La guerra cognitiva construye el estatuto ontológico y epistemológico de la dominación contemporánea. Luis Delgado arria

La ingeniería de la percepción: la guerra cognitiva o la disputa por la razón

Luis Delgado Arria*

​Centro de Contenidos Decoloniales Comunales Hugo Chávez

Vicerrectorado de Investigación y Creación Intelectual de la Universidad Internacional de las Comunicaciones

​Introducción: El marco neocolonial de la ofensiva Occidental

​La actual ofensiva geopolítica occidental ha trascendido el campo de batalla principalmente político, diplomático, económico, comercial, científico tecnológico y cibernético militar. Hoy, la fase superior de esta confrontación asume la forma de un nuevo tipo de Guerra de naturaleza Neuro Cognitiva. Hablamos de una operación integral de naturaleza dialéctica cuyo objetivo se plantea no solo destruir la base material de todo pueblo etiquetado como amenaza geopolítica, sino reestructurar y bloquear el metabolismo mismo de todas las dimensiones de su cognición. El imperialismo cognitivo se propone asumir el control total, no solo de la tierra, el mar, el cielo y el ciberespacio sino particularmente de la mente, lo cual incluye percepciones y emociones, imaginarios sociales e identidades, creencias y conceptos, la atención a lo estratégico, la inteligencia comunitaria/ nacional popular y raizal, la gloriosa memoria histórica y la voluntad acomunada e irreductible para resistir y vencer.

​La tesis central de mi presentación, basada en el análisis de un artículo más extenso que está actualmente en prensa para ser en breve publicado por la Universidad Internacional de las Comunicaciones (Lauicom) en donde hago vida intelectual (Delgado Arria, en prensa); y una investigación colectiva sobre el Uso de las Redes Sociales en la Guerra Cognitiva para Generar Odio e Insurrección Popular en Venezuela y Bolivia ―promovida por El Celarg y financiada por Fonacit (Delgado Arria et al., en curso)― es que la guerra cognitiva constituye una profunda mutación del aparato ideológico-militar occidental que busca hoy imponer el marco ideológico cognitivo de una distopía inescapable, pero presentada como única utopía posible. Mediante una premeditada e incesante saturación cognitiva vehiculada desde medios de comunicación y principalmente desde redes digitales, Occidente está construyendo una nueva realidad paralela dirigida a sitiar la comprensión de la totalidad concreta; y anular la voluntad de lucha y la capacidad de resistencia tanto de las vanguardias como de los pueblos. Tal ofensiva se está desplegando fundamentalmente mediante la colonización de dos dominios de la experiencia humana: la Fenomenología (cómo experimentamos y vivimos la realidad) y la Epistemología (cómo construimos y deconstruimos el conocimiento).

​1. La Ingeniería de la enacción: de la experiencia auténtica a la parálisis traumática

​El metabolismo social de la guerra cognitiva opera hoy mediante la degradación y la manipulación, la cosificación y la mercantilización sistemáticos de la experiencia humana. Francisco Varela (1946-2001), con su Teoría de la Mente Encarnada (Embodied Mind), sostiene que la cognición no es una mera representación pasiva de un mundo cósico y desencantado, sino una (re)presentación activa y puesta en acto (enactment) de la realidad. Actuamos conforme a lo que percibimos, experimentamos y a su vez, a lo que instituimos como mundo humano (Varela et al., 1991). La sustancia de la guerra cognitiva es, por tanto, una suerte de reIngeniería de la Enacción.

​En este mismo sentido, revisemos ahora lo que planteaba el filósofo judío alemán Walter Benjamin (1892-1940) quien distinguía entre la experiencia auténtica, acumulativa (Erfahrung) y la vivencia superficial, fugaz (Erlebnis) (Benjamin, 2008). La ofensiva occidental opera mediante un flujo incesante y pornográfico de «data-catástrofe» (memes, videos impactantes, relatos apremiantes y videos de porno light, cada vez más usuales en las redes sociales). Tal sobredosis de Erlebnis fragmentario, ética y políticamente degradado es adrede desplegado para reprimir y bloquear la sedimentación de la memoria histórica y la praxis crítica. El sujeto, sobrecargado de estímulos sin sentido, achicharrado de superexplotación y traumatizado por una suerte de sociedad cada vez más de signo psicopático digital, entra así en una suerte de estado de anestesia cognitiva y de delirio narcisista colectivo.

