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Jaque mate a la soberanía y al Estado Nación

Por Profesora Isabel Rivero D’ Armas

Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)

Abril, 2026

Es bien sabido que el asedio a Venezuela comenzó al poco tiempo de que Hugo Rafael Chávez Frías llegara a la presidencia de la República. Esa arremetida desde la extrema derecha con su acostumbrado guion orientado a crear las condiciones de un golpe de Estado o de una intervención militar (eufemismo de invasión), asumió diversas caras que iban mutando, pero con un mismo objetivo: justificar la injerencia extranjera bajo la premisa de violación de derechos humanos y sus mutaciones, lo cual los llevó a adoptar diversas calificaciones, entre ellas, estado represivo, estado fallido, crisis humanitaria, persecución, narcotráfico por cartel ficticio, entre otras.

Haciendo un recuento, el 11 abril de 2002 la cúpula empresarial, desde Fedecámaras, asumió la desestabilización política y los medios de entonces la acompañaron en una especie de autoría intelectual respaldando e incitando a una marcha cuyo destino fue desviado para orquestar una masacre y con esta responsabilizar al gobierno en materia de represión y violación de derechos humanos. Ya lo anunciaba el medio fascista con su gran titular central “La batalla final será en Miraflores”. Era una muerte anunciada. Ahí empezaría el expediente de los falsos positivos.

En ese escenario, el dictadorcillo por 24 horas, Carmona Estanga, presidente de Fedecámaras, le exigió la renuncia al presidente Chávez mientras lo acusaba de “no haber sido capaz de cultivar el diálogo en diferentes sectores del país”. Esa renuncia la demandaba en nombre de la sociedad democrática, también llamada sociedad civil, un sector objeto de manipulación por la inducción del modelo que la burguesía y/u oligarquía hace de sí misma, en que inocula a las masas la posibilidad de ascenso para posicionar una supuesta movilidad social. Esto llevó este sector a creer que les tocaban sus intereses cuando ocurría lo contrario. Mientras tanto se secuestró al mandatario y al golpe de Estado se le llamó vacío de poder, pero no contaban con su restitución. No obstante, después, vino otra arremetida, el paro petrolero, que tampoco logró su objetivo primario: un cambio de gobierno, derrocar al adversario político por la fuerza violentando la soberanía, un obstáculo para avalar la injerencia extranjera.

En 2008, ese fascismo mutó a una de sus formas, la del estado fallido, que buscaba el aislamiento del gobierno del mandatario Hugo Chávez. Se le acusaba de expropiaciones, discriminación y persecución política, pero lo cierto era que no le perdonaron el aumento del barril del petróleo a 100 dólares antes regalado a siete dólares. La abundancia permitió el impulso de programas sociales, uno de los salarios más altos de la región, que la vivienda, junto la educación y la salud, constituyera un derecho, acción tremendamente imperdonable para la derecha extremista, así como la derogación de medidas bancarias como las cuotas balón o los créditos indexados, los intereses elevados de las tarjetas de créditos, las altas tarifas de los servicios, en pocas palabras, desmontar el estado liberal que empezaba a mutar a su degeneración mayor, la del capitalismo global.

En el 2017, arremeten con la condición de crisis humanitaria, de la mano con la crisis de salud. La crisis humanitaria ha sido un recurso utilizado para justificar intervenciones militares en Irak, Libia y Siria. En Latinoamérica, con ella, se justificó la invasión a Haití en 2010, y en Venezuela representó un intento frustrado en 1999 cuando el deslave de Vargas.

El objetivo de la crisis humanitaria, recurso retomado en 2019 porque el guion se repite con algunas mutaciones, es exactamente el mismo: crear las condiciones que justificaran una invasión en territorio venezolano: insistían en que venezolanos pasaban hambre; no tenían medicamentos ni insumos médicos en hospitales, pero saboteaban con la escasez inducida, el bloqueo, en fin, con el asedio en uno de sus momentos más álgidos.

Ahora, en el contexto de la Ley de Amnistía, de la reconciliación y diálogo nacional liderado por la presidenta (E) Delcy Rodríguez, con un saldo importante de amnistiados, siguen asechando, acusando nuevamente de represión mientras llaman a desmontar el estado nación con la derogación de leyes que garantizan la seguridad de la nación, la cuales se dieron en un contexto de persecución al chavismo, de asedio económico y bloqueo de insumos médicos, e incluso en pandemia, así como de intentos de golpe de Estado y llamados a invasión por parte de una derecha extremista servil, parásita y apátrida.

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Narrativas para justificar guerras injustificables

Por Profesora Isabel Rivero D’ Armas
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)
Marzo, 2026

Narrar lo sucedido nos permite comprender el mundo. Las narraciones breves nos facilitan la interpretación de los hechos. Es una forma de encontrar sentido a las acciones llevadas a cabo por participantes: cada uno asume un rol. Esto facilita la interpretación de la realidad o de lo que percibimos por ella. 

