Prensa LAUICOM – 37 años han pasado desde «El Caracazo», aquel día en donde el rugido del pueblo unido hizo historia rompiendo sus cadenas, el 27 de febrero de 1989, el asfalto de Caracas y las laderas de Guarenas se convirtieron en el escenario donde un pueblo explotado, hambriento e ignorado dejó de ser espectador para convertirse en protagonista.
Bajaron de los cerros con la furia de quien ya no tiene nada que perder y todo por ganar; gritando «¡Ya basta, carajo!», que retumbó como un rayo en la conciencia de América Latina, marcando el fin de la sumisión y el nacimiento de la insurgencia consciente.
Aquello fue una rebelión contra el monstruo del neoliberalismo colonialista impuesto por el Fondo Monetario Internacional y ejecutado por un gobierno sordo a los clamores de su propia gente.
El «paquetazo» intentó asfixiar al pobre, pero lo que logró fue encender la mecha de una pólvora que llevaba siglos acumulándose en las venas de los oprimidos.
Fue un estallido espontáneo, puro y visceral, donde la vulnerabilidad se transformó en fuerza imparable, demostrando al mundo que cuando el pueblo se une, no hay ejército ni decreto capaz de detener su marcha hacia la justicia.
Honramos hoy su memoria con el puño en alto por la convicción de que su lucha vive en cada conquista del pueblo venezolano.
Su legado es la advertencia permanente contra el olvido y la certeza de que la verdadera paz solo se edifica sobre la justicia social y la soberanía absoluta.
Gloria eterna a los héroes y heroínas del 27 de febrero; su sangre es el cimiento inquebrantable de la patria libre que hoy defendemos con más fuerza que nunca.
