Prensa LAUICOM – Este 4 de noviembre se conmemoran 215 años de la Batalla de Aguanegra, el primer combate independentista en territorio venezolano contra el dominio español.
Acontecida en 1811 en el estado Lara, esta gesta militar marcó el inicio de los grandes sacrificios del Ejército Libertador en la lucha por la independencia de la Patria.
Siete meses después de la proclamación de la independencia en 1810, Aguanegra encendió con fuego patriótico el anhelo de libertad que Simón Bolívar y otros próceres llevarían por toda América.
Más que una confrontación armada, este enfrentamiento simbolizó la decisión irreductible del pueblo venezolano de romper las cadenas coloniales y forjar su propio destino.
Hoy, recordar Aguanegra es honrar la valentía de quienes dieron su vida por la soberanía nacional y reafirmar el compromiso con los ideales de justicia, independencia y unidad que aún guían al pueblo venezolano en su marcha histórica.
El Gobierno y el Pueblo de la República Bolivariana de Venezuela, en nombre del Presidente Nicolás Maduro Moros, tienen el honor de extender su más fraterno y solidario saludo al honorable Gobierno y al hermano Pueblo de la República Argelina Democrática y Popular, con motivo de la conmemoración del 71º aniversario del glorioso Día de la Revolución, este 1 de noviembre de 2025.
Armando Mattelart, figura cardinal en los estudios de comunicación y cultura, recientemente ha volado a otros paisajes. En reconocimiento de su valiosa vida y obra, formulamos un breve decálogo con algunos de sus principales aportes a la comunicación liberadora. Su visión de la comunicación trasciende la mera tecnología o el intercambio mercantil y cósico de mensajes, concibiéndola como un espacio de disputa por la hegemonía, la soberanía y la construcción de conocimiento situado y emancipador.
7 de Diciembre del 2015, sala 4 del Palacioo de las Convenciones Evento de los Comunicadores ICOM-ULEPICC 2015,Momentos en que se entrega el título Honoris Causa en las Ciencias de la Comunicación al Dr.Armand Mattelart.Fotos: César A. Rodriguez.
1. La desestructuración del mito de la ‘aldea global’ y el imperialismo cultural
Mattelart (1976), junto a Michèle Mattelart, fue pionero en desmantelar la visión utopista y tecnológico centrada de la «aldea global» de McLuhan. Su trabajo expuso cómo los flujos de comunicación globales distan de ser neutros, respondiendo, más bien, a la lógica del capitalismo hegemónico y a su proyecto de dominación ideológica. La tesis por mucho tiempo dominante según la cual la tecnología era una fuerza inherentemente democratizadora fue confrontada con la realidad de la dependencia estructural y la imposición de modelos culturales eurocéntricos y subsidiarios de lo que a la postre fue definido como el capitaloceno (Mattelart & Mattelart, 1976). Este aporte de Mattelart antecede la crítica de Hinkelammert (2002) en torno a la ideología del mercado total; y la crítica de Dussel (1998) a la falacia del desarrollo y la modernidad.
2. Geopolítica de la comunicación y la lucha por la hegemonía
Mattelart vincula la comunicación con las dinámicas de poder global que antecedió el movimiento de globalización, ofreciendo un primer mapeo de las redes de poder. Su análisis metódico de las infraestructuras físicas de comunicación (cables, satélites, agencias de noticias) demostró que el control de la información es un pilar de la dominación global. Entender estas redes, y no solo los contenidos, es crucial. La lucha por la desconexión/reconexión soberana de estas redes se convierte a partir de Mattelart en una tarea política fundamental para la liberación (Mattelart, 1996).
3. La comunicación como un espacio de lucha hegemónica
Mattelart (2007) fue uno de los primeros intelectuales en concebir la comunicación como un espacio de lucha por la hegemonía, espacio donde se disputan las narrativas y las matrices de sentido. Tal abordaje enlaza con la visión dialógica de Bajtín (1981) sobre la heteroglosia y la confrontación de voces, y el análisis crítico del discurso de Maingueneau (2005) sobre la construcción de ethos y las formaciones discursivas.
