon de 1982, que teorizaba explícitamente la supervivencia de Israel a través de la «balcanización» del mundo árabe: la destrucción de los estados-nación fuertes (como Irak, Siria e Irán) para reducirlos a un mosaico de entidades débiles y en perenne lucha étnica o religiosa. Lo que vemos hoy es la aplicación terminal de este plan: el aniquilamiento de la resistencia palestina para la expansión definitiva más allá de cualquier frontera legal.
A esto se une el proyecto estadounidense del «Gran Medio Oriente» (Greater Middle East Initiative). Lanzado por la administración Bush y hoy radicalizado por Trump, este plan apunta a una reestructuración total del área que va desde el Magreb hasta las fronteras con China. El objetivo no es la democracia, sino la «compatibilidad neoliberal»: derrocar a cualquier gobierno antiimperialista que rechace el dominio del dólar y el control estadounidense sobre las rutas energéticas. En esta visión, Irán representa el último gran pilar de resistencia soberana que impide el cierre del círculo unipolar.
La convergencia entre estos dos diseños crea una tenaza especular a la Doctrina Monroe de 1823. Si esta última consideraba a América Latina como el patio trasero de Washington, el binomio Trump- Netanyahu proyecta la misma lógica de sumisión sobre Asia Occidental. Irán, al igual que Venezuela, Cuba y Nicaragua, es la anomalía sistémica a eliminar porque reivindica el control soberano sobre sus recursos, algo vital incluso para la estabilidad económica de potencias como China. La imposición de la política de los hechos consumados y la asimetría del poder son ya realidades que calcan fielmente el modelo aplicado a Venezuela. Se trata de una estrategia de engaño global: mientras en apariencia se fingía negociar y se abrían mesas diplomáticas, por debajo de la mesa las centrales imperialistas preparaban la agresión militar y el secuestro de los recursos soberanos. La diplomacia, en este esquema, no es búsqueda de paz, sino una maniobra de distracción táctica para desarmar al adversario antes del golpe de gracia; algo que se sitúa en las antípodas de la democracia de paz de Venezuela que, desde Bolívar hasta el presente, tiene una sola palabra y la cumple.
Tras los fallidos intentos de «revoluciones de colores» instigados por la CIA y el Mossad el pasado enero, el imperialismo ha pasado al ataque directo. Esta asimetría se declina también en el secuestro de bienes soberanos: el saqueo de Citgo en el caso de Venezuela y el congelamiento de las reservas de oro son actos de piratería política que corren paralelos a las “sanziones”, verdaderas armas de destrucción masiva financiera que golpean a los más vulnerables, desde La Habana hasta Teherán.
El dato más inquietante sigue siendo la ausencia de una oposición real en Occidente. Las izquierdas liberales se han convertido en los departamentos logísticos de la OTAN, justificando la masacre en nombre de una democracia que solo exporta caos. Estamos sumergidos en un sonambulismo nuclear que ignora los riesgos de una deflagración global: incluso cuando, como en el caso de Italia, servimos de depósito de bombas nucleares para los Estados Unidos.
La respuesta iraní con la operación «Promesa Verdadera-4″ y los ataques a las bases estadounidenses en Al Udeid y Ali Al Salem demuestran que la resistencia es el único lenguaje que queda frente a quienes han hecho trizas la Carta de las Naciones Unidas.
El genocidio en Gaza, con un saldo real que las proyecciones estadísticas elevan a cientos de miles de víctimas, es el laboratorio de este nuevo orden. El secuestro político de Venezuela y de la figura de Nicolás Maduro y Cilia Flores es su correlato latinoamericano: si no te pliegas al modelo extractivista, eres borrado del mapa del derecho. Hoy, la lucha de Irán se une a la del pueblo venezolano y cubano. Es una batalla por la supervivencia contra un sistema que solo puede subsistir a través de la destrucción masiva. Defender estos polos de resistencia significa impedir que la fase total de la Tercera Guerra Mundial borre cualquier rastro de soberanía.
El frente antiimperialista es el único dique que queda en defensa de la paz con justicia social. El pueblo unido jamás será vencido, y solo la unidad de los pueblos bajo la bandera de «¡Abajo el imperialismo!» podrá acelerar el advenimiento de un mundo multipolare y soberano. Y socialista.