Tapas - Prensa (4)

La guerra cognitiva abyectadora: derrota, subjetividades y resistencias pre y post 3 de enero de 2026

Luis Delgado Arria

Universidad Internacional de las Comunicaciones

Instituto Simón Bolivar

Compañeras y compañeros: la guerra cognitiva no puede ser entendida como un mero concepto académico o intelectual. La guerra cognitiva es una nueva, creativa y siniestra praxis reproductora de la colonialidad capitalista occidental en su fase de metástasis terminal. Mediante este nuevo dispositivo de guerra epistémica neuronal, el imperialismo se ha propuesto secuestrar y traumar, retraumatizar y moldear a fuego la conciencia de clase en sí y para sí del sujeto históricamente expropiado; y así bloquear la autoconciencia de todos los pueblos de nuestra Abya Yala y de Sur Mundial, sitiando y hasta en cierto extremo imposibilitando la recuperación de todo nuestro proyecto magnificente de nueva vida plena en comunidad.

Este nuevo artefacto de guerra imperialista combina y reditúa un ataque inmisericorde contra la base material (recursos estratégicos) para luego agredir con inusitada fuerza la cognición y la emocionalidad, la espiritualidad y la voluntad de vida y de lucha de nuestros pueblos. Mediante la guerra cognitiva el capital se propone hoy anular al sujeto histórico potencialmente revolucionario mediante la sacralización de la modernidad postmoderna narcisista y psicópata como único horizonte civilizatorio imaginable. Para ello, engendra una miríada de disonancias cognitivas, distorsiones cognitivas, distorsiones ideológicas, exacerba paranoias, degrada lealtades y naturaliza alevosías. La guerra cognitiva necesita producir el asesinato epistémico de las utopías por lo que no escatima en financiar disidencias políticas y epistémicas mercenarias. Esta guerra ha mutado radicalmente post 3 de enero de 2026, fecha en que se perpetra la operación de asedio económico financiero, monetario, comercial, diplomático, simbólico y naval que culmina con la invasión, bombardeo del país y posterior secuestro del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro Moros. A partir de este marco histórico, hoy ensayaremos responder tres preguntas sugestivas.

Pregunta 1: ¿Qué es la guerra cognitiva y cómo ha mutado pre y post 3 de enero?

La guerra cognitiva es la lucha a muerte por la fabricación, circulación y fijación de un sentido común reaccionario, pueril, nihilista y post humano en la esfera pública. A diferencia de la propaganda clásica —que buscaba persuadir para imponer una línea ideológica o partidista—, la guerra cognitiva se plantea reconfigurar las estructuras inconscientes profundas del pensamiento (Lakoff, 2018) y de los horizontes civilizatorios del sujeto revolucionario, popular y creador de toda la riqueza de la historia. Esta guerra neurocognitiva opera mediante la inoculación de determinados marcos afectivo/ cognitivos, metáforas epistémico cognitivas, contratos discursivos, emociones inducidas, mutismos estratégicos y operaciones ideológicas de abyección, todo a fin de reducir el sujeto revolucionario popular y a su vanguardia a una condición de despreciable y abominable desecho humano (Kristeva, 1982).

Pre 3 de enero, la guerra cognitiva contra Venezuela se articuló en cinco ejes:

1. Abyección del liderazgo: Chávez primero, Maduro después, fueron simbólica y persistentemente construidos como entes cósicos y despreciables, amenazantes, repugnantes y hasta subhumanos. Metódicamente se les construyó como tiranos, narcotraficantes, entes rabiosos, peligrosos, enfermos y delirantes. Se produjo una representación en que todo lo que ellos tocaban, se degradaba y abyectaba. Abonaron a esto, entre otras, asonadas como la del 11 de febrero de 2002, la Operación Gedeón, crueles campañas mediáticas de linchamiento, hiperinflación inducida, escasez programada, crímenes de agresión internacional, conatos de magnicidio, asesinatos viralizados en alta mar, migración forzada, hiperinflación programada, amenazas de decapitación y el asesinato simbólico sistemático de los principales líderes del proceso, entre otros. El tsunami de agresiones multiformes fueron programados para producir un sentido absurdo y pesadillesco de la política que lo vinculara a los relatos kafkianos y orwellianos.

