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Denuncian guerra cognitiva y uso político de desastres naturales

Prensa LAUICOM- ​Los profesores José Gregorio Linares y Alí Rojas Olaya analizaron el uso político de los sismos en Venezuela, denunciando la guerra cognitiva actual.

Durante el espacio, explicaron profundamente cómo las tragedias naturales son instrumentalizadas históricamente por laboratorios extranjeros mediante noticias falsas, un «contrapunteo epistemológico» diseñado para desmoralizar a las instituciones del Estado y fracturar la unidad de la población civil.

Bajo esta óptica geopolítica, los académicos desglosaron cómo el asedio mediático repite viejos esquemas, comparando la manipulación actual con el discurso del clero realista en el terremoto de 1812 contra Bolívar o la ridiculización de Cipriano Castro durante el sismo de 1900.

Ambos ponentes coincidieron en que el imperialismo busca minimizar proyectos soberanos transformando crisis geológicas en herramientas de agresión; ante esto, defendieron la ciencia al servicio del buen vivir y la visión originaria de convivencia respetuosa con la tierra para prevenir desastres.

Finalmente, exigieron la libertad inmediata del presidente Nicolás Maduro y de la primera combatiente Cilia Flores, ratificando la soberanía nacional y llamando a la unidad patriótica sin distinciones políticas para vencer el asedio psicológico extranjero.

Autora: Daymar R.V

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El acorde de los contrabajos: la Madre Tierra, los terremotos y la minka

Por: Alí Ramón Rojas Olaya

Para quienes, en medio del polvo y el asombro, siguen buscando no sólo seres humanos, mascotas y cadáveres, sino el ritmo de lo que aún nos une.

En momentos aciagos donde mucha gente está tapiada bajo escombros en lo que fue, hasta hace pocas horas, su casa, la labor de los rescatistas, bomberos, paramédicos, médicos, enfermeras y perros entrenados es encomiable. Igual ocurre con los ingenieros de desastres, los geólogos, los psicólogos, los arquitectos y particularmente los motorizados, héroes que sobre sus rocines férricos van y vienen cargados de esperanzas. Cuando hablo de rescatistas, me refiero no sólo a los profesionales, sino al vecino, al hombre y a la mujer de a pie, al albañil, al bodeguero, a esos personajes que, en momentos difíciles, afloran de sus corazones y sus manos unos de los valores más bellos: la hermandad y la solidaridad.

1. ¿Qué debo hacer?

¿Qué puede hacer un pedagogo crítico, un educador matemático, un historiador insurgente, un filósofo, en una situación como ésta? Además de colaborar con ropa, comida, agua y dinero, ¿de qué otra forma puedo ayudar? Creo tener la respuesta: lo primero es seguir los lineamientos de nuestras máximas autoridades. Lo segundo es no estorbar. Lo tercero es no reenviar mensajes malintencionados y pesimistas, es decir, no ser parte de la guerra cognitiva. Lo quinto es comprender que Venezuela exige una transición política que deje atrás el modelo occidental desarrollista eurocéntrico y estadounidense y se enrumbe definitivamente a la cocreación del Estado comunal. Y lo quinto es hacer lo que sé hacer: escribir, porque estoy seguro de que -como nos dice Kotepa Delgado-, si uno escribe, algo queda. Pues, eso hice, al fin y al cabo, Simón Rodríguez nos dice que “la instrucción social pide mucha filosofía” y que ésta “consiste en conocerse, no en contrahacerse”.

2. Terremotos en Caracas y La Guaira

El 11 de junio de 1641, el «Terremoto de San Bernabé» destruyó prácticamente toda Caracas. El 26 de marzo de 1812, Jueves Santo, tres focos destrozaron Venezuela: un epicentro estaba en el mar Caribe, entre el archipiélago de Los Roques y la costa del litoral central con una magnitud de 6,3, y que fue el causó los daños en Caracas y La Guaira; otro entre San Felipe, Barquisimeto y El Tocuyo con una magnitud de 6,2; y un tercero al sur del lago de Maracaibo, en la cordillera de los Andes, causante de la destrucción de Mérida, con una magnitud de 7, como lo refieren Melchor Centeno Grau en su libro Estudios Sismológicos de 1940 y Günther Fiedler en su obra Áreas afectadas por terremotos en Venezuela de 1961.

