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La guerra cognitiva como mutación del imperialismo contemporáneo: efectos sobre las subjetividades de clase y de los pueblos en Venezuela, América Latina y el mundo


Una aproximación desde la dialéctica del materialismo histórico

Pedro Penso
Director General del Centro de Investigación Contrahegemónica de la Universidad Internacional de las Comunicaciones
Red Internacional de Investigación Antifascista

La guerra como forma fenoménica de la lucha de clases en el siglo XXI


Para comprender lo que hoy llamamos guerra cognitiva y sus efectos sobre las subjetividades en Venezuela, América Latina y el mundo, es necesario partir de una proposición fundamental del materialismo histórico: la guerra no es un accidente de la historia ni una patología de las relaciones internacionales, sino una continuación de la política —y, por tanto, de la lucha de clases— por otros medios. Como nos enseñó Clausewitz, mediado por la lectura leninista, la guerra expresa, en su forma más concentrada y violenta, las contradicciones que atraviesan un modo de producción determinado.
Ahora bien, la mutación que nos ocupa —la emergencia de la guerra cognitiva como modalidad predominante de agresión imperialista en el siglo XXI— no representa un mero cambio técnico en los instrumentos bélicos. Tampoco es un fenómeno que pueda explicarse por la simple adición de «nuevas tecnologías» al repertorio militar. Se trata, más bien, de una transformación cualitativa en la forma que asume la guerra imperialista cuando las condiciones objetivas de la correlación de fuerzas global —el ascenso de nuevos polos de poder, la crisis de la hegemonía unipolar estadounidense, la emergencia de proyectos contrahegemónicos en el Sur Global— vuelven inviable la guerra clásica de ocupación territorial. Es, en palabras de algunos analistas, una guerra vicaria (Waldman, 2021) [1], que busca lograr los objetivos del imperialismo sin exponer a sus fuerzas al costo político y humano de una invasión directa.
Como sostienen Tan y Perlmutter (2006) [2], el concepto mismo de «guerra de información» encierra una paradoja: cuanto más se cree saber sobre ella, menos se comprende su dinámica real, pues la información no es un recurso neutral sino un campo de batalla donde se dirimen proyectos de sociedad antagónicos.

Mutaciones de la guerra cognitiva
Del 11 de septiembre al 3 de enero

La trayectoria de la guerra cognitiva como modalidad imperialista puede trazarse a partir de hitos que marcan saltos cualitativos en su desarrollo. Si la guerra mediática contra Irak en 1991 y 2003 mostró el poder de la manufactura del consenso (Herman y Chomsky, 1988) aplicada a gran escala, la experiencia venezolana de 2002 —el golpe de Estado mediático contra Hugo Chávez— reveló que, en América Latina, los medios de comunicación privados podían operar como arietes de desestabilización política con la misma eficacia que un batallón de infantería. Como documenta Cañizález (2003) [3], el golpe de abril de 2002 contra Chávez fue un «golpe mediático»: la televisión privada venezolana no solo informó, sino que produjo los acontecimientos, creando una realidad virtual que justificaba la ruptura del orden constitucional.


Esta primera fase —que podríamos llamar guerra mediática clásica— evolucionó hacia una forma más sofisticada con la irrupción de las plataformas digitales y las redes sociales. El uso de bots políticos para la manipulación de la opinión pública en Venezuela, estudiado por Forelle et al. (2015) [4], muestra cómo actores automatizados generan contenido que simula apoyo o rechazo popular, creando una falsa impresión de consenso o disenso. Los investigadores encontraron que los bots más activos en la conversación política venezolana eran utilizados por la oposición radical, y que se hacían pasar por líderes políticos y agencias gubernamentales más que por ciudadanos comunes.


Sin embargo, el salto cualitativo más significativo ocurre en la coyuntura que usted señala: el período pre y post 3 de enero. En esta fase, la guerra cognitiva ya no se limita a informar tendenciosamente o a manipular la opinión pública, sino que busca reconfigurar las subjetividades mismas de los pueblos, alterando su percepción de la realidad, su memoria histórica y su capacidad de agencia política. Se trata de una guerra que opera en el plano de lo que Gramsci llamó la hegemonía: la disputa no es solo por el gobierno, sino por la dirección intelectual y moral de la sociedad (Hesketh, 2019) [5].


