“¡Por favor, díganme que no estamos entregando el país!”, decía por las redes, hace poco, una camarada. “¡Díganme algo que me quite las ganas de llorar!”, clamaba otra… Y es claro que lo que ahora vivimos no es asunto fácil, y supone una complejidad que muchas veces hacemos tácita.
Venezuela resiste: el mundo debe alzar la voz por su soberanía
Prensa LAUICOM – Durante la videoconferencia “En defensa de Venezuela, su soberanía e integridad territorial”, convocada por la secretaría de Asuntos Internacionales y Victoria Mundial del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), a cargo de la diputada Tania Díaz y que contó con más de 3.000 participantes de distintos países, denunció con firmeza que, en la madrugada del 3 de enero, una incursión armada de Estados Unidos, dirigida por el Presidente Donald Trump, bombardeó territorio venezolano, causando muertes civiles y militares, destrucción de infraestructura y el secuestro del Presidente legítimo Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Ante esta agresión, se activó el Consejo de Defensa de la Nación en una reunión de emergencia con todos los poderes del Estado presentes. El Tribunal Supremo de Justicia, al amparo de la Constitución, designó a la Vicepresidenta Delcy Rodríguez como encargada temporal de los asuntos de Estado, sin que ello implique sustitución presidencial, pues Nicolás Maduro sigue siendo el único Jefe de Estado legítimo, electo por el pueblo venezolano.

Desde LAUICOM y el PSUV se exigió a la comunidad internacional, gobiernos progresistas, movimientos sociales y organismos multilaterales condenar esta violación al derecho internacional y exigir la liberación inmediata del Jefe de Estado Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Venezuela es zona de paz
Díaz destacó que Venezuela no tiene conflictos con ninguna nación, y reiteró que los últimos 17 informes de la ONU confirman que el país no es de producción, procesamiento ni tránsito de drogas. Por ello, las acciones de Trump carecen de toda justificación y forman parte de una narrativa de guerra psicológica destinada a legitimar la violencia imperial.

En este contexto, la senadora colombiana Gloria Flores, Presidenta del partido Colombia Humana, propuso articular de inmediato una declaración parlamentaria latinoamericana y caribeña que condene la agresión militar contra Venezuela, exija la liberación inmediata e incondicional del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, y sea elevada al Consejo de Seguridad de la ONU y al Congreso de Estados Unidos, subrayando que Trump actuó de forma unilateral, sin autorización ni consulta al Congreso estadounidense, violando gravemente sus propios marcos constitucionales y legales al emprender acciones bélicas sin respaldo democrático.
La razón de todo: los recursos
Mientras el mundo observa, Venezuela avanza: creció económicamente un 6 % en 2025 según la CEPAL (9 % según cifras internas), logró soberanía alimentaria, registró un récord en consumo navideño y recibió turistas de todo el planeta. Con 4.000 comunas y una militancia organizada en más de 207.000 calles, el pueblo bolivariano no se rendirá. Estas son las verdaderas razones detrás de la acción de Trump: los inmensos recursos naturales de Venezuela, cuya riqueza pone en evidencia sus verdaderas intenciones imperialistas.
Díaz reafirmó el compromiso inquebrantable de los pueblos bolivarianos, reunidos en torno a una constituyente popular que defiende la independencia conquistada y que nadie podrá arrebatar. Con firme convicción, expresó que la solidaridad global será clave para lograr, en el menor tiempo posible, la liberación y el regreso a la patria del Presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores, reconocidos por su pueblo como sus líderes legítimos y símbolos de la resistencia venezolana.

Solidaridad con Venezuela ante el bloqueo naval a sus buques petroleros: ¡basta de acoso imperialista!
Defender a Venezuela es defender a Cuba y toda a América Latina. Es defender a la humanidad frente a la barbarie.
El Partido Comunista de España condena de la forma más firme la decisión del presidente estadounidense Donald Trump, de imponer “un bloqueo total y completo contra los buques petroleros sancionados que entren o salgan de Venezuela”. Esta declaración constituye una violación flagrante del Derecho Internacional, un acto de piratería internacional y una agresión directa contra la soberanía del pueblo venezolano.