2. Fragmentación social: Se exaltó la lucha de clases intestinas, pero invirtiendo la ecuación histórica: la “clase alta y media” fue presentada como víctima; y el chavista de a pie como el “resentido social”, el “hampón” y hasta como “amuleto para la desgracia” y “traidor de su pueblo”.

3. Criminalización del Estado: Venezuela ha sido obsesivamente rotulada como “narcoestado” y sus lideres e instituciones, denunciados como fachadas ominosas del crimen organizado internacional, incluyendo crímenes de lesa humanidad.

4. Desposesión de la historia: Mediante diversas operaciones de hipnosis mediático y digital que construyeron una ética lacayuna y una estética alienante, en gran medida se disolvió el épico legado de la independencia y la larga lucha nacional popular.

5. Creación de una realidad paralela: El Gobierno interino de Guaidó (2019-2023) fue un artefacto cognitivo puro aunque sin control territorial.

Post 3 de enero, la guerra cognitiva ha mutado al menos en tres direcciones profundas:

Primera mutación: de la demonización a la lástima.

Antes las personificaciones del capital decían “Maduro es un dictador”. Ahora se dice “el presidente y el gobierno encargado han sido secuestrados y sobreviven con una pistola en la nuca”. Esta metáfora, analizada con Lakoff (2018), construye una ontología del rehén: quien gobierna es una víctima que debe aceptar gravosas y humillantes condiciones apenas para sobrevivir. Enunciado así, la sumisión pareciera tornarse una fatalidad inescapable.

Segunda mutación: la guerra cognitiva de la derrota anticipada.

Se viraliza el eslogan: “Irán no es Venezuela”. Estamos ante una metáfora comparativa que enmarca a Irán como el sujeto pleno y soberano; y a Venezuela como el objeto venal e incapaz de defender la soberanía. Este marco cognitivo induce a lo que Martín-Baró (1990) llamaba “fatalismo del oprimido”: la creencia naturalizada de que no hay alternativa real produce un efecto de desencanto y desmovilización enorme: ―Como no somos Irán, no resistamos.

Tercera mutación: la guerra cognitiva de la administración posbélica.

Ya hoy no se trata de abatir al gobierno que encarna al enemigo de clase —tal se asume que se logró militarmente el 3 de enero—, sino de hacer aceptable, virtuosa y hasta de naturaleza ejemplar y hasta fructífera la derrota. Se induce un nuevo sentido común: “lo importante es salvar lo que se pueda”, “lo único viable es el pragmatismo” y el “realismo de Estado”. Tal es la racionalidad pragmática de sumisión tras cuyo positivismo mecanicista se reduce la praxis política a meras relaciones de fuerza sin sujeto. Tal visión positivista y maniquea comprime la lucha de clases a un esquema blanco/ negro sin posibilidad dialéctica de grises y colores desde donde rearticular la lucha.

En síntesis: la guerra cognitiva ha pasado de ser un arma de derrocamiento cruento en Venezuela a una tecnología política de subyugación y domesticación del vencido. Y para ello el metabolismo social del capital personificado en el gobierno de Estados Unidos está apelando a categorías históricas de la izquierda: realismo, prudencia estratégica, necesidad, cuidado del pueblo, lo cual la torna aún más desmovilizadora y peligrosa.

Pregunta 2: Efectos sobre las subjetividades de clase y de pueblos en Venezuela, América Latina y el mundo

Los efectos de esta guerra mutante no son homogéneos. Distinguimos tres niveles.