En el caso venezolano, esta mutación se expresó en la estrategia de doble poder implementada a partir de enero de 2019, cuando Juan Guaidó se autoproclamó «presidente encargado» con el respaldo inmediato de Estados Unidos y sus aliados. Como señala Buxton (2019) [6], la estrategia de la oposición venezolana estuvo marcada por errores de cálculo y por una dependencia excesiva del respaldo internacional, lo que revela que la guerra cognitiva no puede suplir indefinidamente la falta de arraigo social y de correlación de fuerzas favorable en el terreno material.

El secuestro del derecho internacional y la ruptura del orden jurídico.


El desconocimiento de los principios más elementales del derecho internacional —la soberanía, la autodeterminación de los pueblos, la no intervención— constituye la base jurídico-política sobre la cual se despliega la guerra cognitiva contra Venezuela. La estrategia de reconocimiento selectivo de gobiernos, analizada por López-Rodríguez (2021) [7] a través del caso venezolano, revela cómo las potencias imperialistas instrumentalizan el derecho internacional para legitimar injerencias: más de cincuenta países reconocieron a Guaidó como presidente legítimo, a pesar de que Maduro ejercía el control efectivo del territorio, de las instituciones y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.


Esta fractura del orden jurídico internacional tiene consecuencias profundas sobre las subjetividades. Cuando el derecho se convierte en un arma de guerra, la percepción de lo legítimo y lo ilegítimo se desestabiliza. Sectores enteros de las clases medias venezolanas —formadas en la idea de que «Occidente» representa la legalidad y la democracia— experimentaron una ruptura cognitiva al ver que sus referentes tradicionales de autoridad moral avalaban una ficción jurídica: la de un «presidente» sin control territorial, sin ejército y sin capacidad de gobernar. Para las clases populares, en cambio, la defensa de la soberanía se convirtió en una experiencia de reafirmación identitaria, en la medida en que la agresión externa operó como catalizador de una conciencia nacional y antiimperialista.


Las sanciones económicas unilaterales impuestas por Estados Unidos —que, como documenta Mooney (2021) [8], fueron tan severas que la propia relatora especial de Naciones Unidas sugirió que podrían constituir crímenes de lesa humanidad— operan no solo como mecanismo de asfixia económica, sino como dispositivo de guerra cognitiva. Al bombardear a la población venezolana con la narrativa de que «las sanciones no afectan al pueblo sino al gobierno», y al mismo tiempo generar escasez inducida e hiperinflación, se produce una disociación esquizofrénica en la conciencia popular: se vive la catástrofe económica mientras se niega su causa real.

Efectos sobre las subjetividades de clase


El materialismo histórico nos enseña que la conciencia de clase no es un reflejo mecánico de la posición en las relaciones de producción, sino una construcción política y cultural mediada por la lucha ideológica. En este sentido, la guerra cognitiva opera directamente sobre lo que Lukács denominó la conciencia de clase psicológica (la percepción inmediata que los individuos tienen de su situación) para impedir el desarrollo de la conciencia de clase atribuida (la comprensión de los intereses históricos objetivos de su clase) (Melo, 2018) [9].


En Venezuela, el efecto ha sido paradójico y contradictorio. Por un lado, la guerra cognitiva ha profundizado la polarización de clase que ya caracterizaba la sociedad venezolana desde la llegada de Chávez al poder. Como documentan Hawkins et al. (2018) [10], la polarización en Venezuela no fue simplemente política, sino que expresó la división de la clase en la sociedad venezolana: el chavismo aglutinó a los sectores populares y a las clases medias empobrecidas, mientras que la oposición concentró a las élites económicas, a las clases medias altas y a los sectores profesionales formados bajo el paradigma neoliberal. La guerra cognitiva intensificó esta división de las clases al naturalizar las diferencias de clase como diferencias morales e identitarias: el chavista era presentado como «ignorante», «populista» o «violento», mientras que el opositor era retratado como «ciudadano», «demócrata» o «profesional».


En América Latina, la guerra cognitiva ha producido un efecto de archaización de la conciencia política, como lo denominan Morozov y Erofeev (2017) [11] en su análisis de las guerras híbridas. Este concepto se refiere al retorno de mitologías políticas arcaicas —el «enemigo interno», la «conspiración comunista», la «amenaza a la civilización occidental»— que reemplazan el análisis racional de las contradicciones sociales por una lógica amigo-enemigo despolitizada. En Brasil, la elección de Bolsonaro fue un caso paradigmático: el uso de WhatsApp como arma de propaganda masiva —analizado por Luz y Miller (2020) [12]— permitió construir una realidad paralela donde la amenaza del «comunismo» justificaba cualquier atrocidad. La guerra cognitiva, en este sentido, produce una involución de la subjetividad política: en lugar de la conciencia crítica que debiera emerger de la experiencia material de la explotación, se implanta una conciencia mistificada que identifica como enemigos a otros explotados o a proyectos emancipatorios.

