Prensa LAUICOM- En una videoconferencia de la Internacional Antifascistas que contó con más de 1200 participantes conectados en más de 250 salas virtuales, junto a partidos políticos, movimientos sociales y organizaciones populares, en diversos del mundo, se unieron al segundo encuentro internacional para exigir la liberación inmediata de su padre y de la primera dama Cilia Flores, secuestrados el 3 de enero en una operación transnacional que viola flagrantemente el derecho internacional.
En una videoconferencia de la Internacional Antifascista que contó con la participación de más de mil personas conectadas desde 77 países,
Durante la intervención de la Diputada Tania Díaz, rectora de la Universidad Internacional de las Comunicaciones, enfatizó que ambos líderes gozan de inmunidad por sus cargos, lo que hace del acto no una “captura”, término usado con la intención de desprestigiar, sino un secuestro con graves implicaciones geopolíticas. Destacó además la ofensiva mediática global que distorsiona los hechos y llamó a construir contranarrativas precisas y contundentes para llamar las cosas por su verdadero nombre.
En su intervención, Nicolás Ernesto Maduro Guerra, diputado a la Asamblea Nacional, subrayó que “el país no se debe detener” y reafirmó el compromiso de avanzar en todos los ámbitos como acto de lealtad con el Presidente Maduro y la primera dama Flores. Destacó que, pese al ataque, la unidad nacional nunca estuvo en tela de juicio, y celebró con orgullo que Venezuela cuente hoy con su primera mujer presidenta en la historia: Delcy Rodríguez, juramentada conforme a la Constitución para garantizar la gobernabilidad, la estabilidad política, militar y social del país.
Agradeció profundamente la solidaridad global, mencionando expresamente las movilizaciones en Roma, París y decenas de ciudades más, y anunció que todos los jueves se mantendrá activo el canal de comunicación para escuchar propuestas, responder preguntas y articular acciones concretas.
En este contexto, destacaron que Delcy Rodríguez, juramentada como presidenta encargada conforme al orden constitucional, impulsa tres líneas estratégicas fundamentales: primero, la movilización nacional e internacional para lograr el regreso inmediato del Presidente Nicolas Maduro y la primera dama Cilia Flores; segundo, la preservación institucional del Estado venezolano, garantizada por la unidad cívico-militar y la lealtad de todos los poderes públicos; y tercero, la activación de una contranarrativa frente a los “misiles ideológicos” que buscan sembrar desconfianza entre el pueblo mediante redes sociales y medios hegemónicos.
Anunciaron la articulación de un gran movimiento mundial rumbo al 3 de febrero, junto con la convocatoria a juristas nacionales e internacionales para documentar y denunciar ante foros globales la flagrante violación del derecho internacional que representa el secuestro del Presidente Nicolás Maduro Moros y la primera dama Cilia Flores. Esta lucha no gira en torno a dos personas, sino que es una defensa colectiva de la humanidad, la soberanía de los pueblos y el orden jurídico internacional. Venezuela avanza con gobierno constitucional, lealtad cívico-militar, unidad patriótica y pueblo movilizado. La batalla es histórica, irreversible y, sobre todo, inquebrantable.
Rector Internacional de la UICOM y Director de la Cátedra Sean MacBride
Esto no puede reducirse a un “descuido” de estilo personal ni a una mera desviación del decoro institucional; constituye un fenómeno estructural que revela la forma en que el poder se representa, se impone y se naturaliza en una coyuntura histórica determinada. Cuando un mandatario recurre sistemáticamente a gestos ofensivos, insultos públicos, descalificaciones humillantes y una teatralidad agresiva, no estamos ante un error comunicacional, sino ante una estrategia semiótica consciente o inconsciente que desfigura el vínculo entre gobernante y gobernados. La obscenidad, en este contexto, opera como un signo de dominación que busca erosionar el pacto simbólico entre autoridad y pueblo, sustituyendo la legitimidad ética por la dictadura de la imposición emocional, el escándalo permanente y la violencia discursiva. El cuerpo del mandatario, su voz, su gesto, su mímica y su léxico se convierten en dispositivos de poder que comunican desprecio, superioridad y amenaza, produciendo una semiosis donde la ofensa no es un exceso, sino el personaje mismo.
Desde una perspectiva filosófico-crítica, esta obscenidad política puede leerse como una forma de cinismo del poder, en el que la negación de la dignidad del otro se transforma en espectáculo. El insulto deja de ser una anomalía para convertirse en una disfunción de gobierno, deshumanizar al adversario, ridiculizar al diferente, estigmatizar al débil y exhibir impunidad frente a las normas que rigen la convivencia democrática. En este marco, la obscenidad funciona como una pedagogía autoritaria que enseña a la sociedad que el poder puede hablar sin límites, que la violencia simbólica es aceptable si proviene de arriba y que el respeto ya no es una condición del mando, sino una debilidad. La semiótica del insulto produce una reorganización del campo político, desplaza el debate racional, degrada el lenguaje público y normaliza la agresión como forma legítima de intervención en lo social.