4. La comunicación descolonial y la soberanía semántica
Los aportes de Mattelart hacen parte vertebral de la Filosofía de la Liberación, primordialmente a causa de su llamado explícito a la recuperación de la memoria local y nacional popular; y su énfasis en la contrahistoria. Partiendo del proyecto chileno de la Unidad Popular liderado por Salvador Allende, Mattelart y Mattelart (1976) fueron pioneros en enfatizar la necesidad de provocar una nueva comunicación popular que recupere la memoria histórica y la voz de los sujetos y las clases sociales históricamente expropiados. Esta contrahistoria es crucial para desmantelar el discurso colonial y occidentalizante, eco de la crítica a la razón instrumental de Heidegger y la exigencia ética de Ellacuría (1990) por una «realidad social total» que incluya y de centralidad a los oprimidos como sujetos subversivos y recreadores de la nueva historia
5. La comunicación y la lucha de clases
Mattelart (2002) cuestionó de raíz la tesis ideológica de que la tecnología por sí misma (incluida la internet) produce un valor intrínseco. Según su visión, las tecnologías son por definición siempre intrínsecamente ideológicas y políticas, y están determinadas por la finalidad de quienes las diseñan, controlan y usufructúan. La liberación requiere no solo aprender a utilizar usar la tecnología, sino reapropiarla críticamente y transformarla estéticamente siempre desde una ética descolonial, un imperativo que Apel (1998) situaría como intrínseco a la ética discursiva de la responsabilidad global.
6. La comunicación como derecho humano básico e irrenunciable
Su trabajo nutre el concepto del Derecho a la Comunicación (DAC) como un derecho humano fundamental, rebasando el mero derecho a ser informado, lo cual es mucho más que derecho a la información. Implica la capacidad y necesidad humana y activa de y para emitir, recibir, decidir y participar en la construcción de la comunidad de comunicación, apuntando a una democracia radical en la esfera mediática, un principio fundamental de la nueva comunicación y la nueva política.
7. La construcción de un sujeto emancipador en y a partir de la comunicación
Desde una perspectiva que integra los ámbitos cognitivo y político/ social, Mattelart contribuyó a definir el sujeto comunicador-liberador. Según Mattelart, la comunicación liberadora se produce en y desde la acción consciente y colectiva. Mattelart (2002) destacó la experiencia concreta de las comunicaciones alternativas y populares, que actúan como laboratorios de una pedagogía social y comunitaria cuyo sujeto no es solo un receptor pasivo (como criticaría más tarde Bandura en la teoría del aprendizaje social), sino un productor activo, protagónico y crítico del sentido y de la realidad. Esta postura se aviene con la “zona de desarrollo próximo” de Vygotsky (1978), un espacio significativo en que la interacción social impulsa el desarrollo cognitivo y la conciencia crítica/ política.
8. La comunicación y el antecedente de los marcos cognitivos
La obra de Mattelart (1989) profundizó asimismo en cómo la comunicación dominante impone marcos de precomprensión que naturalizan la dominación (al estilo de Lakoff acuñó como los frames). La liberación exige una deconstrucción consciente de estos marcos (lo que Ponzio y Calefato llamarían más tarde la semiótica de la cotidianidad) para resistir la sumisión voluntaria y la servidumbre moderna/ posmoderna que Han (2014) identifica con el neoliberalismo.
9. La agenda de la transformación y la autonomía
Pero Mattelart no se conformó solo con la praxis de la crítica simplemente intelectual, sino que subrayó la vitalidad de las comunicaciones alternativas, nacional/ populares, comunitarias y emancipadoras. Dichas praxis diferenciadas son cardinales para generar un flujo horizontal, heteroglósico y policéntrico de información, desafiando la verticalidad y centralización de los medios privatizados y hegemónicos centrados en la creación de lucro; y de dominación política y sumisión geopolítica (Mattelart, 2007). Esta “pretensión de horizontalidad” y dialogicidad es la base de una verdadera democracia dialógica según Habermas (1984).
10. La comunicación por y para la unión Sur Sur
Finalmente, el trabajo de Mattelart visibilizó la necesidad y la urgencia de repensar y articular todas las luchas comunicacionales del Sur Global. La liberación tampoco en la comunicación puede resultar de una praxis aislada. Una comunicación liberadora debe ser resultado de un proceso solidario y dialéctico que requiere la cocreación de circuitos de información, comunicación y cultura autónomos y la alianza estratégica entre pueblos y naciones para construir un nuevo orden comunicacional continental y mundial, como exigencia ética de la praxis de liberación.
