Por Dr: Fernando Buen Abad
Hubiese sido imposible enterarse, sin distorsiones, sobre la existencia y alcances de una fuerza revolucionaria como la del zapatismo, sin una batalla comunicacional y semiótica, pertinente y pertinaz. Hasta el presente. Esa comunicación zapatista ha sido clave en la lucha por la justicia social y la dignidad de los pueblos originarios en lucha. A su modo, una rebeldía de tierra con sentido histórico propio y con una dialéctica atada profundamente con su cronología y sus coyunturas en cada etapa. Desde 1900 hasta el presente, la lucha armada y la comunicación clandestina, pletórica de artillerías simbólicas y códigos propios, se desplegó para comunicarle al mundo la decisión popular organizada del Ejército Zapatista, desde aquel originario al principio del siglo XX y hasta el corazón de neoliberalismo y su tufo TLC (1994).
Fue acertada la utilización de la imprenta, la palabra, la canción, la pintura y el relato en todas sus variables como armas de guerra ideológica para combatir las falacias y las canalladas del poder latifundista y oponerle el programa histórico de la lucha desde la tierra: el programa zapatista antes, durante y después del Plan de Ayala (1911) Fue decisiva la creación de una red de comunicación revolucionaria para coordinar las acciones militares y políticas. Contra la represión y para la resistencia, porque el uso de la comunicación oral y la tradición para mantener viva la memoria histórica y la identidad zapatista, se hicieron munición cotidiana en la consolidación de redes de solidaridad, apoyo y combate desde las comunidades indígenas y campesinas. Y todas esas batallas y escaramuzas diarias siguen activas y productivas.
No faltó la música, incluso en su versión corrido-noticiero, música y poesía de la batalla como formas de expresión y resistencia para la construcción de un pensar pensándose distinto. Así se sostuvo, no sin impasses de reorganización en la comunicación alternativa, que llegó a perfeccionarse más tarde en la Asamblea de los Pueblos de las Montañas del Sureste (APMS) como una plataforma de comunicación y coordinación pionera en más de un sentido. Con la radio comunitaria y la prensa alternativa, activadas para difundir la voz zapatista, su simbología e iconografía, se pudo consolidar y actualizar una identidad visual y comunicativa. Hasta el presente, y contra los diagnósticos de algunos, es inequívoca la presencia de las fuerzas insurgencia en la comunicación global. No hay quien no identifique a hombres y mujeres zapatistas, sepan quiénes son y por qué luchan, desde la propia imagen de Emiliano Zapata hasta los rostros y las máscaras actuales.
Para eso han sabido usar el recurso, nada inocuo ni poco inicuo, de Internet y sus formas de “comunicación digital” por donde han sabido mostrar el protagonismo de la voz zapatista a nivel global. Desde luego con su página web del EZLN y con la utilización de la comunicación en línea para coordinar las acciones y la solidaridad internacional. Sin restar una sola coma al programa de lucha, más vigente que nunca, y hacia una revolución, también, de la comunicación comunitaria contra los latifundios ideológicos y mediáticos burgueses, en todas sus presentaciones y apariencias.
Porque también se trata de fortalecer la democracia y la autonomía de las comunicaciones proletarias. Se trata de la creación de una gran “Junta de Buen Gobierno” hacia la comunicación que ayude organizar fuerzas, sumándolas y capacitándolas para coordinar las acciones y la toma del poder comunicacional en manos de los pueblos y sus decisiones autónomas. Su utilización como herramienta para la educación crítica y la formación de revolucionarios nutridos de historia y ética, capaces de fortalecer la comunicación y la transformación del mundo. Con sus batallas comunicacionales, no pocas veces incomprendidas o ignoradas, las fuerzas zapatistas han marcado la dirección de una infinidad de tareas inconclusas a las que no hemos sabido acudir ni en tiempo ni en forma. Principalmente, para difundir y consolidar la voz zapatista que durante décadas ha exhibido la maldad y criminalidad del latifundismo que, en México como en toda la Patria Grande, ha hecho de las suyas entre saqueos, corrupción asesinatos y monstruosidades de todo tipo. Sin que les toquen un pelo.
No ha habido cansancio abajo y a la izquierda, incluso cuando los retos y los peligros de la batalla comunicacional se han multiplicado y, por eso, sigue siendo urgente el fortalecimiento de la plataforma de comunicación “Enlace Zapatista” para difundir la información y la voz de las luchas, para denunciar la represión y la violencia en contra de las comunidades. Y para expandir la lucha por la justicia social, de abajo hacia arriba en México. Desde la comunicación interpersonal y local repotenciadas, hasta la comunicación global, porque todos deberíamos entender cuánto tenemos de zapatistas en la medida en que somos, también, víctimas permanentes del latifundismo ahí donde estemos.
Están a la vista documentos, videos, manifiestos, canciones, películas… Símbolos y códigos para comunicar la voz rebelde de los pueblos en lucha. Símbolos y códigos conocidos planetariamente y mantenidos en pie de lucha, también, para una comunicación de pensamiento, palabra y corazón red. Está a la vista la voluntad incansable, capaz de coordinar las acciones para la defensa y para la política. Está a la vista la red de mensajeros, correos y otros protagonistas que transmiten información y órdenes entre los diferentes grupos y líderes. Está a la vista la comunicación también oral y con tradición para mantener viva la memoria histórica y la identidad zapatista. Transmitir historias, leyendas y valores zapatistas de generación en generación. No hay manera eludir el lugar que tenemos todos desde donde estemos.
Sabemos que la comunicación zapatista es un instrumento vital para la difusión de las ideas revolucionarias y para la defensa de la vida. Es mucho más que “memoria histórica” e “identidad”, es un plan de lucha crucial bajo las amenazas de terratenientes, gobiernos y grupos criminales camuflados. No es un romance filantrópico con los indígenas. No es bonhomía de coyuntura. En las tareas de comunicación zapatista, y su disputa por el sentido, está la vida de miles de revolucionarios que han ofrendado la vida por rescatar todas las tierras usurpadas desde la invasión colonial española y hasta esta mañana en todas partes. Es una revolución comunicacional que habla muchos idiomas y nos interpela en muchas lenguas. Es una lucha por la producción y reproducción de la conciencia, es una red de relaciones que se ejerce a través de la producción y circulación de pensamiento y praxis revolucionaria que expresa la disputa por el sentido como una lucha por la liberación de los medios, los modos y las relaciones de producción y circulación de significados. Es arma de nuestra revolución. Lo sabía perfectamente Emiliano Zapata.
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