Este gesto obsceno, entre muchos otros, del mandatario no interpela a la ciudadanía como sujeto político, sino como masa emocional a ser provocada, dividida y movilizada por impulsos primarios. Ese gesto “fuck you” no busca convencer, sino someter; no intenta argumentar, sino marcar territorio. Se trata de una semiosis del desprecio, donde el dedo no apunta a la construcción de sentido compartido, sino a la imposición de una jerarquía simbólica. En este esquema, el pueblo es reducido a objeto de burla, sospecha o amenaza, mientras el gobernante se autoerige como figura excepcional, situada por encima de toda norma moral y de todo límite discursivo. La obscenidad se vuelve así un signo de dictadura absoluta, el poder se exhibe precisamente en su capacidad de violar las reglas sin consecuencias.
Esta dinámica revela una profunda regresión del espacio público, donde la gestualidad deja de ser un instrumento de mediación social para convertirse en un arma de desprecio. La obscenidad no sólo degrada al receptor del mensaje, sino que corrompe el propio tejido simbólico de la comunidad política. Al repetirse, el insulto presidencial erosiona la frontera entre lo decible y lo indecible, banaliza la violencia verbal y prepara el terreno para formas más explícitas de exclusión y coerción. Nuestra semiótica crítica muestra que no hay neutralidad en estos signos, cada ofensa es un acto político que refuerza estructuras de poder desiguales, legitima prejuicios históricos y reactiva narrativas de supremacía, miedo y odio.
Desde una lectura más radical, puede afirmarse que la obscenidad del mandatario expresa una crisis de representación, incapaz de sostener su autoridad en un proyecto ético o racional, el poder recurre a la provocación obscena como sustituto de legitimidad. El insulto opera como cortina de humo que oculta la ausencia de propuestas transformadoras, mientras captura la atención mediática y mantiene a la sociedad atrapada en una dinámica reactiva. La ofensa se convierte en mercancía simbólica, reproducida hasta el agotamiento por los medios de comunicación, que funcionan como amplificadores acríticos del gesto obsceno. Así, la semiosis del poder se articula en un circuito perverso donde la violencia discursiva se recicla como entretenimiento político.
Esa obscenidad presidencial también cumple una función disciplinaria, envía un mensaje claro a quienes disienten, advirtiendo que la crítica será respondida con humillación pública. Se instaura así un régimen de intimidación simbólica que busca desalentar la participación política consciente y sustituirla por el miedo, la burla o el fanatismo. El lenguaje se degrada hasta convertirse en un instrumento de castigo, y la figura del mandatario encarna una autoridad que no dialoga, sino que agrede. Desde la semiótica del poder, este fenómeno puede entenderse como una forma de violencia simbólica institucionalizada, donde el insulto oficial legitima la reproducción social del desprecio y la exclusión.
En última instancia, la obscenidad del gobernante no es un problema de modales, sino un síntoma de una forma de poder que ha renunciado a la ética pública y ha convertido la comunicación política en un campo de batalla emocional. El signo obsceno revela una concepción del pueblo como enemigo potencial, como masa a ser controlada mediante la provocación y el miedo. Esta semiosis no sólo daña a quienes son directamente ofendidos, sino que empobrece el horizonte democrático en su conjunto, al sustituir el diálogo por el escarnio y la deliberación por el espectáculo. La crítica filosófica y semiótica permite comprender que estas señales obscenas no son anecdóticas, sino estructurales, expresan un modelo de dominación que necesita humillar para gobernar, provocar para existir y ofender para reafirmarse. En esa obscenidad se condensa una verdad incómoda del poder contemporáneo, cuando el lenguaje se vuelve arma y el gesto se vuelve insulto, la política deja de ser un espacio de construcción colectiva y se transforma en un ejercicio de violencia simbólica permanente contra la dignidad del pueblo.
Este mandatario que utiliza gestos, palabras y conductas obscenas frente a la ciudadanía constituye un fenómeno semiótico de múltiples capas, donde lo visible y lo simbólico se entrelazan para generar significados complejos, conflictivos y a menudo polarizadores. En la esfera política, la obscenidad no es simplemente un acto vulgar; es un signo que despliega una narrativa de poder y de legitimación, a la vez que expone tensiones profundas entre lo institucional y lo personal, entre la autoridad formal y la ética del discurso público. Los gestos que ofenden, las expresiones que humillan, las palabras que transgreden convenciones de respeto y decoro se convierten en signos cargados de un contenido ideológico, emocional y social que trasciende su mera forma.
Cada señal, cada gesto, cada insulto se inscribe en un sistema de comunicación donde el cuerpo del mandatario funciona como un texto abierto, interpretable desde múltiples perspectivas. Desde una lectura semiótica, la obscenidad en el liderazgo político no es accidental; es un recurso performativo que articula el poder de manera directa, inmediata y, muchas veces, transgresora, generando un efecto de shock que obliga al espectador a posicionarse. Este tipo de comunicación rompe con la narrativa tradicional de la política como espacio de moderación y racionalidad, introduciendo la emoción cruda, la confrontación explícita y la provocación como herramientas de control discursivo y mediático.
