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Genealogía de lo abyecto como mecanismo de linchamiento epistémico y civilizatorio: Del debate de Valladolid al 03 de enero de 2026 en Venezuela

Por Profesor Luis Delgado Arria
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)

1. Introducción: La abyección como matriz de la colonialidad

El concepto de lo abyecto, entendido más allá de su formulación psicoanalítica original (Kristeva, 1980), se configura como un dispositivo político-ontológico fundamental en la constitución del sistema-mundo moderno/colonial. Siguiendo la genealogía foucaultiana, este ensayo postula que la producción de lo abyecto constituye una praxis concreta de linchamiento —epistémico, civilizatorio y eventualmente físico— sobre las alteridades periféricas. Esta genealogía crítica traza el recorrido de dicho dispositivo desde su cristalización en el siglo XVI hasta su expresión contemporánea en la ofensiva imperial contra Venezuela, particularmente en los eventos del 3 de enero de 2026.

La operación abyectadora, como sostiene Dussel (1992), es consustancial a la modernidad misma: «La modernidad se origina en la conquista, la colonización, la modernidad es un fenómeno europeo, pero es la justificación filosófica de la praxis de la conquista» (p. 23). Este ensayo demuestra cómo este mecanismo ha mutado históricamente, adaptándose a los requerimientos del poder imperial, para culminar en lo que aquí denominamos el linchamiento integral del ser, del poder y del saber de la otredad venezolana en el contexto geopolítico contemporáneo.

2. La génesis colonial del dispositivo abyectador: Sepúlveda, Las Casas y la humanidad en disputa

La disputa de Valladolid (1550-1551) representa el acta fundacional del dispositivo abyectador en la periferia imperial. En este debate, Juan Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de Las Casas establecieron los paradigmas contrapuestos que, sin embargo, operaban dentro de un mismo marco colonial. Sepúlveda, apelando a Aristóteles, construyó la figura del «bárbaro natural» como justificación ontológica de la dominación: «Con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles como los niños a los adultos y las mujeres a los varones» (Sepúlveda, 1547/1997, p. 101).

Frente a esta abyección explícita, Las Casas propuso una defensa paradójica que, aunque humanizante, mantenía la estructura tutelar: «Estas gentes son del linaje humano […] capaces de nuestra fe católica y de ser reducidos a la vida humana política y domesticados» (Las Casas, 1552/1992, p. 45). Como analiza Segales (2020), esta defensa operaba dentro del mismo paradigma sacrificial que estructura la colonialidad: «La defensa lascasiana del indio, aunque noble, lo constituye como víctima sacrificial cuya humanidad debe ser reconocida por el verdugo, nunca por sí misma» (p. 78).

3. La independencia como proyecto abyectador interno: Bolívar y la nación inconclusa

La era independentista heredó y reconvirtió el dispositivo abyectador. Simón Bolívar, formado en la Ilustración, enfrentó la paradoja de construir repúblicas modernas en sociedades marcadas por la heterogeneidad colonial. En su Discurso de Angostura (1819), Bolívar revela esta tensión: «Uncido el pueblo al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir ni saber, ni poder, ni virtud» (Bolívar, 1819/1976, p. 112). Para Bolívar, el «pueblo» —entendido como las masas mestizas, indígenas y negras— constituía una realidad abyecta que debía ser «civilizada» para acceder a la ciudadanía.

Contra esta visión, Simón Rodríguez, mentor de Bolívar, proponía una revolución más radical: «La América española es original; originales han de ser sus instituciones y su gobierno, y originales los medios de fundar uno y otro. O inventamos o erramos» (Rodríguez, 1840/2001, p. 56). Rodríguez intuía que la mera reproducción de modelos europeos perpetuaba la lógica abyectadora, ahora dirigida hacia los «otros internos» de la naciente república.

4. Resistencias decoloniales: Zapata, Sandino y Mariátegui frente a la abyección

El siglo XX presenció emergencias políticas que desafiaron radicalmente el dispositivo abyectador desde la periferia de la periferia. Emiliano Zapata en México encarnó la rebelión del campesino indígena abyectado: «La tierra es de quien la trabaja» no era solo una consigna agraria, sino una afirmación ontológica contra la desposesión colonial (Womack, 1968). Augusto C. Sandino, por su parte, enfrentó directamente la máquina imperial estadounidense, declarando: «Soy nicaragüense y me siento orgulloso de que en mis venas circule, más que cualquiera, la sangre india» (Sandino, 1927/1984, p. 45).

José Carlos Mariátegui realizó quizás la crítica más sistemática desde el marxismo heterodoxo. En sus 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928), identificaba que «el problema del indio» no era racial sino económico-social, y que su solución requería una transformación radical: «El socialismo, en fin, está en la tradición americana» (Mariátegui, 1928/2007, p. 56). Mariátegui proponía una epistemología del sur que reivindicara los saberes y modos de vida de los abyectados como fuente de emancipación.