La dimensión geopolítica y los pueblos: imperialismo y guerra vicaria.


La guerra cognitiva no puede entenderse al margen de la reconfiguración geopolítica global. La tesis de la «guerra vicaria» —desarrollada por Waldman (2021) [1] y retomada por otros analistas (Krieg y Rickli, 2018) [13]— sostiene que Estados Unidos ha optado por delegar en actores proxies la realización de sus guerras, manteniendo su propia fuerza militar en la sombra, operando desde las sombras (operaciones encubiertas, fuerzas especiales, drones, guerra cibernética), mientras transfiere los costos humanos y políticos a otros.


En el contexto latinoamericano, esta guerra vicaria asume la forma de una agresión multidimensional que combina sanciones económicas, manipulación mediática, financiamiento de oposiciones, reconocimiento selectivo de gobiernos y guerra cognitiva digital. El objetivo es producir un colapso inducido que justifique la intervención humanitaria o el cambio de régimen. Como señalan Main y Dangl (2019) [14], el caso venezolano representa un momento crítico para desafiar la intervención imperialista en la región: lo que está en juego no es solo un país, sino la posibilidad de que exista un proyecto soberano, independiente y antiimperialista en el hemisferio.


Para los pueblos de América Latina, la guerra cognitiva produce una subjetividad escindida. Por un lado, las clases populares que han sido protagonistas de procesos emancipatorios —el bolivarianismo en Venezuela, el evismo en Bolivia, el correísmo en Ecuador, el lulismo en Brasil— desarrollan una conciencia defensiva, una subjetividad de resistencia que se fortalece frente a la agresión externa pero que corre el riesgo de cristalizarse en una postura reactiva que dificulta la autocrítica y la renovación. Por otro lado, las clases medias y altas que se identifican con el discurso hegemónico occidental experimentan una subjetividad de resentimiento: al ver bloqueadas sus expectativas de consumo y movilidad social por la crisis económica —crisis que la guerra cognitiva les presenta como resultado de la «incompetencia» o «corrupción» del gobierno popular, y no como efecto de las sanciones y la guerra económica—, estas clases se vuelcan hacia posiciones políticas cada vez más radicalizadas, llegando a justificar la intervención extranjera.


A escala global, la guerra cognitiva produce un efecto aún más inquietante: la disolución del principio de realidad. En un mundo donde cada hecho puede ser negado, cada verdad puede ser disputada y cada narrativa puede ser fabricada, la posibilidad misma del conocimiento objetivo —condición de posibilidad de cualquier política emancipatoria— se ve socavada. La guerra cognitiva no busca convencer, sino confundir; no busca ganar adeptos, sino neutralizar la capacidad de juicio. Es, en este sentido, una guerra contra la razón histórica misma.

Para cerrar en tono dialéctico.


Entre la determinación estructural y la agencia histórica
Desde una perspectiva dialéctica, la guerra cognitiva no es un destino ineluctable ni una fuerza todopoderosa. Como toda forma de lucha de clases, encuentra sus límites en las condiciones materiales y en la praxis de los sujetos históricos. El fracaso del intento de derrocar a Maduro en 2019 —a pesar de la maquinaria cognitiva global desplegada a su favor— demuestra que la guerra cognitiva, por sí sola, no puede suplir la ausencia de una base social sólida ni la falta de una correlación de fuerzas favorable en el terreno material (Buxton, 2019) [6].


La guerra cognitiva ha mutado y se ha sofisticado, pero la contradicción fundamental que recorre la historia latinoamericana —la que enfrenta a los proyectos de soberanía popular con los intereses del imperialismo y sus aliados locales— permanece intacta. Lo que ha cambiado es el escenario donde esta contradicción se dirime: de los campos de batalla físicos, la guerra se ha trasladado a los territorios de la conciencia. Pero la conciencia, como nos enseñó Marx, no es una esfera autónoma de la realidad: es expresión y reflejo —activo, no pasivo— de las condiciones materiales de existencia.


El mayor peligro de la guerra cognitiva no reside en su capacidad de engañar, sino en su capacidad de desmovilizar, de producir una subjetividad fatalista que acepte la realidad presente como inmutable. Frente a ello, la tarea del pensamiento crítico —y de la praxis política que le corresponde— es restituir el vínculo entre la experiencia vivida y la comprensión de la totalidad social, entre el sufrimiento cotidiano y sus causas estructurales, entre la memoria histórica de las luchas pasadas y la posibilidad de un futuro emancipado.