En Venezuela

La principal disonancia cognitiva se produce entre la larga memoria histórica de la resistencia épica venezolana originaria, bolivariana y chavista y la evidencia empírica aplastante de las consecuencias de la reciente derrota. El militante chavista de base escucha que “no hay tutelaje” al tiempo que es bombardeado en medios y redes digitales con lecturas maniqueas y sesgadas de la apertura de concesiones petroleras, gasíferas y mineras a trasnacionales occidentales. ¿Qué ocurre en este caso en la psique del ciudadano de a pie? Experimenta lo que Jung llamaba sombra proyectada: atribuye la negociación táctica para ganar tiempo y salvar a la población de nuevos bloqueos y bombardeos masivos a “aislados pero poderosos sectores entreguistas” dentro del gobierno, pero manteniendo casi intacta la fe en el gobierno bolivariano. Aflora así un mecanismo cognitivo disonante que permite seguir militando, pero sin comprender o asumir las determinaciones, contradicciones, riesgos y desafíos de la reciente derrota militar y de las décadas de asedio económico comercial y financiero.

Las clases populares —barrios, comunas, CLAP, sectores medios adherentes del bolivarianismo— experimentan un efecto de abyección inducida: son bombardeados con una campaña de mensajes que explícita o implícitamente enuncian “los socialistas nunca fueron una alternativa real” o “tanto intentar nadar en los mares del socialismo para morir en la orilla del imperialismo”. Tal campaña pudiera producir el efecto que Hinkelammert (1984) llamaba fetichismo de la factibilidad: se acepta la nueva realidad subalterna existente como la única alternativa fáctica e histórica. El riesgo de ello podría ser el aumento de la pasividad, la despolitización y el refugio en economías subterráneas e informales.

En el terreno de las clases y movimientos populares, se observa una triple fractura. Primero, el chavismo radical –sectores militarizados y comunales– mantienen una lealtad férrea, pero con relativa capacidad de incidencia. Segundo, una nueva tecnocracia emergente occidentalizada aplaude la apertura condicionada como “realismo patriótico”. Tercero, las clases populares urbanas y campesinas gestionan la supervivencia en el marco de una crisis agudizada por la incertidumbre, la confusión y la inflación.

Este escenario exige una relectura gramsciana: la hegemonía estadounidense se ejerce hoy no tanto mediante la ocupación militar clásica, sino mediante la producción de consentimiento ante la categórica indefensión militar frente a un enemigo que exhibió fuerzas abrumadoras. Estados Unidos ha recalcado de mil modos que las reservas energéticas de Venezuela son en realidad sus verdaderas reservas energéticas estratégicas. Seguir apostado entonces a desarrollar al país centralmente bajo el paraguas económico petrolero luce cada vez más ilusorio. La metáfora del “cerebro productor de conocimiento”–en lugar del país extractivo– apunta a construir una nueva subjetividad de clase que, sin negar la asimetría de poder, siembre las bases materiales y cognitivas para una futura victoria estratégica continental, pero fundamentalmente a largo plazo. La tarea histórica es, entonces, organizar la nueva producción de la nueva conciencia histórica revolucionaria y la nueva base material, pero con base en la agregación masiva de valor a bienes y servicios, siguiendo los ejemplos de países sin grandes recursos estratégicos tales como India, Vietnam, Japón y los llamados tigres asiáticos.

En América Latina

La guerra cognitiva post 3 de enero ha inducido una nueva oleada de mimetismo neoliberal. Los gobiernos autodenominados “progresistas” (Brasil, Colombia, Chile, México) observan la deriva de Venezuela y parecieran extraer una lección retorcida: “resistir más allá de cierto punto acarrea invasión y destrucción total”. Así, los discursos de “moderación”, negociación asimétrica y “diálogo forzoso con el imperio” se blindan. Se instala la metáfora del cordero que se sabe sacrificable: mejor pactar con EE.UU. desde el principio antes que terminar bloqueado, bombardeado y a la postre simbólica y políticamente decapitados sus líderes, como en Venezuela.

