Pedro Penso guerra cognitiva

La guerra cognitiva como mutación del imperialismo contemporáneo:

efectos sobre las subjetividades de clase y de los pueblos en Venezuela, América Latina y el mundo

Una aproximación desde la dialéctica del materialismo histórico.

Profesor – Investigador Pedro Penso+

Una aproximación desde la dialéctica del materialismo histórico

La guerra como forma fenoménica de la lucha de clases en el siglo XXI

Para comprender lo que hoy llamamos guerra cognitiva y sus efectos sobre las subjetividades en Venezuela, América Latina y el mundo, es necesario partir de una proposición fundamental del materialismo histórico: la guerra no es un accidente de la historia ni una patología de las relaciones internacionales, sino una continuación de la política —y, por tanto, de la lucha de clases— por otros medios. Como nos enseñó Clausewitz, mediado por la lectura leninista, la guerra expresa, en su forma más concentrada y violenta, las contradicciones que atraviesan un modo de producción determinado.

Ahora bien, la mutación que nos ocupa —la emergencia de la guerra cognitiva como modalidad predominante de agresión imperialista en el siglo XXI— no representa un mero cambio técnico en los instrumentos bélicos. Tampoco es un fenómeno que pueda explicarse por la simple adición de «nuevas tecnologías» al repertorio militar. Se trata, más bien, de una transformación cualitativa en la forma que asume la guerra imperialista cuando las condiciones objetivas de la correlación de fuerzas global —el ascenso de nuevos polos de poder, la crisis de la hegemonía unipolar estadounidense, la emergencia de proyectos contrahegemónicos en el Sur Global— vuelven inviable la guerra clásica de ocupación territorial. Es, en palabras de algunos analistas, una guerra vicaria (Waldman, 2021) [1], que busca lograr los objetivos del imperialismo sin exponer a sus fuerzas al costo político y humano de una invasión directa.

Como sostienen Tan y Perlmutter (2006) [2], el concepto mismo de «guerra de información» encierra una paradoja: cuanto más se cree saber sobre ella, menos se comprende su dinámica real, pues la información no es un recurso neutral sino un campo de batalla donde se dirimen proyectos de sociedad antagónicos.

Mutaciones de la guerra cognitiva: Del 11 de septiembre al 3 de enero

La trayectoria de la guerra cognitiva como modalidad imperialista puede trazarse a partir de hitos que marcan saltos cualitativos en su desarrollo. Si la guerra mediática contra Irak en 1991 y 2003 mostró el poder de la manufactura del consenso (Herman y Chomsky, 1988) aplicada a gran escala, la experiencia venezolana de 2002 —el golpe de Estado mediático contra Hugo Chávez— reveló que, en América Latina, los medios de comunicación privados podían operar como arietes de desestabilización política con la misma eficacia que un batallón de infantería. Como documenta Cañizález (2003) [3], el golpe de abril de 2002 contra Chávez fue un «golpe mediático«: la televisión privada venezolana no solo informó, sino que produjo los acontecimientos, creando una realidad virtual que justificaba la ruptura del orden constitucional.

Esta primera fase —que podríamos llamar guerra mediática clásica— evolucionó hacia una forma más sofisticada con la irrupción de las plataformas digitales y las redes sociales. El uso de bots políticos para la manipulación de la opinión pública en Venezuela, estudiado por Forelle et al. (2015) [4], muestra cómo actores automatizados generan contenido que simula apoyo o rechazo popular, creando una falsa impresión de consenso o disenso. Los investigadores encontraron que los bots más activos en la conversación política venezolana eran utilizados por la oposición radical, y que se hacían pasar por líderes políticos y agencias gubernamentales más que por ciudadanos comunes.

Sin embargo, el salto cualitativo más significativo ocurre en la coyuntura que usted señala: el período pre y post 3 de enero. En esta fase, la guerra cognitiva ya no se limita a informar tendenciosamente o a manipular la opinión pública, sino que busca reconfigurar las subjetividades mismas de los pueblos, alterando su percepción de la realidad, su memoria histórica y su capacidad de agencia política. Se trata de una guerra que opera en el plano de lo que Gramsci llamó la hegemonía: la disputa no es solo por el gobierno, sino por la dirección intelectual y moral de la sociedad (Hesketh, 2019) [5].