Esa semiosis que se produce en este contexto no se limita al intercambio convencional de signos; se configura como un acto de poder performativo que redefine los límites de lo aceptable y lo ilegítimo, desafiando la noción de autoridad basada en la ética y la responsabilidad pública. Al observar la obscenidad del mandatario, se evidencia un uso estratégico de la corporalidad y del lenguaje, en el que la agresión verbal o gestual funciona como signo de autoridad, al mismo tiempo que establece fronteras simbólicas con aquellos que son percibidos como adversarios o como parte de una audiencia subordinada. La ofensa se transforma, así, en un marcador identitario que delimita quién pertenece al círculo de poder y quién queda fuera, generando una narrativa de inclusión y exclusión donde el mandato se legitima a través de la transgresión misma de normas sociales y culturales.
Esa conducta es un ejercicio de poder que se manifiesta a través del signo, una hegemonía que no sólo regula comportamientos materiales, sino que también moldea la percepción de lo que es políticamente posible y lo que se considera moralmente reprochable. La obscenidad se convierte en un modo de performar la soberanía, de declarar que el mando no está sujeto a los códigos tradicionales, que la autoridad se ejerce por encima de las normas sociales y que el discurso público puede ser territorio de confrontación explícita, agresión simbólica y manipulación emocional. La interacción entre signo y receptor adquiere aquí una intensidad particular, el gesto obsceno del mandatario funciona como detonador de emociones, polariza opiniones y provoca la activación de estructuras cognitivas y afectivas que reconfiguran la percepción de legitimidad y de poder.
Trump con sus obscenidades genera un campo semiótico en el que la violencia simbólica, la provocación y la teatralidad se articulan para sostener un estilo de liderazgo que depende de la atención constante, del escándalo y de la polarización. En este sentido, el mandatario que ofende no sólo actúa sobre el público, sino que produce un efecto de retroalimentación semiótica, las respuestas de la sociedad, la cobertura mediática, la indignación pública y la polarización se convierten en signos que refuerzan y amplifican el propio gesto original, creando un sistema dinámico de significación que trasciende la intención inicial y establece un nuevo lenguaje político basado en la transgresión.
Su obscenidad (toda) se convierte en signo performativo que articula poder, identidad y emoción, un espacio donde la ética tradicional se encuentra tensionada y donde el mandato se ejerce a través de la capacidad de provocar, de dividir y de movilizar afectos. La narrativa que surge de este estilo de liderazgo es, en consecuencia, profundamente ambivalente, por un lado, revela la fragilidad de las instituciones frente a la personalidad y las emociones del líder; por otro, demuestra la fuerza del signo como herramienta de construcción de autoridad, de legitimación simbólica y de manipulación social. La semiótica de la ofensa pública muestra que los gestos y palabras obscenos no son meros deslices de mal gusto, sino elementos constitutivos de un lenguaje político que articula el poder a través de la emoción, la transgresión y la provocación. La obscenidad se convierte en estrategia de visibilidad, en un código que establece jerarquías, delineando quién está dentro y quién está fuera de la esfera de influencia, y generando un diálogo conflictivo con los valores de respeto, decoro y ética que tradicionalmente sostienen la autoridad política.
Así la ofensa sistemática y los gestos obscenos de un mandatario constituyen un campo de análisis privilegiado para entender cómo los signos y símbolos se despliegan en la política contemporánea, mostrando que el poder puede performarse a través de la transgresión y que la autoridad se negocia continuamente en el espacio público mediante la manipulación de significados, emociones y expectativas sociales. Este fenómeno revela, además, la tensión permanente entre la ética y la estrategia, entre el signo y el efecto, evidenciando que en la política moderna la obscenidad puede ser tanto una herramienta de dominación como un espejo de los conflictos sociales y culturales que atraviesan a la sociedad, un recordatorio de que la semiótica del poder no se limita a lo formal, sino que reside también en lo provocativo, lo emotivo y lo disruptivo.
Esa fotografía y video en el que Donald Trump muestra el dedo medio en público (fuck you) fue publicado por el sitio de entretenimiento TMZ, que difundió el material de un encuentro ocurrido el 13 de enero de 2026 durante una visita de Trump a una planta de Ford en Dearborn, Michigan. En ese video, se ve al mandatario aparentemente respondiendo con “fuck you” y levantando el dedo medio hacia un trabajador que lo increpó llamándolo “pedophile protector”. En el video se ve a Trump (presidente de la nación) aparentemente respondiendo a un trabajador que lo llamó “pedophile protector”, antes de levantar el dedo medio y decir “fuck you”. Varios medios recogieron y confirmaron la publicación del video de TMZ, por ejemplo Forbes, que señala que el clip fue “first obtained by TMZ” mostrando a Trump dando el gesto tras ser abucheado mientras estaba en el evento. Además, La Nación informó que el video fue difundido por TMZ y circuló en redes sociales como TikTok y X, donde se veía a Trump haciendo la seña obscena después de escuchar el grito del público.
