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Catástrofe como dispositivo de enunciación

Por: Lucila Contreras

El desastre natural, producido por un doblete sísmico de una magnitud 7.2 Mw y otro de 7,5 Mv con 39 segundos de diferencia, que afectó siete estados ubicados en el norte y centro de Venezuela, principalmente el estado La Guaira y la capital del país el pasado 24 de junio de 2026, ha operado no solo como una catástrofe, sino como un revelador campo de batalla simbólica, política e ideológica.

En el marco de la rueda de prensa internacional del 02 de julio de 2026, presidida por la presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela, la doctora Delcy Eloína Rodríguez Gómez, la intervención de los periodistas de varias corporaciones mediáticas globales presentes en el país evidenció que la cobertura de crisis humanitaria suele estar subordinada a encuadres (framing) geopolíticos preexistentes que se materializan en líneas editoriales.

En este artículo, se analiza epistemológicamente las estrategias discursivas de cuatro corresponsales internacionales (El País, Grupo Milenio, CNN Internacional y Telemundo), mostrando cómo la instrumentalización de las falacias argumentativas subvierten la función deontológica del periodismo, trastocando la búsqueda de la verdad por la espectacularización y el conflicto inducido.

1. La sustitución del rigor por el sesgo anecdótico y la pregunta compleja (Diario El País, España)

Al analizar la pregunta formulada por María Martín (El País, España), se revela una fractura metodológica evidente: la absolutización de la evidencia anecdótica. Martín, al interrogar “¿por qué el despliegue (…) fue tan lento y descoordinado?”, activa una falacia de pregunta compleja. Epistemológicamente, la premisa de la ineficiencia estatal no es el resultado de una investigación sistemática o de un muestreo técnico en las zonas afectadas, sino una presuposición dogmática que la periodista busca validar de antemano. El quiebre ético se profundiza cuando la reportera abandona la distancia focal obligatoria de la profesión y se autoproclama testigo y jueza “esto lo hemos podido comprobar nosotros”, pretendiendo elevar un incidente micro-logístico local al rango de fallo estructural macro-social del Estado.

2. La radicalización del encuadre antagonista mediante la falacia del falso dilema (cadena Telemundo, proveedor de contenido en español de Estados Unidos)

En una línea de radicalización adversa, la intervención de Julio Vaqueiro (Telemundo) representa el uso instrumental del falso dilema (o falsa dicotomía) como mecanismo de agitación psicológica. Al afirmar de manera categórica: “Se han visto militares, pero se han visto con armas y no con palas, como lo piden los venezolanos”, el periodista construye una polarización artificial de alto impacto emocional. Esta operación discursiva fuerza una exclusión mutua metodológicamente insostenible: presupone la presencia de efectivos armados para tareas de resguardo perimetral, prevención del pillaje y control de accesos en estructuras colapsadas. De igual forma, anula la existencia de las brigadas de ingeniería, rescatistas, voluntarios y personal logístico del Estado que operan en paralelo en el terreno. Sustituir la complementariedad operativa de un plan de contingencia por un dilema visual excluyente constituye una manipulación semántica orientada a criminalizar la asistencia del Estado.

Asimismo, Vaqueiro incurre en una falacia de falso consenso al transitar discursivamente desde la generalización imprecisa “hemos hablado con muchas personas” hacia el absoluto excluyente “y muy pocos, ninguno, debo decir, coincide con eso”. Esta maniobra quiebra el principio científico de representatividad estadística al pretender elevar una muestra empírica reducida, individual y anecdótica al estatus de censo social definitivo. Finalmente, la introducción del término político “despojados” para caracterizar las pérdidas materiales causadas por un evento geológico de la naturaleza devela una deshonestidad deontológica severa: el uso del framing o encuadre de despojo para desviar el trauma social hacia la zozobra política inducida.

3. Falsas equivalencias e inoculación de sospecha por fragmentación (Grupo Milenio)

El tratamiento cuantitativo del desastre natural también fue objeto de distorsión epistemológica en la intervención de Jorge Martínez (Grupo Milenio, México). El periodista incurrió en una flagrante falsa equivalencia al contrastar un insumo logístico de contingencia y previsión internacional (diez mil bolsas forenses enviadas preventivamente por la ONU) con el registro real, científico y verificado de decesos (2.295 para la fecha). Esta operación discursiva introdujo una pregunta cargada sobre la apertura de «fosas comunes», sembrando sospechas de opacidad sanitaria sin sustento empírico. Asimismo, Martínez focalizó quirúrgicamente un urbanismo estatal, construido por el gobierno bolivariano durante el período del comandante Hugo Chávez Frías, para relacionar la afectación de un sismo de escala geológica con la matriz ideológica del gobierno, omitiendo de forma deshonesta que la onda sísmica impactó por igual más del 80% de las infraestructuras de desarrollo privado y vacacional de la zona.

4. Humanitarismo selectivo y la falacia ad nauseam (CNN Internacional de EUA)

Finalmente, Stefano Pozzebon, periodista de CNN Internacional, recurrió a la falacia ad nauseam al reintroducir de manera insistente la cifra especulativa de los diez mil muertos. Ese número intentó fijarlo en el imaginario del espectador por el simple desgaste de su reiteración y, en consecuencia, ignoró deliberadamente los balances técnicos oficiales ya presentados. Lo analíticamente relevante en su discurso es la instrumentación del pathos o el sufrimiento como chantaje emocional: la frase “Venezuela está herida, hay un pueblo golpeado y adolorado” no funciona como información, sino como una pantalla moralizante. Pozzebon con su pregunta plantea una estética de la compasión aparente para viabilizar una categoría hostil: bautizar como «militarización» el despliegue humanitario de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Esto devela el doble rasero geopolítico de la prensa corporativa global: las mismas acciones logísticas que en el norte global son reportadas como un «heroico despliegue de auxilio de la Guardia Nacional o el Ejército», en el Sur Global son significadas como opresión autoritaria.El comportamiento mediático corporativo que se analizó evidencia que, en contextos de crisis humanitarias, el periodismo transnacional tiende a desplazar la verdad material (el doblete sísmico) para priorizar el framing o encuadre previamente establecido siguiendo una línea editorial, que en el caso de Venezuela busca imponer una matriz de opinión de «Estado fallido», tanto en el ámbito nacional como internacional. Esto se evidenció en la manipulación del lenguaje a través de falacias argumentativas cuyo objetivo aparente era capitalizar políticamente la vulnerabilidad social y el trauma colectivo.

Frente a este panorama, la epistemología humanista y socio-crítica de la comunicación reclama la restitución del uso veraz de la información y la primacía de la evidencia científica por encima de la agenda editorial o los intereses corporativos. El ejercicio ético del periodismo ante una catástrofe consiste en el tratamiento de la información como un servicio público indispensable que coadyuve a la resiliencia social, respete la dignidad de las víctimas y preserve el tejido humano frente a la espectacularización de la tragedia.

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