No se trata de una provocación retórica, sino de una política de Estado criminal que normaliza el saqueo, el castigo colectivo y la ley del más fuerte. Un bloqueo petrolero total es un acto de guerra destinado a asfixiar económicamente a un país, atacar a su población civil y forzar una rendición política. Las acusaciones fabricadas contra Venezuela cumplen la misma función que en su día las falsas “armas de destrucción masiva” en Iraq: mentiras para justificar el robo de recursos estratégicos.
Esta agresión no afecta solo a Venezuela. Es una amenaza directa contra Cuba y contra toda América Latina y el Caribe, y sienta un precedente extremadamente peligroso que pone en riesgo la paz regional y global. Defender a Venezuela hoy es defender el principio mismo de soberanía de los pueblos y la vigencia de un orden internacional basado en normas.
El Partido Comunista de España expresa su apoyo total, incondicional e irreductible al pueblo venezolano, a su gobierno legítimo, a la Revolución Bolivariana y al presidente constitucional Nicolás Maduro, que hoy resisten no solo por sí mismos, sino por todos los pueblos que se niegan a vivir sometidos al imperialismo.
Al mismo tiempo, exigimos a los Estados que no estén dispuestos a arrodillarse ante el imperio que se coordinen activamente en la resistencia frente a esta escalada belicista, imperialista y fascista. Las declaraciones formales ya no son suficientes: hacen falta medidas políticas y diplomáticas concretas.
Hacemos un llamamiento a los partidos políticos democráticos, a los sindicatos, a las organizaciones sociales y a los movimientos de defensa de los derechos humanos para que se movilicen y presionen para que nuestro gobierno se sitúe del lado correcto de la historia, rompa cualquier tibieza o complicidad con esta agresión y defienda de forma activa la soberanía del pueblo venezolano y de todos los pueblos del mundo.
Defender a Venezuela hoy es defender a Cuba, a América Latina y el Caribe. Es defender el derecho de los pueblos a existir sin ser saqueados. Es defender a la humanidad frente a la barbarie imperial.
¡Nuestra América se defiende en unidad!
Prensa LAUICOM – En el marco de la Asamblea de los Pueblos por la Soberanía y la Paz de Nuestra América, voces desde Haití, Cuba, México y múltiples rincones del continente se entrelazaron con la del pueblo venezolano en un coro claro, firme y antiimperialista. Este espacio, forjado en la ética de la solidaridad y la lucha común, dejó al descubierto una verdad inquebrantable: la defensa de Venezuela no es una causa local, sino un deber continental.
En medio de un contexto global marcado por la agresión económica, la guerra mediática y las amenazas militares, las intervenciones recogidas durante el encuentro subrayaron el papel estratégico de alianzas entre formación política, comunicación popular y Poder Popular. Se rechazó con contundencia la narrativa injerencista que busca presentar a Venezuela como amenaza, cuando en realidad es ejemplo vivo de integración, acogida y resistencia digna.
Más de treinta países alzaron la voz, no solo en respaldo, sino en reconocimiento de que el ataque contra Venezuela es el mismo que históricamente ha buscado fragmentar, explotar y someter a Nuestra América. La unidad no fue invocada como consigna retórica, sino como necesidad táctica y moral para enfrentar al imperialismo yanqui y sus formas contemporáneas de dominación.
En esta Asamblea, la soberanía no se declama: se construye. Con educación crítica, con comunicación militante, con pueblos organizados. Porque mientras haya quien sueñe con imponer su ley con bombas, bloqueos o mentiras, habrá millones decididos a alzar sus manos, sus voces y sus conciencias para decir: ¡Aquí no pasan! ¡Nuestra América es de paz, de justicia y de unidad!
Los Pueblos en Asamblea: Por la Soberanía, la Paz y la Comunicación Emancipadora
Prensa LAUICOM – Con determinación y conciencia histórica, este martes 9 de diciembre se inauguró en Caracas la Asamblea de los Pueblos por la Soberanía y la Paz de Nuestra América, un encuentro que congrega en el Salón Venezuela del Círculo Militar a delegaciones del Sur Global comprometidas con la defensa de la autodeterminación, la integración y la paz con justicia.