5. Teorías del poder y la abyección en el capitalismo tardío

La crítica teórica contemporánea proporciona herramientas para desmontar el dispositivo abyectador en su fase actual. Michel Foucault, con su genealogía del poder, muestra cómo se producen históricamente las categorías de lo normal y lo patológico: «El poder no es tanto represivo como productivo de subjetividades y saberes» (Foucault, 1976/1998, p. 89). Enrique Dussel radicaliza esta crítica desde la periferia: «El ego conquiro (conquisto, luego soy) es el fundamento del ego cogito moderno» (Dussel, 1992, p. 67).

Para Rigoberto Lanz, la tarea es deconstruir las «raíces gnoseológicas de la dominación» que naturalizan la abyección (Lanz, 2006, p. 34). Byung-Chul Han diagnostica la mutación contemporánea del dispositivo: en la sociedad del rendimiento, «el sujeto de rendimiento se explota a sí mismo, voluntariamente, sin coacción externa. Es amo y esclavo en una persona» (Han, 2010/2012, p. 45). La nueva figura abyecta es el «fracasado», el que no rinde según los parámetros del capitalismo cognitivo.

Franco «Bifo» Berardi analiza cómo el semicapitalismo explota no solo el cuerpo sino la mente y los afectos, generando una «precariedad existencial generalizada» (Berardi, 2012, p. 78). István Mészáros, por su parte, señala la crisis estructural del sistema que intensifica los mecanismos de exclusión: «El capitalismo ha llegado a sus límites históricos absolutos» (Mészáros, 1995/2010, p. 112), lo que genera respuestas cada vez más violentas para mantener la dominación.

Juan Bautista Segales, desde una teología política de la liberación, conceptualiza este proceso como «el sacrificio de los pobres»: «El capitalismo tardío requiere de víctimas sacrificiales periódicas para su reproducción simbólica y material» (Segales, 2020, p. 123). Venezuela, con sus vastos recursos petroleros y su proyecto soberanista, se convierte en la víctima sacrificial ejemplar del imperialismo contemporáneo.

6. Venezuela 2026: La actualización del dispositivo abyectador

Los eventos del 3 de enero de 2026 —el ataque militar estadounidense que resultó en la captura del presidente Nicolás Maduro y la ocupación de instalaciones estratégicas— representan la actualización violenta del dispositivo abyectador en el siglo XXI. Esta operación, denominada «Determinación Absoluta», no fue un acontecimiento aislado sino la culminación de un proceso de construcción discursiva del «enemigo abyecto».

En los años previos, el Estado venezolano fue sistemáticamente representado como una anomalía monstruosa en el discurso imperial: «narco-estado», «dictadura», «amenaza a la seguridad hemisférica». Como señala el análisis crítico de estos eventos, «la construcción mediática de Venezuela como espacio de excepción justificaba la intervención como acto de ‘higiene política’ internacional» (Análisis Crítico, 2026, p. 3). Esta retórica reactualiza el gesto sepulvediano de deshumanizar al otro para legitimar la agresión.

El linchamiento ejecutado fue trifronte:

1. Linchamiento del ser (ontológico): La captura y exhibición del presidente constitucional como «criminal» buscaba negar la soberanía corporeizada de Venezuela, reduciendo su liderazgo a mero cuerpo delincuente.

2. Linchamiento del poder (político): La declaración estadounidense de que «gobernará Venezuela hacia una transición segura» y estará «muy involucrado en la explotación del petróleo venezolano» (Comunicado Oficial EE.UU., 2026) reinstaura explícitamente el derecho de conquista en el siglo XXI.

3. Linchamiento del saber (epistémico): La justificación de la operación como acción contra el narcotráfico intentaba despolitizar la agresión, anulando el saber histórico y político producido por el chavismo y sus bases sobre su propia realidad.

Como analiza la prensa crítica latinoamericana, «el ataque a Venezuela funciona como advertencia disciplinaria para cualquier gobierno que intente desafiar los parámetros del orden imperial» (Perucca, 2026, p. 2). Venezuela es castigada por representar lo que Segales (2020) denomina «un límite político a la subordinación geopolítica» (p. 156) y por poseer las mayores reservas petroleras del mundo.

7. Conclusión: Hacia una humanidad inabyectable

La genealogía crítica del concepto de lo abyecto revela su función central como mecanismo de linchamiento epistémico y civilizatorio en la expansión y reproducción del imperialismo. Desde el debate de Valladolid hasta los bombardeos en Caracas, opera una lógica constante: la producción de una alteridad radical cuya humanidad es suspendida para justificar su dominación, explotación o eliminación.