El 29 de octubre de 1900, el terremoto de «San Narciso», provocó pánico masivo y graves daños estructurales en Caracas. El 29 de julio de 1967, a las 8:05 pm, un fuerte terremoto de magnitud 6,5 con epicentro en el Litoral Central sacudió a Caracas durante unos 35 segundos. Causó estragos considerables, especialmente en La Guaira y en zonas caraqueñas como Altamira y Los Palos Grandes, dejando al menos 200 fallecidos y miles de heridos. Yo tenía 2 años, 7 meses y 19 días, y no sé cómo, pero me perdí durante el terremoto. Mi mamá entró en una crisis de nervios. Por suerte, un vecino me encontró. Los días 15, 16 y 17 de diciembre de 1999, no hubo un terremoto, pero sí un deslave en La Guaira y Caracas que destruyó miles de viviendas y sepultó a muchas personas.

3. Las grietas y el sonido

El 24 de junio de 2026, poco antes de las seis de la tarde, Carolina cosía y yo buscaba en Internet algún canal que transmitiera el Brasil Escocia. Erika estaba preparando sus cosas para irse a la casa de El Cementerio, barrio del sur de Caracas. Estábamos en la parroquia San Bernardino, a pocos metros del Waraira Repano. A las 6:04:33 pm Carolina gritó: ¡Vámonos, está temblando! Con una rapidez inusitada abrió la puerta y la reja, y volvió a gritar, esta vez a los vecinos.

Realmente no fue un grito, fue un alarido, ¡Salgan rápido! Empujó la puerta de vidrio y corrió por el pasillo que conduce a la entrada del edificio. Ella tomaba de la mano a Erika y yo iba detrás.

No era fácil ese tránsito porque el camino se tornó en un puente colgante. Tenía la certeza de que el suelo, esa capa de olvido sobre la que caminamos cada día, era en realidad una membrana tensa. Johnny, el vigilante, estaba sumamente nervioso, no podía abrir la puerta principal que da a la calle. Pero en pocos instantes consiguió abrirla. En mi trote apresurado y tambaleante volteé porque sentí que el edificio se derrumbaba. Confieso que vi la muerte cerca.

Lo que más heló mi sangre no era el estruendo, sino el sonido telúrico de mil contrabajos tocando todos acordes disonantes en la cuerda Mí, la más grave, en un in crescendo apocalíptico, con arcos cuyas crines estaban sobre espolvoreadas de perrubia. El acorde infernal no venía de afuera, sino de dentro, de las entrañas de la tierra.

En ese instante, la filosofía dejó de ser un ejercicio de escritorio para mutar a la retaguardia de los pasos inestables de una madre cuyos brazos protegen a una hija, el vértigo de sostener el amor mientras el mundo se rehúsa a ser firme. Ese acorde no pidió explicaciones. Pidió una respuesta. Y esa respuesta aún la estamos escribiendo entre los escombros.

Una vez en la calle, vimos a los vecinos salir despavoridos. Oímos vidrios reventarse, paredes agrietarse, manantiales que empapaban los pisos inferiores, objetos que caían, gritos, llantos. Carolina agachada besaba el suelo y rezaba. Cuando se irguió nos abrazamos los tres. ¡Estamos vivos, estamos vivos!, vociferaban algunos vecinos. A las 6:06:28 pm el terremoto terminó. Fueron 115 segundos interminables. Allí estuvimos toda la noche y parte de la madrugada. Fuimos víctimas de un sismo precursor de magnitud 7,2 con epicentro cerca de San Felipe, estado Yaracuy, a unos 289 kilómetros de Caracas, y fue seguido apenas 39 segundos después por un segundo terremoto aún más fuerte, de 7, 5.