Conclusión
La obra de Armando Mattelart constituye un faro en la larga noche de la globalización mediática neoliberal en manos de las grandes corporaciones capitalistas occidentales. Sus aportes centrales —desde la crítica al imperialismo cultural y la geopolítica de las redes, hasta el fomento de la soberanía semántica y la articulación Sur-Sur— configuran la matriz conceptual y práctica de y para la nueva comunicación para la liberación de los pueblos. Al integrar el análisis de las estructuras de poder con el empoderamiento de los sujetos político/ comunicadores y la urgencia de la descolonización de la mirada desde un posicionamiento de clases y de pueblos, Mattelart brindó aproximaciones todavía hoy vitales para la construcción de una esfera pública más democrática, solidaria, emancipadora y revolucionaria.
Referencias
Apel, K. O. (1998). A priori de la comunidad de comunicación y fundamentos de la ética. En La transformación de la filosofía II: El a priori de la comunidad de comunicación (pp. 37-172). Taurus.
Bajtin, M. (1981). The dialogic imagination: Four essays (M. Holquist, Ed.). University of Texas Press.
Dussel, E. (1998). Ética de la liberación en la edad de la globalización y la exclusión. Trotta.
Ellacuría, I. (1990). Función liberadora de la filosofía. En Escritos filosóficos, Tomo I. UCA Editores.
Habermas, J. (1984). The theory of communicative action. Vol. 1: Reason and the rationalization of society. Beacon Press.
Han, B. C. (2014). Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Herder.
Hinkelammert, F. J. (2002). El nihilismo al desnudo: Los principales problemas de la filosofía actual. LOM Ediciones.
Mainguenaud, D. (2005). Análisis del discurso. Gedisa.
Mattelart, A. (1996). La mundialización de la comunicación. Paidós.
Mattelart, A. (2002). Historia de las utopías planetarias: De la ciudad global a la sociedad de la información. Paidós.
Mattelart, A. (2007). Diversidad cultural y mundialización. Paidós.
Mattelart, A., & Mattelart, M. (1976). Comunicación e ideología de la esfera pública. Siglo XXI Editores.
Vigotsky, L. S. (1978). Mind in society: The development of higher psychological processes (M. Cole, V. John-Steiner, S. Scribner, & E. Souberman, Eds.). Harvard University Press.
Prensa LAUICOM – El 29 de octubre de 2025, el Estudio Creativo de LAUICOM publicó un cortometraje animado inspirado en un artículo del profesor José Gregorio Linares, que permitió conocer la historia y el escenario que vivió Venezuela en 1902, tras la llegada de buques de guerra provenientes de potencias extranjeras a sus costas, y cómo el doctor José Gregorio Hernández estuvo dispuesto a defender a Venezuela.
Gran Bretaña, Alemania e Italia, en 1902, en nombre de los prestamistas de sus respectivos países, aplicaron la llamada «diplomacia de las cañoneras», es decir, disparaban primero y cobraban después. Estas fuerzas extranjeras amenazaron con bloquear los puertos de Venezuela e invadir el país si no se les pagaban presuntas «deudas» que este supuestamente mantenía. En respuesta a estos actos, el gobierno de Cipriano Castro y los partidos de la oposición se unieron y organizaron milicias, en las que el doctor José Gregorio Hernández se enlistó. Esta acción dejó en claro que incluso los santos más apacibles están dispuestos a defender a Venezuela ante cualquier amenaza.
Con imágenes generadas por inteligencia artificial y una estética pictórica, LAUICOM presenta esta pieza que invita a conocer la historia venezolana y permite redescubrir al doctor José Gregorio Hernández: valiente y profundamente venezolano.
Prensa LAUICOM – Este lunes 3 de noviembre, en las instalaciones de la Universidad Nacional Experimental “Rafael María Baralt” (UNERMB), se llevó a cabo un acto histórico para el despliegue de los Ambientes Territoriales de Aprendizaje de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM) en el estado Zulia.
Durante la jornada, la Vicerrectora Académica de LAUICOM, Tibisay León, anunció: “De manera formal procedemos a instalar la Comisión Promotora de Territorialización de LAUICOM en el Zulia. Esta comisión es un equipo técnico académico-administrativo designado por el Consejo Directivo Provisional #3 Extraordinario de LAUICOM, presidido por la Rectora de LAUICOM la ciudadana Tania Díaz”.
Los responsables de la Comisión Promotora Estadal son:
Tibisay León, Olga Uribe, Ibrahim Infante, Cristopher Oropeza, Iris Fernández, Francis Marval y Daniela Álvarez.
Asimismo, se instaló formalmente el Equipo Promotor Provisional del Estado Zulia, conformado por:
Dr. Rixio Romero, Rector de la UNERMB y la Prof. Damelis Chávez.