Fuentes exactas: Forbes, “Trump Gives Middle Finger After Heckler…” — video first obtained by TMZ mostrando el gesto. La Nación (Argentina), Video divulgado por TMZ que muestra al mandatario levantando el dedo medio tras el increpador. El clip fue descrito por la agencia Reuters y otros medios como primeramente difundido por TMZ y confirmado como auténtico por la Casa Blanca, donde se ve al presidente levantando el dedo medio al supuesto heckler durante su recorrido por la planta.
Enlaces a las fuentes originales donde se publicó o se menciona la publicación,
TMZ, “President Trump Filmed Flipping Off Ford Worker Who Yells ‘Pedophile Protector’ at Him” — artículo con el video publicado directamente por TMZ. Reuters, Cubriendo el mismo video inicialmente compartido por TMZ y confirmando el gesto en Dearborn, Michigan. Video original publicado por TMZ.
Prensa LAUICOM –En una videoconferencia de la Internacional Antifascista, más de 1200 participantes conectados en más de 250 salas virtuales, junto a partidos políticos, movimientos sociales y organizaciones populares distribuidas en diversos países del mundo, se unieron al segundo encuentro internacional virtual, convocado para exigir la liberación inmediata del Presidente Nicolás Maduro Moros y de la primera dama Cilia Flores, secuestrados el 3 de enero en una operación transnacional que viola flagrantemente el derecho internacional.
Durante la intervención de la Diputada Tania Díaz, rectora de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM), se enfatizó que ambos líderes gozan de inmunidad por sus cargos, lo que convierte el acto no en una “captura”, término usado con intención deslegitimadora, sino en un secuestro con graves implicaciones geopolíticas. además la ofensiva mediática global que distorsiona los hechos y llamó a construir contranarrativas precisas y contundentes, porque nombrar correctamente es resistir.
En este marco, destacó la activa participación de mujeres comprometidas con la defensa de la soberanía: Diva Guzmán, responsable nacional de Mujeres del PSUV; Yelitze Santaella, ministra para la Mujer y la Igualdad de Género de Venezuela; Cristina Simó, del Movimiento Democrático de Mujeres de España; y Alina Rosas Duarte, coordinadora de Formación Política Internacional de Morena, México. Todas expresaron su solidaridad con la República Bolivariana y subrayaron que la unión de las mujeres latinoamericanas y del mundo es clave para proteger el bienestar, la paz y la autodeterminación de nuestros pueblos.
Nicolás Ernesto Maduro Guerra, diputado a la Asamblea Nacional, reafirmó que “el país no se debe detener” y celebró con orgullo que Venezuela cuente hoy con su primera mujer presidenta en la historia: Delcy Rodríguez, juramentada conforme a la Constitución para garantizar la gobernabilidad, la estabilidad política, militar y social del país. Agradeció la solidaridad global, mencionando expresamente las movilizaciones en Roma, París y decenas de ciudades más, y anunció que todos los jueves se mantendrá activo el canal de comunicación para escuchar propuestas, responder preguntas y articular acciones concretas.
Rodríguez impulsa tres líneas estratégicas fundamentales: primero, la movilización nacional e internacional para lograr el regreso inmediato del presidente Maduro y la primera dama Cilia Flores; segundo, la preservación institucional del Estado venezolano, garantizada por la unidad cívico-militar y la lealtad de todos los poderes públicos; y tercero, la activación de una contranarrativa frente a los “misiles ideológicos” que buscan sembrar desconfianza entre el pueblo mediante redes sociales y medios hegemónicos.
La cara de la agresión
En medio del encuentro, se compartió el testimonio de Elizabeth Marcano, joven embarazada y habitante de Fuerte Tiuna, sobreviviente del ataque del 3 de enero. Conmovida, relató que esa madrugada fue lo más duro que ha vivido en sus 31 años: despertó por los gritos aterrorizados de sus familiares, quienes le alertaron que los estaban bombardeando. Entre el pánico, lograron reunir agua, medicamentos, y se prepararon para huir. Desde entonces, cualquier sonido similar a explosiones o helicópteros les provoca angustia profunda.
Su relato simboliza el rostro humano de una agresión que trasciende las fronteras venezolanas: el secuestro de un jefe de Estado en funciones y su esposa no es solo un crimen contra Venezuela, sino un precedente peligroso para todos los pueblos del mundo. Si se normaliza la violación de la inmunidad diplomática, la invasión de soberanías y el uso de la fuerza extrajudicial contra líderes legítimos, ninguna nación estará a salvo.