4. La Tierra no es un objeto: cosmovisiones del terremoto

Hace muchos siglos, Caracas y Las Guaira estaban unidas, el mar llegaba hasta el río Guaire. Ante las ofensas de los pobladores a la diosa del mar, ésta envió una ola gigante para destruirlos. Al arrepentirse el pueblo y pedir clemencia, la ola se petrificó en forma de montaña, protegiéndolos, así nació el Waraira Repano, la montaña que conocemos con el nombre colonial de El Ávila.
Los pueblos originarios del Caribe, en particular nuestras abuelas y abuelos Toromaima, no construían en las laderas ni cerca de las quebradas. No porque tuvieran miedo, sino porque respetaban el lenguaje de la montaña. Sabían que el Waraira Repano escupía piedras, y que el equilibrio no se negocia con la topografía. Escuchaban la tierra como se escucha a un anciano que nos advierte con su voz sabia y profunda.

No basta saber que un terremoto es la liberación repentina de energía acumulada en la corteza terrestre o que Charles Francis Richter (1900–1985) fue un físico y sismólogo estadounidense que, en 1935, creó junto con su colega alemán Beno Gutenberg la famosa escala sismológica que lleva su nombre. Que hayan venido rescatistas expertos de varias partes del mundo no sólo es importante, sino que nos conmina a estudiar qué saben sus pueblos ancestrales sobre terremotos. Esta sabiduría sísmica es pedagogía que reproduce en cada latido del continente y del mundo como nos los hacen saber los pueblos del noroeste del Pacífico norteamericano, los pueblos algonquinos e iroqueses, el pueblo Yaqui, el pueblo Warao, los Aymara, el pueblo Mapuche, el Islam, la filosofía Ubuntu, Heráclito, el estoicismo, el taoísmo y el budismo.

En el noreste de Estados Unidos, los sismólogos han descubierto que antiguos topónimos en lenguas algonquinas e iroquesas significan literalmente «la colina que tiembla», lo que demuestra que los terremotos ocurrían mucho antes de la colonización europea y estaban integrados en su geografía.

Muchas tradiciones explican los sismos a través de seres mitológicos. Por ejemplo, en el noroeste del Pacífico norteamericano, los pueblos Wakashan, Salish de la Costa, Wakashan del Norte y Athabascans hablan de la batalla entre el Pájaro del Trueno y la Ballena, o de espíritus subterráneos que hacen temblar la tierra. También atribuyen los temblores a un ser supremo que descansa sobre el caparazón de tortugas que ocasionalmente se mueven.

El pueblo Yaqui de México asume los terremotos como manifestaciones de la naturaleza que exigen respeto, vinculándolos estrechamente con la vitalidad de la Tierra y el equilibrio del entorno. Su cosmovisión está profundamente entrelazada con el ambiente, donde fenómenos como los sismos no son eventos fortuitos, sino que reflejan una conexión viva con su territorio y las fuerzas naturales.

Las mujeres y hombres del pueblo Warao del Delta del Orinoco, testigos de la Falla de El Pilar, narran que una gran serpiente habita en el lago y mueve la región, escupiendo tierra y cambiando el curso de la vida. El pueblo Aymara del altiplano andino reconoce al Amaru o Katari, la serpiente o dragón del subsuelo, cuya cólera o movimiento recuerda que la Pachamama no es una propiedad, sino una presencia con la que se dialoga. El pueblo Mapuche del sur suramericano ve en el terremoto la lucha de dos serpientes cósmicas, Trentren Vilu y Caicai Vilu, que moldean el paisaje en su eterno forcejeo. El temblor no es castigo, sino un desequilibrio que la comunidad restaura con el nguillatún y la ofrenda a la Ñuke Mapu, la Madre Tierra.