En el mundo

A escala mundial, el efecto primordial parece ser la resignación geopolítica. China y Rusia, que antes sostenían férreamente a Venezuela como socio estratégico y enclave simbólico innegociable, ahora parecieran buscar administrar sus intereses en Venezuela directamente con EE.UU. La transición hacia un “mundo multipolar” en America Latina se presenta entonces hoy como una suerte de ficción, al menos hasta que se logre articular un bloque soberanista en los planos militar, económico, financiera y científico tecnológico en el conjunto del sur mundial. Se consolida así en la región el horizonte idealista y borroso que Hobsbawm (2004) anticipó: la posmodernidad política como gesto idealista simbólico, pero aún sin un proyecto histórico concreto.

La derrota táctica del 3 de enero de 2026 no solo implicó la captura de Nicolás Maduro y la instauración de un gobierno encargado bajo influencia fáctica de Estados Unidos; reconfiguró, además, las coordenadas geopolíticas y de clase en el tablero regional y global. En el plano interestatal, China y Rusia pasaron de un abierto respaldo económico financiero, comercial y diplomático a Venezuela a un cierto pragmatismo transaccional: reconocen al gobierno de Delcy Rodríguez como interlocutor válido, pero condicionan su cooperación a garantías de pago y estabilidad jurídica para sus inversiones, relativizando la retórica alter mundialista y antiimperialista previa. La Unión Europea y Brasil, por su parte, normalizan la relación con Venezuela bajo el discurso de “restauración democrática”, legitimando la nueva situación como “diplomacia de resultados”. Los únicos polos de resistencia geopolítica ideológica política que sobreviven en la región son Nicaragua y Cuba, cuyas fragilidades económicas producto de décadas de asedio político, económico y financiero les dificultan proyectar fuerza significativa en el marco del gran reacomodo geopolítico impulsado por los grandes bloques.

Pregunta 3: ¿Cómo enfrentar hoy la guerra cognitiva?

Enfrentar esta guerra contra la percepción del mundo, la atención en lo estratégico, el procesamiento inteligente mediante el despliegue de todos los tipos de inteligencias, la memoria histórica y la voluntad creativa y de resistencia reclama trascender el lamento y tratar el trauma civilizatorio para lograr asumir una posición de insurgencia epistémica y negociación táctica para asumir una hoja de ruta capaz de gestionar una transición realista hacia una futura victoria estratégica. A tal efecto, proponemos cinco ejes estratégicos y tácticos:

1. Descolonizar la subjetividad del sujeto histórico: el primer frente

Como planteó Dussel (2014), la liberación comienza cuando el oprimido descubre que sus propias categorías de percepción, análisis de la realidad y marcos emotivos y conceptuales, marcos epistémicos e institucionales fueron impuestos por siglos por el opresor. La guerra cognitiva nos ha atiborrado de marcos cognitivos falseados: “civilización abortada”, “continente enfermo”, “país paciente” “realismo fatalista”, “factibilidad ingenua”, “there is not alternative”, “pistola en la nuca”, et al. Debemos subvertir tales marcos y desarrollar una hermenéutica de la sospecha permanente respecto de cualquier discurso que naturalice la minoría de edad, la dependencia, la capitulación y la derrota. Ellacuría (2014) nos enseñó: la filosofía de la liberación no es contemplación de una realidad histórica social coagulada y eterna; muy al contrario, es la toma concreta de una postura ética e histórica en favor de los humildes. Frente al pragmatismo de la inercia, oponer la radicalidad de la vida y la esperanza —no ingenua, sino dialéctica: que sabe que las derrotas (tácticas) hacen parte de la transición (estratégica) hacia una formación social por primera vez en la historia genuinamente soberana y humana.