Como sostienen Petras y Veltmeyer (2018) [15] en su análisis de la lucha de clases en América Latina, cada avance del capital en la región ha generado una respuesta correspondiente de las clases trabajadoras y populares. La guerra cognitiva es el más reciente capítulo de esta dialéctica de dominación y resistencia. La pregunta que se abre ante nosotros —pueblos de Venezuela, de América Latina y del mundo— es si seremos capaces de desarrollar las formas organizativas, las subjetividades y las conciencias que nos permitan no solo resistir, sino vencer en este nuevo terreno de batalla.

Referencias:


[1] Waldman, T. (2021). Vicarious Warfare: The Counterproductive Consequences of Modern American Military Practice. Contemporary Security Policy, 38(3), 409-431. https://doi.org/10.1080/13523260.2017.1393201
[2] Tan, A., & Perlmutter, D. (2006). The more you know, the less you understand: The problem with information warfare. Journal of Strategic Studies, 29(3), 497-521. https://doi.org/10.1080/01402390600765900
[3] Cañizález, A. (2003). Breaking Democracy: Venezuela’s Media Coup. Media International Australia, 108(1), 75-85. https://doi.org/10.1177/1329878×0310800114
[4] Forelle, M., Howard, P., Monroy-Hernández, A., & Savage, S. (2015). Political Bots and the Manipulation of Public Opinion in Venezuela. SSRN Electronic Journal. https://doi.org/10.2139/ssrn.2635800
[5] Hesketh, C. (2019). A Gramscian Conjuncture in Latin America? Reflections on Violence, Hegemony, and Geographical Difference. Antipode, 51(4), 1179-1199. https://doi.org/10.1111/anti.12559
[6] Buxton, J. (2019). The Missteps of Venezuela’s Opposition—Again. NACLA Report on the Americas, 51(2), 125-130. https://doi.org/10.1080/10714839.2019.1617472
[7] López-Rodríguez, A. M. (2021). Legal Consequences of and Approaches to the Question of Recognition of a Government of a State: Disputes involving Venezuela. ICSID Review – Foreign Investment Law Journal, 36(3), 491-514. https://doi.org/10.1093/icsidreview/siab022
[8] Mooney, J. (2021). Economic Sanctions, International Law, and Crimes Against Humanity: Venezuela’s Referral to the International Criminal Court. American Journal of International Law, 115(2), 305-312. https://doi.org/10.1017/ajil.2021.20
[9] Melo, B. P. (2018). To Be or Not to Be, That Is the Question?—Fragments of Marxist Theory on the Movements of Class Consciousness. International Critical Thought, 8(1), 102-118. https://doi.org/10.1080/21598282.2018.1430602
[10] Hawkins, K., Rovira Kaltwasser, C., & Andreadis, I. (2018). Polarization, Participatory Democracy, and Democratic Erosion in Venezuela’s Twenty-First Century Socialism. The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science, 681(1), 62-79. https://doi.org/10.1177/0002716218817733
[11] Morozov, E., & Erofeev, S. (2017). Hybrid wars: the archaization of political consciousness and involution of media. Russian Journal of Communication, 9(1), 62-76. https://doi.org/10.1080/19409419.2017.1323177
[12] Luz, N., & Miller, E. (2020). Minimal Effects, Maximum Panic: Social Media and Democracy in Latin America. Social Media + Society, 6(4), 1-12. https://doi.org/10.1177/2056305120984452
[13] Krieg, A., & Rickli, J.-M. (2018). Surrogate warfare: the art of war in the 21st century? Defence Studies, 18(2), 159-186. https://doi.org/10.1080/14702436.2018.1429218
[14] Main, A., & Dangl, B. (2019). Venezuela: A Critical Moment to Challenge Intervention. Socialism and Democracy, 33(2), 118-125. https://doi.org/10.1080/08854300.2019.1638184
[15] Petras, J., & Veltmeyer, H. (2018). Class Struggle Back on the Agenda in Latin America. Journal of Developing Societies, 34(1), 1-23. https://doi.org/10.1177/0169796×17753000
[16] Youngers, C. (2000). Cocaine Madness Counternarcotics and Militarization in the Andes. NACLA Report on the Americas, 34(3), 16-23. https://doi.org/10.1080/10714839.2000.11722614
[17] Morales, G. (2018). Comparative analysis of the emerging projects in Latin America after the crisis of the neoliberal modernity project in the early 21st century. Thesis Eleven, 149(1), 48-66. https://doi.org/10.1177/0725513618813382
[18] Robinson, W. I. (2024). Downplaying U.S. Imperialism Despite its Ongoing Tenacity: The Latin American Dimension. Latin American Perspectives, 51(2), 3-22. https://doi.org/10.1177/0094582×241256896