​Otra destacada pensadora judío alemana, Hannah Arendt (1906-1975), describió la «banalidad del mal» como la incapacidad para pensar y para actuar en el mundo desde la perspectiva del Otro (Arendt, 2003). La guerra cognitiva exacerba esta banalidad del mal hasta el extremo de convertirla en la «banalidad de la catástrofe»: el bombardeo constante de imágenes de tensiones internas y externas históricamente acumuladas hasta el colapso social (Ruanda, Colombia), conflagraciones armadas recurrentes (Irak, Siria, Libia, Yemen), genocidios sistemáticos y colonialismo de asentamiento (Palestina/ Gaza); y bloqueos y diásporas programadas tras un largo ciclo de sanciones unilaterales/ ilegales (Cuba, Haití, Venezuela), intoxicación de la clase trabajadora mediante el fentanilo (Estados Unidos, etc.) se nos presenta hoy cada vez más como un paisaje de fondo inevitable y como un fatum o un destino inquebrantable dirigido a desactivar la pulsión crítica y la voluntad de lucha. La indignación y la solidaridad se disuelven así en la fatiga escapista del imaginario anestésico hollywoodiense y del compulsivo scroll infinito.

​De esta forma, el Marco de una Distopía Inescapable, como la profetizada por Franz Kafka (1883-1924) en El CastilloLa Colonia PenitenciariaLa metamorfosis o El artista del hambre (Kafka, 2011) describe hoy, de manera casi hiperrealista, nuestra trampa jaula cognitiva y civilizatoria. Al saturar el sensorio con imágenes de aberración, crueldad e indefensión, éxito inalcanzable y relatos humorísticos/ pornográficos normalizados, el sistema nervioso lo enacta—es decir, los pone en acto como absurda normalidad. El sujeto no solo percibe el mundo de vida genuinamente humano como una distopía, sino que asimismo lo construye, naturaliza y en algún modo justifica mediante su propia inacción y complicidad. La parálisis generalizada se convierte así en la prueba de que el desastre era y es inevitable, clausurando el ciclo de negación crítica y poniendo en entredicho la ética, la política, los derechos sociales, la soberanía y hasta la vida misma.

​2. La crisis epistémica: inconmensurabilidad y colonialidad cognitiva

​El segundo asalto se dirige contra la razón crítica y la construcción de conocimiento objetivo, es decir, la colonialidad cognitiva. A grandes brochazos repasemos el estado del arte respecto de este particular.

​El epistemólogo austriaco británico Karl Popper (1902-1994) estableció el falsacionismo como el criterio vertebral de la ciencia: esto es, toda teoría debe ser refutable al interno de su respectiva comunidad científica/ discursiva para alcanzar un carácter o estatuto propiamente científico (Popper, 2002). La guerra cognitiva no busca instituir la verdad, sino imponer como fatalidad el bombardeo incesante de «mundos paralelos, absurdos e irreconciliables» al interior de una cámara algorítmica de espionaje y de tortura psíquica llamada hoy “cámaras de eco” que deviene en «burbujas de filtro», tornándose así estos mundos paralelos inmunes a toda comprensión y refutación. Estas narrativas postapocalípticas que prescriben círculos viciosos, operan con su propia lógica interna, haciendo que la verdad externa—histórica, ética o científica—simplemente “se disuelva en el aire” como anunciara Marx.

​Thomas S. Kuhn (1922-1996) nos enseñó que diferentes paradigmas (o, en este caso, comunidades ideológicas ―que son comunidades de comunicación― mediadas por algoritmos) viven en «mundos» conceptuales tan distintos que el cuestionamiento o la puesta entre paréntesis de lo dado y la refutación mutua se tornen casi inimaginables. La guerra cognitiva occidental explota esta inconmensurabilidad al punto de asegurar que ninguna verdad descolonizadora pueda penetrar el Paradigma Distópico/Post-Apocalíptico liberal burgués internalizado por la víctima (Kuhn, 2013). El síndrome de Estocolmo de la clase expropiada, urgida pero impedida de devenir clase revolucionaria en sí y para sí, se torna así un paisaje hoy de pesadilla global.

