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Nicolás Maduro Guerra: Aquí estamos papá con la Patria y el pueblo unidos

A un mes del secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores, el diputado Nicolás Maduro Guerra compartió una publicación a través de su cuenta en Instagram @maduroguerra en la que escribió:

«Un mes, sin tu consejo, sin tu respuesta rápida, sin tu sabiduría, sin tu capacidad de tener soluciones siempre. Un mes sin escucharte o verte directamente. Ha sido duro? Si, muy duro. Sin embargo es un mes de certeza en el pueblo, de sentirnos preparados por ti para afrontar este reto. Y de sentirnos tristes pero fortalecidos en ti, tu serenidad, tu paz que nos transmites en este instante», sostuvo.

Asimismo, afirmó que el pueblo y la Patria están más firmes y unidos que nunca.

«Aquí estamos papá, con la patria y el pueblo unidos y firmes. Y cuando te vea de nuevo, nos daremos un abrazo y continuaremos el camino Bolívar y Chávez, que la familia venezolana tenga una vida digna, feliz, plena, y desarrollada en todos los campos y dimensiones», aseguró.

Finalmente, llamó a todo el pueblo venezolano a seguir construyendo el sueño de soberanía y dignidad con inclusión, diálogo y diplomacia.

«Papá, seguimos venciendo en nombre de Dios y estarás entre nosotros más temprano que tarde. Que viva Venezuela! Que viva la patria! Que vivan Nicolás Maduro Moros y Cilia Flores!», expresó.

Libertad

Diccionario de la lucha: la paz venezolana también significa unidad

Hoy la paz en Venezuela dejó de ser, después de la invasión imperial yanqui y del secuestro del presidente en funciones, una noción ingenua asociada al simple silencio de las armas o a la estabilidad administrativa garantizada por el orden heredado. Desde ese punto de quiebre histórico, la paz se resignifica como una conquista política, ética y cultural, inseparable de la soberanía y de la conciencia popular. La revolución bolivariana, al emerger de ese trauma colectivo, no sólo resistió una agresión concreta, sino que inauguró horizontes inéditos para pensar la paz como proceso histórico, como praxis transformadora y como antagonismo activo frente a la violencia estructural del capitalismo imperial.

Tal invasión no fue únicamente un episodio militar o un acto puntual de fuerza; fue la manifestación descarnada de una lógica imperial que concibe a los pueblos como objetos administrables y a sus gobiernos como piezas descartables. El secuestro del presidente, más que una interrupción institucional, fue un intento de secuestro de la voluntad popular, un mensaje dirigido a toda América Latina, la democracia sólo es tolerable mientras no cuestione la arquitectura del poder global. En ese contexto, hablar de paz sin desmontar las condiciones que hacen posible la agresión habría sido una forma de complicidad. La revolución bolivariana comprendió que la paz no podía seguir siendo un valor abstracto separado de las relaciones de fuerza reales.

Desde entonces, la paz comienza a definirse como capacidad colectiva de resistir en unidad sin reproducir la lógica del verdugo, de defender la vida sin someterla al chantaje de la dominación. No es una paz pasiva ni contemplativa, sino una paz en disputa, que se construye enfrentando las causas materiales y simbólicas de la violencia. El imperialismo yanqui no necesita siempre bombardear para destruir; le basta imponer bloqueos, sanciones, narrativas criminalizadoras y asfixias económicas que convierten la vida cotidiana en un campo de batalla silencioso. Frente a esa guerra difusa, la revolución bolivariana plantea una paz activa, consciente y organizada.

Este nuevo significado de la paz rompe con la tradición liberal que la reduce a equilibrio institucional o a consenso entre élites. La paz revolucionaria es, ante todo, justicia social en movimiento. No puede haber paz donde el hambre es inducida, donde la salud es mercancía o donde la educación es privilegio. La revolución bolivariana aporta a la teoría política latinoamericana la idea de que la paz no se negocia desde la debilidad ni se implora al agresor; se construye fortaleciendo al sujeto popular, ampliando derechos y democratizando el poder. En esa clave, la paz deja de ser un fin distante y se convierte en método de lucha.

Esa experiencia venezolana demuestra que el imperialismo teme más a los pueblos organizados que a los ejércitos convencionales. Por eso la agresión se dirige contra la moral colectiva, contra la memoria histórica y contra la capacidad de imaginar futuros distintos. La revolución responde con pedagogía política, con comunicación popular y con una ética de la solidaridad que desafía el individualismo impuesto. La paz, aquí, es también una batalla cultural, disputar el sentido común que naturaliza la dominación y presentar la resistencia como un acto de amor a la vida.