Nota al pie

La archaización de la conciencia política, es un fenómeno contemporáneo en el que los discursos, comportamientos y estructuras mentales de la política moderna retroceden hacia formas más primitivas, emocionales o tribales. Este proceso implica abandonar el debate racional y la complejidad democrática en favor de la dinámica basadas en la división, la identidad grupal y lideres.


Se puede reconocer en este fenómeno características y formas de expresión que evidencia culturas políticas populista y emocionales, donde la conciencia política se deforma a alejarse de la comprensión estructural de los problemas y enfocarse en el odio, el rencor social y la división. As mismo, encontramos formas de tribalismo, como un retorno a la lógica de “amigo-enemigo”, donde la pertenencia al grupo es más importante que las propuestas políticas. Se expresa también el liderazgo paternalista, que muestra la reaparición de figuras de autoridad vistas como “pastores del pueblo”, un concepto arcaico descrito por plato donde el líder asume un rol educador o paternalista sobre la ciudadanía. Por último, podemos encontrar la desinformación como herramienta, creando un contexto que permite que la desinformación alimente este retroceso, afectando la toma de decisiones razonables.


Este fenómeno se ve alimentado por la lucha por recursos, la polarización y la arremetida de intereses económicos. En lugar de una conciencia política basada en la ciudadanía moderna, se promueve una que busca “salvadores” o respuestas simples a crisis complejas. La archaización busca concentrar el poder en figuras que apelan a pasiones primarias, eliminado la racionalidad. Es un retroceso hacia formas autoritarias o tribales de entender el poder, impulsando por la polarización y la manipulación emocional, mientras la conciencia política sana busca transformar las relaciones de poder de manera horizontal y colectiva.

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Comunicadores internacionales de 23 países exploran la autogestión vecinal en Caracas

Prensa LAUICOM – Los estudiantes pertenecientes a la cohorte XXIV del diplomado internacional en comunicación política de la Universidad Internacional de las Comunicaciones, provenientes de América Latina, el Caribe, Norteamérica, Europa y África visitaron Catia, en la parroquia Sucre, con el fin de conocer los modelos de desarrollo social y participación vecinal que se gestionan en esta populosa zona del oeste de la capital.

Los visitantes centraron su recorrido en la emblemática Casa del Obrero, allí conversaron directamente con figuras locales sobre iniciativas vinculadas al emprendimiento económico familiar, la promoción de la cultura, el deporte y los mecanismos de toma de decisiones vecinales en un sector que supera los 600 mil habitantes.

Durante el recorrido, la alcaldesa de Caracas, Carmen Meléndez, y la rectora de Lauicom, Tania Díaz, dialogaron con la comitiva internacional sobre cómo se estructuran los consejos locales y las asambleas ciudadanas para resolver necesidades del entorno y planificar la gestión de sus propios territorios.

Este intercambio, promovido en el marco de los programas de formación y vinculación de Lauicom, busca abrir canales de diálogo global y mostrar las dinámicas de organización interna de los sectores populares de Caracas desde una perspectiva académica y de campo.

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Comunicado | Venezuela felicita al pueblo de Barbados por la celebración de sus elecciones generales

Felicitamos al pueblo de Barbados por la exitosa celebración de sus elecciones generales, y extendemos nuestras congratulaciones a la primera ministra Mia Mottley por la confianza renovada de su pueblo.

Reafirmamos nuestra voluntad de seguir fortaleciendo la cooperación, la amistad y la unidad del Caribe y de América Latina; avanzando juntos por la paz, el desarrollo y la integración de nuestra región.

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Unión de Universidades de América Latina denuncia acciones de EE.UU. contra Caracas

El comité resalta que esta acción «sienta un grave precedente para el futuro de nuestra región latinoamericana y caribeña que siente gravemente amenazada su soberanía»

La Unión de Universidades de América Latina y el Caribe (UDUALC), emitió un comunicado en el que expresó su más profunda preocupación por las acciones de fuerza emprendidas por los Estados Unidos en contra de Venezuela.

El texto subraya que este tipo de intervenciones representa una amenaza directa a la soberanía de los países de la región por parte de Estados Unidos y la administración Trump.