En el caso venezolano, esta mutación se expresó en la estrategia de doble poder implementada a partir de enero de 2019, cuando Juan Guaidó se autoproclamó «presidente interino» con el respaldo inmediato de Estados Unidos y sus aliados. Como señala Buxton (2019) [6], la estrategia de la oposición venezolana estuvo marcada por errores de cálculo y por una dependencia excesiva del respaldo internacional, lo que revela que la guerra cognitiva no puede suplir indefinidamente la falta de arraigo social y de correlación de fuerzas favorable en el terreno material.

El secuestro del derecho internacional y la ruptura del orden jurídico

El desconocimiento de los principios más elementales del derecho internacional —la soberanía, la autodeterminación de los pueblos, la no intervención— constituye la base jurídico-política sobre la cual se despliega la guerra cognitiva contra Venezuela. La estrategia de reconocimiento selectivo de gobiernos, analizada por López-Rodríguez (2021) [7] a través del caso venezolano, revela cómo las potencias imperialistas instrumentalizan el derecho internacional para legitimar injerencias: más de cincuenta países reconocieron a Guaidó como presidente legítimo, a pesar de que Maduro ejercía el control efectivo del territorio, de las instituciones y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).

Esta fractura del orden jurídico internacional tiene consecuencias profundas sobre las subjetividades. Cuando el derecho se convierte en un arma de guerra, la percepción de lo legítimo y lo ilegítimo se desestabiliza. Sectores enteros de las clases medias venezolanas —formadas en la idea de que «Occidente» representa la legalidad y la democracia— experimentaron una ruptura cognitiva al ver que sus referentes tradicionales de autoridad moral avalaban una ficción jurídica: la de un «presidente» sin control territorial, sin ejército y sin capacidad de gobernar. Para las clases populares, en cambio, la defensa de la soberanía se convirtió en una experiencia de reafirmación identitaria, en la medida en que la agresión externa operó como catalizador de una conciencia nacional y antiimperialista.

Las sanciones económicas unilaterales impuestas por Estados Unidos —que, como documenta Mooney (2021) [8], fueron tan severas que la propia relatora especial de Naciones Unidas sugirió que podrían constituir crímenes de lesa humanidad— operan no solo como mecanismo de asfixia económica, sino como dispositivo de guerra cognitiva. Al bombardear a la población venezolana con la narrativa de que «las sanciones no afectan al pueblo sino al gobierno», y al mismo tiempo generar escasez inducida e hiperinflación, se produce una disociación esquizofrénica en la conciencia popular: se vive la catástrofe económica mientras se niega su causa real.

Efectos sobre las subjetividades de clase

El materialismo histórico nos enseña que la conciencia de clase no es un reflejo mecánico de la posición en las relaciones de producción, sino una construcción política y cultural mediada por la lucha ideológica. En este sentido, la guerra cognitiva opera directamente sobre lo que Lukács denominó la conciencia de clase psicológica (la percepción inmediata que los individuos tienen de su situación) para impedir el desarrollo de la conciencia de clase atribuida (la comprensión de los intereses históricos objetivos de su clase) (Melo, 2018) [9].

En Venezuela, el efecto ha sido paradójico y contradictorio. Por un lado, la guerra cognitiva ha profundizado la polarización de clase que ya caracterizaba la sociedad venezolana desde la llegada de Chávez al poder. Como documentan Hawkins et al. (2018) [10], la polarización en Venezuela no fue simplemente política, sino que expresó la división de la clase en la sociedad venezolana: el chavismo aglutinó a los sectores populares y a las clases medias empobrecidas, mientras que la oposición concentró a las élites económicas, a las clases medias altas y a los sectores profesionales formados bajo el paradigma neoliberal. La guerra cognitiva intensificó esta división de las clases al naturalizar las diferencias de clase como diferencias morales e identitarias: el chavista era presentado como «ignorante», «populista» o «violento», mientras que el opositor era retratado como «ciudadano», «demócrata» o «profesional».