En este horizonte, la paz se redefine como soberanía integral. No sólo soberanía territorial, sino soberanía económica, alimentaria, tecnológica y comunicacional. Cada dependencia impuesta es una grieta por donde se filtra la violencia imperial. Cada capacidad recuperada es un acto de pacificación profunda, porque reduce la posibilidad de chantaje y de sometimiento. La revolución bolivariana entiende que un pueblo dependiente es un pueblo permanentemente amenazado, y que la paz duradera exige autonomía real para decidir el propio rumbo.

En la dialéctica de la lucha bolivariana esta nueva paz no es conciliadora con la injusticia. No busca armonizar intereses irreconciliables ni esconder el conflicto bajo el lenguaje de la neutralidad. Asume que hay contradicciones históricas entre imperio y pueblo, entre capital y vida, entre dominación y emancipación. La paz revolucionaria no elimina esas contradicciones por decreto, pero las enfrenta desde una racionalidad distinta, donde la violencia no es glorificada, pero tampoco se acepta como destino inevitable. Se trata de desplazar la guerra del terreno militar al terreno político, cultural y moral, donde el pueblo organizado tiene ventajas decisivas.

Después del secuestro presidencial, Venezuela aprendió que la institucionalidad sólo es fuerte cuando está sostenida por un sujeto popular consciente. La paz, entonces, ya no se deposita en las manos de intermediarios, sino que se distribuye como responsabilidad colectiva. Cada comuna, cada consejo, cada espacio de participación se convierte en un núcleo de paz activa, porque fortalece el tejido social que el imperialismo intenta fragmentar. La paz deja de ser centralizada y se vuelve capilar, cotidiana, defendida desde abajo.

Este aporte de la revolución bolivariana trasciende las fronteras nacionales. Propone a los pueblos del mundo una lectura crítica de la paz como categoría política secuestrada por los vencedores de la historia. Frente a la “paz” de los cementerios, la “paz” de los mercados y la “paz” de la obediencia, Venezuela plantea una paz con conflicto, con memoria y con proyecto. Una paz que no se arrodilla ante el agresor ni renuncia a la justicia para evitar el castigo.

Así, el nuevo significado de la paz en Venezuela nace de una herida abierta por la invasión imperial, pero se transforma en una fuente de pensamiento y acción emancipadora. No es una paz ingenua ni derrotada, sino una paz que sabe defenderse, que se sabe histórica y que se sabe incompleta mientras exista un sólo pueblo sometido. En esa conciencia reside su potencia dialéctica, la paz como lucha permanente por la dignidad, la autodeterminación y la vida plena, frente a un imperio que sólo puede ofrecer silencio impuesto y orden para pocos.

Autor: Fernando Buen Abad

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Todavía hay esperanza

Una semana de ausencia

La semana pasada empecé a escribir un artículo en el que integraba el discurso de memoria y cuenta de Drunk (borracho de poder) en EEUU justo antes de partir hacia el Foro de Davos, los 14 años de la partida física de Carlos Escarrá Malavé y una visita que pude hacer acompañando a la Gran Misión Equidad y Justicia Social Hugo Chávez, a una comunidad en la cual participé en un conversatorio junto con voceras y voceros de la comunidad, para escucharlos y también darles algunos argumentos esperanzadores de los análisis que realizo.

Lamentablemente no terminé a tiempo y perdí el espacio, por lo que aprovecho para mencionar los temas, aunque me enfoque más en la humanidad y en el peligro que corremos no solo ante los discursos de Drunk como vocero de la política America First, que no es sino un refrito del Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense adaptado a estos tiempos y que no es otro que el inquilino que quiere los derechos de propiedad de la Casa Blanca, como lo dejó claro en Davos.

Junta de paz

De lo más grave que sucedió en Suiza, fue la presunta Junta de paz organizada por Drunk con la invitación a 59 países, cuya membresía implica el aporte de al menos mil millones de dólares, que pueden ser pagados de distintas maneras, como por ejemplo la sesión de la región de Ushuaia por parte del arrastrado de Milei, rompiendo no solo con la soberanía argentina, sino con su estructura federal, tal cual está haciendo su papi Drunk en EEUU, donde parece estar forzando una especie de guerra civil.