“No es la primera vez que, durante la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos ejerce violencia militar contra diversos países, bajo las premisas de lucha antiterrorista o del combate al narcotráfico”, señala en el documento el comité ejecutivo.

No obstante, destaca que el ataque a Caracas carece de precedentes desde la invasión a Panamá en 1989, lo que constituye, según la UDUALC, un hecho de gravedad histórica para América Latina y el Caribe.

El comité resalta que esta acción «sienta un grave precedente para el futuro de nuestra región latinoamericana y caribeña que siente gravemente amenazada su soberanía».

El comunicado resalta que la UDUALC reivindica la soberanía de los países de la región y se suma a las condenas internacionales contra la intervención militar estadounidense en territorio venezolano. Asimismo, la organización académica hace un llamado al respeto del derecho internacional, en particular al cumplimiento de la Carta de las Naciones Unidas, cuyos principios prohíben el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado.

La UDUALC resaltó en su cuenta en la red social X que como institución «reafirma su papel como actor clave en la defensa del pensamiento crítico, la cooperación académica y la integración regional, subrayando que la educación no puede ser ajena a los contextos políticos y sociales que afectan a nuestros pueblos».

Este comunicado se une a la ola de rechazos que se han desatado en diversas partes del mundo en contra de lo sucedido en Caracas donde fue secuestrado el presidente Nicolás Maduro junto a la primera dama Cilia Flores en medio de un ataque al país.

El mensaje no solo refleja una postura institucional, sino también el compromiso del sector académico con los principios de autodeterminación y no intervención consagrados en el derecho internacional.

Fuente: teleSUR

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Türkiye respalda a Venezuela y cataloga como “banditismo» ataque a Venezuela

El Gobierno de Türkiye manifestó su firme apoyo a la República Bolivariana de Venezuela tras las agresiones militares ejecutadas por fuerzas de Estados Unidos contra el territorio nacional, y describió la ofensiva estadounidense como “banditismo» el cual no debe quedar impune.

A través de canales oficiales, el asesor jefe del presidente turco Recep Tayyip Erdoğan, Cemil Ertem, expresó su solidaridad con el pueblo venezolano y el presidente Nicolás Maduro, «¡Estamos del lado del pueblo de Venezuela y del presidente Maduro!”, al tiempo que calificó el asalto armado como una acción ilegal que requiere justicia internacional.

Esta declaración cobra especial relevancia dado que Turquía es un miembro activo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), bloque liderado precisamente por Washington.

Al fijar esta postura, Turquía se suma a las voces que exigen el respeto a la soberanía venezolana y el cese de la violencia armada. El pronunciamiento destaca la fractura de criterios dentro de la misma alianza atlántica frente al uso de la fuerza contra una nación soberana de América Latina.

Fuente: VTV

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Rusia: Venezuela tiene derecho a decidir su destino sin intervención externa

Venezuela debe tener el derecho de decidir su destino sin intervención desde el exterior, declaró el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, sobre el ataque de Estados Unidos (EE. UU.) contra la nación Bolivariana.

Por medio de un comunicado, la cancillería resaltó que «se debe garantizar a Venezuela el derecho a decidir su propio destino sin ninguna intervención destructiva, y mucho menos militar desde el exterior”. Asimismo, destacó que «América Latina debe seguir siendo una zona de paz, tal y como se proclamó en 2014».

La Cancillería rusa denunció que se trata de «un acto de agresión armada contra Venezuela» perpetrado por Estados Unidos. Además, el organismo diplomático indicó que las «excusas» esgrimidas para justificar los ataques contra el país latinoamericano son «insostenibles».

«La animadversión ideológica ha prevalecido sobre el pragmatismo empresarial y la voluntad de construir relaciones de confianza y previsibilidad», denunció la cartera.

En este contexto, el Ministerio de Exteriores del país euroasiático enfatizó que lo más importante es evitar una mayor escalada y buscar una salida diplomática a la situación. Añadió que Rusia parte de la base de que «todos los socios que puedan tener reclamaciones entre sí deben buscar formas de resolver los problemas a través del diálogo», además de asegurar que Moscú está dispuesta a apoyar a las partes del conflicto en este proceso.

«Reiteramos nuestra solidaridad con el pueblo venezolano y nuestro apoyo al rumbo de su liderazgo Bolivariano, orientado a la defensa de los intereses nacionales y a la soberanía del país», reza la misiva oficial.

Fuente: RT

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Solidaridad con Venezuela ante el bloqueo naval a sus buques petroleros: ¡basta de acoso imperialista!