En América Latina, la guerra cognitiva ha producido un efecto de archaización de la conciencia política*,  como lo denominan Morozov y Erofeev (2017) [11] en su análisis de las guerras híbridas. Este concepto se refiere al retorno de mitologías políticas arcaicas —el «enemigo interno», la «conspiración comunista», la «amenaza a la civilización occidental»— que reemplazan el análisis racional de las contradicciones sociales por una lógica amigo-enemigo despolitizadas. En Brasil, la elección de Bolsonaro fue un caso paradigmático: el uso de WhatsApp como arma de propaganda masiva —analizado por Luz y Miller (2020) [12]— permitió construir una realidad paralela donde la amenaza del «comunismo» justificaba cualquier atrocidad. La guerra cognitiva, en este sentido, produce una involución de la subjetividad política: en lugar de la conciencia crítica que debiera emerger de la experiencia material de la explotación, se implanta una conciencia mistificada que identifica como enemigos a otros explotados o a proyectos emancipatorios.

La dimensión geopolítica y los pueblos: imperialismo y guerra vicaria

La guerra cognitiva no puede entenderse al margen de la reconfiguración geopolítica global. La tesis de la «guerra vicaria» —desarrollada por Waldman (2021) [1] y retomada por otros analistas (Krieg y Rickli, 2018) [13]— sostiene que Estados Unidos ha optado por delegar en actores proxies la realización de sus guerras, manteniendo su propia fuerza militar en la sombra, operando desde las sombras (operaciones encubiertas, fuerzas especiales, drones, guerra cibernética), mientras transfiere los costos humanos y políticos a otros.

En el contexto latinoamericano, esta guerra vicaria asume la forma de una agresión multidimensional que combina sanciones económicas, manipulación mediática, financiamiento de oposiciones, reconocimiento selectivo de gobiernos y guerra cognitiva digital. El objetivo es producir un colapso inducido que justifique la intervención humanitaria o el cambio de régimen. Como señalan Main y Dangl (2019) [14], el caso venezolano representa un momento crítico para desafiar la intervención imperialista en la región: lo que está en juego no es solo un país, sino la posibilidad de que exista un proyecto soberano, independiente y antiimperialista en el hemisferio.

Para los pueblos de América Latina, la guerra cognitiva produce una subjetividad escindida. Por un lado, las clases populares que han sido protagonistas de procesos emancipatorios —el bolivarianismo en Venezuela, el evismo en Bolivia, el correísmo en Ecuador, el lulismo en Brasil— desarrollan una conciencia defensiva, una subjetividad de resistencia que se fortalece frente a la agresión externa pero que corre el riesgo de cristalizarse en una postura reactiva que dificulta la autocrítica y la renovación. Por otro lado, las clases medias y altas que se identifican con el discurso hegemónico occidental experimentan una subjetividad de resentimiento: al ver bloqueadas sus expectativas de consumo y movilidad social por la crisis económica —crisis que la guerra cognitiva les presenta como resultado de la «incompetencia» o «corrupción» del gobierno popular, y no como efecto de las sanciones y la guerra económica—, estas clases se vuelcan hacia posiciones políticas cada vez más radicalizadas, llegando a justificar la intervención extranjera.

A escala global, la guerra cognitiva produce un efecto aún más inquietante: la disolución del principio de realidad. En un mundo donde cada hecho puede ser negado, cada verdad puede ser disputada y cada narrativa puede ser fabricada, la posibilidad misma del conocimiento objetivo —condición de posibilidad de cualquier política emancipatoria— se ve socavada. La guerra cognitiva no busca convencer, sino confundir; no busca ganar adeptos, sino neutralizar la capacidad de juicio. Es, en este sentido, una guerra contra la razón histórica misma.