Por eso, esta lucha no gira en torno a dos personas, sino que es una defensa colectiva de la humanidad, la soberanía de los pueblos y el orden jurídico internacional. Venezuela avanza con gobierno constitucional, lealtad cívico-militar, unidad patriótica y pueblo movilizado. La batalla es histórica, irreversible y, sobre todo, inquebrantable.
Hay actos que dejan atónita a la opinión mundial por su avilantez, su ilegitimidad, su intrínseca brutalidad. Reiteramos que el ilegal bloqueo y las ejecuciones extrajudiciales contra pescadores violan los artículos 1 y 2 de la Carta de la Organización de Naciones Unidas; el Estatuto de Roma sobre Crímenes de Lesa Humanidad y la Convención de Naciones Unidas sobre Derecho del Mar. Con mayor razón las viola el rapto de un Presidente y el asesinato a mansalva de venezolanos en su propio territorio..
El secuestro es acto de ilegítima privación de libertad tipificado como punible en todas las legislaciones del mundo. El perpetrarlo contra un alto funcionario no lo excusa. lo agrava, así como la ejecución del magnicidio agrava el delito de homicidio.
Tras cometer tal crimen contrario a las leyes de Venezuela, a las de la comunidad internacional y a las de su propio país, el Presidente Trump declaró, que “ahora manejaremos Venezuela”. En su primer mandato afirmó que había que apoderarse del petróleo venezolano, pues era valioso “oro líquido”. En el segundo, postuló que le pertenecían “la tierra, el petróleo y los recursos de Venezuela”. Son elucubraciones de delincuente, cuyo único propósito es adueñarse de los haberes de su víctima. Nada más equivocado desde la perspectiva legal, política y práctica.
Añadamos que la perspectiva de saquear el “oro líquido” parece haber enmudecido los demás pretextos para agredir a nuestro país. Nadie sataniza como “invasión” el modesto flujo de migrantes venezolanos hacia el Norte. Nadie invoca al imaginario “Cartel de los Soles”; la propia Agencia Central de Inteligencia reconoce que tal organización “no existe”. Por ninguna parte aparecen pruebas de supuestos cultivos, laboratorios o embarques de drogas que en realidad se mueven por el Pacífico; mucho menos de fentanilo, que contrabandean otros países. Nadie proclama como “Presidente legítimo” al anodino González Urrutia; Trump no recibe a la señora Machado ni le contesta el teléfono aunque ésta le prometa transferirle el Premio Nobel de la Paz; ante los medios declara que ella “no tiene apoyo” ni “capacidad”. Confesión irrecusable de que absolutamente nadie cree que hubieran ganado jamás elección alguna.
Parece que lo único de que se puede acusar a Nicolás Maduro es de presidir un país rico en hidrocarburos. Pero las leyes de Estados Unidos no son aplicables a un ciudadano venezolano por actos efectuados en Venezuela. Las normas estadounidenses son sólo aplicables en su propio territorio, y sus autoridades no tienen competencia ni jurisdicción para actuar fuera de sus límites. Tales leyes tampoco justifican la violación del territorio del Estado soberano de Venezuela, ni el asesinato en él de arriba de un centenar de víctimas inermes o que ejercían su derecho a la legítima defensa, ni el bombardeo, incendio y destrucción de infraestructuras e instalaciones.
Los estadounidenses sólo pueden tomar prisioneros fuera de su territorio en estado de guerra, y es público y notorio que durante el secuestro del Presidente Nicolás Maduro no existía guerra legítimamente declarada entre Venezuela y Estados Unidos, sino ilegal destrucción por fuerzas estadounidenses de lanchas pesqueras y sus tripulantes, y robo de nuestro petróleo trasladado en diversos tanqueros.
Añadamos que, según la Convención de Viena, los presidentes de Estados soberanos gozan de inmunidad diplomática durante el ejercicio de sus funciones.
El secuestro implica responsabilidad penal para sus perpetradores, pero no para sus víctimas, pues el delito no crea derechos para el delincuente. El ilegítimo secuestro de un Presidente no legitima a sus perpetradores para “manejar el país” de la víctima, Ni las leyes de Venezuela, ni las de Estados Unidos, atribuyen ningún tipo de derechos a los secuestradores sobre sus víctimas ni sobre el patrimonio privado o público que éstas administren.
El ilegítimo secuestro violento de un Presidente por efectivos armados de otro país, que ni siquiera fueron autorizados para ello por el
Congreso de éste, no debe ser considerado más que como falta temporal del funcionario, ya que el mismo está vivo y existe la posibilidad de que sea reintegrado a sus funciones, a cuyos efectos la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela dispone:
Artículo 234. ° Las faltas temporales del Presidente o Presidenta de la República serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva hasta por noventa días, prorrogables por decisión de la Asamblea Nacional hasta por noventa días más.
Si una falta temporal se prolonga por más de noventa días consecutivos, la Asamblea Nacional decidirá por mayoría de sus integrantes si debe considerarse que hay falta absoluta
Añadamos una reflexión pertinente. ¿Qué futuro aguarda a la comunidad internacional si se acepta que pueden y deben ser secuestrados todos los mandatarios que no agraden al Presidente de una sola potencia?
