Peregrinación, la ruta a la paz

Peregrinación

Por Carolina Escarrá Gil*

El 19 de abril inició la gran peregrinación “Unidos por una Venezuela sin sanciones y en paz”, anunciada por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien hizo un llamado a “todos los sectores políticos a dejar de lado las diferencias” y “luchar en conjunto para que cese el bloqueo y cesen las sanciones a nuestro país”, además de que continúa impulsándose la cohesión social y el reclamo por justicia en el caso de nuestro presidente Nicolás Maduro, prisionero de guerra secuestrado, así como de la primera Dama y diputada Cilia Flores, también secuestrada por el gobierno de los EE. UU.

La peregrinación inició con Zulia, Amazonas y Táchira. En Táchira, en el marco de la peregrinación, sectores productivos y sociales firmaron el “Acuerdo de Convivencia y Paz por la Eliminación de los Bloqueos y la Recuperación Económica de Venezuela”, el cual fue refrendado por representantes de la banca, empresarios, ganaderos, sector médico, universitario, deportistas y emprendedores, y fue entregado al gobernador Freddy Bernal y al ministro Diosdado Cabello. En Cojedes, en presencia de la Presidenta encargada, el gobernador opositor Alberto Galíndez, se unió a la peregrinación, indicando que el levantamiento de las medidas coercitivas unilaterales, y el acceso a nuestros recursos congelados en el extranjero, “pueda convertirse en mejoras en las condiciones de vida de los venezolanos” y en “mejores salarios para nuestro pueblo”. Así han seguido las peregrinaciones en otros estados del país.

Algunos elementos a precisar:

Por un lado, el hecho de que el inicio haya sido el 19 de abril, justo el día en que se celebra nuestro grito de independencia hace 226 años, del yugo del imperio de turno. Esto no solo refuerza el valor histórico de la fecha, sino que también refuerza un elemento identitario y soberano. 

Por otro lado, no es una marcha con consignas políticas, orientada por un partido con una ideología. Se trata de una peregrinación con sentido espiritual, de fe, de esperanza, en el marco de un reclamo de justicia social, ante esas medidas coercitivas unilaterales. Medidas  que no solo han afectado enormemente nuestra economía, sino también nos han afectado en lo social, en lo jurídico, en lo espiritual, y en el marco de nuestra resistencia contrahegemónica a la superestructura dominante que pretende ser hegemónica.

Un recorrido por lo  largo y ancho del país, para sumar voluntades en esta lucha contra las medidas coercitivas unilaterales, pero también a favor de una prosperidad que nos pertenece, porque “Venezuela vuela libre”.  Además, la peregrinación cuenta con el apoyo del presidente Nicolás Maduro y la Primera Dama, Cilia Flores, quienes se expresaron a través de las redes sociales, recalcando las ideas de unidad, libertad y unión superior del pueblo venezolano en el marco de esta peregrinación.

Venezuela Vuela Libre

Un elemento fundamental es nuestro derecho a estar libre de la coacción económica que ejercen EE. UU., la UE, Panamá, Reino Unido, Suiza y Canadá, los cuales han impuesto esas medias ilegales a nivel internacional, ya que no cuentan con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU, y dependen en gran medida de una visión de supremacismo de parte de las élites que gobiernan esos países.

Se trata de medidas que afectan a algunas figuras políticas que se encuentran en la lista de nacionales especialmente designados de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (Ofac) del Departamento del Tesoro de los EE. UU., pero también de medidas que afectan instituciones que permean la “sanción” contra todo el pueblo venezolano, cuando impiden el acceso a recursos que nos pertenecen a todas y todos los venezolanos y que pueden servir para aliviar algunos problemas sociales, especialmente vinculados a los servicios públicos y a la calidad de vida en el buen vivir de nuestro pueblo, que nos permitan lograr la máxima esgrimida por el Libertador en Angostura en relación al gobierno más perfecto: aquel que produzca la mayor suma de estabilidad política, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de felicidad posible para nuestro pueblo.

