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MADURO Y LA PREEMINENCIA DEL AMOR

Por Prof. Roger Garcés

Profesor e Investigador

Universidad Internacional de las Comunicaciones. LAUICOM

El Presidente Maduro viene aleccionándonos con mensajes que publica en su cuenta de “X”, y también ha sugerido a su hijo Nicolás que lea Corintios 13, y desde estas líneas estamos absolutamente de acuerdo con esa recomendación. En esta oportunidad vamos a centrar nuestra atención en ese capítulo, que además representa una de las joyas de enseñanzas de las que más se ha hablado, discutido y escrito en cuanto a enseñanzas bíblicas se refiere.

«Quien lee, introyecta y vive según el amor, no puede sino encontrar un camino de transformación absoluta

Nadie que haya leído la 1ra de Corintios 13 vuelve a ser el mismo de antes. Podemos decir que esta lectura es completamente TRANSFORMACIONAL, quien la lee, la introyecta y comienza a vivir según lo que enseña, no puede si no encontrar el reino del amor, justo lo que el Presidente Maduro ya había advertido con la primera recomendación de Mateo 6:33.  En ese versículo el presidente nos alertaba que debíamos buscar el reino de Dios, o lo que es lo mismo, buscar vivir en Amor, ya que si es amor lo que anida en nuestras almas, pues solo cosas buenas nos pasarán. Por eso se afirmaba en Mateo: “Ama y lo demás se te dará por añadidura”. El Presidente nos alertó: Lo primero es amar, ahora Nicolás Maduro nos guía y nos dice cómo amar, y ahí es donde aparece Corintios 13 con una ilustración del amor que deja atónitas a las galaxias y al universo mismo. Es tan grande, tan inconmensurable y de tan gigantescas dimensiones esta enseñanza, que se pierde de vista, y la mayoría de las veces no podemos apreciarla en su justa y magnífica dimensión. En ese sentido somos como una hormiguita que llega a los pies del Pico Naiguatá y no puede darse cuenta de lo increíblemente grande que es. Pues, así son las deslumbrantes noticias del amor que nos trae el Presidente Maduro. Iniciamos con ellas.

Le recomiendo al lector que vaya a la biblia y lea inmediatamente Corintios 13. Con toda seguridad va a sentir como si se abriera una senda maravillosamente iluminada, y con cada paso que se camina en ella, va notando cómo se sana su alma, y va sintiendo que recibe algo que necesitaba urgentemente, pero no sabía que lo necesitaba, ni sabía tampoco que existía en su alma un vacío tan grande que se va nutriendo con una bebida balsámica, que hace que dejemos de correr como un hamster en una jaula y nos dirige a lo que verdaderamente va a curar definitiva y completamente  nuestra alma; se trata nada más y nada menos que del amor.

Otra vez el Presidente Maduro nos pone a Pablo de Tarso como maestro, quien con su nutricia sabiduría ha escrito este texto que nos coloca en la senda del verdadero amor.

Y ahora, pasamos a analizar:

Dice la primera de Corintios 13:

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve”.

Imaginen nada más y nada menos: “Si yo hablara lenguas angélicas”; hablar muchas lenguas humanas ya es suficiente como para sentirse bien, pero el texto va mucho más allá, y dice que si no hay amor, nada soy, y si aún pudiera mover montañas (fe) y no tengo amor, de nada me sirve. Recordemos a Orson Welles en aquella memorable película: “El ciudadano Kane”, en donde él era un multi, multi, multimillonario y tenía de todo, pero no tenía amor, y de nada le valían los miles de millones que había acumulado. Pues bien, no tenemos que ser millonarios para darnos cuenta de esa verdad. Alguna vez nos ha pasado que aun teniendo dinero y comprado las cosas por las que hemos luchado durante años, tristemente nos damos cuenta de que al conseguirlas, aun nos sentimos vacíos. Entonces consideramos la vida como terriblemente injusta, porque después de luchar tanto y conseguir con tantísimo esfuerzo las cosas materiales, resulta que éstas no nos llenan y no podemos dejar de sentirnos vacíos. Entonces lo más común es que recurramos a algo que nos aturda, como el alcohol o el sexo, para sobrellevar la frustración, y así volvemos a entrar a la jaula del hamster, sabiendo que la satisfacción que nos produce el alcohol o el sexo, nos va a durar muy poco.