Para cerrar en tono dialéctico

Entre la determinación estructural y la agencia histórica

Desde una perspectiva dialéctica, la guerra cognitiva no es un destino ineluctable ni una fuerza todopoderosa. Como toda forma de lucha de clases, encuentra sus límites en las condiciones materiales y en la praxis de los sujetos históricos. El fracaso del intento de derrocar a Maduro en 2019 —a pesar de la maquinaria cognitiva global desplegada a su favor— demuestra que la guerra cognitiva, por sí sola, no puede suplir la ausencia de una base social sólida ni la falta de una correlación de fuerzas favorable en el terreno material (Buxton, 2019) [6].

La guerra cognitiva ha mutado y se ha sofisticado, pero la contradicción fundamental que recorre la historia latinoamericana —la que enfrenta a los proyectos de soberanía popular con los intereses del imperialismo y sus aliados locales— permanece intacta. Lo que ha cambiado es el escenario donde esta contradicción se dirime: de los campos de batalla físicos, la guerra se ha trasladado a los territorios de la conciencia. Pero la conciencia, como nos enseñó Marx, no es una esfera autónoma de la realidad: es expresión y reflejo —activo, no pasivo— de las condiciones materiales de existencia.

El mayor peligro de la guerra cognitiva no reside en su capacidad de engañar, sino en su capacidad de desmovilizar, de producir una subjetividad fatalista que acepte la realidad presente como inmutable. Frente a ello, la tarea del pensamiento crítico —y de la praxis política que le corresponde— es restituir el vínculo entre la experiencia vivida y la comprensión de la totalidad social, entre el sufrimiento cotidiano y sus causas estructurales, entre la memoria histórica de las luchas pasadas y la posibilidad de un futuro emancipado.

Como sostienen Petras y Veltmeyer (2018) [15] en su análisis de la lucha de clases en América Latina, cada avance del capital en la región ha generado una respuesta correspondiente de las clases trabajadoras y populares. La guerra cognitiva es el más reciente capítulo de esta dialéctica de dominación y resistencia. La pregunta que se abre ante nosotros —pueblos de Venezuela, de América Latina y del mundo— es si seremos capaces de desarrollar las formas organizativas, las subjetividades y las conciencias que nos permitan no solo resistir, sino vencer en este nuevo terreno de batalla.

Referencias

[1] Waldman, T. (2021). Vicarious Warfare: The Counterproductive Consequences of Modern American Military Practice. Contemporary Security Policy, 38(3), 409-431. https://doi.org/10.1080/13523260.2017.1393201

[2] Tan, A., & Perlmutter, D. (2006). The more you know, the less you understand: The problem with information warfare. Journal of Strategic Studies, 29(3), 497-521. https://doi.org/10.1080/01402390600765900

[3] Cañizález, A. (2003). Breaking Democracy: Venezuela’s Media Coup. Media International Australia, 108(1), 75-85. https://doi.org/10.1177/1329878×0310800114

[4] Forelle, M., Howard, P., Monroy-Hernández, A., & Savage, S. (2015). Political Bots and the Manipulation of Public Opinion in Venezuela. SSRN Electronic Journal. https://doi.org/10.2139/ssrn.2635800

[5] Hesketh, C. (2019). A Gramscian Conjuncture in Latin America? Reflections on Violence, Hegemony, and Geographical Difference. Antipode, 51(4), 1179-1199. https://doi.org/10.1111/anti.12559

[6] Buxton, J. (2019). The Missteps of Venezuela’s Opposition—Again. NACLA Report on the Americas, 51(2), 125-130. https://doi.org/10.1080/10714839.2019.1617472

[7] López-Rodríguez, A. M. (2021). Legal Consequences of and Approaches to the Question of Recognition of a Government of a State: Disputes involving Venezuela. ICSID Review – Foreign Investment Law Journal, 36(3), 491-514. https://doi.org/10.1093/icsidreview/siab022

[8] Mooney, J. (2021). Economic Sanctions, International Law, and Crimes Against Humanity: Venezuela’s Referral to the International Criminal Court. American Journal of International Law, 115(2), 305-312. https://doi.org/10.1017/ajil.2021.20

[9] Melo, B. P. (2018). To Be or Not to Be, That Is the Question?—Fragments of Marxist Theory on the Movements of Class Consciousness. International Critical Thought, 8(1), 102-118. https://doi.org/10.1080/21598282.2018.1430602