Convocada por el Instituto Simón Bolívar para la Paz y la Solidaridad entre los Pueblos y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), la asamblea se erige como un frente político y moral contra la escalada militar estadounidense en el Caribe. Bajo la fachada de la lucha antidrogas, este despliegue amenaza la soberanía de una región que, desde 2014, fue proclamada Zona de Paz por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
Comunicación al servicio de la emancipación
La Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM) participa activamente en este proceso porque reconoce en la Asamblea de los Pueblos un reflejo vivo de sus principios: formar desde el compromiso con la verdad, la justicia y la voz de quienes luchan por un continente soberano.

LAUICOM no solo comparte las ideas que aquí se tejen, sino el modo en que se construyen: colectivo, crítico, antiimperial y profundamente latinoamericano. Por eso, su presencia no es testimonial, sino una apuesta por una comunicación que educa, moviliza y transforma.
Esta asamblea rechaza la injerencia y propone, desde la diversidad, un horizonte común: un continente de paz, con plena presencia de justicia, soberanía y fraternidad. Porque cuando los pueblos se organizan, nadie los calla.

6 de diciembre: El pueblo elige al Comandante Hugo Chávez y abre las puertas de la Revolución Bolivariana
Prensa LAUICOM – En el aire aún fresco de una Venezuela al filo del cambio, el 6 de diciembre de 1998 no fue solo una fecha en el calendario: fue el latido colectivo de un pueblo que eligió creer en otra historia.
Entre carteles pintados a mano, consignas en las esquinas y largas colas frente a los centros electorales, el Comandante Hugo Chávez no solo ganó votos, ganó esperanza. En aquella jornada, el voto se convirtió en palabra soberana. El modelo neoliberal, agotado en promesas vacías, dio paso a un horizonte distinto: uno tejido con justicia social, dignidad y la convicción de que otro país era posible.
Más que un triunfo electoral, fue el nacimiento de una corriente histórica que reivindicó lo popular, lo bolivariano, lo profundamente nuestro. Veintisiete años después, el eco de ese 6 de diciembre resuena en cada política que prioriza al pueblo, en cada escuela abierta, en cada barrio que alza la voz.
Porque la Revolución Bolivariana es un camino en construcción, con raíces firmes en la voluntad de quienes, un día como hoy, decidieron escribir su propio destino. Hoy, desde esa memoria viva, seguimos caminando, con los pies en la tierra y los ojos en el futuro.
Venezuela ha sido siempre un crisol de Paz
Por: Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
No porque esté exenta de contradicciones —ningún pueblo lo está— sino porque en su seno se ha gestado una dialéctica histórica donde la dignidad popular ha sabido sobreponerse a cada agresión imperialista con una obstinación creadora que sólo puede explicarse por la profundidad humanista de su proceso revolucionario. La Paz, entendida no como reposo sino como trabajo emancipador, ha sido allí una fuerza activa que brota de la memoria ancestral, de las luchas por la independencia, de la siembra bolivariana que resuena todavía como mandato ético. Paz de pueblo que no se arrodilla. Paz de pueblo que piensa. Paz de pueblo que resiste sin renunciar jamás a la esperanza transformadora. Y esa Paz, continuamente amenazada por quienes quisieran reducirla a mercancía o a colonia, es precisamente lo que convierte a Venezuela en una luz imprescindible en la geopolítica contemporánea, una Paz indoblegable, creativa, insurgente, que se expresa en los colores vivos del humanismo bolivariano.
Todos los colores de la Paz bolivariana iluminan al humanismo revolucionario porque en ellos se entrelazan los símbolos de una sociedad que aprendió a convertir la diversidad en potencia política. El rojo de su historia insurgente, el amarillo de sus soles comunitarios, el azul profundo de su horizonte marítimo que une pueblos en la misma lucha contra el dominio, y el verde de sus territorios originarios que recuerdan que la Paz es también un pacto con la Tierra, todos ellos conforman una paleta viva que hace visible la densidad moral de una nación que ha decidido no entregar su destino a los dictámenes del capitalismo en su fase imperial y macabra. La semiosis bolivariana no es una estética de museo; es una estética de vida y combate, de organización y ternura, donde cada color es una memoria colectiva y cada símbolo una declaración de autonomía.