Continúa Corintios 13:

“4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

Y este verso es el que nos pega en la cara y nos atiza como con un hierro candente directamente en nuestro ego. Cuando se dice que “el amor es sufrido”, entonces sentimos una dolorosa cachetada en nuestro ego y refunfuñamos: “¡Yo no voy a sufrir por nadie!” “¡Y mucho menos si no es mi familia!”. En realidad, NO SE TRATA del sufrimiento cursi de las telenovelas y mucho menos de las que estructuramos de manera tóxica en una relación en la que decidimos sufrir por elegir parejas inadecuadas. ¡No! ¡Nada de eso! Cuando se dice que el amor es sufrido nos pone en contacto con la COMPASIÓN. Esta es una palabra poco comprendida y de la que no sabemos casi nada. La palabra “Compasión”, viene del latin “Com” que significa “Conjuntamente” y del griego “Pathos” que significa Sentir o sufrir. De Pathos, viene la palabra “Patología” que se relaciona con la enfermedad. De manera que Compasión es “Sentir con el otro”. La mayoría de las veces tenemos una relación de pareja o de amistad, y no tenemos idea de lo que está sintiendo el otro, o de lo que está sufriendo el otro o por lo que está pasando el otro. Muchas veces vemos a nuestra pareja con una mala cara y sabemos que está sufriendo, pero no le decimos nada. Simplemente, hacemos como que somos invisibles y nos desaparecemos de su campo de visión, y esperamos a que se le pase.

«El amor no es un concepto pasivo; es la fuerza más poderosa del universo para crear y unir lo que otros intentan destruir.»

Cuando este texto habla de que el amor es sufrido, se refiere a que el amor es compasivo; y acerca del amor compasivo hablaron todos los grandes maestros de la humanidad: Buda, Mahoma, Jesús. Ibn` Arabi cuenta una deliciosa historia de un maestro sufí que descubrió “el amor por el amor” y el gozo fue tan grande que enloqueció de felicidad. Entonces sus discípulos fueron a verlo en el sanatorio, pero tenían duda de cómo reaccionaría, ya que como había “enloquecido” por el tema del amor, tenían miedo de perturbarlo. Así que se presentaron ante él diciéndole: “Somos algunos de los que te aman” y el maestro les dijo: Ah! Si son algunos de los que me aman pues venid aquí al frente mío, cosa que los discípulos hicieron. En ese momento, el maestro agarró una piedra y se la pegó por la cabeza a uno de los discípulos. Entonces todos salieron corriendo y gritando que su maestro de verdad estaba loco. El maestro al ver que se alejaban gritando les dijo: “Dicen que me aman y no son capaces de recibir un peñonazo de mi parte”. Ahora surge la pregunta: Si ustedes pudieran cambiar todo el sufrimiento de su pareja por un peñonazo ¿No lo harían gozosos? Si ustedes pudieran cambiar todo el sufrimiento que les ha causado ESA persona, todas las horas de llanto, todas las horas de ansiedad, todas las preocupaciones, por un peñonazo ¿No lo harían gozosos? El amor compasivo no rehúye el sufrimiento, más bien lo acepta como un huésped muy preciado; por eso no se irrita, todo lo soporta, no busca lo suyo, no guarda rencor, como dice Corintios 13. El amor a que se refiere este texto es un amor superior a todo lo que hemos conocido, está basado en “Sentir lo que siente el otro”, por eso no cabe el egoísmo ni la manipulación. Con el amor compasivo no podemos acercarnos al otro con segundas intenciones; sencillamente, porque al corazón, que se hace uno con el otro corazón, no podemos mentirle. El poeta Gustavo Pereira dice que los pemones para decir “Amigo” dicen: Ma joracaisa que significa “Mi otro corazón”. El amor compasivo sabe sacar luz de la oscuridad, acompaña tanto al dolor como a la alegría. La mayoría de nosotros rehuimos al dolor, porque no sabemos, ni cómo manejar nuestro propio dolor, ni cómo acompañar el dolor del otro. De manera que, aunque haya amor y buenas intenciones, la sensación de vacío y soledad persiste, como en el primer párrafo que estudiamos, en el que nos advertía que aún con muchísimo dinero y poder, si no hay amor, nada somos. Así, sin amor compasivo, nada tenemos. 