[10] Hawkins, K., Rovira Kaltwasser, C., & Andreadis, I. (2018). Polarization, Participatory Democracy, and Democratic Erosion in Venezuela’s Twenty-First Century Socialism. The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science, 681(1), 62-79. https://doi.org/10.1177/0002716218817733

[11] Morozov, E., & Erofeev, S. (2017). Hybrid wars: the archaization of political consciousness and involution of media. Russian Journal of Communication, 9(1), 62-76. https://doi.org/10.1080/19409419.2017.1323177

[12] Luz, N., & Miller, E. (2020). Minimal Effects, Maximum Panic: Social Media and Democracy in Latin America. Social Media + Society, 6(4), 1-12. https://doi.org/10.1177/2056305120984452

[13] Krieg, A., & Rickli, J.-M. (2018). Surrogate warfare: the art of war in the 21st century? Defence Studies, 18(2), 159-186. https://doi.org/10.1080/14702436.2018.1429218

[14] Main, A., & Dangl, B. (2019). Venezuela: A Critical Moment to Challenge Intervention. Socialism and Democracy, 33(2), 118-125. https://doi.org/10.1080/08854300.2019.1638184

[15] Petras, J., & Veltmeyer, H. (2018). Class Struggle Back on the Agenda in Latin America. Journal of Developing Societies, 34(1), 1-23. https://doi.org/10.1177/0169796×17753000

[16] Youngers, C. (2000). Cocaine Madness Counternarcotics and Militarization in the Andes. NACLA Report on the Americas, 34(3), 16-23. https://doi.org/10.1080/10714839.2000.11722614

[17] Morales, G. (2018). Comparative analysis of the emerging projects in Latin America after the crisis of the neoliberal modernity project in the early 21st century. Thesis Eleven, 149(1), 48-66. https://doi.org/10.1177/0725513618813382

[18] Robinson, W. I. (2024). Downplaying U.S. Imperialism Despite its Ongoing Tenacity: The Latin American Dimension. Latin American Perspectives, 51(2), 3-22. https://doi.org/10.1177/0094582×241256896

Nota al pie

* La archaización de la conciencia política, es un fenómeno contemporáneo en el que los discursos, comportamientos y estructuras mentales de la política moderna retroceden hacia formas más primitivas, emocionales o tribales. Este proceso implica abandonar el debate racional y la complejidad democrática en favor de la dinámica basadas en la división, la identidad grupal y líderes. Se puede reconocer en este fenómeno características y formas de expresión que evidencia culturas políticas populistas y emocionales, donde la conciencia política se deforma a alejarse de la comprensión estructural de los problemas y enfocarse en el odio, el rencor social y la división. As mismo, encontramos formas de tribalismo, como un retorno a la lógica de “amigo-enemigo”, donde la pertenencia al grupo es más importante que las propuestas políticas. Se expresa también el liderazgo paternalista, que muestra la reaparición de figuras de autoridad vistas como “pastores del pueblo”, un concepto arcaico descrito por plato donde el líder asume un rol educador o paternalista sobre la ciudadanía. Por último, podemos encontrar la desinformación como herramienta, creando un contexto que permite que la desinformación alimente este retroceso, afectando la toma de decisiones razonables.

Este fenómeno se ve alimentado por la lucha por recursos, la polarización y la arremetida de intereses económicos. En lugar de una conciencia política basada en la ciudadanía moderna, se promueve una que busca “salvadores” o respuestas simples a crisis complejas. La archaización busca concentrar el poder en figuras que apelan a pasiones primarias, eliminado la racionalidad. Es un retroceso hacia formas autoritarias o tribales de entender el poder, impulsando por la polarización y la manipulación emocional, mientras la conciencia política sana busca transformar las relaciones de poder de manera horizontal y colectiva.