Algunos datos

De acuerdo con la página web del Observatorio Venezolano Antibloqueo, tenemos 1088 medidas coercitivas unilaterales, aunque la presidenta encargada habla de 1081; 31 toneladas de oro congeladas en el Banco de Inglaterra, además de más de 7 mil millones de dólares en otros bancos extranjeros. Llegamos a perder el 99 % del ingreso por concepto de hidrocarburos y aún así en lugar de disminuir, aumentó la inversión social de nuestro presupuesto en términos porcentuales.

En 2013 teníamos un ingreso petrolero de 53 mil millones de dólares, que en el año 2020, se ubicó en apenas 742 millones de dólares. En 2015 se producían 2,4 millones de barriles diarios, lo que bajó a apenas 400 mil barriles diarios en 2020, aunque hemos remontado a poco más de 1 millón en los momentos actuales. Hemos perdido activos importantes como Citgo que ha sido subastado por un tribunal, aunque gracias a una “licencia” del gobierno estadounidense, no se puede ejecutar hasta el 5 de mayo. 

Todo ello, con el contubernio de grupos no solo extremistas sino apátridas que mal administraron esos recursos que le fueron secuestrados al pueblo de Venezuela y entregados a esos pseudo líderes que aún hoy, abogan por más medidas coercitivas unilaterales.

Licencias no levantan “sanciones”

Además, eso nos lleva al tema de la diferencia entre las medidas coercitivas unilaterales, llamadas sanciones, por ellos, y las licencias que otorgan como migajas que pueden recoger cuando quieran para seguir presionando y afectando nuestra economía y buen vivir, licencias que cuentan con algunas limitaciones, especialmente temporales y algunas veces espaciales, pudiendo ser la mayoría de ellas modificadas según lo considere pertinente la secretaría de Estado estadounidense, que dirige actualmente Marco Rubio.

Además, me parece interesante que nosotros que abogamos por definirlas como medidas coercitivas unilaterales, ahora las llamemos sanciones, por lo cual considero que debe tener de trasfondo el hecho de que se trata de un factor de unificación, como los cinco consensos planteados por el presidente Maduro en 2024, pero que el mensaje es más para los estadounidenses que para nosotros mismos. 

En todo caso, el inicio de la campaña estuvo acompañado por mucho pueblo como lo señaló la presidenta encargada Delcy Rodríguez, quien destacó que la gente “se volcó, de verdad, a las calles en oración, en canto, en conversación”, y sobre todo en unidad nacional, para exigir se eliminen las medidas coercitivas unilaterales, como condición para la mejora del entorno económico y social del país, pues contrario a lo que se ha dicho en ciertos medios de in-comunicación, no afectan solo a particulares, sino a todo el pueblo venezolano.

* Investigadora y docente universitaria desde el año 2007, doctora en Pedagogía Crítica de la UNESR, magíster en Ciencias Políticas en la Sorbona, y en Diplomacia y Negociación Estratégica en la Universidad de Sceaux, miembro del Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual de LAUICOM y de la Red Internacional de Investigadores Antifascistas, articulista semanal en Correo del Orinoco desde 2012 / cescarragil@gmail.com.

La navidad en Venezuela

Un cuento de navidad

(en asedio)

José Garcés *

Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual

Aquella era una navidad bastante fría para los estándares caribeños, y por eso, contraria  a los pegostosos calores de los largos meses que la precedían. En la madrugada se podía sentir cómo soplaba fuerte el viento que bajaba del Junquito y por las tardes, Catia lucía una neblina que obligaba a ponerse boina y chaqueta. Por aquellos días decembrinos, las hostilidades hacia Venezuela se habían hecho cada vez más frecuentes por parte del imperio gringo; tanto que los colocaba en la inequívoca condición de país asediado. Les pusieron unos buques de guerra a pocos kilómetros de sus costas y todos los días disparaban sus misiles comunicacionales con mentiras repugnantes diciendo que vaciaron las cárceles y los manicomios para enviar a Gringolandia todo tipo de malvivientes y enfermos mentales. Alcanzaron verdaderos “prodigios de engaños” cuando dijeron que Venezuela les enviaban miles de toneladas de drogas para matar gringos inocentes. Esas eran las típicas excusas con las que el imperialismo trataba de escudarse cuando preparaba una invasión; simplemente recordemos las “temibles armas de destrucción masiva” de Saddam Hussein. Por si fuera poco, les robaron un buque petrolero y dijeron con todo desparpajo, que se iban a quedar con el petróleo. Y Todo esto apoyado por el portaviones más grande del mundo y bombarderos que iban y venían entre República dominicana, Puerto Rico y Trinidad. En terminología de guerra podríamos decir que el conflicto estaba en “Zona gris”, que es zona difusa donde no se sabe si es paz o es guerra, o lo que encierra el oxímoron: “Tensa calma”.