Los eventos del 3 de enero de 2026 en Venezuela no constituyen una anomalía histórica, sino la expresión contemporánea de esta lógica abyectadora cuando se enfrenta a una resistencia soberana que rechaza su lugar asignado en la jerarquía global. Como sintetiza Dussel (1992): «La periferia no es exterioridad geográfica sino exterioridad constitutiva que el sistema centro requiere negar para autoafirmarse» (p. 134).

Frente a este dispositivo, la resistencia venezolana y la solidaridad continental que ha generado representan más que una defensa geopolítica: constituyen un acto de afirmación de una humanidad inabyectable. Defender la soberanía de Venezuela significa defender el principio de que ningún pueblo puede ser reducido a la categoría de «cosa» disponible para el sacrificio en el altar del capital global.

La tarea filosófica y política que surge de este análisis es doble: primero, profundizar la deconstrucción genealógica del dispositivo abyectador en todas sus manifestaciones contemporáneas; segundo, impulsar lo que Rodríguez vislumbraba como «invención» radical de alternativas civilizatorias que partan de los saberes y luchas de los históricamente abyectados. Solo así el linchamiento del ser, del poder y del saber podrá encontrar su antídoto en la afirmación colectiva de una humanidad plural e irreductible.

Referencias

Berardi, F. (2012). La fábrica de la infelicidad. Traficantes de Sueños.

Bolívar, S. (1976). Doctrina del Libertador (2ª ed.). Biblioteca Ayacucho. (Trabajo original publicado en 1819)

Dussel, E. (1992). 1492: El encubrimiento del Otro. Editorial Nueva Utopía.

Foucault, M. (1998). Historia de la sexualidad, Vol. 1: La voluntad de saber. Siglo XXI. (Trabajo original publicado en 1976)

Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder. (Trabajo original publicado en 2010)

Kristeva, J. (1980). Poderes de la perversión. Siglo XXI.

Las Casas, B. (1992). Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Alianza Editorial. (Trabajo original publicado en 1552)

Lanz, R. (2006). El discurso posmoderno: Crítica de la razón escéptica. CIPOST/FAHE/UV.

Mariátegui, J. C. (2007). 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Biblioteca Ayacucho. (Trabajo original publicado en 1928)

Mészáros, I. (2010). Más allá del capital. Vadell Hermanos. (Trabajo original publicado en 1995)

Rodríguez, S. (2001). Sociedades americanas. Biblioteca Ayacucho. (Trabajo original publicado en 1840)

Sandino, A. C. (1984). El pensamiento vivo de Sandino. Editorial Nueva Nicaragua. (Trabajo original publicado en 1927)

Segales, J. B. (2020). Teología del sacrificio de los pobres. Editorial el perro y la rana.

Sepúlveda, J. G. (1997). Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios. Fondo de Cultura Económica. (Trabajo original publicado en 1547)

Womack, J. (1968). Zapata y la Revolución Mexicana. Siglo XXI.

Tapas - Prensa

El retorno del Gran Garrote: Cuando la decadencia imperial se disfraza de pirata

Por: Pedro Penso
Director General del Centro de Investigación Contrahegemónica
Red de Internacional de Investigación Antifascista

14 de diciembre de 2025

La Agonía que gruñe

El imperialismo norteamericano atraviesa una de esas paradojas históricas tan deliciosamente irónicas: mientras su poder económico global se erosiona, su arrogancia y su apetito por el despojo directo crecen de manera inversamente proporcional. Ya no basta con el saqueo financiero sutil, con la explotación asimétrica de las cadenas de valor. En su declive, la bestia retrocede a sus instintos más primitivos, a sus formas originarias de acumulación: el robo descarado, la incautación pura y dura, la piratería con bandera de estrella. Este texto producido desde la trinchera del pensamiento crítico, se propone diseccionar este patético espectáculo de un imperio que, en no acepta la realidad, no se adapta a un mundo multipolar, y ha elegido hoy disfrazarse de corsario.

El «Corolario Trump» es la Doctrina Monroe con olor a polvorín

Dicen que revisitar a los clásicos es un signo de cultura. Washington, en un arrebato de nostalgia malsana, ha decidido no solo releer, sino reactualizar con brutal candor la Doctrina Monroe. La han bautizado con el creativo nombre de «Corolario Trump», una actualización que hace parecer al «Gran Garrote» de Theodore Roosevelt como un instrumento de diplomacia delicada.