+ Ingeniero y magíster en Historia egresado de la UCV. Actualmente, doctorante en Creación Intelectual (UNESR). Decano Honorario de la Universidad Iberoamericana. Profesor Honorario de la Universidad Politécnica Territorial Alonso Gamero. Diplomático. Director del Centro de Investigación Contrahegemónica Luis Acuña de LAUICOM, investigador de la línea guerra cognitiva en LAUICOM.  Coordinador de la Red Internacional de Investigación Antifascista. / pedropenso@gmail.com

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Guerra total, control de la conducta y pueblo creador

Prof. Julio C Valdez,

Profesor e Investigador

Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM).

Claves de este ensayo:

  • Tesis Central: El fracaso del conductismo y la guerra híbrida frente a la imprevisibilidad del comportamiento colectivo venezolano.
  • Ejes Temáticos: Guerra total e interdimensional, control de la conducta (Skinner/Bolonia), Pueblo Creador (Soberanía cognitiva) y Proyecto Identitario Transformador.
  • Contexto Histórico: Análisis de la agresión contra Venezuela iniciada el 03 de enero de 2026.

La película El huevo de la serpiente (Ingmar Bergman, 1977) plantea la posibilidad de un control absoluto del comportamiento humano. Supone el encuentro entre las autoridades del régimen nazi con científicos dedicados a experimentar sobre cómo condicionar al ser humano para lograr una obediencia absoluta… No obstante, esa intención no es nada nueva en el mundo; las guerras lo atestiguan: se trata de dominar, controlar, al “otro”, al enemigo, al rival…

La misma ciencia se ha prestado para proponer caminos que van en esta dirección. La psicología conductista (B. F. Skinner dixit) establece que, a través de un sistema de reforzadores (castigos o recompensas), es factible controlar, y por lo tanto predecir, el comportamiento humano. Y ello se implantó en el trabajo, en el ejército y en el sistema educativo. Al respecto, recordamos que maestros y maestras, a finales de los 80, debían atender en su trabajo a los llamados “objetivos conductuales”, a los diseños instruccionales, etc… El plan Bolonia, en las universidades europeas, desde finales de los 90, programa a las personas para resolver problemas en ámbitos laborales bien localizados,  a través del desarrollo de determinadas competencias. 

El propósito central de una confrontación bélica es someter al enemigo, neutralizarlo y hacer que se comporte como los atacantes quieran.

Pero nos interesa ahora hablar de la guerra como propiciadora del control de la conducta humana. Es decir, en el fondo es el propósito central de una confrontación bélica: someter al enemigo, neutralizarlo, hacer que se comporte como los atacantes quieran que se comporte: indefenso, dócil, obediente. Y esto hace que la guerra deba ser simultáneamente un asunto militar, económico, psicológico, social y también cultural. Por ello se habla de guerra híbrida, guerra total…

Por ejemplo, el brutal ataque sufrido por Venezuela a partir del 03 de enero de 2026, pretendía someter a gobernantes y pueblo, bajo algunos supuestos básicos: 1) dependencia del líder, 2) el país está a punto de estallar por graves descontentos en diversos órdenes, 3) El gobierno está lleno de facciones enfrentadas entre sí. De ser ciertos estos supuestos, el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y de la primera combatiente, diputada Cilia Flores, debía generar en el país una situación de revueltas, fuego y sangre, algo similar a una guerra civil, y una secuencia de intentos de golpes de estado que agravarían la crisis. Ante este caos terrible, cualquier gobierno poderoso pudiera llegar para implantar un nuevo estado de orden en el país.

Sólo que el comportamiento humano, en este caso colectivo, nacional, es imprevisible. La misma ciencia, ante un universo hipercomplejo, señala la imposibilidad de hacer predicciones lineales (Física Cuántica, Estructuras Disipativas, Pensamiento Complejo, Teoría del Caos), por lo que las mismas ciencias físicas son probabilísticas…  Así, también los cálculos de los atacantes resultaron erróneos: se mantiene el gobierno venezolano, con Delcy Rodríguez al frente; predomina la paz en la nación; no se han dividido ni el partido del gobierno ni los movimientos que le apoyan. El pueblo sigue en sus actividades, en su diario trajinar. 

