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Declaración en solidaridad con Cilia Adela Flores de Maduro

El Foro de São Paulo expresa su solidaridad y firme apoyo a la solicitud de libertad
provisional bajo régimen de detención domiciliaria de Cilia Adela Flores de Maduro,
Primera Dama de la República Bolivariana de Venezuela, y reclama que su situación sea
considerada con estricto apego al derecho internacional, al debido proceso y al respeto
irrestricto de los derechos humanos.
La Sra. Flores de Maduro atraviesa una situación de especial vulnerabilidad debido a su
delicado estado de salud cardíaca, luego de haber sido sometida a una cirugía invasiva.
Actualmente requiere medicación permanente, tiene indicada nitroglicerina ante la
eventualidad de una emergencia cardíaca y enfrenta recomendaciones médicas que
contemplan estudios coronarios y una eventual nueva intervención quirúrgica. Frente a
esta realidad, sostenemos que ninguna diferencia política puede justificar que una
persona sea privada de las condiciones necesarias para preservar su vida y su integridad
física.
Del mismo modo, recordamos que los argumentos desarrollados en los Memorandos
Jurídicos ECF 321 y ECF 325, presentados respectivamente por el Sr. Nicolás Maduro y
por la Sra. Flores de Maduro, invocan los principios del derecho internacional relativos
a la inmunidad y señalan que los dirigentes no deben estar «sujetos a detención, arresto
o humillación en el sistema jurídico de un país extranjero». In re Grand Jury Proceedings,
Doe No. 700, 817 F.2d 1108, 1110 (4th Cir. 1987).
La propia legislación estadounidense establece, el marco para determinar las
condiciones de libertad provisional antes del juicio y hay elementos concretos que
deben ser considerados: su condición de Primera Dama de Venezuela, esposa del jefe
de Estado extranjero en funciones, diputada electa y en ejercicio de la Asamblea
Nacional, la ausencia de un peligro para la comunidad y, fundamentalmente, su estado
de salud.
El Foro de São Paulo considera, que la prisión preventiva no puede convertirse en una
condena anticipada ni en un instrumento de presión o persecución política. La
presunción de inocencia, el derecho de defensa, la dignidad humana y las garantías de
un juicio justo no pueden depender de la nacionalidad, la ideología o la posición política
de quien enfrenta un proceso judicial.

Por ello, acompañamos la solicitud de libertad provisional de Cilia Adela Flores de
Maduro
bajo las condiciones propuestas ante el Tribunal: reclusión domiciliaria,
monitoreo mediante GPS, vigilancia armada permanente, entrega de los documentos
de viaje y designación de un custodio tercero aprobado por los Servicios de Supervisión
Previa al Juicio y por el Tribunal.
Estas medidas permiten conciliar las necesidades del proceso judicial con la obligación
de preservar la salud, la integridad y la dignidad de la persona sometida a proceso.
Solicitamos, por tanto, que la autoridad judicial competente haga lugar a la petición de
libertad provisional bajo régimen de detención domiciliaria de Cilia Adela Flores de
Maduro
, atendiendo especialmente a su situación médica y a las garantías ofrecidas.

El debido proceso es un derecho, no un privilegio.
La Justicia no debe ser instrumento de persecución política.
La dignidad humana debe estar por encima de toda disputa política.

Mónica Valente

Secretaria Ejecutiva

FORO DE SÃO PAULO

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Carta dirigida al Corazón de los venezolanos y venezolanas con Cabeza

Por: Dr. Fernando Buen Abad

Todas y todos repudiamos de manera firme y categórica cualquier forma de agresión imperial contra la República Bolivariana de Venezuela, porque parte del principio básico de la dignidad humana radica en reconocer que ningún pueblo puede ser sometido, asfixiado o castigado por ejercer su derecho soberano a decidir su propio destino político, económico y social.

La historia de Nuestra América está marcada por siglos de colonización, saqueo y dominación externa, y precisamente por esa memoria colectiva resulta inaceptable que, en pleno siglo XXI, se intente reeditar prácticas de intervención, bloqueo, chantaje diplomático o guerra híbrida bajo discursos que dicen defender la democracia mientras vulneran el derecho internacional y agravan el sufrimiento de las poblaciones civiles.

Nuestra solidaridad con Venezuela no es un gesto ideológico vacío ni una consigna automática, sino una postura profundamente humanista que coloca en el centro la vida, la autodeterminación de los pueblos y la necesidad urgente de resolver los conflictos por vías pacíficas, dialogadas y respetuosas.

Exigir el fin de las agresiones externas es también exigir paz, porque no puede haber paz verdadera cuando se imponen sanciones que afectan el acceso a alimentos, medicinas, energía y desarrollo, ni cuando se promueven escenarios de confrontación que buscan desestabilizar gobiernos legítimos a costa del bienestar colectivo.

Reafirmamos que América Latina y el Caribe no son patio trasero de ninguna potencia, que no aceptamos tutelajes ni órdenes disfrazadas de ayuda, y que la soberanía no se negocia ni se condiciona a intereses ajenos. Defender a Venezuela es defender el principio de igualdad entre las naciones, grandes o pequeñas, ricas o empobrecidas, y recordar que el multilateralismo solo tiene sentido si se basa en el respeto mutuo y no en la imposición unilateral.

La firmeza que reclamamos no es belicista ni excluyente, sino ética y política, una firmeza que rechaza el uso de la fuerza, las amenazas y la coerción como herramientas de la política internacional, y que apuesta por la cooperación, el diálogo y la integración regional como caminos para superar las diferencias.

Desde una perspectiva humanista revolucionaria, sostenemos que ningún proyecto geopolítico puede justificar el daño deliberado a millones de personas, ni convertir el sufrimiento social en un instrumento de presión.

La exigencia de paz implica también rechazar la desinformación, los dobles estándares y la criminalización selectiva de gobiernos que no se alinean con determinados centros de poder, así como promover una mirada crítica, informada y solidaria que permita comprender la complejidad de los procesos internos sin caer en simplificaciones interesadas.

No somos colonia de nadie, no lo fuimos cuando luchamos diariamente por la independencia, no lo seremos y esa convicción se expresa en la defensa de la soberanía venezolana como parte inseparable de la fraternidad con soberanía regional.

La autodeterminación de los pueblos no es una consigna del pasado, sino una tarea permanente que exige coherencia, memoria histórica y compromiso activo frente a cualquier intento de dominación. Por ello, llamamos a la comunidad internacional a abandonar la lógica de la comodidad complaciente y a asumir una responsabilidad de lucha real con la paz, el respeto al derecho internacional y la justicia social ante todos los conflictos, entendiendo que sólo desde la justicia, la igualdad y la solidaridad entre las naciones será posible construir un futuro en el que ningún país sea tratado como colonia y ningún pueblo sea castigado por decidir su propio camino.

Fuente: Aporrea