Ante esta situación, lo que más llamaba la atención a los focus group gringos, era que los venezolanos, además de prepararse para la guerra, como lo demostró el increíble número de personas que se alistaron (incluyendo opositores), alternaban su entrenamiento militar con gaitas, fiestones y parrandas. Los conciertos navideños habían estado particularmente abarrotados en aquellos días y el aforo de grandes salas como el Teresa Carreño o el Aula Magna se habían visto sobrepasado, por la inmensa cantidad de aguinalderos que habían comprado sus entradas para esos decembrinos musicales. En las calles caraqueñas que tradicionalmente ofrecen los consabidos estrenos, no cabía un alfiler y el gentío, como cada año, aumenta con la cercanía del 24 de diciembre.

Esos focus group que pagaba la CIA, para que les dijeran, minuto a minuto, cómo estaba el “Tono emocional” de la población venezolana, debieron sorprenderse por el contrasentido más grande que habrían visto jamás, porque los venezolanos se preparaban con la misma alegría para la parranda que para la guerra. A los gringos les debió asombrar que los venezolanos pusieran el mismo entusiasmo en defender la patria que en inventar una fiesta, y justamente en eso último radicaba el tesoro venezolano; en la creación, en hacer aparecer algo que antes no estaba.  Lo que los gringos no sabían es que ese pueblo era fundamentalmente creador. Aquello que decía Aquiles Nazoa: “Creo en los poderes creadores del pueblo” refiere una verdad muy difícil de entender para los que no han nacido en Venezuela (léase gringos). Los poderes creadores del pueblo son la capacidad de crear vida y belleza donde antes no la había. Como aquella mata verdecita a la que Alí Primera bautizó “Dorotea” y que creció obstinadamente entre el cemento y el asfalto de la autopista que conduce a El Valle. Así, cada venezolano ya había visto una Dorotea en algún insólito lugar lleno de cemento, en el que nadie sospechó nunca que haya podido albergar vida alguna vez. Así los venezolanos son por naturaleza inventores de vida, y ante cada situación difícil que han atravesado, han sabido crear algo, (algo que no estaba), para así ir enfrentado los temporales que se les han venido encima. Los venezolanos son creativos, ingeniosos, producen vida y si les dan la oportunidad, brillarán por su inventiva y por dar lo mejor que tienen a los demás. Ya lo hicieron hace doscientos años cuando salieron de sus fronteras para dar libertad con un poderoso ejército, pero no sometieron a nadie, sino que ofrecieron el bien más preciado, ese que tanto les constó alcanzar, la libertad. Pues así son, Martí dijo alguna vez; “Los venezolanos son gente hermosa, no saben contar”, y todavía son así. Los venezolanos son prolijos hasta el extremo cuando dan. No miden, sino que dan en demasía, llegando a veces a atosigar al que recibe; pero eso es algo que se perdona con un rápido guiño de ojos y una complicidad clandestina de sentimientos. Y en eso si son buenos los venezolanos, en despertar, emociones, sentimientos y camaraderías, que también forman parte del repertorio del poder de creación que tienen.

Se cuenta que cuando el Buda andaba por esta tierra, hace 2.500 años, había un bandolero terrible. Angulimala era asesino despiadado y ladrón inmisericorde, y tenía atemorizada a varias poblaciones. El Buda fue a buscarlo y Angulimala se dio cuenta de que no le tenía miedo; por el contrario, fue a darle una enseñanza. Buda le ordenó a Angulimala que cortara la rama de un árbol. Una vez que la cortó, Buda le ordenó:

—Ahora ponla otra vez en su lugar.

Cuando Angulimala se dio cuenta de que no podía hacer eso, Buda le explicó:

—Tu poder es tan limitado que sólo puede destruir la vida. ¿Y qué hay del poder de dar y preservar la vida?