El Islam nos dice que el terremoto es un signo, una prueba que despierta al creyente de su letargo, un recordatorio de que la soberanía absoluta no está en nuestras manos, sino en el latido de lo divino. La cosmogonía Ubuntu del sur de África, aunque no busca explicar la causa, nos ofrece la respuesta ética más profunda: «Yo soy porque nosotros somos». Ante la fractura, la comunidad se convierte en el único cimiento posible.

El filósofo griego presocrático Heráclito de Éfeso, desde la ciudad de Jonia, en la costa occidental del Asia Menor, nos recuerda que el conflicto es el padre de todas las cosas; el terremoto es la armonía oculta de fuerzas que se tensan para crear montañas. El estoicismo nos invita a no juzgar el evento como bueno o malo, sino a responder con virtud y razón, reconstruyendo el orden desde la dignidad personal. El taoísmo y el budismo nos susurran que no hay solidez permanente; el suelo que parece eterno es tan transitorio como una nube. Fluir con el temblor, no resistirlo, es la sabiduría del bambú que se dobla y no se quiebra.

Sin embargo, en la práctica, todas estas sabidurías del mundo periférico occidental, oriental y griego confluyen en un solo concepto comunal legado por nuestras cosmogonías andinas: la minka, retomado por mujeres y hombres esclavizados en estas tierras por europeos, para ponerla en práctica en las construcciones de los cumbes, palenques, quilombos, mocambos, cimarroneras y rochelas donde vivían libres.

5. La minka: el contrapunto al acorde

El acorde grave de los contrabajos fue el sonido del caos. La minka es el sonido de la respuesta: el golpe del mazo, el raspar de la pala, las punzadas del pico, la moto cargada de comida y agua, la voz que pasa un balde de agua, sonidos que inmediatamente se escucharon después de los derrumbes. Luego escuchamos el sonido de la solidaridad profesional: los ladridos consoladores de los perros rescatistas, el deslizamiento de los hombres topos con sus cámaras térmicas y geófonos, el traqueteo de las mototrozadoras al perforar el concreto y metal con sus sierras de sable y martillos demoledores, el zarandeo de cojines de levantamiento neumáticos y gatos hidráulicos. En pocos meses, será la risa de los niños jugando, será el murmullo de las abuelas que sazonan la comida mientras hombres y mujeres levanten paredes.

La minka y la comuna comparten el mismo principio de trabajo colectivo, reciprocidad y autogestión. Históricamente, la minka es una tradición andina donde la comunidad se une para realizar una obra en beneficio de todos. En el modelo de las comunas, esta práctica se traduce en la organización territorial, la producción de bienes y servicios a través de las empresas de propiedad social y el trabajo voluntario para el bienestar común. La minka no es un favor. Es un tejido de obligaciones mutuas. En ella, el arquitecto es un par del albañil; el niño que pasa las herramientas es tan importante como el que diseña los planos. No hay deuda, hay lazo. No hay verticalidad, hay rueda.

En la minka, el trauma del ruido profundo se exorciza con el sudor. El cuerpo que tembló de miedo se cansa de tanto esperar, y el cansancio, paradójicamente, cura. Cuando se levanten las casas, se levantará también el espíritu comunal del barrio. La memoria de la montaña que en 1999 escupió piedras y lodo y el sonido de la fricción entre las placas tectónicas de 2026 se honran no con olvido, sino con precaución activa: no se reconstruye donde la tierra habló más fuerte, se reconstruye en diálogo con sus quebradas, con sus pendientes, con su historia.

6. La armonía no es silencio, es escucha

Hemos creído, equivocadamente, que la armonía con la naturaleza es un paisaje idílico sin tormentas. Pero la armonía verdadera es la que sabe que el Waraira Repano carraspea de vez en cuando, y que la tierra tiembla. Nuestra tarea no es amordazarlos con cemento, sino aprender a bailar al ritmo de su respiración.

Este terremoto, el del 24 de junio de 2026, nos ha robado techos, pero nos ha devuelto una verdad ancestral: la tierra no nos pertenece; nosotros pertenecemos a la tierra. Y pertenecer significa escuchar el acorde grave sin huir de él, traducirlo a una sinfonía de solidaridad que resuene en cada esquina de nuestra patria.