Al ser la narración, algo tan familiar, las narrativas son altamente persuasivas y hasta se transforman en una estrategia de manipulación: simplifican la realidad una vez que hacen lo complejo fácil de entender, constituyen una forma de argumento que se apoya en metáforas, que están en nuestro cerebro, las cuales desde un marco moral operan como telón de fondo y, en el caso de justificar guerras, representan la lucha entre bien y el mal, entre el bueno y el malo. 

Así, las guerras, muy cuestionables por los crímenes que vienen con ella, se justifican en una relación de coste y beneficio. En esta narrativa prototípica, hay tres personajes: el héroe, el villano y la víctima, para hacer ver la guerra como justa, inevitable e inexorable, un asunto del destino.

Esta estructura narrativa fue utilizada por Bush en 1991 para representar la intervención militar estadounidense como justa en la Guerra del Golfo, en un escenario en que Saddam Hussein se transformó en una amenaza para la economía, pero tenía mayor aceptación si lo hacían ver como el diablo o el malo de partida, el propio villano pues. Esta guerra se conceptualizó en la metáfora de la Guerra Justa, estudiada por el lingüista Lakoff, y a uno de los principales ataques de la coalición internacional liderada por EE. UU. se le llamó metafóricamente Operación Tormenta en el Desierto. Y la tormenta, en la religión cristiana, simboliza una prueba o adversidad en la que se cuenta con la protección divina para controlar el caos y, en consecuencia, vencer el mal.

El héroe era el presidente Bush padre porque protegía la libertad, los inocentes, etcétera, ya sabemos cómo conceptualizan la libertad en territorios con muchas reservas de petróleo y minerales. El villano, Saddam Hussein, satanizado y demonizado. La víctima, Kuwait, en el momento en que la invasión perpetrada por Irak se concibió como un crimen, pero pasó inadvertida la situación de la desestabilización del suministro de petróleo por el bajo precio en que se cotizó el crudo perjudicando la OPEP por esto y en la que Irak tuvo bastantes pérdidas.  

De igual manera, en la invasión a Irak por EE. UU., en 2003, Hussein se transformó en un villano; se mintió porque se dijo que tenía armas de destrucción masiva; Bush hijo en el héroe junto a Estados Unidos, y el pueblo iraquí en la víctima. Y, de ese modo, se justificó la invasión a Irak y después el asesinato de Saddam H. Recordemos también el final que tuvo el líder libio Gadafi para favorecer un cambio de régimen en Libia, pero ya sabemos cómo quedó Libia después de la invasión. 

Esta retórica hecha narrativa ha permitido a gobernantes estadounidenses justificar acciones bélicas, intervenciones militares, asesinados y secuestros, observables a través de la historia reciente y hasta en el presente. 

El pasado 3 de enero, el presidente constitucional Nicolás Maduro, junto a la primera dama, Cilia Flores, fue secuestrado, convertido en prisionero de guerra. Se le acusaba de narcotráfico, calificación que, como bien sabemos, fue eliminada, lo que dejó sin efecto la narrativa recurrente del Cartel de los Soles. 

En esta narrativa, al presidente Maduro se le atribuye el papel de villano, caracterización que opera cuando un gobernante se transforma en amenaza, en un enemigo muy hostil, por razones económicas que se hacen ver como morales para que acciones viles sean toleradas. 

Esta construcción discursiva como el malo de la partida permite justificar violaciones al Derecho Internacional porque se presentan como algo que había que hacerse: los malos tienen que ser castigados, aunque estos, fuera del cuento envenenado, resulten ser los buenos, los que luchan por la soberanía de los pueblos.

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¿De las sanciones a la recuperación o del pecado a la sanación?

Por: Profesora Isabel Rivero D’ Armas
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)
Marzo, 2026.

El que impone el lenguaje impone también como quiere que la realidad sea entendida. Desde la lingüística cognitiva, la imposición de ciertas palabras condiciona la interpretación de los hechos porque mediante estas se activan ciertos marcos cognitivos: estructuras mentales de vieja data que favorecen la aceptación de creencias que pueden ser falsas, y hasta el rechazo de las verdaderas, por más bien sustentadas que estén. Nuestro modo de ver el mundo depende de estas estructuras que conforman el inconsciente cognitivo y es lo que también llaman sentido común.

Desde la orden ejecutiva estadounidense de marzo de 2015, renovada en febrero de 2026, en la que se nos califica de amenaza inusual y extraordinaria, empezaron las sanciones: una serie de medidas coercitivas que superficialmente parecen económicas pero que son esencialmente morales. Estas formas de coerción se centraron, entre otras acciones, en el congelamiento de activos nacionales, la imposibilidad de vender nuestro petróleo, en el robo de empresas estratégicas, caso de Citgo, en la inhabilitación de autoridades para gestionar gubernamentalmente, hasta en la negación de insumos médicos, como las vacunas, en el contexto de la pandemia por Covid del 2020. 