En Venezuela, la Paz revolucionaria nunca ha sido sinónimo de quietud. Es una Paz que se construye en la calle, en la escuela, en la comuna; una Paz que se defiende de agresiones económicas, mediáticas y diplomáticas que buscan fracturar la unidad del pueblo para imponer el viejo guion extractivista. Pero allí donde otros quisieran ver caos, hay en realidad un laboratorio ético de enorme vitalidad. Venezuela aprendió a navegar la tormenta sin renunciar a la dignidad y sin traicionar sus conquistas sociales. Esa capacidad de conjugar firmeza humanista, con creatividad cotidiana, constituye uno de los mayores aportes del proceso bolivariano a la historia universal de la Paz.
Quien observa superficialmente podría confundir esta Paz activa con simple resistencia. Pero la resistencia venezolana es mucho más, es una pedagogía política que enseña a los pueblos del mundo que la Paz verdadera no se decreta, sino que se construye desde abajo con conciencia crítica y solidaridad concreta. Allí, donde el imperialismo ha lanzado sanciones criminales, campañas de desestabilización, golpes, barbarie y guerras mediáticas, la revolución venezolana ha respondido con un humanismo que desborda el marco de la defensa nacional y se proyecta como referencia global de dignidad. La semiótica de esta Paz no está hecha sólo de discursos, está hecha de gestos cotidianos de organización comunal, de redistribución solidaria, de militancia cultural, de alfabetización política y simbólica.
Los colores de la Paz bolivariana también alumbran una sensibilidad profundamente latinoamericana. En Venezuela se expresa una síntesis continental donde confluyen los sueños de Bolívar, Martí, Hidalgo, Morelos y Chávez en una misma corriente ética que afirma que la emancipación debe ser integral o no será. Esa sensibilidad está en las músicas populares, en los murales callejeros, en la palabra comunitaria que sabe convertir la adversidad en conciencia. Comuna o nada. Está en la identidad mestiza que no se avergüenza de sus raíces sino que las celebra como fundamento de su proyecto político socialista. Está en los símbolos que la oligarquía quiso destruir y que el pueblo resignificó como armas de fraternidad.
La Paz venezolana es, por eso, una Paz en pie de lucha que se enfrenta a los dispositivos simbólicos del capitalismo global y sus métodos de desfiguración mediática. La guerra contra Venezuela ha sido, en gran parte, una guerra semiótica, se ha querido reducir al pueblo a una caricatura, borrar su complejidad, manipular su imagen hasta convertirla en pretexto para la intervención. Y, sin embargo, allí donde los laboratorios de propaganda imperial intentaron imponer una narrativa de caos, la creatividad bolivariana respondió con la construcción de nuevos códigos comunitarios, nuevas formas de representación de sí misma, nuevas articulaciones de identidad democrática que fortalecen al país precisamente en el campo donde pretendían debilitarlo. La Paz bolivariana se defiende en el terreno simbólico con la misma fuerza que en el terreno material.
Venezuela ha sido siempre un crisol de Paz porque su pueblo ha sabido convertir las tensiones históricas en oportunidades de solidaridad. La virtud de su proceso es que la Paz no es un adorno discursivo sino una práctica que atraviesa la vida cotidiana, desde la democracia participativa hasta la organización comunal; desde la soberanía energética hasta la cultura popular; desde la defensa de la autodeterminación hasta la pedagogía política que abraza a las nuevas generaciones. La revolución bolivariana entiende que la Paz sólo puede sostenerse si existe justicia social, y que sólo hay justicia social cuando el pueblo se reconoce a sí mismo como sujeto creador de su destino.
Por todo ello, los colores de la Paz bolivariana son hoy faro y advertencia, faro para los pueblos que luchan por emanciparse de las cadenas coloniales y advertencia para quienes insisten en someterlos. Ese crisol de Paz que es Venezuela demuestra que la dignidad no es una abstracción sino una fuerza histórica capaz de irradiarse más allá de sus fronteras. Su humanismo revolucionario, nutrido de diversidad, memoria, lucha y ternura, se ha convertido en una de las reservas éticas más importantes de nuestro continente. Y en cada uno de sus colores late la certeza de que la Paz verdadera —la que no se vende, la que no se rinde, la que no se negocia— sigue viva y seguirá creciendo allí donde un pueblo decida defender su historia con la fuerza de su conciencia. Con nosotros, todos y todas, a su lado.