Luego de la inacción y la indolencia de la comunidad internacional ante la economía del genocidio, planteada por la relatora de la ONU para Palestina, Francesa Albanese, en julio del año pasado, entre otras muchas pruebas y evidencias; finalmente Drunk apuntó a su yerno Jared Kushner para explicar la propuesta de paz palestina, consistente en la construcción del emporio turístico y hotelero que Drunk ya había presentado desde inicios de su segundo gobierno, plan en el cual el yerno ha estado trabajando desde antes del supuesto ataque de Hamas del 7 de octubre del 2023, como lo dejó ver su socio Daniel Lambert en una entrevista.

¿ONU paralela?

Y si esto es grave, es mucho más grave el pretender que dicha supuesta junta de paz, con reglas y leyes aplicadas según la moral drunkiana y la diplomacia de cañoneras, se perfile como una especie de ONU paralela, que cuenta con el apoyo de una cantidad de países similar a la que reconoció a un supuesto interino venezolano en 2019, y que no llega ni a la tercera parte de los países que conforman la ONU en la actualidad, además de no dejar espacio para el pueblo palestino que ha colocado los muertos.

Podemos pensar como lo hemos explicado en otros artículos, que la ONU no solo es disfuncional sino que nació muerta al permitir derecho a veto de los cinco países que habían lanzado alguna vez un arma nuclear; pero al menos existía la ilusión de que había un orden basado en normas en el plano internacional, que permitía el equilibrio en base a los fundamentos de su carta fundacional, razón por la cual recordamos las propuestas enunciadas por el comandante Chávez y luego por el presidente Maduro, de lograr una refundación de Naciones Unidas.

No obstante es algo mucho más grave que simplemente distópico, una instancia cuyo único fundamento ideológico es la inyección de capital para construcción inmobiliaria, y una moral de imponer la paz por la fuerza, sobre la base de un cementerio como han convertido a Gaza donde se cuentan solo desde el 7 de octubre de 2023, 71.550 asesinados y 171.365 heridos al 21 de enero, sin contar la cantidad de cuerpos que no han podido ser ubicados en los escombros ni los efectos de bombardeos a Cisordania y al Líbano.

Ruptura

Ante las pretensiones de Drunk sobre Groenlandia y Canadá, y solo al estar en peligro la existencia del mundo producto de la paz de Westfalia, sustentada en el estado-nación, el primer ministro de Canadá Mark Carney, ex banquero prolijo que ha callado históricamente ante los ademanes gringos, defendiendo su ideología de clase capitalista transnacional, admitió que el orden internacional basado en reglas era falso, pues los poderosos se exceptuaban a sí mismos cuando les convenía y sus leyes se aplicaban dependiendo de quién era el acusado y quién la víctima, pero reconoció que el sistema de ficción era útil, pues a su parecer la hegemonía gringa proveía bienes públicos y un sistema financiero estable.

Sin embargo, habló de la existencia de una “ruptura” a nivel del orden internacional y no una transición por lo cual fue aplaudido, lo cual me hace pensar en el Foro de Davos hace 4 años en el cual luego de la pandemia, el fundador de ese club de millonarios -que heredó este año el director general del fondo buitre Blackrock-, Klaus Schuab, habló de realizar un “reseteo” postpandémico, ligado al proyecto identidad 2020 del que hemos hablado en esta columna.

Anécdotas de Davos y otro plan

Por supuesto, muchas anécdotas, entre ellas que el canciller alemán haya dicho que va a proteger a Groenlandia de la amenaza rusa; las tonterías de Milei en una sala vacía; la descripción que hace Elon Musk de un mundo de ricos y robots; o el propio Drunk, quién habló de Groenlandia/Islandia, de Somalia, de México, de lo que considera son los logros de su primer año de gobierno, mientras en EEUU la gente sobrevive.

La guinda del pastel es la publicación de la estrategia de defensa del Pentágono, ligada a la estrategia de seguridad drunkiana, donde pone el énfasis en el desarrollo de la industria armamentista al tiempo que insiste en la propiedad de Panamá, del golfo de América y de Groenlandia -siendo que ya tiene la Patagonia-, para su estrategia de contener a China sin confrontarla, dejando los otros frentes a sus aliados europeos y asiáticos, recordando sus amenazas principales: China, Rusia que casi ni menciona, Irán y la República Popular Democrática de Corea, pero reconociendo en Israel un “aliado modelo” al cual le sigue brindando apoyo militar “ilimitado” e incondicional.