Una cosa es aniquilar pescadores inermes o secuestrar ciudadanos, y otra obtener el consentimiento de más de treinta millones de compatriotas.
De lo único que los criminales han logrado apoderarse es de la persona física del Presidente, quien ya ha sido sustituido de manera constitucional y temporal por la Presidenta encargada.
Los poderes públicos, las riquezas, el territorio y la población de la República Bolivariana de Venezuela siguen perteneciendo única y exclusivamente a los venezolanos, y no a forajidos foráneos sin otra motivación que apoderarse de lo que no les pertenece.
Por tanto, ningún poder extranjero determina el contenido de nuestras leyes, los actos de ejecución de ellas, ni las sentencias que resuelven las dudas sobre su correcta aplicación, ni en el ejercicio del sufragio ni en los actos de control sobre dichos poderes ejercido por el Poder Moral. Ni una sola de las decisiones de nuestros Poderes Públicos es dictada, ni puede serlo, por delincuentes de otras nacionalidades.
Ni un palmo de territorio de la República Bolivariana de Venezuela está ocupado por un invasor extranjero. Ni un metro de su territorio está actualmente fuera del control de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Tampoco hay bases militares manejadas por efectivos foráneos. Nuestras leyes se aplican de manera uniforme a lo largo de nuestra extensión territorial. Tampoco está nuestro territorio fragmentado en zonas en las cuales tengan potencias foráneas distintos grados de privilegio o de autoridad legislativa, ejecutiva y judicial. Richard Wolff denunció que a mediados de diciembre ya existía un plan para fragmentar las zonas ricas en minerales de Venezuela entre varios consorcios extranjeros propietarios de sus recursos, y dejar el resto a un gobierno sin ingresos ni medios para el gasto social.
Pero las riquezas y derechos que nuestra Constitución atribuye a la República siguen perteneciendo a ésta, así como las empresas cuya propiedad exclusiva la Ley Fundamental otorga a la Nación.
Cualquier intento de invalidar estos principios sería nulo de toda nulidad; constituiría sólo tentativa de violación de nuestra soberanía y aniquilación de nuestra República, y todos los venezolanos y venezolanas estamos revestidos en consecuencia del deber y el derecho de resistirlo por todas las vías, según lo dispuesto en el artículo 333 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela:
Artículo 333. Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella.
En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia
La Asociación de Universidades Grupo Montevideo (AUGM) emitió una firme declaración de solidaridad en rechazo al ataque armado perpetrado por el Gobierno de los Estados Unidos (EE. UU.) contra la República Bolivariana de Venezuela el pasado 3 de enero.
Esta red académica, que reúne a las principales universidades públicas y autónomas de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, calificó el hecho como una “violación absoluta” del derecho internacional.
A través de un documento oficial suscrito por el Comité Directivo, la AUGM manifestó su profunda conmoción por los ataques aéreos en ciudades, la existencia de víctimas civiles y lo que describen como el “secuestro y traslado ilegal del país” del presidente constitucional de la República, Nicolás Maduro, y de la primera dama, Cilia Flores.
La asociación denunció que esta acción unilateral “ignora la Carta de las Naciones Unidas e instala la ‘lógica de la guerra’ en América Latina como método del más fuerte para dirimir conflictos”.
Asimismo, advirtió sobre la reactivación de “políticas imperialistas que históricamente han tratado a la región como el ‘patio trasero’ de EE. UU., utilizando el combate al narcoterrorismo como pretexto para ocupar territorios y derrocar gobiernos”.
En su pronunciamiento, la AUGM reivindicó la soberanía de los Estados y la inviolabilidad de sus territorios, al exigir la preservación de la vida y el respeto a la autonomía de los pueblos.
En el comunicado también subrayó que “la autonomía universitaria y la libertad de sus comunidades son pilares fundamentales de resistencia para lograr una sociedad más justa, equitativa y en paz”.
Con esta declaración, la AUGM suma la voz de 51 universidades públicas de gran relevancia en la región al repudio ya expresado por otras instituciones académicas de prestigio internacional, como la Universidad de Oxford y la Universidad de Cambridge.
Prensa LAUICOM- Desde Radio LAUICOM se transmitió el programa especial número 3 Entre Líneas: “Desmontando el Diccionario del Invasor”, transmitido desde la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM), se develó con rigor y pasión cómo el lenguaje se ha convertido en una trinchera de la guerra cognitiva contra Venezuela. En un momento de agresión imperial sin precedentes, el espacio reafirmó que nombrar con precisión los hechos es un acto revolucionario.
