Beijing, China — Las calles de la capital y cada rincón de la República Popular China se visten de júbilo este 1 de octubre para conmemorar el aniversario de su fundación. Sin embargo, este año la celebración nacional viene acompañada de un profundo sentido de historia, memoria colectiva y gratitud hacia quienes hicieron posible el camino andado. Al situarse frente a la imponente Plaza de Tian’anmen, flanqueando el icónico retrato del presidente Mao Zedong, las consignas históricas resuenan con especial fuerza. A la izquierda, la proclama que define el espíritu de la nación se eleva clara: «¡Viva la República Popular China!», acompañada del llamado universal «¡Viva la gran unidad de los pueblos del mundo!». Estos lemas recuerdan que el desarrollo y la modernización de esta potencia global están firmemente cimentados en la soberanía, la lucha y la solidaridad internacional.

Cada 30 de septiembre, la víspera de la fiesta nacional, China detiene su paso para celebrar el Día de los Mártires. En todo el país se llevan a cabo ceremonias solemnes donde se rinde un tributo inquebrantable a quienes sacrificaron sus vidas por la independencia nacional, la prosperidad y el bienestar del pueblo chino.
Desde tempranas horas, la población acude de manera masiva a cementerios de mártires y sitios conmemorativos históricos para realizar ofrendas florales, guardar minutos de silencio y entonar cantos de recuerdo. Este ejercicio de memoria no es solo un acto de respeto hacia el pasado, sino una brújula moral que guía a las nuevas generaciones frente a los desafíos del presente.
Tenemos un 2026 marcado por hitos históricos. El ambiente conmemorativo de este año adquiere una dimensión excepcional. El calendario nacional enmarca esta festividad en un contexto de profunda trascendencia política y revolucionaria: nos encontramos en el 105.° aniversario de la fundación del Partido Comunista de China y en el 90.° aniversario de la victoria de la gloriosa Larga Marcha.
Observar de primera mano la confluencia de estas fechas permite comprender la resiliencia de un pueblo que honra su memoria histórica mientras construye, paso a paso, su destino tecnológico, económico y social. Desde Beijing, la celebración de este 1 de octubre no es solo la fiesta de una nación consolidada, es la reafirmación viva de un proyecto histórico que sigue escribiendo su futuro sobre los cimientos de sus más grandes sacrificios.









Autor: Rodney Capote.