​Desde el pensamiento decolonial, este asalto a la razón es claramente una guerra colonial-cognitiva. No se limita a controlar el territorio, sino que busca controlar la «geografía de la razón» (Hinkelammert, 1990), imponiendo un horizonte cósico/ único: el futuro occidental-distópico-tecnocrático. Al coartar la memoria histórica de luchas y alternativas civilizatorias (Zemelman, Dussel, Bautista Segales, Grosfoguel), la guerra cognitiva bloquea la proyección de cualquier utopía distinta de la extensión del presente moderno/ burgués/ mercantil/ colonial. La guerra cognitiva es el disciplinamiento del inconsciente colectivo para la aceptación incondicional del orden neocolonial/ neoliberal en su momento de ensayo de limpieza étnica y de clase social de todo el proletariado mundial.

​3. El caso práctico: Venezuela como laboratorio de distopía enactada

Venezuela es, hoy, seguramente, el principal globo de ensayo de esta nueva guerra neurocognitiva. Aquí, la ofensiva occidental ha operado una convergencia dialéctica de caotización económica e imposición de un nuevo marco narrativo/ conceptual que nosotros llamamos narrativa gris.

​Las SCU no son solo medidas económicas punitivas, son, primordialmente, operaciones mediáticas/psicológicas dirigidas a prescribir un nuevo sentido común catastrofista, sacrificial y nihilista (Hinkelammert, 1990). El colapso económico inducido no se presenta mediáticamente como la consecuencia directa del bloqueo occidental. Se enmarca metafóricamente como la prueba irrefutable de la incompetencia intrínseca del gobierno y muy en particular, del presidente Constitucional de la República, mancillado al punto de buscar degradarlo a la categoría de peligroso forajido internacional.

​Se desplaza el locus de la culpa. El culpable de la crisis es el gobierno, el presidente de la república, los ministros y el partido socialista, nunca el imperialismo occidental ni sus sirvientes disfrazados de “oposición”. Y el sufrimiento del pueblo se enactúa como un destino merecido y fatal. Prototipos de esto son los enunciados: “Este país se acabó”, “de aquí me iría demasiado” y “en Venezuela ya no hay futuro”, entre otros.

  • ​El ilegal y descarado desfalco de activos (CITGO, Monómeros, reservas en lingotes de oro, reservas monetarias internacionales), la hiperinflación inducida y el reconocimiento por todo el Occidente apandillado de un títere presidencial paralelo, del todo írrito, han operado no solo como nuevo (des)orden político internacional y gravosos desfalcos económicos sino, sobre todo, como actos de guerra cognitiva en el plano geopolítico. El discurso implícito es: «Mientras siga la agenda socialista, Venezuela no tendrá control sobre su propio futuro”. Tales prácticas socavan la percepción de la soberanía nacional y de realización comunitaria, resintiendo gravemente la autodeterminación popular, praxis indispensables para una acción política eficaz, justa y soberana.

​El discurso mediático occidental ha creado una suerte de polifonía del delirio y de la desesperanza que en Venezuela emerge bajo enunciados tales como: “Éramos ricos y no lo sabíamos”, reelaborando y reencarnado así el lema “Con AD se vive mejor”. Los enunciadores (expertos catastróficos, imágenes de colapso, amenazas militares, inminencia de bombardeos e invasiones) convergen en un único ethos: la rendición inevitable. Este discurso de fondo neomalthusiano se presenta como la voz de la realidad misma, derogando la posibilidad de un contra discurso de resistencia y mucho menos, de renacer civilizatorio.

​Para contrarrestar esta ofensiva, la salida del laberinto nos exige no solo refutar los datos sino reemplazar el marco enactivo/ cognitivo (la propuesta de Varela/ Lakoff). Es preciso desplazar el marco cognitivo catastrofista de la destrucción por el Marco cognitivo ético y épico, estético y celebratorio endógeno de nuestra irreductibilidad histórica y de nuestro renacer nacional popular y civilizatorio (Lakoff & Johnson, 1980).

​Marcos a reemplazar (la distopía impuesta):

  • Metáfora central: LA NACIÓN ES UNA LANCHA O UN BARCO A LA DERIVA. Este marco promueve la búsqueda delirante de un «capitán externo», la huida desesperada o la justificación de una extracción quirúrgica de la vanguardia política y epistémica de la revolución. Que como sabemos en Nuestra América, desde el magnicidio de Salvador Allende, es una forma disimulada de justificar la limpieza ideológica y étnica.
  • Metáfora oculta: LA CRISIS ES UN HURACÁN INESCAPABLE. Este marco banaliza el origen ideológico y político de la crisis, encubriendo la culpa del agresor.

