Por Yaloha Rodríguez
Cada 24 de junio, las venezolanas y los venezolanos conmemoramos la Batalla de Carabobo, hito militar decisivo que en 1821, bajo el liderazgo de Simón Bolívar, selló nuestra independencia del imperio español. Fue un triunfo de unidad, convicción, lucha, batalla y victoria por un futuro libre.
205 años después, la gesta heroica contrasta con un presente que nos golpea desde las entrañas de la tierra. El doble terremoto que ha sacudido una parte importante del país, no sólo ha dejado escombros y pérdidas físicas, también ha abierto grietas en el tejido emocional de una sociedad ya fatigada por tanto golpe a su integridad.
Además, un fenómeno paralelo agrava el escenario: la guerra cognitiva. Un rastrero entramado de desinformación, manipulación y discursos polarizantes cuidadosamente estructurado para diezmar la sensibilidad colectiva, lo que es peor, borrar nuestra memoria histórica para desdibujarnos.
En medio del dolor, se cuela un relato viceral de odio y desparpajo indecoroso, que busca despojarnos de nuestra identidad, de nuestra cultura y de ese sentido de pertenencia que nos define como venezolanas y venezolanos.
No es casualidad, no es ignorancia, se trata de un plan bien orquestado. Mientras unos rescatan entre los escombros la vida, por pequeña que esta parezca, otros siembran el desconcierto y la conmoción. Mientras unos lloran a sus muertos, otros fabrican narrativas para fracturar nuestra unidad. La tragedia natural se convierte así en un arma de doble filo, puede unirnos en solidaridad para la minka o puede ser utilizada para dividirnos en el caos.
Pero hay algo que el terremoto no puede destruir, ni la guerra cognitiva puede borrar, nuestra historia. Esa que escribieron Simón Bolívar, Manuel Cedeño, Pedro Camejo y los héroes anónimos en el campo de Carabobo. Esa que hoy reescribimos las y los rescatistas, bomberos, milicia, efectivos policiales, vecinas, vecinos, educadores, comunicadores, poder popular en pleno, quienes compartimos el agua, el suelo, las heridas, el llanto, las flores y hoy nos negamos a olvidar quiénes somos.
En esta fecha patria, recordamos que la independencia no se ganó solo con espadas, se ganó con la certeza de que somos un pueblo digno. 205 años después, esa certeza sigue siendo nuestra mayor trinchera.
¡Carabobo nos hizo libres, nunca más seremos esclavos!

