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DE TRAICIONES, RESISTENCIAS Y DIÁLOGOS

Por: Prof. Julio Valdez

Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)

Marzo, 2026.

El 3 de enero, la administración Trump invadió la República Bolivariana de Venezuela, secuestró al presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores. Esta agresión militar perpetuada en suelo venezolano, en la que más de cien personas cayeron en combate para la defensa de nuestra soberanía, trajo la imposición de una estrategia de tutelaje político sobre nuestro gobierno para acceder primariamente a los recursos petroleros, con lo que nuestra máxima dirigencia se ha visto forzada a negociar de modo asimétrico. 

Es cierto que estas fuerzas exógenas, imperiales, tienen consigo la fuerza de poderosas armas de última generación, que constituyen una amenaza abierta, real, para la vida y la seguridad del pueblo venezolano. Por otra parte, han construido una red de alianzas en múltiples países, que les apoya en sus intenciones y en sus discursos. Ello les ha permitido, con el envío de sus relevantes emisarios y emisarias, aumentar las posibilidades de acceso a los recursos de nuestra patria, pero no como botín de guerra, sino a través de acuerdos y transacciones debidamente apoyadas en el marco legal nacional e internacional. 

Por otra parte, el proyecto bolivariano mantiene su posición en el gobierno para la defensa de nuestra soberanía. Para ello, cuenta con la lealdad de los altos mandos y las bases de las fuerzas armadas, con el respaldo de la vanguardia organizada del chavismo y la unidad militante de la mayoría del poder popular. Así, en cada encuentro entre figuras claves de Venezuela y de los Estados Unidos, el arribo a cualquier acuerdo se convierte en una lucha de resistencia, de reafirmación de la soberanía desde el espíritu de las leyes y los acuerdos internacionales.  

En este escenario, se destacan sobre nuestros gobernantes miradas destinadas a sembrar desconfianza, duda, principalmente en la militancia chavista y el resto del pueblo de Venezuela, así como de la comunidad internacional. Por un lado, el gobierno norteamericano elogia –hasta el exceso- la disposición colaborativa hacia ellos por parte de nuestra presidenta encargada, Delcy Rodríguez, aparentando una relación sin tensiones ni resistencias (The New York Times dixit). Es lo que el gobierno de USA envuelve con el término “reconciliación”, es decir, el supuesto reencuentro amoroso entre dos estados que, por los delirios socialistas de uno, vivieron una separación previa; pero que ahora se reencuentran en una eventual convergencia de intereses. De ser cierto esto, Delcy Rodríguez habría sido la primera invitada a la desdichada Cumbre “Escudo de las Américas”; el hecho de que Venezuela no haya participado en este evento, muestra que ciertamente no somos parte del entorno íntimo (servil)  latinoamericano del presidente Donald Trump.

Y, por otro lado, la abigarrada ultraderecha venezolana manipula con la supuesta entrega de nuestros recursos al gobierno estadounidense. Ambas miradas (gobierno de USA y ultraderecha) encienden la narrativa de una eventual traición del equipo presidencial de nuestro país a las apetencias hegemónicas, al presentar acciones puntuales descontextualizadas e irreflexivas para ocultar los logros del gobierno bolivariano después de este ataque militar. … Por otra parte, sin duda está presente la intencionalidad de hacer a un lado, o incluso de borrar, la figura del presidente electo de Venezuela, Nicolás Maduro Moros y de la primera combatiente, diputada Cilia Flores. 

Es importante destacar que tanto los Estados Unidos como la ultraderecha venezolana, sin estar de acuerdo en otras cosas, coinciden en el señalamiento de la traición y de la entrega de nuestro gobierno, con la intención de socavar la base institucional y popular del chavismo y, por ende, del gobierno. Les conviene debilitar totalmente el proyecto bolivariano chavista, para sus fines neoliberales políticos y económicos. Y diversos medios internacionales, y las redes sociales, nos inundan con imágenes e ideas que refuerzan esta narrativa.