Ante un universo hipercomplejo, los cálculos de los atacantes resultaron erróneos: el comportamiento colectivo nacional es imprevisible.

Y es que el pueblo venezolano, desde hace rato, viene, desarrollando un proceso de aprendizaje profundo. Es un pueblo que ha venido sobreviviendo a las medidas coercitivas unilaterales (MCU), mal llamadas sanciones, que restringen grandemente la posibilidad de que nuestro país realice intercambios y transacciones económicas y financieras con otros países, en el marco legal y de acuerdos internacionales vigentes. Ello ha traído a la nación momentos de precariedad, de limitaciones para tener acceso a los bienes básicos. Y sumado a este evento, Venezuela ha sobrevivido a la pandemia del Covid 19, de un modo eficiente, gracias a las medidas implementadas en su momento por el presidente Nicolás Maduro.

Este pueblo venezolano ha venido recreando y aprendiendo múltiples modos y metódicas para resolver los problemas fundamentales de alimentación, salud, convivencia. Ha desplegado, por ejemplo, procesos de entreayuda (al decir de Simón Rodríguez), desde lo familiar y vecinal, incluso entre compañeras y compañeros de trabajo; ha revitalizado prácticas ancestrales, como el trueque; la siembra urbana; huertos caseros y comunitarios; ollas comunitarias; economía del gasto; subconsumo de algunos aspectos; nuevas prácticas gastronómicas; entre otras.

Si bien son procesos para lograr las condiciones básicas para el vivir, nos han ayudado como pueblo a mantenernos a flote ante el acoso de la guerra económica, política y comunicacional. Así, ha fallado el intento de control de las potencias imperiales, en su pretensión de llevarnos a la derrota histórica, a la desesperanza inducida, a las divisiones hirientes. Hemos roto las estrategias que han pretendido controlarnos mediante el miedo vestigial (amenaza, hambre, aislamiento), y nos seguimos constituyendo como sociedad.

Hemos roto las estrategias que pretendían controlarnos mediante el miedo vestigial: amenaza, hambre y aislamiento.

No obstante, aún tenemos caminos por transitar. Hemos referido diversos modos mediante los cuales, nosotras y nosotros, como pueblo, hemos preservado la vida, cómo luchamos por la salud y por los insumos necesarios para seguir andando. Pero, por la premura, lo hemos venido haciendo de manera aislada, particular, en pequeños círculos de familiares y amistades. Y es momento propicio para seguir profundizando en un proceso social que nos convoque, que nos dé sentido de unidad, más allá de los movimientos, los movimientos y organizaciones sociales, e incluso de los partidos políticos. Nos espera la continuidad de un proyecto histórico que fortalezca nuestra identidad nacional y continental, que apunte a una transformación radical progresiva, en paz, en diálogo pleno. De ese modo, la diversidad de formas y estrategias de vida que hemos venido construyendo, pueden apuntar a un sentido más amplio, incluyente, cargado de sentido histórico.

Ejes temáticos:

  • Guerra total, híbrida, interdimensional: económica, política, social, cultural, comunicacional.
  • Control de la conducta: estrategias de los hacedores de guerras para inducir tipos de comportamientos en los enemigos o rivales.
  • Pueblo creador: comportamiento colectivo, diverso, multiestratégico,  para garantizar lo necesario para sustentar la vida y la sociedad.
  • Proyecto identitario transformador: Construcción colectiva (nacional) que fundamente un proyecto de sociedad colaborativa, topárquica, equitativa, con reciprocidad.

Vínculos con otros artículos:

https://lauicom.edu.ve/venezuela-libre/  Venezuela libre, por: Carolina Escarrá.

 https://lauicom.edu.ve/sur-global-versus-la-gran-america-del-norte/  Sur global vs. La gran América del Norte. Por: Isabel Rivero D’ Armas.

https://lauicom.edu.ve/propaganda-digital-guerra-cognitiva-y-la-emergencia-de-la-soberania-en-la-revolucion-bolivariana/  Propaganda digital, guerra cognitiva y la emergencia de la soberanía en la revolución bolivariana. Por: Pedro Penso.