
Karelly Olivares Moros
Centro de Contenidos Decoloniales Comunales Hugo Chávez
Universidad Internacional de las Comunicaciones
Introducción:
Este ensayo se inscribe en la investigación sobre el Uso de las Redes Sociales en la Guerra Cognitiva para Generar Odio e Insurrección Popular en Venezuela, una línea que busca desentrañar las tácticas de desestabilización contemporánea. Nuestro foco es la transformación estratégica de las «frases populares» venezolanas en narrativas que propician la disociación y la distorsión de la percepción, pilares de la guerra cognitiva.
Argumentamos que la Venezuela moderna, desde el inicio de la comercialización petrolera con la dictadura de Gómez a principios del siglo XX, estableció el caldo de cultivo idóneo para un proceso de alienación, desarraigo cultural y tergiversación de la verdad histórica. Este modelo, continuado por gobiernos de diversa índole, inoculó un cambio de percepción profundamente enajenador y transgresor de la cultura autóctona.
Como señaló Luis Britto García en El verdadero venezolano, la identidad nacional fue construida a menudo desde la negación: “El pueblo venezolano fue casi siempre un Otro, que el observador describía sin sentirse parte de él ni solidarizarse. Casi todas sus características eran señaladas o más bien denunciadas para ‘marcar diferencia’. Estas categorizaciones de la otredad fueron variando con la historia.” (Britto García, 54). Esta previa colonización de la mirada es el sustrato histórico sobre el cual opera la actual guerra cognitiva.
Orígenes ideológicos: de la guerra cultural a la guerra cognitiva
La ofensiva contemporánea contra Venezuela se manifiesta como una agresión multifacética, librada por la nación con la más poderosa industria cultural, académica, militar y mediática: el gobierno de los Estados Unidos de América (EUA). No se trata de una agresión meramente militar, sino de una guerra de cuarta generación (G4G) o Guerra No Convencional (GNC), cuyo campo de batalla es la mente colectiva.
Ya en 2016, el analista internacional Walter Martínez alertaba sobre la urgencia de contrarrestar esta amenaza, destacando la materialización de ataques con «eficaces herramientas periodísticas, mediáticas, comunicacionales y de tecnología avanzada de las telecomunicaciones».
El sociólogo Pierre Bourdieu nos ofrece una clave: la cultura no solo es reflejo de la sociedad, sino que activamente la determina. Esto nos obliga a cuestionar los órdenes simbólicos que, una vez naturalizados e incluso inconscientes, modifican la conducta. La guerra cognitiva explota precisamente esta dinámica: ¿cuánto de nuestra percepción actual es una conciencia genuina y cuánto es una manipulación internalizada?
El proceso de personalización y la enajenación
La mutación social que hace a una población vulnerable a esta guerra fue descrita por Gilles Lipovetsky en La Era del Vacío como el proceso de personalización. Esta lógica, iniciada a mediados del siglo XX, remodela la vida social en una combinación de organizaciones, significaciones, acciones y valores. En el contexto venezolano, este proceso de individualización y consumo se encontró con la cultura del petróleo.
Rodolfo Quintero, en La Cultura del Petróleo, describe cómo esta matriz extractivista generó un patrón de vida con un rasgo dominante: el sentido de dependencia y marginalidad. El flujo de petrodólares creó una sociedad de consumo que subestimó lo nacional e imitó lo foráneo, haciendo que los más “transculturados” se sintieran «extranjeros en su país». ****
Este divorcio entre el ser venezolano y el ser petrolero/consumidor es la brecha ontológica que la guerra cognitiva busca ensanchar.
La silenciosa y efectiva guerra cognitiva: hackeando el cerebro
La guerra cognitiva es una ofensiva moderna que va más allá de la mera desinformación. Es una estrategia de colonización mental que busca el control absoluto de una población a través de la degradación de su racionalidad.
- El epistemólogo Luis Delgado Arria la define como una sofisticada estrategia imperial que busca la colonización mental y el «asedio» a la conciencia. Su objetivo es fracturar la cohesión social y la sensatez mediante operaciones psicológicas que impactan las dimensiones más íntimas del ser. El ministro Freddy Ñáñez la conceptualiza como un conjunto de operaciones planificadas para «hackear los sesgos cerebrales» y la percepción de la realidad, afectando el sistema de toma de decisiones individual y colectivo.
