Por Prof. José Garcés
Profesor e Investigador
Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)
Ejes Temáticos
- Unión Superior: Análisis de la reconciliación permanente y la unidad del espíritu.
- Simbología del Pequeño: El significado etimológico de «Paulus» como clave para convocar desde la humildad.
- Humanismo Radical: Referencias al «mar de fueguitos» de Galeano y la «preciada vida humana» del budismo.
- Venezuela como Ejemplo: La construcción de la «Nueva Jerusalén» y la reconciliación como aprendizaje exportable.
Continuamos con la ruta propuesta por el Presidente Maduro a través de sus mensajes, analizaremos el tercero de la serie de palabras. El Presidente escribe: “La tercera palabra es la unión superior”. Comienza con esta advertencia e inmediatamente apunta: “El apóstol Pablo nos llama a vivir “Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, a soportarnos “mutuamente por amor” y a conservar “la unidad del espíritu mediante el vínculo de la paz (Ef. 4,2-3). Porque hay un solo cuerpo, un solo espíritu, así como hay una misma esperanza (Ef. 4,4) una debe ser la Patria. Una sola debe ser la esperanza. Una sola debe ser la voluntad de hacer la paz y la felicidad en reconciliación permanente”.
El presidente Maduro otra vez se apoya en Pablo de Tarso, y como habíamos señalado en artículos anteriores, se trata de un personaje complejo, contradictorio, paradojal, que son justamente las condiciones que le dan la autoridad moral para darnos este mensaje complejo y difícil de entender a la primera vista, y que tratamos de dilucidar. Precisamente con estas características de Pablo, tratamos de ilustrar, (y nos quedamos cortos), el epíteto de “Interesantísimo” que habíamos adjudicado en escritos anteriores a este apóstol.
A partir del análisis de lo que se ha llamado las “epístolas auténticas”, se deduce que Pablo de Tarso reunía en su personalidad tres elementos: Uno, sus raíces judías. Dos, la gran influencia que sobre él tuvo la cultura griega y tres, su ciudadanía romana que (en el decir del libro de los Hechos de los Apóstoles) ejerció abiertamente. Esta ciudadanía le permitió una curiosa interacción con el Imperio romano. De manera que Pablo era un ser multifacético; por un lado era romano (los que perseguían a los cristianos), por otro lado era judío (los que criticaban a los cristianos) y luego fue ferviente cristiano.
El mismo nombre de «Pablo» implica algunos hechos interesantes. Pablo no cambió su nombre al abrazar la fe en Jesucristo como Mesías. Como todo romano de la época, tenía un praenomen que se relaciona con una característica familiar. Saulo fue su nombre judío, que etimológicamente significa “invocado”, “llamado”, y Paulus, fue su nombre romano, que etimológicamente significa “pequeño” o “poco”. De manera que ya en el mismo nombre de este apóstol se declara su misión como «invocar o convocar al pequeño».
Partiendo de esa base que descubrimos en Pablo y que entendemos como: un hombre multifacético y contradictorio (romano, judío y cristiano) que re reconoce «pequeño» y se declara «invocado» o convocado.
La patria no es un concepto etéreo; la patria es la humanidad
Generalmente cuando pensamos en un bien superior, pensamos en cosas inasibles e inalcanzables como la patria o la libertad. Conceptos tan etéreos que debido a su altísima naturaleza deben convivir con los númenes en el empíreo, porque no los vemos al cruzar la calle o al esperar el metro. Entonces, algunos que no comprenden esos elevados conceptos, envían a morir a otros que tampoco entienden mucho de qué se trata. De manera que un líder que no sabe bien qué es la patria puede ordenar a sus seguidores ir pelear por una patria, que los mismos seguidores no entienden muy bien qué es. Y ahí es donde la recomendación del presidente Maduro cobra una dimensión inconmensurable; nos pide que hagamos: «unión superior“. No la unión que conocemos del «bien superior » en el que nosotros somos como hormiguitas. El fascismo utilizó este llamado muchísimas veces y líderes que no sabían qué es la libertad, convocaron a otros que tampoco sabían qué es la libertad, a quemar personas vivas en nombre de la libertad. No. La «unión superior» nos la ejemplifica Pablo, el de las múltiples raíces, el «convocado » por ser «pequeño». Por lo general, cuando pensamos en un bien superior, miramos el tamaño gigantesco de la noción de libertad y lo comparamos con lo minúsculo que somos como seres humanos, de manera que en esa comparación, siempre sale perdiendo el ser humano. Pero no, el presidente Maduro nos alienta a vivir «con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, a soportarnos “mutuamente por amor”. Recordamos al Padre cantor, Alí Primera, que nos decía: «la patria es el hombre » y también recordamos al apóstol de la revolución cubana que nos decía: «Patria es humanidad».