Este equipo asumirá la responsabilidad de garantizar los primeros procesos académicos, administrativos y comunitarios en el territorio, en estrecha articulación con el Poder Popular, movimientos sociales y entes gubernamentales.
Como parte del avance institucional, se constituyeron las mesas de trabajo para los estudios de factibilidad político-administrativo y académico, pasos indispensables para la articulación de LAUICOM con el núcleo universitario General en Jefe Almidien Moreno Acosta, en San Francisco, Zulia, a través del despliegue de sus Ambientes Territoriales de Aprendizaje.
Este hito refuerza el compromiso de LAUICOM como universidad territorializada, brazo académico de la Revolución Bolivariana, y su vocación por construir Ambientes Territoriales de Aprendizaje desde el diálogo de saberes, la educación popular robinsoniana y la comunicación para la liberación.
Prensa LAUICOM – El 3 de noviembre de 2003, bajo un sol que parecía bendecir cada palabra, el Comandante Hugo Chávez no habló desde un podio, sino desde el alma. Frente a jóvenes, obreros, madres y adultos mayores que por primera vez sentían que la universidad no era un sueño, dictó su primera clase magistral para una misión del pueblo soñador. Ese día compartió, más que una clase, un abrazo colectivo en forma de la Misión Sucre.
La llamó antorcha. Porque no solo alumbraba mentes, sino que encendía esperanzas, porque él puso la universidad al alcance de las manos callosas, de los pies descalzos, de los que tuvieron que hacerse cargo de una familia sin estar preparados, de los que cargaban sueños más grandes que sus mochilas.
Tras Robinson y Ribas, Sucre fue el puente final hacia la dignidad del saber. No se trataba solo de títulos, sino de justicia: la certeza de que cualquiera, sin importar su situación, pudiera ejercer su derecho a la educación, porque todos merecen una oportunidad, todos merecen estudiar.
El Comandante Chávez no veía estudiantes como números, sino como semillas. Y en cada aula, en cada rincón de barrio convertido en campus, sembró con convicción: “Educación no es privilegio, es derecho”. Hoy, cada graduado que abraza a su madre con toga y lágrimas, es un reflejo de aquella antorcha que aún arde.
Todas las parafernalias neoliberales tienen por fondo y forma multiplicar las ganancias burguesas bajo condiciones de explotación irrefrenables. Ya el “trabajo” ha sido sometido a una guerra semiótica violenta, prolongada, intensa y, a ratos, silenciosa. El capitalismo ha comprendido que dominar los significados del tiempo, el salario y la dignidad… equivale a dominar, cínicamente, la realidad misma de los trabajadores y las trabajadoras. Su ofensiva actual –tecnológica, ideológica y cultural– busca aniquilar no sólo los derechos conquistados, sino la memoria de esos derechos.
Se trata de una “batalla cultural” burguesa también en los territorios simbólicos, cuyo blanco de fuego es la conciencia colectiva hacia una “reingeniería semiótica” diseñada para borrar las huellas históricas del trabajo como fuerza creadora, social y emancipadora, sustituyéndolas por la narrativa empresarial del “empleo flexible”, la “emprendeduría individual”, la “colaboración” y el “retiro voluntario”. En su ofensiva contra la clase trabajadora, la burguesía ha desplegado una estrategia demencial de resignificación.
Primero transformó la explotación en virtud productiva, el trabajador dejó de ser sujeto para convertirse en “recurso humano”. Así colonizó la imaginación social con la idea de que los derechos laborales eran un “costo”, un obstáculo al “progreso”. Y ahora, bajo la dictadura neoliberal-digital, intenta convertir la precariedad en aspiración y la servidumbre en autogestión. Cada eufemismo –“colaborador”, “freelancer”, “flexibilidad”, “teletrabajo”– funciona como signo anestésico, diseñado para encubrir la explotación con la apariencia de libertad. El lenguaje de la dominación ha mutado en gramática de la alienación.
Nuestra semiótica crítica se opone a reducir el trabajo a una contienda sólo por salarios o a una sociología pueril de la fábrica; es una disputa revolucionaria. El capitalismo busca desfigurar e invisibilizar el vínculo entre trabajo y humanidad. Quiere que olvidemos que el trabajo es una actividad social creadora, fundamento civilizatorio de toda cultura y de toda forma de comunidad. La ofensiva ideológica consiste en despojar al trabajo de su carácter histórico, social y político para deformarlo como simple función, engorrosa, de mercado. Es la deshumanización del trabajo para borrar de los signos toda memoria de lucha, conciencia de clase y conquista obrera.