- Joris van Bladel, investigador del Centro de Innovación de la OTAN, coincide en que busca dominar al enemigo controlando lo que piensa, le gusta o cree, mediante la modificación de sus representaciones de la realidad. El fin no es la destrucción física, sino el control cognitivo total.
Esta ofensiva se articula mediante Operaciones Psicológicas (PSYOPS) que utilizan las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) para difundir mensajes que atacan directamente la psique y las emociones.
El andamiaje de la guerra en red
La evolución de la guerra cultural a la cognitiva fue precedida por el desarrollo de doctrinas militares enfocadas en la información. En 1990, EUA formuló la doctrina de la Network Centric Warfare (NCW) o Guerra Centrada en Red, que supuestamente era una iniciativa militar, pero que sentó las bases para el uso de redes como campo de batalla:
- EE. UU.: Network Centric Warfare (NCW)
- Reino Unido: Network Enabled Capability (NEC)
- Suecia: Network Based Defence (NBD)
- Australia: Network Enabled Warfare (NEW)
- Canadá: Network Enabled Operations (NEOps)
Estos modelos de guerra en red crearon la infraestructura técnica y doctrinal para el «asedio silencioso» actual, donde la soberanía cognitiva se convierte en la primera línea de defensa.
La desinformación se ha institucionalizado en el siglo XXI, describe Estulin. Desde 2001, los medios de comunicación estadounidenses han adoptado un nuevo papel a la hora de mantener la Guerra Global contra el Terrorismo (GWOT). Son instrumentos de propaganda. Fue creada la oficina de influencia estratégica y con otros proyectos como la Cognición Aumentada de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (Darpa) que, en los años 50, ya venía relacionada con la informática y trabajos con máquinas cerebrales.
Para 1997, un informe realizado por el Instituto de Tecnologías Creativas (ICT) titulado Modelismo y simulación: uniendo entretenimiento y defensa, determinó a través de un estudio neurobiológico “han descubierto que las experiencias emocionales estimulan mecanismos que mejoran la creación de recuerdos a largo plazo. En definitiva, Estulin los llama los economistas de la conducta, porque no hay realmente economistas de verdad, sino especialistas en guerra psicológica. Camuflados, se fomentan políticas para deshumanizar, bajo términos psudocientíficos y presentados como autoayuda y medidas de empoderamiento personal, para esconder el fascismo.
«Cuando éramos felices…»: la narrativa de la nostalgia
La expresión popular venezolana «cuando éramos felices y no lo sabíamos» ha sido astutamente cooptada y transformada en una narrativa de guerra cognitiva. Las narrativas, como explica Paul Ricoeur, tienen el poder de movilizar y conectar, pero también de dividir y legitimar relaciones de poder existentes, haciéndolas parecer «naturales».
Esta frase encapsula una nostalgia retrospectiva que compara la vida actual—marcada por la xenofobia, la diáspora, y la lucha económica—con un recuerdo idealizado de la Venezuela anterior a la mal llamada «crisis».
Ingeniería emocional
La manipulación se produce mediante una inversión del sentido de la situación actual, utilizando la añoranza de una vida digna y próspera para tergiversar la historia reciente. Se construye un pasado «dorado» donde solo una élite (los apellidos, la exaltación de lo extranjero) era próspera, pero se vende como una utopía perdida para todos.
- Se utilizan ejemplos históricos análogos, como los «años dorados en Cuba» (época de Batista) o el «Siglo de Oro» español, para normalizar la idealización de un pasado excluyente como un tiempo de bienestar generalizado.
- Las narrativas apátridas acentúan el «duelo migratorio», el proceso de luto profundo por la pérdida del país, la cultura, y la vida conocida que experimentan millones de venezolanos forzados a migrar. Al validar y amplificar este duelo, se refuerza la narrativa de un «país irrecuperable» y se desactiva la voluntad de lucha interna.
- Elementos como el Miss Venezuela y el carro (automóvil), que en el pasado eran símbolos de un «progreso» basado en la renta petrolera y la imitación de patrones occidentales, se convierten en significantes de la «felicidad perdida», reforzando la negación de la identidad nacional en favor de valores foráneos.
La fuerza de la familia, que Luis Britto García describe como el «primer conformador del carácter» y «aparato ideológico y cultural», es atacada al usar el dolor de la separación migratoria como un arma emocional, vinculando la supervivencia al abandono de la patria.