Defender a Venezuela es defender a Cuba y toda a América Latina. Es defender a la humanidad frente a la barbarie.

El Partido Comunista de España condena de la forma más firme la decisión del presidente estadounidense Donald Trump, de imponer “un bloqueo total y completo contra los buques petroleros sancionados que entren o salgan de Venezuela”. Esta declaración constituye una violación flagrante del Derecho Internacional, un acto de piratería internacional y una agresión directa contra la soberanía del pueblo venezolano.

No se trata de una provocación retórica, sino de una política de Estado criminal que normaliza el saqueo, el castigo colectivo y la ley del más fuerte. Un bloqueo petrolero total es un acto de guerra destinado a asfixiar económicamente a un país, atacar a su población civil y forzar una rendición política. Las acusaciones fabricadas contra Venezuela cumplen la misma función que en su día las falsas “armas de destrucción masiva” en Iraq: mentiras para justificar el robo de recursos estratégicos.

Esta agresión no afecta solo a Venezuela. Es una amenaza directa contra Cuba y contra toda América Latina y el Caribe, y sienta un precedente extremadamente peligroso que pone en riesgo la paz regional y global. Defender a Venezuela hoy es defender el principio mismo de soberanía de los pueblos y la vigencia de un orden internacional basado en normas.

El Partido Comunista de España expresa su apoyo total, incondicional e irreductible al pueblo venezolano, a su gobierno legítimo, a la Revolución Bolivariana y al presidente constitucional Nicolás Maduro, que hoy resisten no solo por sí mismos, sino por todos los pueblos que se niegan a vivir sometidos al imperialismo.

Al mismo tiempo, exigimos a los Estados que no estén dispuestos a arrodillarse ante el imperio que se coordinen activamente en la resistencia frente a esta escalada belicista, imperialista y fascista. Las declaraciones formales ya no son suficientes: hacen falta medidas políticas y diplomáticas concretas.

Hacemos un llamamiento a los partidos políticos democráticos, a los sindicatos, a las organizaciones sociales y a los movimientos de defensa de los derechos humanos para que se movilicen y presionen para que nuestro gobierno se sitúe del lado correcto de la historia, rompa cualquier tibieza o complicidad con esta agresión y defienda de forma activa la soberanía del pueblo venezolano y de todos los pueblos del mundo.

Defender a Venezuela hoy es defender a Cuba, a América Latina y el Caribe. Es defender el derecho de los pueblos a existir sin ser saqueados. Es defender a la humanidad frente a la barbarie imperial.

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El gran despliegue: Real World Assets y la financiarización de la deuda estadounidense

Por: Martín Augusto Román – Tomás Martínez

«El nuevo colonialismo no usa barcos, usa algoritmos: imponer la stablecoin del dólar es el primer paso para el dominio económico total con la comunicación digital como ariete».

La nueva realidad económica se articula en torno a los Real World Assets (RWA) o Activos del Mundo Real. La tokenización que se expresa en la oferta en la criptoeconomía de acciones, oro, bienes raíces, bonos del Tesoro de EE.UU. y crédito privado, ha impulsado la capitalización de este mercado a USD 280 mil millones entre enero y julio de 2025.

El mercado de RWA tokenizado creció más del 260 % en el primer semestre de 2025, superando los USD 23 mil millones, con la deuda tokenizada del Tesoro de EE.UU., representando el 34 % de este total.

Esto significa que, sin darnos cuenta, parte de los ahorros de un latinoamericano en un fondo de inversión digital podría estar compuesto por fragmentos de deuda estadounidense tokenizada, en lugar de invertirse en proyectos locales de infraestructura o desarrollo.

La Ley GENIUS

La Ley GENIUS consolida el uso de los bonos federales del Tesoro de EE.UU. como el pilar fundamental para el respaldo de las stablecoins, lo que no solo refuerza su valor como activo seguro, sino que también abre un canal masivo y eficiente para la captación de deuda pública estadounidense a nivel global.

Para un pequeño inversor en Bogotá o Lima, esto se traduce en que las «stablecoins» que use, para protegerse de la devaluación de su moneda local están, en realidad, financiando el déficit fiscal de EE.UU., no en el desarrollo de su propio país.

Ley CLARITY

La Ley CLARITY delimita las competencias de la SEC (Securities and Exchange Commission – Comisión de Bolsa y Valores), y la CFTC (Commodity Futures Trading Commission) sobre otros criptoactivos. Este marco, aparentemente técnico, tiene implicaciones geopolíticas estructurales profundas. Al normalizar y regular los activos digitales desde el centro del sistema financiero global, EE.UU. exporta no solo un modelo de negocio, sino también un estándar de cumplimiento, regulación, supervisión y gobernanza que los países de América Latina se verán condicionados a adoptar forzosamente para no quedar desconectados y excluidos de los flujos financieros de capital.