Los “nervios de acero” de Nicolás Maduro
Por: Dr Fernando Buen Abad Domínguez
Esos “nervios de acero”, entendidos como categoría político-semiótica y no como figura retórica individualista, designan una disposición ética que enfrenta la provocación imperial sin caer en el chantaje emocional, la intimidación mediática ni el impulso reactivo que las potencias hegemónicas desean desatar. En un escenario donde la agresión ya no se expresa solamente mediante ejércitos y sanciones, sino a través de un dispositivo multimodal de signos —rumores, operaciones psicológicas, montajes, discursos diplomáticos envenenados, campañas de odio, sabotajes económicos y un incesante terrorismo comunicacional—, la serenidad estratégica del dirigente se vuelve parte constitutiva de la defensa nacional. Aquí no se exalta un temperamento personal; se analiza un gesto político que sintetiza la racionalidad de un proyecto colectivo. Los “nervios de acero” no son el aplauso romántico al aguante individual, sino el nombre provisional de un método para impedir que la histeria imperial desfonde la vida democrática de un país asediado por décadas.
Porque el imperialismo ha comprendido que la “ventana de oportunidad” para desestabilizar procesos soberanos se abre cuando logran colonizar el estado afectivo de la población, ansiedad, miedo, incertidumbre, ira. No es casual que las operaciones contra Venezuela busquen, antes que nada, empujar al liderazgo a una reacción irreflexiva que sirva de pretexto para la escalada. Washington necesita que Caracas grite para poder presentarse como “bombero”. Necesita que Venezuela pierda la compostura para justificar la intervención “humanitaria”, la tutela y el cerco. Y en ese tablero, cada provocación se calcula con precisión, un insulto diplomático, un reconocimiento ilegítimo a un autoproclamado, un bloqueo energético, una mentira amplificada por miles de medios, un informe intoxicado en organismos internacionales. La guerra moderna se libra también en el plano de la afectividad pública.
Frente a todo eso, la serenidad estructural del proceso bolivariano —en su conducción política y en su tejido institucional— ha sido un muro de contención. Y no se trata de pasividad. Se trata de una ética democrática que comprende que la reacción impulsiva favorece a los agresores. El temple no es inacción; es cálculo, es lectura estratégica del signo hostil, es un modo de desactivar la carga semántica de la provocación para impedir que se convierta en detonador. El imperialismo diseña signos para producir efectos inmediatos, indignación, desesperanza, fractura moral. Lo que Venezuela ha hecho es disputar el significado antes de que el signo opere. Es decir, desactivar la semiótica de la agresión.
Cuando Maduro enfrenta una amenaza —sea militar, diplomática o comunicacional— sin perder el equilibrio, lo que está activando es un dispositivo pedagógico, demuestra que la fortaleza revolucionaria no depende de la furia, sino de la claridad. Su calma es un mensaje a la militancia, al pueblo y al mundo, la dignidad no se grita, se construye. Esa calma es también una defensa contra la guerra psicológica, que pretende instalar la idea de que Venezuela vive en estado terminal. Es una respuesta moral a un sistema global que se alimenta de la ansiedad social para gobernar. Y es, además, una lección política, no se derrota a la mentira con gritos, sino con un horizonte de verdad sostenido con firmeza.
Los ataques contra Venezuela siempre han buscado erosionar las condiciones de deliberación democrática. Pensar, analizar, discutir serenamente, todo eso resulta intolerable para las estrategias del caos. Por eso las provocaciones son espectaculares, buscan que la razón quede atrapada por la vorágine del odio mediático. Cada insulto de una potencia, cada maniobra de un títere extranjero, cada sanción económica diseñada para castigar al pueblo, pretende que el país reaccione bajo el clima emocional dictado desde afuera. Y sin embargo, Venezuela ha insistido en sostener el método del diálogo, la diplomacia activa, el debate interno y la construcción institucional. Ese es, precisamente, el terreno donde el imperialismo no sabe pelear.