Conclusión:
La guerra cognitiva no es una teoría conspirativa; es la fase más avanzada de la agresión imperial, cuyo objetivo final es anular la conciencia histórica y la voluntad política del pueblo venezolano. El ensayo demuestra que esta ofensiva se apoya en una base histórica de alienación cultural y dependencia petrolera que preparó a la psique colectiva para ser hackeada.
La cultura del individualismo y del consumo es vista como un caballo de Troya cultural, utilizado para desmovilizar, confundir y controlar a la población venezolana, preparando el terreno para una supuesta dominación externa sin necesidad de una intervención militar directa. No es solo un subproducto social, sino un terreno fértil que facilita las operaciones de guerra cognitiva, al crear una sociedad más atomizada y centrada en el presente inmediato.
La frase «cuando éramos felices y no lo sabíamos» no es un lamento inocente; es un criptograma emocional diseñado para desmovilizar, sustituyendo la lucha por la añoranza, y la crítica constructiva por la disociación tóxica. Nos obliga a elegir entre una memoria distorsionada y la realidad compleja, pero transformable.
La respuesta a esta ofensiva debe ser la construcción activa de la Soberanía Cognitiva Nacional. Esto requiere:
- Generar una «contraofensiva» académica y comunicacional que desentrañe y desarme los sesgos cognitivos implantados.
- Histórica: Sustituir la nostalgia idealizada por la conciencia crítica de que el pasado no fue idílico, sino el origen de las vulnerabilidades actuales.
- Usar las herramientas de la comunicación popular y académica para rearticular narrativas que enfaticen la resiliencia, la identidad propia y la autogestión de la verdad.
Solo al tomar conciencia de que nuestra mente es el campo de batalla, y que la «felicidad» no puede ser impuesta por una cultura del consumo foráneo, podremos cerrar la brecha por donde se infiltra la guerra cognitiva. Seremos felices y lo sabremos, porque habremos defendido activamente el derecho a decidir lo que creemos y lo que somos.
Referencias
Britto, G. L. (2017) El verdadero venezolano. Mapa de la identidad nacional. Monte Ávila. Caracas.
Bourdieu, P (1977) Esbozo de una teoría de la práctica. Francia.
Bourdieu, P (1970) Lenguaje y poder simbólico. Francia.
Caruci, N. (2025) La guerra cognitiva en la agonía digital 4.0. Editorial Mincyt. Caracas, Venezuela.
Estulin. D. (2011) Desmontando Wikileaks. Editorial Planeta. Montevideo. Uruguay.
Freud. S. (1911) El esquema del psicoanálisis. Paidós, Biblioteca de psicología profunda. Argentina.
Hernández M, R. (2003) Información Verás. Fondo Editorial Question. Caracas, Venezuela.
Lipovestky, G. (1986) La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Editorial Anagrama. Barcelona, España.
Martínez, W. (2016) Discurso del ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.
Quintero. R. (2018) La cultura del petróleo. Ensayos sobre estilos de vida de grupos sociales de Venezuela. Fundación editorial El Perro y La Rana. Biblioteca Juan Pablo Pérez Alfonso. Caracas. Venezuela.
Ricoeur, P. (1983) Tiempo y narración. Éditions du Seui. Francia.
Ricoeur, P. (1986) Ideology and Utopía.
Serrano. P. (2008) Medios violentos. Palabras e imágenes para el odio y la guerra. Publicaciones Minci. Caracas. Venezuela.
- Karelly Olivares Moros, periodista egresada de la Universidad de Los Andes Táchira en el año 2002. Magíster en Desarrollo Ecológico por la UNESR en el año 2020, además posee estudios de cuarto nivel en Planificación, Estrategia, Ciencias de la Comunicación y de la Cognición, Derechos Humanos y Relaciones Internacionales. Productora, analista y periodista en Aló, Presidente y Prensa Presidencial. Dirigió equipos estratégicos como la Gran Misión Vivienda Venezuela y la Sala de Monitorización de Conatel durante el año 2017. Actualmente investigadora y dirige las comunicaciones en materia de Descolonización (Cultura) y Guerra Cognitiva, entre otras líneas de investigación desde el vicerrectorado de Investigación de LAUICOM.