Venezuela, en estos momentos aciagos, necesita más que ingenieros. Necesita nguillatunes; necesita ceremonias de café y tabaco en los cruces de las calles rotas; necesita que los abuelos señalen dónde se abrieron las grietas; necesita que los jóvenes transformen los escombros en memoria; necesita, sobre todo, la minka.

7. El puente que cruzamos

Cuando aquella tarde el pasillo se volvió puente colgante, hubo un instante en que todo pareció perdido. Pero el instante siguiente, un brazo rodeó a una hija y una mano buscó a una esposa. Ese instante fue la minka más pequeña y más grande: el acto de no soltarse.

Al final, el terremoto nos enseña que la única estructura inquebrantable no es la columna de hormigón, sino el lazo que une a una comunidad cuando la tierra ruge. Esa es la verdadera geología del alma. Paremos la oreja sobre el pavimento. Ya no oímos el acorde feroz. Oímos, en cambio, un rumor de hermanos moviendo piedras, de manos que mezclan cal, de niños que ríen a pesar del polvo. Esa risa es el verdadero contrapunto. Es nuestra respuesta.

Simón Rodríguez nos habla de la importancia de la filosofía y que ésta consiste en conocernos. Pero también nos enseña que las mujeres y hombres vinimos al mundo para entreayudarnos, no para entredestruirnos. No hemos vencido a la naturaleza ni pretendemos hacerlo. Hemos aprendido a vivir en armonía con ella, en cantar y danzar con ella. Y ese canto y esa danza, aunque el suelo tiemble, no tiene fin.

Caracas, 29 de junio de 2026, al pie del Waraira Repano, en memoria de las víctimas de los terremotos del 24 de junio.

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¡Gloria al bravo pueblo!

Por Alí Ramón Rojas Olaya

Después del bombardeo a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y Cilia Flores, hechos acaecidos en la madrugada del 3 de enero de 2026, el presidente Donald Trump, en rueda de prensa en su residencia de Mar-A-Lago, en Florida, aseguró que su país «gobernará» Venezuela hasta que se complete una «transición segura». Advirtió que “habrá que hacer algo con México” respecto al narcotráfico. Y sobre Colombia dijo que “está haciendo cocaína y la están enviando a Estados Unidos. Así que tiene que cuidar su trasero”.

Recordemos que Trump dijo el 20 de enero de 2025, en su juramentación presidencial, que «necesita» Groenlandia para garantizar la protección de Estados Unidos. Tres días después, dijo en una videoconferencia desde la Casa Blanca en la cumbre anual de Davos, Suiza, que Canadá podría convertirse en parte de Estados Unidos como el estado número 51. Analicemos estos hechos en tres apartados. La pregunta ¿Cómo secuestraron a Maduro? La respondemos hablando de la traición. Luego hablaremos del petróleo venezolano, de la política injerencista en tres presidentes estadounidense. Disertaremos sobre el Tecnato de América. Recordaremos el canto guerrero de los indios Muiscas. Hablaremos de la Carta de las Naciones Unidas y finalizaremos con el apartado que le da título a este artículo.

1. La traición

La traición es la ruptura deliberada de un pacto de confianza y lealtad. Es causada por la búsqueda de intereses particulares. Se manifiesta en la delación y actos contra la patria.

Espartaco fue traicionado por los piratas cilicios que habían acordado transportarlo a Sicilia, dejándolo a merced de los romanos, y fue derrotado por el ejército liderado por Marco Licinio Craso, quien aprovechó la oportunidad para acorralarlo y aniquilar la revuelta, culminando en su muerte en una batalla en el 71 antes de Cristo. Seis mil de sus seguidores fueron crucificados a lo largo de la Vía Apia como advertencia.

