Por: Martín Augusto Román Profesor – LAUICOM
Hoy somos un pueblo unido enfrentando otra situación sobrevenida. Si a alguien le faltaba entender que los centros de poder nunca se detendrán en su afán por saciar su codicia energética y sanar su emergencia monetaria, ya debe estar preclaro. Tras el bombardeo a Caracas, La Guaira y Miranda, y el secuestro del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, no quedan dudas.
Ha llegado el momento histórico de comprender en colectivo —en comunidad— cuál es nuestra situación como Estado-Nación. Analicemos datos públicos y verificables en cuatro ámbitos que forman parte del mismo escenario geopolítico:
Primero: Caracterización del enemigo
Debemos identificar al enemigo que hoyó con fuego asesino nuestra tierra sagrada. Estados Unidos se encuentra en un franco declive de su hegemonía unipolar frente a Rusia y China. Su condición económica, social y política se resume en los siguientes puntos:
• Deuda pública: Posee $38.5 billones ($38.500.000.000.000,00) en deuda pública (letras, pagarés y bonos del tesoro). El pago de intereses a sus acreedores supera el billón de dólares anuales.
• Recursos críticos: Carece de tierras raras necesarias para fabricar misiles, satélites y pantallas.
• Inestabilidad interna: Donald Trump ha interrumpido el plan imperial de globalización; el Deep State acecha la Casa Blanca y el pueblo estadounidense se manifiesta en las calles.
A pesar de esto, EE.UU. mantiene factores de poder frente a pares como Rusia y China, y naciones emergentes como Brasil, India e Indonesia:
- El dominio del dólar y su industria cultural, aunque debilitados, persisten en occidente.
- Posee 4.000 ojivas nucleares y la fuerza armada más extendida del planeta.
Solo la disuasión de una guerra popular de resistencia prolongada impide que ocupen Venezuela. Como potencia en declive, EE. UU. ajusta su «doctrina de guerra», asumiendo el continente americano —desde el Estrecho de Bering hasta las Malvinas— como su área vital para expandir su mercado a 1.000 millones de consumidores. Buscan profundizar la debilidad institucional de los 33 países de la región para expoliar sus riquezas. Nos enfrentamos, pues, a un ciclo histórico similar al de hace 534 años: un imperio desgastado y agresivo en guerra monetaria contra un mundo multipolar.
Segundo: Fortalezas de la República
La República Bolivariana de Venezuela y su proceso constitucional permanecen intactos. Exigimos la liberación del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores, secuestrados por el Estado-Nación estadounidense. Esta intervención encuentra a un 94% de la población unida en la defensa de nuestra soberanía territorial y política.
Esta unidad nacional coincide con la fase final del plan de recuperación económica. Venezuela cuenta con una cultura productiva y monetaria única:
• Soberanía financiera: No existe deuda con el FMI ni el Banco Mundial; poseemos suficiente oro y materias primas para respaldar nuestro sistema monetario.
• Innovación económica: Tenemos la única economía indexada del planeta y una red estatal de economía digital óptima: el Sistema Patria.
• Capacidad tecnológica: Más del 90% de la población está bancarizada y posee habilidades para operar en la economía digital.
• Producción petrolera: Aumentamos de 600.000 a 1.200.000 BPD en 24 meses, utilizando conocimiento y pasión patria en lugar de patentes extranjeras.
Tercero: El escenario multimoneda y recursos
Si el dólar está agotado y pretenden incorporarlo a nuestro sistema multimoneda nacional, debemos responder formando un ejército de venezolanos hábiles en economía digital. Somos los dueños del petróleo y los minerales del subsuelo por designio bolivariano (Chuquisaca, 1825).
El petróleo venezolano será el canal para transar con stablecoins (USD1, USDT, USDC), lo que podría fortalecer el petrodólar en el sistema financiero americano por fuera de los bancos centrales tradicionales. Además, nuestros recursos (petróleo, coltán, hierro, aluminio, gas, torio) atenuarán el impacto inflacionario ante la devaluación programada del dólar entre 2026 y 2030. El oro será nuestra garantía de reserva de valor fundamental en esta guerra monetaria.
Si el mundo requiere petróleo, deben suspenderse las sanciones; de lo contrario, solo empresas rusas y chinas expandirán su presencia en nuestros 18.000 pozos. Nuestro ecosistema digital permite que el petrodólar en criptoactivos funcione como detonante de una canasta nacional de monedas que incluya el e-VES, e-CNY y e-RUB.
Cuarto: Democracia directa y geopolítica
En este relato hegemónico, la democracia ha sido descartada por el enemigo. Frente a la intención de robarnos el oro, nuestra arma más poderosa es el sistema de democracia directa: la Consulta Pública.
Venezuela es el «5to alfil» en el tablero geopolítico multipolar. La acción violenta de Donald Trump, diseñada para provocar la falta absoluta del presidente, ha resultado en el secuestro de un mandatario en ejercicio, quien es ahora un prisionero de guerra. Hemos constituido un renacido sentido de la venezolanidad, capaces de vencer la incertidumbre y renacer con más fuerza.
Cierre
Este análisis presenta escenarios inéditos de reconfiguración económica global. Venezuela tiene las condiciones objetivas y subjetivas para transformar su realidad política, social y económica de inmediato. Como colectivo nacional, nuestra ruta es clara:
- Exigir la liberación inmediata de Nicolás Maduro y Cilia Flores.
- Defender la soberanía territorial, política y económica.
- Resguardar el patrimonio, el territorio nacional y la paz del pueblo patriota.
Frente a la fuerza, oponemos la palabra y el interés nacional. Caminemos la senda de la paz con el escudo de la dignidad, sabiendo que, de ser necesario, cada quien sabe dónde está su fusil.