Bajo la moderación de la profesora Beverly Serrano, el profesor Wilman Verdú y la profesora Tibisay León de LAUICOM, se expuso cómo el vocabulario del invasor busca imponer una narrativa falsa: llamar “captura” a un secuestro, “inversión” al saqueo o “terrorismo” a la resistencia. El asedio no es nuevo, desde el bloqueo a medicamentos para diálisis en 2018 hasta los recientes ataques a Venezuela y el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores por parte de las fuerzas imperialistas de Donald Trump, se han cometido crímenes de lesa humanidad. Pese a ello, el pueblo mantiene su normalidad cotidiana: los niños van a la escuela, el transporte público sigue cubriendo sus rutas y quienes trabajan en las calles siguen adelante con dignidad.
Lo ocurrido no fue una detención legal, sino una invasión para secuestrar a un jefe de Estado en funciones, sin orden judicial ni sustento jurídico ni diplomático. Aceptar el lenguaje del imperio legitima una agresión ilegal y crea un peligroso precedente en el derecho internacional. La guerra multidimensional busca fracturar la conciencia colectiva, pero el pueblo venezolano responde con unidad, amor y movilización permanente.
El doctor en filosófia Fernando Buen Abad, afirmó que la comunicación es una fuerza humanizante, y que hoy más que nunca se requiere construir puentes colectivos desde la solidaridad y la verdad en donde las cosas sean llamadas por sus nombres. LAUICOM se erige como trinchera comunicacional del pueblo, llamando a radicalizar la unidad bolivariana y exigir el regreso inmediato del Presidente Maduro y la primera dama Flores. Porque, como dijo nuestro presidente: “Nadie nos ha regalado nada, todo lo hemos construido con el sudor de nuestra frente, de nuestro trabajo, y así seguiremos haciéndolo, porque esta patria es indestructible.”
Prensa LAUICOM- Desde Radio LAUICOM se transmitió un programa especial llamado“¿Cómo identificar que soy víctima de guerra psicológica en tiempos de ataque a la nación?”, espacio que reunió voces comprometidas con la defensa del pueblo venezolano en medio de una ofensiva cognitiva y militar sin precedentes.
Contó con la participación del Vicerrector de Vinculación Social de LAUICOM, Ibrahim Infante, la Vicerrectora, Tamara Díaz, docente y militante comunicacional, y también con la participación del invitado especial, el Profesor Roger Garcés, Psicólogo Social e investigador.
Díaz recordó que todos somos sobrevivientes del bombardeo del 3 de enero, cuando el Presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores fueron secuestrados. Ese dolor colectivo nos une, porque la agresión no distingue edades ni ideologías. Testimonios de los hechos fueron conmovedores. Andrés Barrios, quien vive en Fuerte Tiuna, contó cómo escuchó explosiones y vio a niños y adultos mayores en estado de pánico. Nayeli Rivas relató cómo rescató a sus primitas mientras su esposo resultaba herido por esquirlas de vidrio. Osmar Morfi, residente cerca del aeropuerto de Caracas pudo escuchar las explosiones y expresó indignación ante quienes celebran la invasión, calificándolos como huérfanos de humanidad.
El trauma que no distingue bandos
Garcés explicó que el trauma es psicosocial: afecta a todos los venezolanos sin distinción. Las bombas no reconocen bandos. El trauma colectivo se manifiesta como estrés postraumático, y su propósito es paralizar la voluntad popular para frenar la construcción del socialismo.
Ante esto, Garcés insistió en tres acciones concretas: hablar abiertamente sobre lo vivido, reflexionar en colectivo sobre el impacto emocional del ataque y reafirmar el amor por la patria como acto de resistencia. Nombrar el dolor es la forma de quitarle poder al enemigo y recuperar la capacidad de actuar.
Tania Díaz, rectora de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM), indicó que la agresión contra Venezuela ha generado rechazo incluso dentro de Estados Unidos, donde sectores de la población se oponen a las acciones bélicas impulsadas por Trump. Se violaron todas las leyes internacionales, y hoy más que nunca es urgente mantenerse activos en la calle. Lo que quieren es inmovilizarnos; nuestra respuesta es caminar juntos, organizados, en defensa de la vida, la soberanía y el futuro socialista.
La Escuela de Gobierno Blavatnik advierte que la intervención del pasado 3 de enero representa una ruptura crítica del orden jurídico global y de la Carta de las Naciones Unidas.
OXFORD, REINO UNIDO – Tras un exhaustivo análisis técnico-jurídico, la Universidad de Oxford, a través de la Escuela de Gobierno Blavatnik, ha emitido un pronunciamiento oficial sobre las acciones militares ejecutadas por Estados Unidos en territorio venezolano a principios de este año. El dictamen es concluyente: la operación constituye una violación flagrante y multidimensional del derecho internacional.
La Dra. Janina Dill, codirectora del Instituto Oxford de Ética, Derecho y Conflictos Armados (ELAC), lideró el informe donde se establece que la naturaleza del ataque carece de cualquier justificación legal bajo los tratados internacionales vigentes.
Según el análisis, el uso de la fuerza en este contexto no solo es ilícito, sino que su ilegalidad está «más allá de cualquier debate serio».