Tal serenidad democrática frente a la agresión también implica algo más profundo, rechazar la lógica del enemigo absoluto. Mientras las potencias hegemónicas se permiten demonizar a Venezuela como si fuera un “peligro para el mundo”, la conducción bolivariana evita responder en el mismo registro. Mantener la compostura no significa olvidar la naturaleza criminal de las sanciones ni suavizar la denuncia; significa no permitir que el odio ajeno determine la forma de la política propia. Los “nervios de acero” son una ética porque subrayan que la defensa de la soberanía debe sostenerse en la altura moral que el enemigo no posee.
Esa ética democrática supone un trabajo doble, por un lado, resistir el chantaje emocional; por otro, cultivar una afectividad revolucionaria que no sea mero entusiasmo, sino conciencia colectiva organizada. No se trata sólo de soportar agresiones, se trata de construir una racionalidad política capaz de leer cada movimiento del adversario como mensaje cifrado, como signo intruso, como maniobra. En este marco, la serenidad no es un lujo psicológico sino un instrumento de decodificación. La calma es una herramienta crítica, permite ver la estructura de la ofensiva y desmontar sus premisas antes de que logren seducir a sectores vulnerables a la propaganda.
Toda la oposición venezolana que se deja tutelar por Estados Unidos, ha intentado, una y otra vez, quebrar esta ecuanimidad. Ha ensayado golpes mediáticos, llamados a la violencia, maniobras diplomáticas sin sustento jurídico, operaciones de sabotaje económico y un sinfín de provocaciones destinadas a forzar una reacción que valide la narrativa imperial: “dictadura”, “violación de derechos humanos”, “crisis humanitaria inducida”. El objetivo es simple, fabricar imágenes. Imágenes que circulen sin contexto, sin historia, sin geopolítica. Imágenes útiles para desactivar la solidaridad internacional. Tener “nervios de acero” es impedir que esas imágenes nazcan.
Ese temple no es improvisado. Es resultado de una tradición política que viene de Bolívar, de Zamora, de Chávez, una tradición que sabe distinguir entre firmeza y estridencia, entre autoridad ética y teatralidad, entre soberanía y bravata. La serenidad revolucionaria es una forma de inteligencia colectiva, sabe cuándo hablar, cuándo callar, cuándo denunciar, cuándo responder y cuándo simplemente permitir que la provocación se consuma en su propia impotencia. La agresión imperial no soporta el silencio firme porque lo desarma; no soporta la calma porque revela su desesperación.
Hay un punto crucial, la serenidad ética de Maduro y del proceso bolivariano no implica reconciliación ingenua ni desmovilización política. No se trata de tolerar la injusticia, sino de impedir que el enemigo nos dicte el ritmo. El imperialismo quiere urgencia, ruido, caos. La revolución necesita paciencia, análisis, organización. Los “nervios de acero” son el arte de gobernar sin dejarse poseer por la urgencia enemiga. Una democracia acosada debe desarrollarse no en el grito, sino en la lucidez. Y esa lucidez exige un tipo de fortaleza que no depende del espectáculo sino de la convicción.
Finalmente, la serenidad revolucionaria es un acto de confianza en el pueblo. Es la certeza de que el proceso histórico no se quiebra por un tuit de un mandatario extranjero ni por una amenaza de sanciones adicionales. Es la confianza en que la conciencia popular, formada durante años de lucha, sabrá distinguir entre manipulación y verdad. La serenidad del dirigente convoca a la serenidad del país entero, no para que se desmovilice, sino para que piense, para que actúe con madurez política, para que mantenga el pulso firme en medio de la tormenta.
Por eso, cuando se habla de los “nervios de acero” de Nicolás Maduro, se está hablando también de una pedagogía de resistencia, de un método para sostener la dignidad en tiempos de guerra híbrida. Se habla de una ética democrática que no concede al enemigo el poder de dictar la forma de nuestro ánimo. Se habla de la capacidad de un pueblo y de su conducción para enfrentar la agresión multinivel sin sacrificar los principios que los constituyen. Se habla, en última instancia, de la comprensión profunda de que la libertad exige no solamente valentía, sino también serenidad, una serenidad que el imperialismo jamás podrá comprender porque nace de la dignidad, no del cálculo cínico; de la historia compartida, no de la soberbia colonial; de un proyecto de futuro, no de la rapiña del presente.