Cuando los mass media repiten que “el trabajo del futuro” será sin sindicatos, sin horarios, sin vigilancia y sin jefe visible, está comunicándose un mensaje oculto: el capitalismo no necesita ya trabajadores organizados, sino individuos fragmentados que se autoexploten con sonrisa corporativa. Es el laboratorio de moda que fabrica el consenso de la precariedad resignada. Plataformas, algoritmos y redes sociales son los “nuevos” capataces semióticos. En ellos se construye la ficción de un “mercado libre” en el que cada trabajador o trabajadora decide su destino libremente, cuando en realidad cada clic y cada tarea están gobernados por sistemas de extracción de plusvalor invisibles; su home office.
En la historia de los derechos laborales, la jornada de ocho horas y la sindicalización, por ejemplo, es una historia de semiosis insurgente. Cada derecho obrero conquistado es también una conquista de sentido. El trabajador que reclama “ocho horas para el trabajo, ocho para el descanso y ocho para la vida” no sólo exige tiempo, está redefiniendo el significado mismo de humanidad. Por eso, la actual guerra semiótica busca arrancar del lenguaje esas conquistas. Se presenta la explotación como una “oportunidad de desarrollo personal”, y la pobreza como “falta de actitud”. La semiótica neoliberal es la pedagogía del autoengaño.
Todo es parte del plan burgués, sustituir el símbolo del obrero consciente por el del individuo hiperconectado y descolectivizado. El plan es destruir la memoria de la clase trabajadora, rescribir la historia del trabajo en clave de consumo y espectáculo. La destrucción de la historia de los derechos laborales no se hace sólo por decreto ni por ley, sino por signos. Se rescriben manuales, se alteran los significados en los contratos y en los sistemas educativos, se promueven narrativas en las que el conflicto de clases desaparece. Así, la burguesía no necesita censurar la historia, le basta con estetizarla. Convierte la lucha obrera en recuerdo folclórico, en nostalgia sin poder revolucionario. El museo remplaza a la huelga.
Cuando Marx analizó el trabajo, lo entendió no como mera actividad económica, sino como proceso de objetivación de la vida. El trabajador, al transformar la naturaleza, se transforma a sí mismo. Pero en la lógica capitalista, esa autotransformación se invierte, el trabajo alienado convierte al sujeto en cosa y a la cosa en sujeto. La semiótica del capital opera aquí como fetichismo de los signos, el producto adquiere un aura de independencia, mientras el productor se borra del relato.
Destruir la historia de los derechos laborales significa, entonces, destruir la conciencia de clase. Y destruir esa conciencia es destruir la posibilidad de reconocer los signos de la explotación. En el plano semiótico, el enemigo no actúa sólo con leyes o decretos: actúa con imágenes, discursos y algoritmos que naturalizan la desigualdad. La publicidad, el entretenimiento y la “cultura corporativa” son armas semióticas en esta guerra contra el trabajo. La precarización no es sólo económica: es semántica. Hoy el trabajador es bombardeado por signos que le dicen que “trabajar más es ser más libre”, que “el éxito depende del esfuerzo individual” y que “el fracaso es culpa personal”.
Y todos los signos son terreno en disputa. Cada huelga, cada consigna, cada acto de resistencia comunica. Cuidar la historia de los derechos laborales es una tarea semiótica y política, hay que devolverle al signo “trabajo” su densidad histórica y su potencia emancipadora. Hay que reducar el lenguaje del trabajo desde la verdad material de las luchas. No se trata sólo de recordar, sino de resemantizar el pasado para dotarlo de fuerza presente. Asumir esta tarea, analizar los signos del trabajo no como objetos lingüísticos, sino como motores de la lucha de clases. En cada contrato, en cada símbolo institucional, en cada discurso de “innovación” laten signos del poder que necesitan ser descifrados, transparentados.
Hacer del trabajo un signo revolucionario y no de opresión. No basta resistir en la calle, hay que resistir, también, en el sentido. Hay que volver a llenar de contenido la palabra “trabajo”, devolverle su vínculo con la vida y con la justicia. Porque el trabajo no es mercancía, es expresión del ser social. La historia de los derechos laborales no ha terminado, está rescribiéndose en cada lucha de resistencia, en cada batalla que se niega a aceptar la esclavitud con resignación.