Jesús fue traicionado por Judas Iscariote por treinta monedas de plata, un pago acordado con los sacerdotes para entregarlo. Identificó a Jesús con un beso en Getsemaní, lo que llevó a su arresto y crucifixión en el Gólgota.

José de la Riva Agüero, considerado por algunos sectores, prócer de la independencia del Perú y José Bernardo de Tagle y Portocarrero, nobiliariamente IV marqués de Torre Tagle, más conocido como Torre Tagle, traicionaron el proyecto bolivariano pactando con el imperio español. Francisco de Paula Santander, José Antonio Páez y Juan José Flores traicionaron al Libertador Simón Bolívar.

Antonio José de Sucre fue traicionado y asesinado en una emboscada en Berruecos, Colombia, en 1830, por instigadores que veían en él una amenaza para sus intereses políticos en la desintegración de la República de Colombia, siendo José María Obando señalado como el autor intelectual y el coronel Apolinar Morillo el ejecutor material junto a peones como Juan Gregorio Sarria, Juan Cuzco y Andrés Rodríguez, aunque Morillo fue el único condenado y fusilado, implicando a otros conspiradores como Francisco de Paula Santander en un complot para eliminar al sucesor natural de Simón Bolívar.

Regis Debray, el teórico marxista que acompañaba al Che Guevara, lo delató a la CIA. El antiguo «Dantón» o «El francés», como lo llamaba cariñosamente el guerrillero heroico, en el ocaso de su vida publicó algunos libros en los que escribió: que era «cruel, fanático y despótico».

Todos estos traidores tienen algo en común, eran resentidos y carecían de conciencia moral. La traición es el huésped eterno de corazones ingratos. Cuando algunos hombres del primer círculo se seguridad del presidente Nicolás Maduro entregaron la soberanía para ser la estrella 51 de la bandera genocida, no se percataron de que “la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo” y que Venezuela no será nunca una colonia norteamericana.

2. Petróleo venezolano

El subjefe de gabinete de la Casa Blanca Stephen Miller aseguró el 17 de diciembre de 2025 que Estados Unidos creó la industria petrolera de Venezuela y calificó la nacionalización de 1976 por parte de Caracas como «el mayor robo» de la historia estadounidense. Para este supremacista, «el sudor, el ingenio y el trabajo estadounidenses crearon la industria petrolera en Venezuela. Su expropiación tiránica fue el mayor robo registrado de riqueza y de propiedad estadounidense». Según este asesor de Trump, «estos bienes saqueados se utilizaron para financiar el terrorismo e inundar nuestras calles de asesinos, mercenarios y drogas».

Pareciera que Miller desconoce que los pueblos originarios de Venezuela ya utilizaban petróleo crudo y asfalto, que rezumaba naturalmente a través del suelo hacia la superficie, en los años anteriores a la colonización española. El líquido negro y espeso, conocido por los lugareños como mene, se utilizaba principalmente para fines medicinales, como fuente de iluminación, y para el calafateado de canoas. A su llegada a finales del siglo XV, los conquistadores españoles aprendieron de los pueblos indígenas el uso del asfalto presente de manera natural para calafatear los barcos, y para el tratamiento de sus armas. El primer envío de petróleo documentado en la historia de Venezuela ocurrió en 1539, cuando un solo barril fue enviado a España para aliviar la gota del emperador Carlos V. En 1799, Alexander von Humboldt encontró un pozo de petróleo en la Península de Araya.

El 24 de octubre de 1829, en Quito, Colombia, el presidente, Simón Bolívar, considerando: «Que debe asegurarse la propiedad de las minas, contra cualquier ataque y contra la facilidad de turbarla o perderla» decretó que «conforme a las leyes, las minas de cualquiera clase, corresponden a la república».

Para 1839, el gobierno encomienda al médico José María Vargas que investigue sobre el petróleo. Una vez hechos los respectivos estudios, opinó que esta materia era más rica que la plata por la gran posibilidad de uso que tenía.