El informe subraya que la intervención rompe con el principio fundamental de soberanía estatal y la prohibición del uso de la fuerza, pilares del orden internacional desde 1945.
La academia británica enfatiza que no se cumplen los requisitos de «legítima defensa» ni existió un mandato previo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que autorizara tal incursión.
Oxford advierte con preocupación que la falta de una reacción internacional contundente podría normalizar el uso de la fuerza militar como sustituto de la diplomacia, devolviendo al mundo a un estado de inseguridad jurídica donde prevalece la ley del más fuerte.
«La forma en que el mundo reaccione ante esta ruptura es crítica. No se trata solo de la soberanía de una nación, sino de la supervivencia del sistema legal que impide el conflicto global anárquico», señala el análisis técnico.
Un Desafío a la Diplomacia Moderna
Este pronunciamiento se suma al de otras instituciones de élite, como la Universidad de Cambridge, consolidando un consenso académico en el Reino Unido sobre la gravedad de los hechos ocurridos el 3 de enero de 2026. La Universidad de Oxford insta a los organismos internacionales a reafirmar la validez de las normas globales frente a actos que amenazan con desmantelar décadas de consenso diplomático.
El comité resalta que esta acción «sienta un grave precedente para el futuro de nuestra región latinoamericana y caribeña que siente gravemente amenazada su soberanía»
La Unión de Universidades de América Latina y el Caribe (UDUALC), emitió un comunicado en el que expresó su más profunda preocupación por las acciones de fuerza emprendidas por los Estados Unidos en contra de Venezuela.
El texto subraya que este tipo de intervenciones representa una amenaza directa a la soberanía de los países de la región por parte de Estados Unidos y la administración Trump.
“No es la primera vez que, durante la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos ejerce violencia militar contra diversos países, bajo las premisas de lucha antiterrorista o del combate al narcotráfico”, señala en el documento el comité ejecutivo.
No obstante, destaca que el ataque a Caracas carece de precedentes desde la invasión a Panamá en 1989, lo que constituye, según la UDUALC, un hecho de gravedad histórica para América Latina y el Caribe.
El comité resalta que esta acción «sienta un grave precedente para el futuro de nuestra región latinoamericana y caribeña que siente gravemente amenazada su soberanía».
El comunicado resalta que la UDUALC reivindica la soberanía de los países de la región y se suma a las condenas internacionales contra la intervención militar estadounidense en territorio venezolano. Asimismo, la organización académica hace un llamado al respeto del derecho internacional, en particular al cumplimiento de la Carta de las Naciones Unidas, cuyos principios prohíben el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado.
La UDUALC resaltó en su cuenta en la red social X que como institución «reafirma su papel como actor clave en la defensa del pensamiento crítico, la cooperación académica y la integración regional, subrayando que la educación no puede ser ajena a los contextos políticos y sociales que afectan a nuestros pueblos».
Este comunicado se une a la ola de rechazos que se han desatado en diversas partes del mundo en contra de lo sucedido en Caracas donde fue secuestrado el presidente Nicolás Maduro junto a la primera dama Cilia Flores en medio de un ataque al país.
El mensaje no solo refleja una postura institucional, sino también el compromiso del sector académico con los principios de autodeterminación y no intervención consagrados en el derecho internacional.
Prensa LAUICOM- En el marco de la primera transmisión especial de la radio LAUICOM, la Universidad Internacional de las Comunicaciones puso en escena un análisis profundo y urgente: “Bolívar vs. Monroe: el choque de dos proyectos”. A cargo del profesor Alí Rojas Olaya, y con la participación del Vicerrector de Vinculación Social de LAUICOM, Ibrahím Infante, el programa develó las raíces del conflicto que aún define el destino de Nuestra América.
Frente al reciente bombardeo en territorio venezolano y el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores, el profesor Rojas situó los hechos dentro de la lógica histórica del imperialismo norteamericano. La Doctrina Monroe, lejos de ser una defensa continental, fue y sigue siendo un instrumento de dominación racial, cultural y económica, cimentado en la idea de que solo unos pocos, blancos, ricos y alineados al capital, merecen gobernar.
Contra ese designio, Bolívar levantó una doctrina de vida: comunal, antiesclavista, inclusiva y fundada en la autodeterminación de los pueblos, la Doctrina Bolivariana. Desde Angostura hasta nuestros días, esa visión se expresa en la resistencia del pueblo venezolano ante las medidas coercitivas impuestas por el imperialismo, en la valentía de Cilia Flores por permanecer al lado del Presidente Maduro, en la firmeza de nuestras Fuerzas Armadas y aliados frente a un adversario de categoría mundial y en la movilización popular que transforma el miedo en esperanza.
Este programa es un llamado a la acción. No hay espacio para la tibieza cuando se juega la existencia misma de la Patria. Hoy, como ayer, la Doctrina Bolivariana es nuestro norte. Y con ella, seguiremos adelante. ¡Nosotras y nosotros venceremos!