Por Profesor Julio C Valdez
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)
Marzo, 2026
Josef K., trabajador bancario, es detenido una mañana por dos funcionarios. Y así se abre el vórtice de una extraña pesadilla. Este hombre sufre el curso de un absurdo e inexplicable proceso judicial. Josef intenta saber por qué ha sido detenido; pero es inútil. Ni los funcionarios, ni los jueces saben de qué se trata realmente el asunto. Una vez prisionero, Josef K transita diferentes vaivenes: acusaciones imprecisas, culpa, fugaces esperanzas, y la sensación de imposibilidad de escapar de aquella situación… Pero, ¿de qué estamos hablando? Pues, hablamos de la novela El proceso, de la pluma del extraordinario escritor checo Franz Kafka. Es una obra escrita en la segunda década del siglo pasado, que ha tenido un profundo impacto mundial. Entre tantas interpretaciones, aparece la de la filosofía del absurdo. Es decir, la humanidad ha llegado a un estado de absurdo total, que implica las vidas humanas, las instituciones, y la sociedad misma. Y ¿por qué la estamos recordando ahora? Veamos una situación similar:
Una madrugada del 3 de enero de 2026, el presidente de una república independiente y su esposa fueron secuestrados violentamente por un comando militar extranjero. Ese comando irrumpió en medio de una feroz incursión bélica por parte de una potencia extranjera, que dejó numerosas víctimas. Ese presidente en cuestión había ganado las elecciones de su país, y estaba en pleno ejercicio de sus funciones cuando ocurrió el rapto. La acción militar fue ordenada por el presidente de la potencia foránea, violando leyes, tratados internacionales y la Carta de las Naciones Unidas que debiera proteger la soberanía de las naciones. Tampoco siguió el trámite de informar al Congreso de su país… Posteriormente el presidente y su esposa fueron conducidos al Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, en el Estado de Nueva York, Estados Unidos. Como justificación del secuestro, se le atribuyó el liderazgo de una banda delictiva denominada El Cartel de los Soles, que supuestamente estaba incursa en delitos de narcotráfico, lavado de dinero y corrupción. Y en la actualidad, el presidente, desde una celda fría, espera el curso del juicio que se le ha impuesto.
Y es que nos hace inevitable la analogía entre el caso del presidente y el personaje de la novela de Kafka. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, fue secuestrado un día por un escuadrón militar extranjero y trasladado a una prisión en la ciudad de Nueva York. . Se le señalaba como jefe del Cartel de los Soles, y eso se suponía que justificaba la incursión bélica y el secuestro. No obstante, el propio Departamento de Estado del país del Norte retira el argumento central, al declarar la inexistencia del Cartel de los Soles. Es decir, el motivo central de la acusación se ha roto en mil pedazos… Así, como Josef K., Nicolás Maduro se ha visto arrastrado a una situación absurda. Vive actualmente un proceso judicial donde no está claro por qué fue secuestrado y por qué es mantenido prisionero, sin pruebas relevantes para ello. Y, sin embargo, el juicio prosigue en un tribunal que no tiene jurisdicción sobre lo que se pretende legislar, hecho que genera graves sospechas sobre la autoridad del supuesto “país de las libertades democráticas”. Ante la debilidad de los argumentos en su contra, la fiscalía va prorrogando la audiencia para la evacuación de pruebas, al tiempo que intenta negar que su país de origen aporte los recursos financieros necesarios para la defensa. En fin, una situación que de seguro Franz Kafka suscribiría.
Sólo hay una gran diferencia entre los casos de Josef K. y Nicolás Maduro. En lo que respecta al segundo, se rompe el absurdo en tanto ese proceso judicial e indefinido, enmascara una estrategia de ganar tiempo para seguir intentando subyugar a Venezuela con el fin de apropiarse de sus recursos naturales.