En 1878, Manuel Antonio Pulido y otros tachirenses, fundan en la Hacienda La Alquitrana la Petrolia del Táchira, la primera compañía petrolera de Venezuela, pionera en la extracción, refinación y comercialización de petróleo nacional, marcando el inicio de la industria petrolera venezolana antes de las grandes transnacionales, operando por más de 50 años hasta agotar su yacimiento y cesar operaciones en 1934, dejando un importante legado histórico y un complejo recreativo-histórico en la zona. Stephen Miller olvida que Chávez recuperó el control estatal de Pdvsa en 2001 al sancionar la Ley Orgánica de Hidrocarburos y su declaración plena en 2004.

3. Jefferson, Adams y Taft

En 1786, Thomas Jefferson (1743-1826), antes de convertirse en el tercer presidente de Estados Unidos (1801-1809) y antes de que se redactara la Doctrina Monroe, dijo: “Nuestra Confederación debe ser considerada como el nido desde el cual toda América, así la del Norte como la del Sur, habrá de ser poblada. Mas cuidémonos de creer que interesa a este gran continente expulsar a los españoles. Por el momento aquellos países se encuentran en las mejores manos, y sólo temo que éstas resulten demasiado débiles para mantenerlos sujetos hasta que nuestra población haya crecido lo suficiente para írselos arrebatando pedazo a pedazo”. Esta macabra sentencia se soportaba militarmente en el Cuerpo de Marines fundado en Filadelfia el 10 de noviembre de 1775.

En 1804, John Quincy Adams (1758-1831), quien será el 6° presidente de Estados Unidos (1825-1829), expande la visión de su congénere: “Lo único que esperamos es ser dueños del mundo”.

William Howard Taft (1909-1913) en un contexto de expansionismo y superioridad dijo: “No está lejano el día en que tres banderas de barras y estrellas señalen en tres sitios equidistantes la extensión de nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro por nuestra superioridad racial y moral”.

4. Tecnato de América

Elon Musk, durante su participación en el evento Bosch Connected World 2025 que se desarrolló en Las Vegas entre el 7 y el 10 de enero, dio un ultimátum para toda la humanidad: la próxima sequía no será de agua, ni de comida, ni por el cambio climático, sino de electricidad. Una escasez de esta forma de energía podría transformar radicalmente la vida cotidiana y el desarrollo tecnológico. Musk señaló que, a partir de 2025, la producción de energía no será suficiente para abastecer la creciente demanda, especialmente la impulsada por el auge de la inteligencia artificial.

El 4 de diciembre de 2022, BBC News Mundo publicó la siguiente pregunta: “¿Qué fue el Movimiento Tecnocrático que quiso reemplazar a los políticos por ingenieros (y qué queda de él hoy)?”. Se trata de “un movimiento tecnócrata nacido tras la Gran Depresión en Estados Unidos” que “quiso crear un Estado gobernado por la ciencia y la tecnología”. Howard Scott y Marion King Hubbert lo fundaron.

Según ellos, un tecnato no puede simplemente fundarse como un territorio constituido en Estado soberano, es decir, no puede ser solo un país, sino que debe cumplir con tres requerimientos: debe tener suficientes recursos naturales para crear abundancia; debe ser una base industrial y científica preexistente y debe tener una cantidad suficiente de personal calificado para operar la infraestructura que proporciona la abundancia.

El abuelo materno de Musk fue el estadounidense Joshua Norman Haldeman. Se involucró en la política canadiense, apoyando el movimiento tecnócrata. En 1950 se trasladó a Sudáfrica. Al año siguiente, escribió un artículo para el periódico canadiense Regina Leader-Post en el cual hacía apología del apartheid y declaró acerca de los sudafricanos: “Los nativos son muy primitivos y no deberían ser tomados en serio (…) Algunos son decentes para un trabajo rutinario, pero ni los mejores de ellos pueden asumir las responsabilidades y acabarán abusando de la autoridad”.