2. Alfabetización cognitiva popular

No basta con denunciar noticias engañosas (fake news), palangre (fare news) y noticias hiperreales (deep fakes). Requerimos repensar y multiplicar talleres de deconstrucción metafórica en televisoras y radios, redes digitales y barrios, sindicatos y ministerios, partidos políticos y comunas. Urge enseñar a nuestros pueblos a identificar los marcos de Lakoff: cada vez que oigan: “Irán no es Venezuela” deben preguntarse: ¿quién se beneficia de que yo crea que no fuimos o somos valientes o capaces? Cada vez que oigan: “pistola en la nuca”, preguntarse: ¿acaso el gobierno y el pueblo no tienen márgenes de creatividad y maniobra que no estamos todavía desplegando? Es decir, devolver el poder creativo y subversivo al pueblo. Martín-Baró (1990) llamó a esta praxis desideologización crítica: sustituir la ideología moderno burguesa funcional al imperialismo capitalista por una conciencia de los intereses históricos nacional populares y una conciencia de clase expropiada con la madurez para entender los pasos lentos y hasta en zigzag, pero concretos de transición planificada a un socialismo viable protagonizados por el pueblo desde la utopía entrelazada con la materialidad de la vida.

3. Reconstruir la heroica memoria histórica subalterna

La guerra cognitiva triunfa cuando logra que los derrotados descrean, nieguen y hasta odien su propia historia y condición de clase. Nuestra tarea es reconstruir —con método historiográfico riguroso—las conquistas épicas del pueblo venezolano y del chavismo: emancipación del mediodía de America, disminución de la pobreza extrema, derrota del analfabetismo, soberanía alimentaria relativa, misiones sociales universales, parlamentarismo y diplomacia popular. Es preciso reescribir la historia no para idealizar o sobreestimar lo alcanzado, sino para identificar los descarríos y asimismo demostrar que otro mundo fue posible y, por ende, bien puede y debe volver a serlo. Hobsbawm (1994) nos brindaba una lección invaluable: la historia de los de abajo no es lineal y ascendente. La historia de la lucha de clases entraña avances, retrocesos y derrotas, pero esos descarríos y derrotas pueden y deben ser el fermento para la siguiente ofensiva.

4. Estrategia comunicacional de contra-marcos

Proponemos construir cinco metáforas alternativas:

  1. En lugar de “pistola en la nuca”, o “el pie en el cuello” (retomando a George Floyd), decir que la abeja reina opta por conceder parte de la miel del panal al hambriento león con tal de preservar la colmena: mediante esta nueva metáfora cognitiva instalamos un nuevo marco para evidenciar la violencia estructural que ejerce EE.UU., des posicionando la supuesta “internalización del estado de sujeción” por parte del gobierno encargado y el pueblo.
  2. En lugar de “Irán no es Venezuela”, decir “Vietnam fue efectivamente asolado y estaba gravemente dividido y, sin embargo, con lealtad, tenacidad y el sacrificio de generaciones, derrotó al imperialismo”. Urge romper el marco comparativo que nos coloca como país en condición de sumisión estructural.
  3. En lugar de “realismo pragmático” deberíamos decir que estamos en medio de una “negociación táctica para lograr la salvación nacional; y que, tras superar el estado de extremo peligro civilizatorio, en una mejor correlación geopolítica de fuerzas, retomaremos la utopía del proyecto bolivariano nacional, nuestroamericano y sur mundial”. El nuevo orden mundial antimperialista y anticapitalista no es algo que puede definir a voluntad un solo país. Es una reconfiguración histórica y dolorosa en la que la proximidad geográfica con cada hegemón es una realidad imposible de sortear u ocultar. Decir que China y Rusia colocaron la línea roja en Irán y no en Venezuela obedece a una compleja combinación de factores uno de los cuales es la vecindad geográfica, factor este que es inmodificable.
  4. “El bambú que se dobla para no quebrarse”. El bambú, símbolo de la resistencia flexible en la tradición china, no se opone al viento huracanado con rigidez. Se inclina hasta el suelo, permite que la tormenta pase sobre él, y luego vuelve a erguirse intacto. En la confrontación civilizatoria, retroceder no es rendirse; es preservar el nudo vital bajo tierra. Cuando la potencia enemiga despliega su abrumadora superioridad tecnológica y militar, el bambú retrocede: reduce su perfil, desconcentra sus activos, suspende operaciones que serían masacradas. Pero ese retroceso es activo: las raíces del bambú —la educación popular, las redes de confianza, la economía de subsistencia— se expanden en la clandestinidad. El tiempo de avanzar llega cuando la tormenta se debilita o cuando se ha identificado una fisura en el blindaje enemigo. Como escribió la estratega china Zhuge Liang en el Manual del Arte de la Guerra en tiempos adversos, “la flexibilidad no es cobardía; es la forma que tiene la vida de burlar a la muerte” (citado en Cleary, 2003, p. 89).
  5. “El agua que excava la roca sin golpearla”. El agua no compite en dureza con la roca; la roca es superior en resistencia instantánea. Pero el agua gana por duración y adaptabilidad: fluye alrededor del obstáculo, se filtra en sus grietas, cambia de estado (líquido, vapor, hielo) según la necesidad y condiciones. La potencia hegemónica es la roca: su poder es evidente, concentrado, medible. La nación asediada debe ser el agua. Avanzar cuando haya que avanzar significa filtrarse en los intersticios del sistema enemigo —sus contradicciones internas, sus aliados insatisfechos, sus propias poblaciones cansadas de la guerra—. Retroceder cuando haya que retroceder significa evaporarse: desaparecer del radar, no ofrecer un blanco fijo, hacer que los costos de la ocupación superen los beneficios. Detenerse cuando haya que detenerse significa congelarse: esperar, sin desgastarse, a que la dinámica internacional cambie. Lakoff (2006) señala que la metáfora del agua frente a la roca activa un marco de poder procesual sobre poder estructural; el primero es invisible pero implacable. Una sabia mujer africana, Wangari Maathai, lo expresó así: “No necesitas ser un martillo para mover una montaña; puedes ser el agua que, gota a gota, encuentra su camino” (Maathai, 2010, p. 57).

5. Organización de la subjetividad en redes de resistencia

Así como el coronavirus, la guerra cognitiva aísla, debilita, enferma y postra. Enfrentarla exige asumir, acomunar y comunalizar también la fragilidad y el trauma, el duelo y la rabia. Urge crear espacios presenciales y digitales en donde la gente pueda exponer y resignificar su dolor, su trauma, sus disonancias: “Sí, tras tantos esfuerzos, nos sentimos exhaustos y deprimidos, pero el pueblo de Bolivar, el pueblo de Chávez, el pueblo de las dificultades nunca va a dejar de luchar”. Hemos cometido errores, pero toda revolución los ha sufrido. La dialéctica materialista presume, precisamente, afrontarlos para superarlos. Esto es lo que Jung llamaba integración de la sombra: asumir los propios miedos, limitaciones y contradicciones en lugar de proyectarlos en chivos expiatorios.

Retomemos la lección de Gandhi y Mandela: la resistencia no es únicamente militar y política, es material, psico-espiritual, epistémica, comunal y familiar. Practicar la desobediencia civil cognitiva es negarse a dar crédito y repetir los argumentos del enemigo, a usar su lenguaje, a repetir sus marcos emocionales y cognitivos y sus metáforas cognoscitivas. Es romper con el síndrome de Estocolmo que nos vincula enfermizamente con el opresor, pero asumiendo que la diplomacia es el arte de evitar la guerra siempre que esta sea innecesaria porque, como decía Bolívar a Santander el 23 de julio de 1820: “La paz será mi puerto, mi gloria, mi recompensa, mi esperanza, mi dicha y cuanto es precioso en el mundo”. 