Respuestas

Sin embargo, más allá de estos documentos gringos, más allá de las pretensiones Drunkianas, más allá de las pretensiones de la clase transnacional capitalista, están no solo los pueblos que despiertan, sino que hay otros países que también están jugando en el tablero, generando movimientos interesantes como los que han llevado a la caída del dólar esta semana por la venta de bonos de la deuda, no solamente por parte de China sino también de Suiza.

Hay una gran expectativa en torno a la próxima reunión entre Drunk y Xi Jinping prevista para el mes de abril de 2026, se filtró un audio en el que Rusia no cede espacios petroleros negociados con Venezuela, Irán cierra el estrecho de Ormuz, y hasta los “aliados” drunkianos se reacomodan. Todavía hay esperanza, sigamos en resistencia combativa.

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Comunicar es movilizar: arranca el módulo de agitación política y comunicación de calle

Prensa LAUICOM – La Universidad Internacional de las Comunicaciones arrancó el 3er módulo del Diplomado en Comunicación Política «Agitación Política y Comunicación de Calle», porque hoy más que nunca Venezuela necesita comunicadores capaces de defender la verdad frente a la manipulación imperial y actuar en beneficio de la soberanía nacional.

Dirigido por el profesor Rafael Rosales, este espacio reúne a la Cohorte XX, bautizada «Valentía y Dignidad», en un momento histórico: tras el bombardeo de territorio venezolano y el secuestro del presidente Maduro y la primera dama Flores el pasado 3 de enero, y bajo la firme conducción constitucional de la presidenta encargada Delcy Rodríguez.

El campo de la guerra mediática

En LAUICOM se aprende que los teléfonos pueden ser usados como trincheras de verdad, cada publicación, cada audio, cada foto compartida desde las calles, desde la verdad del pueblo que lo vive, desmonta las mentiras que los medios imperiales siembran para confundirnos.

Aquí se estudia con pasión, se debate con respeto, se ríe, se canta y hasta se baila, porque el bolivarianismo es vida plena, no sombra de guerra. Porque mientras el imperialismo deshumaniza, divide y miente, LAUICOM, siguiendo los principios bolivarianos, forma comunicadores con alma, capaces de defender la patria con alegría, serenidad y convicción.

Crea generaciones que saben que el “Cartel de los Soles”, fue una farsa creada por el imperialismo, que bombardear hospitales y zonas residenciales nunca es justificable y que en Venezuela la comunicación es acto de amor, de solidaridad, de soberanía.

Los estudiantes de las cohortes usan sus redes, sus voces y sus paredes para construir una narrativa propia: serena, combativa y profundamente humana. En esta tierra de paz y solidaridad, ellos piensan, sienten y actúan.

Porque en el bolivarianismo, agitar es defender la patria con dignidad, es no quedarse callado ante las injusticias y seguir el ejemplo del Comandante Chávez y el presidente Maduro: comunicar para movilizar, para inspirar, para impulsar a la acción.

Juro delante de Dios, juro delante de la Patria, juro delante de mi Pueblo, que sobre esta moribunda constitución, haré cumplir e impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la

02 de febrero de 1999: 27 años de la Revolución Bolivariana

Prensa LAUICOM – 27 años atrás, Caracas contuvo el aliento mientras el Comandante Hugo Chávez elevaba su voz al cielo y a la tierra con el pueblo como testigo, pronunciando las palabras que romperían cadenas:

«Juro delante de Dios, juro delante de la Patria, juro delante de mi Pueblo, que sobre esta moribunda constitución, haré cumplir e impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los nuevos tiempos, lo juro».

Aquel 2 de febrero de 1999 fue el renacer de una nación que recuperaba su soberanía, su dignidad y su sueño de justicia social frente al imperio.

La Quinta República brotó del juramento hecho grito colectivo, latiendo hoy en cada aula llena, en cada médico que cura, en cada semilla que rompe la tierra. El poder popular no es memoria: es pulso vivo que late en las calles.

27 años después, aquel amanecer bolivariano sigue iluminando nuestro camino. Jurar ante el pueblo fue sellar un pacto eterno con la historia. ¡Que arda siempre esta patria libre! ¡Paz y victoria para Venezuela!