Hoy, 2.500 años después, podemos hacer la comparación: ellos, los que asedian, con sus portaviones y sus destructores, lo único que pueden hacer con tanto poder es destruir, pero son incapaces de crear nada. Podemos preguntar ¿Cuál presidente de los EE. UU., ha dado a su pueblo más de 5.000.000 de viviendas? ¿Cuál presidente de EE. UU., ha salvado miles de niños de morir por haber nacido con cardiopatías congénitas? ¿Cuál presidente de EE. UU., ha garantizado un beneficio de alimentación a más del 85 % de las familias? ¿Cuál presidente de los EE. UU., ofreció vacunas gratuitas a toda la población de su país en la pandemia del Covid-19? ¿Cuál presidente de EE. UU., ofreció gasolina subsidiada a su pueblo? (y la lista de preguntas es larga). Es verdaderamente lamentable darse cuenta, de que la élite que gobierna EE. UU., con tanto dinero, solamente tiene el poder de destruir.

Recuerdo que en una presentación en el interior del país, conocí a una mujer que tenía tomada de la mano a una niña de unos cuatro años, y me decía: ¿Cómo no voy a amar a mi Presidente Chávez? ¡Es que gracias a Chávez, esta niña está viva! y le abrió la camisita a la pequeña, y pude verle una cicatriz que le corría por su pecho, se trataba de una operación de corazón que la niña recibió en Cuba, al inicio de la Revolución. Si dejamos esta narración hasta aquí, ya tiene suficiente mérito, pero todavía hay más. A esta mujer la había abandonado el marido y le habían matado a sus dos hijos durante los sucesos del Caracazo, y por eso fue a vivir a esa localidad del interior. Ya había triunfado la Revolución, y en ese pueblo conformó un círculo bolivariano, y luego una cooperativa con otras mujeres del lugar. Con la cooperativa pidieron un crédito y compraron dos máquinas profesionales de coser, con las que hicieron sábanas y lencerías, que vendían en ese y otros pueblos cercanos. Con las ganancias decidieron recoger a niños de la calle. Ya habían recogido a NUEVE niños de la calle, y una de esos niños, era  justamente la niñita que me mostraba y a la que habían operado en Cuba.

De cierto os digo que esa mujer tenía mucho más poder que cualquier hipermultimillonario gringo.  Y como suele ocurrir en los cuentos de navidad, en el momento en el que les cuento esto, el ángel de la navidad, hizo que el hipermultimillonario gringo se diera cuenta de la grandeza de esta mujer y de sus maravillosas virtudes potenciadas por la organización y la vida comunal. Y cuando este hombre, que cuenta sus ganancias en billones, reflexionó sobre esta mujer, por sus ojos asomaron dos grandes y cristalinas lágrimas, y al ser consciente de que estaba enternecido, inmediatamente, ordenó que la sacaran del algoritmo y le dirigieran un ataque con drones y misiles, para no perder la costumbre. 

Este cuento termina diciendo que, independientemente los hipermultimillonarios persistan en sus costumbres, los venezolanos ya no pudieron evitar ser creadores de vida. Los gringos seguirían destruyendo porque su limitado poder sólo sirve para eso, pero los venezolanos seguirían regando y creando vida en todos los órdenes de sus competencias.  Y así, siguieron ofreciendo a los demás, de forma prolija y en demasía, las cosas que creaban y a las que les daban vida. Y como nunca aprendieron a contar, los hijos de Bolívar siguieron regalando lo mejor que tenían; maravillas, descubrimientos y secretos de la vida en comunidad. Y así como creaban vida, siguieron disfrutando de sus navidades durante muchos años, en la convicción de que el amor es la fuerza más poderosa que existe y la organización la más efectiva. Los venezolanos aprendieron la lección de Shantideva: “No hay nada más destructivo que el odio, ni fuerza más poderosa que la paciencia” (y la tuvieron bien aprendida, un portaaviones se los enseñó).

  • Investigador del Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual de Lauicom. Psicólogo clínico. Maestría en Psicología. Cursante del Doctorado en estudios Nuestroamericanos. Profesor de la cátedra: Naturaleza de la Guerra Cognitiva.