El siempre profundo y terriblemente humano escritor uruguayo, Eduardo Galeano, nos explicaba: «somos un mar de fueguitos». Así cada uno de nosotros es una riqueza infinita en sí mismo y su importancia es superlativa. Buda enseñaba acerca de la «preciada vida humana» y decía que la vida de cada ser humano es tan especial que no nos damos cuenta de lo inigualablemente preciados ni de lo increíblemente maravillosos que somos cada uno de los seres humanos. Somos un mar de fueguitos, cada uno ardiendo a su manera y alumbrando lo que nos toca alumbrar. Buda pone especial énfasis en hacernos ver lo verdaderamente valioso que es cada vida humana y por eso, es terriblemente cuestionado atentar contra ella. Por eso, las enseñanzas sobre el karma en el budismo que prohíben explícitamente matar y las enseñanzas cristianas que dicen en los diez mandamientos: «no matarás «, nos hace ver que debemos respetar la vida humana, y que no existe un «bien superior» que justifique la muerte. Lo que si debemos lograr, es como dice el presidente Maduro, una «unión superior». Esa unión parte de la base de que, efectivamente somos «pequeños» (como Pablo) pero cuando miremos a otro ser humano, no lo vamos a comparar con la patria, porque siempre va a salir perdiendo el ser humano. ¡No! A cada ser humano vamos a reconocer su incontrovertible valía y nos vamos a reconocer a nosotros mismos como pequeño ante este otro ser humano. Por eso Buda aconsejaba que se debe amar al otro «como una madre ama a su único hijo».
Para poder convocar a la Unión Superior, hay que hacerlo desde la pequeñez
Una «unión superior» como lo sugiere el presidente Maduro, hace que cuando veamos a otro ser humano, no vamos a mirarlo como prescindible, sino que vamos a reconocerle el sublime e insustituible valor que tiene.
De manera que, la unión superior, implica mirar al otro como sublime y a nosotros mismos como pequeños. Debemos desterrar el ego y debemos aprender a ser como Pablo, y reconocer con alegría nuestra pequeñez, y cuando miremos al otro, debemos verlo magnífico, para poder amarlo «como una madre ama a su único hijo». Esa es la única vía para «soportarnos mutuamente por amor»; Virginia Satir decía: Las semejanzas nos unen, las diferencias nos hacen crecer”. De manera que «soportarnos en amor» es una forma de crecer.
Si estructuramos ese tipo de relación en nuestra sociedad, las consecuencias serían inimaginables. Por ejemplo, cuando una persona se colea, ejecutando la consabida «viveza criolla», no solamente está ignorando lo sublime de todas las personas a las que burló, sino que está confundiendo su visión. El que se colea cree que el otro es «pequeño» y por eso lo irrespeta, eso no es unión y mucho menos es unión superior. El que se colea está olvidando que para que podamos trascender a un estadio superior en nuestra patria, tenemos que mirar al otro como magnífico y a nosotros como pequeños. Por eso Pablo, que era ciudadano romano, se decidió por los perseguidos. Pablo de Tarso, perfectamente hubiera podido seguir persiguiendo cristianos y apoyarse en el imperio y seguir viendo a los demás como pequeños y seguir viéndose a sí mismo como muy importante, pero no, cumplió su papel de «convocado» y honró su nombre de «pequeño» y por eso su nombre se recuerda hasta nuestros días. Eso es un bien superior, pero definitivamente superior. No como el bien superior con el que manipulaban los fascistas y los nazis. Cuando miramos a los demás como sublimes, eso se transforma en una unión superior, y ésta nos permite entender que tenemos una sola patria. No hay una patria para chavistas y otra patria para opositores. Por no saber eso, algunos opositores se alegraron el 3 de enero porque creían que estaban bombardeando a la patria de los chavistas, y no se daban cuenta, que «somos miembros de un solo cuerpo» y «tenemos una sola patria».
De manera que la unión superior es el llamado más hermoso que puede hacérsele a esta maravillosa Venezuela, que incluso ha sido bautizado con el nombre de: «la nueva Jerusalén». Cuando reflexionamos acerca de la maravillosa y ejemplarizante función que nos tocará ejercer a los venezolanos, habida cuenta de todo lo que hemos tenido que sufrir y todo lo que podemos aprender de esas condiciones tan difíciles que hemos pasado, solo nos queda saber que podemos ser un faro de luz para el mundo. Que nuestra alegría y nuestra entrega incondicional ya es un ejemplo para el planeta y ese aprendizaje se lo podemos regalar al mundo entero, mientras en Venezuela construimos la nueva Jerusalén. ¡Eso es unión superior!
Imaginen que podamos compartir nuestra experiencia con la gente de Irlanda del Norte e Irlanda del sur, que se han peleado durante décadas. En la línea divisoria entre Corea del norte y Corea del sur hay eternamente dos soldados de cada país mirándose fija y mutuamente, y en posición de combate de artes marciales que mantienen por horas. Imaginen todo lo que podemos compartir con ellos. Esto que nos ha tocado vivir es la clave para aprender la reconciliación.
A usted querido lector le voy a pedir que haga el siguiente ejercicio: mañana cuando salga a trabajar, salga 10 minutos antes de su hora habitual, y dedique esos 10 minutos a ver a los demás. Párese en una esquina y mire, solamente por 10 minutos mire a los demás venezolanos, mírelos pasar, mire a las madres llevando a sus hijos al colegio, mire a los hombres saliendo a buscar el pan de cada día, mire a los estudiantes y sus esperanzas, a los médicos y su abnegado servicio, a las maestras y su preciosa vocación, y se va a dar cuenta de que hay una semilla germinando. Una semilla generosa que quiere ofrecer lo mejor de sus frutos. Por eso, cuando leemos el post del presidente Maduro acerca de la unión superior, y miramos a nuestro pueblo, recordamos a Picasso; «hay que mirar, mirar, mirar, hasta poder ver», ya que «la dificultad del ser humano es la dificultad de ver lo obvio» (Pearls).
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