6. Alianzas regionales y globales descolonizadas

Frente a la nueva fase de la guerra ideológico cognitiva, necesitamos una Internacional de la deconstrucción. No se trata de reeditar la Tercera Internacional, sino de crear redes de intelectuales orgánicos, analistas críticos del discurso neocolonial, comunicadores populares y psicólogos comunitarios que compartan herramientas de detección y combate de la desinformación y la abyección desmovilizadora. Además de Venezuela, los pueblos de México, Bolivia, Cuba, Nicaragua, y los movimientos palestino, saharaui y mapuche han desarrollado experiencias de resistencia invaluables.

A modo de cierre

Compañeras y compañeros: la operación militar especial estadounidense y la guerra cognitiva pre y post 3 de enero en gran medida nos ha bloqueado ingentes recursos y nos ha despojado activos estratégicos, la normalidad y la prosperidad que merecemos. Pero no nos ha robado la aptitud ni la voluntad para reinventarnos como proyecto histórico, como país, como economía, como familia y como cuadros políticos consientes y sensibles. La condición de posibilidad de todo imperio es conseguir primero dividir para luego imperar. Pero, como dijo Chávez (2005): “la derrota es una victoria aplazada”. Apliquemos la dialéctica: la abyección mediática y digital que nos imponen puede convertirse, si la abordamos epistémica y políticamente, en una renovada conciencia de clase radicalizada. Resistir siempre y de mil modos no es opción sino nuestro destino. Construyamos, desde las cenizas del 3 de enero, una nueva pedagogía de la liberación que no tema nombrar una derrota táctica para poder trascenderla con creatividad, productividad y sagacidad estratégica. La situación de Venezuela solo puede ser justipreciada y respondida inteligentemente a la luz de una profunda y cada día más acelerada reconfiguración del orden mundial que torna cada tensión en un escenario de posible guerra mundial abierta con el ingrediente de la hecatombe nuclear. En este marco, Venezuela sigue siendo ejemplo inclaudicable de lucha y de fidelidad a una nueva comunidad horizóntica en los planos nacional, continental y mundial.

Muchas gracias.

Referencias

Chávez Frías, H. (2005). Discurso de la victoria del No. Referencia histórica.

Cleary, T. (Ed. & Trad.). (2003). The Book of Five Rings and The Art of War: Classic texts on strategy. Shambhala Publications.

Dussel, E. (2014). Filosofía de la liberación. Fondo de Cultura Económica.

Ellacuría, I. (2014). Ética fundamental. En La lucha por la justicia.

Gil de San Vicente, I. (2024). Pensar y practicar el socialismo desde América Latina. Resumen Latinoamericano.

Gramsci, A. (1975). Antología. Siglo XXI. (Trabajo original de 1930).

Hinkelammert, F. (1984). Crítica a la razón utópica. Editorial DEI.

Hobsbawm, E. (1994). Historia del siglo XX. Crítica.

Hobsbawm, E. (2004). Fiasco neoliberal produjo Chávez. Folha de S.Paulo.

Jung, C. G. (2004). Símbolos de transformación. Paidós.

Kristeva, J. (1982). Poderes de la perversión. Siglo XXI.

Lakoff, G. (2004). No pienses en un elefante: lenguaje y debate político. Editorial Complutense.

Lakoff, G. (2006). Whose freedom? The battle over America’s most important idea. Farrar, Straus and Giroux.

Lakoff, G., & Johnson, M. (2018). Metáforas de la vida cotidiana. Cátedra.

Maathai, W. (2010). Replenishing the earth: Spiritual values for healing ourselves and the world. Doubleday Religion.

Martín-Baró, I. (1990). Psicología social de la guerra. UCA Editores.

Sun Tzu. (2014). El arte de la guerra (E. Calvo, Trad.). Editorial Trotta. (Trabajo original del siglo VI a.C.)