La voz ‘sanción’ es una de esas palabras impuestas por el que ejerce el rol dominador para mantener sumiso a un grupo. La interpretación de esta palabra está condicionada por el marco cognitivo de la moral conservadora, anclada a su vez en el marco del padre autoritario, aquel que castiga al hijo desobediente y que enseña que el mundo es un lugar peligroso, en el que hay que competir, por lo que lo divide en ganadores y en perdedores; existe un mal absoluto y un bien igualmente absoluto. Este marco es parte de otro marco mayor que es la familia, centrado en cómo nos relacionamos con la figura de autoridad, que se forma desde temprana edad.

Concretamente, en el marco del padre estricto se sustenta la ideología del libre mercado. Desde esa estructura, las sanciones económicas son entendidas como sanciones morales, porque el significado subyacente de este constructo es que el país sancionado debe ser castigado por desobediente. Es como el hijo descarriado de la familia.

Asimismo, la sanción está anclada a un marco religioso que ubica al grupo dominado en el lado del mal, entendido como mal absoluto, desde el cual es visto como pecador, por desobediencia, y por ello debe tener una pena, en este contexto, una sanción. Etimológicamente la voz en cuestión proviene de latín sanctio, sanctionis, derivada del verbo sancire, que significa santificar o hacer inviolable.

Después de la invasión a la República Bolivariana de Venezuela hace dos meses, en la que se secuestró al presidente constitucional Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores, se anunció por parte de la administración de Trump un plan de tres fases. Una de ellas es la recuperación.  Ahora los pronósticos de crecimiento económico resultan optimistas por el levantamiento de algunas medidas coercitivas como las relacionadas con el petróleo venezolano que liberan el producto de la renta petrolera.

La situación anterior oxigena la economía venezolana que viene de una crisis por el bloqueo. A pesar de la asfixia, el gobierno avanzó en años recientes con el plan soberano orientado a la producción nacional para el abastecimiento alimentario, así como en aspectos como garantizar el derecho a la salud, por las medicinas de los laboratorios venezolanos que sustituyen las importadas, y la tecnología, de empresas nacionales, lo que ha incidido en un aumento de la capacidad exportadora.

Todo lo anterior se suma a favor en la recuperación, que no es otra cosa que la disminución de la coerción, pues el gobierno venezolano ha avanzado en la recuperación económica desde el 2022 presentando importantes logros como es la sustitución de la importación por la producción nacional. Recordemos que en la cuarta república éramos sobre todo un país importador.

Finalmente, las sanciones, mejor medidas coercitivas, que afectaban al pueblo venezolano, desde la moral conservadora, representan la pena impuesta al pecador por coerción, que una vez redimido encuentra la sanación en la salvación, en el tránsito de la amenaza a la amistad, cuando un enemigo deja de ser hostil, representado así por defender su soberanía.

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¡Inician las Maestrías en LAUICOM: Formando Comunicadores para la Defensa del Pueblo y la Verdad!

Prensa LAUICOM – La Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM) recibió con entusiasmo a las y los nuevos estudiantes de las maestrías en Comunicación Política y Contrahegemonía y Comunicación Estratégica para la Defensa Cognitiva, programas concebidos como herramientas formativas al servicio del pueblo, la soberanía comunicacional y la construcción colectiva del conocimiento crítico.

La jornada de bienvenida contó con la presencia de Walter Nieto, figura clave en el impulso y desarrollo de estos postgrados, quien destacó la importancia de formar comunicadores capaces de intervenir con lucidez en los escenarios políticos actuales y de acompañar los procesos organizativos desde una perspectiva transformadora.

Ibrahim Infante, Vicerrector de Vinculación Social, subrayó el carácter estratégico de estas maestrías como espacios donde se articulan teoría, praxis y compromiso popular. Enfatizó que la comunicación, en estos tiempos, es una trinchera necesaria para la defensa de los ideales emancipadores y el fortalecimiento de los lazos comunitarios.

Tibisay León, Vicerrectora Académica, resaltó que la institución camina junto a sus estudiantes en la búsqueda de una formación integral, ética y comprometida con las necesidades del territorio y del proyecto bolivariano.

Isabel Rivero, Magister y docente de los programas, hizo énfasis en las condiciones pedagógicas que facilitan el aprendizaje: materiales accesibles, clases grabadas y un enfoque que reconoce las múltiples responsabilidades que asumen quienes estudian mientras construyen desde sus comunidades.

Con esperanza y determinación, LAUICOM inicia este nuevo ciclo académico convencida de que en cada estudiante late el potencial para convertirse en un actor consciente, creativo y comprometido con la liberación de los pueblos a través de la palabra y la acción colectiva.