Un ejemplo cotidiano: una FINTECH mexicana que quiera emitir un token respaldado por remesas, podría verse obligada a cumplir con normativas de la SEC, diseñadas con estándares económicos-contables-financieros para Wall Street; encareciendo así su operación y limitando su innovación para servir a su comunidad local.

Esta es una «forma paralela de crear dinero fuera del control directo de la Reserva Federal», induciendo un cambio estructural en la financiación del déficit público de EE.UU., que asciende a USD 37.000.000.000.000, junto con una deuda privada de USD 50 billones.

Proyecciones a corto plazo

Esta deuda es tan colosal que, si se distribuyera en forma percapita, a cada ciudadano estadounidense le correspondería afrontar una obligación superior a USD 110.000. Para un latinoamericano, su significación es como si toda la deuda de su hipoteca, su auto y sus tarjetas de crédito estuviera denominada en una moneda que no controla, y cuyo valor lo decide una autoridad monetaria (banco central) extranjero.

Las proyecciones más optimistas de líderes de la industria como Coinbase sugieren que hasta el 10 % del PIB mundial podría operar con «rieles criptográficos» para finales de la década. Y el mercado de stablecoins podría alcanzar billones de dólares estadounidenses para el año 2028.

El Departamento del Tesoro de EE.UU. ya ha duplicado en lo que va del año (2025), la compra de bonos federales del tesoro, en comparación con toda la compra realizada a lo largo del año 2024.

Objetivo principal

Este flujo de capital busca atraer y financiar una red global basada en el dólar digital. Mientras tanto, las reservas internacionales de América Latina y el Caribe suman USD 1.2 mil millones. Una cifra modesta frente a la capitalización de las bolsas de Shanghái, Hong Kong y Shenzhen, que en conjunto alcanzan los USD 13.3 billones de en el 2025; o los USD 62 billones de la Bolsa de Valores de Nueva York y NASDAQ.
La riqueza financiera de toda la región equivale a menos del 2 % de la capitalización de solo la bolsa de Nueva York (NYSE). Es decir, es como si el ahorro de toda una familia latinoamericana fuera una moneda de 100. Mientras el vecino (EE.UU.), tiene una bóveda con 10,000; cualquier decisión que tome el vecino sobre cómo usar su dinero afectará directamente el valor de esa moneda de 100.

Esto permite inferir que la integración de la criptoeconomía y la banca tradicional asociada al SWIFT, los servicios de la criptoeconomía y las plataformas de inversión financiera tradicionales y cripto representan el tridente que trasladará el volumen (USD 37 billones) de deuda de EE.UU. a los usuarios bancarios y no bancarios de todo el mundo, en especial a su denominada “área vital”, América Latina y el Caribe.

Más temprano que tarde, cuando un latinoamericano habitante de cualquier ciudad de América o un pequeño comerciante en el Caribe compre un «token» de oro o deuda a través de su App de banco; estará, sin saberlo, adquiriendo un fragmento de la deuda estadounidense, integrando su exiguo capital a una maquinaria financiera que no prioriza el desarrollo de su propia región. Todo esto fuera del alcance de control y supervisión de los bancos centrales de los estados nación periféricos.

Venezuela News

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Radio del Sur: 15 años al frente de la batalla Comunicacional

El 25 de febrero de 2010, el Comandante Hugo Chávez inauguró la Radio del Sur en el Teatro Municipal de Caracas, con el objetivo de  integrar la comunicación a países de América Latina, África, Asia e incluso Estados Unidos, Canadá y Europa.

«La radio penetra mucho más que la televisión, tiene menos complejidad tecnológica, menos requerimientos científico-técnico, menos requerimiento financiero, es más fácil pues y de un impacto muy grande», destacó el Comandante Chávez. 

En el lanzamiento de la Radio del Sur, el Comandante Chávez entrevistó a quienes para el momento eran sus homólogos de Argentina, Cristina Fernández; Nicaragua, Daniel Ortega y Bolivia, Evo Morales; quienes celebraron esta iniciativa que forma parte de la plataforma comunicacional al servicio de los Pueblos.

A 15 años de su creación, esta trinchera comunicacional continúa al frente con ética, valores y principios, informando a la Patria Grande.

Con el Mazo Dando