Y como quiera que en la guerra mediática se trata de confundir, debilitar, socavar confianzas y lealdades, la extrema derecha destaca aún otras miradas sobre nuestro equipo venezolano del alto mando político-militar. Así,  mediante fake news, intenta presentar a nuestra presidenta encargada, Delcy Rodríguez, como incursa en todos aquellos delitos con los que involucraron a nuestro presidente Nicolás Maduro, y que el mismo Departamento de Estado de USA ha rechazado: “narcotráfico, corrupción, y lavado de dinero” (Agencia de información AP). Todo esto se circunscribe en su plan para arrancar de raíz el chavismo, del gobierno y del pueblo, lo que les dejaría vía libre para la anhelada toma del poder. Ello es parte de un relato mayor, en el que la extrema derecha se adjudica el rol de libertadora y civilizadora, que ha de llevar al país –de la mano, por supuesto de los Estados Unidos y de Europa- al centro del capitalismo, es decir, a un mundo de libertad y bienestar; por lo que se oponen al chavismo (para ellos, una fuerza primitiva, represiva, retrógrada), a la que hay que eliminar totalmente. Por ello, nada que provenga de este régimen (ni la Ley de Amnistía, ni la recuperación económica) puede ser bueno… En esta óptica, Delcy y Jorge Rodríguez, y Diosdado Cabello, pasan a ser los villanos de su cuento de hadas, los agentes principales de un régimen que, en sí mismo, es portador de todos los males. Y como esa extrema derecha no habla para el pueblo venezolano, sino para el gobierno y el Congreso de los Estados Unidos, y como no tiene ni presencia ni una organización nacional significativa, la solución parece ser que Norteamérica imponga a la brevedad posible las elecciones en Venezuela. 

Ante tal arremetida, nos conviene reflexionar para propiciar afectos patriotas, de encuentro e identidad compartida, en un discurso de contraofensiva, difundido en diversos géneros mediáticos, en que se problematice la sumisión y la traición, con la intención de fortalecer, desde la resistencia, la unidad del Proyecto Bolivariano, a fin de evaluar sus impactos a corto y a largo plazo, así como las posibilidades de potenciarlo en las actuales circunstancias con los vigentes riesgos. 

Es importante, visto lo anterior, destacar comunicacionalmente los aspectos siguientes:

Es necesario resaltar la imagen de nuestra presidenta encargada, Delcy Rodríguez, desde su trayectoria impoluta, su nivel de formación altamente respetable y su sentido de compromiso con el país. Y contribuir, desde acá, a desmontar los mensajes de las agencias noticiosas y de las redes sociales en contra… En este sentido, sin entrar en detalles de las difíciles negociaciones de nuestro país con los Estados Unidos, en situación de asimetría y amenaza, destacar que todo se realiza bajo los marcos de las leyes (nacionales e internacionales), y de los acuerdos vigentes entre naciones.  Y que, sobre todo lo demás, predomina en nuestras acciones gubernamentales la diplomacia de paz que nos legó principalmente nuestro comandante eterno Hugo Chávez Frías. Y, como consecuencia de ello, hay ingentes ingresos financieros que, producto de estas negociaciones, están llegando al país para proseguir, según el Plan de la Nación, con las obras y los proyectos que el pueblo venezolano requiere y necesita.

Derivado de lo anterior, es decir, del apego al marco legal y a la diplomacia de paz, contamos hoy con un estado y un gobierno intactos, funcionando de manera soberana. Es decir, un país en paz y en orden, en diálogo permanente entre sus diferentes sectores (gobierno, empresarios, instituciones y organizaciones y poder popular). 

Y todo ello, otorgando siempre el protagonismo a las acciones informativas necesarias para garantizar el pronto regreso de nuestro presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, y de la diputada Cilia Flores.  

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