Marcos a promover (calma, aplomo y soberanía):

  • Marco de la nación fortificada (soberanía):
    • Metáfora: LA NACIÓN ES UN OASIS DE RELACIÓN FRATERNA, CULTIVADO Y PROTEGIDO.
    • ​Implicación: Cambia el foco de la destrucción al cuidado mutuo, la producción y la defensa. Cada episodio productivo o de resistencia es un acto de cultivo y soberanía. Esto exige la atención profunda y la pausa reflexiva (Benjamin, 2008) para reponerse al choque necrológico.
  • Marco del constructor (calma y aplomo):
    • ​Metáfora: EL CONFLICTO ES UNA OBRA DE CONSTRUCCIÓN HISTORICA COMPLEJA.
    • ​Implicación: Sustituye la parálisis por sobrecarga traumática, por la necesidad de planificación, trabajo sostenido y medición de avances. Las agresiones externas son «sabotajes a la obra» que deben ser reparados, no el fin del proyecto.

​A modo (táctico) de conclusión

​La guerra cognitiva construye el estatuto ontológico y epistemológico de la dominación contemporánea. Exige una descolonización epistémica/cognitiva y a su vez ética y estética que recupere la memoria histórica y una praxis crítica revolucionaria para producir una enunciación propia y pertinente a la cada día más grave crisis civilizatoria del capital. Solo al restaurar la soberanía cognitiva y desarrollar nuevas gramáticas de la reflexión y la acción, podremos trascender la lógica de la colonia penitenciaria global y restaurar la posibilidad de la acción política revolucionaria de signo socialista, esto es, el amanecer de una civilización en que el ser humano sea digno y pleno por primera vez en la historia.

​Si la ofensiva es contra las mentes y los corazones, solo prevaleceremos si entre todos anudamos de nuevo nuestros imaginarios, saberes y haceres campesinos, populares y raizales. Nuestra salvación de esta mezcla de Armagedón nuclear y Armagedón cognitivo dependerá de que logremos reencuadrar nuestro presente y nuestra voluntad utópica en clave de diversidad epistémica, épica irreductible y renacimiento comunal y civilizatorio.

​Referencias

​Arendt, H. (2003). Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal (R. Polito, Trad.). Lumen.

​Benjamin, W. (2008). Sobre algunos temas en Baudelaire. En Sobre el lenguaje y otros ensayos (pp. 177–221). Taurus.

​Delgado Arria, L., et alt. (en curso). Uso de las Redes Sociales en la Guerra Cognitiva para Generar Odio e Insurrección Popular en Venezuela y Bolivia [Informe de investigación no publicado]. Centro de Contenidos Decoloniales Comunales Hugo Chávez/ Universidad Internacional de las Comunicaciones.

​Delgado Arria, L. (en prensa). La guerra cognitiva contra Venezuela en la última década. Centro de Contenidos Decoloniales Comunales Hugo Chávez/ Universidad Internacional de las Comunicaciones.

​Hinkelammert, F. J. (1990). La fe de Abraham y el Edipo occidental. Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI).

​Kafka, F. (2011). Cuentos completos. Austral.

​Kuhn, T. S. (2013). La estructura de las revoluciones científicas (A. Contín, Trad.). Fondo de Cultura Económica.

​Lakoff, G., & Johnson, M. (1980). Metaphors we live by. University of Chicago Press.

​Popper, K. R. (2002). The logic of scientific discovery. Routledge.

​Varela, F. J., Thompson, E., & Rosch, E. (1991). The embodied mind: Cognitive science and human experience. MIT Press.

  • Poeta, ensayista y licenciado en Letras (UCV). Magister in Arts (University of Pittsburgh). Doctorante en Creación Intelectual (UNESR). Catedrático de Análisis crítico del discurso, vocería política y comunicación decolonial. Investigador de Guerra Cognitiva en LAUICOM. Miembro de la Red Internacional de Investigación Antifascista. Vicerrector de Investigación y Creación Intelectual de LAUICOM.