La nueva estrategia de seguridad nacional lo proclama sin rubor: se trata de «restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental». Traducción para el pueblo latinoamericano: la época de los matices ha terminado. El «patio trasero» debe ser reconquistado, ahora rebautizado como «jardín delantero» para mayor eufemismo. El mecanismo es simple y viejo como el colonialismo: «alistar y expandir» aliados sumisos, y castigar a quienes osen mirar a otros horizontes, especialmente a China. La «diplomacia comercial» no es más que el eufemismo para exigir contratos exclusivos para empresas estadounidenses y expulsar a la competencia. La soberanía de las naciones, un estorbo molesto para los designios de Washington.

El catálogo del despojo moderno, del oro al crudo

La teoría se materializa en un abanico de acciones que, si no fuera por su gravedad, podrían pasar por los guiones de una ópera bufa de mal gusto. He aquí el botín de la decadencia:

· El Oro de Londres: La Farsa Judicial El Banco de Inglaterra, ese noble templo de las finanzas globales, custodia 31 toneladas de oro venezolano, valoradas en miles de millones. Cuando el gobierno legítimo de Venezuela solicitó su devolución para enfrentar la pandemia –incluso proponiendo que la ONU administrara los fondos–, la maquinaria se puso en marcha. Un tribunal británico, con una soberbia imperial que haría sonrojar a un virrey del siglo XVIII, falló que el oro no sería entregado a las autoridades venezolanas. ¿La razón? El Reino Unido reconoce al autoproclamado Juan Guaidó como presidente «interino». Así, el oro de todo un pueblo queda secuestrado en las bóvedas de la City londinense, mientras se urden argumentos legales tan frágiles como la legitimidad de un títere.
· CITGO y el Petróleo: La Expropiación por Decreto El robo de la refinería CITGO en Estados Unidos es otro capítulo de este manual del expolio. Confiscado mediante lo que el gobierno venezolano denuncia como «mecanismos judiciales fraudulentos», representa el despojo de un activo estratégico vital. No es una sanción; es una transferencia de propiedad forzosa, un acto de guerra económica sin declaración formal.
· Piratería en el Caribe: El «Interesante Día» del Emperador El colmo del cinismo llegó con la confiscación de un buque petrolero frente a las costas de Venezuela. El propio expresidente Trump lo anunció con la jactancia de un bucanero: «Acabamos de incautar un petrolero… el más grande jamás incautado». Venezuela e Irán lo han denunciado ante el mundo como lo que es: «piratería estatal» y «un claro caso de robo armado en el mar».

Las autoridades estadounidenses lo justifican citando sanciones y redes ilícitas, pero el mensaje subyacente es más claro y más antiguo: «Lo que flota en ‘nuestro’ mar es nuestro si así lo decidimos».
· El Botín Ruso: El Eufemismo del «Congelamiento» La Unión Europea, en un acto de vasallaje autodestructivo, ha «congelado» activos rusos. «Congelar» es el eufemismo de moda para «robar». Se debate abiertamente usar estos recursos para financiar la guerra en Ucrania, una guerra que, no nos engañemos, es de la OTAN contra Rusia. Es el mismo principio: la propiedad y la soberanía son derechos reservados solo para el imperio y sus acólitos.

América Latina se encuentra entre la sumisión y la insurgencia

Frente a este nuevo asedio, la región se debate. La Celac ha declarado a “América Latina y el Caribe como Zona de Paz”, un principio noble y desafiante. Por un lado, Washington busca «alistar» gobiernos afines, como los de El Salvador, Ecuador o Argentina, ofreciéndoles el papel de gendarmes regionales y socios comerciales privilegiados a cambio de alineamiento absoluto.

Pero por otro lado, crece la conciencia y la resistencia. La doctrina «América First» de Trump es, vista desde el Sur, la doctrina del «América Latina Last». La militarización del Caribe, con portaviones y despliegues permanentes, no es una respuesta a la migración o las drogas, sino la verdadera razón de la agresión: el control de los recursos.

La Dignidad como Trinchera

El «Corolario Trump» no es una demostración de fuerza, sino la evidencia de una profunda debilidad. Un hegemón imperialista seguro de sí mismo negocia, influye, construye consensos, eso sí manipulados, para depredar siempre, pero cuida las formas. Un imperio en crisis, se desenmascara, saquea, confisca, amenaza. Ha vuelto la vista a Nuestra América no porque sea fuerte, sino porque se siente vulnerable y cree que aquí encontrará la última gran renta que sostenga su decadencia.

La respuesta nuestramericana debe ser la unidad en la diversidad, la defensa inquebrantable de la soberanía y la paz, y la denuncia incansable en todos los foros internacionales. Cada barco robado, cada onza de oro retenida, cada activo congelado debe ser un recordatorio: la lucha contra el imperialismo no es un capítulo del pasado, sino la batalla por el futuro de la Patria Grande. El pillaje desesperado del gigante cansado debe encontrar, en nuestro continente, el muro firme de la dignidad recuperada.

¡Hasta la victoria siempre!