Del Canto de las Sirenas al Puerto de LAUICOM: Voces de la Cohorte XIX «Unidad por la Soberanía y la Paz»
Prensa LAUICOM – En el marco de la graduación de los estudiantes del Diplomado en Comunicación Política de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM), la Cohorte XIX «Unidad por la Soberanía y la Paz” compartió sus experiencias, aprendizajes y compromisos revolucionarios. Entre las intervenciones más sentidas estuvo la de Eugenio Mendoza, quien, con palabras cargadas de gratitud y conciencia histórica, expresó su transformación personal y colectiva durante este proceso formativo:
«MUY BUENOS DÍAS
FRATERNA COMUNIDAD
DE LAUICOM. ES UN HONOR
PARA MÍ PODER EXPRESAR
MI SENTIR ANTE USTEDES
EN ESTE ACTO COMO PARTE
DE LA COHORTE XIX POR LA
UNIDAD, LA SOBERANÍA Y LA PAZ.
ESTE VIAJE EN FORMA DE
DIPLOMADO COMIENZA EN 2006,
HACE 19 AÑOS EN LA CIUDAD DE
MÉXICO CUANDO ESCUCHO ALGO
SEDUCTOR COMO EL CANTO DE LAS
SIRENAS CON VERDADES CLARAS,
CRISTALINAS Y OLOR A AZUFRE.
UN CANTO DE SIRENA QUE FUE
PARA MÍ UN FARO DE ESPERANZA
EN LA TORMENTA DEL SISTEMA DE
CODICIA Y ANTIVALORES
HUMANOS DEL NEOLIBERALISMO.
ERAN LAS VERDADES CLARAS Y
SIMPLES DE CHÁVEZ QUE PASABAN
FRONTERAS Y LLEGABAN A LA
INTIMIDAD DE MI RECÁMARA , ERA
EL ECO VIVO Y VIBRANTE DE
NUESTRO LIBERTADOR SIMÓN
BOLÍVAR, TAMBIEN POR DERECHO
CIUDADANO MEXICANO.
PERO.. LOS CUENTOS DE SIRENAS
QUE LLEVAN A LOS MARINEROS AL
NAUFRAGIO COMUNICABAN DUDAS
Y PENSÉ ¿SERÍA TODO UNA ILUSIÓN?
HOY CONFIRMO QUE NO HA SIDO
UNA ILUSIÓN EN ESTE VIAJE POR LA
GRAN VENEZUELA. ESTA
REVOLUCIÓN HA CONSTRUÍDO
PUERTOS Y PLAYAS PARA
RECUPERAR ESPERANZAS Y CARGAR
ENERGÍAS PARA SEGUIR EL CAMINO
HACIA EL CIELO Y OLVIDAR EL
CAMINO AL INFIERNO.
EN ESTE VIAJE ENCUENTRO UNA
BAHÍA CON UN PUERTO QUE SE
LLAMA LAUICOM…
EN SUS ESPACIOS HE CONOCIDO
GENTE MARAVILLOSA, Y HE JUGADO
ALEGREMENTE CON LA
COMUNIDAD ESCOLAR, HE PODIDO
APRENDER CON PELOTICAS DE
GOMA ,UN ESPEJO DE LA
EPOPEYA DE ESTA REVOLUCIÓN
BOLIVARIANA Y CHAVISTA, QUE
ANTE LOS DEMONIOS
NEOLIBERALES SIEMPRE SACA
INGENIO, RESUELVE , ENCUENTRA
SOLUCIONES Y TRIUNFA EN SU
ANDAR HACIA LA FELICIDAD
HUMANA.
HE PODIDO SENTIR LA HUELLA DE
LA COMUNA PROFUNDA,
HUMANISTA Y ANCESTRAL QUE
HACE DE ESTA PATRIA VENEZUELA
LO QUE ES: UNA TIERRA
BENDECIDA Y SAGRADA.