El tecnato de América, según este movimiento, abarca de este a oeste, desde Groenlandia en el océano Atlántico hasta la línea internacional de cambio de fecha en el océano Pacífico; de norte a Sur desde Canadá hasta el norte de Colombia, Venezuela y las Guyanas en Suramérica, incluyendo a México, toda Centroamérica y todo el Caribe.

5. Canto guerrero

Américo Briceño Valero en Geografía del Estado Trujillo, comenta que el sabio bachiller Rafael María Urrecheaga aprendió el idioma de los indios Muiscas de Esnujaque, cuando era un adolescente, lo que le permitió traducir el bello poema indígena que él tituló “Canto Guerrero”, en el año de 1844. “¡Madre Chía, que estás en la montaña / con tu pálida luz alumbras mi cabaña. / Padre Ches, que alumbras con ardor / no alumbres el camino al invasor! / ¡Oh Madre Ikake, manda tus jaguares / desata el ventarrón y suelta tus cóndores / afila los colmillos de las mapanares / y aniquila a los blancos con dolores! / Madre Ikake que vives en Quibao / Padres Chés; Madre Chía / alimenten mi espíritu con vino de rencor / Echen el fuego que calcina / el agua que destruye / los rayos de las nubes / truenos de las montañas / Padre Chés, a mi troje repleta con granos abundosos / llena mis ollas con la fuerte chicha / y mi pecho con valor / A mi mujer que cría / dales pechos que manen / Ríos de leche blanca / Padre Chés dame una flecha / Aguda que mate al invasor / Tiempla el brazo que dispara / esa flecha sin temor / Yo soy tu hijo, ¡Oh Chés, mi señor! / Yo soy tu esclavo, ¡Oh Chía, mi señora! / Dadme a beber el vino de tu inmenso valor / dadme a comer la carne de odio al invasor”.

6. Carta de las Naciones Unidas

Con el bombardeo y el secuestro del 3 de enero de 2026, Trump viola el artículo 1 de la Carta de las Naciones Unidas que señala que uno de los propósitos de las Naciones Unidas es “mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz” (numeral 1) y el artículo 2 que señala que “para la realización de los propósitos consignados en el Artículo 1, la Organización y sus Miembros procederán de acuerdo con el siguientes principios: “Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas” (numeral 4).

7. ¡Gloria al bravo pueblo!

A Estados Unidos le urge tener mandatarios lacayos en su patio trasero como Irfaan Ali, Nayib Bukele, Kamla Persad-Bissessar, Santiago Peña, Daniel Noboa y José Antonio Kast, que estén dispuestos a entregar la soberanía de sus países. Claudia Sheinbaum, Xiomara Castro, Miguel Díaz Canel, Daniel Ortega y Nicolás Maduro representan un dolor de cabeza para estas ansias expansionistas.

La bandera de Venezuela seguirá siendo la misma que izó el Generalísimo Francisco de Miranda el 3 de agosto de 1806, el junto a su Expedición Libertadora, en la Vela de Coro. Su amarillo es el color de la felicidad. Es excitante, es el color del sol, por lo que se relaciona con la energía. El azul es el color de la libertad, la lealtad, la armonía y la verdad. El rojo representa el fuego, el amor, el poder, la fuerza, la emoción y la pasión.

Venezuela es la Patria que debemos amar y defender. Venezuela se escribe con v de vida, valor, verdad, valentía, virtuosismo, victoria. Venezuela se escribe con v de Vietnam.

Alimentemos nuestro crisol con la conciencia moral de nuestro Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, quien, esposado con las mismas cadenas de 1492, mientras caminaba erguido y gallardo en las entrañas del monstruo, saludó a quienes allí se encontraban: Good night, happy new year.

Recordemos que el 7 de octubre de 1818, Simón Bolívar, desde Angostura, escribe a John Baptiste Irvine, enviado de James Monroe: “no permitiré que se ultraje ni desprecie al Gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndolos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra población y el resto que queda ansía por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende”. ¡Gloria al bravo pueblo! ¡Viviremos y venceremos!