Continua el texto sugerido por el Presidente Maduro:

“8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; 10 más cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. 11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. 12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. 13 Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”.

Advierto que es imposible analizar en tres páginas todas las múltiples y profundas enseñanzas de este complejo capítulo. Sin embargo, abstraeremos lo que consideramos más importante para este momento. Hay un elemento que se refiere a la maduración psicológica: Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño”. Nos explica que el amor visto desde la óptica que nos ofrece Pablo, es un amor sustancialmente diferente al amor que provee la pura atracción física y el amor que conocemos y que publicitan los medios y las películas. El amor que se explica en el texto es un amor maduro, adulto y consciente, que sabe lo que quiere y para dónde va.  Cuando dice: “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara”. significa que a partir del amor compasivo, podemos acceder a comprender el amor divino y maravilloso, que trasciendo toda medida del limitado y mezquino ego humano.

“Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido”. Buda explicaba: “Si ustedes pudieran verse como yo los veo, alcanzarían la iluminación inmediatamente”. Sucede que siempre nos vemos a nosotros mismo como lo peor, siempre vemos nuestros defectos. La mayoría de nosotros nos odiamos y por tanto, odiamos a los demás. Tenemos una imagen tan negativa de nosotros mismos que nos olvidamos de que somos seres luminosos. Así, luminosos, fuimos conocidos por el creador, la parte oscura que nos empeñamos en ver, tanto en nosotros como en los demás, es solo una parte no la totalidad. Es decir, si nos vemos a nosotros mismos con amor compasivo, necesariamente vamos a comenzar a ver a los demás de la misma manera.

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”. Pablo nos dice que ni la fe, que nos puede hacer mover montañas, como decía el mismo Jesús, y es una de las virtudes teologales; ni la esperanza, que nos mantiene en el camino y también es una de las virtudes teologales; es tan importante como el amor. El amor adulto, maduro y compasivo es el vínculo que nos une, lo que nos libera, lo que nos conecta con la divinidad que nos hace trascendentes, lo que nos vincula con los demás en virtud de la compasión y legitima el verdadero amor, que nos hace crecer tanto interiormente como en la relación con los demás.

Obviamente que si cultivamos el amor compasivo (el amor que profesaban tanto Jesús como el Buda), estaremos en contacto con la fuerza más poderosa del universo. Buda aleccionada a un malvado ladrón llamado Angulimala y le ordenó: “Corta una rama de un árbol”, lo que el ladrón hizo sin dilación, ahora vuélvela a pegar. El ladrón anonadado y confuso no sabía qué hacer. Entonces el Buda lo increpó con estas palabras: ¿En eso consiste tu poder? ¿Solo en destruir? ¿Y qué hay del poder de crear? ¿Qué hay del poder del amor?. Este es el poder del que nos quiere instruir el Presidente Maduro y por eso nos recomienda tan entusiastamente su lectura. Imaginen por un minuto que nuestra patria Venezuela está consagrada plenamente al amor compasivo. Entonces no existiera el individualismo ni la maldad, ni el odio. Entonces, podríamos ver a cada venezolano como a “mi otro corazón”; entonces no habría nadie que se alegrara por el sufrimiento del pueblo venezolano debido a las sanciones, ni habría odiadores profesionales que hacen sufrir a nuestra gente degollando motorizados con guayas asesinas ni desabasteciendo supermercados. Entonces lograríamos la tan anhelada unión y dejaremos atrás las odiosas diferencias, para alcanzar un país próspero en el todos podamos trabajar en paz y crecer en el amor viviendo en armoniosa comunidad.

«Si nuestra patria se consagra al amor compasivo, las diferencias odiosas quedarán atrás para dar paso a una nación próspera y en paz.»

Estoy seguro de que el Presidente Maduro nos deja esta recomendación de la lectura de Corintios 13 con el espíritu de los antiguos sabios que terminaban su instrucción diciendo: “Te doy estos consejos, te será bueno si lo escuchas, te será provechoso si lo sigues”.

No te pierdas la serie completa del Prof. José Garcés sobre los mensajes encriptados del Presidente Nicolás

Explora también el análisis del Prof. Julio C. Valdez sobre la conducta y el pueblo.

Por último te recomendamos la lectura del análisis de  la Prof. Carolina Escarrá sobre las licencias OFAC y la libertad de Venezuela.

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