UNA TIERRA DE MUJERES Y
HOMBRES LIBRES E INDOMABLES,
CON VOLUNTAD INQUEBRANTABLE
PARA NUNCA DAR SU BRAZO A
TORCER ANTE NINGÚN IMPERIO Y
CUYA SANGRE ES PRIMERO, ANTES
QUE SU DIGNIDAD, UN PUEBLO
UNIDO QUE SE COMUNICA
AMOROSAMENTE PORQUE SABE
QUE EL AMOR ES LA MAYOR
FUERZA REVOLUCIONARIA QUE
EXISTE.
EN ESTA COHORTE XIX HE
PODIDO APRENDER QUE ES POSIBLE
EL APRENDIZAJE DEL LIDERAZGO
PARTICIPATIVO QUE DIALOGA,
ENCUENTRA CAMINOS PARA
ORGANIZARSE Y LLEGA A
SOLUCIONES COLECTIVAS.
AHORA SÉ QUE DESDE EL INICIO
DE ESTE VIAJE, NO FUE UNA
SIRENA Y SU ENGAÑO QUE ME HA
ENCANTADO. HA SIDO SU BUENA
CONTRAPARTE MASCULINA, UN
TRITÓN QUE DESDE LAS
PROFUNDIDADES MARINAS CON SU
ANTORCHA ILUMINA EL CAMINO AL
CIELO, EL TRITÓN Y COMANDANTE
HUGO CHÁVEZ QUE HA
DESPERTADO MI CONSCIENCIA Y
QUE HA HECHO POSIBLE ESTE
PUERTO DONDE COMO COHORTE
XIX HE LLEGADO, Y CON LA QUE
ESTOY ETERNAMENTE
AGRADECIDO, Y DONDE CON SU
VISIÓN DE LÍDER MUNDIAL SEGUIRÁ
VIVIENDO EN ESTA SU CASA
LAUICOM.»
Al Presidente Obrero, con el Corazón del Pueblo: ¡Feliz Cumpleaños Nicolás Maduro!
Prensa LAUICOM – En el alba de un día como hoy, cuando la luz dorada besa los cerros del llano y los ríos murmuran los versos de la libertad, Venezuela se levanta con el alma en alto para celebrar el natalicio de quien ha nacido entre el pueblo y por el pueblo: el presidente obrero, Nicolás Maduro Moros.
Camarada que conoce la política como compromiso cotidiano con los que construyen la Patria desde abajo. Su mirada no se eleva por encima del pueblo, sino que se entrelaza con sus luchas, sus sueños y su inquebrantable voluntad de vivir en dignidad. Ha caminado con los que madrugan, ha escuchado a los que callan por hambre y ha transformado esa escucha en acción: en leyes justas, en protección social, en defensa intransigente de la soberanía nacional.
Mientras el imperio insiste en cercar la palabra y en silenciar la verdad, su voz resuena con la claridad del que defiende lo justo. Frente a sanciones, bloqueos y campañas de odio, no retrocede: avanza construyendo alianzas entre pueblos libres, reafirmando la soberanía y tejiendo, paso a paso, un mundo multipolar donde América Latina es sujeto, no objeto.
Su firmeza no es de piedra, sino de raíz: profunda, viva, alimentada por el ideario del Libertador Simón Bolívar y el fuego eterno del Comandante Hugo Chávez. No defiende una idea, defiende un sueño colectivo: el de una Venezuela libre, soberana, justa.
Hoy, mientras el sol abraza la tierra que tanto amamos, lo saludamos con el latido unánime de un pueblo que ve en él no un jefe, sino un hermano de lucha. Que los caminos se le abran claros, que la salud lo envuelva como manto, y que cada día de su vida sea un verso más en la epopeya que juntos escribimos.
Desde las aulas, talleres, oficinas y pasillos de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM) le enviamos un abrazo revolucionario y le deseamos, con profundo cariño y admiración, salud, fortaleza, alegría y muchos años más al servicio de la Patria y del pueblo que tanto amamos.
¡Feliz cumpleaños, Presidente de la Esperanza!










